Original Fic Runaway (27)

I-AM-ROSY!!

O-O¬ Baton pass!!

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-O-O Tras mes y medio con esta historia en desarrollo, por fin Wolfito se siente listo para empezar a publicar, trataremos de publicar capítulo entre 5 a 7 días, para que él no se presione tanto jaja.
O-O- Espero les agrade, es un fic introspectivo sin buscar ser pretencioso, sólo contar como a veces las cosas no son como parecen, como tratamos de vivir en base a los demás, escuchando todo lo que nos dicen llegando a olvidar lo que queremos en verdad, lo malo no es perder gente en el camino, lo malo es perderse a uno mismo.











Frío, era totalmente frío, no sabía si era por la amplitud del escenario que acababa de dejar y por el cual entraba tanto sereno del exterior o por no haber traído un abrigo grueso, sólo sabía que estaba frío. A pesar de ser apenas las nueve de la noche, los párpados estaban pesándole y algo de nervio se preservaba en sus dedos que rasgaban suavemente el estuche de su violín, las palpitaciones de su corazón le intrigaban, era un ritmo inusual que le causaba miedo, había escuchado de como se sienten los infartos y temía que fuera eso o nada más eran esos pensamientos que giraban en su cabeza tal cual buitres alrededor de un conejo moribundo esperando que no pudiera más para caer hacía él. Se supone que las cosas iban a ser mejor, así se lo dijo tanta gente pero ¿Por qué se sentía así?



— Dalia ¿Te sientes mal?


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— No, no es nada – Susurró la violinista volteando hacía quien le llamó —. Solo siento algo de frío.


— Debiste traer un suéter, nunca haces caso.



— Perdón Yarik, en serio no es nada, estaré bien.



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— Siempre dices eso pero a cada rato te enfermas por descuidarte — Insistió una mujer de traje y corbata que se quitó el saco para ponérselo a ella —. Te llevaré a casa, cuando tienes esa cara no hay duda que andas mal.


— Pero mi coche.



— Luego mando por él, como tu representante no puedo dejar que te enfermes.



Dalia se puso de pie sin soltar su estuche y caminó detrás de Yarik, esa alta y bella mujer de larga trenza y parche en el ojo derecho, aunque su look parecía de matón o el típico gánster de película, era una persona muy amable, era su mejor amiga desde la preparatoria y en quien podía confiarle algo tan importante como sus contratos y organización laboral.
El motor encendió, la calefacción relajaba el interior del coche y el viaje a velocidad cuidando de no pasar los límites se realizaba, era la jornada de casi cada día, por lo menos hasta que la orquesta estuviera lista para un concierto de beneficencia para el próximo mes, pero aún con esa calidez la triste frialdad que emanaba alrededor de Dalia llegó hasta su representante que solamente miró de reojo al notar su acongojo.


— Estoy bien Yarik, te preocupas mucho por mí.


— ¿Segura que te sientes bien?



— Si… — Habló Dalia sin convencer a Yarik —. Últimamente me he sentido rara.


— Rara en que no te sientes tú o rara del cuerpo.



— No… No estoy segura, solo rara, a veces ando algo distraída y no sé si sea algo hormonal o no sé.


— Pues siempre has sido irregular.



— Mmm… Si me ha tardado un poco el periodo — Dijo la violinista sorprendiendo un poco a la conductora.


— ¿No estarás embarazada?


— ¡No! Nos hemos estado cuidando, James no quiere que tengamos hijos tan pronto.



— Mmm… ¿Y qué es lo que quieres tú?



— Pues… Tampoco creo que podamos tener hijos, él está muy ocupado y por fin entré a la sinfónica como tanto soñé.



— También soñabas con ser madre joven para poder disfrutar de tus hijos ¿O no? — Mencionó Yarik devolviendo su mirada al frente.



No dijo más, sabía que cuando Dalia torcía milimétricamente su mejilla era porque le incomodaba un comentario, tampoco era para apresurarla, tenía veintitrés y se acababa de casar hacía cuatro meses, pero algo que no era mentira entre ellas es que a Yarik nunca le agradó James. El viaje siguió sin volver a tocar ese tema, la chófer encendió la radio poniendo la estación número uno de Montreal en la cual se escuchaba el último hit del momento en Canadá.



— Te ves más pálida que de costumbre ¿Estás comiendo bien?


— Si… Bueno, a veces como a deshoras pero es normal.



— Eso no es nada normal, soy tu representante pero antes soy tu amiga, si de aquí a dos días te veo igual, Savannah y yo te estaremos dando de comer como en la facultad.



— No es necesario, en serio — Contestó Dalia con un sonrojo en la cara —. Aún no me acostumbro al ritmo de vida, te lo juro.


— Si no estás comiendo bien por él me voy a molestar.



– Te juro que no es por él.



Pero era por él, no era necesario inventar otras cosas, Yarik la conocía mejor que nadie y sabía reconocer cuando trataba de mentirle. Muchas veces escuchó que los primeros meses de matrimonio eran los más difíciles, sus otras compañeras del gremio se lo decían también, pero el trabajo de su esposo lo mantenía tanto tiempo alejado de casa y al volver sólo quería descansar o la charla se resumía a lo que hizo cada uno mientras no se veían, distaba mucho de la alegría y dinamismo de su noviazgo, cuando James parecía el chico más gracioso y carismático de todos, comparado a ese recuerdo ahora era tan… Tan aburrido.
El sonido de una llamada realizándose desde la computadora del vehículo trajo de regreso a Dalia, miró hacía la pantalla para averiguar que Yarik le hablaba a Savannah, amiga en común de ellas y cantante de opera que se estaba dando a conocer en el país.



— Savannah ¿Sigues en La Maison?



— Aún sigo aquí ¿Por? — Contestó la voz al otro lado de la llamada.


— Dejamos el coche de Dalia en el estacionamiento del subterráneo, pasa por él, vamos a cenar con ella.


— Adivino, ese bastardo la deprimió de nuevo.



— No estoy deprimida por él.



— Oh… Yarik ¿Por qué no pusiste la llamada en privado? Me haces quedar mal con Dalia.



— No necesitas de mi ayuda para quedar mal con ella señorita cantante, te estaremos esperando.


— ¿Y las llaves?



— En el llavero que traes lleva una copia, siempre te lo estoy recordando.



— Disculpa, otras si tenemos que estar esforzándonos en nuestro trabajo, señorita representante — Dijo Savannah antes de colgar. No tenían más que decirse, sabían que era la típica emergencia de amigas.


— Ustedes discuten mucho.


— Y luego no paramos de reírnos de nuestras discusiones.



— Es cierto.



— Y por eso sé que no se aburre de mí.




Aburrirse, aburrimiento, fastidio, cansancio ¿Acaso era eso? No podía ser así, no tenía sentido, su matrimonio podía decirse que era muy bueno, aunque lo más emocionante que había hecho los últimos días fue teñirse esos mechones de color verde por seguir la moda de su mejor amiga.
Tienes una vida envidiable, escuchaba de algunos integrantes de su familia, podría ser cierto si ponías algunas cosas en la balanza, James era un arquitecto y agente inmobiliario con un salario envidiable y ella se estaba dando a conocer como una de las mejores violinistas de Norteamérica, siendo que el gobierno canadiense le había dado más aporte a la cultura del país en los últimos veinte años, el salario que obtenía no era para nada despreciable al ser el primer violín, aunque él tuviera siete años más la diferencia de edad y pensamiento no la notaba, ambos tenían definidos sus intereses y proyectos personales y los respetaban, pero si era así ¿Por qué sentía el peso de su cama vacía?



— Quita esa cara larga ¿Qué tal si ponemos algo de música clásica?



— Estuvimos ensayando muchas horas, no tengo ganas de… — Habló Dalia que mostró una alegría repentina al escuchar la música —. ¡Súbele!


— Solamente si cantas esta parte conmigo.



La antes vocecilla silenciosa de Dalia parecía desaparecer ante la potente y bella voz que le surgía al cantar a todo pulmón “Chandelier” de la cantante Sia, siendo Yarik quien le hacía segunda en esa armonía improvisada que surgía desde el fondo de sus corazones. La chica de parche no dejaba de sonreír al ver a su mejor amiga con ese ahínco al cantar, siempre pensó que tenía más voz que habilidad con el violín y Savannah pensaba lo mismo pero tenía que seguir la tradición familiar de músicos de cuerdas, era demasiado triste saber que todo su entorno parecían querer callar esa voz que pedía a gritos ser libre, una libertad que parecía nunca haber sabido que la necesitaba.
Pasada la media hora, la música siguió en la casa de Dalia, Yarik como siempre andaba dentro de la casa como si fuera suya y no tardó en señalarle a su amiga que se sentara en el sofá mientras ella estaría en la cocina. Al tiempo que la chica del parche cocinaba, los aromas de la comida le trajeron recuerdos a la anfitriona de las citas con James, su luna de miel en Singapur y Hawaii, estaba segura que la última vez que lo escuchó reírse a carcajadas fue esos días y no podía evitar sentir que algo pasó para que se perdieran esas risas.



— Están tocando.



— Oh, debe ser Savannah — Dijo Dalia sacudiendo su cabeza parándose para abrir la puerta —. Buenas noches Savannah, gracias por traerlo.


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— De nada y yo que tú me compro un automático, manejar en estándar es tan incómodo.



— No es cierto, lo dice porque no quiere romperse las uñas.



— ¿Se supone que lo que huelo es arroz frito pekinés? Porque su aroma es igual al arroz del que venden en los puestos de comida rápida.



— En vez de juzgar mejor ven aquí y ayúdame, estoy segura que hice lo mismo que tú — Contestó Yarik mientras la recién llegada se iba a la cocina —. Mira, son los mismos ingredientes.


— Idiota, se hace la tortilla de huevo primero y se guardan las tiras, no se cocina junto a lo demás.



— Discúlpame señorita fanática del Lejano Oriente.


Savannah se recogió las mangas de su vestido y tomó un delantal, había cuatro en esa casa, incluso antes de que se casaran ya había algunos utensilios, objetos y prendas de ellas pues siempre fueron muy íntimas de Dalia desde cuando fueron sus inquilinas en la universidad y frecuentaban seguido su casa, por ello su preocupación al verla con ese semblante.



— Deja eso y explícame que pasa — Susurró Savannah quien vio como rotaba los ojos Yarik para señalarle la foto de un hombre.


— Lo que ya sabemos pero ella no nos dice.



— Esto es el colmo.



— Lo sé pero nos prometimos no meternos demasiado en su relación — Murmuró Yarik viendo como su novia torcía un poco su boca.


— No hagas lo que no quieras que te hagan, lo sé, lo sé, pero mírala a la pobre.



— Cuando veníamos en el camino le levanté un poco el ánimo, la hubieras visto antes de salir… He estado pensando en cancelarle algunas presentaciones, podríamos llevarla a un Spa.



— Lo que ella necesita es mandar al carajo ya sabes a quien.


— Shhh.



— Chicas ¿De nuevo discutiendo? — Preguntó Dalia inclinándose un poco hacía adelante en el sofá para alcanzar a verlas desde la sala.


— Quédate tranquila, le explico a esta mujer la diferencia entre una tortilla de huevo y huevo batido, tener un solo ojo le está dañando más de lo que pensaba.



— Eso fue un golpe bajo.



— Perdón.



— Es broma — Dijo Yarik haciendo sonreír un poco a Savannah —. Y no tengo un solo ojo, el otro lo tengo pero no veo nada con él.


Dalia soltó un suspiro al ver que estaban en paz, teniendo las dos un fuerte temperamento no sabía si en verdad discutían o solamente así se llevaban, seguía sorprendida de saber que eran pareja, no tanto porque fueran lesbianas, era algo muy común para esas fechas sino por la clase de mujeres que eran las dos, era como mezclar dinamita con fuego.
Mientras la comida seguía siendo preparada, la violinista decidió animar un poco el ambiente y encendió su Smart Tv para continuar con la ración de música pop de su lista de favoritas, eso era una buena señal para sus amigas, cuando Dalia ponía su música favorita significaba que estaba con mejor humor. Pero no duró mucho, una puerta tuvo que abrirse.



— Buenas noches — Dijo un hombre de estatura promedio que dejó su saco sobre el perchero de pared. La llegada de James tomó por sorpresa a todas, en especial a Dalia que no contaba con su estadía.


— James, pensé que no ibas a venir.



— Vine de carrera, conseguimos el contrato para un nuevo centro comercial pero tenemos que hacerle unos cambios, estaré en mi oficina.



— Oh… Está bien.


— Siéntanse como en casa chicas.



— Por lo menos bésala — Pensó Savannah viendo como el hombre se acercó a Dalia y solamente le dio unas palmadas en los hombros antes de seguir —. Hijo de puta.


— ¿No quieres que te llevemos de cenar?



— Gracias pero no quiero ensuciar, ya sabes.




Yarik y Savannah prefirieron seguir en la cocina y actuar como si no pasó nada, pero con ver la cara de Dalia sabían que se estaba aguantando la tristeza ¿Qué hombre llega con su linda y joven esposa con la que recientemente se casó para ni siquiera ser un poco gentil? No era la única que se lo estaba preguntando, pero Dalia se aferraba a que había otros días donde se portaba muy bien con ella, era tan dulce y caballeroso como cuando eran novios, era normal que por el trabajo tuviera que concentrarse.



— Chicas ¿Les puedo ayudar en algo? — Preguntó Dalia buscando distraerse.


— Claro, ve cortando el jamón y la carne en trozos pequeños pero no tanto, recuerda que tienes que atraparlo con los palillos.


— Ni loca vamos a usar palillos.



— No empieces, no vas a comer comida asiática con cubiertos — Reclamó Savannah provocando una risa en su amiga así que decidió seguir —. Eres la única mujer que conozco que se toma el té con pajilla.


— Eso sólo lo hago con el té helado y tú me dijiste que no había problema.



— Que no sea problema para mí no significa que sea lo correcto.


— Ya, no discutan.



— ¡Amor! ¿Me traes mi celular por favor? Lo dejé en mi saco.



— ¡Voy!



Dalia fue en busca del celular, que le dijera amor bastaba para alegrarla un poco, sacó el Smartphone y caminó hacía su oficina que en realidad era el cuarto de visitas adaptado y en la mitad del pasillo vibró un poco, pensó que sin querer presionó algo así que volteó el aparato por un instante y ese breve segundo fue suficiente para que llevara su mano a la boca al querer llorar.


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— Gracias. ¿Te encuentras bien? — Preguntó el hombre al notar algo extraño en su esposa y tomar el celular de su mano.


— Si, no es nada es sólo que me siento un poco cansada.



— No necesitas esperarme, creo que me desvelaré de nuevo.



— Está bien… Oye, James.


— ¿Si?



— Nada, se me olvidó que iba a preguntar.




Dalia salió de la habitación y recargó un poco su cabeza y espalda contra la pared, cerró los ojos y trató de pensar que debía ser una idea de su mente, simplemente una tontería más de su mente que siempre estaba dispersa, porque era la única manera de explicar que en ese mensaje dijera algo como: “Los coreanos quedaron encantados con el proyecto, bien hecho Murray. PD: Que suerte tienes, tu esposa es una belleza y que simpática es, deberías de traerla más seguido a las reuniones.” Agradecía los adjetivos que se mencionaban pero había un problema, James Murray, su esposo y aclamado arquitecto nunca la había llevado a una reunión de negocios.












Q-Q- Ay, se le nota a la Thames violinista que va a sufrir mucho.
-O-O Como siempre los comentarios son bienvenidos, espero que les guste esta historia.
 
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O-O- Continuemos!!!







Dos.


Mentira, ideas, ilusiones, cansancio, mil y un palabras rondaron en la cabeza de Dalia para justificar lo que vio, sus ojos debieron mentirle, un segundo no bastaba para que fuera algo seguro, el cerebro era fácil de engañar, tenía que encontrar una razón precisa para negar que James tuviera una doble vida. Lo más simple era ir a preguntarle, pero no tenía suficientes pruebas para sentirse segura de pararse frente a el, sería aceptar que vio su celular sin permiso y ella siempre creyó que aún entre pareja debía haber cierto respeto por lo personal de cada uno ¿No había una manera mejor de decir las cosas?
El tiempo se fue mientras ella estaba en la cama en la hora de dormir, esperaba los minutos, horas, pero James no llegaba a la cama, de nuevo se desvelaría con su trabajo, tal vez mañana sería mejor conversar, pero no sirvió ya que no supo en que momento se fue, James se retiró como solía hacerlo, dejando la cafetera lista y una nota del motivo por el cual se fue a tan tempranas horas.
Sin desayunar, desvelada, confundida, idiotizada por un mensaje que aún no estaba segura de que tan veráz era, así llegó al ensayo de la sinfónica, el maquillaje le ayudó un poco a disfrazar su rostro pálido, las gafas negras sus ojos pero no servían de nada frente a Yarik que en cuanto la vio bajar de un taxi supo que algo no andaba bien.



— Buenos días.


— Llegaste temprano… ¿Puedo saber por qué viniste en taxi?


— Preferí venir así, no vaya a pasarme como ayer.


— Entonces aún te sientes mal – Preguntó Yarik mientras veía una sonrisa forzada en ella.


— Estaré bien, no es nada.


— Ok… Entremos.


Los ensayos eran lo de siempre, no había mucho que innovar, solamente era una presentación más que serviría para promocionar al nuevo director de la orquesta, una canción que ya dominaba desde la secundaria por lo que pudo aguantar el dolor de cabeza y las nauseas hasta pasada las tres horas de la practica matutina, pero como advirtió, ese tiempo estuvo sufriendo la mirada fulminante de Yarik al mismo tiempo que estuvo al tanto de su tableta electrónica y su celular.
El reflejo en el espejo del baño mostraba la realidad, ojos rojos en la cara porcelana de una joven esposa que sufría por miedo, el miedo de sentirse sola, de sentir que estaba fallando, de creer que estaba volviéndose loca al sospechar cosas por un segundo de ver una pantalla de celular. Reflujo, vomito, estornudo, así como se refleja uno en el cristal, el cuerpo demuestra tu verdadera situación, a él no puedes engañarlo cuando algo anda mal.



— Ey, ya te tardaste mu… ¡Dalia! — Gritó Yarik al ver a su amiga vomitando en el lavamanos —. ¿Qué tienes?



— Na…


— ¡Ayuda!


— ¿Qué pasa? — Preguntó una mujer al entrar al baño viendo como se desmayaba la violinista —. ¡Dios mío!


— ¡Busca unas toallas para recostarla, rápido! ¡Si, una ambulancia por favor! — Llamaba la chica de parche por sus manos libres —. Al Salon Daomé, es una joven de veintitrés, empezó a vomitarse y se desmayó, Okay, no la moveremos ¡Rápido, busca unas toallas!


El pitido de unos aparatos despertaron a Dalia, una luz blanca la cegaba y trató de taparse con su mano notando que algo le picaba y dolía en ella, estaba entubada, pudo comprender rápidamente que se encontraba en un hospital. Alguien sujetaba su otra mano, tardó en ver quien era, lo primero que pensó fue en su esposo o mejor dicho añoraba que fuera el, pero era Yarik que sonrió al verla despertar para luego mostrar esa cara de siempre, como la de una madre o hermana mayor lista para echarte un sermón.



— Nos diste un buen susto.


— Perdón.


— Por un momento pensé que en verdad estabas embarazada, por suerte no fue eso.


— ¿Por suerte? — Cuestionó Dalia al entender mal por todavía seguir atontada.


— No digo que sea malo que tengas un hijo, hablo porque te desmayaste.


— Oh.


— ¿Por qué no me dijiste que te sentías tan mal? El doctor dijo que andas anémica — Contó Yarik mientras Dalia entrecerraba los ojos aún cansada.


— No lo sabía.


— ¿No lo sabías?


— Bueno… No he desayunado bien desde hace una semana y me desvelo un poco.


— Dalia, esto no es por una semana, andas muy baja de peso y mírate, estás más pálida que cuando te conocí y no digas que porque no sales al Sol — Insistía la amiga frotando la mejilla de la violinista —. No te exijas de más por favor, no me perdonaré si esto es porque te sientes presionada por mi.


— ¡No! No es tu culpa, es sólo que no sé, a veces no me da hambre y no me da sueño — Hablaba apenada Dalia hasta que reaccionó a algo importante —. James.



— Tu esposo vino un rato y luego se fue, dijo que estaba más tranquilo porque estábamos aquí y que le salió una urgencia en Toronto.


— Ya veo.



Yarik no quiso seguir con ese tema porque la mitad de la historia era mentira, James nunca vino, estuvo llamándole varias veces hasta que le dijo que estaba en una reunión de urgencia en Toronto y su trabajo dependía de ello. Por primera vez, ella sintió ganas de decirle a Dalia que lo dejara, no podía creer que ese imbécil estaba más preocupado por sus negocios que por su esposa, pero todo esto tenía un motivo y esa era la propia Dalia, siempre fue una chica muy abnegada, hacia sus padres, hacia su novio, todo el tiempo limitándose a decir un si, estaba segura que sino fuera por ella muchas veces le hubieran pasado cosas de las que no le gustaba pensar.


— Vas a ensayar solamente por las mañanas, olvídate del ensayo de la tarde.


— Pero.


— Todos están de acuerdo Dalia, eres la primera violinista, encontrar a una suplente para ti en estas fechas es muy difícil y más alguien de tu calidad.


— Está bien.


— Quita esa cara — Sonrió Yarik tomando el rostro de su amiga entre sus manos —. Podrás dormir más por la tarde.


— Gracias.


— Señorita Murray ¿Cómo se siente? — Preguntó el doctor que iba llegando a su camilla.


El doctor hizo las observaciones clásicas para ver como se encontraba, tras media hora más de descanso y una explicación de como cuidarse y aconsejarle visitar el hospital la próxima semana, Dalia salió de la mano de Yarik hasta su automóvil que Savannah había aparcado a unos pasos de la entrada para esperarlas.



— Pasa, nos diste un buen susto — Dijo Savannah al ayudar a Dalia a entrar a los asientos traseros.



— Perdónenme, no volverá a pasar.


— Claro que no, tu esposo estará fuera lo más probable que hasta mañana regrese así que nos quedaremos contigo, me aseguraré de que comas bien.


— No es necesario Yarik, sé que te preocupas por mi pero.


— Pero nada — Sonrió Yarik al darse vuelta para mirar atrás de su asiento del conductor —. Esta mujer no me perdonaría si te dejo así.


— Disculpa señorita representante, fui yo quien insistió en que nos quedáramos en cuidarla.


— Siempre quieres quedar bien con ella.


— Ahora no estamos para discutir — Recalcó Savannah mientras Yarik se acomodaba hacía el frente.


— Cierto, manejaré despacio para que no te marees.


— Gracias.


Durante el trayecto la mente de Dalia se fue relajando, anemia y estrés, eso fue lo que le diagnóstico el doctor, era por eso que se sentía mal y nada más, seguro que lo que vio en ese celular era producto de estar mal de salud, tan solo era eso y no debía pensar más en ello, no obstante, era difícil cuando la duda ya estaba sembrada.


— Yo cocinaré, ayuda a Dalia a bañarse — Dijo Savannah al entrar a la casa mientras Yarik sujetaba a su amiga.



— Puedo sola chicas, en serio.


— Nada de que puedo sola que apenas te puedes poner de pie.



Esa situación le traía bastantes recuerdos, cuando Yarik y ella entraron a la universidad y vivieron en esa casa que era un obsequio de sus padres por sus logros musicales y escolares, no era nueva ya que alguna vez fue de sus bisabuelos pero le enseñaron que a un regalo no se le ponía peros, pensó que la casa era demasiado grande como para estar solas y no le pareció mala idea rentar una habitación, siendo Savannah quien fue la primera persona en acudir y que Yarik aceptó a la primera, pues tener a una gran cocinera le vendría bien a las dos. Quien diría que a futuro sus amigas se harían pareja y que todavía estarían cuidando de ella, como siempre ¿Acaso las cosas no habían cambiado aún tras su matrimonio?



— La bañera está lista.


— En verdad puedo sola.


— Ya, no va a pasar nada porque te ayudemos — Insistió Yarik mientras ayudaba a Dalia a quitarse la ropa quedando desnuda —. Métete a la bañera.


— Está bien.


— Que el ritmo de vida de tu esposo esté del carajo no significa que tú debas de imitarlo — Comentó la chica del parche viendo la desnudez de su amiga —. En verdad que te ves más pálida.


— ¿Dijiste algo?


— Que te ves pálida, se ven tus venas.


— No lo había notado.


— Hablo en serio Dalia, me estás preocupando, llevas al menos un mes entero así — Hablaba Yarik tomando una esponja y el jabón líquido —. Dime la verdad ¿Él te está maltratando?


— ¡No! Nunca lo haría, se porta bien conmigo — Contestó Dalia mientras su representante tallaba sus hombros con la esponja.



— Lo pregunto por hacerlo, pero sí tú lo dices lo creeré.


— Gracias.


— Igual sobra decirlo pero hasta que te recobres, estaremos al pendiente de ti.


— Pero Yarik, ustedes dos — Respondió la casada con una cara totalmente avergonzada pero fue callada al ser mojada.


— Pero nosotras dos lo decidimos, debiste ver la cara de Savannah cuando te desmayaste, aunque siempre anda en papel de diva sabes que te ve como una hermana menor, estuvo muy asustada y en cuanto le avisé llegó primero que nosotras al hospital.


— Lo… Lo siento, no quería asustarlas.


— Cualquier cosa que quieras platicar conmigo, puedes hacerlo, somos mejores amigas ¿O no?


— Si.



Dalia reflexionaba si decirle o no, confiaba en Yarik como nadie en el mundo así como sabía que ella era su persona de fiar, fue la primera a quien le confesó sobre su sexualidad, al igual que su enamoramiento hacía Savannah y el secreto tras su parche, una riña familiar en la que al tratar de proteger a su madre del drogadicto de su hermano, recibió un rasguño brutal en su rostro que dañó su ojo. Tras torcer un poco su boca como habituaba cuando trataba un tema complejo, Yarik entendió que había algo que no quería decir y lo mejor era dejar que ella se animara a hablarlo por iniciativa propia pues no deseaba presionarla en esa condición.



— Yarik ¿Tú crees que soy aburrida?


— Aburrida ¿En qué aspecto?


— Ya sabes, aburrida — Volvió a preguntar Dalia.


— Mmm… En pasatiempos no, al menos no para mi, en personalidad pues eres mi amiga desde hace siete años así que eso contesta esa pregunta.


— Y… ¿Tú crees que soy bonita?



Yarik supo a donde iba, todo cobraba sentido, las preocupaciones de su amiga y su condición eran dudas matrimoniales, pero en alguien tan dócil como Dalia simplemente eran como poner piedras grandes encima de una regla de plástico y esperar a que no se rompiera. James debía ser un completo hijo de puta, pensó la mujer del parche, estuvo detrás de su amiga por tres años y se casó con ella para que de la nada la hiciera sentir poco agraciada, la próxima vez que lo viera iba a darle un puñetazo.




— ¿Yarik?


— Perdón, no entiendo esa pregunta, sin dudas eres muy bonita, cualquier hombre o chica quisiera salir con alguien tan hermosa como tú y no solo lo pienso yo, Savannah también opina lo mismo.


— Gracias — Sonrió Dalia al escucharlo.


— Nunca pienses que no lo eres, eres hermosa por dentro y por fuera y si alguien no lo piensa así, dímelo para ponerlo en su lugar.


— No quiero que te pelees.


— Es una forma de decirlo — Comentó Yarik bañando a su amiga —. Dalia, creo que debes de ser más sincera con tus sentimientos.


— ¿Sincera?


— Debes de decirle a James como te sientes, que también quieres tu lugar como su esposa, que sea un adicto al trabajo no es pretexto para descuidarte.


— No me está descuidando, sé que su trabajo es muy importante y…



Dalia sintió un abrazo repentino de Yarik, era tan cálido, tan cariñoso que le recordaba las veces que la abrazaba cuando sentía que no podía más con tanta presión por los estudios y su naciente carrera musical.


— Nunca, nunca de los nunca un trabajo debe de ser más importante que las personas que quieres.


— Yarik.


— Si piensas de esa forma, entonces te explotaré, te traeré de arriba abajo, apoyando en bandas sonoras, en la radio, en las orquestas, sin importarme tu salud y tus sentimientos ¿Eso quieres?


— No, no me gustaría.


— Entonces no vuelvas a decir que el trabajo es más importante que tú — Susurró Yarik al oído de Dalia mientras la abrazaba por detrás —. Nada debería de ser más importante para él que tú.



Nada debe de ser más importante que ella, recordaba que cuando eran novios muchas veces le dijo eso: “Nada es más importante que tú”, “Eres lo más importante en mi vida” etcétera, palabras que sonaban bastante lejanas y sin valor en esos momentos. Dalia cerró los ojos y no quiso pensar en más, solo dejó que Yarik le ayudara a bañarse y le permitiera revivir un poco cuando las cosas eran más fáciles.



— Ya está la cena, es una ensalada de soja y un poco de fruta.


— Huele rico — Comentó Dalia al llegar al comedor vistiendo una camiseta grande de los Raptors de Toronto.



— ¿Aún tienes esa camiseta? Pensé que no te gustaba el basquetbol.


— Pero me gustan los dinosaurios — Dijo la joven sintiendo como alguien cubría su cabeza y sacudía su cabello.


— No te secaste bien.


— Gracias.


— ¿Eso vamos a cenar?


— Es una cena balanceada y rica en nutrientes, además que su estómago está muy sensible así que le caerá bien — Contestó Savannah a su novia que no parecía convencida —. Ya, también te hice una hamburguesa.


— Por eso te amo.


— Deberías de darle el ejemplo a Dalia, se supone que le ayudaremos a que coma bien.


— Vamos, es solo una hamburguesa.


— Eso dices siempre pero luego quien es la obsesionada con su peso y el ejercicio — Habló la cantante causando un leve sonrojo en su novia y una risa en Dalia —. También hice para James, aunque ni idea si vendrá esta noche.


— Gracias Savannah, no sé como pagarles por todo esto.


— La amistad no tiene precio, mejor ponte a comer.


— Provecho — Dijo Dalia mientras sus amigas se sentaban lado a lado.


— Oye Yarik, me llamó tu mamá, otra vez perdió su celular y no sabe si fue en la oficina o si se lo robaron.


— Es la segunda vez de este mes — Refunfuñó Yarik sacando su celular tecleando rápidamente —. Si ya le enseñé como rastrear su celular desde la laptop.



Rastrear un celular, posicionar, ubicar, como si fueran gotas de lluvia golpeando su tejado, aquellas palabras estaban inundando sus pensamientos ¿Y si se despejaba de dudas? ¿Y si ponía un punto y aparte a todos sus miedos con rastrear a su esposo? No sería la primera ni la última de las mujeres que lo hiciera, era sentido común ¿O no? Pero si lo hacía ¿No sería desconfiar de los votos matrimoniales? ¿Justificaba invadir la privacidad que se respetaban?
Tras cenar y reír un poco al recordar cosas de la universidad, Yarik y Savannah se quedaron mirando la televisión en la sala mientras Dalia se alistaba para dormirse, al querer ir a darle las buenas noches no pudo evitar mirarlas con detenimiento, cuando estaban así hasta parecían un mejor matrimonio que James y ella, esa envidia sana de verlas le provocó irse a su cuarto para darles un poco de privacidad, irónico que en su propia casa prefiriera darle más espacio a sus amigas pero era lo mejor pues sentía que se lo merecían por las atenciones que le brindaron. Aunque el principal motivo era dejar que ellas se relajaran, el segundo era estar a solas y ver si debía hacer o no aquello que le dejó un diluvio en sus emociones.
Rastreador, localizador, buscador, había muchos sinónimos entre las aplicaciones que aparecían en la lista de Apps de su celular, sus dedos temblaban al solamente querer descargar una ¿Se atrevería a ubicar a su esposo? ¿Estaba bien lo que hacía? Tuvieron más peso sus miedos que sus principios, vio como rápidamente la aplicación mejor puntualizada era descargada y con el sencillo paso de anotar el número, compañía y país los algoritmos empezaron a funcionar.
Lágrimas caían de las mejillas de la dueña de la casa, sus dedos no pudieron sujetar su celular por más tiempo, fuera por lo débil que estaba o por sentir que su corazón se rompía junto a la pantalla del aparato. James no estaba en Toronto, la aplicación era bastante precisa, tanto como para ubicar a su esposo en un hotel en Quebec, lo suficiente como para convencerla de que sus pesadillas eran reales.












Q-Q- Awww, pobre de nuestra violinista pechugona depresiva.
O-O- Porque sé que a mi amiguis Kissu Kissu le encanta este mujeron.
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O-O- Y nuestra pechugona digo nuestra protagonista, jaja.

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تالف و مكسور تماما
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I-AM-ROSY!!

O-O¬ Baton pass!!

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Es que ese abdomen <3!



En serio tiene mucho.


Sobre el capítulo, sus amigas tan lindas que son :3 Y también me gustó este final, se podría decir que ha confirmado una sospecha.
-O-O Tiene un rico abdomen y una cara bien cool y ruda.
O-O- Pues te diré, por algo a Dalia le digo la Thames violinista jaja, por pechugona y por ser muy abnegada.
Y si, Yarik y Savannah son muy buenas amigas, saben que Dalia es una persona demasiado noble pero tampoco la presionan, prefieren orientarla que meterse de lleno en sus decisiones.
 

I-AM-ROSY!!

O-O¬ Baton pass!!

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Jajaja, debe ser curioso, eso sí
-O-O Es que Dalia es muy acosable digo adorable a su manera, es una chica muy buena envuelta en una situación que nadie merece, lo bueno es que tiene dos muy buenas amigas.
PD: O-O- Wolfito ha cumplido a regañadientes de no escribir (ni lo dejé publicar hoy -O-O lol) para que descanse lo suficiente.
 

I-AM-ROSY!!

O-O¬ Baton pass!!

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O-O- SIGAMOS!!



Tres.


Tal vez cambiaron la reunión de repente, quizá era un error como en el juego del teléfono descompuesto, era suficiente buscarle tres pies al gato, algo estaba pasando en su matrimonio, James le ocultaba bastantes cosas y en su afán de seguirlo viendo como ese hombre ideal con él que se casó se esforzaba en defender esa imagen. Toda la noche lloró, dormir se quedó como un pendiente, tuvo que fingir que lo hacía cuando sus amigas abrieron la habitación preguntando si seguía despierta, no quería preocuparlas, no más de lo que ya lo habían estado cuando colapsó.
La mañana llegó y con ello tener presente otra vez que su esposo no pasó la noche en casa, estuvo en un hotel y tan solo pensar en que tantas cosas estuvo haciendo y con quien le causaba de nuevo esas ganas de llorar pero se esforzó en no hacerlo, Yarik lo notaría rápido y estaba segura que iría en busca de su esposo, esto era algo personal y no podía depender tanto de sus amigas, algo tenía que hacer. Con paso lento y tratando de no mostrar su tristeza, Dalia salió de su habitación teniendo como primer encuentro un delicioso sabor de arroz con carne así como de un ligero aroma de jazmín por el té que habría preparado Savannah.



— Buenos días.



— Buenos días — Contestó Dalia viendo a Savannah y Yarik en ropa interior, siendo la cantante que abrazaba por detrás a su novia al estar cocinando —. Huele rico.


— Cada día esta mujer cocina mejor.


— Oye no soy esta mujer.



— Cierto, mi mujer — Dijo Savannah provocando una mirada entre molesta y avergonzada en Yarik.


— Cambiando de tema, cancelaron el ensayo de hoy.



— ¿Qué? — Preguntó Dalia al tomar asiento en el comedor.


— El director salió a New York por una emergencia familiar así que tendrás unos tres días libres, suficientes para que descanses bien.


— Oh.



— Desayunamos y nos iremos que tenemos unos pendientes, pero cualquier cosa nos llamas — Habló Yarik mientras su amiga lo afirmaba con la cabeza.


— Chicas… Él ¿No ha llamado?


— No, pero igual es temprano así que quédate tranquila — Contestó la chica del parche para calmar a Dalia acercándose a ella y sacudiendo su cabello —. Comes algo, te das un buen baño y te recuestas o ves la televisión.


— Está bien y gracias, gracias por todo.



— No pongas esa cara que luego me dan ganas de llorar.


— Perdón.



— No te disculpes tampoco, nos gusta verte sonreír Dalia — Comentaba Savannah viendo una pequeña sonrisa en su amiga —. Justo esa sonrisita es la que nos gusta ver, así que anímate que ya pasó lo peor.


El desayuno transcurrió tranquilo entre risas y chismes, Savannah tenía un casting para un comercial y estaba segura que usarían su voz y su imagen para un nuevo cosmético y Yarik hacía el comentario de que si no se lo daban seguro amenazaría a todos. Savannah y Yarik les preocupaba que alguien que podía tener la sonrisa más linda del mundo al mismo tiempo llegaba a tener caídas emocionales tan intensas, estaban conscientes del tipo de educación familiar que tuvo y que tipo de hombre era su esposo, pero tampoco podían hacer mucho si no veían interés de parte de ella de cambiar.
Tras desayunar y alistarse para salir, las amigas se despidieron de Dalia que les prometió que estaría bien a solas y que cualquier cosa les marcaría, aún se sentía débil pero mientras estuviera tranquila en casa no le pasaría nada. Fue al momento en que ellas se retiraron que la músico sacó el celular de su bolsillo y se atrevió nuevamente a ver la ubicación de su esposo, seguía en ese hotel de Quebec, abrazó por un momento el móvil pensando que hacer y al final decidió llamarlo, sintiendo que cada timbre de la llamada le sacaba el corazón.



— Bue… Buenos días.


— Buenos días amor ¿Cómo sigues? — Preguntó el hombre al otro lado de la llamada.


— Bien… Ah, James ¿Vendrás hoy a casa?


— No lo sé linda, me invitaron a un juego de Golf acá con los socios de Toronto y sabes que no puedo quedar mal.


— Lo entiendo… James — Quiso hablar pero algo la detuvo —. ¿Me amas?


— Claro que te amo ¿Por qué la pregunta?



— Nada, me gusta que me lo digas.


— Dalia, si te sientes todavía mal es mejor que descanses, creo que regresaría a casa mañana más o menos al mediodía.



— Está bien.



James colgó, Dalia solamente se sintió una tonta, mentiroso, mentiroso, mentiroso, era lo que le repetía sin cesar su cabeza como si fuera un taladro tratando de penetrar en su conciencia, fue el momento ideal para decirle que mentía y que no estaba en Toronto, pero al final como siempre pasaba en su corazón, no era lo suficientemente fuerte para afrontar a alguien y prefería callarse, al menos esta vez decidiría actuar. Acumuló todo el valor que tenía para elegir que hacer, el viaje era largo pero si se iba en avión llegaría en una hora aproximadamente, quería verlo con sus propios ojos, si lo veía ya no tendría dudas y no se sentiría tan miserable como en ese preciso momento se sentía.
Al salir de su casa, sentía como si la puerta tuviera unas enormes cadenas que le atrapaban los pies, el miedo trataba de frenarla, esas dudas que la carcomían poco a poco buscaban devolverla al interior donde todo era seguro y podía seguir confiando en él, pero como si una voz le gritara ¡Ya! Sus pies empezaron a marchar sin detenerse hasta llegar a la calle y alzar su mano para llamar a un taxi, como si se tratara de un gavilancillo alzando el vuelo.
Taxi, aeropuerto, asiento del avión, todo fue tan rápido debido a haber bloqueado sus sentimientos un instante y solamente dejarse llevar por ese impulso, para cuando volvió en si misma, comprendió que estaba viajando a Quebec para confirmar si su esposo o no tenía una aventura, parecía una clase de broma o peor aún, una tontería al no tomar como evidencia lo poco que había visto para aceptarlo. Ya no había marcha atrás, a las diez y quince de la mañana se encontraba afuera del aeropuerto internacional, conocía suficiente de la ciudad como para moverse entre taxis y el metro así que no quedaba más que seguir avanzando, colocándose la capucha de su chamarra para ocultarse como si fuera ella la que hacía algo malo.


— ¿Cómo sigues? — Preguntó Yarik en un mensaje que Dalia leyó mientras iba en un taxi.


— Bien, gracias por preocuparte.


— Si necesitas algo no olvides llamarnos, siempre estaremos para ti.



— Gracias Yarik, te juro que estoy bien y me estoy cuidando
Contestó Dalia con una carita feliz antes de guardar el celular y pensar en que estaba haciendo —. Perdóname Yarik, perdóname.



Mentirosa, ahora ella era la mentirosa por ocultar a sus mejores amigas que estaba haciendo un viaje más parecido a una cacería humana, pero era lo mejor, no sabría que cara ponerle a ellas si James la estaba engañando, seguro la abrazarían y le dirían que todo estaba bien aunque estaba segura que le dirían porque siempre le dijeron que no confiaban en él.
El hotel al que Dalia acudía era uno que se encontraba enfrente de las llanuras de Abraham, pegado al río San Lorenzo, no era de cinco estrellas así que dedujo que lo hacía para que no fuera tan evidente pero trataba de lucirse con quien fuera la persona con la que estaba. Al estar a unos cientos de metros del edificio, la joven le pidió al taxista detenerse para poder bajar, hasta ahí llegó su valor y sintió que era mejor caminar entre los árboles y el verdor de la llanura antes que meterse al hotel.
Como si se tratara de un transeúnte más, compró un café en una cafetería cerca de ese sitio, miraba desde lejos tratando de decidir que hacer ahora ¿Debía entrar y preguntar por su esposo? ¿Debía entrar y mejor irlo directo a buscar? ¿Debía entrar y llamarlo para decirle que estaba en la recepción? Cualquiera de las opciones le causaban revoltura en el estómago ¿Por qué tenía que sentir vergüenza cuando era él quien tenía el secreto?
Sería el destino, la coincidencia, probabilidad, lo que fuera al final ocurrió, ahí estaba él y por lo menos algo no era mentira, su vestimenta y el bolso de golf que cargaba en su hombro mostraban que en verdad iba a jugar, también estaba acompañado de varios hombres que no conocía con ropas similares, se reían y se trataban de forma amistosa pero por los rasgos de unos supo que eran asiáticos, esos famosos socios. Pensó en devolverse, era una estupidez de su gran imaginación, todo fue una fantasía por no ver seguido a James, tendría sus motivos para decirle que estaba en otra ciudad pero no hacía nada sospechoso, al menos así siguió su mente hasta que la vio.
Rubia, posiblemente de su misma edad o quizá unos años menos, cuerpo y cara de modelo, ella siempre creyó que tener el cabello corto no te hacía ver tan femenina pero esa chica le demostraba todo lo contrario, era preciosa y con un aire de estar “En La Moda”, simplemente era una belleza que difícilmente pasaría desapercibida. Esa chica que salía del hotel se acercó a James y le dio un beso en la mejilla, aunque fuera sólo ahí bastó para crujir el pecho de Dalia, no podía competir con ella, era imposible, tenía el anillo de bodas pero no la sonrisa que su esposo mostró cuando se despidió al irse junto a esos hombres en una camioneta.



— ¿Qué hicieron? ¿Qué hicieron? — Se preguntaba Dalia tapando su cara al empezar a llorar sin dejar de mirar entre sus ojos a esa chica —. ¿Quién eres? ¿Qué tanto hizo contigo?



La Femme Fatale comenzó a caminar en dirección Norte, Dalia la siguió como si fuera un imán para el plomo que traía atravesado en el corazón. Sentía que se le iba a escapar, tenía que alcanzarla pero su mente le arrojaba preguntas como si fueran alguna clase de obstáculo en un juego ¿Qué vas a hacer cuando te pares frente a ella? ¿Qué le dirás? ¿No deberías de ir tras James? ¿Estás segura que hicieron algo?
No supo por cuanto caminaron, ni siquiera vio el reloj al momento de empezar a seguirla pero calculaba que debieron ser unos veinte minutos hasta que la vio acercándose a unos departamentos de clase media-alta. Esa rubia entró, ella detrás y sin voltear, de nuevo sus miedos estaban atrapándola como una telaraña, buscaba culpar a esa chica de lo que pudiera estar pasando con James, pero muy en el interior de su mente sabía que no era así, a un hombre no podías justificarle una infidelidad pues ya era un adulto para afrontar las decisiones que tomaba, como justo trataba ella de hacerlo al estar persiguiendo a una desconocida.


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— Oye, estoy segura que no intentas nada malo pero — Habló esa rubia al detenerse frente a uno de los departamentos y voltear hacía Dalia —. ¿Puedo saber por qué me has estado siguiendo?


— Yo… Yo.




¡Lo sabía! Ella siempre supo que la estuvo siguiendo, debió lucir como una lunática, una acosadora o asaltante ¿Qué demonios estaba haciendo? James la engañaba, era evidente desde cualquier matiz y lado que lo viera ¿Por qué iba detrás de esa chica que ni sabía que él estaba casado? Qué si también jugaba con ella, qué si era una victima también.


— Ey ¿Estás bien? ¡Oye!



Con casi dos horas sin detenerse, sin haber reposado lo suficiente por su anemia recién diagnosticada y con el estrés al tope, pasó lo que tenía que pasar, Dalia sucumbió contra la pared y lo inesperado siguió después, ya que esa rubia corrió a sujetarla antes de que cayera por completo al suelo, no estaba del todo consciente y no sabía si había sido rescatada por un ángel o un demonio de bellos ojos color jade.








Q-Q Ay, nuestra protagonista nomás puro sufrir la pobre.






 

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Cuatro.





No sabía que estaba haciendo ahí, parecía sacado de una novela barata de televisión, tan risible como patético, ni siquiera era claro que es lo que pasaba pues su mente daba vueltas como una canica en la ruleta de apuestas. Cuando sus ojos cansados se sincronizaron con la realidad, pudo comprender que se encontraba recostada en un sofá, había un suave aroma a canela con leche en el aire, el sonido de un ventilador de techo encendido y el ligero viento que soltaba y refrescaba la sala, un sitio desconocido pero con una calidez de ser un hogar tranquilo.


— ¿Te sientes mejor?


— ¿Eh?



— Me diste un buen susto — Dijo la rubia mientras Dalia miraba una foto en la sala sintiendo un gran escalofrío por ver a esa joven y una niña parecida a ella.


— Ella…



— Oh, es mi hermana, está en la escuela… No debería de decirte esto pero no parece que tengas malas intenciones, creo — Contestó ella al acercarse más, aliviando minúsculamente el tremendo volcán de sentimientos negativos dentro de la morena — ¿Cómo te llamas? ¿Necesitas algo de mí?


La rubia misteriosa, como su pensamiento nombró prejuiciosamente a esa joven, estaba en el departamento de esa hermosa chica que estuvo en el hotel con su esposo, gentilmente le servía una taza de esa canela que olió y un pan recién tostado con mermelada de fresa. Dalia miró fijamente a la chica que le sonreía con una amabilidad y unos ojos tan hermosos que aún le hacían sentir como si ella fuera la mala de la película al seguirla como acosadora.
La dueña del inmueble se sentó al lado de Dalia que agachaba su rostro, al poder verla bien se notaban unas ojeras y una tristeza bastante enraizada en sus ojos, tenía los labios algo secos y la palidez de su piel no era una buena señal, tal vez lo mejor era llamar al 911 en caso de que esa mujer tuviera algún problema grave.


— ¿Puedo saber por qué me seguías?



— Yo… Sabes — Trataba de hablar pero su boca se movía sin decir mucho, solo sus manos atendieron a su orden tapando parte de su rostro al empezar a llorar.


— Disculpa ¿Quieres que llame al 911? ¿O algún familiar?


— No… Estoy bien.


— Claro que no estás bien, estuviste siguiéndome por varios minutos y ahora estás llorando.



— Es que… Ja, Ja, James es mi esposo.



— ¿James?




La rubia captó rápido el asunto, esa chica por eso la siguió y por lo mismo lloraba, pero en vez de la típica reacción de mujer celosa y peligrosa, estaba totalmente destrozada al punto de sentir que debía abrazarla antes de que volviera a desplomarse en su sala. Justo cuando la abrazó, Dalia no pudo más y su lloriqueo cambió por un llanto fuerte, gritos de desilusión al ser recompensada con dolor de una manera que no sabía que hizo para merecerlo. No comprendía porque no decía nada, porque no le reclamaba ahora que estaba frente a ella, lo único que entendía Dalia en ese momento es que ese abrazo era lo único que la detenía de fallecer en vida al sentir que la frustración se apoderaba de todo.
Tos, lágrimas, mucosidad, espasmos, saliva, sudor, aunque su cuerpo tratara de expulsar todo como si fuera un mal era imposible, el sentimiento de ese aguijón enterrado en su corazón picando más y más crecía acercándola peligrosamente al punto de un posible infarto, haber descubierto todo en su condición actual sólo hacía más doloroso todo, suavizado gracias al perfume de gardenias, la canela en el aire y el abrazo de esa chica que la aferraba para que no tocara el vacío.


— Lo siento… No lo sabía, él nunca dijo que estaba casado — Susurró la chica mientras abrazaba a Dalia cuyos ojos parecían suplicar misericordia a quien sea que estuviese a cargo del guión —. En mi trabajo dejo claro que nada de casados.


— Tu tra…



— Si, es sólo un trabajo — Dijo la rubia sin soltar a Dalia cuyo cuerpo estaba totalmente flojo —. Cobro por hacer de compañía como novia, exnovia, amiga o esposa a cualquiera que le interese, nada más.


— Compa… ¿Sólo eso?


Dalia se esforzó con el resto de fuerza que le quedaba para separarse de la joven y tratar de verla a los ojos, debía asegurarse si sus palabras eran ciertas, si no habían llegado a más como si eso bastara para perdonar la mentira, pero la sonrisa de pena de ella le dejó de nuevo cabizbaja.


— Lo siento, incluso viéndote así no puedo decir más, podría arruinar mi reputación.


— Yo… Sólo dime si tú y él — Trató Dalia de hablar pero su garganta se cerraba mientras esa chica le sujetaba el rostro.


— No puedo decirlo, lo que sí puedo decir es que no tengo interés en él, pero si es lamentable que teniendo a una esposa tan bella como tú me pida fingir serlo.


— Por favor, nada más dime eso y …



— ¿Eso cambiará las cosas?



La pregunta fue letal, contundente y penetrante, tuvieran relaciones o no las cosas no cambiarían, a pesar de todo el amor que le entregó a James la recompensó con una mentira irreconciliable, toda la belleza de su romance, de su idolatría hacía el único hombre en su vida paraba y parecía necia a tratar de sujetar el mayor tiempo posible ese sueño que nunca existió. Como si su aliento se fuera, el cuerpo de Dalia se desparramó sobre el sofá al ya no poder dar más, sentía lástima por si misma, descubrir la infidelidad costó seiscientos dólares canadienses, un valor ínfimo comparado a lo que perdió de días, meses y años amándolo desde que eran novios.


— No sé porque te hizo esto, pero te prometo que no lo volveré a ver — Dijo la rubia que dudaba si colocar su mano sobre el rostro de Dalia al verla perdida —. Es la primera vez que sucede algo así y me lastima verte así.


— Quiero morir…


La rubia sintió un puñetazo en el pecho al escuchar esa vocecita dulce emitiendo una frase tan cruel, el rostro de ángel que tenía esa joven casada iba perdiendo el cielo de sus ojos y la culpa que le estaba causando la iba jalando a esa oscuridad, tenía que actuar rápido antes de que la impotencia la absorbiera y cargara con la vida de esa mujer.


— No digas eso.


— Estoy cansada, quiero morir.



— No digas eso, en verdad lo lamento — Dijo la rubia frotando el rostro de Dalia y tomando una de sus manos tratando de mantenerla consciente —. No soy quien para decirlo pero no puedes pensar en la muerte por culpa de alguien que no te merece.


— ¿Y qué quieres que piense?


Dalia volvió en sí por muy poco, esas suaves y tibias manos eran lo único que la sostenían en ese momento, logró sentarse de nuevo sobre el sofá pero no podía sostener su cabeza, solamente la dejaba caída como si estuviera regañada, era como si sus uñas eran las que la alcanzaban a sujetar de ese borde al que la llevó James.


— No lo conozco tanto como tú, ni puedo decir mucho de él pero creo después de esto no es una buena persona.



— ¿Por qué me hizo esto? — Preguntaba Dalia volteando quebradamente como si su cuello estuviese oxidado.


— No lo sé, ni tampoco se lo pienso preguntar, esto no me concierne — Dijo la rubia buscando evadir un poco las cosas pero esa cara de ángel rota podía más —. Nadie merece esto, pero tampoco nadie debe de perderse así mismo por una persona.


— Yo lo amaba, fue el único en mi vida.


— Como muchos hombres más, tratar de buscar los motivos no van a cambiar las cosas, a ambas nos mintió y te juro que si hubiera sabido que era casado no aceptaría el trabajo.




Ese comentario le trajo una idea a ambas y causó un pique de nuevo en la estabilidad de Dalia, si esa rubia no aceptaba el trabajo solamente significaba que iba a buscar a otra que si lo hiciera, cualquiera que fuese ese tipo de negocio que en la cabeza de la sufrida lo vinculaba directamente a la prostitución. La joven estaba buscando rápidamente un tema para voltear las cosas, estaba segura que esa pobre mujer pisaba terreno peligroso, el suicidio por amor era bastante común en las grandes urbes y no quería saber que alguien tan hermosa como ella fuese parte de un número, por lo que su bella piel pálida le dio algo de que hablar.



— Estás muy pálida y te desvaneciste en el pasillo ¿Estás enferma?


— Tengo anemia.


— ¿Y andabas sola? — Preguntó la chica viendo como Dalia le respondía un “Si” sin voz —. Deberías de llamarlo.


— No quiero, no quiero verlo.



— Perdón ¿Hay alguien a quien pueda llamarle para que venga por ti?


— Soy de Montreal.



— ¿Se vino desde Montreal sólo para descubrir que hacía él? — Pensó la rubia impactada mientras tomaba la taza de canela y la acercaba a la boca de ella —. Bebe, la canela te ayudará.


— Quisiera irme.



— Deja que te tomes la canela y te llevo ¿Tomarás el metro, autobús o avión?



— Avión.



— Okay.


— ¿Puedo saber tu nombre?



Ella lo dudó, no sabía si meterse más en todo esto pero estaba de antemano mantenerla consciente de si misma, de algún modo tenía que lograr asegurarse que abordara el avión con la suficiente estabilidad para que llegara despierta a su ciudad de origen.


— Me llamó Blythe Anderson ¿Y tú?



— Dalia, Dalia Murray.



— Lindo nombre — Sonrió la rubia tomando las manos de Dalia quien tenía el rostro sin brío —. Te llevaré al aeropuerto y tomarás un avión a Montreal, necesito que me des el número de alguien para que te esté esperando.


— No, no quiero preocupar a nadie y…



— Los vas a preocupar si te pasa algo aquí y nadie está enterado.


— Es cierto.



— Sé que es difícil que confíes en mí — Hablaba Blythe frotando las manos de la pálida para darle un poco de calor —. Pero no quiero ver que alguien tan linda como tú viaje así, tan expuesta y delicada.


— Blythe.



— ¿Si?


— ¿Me ves algo malo? ¿Crees que no soy bonita y que soy aburrida?




Blythe sintió mucha tristeza por esas preguntas, ella seguía tambaleándose y tropezándose con las culpas, no sabía que clase de persona era normalmente o como era su vida personal y matrimonial, era como si no fuese capaz de culpar a otros y eso era bastante deprimente, alguien que no fuese capaz de comprender que tan ruin podían ser los demás no estaba listo para afrontar las verdades. Pensó bien sus palabras, lo mejor era tratar de darle carga positiva sin necesidad de mentirle.



— No nos conocemos como para decir si eres aburrida pero no te veo nada de malo, tienes una cara de ángel y tu cuerpo es muy sensual, si no estuviera de por medio esta situación trataría de ligarte —. Sonrió Blythe al decir eso dejando algo confundida a Dalia.


— ¿Ligarme?


— Nada, te vuelvo a decir ¿Me das un número?


Dalia tomó su celular, dudó un poco en confiarle o no algún número a Blythe pero tenía razón, no se sentía bien y no estaba segura de que pudiera salir del aeropuerto por su cuenta. Con mucha torpeza empezó a marcarle a Yarik, sus manos temblaban al no saber que decirle a su mejor amiga, pero le juró que sin importar lo que pasara estaría para ella, en esos momentos no podía confiar más que en Savannah y ella.


— Hola Dalia.



— A… Yarik — Murmuró Dalia quedando callada unos segundos, suficiente para que su amiga sospechara algo.


— Dalia ¿Qué tienes?


— Estoy en Quebec.



— ¿Qué? ¿Qué haces en Quebec estando enferma?


— ¿Me la pasas por favor? — Dijo Blythe al ver que ella estaba bastante miedosa y apenada en ese momento —. Hola, disculpa, soy Blythe… Deja te explico todo.


Dalia se mantuvo en silencio mientras Blythe le contaba a Yarik los sucesos dejando de lado que ella estaba involucrada, todo lo resumió en que Dalia viajó a Quebec siguiendo a su esposo y descubrió que fingía tener a alguien más como su esposa, se desplomó por la noticia cerca de su despartamento, estuvo cuidándola y quería asegurarse de que pudiera viajar estando estable y que hubiera alguien esperándola. La representante y amiga de Dalia le pidió unos minutos para hacer la compra del boleto y tras esperar, le volvió a marcar para confirmar el vuelo más próximo, así que todo estaba listo para que ella fuera a casa.


— Okay, te marcamos cuando estemos en el aeropuerto, te la vuelvo a pasar — Dijo Blythe dándole el celular a Dalia que lo sostuvo sin decir nada.


— Dalia, todo estará bien.


— Yarik.



— Trata de mantener la cabeza fría, en cuanto subas al avión pide una pastilla para dormir a la azafata y trata de descansar, nosotras te estaremos esperando.


— Está bien.



— No estás sola, estamos contigo.



Dalia bajó su mano y guardó el celular al colgar, las manos de esa rubia frotaban sus hombros para alivianarla un poco, eras caricias eran tan gentiles que pensaba si su esposo prefería el trato noble de esa joven al suyo, como si eso fuese a importar en esos momentos, el daño ya estaba hecho y por algún motivo no podía culparla, no cuando se veía afligida o igual porque no era capaz de culpar a nadie más que así misma por confiar en él.



— Toma un poco más de canela antes de irnos.


— Puedo irme sola.



— Le prometí a tu amiga que te acompañaría, apenas puedes ponerte de pie — Habló Blythe apartándose un instante de Dalia para preparar la salida.



La violinista nunca sintió que un viaje en taxi fuera tan depresivo, apenas comprendía que volvería a la casa donde le abrió las puertas a James así como a su vida, tenía miedo de saber que le dirían sus amigas, lo que podrían hablar sus padres, todo daba miedo pero una mano sobre la suya le daba fuerza para regresar. Dalia prefirió no mirar más el paisaje de la ciudad y dirigió su mirada a ella, sus ojos esmeralda, su rostro, su cuerpo, era una chica perfecta, entendía porque su esposo la presentaba como su mujer, era radiante, más expresiva y amigable, lo suficiente como para estar ayudándola aún cuando antes la siguió en afán de reclamar por su matrimonio.



— Dalia, pase lo que pase, eres una chica maravillosa y no tienes porque llorar por alguien desagradecido — Dijo Blythe al cruzar su mirada con ella llevando su otra mano a la mejilla —. Eres tan hermosa, que quisiera alguna vez tener la oportunidad de verte sonreír, de seguro te verás más bella que lo que luces ahora.


— ¿Cómo puedo sonreír si me siento morir?



— Sé que podrás, tu vida te pertenece y a nadie más.


— Es tan fácil decirlo.



— Lo sé — Susurró Blythe abrazando a Dalia —. Es fácil decirlo.


Sus abrazos eran tan sinceros que no podía sentirse mal por recibirlos, al final ella resultó más ángel que demonio y el verdadero monstruo en todo este aparatoso día que anhelaba fuese una pesadilla era aquel que le entregó su amor, a quien juró frente al altar y un puñado de personas fidelidad. Por fin lo comprendía, fue muy fácil para él mentir desde el principio y para ella muy fácil creerle ¿Sería igual de fácil confrontarlo cuando se vieran en casa?







-O-O Awww, nuestra pechugona depresiva, necesita mucho amor.
 

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O-O- Continuemos con nuestra linda chica de grandes curvas, cara adorable y corazón de algodón




Cinco.





Llegar a la ciudad donde no quería regresar era como entrar a aguas profundas, tan profundas como para sentir que sus ojos se hundían junto a su voluntad, pero unas manos sobre sus hombros la rescataban antes de entrar de nuevo al abismo, delante de ella estaba su salvavidas personal y una de las pocas personas capaces de darle fuerzas para no querer lanzarse del punto más alto cercano. No dijo nada, solamente la abrazó, le agradecía eso pues no quería decir nada en ese momento, al menos no deseaba soltar palabra alguna hasta tener las suficientes fuerzas para que su boca se moviera.


— No vuelvas a irte así — Dijo Yarik mientras Dalia le afirmaba con la cabeza en su pecho.



Dalia subió al coche de su mejor amiga que la llevaba de regreso a su casa, la manager sólo vio de reojo la cara de la violinista, su palidez y ojos rojos explicaban su abandono emocional, alguien como ella no se merecía esto, suficiente cargaba ya desde niña por sus padres como para que un imbécil tuviera la vergüenza de jugar con sus sentimientos, pero esta vez no se iba a quedar de brazos cruzados, aunque Savannah y ella se prometieron no intervenir, la ocasión lo determinaba.



— Savannah está sacando toda la mierda de James de la casa — Habló Yarik esperando una respuesta pero su amiga no decía nada —. Tuviste cautela de casarte con bienes separados, así que será rápido si quieres divorciarte.



— Es… Lo mejor ¿O no?


— Lo correcto, es lo correcto.


— Tenías razón, Yarik — Susurró Dalia sin brillo en su mirada —. James no era alguien bueno.


— Perdóname, te juro que daría todo por no haber tenido razón.


Eran ciertas las palabras de Yarik, prefería aguantar que le cayera mal aquel hombre a que le fuera infiel a Dalia, pero las cosas no podían cambiar, mientras su amiga se preocupaba por su matrimonio y si era una buena mujer para él, James besaba y abrazaba a otra. Ahora no importaba lo que pasara con ese idiota, debía preocuparse por hacer regresar el alma al cuerpo de Dalia, antes de que la depresión echara raíces y fuera difícil revivirla.
La puerta de la casa se veía enorme, como la de un castillo, quizá era que se sentía pequeña frente a ella, tan pequeñita como para no poder abrirla y aventurarse a entrar a un mundo sin él, pero volvía a recordar que esa aventura era en compañía, pues las manos de Yarik tomando las suyas la mantenían con la suficiente fuerza como para animarse a entrar. A pasos de acero, torpeza y dolor, Dalia entraba a su casa, las fotos matrimoniales ya no estaban, ni tampoco todos los sombreros y sacos de James que debían estar colgando del sombrerero, Savannah se aseguró de erradicar hasta el más mínimo recuerdo de él antes de que llegaran para aliviar el impacto, cosa complicada cuando ya la herida estaba hecha, siendo grande y viva.



— Savannah — Susurró Dalia al ver a la cantante salir de la cocina.


— ¡Ven aquí! ¡No nos hagas esto de nuevo!


— Perdón — Respondió la violinista al ser abrazada con fuerza por Savannah que acariciaba su cabeza con ternura.



— No digas nada, sólo descansa y te llevo un té a tu cuarto.


— Esta bi…


— ¡No, no llores!



Dalia no pudo mantenerse tranquila por más tiempo, aunque no hubiera fotos, objetos o algo de él frente a sus ojos, el mero recuerdo de haber compartido ese techo con James la tumbaba y su llanto le ganó. Entre Savannah y Yarik abrazaron a la músico mientras la encaminaban hacia el sofá, era mejor dejar que soltara todo, que siguiera llorando, pero era desgarrador para ambas que la chica que cantaba alegremente “I´m a Barbie Girl” y se reía con mucho pudor en las mejillas por chistes de tono adulto, era un montón de lágrimas y penas.
El aroma de la pasiflora y la tila que emanaba el té puesto en la mesa de la sala alcanzó a llegar a Dalia que entre temblores y lloriqueo volvía a bajarle a los decíbeles y la jaqueca. Savannah frotaba los hombros de su amiga y besaba sus mejillas en una especie de bálsamo causando unas leves muecas en su cara al sentir algo de afecto.



— Si quieres hablar puedes hacerlo.


— Sólo quiero que esto acabe, siento que me muero.


— Esto acabará — Dijo Yarik que cuidaba la ventana en espera del infiel.


— Yarik… No quiero verlo.


— Y no lo harás, me aseguraré de que ese tipo no pise esta casa aunque tenga que romperle la bo.


— ¡Yarik! No quiero que ensucies tus manos con un pendejo como él — Alzó la voz Savannah que al cruzar la mirada con su novia le pidió calma.


— Cierto, voy a llamar a un amigo de la comisaria para que vaya haciendo una orden de restricción y traigan una patrulla.


— ¿No es demasiado?


— Nada es demasiado cuando él se atrevió a jugar con…. Perdón — Reflexionó la chica del parche al notar una mueca en Dalia por mencionar la palabra con J.


— No pensemos más en ese imbécil, quiero que comas y te vayas a recostar, no debiste salir así cuando el doctor te lo dijo, reposo total.


— Lo siento chicas.


— Corrimos suerte de que te toparas con Blythe — Comentó Yarik causando de nuevo una mueca en su amiga —. Y que te socorriera.


— Si, fue una suerte… Ella.


— Hablando de ella — Interrumpió la abogada levantando su celular pues tenía una llamada —. Hola, si ya estamos en su casa, lloró un rato y sigue mal… Gracias por preocuparte y en verdad, gracias por haberla cuidado.


— Me alegra saber que aún hay gente confiable en este país.



Dalia apretó sus puños sobre sus piernas al querer decirles la verdad pero no sabía como hacerlo, Blythe fue la detonante para tumbar los muros de la mentira, quien le hizo saber que su esposo la engañaba pero por alguna razón no podía culparla y menos odiarla, su gentileza, sus bellos ojos verdes, su calidez, fue un ángel que la acurrucó en sus brazos en el peor de sus momentos, era un ángel para un final adelantado de su amor pero al menos estaba feliz de que fuera uno tan hermoso como ella.



— Yarik ¿Me la pasas?


— Claro.


— Hola — Dijo Blythe al otro lado de la llamada.


— Hola.


— ¿Cómo estás?


— Mal, pero mis amigas están conmigo y eso me… Me hace estar algo tranquila.


— Me alegro por ti.


— Es… ¿Estás llorando? — Preguntó Dalia al escuchar como sonaba su nariz esa chica.


— Lo siento, todo esto que está pasando me afectó, puede que sea hipócrita o creas que me burlo de ti pero en verdad me duele.


— Lo lamento.


— ¿Por qué lo lamentas?


— No… No es justo que llores por mi — Susurró Dalia con la voz algo quebrada ¿Por qué le dolía imaginar a esa chica llorando? —. Gracias por ayudarme.


— No tienes que agradecerme.


— Aún así, gracias.



La llamada terminó y con ello vino una sensación extraña en el pecho de Dalia, se maldecía por hacer que esos ojos esmeralda se humedecieran, en ese momento deseaba estar ahí para abrazarla y decirle que no era su culpa, era algo tonto, aún existía la posibilidad de que esa joven fuera la amante de su esposo y se inventara todo eso pero no podía evitar preocuparse por Blythe. La aún casada le devolvió el celular a su amiga quien notó una mirada distinta en ella, había algo más sobre esa chica con la que habló, aunque ahora no era tan importante como asegurarse que el imbécil de James no se acercara jamás.


— ¿Quieres que te sirva en el comedor o aquí?


— En el comedor por favor.


— Vamos — Dijo Savannah tomando las manos de Dalia al levantarse.


— Dalia ¿Me das tu teléfono por favor?


— ¿Eh? ¿Para qué?


— Por si te llama, no quiero que le contestes — Habló Yarik con firmeza mientras la violinista mordía su labio inferior y decidía entregárselo —. Gracias.



Mientras Dalia estaba en el comedor junto a Savannah, Yarik llamaba a sus contactos para asegurar una patrulla cerca de la casa y para ubicar donde se encontraba en ese momento James, confirmando que seguía en Quebec. La mujer del parche marcaba el paso al no estar segura de si llamarle o no, si lo hacía no sólo le dejaría advertido que no le convenía ni acercarse y esperara los papeles del divorcio pero por el otro lado no quería tomar una decisión que le correspondía a Dalia, no obstante ¿Estaba en condiciones de verlo? No, no sólo por tener el corazón roto, su anemia la tenía débil y no era bueno que tuviera otra recaída, ya había elegido que hacer.


— La comida está servida.


— Voy, primero haré una llamada — Dijo Yarik mientras su novia la miraba fijamente.



— ¿Le vas a llamar?


— Si, le diré que todas sus cosas estarán en la calle y que mande a alguien por ellas ¿O no lo hago?


— Hazlo, pero no dejes de recordarle que si lo vuelvo a ver, lo mato — Advirtió Savannah haciendo sonreír a Yarik.


— No sí yo lo mato primero.


Yarik salió de la casa para llamar a James desde el celular de Dalia, no contestó a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera, típico de ese hombre que siempre estaba ignorando a su esposa. Entre más llamadas perdidas el coraje se iba incrementando, como si el costo por llamada fuera una piedra más en el saco de la representante y ya empezaba a pesar tanto como para que la desesperación se quisiera asomar.


— Hola, amor ando muy ocupado — Contestó James al otro lado de la llamada.



— Hasta que contestas hijo de puta.


— ¿Yarik?


— Toda la mierda que tenías en la casa va a estar en la acera, manda a alguien por ella antes de que pase el camión de la basura o se lo roben.


— ¿De qué carajo hablas? Pásame a mi mujer.


— ¿Tu mujer? No seas cabrón, engañabas a Dalia y todavía tienes el descaro de decirle tu mujer — Habló Yarik causando un silencio momentáneo en el hombre.


— No sé de que hablas.


— De la mujer con la que Dalia te vio en Quebec y que presentas como tu esposa, maldito bastardo.


Varios segundos sin que salieran palabras marcaron lo evidente, James no sabía que decir, típica situación de buscar las palabras precisas para salir bien librado, algo común en él pero esta vez no le iba a servir de nada cuando Yarik ya no tenía porque guardarse nada en su contra, lo odió desde el inicio y ahora estaba cien por ciento segura que si lo veía lo molería a golpes.




— Yarik, Dalia está anémica, lo que haya visto de seguro lo imaginó ¿No dijiste que ibas a cuidarla? ¿Cómo es que vino a Quebec?


— ¡Ya déjate de pendejadas! ¡Poco hombre!


— Mira, esto tiene una explicación, pásame a Dalia y.


— Una mierda te voy a pasar, mi amiga está destrozada y te lo dije ¡Te lo dije hijo de puta! Si alguna vez la hacías llorar te ibas a pudrir en el infierno — Gritó Yarik al ver como James aún quería darle vueltas al tema —. Así como fuiste muy hombre para engañarla se hombre y acéptalo, maldito pendejo.


— No pienso platicar esto contigo, esto es entre Dalia y yo.


— Soy su representante legal, así que te adelanto que no la verás a ella, tienes que arreglar esto conmigo y me voy a asegurar de que no puedas mostrar tu puta cara ante la sociedad.


— Está bien, la cagué ¿Si? Es verdad, presentaba a una chica como mi esposa pero no es por lo que crees, tienes que entender que tengo que sorprender a los inversionistas, Dalia es hermosa pero… Como decirlo, la amo pero para los demás sería alguien aburrida y sin encanto.


— Ojalá te mueras.


— Créeme, estoy muy arrepentido de esto pero te juro, no es lo que piensan, si hablan con ella verán que no hubo nada.


— Eres un puto cobarde — Respondió la manager apretando el celular al sentir ganas de golpear a cualquiera que se le pusiera en frente —. Tener que esconderte detrás de la mujerzuela con la que te metiste por no dar la cara.


— Yarik, te lo juro.


— Y yo te juro que me aseguraré de arruinarte, sí aún tienes una pizca de respeto por Dalia no te vuelvas a mostrar por aquí.



Yarik colgó y guardó el celular de Dalia en uno de sus bolsillos y luego sacó su cigarro y encendedor, necesitaba relajarse antes de entrar a la casa porque ella notaría que discutió con alguien y claramente sabría con quien. La mujer de parche tallaba su colmillo con su pulgar al sostener el cigarro en su boca, un tic que tenía en momentos de estrés, había algo que la tenía bastante pensativa, la reacción de su amiga al mencionar a Blythe y la manera en que se comportó en la llamada, apenas se estaba preguntando quien era en realidad esa chica y porque Dalia tuvo la confianza de platicarle todo.


— No puede ser — Se dijo así misma Yarik al entenderlo todo, sacando su propio celular para marcar —. ¡Pendeja!


Mientras sostenía su celular cerca de su oreja con la mano derecha, presionaba su dedo anular con el pulgar de manera compulsiva agitando un poco el cigarro que estaba sostenido por sus dedos índice y medio, otro tic que tenía por estrés, ocupaba confirmarlo, porque esto cambiaba todo, no sólo por tener un cien por ciento de posibilidades de hundir a James, sino para saber que es lo que estaba tramando Blythe.



— Hola Yarik ¿Necesitas algo?


— Blythe, dime la verdad ¿Quién mierda eres? — Preguntó Yarik provocando un pequeño vacío de palabras.



Los ojos de Yarik se dilataron al escuchar lo que Blythe empezaba a contarle, el destino fue tan miserable como para que la persona que auxiliara a Dalia al desfallecer en Quebec fuese la misma persona que acompañaba a su esposo y la misma pregunta que se hizo su amiga se asomaba en su cabeza: Blythe ¿Era un ángel o un demonio?







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