Rol Libre ¿Salida romántica? | Yael & Amayah

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Morpheus's Dream ♚
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Registro: Amayah Nomura & Yamil Cohen.
Nombre del RL: ¿Salida romántica?
Descripción del RL: Por el 14 de febrero, la academia realizó un sorteo para incentivar a los estudiantes a salir, conocerse e incluso enamorarse. El tercer lugar, sorprendentemente, lo obtuvieron Maya y Yael, llevándose un cupón para probar cafés románticos de la famosa línea de Starbucks. ¿Será la oportunidad perfecta para él de declararse?.
Modalidad: Privado.
 

Morpheus's Dream ♚
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—¡Felicidades por su tercer lugar! Aquí tienen su cupón.
—Sí…
—Muchas gracias…

La azabache tomaba un extremo del mismo con una mano, así como el castaño hacía con el otro. Cafés dulces de Starbucks. El universo le daba la increíble oportunidad de salir de forma ‘romántica’ con Amayah y resultaba que era a una cafetería. Debía ser una broma. La suave risa de la chica a su lado lo trajo de vuelta.

—No te preocupes —le pidió.
—Podemos cambiarlo —quiso insistir— o dárselo a otra persona o-
—Está bien —la chica había sacudido la cabeza
—, podemos ir.

Por eso, el primer fin de semana después del sorteo, Yael se encontraba esperando a la chica a las puertas de la academia. Trataba de repetirse que no era nada especial ni muy importante porque solía andar con su compañera bastante seguido, aun así vestía la mejor de sus ropas para salir a Nagoya, a pesar de todo se sentía muy nervioso. ¿Y si ese era el día en el que le confesaba sus sentimientos y recibía una respuesta afirmativa? La joven Nomura no lo veía con malos ojos, eso era seguro, pero tampoco había demostrado alguna inclinación particular hacia su persona más allá de la confianza y la comodidad notorias. De la misma manera seguía sin expresar preferencia sobre el árabe, lo que no le daba ventaja, sin embargo era suficiente para mantenerlo en la carrera.

—¿Yael?

Se giró apenas la oyó y, como cada vez, se quedó hipnotizado por varios segundos debido a su belleza. No le sorprendería si se descubría que Maya tenía sangre real, daba todo un aire noble con su andar, con la forma de vestir, con cómo trataba a los demás. Era preciosa y él…

—¿Ya estás lista?
—Sí —
asintió.
—Entonces vamos.

Hacerla reír era muy fácil, mantener su sonrisa también. Era contagioso cuando mostraba alguna de las dos cosas. El viaje fue bastante ameno a pesar de que Rowan y Markus los seguían, las conversaciones totalmente tranquilas. El moreno le mantuvo la puerta a su amiga, pero no llegó a entrar cuando se llevó la sorpresa de que apenas se había movido. Como había soltado la puerta, sus manos fueron hasta la cintura de la chica por reflejo, y ella no reaccionó debido a ellas, demasiado concentrada en otra cosa como para notarlo. La puerta le rozó el brazo al cerrarse, los gemelos apenas aguardando unos instantes antes de abrirla -tanto como se podía sin tocar al muchacho- al notar que algo ocurría con su protegida. En el local no habían muchas personas, por lo que no era el ruido; inhaló y entre el aroma a café percibió el perfume de Yahra.

—Si te molesta podemos irnos —le recordó.
—Oh, no, no —su melena se sacudió junto a su cabeza—. Estoy bien.

Caminó hasta la barra y entonces Yael pudo seguirla. Maya continuó medio ida hasta que llegó su turno, Cohen apoyó un brazo en el inmueble mientras le alcanzaba a la chica del otro lado los cupones ganados en San Valentín.

—Queremos dos bebidas especiales, por favor —pidió.
—Por supuesto —ella sonrió—. Nuestra bebida de temporada es el frappuccino de coco que viene en tres presentaciones —
señaló una de las imágenes a su lado para remarcar—: + Coffee, + Romantic con merengue de fresa y + Chocolate con galletas de chocolate trituradas.
—¡Oh! Yo querré el + Chocolate —
la chica asintió, pasando la atención a Amayah.

—U-uhm… Creo que tomaré el + Romantic.
—¡Deliciosa combinación! —
aprobó quien los atendía.

—Disculpe —murmuró la azabache antes de que los mandara a hacer—, ¿el mío puede ser en una taza de esas? —la señaló en la imagen.
—Por supuesto~. Los tendrán en un momento.
—Muchas gracias.


Con un gesto del velocista, tanto él como Maya se rodaron unos pasos al área en el que salían las órdenes para esperar. No había incomodidad alguna en el silencio, pero a Yael le gustaría llenarlo con algo, cualquier cosa.


—Me gusta el coco.

Pero ella le ganó. La miró, un poco sorprendido porque hablara.


—¿Ah, sí?
—Sí —
asintió—. Y la fresa. Y, claro, el chocolate, pero no en todas sus presentaciones.
—Entonces el + Romantic podría gustarte.


Cohen se sobresaltó cuando fue apuntado por uno de sus dedos, como si necesitase de una señal para dedicarle su atención.


—Sigue sin gustarme el café.

Sonrió, bajándole el dedo, cubriéndole la mano con la suya.


—Insististe en que viniéramos.
—Sí… —
desvió la mirada—. No pasa nada por probar.

Agradecieron cuando les entregaron su pedido, y como Maya tenía una taza del local, no podrían irse a un lugar que no oliera tanto a café. Terminaron sentándose en una mesa apartada, uno frente al otro; los pelirrojos les dejaron su espacio. Yael tamborileó la mesa con los dedos, como si fuera un redoble, mirando a su acompañante.


—Llegó el momento —anunció con seriedad cuando se detuvo, sacándole una sonrisa.
—Sí, pero ¿cómo se supone que voy a beber esto? —ella tomó la taza con ambas manos, analizando su problema desde los ángulos posibles—. Voy a ensuciarme con la crema.
—Diría que es inevitable, pero… —
sacó la pajilla de su vaso para dárselo, poniéndolo en la taza—. Espero que no sepa mucho a chocolate.
—Gracias —
recibió una suave sonrisa.


Maya alzó la taza lo suficiente para acomodar el objeto entre sus labios y sorber desde el corazón mismo de la bebida. El castaño la contempló saborear y apenas se contuvo de reír al ser testigo de cómo se le deformó la expresión. Su ceño y sus labios fruncidos, su nariz arrugada. Ella regresó la taza a la mesa mientras tomaba una servilleta.

—Lo siento.
—No te preocupes —
no pudo evitar que la diversión se filtrara en su tono.


No obstante, terminó paralizándose. La azabache sacó la lengua como total gesto de desagrado y la imaginación de la pobre criatura salió volando. Se estuvo esforzando desde que la vio por mantener su ritmo, ir más despacio, pero la velocidad de sus latidos se incrementó y entonces sólo ella iba más despacio. Ella y todos a su alrededor. Yael sostuvo el borde de la mesa con las manos, presionando hasta que sus nudillos se volvieron blancos. Era una actitud impropia de ella, pero hasta ese punto había sido su disgusto: Amayah lentamente pasaba por su lengua la servilleta, como si aquello pudiera ayudar a limpiar sus papilas gustativas.

—P e r d o n a . . .

Se cubrió la boca con una mano como si su acción le hubiera costado una milésima de segundo y no cientos de ellos, como si hubiera sido capaz de evitarle la visión de lo que hizo. Se le escapó una risa nerviosa.


—Noesnada.

Con una dolorosa lentitud, Maya alzó los ojos, moviendo la cabeza para mirarlo.


—Y a e l -
—Olvidémonosdelcafé —
su voz temblaba, y lo odiaba—,tepediréunté,¿estábien?
—P e r o -


Demasiado rápido.


—Disculpe.
—¡ W o w !
—Quierounté,tienequeseraromáticoydulce,muycargado.Dígamequetienealguno,porfavor.
—A h m . . . S í . . .


Apoyó el puño en la mesa, dejando la frente sobre él por un período exageradamente corto de tiempo.


—¿Puedecontarenvozalta,porfavor?
—S e g u r o . . . U n o .


Yael se forzó a inhalar con lentitud.


**

—Aquí tienes —dejó la nueva taza frente a Maya antes de sentarse. Como el objeto era transparente, se podía observar el contenido de una suave tonalidad crema, con la cima pareciendo espumosa.
—¿Qué es? —ella lo miró, intensidad en sus ojos dorados.
—Un Chai Latte, me dijeron que es un té especial. Espero que te guste.

Mientras evitaba su mirada, el joven Cohen agitó un poco el contenido del frappuccino + Romantic con la pajilla antes de probarlo, absolutamente consciente de que ponía los labios en un lugar donde los de Maya habían estado antes. El dulce y el sabor a fresa invadieron su boca, relamiéndose los labios al terminar el trago. Era demasiado-


—Es fantástico —escuchó en un susurro—, me encanta. Gracias.
—No fue nada.
—No, en serio. ¿Chai Latte? —
él asintió—. Lo incluiré en mis tés.

Yael no pudo evitar sonreír. Eso se sentía bien. Estar así con ella, conversar de cosas irrelevantes, y también de las importantes, sin expectativas.


—Pero ¿en serio te vas a tomar los dos cafés?

Rio con suavidad antes de alzar los hombros.


—No lo sé, tal vez. ¿Por qué?

Amayah tomó el vaso, el frappuccino + Chocolate, antes de apoyar el brazo en el respaldo de la silla, girándose.


—Rowan~, ¿quieres algo de beber? —lo inclinó un poco.

Desde su lugar, el pelirrojo nombrado y el que no alzaron sus bebidas, una más pronta a terminar que otra. Con una sonrisa, la chica volvió a acomodarse, su misión fallida.

—No te preocupes por eso, toda caloría sirve —dejó el vaso cerca.
—Sí, pero sólo cuando corres… —los ojos dorados se detuvieron en la nada, dándose cuenta de algo importante—. Apenas lo has hecho hoy.
—Sí, no quiero incomodarte.
—Pero es algo natural de ti… ¿Cómo…?
—Sabes que me gusta jugar.
—Sí —
Yahra se acomodó un mechón de cabello—, vuelves a Tokio cada fin de semana para jugar con tus amigos… Oh —hizo un mohín—, lo siento.

Cohen se apresuró -y mucho que podía- a negar con la cabeza.


—No tienes nada de qué disculparte, ellos lo entenderán.
—… Bueno —
suspiró.

—Es difícil para alguien de mi ritmo jugar con otras personas —continuó con el tema, apoyando los codos en la mesa—, así que lo he tomado como un entrenamiento, ir a la velocidad de los demás. Porque romper mi récord… puedo hacerlo. Lo complicado es mantener un paso más suave.
—Lo siento si voy a un paso muy suave…
—Dios, Amayah —
sonrió, pero también rodó los ojos, alzando la vista al techo—. En serio, deja de disculparte.
—Ha tenido que ser muy difícil…
—Ha sido muy agradable —
la miró a los ojos—, porque siempre he estado con personas a las que quiero y que me quieren. Que me motivan y me impulsan a mejorar. Cuando voy rápido no me pierdo de ningún detalle porque tengo toda la escena para mí, a cámara lenta, pero cuando voy despacio… puedo compartir lo que ellos sienten por más tiempo y eso… es como… —inclinó un poco la cabeza, frustrado, al no encontrar las palabras.


Pero se sobresaltó al sentir la suavidad de la mano ajena sobre su brazo, apoyándolo. Maya emitía calidez a través de su mirada.

—Lo entiendo —susurró. Yael no pudo hacer otra cosa más que sonreír. Y desviar la mirada, apenado. ¿Eso podría ser lo que quería? ¿Podría estar equivocado? Amayah no se portaba con él como lo hacía con el árabe, pero eso podía ser positivo, ¿no? ¿Podía tener esperanza?—. ¿Yael?
—Maya… —
dejó una mano sobre la de ella—. Yo… —apoyó la frente sobre su dorso. ¿Por qué tenía que ser tan difícil?

—¿Qué… Qué pasa?

Suspiró profundamente. Tal vez era el momento de averiguarlo.


—Me gustas —susurró.

Y esperó.

Pero sólo hubo silencio.

Y esa también era una respuesta.

Otro suspiro escapó de sus labios antes de enderezarse para enfrentarla. Amayah tenía sus preciosos ojos perdidos en la mesa.

—Hey —se inclinó para levantarle la cara—, no te preocupes. No pasa nada.
—Pero-
—No es nada, en serio —
le sonrió—. Todo está bien, sólo necesitaba sacármelo del pecho.
—… ¿Seguro? —
llevó la mano libre a su muñeca y él le tomó de las manos.

—Absolutamente —le besó el dorso de una de ellas—. Vamos, vuelve al té. No vaya a ser que me termine los cafés primero —alzó una comisura.

La azabache apenas alzó una, que pronto se cayó, volviendo a tomar la taza. Esconder lo aplastado que se sentía no servía de nada porque ella era capaz de saberlo incluso mejor que él, pero aparentar era importante. No quería que Maya dejara de contar con él sólo porque él había querido ser egoísta. La apreciaba y ese sentimiento iba mucho más allá de cualquier otro que pudiera sentir. Por eso…

—Me contaron que el Chai Latte es indio, si te gusta la comida como el té podríamos buscar algunos sitios para probar.

Aunque lo mejor de todo fue lo que vino después.


—Sí —una sonrisa sincera sobresalió más allá de sus labios—, me encantaría.
 
  • 1Lo amo
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