Quest B Sangre de guerrero [Dylan]

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"Sangre de Guerrero”

- NPC involucrado: Dinohumon
- Sinopsis: En el extenso Valle de los Dragones de Folder habita una tribu de Dinohumon, orgullosos y tenaces Digimon dragones que viven como guerreros desde el día que evolucionan hasta que perecen. Para ser un miembro oficial de la tribu, es necesario que todos los Dinohumon recién evolucionados realicen una muestra de valor, y uno en particular tiene en mente una meta ambiciosa: Enfrentar a uno de los raros Triceramon X del Valle, y tomar uno de sus cuernos para presentarlo en la tribu como trofeo. Será una tarea difícil y Dinohumon tiene derecho a solicitar un ayudante, por lo que ha decidido recurrir a un guerrero humano de la Central
- Escenario: Valle de los Dragones
- Objetivos:
  • Reunirse con Dinohumon
  • Encontrar a un Triceramon X
  • Luchar contra él junto a Dinohumon, cortar uno de sus cuernos y entregarlo en la tribu
- Notas
  • Quest disponible en modalidad Solo
  • A diferencia de Triceramon, los Triceramon X son mucho más raros de ver por poseer el X-Antibody. Encontrar uno podría tomar hasta días
  • Deben ayudar a Dinohumon, no hacer el trabajo por él. Como un guerrero, no habría nada que hiera más su orgullo que el Tamer (y su Digimon) arrebatándole su proeza.
  • No es necesario matar al Triceramon. De hecho, es preferible que no lo hagan
  • El cuerno de un Triceramon X difiere mucho de un Triceramon común, por lo que es obligatorio encontrar a un X, además sus cuernos son increiblemente duros, romperlos no será nada fácil
Digivice: iC
Tamer: Dylan Tanneberger & Gomamon

Verwest Verwest adelante puedes comenzar, que te diviertas!
 

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—¿Quieres matizar algo o puedo saltar directo a las conclusiones?

Apretó el Home Gate de Lottie en su mano hecha un puño y en su cabeza trazó una línea roja que separó pensamientos, marcando cuáles son accesibles y cuáles estaban prohibido alcanzar. No era aceptable cruzar sin autorización previa porque toda línea tiene una razón de ser: por seguridad, por precaución, por claridad. Si decidía cruzarla, lo hacía por su cuenta y bajo riesgo. Pero, entre más grande la línea, mayor era la tentación por hacerlo.

—Todo lo que ves a tu alrededor le pertenece a Lottie, excepto Henry, claro —a Dylan se le revolvió todo por dentro con la revelación de Lex, tenía un asqueroso sabor de boca—. Este es en realidad su piso.
—¿No has sido sincero conmigo? —le encontró de reojo, estaba dos pasos atrás agitando una copa de merlot muy oscuro con tintes suaves, casi inhaló el alcohol en ella.
—Hice lo que tenía que hacer para mantenerte con nosotros —le dijo el chico—. Medidas desesperadas para llamar la atención de otra persona, Mary —terminó cerca de su oído y la sensación al ser llamada por ese nombre le llevó a tener diecisiete años otra vez. Lex pudo haber experimentado cambios en su personalidad, pero nunca cambiaría por completo.
—¡Dylan! —gritó Gomamon, atrapado en medio de Falcomon y Blackgabumon, tal cual lo estaba ella entre Lex y Lottie— ¡Aléjense de ella, infames! —Con un gesto de su cara y de sus manos le pidió que mantuviese la calma y él obedeció a regañadientes.

—¿Es esa tu excusa? —le contestó a Lex, entonando media sonrisa— ¿Querías mi atención, Pall? ¿En eso pensabas cuando me contaste tus mil y una anécdotas interesantísimas? —habló sarcástica—. Permíteme felicitarte —pero la enhorabuena nunca llegó, porque se sentía cada vez más cerca de cruzar la línea y aún no se aseguraba de querer lidiar con las consecuencias. Se mordió la lengua y volvió su vista al frente para enfocar a la británica que lucía divertida presenciando la controversia orquestada por ella misma.
—No —contestó Pall, lidiando con una molestia en su orgullo. Apretó los dientes, inhaló profundo y los desapretó al final. Benditas clases de meditación y tai chi tan efectivas como el mejor de los anticonceptivos—. A esas alturas no pensaba, sólo satisfacía una necesidad —soltó una risita corta, pero Dylan ya no estaba escuchando.

¿Qué jodidos carajos iba a hacer? Ni siquiera sabía qué es lo que quería, y las personas que no lo sabían eran quienes sufrían más. En el reflejo que desprendieron las gafas de Lottie buscó una respuesta: reconocía a la vieja Tanneberger, ese amasijo de dudas, miedo, arrepentimiento e infinita autocrítica. Emoción pura y sin filtros. Repentinamente le aquejaba un dolor en el pecho intangible, alucinante.


Take the mirror from the wall so I can't see myself at all
Don't wanna see another damn inch of my skull

—¿Qué es lo que quieren de mí? —preguntó con el tono más firme que pudo emplear.
—No es sólo lo que queremos de ti, es también lo que podemos ofrecerte —Satán habló—. Pasamos un buen rato, nos metimos en problemas, comenzaste una batalla absurda y yo tomé malas, muy malas decisiones —se sacó las gafas con un rápido movimiento y se acercó a ella. Antes de volver a respirar con tranquilidad, tuvo que analizar ese rostro que le miraba con desasosiego, con aflicción. Había unas manchas grises en toda el área de los párpados y los ojos vidriosos le advertían que podía romperse a llorar en cualquier instante—. Lo siento, no puedes imaginar lo mucho que lo siento, pero al menos estoy hablando contigo ahora, Twisted —a Lottie le flaqueó la voz al final. Dylan entró en modo ‘emulador de estatuas’, ni su cara ni el resto de su cuerpo arrojaban señales de vida—. ¡Twisted! —replicó la británica más alto.
—Soy un lavabo al que se le sale todo —dijo Dylan tras un rato de espera, levantando las manos para simular que algo se le escurría de entre los dedos. Lottie soltó un fuerte resoplido, se restregó los ojos y alzó la cabeza una actitud renovada que por poco quebrantó la poca solidez que le quedaba a la rubia.
—¿Sabes? De la manera en la cual lo veo, tenemos tres opciones para resolver esto —liberó una sonrisa perversa—. Primera opción —levantó su dedo índice—: yo podría seguir disculpándome, tú podrías perdonarme y seguiremos con nuestras vidas como adultas que somos —peinó su cabellera antes de proseguir—. Segunda opción —levantó también su dedo medio—: yo prometería no volver a traicionarte, tú intentarías confiar en mí y puedes usar todo esto para echármelo en cara cada vez que discutamos.
—¿Estás intentando ser graciosa?
—Satán tiene sentido del humor —la británica ensanchó su sonrisa y la otra europea le desaprobó con la mirada. ¿Qué es lo que pretendía Lottie con sus nuevas artimañas?
—¿Cuál es la opción tres? —preguntó para aclarar sus dudas.
—No sé cuál es la opción tres —Lottie habló en un susurro dando un paso más hacia ella, estando tan cerca el olor a cigarrillos le provocó una comezón en la punta de la nariz—. Lo único que sé es que no quiero estar sola —torció la boca intentando librarse del malestar mientras la británica le consumía con los ojos. Si las miradas matasen, Lottie habría muerto en ese fuego unidireccional. Pero como nadie iba a agonizar en un tiempo inmediato, claudicó luego de un minuto entero levantando sus brazos en el aire.
Fine —pronunció con disgusto—. Opción cuatro —esbozó una sonrisita muy falsa y sintió más ganas de cruzar la línea—: puedes quedarte con Pall, yo me voy —giró hacia Gomamon y dio un paso firme para reunirse con él, pero no solo los Digimon enemigos se lo impidieron sino también los humanos. La figura de Dylan sufrió un sobresalto cuando Lottie se colocó a modo de cortarle el camino.
—¡Seres inferiores! —se quejó Gomamon— ¡Sufrirán la furia de Odín!
—¡Blasfemia! En verdad eres Satán, ¿lo sabes? —expuso Dylan haciendo trisas la mueca en su boca— ¡Si Satanás se materializara, sería igual a ti! —frunció la frente, levantó la voz— ¡Estas por doquier moviendo las cosas a tu conveniencia!
—¡Deja de ser mezquina! —demandó Lottie.
—¡Deja de ser mentirosa! —contrapuso Dylan. Apretó los puños y con un pie se atrevió a pisotear la imaginaria línea. La mitad de su cuerpo se balanceó hacia el otro lado mientras gestionaba un brote psicótico o una crisis nerviosa. Estaba cayendo, la fuerza de gravedad le llevaba hacia sus pensamientos prohibidos, los más tenebrosos.
—Vas a perdonarme algún día, ¿no? —Lottie volvió a susurrar, debido a que Lex y los Digimon mantuvieron silencio no había necesidad de hablar más claro—. Tiempo atrás me veías como tu amiga.
—Por favor, hazte a un lado —luchó por contenerse hasta que la británica admitió algo que le voló los sentidos:
—Dylan —su tono era moderado, por poco amable—, ¿alguna vez notaste que —le tomó de los hombros, casi del cuello y le miró directo a los ojos. Ella echó la cabeza hacia atrás, alejándose lo más posible—, aunque sea Satanás y una mentirosa, soy la única persona que se preocupó de verdad por ti? —el mazazo emocional hizo que sus ojos se abrieron un poquito más de lo normal.

Blanca como el papel o como si hubiese visto un fantasma. Hecha de cera. Así se había quedado la rubia y no era para menos.

—Tengo una Quest —se excusó, abrió las aguas y atrapó a Gomamon sin que nadie pudiese impedírselo. Inmediatamente salió corriendo del lugar, olvidando su paraguas.

...
..
.

Al parecer huir nunca estaría sobrevalorado, al menos no para Tanneberger. Se abrazaba a sí misma titiritando de frío, con la ropa mojada y los cabellos pegados en la frente mientras escaneaba el tablón de Quest en Star City. Le dolía un poco la garganta, pero no sabía si era debido al jodido clima impredecible en Folder o porque forzaba a sus conductos lagrimales para no romper una promesa hecha a sí misma. Una de sus piernas se movía tan de prisa que le extrañaba que no hubiese un agujero en el suelo: pasen y vean el nuevo Gran Cañón en la sala de espera de la Central de Tamers, patrocinado por Dylan Tanneberger. Dylan Tanneberger, Dylan Tanneberger, Dylan Tanneberger. Personas y Digimon en derredor cuchicheaban sin mucha discreción su nombre. Metal Empire, Lottie Lindblad, Metal Empire News, chismes, blogs, revistas. Twisted, Twisted, Twisted. Si se deshizo del único cobijo que le proveían sus brazos, fue sólo para llevarse las manos a los oídos y apretar su cabeza fuerte.

—¡Dylan! ¡¡Dylan!! —le llamó Gomamon casi a gritos, sopesando su condición mientras sostenía un vaso de café.

Era el quinto que le traía desde la máquina expendedora en una intentona de hacerle sentir mejor. Lo tomó y lo colocó en una mesilla junto a los otros cuatro que estaban igualmente a tope, aunque bastante fríos.

—Jamás debimos confiar en ese infame marqués de cara rosada —recriminó Gomamon con sus mejillas infladas al máximo—. Estaremos mejor por nuestra cuenta.

Cuando el Digimon trepó por su espalda, le dirigió una fugaz mirada, arrancó el primer anuncio del tablón que tuvo a su alcance y salió corriendo de la Central como si una peligrosa bomba terrorista estuviese a punto de estallar. Sintió los ojos escocer. Es que, si se quedaba un segundo más dentro de ese edificio, en ese ambiente, su promesa se volvería algo peor que polvo.




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Cuando paró en la caja de la tienda de autoservicio a pagar por los artículos de supervivencia que necesitaría en su Quest, la mujer que atendía le descubrió sorprendida, casi indiscreta. Le señaló con su vista la edición más reciente del periódico y después la señaló a ella.

—Soy yo —se encogió de hombros y una pequeña sonrisa presuntuosa floreció en sus delgados labios. Fue por deseos de Gomamon o deseos de sí misma, o quizá de los dos en combinación que terminaron tomando un ejemplar y colocándolo dentro de la canastilla con los demás objetos a obtener.

Seguro que la vida se veía jodidamente mejor desde el otro lado de la gruesa línea roja, porque de vuelta en las calles saludaba feliz a todos los humanos y Digimon que bisbiseaban su nombre o se detenían a mirarle. Su nueva actitud iba de la mano con su nuevo conjunto de ropa.

Es malo mentir. Eso es lo que a Dylan le habían enseñado constantemente desde que naciera: la honestidad es la mejor póliza, la verdad nos hará libres, yo corté el árbol de cerezo, etcétera. El hecho es que, con el paso de los años y experiencias, comenzaba a comprender que a veces mentir no es una vía de escape rápida sino una necesidad. Nos mentimos a nosotros mismos porque la verdad duele. Duele como el peor de los cánceres en fase terminal, sin quimio ni nada, desangrándose en plan generoso. «Volver a nacer es complicado, acepta tus limitaciones y abraza tus virtudes, Tanneberger». Se dijo a sí misma después de detenerse con Gomamon a sacarse una fotografía con un Digimon que les seguía desde dos bloques atrás.


[...]


Tuvieron que cruzar la ciudad entera hasta la salida oeste. Se dirigían a la región más peligrosa de todo Folder y, ¿qué es lo que llevaban como protección? El iC de la rubia y un montón de digisoul. Nada más. Si Gomamon se transformaba en Ikkakumon para cubrirles las espaldas, seguro que tardarían el doble de tiempo en llegar hasta su destino. Ya podría haber comprado el mejor de todos los jodidos seguros de vida y dejar a Mikel como único beneficiario, pensó Tanneberger, porque era una apuesta casi infalible, a todas luces. Se sacó la capucha de su hoodie y levantó la cabeza mientras dejaban atrás a una cuadrilla de Monochromon salvajes, mas no agresivos. Entretanto nadie interrumpiese su festín vegetariano patrocinado por arbustos de metro y medio de altura, no interrumpirían asuntos de alguien más. Pero por si acaso deseaban presentarle alguna alabanza, Gomamon les informó sutilmente que tenían la dicha y fortuna de compartir escenario momentáneo con el mismísimo rey del Digimundo. Los Monochromon se miraron confundidos entre ellos y continuaron comiendo aún con más ganas después de que el acuático desapareciera de los radares.

Más adelante tuvieron encuentros con otros Digimon salvajes. Un Raptordramon les acorraló y amenazó con robarles toda su comida y otros suministros, pero Dylan fue ágil al utilizar una Digimemorie de rango Perfect (Garudamon) para intimidarle y para crear una distracción, una válvula de escape. Con esa corta carrera, sus perezosas piernas faltas de deporte acuático se resintieron enormemente, por eso tan pronto se sintieron seguros se detuvieron junto a unos arbustos a respirar.

Hubo dos o tres descansos a lo largo del camino y en total tardaron tres horas en llegar hasta las inmediaciones del monte ubicado al final del Valle de los Dragones. En ese sitio es en donde encontrarían a la tribu de Dinohumon, según las especificaciones obtenidas en la Central de Tamers. No fue tan difícil divisarles, la verdad, pues había pocas especies Digimon con forma humanoide en toda la pradera. Los digitales en cuestión estaban reunidos en un círculo y Dylan supuso que quien estuviese en el centro era el individuo que tendría que acompañar para cumplir con su Quest. Era un Dinohumon de menor tamaño que el de todos los demás, las facciones en su cara delataban nerviosismo mientras escuchaba con especial atención el montón de palabras, regaños, consejos que los más experimentados tenían para compartir con él.

A una distancia de cinco metros, Dylan se recargó de lado en una enorme roca, se colocó las gafas oscuras y observó el ritual con mucha cortesía, esperando que terminase para poder introducirse con su empleador. Gomamon estaba junto a ella, a sus pies, ansioso del momento en el cual comenzase a enumerar sus títulos heroicos y nobiliarios frente a otros.

—Ayudaremos a ese ordinario a convertirse en un servidor digno, Dyl —dijo Gomamon, calentando sus motores.
—Ajá —le respondió apenas, distrayéndose con una goma de mascar que introdujo en su boca.
—¡Bah! Tendrá la dicha de ser instruido por un guerrero de Odín —su orgullo creció otro poquito cuando trepó sobre la mochila en su espalda para alzarse.
—Claro —asintió otra vez en automático, disfrutando el sabor de la menta adormeciendo su paladar.
—No habrá entrenamiento más digno.
—Mjm.
—¡Aquí vienen, Dyl!

Gomamon irguió su postura al máximo y Dylan casi se atragantó con su bocado. El capullo o el círculo de Dinohumon, se abría para dejar salir al más joven de su tribu hacia el mundo, en específico hacia ellos. El acuático volvió al nivel del piso cuando Dinohumon se plantó frente a ellos y, a pesar de la diferencia en alturas, mantuvo su cabeza alta con el entrecejo arrugado, cara seria. El tipo dragón intentó saludarle extendiendo una de sus manos, pero la rechazó de inmediato golpeándola suavemente con una de sus aletas.

—Ser inferior, el protocolo real dice que no puedes tocar a tu rey —le explicó rápido.
—¿M-mi rey? —titubeó el humanoide, la situación era exótica.
—Ahora has una reverencia.
—¿Q-qué?
—Soy Gomamon —el Child se colocó con el pecho de fuera—, Rey del Digimundo, Héroe, Sobreviviente de Hazard, Guerrero de Odín, Líder de los Caballeros de... —las palabras se le atascaron al final—. Bueno, eso último no, pero —enarcó una de sus cejas—, espera un segundo.

Es que si el infame BlackGabumon confabulaba con el fantoche ave de rapiña de la humana que le partiese el brazo a su Tamer, entonces no merecía pertenecer a la Orden de los Caballeros del Rey Gomamon. Y por consecuente sus miembros se veían reducidos a uno solo o cero, si tomaba en cuenta que el Digitama del ladronzuelo americano aún no eclosionaba. Quizá podría amaestrar al barbaján de Dexter para ser al menos un fiel escudero. ¡Bah! Como su cabeza divagaba pensando mil y una opciones, no indagó en el por qué la rubia daba dos pasos firmes al frente, midiéndose cara a cara con Dinohumon.

Dylan se sacó la goma de mascar de la boca, la hizo una sola bola con la envoltura y la guardó dentro del bolsillo de su hoodie. Porque podía ser un torbellino emocional andante, desentendida de situaciones difíciles, pero jamás una terrorista del medio ambiente. Con su mano izquierda hecha un puño le propinó un golpe amistoso al Digimon en el brazo de ese mismo lado y esbozó una sonrisa despreocupada.

—¿Podemos marcharnos? —lo dijo en modo de pregunta, aunque sonó más a una especie de imposición. Se reacomodó la mochila, las gafas y tomó a Gomamon bajo su brazo derecho. Dynohumon miró atrás una última vez para despedirse silenciosamente de sus buenos amigos.



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—Con nuestra ayuda te convertirás en el guerrero más tenaz, el más honorable de todos —Gomamon lo dijo dando trotes para equiparar los pasos de Dinohumon—, tenlo por seguro, ser inferior.
—Gracias, señor Gomamon —el humanoide inclinó un poco su cabeza para él.
—Rey Gomamon —le corrigió inflando sus mejillas, con el orgullo ligeramente herido.
—R-rey —titubeó al principio—, rey Gomamon —sentenció con vehemencia en su nuevo tono. Al acuático le brillaron los ojos y parloteó algo casi inentendible, después se detuvo sobre una acumulación de rocas e incitó a Dinohumon a darle la cara
—Muy bien, súbdito. Ahora muéstrame tus movimientos de batalla.
—¿Señor? —inquirió confundido Dinohumon.
—No podrás comprometerte ni luchar en contra de ese Triceramon X sin antes obtener la aprobación del rey, lo dice el protocolo de la realeza, ser inferior —tras ver que Gomamon mantenía una mirada seria, decidió adoptar una pose defensiva en la cual su antebrazo izquierdo cubría su cara y el brazo derecho con su cuchilla en vertical protegía el resto de su cuerpo.

Tanneberger se detuvo a ver la interacción entre los digitales y, antes de que diese comienzo una demostración de artes marciales o aún peor una pelea, aclaró su voz y se inmiscuyó en medio de ellos.

—Podría tomarnos días enteros encontrar un Triceramon X —remarcó como si fuese una señal de peso para no perder el tiempo, y en realidad lo era—. No estamos aquí para entrenar con Dinohumon —dijo lo último dirigiéndose a Gomamon quien se desplomó sobre el piso soltando un suspiro perezoso, pero se recompuso tras un gesto en el cual la Tamer peinó sus cabellos en una sola pasada.
—Esta bien, Dyl —asintió con una sonrisa.
—¿En dónde podemos encontrar un Triceramon X? —preguntó Dylan a Dinohumon.
—Son raros de ver —respondió el Digimon lo obvio—, debemos recorrer todo el valle.

Anduvieron colina abajo hasta llegar a la planicie del hogar de los dragones. Todo a su alrededor era una infinita pradera plagada de pasto, rocas y arbustos. Los árboles que medían más de dos metros podían ser contados con los dedos de su mano. Escuchó unos ruidos extraños, y de repente se sintió como en una vieja película de Lassie, la Collie granjera más famosa del mundo: las vacas mugían a lo lejos, las gallinas gorgoteaban exaltadas, los perros le ladraban al atardecer (Hathaway ). Definitivamente era un hermoso día para cazar un Triceramon X.

—Dylan... ¡Dylan!

Su cuerpo encendió el piloto automático y su cabeza no dejó de dar vueltas hasta que Gomamon le llamó a gritos, advirtiéndole acerca de una peligrosa estampida viniendo directo hacia ellos. A Tanneberger se le subió el corazón y se le atascó en algún recoveco de su garganta.

[Música trágica]

Cruzó sus antebrazos y se cubrió con ellos el rostro, anticipándose a la manada de Dorugamon que habría de pasar a cada lado de sus costados corriendo con frenesí, vociferando cosas que para ella carecían de sentido. Dobló un poco sus rodillas, sus pies se ciñeron fuerte al piso, sintió la tierra temblando como una casa de naipes a nada de desmoronarse y cuando estuvo a punto de ser arrollada por un Dorugamon, Dinohumon le tomó de la cintura y le arrastró rápido hacia otro escenario seguro. La rubia cayó de sentón sobre la hierba, profirió un alarido con mucha pereza y después se dedicó a mirar el desfiladero de Digimon salvajes a unos metros de distancia.

—¡Ser inferior! Yo podría haber mandando a volar a esos ordinarios con mis maravillosos poderes, ¡bah! Pero has hecho un buen trabajo —congratuló Gomamon a Dinohumon, colgando de la espalda de su Tamer y aún con sus pulsaciones imaginarias disparadas a mil—. Buen trabajo, súbdito —Dinohumon esbozó una minúscula sonrisa.
—Blasfemia, ¿es ese un Triceramon? —Dylan tuvo que asomar los ojos por encima de sus gafas para reconocerlo mejor, pues nunca había visto uno antes.

Después del aluvión de Dorugamon corriendo como caballos desbocados, aparecieron otras especies de Digimon para repoblar el panorama. Uno que andaba en cuatro patas, poseía una larga cola y cuernos en la cabeza pudo haber pasado apercibido como Triceramon, pero cuando dio la vuelta y la humana lo observó de perfil se dio cuenta de que en realidad era un Monochromon. No sería exactamente el espécimen que anduviesen buscando, le sobraba ferocidad y le faltaba Antibody-X, pensó Tanneberger. Pero en conjunto con Gomamon y Dinohumon se acercaron a él, Dylan tosió un poco a causa de la nube de polvo que quedaba flotando sobre sus cabezas y el Monochromon advirtió en ella. Enseguida tomó la palabra porque Gomamon amagaba con arrebatársela.

—Soy Dylan Tanneberger, ¿has visto algún Triceramon X por estos lugares? —fuerte, conciso y directo, como un trago de whiskey escocés de cinco euros a primera hora de la mañana. Monochromon hizo un ruido gutural al identificarles como amenazas, pues la presencia de un Dinohumon joven fuera de su tribu no podía significar ninguna otra cosa.
—Sé lo que hacen los de tu especie con los que poseen X-Antibody —habló refiriéndose al Dragon humanoide.
—Para que los Digimon como tu convivan en paz con los Dinohumon, debe haber Triceramon dispuestos a hacer un sacrificio —argumentó Dylan encogiéndose de hombros—. Madre naturaleza, el ciclo de la vida, equilibrio cósmico del Digimundo. Por favor, ¿podrías responder mi pregunta? —pronunciaba rápido, había un atisbo de desfachatez u osadía en ella—. Simple pregunta, sí o no.
—Jamás se los diré —bramó Monochromon, dejando un par de cabos sueltos que la rubia interpretó rápido.
—Intuyo que sabes esa información que necesitamos, pero no estás dispuesto a proporcionárnosla —Dylan se llevó la mano al pecho y fingió que una flecha acababa de atravesarle el corazón—. Rudo, Monochromon —la interpretación, por su puesto, no habría merecido ni un seis aprobatorio en la clase de artes. Su tono era insípido, robótico—. Hieres mis sentimientos.
—Lárguense del Valle de los Dragones —el Digimon finiquitó el asunto dando media vuelta y casi barriéndolos con el movimiento de su larga cola. Dylan y Gomamon se echaron al piso, otra vez de sentón sobre la tierra, y la rubia no pudo evitar seguir indagando:
—¿Por qué te importa lo que le suceda a alguien de otra especie? ¡¿Por qué te importa?! —alzó la voz cuando vio que Monochromon se iba desvaneciendo con el atardecer— ¡No es asunto tuyo!
—Tuyo tampoco, humana —fue lo último que dijo antes de desaparecer.

Se puso de pie apretando muy fuerte uno de sus puños y quizá Gomamon detectó la actitud inusual en ella. Para él, cada vez era más difícil achacar esos arrebatos al cansancio, al hambre o al déficit de horas en la piscina. Dinohumon meditó ir tras Monochromon, pero se hizo imposible cuando la rubia decretó que debían seguir con la búsqueda.



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Continuaron explorando los territorios marcados como el Valle de los Dragones en una especie de carrera contra reloj, porque en un par de horas no habría más luz y sería muy peligroso vagar a oscuras. Por ese motivo, Tanneberger tomó el timón de la nave y trazó una nueva trayectoria: de este a oeste, con destino de regreso a la enorme montaña que separaba de la Tierra Espiritual. Si habrían de pasar la noche a la intemperie, más valía hacerlo cerca de la tribu de los Dinohumon, en caso de que otra tribu o Digimon salvaje quisiera atacarles. Por el camino imploró una y otra vez encontrar una pista, rastro, lo que sea que diese indicios del anhelado Triceramon X, pero no tuvo mucha fortuna.

Greymon, Tyranomon, Allomon y todo un recital de especies que terminasen en ‘mon’, de tipo dinosaurio y dragón, pero ni uno solo con X Antibody.

Cuando la rubia sintió que la pendiente en el suelo comenzaba a inclinarse, tomó sin aviso a Gomamon en sus brazos con la seguridad de que le iba a obedecer y sin rechistar, que le seguiría a donde le diera la gana llevarle. Se sentó con él sobre un asiento tallado naturalmente en piedra y Dinohumon se sentó a unos metros de ellos. Suspiró a base de cansancio e intentó relajar relajando su perezoso cuerpo, pero no pudo hacer mucho con la presión de aquella mirada verde puesta en ella. Le empujó a decir algo.

—Mis ojos son rojos por la falta de sueño —admitió para Gomamon casi en un susurro, deslizando un poco sus gafas hacia abajo—, mi cabello es un desastre por pensar demasiado en Triceramon —se señaló la cabeza con el dedo índice. El Digimon arrugó la frente de la manera en la cual la arrugaba cuando no lucía muy convencido con los argumentos.
—Dylan, ¿estás bien? —le preguntó sin dejar de analizarle desde su regazo.
—Totalmente. ¿Qué tal un poco de pescado frito? —curvó un poco la línea de sus labios y pinchó las mejillas de su amigo para hacerle sonreír con ella.

Ese simple gesto permitió que Gomamon cediera espacio para tomar un respiro. El digital se retiró con dirección al lago formado por la cascada que caía desde lo alto del monte. Si su Tamer quería pescado, entonces él conseguiría las mejores digilubinas en todo ese mundo o el otro.

—Será una tarea sencilla para el rey del Digimundo —los ojos de Gomamon brillaron como relucientes estrellas— ¡Espera por mí, Dyl! —gritó desapareciendo en la distancia.

En ese momento, la afabilidad en la cara de la humana se desdibujó, destensó los hombros y se sacó la mochila. La verdad es que ni tenía hambre ni tampoco le apetecía el pescado frito, pero necesitaba comer y aquél era el único platillo que podían preparar con lo que había a su disposición en el ambiente. Desdobló su saco de dormir e improvisó un lecho para descansar. Mientras lo hacía, Dinohumon salió de su estado de reposo y se acercó a ella para ofrecerle ayuda. No le había visto venir porque le había dado un poco la espalda desde entonces, muy rudo de su parte.

—¿Es él realmente un rey? —le preguntó el dragón cuando ella alisaba perfectamente los pliegues en el pedazo de periódico obtenido en Star City con su cara impresa— ¿Son realmente héroes? —el nuevo tópico le llevó a levantar la cabeza mientras una ola de electricidad de bajo voltaje le sacudía por completo.
—Todo el mundo quiere saber lo mismo, creí que serías la excepción —cada vez que tomaba una Quest, recibía las mismas preguntas. Lamentó la ausencia de Gomamon porque era él quien solía atenderlas. Se reacomodó las gafas oscuras que ya no tenían ninguna funcionalidad más allá de ocultar sus ojos y le dedicó un gesto engreído, de esos que gritaban «seré un héroe si eso es lo que quieres que sea». Casi impropio de sí misma—. ¿De verdad quieres saber? —le dio solo tres segundos para pensarlo—. Bueno, da igual porque no me gusta contestar eso —después le mostró el boletín, estaba en cuclillas frente a él. El dragón lo leyó y despertó un atisbo de respeto, admiración, emoción. Ella continuó hablando—. Puedes confiar en nosotros.
—Lo que dijo ese Monochromon —la alegría en Dinohumon se desdibujó, inclusive su rostro se ensombreció por un instante—. Algunos Digimon creen que lastimamos a los Triceramon X para probar nuestro valor. Es así, y quizá no es justo para ellos... —cuando la rubia detectó a dónde se dirigían las inquietudes del dragón, enarcó una de sus cejas y le atajó.
—Tengo una primicia para ti —engrosó la voz—: la vida no es justa. A veces las cosas simplemente suceden, buscar los porqués solo hará que duela más —Dinohumon perdió su mirada en el piso, aunque seguía prestando mucha atención—. ¿Quieres escuchar un consejo?

Lo último lo dijo preguntándose a sí misma cómo diablos había tardado tanto tiempo en darse cuenta. Sus ojos se enrojecieron un poco más y no era a causa del sueño, la verdad. Observó el horizonte por unos segundos en busca de tiempo muerto para respirar y cuando volvió se ganó una sonrisa de las de verdad por parte de Dinohumon. Él asintió con la cabeza.

—Cuando encontremos a Triceramon X, no pierdas el tiempo, hay que atacar cuando esté en el suelo —levantó su mano derecha hecha un puño—. Eso que quieres, ve y consíguelo.


[...]


Con sus energías a tope en un nuevo día, Dylan, Gomamon y Dinohumon partieron hacia la pradera del Valle de los Dragones. La humana cargaba con el acuático en su espalda y corría a toda velocidad sorteando arbustos, es que con sus M.I.G. había detectado la presencia de un Triceramon cerca de ahí y no quería perderlo de su radar. El Dragon Humanoide nivelaba su velocidad a la de ellos para no dejarles atrás. No contaba con un gps o un contador de pasos para saber la distancia exacta que llevaba recorrida, pero podía jurar que estaba a medio camino entre la gran montaña y Star City. Porque después de repasar aquella tierra durante horas el día anterior y el día actual, al menos pudo improvisar un mapa en su cabeza: reconocía aquella acumulación de rocas, reconocía los dos árboles de más de dos metros más adelante y hacia la izquierda, reconocía también una tribu de Greymon que andaban siempre por esa zona buscando alimento.

Corrió, corrió y corrió más rápido hasta observar sin ayuda de los goggles al Triceramon. Al reconocerlo con sus propios ojos, se agachó detrás de unos arbustos y recuperó oxigeno porque aquello de ejercitarse fuera del agua definitivamente no era lo suyo.

—¿E-es ese un Triceramon? —preguntó para asegurarse, con una dificultar para respirar. Dinohumon asintió con la cabeza y, por si fuera poco, Gomamon lo expresó en palabras.
—¡Dyl! ¡Es él! —el acuático le señaló con su garra.
—Pero no tiene X-Antibody —agregó Dinohumon.
—¡Bah! Seguramente él podrá decirnos en donde encontrar a uno de esos ordinarios hormonados —dijo Gomamon volviendo al ras del piso para dirigirse a quien captaba la atención de todos—. Le ordenaré que pague un pequeño tributo a la corona —pero Dylan se lo impidió deteniéndole con uno de sus brazos.
—Espera.

A partir de ese momento, la humana se agachó todavía más y peleó contra los cabellos puntiagudos y anaranjados de su amigo para que no emergieran de la maleza porque entonces podrían detectarles. Dinohumon tuvo que echarse totalmente recostado de pecho en el piso debido a su gran tamaño. Es que frente a ellos el Triceramon se alejaba unos pasos para encontrarse con otro Triceramon, después con otro y otro. Se trataba de un grupillo de Digimon de la misma especie el cual reposó un minuto entero, después marchó hacia el norte. A Twisted le pareció muy evidente que debían seguirles, no podían perderles el rastro, pero se preguntaba de qué manera iban a poder hacerlo sin lucir sospechosos.




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Les siguieron por una planicie que llevaba hacia el noroeste. Si se atrevían a acercarse demasiado, serían descubiertos y lucirían como acosadores en toda la regla. Por eso Dylan deseó que la batería de su M.I.G. se prolongara milagrosamente. Solo así se movieron seguros, a una distancia de cincuenta metros. Cuando el aparato tecnológico amagó con fallar, tiró de su catalejo, aunque debía reconocer que la calidad de imagen no era la misma. Fue como comparar una película en 4k con otra en 720, lo sabía porque pese a que llevaba cinco años fuera del mundo real, los avances tecnológicos en cinematográfica de Digital World no eran tan distantes.

Para Tanneberger, la travesía estaba resultando verdaderamente extenuante. Gomamon le ofreció un poco de agua de una botella que cargaba dentro de su mochila y la bebió toda de golpe, pero eso no mitigó la falta de oxígeno en sus pulmones. Estuvo a punto de decretar cinco minutos de descanso cuando Dinohumon le advirtió acerca de algo extraño al frente. Los Triceramon se iban deteniendo y con cada paso que daban, se aproximaban a ellos. Se echaron sobre la hierba detrás de otros arbustos y observaron los movimientos de sus presas.

—Se han reunido con más Triceramon —anunció la rubia lo evidente, pues los dinosaurios digitales se habían multiplicado por dos—. ¿Ven alguno con X-Antibody? —Dinohumon analizó todo a través de las dos rendijas en las cuales se habían convertido sus ojos y Gomamon le arrancó el catalejo.
—No puedo ver nada claro, ¡Dyl! Debemos acercarnos un poco más —le sugirió el acuático.
—Blasfemia —apretó el iC en una de sus manos y meditó unos instantes—. Pero quizá no sea una mala idea —repuso un poco más convencida de la estrategia de su compañero.

Dinohumon fue el primero en ponerse de pie, pero Dylan hizo que regresara de un tirón al suelo.

—Tu no, amigo —entonó demandante. El dragón le miró confundido—. Si ellos te ven, saldrán huyendo o peor aún, querrán atacarnos. Espera por nosotros en este sitio —con el dedo índice le señaló la misma tierra que estaban pisando.
—Ser inferior, debes obedecer a mi querida Tamer —refrendó Gomamon.

El dragón accedió en parte porque desde la charla con la rubia le mostraba respeto, casi obediencia. Y por otra parte también porque lo que se le decía era totalmente cierto. Se mantuvo ahí escondido entre la hierba con una rodilla en el piso mientras veía por su derecha a un Tyrannomon luchar a muerte contra un XV-moon por un pedazo de comida. Entretenimiento en vivo y en directo. Suspiró largo y tendido.

Twisted se subió la cremallera de su chaqueta a tope mientras se movilizaba ligeramente agachada, como si formase parte de un equipo táctico conformado tan sólo por Gomamon y por ella misma. Se acercaron y bordearon el territorio que ocupaban los Triceramon mientras el acuático en su espalda observaba todo con el catalejo. Desde esa posición no consiguieron encontrar nada de su agrado, así que asumió el riesgo de acercarse todavía más, hasta casi colarse y andar entre los de tipo dinosaurio como un invitado no grato. Algún Triceramon le miró de reojo y bufó con hastío para intentar intimidarle, pero ella continuó con porte confiado, puso la espada completamente recta y la cabeza alta.

—¿Puedes ver a alguno con Antibody? —le preguntó a su compañero.
—Todos esos seres ordinarios son idénticos, Dyl.

En algún momento Gomamon quiso hacerse notar haciendo uso de su habilidad más preciada: el habla. Se presentó como el rey de todo lo habido y por haber, etc. y antes de que crispara los nervios de los más susceptibles, Dylan sacó su lector de cartas y utilizó Cat’s Eye.

—Ser inferior, ¿en dónde podemos encontrar un Triceramon X? —insistió Gomamon. El Triceramon que antes le señalara con una mirada fulminante se relajó y ladeó un poco la cabeza, despegó los labios—. Responde, infame —exigió el acuático, refrendando el contacto visual con aquél.
—En el campamento —balbuceó sin muchas ganas el dinosaurio. Otros de su misma especie le reprocharon su actitud boquifloja. Dylan no lo pensó mucho y desapareció por completo de la escena.

Seguramente lucía como una loca dando vueltas alrededor de los Triceramon, pero no le importó y después de recorrer al menos dos veces el perímetro regresó a su lugar de origen. Cuando visualizó a Dinohumon se detuvo, entre otras cosas porque sus piernas se sentían un poco acalambradas. Se tumbó sobre la hierba y al ver el sol caer en el horizonte se preguntó si es que tendría que pasar un día más en ese valle buscando un personaje que era casi un mito. Perezosa, bajó la cabeza y se convenció de que aquello no era algo que realmente quisiera.

—Tenemos un pequeño indicio —le dijo al dragón antes de vaciar otra botella de agua en su rostro. La frescura le hizo recuperar por momentos sus energías—. Este no es el verdadero campamento.
—¡Bah! Ese infame Triceramon me ha reconocido como su majestad y nos ha dado información valiosa —expuso un orgulloso Gomamon, explicándole al alegre Dinohumon cómo el dinosaurio se había rendido a sus pies para prestarle sus servicios entre gloriosas alabanzas... Todo según la versión del acuático.

Al caer la noche, Tanneberger vaciló entre dar la media vuelta, volver a la montaña para descansar o seguir a los Triceramon, porque la tribu se alejaba en dirección contraria hacia donde ellos establecieran su propio campamento. Al final, dado que no le apetecía pasar más tiempo en el valle rodeada de Digimon salvajes, sacrificó su físico e hizo el esfuerzo por seguir corriendo. La ausencia de iluminación fue un regordeto punto a favor a la hora de pasar desapercibidos, recorriendo un gran trecho del valle siguiendo de cerca a los Triceramon sin estar en peligro no solo de ellos sino de otros Digimon que parecían agresivos. Bien pudo pasar una hora entera cuando llegaron hasta los límites de la pradera, junto a un río que pertenecía a la Bahía de los Salvadores.

Para Twisted fue fácil identificar que los arbustos habían desaparecido para dar paso a verdes pastizales adornados con altos árboles distribuidos aleatoriamente. Y en medio de todo se atrincheraba otro grupo de Triceramon el cual se fusionó con el cual viniesen siguiendo: un aproximado de veinte Triceramon en total. Se escondieron detrás de un tronco y meditaron sus siguientes pasos.

—Alguno de ellos debe ser el que necesitamos —pronunció Tanneberger antes de sacar sus M.I.G. para utilizar lo último que les quedase de energía—. ¿Cómo debe lucir un Triceramon X? —se dirigió a Dinohumon.
—Difieren un poco en color —explicó el dragón—, sus garras son mas largas, sus cuernos más grandes y resistentes. Y en su espalda, ellos...
—Poseen una gruesa escama en su espalda —concluyó Dylan, como si de repente hubiese leído los pensamientos del Digimon.

Aquel debía ser un premio a todo lo bueno que había hecho en esos dos días, pues después de tanto rogar por no tener que pasar una noche más en el Valle de los Dragones, frente a sus ojos se desplegaba su cometido: un Triceramon con X-Antibody. Podía verlo en sus goggles, más allá de los Triceramon edición básica se encontraba el de edición especial, el jodido cachorrito más lindo de toda la perrera, junto a unas rocas y rodeado por los especímenes más fuertes de la tribu. Las manos se le pusieron sudorosas y sus piernas temblaron un poco.

—¿Puedes verlo? ¿Hay alguno en este lugar? —le preguntó Dinohumon—. No perderé el tiempo —repuso, recordando las palabras de la humana—, atacaré.
—¡Espera!

Sería imposible combatir contra veinte Digimon para tomar uno solo, así que lo siguiente era pensar en una manera de aislar el único Digimon de interés.



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Triceramon 1 descansaba con la cabeza recostada sobre sus patas delanteras cruzadas, la barriga llena, espalda relajada. El clima era exquisito para alguien con gruesa y rugosa piel como la de él, y para sus compañeros: todas las ediciones Triceramon desde el 2 hasta el 20. Cuando la luna se escondió momentáneamente detrás de unos nubarrones oscuros, la luz se hizo más delgada y, entonces sucedió. El silencio se trastocó por culpa de un Cyberdramon salvaje que se inmiscuyó entre ellos con las garras extendidas, enviando ondas oscilatorias que resultaron mortíferas (Erase Claw). Los Triceramon despertaron de golpe y porrazo. La configuración de su terreno en derredor estaba siendo destruida. Las rocas, arbustos y árboles se convertían en simple data que flotaba en el aire junto con los bramidos de la temible bestia Perfecta. Quien se apodase Triceramon 4 bramó también, pero en cambio lo hizo quejándose del dolor que sufría porque las ondas habían tocado una de sus patas traseras, reduciéndola a polvo. Se levantó a medias, cojeando, soñando que alcanzaba a los demás de su misma especie quienes corrían despavoridos para alejarse del peligro. La verdad es que no pudo ni arrastrarse diez metros. Cuando el Perfecto puso su mirada sobre él, los bramidos de dolor se dispararon cuesta abajo y sin frenos.

Aunque la presencia de Cyberdramon duró lo mismo o menos que un par de resoplidos, el terror se había instalado en el campamento de los Triceramon y lo hacía para quedarse.

—Es esa humana y la foca habladora —dedujo el Triceramon herido al ver que Cyberdramon no era cien por ciento real sino una Digimemorie—. Nos han seguido, están aquí.

El corazón digital le dio un salto en el pecho cuando descubrió que sus palabras iban dirigidas a demonios invisibles, intangibles. No quedaba ni uno solo de su misma especie que hubiese tomado el riesgo de quedarse para ayudarle. A veces Triceramon se preguntaba por qué ellos, una tribu marginada y sin afán de confrontaciones, eran el blanco perfecto para Digimon más agresivos y con necesidad de poner a prueba sus absurdas virilidades. Se recostó de barriga sobre la tierra, cerró los ojos y sollozó con muchas ganas, deseando que todo fuese tan sólo una maldita pesadilla.


[...]


No existía una manera educada o pacífica para hacerlo, y eso a ella le sentaba de las mil maravillas. Asustar. Ese fue su comando exacto, y supo que tal vez la interpretación de Cyberdramon iba a dejar a unos cuantos Digimon accidentados por el camino. Pero, francamente, en esos momentos no le importó ni la cuarta parte de lo que le importasen las críticas a su estilo de vestir en la sección de moda del Metal Empire News. No le importaba nada. Cyberdramon contaba con barra libre para lograr su cometido como sea porque los fines eran lo más importante. Twisted carraspeó al sacarse los goggles y corrió con Gomamon a un lado y Dinohumon del otro hacia donde huyese el espécimen con Antibody.

Al avanzar por los límites del valle, notó que los arbustos se iban intercambiando por árboles de baja estatura. Después de unos minutos se vio a sí misma en los inicios de un bosque, la especie con X-Antibody se refugiaba en un pedazo de parcela rodeada por árboles más altos y acompañada por otros dos Triceramon básicos.

—Alto —decretó Dylan al percibir que sus presas amagaban con volver a marcharse.
—¿Quién está ahí? —preguntó atemorizado uno de los Triceramon.

«Tu peor pesadilla». Seguro hubiese sido divertido responder, ver cómo echaban sus cabezas hacia atrás y provocarles una aversión, un temor grotesco más allá de lo comprensible. Pero aún en su desprendimiento emocional, Twisted consideró que ese nunca sería su estilo. No dijo nada. Y entre la oscuridad y la vegetación colgante, ellos no podían verle, pero les hizo un grato favor cuando apuntó a su Digimon con el iC y le pidió que digievolucionara. La luz sagrada tonificó sus siluetas y las hizo visibles al avanzar medio camino hasta los Triceramon.

Ikkakumon se irguió imponente, barbilla alta, como si cargase con una corona en el tope de su cabeza. Las actitudes del autoproclamado rey, no obstante, no calaron tan hondo ni de la misma forma en la cual lo hiciera la sola presencia de Dinohumon. Los Triceramon quedaron demasiado turbados para hablar o inclusive para salir huyendo.

—Seres inferiores, no vamos a herirles —aclaró Ikkakumon viendo cómo se retorcían de pánico—. Únicamente deseamos una oportunidad para luchar honesta y honorablemente.
—¿Quieres pelear contra nosotros?
—El ser inferior con X-Antibody —señaló Ikkakumon con la cabeza—, contra mi fiel sirviente Dinohumon —la revelación ocasionó que el Triceramon de mayor tamaño reaccionase bufando. Dinohumon, en cambio, hizo una leve reverencia que aderezó los ánimos de quien decía ser un rey—. Prometo no intervenir con mis magníficos poderes, será una batalla justa.
—Sé por qué están aquí —se atrevió a hablar Triceramon-X. Hasta entonces, los demás creyeron que era un ser mudo o con disartria—. No quiero pelear, p-pero —titubeó, enterró sus garras en la tierra—, si esto es lo que tengo que hacer para proteger a mi tribu, si esto es lo que tengo que hacer para conseguir paz —terminó casi en un susurro, Ikkakumon continuó con su discurso:
—Si mi súbdito Dinohumon gana, tomaremos uno de tus cuernos como trofeo de batalla.
—Y si yo gano...
—Tu no vas a ganar —interrumpió Dylan con una voz espantosa. Su frente estaba ligeramente arrugada y se le había ido el color en la cara— ¡¡Dinohumon!! —vociferó de repente, alarmando a todos.

Su grito de batalla fue como epinefrina pura inyectada en las venas de Dinohumon, quien corrió a su primer encuentro con Triceramon-X. Le embistió con sus puños al frente, con cuidado de no lesionarle con alguna de sus navajas, pues era demasiado pronto para asestar un golpe mortal que le restaría minutos de diversión a su público. Al ver al de X-Antibody abatido sobre la tierra, los Triceramon quisieron intervenir, pero a medio trayecto fueron aplazados por Ikkakumon y su Icicle Coat. Mientras la defensa del acuático iba en aumento, el frío les hizo retroceder un par de pasos.

Triceramon se rehízo y contraatacó con un Golden Tri-Horn Attack, Dinohumon se plantó firme en el piso y desenvainó el cuchillo que llevaba en la espalda para recibirle. Los cuernos que giraban como un taladro apenas chocaron un milisegundo contra la hoja de acero, pero fue suficiente tiempo para provocar un chirrido que le agujeró los oídos a Twisted. Se llevó las manos a la cabeza, sin dejar de observar cómo el Digimon humanoide era lanzado por el cuadrúpedo, desplazándole hacia un costado. Ni tardío ni perezoso, Triceramon trazó un camino en forma de parábola para dar media vuelta y apuntó otra vez hacia Dinohumon. El dragón se paró y únicamente tuvo que saltar hacia el otro costado.

—Acaba con él rápido —le ordenó Tanneberger a Dinohumon, intuyendo que el Digimon alargaba el momento más de la cuenta para alardear de sus ágiles movimientos de pelea. No tenía ganas de quedarse en esa Quest ni un minuto más de lo necesario debido al enorme cansancio y las numerosas horas sin sueño.

Quizá Dinohumon no le entendió bien o había perdido momentáneamente el sentido del oído, porque continuó bailoteando con Triceramon-X, casi al punto de hacerle enervar de frustración como un experto en tauromaquia. Así que decidió aproximarse al epicentro de la batalla. Daba pasos firmes sabiendo a dónde se dirigía y para qué. Tosió aclarando su voz con un gesto de pocos amigos cuando de pronto, una brisa muy fresca le revolvió los cabellos y le hizo detenerse. Se cubrió con ambos brazos la cara viendo a Ikkakumon ser arrollado por los otros Triceramon con brutal fuerza; su amigo se aproximaba peligrosamente hacia ella y no había espacio para escapar.



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Se lanzó y rodó sobre el piso porque esa era la única alternativa para no ser aplastada por su propio Digimon. Su ropa y sus mejillas quedaron embarradas de fango. Cuando abrió los ojos y levantó la quijada del piso, vio a Ikkakumon abatido por su lado izquierdo y a Dinohumon en iguales condiciones por su lado derecho. Los Triceramon aprovecharon el instante para dialogar entre ellos.

—Vámonos ahora —le dijo un espécimen básico al de X-Antibody.
—No —protestó—. Acabaré con ellos, son solo dos Adultos —lo último lo dijo señalando con la mirada a los compañeros de la rubia.
—Pero tienen a esa humana —el tercer Triceramon habló entre dientes.

El primero en ponerse de pie fue Dinohumon y blandiendo otra vez su larga espada se preparó para lanzar un especial ataque: Akinakes. Se acercó a Triceramon-X, los otros Triceramon se resguardaron detrás de este, y con un solo tajo que iba de arriba hacia abajo asestó un golpe que creyó sería determinante, pero no pudo encontrarse más equivocado. Triceramon-X se paró en sus patas traseras y entonces Dylan pareció comprender que no se enfrentaban a un Triceramon con carcasa más bonita sino una edición más grande, más fuerte, más dura. Si tan sólo hubiese puesto atención al informe en sus M.I.G., no le cabrían dudas: quien poseía X-Antibody era un rango más alto que Dinohumon e Ikkakumon. Como fuese, Triceramon-X desvió la cuchilla de Dinohumon con sólo uno de sus poderosos cuernos y, en efecto reacción, atacó con las garras de sus patas delanteras (Knock Buster). La agilidad de la cual presumiera Dinohumon minutos antes ya no significaba nada porque no fue capaz de escapar del impacto, todo su hombro y brazo derecho quedaron con tres cortaduras en sentido diagonal de las cuales se desprendían unas pequeñas tiras de digicode. El dragón cayó de rodillas y Dylan aporreó la tierra con sus manos hechas dos puños.

—¡Blasfemia! —gritó con la sangre bombeándole muy rápido— ¡Ikkakumon! ¡Tenemos que intervenir!
—Pero, Dyl, no es lo correcto —argumentó el acuático, en pro de un combate justo, honrado—. Prometí que no intervendría directamente —la verdad es que se había convertido en un mero espectador junto con su Tamer y si su fiel sirviente debía perder, perdería como un guerrero honorable. Pero, de cualquier forma, confiaba en que fuese capaz de revertir la situación—. Dinohumon lo logrará...

El debate llegó a su fin cuando Triceramon-X barrió con Dinohumon por todo el pasto y puso una de sus patas encima de su espalda. El humanoide no tenía pinta de reaccionar antes de que su cráneo digital se partiera en cientos de códigos bajo la otra pata de su adversario. La humana endureció su mirada enfocando con ella a Ikkakumon, apretó los dientes y masculló algo definitivo:

—No me importa si está bien o mal —lo dijo de forma tan fría que a Ikkakumon, no, a Zudomon se le erizaron los cabellos en la frente—. Debemos cumplir con nuestra Quest —Twisted le había apuntado con su iC para hacerle digievolucionar y no dar cabida a otra réplica—. Derrota a Triceramon-X.

La luz sagrada distrajo a los Triceramon un par de segundos, suficientes para preservar la vida de Dinohumon. Zudomon rugió furioso, liberando un revuelto de emociones causadas por las actitudes de su Tamer. ¿Convertir el combate honorable en una cacería? Eran dos Digimon en contra de uno, considerando que los Triceramon edición básica habían huido atemorizados al verle en nivel Perfect, robusto y enorme, sobresaliendo entre las copas de los más altos árboles. En otro tiempo Dylan habría insistido en dialogar con el de X-Antibody, negociar un acuerdo para tomar uno de sus cuernos de forma en que todas las partes obtuvieran un beneficio. Pero en el tiempo presente, lo único en lo cual insistía era en abatirle.

Debía ser porque si se detenían un segundo para cualquier otra cosa, las patas de Triceramon-X caerían con todo su peso y Dinohumon perdería la vida. A Dylan no le importaba si estaba bien o mal, correcto o incorrecto, quebrantar todas las reglas si es que eso significaba salvar la vida de un Digimon. Zudomon se convenció de ello cuando abanicó su martillo, golpeando con él al de X-Antibody.

—Ríndete, ser inferior —le ordenó a Triceramon-X, quien terminó chocando contra un cúmulo de rocas. Dinohumon se levantó tosiendo, con la respiración entrecortada y buscó su enorme espada.
—Yo puedo hacer esto solo —alegó, sacando a relucir su orgullo como guerrero—. Lo derrotaré solo.
—Si estás muerto, no podrás siquiera colocarte ese horrendo penacho en la cabeza solo, fiel súbdito —Dinohumon carraspeó como protesta a las palabras de Zudomon—. Demuéstrame tus poderes —le retó.
—Por favor, no interfiera en mi batalla —le pidió el dragón antes de despedirse.

Con su vitalidad recuperada a medias, Dinohumon preparó sus garras más pequeñas mientras se aproximaba a Triceramon-X, que salía de entre los escombros sacudiéndose el lomo. Llamó su atención que los tres cuernos de su adversario desprendieran un brillo dorado al girar como taladros. Se plantó firme para recibir el embate, pero Triceramon-X debía seguir aturdido por el mazazo de Zudomon porque no atinó a conectar de lleno su golpe, Dinohumon lo esquivó y saltó por los cielos para propinarle una patada en la espalda. El enorme Triceramon perdió el equilibrio y encarrerado lo recuperó para seguir de largo e impactar a Zudomon, su verdadero objetivo.

El ego de Zudomon se desinfló un poquito al no ser capaz de detener a su oponente con una sola mano, la que no sostenía su martillo. Su palma quedó casi lisa cuando intentó encerrar en un puño el cuerno más grande, un milisegundo más y se habría vuelto manco, pero la fricción hizo que se retirara al instante quedándose con una dolorosa quemadura que no olvidaría en un largo rato. Tuvo que soltarle y echarse al piso cubriéndose con su caparazón.

Que el enorme Perfect se dejara caer de aquella manera, ocasionó un leve temblor que llevó a Dylan a tocar con una de sus rodillas el pasto. Dinohumon parecía furioso porque repentinamente, iba perdiendo protagonismo en la batalla. Triceramon-X se empeñó en seguir atacando a Zudomon quien resistía en su coraza, en su fortaleza. Sintió temor y dolor por partes iguales cuando los taladros enemigos comenzaron a romperle. Entonces respondió liberando primero una onda gélida, después una poderosa bola de electricidad desde su martillo (Hammer Spark). Triceramon-X quedó tendido sobre la tierra, aturdido y jadeando, junto con un par de árboles que cayeron a causa del mismo ataque.

—¡Por favor, no interfiera! —insistió Dinohumon en Zudomon, pasando de largo para llegar hasta Triceramon-X.

El dragón aprovechó el estado físico de su presa para propinarle un puñetazo en la cara, luego maniatarle. Le tomó del cuello y montó su lomo, entonces tiró con mucha fuerza de él provocándole un dolor inimaginable. Triceramon gritó con muchas ganas. A Zudomon le pareció que Dinohumon intentaba arrancarle la cabeza entera del cuello, como si quisiera llevarse no solo uno sino los tres cuernos como trofeo. Se puso de pie y con la respiración entrecortada apenas pudo hablar:

—¡N-no lo mates, s-súbdito!

Únicamente cuando los gritos de Triceramon-X se ahogaron, Dinohumon se detuvo. Un silencio tenso a las mil potencias se apoderó del ambiente. ¿Estaba muerto? Tanneberger se acercó para constatar que lo que hiciera el dragón sirvió solo para hacerle perder la consciencia. De esa manera pudo acomodarlo a su antojo en el piso, con los cuernos tendidos sobre la tierra. Después desenfundó su cuchillo más largo y tal cual carnicero pulió el filo de arriba hacia abajo, abajo hacia arriba. Se preparó y asestó un terrible machetazo. A Zudomon seguro se le había quitado la molesta quemadura en su mano porque apretaba su martillo con todas sus fuerzas, sus ojos eran dos exorbitantes platos azules. Dado que el cuerno de Triceramon-X no cedió a la primera intentona, Dinohumon repitió el machetazo como si estuviese talando un duro árbol. Para la tercera ocasión, el dolor reavivó un poco al de X-Antibody: abrió sus ojos de golpe y volvió a gritar, ensordecedoramente, transmitiendo una angustia que les desgarró las almas. Cualquier Digimon que se encontrase en un radio de veinte metros podría escucharle y retorcerse de temor o solamente de los nervios, así como lo hiciera Zudomon. El mango de su martillo se hacía más delgado a medida que lo sujetaba con más fuerza. Casi pudo sentir el sufrimiento de Triceramon-X en carne propia. Pensó en apartar la mirada o cerrar los ojos, pero sería indigno de un guerrero de su linaje. Al octavo machetazo, el cuerno se desprendió. Agradeció con todas sus ganas a Odín y tragó duro mientras destensaba su martillo, su mandíbula, su lomo entero.

Triceramon-X sollozaba desconsolado sobre el piso, a diferencia de Dinohumon quien sonreía victorioso. La lógica le decía a Zudomon que él también debía sentirse radiante, feliz como su súbdito, pero su corazón alegórico hecho un nudo era terco e insistía en enviar señales nerviosas a los conductos lagrimales de sus ojos. Agachó la mirada y sopesó su desconcierto mientras Dylan encaraba al Digimon derrotado.



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Se acercó al Triceramon-X mutilado, moviéndose de una manera diferente a todas las anteriores. El Digimon le descubrió cuando ya estaba frente a él. Se sostuvieron la mirada y quedaron en silencio. A Dylan se le había olvidado qué decir y por eso esperó que Triceramon-X hablase primero, que expresara sus emociones, pero tampoco dijo nada. Reproche, absolución, cólera; nada. Únicamente continuó sollozando y quizá era mejor así. Se estaba mejor del lado «esta es una Quest y es mi deber cumplirla», porque la ignorancia anestesiaba y hacía más fácil seguir reprimiendo sus verdaderos sentimientos.

Cuando el Digimon alzó un poco más la cabeza, pudo ver su reflejo en aquellos ojos y esbozó media sonrisa, una de esas engreídas que estaban comenzando a sonar muy familiar. Debía hacer un maldito calor bajo su disfraz de sabandija indiferente y aun así insistía en llevarlo puesto.

—Vámonos —le ordenó a Dinohumon y a su Digimon.

Siempre estaba oscuro antes del amanecer, y siempre acababa amaneciendo. Tardaron casi dos horas en cruzar el valle hasta el asentamiento de la tribu Dinohumon sin ser incordiados por algún Digimon salvaje. Fue mera fortuna o intimidación, pues el Digimon de la rubia hizo una parte del trayecto en su forma Perfecta. Los primeros rayos de sol salían detrás de la gran montaña, y Dylan y Gomamon permanecieron enmudecidos cada uno por distintos motivos. El acuático continuaba sopesando en su cabeza las escenas anteriores, ¿fue ingenuo pensar que podían conseguir un cuerno de Triceramon-X sin herir a un Triceramon-X inocente en el proceso? ¿De qué otra manera hubiesen podido lograrlo?

Para Dinohumon era tiempo de celebrar su valeroso triunfo. Le entregó el mítico cuerno al líder de su tribu y este se encargó de convertirlo en un elemento ornamental que iría amarrado a modo de prenda sobre su brazo herido. Los otros de su misma especie aplaudieron orgullosos, le recibieron entre muestras de afecto, unos cuantos abrazos y muchas sonrisas. Tanneberger observaba todo en la distancia, cómo era integrado como un miembro oficial de la tribu, había una fantástica camaradería entre ellos: ningún Dinohumon sería abandonado nunca mientras hubiese otro Dinohumon que le cubriese la espalda. Y a pesar de su nueva actitud, no pudo evitar que se le descompensara un latido porque a veces las cosas no eran fáciles por mucho que se empeñase en renovarse.

—Dylan —Gomamon llamó su atención—, ¿nosotros somos los malos? —el digital sintió necesidad de verbalizar sus pensamientos. A la rubia le tomó por sorpresa.
—¿De qué estás hablando? —se arrodilló frente a él y peinó sus cabellos naranjas detrás de su oreja. Ese gesto solía relajarle, pero en aquellos momentos resultó nulo.
—¿Por qué tomaste esta Quest? —preguntó angustiado, mirándole con unos brillantes ojos.

Por un segundo meditó dejarse arrastrar en un río de infinita honestidad y contestar a su pregunta. Sabía la respuesta de memoria, como si estuviese ensayando para ella toda su vida.

—No te preocupes —forzó una sonrisa—, todo estará bien, regresaremos a casa.
—¿Regresaremos a File? —negó suavemente con la cabeza. Estaba a miles de kilómetros lejos de File y no podía volver, tampoco quería regresar al mundo real y definitivamente no iba a hacer otra parada por Metal Empire.
—Gomamon, esto es lo que quiero, aunque lleve cinco años en contradirección —comenzó a explicar, y por unos instantes se sintió inmensa, indestructible, porque por primera vez iba a expresar un «aquí estoy yo y esto es lo que quiero»—. Seguir corriendo ya no tiene ningún sentido —el Digimon le miraba muy raro, como si no pudiese entender lo que intentaba comunicarle, pero todo se hizo más claro cuando de su bolsillo sacó un pequeño aparato con forma de caja y con un botón en medio—. Opción tres —concluyó muy cerca de su oído. Gomamon se quedó con la boca abierta y los ojos desorbitados.

¿Por qué había tomado esa Quest? Porque necesitaba probar que podía ser como ellos. Que podía pertenecer junto a ellos. Junto a Lottie y a Lex. «Aunque sea Satanás y una mentirosa, soy la única persona que se preocupó por ti». Porque no quedaba ninguna otra persona en Digital World que conociera algo más que su jodido nombre y estaba demasiado cansada de continuar siempre, siempre por su propia cuenta. El tópico le estrujó el corazón y consiguió que lo sintiera latiendo en la garganta. La verdad acerca de la verdad, es que algunas veces duele. Por eso se mentía y se comportaba como alguien que en realidad no era.

Se levantó con Gomamon bajo un brazo y con el otro se despidió de Dinohumon desde lejos. Se colocó las gafas oscuras cuando sintió los ojos escocer y presionó el Home Gate.


[...]


A cada paso que daba, Tanneberger se hundía hasta la altura del tobillo con la arena colándose dentro de sus botas y eso no hacía más que fastidiarle aún más. Por un momento significativo abrió las puertas de su infierno personal y se permitió dejar fluir sus emociones: odiaba la arena, odiaba Metal Empire y odiaba todo lo que la británica representaba por sí misma. Y hubo una época en que aquella posibilidad parecía muy, muy lejana, en el que le daba igual cuánto fuera a doler, porque estar cerca de Lottie de cualquier manera le merecía la pena siempre. Era increíblemente extraño cómo nada se mantenía igual en el tiempo.
No podemos contenernos. Si vemos una línea, queremos cruzarla. Quizás es la ilusión de cambiar lo conocido por lo desconocido, una especie de desafío personal. El único problema es que, una vez que la cruzamos, es casi imposible volver.


If I ever do throw my bones to the wolves
No I never sold my soul

—Respira —escuchó la voz de Lindblad, entonces fue como sacar la cabeza del agua para tomar aire fresco. Sus ojos rebotando de un sitio a otro le hicieron saber que se encontraba en el salón de casa de la británica y Lex, tumbada de espaldas en el piso junto a Henry y con Gomamon sobre su pecho. Segundo viaje en Home Gate, segundo aterrizaje espantoso.
—Por fin regresaste, Tanneberger. Lottie ha estado gritando durante días —Lex lo dijo burlándose.
Shut up, Lex —le mandó a callar la británica. Ambos le miraban de pie a cada costado, la chica con mayor esmero y una mueca de disgusto, pues con la ropa y las mejillas llenas de barro seguramente no gozaba de buen aspecto.

Como no dejarían de mirarle, a Dylan le pareció que sería necesario explicar el motivo de su repentina vuelta. Pero gracias a Ygg o a la intuición de Lex, quien le ofreciera su mano para ponerse de pie, el tema quedó expedientado en lo más profundo de una gaveta llena de viejos y apestosos archivos.

—¿Estás bien? —le preguntó Lottie acercándosele—. Te ves sencillamente horripilante.
—Ruda, Lottie —contestó sacudiéndose el pecho. Gomamon colgaba ahora de su espalda—. Acabo de regresar de una peligrosa Quest, por supuesto que me veo horripilante.
—Si miento soy una mentirosa y si digo la verdad soy ruda —la británica se cruzó de brazos y rodó los ojos—. ¡Ugh! Contigo no puedo ganar, ¿verdad, Twisted?
—Tu y yo no estamos jugando para que ganes ni pierdas nada.
—Es una lástima porque me estoy divirtiendo —dejó caer Lottie con una sonrisita y Dylan tuvo la desfachatez de devolvérsela.

Un sonido al fondo le advirtió acerca de un televisor o una radio encendida, podía escuchar las noticias recientes en Star City: Dylan Tanneberger y Gomamon se han detenido a saludar a algunos Digimon en el centro de la ciudad y...

—Es sorprendente lo bien que encajas en el mundo del que intentaste escapar —remarcó Lottie. Dylan esquivó el tema.
—Deja de esparcir chismes y enséñame a realizar aterrizajes decentes, ¿quieres?
You look crappy, pal —resonó otra voz masculina muy familiar que le alteró los nervios.
—Satán quita, Satán da —escuchó a Lottie muy distante. El hombre emergía entre sombras detrás de la británica. Una perpleja Dylan se sacó las gafas, se restregó los ojos, su respiración se tornó arrítmica. Las dudas se disiparon en una sensación agradable cuando Gomamon llamó al chico por su nombre:
—¡Mugroso ladronzuelo!

Pero, si se las ingeniaba para volver algún día a donde estaba antes de cruzar la línea, iba a encontrar una nueva perspectiva y mucha seguridad.



everyday everyday listo
 
Última edición:

everyday

Moderador
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Narrativa:
Como es costumbre un aspecto bien cuidado de tu parte en cuanto a ortografía y con un buen ritmo a la hora de contar la historia, sobre todo las escenas donde le diste mayor importancia a los pensamientos de Dylan, o bien, buscaste dejar en claro al lector cómo se estaba sintiendo en determinados momentos.

25/25

Realismo:
En esta ocasión se debía tener cuidado con la zona en donde estaba transcurriendo toda la Quest, el valle de los dragones, te encargaste de de mostrarla como el área hostil que se supone es, si bien a lo largo del viaje tus personajes supieron manejar los obstáculos con los que se encontraron con suma facilidad, siento que a estas alturas Dylan y Gomamon ya gozan de la experiencia suficiente como para deshacerse de ellos de forma efectiva, como lo fue en el caso del Raptordramon usando una Digimemory como distracción.

25/25

Interpretación:
Por mucho el mejor aspecto de la Quest, sin duda alguna por una simple razón, la misión entera puso a prueba la moralidad de tu Tamer y dejó en claro que en este momento se encuentra caminando a través de una cuerda floja, de hecho, temí que en un punto Dylan renunciara a todo rastro de compasión e iniciara una matanza de Triceramon, todo con tal de cumplir su deber encomendado (lo cual le habría llevado a un camino oscuro sin duda, más propio de un infame), pero al parecer aún no se encuentra en un punto tan crítico. Sumado a esto, la participación de Gomamon también fue remarcable y esta vez no por su peculiar personalidad (la cual me fascina), sino porque el pequeño rey demostró preocupación real por Dylan al notar que algo no andaba bien con su Tamer.

25/25

Desarrollo:
En general, la historia me dejó un gran sabor de boca, de principio a fin el conflicto interno de Dylan estuvo presente de forma orgánica, sin llegar a ser agobiante o sentirse forzado, además, este sirvió para ver una faceta única de Gomamon como ya mencioné. La búsqueda del Triceramon X tampoco fue pan comido y fue interesante cómo los dinosaurios se protegían entre ellos (no me esperaba que fueran una tribu, mucho menos que optaras por hacerlos inteligentes), viéndose esto con el primer salvaje que se negó a guiarlos hacía su homólogo de anticuerpo X y después cuando estos se unieron a la batalla. Ahora bien, aquí solo tengo un comentario/sugerencia que hacer, el cual como verás no cobrará puntos pues no se trata de algo tan vital para la Quest, ni formaba parte de sus objetivos: tanto la tribu de los Dinohumon como de los Triceramon pudieron darte mucho material para expandir la Quest y añadir trasfondo, pudiste mostrar más sobre sus filosofías, creencias, cultura, etc. Hubiera resultado interesante conocer un poco de cómo estos grupos se organizaban y, por que no, ver algunos puntos en común y otros completamente opuestos a la hora de ver el mundo o actuar; esto hubiera servido a su vez para humanizar más a los Triceramon y acentuar más el duelo que representaba toda la Quest.

25/25

Total: 100/100
Paga: +450 Bits
Fama: +4
Stats: +1 STR, +1 VIT, +1 ATK
Evo: +1

Verwest Raving George un gusto leerte y quedo expectante al futuro de Dylan.

Masaru Masaru Tizza Tizza
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