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Fanfic Original Fic Scare to be lonely. Fanfic. (Simba x Kovu)

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Durante mi adolescencia descubri que el mindo del furry fandom y los ships de mis peliculas favoritas eran unos de mis hobbies favoritos, sobre todo el imaginarme e ilusionarme con novelas o relatos magnificos sobre estos universos era uno de mis mayores anelos, y hoy me encuenteo aqui, buscando transformar esta enmienda en realidad a travez de mi expresión. Y muy apesar de que no sea el mejor ni el mas talentoso, espero firmemente que este ansiado proyecto se complete y sea apreciado por aquellos que les guste y plazca.


Todos los derechos reservados.
Todos los personajes pertenecientes a *El Rey Leon* y *El Rey Leon 2* no me pertenecen, son total propiedad de Disney.


Argumento.

La historia sera narrada en un universo donde Simba y Kovu tienen la misma edad.
Mufasa vive.
Las relaciones homosexuales estan permitidas unicamente para aquellos casos especiales en donde uno o ambos leones involucrados posean caracteristicas andromorficas (genitales inversos Hombres con vegina o Mujeres con Pene, o que se posean ambos genitales). (Fanservice xd).


Prólogo.​


—no puedes simplemente irte —dijo Zira— hemos planeado esto por mas de cinco años.
—habras planeado querras decir, nunca por un momento has pensado en mi y siempre buscas el beneficio y eso es precisamente uno de los tantos motivos por lo que parto —dijo Kovu.

Una sonrisa fria y torcida salio del hocico de la leona, no seria tan facil de chantajear.

—pero es que acaso has madurado —rió— no eres mas que un mundano cachorro que busca la autoconplaciencia en otro lugar —insinuo.
—lo que he descifrado con los años es sumamente claro, y eso es precisamente lo que me impide crecer en este lugar. He entendido que la avaricia y soberbia tuya no deben envenenarme mas, estoy cansado de ser un soldado, un peon solitario en tu juego, en donde mis hermanos no son mas que marionetas impulsadas por el odio que buscan sembarlo en mi —dijo— pero he conocido a alguien, y aunque no recuerde mi existencia, he experimentado lo que se siente ser protegido y procurado, lo que es algo escaso por aqui, y no pienso seguir desperdiciando mi vida junto a seres que simplemente no pueden abandonar el pasado y vivir el presente.

Kovu habia dicho mas que sufuciente, siquera espero una contrarespuesta, tan solo giro su cuerpo rumbo a las praderas.

¿Seria acaso una desmesurada situacion acercarse? Que mas da. Despues de todo, quien vislumbraria a alguien como el,penso kovu.

Kovu miraba el horizonte con añoranza, un aterciopelado atardecer rojizo cubria las praderas con gran majestuosidad, un digno paisaje que admirar. Sin embargo la mente distante del joven leon se encontraba pensativa, ¿Que seria de el ahora?, ¿a donde iria?, ¿seria capaz de ir junto a su amor platonico?, estas y un sin fin de preguntas revoloteban en su mente.

Kovu lo reflexiono por un momento, era demasiado tarde para arrepentirse. Y ahora debia subirse bien esos pantalones y cumplir su cometido. Y sin titubear tomo rumbo hacia la roca del rey.
 
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🌟Uno🌟

Simba estiro la pereza sobre su cuerpo al salir de la roca del rey, los pequeños rastros de melena que se asomaban sobre el maravillo pelaje dorado, se erizaron al contacto con el fresco aire del alba.

La mirada del joven león se posó sobre la peculiar hilera que siendo acomodada por sus progenitores se iba formando alrededor de la parte baja de la roca.

Las leonas alineadas, todas y cada una de ellas escogidas entre la multitud por sus padres como mejores prospectos a esposas, se encontraban revoloteando de la emoción, dado que cualquiera de ellas podía aspirar a reina; forzaban el cuerpo a permanecer en calma y se esforzaban por soltar el mejor olor para el joven león.

Simba bajo presuroso la roca para posicionarse junto a sus padres, justo al frente de la muchedumbre y la hilera de leonas.

—Henos aquí, el tan esperado día para el primogénito real ha llegado. Un momento crucial para la perseverancia del ciclo de la vida —anunció a viva voz Zazú desde el hombro de Mufasa— todas y cada una de las mujeres aquí propuestas serán avistadas por el joven príncipe, y bajo su consideración, gusto y preferencias seleccionara a la afortunada princesa del reino.

Simba busco con emoción a Nala, una leona que desde cachorro había sido su mejor amiga y que sin duda había considerado que era su mejor opción como reina y progenitora de sus hijos.

Sin embargo, amarga sorpresa que se llevó el león al no poder divisar a tan apreciada Nala entre la hilera de leonas frente a él.

—Ha rechazado el ofrecimiento al puesto —dijo Sarabi en voz baja para Simba.

—Pero ha dicho porque —preguntó.

-—Solo ha dicho que no estaba preparada para tan importante responsabilidad.

Aquella respuesta saco de sus casillas al joven príncipe, ¿sería acaso que Nala ya no era más su amiga?, o tan solo un acto de rebeldía para fastidiarlo. Cualquiera que fuera la respuesta debía hacérsela en cuanto la viera, y eso debía ser lo más pronto posible.

Simba dispersó a la multitud en un intento de esperar a Nala para proclamarla como su pareja. Mufasa miró severo al león, advirtiéndole "Antes de la época de reproducción el primogénito real, deberá hacer saber al reino su pareja para la temporada, tenlo más que presente".

Simba asintió nervioso y angustiado, debía dirigirse lo antes posible a buscar a Nala, para resolver esta presunta actitud distante que parecía tener Nala y quizá, convencerla de volverse su pareja.

Por lo que el joven león, salió disparado rumbo a donde Nala para solucionar todo este embrollo.

☆¤《————》¤☆

Sarafina se encontraba recostada debajo de la sombra de un árbol sobre una pequeña roca que permitía tener una altura media para observar con claridad el horizonte y unas partes de las praderas.

— ¡Ho!, Hola Simba, ha pasado un tiempo —dijo incorporándose— que puedo hacer por ti.

—He venido a buscar a Nala, ha faltado a la selección de prometida de esta mañana y he venido a darle una buena reprimenda por haberme dejado solo en una elección tan difícil —jugueteo Simba.

—Oh, lo siento Simba, Nala ha partido de las praderas —exclamo— hace unas cuantas horas que ha partido junto a los Silvestres.

Hacia cerca de un lustro que un pequeño grupo de leones había llegado a los lares de las praderas, agonizantes y hambrientos suplicaron refugio y alimento al rey; Mufasa, cual benevolente soberano, otorgo la petición bajo la condición de cuidado extremo y cautela a sus súbditos, dado que los rumores abundantes de las lejanías del reino, no eran demasiado agradables que se pudiera decir, la desgracia y muerte asechaban en tan lúgubres relatos.

Sin embargo, pareciera que aquellas terroríficas historias no eran más que mitos, surgidos por la ignorancia e intolerancia a lo diferente, puesto que la gran mayoría de estos grupos de los alrededores de las praderas, no eran más que grupos rezagados de leones, en donde se implantaban aquellos leones "rechazados", aquellos que no eran capaces de valerse por ellos y era requerimiento que alguien cuidara de ellos ; o que estaban en contra de la impunidad y corrupción sobre el pueblo, provocando que los distintos monarcas y Alphas de los reinados tuvieran que simplemente exiliarlos de sus tierras, arrinconándolos a las tierras de nadie donde no podían ser perseguidos o asesinados.

Tan solo se tenía reconocimiento de unos cuantos grupos de "rechazados", las Silvestres entre ellos. Por lo que el rey, indignado y misericordioso, mando a encontrar a todos aquellos grupos para poder unificar el reinado, y formar un refugio para todos aquellos que no eran bienvenidos en los demás reinados.

Simba recordó vagamente, un momento de su niñez. Junto a su padre observo el amanecer sobre las praderas, donde los colores rojizos y amarillentos invadían la calma matutina del reino. Simba desvió la mirada a su padre, lo notaba serio y pensativo, algo raro en él, y aún más por las mañanas, donde solía estar emocionado y sonriente para dar su siguiente lección a Simba.

—Simba —dijo mufasa—hoy es un día importante.

—! Enserio ¡—revolotearon las ideas por la mente del cachorro sobre lo que significarían aquellas palabras.

—Hoy te instruiré en el arte de la diplomacia y soberanía, un tema complicado, a decir verdad —jugueteo Mufasa

—Nada que no pueda entender —mencionó soberbio

—De acuerdo —dio un primer suspiro— debes entender que el mundo no es lugar mágico y feliz, todos y cada uno de los seres que se arrastran y vuelan sobre este mundo tienen ambiciones y pensamientos, y es nuestro deber llevar la responsabilidad de atender a cada una de estas ambiciones e impulsar aquellas que beneficien a los demás, y evitar a toda costa aquellas que simplemente no gratifiquen la vida de nuestra comunidad. Sin embargo, es indispensable que entiendas que a pesar de que este sea nuestro reinado y que todo aquello que toque la luz nos pertenezca, hay un punto en nuestro reinado en donde la jurisdicción ya no es completamente nuestra, existen otra serie de gobernantes que ejercen su poder en sus tierras, liderando su propio reino en su propias praderas, llevando a que toda la tierra sobre nuestro mundo se divida —suspiró de nuevo— y lamentablemente en estas tierras hay tiranos y villanos que abusando de su poder oprimen a su pueblo, llevándolos a la desgracia y aflicción —dijo— Y es aquí donde debemos entrar nosotros, es nuestra enmienda apoyar a todos aquellos atormentados por la opresión monárquica sobre ellos, otorgando nuestra apoyo físico y emocional, brindando a aquellos que no tiene un lugar a donde ir, un hogar y refugio.

Simba miraba enternecido a su padre, de todas las lecciones que había recibido hasta el momento, ninguna se le había hecho tan complicada y compleja de comprender, y eso hacia anhelar aún más la idea de ser rey, quería comprender por completo aquella lección que su padre le había encomendado.

El joven príncipe nunca imagino que aquella lección de hacía casi tres años surgiría como un déjà vu, desde el momento que la recibió, se convenció a si mismo de que debería esperar hasta el momento anhelado de convertirse en el sucesor de padre. Y ahora parecía que los reyes del pasado habían acomodado los engranajes para llevarlo a comprender la realidad del reino.

—¿Sabrás acaso la dirección? —pregunto ansioso.

—No he escuchado del todo la dirección, dado que las Silvestres son conocidas por ser reservadas y misteriosas —dijo— pero me ha parecido escuchar que se dirigían al este, rumbo a la tribu Escarlata, junto al reino de Santillo.

Un nuevo dolor de cabeza, Santillo; Simba conocía a la perfección aquel reinado, ya que no era de esperar que después de la lección de la diplomacia, Mufasa le advirtiese acerca de la identidad de cada reinado, gratificando a los reinados con los que las relaciones eran buenas y amistosas, y alertando a los reinados a los que estaba prohibido acercarse o congeniar. Santillo era uno de aquellos lugares sumamente prohibidos, en donde ningún forastero era bienvenido, puesto que la muerte rondaba por doquier. Mufasa nunca había comentado detalles del lugar, dado que en cuanto Simba preguntaba por aquellos lugares prohibidos era sermoneado y castigado, provocando que la idea de cuestionar a su padre acerca de aquellos intrigantes lugares no fuera una brillante idea.

Despidiéndose de Sarafina, Simba tomo rumbo a la Roca del Rey pensando a fondo la escusa y plan que tendría que exponerles a sus padres para poder salir de las tierras del reino, tratando de convencerlos de que le permitieran ir en busca de Nala, a la que consideraba su único amor.

Para antes de que se diera cuenta Simba se encantaba justo a los pies de la Roca del rey, se sacudió un poco la arena sobre el cuerpo. La tarde asechaba en el horizonte, para dar paso a la fría noche, si es que quería alcanzar a Nala debería salir cuanto antes.

Suspiro antes de entrar a los aposentos de sus padres.

Mufasa y Sarabi se encontraban recostados sobre la pequeña meseta rocosa dentro de la cueva, Simba entro silencioso y ágil hacia el interior, con una ansiedad y nerviosismos gigantescos, nunca en su vida se había encontrado en aquel estado, siempre estaba preparado para los momentos difíciles o estresantes, pero aquella situación lo hacía sentir como un cachorro indefenso. Era claro que no tenía miedo por Sarabi, sino por la impotente figura de su padre.

Sarabi recibió a Simba con una leve sonrisa sobre el hocico, haciéndola parecer calmada y reconfortante, tranquilizando levemente al estresado león, y por otro lado Mufasa miraba distante e irritado a Simba fulminando moderadamente a su hijo, haciendo que el primer avistamiento se cancelara por completo, y los nervios volvieran a flor de piel.

—Ha surgido una situación —soltó Simba.

—hummm —respondió Mufasa.

—Suspiro— Nala ha marchado rumbo a los Escarlatas —trago saliva— y he vuelto aquí a pediros permiso de permitirme dirigirme con ella.

Mufasa fue el primero en incorporarse del suelo, miraba estupefacto a su hijo, pareciendo ser que la rabia de hacia tan solo unos momentos había desaparecido

—Estas consiente que Santillo está demasiado cerca de esa tribu —menciono incrédulo— y que si fueras atrapado por Risco sería desastroso, aunado a que si se entera de tu linaje y posición querrá que sedemos a sus malévolos planes de apoderarse de nuestro reinado, llevándonos al fin del ciclo de vida —impuso Mufasa

—Estoy totalmente consciente del riesgo que conlleva el dirigirme a tan conflictiva posición pero, —trago saliva— solo voy en busca de Nala, quiero hablar con ella, convencerla de que su decisión fue un error, que quiero que ella este junto a mi como mi prometida para la temporada de apareamiento, porque sé que es la indicada —dijo— No quiero entrar en ningún momento a Santillo he entendido tus muchas advertencias sobre este endemoniado lugar y tengo más que presente que es un peligro estar tan cerca de un ser como Risco, que al menor descuido buscara el provecho de la situación, pero es que enserio quiero que Nala vuelva conmigo para completar el proceso —dijo firme

—Simba, comprendo que quieras demasiado a Nala, y que realmente quieras permanecer junto a ella, pero debes entender que esta es una situación delicada —esta vez hablo Sarabi— no es prudente dejarte llevar por las emociones y querer resolver todo de forma rápida, sugiero que pienses las cosas y mejor esperes a que vuelva, y en cuanto lo haga haremos todos los preparativos para que todo surja entre ustedes — exclamó

Simba se retractó por unos momentos, considero las palabras dichas por su madre, pensó por un momento si es que era verdad todo aquello que decía su madre.

—Sarabi tiene razón —continuo Mufasa— no es conveniente que el príncipe salga a las afueras del reino, y menos es una temporada tan vulnerable.

—Pero, y si necesitan ayuda —prosiguió— o si algo extraordinario sucede y necesitan que alguien con autoridad asista a su auxilio.

—Si es el caso, yo personalmente asistiré para resolver cualquier controversia —termino Mufasa— después de todo, he ordenado a Zazú que en cuanto termináramos el evento matutino se dirigiese rumbo a los Silvestres, solo como medio de comunicación para cualquier emergencia.

Simba habia comprendido que la discusión habia terminado, y realmente no quería hacer preocupar y enojar a sus padres, no era conveniente.

☆¤《————》¤☆

La brillante luz de la luna y las estrellas sobre la sabana hacían deliciosa la velada, hacía ya unas cuantas horas que Kovu habia decidido descansar en una pequeña cueva junto al lago, que se encontraba a unos cuantos metros de la Roca del rey.

Los incesantes rugidos de su estómago por la hambruna hacían desesperar al joven león, buscando el consuelo en los brazos de Morfeo para poder olvidarse de su precaria situación.

El largo camino desde las lejanías hasta las praderas habia sido desgarrador, la sequía propia de la primavera habia evaporado la mayor parte del agua de los riachuelos que se cruzaron en su camino dejando solo pequeños charcos de lodo que para nada de apetecían tomar, por lo que tan solo seguía su camino en busca de algo mejor. Y no se diga de la comida, que tan solo quedaban restos de lo que alguna vez fue un animal, provocando nuevamente que Kovu tuviera que seguir.

Finalmente, para cuando Kovu cruzo la pequeña frontera rocosa que separaba las lejanías de las praderas de Mufasa, es que pudo tomar un buen trago de agua de un pequeño oasis cercano, saciando así una de sus preocupaciones. No obstante, en cuanto su boca fue saciada, las gigantescas ganas de comer lo embriagaron, produciendo que el joven león tuviera que buscar cuanto antes algún animal desvencijado para poder sucumbir sus impulsos carnales.

Lamentablemente para sorpresa del león, la noche habia caído tras su espalda, dejándole en claro que sería mucho más difícil encontrar algo decente de lo que alimentarse.

Resignado tomo rumbo hacia lo que sería su lugar de descanso aquella noche.

Kovu despertó desesperado, debía calmar su hambre a como diera lugar, rebusco con la mirada los alrededores y olfateo con delicadeza para identificar a lo que sería su próxima cena.

El sutil aroma de una manada de antílopes que descansaban sobre la llanura africana dio lugar a que Kovu no titubeara y se pusiera en marcha.

Al vislumbrar con claridad a la pequeña manada, observo con cuidado a su víctima, un pequeño antílope de no más de dos años parecía perfecto para sí, después de todo no le gustaba desperdiciar.

Respiro profundo, focalizo a su presa y en un instante el ligero gemido de muerte del animalillo se esfumo por completo.

Kovu no pudo esperar más, tan solo se alejó un poco de la zona de cacería y clavo el diente en su cena. Fue la mejor comida que pudo haber disfrutado en su vida, nada se le comparaba. Y una vez comido y lleno, regreso a su refugio para poder dormir como dios mandaba y dirigirse al día siguiente a tan añorado lugar.

El ligero sonido de la tierra a sus espaldas sobresalto a Kovu, colocándose alerta para cualquier amenaza que lo estuviera asechando. Permaneció calmado y listo para atacar en cuanto su acosador lo enfrentara.

Simba miraba con curiosidad al león recostado sobre la tierra.

☆¤《————》¤☆

La constante preocupación y ansiedad propias de lo que pasaría con su relación con Nala no le permitían conciliar el sueño, tenía tanto que decirle a Nala y ahora no podría hacerlo hasta que regresara de su aventura.

Siéndole imposible dormir, decidió salir de los aposentos reales para dirigirse a tomar un buen trago de agua para poder despejarse un poco la mente.

Al pasar el agua fría paso su garganta Simba se relajó, disperso sus preocupaciones, pensando solo en él, ¿Quería realmente tanto a Nala que iría a territorio enemigo para convencerla de volverse su pareja? O ara acaso una clase de idiota suicida de amor, realmente no llegaba a ninguna solución.

Sin embargo, un gemido de dolor fue percibido por sus oídos, era realmente extraño que algo o alguien atacara a un animal durante la noche, por lo que curioso direcciono su posición rumbo al origen del disturbio.

Tomando una considerable distancia observo con cuidado, un león parecía observarse, dado que la poca luz proporcionada por la luna y las estrellas no era lo suficientemente brillantes para dar una buena perspectiva de quien era. Con cautela Simba se dirigió rumbo al león, buscando ser completamente imperceptible, lo miro comer como bestia, nunca habia visto comer a un animal de aquella manera, asqueaba observar la grotesca escena.

Para cuando termino el león de devorar al animal, Simba advirtió su nueva dirección, debía descubrí quien era aquel sujeto tan extraño. Y cual cachorro curioso e inocente siguió al león hasta lo que parecía ser una pequeña cueva junto los matorrales de marmotas.

Simba planteo todos los posibles futuros en su cabeza, debía reaccionar rápido en caso de que el sujeto fuera hostil, y tendría que correr con todas sus fuerzas por ayuda, "soy veloz, no será problema" dijo para sí mismo el joven león.

Kovu se levantó inmediatamente al sentir demasiado cerca al león, los colmillos salieron a flote para no mostrar debilidad a su ahora enemigo. Simba imito la acción.

—¿Quién eres y que haces en estas tierras? —exclamo Simba disfórico.

Un sin fin de sensaciones y emociones recorrieron el cuerpo de Kovu al descubrir aquella voz frente a él, uno de los momentos más anhelados desde aquella vez se hacía realidad, conocer a aquel amigo y compañero que le fue arrebatado. Mudo, sin saber que decir, no quería arruinar el momento aún más de lo que ya estaba.

—He hecho una pregunta —gruño.

—Yo no....—tartamudeo.

Las palabras no eran capaces de traspasar a Kovu, un sin fin de cosas que había planeado decirle y no podía.

Simba cabreado se abalanzo sobre Kovu, sin embargo, debido a la poca iluminación y a la no tan trabajada habilidad de caza del joven león, solo rozo el costado de Kovu, estremeciéndolo. Avergonzado, Simba derribo por el costado a Kovu antes de que este pudiera reaccionar, quedando finalmente sobre él, los colmillos se asomaron nuevamente por el hocico de simba.

—Has fallado la primera, pero la segunda has acertado —jugueteo.

— ¡Cállate! –reprocho —no dejare que nadie se burle de mis métodos de caza.

—Descuida, no lo mencionare nunca.

La rabia de Simba, paso a segundo plano, para convertirse en un reconocible puchero.

Kovu miraba con sorpresa la situación, Simba el joven león del que tanto le habían platicado sus familiares, al que debía erradicar a como diera lugar, se encontraba frente a él, sometiéndolo contra la tierra bajo sus cuerpos. Era un sueño hecho realidad, toda su infancia habia querido presenciar este momento, no era de esperarse que las sensaciones revolotearan por la mente del joven león.

☆¤《————》¤☆

Zira, su madre, había entendido desde el comienzo que no pertenecía a las praderas de Mufasa, la amabilidad y solidaridad no eran algo que ella viera como un reino próspero y consolidado, sino más bien como una limitante para la imposición de poder para poder mantener a raya a los subordinados, logrando así poseer el ciclo de la vida entre las garras. Sin embargo, sus claras ideas avariciosas y egoístas no eran compartidas por nadie, a excepción de alguien; Scar era el rezagado, el apestado de la familia real, su distanciamiento de lo que alguna vez llamo familia fue uno de los factores que lo impulso a trasformar su personalidad, convirtiéndose en alguien frio; manipulador.

A pesar si quiera de las constantes invitaciones de Mufasa a ayudarlo a sobrellevar aquella situación que lo acongojaba, Scar se mantenía al margen, siempre solitario impidiendo que cualquiera lo ayudase. La rabia y enojo que le había ocasionado no ser el elegido para gobernar fue la gota que derramo el vaso, haciéndolo odiar a cualquier cosa que tuviera que ver con Mufasa o sus padres.

Scar agradeció a los reyes del pasado por cruzar a Zira en su camino, lo había interpretado como una señal del cielo, o del infierno en su caso, para reclamar su posición como soberano nato de las praderas. Su relación entre ambos era esplendida, surgiendo una amistad como agua de manantial, haciéndolos formar una relación sólida, cariñosa y amorosa.

Y finalmente llegando a la cumbre de su relación, habían engendrado a dos cachorros, Vitani y Nuka, esplendidos primogénitos de Scar. Nunca en su vida habia habido otra cosa que lo alegrara demasiado, la alegría de padre primerizo lo habia hecho olvidar todo aquello por lo que sufría y padecía.

Pero para Zira, el nacimiento de sus adorados cachorros no era más que una abertura para poder continuar con su plan, era indispensable que se desasieran de los actuales reyes, así podrían cumplir con sus ambiciones. Por lo que aquella noche, habían decidido poner en marcha su plan, asesinarían a Mufasa haciéndolo pasar como un accidente dejando en claro que nadie tuvo que ver en el asunto, sino más que la torpeza y debilidad de Rey.

Mas, sin embargo, para cuando se dirigían a los aposentos reales, Zira fue detenida por la guardia real, aprisionándola contra las paredes rocosas de la Roca del Rey.

—Has incumplido nuestras normas —exclamó Zazú— y conspirado contra nuestro amado Rey, y es imprescindible que seas castigada por tu falta.

Scar habia avisado hacia unas horas del plan de Zira, con la que habia conspirado hacia tan solo unos días, se encontraba arrepentido, el nacimiento de sus pequeños habia hecho en clarecer su mente, habia comprendido que los rencores del pasado no debían incitarlo a algo que podría lamentar. Mufasa tomo su confesión como un acto de empatía, así que no lo considero traidor, otorgándole la libertad. Aunque, para Zira que habia manipulado aún más a Scar para asesinarle, no concibió piedad, la exilio por completo de sus tierras, prohibiéndole formar parte de su reinado.

Una pequeña riña se posiciono al momento de la sentencia, Mufasa demostró la superioridad de un soberano al derrotar a Zira, dejando en claro que nunca le seria permitido acercarse de nuevo a las praderas. Scar miraba con timidez la situación.

Buscando el apoyo de Scar, Zira corrió rumbo a este, y vaya desilusión que se llevó al descubrir la completa hazaña de su amor preciado. Por lo que, bajo un arranque de ira y tristeza, tomo a los cachorros entre sus fauces para dirigirse a gran velocidad rumbo a Castille, una tierra de nadie compuesta por unas cuantas estructuras rocosas que servían como refugio a quien habitara ahí. Zira y Scar lo habían considerado como un espacio al que podrían huir en caso de lo que lo necesitaran, un lugar solo para ellos y su manada.

Kovu habia sido el último hijo legítimo de Scar, era uno de los últimos recuerdos que le quedaban a Zira de lo que habia sido en el pasado. Su inapagable furia y rencor ante Mufasa y Scar, habían hecho volverse a Zira una mujer fría y calculadora, siempre egoísta y soberbia. Y su plan se habia puesto en marcha para su venganza contra el reino de Mufasa.

Kovu habia crecido en la desgracia, en una tierra donde el agua y la comida eran escasos, propiciando que cada uno se las arreglárselas para sobrevivir, sin embargo, su amada madre lo consentía, lo mimaba y educaba con cuidado, amaestrándolo en la vida, incubando en el la rabia y rencor que la aprisionaban, para cumplir sus ambiciones en el futuro.

Sin embargo, Kovu conforme maduraba comprendía la irresponsabilidad y apatía de sus seres queridos, y le quedaba más que claro que aquellos pensamientos no lo representaban.

De vez en cuando por curiosidad, recorría el camino en dirección a las praderas de Mufasa, buscando una rutina para el momento que tuviera que acercarse a los reyes de esas tierras.

Kovu habia ido cerca de cinco veces en toda su vida, siempre ansioso por descubrir algún nuevo detalle en tan glamoroso lugar, las cosas novedosas del lugar siempre le habían fascinado.

Aquella tarde de otoño habia decido aventurarse más profundo en las praderas, los distintos animales que se topaban en su camino eran explorados con detenimiento por el joven león, siempre ansioso de conocer a fondo lo que contenía el territorio. Al llegar a la laguna que se encontraba a unos metros de la Roca del Rey, Kovu lo vio; un joven león de precioso pelaje dorado, de mediana estatura, con unos crespos rizos de pelaje rojizo que lo hacían ver memorable. Podía observar a leguas que era Simba el joven primogénito de su majestad. Los relatos de su madre sobre su apariencia no se asemejaban en anda a lo que veían ahora sus ojos, era aún más glamoroso que cualquiera de ellos.

Kovu titubeo en caminar, no quería asustar al león con su presencia, por lo que solo se quedó ahí, observándolo desde la distancia, procurando ser invisible e silencioso.

Simba que habia corrido junto a Nala por un largo tiempo, busco saciarse la sed de muerte que cargaba desde hacía unos kilómetros. Nala se había separado hace unos cuantos minutos, atendiendo el llamado de su madre.

Satisfecha su necesidad, observó con serenidad sus alrededores, divisando a los distintos animales que congeniaban entre ellos en los bastos campos de las praderas. Sin embargo, su vista se detuvo frente a un par de ojos que los veían desde un arbusto tras unos árboles, unos vibrantes ojos verdosos que imponían seriedad y complicidad, lo observaban con detenimiento.

Kovu desvió la mirada de inmediato, de todos los lugares a los que pudo haber mirado el joven príncipe y decidió mirar hacia él. Las sonoras pisadas de Simba hacia su dirección comenzaron a poner nervioso al joven león, ¿Qué diría? "Hola Simba, soy el león que va a matarte", contesto sarcástico para sí, fuera lo que dijese tendría que apresurarse, Simba se acercaba a cada segundo.

Simba noto el pelaje marrón oscuro del ahora identificado león acosador. Por un segundo pensó en su tío, era posible que lo estuviera fastidiando como hacia comúnmente, pero en cuanto estuvo lo suficientemente cerca, se percató de la considerable diferencia de tamaño entre su tío y el león, y descarto por completo esa idea.

—Puedo verte —exclamó Simba sin rodeos— ya no puedes ocultarte más.

Kovu se levantó. Miro con admiración a león frente a el, la centellante apariencia del joven príncipe era magistral a tan solo unos centímetros de él. Podía observar con detenimiento cada uno de los rasgos que identificaban al león, los pelos dorados que cubrían su escultural cuerpo, lo hacían parecer peligrosamente atractivo y la pequeña melena asomada sobre su frente era la cereza del pastel en la vista.

Simba miraba curioso de igual manera a Kovu, observando con detenimiento los aspectos propios del león marrón, divisando una serie de características que lo hacían ver encantador; desde la musculatura distribuida por el cuerpo hasta la marca sobre el ojo izquierdo haciéndolo parecer sumamente idéntico a su tío, era casi un reflejo de él.

Los ojos de ambos leones se cruzaban constantemente para identificar al extraño frente a su vista, mirándose por un largo tiempo.

Kovu no tuvo palabras para Simba, nunca en su vida habia estado tan nervioso y mudo frente a una situación. Su mente lo alerto: "no es el momento". Kovu se decidió, debía escapar a como diera lugar, posiciono su cuerpo velozmente rumbo al lado contrario de Simba, dispuesto a echar carrera devuelta a casa, pero Simba se interpuso, cual sedimento en rio, impidió que Kovu pudiera escapar.

—No te dejare marchar —dijo.

—Por favor —suplico Kovu— mi madre debe estar preocupada.

—Crees que después de este delito te dejare ir tan rápido —reprochó.

—N-No su majestad —Tartamudeo.

Kovu se sintió anonadado, a pesar de que el Joven príncipe no tenía ni una sola gota de imposición en su voz, Kovu podía sentir intimidación como trasfondo en sus palabras. Su cuerpo nuevamente, lo alerto: "debes irte".

Simba lo miro al rostro, busco cualquier indicio de rebeldía o rencor, pero no pudo observar más que miedo y sumisión, eso no era lo que buscaba, más bien solo fastidiaba al probé chico frente a él.

—Anda, ve a casa —cambio de tono— por mandato del Príncipe Simba —sonrió.

—Gracias —exclamó sorprendido—, su majestad.

Kovu se apartó del frente de Simba.

—Dime antes tu nombre, no quiero olvidar a mi acosador —jugueteo Simba

—K-Kovu —dijo avergonzado

Simba saboreo el nombre, nunca en su existencia habia disfrutado tanto el escuchar uno, las dos sencillas silabas se le hacían exquisitas.

Para cuando quiso decir algo más, el joven león ya habia echado a la carrera, rumbo a donde fuera su hogar.

Aquel día Simba habia comprendido algo, el amor a primera vista podía ser real, y aquel ser llamado Kovu habia llamado su atención por completo. Rezo devotamente a los reyes del pasado, quien quiera que fuese aquel Kovu debería reencontrarse con él.

☆¤《————》¤☆

Simba gruñía con intensidad al león bajo su cuerpo, la preocupación que hacia unas horas habia sufrido se esfumo como el agua al sol, dejando solamente sus instintos de depredador. Sin embargo, al enfocarse en su enemigo se descarrilo, la lejana fragancia del león bajo sus patas ere extrañamente familiar, trayendo consigo recuerdos lejanos de su niñez; formando en su mente la curiosa figura de aquel ser conocido durante su infancia, ¿sería acaso el destino nuevamente con una jugarreta contra él?

—Y ahora eres el acosador —jugueteo Kovu.

*********

Hola. Soy Emiliano

Espero fervientemente que este proyecto sea de su agrado, me siento orgulloso de lo que he escrito, y espero que sea reciproco. Conforme avance la historia se irán resolviendo situaciones como la relación entre Simba y Kovu, o la venganza de Zira, o ¿Qué pasara con Nala?, ¿será olvidada por Simba después de su reencuentro con Kovu?. Espero se queden para el siguiente capitulo que ya esta en proceso de creación, y espero la otra semana publicarlo.

Gracias por leerme hasta aquí. Cuídate mucho. Saludos ;)
 
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🌟Dos🌟

Los constantes quejidos del Rey resonaban en los aposentos reales, un inquieto Mufasa se revolcaba contra el suelo en contra del consuelo de Morfeo, ya que los constantes pensamientos y pesadillas que acongojaban su mente aquella noche sobre su hijo, no permitían que consiguiera paz. Nunca se perdonaría el perder a su hijo, era una sabia decisión el no haberlo dejado marchar junto a Nala, pero una pequeña voz en su interior lo estaba volviendo loco. "Deja al muchacho irse, debe aprender a defenderse por sí mismo", y de cierta forma era verdad, el haberlo consentido y mimado por un largo tiempo habia hecho volverse al joven león un inútil y frágil cazador, no era propicio que alguien de su calaña fuera considerado el heredero al trono. Era primordial que hiciera algo, pero ¿Cómo?, no era lo suficientemente capaz para dejar de un lado su corazón de melón de padre amoroso que cargaba para poder poner mano firme sobre el muchacho.

Resignado, enderezo el cuerpo, debía resolver sus dudas cuanto antes, y no podía hacerlo solo; por lo que una sola figura intelectual se le paso por la cabeza, Rafiki, ese simio habia sido el chamán de la familia desde que Mufasa tenía memoria, y su saber era indiscutible, el podría ayudarlo.

Miro con melancolía el árbol sobre las praderas, un mediano árbol de acacia que habia servido como refugio al mandril; haciéndole recodar vagos recuerdos de su niñez, en donde junto a su hermano Scar compartía la felicidad de todo niño en la sabana.

Soltó una ligera sonrisa y continuo su rumbo al árbol.

—Sabía que vendrías tarde o temprano —saludo el mandril

—¿Tan mal esta? —sonrió nervioso.

—Es de esperarse la actitud de tu hijo cuando se encuentra confundido.

Suspiro. Parecía que Rafiki habia adivinado todos sus pensamientos con solo verlo a los ojos, y de cierta forma le molestaba, lo hacía sentir desnudo, invisible ante los ojos del pequeño animal.

—Es por eso que he decido consultarte —sonrió—, viejo amigo.

—Has hecho bien —sonrió de vuelta— habla pues, que yo te escucho.

Mufasa resoplo, narro con detalle su pesar, desde las lecciones de Simba hasta las recientes acciones de su joven hijo, con sumo detalle, especificando todas sus dudas y problemas sobre su forma de instruir; conto su aflicción y sus dudas, quería una respuesta, o al menos un consejo, para variar.

—¡Vaya!, Simba ha crecido tanto —suspiro con nostalgia—pareciera que fue ayer cuando lo presente frente al pueblo Mufasa.

—No puedo resolverte la vida —continuo— esa es tu misión. Si crees correcto aprisionar a Simba a sus raíces está bien, pero también considera lo adecuado para él, y si crees que esta misión es una oportunidad para incrementar su madurez, está bien –-respiro con delicadeza—, solo ten en consideración que sea lo que decidas para tu hijo, repercutirá para su futuro, el futuro que tanto le has hecho añorar, y eso mi amigo, no podrás cambiarlo.

—Pero, ¿cómo? —cuestiono angustiado.

—Pronto lo descubrirás Mufasa —Sonrió—, los reyes del pasado me han hablado, tienen un plan para tu pequeño. Así que anda, ve junto a tu retoño y muéstrale lo que es ser un león.

Mufasa sonrió a Rafiki.

—Los años se me escaparon de las manos —suspiro—, mi pequeño ha crecido tanto, y no sé si lo he instruido bien.

—ten por seguro que lo hiciste —abrazo a su amigo por el cuello—, solo es cuestión de tiempo, y veras que será un magnifico rey

Mufasa se sintió reconfortado, fue una magnífica idea ir junto a su chaman, nadie en el reinado era más sabio.

Dio un adiós a Rafiki.

Decidido, tomo camino a la roca del rey, daría un buen sermón a su primogénito, y esta vez no se libraría tan fácil.

☆¤《————》¤☆

Simba retrocedió, la antigua aura de depredador habia desaparecido por completo, viéndose ansioso, raquítico frente a la situación. Rebusco en todos sus recuerdos, en todos los sonidos y olores que habia percibido en su vida, buscando en su memoria la apariencia de aquella figura que yacía frente a él.


—Ha pasado tanto tiempo majestad —exclamo Kovu—, y sigue siendo igual de glamoroso

Simba indago en su mente, trayendo consigo vagos recuerdos de su infancia, la viva imagen del león marrón frente a él.

Aquel día, se hacía presente una y otra vez sobre su memoria. "No puede ser él, papá dijo que habia fallecido junto a ella". Dudo, ¿Era acaso una broma?

—¿Quién eres?

—Quizá no me recuerde —menciono—, pero nos conocimos hace algunos años en las praderas.

Simba trago saliva. No cabía duda.

—Mi nombre es Kovu, su majestad.

Simba sintió fallecer, toda una serie de emociones lo embriagaron, era como si aquellas sensaciones que habia sentido en el pasado volvieran a formar parte de su cuerpo, la felicidad de haberse vuelto a encontrar con el que habia sido su amor platónico de la niñez lo embriago, algo que habia anhelado con todo su ser.

Kovu miraba atento, nervioso por la reacción de joven príncipe, después de un largo tiempo se habían vuelto a encontrar, un sin fin de sensaciones recorrían las entrañas de Kovu. Estaba indeciso, ¿Qué pasaría de ahora en adelante que se habia encontrado con su amor platónico de su infancia? ¿Podría ser posible que los años no hayan provocado que lo olvidase Simba?

Permanecieron ahí, mudos; analizándose y reconociéndose, olfateándose, embriagándose de las feromonas que el otro desprendía. Aquellos años que habían pasado entre ellos parecían tan solo días en aquel momento, ninguno sabía que decir, como reaccionar.

Simba avanzo con lentitud, caminando recto, inquieto por la ansiedad sobre su ser. Olfateo con suavidad, reconociendo por pedazos aquel aroma del león frente a él, esclareciendo cada vez más sus dudas.

La sutil fragancia de tierra húmeda y gramíneas, embriagaba las fosas nasales de Simba, aquel aroma que habia añorado hacia quien sabe cuántas noches volvía a estar en su mente. Los antiguos pensamientos sobre Nala se habían esfumado, pareciera ser como si la simple presencia de Kovu frente a él, hubiera sido la solución a un pequeño problema que acongojaba al joven príncipe.

☆¤《————》¤☆

Un Furico mufasa, reprendía al cachorro junto a sus pies. Simba habia faltado a la iniciación como cazador, una falta gravísima al código real, era imperdonable aquella odisea que el joven cachorro se habia atrevido a cometer. Mufasa avergonzadamente habia disipado a los leones para que Simba no se viera afectado por tan mayúsculo inconveniente.

Una buena reprimenda habia caído sobre los hombros del joven león.

—Ya estarás contento —dijo Mufasa.

—Lo lamento, me distraje y no me percate del tiempo.

—Y de casualidad se puede saber que pudo ser tan importante, para que faltases a tu iniciación como cazador —exclamo—, ¿tienes la mínima idea de cómo nos deja esta situación frente al pueblo?

Simba sabia claramente la razón de su retraso. Hacia un par de horas que habia vivido uno de los momentos más maravillosos de su vida; aparte de Nala, nunca habia conocido a algún otro león que le complaciera tener a su lado, y muy a pesar de que tan solo por un momento se reunió con aquel león, pudo sentir una conexión, era como si por cuestiones que solo los reyes del pasado podrían comprender, aquel preciso momento tuviera que ocurrir.

No podía simplemente olvidar aquella figura de aquel, las delgadas curvas sobre su distintivo cuerpo de cazador, que lo hacían ver tan varonil y esbelto; lo hacían tambalearse, y aunado a su fuerte rostro masculino que con marcas y rasgos propios de un fiero depredador eran la cereza del pastel en la maravillosa vista momentánea que habia presenciado Simba. Además de un particular aroma, un olor fascinante que impregnaba los alrededores de sí.

Simba habia quedado encantado, completamente hipnotizado por la candente imagen que habia estado frente a sus ojos. No podía esperar a verlo de nuevo.

—¿Me has escuchado? —recrimino Mufasa.

—¿Ehh? —volvió en si— Lo que sucedió es que quería tomar un poco de agua antes de la prueba, y me topé con Simón y Pumba, ya conoces a ese par siempre metiéndome en líos, y no me di cuenta de la hora —balbuceo— enserio lo lamento padre

Para suerte de Simba, Mufasa se vio distraído por Zazu que habia apareció de momento para advertir sobre un grupo de Hienas que rondaban sobre las fronteras del reino; por lo que la plática se dio por terminada. No obstante, Mufasa fulmino con la mirada por un momento a Simba antes de marcharse a su deber, dejándolo con un amargo sabor de boca.

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Un sin fin de recuerdos y añoranzas aparecían en la mente del joven príncipe. Al igual que pesadillas y desvelos, donde habia llegado a pensar en la muerte para calmarlos.

Inconscientemente, recordó aquella vez; aquella vez cuando falleció, cuando vivió el momento más despreciable y desparpajado de su existencia.

☆¤《————》¤☆

Las tierras del reino fueron azotadas por unas incesantes tormentas; propias de la temporada de verano.

Hacia unas cuantas horas uno de sus sirvientes habia alertado el avistamiento de Zira, pareciendo ser que aprovechando la situación climatológica trataría de tomar las tierras junto a sus subordinados. Mufasa se sentía inútil, incapaz de salir a hacerle frente por la incesante lluvia que atormentaba la sabana, resignándose a esperar ansioso el fin de la tormenta.

Para cuando la lluvia disminuyo considerablemente a tan solo unas gotas, los rugidos no se hicieron esperar, Zira estaba cerca; Mufasa salió a la carrera, poniendo completa resistencia a su ataque. A través de una batalla de zarpazos y mordeduras, finalmente los hicieron retroceder.

Un correteo se hizo presente en cuanto esto sucedió, parecía ser que los vencedores perseguían a los perdedores, hasta que la astucia enemiga se presentó junto al barranco, donde debido a la lluvia y la brisa, el terreno se encontraba inestable, haciendo que la probabilidad de caída fuera más que inminente. Mufasa miro con terror el ver caer a sus más allegados guerreros, era una completa pesadilla.

Zira miro con detenimiento la situación, vanagloriándose de la desdichada situación de Mufasa. Una serie de leones se abalanzaron sobre Mufasa aprovechando su debilidad, impulsándolo rumbo a la barranca.

Mufasa persistió, haciendo resistencia frente al empuje de los tres leones que los arrinconaban a la caída, deslumbro con rapidez a los hijos de Zira, dos de ellos eran mayores, mientras que uno más pequeño ayudaba por compromiso. Sin embargo, la ligera y poca musculatura que poseían los leones que lo empujaban, hacían parecer aquella situación un juego de niños para Mufasa que era un león de mayor tamaño.

Zira se agregó a los leones que lo arrastraban, pero la arrogancia pereció frente a la perseverancia, y en un movimiento veloz Mufasa aprovechó su fuerza para repeler sus empujones, lanzándolos por encima de su cuerpo, tirandolos al barranco.

Los leones enemigos restantes que miraban la batalla, salieron despavoridos del lugar.

Mufasa asomo su cabeza al barranco, la agitada corriente del rio que se encontraba al pie de este, arrastraba consigo a cuatro cuerpos sobre él. Mufasa rezo a los reyes del pasado por ellos, pidiendo el perdón por aquellos y por los suyos.



☆¤《————》¤☆

Después de una noche agitada, Mufasa regreso victorioso, conto su hazaña cual soberano a todos sus súbditos, dejando en claro que uno de los enemigos del pueblo habia muerto.

--Zira ha fallecido --exclamo--, y todos sus malditos descendientes han perecido junto a ella. Aunque, eso no es motivo de celebración, es nuestra enmienda rezar por ellos, para que puedan alcanzar al fin la paz que tanto deseaban.

Para cuando todo se tranquilizó, todos los leones se reunieron en la Roca del Rey, dispuestos a descansar después de una intensa lucha. Mufasa se sintió responsable de la muerte de sus guerreros, pero Sarabi advirtió con cautela su inocencia.

—Era claro que no podías protegerlos querido —dijo—, fue un accidente, nada estuvo en tus manos

Mufasa chasqueo la lengua, la culpa lo invadía, sentía que todas esas muertes incluyendo las de los enemigos eran su responsabilidad.

—Al menos agradezco a los reyes del pasado que todo haya terminado --Mufasa suspiro— Zira junto a sus cachorros; Vitali; Nuka y el pequeño Kovu, esperemos que logren la paz que buscaban

Simba permaneció inerte, inmóvil frente a lo que acababa de escuchar. "Kovu..." ¿sería acaso el mismo? Su respiración se cortó, la ansiedad floreció en su interior. "No, seguramente es otro"

—Padre, me ha parecido que has dicho unos nombres, ¿acaso los conoces? Ya que solo me has contado de Zira.

—Por supuesto, de no ser por la avaricia de Zira, aquellos leones hubieran sido tus primos, ya que son hijos de tu tío Scar. Alguna vez debí mencionarlos o tu tío debió platicarte de ellos. Los dos primeros son parecidos a Zira, pero el ultimo; Kovu, él es la viva imagen de tu tío —suspiro—, eran tan bellos esos cachorros, es una pena que se hayan descarrilado —suspiro nuevamente—, después te contare más detalles sobre ellos —continuo—, por ahora solo es momento de descansar.

Simba se quedó mudo, abatido por la reciente revelación. No cabía duda, aquel león que conoció hacia tan solo unos días habia muerto, una inmensa pena cayó sobre su mente, acompañada de una aflicción inmensa. Parecía ser que el mundo se habia ido en su contra aquel día.

No podía procesar los hechos, la persona de la que se habia enamorado habia desaparecido para siempre, simplemente no podía superarlo. Una dolorosa sensación abarco su cuerpo, estrujándolo, acompañada de un gran nudo en la garganta.

Sintió enojo; tristeza; miedo y un sin fin de emociones al mismo tiempo. Tantas sensaciones que no soportaba.

La rabia incrustada en sus venas junto a la tristeza, lo impulsaron a escapar de los aposentos reales, corrió sin rumbo fijo, las lágrimas escurrían de sus ojos.

Solo hasta que observo la arena blanca sobre sus patas fue que decidió detenerse, ese espacio era lo más lejos que habia llegado en el pasado, lo consideraba su refugio, un lugar para pensar y alejarse del mundo.

Lloro; grito; maldijo, todas las emociones que se acumulaban en su interior salieron a la luz, y no fue hasta que las fuerzas y la voz se le terminaron que paro.

Sollozaba en silencio sobre el suelo, maldecía a los reyes del pasado, a su padre, así mismo por no haber ido con junto a él y haberlo salvado. La rabia lo impregnaba, deseaba con todas sus fuerzas regresar el tiempo y arreglar las cosas.

—Es una verdadera lástima.

Simba permaneció recostado, sollozando.

—Largo —exclamo—, no estoy para sermones

—¡Oh! Mi Simba —respondió—, pero no he venido a eso, más bien, yo diría a aconsejarte

Simba levanto la cabeza, observo con detenimiento al Mandril frente a él.

—De nada sirve llorar por lo que fue —continuo—, mejor alégrate por lo que puede ser.

Simba absorbió la nariz.

—De que sirve hacerlo, si ya no es posible.

—Estas tan centrado en el dolor que no observas el horizonte frente a tus ojos —exclamo—, deja ya está rabieta y vuelve a casa.

—Pero, yo lo he perdido... —sollozo nuevamente— a aquel al que consideraba el indicado a desaparecido por completo, como se puede llegar a superar aquello.

—Querido Simba —sonrió—, estas tan confundido contigo mismo que no llegas a comprender la versatilidad de la realidad, no te preocupes por las bajas de la vida, sino más bien por las cumbres de esta. No te enrosques en una sola perspectiva y busca nuevos caminos, habrá otros a quienes puedas amar y complementar, tenlo por seguro —continuo—, no estoy diciendo que esta situación no es lamentable, solo sugiero que no te mortifiques, persiste ante la adversidad y ya verás que pronto lograras la paz, además, los reyes del pasado nunca te defraudaran —exclamo.

—Ya no hables más, solo confundes más mi cabeza —grito.

Rafiki, se alejó con una sonrisa, era el momento de dejar al joven príncipe razonar, no era su deber hacerle saber sobre el plan de los reyes del pasado. "En el momento indicado lo descubrirá" pensó.

Quien diría que aquella desdichada situación fuera parte del plan de los cielos, donde a pesar de ser un malentendido, todo permanecía igual.

☆¤《————》¤☆

Simba regreso a la Roca del Rey después de casi dos días, sus incesantes pensamientos que lo atormentaban por la reciente muerte de su amor platónico, lo habia hecho caer en una ligera depresión que llego a durar cerca de tres semanas después de su regreso, y solo con el apoyo emocional de sus padres y amigos fue que logro superar aquella etapa.

Dado que, una particularidad del estado de Simba, era evidentemente el miedo; una cobardía a la soledad.

Desde que habia sido instruido por su padre en el arte del emparejamiento entre leones, fue que comenzó su búsqueda del amor en sus alrededores.

No obstante, la constante decepción frente a los distintos leones y leonas que se le presentaban, no congeniaba una conexión, era casi como si no sintiera comodidad frente a alguien más, y era por eso que ahora, que por fin se habia sentido confortable frente a otro ente, todo parecía en clarecerse frente a sus ojos. Comprendiendo lo que significaba el amor y todos aquellos conceptos que mencionaba su padre.

Nala, su más allegada amiga, fue la pieza clave para el consuelo, siendo que a través de consejos y soportes fue que Simba logro superar su abatimiento.

Y esta era una de las razones por las que quería a Nala como pareja, era la única que conocía su secreto, la única que conocía su verdadero pavor, además de que solamente ella lo comprendía sin juzgarlo como lo harían sus padres. Por lo que su apuro de encontrarla no era de sorprenderse, si es que quería emparejarse con alguien no habia ser más ideal que ella.

☆¤《————》¤☆

Kovu miro con vividez al joven príncipe, buscando asimilar la reciente odisea que se habia decidido a realizar al contestarle de aquella forma. Con sus palabras habia hecho parecer la situación de lo más normal, como si hubiera una amistad de años entre ellos.

Sin embargo, no se arrepentía en lo absoluto; más bien agradecía a los cielos el haber tenido el coraje de haber contestado de aquella manera.

Aunque igual que Simba se derretía por dentro buscando calma en el torbellino de pensamientos que transcurrían por su cabeza, dedujo con certeza que el león frente a el sufría lo mismo, ya que ninguno habia dicho nada por cerca de diez minutos.

—Kovu... —hablo.

Kovu lo miro.

Simba se decidió, "al diablo con las formalidades" pensó.

En un instante tomo impulso y brinco en un abrir y cerrar de ojos hacia un desprevenido león marrón.

Inmovilizo al joven león bajo sus patas, lo abrazo, lo acaricio, froto su nariz impregnándose de su olor, deseando explorar cada una de las cavidades de Kovu.

—Simba...—gimió por lo bajo.

Simba se limitó a continuar con sus asuntos, rebusco en el pelaje la sensación que tanto habia añorado durante casi el último lustro, indagando con lentitud y suavidad la identidad del otro.

Kovu permaneció inquieto, buscando liberarse de su hostigador, aunque inútilmente, dado que el realmente no ansiaba librarse.

—M-Majestad...—jadeo—...n-no cre-o que se-a el moment-o.…—jadeo de nuevo—...p-para est-o.

Simba reacciono, reconoció su error al instante, la neblina libidinosa que opacaba su lado racional habia desaparecido, dejando un arrepentido y preocupado león. Momentáneamente se apartó.

—Lo siento yo...—balbuceo—, yo no...

Kovu se incorporó, busco relajarse y controlarse, dado que el pecaminoso encuentro que acababa de protagonizar habia hecho despertar a cierto amigo, dejándolo en una inconveniente situación.

—Descuide —sonrió— yo también...lo extrañe...

Soltó lo último con sinceridad, sentía que era necesario.

—Estaba tan feliz que, —excuso— no me di cuenta de mis acciones, enserio lo siento.

—Está bien, no ha pasado nada.

—Estas vivo —exclamo—, no puedo creerlo, enserio no puedo procesarlo, papá habia dicho que falleciste en aquella batalla y yo realmente lo creí, pero estaba mal, porque todo fue una equivocación, una malinterpretación —respiro—, estoy tan contento. Pero ¿Cómo? ¿Es que acaso eres una aparición?

Kovu reconoció las interrogativas de Simba. Era como si fuera transportado a un pasado oscuro que se habia forzado a olvidar.

☆¤《————》¤☆

Desde hacía días, Zira, su madre, habia planeado el ataque; después casi un mes de planificación habia decidido utilizar las constantes lluvias para llevar acabo su cometido dado que sería mucho más sencillo tomar el reino bajo una desventajosa posición. No obstante, debería ser astuta, las fuerzas reales no eran para nada endebles, por lo que debía idear una estrategia que facilitara su exterminación. A lo que intuitivamente focalizo el barranco, era perfecto; siendo que, si la caída no los mataba la fuerte corriente del rio lo haría.

Finalmente, el fervoroso día habia llegado, todos se encontraban preparándose para la pelea.

—Kovu, Kovu, Mi adorado Kovu —sonrió— ha llegado finalmente tu momento, el contexto para el que te hemos preparado toda tu vida. —continuo— Hoy finalmente reclamaremos lo que por derecho nos pertenece.

Una exhaustiva preparación habia comenzado desde que Kovu tuvo edad, donde por medio de enseñanzas de caza y adiestramiento bélico fue que se logró formar una identidad exclusiva, donde la crisis era decidida por su Madre y el compromiso por el mismo, haciéndolo formar parte de una confusión sin precedentes, puesto que no se sentía el mismo, advirtiendo una serie de pensamientos conflictivos que solo lo dejaban con la incógnita de si era querido o utilizado por su madre.

No obstante, el joven león se encontraba distanciado, distraído por una serie de pensamientos aún más rebuscados que los suyos propios. Habia conocido a su enemigo, el heredero al trono, Simba.

De todas las narrativas que habia escuchado en su vida ninguna se le asemejaba a tan majestuosa figura que poseía el joven príncipe, aun recordaba con detalle el espléndido pelaje dorado, acompañado de la prodigiosa melena arrebolada sobre su frente, aunado a las glamorosas curvas tonificadas sobre su cuerpo que erizaban su pelaje. Aunque solo guardaba sus fantasías para sí, no era conveniente expresarlas, dado que solo regaños y zarpazos saldrían de aquello.

☆¤《————》¤☆

La hora indicada habia llegado, los leones pertenecientes a Castille asignados a la batalla, marchaban cual soldados a las tierras del reino.

Presurosos recorrieron las largas praderas, llegando finalmente a la posición focalizada. Esperaron pacientes la lluvia, en silencio.

Una imponente tormenta se formó sobre sus cabezas; la poca visibilidad que generaban las constantes gotas sobre los alrededores era la oportunidad perfecta para acercarse a la Roca del Rey.

Zira junto a sus subordinados se escurrieron bajo la lluvia junto a la laguna, inertes al momento de la batalla.

Y al fin, la esperada confrontación se hizo presente, una riña entre exiliados y pueblerinos se formó en las tierras del reino. Conforme la batalla continuaba, Zira observo con detenimiento la visible derrota que estaba por recibir, a lo que en el momento indicado salió a la carrera rumbo a su plan de reserva para derrocar finalmente a Mufasa.

Una grotesca escena se hizo presente, una gran parte de la armada del Rey resbalo a la pronunciada caída, haciendo que un preocupado y aterrado Mufasa se viera vulnerable ante el ataque de los enemigos.

Zira se regocijaba, amaba cada segundo de aquel desafortunado momento que habia provocado.

No obstante, debía terminar el trabajo y librarse por completo de Mufasa; por lo que, bajo una ligera señal, aviso a sus hijos abalanzarse sobre el rey, que mejor final para el soberano que la muerte por los descendientes de su enemigo.

Sin embargo, una ligera inconveniencia se presentó sobre el incidente, la fuerza no era suficiente para el trabajo que los delgados y escuálidos leones estaban realizando, puesto que la imponente musculatura y presencia del rey era demasiada para aquellos. Zira resoplo, tendría que hacerlo con sus propias manos, en un veloz movimiento se anexo a la empujadera contra Mufasa.

Pero, en un instante, Zira miro con lentitud su caída, la rápida reacción del rey la habia tomado por sorpresa, arrinconándola a la penosa situación de la derrota. En un movimiento apresurado trato de detener su caída por el barranco que habia planeado para su majestad; golpeando y chocando con las rocas para no sucumbir frente a las arrasadoras corrientes del rio.

La caída fue momentánea, no habia espacio para pensar, Zira solo se limitó a dejarse llevar, habia sido derrotada y humillada, su sobrevalorada estrategia habia fracasado. Ahora solo quedaba la resignación, debería entrenar y prepararse aún más, pero ¿cómo?, se sentía vacía y anonadada.

La corriente la arrastro a la laguna junto a las lejanías, era casi un milagro haber sobrevivido. Se quedó quieta sobre la arena, observando con cautela la desembocadura del rio junto a ella, tres notorios leones salieron a la luz, sus cachorros habían sobrevivido.

Se sintió feliz y decepcionada, por alguna extraña razón sintió rabia por ellos, de no ser por su falta de fuerza habia salido victoriosa, pero no, era totalmente culpa de ellos.

Los tres leones que apenas habían sobrellevado la caída y la revolcada, descansaban al fin sobre la arena anaranjada, desguanzados y débiles cual cachorros recién nacidos.

—Ya estarán contentos —recrimino— ni una maldita cosa pudieron hacer bien.

Una serie de zarpazos y regaños llovieron sobre los desparpajados leones.

☆¤《————》¤☆

Kovu recordó aquel momento de su niñez, aquel momento en el que su madre habia cambiado. Desde aquel momento se habia convertido en otra persona, ya no era aquella cariñosa mamá que tanto habia admirado y querido. Ahora bien, se habia convertido en un dictador, en un general insensible que solo quería hacerlos sufrir.

—Y fue por eso que decidí marcharme —menciono Kovu—, al cumplir la mayoría de edad, decidí por mí mismo liberarme, librarme de aquel tormento.
Era indispensable que lo hiciera, debo alertar al rey sobre el plan de Zira.

"Aunque también he querido volver a verte" pensó.

Kovu concluyo su historia.

Simba quedo perplejo ante impensable revelación.

—Pero ahora todo es pasado ahora, he dejado esas endemoniadas raíces para venir aquí —con
tinuo—, quiero formar parte de estas tierras, explorarlas y descubrir las magníficas criaturas que alberga; conocerte y ayudar a tu padre a combatir lo que atente contra el reino.

Simba pensó con detenimiento. Si felicidad era insaciable, pero una ligera ansiedad lo invadía, ¿que pensaría su padre al respecto?, ¿dejaría a Kovu vivir como un forajido de las lejanías en las tierras del reino?

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Hola de nuevo.

Realmente lamento actualizar hasta ahora, pero es que estuve entretenido con mi pase a la universidad y mi trabajo, pero henos aquí.

Espero que les guste este nuevo capítulo, lamento si son muchos recuerdos y casi nada del presente, pero realmente prometo que son de los últimos recuerdos que voy a escribir, ya lo que seguirá a partir de aquí será totalmente de la trama del presente, así que no desesperen y aguarden por el próximo capitulo.

Procurare subir el próximo capitulo antes de fin de mes, pero sino, seria en los primeros días de junio. Ojalá se encuentren excelentemente, gracias por leerme hasta aquí.

Cuídense mucho.

 
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