+18 Original Fic Somewhere only we know (FINAL) -Jaladoween-

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    Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6: Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo final


    • 31 de Octubre era la fecha perfecta para los niños y no tan niños, la fiesta del día de las brujas les permitía soñar, fantasear y asustar a diestra y siniestra a todo aquel que vestía de las formas más imaginativas para salir a pedir dulces y hacer travesuras. En muchas ciudades del mundo era normal ver la horda de pequeñines paseando entre las calles, esperando recibir un buen caramelo, chocolate o regalo por parte de las personas que tenían sus guarniciones para alegrar a los fantasmas, brujitas, magos, zombies, vampiros entre más monstruos juguetones que tocarían a su puerta. De entre todas esas criaturas, había una en especial que resaltaba en esa pequeña ciudad de Inglaterra, una linda niña albina que siempre llamaba la atención por el bello color natural de sus ojos rojos, que estaba contenta por la llegada de la festividad, pues echaba a volar su imaginación y poder salir de noche con sus amigas sin peligrar por el Sol de la mañana, era perfecto, después de todo, uno que otro padre pensaría que al andar tanta vigilancia por las calles por parte de la policía, no tenían que temer darle permiso para dejarla celebrar. Su nombre era Pixie, ocurrencia de su madre que siempre la comparó con una pequeña hada por sus rasgos de albina.

      Ese halloween era especial, cumplía diez años y tras una cena de cumpleaños junto a sus papás, decidió salir para juntarse con sus amigas a su aventura anual para ver quien obtenía más ofrendas, como le llamaba ella. Su disfraz de aquella noche era único, según su criterio, una mitad vampiro y mitad ángel, con orejas puntiagudas falsas, unas alas emplumadas acomodadas perfectamente para que se vieran lo más "naturales" al salir del vestido y su cabello ligeramente teñido de rubio, viéndose tan linda como sólo ella podría verse. Al salir, no se olvidó de llevar en sus brazos a Rudy, un oso de peluche que tenía desde que ella podía recordar, aunque muchos podrían pensar que ya estaba grande para eso, eso no le importaba, era su fiel compañía incluso en la escuela. Mientras Pixie caminaba por la calle iluminada hacía la casa de su amiga más cercana, pensó en la historia que escuchó en la escuela por la mañana, sobre las brujas que se robaban a los niños para comerlos, las maldades que hicieron a las personas en la vieja Inglaterra y otras cosas que solamente le hacían pensar a esa niña si todo era cierto o eran eso, cuentos para asustar a los niños mal portados.

      Pixie pasó por un parque a dos cuadras de la casa de su amiga, pensó que podía caminar por dentro de él para llegar más rápido, no era como si fuese tan peligroso aunque fuera de noche porque había mucha gente por todos lados, así que decidió meterse con esa confianza que los niños suelen tener al no medir las acciones. La niña siguió caminando y empezó a asustarse un poco, no recordaba que el camino fuera así, todo parecía más verde y frondoso que nunca, era como si se hubiera adentrado a un bosque de verdad. Cuando más asustada estaba, pudo ver algo que le captó toda su atención, era una especie de invernadero que estaba iluminado por dentro, tal vez había alguien que podía decirle el camino así que no dudó más y se acercó.

      - Buenas noches... ¿Hay alguien? - Preguntó Pixie al abrir la puerta que no tenía seguro y asomando su cara. - ¿Hola? -

      - Hola. -





      Los ojos de Pixie se sorprendieron al ver a una bella joven que se veía muy alta, no conocía a nadie tan alta ni tan bonita como ella, tenía un precioso vestido con muchas decoraciones y un sombrero enorme con lo que parecía un cráneo como adorno, a cualquiera le parecería raro pero era noche de Halloween así que podría ser parte de su disfraz, pero lo más sorprendente en esa chica era su brillante cabello blanco con matices azules, casi transparente, parecía mágico así como el tono de sus ojos enigmáticos. Pixie se metió y cerró la puerta del invernadero al estar asombrada por lo que había dentro de ese lugar, plantas que no conocía, unas raras que creía que eran ojos lo que tenía por flores, jaulas con esqueletos y unas extrañas esferas flotando que brillaban tanto que hacía sentir que era de mañana a pesar de ya ser noche.

      - ¿Puedes ayudarme? Creo que me perdí. -

      - No te perdiste, llegaste justo al lugar indicado. - Sonrió esa chica que sostenía a un gato negro y lo dejaba bajar antes de caminar hacía la niña. - ¿Quieres galletas y leche? -

      - !Me encantan las galletas! Pero tengo que ir con mis amigas. -

      - No te preocupes por tus amigas, ellas están bien, justo acaban de salir las galletas del horno ¿O no es lo que quieren los niños en este día? Algo dulce. -

      - !Es cierto! ¿Puedo comer algunas galletas y luego me dirá como salgo del parque, señorita? -

      - Eso no importa ahora, anda, come, puedes ofrecerle a tu osito también. -

      - ¿Comer que? No veo nada. -

      La mujer sujetó de los hombros a la niña y la volteó lentamente, sorprendiéndola al ver que detrás de ella había aparecido una mesa y silla infantil, con un gran plato de galletas con chispas de chocolate y un vaso de leche tan blanca y fresca que le hizo lamerse los labios. Pixie se sentó y puso a su peluche al lado, empezó a comer sin dejar de mirar a esa chica que estaba parada frente a ella, con una sonrisa gentil y al mismo tiempo rara, como si estuviera pensando en algo.

      - Señorita ¿Usted también salió de noche de brujas a pedir dulces? -

      - Si, es una noche especial, aunque yo no busco dulces. -

      - ¿No? Entonces ¿Porque tienes disfraz? - Preguntó Pixie llena de curiosidad haciendo reír a esa chica que tenía una risa bastante agradable.

      - No es un disfraz, así me visto. -

      - Oooh... -

      - Me gusta tu disfraz, aunque tu verdadero color de cabello es más bonito, Pixie. - Sonrió esa chica mientras la niña comía las galletas y tomaba leche.

      - Gracias ¿Cómo sabes que me pinté el cabello? ¿Y cómo sabes mi nombre? -

      - ¿Quieres saberlo? -

      - !Si! -

      - Bueno, te diré mi secreto. - Dijo esa mujer agachándose para susurrarle al oído, sin dejar de sonreír con dulzura. - Me llamo Hecate y soy una bruja. -

      - ¿Eres una bruja? -

      - Si. -

      - Jajaja, eso es mentira. - Rio la niña provocando la risa de esa chica que se incorporaba y tapaba su boca al reír. - Las brujas son cuentos para asustar a los niños malos. -

      - Así que somos cuentos ¿Y qué dicen esos cuentos de nosotras las brujas? -

      - Dicen que las brujas atraen a los niños con dulces y luego se los comen. -

      - Eso no es del todo un cuento. -

      - ¿No? -

      - ¿Sabes que le hacemos las brujas a los niños y las niñas? -

      - No. - Contestó Pixie riéndose por pensar que esa chica era muy graciosa al seguir el juego de ser una bruja.

      - A los niños, los atraemos con dulces así como dicen los cuentos, luego los comemos, aquellos que no nos gusten los encerramos en jaulas como esas hasta que maduren lo suficiente para estar ricos, el estofado de niño es tan delicioso. -

      Pixie pasó saliva al escuchar ese comentario y voltear a ver esas jaulas, notando que esos esqueletos parecían pequeños en comparación al esqueleto que había en la escuela, por un instante sintió un escalofrío y dejó de comer ese postre y terminó la leche, para ponerse de pie lentamente mientras sentía la mirada fija de esa mujer sobre ella.

      - Eso le pasa a los niños. -

      - ¿Y a las niñas? - Preguntó la niña dando un paso atrás viendo como esa chica tan amigable se le acercaba más.

      - Depende del día en que nazcan, si nacieron cualquier día que no sea este, terminan como un buen abono para mis queridas plantas. -

      - ¿Y si ... Nacieron hoy? - Cuestionó Pixie al sentir en su espalda la pared del invernadero, teniendo a esa chica frente a ella.

      - Si nacieron el día de hoy y si son tan lindas como tú, una linda niña albina nacida en este día bajo la bendición de la Luna, sirve para satisfacer un apetito muy especial. -

      - ¿Apetito especial? -

      - Ven... Ven. - Dijo la que se mencionó como Hecate, agachándose para susurrarle al oído a esa niña que empezaba a sentirse bastante incómoda y asustada. - Satisfacen nuestro apetito sexual y las encerramos en una jaula de oro para que estén para siempre con nosotras. -

      - ¿Qué? -

      - Me comeré tu cuerpo de otra forma, Pixie, feliz cumpleaños, valió la pena esperar a que crecieras, estás en tu punto.-

      La niña se dio la vuelta y abrió la puerta del invernadero para salir corriendo, algo le decía que debía correr, recordó que en su escuela le habían dicho que esas cosas que dijo esa chica eran acoso y eso no estaba bien, debía contárselo a una persona adulta, pero cuando salió del invernadero pasó algo inexplicable, pues al parpadear un segundo, volvía a entrar a ese lugar pero desde el otro lado, mirando en el fondo a Hecate parada y sin dejar de sonreír. Pixie miró hacía atrás y vio la puerta por donde se supone que salió, estando esa autoproclamada bruja detrás de ella, sonriéndole gentilmente. Ella intentó de nuevo escapar por la otra puerta pero esta vez, sintió como si caía desde una gran altura, cayendo sobre algo suave, al abrir los ojos vio un montón de rosas y plantas por todos lados, seguía en ese lugar, estaba acostada en algo que parecía una cama y al levantarse poco a poco, vio que era como un ataúd acojinado.

      - ¿Qué está pasando? - Pensaba la niña al estar recostada en ese ataúd.





      - No es hora de jugar, Pixie, ya casi es media noche y tenemos que celebrar que ya estás lista. -

      - !Ayuda, ayuda! - Gritó la niña al levantarse de golpe de aquella cama improvisada, golpeando el vidrio del invernadero y luego tratando de romperlo con una piedra.

      - Nadie vendrá, Pixie, estamos en algún lugar que sólo nosotras conocemos. -

      Pixie siguió golpeando el vidrio desesperadamente, viendo en el reflejo del cristal como esa chica empezaba a desvestirse, dejando caer su vestido y sombrero para quedar desnuda, acercándose lentamente hacía ella. Empezó a llorar cuando sintió como esa mujer acariciaba sus hombros desnudos y le susurraba al oído que lo iba a disfrutar desde hoy y todos los días por siempre y para siempre, justo al momento en que las luces se apagaron dejando en una oscuridad total ese lugar que sólo ellas conocían.
      A la mañana siguiente, el alboroto de la noche de brujas había sido empañado por la noticia de una niña perdida, familiares, amistades, autoridades buscaban por todas partes a esa niña albina que salió con sus amigas pero nunca llegó con ellas, temían lo peor, pues la única pista que encontraron en un parque, fueron su oso Rudy y unas pantaletas que sus padres reconocieron, con manchas de sangre.

    • La noche del 31 de Octubre era una fecha especial para los niños, pero lo era más para los seres oscuros y entidades que aprovechaban la magia que se acumulaba por la energía de la Luna y las negras intenciones sumadas de la codicia y gula de los infantes por los dulces, su apetito y deseo por tener más y más eran una mezcla perfecta para la carga del egoísmo, la avaricia y el placer en forma de azúcar.
      En las tierras del condado de Wiltshire, los monumentos megalíticos de Stonehenge entre otros que estaban dispersos en ese sitio sagrado, luces de diversos colores, voces femeninas y música con un estilo mistico ambientaban lo que parecía ser una enorme fiesta donde bellas mujeres de vestimenta negra hacían acto de presencia. El santuario más cargado de visitas era Woodhenge, una formación circular que estaba compuesta de pilares de concreto en el suelo que simulaban troncos cortados, los científicos creían que se trataba de algún tipo de base para una gran estructura pero no era más que los asientos para las que celebraban la llegada del segundo día festivo para las brujas, si se contaba el Walpurgis del 30 de abril al 1 de mayo.




      Decenas de hermosas brujas de aspecto joven mantenían la alegría con sus arpas, flautas, guitarras, otras bailaban y las demás se concentraban en preparar un banquete para satisfacer a tanta boca que se veía, pero no eran las únicas presentes, por cada mujer presente, habría varías niñas presentes que hacían de sirvientas, las que no servían estaban en una especie de jaula hecha de varas y escobas donde jugaban entre ellas, algunas comían y por último estaban las que poseían cadenas en su cuerpo en señal de aún no estar “educadas”, como era el caso de Pixie, que caminaba tímidamente al ir al lado de Hecate, esa bruja que resaltaba entre todas por su brillante cabello blanquiazul y que parecía ser de respeto para todas le hacían reverencias al pasar con esa niña encadenada como si fuese una mascota.

      - Parece que la fiesta está en su punto. -






      - Espero que le gustara la organización, señora Hecate. - Dijo una joven morena que portaba un candil con un fuego fatuo azul en su interior.

      - Todo se ve bien, Yarik. -

      - ¿Esta es su niña? !Es preciosa! !Se ve tan linda con esa ropita blanca!- Exclamó la bruja tratando de ver de cerca a Pixie, quien se escondía con ayuda de la capa de Hecate. - Las chicas tenían razón en decir que usted tiene un gusto muy refinado. -

      - Pixie es una delicia, valió la pena esperar a que creciera para tenerla. -

      - Se ve que es deliciosa, yo nunca he probado a una albina. -

      - No sabes lo que te pierdes. -

      - Señora bruja ¿Qué hacemos aquí? -

      - Venimos a saludar a unas amigas y divertirnos un poco, tienes que ir acostumbrándote a tu nueva vida. -

      - Ella nos dice amigas pero en realidad todas vendríamos siendo sus aprendices. - Susurró Yarik a la niña que se volvía a esconder. - Ella es una deidad ¿Sabes? !Deberías de sentirte orgullosa de ser la niña de la diosa de las brujas! -

      - Yarik, la vas a asustar. -

      - !Perdón, es la emoción! -

      - Teniendo a Pixie, me siento satisfecha. -

      - Eso… ¿Eso significa que no atrapará más niños? - Preguntó inocentemente la niña haciendo reír a las brujas a carcajadas.

      - !Ay, señora Hecate, es una ternurita! -

      - Linda ¿Y cómo esperas que hagamos los banquetes como estos sin los niños? - Respondió Hecate haciendo que Pixie sintiera nervios de pensar que todo ese buffet era el resultado de la caza de ese año.

      - Entonces mi regalo tal vez no sea de su agrado, mi reina. -





      La líder de las brujas volteó lentamente viendo a una mujer delgada y de aspecto fantasmagórico por sus ropajes y cadenas, de cabello cano, ojos nublados y manos ensangrentadas, era una de esas que les daba una fama peor de la que tenían pero cuando se trataba de fidelidad a la reina, sin dudas era la más entregada a las peticiones y deseos de Hecate.

      - Kelpie !Te he dicho que no comas las cosas crudas! - Reclamó Yarik a la mujer que parecía no verla directamente por su ceguera. - !Mira como traes tus manos de sucias! -

      - La reina dijo gocen la comida. -

      - Cuanto tiempo Kelpie. -

      - Perdóneme por no haberme presentado en más de diez años, quería asegurarme de regalarle algo en especial por sus diecinueve mil años siendo una bruja. -

      - Dieciocho por favor.- Rio Hecate mientras esa mujer jalaba las cadenas a una niña de tez morena y cabello blanco.

      Pixie se quedó mirando fijamente a esa bella niña, era más alta que ella, de cuerpo más delgado y con cierta musculatura en su ser, señal de que era bastante activa fisicamente, su piel era de un tono chocolate y su cabello y ojos tan inusuales como los de Pixie, con una mirada desinteresada. Su ropaje, si es que podía llamarse así, eran un babydoll hecho a su medida, una soga y una minúscula tanga dejando poco a la imaginación.





      - Que bello espécimen tienes, creía que ya no había elfos en Gran Bretaña. -

      - No los hay, esta pequeña la conseguí en una exploración en la enorme selva que llaman el Amazonas, ahí siguen viviendo. - Dijo Kelpie jalando a la niña. - Es un obsequio para usted, no tiene nombre, la robé siendo bebé y la eduqué para que fuese una fiel sierva, tiene sangre de guerrera así que también sirve para otras cosas que necesite una mano extra. -

      - ¿Por qué tiene esa etiqueta? ¿Le ofreces una muñeca usada a la señora Hecate? -

      - Lo hice para que las hienas que tenemos como compañeras no quisieran tocar la mercancía ¿Qué le parece, mi reina? -

      - Es preciosa… Mmm… Pixie es mi favorita pero sin dudas esta niña es de muy buena calidad. - Hablaba Hecate acariciando la mejilla de la elfa que le miraba sin alterarse. - ¿Es virgen? -

      - Tan pura como la miel. -

      - Yarik, busca los mejores niños para Kelpie y dáselos de comer. -

      - !Que Dios arda por dentro al querer compararse con su magnificiencia! - Exclamó Kelpie arrodillándose frente a la bruja mayor, para luego mirar a la niña morena. - Desde hoy, vas a obedecer todo lo que te diga ella. -

      - Está bien. -

      - Bien, mis niñas, quiero platicar un poco con mis amigas así que les dejaré ir a jugar. -

      - Karin ¿Puedes llevarlas a la zona de juegos? - Dijo Yarik al aplaudir llamando a una niña rubia de ropa casuales, que traía un bollo en sus manos.





      - !Siganme, o no alcanzarán a comer bollos con chocolate! -

      - ¿Ah? ¿Bollos? -

      Hecate se agachó hacia Pixie que cerró los ojos pensando en que le pasaría algo malo como todas las noches en que esa mujer la tocaba y hacía cosas indebidas, pero escuchó un clic y sintió que su cuello era despojado de la correa que portaba y sentía una caricia en su cabeza. La mujer se dirigió hacia la elfa, la desható y besó su frente tiernamente, sonriéndole al verla tan de cerca.

      - Anda, ve a jugar con las demás mientras platico con mis amigas. -

      - Pero… -

      - Vamos. - Dijo la niña que fue llamada como Karin, tomando la mano de Pixie.

      - Se obediente, Pixie… Y tú… A ti, mi nueva adquisición, te llamaré Eclipse ¿Te gusta? Va bien por tu bello tono de piel y tu precioso cabello. -

      - Está bien. -

      - Eclipse, Pixie, vayan a jugar. -

      Pixie vio como esa mujer se alejaba para ir a donde estaban las demás brujas, siendo jalada por la mano de Karin, mientras Eclipse las seguía a paso lento, con la mirada perdida como si no tuviera voluntad. La niña albina veía con asombro esa gran cerca blanca donde había decenas de niñas, había brincolines, inflables, un carrusel, cualquier juego que quisieran tener niñas de esa edad estaba ahí, sin que ella supiera en que momento aparecieron, parecía una feria especial para ellas.

      - !Mira Noa, la reina tiene dos niñas! !Y son únicas! Es la primera vez que veo a una albina y una niña elfa. -

      - Pensé que ella nunca tendría esclavas… - Habló una niña castaña que estaba en una de las tantas mesas llenas de postres y que miraba algo apenada a las dos. - Es triste que también cayeran, cada día veo más niñas. -

      - Disculpen ¿Qué hacemos aquí? -

      - Todas somos niñas elegidas por algo que les gustó a nuestras brujas, yo le gusté a Yarik por nacer a la media noche de un 29 de Febrero y ser rubia de ojos color miel. - Contaba Karin guardando chocolates en sus bolsillos. - Enséñale Noa. -

      - No me gusta hacerlo. -

      - Pero eres muy bonita, anda, enseña, enseña. -

      - Bueno. - Suspiró Noa levantando su blusa para enseñar su vientre y unos senos que apenas nacían. - Yarik dice que le gusta mi cuerpo precoz… ¿Ya puedo taparme? -





      - Ya, no te preocupes que esas ropas no van a durarte mucho esta noche. -

      - Sigo sin entender ¿Qué hacemos aquí? -

      - Es tu primera fiesta así que te diré lo que pasa aquí, las brujas se juntan para celebrar la cacería de este año, a las niñas que toman como sus concubinas nos tienen entretenidas hasta que llega la una de la mañana con un minuto y un segundo. -

      - ¿Qué pasa cuando llega esa hora? -

      - Ya lo sabrás, pero es mejor que te vayas haciendo a la idea de que al principio te va a doler mucho, quizá te desmayes y te orines. - Sonreía la rubia mientras comía pan dulce. - Luego te acostumbras. -

      - No es cierto Karin, a nadie le gusta eso. -

      - No seas mojigata, ya llevas veinticinco años con Yarik, deberías de estar acostumbrada. -

      - ¿Veinticinco? -

      Pixie se quedó sorprendida por lo que dijo Karin, no entendía eso ¿Cómo podía tener Noa veinticinco años viviendo con esa bruja si parecía una niña de diez u once años? Su mente volvió cuando escuchó una suave voz proviniendo de su costado, volteando para ver a Eclipse que le miraba fijamente.

      - Cuando una bruja toma tu ser, encadena tu alma y tu tiempo a ella, no morirás, no envejecerás, serás siempre una niña hasta que tu dueña decida que ya no le interesas. -

      - Así es, pero no te preocupes. - Dijo Karin ofreciendo un chocolate a Pixie que estaba preocupada por esa información. - Te juro que no he conocido a ninguna que haya sido dejada por una bruja y eso que llevo ciento cincuenta años con Yarik. -

      - ¿Ciento cincuenta? -

      - Eso no es nada, hay niñas que llevan más tiempo que yo aquí, aquí entre nos, he escuchado que las niñas que superan los quinientos años se convierten en brujas. -

      - !Yo no quiero ser una bruja! -

      - No sé si sea cierto, es un rumor como te dije, luego te acostumbrarás a vivir así y verle el lado bueno a las cosas, por ejemplo, viajas por el mundo, puedes comer todos los dulces y chocolates que quieras !Y no engordas ni te duele la panza! -

      - Eso no es bueno, Karin, sabes que le pasa a las niñas y los niños que ellas no quieren. -

      - Pero no podemos hacer nada por ellos. - Hablaba la rubia ofreciendo un pan con dulce de leche a Eclipse. - Debes de comer, para que aguantes toda la noche. -
      - Está bien. -

      Eclipse se sentó en la mesa y empezó a comer pacientemente, Pixie estaba extrañada por la actitud de esa niña, era como si no tuviera miedo, ni frío al estar desnuda ¿Acaso no sabía lo terrible que eran las brujas?

      - Pobrecita. -

      - Es lo que pasa cuando eres atrapada por esa bruja.-

      - ¿Esa bruja? ¿Hablan de la que parecía un fantasma? - Preguntó Pixie sentándose al lado de Eclipse, mientras las otras dos se sentaban frente a ella.

      - Hasta los fantasmas le tienen miedo a Kelpie, esa bruja es una tratante, se dedica a buscar niñas por otras brujas que prefieren recibir la mercancía en sus brazos en vez de cazarlas, le confían mucho a sus técnicas de entrenamiento. -

      - Eso no es entrenamiento, Karin, escuché de una bruja que Kelpie las tortura para que se por… -

      - Shhh… - Susurró Karin a su amiga tapando su boca.

      - Eso no se dice, si nos escucha nos va a hacer picadillo, nosotras no tenemos derecho a criticar a las brujas, te lo he dicho muchas veces. -

      Pixie miraba fijamente a esa niña elfa que comía despacio, ella terminó el pan y volteó a mirar hacia la albina, que llevaba sus manos al pecho por los nervios que sentía de estar en ese sitio, por más bonito que se pintara y por más sabores que había que probar, no se sentía segura, algo le decía que sería peor que las noches que pasaba con Hecate.

      - Ho… Hola. -

      - Hola. -

      - Amm… Me llamo Pixie, aunque ya lo escuchaste. - Río un poco la albina mientras Eclipse limpiaba su boca. - ¿No tienes miedo? -

      - No. -

      - ¿Por qué? -

      - Nosotras estamos aquí para satisfacer los deseos de nuestras dueñas. -

      - Exacto, así deberías de pensar, Noa. -

      - Pero no me gusta pensar así, tendremos suerte si no hacen lo del año pasado. -

      - Eso ya lo he visto. - Comentó Karin escondiendo más dulces en sus bolsillos. - A las brujas les divierte vestirnos a todas de caperucita y ver como somos violadas por las manadas de lobos que sueltan. -

      - ¿Qué? -

      - ¿No te lo dijo la reina de las brujas? -

      - ¿Qué cosa? -

      - Las reuniones que hacen no son sólo para festejar el walpurgis y halloween. - Explicaba Eclipse poniéndose de pie al escuchar que la música se detenía. - Nuestras dueñas comparten sus tesoros y deciden de que manera divertirse con nosotras, ese es nuestro destino y para lo que estamos aquí. -

      - Ya empezó. -

      Pixie escuchó el grito de las niñas más cercanas al circulo donde esas mujeres festejaban, fue cuando entendió de que hablaban las chiquillas con las que compartía la mesa, esas brujas se abalanzaban sobre las menores empezando a desnudarlas y profanar sus cuerpos sin medirse, podía ver aquellos falos mágicos asomándose entre las piernas de esas hechiceras acercándose violentamente en plan de introducirse a la primera que pudieran atrapar. La albina daba un paso atrás al ver como varias de las pequeñas ya estaban siendo sometidas entre varias brujas, siendo penetradas por sus cavidades y su boca, otras llorando al ser lamidas y besadas por todo su cuerpo por esas mujeres hambrientas.

      - Tengo que huir. - Pensó Pixie que al ver a Eclipse parada a su lado, tomó su mano para tratar de escapar.

      Pixie logró saltar la cerca y jaló a Eclipse para que hiciera lo mismo, corrieron hacía el bosque más cercano, era la única oportunidad que la albina veía para alejarse de esa mujer. Cuando logró esconderse entre unos grandes pinos caídos, pudo calmarse y recuperar su aliento poco a poco, cayendo en sus caderas al sentarse por lo cansada que se sintió, notando que su compañera se había sentado al mismo tiempo, apenas se daba cuenta que en ningún momento soltó a esa niña elfa que le miraba fijamente.

      - Aaa...Somos… Somos libres. - Sonrió la albina a Eclipse quien gateó hacía ella y la fue recostando poco a poco. - ¿Qué haces? -

      Los ojos de la albina se dilataron al sentir como Eclipse la abrazaba con bastante fuerza, atrapándola y su boca se prendía a la de ella, la estaba besando con una pasión similar a la forma en que Hecate lo hacía. Pixie pudo ver como una sombra se dibujaba detrás de la niña elfa, apareciendo la figura de esa bruja quien sonreía al verlas en plena acción.

      - Que linda eres, tan pronto querías jugar a las escondidas, aunque tu compañera de juego parece que confundió las reglas. - Rio Hecate acariciando la espalda de Eclipse que no paraba de besar y abrazar a Pixie. - Buena niña, buena niña… -

      - !Ayuda, ayu… -

      - No pienso permitir que alguien desenvuelva mi regalo, bienvenida Eclipse, espero que te lleves bien con Pixie. - Habló la mujer levantando suavemente las caderas de la niña morena, preparándose para desvirgarla.

      En ese momento Pixie entendió las palabras de Karin y de Eclipse, ahora estaba encadenada a los deseos de esa bruja, era su propiedad, su juguete, pero no podía quedarse de brazos cruzados, tenía que buscar la manera de escapar de ese lugar. No podría hacerlo sola, aunque fuera difícil, debía lograr poner de su lado a Eclipse, que parecía tener únicamente en su mente obedecer a Hecate, ni todos los dulces que habían en la mesa podrían quitarle ese trago amargo de enfrentarse a la realidad, de saber que podrían pasar decenas de años soportando eso.

    • La vida de Pixie había cambiado totalmente aquel 31 de Octubre que cumplió 10 años. Siempre fue una niña algo cohibida por su albinismo, no podía salir mucho tiempo al Sol y su crecimiento fue tardío comparado al de sus amigas, pues a su edad era ligeramente más pequeña que ellas pero no le quitaba su belleza natural. Cuando estaba con su familia era la mejor de las hijas, cuando estaba con sus amigas, era la más dulce, siempre le gustaba compartir, se preocupaba por todo lo que le pasara a las demás, era demasiado ingenua y demasiado buena, características que cierta bruja veían como excitantes. Su día favorito era halloween, era la oportunidad para soñar y vestirse, divertirse y comer los dulces que sus papás le permitieran, además de ser su cumpleaños por lo que la celebración era doble, pero nunca pensó que al llegar a las diez celebraciones, se olvidaría de que alguna vez tuvo esa vida, sencilla y trivial, pero suya.
      Ahora el 31 de Octubre representaba el único día en que salía de la casa de Hecate, una enorme mansión llena de enredaderas y rodeada de un bosque que no parecía tener fin, sus días se resumían en ser abusada por esa bruja, comer cosas dulces y de vez en cuando recibir clases, sin saber porque se daba tiempo esa mujer de hacerlo, aunque sorpresivamente aprendía mejor con ella que con maestros normales. Todos los días intentaba escapar sin que esa bella chica la descubriera, pronto se dio cuenta de lo difícil que sería hacerlo.
      La primera noche que intentó huir fue perseguida por unos extraños perros negros que al ser alcanzada por ellos pudo ver que eran lobos, pensó que la iban a devorar pero luego deseó que fuera así, esas bestias arrancaron sus ropas a mordidas y empezaron a penetrarla salvajemente sin miramientos de su cuerpo pequeño, no paró de llorar en ningún segundo al sentir el falo de aquellas bestias entrando y saliendo de su ano y vagina infantiles, así como sentir como la obligaban a probar de ellos con su boquita, acabando en un charco de orines, sangre, lágrimas y esperma. Cuando volvió en si, estaba en el cuarto, sentía el cuerpo fresco como si se hubiera bañado y Hecate se encontraba frente a ella frotándole la cara con una sonrisa, estaba divirtiéndose.
      Pixie esperó un par de días más para intentarlo de nuevo, se aseguró de esconder trozos de pan y carne de la comida que le servía a esa mujer como si fuese su sirvienta, tenía todo listo para que no volvieran a atraparla. En la noche, cuando salió corriendo por la ventana hacía el bosque, nuevamente esas bestias la siguieron, soltó la carnada y una sonrisa se dibujó en ella al ver que funcionaba, nada la detendría, pero estaba lejos de ser cierto. Cuando se internó en lo profundo del bosque, empezó a escuchar que algo se retorcía, la luz de la Luna le permitió ver como las enredaderas se movían, esas lianas se lanzaron hacía ella atrapándola de manos y pies, provocando el terror en la niña al notar como un extraño bulbo se asomaba entre las enredaderas, al abrirse pudo ver que el pistilo parecía una figura fálica que no tardó en introducirse de golpe a la zona genital de Pixie, provocando su grito y llanto en medio de la nada.
      Así fueron los intentos de escape de Pixie, sino eran lobos, jabalíes, enredaderas, polillas gigantes, duendes, cualquier criatura malévola sacada de los cuentos infantiles, todas esos seres se dedicaban únicamente a atraparla y aprovecharse de ella, terminando siempre en la cama de la habitación y con la compañía de Hecate que le sonreía, como si fuera testigo de todo.
      No supo en que momento llegó el próximo halloween, cuando descubrió que ya no estaría sola en esa casa, ese día festivo no sólo descubrió que había más niñas como ella, atrapada por brujas, también que la nueva niña de Hecate era bastante distinta a cualquiera que antes hubiera conocido. Al día siguiente de la festividad, la bruja las llevó a casa, Pixie sentía su cuerpo adolorido por todo lo que le pasó en el bosque de Woodhenge, pero su compañera no parecía tener ninguna molestia, era como si no le hubiera pasado nada.


      - Pixie, se buena amiga de Eclipse, ambas compartirán habitación mientras construyo una más grande para ustedes. - Sonrió la mujer mientras tronaba sus dedos y hacía aparecer en sus manos algunas ropas. - Dense un baño y vistanse con esto. -


      - Pero… No cubre nada. -


      - Está bien ¿Por donde está el baño? -


      - Ve al cuarto hacía esa dirección, el baño está a mano derecha. -


      - Está bien. - Respondió Eclipse tomando el atuendo que emulaba un traje de sirvienta, pero con una falda bastante corta y unas pantaletas rosas infantiles. - Vamos. -


      - Pero… -


      - Es orden de la señorita. -


      Eclipse tomó de la mano a Pixie para llevarla al cuarto de baño, la niña albina se sorprendió al entrar pues había cambiado por completo, ahora estaba un jacuzzi más grande y todo lucía más amplio. La elfa se metió al agua sin pensarlo más, tomó un jabón y empezó a limpiar su cuerpo, deteniéndose un instante para voltear a ver a la albina que estaba de pie detrás de ella.


      - ¿Por qué no te estás bañando? -


      - Es que… -


      - Ella ordenó que nos bañemos. - Dijo Eclipse estirando su brazo para jalar a Pixie y meterla al agua, colocándose detrás de ella para enjabonar su cuerpo. - No debes de desobedecerla. -


      - ¿Acaso no sabes lo malas que son las brujas?-


      - Las brujas son espíritus arcanos, trascienden la vida y la muerte, ellas en su benevolencia eligen a niñas como nosotras para compartir su omnisciencia, para ser sus discípulas, debemos de sentirnos dichosas de que nos eligieran. -


      - No entiendo nada de lo que dices ¿Que es arcano? - Preguntó Pixie cerrando los ojos al sentir como esa morena dejaba caer agua con un recipiente sobre su cuerpo.


      - No necesitas entender nada más, debes de amar y obedecer a la señorita, es la reina de las brujas, ser de su propiedad es un lujo que solamente nosotras dos tenemos. -


      - !No es un lujo! ¿No recuerdas que nos hizo anoche? -


      - Anoche fuimos bendecidas al recibir el amor de nuestra señorita. - Comentó Eclipse sin ningún titubeo, siguiendo con el baño de Pixie.


      - Pero eso… Eso no es cierto, ella… Ella nos hizo cosas muy malas. -


      - Lo que nos haga a ellas no es bueno ni malo, somos su propiedad, ella decide que hacernos y debemos de estar contentas con serles de utilidad. -


      - ¿Acaso no extrañas a tus papis y a tus amigos? ¿No quieres volver a verlos? -


      - ¿Papis? ¿Amigos? … La señorita me dijo que tú y yo somos amigas. -


      - Bueno, apenas nos conocimos… -


      - No sé que sean papis, pero si la señorita no lo mencionó no es de importancia, no puedo extrañar a un amigo, solamente tú eres mi amiga y estamos aquí juntas, no tiene nada de sentido lo que dices. -


      - Ya me revolví. - Dijo Pixie cerrando de nuevo los ojos al ser remojada.


      Al terminar de bañarse, Eclipse empezó a vestirse con la ropa que le había dado Hecate, esas pantaletas rosas infantiles y su uniforme de sirvienta a medio glúteo, siendo observada por Pixie que se apenaba por ver el cuerpo de esa niña, que se suponía tenía su edad pero se veía más delineada.


      - Vístete. -


      - Pero… -


      - Es una orden de la señorita. - Comentó Eclipse levantando un poco su puño para amenazar a Pixie, quien empezó a vestirse. - Eres muy desobediente, la señorita debería de reprimirte por ello. -


      - Es que está mal lo que nos hace. -


      - ¿Acaso no eres feliz aquí? -


      - !No, quiero volver a casa, con mis papis! -


      Eclipse empujó al suelo a Pixie y se subió sobre ella sujetándolas de las manos, la niña albina no se esperaba que esa niña elfa la tirara así, pensaba que le iba a pegar por la manera tan fría en que la miraba, pero caso distinto fue al ver como se agachaba lentamente y la besaba en la boca, metiendo su lengua y acariciándole el paladar y el interior de las mejillas, provocando que frotaba sus piernas al sentirse extraña. La elfa se separó de la boca de la albina quien estaba en shock por ese beso, Eclipse lamió sus labios saboreando la saliva de Pixie, sin soltarla para asegurarse de que entendiera las cosas.



      - Tú no tienes derecho a decidir que quieres, debes de obedecer, tú y yo somos su propiedad. - Hablaba Eclipse soltando lentamente las manos de Pixie. - No puedes ser más feliz que ahora al ser propiedad de la señorita. -


      - ¿Por qué me besaste? -


      - La señorita me dijo que debo de enseñarte como ser una buena niña. -


      - ¿Ella te dijo eso? Pero… Yo soy una buena niña, lo que dice ella es menti… - Dijo Pixie sintiendo una cachetada que le hizo soltar algunas lágrimas.


      - La señorita no dice mentiras, todo lo que diga ella es cierto. -


      - Tú… Le voy a decir a… - Iba a contestar la albina al darse cuenta que ciertamente, no tenía a quien pedir ayuda. - ¿Por qué le haces caso? ¿Por qué? -


      - Porque nacimos para obedecerla. -


      - Yo… Yo sé como salir de la mansión, podemos escapar juntas, mis papis te ayudarán a buscar a tus papis. -


      - No sé que son esos tales papis y no me importan. - Contestó Eclipse parándose del cuerpo de Pixie para lanzarle la blusa. - Termina de vestirte. -


      - En serio, sé como escapar, hagámoslo esta noche. -


      Eclipse no dijo nada más, se limitó a salir de la ducha e ir a buscar a Hecate. Pixie salió después de ella, al salir del cuarto vio unos zapatos pequeños de color rojo, se los puso para no pisar el frío piso y caminó hacia la sala, encontrándose con esa niña nueva entre los brazos de la bruja que acariciaba su cuerpo como si fuese una mascota y algo que no esperó ver en la cara desinteresada de esa elfa, una sonrisa, estaba contenta, estaba disfrutando de ese momento.



      - Muy mal Pixie, muy mal, Eclipse me contó que otra vez intentarás escapar. - Dijo la bruja sorprendiendo a la niña.


      - ¿Qué? Yo no dije eso. -


      - ¿Sabes porque no puedes escapar de mí? ¿Por qué cada ser viviente fuera de mi mansión se aprovecha de ti? Porqué soy yo… Cada hoja, cada insecto, incluso el viento alrededor, son extensiones de mi magia… Por más que intentes huir, no lograrás más que agotarte… Aunque te invito a que sigas, es divertido jugar a las escondidas… Y es más divertido cuando te encuentro. -



      Pixie sintió ganas de orinar al recordar todos los ultrajes a los que fue sometida cada vez que huía, no comprendía bien lo que decía esa bruja, pero si una cosa, Eclipse no parecía entender lo mala que era Hecate, tenia que convencerla primero de ayudarla, sólo así podrían escapar. En la noche, aunque sabía de antemano que la bruja sabía de sus intenciones, la niña se escabulló entre la mansión para de nuevo tratar de huir, pensó llevarse a la elfa pero no estaba en el cuarto así que lo más seguro era que la bruja la tenía en su alcoba, si lograba escapar, buscaría a la policía o a los militares, cualquier persona que pudiera rescatar a esa morena.
      Con mucha paciencia, la pequeña caminó evitando hacer ruido, recordaba cada cosa posible que pudiera detenerla, dejó carnada para los lobos, sabía que camino no había enredaderas, había practicado agacharse de las polillas, murciélagos, traía campanillas que aturdían a los duendes, ese día sería el perfecto para escapar. Pixie se las arregló para ir más lejos que antes, creía que por fin encontraría el final de ese bosque, pero cuando lograba ver algo de luz en su camino, sintió que algo le daba una tacleada que la tiraba a la tierra. La niña estaba desorientada por el impacto, sentía que alguien la jalaba de las piernas y se las iba separando, cuando pudo ver bien se dio cuenta que era Eclipse y que esa chiquilla poseía un gordo pene similar al de la bruja.



      - ¿Qué haces? !Suéltame! - Gritó Pixie tratando de arrastrarse, pero Eclipse le soltó un puñetazo en el estómago sacándole el aliento.


      - La señorita me dijo que te castigara. -


      - !No, no debes hacerle caso, ella es… !No, sácalo, sácalo! -



      Pixie empezó a gritar y llorar al sentir como Eclipse metía de golpe aquel miembro en su vagina pequeña, empezando a penetrarla rápidamente, ella intentó defenderse pero esa niña era más fuerte y de un puñetazo en la cara la dejó noqueada, sin que eso detuviera su acción. De las sombras de un enorme árbol, Hecate emergió y caminó lentamente hacía esas niñas, sonriendo al ver que su nueva adquisición era lo que Pixie necesitaba, alguien de quien aprender a ser una buena muñeca.



      - Bien hecho, Eclipse… -


      - ¿Cuánto será el tiempo que la castigue? - Preguntó Eclipse sin dejar de violar a Pixie que estaba fuera de combate.


      - La noche apenas empieza, diviérteme. -


      Hecate se sentó sobre las grandes raíces de ese árbol, sonriendo al ver a esa niña elfa embistiendo con salvajismo a su linda albina, sin dudas Kelpie le había dado un maravilloso obsequio, no sólo era una exquisita amante, Eclipse estaba destinada a ser una grandiosa aprendiz y al parecer, ya estaba aprendiendo a como someter a las “niñas malas”.

    • - Todo en orden por acá… Cambio y fuera. -


      - Por acá también. -


      - Dicen que han estado viendo a una mujer sospechosa, viste de color negro y su cabello está teñido de azul con blanco. -


      - Aún es muy pronto para Halloween. -


      - No está mal saber que está haciendo, cambio. -


      - Serena, no tienes que ser tan formal. -


      - No podemos relajarnos, no en estas fechas, mantengan el canal informado en caso de algo fuera de lugar, cambio y fuera. -







      Una pequeña radiotransmisora era escondida en el bolsillo de una policía que patrullaba las cercanías de un gran parque ecológico, tomaba nota de la hora de la revisión y caminaba hacía donde estaba su patrulla para sacar su vaso térmico y tomar un buen trago de café para mantenerse despierta, ya eran cinco días que hacía guardia en esas inmediaciones junto a otros compañeros de la unidad de búsqueda y rescate, puesto que se buscó por cumplir una promesa que se hizo así misma hace quince años.

      La bella policía anduvo por los caminos de ese parque, bebiendo de su café y bostezando, quería llegar pronto a su departamento y echarse a dormir, pero no podía, se acercaba 31 de Octubre, fecha clave donde solían desaparecer un número considerable de niños de los cuales no se encontraba rastro alguno. Para la mayoría de los integrantes de las fuerzas judiciales, se trataría de la obra de pedófilos aprovechando el momento, pero ella tenía sus propias conclusiones, había pistas de que ese parque había tenido registro de niños desaparecidos desde hacía doscientos años, todos en esa fecha exacta, no podía ser obra de uno sólo, siempre hay gente cuidando en esas fechas y aún así desaparecían, debía haber una explicación lógica para tantos perdidos en dos siglos.

      La judicial se sentó en una banca y dejó su casco para poder tallar sus sienes buscando darse fuerzas para no quedar dormida, no podía fallar, era su quinto año en esa unidad por la que luchó por estar en ella como para ser una más de los tantos policías que tanta desconfianza generaban a la sociedad. La rubia sacó de su otro bolsillo un pequeño marco de plástico donde estaba una foto, en ella estaba el motivo del porque se hizo policía, porqué quiso ese trabajo en especial, hacía quince años, Pixie, una preciosa niña albina y amiga de ella, desapareció el mismo día de su cumpleaños, un 31 de Octubre, sin ninguna pista más que unas pantaletas con su sangre y su oso. El caso lo dejaron sin resolver, la familia de esa niña no soportó la pérdida y terminaron separándose sus padres, de vez en cuando platicaba con el padre pero eso fue hasta que el señor se suicidó, nunca se perdonó no haber estado ahí para proteger a su hija, de la señora no supo más que se fue a Estados Unidos y ahí perdió su contacto.


      Aunque Pixie era tres años menor que ella, dos el día de su cumpleaños, y era compañera de clases de la hermana de esa policía, se hicieron amigas tras compartir tanto tiempo por las visitas frecuentes de esa albina a la casa, era una niña encantadora, tan dulce, tan delicada, tan inocente, que su aspecto y su forma de ser iba de la mano con la idea de una ángel. Perder a tan maravillosa persona y de esa edad, fue lo bastante tenso para ella como para decidir dedicarse a buscarla y evitar que otros niños sufrieran un destino así.





      - Si tan sólo… Hubiera ido por ti. - Pensaba Serena tallando la foto en marcada. - Aún estarías con nosotros. -


      - Lindo día ¿Verdad? -




      La mente de la policía reaccionó al escuchar esa voz escondiendo de golpe la fotografía de su infancia, no se dio cuenta en que momento se puso frente a ella una bella joven de ojos y cabello de un enigmático color entre azul y blanco, de un vestido negro de manga larga que tenía una apariencia de los vestidos de las ferias renacentistas, la belleza de esa extraña chica sorprendió a la guardiana del orden, pero más que eso, la actitud que mostraba al sentarse al lado de ella y estar sonriendo con mucha calma.




      - Te decía que es un buen día. -


      - Algo. -


      - Inglaterra es un país hermoso por tantas lluvias que tenemos, siempre me ha gustado su clima sobre todos los demás donde he estado. - Habló esa mujer sin dejar de sonreír amigablemente a la policía que se sentía extrañada por esa persona al darse cuenta de su apariencia.


      - Señorita ¿Puedo saber porqué está vistiendo así? -


      - Este vestido siempre se me ha hecho cómodo. -


      - Me refiero a que aún no es noche de brujas. - Dijo Serena parándose para quedar frente a esa rara chica.


      - No tiene que serlo para vestir como una quiera ¿No lo crees? -


      - ¿Puedes mostrarme una identificación por favor? -


      - Lo siento pero no tengo una identificación a la mano, no las necesito. -
      É

      - Señorita, tendré que detenerla en calidad de sospechosa. -


      - Que graciosos pueden ser ustedes, no he hecho nada aún y ya me están juzgando – Rio esa mujer sorprendiendo a la policía al incluir en ese comentario un “aún”.




      Serena trató de sacar su radio pero se quedó extrañada al no encontrarlo por ninguno de sus bolsillos, no creía haberlo tirado atrás, era un objeto con suficiente peso como para hacer ruido al caer, no obstante, la cara de la policía fue de incredulidad al ver que esa mujer tronaba sus dedos y hacía aparecer su radio en la mano.




      - No necesitas hablarle a nadie Serena, solamente estoy saludando. -


      - ¿Cómo sabes mi nombre? -


      - Porque te conozco desde hace tiempo. - Habló esa peliazul que tronaba sus dedos para tener en sus manos un termo similar al de la policía, empezando a beber algo de café. - No sé como pueden llamarle a esto café, pero al menos sabe mejor que el té que ustedes embolsan. -


      - ¿Cómo haces eso? ¿Eres un mago? -


      - Por favor, más respeto, no me llames como si fuera una farsante como lo son los magos. -



      Serena trató de buscar su arma al sentir un gran peligro, esa joven era bastante alta y de complexión delgada, se veía que era amigable pero no dejaba de causar una impresión enorme, como si lo más sensato era escapar de ahí y al mismo tiempo sentía que no lo lograría.





      - Te he estudiado por tanto tiempo, sin dudas serías una gran aprendiz. -


      - !Ponga las manos en la nuca! - Dijo Serena sacando su arma para apuntarle a esa mujer que solamente se reía por la acción.


      - Quién diría que esa adolescente tan seria y callada que eras ahora se anima a apuntar a una persona con esa arma tan peligrosa. -


      - No hables como si me conocieras !Pon las manos en la nuca y responde! ¿Quién eres y que estás haciendo aquí? -


      - Eres bastante arisca, pero eso me agrada, solamente quería decirte que creo que ya estás lista para liberarte. -


      - ¿Liberarme? -


      - Y también debería de agradecerte. - Comentó Hecate sonriéndole a la policía. - Me alegra que no hayas tocado más allá a Pixie, fue tan delicioso desvirgarla, aunque a mi lado eso no importa mucho, es como si fuera virgen cada vez que yo lo desee. -


      - Pixie… !Tú! -



      La teniente miró furiosa a esa mujer y sostuvo con más firmeza su arma, no tenía sentido, si habían pasado quince años desde la desaparición de Pixie, esa joven a lo mucho debería de haber tenido unos cuatro o cinco años, pues su apariencia de tener al menos unos veinte años era suficiente evidencia para dudarlo, pero había un detalle en específico, lo que mencionó sobre Pixie.




      - ¿Dónde tienes a Pixie? ¿Qué hiciste con ella? -


      - Mi pequeña Pixie está en casa y simple, hice lo que tú quisiste hacerle todo el tiempo. -


      - ¿De qué carajo estás hablando? -


      - Dime Serena ¿Le contaste a alguien sobre tus gustos? - Preguntó la peliazul mostrando una mirada amigable y al mismo tiempo intensa. - ¿Tu hermana o tus papás sabían que tocabas a Pixie cuando se quedaba a dormir? -




      Serena se quedó paralizada por ese comentario, nadie debería de saber el secreto que ella guardaba, sus preferencias sexuales, tenía cierta afición hacía Pixie desde que la conoció, se sentía atraída hacía su belleza enigmática, al punto en que aprovechaba las pijamadas que hacían su hermana y Pixie para acariciar el cuerpo de la niña, tanto por encima como por áreas más privadas. Nunca pasó de las caricias y besos por su cuerpo, pero se suponía que nunca dejé registro o le narró a alguien lo sucedido, porque sabía que estaba de por medio su trabajo y su libertad.





      - Siempre creí que tenías potencial para ser una de mis aprendices. -


      - !Pon las manos en la cabeza y dime donde tienes a Pixie! -


      - Ya lo sabrás en su momento… -


      - ¿Quién mierda eres y como sabes eso de mí? -


      - ¿Crees que no iba a estar al tanto de lo que pasara alrededor de mi preciosa presa, si supieras lo deliciosa que es su piel y su aroma. - Dijo Hecate sonriéndole con cierta malicia, cosa que provocó más a la policía.


      - !Entregate o dispararé! -


      - La noche del 31 de octubre, yo te presentaré personalmente aquello que siempre soñaste pero no lo lograste, te daré la oportunidad de liberarte, Serena. -


      -!Qué me digas donde está Pixie! -


      - Espera a la fecha Serena, si fuiste tan paciente para tocar a esa niña sin que se enteraran podrás esperar una noche más para que sepas de que estoy hablando. -


      - !Te lo dije! - Exclamó Serena presionando el barril del arma en el pecho de la peliazul que solamente se reía.


      - Nos vemos, no olvides presentarte, si es que quieres ver la verdad de todo esto. -


      - !Dime donde está en este preciso momento! -


      - Hecate… Mi nombre es Hecate… Y te invito a abrir tus alas, Serena. -




      La policía empezó a tallarse los ojos al quedar con cara de estupefacta pues esa persona estaba desvaneciéndose frente a ella, perdiéndose en un segundo como si nunca hubiera estado. Serena no entendía nada de la presencia de esa mujer, era como si se no estuviera ahí presente, como si nunca hubiera existido, quedando en esa banca solamente la radio y el casco.



      - !Serena, Serena! - Se habló una voz fuerte en la radio, siendo tomada a prisa por la policía. - ¿Donde has estado? -


      - No me he movido de mi puesto. -


      - Tenemos dos horas sin que te reportes. -


      - ¿Dos? Pero si mi reloj está…. -



      Serena estaba más y más confundida por lo que pasaba, el reloj de su pulsera y de su celular estaban con dos horas de atraso, la presencia de esa mujer había detenido el tiempo para ellas y nunca se percató de ello ¿Quién es Hecate y como pudo descubrir el mayor de sus secretos?



      - Creo que falla mi radio. - Respondió Serena pensando en un momento en no hablar nada de lo que pasó, pero era mejor arriesgarse ahora que sabían donde estaba. - Capitán, tengo un reporte que hacer.

    • - ¿Qué novedades tienes Dalton? -


      -Ni un dato. -


      - ¿Nada? -


      - Nada, no existe registro de alguien llamada Hecate y tampoco con el físico que describes, lo siento. -


      - Está bien, si encuentras algo me avisas. - Susurró Serena en el celular colgando al ver que una bibliotecaria le hacía señas de bajar la voz.



      La policía presionó un poco sus sienes al quitarse los lentes, estaba cansada de no tener nada sobre esa misteriosa mujer, ni siquiera una cámara pudo captarla en ese restaurante, lo único que tenía era su nombre y eso mismo la llevó a la biblioteca británica para investigar sobre Hecate, ya que siempre consideró que los libros eran más fiables que el internet. Lo extraño de todo esto es que la investigación se encaminaba al ocultismo y la mitología griega, pues Hecate aparecía en ambos temarios como una deidad, sería una tontería todo eso.



      - Esto es estúpido. -


      - No pensé que tendrías tanto interés en mi. -



      Serena reaccionó al escuchar esa voz y mirar que a su lado estaba sentada esa joven de cabello blanquiazul, que vestía igual que una de las bibliotecarias, ella tenía una taza de café en mano y ofrecía otra a la rubia que le miró con intriga ante tal oferta, por lo que Hecate tomó la taza y dio un sorbo para demostrarle que no tenía nada.



      - Eres una mujer muy curiosa, si querías saber más de mí pudiste preguntarme en ese momento. -


      - Lo hice. -


      - ¿En serio? Tal vez no noté tanto interés de tu parte como ahora. - Sonrió Hecate bebiendo de su taza mientras veía los libros que leyó Serena. - Tantas tonterías que hay ahí. -


      - ¿Por qué elegiste ese seudónimo? ¿Quién eres en verdad y donde tienes a Pixie? -


      - Vamos por partes, te dije que el día 31 lo sabrías y de lo primero, no es un seudónimo, así me llamó mi padre, Zeus. -


      - ¿Cuánto tiempo más vas a seguir con esos nombres? ¿Acaso es una clave para tu red de pedófilos? -


      - Shh… No digas esa palabra, no por ser mala, para mí no debería de existir, una mujer es una mujer desde que su esencia lo dicta. - Susurró la peliazul apretando suavemente los labios de Serena quien sentía que su cuerpo no podía moverse. - No debes de decirla porque no te va, linda, después de todo, sabes lo que es el desear una carne tan fresca. -


      - No me toques. -


      - Todo esto que lees no te sirve de nada si quieres saber de mí. - Dijo Hecate tronando sus dedos, incinerando al instante aquellos libros sin que nada más se encendiera. - Mi historia no existe, porque las personas en su necedad de creer en un todo poderoso se olvidaron de que no puede existir uno sin el cero, no puede haber un pilar que sostenga todo, debe de haber balance y actualmente yo soy ese balance. -


      - ¿De qué estupideces estás hablando? -


      - No es estupidez, después de todo, soy yo quien sigo aquí y todos ellos dejaron de existir. -


      - Necesitas ir a un maldito manicomio. -


      - Ya he visitado algunos en busca de promesas pero ninguna como tú. - Comentó la joven sonriendo a la policía. -De seguro que en esos libros leíste que yo era una hija de titanes y que fui condenada a vivir en el averno, pero eso es una gran mentira, como te dije, soy hija de Zeus, ese hombre siempre fue débil a las mujeres, incluso a las titanes, no fue para él difícil poseer a mi madre, Asteria. -




      Serena volteó a otro lado tratando de ignorar a Hecate pero al hacerlo esa chica estaba ahora en ese costado, miró al frente y ahí apareció, era como si estuviera por todos lados, por lo que no tuvo opción más que prestarle atención.



      - No me gusta que me ignoren mientras cuento algo tan íntimo de mí. -


      - Lo que tu dices son puras mentiras. -


      - Tal vez, eso depende de que quieras creer. - Rio Hecate mientras bebía de su taza de café. - Mi padre aunque me trataba como una hija de verdad, siempre noté que no era un trato tan amoroso como se lo daba a mis hermanas, claro que sus virtudes eran más atractivas que la que yo poseía, mi querida hermana Atenea, siempre virgen y siempre pura representando la castidad y la bondad, mi bella hermana Afrodita, bella como nadie según los dioses, dueña de la virtud del amor y el deseo.-


      - No sé que droga has de consumir para inventar tanta locura. -


      - ¿El sexo cuenta? ….Aunque aquí entre nos, te diré algo. - Susurró la peliazul riéndose al acercarse al oído de Serena. - Ellas me envidiaban, pues mi virtud era la más fuerte de todas, incluso que mi padre… Después de todo, nada es más poderoso que la lujuria. -



      Hecate se paró y caminó alrededor de la mesa hasta quedar al lado de Serena quien no podía moverse, esa joven se sentó en el borde y se deslizó un poco para quedar frente a la policía, esa peliazul sonrió de forma erótica y abrió sus piernas lentamente al mismo tiempo que subía su falda dejándole ver a la judicial su vagina blanca, de aspecto juvenil, con algunos vellos del mismo cabello que esa chica dando clara señal de que no era cabello teñido.



      - Nunca me importó ser venerada como los demás dioses, tampoco que ellos me vieran como una, pero si detestaba que me juzgaran por mi forma de pensar, si mi padre fue un lujurioso y deseoso de la mujer, era normal que yo también me sintiera atraída por ellas ¿No crees? En especial por las ninfas, lo más triste de todos es que ellas fueron desapareciendo, pero lo más cercana a ellas son las niñas, por eso son encantadoras. - Sonrió Hecate colocando sus piernas sobre los hombros de Serena y jaló su cabello para acercarla a su zona intima.


      - !Quítate de encima! -


      - Mi padre no soportó que pudiera enamorar y ser mejor amante que él para las mujeres que me gustaran, pero no fue por eso que me expulsó del Olimpo. -


      - !Aléjate, maldita enferma! -


      - Sh.. Hazlo, no quieras engañar a una diosa. - Susurró la bruja abrazando la cabeza de Serena, mordiendo sus labios al sentir el aliento de esa chica en su área más privada. - Zeus no me perdonó haber violado a mi bella hermana, no iba a dejar que cualquiera disfrutara de su virginidad más que yo, tampoco me perdonó llevar a que Afrodita se suicidara al enfrentarse a la realidad de que yo era más bella que ella. -


      - !No puedo respirar! -


      - Nunca lo comprendí, yo era la que más se parecía a él y me odiaba, pero al final, yo estoy aquí y ellos fueron olvidados, mientras las personas siguen venerando dioses falsos, mis niñas me adoran, mis discípulas que abren sus alas a la lujuria descubren lo que es ser felices y libres de verdad, su adoración es lo más valioso para mí, porque me hizo entender que nací para liberarlas, para hacerlas volar, como lo haré contigo. -




      Hecate soltó a Serena quien se separó de ella teniendo la cara empapada, las mieles de esa mujer tenían aroma a duraznos en almibar, por más dulce que le supiera en sus labios sabía que no debía de tentarse, no por una lunática que hablaba de dioses y pecados.


      - ¿No quieres ser mi aprendiz? ¿Ser libre? Una bruja no es tan mala como la pintan, no es una palabra que me guste pero a mis niñas parece que las hace sentirse unidas, tener una identidad así que permití que la usaran entre ellas. -


      - !Tú necesitas estar encerrada! - Gritó Serena levantándose de su silla para sacar su teléfono y marcar. - !Dalton, necesito apoyo en la biblioteca británica y llama a la clínica mental más cercana que… -


      - Oh… Lo siento, Dalton no puede responder. -





      La cara de la policía era de total incredulidad, la voz que le respondía era la de Hecate, que estaba a su lado sin dejar de sonreír, volvió a marcar y escuchaba el mismo mensaje, marcó a su departamento policíaco y era la misma voz, a donde marcara siempre estaba la voz de esa mujer diciéndole que nadie más podía responder.





      - Pones caras muy graciosas, me recuerdas a Atenea cuando le robaba besos o me metía a nadar junto a ella para tocarla. - Rio Hecate mientras Serena sacaba su pistola para apuntarle a esa mujer. - ¿Segura de sacar ese juguete aquí? -


      - Las manos atrás de la espalda. -


      - Ya nos divertimos por mucho tiempo, pero Pixie me espera en la casa. -


      - !Maldita! !Dime donde está o dispararé! -


      - Shhh… No grites, esa es una regla en las bibliotecas ¿O no? -


      - !Déjate de tonterías! ¿Donde tienes a Pixie? -


      - Si quieres verla, eres bienvenida a nuestra fiesta, después de todo, que sería la noche de brujas sin ellas ¿No lo crees? -





      Hecate tronó sus dedos y en cuanto Serena parpadeó, esa mujer desapareció, no había rastros de su presencia y se encontró a solas con su arma apuntando a la nada. El grito de las bibliotecarias al ver la pistola hicieron que ella la guardara rápidamente y sacara su placa, teniendo que salir pronto de ese lugar. Mientras la policía bajaba por la escalinata de la entrada, metió su mano al bolsillo de su saco para sacar su celular, notando que había algo suave, al sacarlo pudo ver que eran unas pantaletas rosas con unas manchas de sangre, similares a aquellas que estaban como evidencia en el caso de Pixie, esa mujer se estaba burlando de ella, peor aún, presumía su crimen, de una u otra forma, tenía que detenerla.



    • EL DISFRAZ DE LA MARIPOSA




      Alguna vez sonrió cuando estuvo viva, pudo probar lo que era un amor puro en los brazos de su padre, la única persona que la adoró desde que nació, Bianca fue llamada, nacida el 30 de Abril, la noche del Walpurgis, su nombre iba de la mano de su característica más resaltante al nacer, una preciosa bebé albina, el orgullo de un terrateniente de Belfast, cuya casa principal estaba cerca de un risco desde donde veía sus tierras. Para ese señor que no era de tomar en cuenta las creencias populares, su niña era la más bonita del mundo, contrario al pensamiento de su mujer, que pensaba que era un castigo de Dios haber parido a una pálida. Tanto era su aprecio por esa bendición de niña, que procuraba cuidarla, temiendo que alguien del pueblo quisiera lastimarla por su apariencia.
      El tiempo que Bianca compartió con su padre fue lo más lindo que conoció, era la luz de sus ojos, era sorprendente para la gente del pueblo y sus trabajadores la manera tan amorosa que trataba ese hombre a una niña que era señal de mala suerte, más fue creada esta idea al pensar en un posible pacto con el diablo, ya que a sus cinco años, por jugar en los establos recibió una patada de un caballo que le causó una herida profunda en su pecho, a pesar de la sangre que perdió y de la gran cortada que recibió, siguió viva, pero a costa que tener un traumatismo en el tórax que perjudicó su hablado, convirtiéndolo en susurros. Eso no cambió su relación con él, por el contrario, el terrateniente estaba contento de que su hija sobreviviera a tal desgracia, la señal de que Dios la protegía, contrario al pensamiento comunal.
      La madre de esa niña, divergiendo de la opinión de su esposo, detestaba a esa mocosa, el repudio que sentía por ella había causado que él se distanciara de ella, parecía que solamente amaba a esa niña y se olvidaba de sus dos hijos más grandes, era tal el rencor de la mujer que lo impuso en sus hijos, que evitaban a toda costa tratar con Bianca, aunque solían verse obligados a actuar como hermanos a conveniencia cuando su padre los veía. El colmo de los colmos llegó cuando esa mujer escuchó una conversación entre su marido y el capataz, él tenía planeado dejarle todo al hombre que desposara a su hija, se olvidaba de primogénitos y de tener varones en casa, al estúpido que se atreviera a desposar a ese fenómeno de la naturaleza le sería otorgado las grandes riquezas del señor.
      A sus ocho años, Bianca se dio cuenta que la vida era injusta, pues la única persona que la quiso ya no estaría para protegerla, esa pequeña tuvo el horror de ver a su padre colgando de un gran árbol frente a su casa a primeras horas de esa mañana, cuando él le había prometido llevarla a pasear a caballo. Enfermedad de la Luna, alcohol, alguna deuda, o lo que más se rumoró, el Diablo que se lo enloqueció a causa de interactuar con esa albina, sin importar el motivo, ese hombre que tanto la adoraba estaba muerto, dejando a su mujer, a dos hijos, uno de diez y otro de trece, a cargo de todo. La niña luego habría deseado haber muerto junto a su padre.
      Tras los días de luto, la viuda, una gorda llena de odio, tomó de su brazo a su hija a primera hora de la mañana para jalarla hasta las caballerizas, sin que ella pudiera gritar por su problema de voz, Bianca fue encadenada como si fuese una bestia en uno de los cubículos.


      - Mamá. -


      - ¿A quién llamas madre? Engendro del demonio, aquí te vas a quedar desde ahora. - Habló la mujer dejando a su hija entre la tierra y las bestias, apenas escuchando sus susurros. - Es una lastima no disfrutar el escuchar tus gritos, maldita muda. -



      Su madre cumplió sus palabras, desde ese día, pasó frío, calor, lluvia, la comida y el agua le eran servida en recipientes para los animales, sus necesidades eran realizadas en un cubo de madera, obligada a tener que tirarla y lavarla, por su piel sensible se veía forzada a meterse entre el heno para no quemarse al mediodía, pensando día y noche que hizo para que fuese tratada así, por más que se lo preguntaba, la mujer solamente le escupía en la cara y la ignoraba, incluso más que antes. Pero eso no fue lo peor, ojalá hubiera quedado sólo en eso.
      Fue una noche que unas luces le hicieron despertar, había un hombre que ella no conocía acariciándole sus piernas, atrás de él estaba su madre, que le miraba con una sonrisa perversa mientras sostenía un candil.


      - Diviértete. -


      - No sabe cuanto lo haré. -


      - No te olvides, el dinero antes de la mercancía. - Habló la señora mientras el señor sacaba un bolso que lo traía como collar, sacando unas monedas. - Bianca, se útil y entreten al señor. -


      - Ma… Mamá. -


      - Mantenerte aquí cuesta, así que te pondrás a trabajar para darte de comer. -


      - ¿En verdad puedo hacerle de todo? -


      - Claro que sí y si se niega, puedes golpearla. - Dijo la mujer retirándose, dejando con los ojos estrellados a la niña al darse cuenta que su madre la había vendido.


      Las ropas de Bianca fueron arrancadas, la niña sin voz pataleaba al sentir a ese hombre cuarentón, de cuerpo áspero y rostro depravado, tocando su cuerpo infantil, lamiendo sus pezones color crema y sus dedos tocando donde nadie debía hacerlo. Esa noche, fue la primera vez que supo lo que era ser violada, recibir el pene de un desconocido en sus cavidades y en su boca sin que pudiera defenderse, ser penetrada sin ningún pudor, sin consideraciones, ser tratada como un juguete de placer y que lo más doloroso de todo fuera que su madre le puso precio a ese juguete.
      Día y noche Bianca recibía en ese establo hombres dispuestos a manchar su reputación al aprovecharse de una niña, una moneda de cien libras equivalía a descargar su lujuria en el pequeño cuerpo de una albina. Jóvenes, adultos, hasta algunos hombres ya de canas, cualquiera que pagara a esa cruel madre podía disfrutar del cuerpo de su hija, y para siempre tenerla presentable, era bañada a cubos de agua fría por sus hermanos, que se reían al ver los ojos rojos de su hermana demacrándose poco a poco, pensando en que hizo para merecer aquel trato.
      En una ocurrencia de esa gorda al recibir una cuadrilla de trabajadores que llegaron juntos, ofreció un descuento siempre y cuando compartieran a esa menor entre todos. A sus nueve años, ella comprendió lo que era una orgía con ella como protagonista, que su boca, ano y vagina fuesen invadidas al mismo tiempo por los falos de personas sin nombre, que lo mejor para soportar eso era cerrar los ojos o desmayarse al no poder respirar más, pero ni eso servía, siempre que despertaba la sensación era la misma, su cuerpo bañado en esperma y orines.
      No se ponía de pie, sólo gateaba, no hablaba más, nadie la escuchaba, esa cadena la mantenía atrapada y como un animal herido, se movía tímidamente para alimentarse y tomar agua, intentó dejar de hacerlo pues no tenía sentido por tanto maltrato, pero si no lo hacía, sus hermanos la golpeaban por encargo de la madre. Lo más cercano al calor que alguna vez sintió era meterse entre el heno y hacerse bolita, pensando en su querido padre, en que algún milagro llegaba para liberarla de todo eso. Sus ojos iban perdiendo cada día vida, emociones, esperanza.





      Su cumpleaños número diez aún estaba a meses de llegar, el frío de noviembre era insoportable y por necesidad, Bianca se acurrucaba entre las vacas y sus crías para mantenerse calentita, al menos la cadena que tenía le alcanzaba para moverse un poco dentro del establo o sino ya hubiera muerto hacía mucho, justo ese día que marcaba el final del mes, la albina recibió una visita inesperada.


      - !Ven aquí! -


      Bianca fue despertada por un jalón de cabello, sus hermanos estaban empujándola hasta uno de los cubículos, ella gateó rápidamente queriendo esconderse en el heno, el único lugar donde se sentía protegida, pero el más grande, ya con quince años, puso su pie sobre su espalda azotándole en el suelo para sacarle el aliento, mientras el otro de doce, ataba las manos de la albina en la cerca, quedando ella de rodillas con las caderas levantadas, dejando a la vista de sus hermanos su trasero y vagina, que por su mirada ya sabía que iba a pasar.



      - No… !Ustedes son mis hermanos! - Trataba de alzar la voz Bianca sin poder hacerlo por no tener fuerza al hablar, mientras veía a sus hermanos desvestirse.


      - Mamá dijo que el próximo año ya podré ser registrado como el nuevo terrateniente, así que te iré acostumbrando a ser nuestra puta, maldita albina. -


      - !No, por favor, no! -


      - ¿Quieres escapar? -


      - Empieza a morder la cuerda. - Susurró el hermano menor sonriendo al ver la cara de pánico de la niña, que no perdió tiempo en morder la cuerda que ataba sus manos. - Uno… Dos… Tres… -


      - Se acabó el tiempo. -



      Bianca empezó a llorar al sentir el pene de su hermano mayor entrando sin piedad en ella, él hermano menor aplaudía la acción del otro que penetraba torpe y agresivamente a su hermana, quien lloraba y lloraba al sentir que no podía creer que ellos se atrevieran a hacerle eso, prefería seguir siendo tratada como una bestia a ser vista por sus hermanos como su entretenimiento sexual. Cuando el mayor acabó dentro de la albina, pensó que todo se detendría, pero luego sintió otro miembro de golpe en su cavidad femenina, mirando por su hombro al menor. La niña trataba de cerrar sus ojos, de creer que era otra pesadilla de las tantas que ya tenía acumuladas en su cabeza, pero los jalones de cabello, sus pezones pellizcados y nalgadas que le brindaban sus hermanos la traían a la realidad, una realidad donde su cuerpo era sujetado por ellos levantándola del suelo para perforarla doblemente y correrse dentro de ella sin importarles que se trataba de su hermanita.



      - Te gustaba montar a caballo con papá ¿Verdad? !Entonces no pares, monta, monta! - Gritaba el hermano mayor al estar recostado, sujetando las manos de su hermana para forzarla a cabalgar su miembro.


      - Ya… Ya No… -


      - De segura ya eres una experta en esto, puta. - Dijo el otro abrazando la cabeza de la pequeña para follar su boca.



      Bianca quedó temblando, con sus ojos en shock, en el suelo con sus manos recargadas contra las tablas donde seguía atada, sus piernas estaban abiertas dejando ver un hilo de sangre, semen y orina fluyendo de sus cavidades, sus labios se entreabrían al dejar salir por la comisura de sus labios el esperma que no logró tragar. Las últimas lágrimas de sus ojos rojos se fueron derramando al sentir el líquido caliente de sus hermanos siendo derramado en su cara, no les había bastado con violarla, se aseguraban de que quedara impregnada de ellos, recordarle que no era más que una esclava para la familia.



      - Así no pasarás frío, jaja… - Río el hermano mayor al acabar de masturbarse, sacudiendo su pene flácido en las mejillas de su hermanita.


      - Nos vamos a divertir mucho, Bianca, no te preocupes, nosotros cuidaremos de ti. -


      - Pero ya sabes, tienes que poner de tu parte, mantenerte es costoso, así que serás la mejor puta para que puedas comer. -



      Los hermanos se vistieron y dejaron a la niña así, desnuda, ultrajada, bañada en fluidos, con los ojos destrozados y cansados de llorar, sin esperanzas, sin fuerzas, cayendo de costado en la tierra con la mirada fija en las polillas que revoloteaban sobre el excremento de las vacas y caballos, deseando ser como ellas, poder volar y escapar de ahí.



      - Quiero… Salir… Quiero … Salir… Quiero salir. -


      - ¿Quieres salir? - Susurró una voz de forma muy lenta y en un tono suave. - Mi pequeña mariposa de la noche. -


      - Si… -


      - ¿A cualquier costo? -


      - Si… - Murmuraba Bianca escuchando esa voz sin saber de donde venía, no le importaba, quería escapar.


      - Pero no puedes escapar, aún tienes alas de hierro y un antifaz que no te permiten volar… -


      - ¿Qué debo … Ha… Ha… -


      - Quítate el antifaz para que veas tu verdadero yo, tú no eres un gusano al que pisoteen a su gusto, eres una mariposa, mi linda mariposa. -


      - Si tan… Si tan sólo muriera… Estaría con… Papá. - Hablaba la niña en un tono bajo, cerrando los ojos lentamente. - Si él… Si él estuviera vivo nada de esto pasaría… Él me hubiera prote… -


      La respiración de la pequeña se iba calmando poco a poco al borde de dormir, pero una idea invadió su mente, algo que le hizo abrir los ojos de repente y comprenderlo, si su padre estuviera vivo nada de eso sufriría, ellos nunca la lastimarían porque era todo para él, solamente con su ausencia aquel infierno se desataría sobre ella.



      - Por fin te quitas el antifaz. -



      La albina se levantaba poco a poco apoyándose de la cerca del cubículo, ahora entendía a esa voz que la llamaba en el viento, todo este tiempo se había pasado lamentando lo que le pasaba y no se dio cuenta de lo que hicieron, esa gorda avariciosa le arrebató la única persona que la quería, su protector, su padre nunca se hubiera quitado la vida cuando le prometió estar a su lado toda la vida, solamente una persona deseosa de tener todo lo que ese hombre tenía sería capaz de desearlo muerto, así como una mujer que disfrutaría de maltratar a la niña que siempre dijo haberle quitado el amor de padre a sus hermanos.
      Un sentimiento siniestro emergía en el corazón apagado de Bianca, venganza, venganza, sólo pensaba en venganza, no por ella, sino por él, por una persona que no merecía esa traición de parte de la mujer que debía amarlo ante las leyes de Dios, Dios que no existía, que permitió tanta atrocidad recibida por una niña que no tenía la culpa de nacer así.
      Esos adolescentes cometieron un error al irse sin confirmar que las cadenas de su hermana habían sido puestas, lo único que la detenía eran las cuerdas que quemaban su piel. Con la fuerza que le daba la rabia empezó a morder la soga, aunque le dolían las encías por los filamentos, no se detuvo hasta lograr romperla.



      - ¿Qué harás mi pequeña mariposa ahora que saliste de tu crisálida? -



      Bianca se sostuvo con las manos de la puerta del establo, podía salir corriendo lo más que pudiera, alejarse de ese lugar, pero no podía retirarse sin hacer lo que tanto deseaba, estaba harta, harta de su madre, de sus hermanos, de la vida, no habría clemencia así como no lo hubo para ella cuando gritaba sin voz. Ya estaba decidido, sin importar que le pasara, haría que todas esas lágrimas derramadas tuvieran valor, más valor que las monedas por las que vendieron su cuerpo.
      Después de casi dos años, la albina volvía a poner pie en su casa, su caminar era pesado pero firme, arrastraba un buen tramo de cuerda enredado en uno de sus brazos pensando en cobrarse la última fechoría de sus hermanos, si sus recuerdos no le mentían encontraría a la obesa de su madre leyendo en la sala, pero no sería el primer punto a llegar, sus pasos la llevaron a la cocina, abrió el cajón y tomó el cuchillo más grande que encontró y se dio vuelta hacía el gran salón.
      El sofá que daba hacía el frente de la chimenea estaba bien posicionado para recibir la mejor luz de lectura, pero dejaba la espalda descuidada a quien estuviera sentado, un error que nunca tomó en cuenta esa mujer. La albina jaló con todas sus fuerzas el cabello de su madre y pasó de tajo el filo entero del cuchillo por la garganta de la mujer, quien cayó al suelo arrastrándose en el charco de sangre, sin poder gritar por el líquido rojo que brotaba por su boca, nariz y cuello, viendo a su hija parada a su lado.


      - - Es una lastima no disfrutar el escuchar tus gritos, maldita muda. - Habló con su voz frágil la niña viendo como la mujer estiraba su brazo y trataba de hablar hasta el último segundo de su vida.



      La albina sintió como si una brisa frotara su cuerpecito desnudo, se sentía tan bien hacerlo, pero no quería que acabara así, se subió al cuerpo de la gorda de su madre y empezó a apuñalarlo, su cara, sus pechos, su vientre, todo, una apuñalada por cada vez que la penetraron, por cada hombre que abusó de ella, por lo que la cuenta se perdió. La piel y cabello blanco de Bianca se había teñido de rojo, un color que le iba a juego con sus ojos ojerosos, ojos que tornaron su mirada hacía la pared de la sala, viendo colgado el mosquete que usó su padre para la cacería. La niña bajó el arma y la abrazó como si fuese un mensaje de él, la cargó recordando como él lo hacía, besó el cañón y frotó su mejilla en él, agradeciendo su compañía.
      La primera puerta del segundo piso se abrió y un golpe potente en la cabeza de un chico llegó como primer mensaje de que algo andaba mal en el hogar, el adolescente iba a gritar por el sangrado de su oreja pero su cara y voz quedaron silenciadas al ver que su hermana menor le apuntaba con esa arma.


      - Levántate con las manos arriba… - Habló Bianca mirando fríamente a su hermano del medio, quien se había orinado del miedo. - Rápido. -


      Bianca guió a su hermano hacía el cuarto del mayor, con la carabina detrás de su espalda, con su voz de susurros le ordenó abrir la puerta sin hacer ruido para no despertar al durmiente, ya al estar dentro, la niña dejó caer la soga que traía entre su brazo y sujetó con firmeza el mosquete que apuntaba al chico.



      - Ata sus manos al respaldo. -


      - ¿Por qué haces esto? - Preguntaba el chiquillo sintiéndose impotente al escuchar el pedernal moverse al ser presionado un poco el gatillo.



      El joven obedeció y empezó a atar a su hermano rápidamente temiendo que esa niña con mirada de muerte disparara, el movimiento hizo que el mayor se despertara y antes de gritar el mediano le dijo que no con la cabeza, observando que Bianca les estaba apuntando con esa arma y su cuerpo albino estaba bañado de sangre.



      - Bájale los pantalones. -


      - ¿Qué? -


      - Bájale los pantalones. - Murmuró Bianca mientras el menor la obedecía sin dejar de temer por que saliera un disparo.


      - !No seas idiota, suéltame, ahorita le daremos su merecido a esta puta! -


      - Ahora bájate los tuyos. -


      - !Deja de estar jugando, Bianca! !Lo sentimos, en serio! -


      - Bájate los pantalones. - Ordenó la albina viendo como su hermano del medio quedaba sólo con la camisa, enseñando su pene flácido. - Súbete a él. -


      - !No estés jodiendo, quítale el arma, rápido, quitásela! -


      - Hazlo o te dispararé primero a ti. -


      - Está bien, es… Está bien… Pero… No dispares… !Lo siento, Bianca, yo sólo hacía lo que ellos me decían! -


      - !Cállate, tú me contaste lo que hacían con ella en el establo! -



      El hermano mediano se sentó en el vientre del mayor, ambos se miraban con lágrimas en los ojos y con miedo, tenían miedo de una niña de diez años, pero sabían bien porque, no sólo callaron todo el maltrato que ella tuvo que pasar, abusaron de ella, de su propia hermana, demostrando la escoria de personas que eran. Los chicos temblaban al no saber que iba a pasar, tal vez los mataría rápido, tal vez ellos se armarían de valor y la detendrían, pero esos ojos rojos les causaban tanto pavor que evitaban provocarla más.



      - Toma su pene y mételo en tu trasero… Monta, monta, monta. - Habló Bianca viendo como el más chico de los hermanos no tenía opción.


      - !No lo hagas idiota! -


      - ¿Qué quieres que haga? !Si no lo hago me va a matar! -



      La pequeña vengadora veía como el hermano del medio empezaba a montar al mayor, veía claramente con ayuda de la luz de la luna como la polla del quinceañero se abría paso entre los glúteos del otro chico, quien lloraba por la vergüenza y el dolor de estar siendo penetrado por su propio hermano, mientras el otro le gritaba que se detuviera, que no lo hiciera, pues empezaba a sentir su pene ponerse erecto por la fricción.



      - Más rápido, más rápido. -


      - !Ya, Bianca, perdónanos! - Gritó el mediano llorando al acelerar el movimiento de sus caderas, sintiendo el desgarre anal al ser más profunda la penetración por la erección de su hermano.


      - !Detente idiota! !Maldita pálida, te juro que te mataré! -


      - Más rápido, más rápido. -


      - !Espera, no lo hagas! !Me voy a … -



      El mayor soltó un llanto parecido al de un niño pequeño al correrse dentro de los intestinos de su hermano, que tapaba su rostro al sentirse la mayor escoria, la mayor deshonra a su hombría, pero no era suficiente, Bianca no se sentía a gusto aún, en sus ojos llenos de soledad no había una visión donde se sintiera satisfecha de lo que ocurría, esto aún no podía acabar.



      - Tú… Moja su cara. -


      - Ya no más… Hermanita, por fa… - Titubeó el hermano más chico al ver por su hombro a su hermana, pero los ojos de ella le hicieron ver, esa no era la niña que conoció, era como si algo macabro estuviera detrás de su figura pequeña.


      - Te voy a matar… !Y a ti también estúpido! -


      - Perdóname… !Yo quiero vivir! - Gritó el chiquillo acercando su pene al rostro de su hermano, masturbándose frenéticamente para correrse en su rostro.


      - Así no pasarás frío. -


      - !LOS ODIO! !Te juro que los voy a matar! !A ti maricón y a ti maldito engendro! -


      - Perdó… Perdó… Bianca… Perdo… -



      Un disparo retumbó en la habitación, el mayor de los tres quedó callado y sus ojos se dilataron al ver como la cabeza de su hermano se había fragmentado, siendo bañado por su sangre al caer el cuerpo sobre él, su llanto cesó por el pánico de ser testigo de como esa niña acababa de matar a sangre fría.



      - !Estás loca! !Mataste a nuestro hermano! - Gritó el chico al estar consciente, tratando de soltarse de las ataduras.



      Bianca caminó hacía la cama y jaló el cuerpo del fallecido tirándolo al suelo, el mayor pensó que había visto todo pero sus ojos se quebraron al ver como la niña gateó y empezó a chupar el pene de su hermano muerto, para luego masticarlo y arrancarlo con sus dientitos, ella estaba devorando su miembro y sus testículos, como una bestia, una que mantuvieron encerrada y la hicieron despertar.



      - !Eres un monstruo! -


      - Lo sé… Fue lo que siempre me dijo mi mamá. - Susurró la niña limpiando sus labios al levantarse y salir del cuarto.



      El chico quedó acompañado de un enorme silencio, pensó que Bianca ya había terminado con su venganza, que él se libraría de su furia, pero al pasar de los minutos se dio cuenta que estaba regresando, por el sonido de algo metálico golpeando el piso. La figura de esa niña albina apareció, arrastraba una soga y una polea con un gancho de hierro, instrumento que tenían en el establo cuando necesitaban arrastrar las pacas de heno.



      - ¿Qué ha...Ha…. Haces? - Titubeaba el joven al ver a Bianca abriendo la ventana al lado de la cama.


      - Nos vamos a divertir mucho. -



      La albina ató el dorso del cadáver a la polea, paró el cuerpo contra la ventana a medio salir y pasó la soga alrededor de la cabeza de su hermano, picando sus ojos para obligarle a gritar y colocar la cuerda entre sus dientes, para luego jalar el gancho hasta la entrepierna del chico y hacerlo retorcer de miedo al sentir la punta de ese instrumento introduciéndose en su ano.



      - Empieza a morder la cuerda. - Dijo Bianca asustando a su hermano al ver que ella empujaba el cadáver por la ventana.


      - !No, no! -


      - Uno… Dos… -


      - !NO! - Gritaba el muchacho mordiendo la soga lo más rápido que podía, pero los ojos rojos y ojerosos de esa niña le decían que ya no había escapatoria.


      - Se acabó el tiempo. -



      El cadáver de la ventana fue despedido hacía el exterior, jalando la soga con potencia, aquel gancho trozó el área genital del preso y atravesó los intestinos y vientre antes de quedar atorado en los huesos de la cadera que terminaron cediendo, tronando en cuestión de segundos por el peso, pero el mayor de los hermanos no tendría tiempo para sufrir tales heridas, pues su mandíbula fue reventada por la fricción de la soga quedando su cara partida en dos partes. Por fin, había todo acabado, pero algo faltaba, no se sentía libre todavía, la vida ahora le pesaba porque no encontraba un motivo a todo lo vivido.


      - Dicen que morir es como soñar, deseas vivir pero no despertar. - Dijo esa voz en su cabeza mientras la niña empezaba a caminar hacia afuera del cuarto. - Pero ¿Qué si tu vida ha sido una pesadilla? ¿No sería mejor despertar? -


      - Quiero… Despertar… Quiero despertar. -


      - Entonces, ve y despierta. -



      La albina siguió la voz que le hablaba, salió de la casa y caminó hasta el risco desde donde podía ver todo lo que le perteneció a su padre y que ahora sería tierra de nadie. Bianca volteaba para todos lados, no sabía de donde venía esa dulce voz pero era cálida, amorosa, como si la acariciara al hablar.



      - ¿Qué debo hacer? -


      - Quítate el disfraz de gusano que ellos te pusieron y salta, salta mi mariposa. - Habló esa voz femenina a la niña que miraba frente a ella a unas polillas revoloteando lejos del risco. - No pienses en la caída que te espera, no dudes más… Yo te estaré esperando. -



      Una sonrisa se dibujó en la cara de Bianca, la primera en años, sus paso se convirtió en trote y luego en corrida, corrió, corrió hacía el abismo, quería ser libre, quería despertar, por fin vivir, sin importarle que su cuerpo rebotara contra las piedras y tierra de la caída, quien fuese esa persona que la invitaba a liberarse, ahí estaría esperándola. Cómo era de esperarse, lo que le esperaba a esa albina era la muerte, pero por fin, era libre.
      La mano delgada de una bella mujer de vestido negro y cabello blanquiazul tocó la cabeza de esa niña suicida, ella mostraba unos ojos tristes por esa albina, pero al mismo tiempo una sonrisa tenue en su boca por la decisión que tomó.



      - ¿De qué sirve vivir cuando puedes ver que desde antes que nacer empiezas a morir? - Susurró esa joven mujer acariciando el suave cabello blanco con sangre de Bianca. - Tan bella que eres… Tan blanca, tan pura… Tan maravillosa… -



      La joven de negro cargó en sus brazos el cuerpo de la difunta, caminando lentamente hacía el bosque, se había cumplido el requerimiento necesario para poderla liberar, para que ella dejara su crisálida y pudiera volar.



      - Tu padre era un hombre terrible, despota, como todo terrateniente, tú fuiste una bendición de los últimos suspiros del Olimpo a esta tierra para ser bendecida y para demostrarme que los hombres necesitaban de los dioses, me queda claro que purificaste a tu padre pero… Hay personas que son peores que buitres… Y mira lo que te hicieron… Mi pequeña mariposa. - Hablaba la peliazul que con sus caricias sanaba la carne y huesos destrozados de la niña. - ¿Estás contento Zeus? ¿De qué sirvió tu último aliento? Trajiste a una niña a sufrir… -



      La chica de ropas negras terminaba de reconstruir el cuerpecito de Bianca, pero sus ojos rojos eran la evidencia de que estaba muerta todavía, ella abrió lentamente la mandíbula de la menor con su pulgar, soplando suavemente en su boca, brindándole el aliento de la vida, la primera y única vez que lo haría.



      -Ni el Averno ni el Olimpo te merecen, tu lugar está conmigo... Mi pequeña, por fin despertarás de tu pesadilla, te daré una voz y vivirás, vivirás para mí… -




      Los ojos de Bianca se abrían un poco, sentía su cuerpo molido, no podía hablar por el dolor, pero se sentía bien, el cuerpo de esa chica que le miraba con tanto amor era cálido, una calidez incomparable. Aquella mujer la acurrucó entre sus brazos y acercó su boca a la de la niña, besándola con una delicadeza y dulzura que le provocaba una sensación de paz, el aroma a menta recorría su nariz y garganta, relajando el sufrimiento que padecía.


      - Tu epitafio llevará el nombre de Bianca, dejaremos esa crisálida atrás… Ahora eres mi pequeña mariposa, mi pequeña Kelpie. -


      - ¿Quien… Eres? - Movió sus labios la niña sin tener una voz, entrecerrando sus ojos al sentir como su boquita era lamida y besada cariñosamente por esa chica.


      - Soy Hecate… Felicidades, te has convertido en una mariposa, mi linda mariposa… Por fin has despertado -



      Un suave bostezo sin voz era la señal de que cierta niña albina despertaba, sus ojos rojos miraban un busto mediano de pezón rosa, movió un poco su cabeza encontrándose recostada entre los brazos de una bella joven de cabello albiazul, que le acariciaba la mejilla con una mano y con la otra su espalda. Kelpie abrazó a la reina de las brujas para disfrutar de su cuerpo tibio y su aroma a mente, así como de sus caricias recorriendo su cuerpo desnudo unicamente tapado por una camisa, recordándole la noche que pasaron al ofrecer nuevamente todo su ser a la mujer que la liberó.




      - Buenos días, mi pequeña mariposa. -


      - Buenos días. - Habló Kelpie casi susurrando, sonriendo tenuemente al sentir como Hecate tomaba su rostro para besarla en la boca.


      - ¿Estabas soñando? -


      - Recordando… -


      - ¿Y qué recordabas? - Preguntó la bruja sentando en su vientre a la niña, tomando sus manos y cruzando sus dedos para verla mejor.


      - Cuando me liberaste… Esa noche, estuviste todo el tiempo acompañándome, hasta el último instante. -


      - Yo no te liberé, fuiste tú, tu solita lo hiciste. -


      - No es cierto, sé que tú lo hiciste… - Dijo la albina sin que se escuchara su voz tomando las manos de la albiazul entre sus brazos, frotando su mejilla lentamente en ellas. - ¿Podemos ir al parque? Prometo portarme bien. -


      - Sé que te portas bien, pero te he dicho, solamente tienes un día permitido al año para salir a pasear y es en tu cumpleaños. -


      - Por favor… Prometiste que me harías conocer lo que es un parque acuático. -


      - Si me lo dices con esos ojitos no puedo decirte que no. - Sonrió Hecate sentándose en la cama para poder abrazar a Kelpie que recostó su cabeza en el hombro de la reina. - Pero no le digas a nadie, dirán que te tengo consentida. -


      - No lo diré a nadie… -


      - Le diré a las niñas que se alisten. -


      - No… Vamos solas… - Habló la niña al oído de la bruja quien soltó una risita por esos celos en Kelpie al ver que se separaba un poco de ella. - Ellas te tienen todo el año… -






      - Mi pequeña mariposa, el jardín no sólo es para ti. -


      - Pero soy tu mariposa favorita, tú me lo dijiste. -


      - No puedo contigo cuando te pones así, mi linda Kelpie. -



      Hecate se separó un poco de Kelpie para poder verla a los ojos, esos ojos rojos y ojerosos, paseó una mano por la cicatriz de su vientre, lo único que no quiso retirar por parecerle atractiva, tomó con su mano la cabecita de la niña y la acercó para besarla, jugando con su lengua, en un beso que la llevó a recostarla en la cama y reiniciar las llamas que se apaciguaron en la noche. Kelpie era feliz cuando estaba con esa mujer, porque en sus brazos podía volar.

    • El nuevo 31 de Octubre llegaba y los arreglos para el festejo ya empezaban en Woodhenge, Pixie se sorprendía que con abrir una de las puertas de la mansión ya estaban en aquel lugar que tanto la ponía nerviosa por todo lo que pasaba ahí. Eran quince días que llevaba contado la albina, pero por alguna razón, sentían que eran más, tal vez así se sentía estar bajo cautiverio, sin poder saber cuanto tiempo pasaba fuera.



      - Bien mis pequeñas, estaré algo ocupada, ayuden a sus amigas a arreglar todo. - Dijo Hecate acariciando la cabeza de ambas niñas para luego quitarle la cadena a Eclipse. - Pixie, haz caso a Eclipse, no intentes escapar o ella te castigará. -


      - No lo haré… ¿Puede quitarme la cadena? -


      - La mano. -


      - ¿La mano? -


      - Ábrela. - Dijo Eclipse apretando la muñeca de Pixie, quitándole una llave para dársela a Hecate. - ¿Le pegó? -


      - !No, no me pegues! -


      - Pixie, sé que te gusta jugar a las escondidas pero eso esperaras en la noche, creo que ya estás lista para ayudar en los preparativos. -


      - ¿Eso significa que no me harán nada? - Preguntó la albina quien volteó al escuchar una voz conocida.


      - Significa que por fin te aceptaron como aprendiz ¿Cómo estás Pixie? -


      - Bien, hola Karin, Noa. - Dijo Pixie abrazando a la rubia y a la morena que iban llegando adelante de Yarik.


      - Buenos días, señorita Hecate, felicidades Pixie, Eclipse, no sólo por tu cumpleaños, me alegra que fueran aceptadas como aprendices. -


      - No entiendo ¿Qué significa eso? -


      - Ya luego te lo cuento. - Habló Karin tomando la mano de Pixie y Eclipse. - Nos toca poner las mesas.



      Karin y Noa guiaron a Pixie hacia las grandes mesas que habría para la cena de la noche, ellas tomaron manteles y sillas para ir acomodando todo, Eclipse no tardó en ayudarles en la tarea, siendo la albina la última en ponerse a trabajar. Mientras ponían los manteles, la más inocente del cuarteto se quedaba pensando en lo que dijeron sobre ser aceptada como aprendiz, no sabía de que hablaban así que se acercó a Karin que parecía la que conocía más de todo y le tocó el hombro.



      - Karin, Karin. -


      - No Pixie, no te puedo ayudar a escapar, luego no me darán mesada. -


      - No quería pedirte eso yo… ¿Te dan mesada? - Preguntó Pixie mientras la rubia sonreía al enseñar una bolsita de monedas que cargaba en el cuello.


      - Yarik nos da una mesada si nos portamos bien, podemos comprar más dulces y juguetes con esto, el otro día me compré un Playstation 4. -


      - Karin, dijiste que era de las dos. -


      - ¿Pero quien compró la televisión? - Dijo la rubia dándole un zape a Noa. - El play es más de mi propiedad entonces. -


      - Oh… Yo quería saber… ¿Qué significa que nos aceptaron como aprendices? -


      - ¿No lo sabes? -


      - No. -


      - Pixie nunca hace caso a lo que nos platica la señorita Hecate, es una ingrata al ser elegida para servirle. - Comentó Eclipse terminando de ponerle la funda a los troncos que servirían de sillas.


      - !Ella me secuestró! -


      - Te eligió, cuando una bruja te elige, le perteneces, no existe un antes después de eso, no existías hasta que ella te eligió. -


      – Ella tiene razón Pixie, cuando te elige una bruja no hay vuelta atrás, si te elige como una de sus niñas, significa que te tendrá a su lado por quince años, como su protegida. -


      - ¿Quince años? !Pero sólo han pasado quince días! -


      - El tiempo al lado de una bruja es ambiguo, el tiempo fluye al antojo que ellas quieran. - Hablaba Karin sacando de sus bolsillos unas paletas de chocolate para cada una. - Un día puede ser un año, diez, un segundo, ya luego dejas de preocuparte por eso, aunque fuera de las casas de ellas te darás cuenta el tiempo real que está pasando. -


      - Cuando cumples quince años a su lado, ellas deciden si estás hecha para poder ser una aprendiz de bruja. -


      - ¿Y qué pasa si no eres acta? -


      - Te dejan ir. - Comentó Eclipse haciendo sonreír a Pixie. - Pero la experiencia que compartiste al lado de ellas te dejará loca al abandonar la cordura que tienes al mantenerse a su lado. -


      - No entendí. -


      - Si una bruja te deja ir, estarás loca y es muy probable que te suicides en un par de años. - Respondió Noa mientras comía la paleta. - Yarik me dijo que la otra niña que estuvo antes de mí se lanzó de un puente a la semana que la dejó en su casa. -


      - Qué horror… -


      - Eso les pasa por no ser dignas. -


      - No tiene porque ser así ¿Porqué ellas se llevan a los niños? No les hemos hecho nada. -


      - En realidad, es por algo bueno para el mundo. -


      - ¿Qué? -


      - Sigamos porque si nos ven sin hacer algo nos van a regañar. -



      Karin les señaló con la mano una carpa para que se dirigieran a ella, al entrar vieron que estaba llena de frascos de comida, frutas, carne, verduras, etc. Noa tomó una tabla de apuntes que había en una mesa y tronó sus dedos haciendo aparecer una pluma, cosa que sorprendió a Pixie que miraba si era real o no.




      - Revisemos que nadie halla agarrado un frasco. -


      - ¿Cómo hiciste eso? -


      - Es magia, cuando Yarik me aceptó como su aprendiz, me empezó a dar clases de magia. - Explicó Noa tronando sus dedos para aparecer y hacer desaparecer la pluma. - Aunque no soy tan buena como Karin, ella me lleva mucho de ventaja. -


      - Pero has avanzado, ya puedes manifestar a tu sirviente. -


      - ¿Sirviente? -


      - Cada aprendiz y bruja puede manifestar parte de su magia en forma de un sirviente animal, él mío es un águila. - Contaba la rubia mientras sacaba más dulces para repartir. - Él de Noa es uns mapache. -


      - Oh… -


      - El mío es una pantera negra macho. -


      - ¿Tú tienes uno? - Preguntó Pixie a su compañera de casa que revisaba los frascos.


      - La señorita Hecate me explicó como manifestarlo, por ahora sólo puedo por la noche. -


      - Así es casi siempre hasta que seas más fuerte, yo llevo diez veces el tiempo que ustedes y todavía no logro manifestar mi sirviente en la mañana. -


      - ¿Tú no sabes cual será tu sirviente? -


      - No, no lo sé. -


      - Es un puma hembra blanco, me dijo la señorita Hecate que tú y yo tenemos sirvientes vinculados. - Comentó Eclipse mirando fijamente a la albina que tenía los ojos nerviosos. - Espero que te hagas fuerte pronto. -


      - ¿En verdad? Eso es genial. -


      - ¿Qué son los sirvientes vinculados, Karin? -


      - Es algo que me enseñó la señorita Yarik, cuando dos brujas tienen un vínculo emocional, sea del presente o que tendrán a futuro, tienen sirvientes que se complementan, son pocas las veces que pasa pero significa que serán brujas muy poderosas. -


      - !Felicidades, Eclipse, Pixie! -


      - Sirvientes, vínculo, magia… No entiendo nada. -


      - La magia es una alteración de los elementos, espacio y tiempo a voluntad, es una extensión del poder divino de la señorita Hecate, las brujas tienen como misión extender la magia de la señorita Hecate en todo el mundo, para mantener el hilo de la existencia. -


      - ¿Hilo de la existencia? -


      - El hilo de la existencia es la realidad misma, ese hilo lo teje Hecate día con día, por eso no puede estar al pendiente del mundo. -


      - Las brujas son discípulas de la señorita Hecate, que cuidan que el flujo de la magia en la naturaleza esté en su curso, si hay alteraciones, es su deber actuar para arreglarlo. -


      - Son algo así como guardabosques. - Complementó Karin al comentario de Eclipse viendo que Pixie parecía algo confundida. - ¿No eres muy lista verdad? -


      - No seas grosera Karin, también yo tardé en entenderlo. -


      - Pero si es así ¿Porqué no pide ayuda a la gente? La gente entendería y podrían salvar al mundo. -


      - Ella no confía en los humanos, solamente en sus elegidas y en las niñas que eligen sus discípulas. - Comentó Eclipse a Pixie mientras contaban los frascos. - Los humanos son seres egoístas, pero hay niñas como nosotras que son elegidas por su pureza del alma, perfectas para convertirnos en extensión de su poder. -


      - Sino hicieran eso las brujas, las estaciones se descontrolarían, el clima estaría loco, en fin, todo sería un caos. -


      - Las brujas son necesarias para proteger al mundo, por eso debes de sentirte dichosa de haber sido elegida como una aprendiz. - Dijo Eclipse mirando directamente a los ojos de Pixie quien siempre tenía esa mirada inocente. - No entiendo porque te eligió, no veo nada de potencial en ti. -


      - Porque yo no quiero ser bruja. -


      - Nadie quería al principio pero si lo piensas, es genial ¿O no? Viajas a donde quieras, haces lo que quieras, comes lo que quieras. -


      - Tú sólo piensas en comer. -


      - Cuando Yarik me tomó como suya, vivía en la calle, mi familia era bastante pobre. - Contó Karin sacando un pan de su bolsillo. - Mis padres se murieron en la guerra y ella me dio un hogar cuando había perdido todo, no puedo quejarme. -




      Pixie estaba comprendiendo poco a poco sobre lo que le contaban las niñas, miraba los frascos de duraznos en almibar y las botellas de vino pensando en eso ¿Las brujas eran buenas? Sí lo que hacían era bueno para el mundo porque sentía en el fondo que había cosas malas en todo eso.




      - ¿Qué tienes? -


      - ¿Mande? - Preguntó Pixie mientras Eclipse se paraba a su lado y le miraba fijamente a los ojos.


      - Estás preocupada por algo, no tienes que tener nada que te preocupe, deberías de estar contenta, eres una aprendiz de bruja. -


      - Pero… -


      - No hay un pero que valga, tu destino es tan grande como lo desee la señorita Hecate. -


      - Es que… Entiendo que tome niñas pero ¿Porqué se comen a los niños y porque nos hacen esas cosas tan feas? -


      - Las brujas castigan a los niños malos, niños que no merecen disfrutar del mundo maravilloso que les va creando la señorita Hecate. -


      - ¿Puedo ayudarte? Veo que no eres muy buena explicando. - Dijo Karin tomando el hombro de Eclipse, dándole un pan.


      - Gracias, entre mejor le explique las cosas a Pixie, más fácil será para nosotras el convivir. -


      - Te preocupas mucho por tu compañera, eso es lindo y te comprendo, también me fue duro explicarle las cosas a Noa, pero nada que no se resuelva en la cama. -


      - !Karin, eso no se cuenta! -


      - ¿Qué? Vamos, ya con los que hemos vivido y experimentado no es para que tengamos pudor. - Habló la rubia frunciendo sus hombros para luego ver a Pixie. - El hilo de la existencia se va cociendo con fibras del corazón, huesos y carne de los niños, cuando una bruja come, todo lo que coman va a parar al carrete de hilo de la reina de las brujas. -


      - Pero ¿Por qué ellos? ¿Por qué? -


      - Porque los niños apenas vamos creciendo Pixie, nuestro cuerpo es más sano, más vivo y más fresco. -


      -Pero… Debe de haber una forma de coser ese hilo, en la escuela escuchaba que inventaron hilo tan fuerte como el acero de las telarañas de una araña. -


      - Amm… Me doy. - Dijo Karin empujando suavemente a Eclipse. - No me había tocado conocer a una niña tan lenta. -


      - No es lenta, es estúpida, no sabe agradecer el tiempo que comparte con la reina de las brujas. -


      - Pixie, como amiga, es mejor que no pienses tanto en eso. - Hablaba Noa tomando las manos de la albina quien parecía querer llorar. - No podemos escapar, entre más rápido lo aceptes más sencillo será para ti la vida. -


      - Pero… -


      - Basta. -



      Eclipse llevó a Pixie contra un anaquel sujetándola de los hombros, Noa quiso detenerla pero Karin se metió en su camino y le dijo que no, para luego tomarle de las manos y sonreírle para calmarla, dándole un besito en la boca.



      - Esto es cosa de ellas, no te metas. -


      - Pero no me gusta que se peleen. - Susurró Noa mientras Karin la separaba un poco de las dos.


      - A mí tampoco, pero Pixie no está captando que ya no tiene voz ni voto aquí, si sigue así, no dejará de sufrir. -


      - Me desesperas, deberías de valorar que tendrás una gran responsabilidad para el mundo, que la reina de las brujas te eligió a ti como su aprendiz. -


      - !Yo no quería ser bruja, yo quiero irme a casa! -



      Eclipse golpeó los costados del anaquel asustando a Pixie, quien cayó al piso por el miedo de pensar que le iba a pegar, esa niña elfa la miraba con esos ojos rojos llenos de molestia, ella la sujetó de los hombros y le presionó un poco causándole algo de dolor y esa carita con tristeza que le incomodaba.




      - Tú no tienes casa, han pasado quince años desde que la señorita te eligió como su protegida ¿Crees que todo siga igual? ¿Crees que puedes volver? Mírate, eres una niña tras esos quince años, no tienes lugar fuera de aquí, deja de ser una idiota y llorar que no te sirve de nada, preocupate por ser útil. -


      - Tú… No… - Trataba de hablar Pixie, empezando a llorar haciéndose bolita en el suelo.


      - Eclipse, no tenías que decirle eso. -


      - No le dije nada que no fuera cierto. -


      - Es cierto, Noa, aunque también no entiendo porque Pixie es así. - Dijo Karin al abrazar por detrás a Noa para que no se metiera más. - La mayoría comprende las cosas en el primer año. -


      - Discúlpate con ella, no tienes que llevarte así con ella. -


      - No veo porque tenga que disculparme con ella. -


      - Si la señorita Hecate la ve así te va a regañar. - Comentó la rubia haciendo que la elfa se quedara pensativa. - Y tú lo dijiste, tienen sirvientes vinculados, necesitas que ella se haga más fuerte si quieres mejorar también. -



      La morena se agachó y sujetó las manos de Pixie quien seguía tapándose, la acostó en el suelo y para sorpresa de las otras, se prendió a su boca, besándola de una manera erótica, jugando con su lengua, mientras la albina trataba de zafarse pero la fuerza de Eclipse era evidente.



      - !Oigan, no deben de hacer eso, van a decir que se están adelantando a la fiesta! -


      - Bueno, también eso funciona.-


      - ¿Qué hacemos Karin? - Preguntó Noa algo apenada al ver que Eclipse metía sus manos debajo de la falda y la blusa de Pixie.


      - Salgamos de aquí y pon el cartel de revisado. -


      - ¿Las vamos a dejar así? -


      - Mejor así que ella llorando. - Dijo Karin jalando de la mano a su amiga. - Y prefiero que no nos vean a nosotras, verlas me provocó. -


      - !Karin! -


      - ¿Qué? Vamos a buscar otra carpa que esté desocupada. -


      - Bueno… Pero, no uses eso, es más gordo que él de la señorita Yarik. -


      - ¿Si verdad? Estoy orgullosa de lo bien que me sale ese hechizo. - Habló la rubia alzando su pecho mientras salían de la carpa.



      Pixie poco a poco dejaba de resistirse, las manos de Eclipse recorrían su cuerpo de una forma agresiva pero a diferencia de la bruja, le causaban unas sensaciones distintas, la manera en que la besaba, su lengua, sus labios, su piel, le daba vueltas la cabeza y su zona intima se humedecía, no entendía esa chiquilla que entre más y más pasaba el tiempo, más sensible era al estímulo sexual, cosa que la niña elfa lo sabía y tomaba como forma de controlar sus llantos o desesperos, cuando tenía a esa albina perdida en el placer, se olvidaba de queja alguna.

    • - ¿Todos están en su posición? Cambio. -


      - Grupo Alfa, Beta y Gamma, todos en su posición, cambio. -


      - Entraré al perímetro, cuando de la señal, entran, cambio. -


      - ¿Está segura del plan, teniente? Cambio. - Preguntó uno de los líderes de grupo a Serena, quien vestía como una civil y estaba frente al parque.


      - Sí, nos aseguraremos de detener a esa red de depravados esta noche, cambio. -


      - Esperaremos la señal, cambio. -


      - Sí no mando la señal en media hora, entran, cambio. -


      - Recibido, cambio. -



      Serena suspiró y escondió lo mejor que pudo el micrófono en su oreja con ayuda de su cabello y un broche, ya casi eran las diez de la noche en aquel parque y no se veía ninguna presencia, nadie a la vista, se aseguraron de que nadie pasara por ahí para que no interfiriera con el operativo, la joven detective convenció a sus superiores de tratar de detener a Hecate al contarle lo que parecía ser una red de pedofilía liderado por ella, dejando fuera los temas sobrenaturales y míticos que de seguro no eran más que magia e ilusionismo barato, hasta podría ser la manera en como atraían a los niños.
      La policía caminó por el interior del parque sin apartar la mano de su bolso donde escondía una pistola, pensando en que escondía esa extraña joven, en la sorpresa de la biblioteca cuando le obligó a probar de su área íntima, pensar que una chica que no pasaría de los veinticinco fuera la líder de todo ese gran plan maestro, simplemente era confuso y algo tétrico.
      En el centro del parque, una bruma parecía inundar los alrededores de un enigmático invernadero que no reconocía en el croquis de ese sitio, así que fue con más cautela y con la pistola ya en mano para acercarse y averiguar que estaba pasando. Al llegar a la puerta, movió la perilla con bastante cuidado de no hacer ruido, pero algo le hizo voltear pensando en que la habían descubierto.



      - Llegaste más temprano de lo que pensé, se ve que estás impaciente por verla. - Sonrió Hecate quien mostraba una vestimenta de bruja de halloween.


      - ¿Donde la tienes? -


      - Abre la puerta, pero de una vez te digo, al entrar no volverás. -


      - ¿Me estás amenazando? - Dijo Serena quitando el seguro de su arma mientras le apuntaba a esa chica peliazul.


      - No, solamente te estoy adelantando los hechos. -


      - Abre la puerta. -


      - Como gustes, bienvenida al paraíso. -



      Hecate abrió la puerta de su invernadero y entró siendo seguida por Serena, en un parpadeo, las dos se encontraron en lo que parecía ser un festival campestre bajo la luz de la Luna y el cielo estrellado, la rubia estaba impactada, volteó y veía que en la puerta estaba el parque y delante era otro lugar, no comprendía que estaba pasando, pero cuando por fin se concentró en donde estaba pisando se dio cuenta que más que fiesta, era testigo de una orgía. Frente a los ojos de la policía, mujeres bellas, calculaba de entre 18 a 30 años, se besaban, tocaban, acariciaban y manoseaban sin pena, estaban entregadas al sexo, pero no eran las únicas, por cada mujer había al menos una niña de lindas facciones y cuerpo, siendo victima de los impulsos de esas mujeres, así como de lobos que fornicaban sin compasión a las pequeñas. Los gemidos, suspiros y gritos parecían una orquesta de Sodoma y Gomorra, entre tantas chicas, bestias y niñas, también se podían ver extraños falos entre las piernas de algunas mujeres, que debían de ser falsos, tenían que serlo pensó, aunque la manera en como los usaban y se descargaban unas a las otras se veía bastante real para no serlo.


      - ¿Qué mierda hacen? - Gritó Serena queriendo disparar su arma para detenerlo todo pero al levantarla, vio que su arma había desaparecido.


      - No te alteres, solamente se están divirtiendo. -


      - ¿Están locas? !Si quieren follar háganlo ustedes pero no metan a las niñas! -


      - Shh… ¿No estás viendo bien? - Susurró Hecate abrazando por detrás a la rubia, frotando sus senos por encima de las ropas. - Yo no veo que nadie esté siendo obligada, puedes escuchar sus gemidos, esas vocecitas suaves suplicando más. -


      - !No me toques! -


      - Mira, Serena, no cierres los ojos, mira como se divierten ¿Acaso no quieres lo mismo? -


      - !No soy una enferma como ustedes! !Entren, ya! !Ya! -


      - Lo siento, pero no soy muy fanática de la tecnología. - Sonrió la peliazul mientras metía la mano debajo de la falda de la policía, acariciando su braga. - Nadie vendrá, esta fiesta es tu bienvenida. -


      - !No me toques! -


      - Pero si ya estás húmeda ¿Acaso no te gusta lo que ves? -


      - !Suéltame maldita enferma! - Exclamó Serena logrando zafarse de Hecate, quien sonreía al verla así.


      - Serena, sé todo de ti, sé aquello que no cuentas a la gente, lo que tú ves por internet, las fotos que tienes de Pixie cuando estaba cerca de ti, no eres una blanca palomita, eres un cuervo disfrazado, crees que estar del lado de la ley te exime de tu verdad, te atrae la carne fresca tanto como a nosotras. -


      - Yo no soy como ustedes. -



      Serena corrió hacía la puerta para poder establecer contacto con sus compañeros, pero justo al entrar volvió a aparecer en el mismo sitio, lo intentó y pasó lo mismo, una y otra vez. La rubia estaba asustada, no entendía que pasaba y peor aún, sus ojos no paraban de voltear a ver la orgía de la que era testigo, mordiendo sus labios y sintiendo húmeda su braga al ver como empalaban a esas niñas entre mujeres o devoraban sus cuerpecitos a besos y mordidas.



      - No te resistas Serena, sé que lo deseas. -


      - !No, no soy como tú! -


      - ¿Segura? ¿Dirías lo mismo al verla? - Dijo Hecate con una gran sonrisa al tronar sus dedos. - Eclipse ¿Puedes traerla? -


      - Si, señorita Hecate.-



      Serena volteó y sus ojos se dilataron al ver a esa niña tan preciosa de piel morena, cabello blanco y orejas puntiagudas vistiendo un camisón totalmente trasparente, pero la mayor sorpresa era una niña albina de facciones adorables y ojos algo llorosos, vistiendo unas pantaletas rosas con un pompón, un corpiño a juego y unas orejas de conejo.



      - No puede ser… Pixie. -


      - ¿Serena? ¿Eres Serena? - Reaccionó la niña al reconocer el rostro de esa chica. - !Serena, ayúdame! -


      - Pero… Si han pasado quince años… Tú no deberías de ser una niña. -


      - !Serena, por favor ayu… - Iba a hablar más Pixie pero Eclipse la abrazó por detrás tapando su boca.


      - Nadie te dio derecho a hablar ahorita, obedece. -


      - !Suéltala! -


      - Tranquila, así se llevan las dos. - Rio Hecate viendo como Serena sentía su cuerpo congelado, sin poder moverse. - Te dije que tenía algo especial para ti, tendrás la fortuna de divertirte con mis niñas, en especial, la que siempre deseaste, a nadie más se las he prestado así que siéntete dichosa. -


      - Mmm… Mmm… -


      - Si sigues peleando te voy a golpear. -


      - Mmmm… - Susurró Pixie moviendo su cabeza para decirle a Eclipse que se portaría bien, bajando sus brazos a su cuerpecito, atrapando sus manos. - Serena… -


      - Pixie… Pensé lo peor pero… Estás viva… Pero… ¿Cómo? -


      - No te preocupes por las pequeñeces, piensa en disfrutar de este reencuentro. - Murmuró la reina de las brujas al oído de la rubia. - ¿Acaso no es hermosa? Tan suave, tan delicada, con esos lindos muslitos redondos, ese trasero respingado y su carita de ángel, es tan deliciosa, tan dulce. -


      - No sigas… -


      - Sé que lo deseas, vamos… Hazlo, nadie te juzgará, aquí todas somos libres. -


      - Yo… -


      - Hazlo, siempre lo deseaste. - Habló Hecate lamiendo la oreja de Serena que miraba con deseo a esa niña vestida de conejito. - Sé como Alicia y ve detrás de ese lindo conejito, entra a un mundo de maravillas. -


      - Yo… -



      Serena sentía su vagina palpitando y sus pezones duros, aunque no tenía sentido que Pixie estuviera ahí todavía como una niña cuando debería de ser ya una mujer, eso no le quitaba los recuerdos que tenía sobre ella, cuando se metía al cuarto de su hermana los días de pijamada para tocar a esa niña, para lamer su piel, la deseaba, siempre la deseó. Lentamente, la policía se acercó a esa niña que temblaba de pena, sintió las manos de esa mujer acariciando sus hombros con mucho cariño, cruzando las miradas entre ellas.



      - Serena… Ayúdame. -


      - Pixie… Esto debe de ser un sueño… Si es un sueño… Yo… -


      - No, no es un sueño, debemos de es… - Pixie fue callada al sentir como esa mujer la abrazaba con fuerza y se prendía a su boquita, metiendo su lengua en ella mientras ella pataleaba. - !No, Serena, no! -



      La mujer atrapó el cuerpecito de Pixie con uno de sus brazos y con la otra acariciaba su cuerpo, Eclipse se acercó a ellas para bajar las pantis de la atrapada dejando que la policía pudiera explorar de sus intimidades con sus dedos largos, causando que la albina empezara a llorar al ser manoseada por quien debía ayudarle a escapar. Serena estaba extasiada, la boca que siempre quiso besar ahora era su comida, no sólo eso, la otra preciosa que tenía a su lado se dejaba tocar con más facilidad, acariciando sus minúsculos pechos mientras ella se dedicaba a lamer la vagina de Pixie con habilidad.


      - Diviértanse, Eclipse, se buena y ayuda a Serena a divertirse con Pixie, ya sabes de que manera. -


      - ¿La penetramos entre las dos? -


      - No tienes que preguntar lo evidente. - Rio la peliazul separándose de ellas, viendo como la rubia ya tenía en el suelo a Pixie y junto a la niña elfa la comían a besos. - Fue más rápido de lo que esperaba. -


      Hecate caminó un poco divirtiéndose con todo lo que veía, sin dudas era una fiesta animada, sobretodo por darle la bienvenida a una nueva candidata a aprendiz especial, pues al menos una vez cada cien años, una aprendiz joven o adulta era tomada por la reina de las brujas, al ver el potencial de libido y erotismo en ella.


      - Eligió a una buena candidata, señorita Hecate. - Dijo Yarik acercándose a ella andando desnuda. - Se ve que tiene potencial, las otras tardaron en reaccionar a todo como media hora. -


      - Serena era como una fruta, tenía que esperar a que creciera para que madurara y fuese una candidata ideal, te la dejaré a cargo. -


      - Muchas gracias, verá que en poco tiempo le tendré resultados de ella. -


      - Eso espero. -


      - Por cierto, señorita ¿Puedo pedirle un favor? Sé que no debería pero… - Hablaba la bruja desnuda rascando su mejilla. - ¿Puede hacer algo con Kelpie? -


      - ¿Algo? -


      - Desde que llegó no ha dejado de comer y pues… Ya sabe, hace gritar a los niños y siempre quiere comerlos vivos, las niñas se ponen nerviosas y también nosotras… Sabemos que ella sólo le hace caso a usted. -


      - Bueno, sólo porque me harás el favor de instruir a Serena, pero para la próxima platicaré con todas ustedes, no deben de discriminar a Kelpie. -


      - Nadie la discrimina, señorita es sólo… ¿Por qué le permite ser tan así? Ya sabe… Usted nos dice que debemos de mantener perfil bajo. -


      - Detalles, detalles. - Rio Hecate acariciando los hombros de Yarik. - Se buena chica y diviértete con las demás, si ves que Serena ocupa algo, le ayudas. -


      - Está bien señorita, sobre Kelpie. -


      - Yo arreglaré eso. -


      Hecate caminó hacía una de las cercas que tenían un poco más lejos del escenario donde se llevaba la orgía, como era habitual en esos festejos, Kelpie estaba comiendo en vez de acercarse a las demás, nadie sabía porque no mostraba interés en festejar con ellas aunque agradecían que no lo hiciera, incluso entre las brujas había bastante miedo hacía esa brutal hechicera. La reina de las brujas sonrió al ver a Kelpie triturando los dedos de las manos de un niño con sus manos, mientras se comía sus genitales, provocando sus gritos de dolor al ser devorado en vida hasta el punto de tener un paro cardíaco acabando con su sufrimiento.


      - Buenas noches, Kelpie. -


      - Buenas noches mi estimada reina. - Dijo la bruja limpiando su boca con la tela de su vestido, volteando la cabeza en 180 grados para ver a Hecate. - ¿Puedo saber que necesita? Sabe que estoy en la entera disposición para atenderla ¿Acaso quiere uno de estos deliciosos niños? !Yo misma se lo destazo! -


      - No tengo hambre, no de niños. -


      - Mi reina, usted sabe que no necesita preguntarlo, soy toda oídos y siempre pendiente de sus deseos. - Sonrió la bruja de manera retorcida mientras Hecate sonreía, divertida por su actuación.


      - ¿Qué tal si sigues comiendo en mi invernadero? No quiero que las demás interrumpan tu cena. -


      - !Qué considerada mi reina! !Por eso Dios arde de envidia ante su magnificencia! -


      - Basta de halagos Kelpie, anda, toma los niños que te quieras comer y traelos contigo. -


      - !No, no quiero irme, no! !Ayuda! - Gritaba uno de los niños sintiendo que esa bruja jalaba sus piernas y él se aferraba a la cerca.


      - !Mocoso estúpido, la comida no tiene que quejarse! -


      Kelpie sujetó las muñecas de aquel niño y los dobló como si fueran palillos de dientes quebrándolos al instante, provocando el llanto del menor, no contenta con eso, la bruja lo levantó de las manos que le colgaban como hule por las fracturas, para lamer esas exquisitas lágrimas saladas, un manjar para su lengua.
      En otro lado de Inglaterra, en aquel parque donde había entrado Serena, el líder de Beta miraba su reloj táctico, media hora, la teniente encargada de rescate y búsqueda no mandó señal de ingreso por lo que era hora de actuar.


      - Bien muchachos, se acabó el tiempo, los objetivos principales son encontrar a la teniente y a la líder de ese grupo, ya saben de antemano los rasgos. - Comentaba el hombre que ahora estaba a cargo de la misión.


      Los tres grupos integrados por ocho cada uno se metían al parque, su equipo sin dudas era él de un equipo preparado para misiones de gran calibre, pero no sabían a lo que se enfrentarían al entrar a un terreno indebido en esas épocas del año.


      - Limpio por aquí, cambio. -


      - Limpio por acá, cambio. -


      - Todo se ve limpio, sigan avanzando, cambio. - Dijo el líder del equipo Beta, llegando al centro del parque. - Un momento… Roger, confirmación del mapa ¿Hay un invernadero en el centro del parque? -


      - No, debería de estar una fuente de agua. -


      - Tengan cuidado, parece que encontré algo inusual. - Comentó el policía mirando para todos lados con sus lentes de visión nocturna. - Estén preparados, puede que encontramos la base. -


      - Coronel, encontré el bolso de la teniente por aquí. -


      - Deben de estar cerca, no pudieron salir del parque, lo tenemos rodeado. -


      - Oigan, creo que escucho algo por acá. -



      El equipo Beta caminó con cautela y manteniendo cuidado de todos los flancos, había algo que se escuchaba entre medio de los árboles, como si un animal estuviera comiendo. El líder del equipo hizo señas con sus manos para indicar que al conteo de tres, iluminarían detrás de esos arbustos para averiguar que era, en cuanto el conteo se realizó, dos armados prendieron sus lámparas y apuntaron a ese lugar, quedando atónitos por lo que veían. Frente a esos policías, una chica albina, encorvada y con un vestido y capucha blanca bañada de sangre estaba sacando las tripas del cuerpo de un niño de unos cinco años para comerlos como si no fuese para nada enfermizo el canibalismo. Unos cuantos se quitaron sus cascos para vomitar unos cuantos salieron corriendo, pero el líder se mantuvo firme y apuntó a esa criatura, que volteó la cabeza al instante como si no tuviera huesos en el cuello y lo miró con unos ojos blancos y de ojeras con sangre.



      - ¿Cómo se atreven a pisar su parque? - Dijo aquel espectro con una voz que parecía más el sonido de una aguja tallándose en un pizarrón viejo.



      Un pestañeo, un pestañeo fue lo último que hizo el líder del equipo Beta en su vida,de un sólo manotazo su cabeza fue desprendida de su cuerpo y esta estalló contra el tronco de un árbol convirtiéndose en más que trizas. Los que aún estaban presentes empezaron a disparar a esa cosa pero como si fuese magia, ella aparecía y desaparecía entre bolas de humo rojas que al llegarles el aroma se dieron cuenta que se trataba de sangre.


      - !Equipo Beta está en ataque, repito, estamos ba… - El policía quedaba callado al sentir como un puño atravesaba su vientre y desprendía su columna vertebral desbaratando todo su tórax.


      - !ES UN MONSTRUO! -



      Los hombres ya no sabían contra que disparaban, tiraban a todos lados e incluso lanzaban granadas de luz y de fragmentación para tratar de atinarle a algo, pero lo que fuera eso, aparecía y desaparecía, siempre acabando con uno de la formación. El último del equipo Beta trató de escapar al ver que sus compañeros habían sido despedazados, pero ese espectro se apareció frente a él y lo empujó contra un árbol.



      - !Ayuda, salvénme! - Gritó el hombre al sentir una fuerza brutal de esa cosa que con una sola mano lo sostenía contra el tronco. - !Ayu… -



      El especialista táctico no pudo articular más palabra, esa mujer espectral le había metido en la boca lo que parecía ser un viejo gancho oxidado, él cual empezó a elevarse desbaratando la quijada y cráneo de ese hombre por el propio peso.
      El equipo Alfa llegaba tras escuchar las súplicas de sus compañeros pero ya estaba escrito que nadie saldría vivo, tuvieron la mala suerte de atravesarse con la única bruja dispuesta a matar a cualquiera que ella considerada enemigo de su amada reina.



      - !MIERDA! ESTÁN TODOS MUERTOS. - Gritó uno de los recién llegados a escena, mientras todos volteaban en busca de algún indicio.


      - ¿Acaso los mató un tigre? -


      - !UN PUTO TIGRE NO MATARÍA A UN EQUIPO SWAP! -


      Un chasquido de dedos retumbó entre el parque, de repente, esos hombres dejaron caer sus armas y corrieron hacía los demás, empezando a pelear contra ellos con sus navajas, empezando el terror al darse cuenta que no podían controlar sus cuerpos.


      - ¿QUÉ MIERDA HACES? -


      - !NO PUEDO CONTROLARME! -


      - !DIOS, DIOS, DI… - Gritaba uno de los judiciales al sentir como su propio compañero le clavaba la navaja en su mentón.


      - !No, no, nooooo! -



      Aquellos que mataban a sus camaradas terminaban presionando sus ojos con sus propios pulgares lo más fuerte posible hasta causar el daño suficiente al tocar el cerebro, cayendo muertos al instante sobre los cadáveres de los demás. Cuando el último equipo llegó, ni siquiera intentaron averiguar que había pasado, trataron de huir de aquella masacre, veinte hombres entrenados habían sido masacrados en menos de cinco minutos y sin que hubiera pistas de quién o que, eso no era el acto de personas, sino de monstruos.
      Otro chasquido de dedos provocó que todos los restantes se detuvieran, los hombres empezaron a llorar como chiquillos al sentir como se acomodaban a gatas formando un círculo, con sus manos temblorosas y sin poder controlar sus movimientos, cada uno sacó una granada y bajó los pantalones del compañero de enfrente, metiendo la granada en sus glúteos y sujetando la argolla.


      - !ESTO DEBE DE SER UNA PESADILLA, ES UNA PUTA PESADILLA! -


      - !PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL… -


      Una gran explosión se escuchó en el parque, la lluvia de sangre en unas decenas de metros a la redonda se dejó caer, sangre que bañó a una niña albina que cerraba los ojos al sentir que le entraba un poco de ese chubasco. La pequeña empezó a tallarse la cara ensangrentada con sus muñecas, pero se quedó quieta al sentir como una gentil mano limpiaba su rostro con un pañuelo.


      - Mi pequeña mariposa, mira como quedaste. - Dijo Hecate limpiando la carita de Kelpie quien abría los ojos mirándola fijamente. - Te ensuciaste de sangre de cerdos. -


      - Ellos me molestaron al comer. -


      - Eso ya no importa, tendré que darte un baño. - Sonrió la peliazul cargando en sus brazos a la albina, quien rodeó su cuello y le miraba atenta a ella y nada más. - Para la próxima vez, haz caso, te dije que comieras dentro de mi invernadero. -


      - No quería ensuciarlo. -


      -No te preocupes por eso, no es como si no pudiera limpiarlo, esta linda mariposa quedará reluciente esta noche. -


      - También tendrás que bañarte, te ensucié tu vestido. - Habló Kelpie con esa voz casi inexistente que sentía pero que la bruja escuchaba perfectamente por su magia.


      - Eres una pilla, tú sabes que el baño será lo de menos que quieres ¿O no? -


      - No puedo mentirte. -


      - Tranquila, igual sino te bañaba iba a terminar en lo mismo. - Rio la bruja al llevarse a la niña bañada en sangre entre sus brazos.


      Las noticias del siguiente día fueron de terror para el público en general de Londres, la masacre de Halloween, el gobierno local no dio mucha información de ello pero se manejó como un logro al detener un posible ataque terrorista que llevó al sacrificio de treinta elementos policíacos, mucha gente no creyó esas versiones, sobretodo por la brutalidad que se veía en algunas de las fotos que se lograron filtrar, así como la extraña desaparición de una miembro de la unidad de búsqueda y rescate cuyo cuerpo no fue encontrado pero en su casa había una carta donde decía: “Estoy en el país de las maravillas.”

    • Los ojos de una niña albina se abrían lentamente, la sensación de suavidad y aroma a sabanas limpias le causaban mucho relax a su cuerpo desnudo, como si le pidiera seguir acostada, pero al conectar lo de anoche con ese despertar se levantó de golpe, no recordaba en que momento llegó al cuarto que compartía con Eclipse. Pixie talló su carita e hizo memoria, había tenido sexo con Serena, su amiga de la infancia pero ella ya no era la niña que conoció en ese entonces, era una bella mujer que parecía haber caído en las trampas de esa bruja. Mientras trataba de entender que había pasado, la puerta se abrió y vio a Eclipse vistiendo su ropa de sirvienta, aquel que su falda era demasiado corta y la zona del pecho era transparente, eso le hizo saber que se había levantado desde temprano.



      - Date un baño y te vienes a desayunar. -


      - Eclipse ¿Y Serena? ¿Donde está ella? - Preguntó Pixie con sus manos en el pecho temiendo algo malo.


      - Ella está bajo la tutela de la señorita Yarik, a diferencia de ti, comprendió la dicha de ser considerada por la señorita Hecate como una aprendiz de bruja. -


      - ¿Una bruja? Pero ella no puede serlo. -


      - Puedes preguntarle luego a Karin y Noa. -


      - ¿Puedo? -


      - Usando el teléfono de la sala. - Comentó Eclipse notando que los ojos de Pixie se sorprendían por esa revelación. - Imagina el rostro de la persona con la que quieres llamar, concentrate en ella y podrás conectarte por medio de la magia. -


      - Entonces… ¿Puedo llamar a mis.-


      - No, solamente funciona cuando ambos lados poseen energía mágica para sostener la comunicación. -


      - Oh… -


      - Aprésurate. -


      Pixie se bañó y se puso un vestido rosa y pantaletas a juego que Eclipse le dejó en la cama, se sentía extraña de saber que su amiga cayó en manos de las brujas, sentía que debía ayudarla pero era complicado cuando ella no podía escapar de esa mansión. La albina caminó al comedor y se sorprendió al ver a la niña elfa cocinando con todo y delantal, se veía tan linda al estar preparando el desayuno que parecía como un sueño.


      - Toma asiento, ya te sirvo. -


      - No sabía que sabes cocinar. -


      - La señorita Hecate está ocupada. -


      - ¿Ella te lo pidió? - Preguntó curiosa la albina mientras la pequeña elfa volteaba a mirarla por un instante.


      - No, pero no puedo dejarte sin desayunar, aunque no podamos morir de forma natural, debes de estar saludable con una buena alimentación, ejercicio y cuidado. -


      - Se preocupa por mí. - Pensó Pixie sonrojándose y mostrando una sonrisa al ver a Eclipse sirviendo un omelette y una ensalada. - Eclipse se preocupa en verdad por mí. -


      - Toma esto. -


      - ¿Qué es? -


      - Es un batido de frutos rojos y maracuyá, necesitas tener un poco más de peso así que agregaremos calorías de manera eficiente a tu cuerpo, con esto podremos ayudarte a que tengas un peso óptimo. -


      - ¿Es la misma Eclipse de siempre? - Pensaba la albina sonriendo con ese rubor en la cara mientras bebía ese dulce batido. - Nunca me había tratado así. -


      - No te levantes hasta que termines todo, debo de terminar el desayuno de la señorita y de la maestra. -


      - ¿Maestra? -


      - Ya que termines vas a decirle a ellas que pronto estará su desayuno. -


      - Está bien. -


      Pixie terminó de desayunar y tomó su plato para lavarlo, sin dejar de mirar a Eclipse que se veía concentrada en la cocina ¿Qué le había pasado para ser más amable con ella? Casi siempre le pegaba o la empujaba para despertarla y ahora era más dulce ¿Acaso ya la veía como su amiga? Al pensar en amigas se le vino a la mente la llamada que quería hacer a Karin y Noa, tenía que averiguar como estaba Serena, así que se fue a la sala y tomó ese teléfono viejo de disco e hizo lo que le indicó Eclipse, sorprendiéndose porque se escuchaba que entraba la llamada aunque no tenía cable alguno.



      - Buenos días. -


      - !Hola Pixie! ¿Ya sabes usar el teléfono mágico? -


      - Me lo explicó Eclipse. - Dijo Pixie en un tono amigable sorprendiendo a la otra niña al otro lado del teléfono.


      - Jojojo, parece que estás feliz ¿Pasó algo bueno? -


      - Creo que sí, oye ¿Cómo está Serena? -


      - Es cierto, esa chica era tu amiga de la infancia. -


      - Sí. -


      - Pues está bien, ahorita está en clases con Yarik, se ve que tiene ganas de ser una gran bruja. -


      - ¿Qué? Pero… No está bien, ella no tiene que serlo. - Habló la albina sorprendida por la revelación.


      - Pero sí … Oh, es verdad, no sabes porque lo hace, te quedaste desmayada mientras ellas se divertían contigo. -


      - ¿Eh? ¿De qué hablas? -


      - Serena y Eclipse se declararon la guerra anoche. -


      - ¿Qué? -


      - Cuando ya terminaba la fiesta y Yarik nos traía a casa, tu amiga dijo que quería traerte pero Eclipse le dijo que no, qué la señorita Hecate le permitió estar contigo esa noche nada más, Serena se enojó y le gritó que eras su amiga de la infancia y que era mejor para ti estar con ella por todo este tiempo a solas. -


      - ¿Ella dijo eso? -


      - !Si! Y se puso bueno cuando Eclipse le dijo con esa cara de pocos amigos que tú no estas sola porque estás con ella, que ustedes tienen un vínculo y que le perteneces. -


      - We. Womántico. -


      - ¿Ah? ¿Noa? -


      - Ey, no hables con la boca llena. - Rio Karin mientras Pixie se confundía por el comentario. - Perdónala, tiene la boca ocupada un ratito. -


      - ¿Está desayunando? -


      - Algo así, pero te decía que tu amiga casi se le va encima a Eclipse pero ella la detuvo con una mano, se ve que tu compañera tiene un alto poder mágico y eso que apenas es aprendiz. - Explicaba la rubia al teléfono. - Yarik tuvo que detenerlas y le explicó a Serena que Eclipse y tú son niñas vinculadas por sus sirvientes, entre más grande el vínculo emocional entre ustedes más poderosas serán. -


      - Ooh… Eso explica porque ella amaneció distinta. -


      - Quizá ella quiere asegurarse que no intentes acercarte a otra, quiere que el vínculo entre ustedes crezca, después de todo lo dijo y fue algo que todas aplaudieron, tú le perteneces. -


      - Yo… ¿Le pertenezco? -


      - Aaah… Pixie, entre brujas, que una le diga a la otra eso es una declaración de fidelidad y amor. - Comentó Noa tosiendo un poco al llamar. - Karin, creo que te creció más, me andaba ahogando. -


      - ¿En serio? Yarik se sorprenderá cuando se lo diga… Pixie, oye ¿Sigues ahí? -



      Pixie sintió su corazón latir algo acelerado y el calor de sus mejillas se elevó, no esperaba que Eclipse, esa niña de origen élfico que siempre le pegaba y castigaba tuviese esos sentimientos hacía ella, aunque apenas tenía diez años las experiencias de ese tiempo al lado de Hecate le iba despertando curiosidades sobre el sexo y el amor, por lo que escuchar por primera vez que alguien se le declaraba empezaba a causar reacción en su cuerpecito y su mente.



      - Ah, sí, estoy aquí, me quedé pensando. -


      - Pues ya lo sabes, igual hacen linda pareja, si logras demostrarle a la reina de las brujas que eres una niña bien portada, quizá te deje salir a jugar con nosotras, podríamos tener una cita doble. - Rio Karin dejando intrigada a Pixie.


      - ¿Doble? -


      - Pixie, Karin y yo somos novias. -


      - ¿Qué? Pero… ¿Cuándo? -


      - ¿A poco no te lo contamos? Desde hace tiempo confirmé frente a las brujas y las demás niñas que Noa me pertenece. -


      - Yo pensé que sólo eran mejores amigas. -


      - Así se empieza, oye nos llamamos luego, estamos algo ocupadas. -


      - Karin, creo que ya no me va a entrar. -


      - Eso no lo sabemos hasta que lo intentemos. - Dijo Karin colgando el teléfono dejando a Pixie pensando de que estaban hablando.


      - ¿Y el encargo que te pedí? -


      - ¿Ah? -


      - Que las llamaras a desayunar. - Preguntó Eclipse mientras notaba que Pixie le miraba de forma extraña.


      - Si… Ya voy. -



      Pixie se apresuró a la habitación de esa bruja, aunque estaba pensativa en lo que le contaron sobre los sentimientos de Eclipse, algo le cambió sus pensamientos a lo que había en ese cuarto ¿A cual maestra se refería? ¿Hablaba de Kelpie? Sí era esa bruja malvada y de aspecto aterrador, le causaba sorpresa saber que estaba en esa casa, sólo pensar en como devoraba a los niños y se reía al escucharlos gritar le erizaban la piel. Con muchos nervios, abrió la puerta lentamente asomando un poco su mirada, quedándose atónita por lo que veía, frente a ella, una pequeña niña albina de ojos ojerosos se besaba de manera apasionada con esa bella bruja, su forma de besar, sus caricias, como la tenía abrazada, era tan romántica y tan dulce que incluso hizo que Pixie, que le temía a Hecate por sus violaciones, sintiera un hormigueo dentro de sus pantis, visualizándose junto a Eclipse en un trato similar.



      - Espera… Alguien entró. - Susurró esa niña albina sin que le escuchara la recién llegada a quien miraba bastante molesta, notando como llevaba sus manos al pecho en señal de defensa.


      - Ah… Perdón. -


      - Buenos días, Pixie ¿Necesitas algo? -


      - Eclipse dijo que… - Titubeaba Pixie al sentir la mirada penetrante de esa niña, se notaba que no quería verla ahí. - Ya está el desayuno. -


      - Ya dijiste lo que tenías que decir, ahora lárgate. -


      - ¿Eh? ¿Dijiste algo? - Preguntó la albina temerosa al no ser capaz de escuchar la voz casi silenciosa de Kelpie, que era acurrucada en los brazos de Hecate cuando está se levantó.


      - Qué te largues. -


      - Ya, mi pequeña mariposa, sé que nos estábamos divirtiendo pero tenemos que almorzar, recuerda que te prometí llevarte al parque acuático. -


      - ¿Iremos al parque acuático? -


      - Nadie te está invitando. - Habló Kelpie que abrazaba con fuerza a la peliazul y no paraba de mirar con coraje a Pixie. - No entiendo porque estás aquí, no eres necesaria. -


      - Tranquila, sé que Pixie es algo despistada pero luego aprendes a tolerarla. -


      - No la quiero aquí, pensé que la ibas a entregar a otra bruja. -


      - No logro escucharla pero mueve los labios. - Pensaba Pixie sin saber todo lo que decía Kelpie sobre ella. - ¿Será muda? -


      - Vamos a darte un baño para que se te calmen tus celos. -


      - No estoy celosa, no puedo estar celosa de alguien que no vale la pena. -


      - Mi linda mariposa, nadie te conoce mejor que yo, claro que lo estás. - Rio Hecate besando en las mejillas a la niña que cargaba, fue cuando la otra se dio cuenta de la herida en su pecho.


      - ¿Qué le pasó en su pecho? -


      - Estás haciendo muchas preguntas, ve a decirle a Eclipse que ya iremos. -


      - Está bien. - Dijo Pixie saliendo del cuarto y cerrando la puerta aún con cierto hormigueo en su espalda al pensar en la mirada de esa niña. - Una nueva niña… ¿Eclipse sabrá de ella? ¿Por qué me mirará así? -





      La albina regresó hacía el comedor notando que Eclipse seguía cocinando, la elfa notó que esa niña estaba pensativa y creyó que posiblemente estaba pensando en escapar de nuevo, así que se acercó para pellizcarle la mejilla.





      - Ouch. -


      - Estás pensando en escapar ¿Verdad? -


      - !Si! Digo, no… Es que, hay otra niña con esa bruja. - Comentó Pixie tallando su mejilla colorada.


      - ¿Una niña albina con una cicatriz en su pecho? -


      - Sí ¿La conoces? -


      - No te involucres con ella, mi maestra no está contenta con que tú estés en la casa. -


      - ¿La maestra? Pero yo no le hice nada. - Respondió la albina mientras Eclipse se daba la vuelta para seguir con su trabajo.


      - Es porque tú no debías de estar aquí, ella me enseñó como debe de ser una aprendiz de bruja, nací para estar al lado de la señorita Hecate y servirle como es la razón de ser de nosotras, no necesitaba a nadie más, pero te eligió a ti. -


      - La razón de ser… Pero, yo no quiero estar aquí, ni que tú estés aquí, deberíamos. -


      - No lo menciones, más razón para que mi maestra te odie. -


      - ¿Odiarme? No entiendo, ella es como tú y yo ¿O no? Es una aprendiz de bruja. -


      - Eres demasiado osada para compararte conmigo. - Susurró una voz casi inaudible detrás de Pixie, causándole un susto al no haberse percatado de que estaba atrás de ella, ya vestida con un camisón blanco.- ¿Vas a seguir estorbándome? Muévete. -


      - Lo siento. -


      - ¿Le voy sirviendo el desayuno, maestra? -


      - Sí, la señorita Hecate no tarda en bajar. - Murmuró Kelpie tomando asiento en la silla más grande, la que estaba reservada para la reina de las brujas.


      - Si te sientas ahí la bruja se va a enojar. -


      - Tengo más derecho en esta casa que tú, usurpadora. - Habló esa albina viendo que Pixie se tallaba las orejas al no poder escucharla claramente.


      Los ojos temblorosos de Pixie hacían notar su miedo y confusión, algo le decía que debía de temerle a esa niña más que a la propia Hecate, esa mirada sin brillo, sus ojos rojos tan mortales y su rostro sin emociones le causaba pánico ¿Tanto le molestó ese simple comentario para que la viera de esa manera tan agresiva? ¿Quién era esa niña?



      - No me esperaste, Kelpie. - Habló Hecate quien llegaba al comedor secando su cabello con una toalla. - ¿Tanto te emociona salir? -


      - ¿Kelpie? ¿Ella es… Kelpie? -


      Pixie quedó totalmente impactada al cruzar su mirada con Kelpie, aquella bruja de aspecto abominable y que desmembraba y comía a los niños vivos, la que todas las brujas y niñas temían por su brutalidad y salvajismo resultaba ser una niña albina como ella, pero no tenía nada de sentido ¿Una niña podía ser una bruja? ¿No sé supone que debía ser una aprendiz? ¿Por qué esa bruja la miraba así?


    • Las albinas cruzaban la vista al estar en el comedor, Pixie miraba como Kelpie estaba sentada sobre las piernas de Hecate, quien la sostenía con mucha ternura y le daba de comer manteniendo una sonrisa encantadora, esa bruja siempre tenía una mirada dulce la misma que hizo caer a Pixie en sus garras, pero la forma en como observaba a esa niña de ojos ojerosos era tan distinta a todo, que era extraño. La más inocente de las tres niñas presentes trataba de entender lo que pasaba, se suponía que todas las niñas al convertirse en brujas crecían más hasta ser jóvenes, pero Kelpie que era la más temida de todas lucía igual de chica que ellas, además de que Hecate la trataba como una.



      - Me encanta como comes a bocaditos, te ves más linda que cuando comes como una leona. -


      - Eso es porque no me gusta que me veas comportarme sin modales al comer. -


      - ¿Le está dando de comer en la boca? - Pensó Pixie sin dejar de mirar a esa niña albina en brazos de la bruja.


      - Me sorprende que cocines tan bien, Eclipse, mi mariposa es de un paladar exigente y parece disfrutar tu comida. -


      - Estoy entrenada por ella para cocinar bien, cuando guste puedo cocinar por usted. -


      - Tomaré eso en cuenta. -


      - Deja de mirarme tanto. - Murmuró Kelpie sin que Pixie pudiera escucharla bien.


      - Eclipse ¿Por qué ella habla tan bajito? -


      - La maestra tiene un daño en sus cuerdas vocales, por eso no puede hablar fuerte. -


      - ¿Y porqué no se la cura ella? Con magia puede hacerlo ¿O no? -


      - Preguntas demasiado. - Respondió Kelpie cerrando los ojos para probar otro bocado de la cuchara de Hecate.


      - No se peleen, deberías de llevarte bien con ella, me gustaría que le ayudes con sus clases. -


      - No quiero. -


      - Mi pequeña mariposa. - Habló Hecate acariciando el rostro de la albina que le miraba fijamente al estar entre sus brazos. - Pixie posee una inclinación por la oscuridad, así como tú, me gustaría que le enseñaras como dominarla. -


      - No quiero. -


      - Mariposa. -


      - No veo potencial alguno en ella y no me agrada. -


      - No seas una celosa. - Rio la peliazul parándose sin bajar de sus brazos a Kelpie, que volteaba a ver a Pixie notándose su enojo. - Sabes que nadie es tan especial como tú, te pido un favor solamente. -


      - Críe a Eclipse para que tuvieras a la mejor de las aprendices, no necesitas a esa niña aquí, lo que me pides es faltarle el respeto a la dedicación que ha tenido Eclipse hacía ti. -


      - Maestra, yo también quisiera que ayude a Pixie a entrenar. -


      - ¿Estás poniéndote en mi contra? -


      - La señorita Hecate me dijo que ella y yo somos brujas vinculadas, entre más fuerte sea ella yo seré más poderosa. -


      - Eso no importa mucho, lo que importa es la relación que tengas con ella. - Explicó Kelpie a su discípula quien le prestaba total atención. - Mi fuerza es así porque el vínculo que tengo con Hecate es más grande de lo que cualquiera le puede ofrecer. -


      - Ya veo. -


      - Si en verdad quieres ser más fuerte, necesitas mejorar tu relación con esta niña, el amor es el mayor potenciador de fuerza entre brujas vinculadas. -


      - ¿Amor? - Pensó Pixie al entender un poco lo que susurraba esa albina.


      - Ellas lograrán tener un vínculo fuerte, mi pequeña mariposa, pero no significa que sea lo único, Pixie necesita aprender de la mejor bruja, alguien que domine las sombras y nadie es mejor que tú en eso. -


      - Tú eres la mejor de las brujas, eres la reina de todas, nuestra amada diosa. - Susurró Kelpie bajando con cuidado de los brazos de Hecate quien le acarició los hombros para calmarla al saber que estaba celosa.


      - Me atrapaste. -


      - No pienso aceptarla, por más que me lo pidas, no puedo hacerlo. -


      - Bueno, ya no insistiré en eso, iré por unas cosas antes de irnos de paseo. -


      - Podrías tronar tus dedos y hacerlas aparecer aquí. - Dijo la albina sintiendo unas palmaditas en su cabeza.


      - Cuando has vivido tanto como yo, algo de sencillez es más divertido que solucionar todo con magia. -


      Hecate caminó hacía su habitación dejando a las tres niñas en el comedor, Eclipse empezó a recoger la mesa mientras Kelpie se dirigió a la sala, siendo seguida por Pixie que estaba curiosa por esa niña, no podía creer todavía que ella fuese una bruja, pero más le intrigaba que tipo de relación tenía con la reina de las brujas ¿Por qué parecía tener tantas libertades y consideraciones?


      - ¿Qué quieres? - Preguntó Kelpie al sentarse en el sofá individual, mirando fijamente a Pixie que hacía todo su esfuerzo para alcanzarla a escuchar.


      - ¿Cuantos años tienes? -


      - Eso no es de tu importancia. -


      - ¿Es posible ser una bruja siendo una niña como tú? -


      - ¿Todo el tiempo es así? - Habló suavemente la albina dominante a Eclipse, que llegaba con una copa de vino para su maestra.


      - Sí, sigo sin entender porque la señorita Hecate la eligió como aprendiz. -


      - !Yo no quiero ser una bruja y no quiero estar aquí! -


      Pixie sintió su cuerpo helarse por la mirada tan brutal de Kelpie hacía ella, era la misma sensación que tenía cuando la miraba en esa forma tan tétrica que tenía cuando aparecía en las noches de brujas, Eclipse sujetó los hombros de su maestra al darse cuenta que estaba furiosa, le había dicho claramente a esa niña que no se atreviera a decir eso frente a su mentora e ignoró la advertencia.


      - ¿Sabes cuantas darían por ser aprendices directas de ella? ¿Lo maravilloso que es compartir su casa y su tiempo? -


      - Pero ella me secuestró y de seguro también a ti ¿No te molesta? -


      - No sabes cuan molesta eres. -


      - Maestra, no se preocupe, yo la corregiré en la noche. -


      - No eres más que una usurpadora en este lugar ¿Crees que eres especial? No lo eres, solamente te pareces a mí, somos las únicas albinas elegidas por ella, pero entre las dos hay un mundo de diferencia en lo que a valor se refiere, tú no vales nada. - Murmuraba Kelpie furiosa mientras Eclipse le indicaba con la mirada a la otra que se retirara de ahí.


      - !Ya estoy lista! -



      Las niñas se quedaron calladas cuando llegó Hecate, quien sonrió al ver a las tres tan cerca dando la idea de que estaban platicando entre ellas.


      - Así me gusta verlas, como buenas amigas, espero no interrumpir algo. -


      - Nada. -


      - Es hora de irnos… Y Pixie. - Comentó Hecate tocando la frente de la albina con su dedo índice. - Ni una palabra de esto a nadie, no te puedo asegurar que vivas si te atreves a revelar la verdad de mi linda mariposa. -


      - ¿La verdad? -


      - Abres la boca y me aseguraré de que sufras lo que yo sufrí en una mayor escala. -


      - Eclipse, te encargo la casa y recuerda lo que te dije. -


      - Sí Pixie trata de escapar, tengo toda la libertad de someterla. -


      - Buena chica. - Sonrió la bruja abriendo la puerta de su casa y tomando la mano de Kelpie. - ¿Nos vamos? -


      - Vamos.-



      Hecate y Kelpie salieron de la casa y cerraron la puerta, Pixie la abrió pensando que el portal seguía abierto pero al asomarse veía aquella selva interminable de la cual no podía escapar, así que no tuvo otra más que volver a cerrarla y suspirar. La pequeña albina sentía curiosidad sobre Kelpie, tal vez si podía averiguar como era que esa niña parecía ser quien lograba convencer a esa malvada bruja de hacer lo que ella le pidiera, tendría una oportunidad más grande para escapar.



      - Vamos a lavarnos los dientes. - Ordenó Eclipse siendo seguida por Pixie, a quien notó su curiosidad. - Te adelanto, no debes de meterte con mi maestra, ya tiene muchas razones por las que desea matarte como para que le des más. -


      - Pero yo no le he hecho nada ¿Por qué me quiere matar? ¿Por qué es tan cercana a esa bruja? -


      - Ya te lo dije, es mejor que evites meterte con ella. -


      - Por favor. - Suplicó Pixie parándose frente a la elfa, quien le miró fijamente a su cara adorable.


      - Te lo diré si prometes que te alejarás de ella, no me conviene que te mate, te necesito. -


      - ¿Me necesitas? -


      - Sí, te necesito a mi lado. - Dijo la niña elfa haciendo que Pixie se ruborizara por completo.


      - Eclipse...-



      Tras lavarse los dientes, Eclipse se encaminó a la habitación, señalándole con la mirada a su compañera que la siguiera para hablar algunas cosas sobre esa niña misteriosa que se escondía detrás de la imagen abismal de Kelpie. Aunque la elfa idolatraba a su maestra, sabía que para cumplir con su deseo de ser una bruja de la que su maestra y la señorita Hecate se sintieran orgullosa, necesitaría a Pixie, lo de ser brujas vinculadas era más un obstáculo a la grandeza que una ventaja.




      - La maestra es la primera albina de la orden de las brujas. - Comentó Eclipse sentándose al borde de la cama mientras Pixie se subía al colchón y abrazaba una almohada. - Ella es una excepción en las reglas de las brujas y por eso oculta su verdadera apariencia. -


      - Entonces, si es una niña como nosotras. -


      - No, también es una excepción en las niñas elegidas, es la única que forjó un vínculo con la reina de las brujas. -


      - ¿Forjó? ¿No dijiste ayer que es algo destinado? -


      - Por eso mi maestra es tan especial, ella no nació con un vínculo como las demás, la relación que tiene con la señorita Hecate es tan grande que creó un vínculo que excede también las reglas. -


      - ¿Cuales son sus sirvientes? Los nuestros son gatos grandes, deberían de ser parecidos los de ellas ¿O no? -


      - La maestra tiene una mariposa nocturna, una polilla y la señorita Hecate, tiene una mariposa diurna. -


      - Es muy extraño. - Habló Pixie recostándose sin soltar la almohada.


      - No olvides, si llegas a contar algo de esto ella te va a matar y nadie la detendrá. -


      - ¿Por qué? No tiene nada de malo que lo sepan ¿O sí? -


      - Porqué se supone que hay varias magias que están prohibidas por la reina de las brujas y mi maestra es la muestra de que a pesar que la reina juró que esas reglas se aplicarían también a ella, no fue así. -


      - ¿Cual regla? -


      - Revivir a alguien. -





      Pixie se quedó sorprendida por el comentario, aunque no era muy lista y batallaba en comprender tanta información confusa, entendió el mensaje, estaba diciéndole que Kelpie era una niña fallecida que la trajo de vuelta ¿Era eso posible?





      - La maestra ama a la señorita Hecate, vive por ella y por nada más, llevar la contraria a las doctrinas de la reina de las brujas y que tú compartas su techo es suficiente para que te odie, así que evita hablar de esto a las demás. - Explicó Eclipse mirando fijamente a Pixie.


      - Sí es tan malo saberlo ¿Por qué me lo contaste? -


      - Porque ahora ya no querrás escapar. -


      - ¿Qué? -


      - ¿Crees que si logras escapar ya todo se acabará? Ya conoces el verdadero cuerpo de mi maestra, ella no te dejaría vivir, tu curiosidad es demasiado problemática y esta es la consecuencia. -


      La albina se daba cuenta que la frase de la curiosidad mató al gato se le acababa de aplicar a ella, el secreto de Kelpie acababa de atarla aún más a esa bruja y esa mansión, por lo que escapar empezaba a hacerse una idea más y más lejana, todo por no saber cuando dejar de preguntar.

    • El día pasó y la mente de Pixie estaba en alerta, lo que supo de Kelpie ahora se convertía en una cadena invisible, si intentaba volver a escapar ella la perseguiría y la mataría, la única manera que se le ocurría de evitarlo era convencer a Eclipse de que se fugaran juntas, pues su compañera era la persona que mejor la conocía y podría defenderla. Cuando la puerta de esa mansión se abrió, la albina supo que llegaba la que ponía en peligro su vida más que nadie, aunque trataba de disimular estar tranquila al ajustar su ropa de sirvienta, no pudo evitar cruzar su mirada con los ojos ojerosos y fríos de Kelpie, que rápido comprendió que había ocurrido algo.





      - Volvimos, niñas. -


      - Tengo hambre. -


      - Eres una consentida, comiste mucho en el parque. -


      - Y sueño. -


      - Traviesa, ya entendí. - Rio la bruja agachándose para besar en la boca a Kelpie que levantaba su mirada para facilitar las cosas. - Primero necesitamos bañarnos. -


      - No necesitamos bañarnos, no sudamos mucho. -


      - Pero detesto el aroma de los impuros. -


      - ¿Aroma a impuros? - Preguntó Pixie al estar curiosa en la charla, viendo los labios de Kelpie moverse así que concentraba más su audición.


      - Cada bruja desde que es una elegida tiene un aroma mágico impregnado en ella, es como una esencia, tu tienes un aroma a vainilla. -


      - Mi aroma es similar a la menta. -


      - El aroma de Eclipse es la canela. -


      - ¿Y el tuyo? -


      - A sangre. -





      Pixie sintió su piel erizarse por ese comentario venido de la mirada de frialdad de Kelpie, aunque era una niña sus ojos no mostraban nada de alegría, simpatía, simplemente nada, pero algo le hacía entender que era feliz cuando estaba del lado de esa bruja, al menos mientras ella estaba en la casa esa mujer parecía olvidarse de las otras niñas y no las tocaba.





      - ¿Qué tanto me miras? -


      - Nada. -


      - Mariposa -Susurró Hecate a la niña albina que tomaba de la mano, notando que miraba a Pixie. - Apenas volvemos y ya quieres pelear, eres una pequeña revoltosa. -


      - Ella ya lo sabe. -


      - Oh, Pixie¿Así que ya sabes cositas sobre mi linda mariposa? -


      - Yo no… -


      - Eso significa que ahora serán más cercanas. - Sonrió la peliverde mientras Kelpie soltaba su mano y caminaba hacía la otra albina, quedando frente a frente.


      - No hables, o estarás más muda que yo. -


      - Es… Está bien. - Susurró Pixie agachando su rostro frente a Kelpie, quien se acercó para hablarle a la oreja de manera que la pudiera escuchar mejor.


      - Se dice sí, maestra. -


      - ¿Maes… !Sí, maestra! -


      - Maestra ¿Ha decidido tomar a Pixie como su aprendiz? - Preguntó Eclipse acercándose a las demás, limpiando sus manos con el delantal al haber estado cocinando.


      - La señorita Hecate me explicó los motivos del porque debo de entrenarla, tan sólo espero esté al alcance de las expectativas de ella, sino me siento conforme, tengo toda la libertad de arrancarle su corazón. -


      - ¿Qué? -


      - Eso es cierto, así que debes de ser una buena niña y obedecerla, en unos días más Kelpie y tú empezarán a educarse juntas, ella ya te lleva ventaja pero sé que podrás ser esa brujita que tanto espero. -


      -Pero yo no… - Iba a hablar Pixie cuando Kelpie le soltó una bofetada, provocando que sus ojos se pusieran llorosos y tallara su mejilla.


      - Me aseguraré de que no vuelvas a decir eso, te cortaré la lengua y te obligaré a comerla si es necesario. -


      - No tenías que pe… Pe… -


      - Ya, llévate bien con ella, mi mariposa. - Sonrió la mujer cargando en sus brazos a la albina de ojos sin brillo, que no paraba de evitar de ver a Pixie llorar.


      - No entiendo porque tiene que ser ella. -


      - Con el tiempo lo sabrás, por ahora, vamos a descansar porque tuvimos un día bastante ocupado. -


      - Báñame. -


      - No ocupas decírmelo. - Dijo la peliverde besando la nariz de Kelpie que le miraba sin mostrar reacción alguna. - Me encanta cuando me miras así. -





      Hecate llevó en sus brazos a su niña favorita hacía su cuarto, dejando a Pixie y Eclipse a solas en la sala. La albina caminó hacía el sofá mientras tallaba su mejilla, llorando y sonando su nariz por la bofetada que había recibido, Eclipse sabía que ella se lo merecía pero seguía preocupada por ese “vínculo” que tenía que forjar a su lado, entre más unidas fueran, más fuertes serían, no era fácil para la elfa, fue entrenada para ser una asistente y amante ideal para Hecate, no para esa niña que no mostraba mucha sagacidad de pensamiento.


      Eclipse decidió que tenía que cambiar la situación entre Pixie y ella, vivirían siempre juntas, aunque no fuera de su agrado por su poca comprensión y aceptación de las cosas, había un hecho además de su vínculo, la elfa disfrutaba de ella, su piel tan suave, su aroma eterno a vainilla, su pasividad al tenerla entre sus brazos, para la niña elfica que siempre fue la que era sometida por el entrenamiento de Kelpie, era novedoso y excitante los papeles inversos, sobre todo porque sabía que esa chiquilla no parecía que cambiaría.





      - Todo estará bien. - Dijo Eclipse tomando las mejillas de Pixie, quien se sorprendía por el gesto al sentir sus pulgares limpiándole las lagrimas.


      - Eclipse. -


      - Solamente haz todo lo que yo te pida, si lo haces, no serás lastimada y si eres obediente, yo me aseguraré de que la maestra no te haga daño. -


      - ¿Me lo prometes? -


      - Te lo prometo. - Habló la joven elfa mostrando una sonrisa imitando a la reina de las brujas, una sonrisa falsa para cautivar. - Yo te cuidaré. -





      El corazón de Pixie vibró por las palabras de Eclipse, parecía otra persona al mostrar por primera vez su sonrisa, era una sonrisa cálida, amorosa, gentil, que le hacía confiar en ella, en creer en sus palabras, tal vez no había otra opción y tenía que ir aceptando su destino, estaría cautiva al lado de esas brujas pero si tenía a alguien a su lado, alguien que siempre le acompañara en todo eso, podría soportarlo mejor.





      - Yo… No podré escapar nunca ¿Verdad? - Preguntó Pixie mirando fijamente a Eclipse, quien le sujetaba el rostro.


      - No, la maestra me dijo que nadie ha escapado de su destino como futura bruja. -


      - Quisiera tener una oportunidad… -


      - Lo mejor para ti es que lo olvides, no hay nada allá afuera para ti, tu tiempo es distinto al de los demás ¿Qué harás en un mundo donde han pasado más de quince años desde que desapareciste? -


      - Es verdad. - Susurró la albina agachando su rostro, reaccionando al sentir un abrazo repentino por parte de la niña elfa.


      - Tú ya no tienes a donde ir, tu lugar está a mi lado, por siempre. -


      - Eclipse… Yo pensé que me odiabas. -


      - Odio que no comprendas lo grandioso que es nuestro destino, no hay nada más digno que ser una elegida de la señorita Hecate. - Hablaba Eclipse frotando el cuerpo de Pixie al abrazarla. - Pero en el fondo, siento que eres un diamante en bruto que necesita ser pulido. -


      - No entiendo. -


      - Que puedes ser más maravillosa de lo que crees. -





      La niña de piel morena se separó un poco de la albina para recostarla en el sofá y acomodarse encima de ella, Pixie no sabía que estaba pasando, la manera en que ella la trataba era tan distinta, tan amable que la tenía confundida y eso la hacía bajar aún más su ya de por sí débil guardia. Lentamente, la boca de Eclipse empezó a comer la de Pixie, quien cerró los ojos por la vergüenza que siempre sentía de ser besada, pero esta ocasión fue diferente por el trato de la otra niña, por primera vez, estaba disfrutándolo.





      - ¿Ves? Ellas se podrán llevar bien. - Susurró Hecate a Kelpie, mientras miraban a escondidas desde el pasillo.


      - Sigo sin creer que ella pueda tomar mi lugar. -


      - Dale tiempo al tiempo. -


      - Tú me has dicho que el tiempo no debe de importarnos. -


      - Me atrapaste. - Rio la bruja mayor tomando la mano de su amada para ir a la habitación. - Confía en mí. -


      - Solamente confió en ti, porque te amo. -


      - Y yo a ti, mi pequeña mariposa. -





      La puerta de la habitación principal fue cerrada y consigo los secretos que conservaba Hecate, la única que sabía el verdadero destino que depararía a esas dos niñas que se entregaban en la sala.



    • 31 de Octubre, la fecha en que los niños decidían atreverse a salir por la noche en busca de diversión, sustos y golosinas. La noche de brujas era esperada con mucha alegría por millones de niños alrededor del mundo, que con disfraces puestos se daban vueltas por las calles cazando de casa en casa los dulces, chocolates y demás regalos que la gente les ofreciera. Pero esa noche no sería normal, había algo ocultándose entre el parque central de Londres, donde algunos pequeños se habían metido para tratar de asustarse entre si o demostrar quien era el más valiente de todos.




      - Les digo que por aquí hay una bruja. -


      - Mentiras, mi mamá me dijo que son señores que asustan a los niños sólo por diversión. -


      - Shh… Escuché algo. - Dijo un niño vestido de momia mientras se acercaban a una fuente.


      - Niños, no deberían de estar aquí. -


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      De entre las sombras, se asomó la figura de una hermosa joven de vestido blanco y piel tan pálida como sus prendas, sus ojos rojos brillaban por la luna así como la sonrisa tan amigable que tenía. Ella se acercó a los tres niños que estaban congelados por ver a esa chica aparecer de repente, como si fuese un fantasma.

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      - !Es un fantasma! -


      - !No puedo moverme! -


      - Tranquilos, no pasará nada. - Habló esa chica con una voz dulce relajando sus cuerpos. - Solamente ando cuidando a los niños de las brujas malas. -


      - ¿Eres una bruja? -


      - Sí, pero no soy como las demás ¿Qué les parece si les doy los dulces que quieren y se van del parque? Si los llegan a encontrar, no podré cuidarlos. -


      - No acepten chicos, mi mamá dijo que no aceptemos nada de gente extraña. -


      - Haces bien en hacerle caso a tu mamá. - Sonrió la joven tronando sus dedos, haciendo que los niños se soltaran de su hechizo. - Vayan a casa, rápido. -


      - !Vámonos! -



      Los niños salieron corriendo, asustados al ver como las lámparas se iban iluminando al seguir su camino, como si estuvieran siendo guiados a la salida del parque, dejando a esa preciosa albina suspirando y sonriendo al haberlos alejado de un destino final.



      - Ya van tres hacía afuera, saldrán por el lado sur. - Dijo la albina por medio de un manos libres.


      - El equipo Eagle ya aseguró el lado este, esperan tus órdenes. -


      - Está bien… Nos vemos en el punto de partida, ve con cuidado Serena. -


      - También tú, Pixie. -



      Pixie suspiró y cerró los ojos para mentalizarse, hoy era la noche en que trataría de detener a Hecate y a las demás, no buscaba lastimarlas, tan sólo detenerlas y asegurarse de que no le hicieran ningún daño a los niños.
      Habían pasado cincuenta años desde que fue secuestrada por Hecate, junto a Eclipse y las otras dos maravillas, Karin y Noa, aprendices de Yarik, lograron convertirse en brujas en un tiempo récord, todo a raíz de la fuerte energía que nacía de los vínculos que entre las parejas poseían. Cuando logró hacerse bruja, en su primer festejo no pudo con lo que se supone fue educada para hacer, aunque recibió los azotes, maltratos y violaciones de Eclipse, siguió terca con su idea de que no era debido hacerlo.
      Tras la tortura que pasó, sabía que debía de parar, por el bien de los niños que eran devorados y las niñas que tomaban, así que logró escapar y tratar de salvar a tanto niño como pudiera, pero eso no sería suficiente, lo mejor para las personas del mundo era vencer a Hecate, pero contra su magia no había rivalidad, ni siquiera todas las brujas juntas podrían vencerla. Fue una pista que escuchó tras espiar uno de los tantos encuentros entre esa bruja y Kelpie que encontró lo que podía ser la única debilidad que tenía, en la Luna Azul ella parecía ser más delicada de lo normal, eso bastaba para tener un plan, el próximo 31 habría la llamada Luna Azul, sería el día para poder derrotarla.
      Pixie se transportó entre las sombras para aparecer en el punto donde empezaría la misión, estando reunidos cientos de militares y policías a los que convenció de la existencia de las brujas tras mostrarles su poder, así como algunas brujas que decidieron apoyar a la albina en su ideal, entre ellas, Serena.



      - ¿Están todos? - Preguntó Pixie al caminar hacía Serena que coordinaba el ataque.


      - Sí, sólo necesitamos que abras el portal. -


      - ¿Estaremos seguros, teniente? -


      - Tenemos a dos infiltradas que nos asegurarán llegar de sorpresa. -


      - A esta hora ellas apenas estarán con los preparativos, recuerden no disparar si no están seguros, hay niñas y niños en Woodhenge. - Explicó la bruja albina a los armados mientras alzaba su mano para abrir el portal. - En cuanto logren atrapar a una, usen las esposas encantadas que les dí. -


      - ¿Y qué pasará cuando aparezcan una de las tres? -


      - Eclipse, Kelpie y Hecate, cualquiera de las tres déjenmelas a mí, yo las enfrentaré. -


      - Preparados, entrarán a mi señal. -



      Pixie abrió un portal de sombras frente a todo ese ejército que entró siguiéndola para aparecer en cuestión de segundos en Woodhenge, todos los armados entraron corriendo tomando posiciones en medio de ese antiguo recinto, pero había algo extraño en todo eso.



      - ¿Qué está pasando? !Aquí no hay nadie! - Exclamó uno de los soldados.


      - Debe de haber un error, a esta hora deberían de estar empe… -


      - !Es una trampa, Pixie! -



      Un fuerte chasquido sorprendió a todos, un muro de fuego rodeó al ejército que estaba detrás de las brujas, instante en que el grupo de Hecate emergía de entre portales de luz, lanzándose contra las rebeldes.



      - !Agrúpense! -


      - !Pixie! !Ayuda! - Gritaba Serena mientras era sujetada por otras brujas y la desnudaban.


      - !Alto! -


      - !Ayuda! -


      - !Esperen, yo los ayudaré! -


      - !Agua! - Gritaban los soldados al empezar a ser incinerados vivos frente a los ojos de Pixie quien intentaba usar hechizos de agua y salían más como una brisa.


      - ¿Por qué? ¿Por qué mi magia no sirve? -



      La albina estaba desesperada al no poder detener nada de lo que pasaba, los soldados que la acompañaban ardían en medio de las llamas mientras las chicas que peleaban a su lado eran desvestidas y empezaban a ser violadas por las otras brujas, había sido una trampa perfecta para detener su rebelión.
      Pixie intentó usar un hechizo de sombras para alejar a las brujas de sus compañeras pero fue detenido por un haz de luz, eso le hizo comprender que de entre todas las brujas que quería evitar, justo a la que menos quería enfrentar estaba apareciendo.



      - Te dejas llevar siempre por tus emociones, por eso tus hechizos se debilitan. -

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      De un portal de luz salió una motocicleta deportiva que se detuvo en medio de todo, de ella descendió una bella joven de piel morena, larga melena blanca y ojos cobrizos, cuyas ropas casuales contrastaban con su vida de bruja. Pixie dio un paso atrás al ver como Eclipse cambiaba sus ropas con un chasquito a su vestido de batalla. Los ojos de la albina empezaban a ponerse llorosos al ver a esa chica de ascendencia elfica, su mirada siempre le había causado impacto y cuando creyó estar lista para intentar enfrentarla si era necesario, se sentía de nuevo insegura.




      - ¿Qué esperas? Pelea. -


      - Eclipse, por favor… No tenemos que pelear, yo… -


      - Pelea. - Dijo Eclipse caminando hacía ella quien intentaba usar su magia de sombras para crear una barrera.


      - !Por favor, no! -


      - La maestra te enseñó a usar magia de las sombras, eres la única después de ella que la manipula y mira como la desperdicias. -


      - Eclipse… Amor mío. - Susurraba Pixie con los ojos llenos de lágrimas al dudar en atacarla o no. - Détenlas, por favor… Haré lo que me pidas pero détenlas. -


      - No lo haré. -


      - !Por favor! -


      - ¿Qué esperabas? Si deseabas pelear tenías que estar dispuesta a sacrificar todo por ello… Deberías de estar dispuesta a pelear contra mí. - Habló la morena acercándose más a Pixie quien mantenía una barrera que se debilitaba mientras ella avanzaba. - Pero siempre tus emociones te traicionan, no eres capaz de arriesgar nada, esperas que todo se resuelva de buena voluntad… Me das asco. -


      - Por favor, Eclipse… -


      - Me da asco que ame a una chica como tú. -



      Eclipse rompió la barrera con un manotazo y corrió hacía Pixie quien usaba su magia para cubrirse de los ataques de esa chica elfa, había tanta diferencia en el combate entre las dos que Eclipse estaba peleando cuerpo a cuerpo, sin una pizca de su poder mágico y aún así la acorralaba.



      - !Pelea! -


      - No…. No puedo… -


      - Entonces no cierres los ojos y mira como los demás sufren por tu culpa. - Dijo Eclipse haciendo reaccionar a Pixie, que logró empujarla con su magia.


      - Yo… !No permitiré que eso pase! -



      Pixie empezó a acumular las sombras a su alrededor en una mano, Eclipse sabía que por fin iba en serio, sabía de antemano que el poder mágico de esa chica era superior al propio, pero era una lástima que fuera tan inestable por sus sentimientos.


      - Eclipse, ordena que se detengan, no las quiero lastimar. - Habló Pixie mientras las sombras que se arremolinaban en su mano iban tomando mayor forma.


      - Eres muy osada al querer ordenarme, cuando sabes que tú eres quien debe de obedecerme. -


      - Yo… !Yo te derrotaré!-


      - ¿Derrotarme? No puedes hacerlo en la cama, esperas hacerlo aquí. - Dijo Eclipse para provocar a la albina, que se ruborizó por el comentario y perdió la concentración un instante.- Ahora. -


      - Lo sentimos amiga. -



      Pixie sintió como si algo atravesara su pecho, el sabor de la sangre empezó a inundar su boca y sus ojos se nublaban, pero podía alcanzar a ver que una cadena salía de entre sus senos y llegaba hasta la mano de Eclipse, quien sujetaba una punta en forma de flecha, era el objeto que había perforado su corazón. La albina cayó al suelo apenas sosteniéndose, su magia se iba disminuyendo, volteó por su hombro para averiguar quien fue la que la atacó por la espalda, pero no pudo más y cayó sobre su propio charco de sangre.



      - Pobrecita. -


      - No pensé que usaras un hechizo prohibido contra ella, se supone que la amas ¿O no? -


      - Por lo mismo que la amo fue que lo hice. - Dijo Eclipse acercándose a Pixie que estaba en un estado de shock. - Me lo agradecerá en su momento. -



      Eclipse jaló la cadena para que atravesara el cuerpo de Pixie hasta que el final de ella se introducía, quedando anclado a su corazón. La joven de ascendencia elfa empezó a enredar su mano con la cadena lentamente, subiendo por su brazo hasta acercarse a su corazón, desvaneciéndola al pasar su mano por encima ocultando el uso de ese conjuro.


      - ¿Qué harás con ella? -


      - Asegurarme de tener a la Pixie que amo. -


      La vencedora cargó en sus brazos a la perdedora que tenía su cuerpo colgando dando la idea de que estaba muerta, pero aún se podía escuchar su respiración. Pixie no sabría hasta reaccionar que Eclipse estaba dispuesta a todo para asegurar que fuera una bruja de respeto, incluso manipular su corazón más allá de lo permitido.
      El dolor despertó a Pixie, una intensa punzada en su pecho y la sensación de tener todo su cuerpo destrozado, al abrir los ojos se vio desnuda y encadenada en forma de cruz contra una pared que conocía bien, ya que más de una vez fue castigada ahí por Kelpie al no obedecerla en sus enseñanzas. La joven albina sentía la boca con sabor a sangre y veía una cadena que salía de entre sus senos, estaba incrustada en su pecho y cada latido que tenía le causaba una sensación de opresión.



      - ¿Estará bien? -


      - Confía en Eclipse, no le haría nada malo a ella si no fuera por su bien. -


      - ¿Ka… Karin? - Susurró Pixie al ver delante de ella a dos hermosa chicas, una rubia platinada y una de cabello negro, en ropas más que sugerentes.


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      - !Ya despertó! -


      - ¿Qué ha… Hacen aquí? -


      - Es obvio, te traicionamos. -


      - ¿Por qué? - Murmuró la albina estando bastante débil por la sangre perdida.


      - Porque no piensas en las demás, amiga, solamente en ti así que esto lo hicimos por tu bien, buscamos la mejor opción para que no salieras lastimada. -


      - Bien, denme espacio con ella por favor. -


      - ¿Por qué no lo haces mientras estaba inconsciente? - Preguntó Noa mientras Karin la abrazaba por detrás.


      - Ella debe de entender que ninguna bruja debe de conservar su humanidad, debe de caer en la desesperación y darse cuenta de la estupidez de su sueño. -


      - Uste… Me dijeron que… Me ayudarían. -


      - No nos odies Pixie, somos tus amigas pero disfrutamos de ser brujas. -


      - Yo no puedo desobedecer a Karin, le prometí amor y obediencia eterna. - Habló Noa recibiendo besos en la mejilla por parte de la rubia.


      - Si lo piensas, no te traicionamos, que te ayudáramos no significa que estuviéramos de tu parte. -


      - Ellas comprenden lo maravilloso que es ser una bruja, la dicha de ser una elegida, pero siempre tú… -


      Eclipse se acercó a Pixie sujetando sus mejillas con ambas manos viendo como ella lloraba por el dolor y por la tristeza de verla a la cara, forzándola a cruzar sus bellos ojos rojos con su mirada, el tiempo compartido entre las dos las hizo unirse, la elfa lo hizo para ganarse su confianza y fortalecer su vínculo por lo que nunca esperó que en verdad desarrollara sentimientos hacía esa chica llorona e ingenua, aunque era irritable por esa necedad de “lo correcto” en su pensamiento, la manera en que la miraba, en que titubeaba su voz, su calor, Pixie la amaba profundamente, era un amor tan puro y tan real que Kelpie y Hecate le sugirieron cuidarlo por ser algo invaluable entre las brujas, no era un amor nacido del miedo, de la admiración, se había enamorado realmente de ella.


      - ¿Por qué, Pixie? ¿Por qué tras estos años que he hecho todo por que ames estar conmigo te aferras a esa estúpidez? - Preguntó Eclipse notándose algo de dolor en su comentario.


      - Yo te amo… Pero… Los niños. -


      - Los niños no te importan, solamente quieres aferrarte a la idea de volver a ser una humana, a hacer el bien pero ni siquiera sabes si lo que haces es correcto. -


      - Es lo… Correc… -


      - ¿Sólo por que tú lo dices? Eres terca, estúpida e infantil, no hay día en que esté preocupada porque no eres capaz de afrontar tu realidad. -


      - Yo… -


      - Sí me amaras como dices, deberías de ser capaz de soportar este mundo a mi lado. -


      Pixie pasaba algo de saliva y lloraba por ese comentario, amaba a Eclipse, se enamoró de ella por que en el fondo sabía que era una chica amorosa y atenta, pero no podía perdonarle ser parte de los planes de Hecate que parecía hacer lo que quisiera.


      - Eclipse… No podemos seguir así… Te amo y… No puedo pe… Pelear siempre conti… - Susurraba la albina al tener poca fuerza por la sangre que había perdido.


      - Es verdad, no podemos seguir así, por eso tuve que hacerlo… Eres un desperdicio de bruja, si tan sólo dejaras de aferrarte a lo que fuiste alguna vez, tanto poder mágico que hay en ti y que no valoras para nada, desperdicias el tiempo que invirtieron nuestra maestra y la señorita Hecate contigo. -


      - Yo… Sólo quiero que seamos li… Libres. -


      - Ese es tu problema, todas somos libres excepto tú, vives encadenada al pasado humano que tuviste, crees que por hacer lo que juzgas como correcto podrás volver a serlo y no te importa sacrificar la vida de los demás con tal de cumplir tu capricho. - Hablaba Eclipse lamiendo los labios ensangrentados de su prisionera.


      - No es un capri… -


      - Eres más perversa de lo que crees, estás tan encaprichada en demostrar tu “bondad” y no eres capaz de aceptar toda la sangre que se ha derramado por ti… Es eso lo que me encanta de ti, tu inocencia y tu ingenuidad es tan peligrosa, porque contagias a los demás con ella y no son capaces de ver que los llevas a su propia muerte. -


      - Eclipse… Yo… Yo te amo… Por favor… Huye conmigo, ya no pelearé contigo… Estemos sólo nosotras… Lejos de todo. - Susurraba Pixie sin dejar de llorar mientras la elfa frotaba sus mejillas y lamía sus labios.


      - Ya no tendrás que preocuparte por eso, yo te liberaré, serás libre de todo y podremos ser felices. -


      - No puedo ver. -


      - Te deseamos suerte, Pixie, se fuerte. - Dijo Karin abrazando a Noa para que no viera lo que iba a pasar.


      - Te amo. -


      - Yo… Yo también te amo… Te ofrecí mi corazón y… Perdóname… No puedo voltear la cara al ver lo que hacemos las brujas… -


      - Shh… Ya no sigas. - Murmuró Eclipse sujetando la cadena que estaba incrustada en el pecho de Pixie. - Tú me ofreciste tu corazón, así que tomaré lo que es mío. -


      Eclipse tiró fuertemente de la cadena, la voz de Pixie no soltó más que un grito sin voz, sus ojos le dieron algunos segundos aún de vista consciente, suficientes para ver que la chica que amaba había arrancado su corazón y empezaba a envolverlo con esa cadena.


      - Serás libre… Podremos amarnos sin que nada más te confunda. -


      Los ojos rojos de Pixie perdieron su brillo mientras Eclipse la abrazaba y la desencadenaba, quedando colgando entre sus brazos, esa bruja “buena” acababa de morir en manos de la chica a la que le ofreció su amor, que aún con respeto a su cuerpo la recostó en una cama que rápidamente se tiñó de su sangre.



      - No veas… Tapa tus ojitos. - Hablaba Karin abrazando fuertemente a Noa.


      - Karin, la caja. -


      - Sí, no abras los ojos. - Susurró la rubia a su pareja quien tapó sus ojos mientras ella le daba una caja de cristal a Eclipse. - ¿Estás segura de esto? -


      - Si, entenderé si la maestra y la señorita Hecate se molestan conmigo, pero es lo que debo hacer.-


      Eclipse metió el corazón de Pixie en esa caja de cristal, estando envuelto en esa cadena, se pinchó la palma de la mano con la uña de su otra mano provocándose una herida profunda, al empezar a sangrar colocó su palma sobre el órgano extraído empezando a bañarlo con su sangre hasta que cubriera la mitad del recipiente.


      - Suficiente. - Dijo Eclipse besando su mano para detener el sangrado y luego tomar el recipiente. - Gracias por ayudarme. -


      - Para eso son las amigas, espero que con esto por fin Pixie pueda estar tranquila. -


      - Sé que lo estará. -


      - No es como si quiera aprender un hechizo prohibido pero meterás ese corazón bañado con tu sangre en el pecho de ella otra vez ¿O no? La traerás con vida pero con el hechizo para manipular sus sentimientos. -


      - Si, pero más que manipularlos los moldearé, eliminaré aquellos que son un estorbo para ella. -


      - ¿Puedo ver como lo haces? -


      - Lo siento, quiero estar a solas con ella mientras lo hago. -


      - Está bien, cualquier cosa nos avisas. - Contestó Karin sacando un vaso con jugo de naranja fresco. - Te hará bien para recuperar la sangre que perdiste. -


      - Gracias. -


      - ¿Ya nos podemos ir, Karin? -


      - Ya, no abras los ojos hasta que te diga. -


      Eclipse esperó a que esa pareja se despidiera de ellas para regresar a la cama, se quitó la ropa y gateó hacia el cuerpo de Pixie, acariciando su cuerpo ensangrentado, lamiendo su vagina, vientre hasta llegar a sus senos, lamiendo el interior de su tórax expuesto mientras usaba su magia para hacer aparecer un pene mágico entre sus piernas él cual fue introduciendo lentamente en la zona íntima de la difunta. La Elfa besaba con lujuria la boca el cadáver, disfrutando de cada instante de tenerla entre sus brazos, pronto sería la bruja que nació para ser, aquella que sería tan poderosa que todas respetarían y que se convertiría en la digna compañera de su vida, por eso profanaba su cuerpo en señal de felicidad por su sueño próximo a cumplirse.


      - Por fin te liberaré, Pixie. - Susurró Eclipse sacando del recipiente el corazón de esa albina, metiéndolo de nuevo en su cuerpo. - Vuelve a mí como la chica que amaré aun más tras este pacto. -



      Aquel corazón latía lentamente al volver al cuerpo de origen, mientras Eclipse quedaba impregnada de la sangre de Pixie al fornicar con su cuerpo que aún estaba inerte. Solamente era esperar para saber que clase de resultado tendría la profanación de Eclipse a la vida y corazón de la dulce chica que era Pixie.






    • El 31 de Octubre era una fecha especial para la mayoría de los niños, pero como toda fecha se tenía que averiguar el motivo del porque se festejaba, esa fue la resolución de una escuela que llevó en excursión a sus alumnos a Stonehenge y otras áreas megalíticas, para que conocieran las leyendas y mitologías que enriquecían en folklore de Gran Bretaña.
      La excursión al llevar a una gran cantidad de niños tenía la protección de la policía local que protegía a la caravana de principio a fin, por lo que los padres de familia estaban seguros de que sus hijos no correrían peligro y que disfrutarían del viaje.





      - Niños, manténganse juntos. -


      - !Si, maestra! -


      - Ey ¿En verdad le vas a pedir a Bianca que sea tu novia? - Preguntó un niño a otro mientras bajaban del autobús y miraban a una niña albina con vestido de verano.


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      - Claro que lo haré, he estado practicando frente al espejo por días, es la niña más bonita de la escuela. -


      - Pero a todos rechaza, hasta dicen que la profesora le ha dicho que no salga con nadie hasta que crezca. -


      - Pero yo soy el mejor jugador de soccer de la escuela y me siento a su lado, eso me da ventaja. -


      - A mi me gusta más la profesora. - Dijo otro niño detrás de ellos. - Es tan bonita. -


      - Las dos son muy bonitas, por algo son hermanas. -


      - ¿Es cierto que la cicatriz de su pecho fue por el accidente que tuvo? -


      - Eso dice la profesora, que sufrieron un choque de carro y sus papás murieron, ella ha cuidado de Bianca por su cuenta. -


      - Pero se acabó, yo cuidaré de Bianca, ya verán. -


      - Si claro, ni cuidas tu dinero. -


      - !Les dije que traía el pantalón roto! -


      - !Niños, dejen de platicar tanto y acérquense que haremos las parejas! -



      Los niños corrieron para formarse estando frente a ellos una bella joven de piel blanca, cabello tan blanco como la nieve y unos ojos rojos similares a la niña de la que hablaban, esa chica se quitaba por un rato su sombrero aunque le molestara la luz del sol con tal de darle una linda explicación a los niños que tanto la querían.



      - Recuerden, no se alejen a la persona que les toque en ningún momento, todo este sitio es enorme y se pueden perder. -


      - !Maestra Pixie! ¿Podemos ser puras niñas en las parejas? Los niños huelen feo. -


      - !Si! - Exclamaron las niñas haciendo reír a una linda y joven albina a quien llamaban maestra.


      - Está bien, pero sale sobrando un niño y una niña en el conteo, si nos vamos por la lista serían Bianca y Leo. -


      - !A mi no me molesta estar con Bianca! -


      - !Iuuuuh! -


      - !Beso, beso! - Gritaban los chiquillos mientras ese niño caminaba nervioso hacía la niña albina.


      - Basta niños, guarden silencio y hagan caso a la maestra. -


      - Gracias director. - Sonrió la joven haciendo que el señor se ruborizara por la belleza y ternura de esa mujer.


      - No me agradezca señorita, me alegra tanto que haya maestras como usted que se preocupe porque los niños aprendan desde la fuente !Vengan niños, les pasaré sus números de pareja! -


      - Muchas gracias por ayudarme en eso. -


      - !Hoy por usted, mañana por mí! -


      - Ese señor no me agrada. - Susurró la niña albina sin que nadie la escuchara mientras la profesora se acercaba para acariciarle el cabello y ponerle un sombrero.


      - Tranquila, ya llegamos al clímax del viaje. -


      - Yo cuidaré de Bianca, profesora. -


      - Sé que ella no va a querer separarse de ti ¿Verdad? -


      - Ese es el plan. -


      La profesora esperó a que se formaran las parejas entre niños y niñas, había al menos unos doscientos estudiantes, a pesar de ser una comunidad semiurbana tenía una matrícula estudiantil decente, quedando únicamente la pareja de Bianca y Leo como impares. La albina caminó de un lado a otro mirando su reloj, eran casi las diez de la mañana y todos esperaban que diera inicio el recorrido sin saber que las cosas iban a tomar un rumbo distinto. La maestra se acercó a la fila de los adultos donde había al menos veinte policías, el director y una docena de maestros, caminando hasta una bella mujer que ajustaba su radiotransmisor.



      - ¿Está todo listo? - Preguntó Pixie a una comandante de policía de cabello rubio que le sonreía al verla.


      - Todo listo, esperamos tus ordenes. -


      - Bien. -


      - Confió en ti, Serena, no malgastes la oportunidad que te dieron. -


      - No lo haré. -


      - Entonces… Puedes empezar. -


      Serena sacó su pistola y empezó a disparar a los adultos provocando que los niños gritaran por el estruendo del arma, la primera reacción de todos fue correr pero no habría escapatoria, antes de que los infantes pudieran moverse, el coro de gritos desgarradores emergió, cientos de niños estaban tirados en el suelo con las piernas cortadas de tajo, las únicas que habían logrado escapar eran las niñas que corrieron para todos lados.


      - ¿Qué está hacien… - Gritó uno de los policías al recibir un disparo en la cara por parte de Serena.


      - ¿Cómo se atreve? -


      - Cállate. - Dijo la rubia al detener las balas que uno de sus comandados le disparaba usando el cuerpo de otro.


      - Deja de jugar. -


      - Lo siento. -


      Serena hizo caso a la voz de Pixie y usó su magia sobre el policía provocando un estallido de su cráneo al hacer hervir su sangre, aquel acto hizo que las niñas que aún estaban presentes quedaran en shock, algunas se orinaron y otras se hicieron bolita empezando a llorar.
      Un fuerte chasquido fue acompañado de una repentina neblina oscura y densa que descendía sobre Stonehenge, como si la noche estuviera llegando siendo apenas de mañana. El llanto de las niñas y el grito de los niños se mezclaron con las risas y ánimo de chicas y mujeres que iban emergiendo de entre las sombras.


      - !A divertirnos chicas, Pixie nos trajo un banquete! -


      Aquellas mujeres se abalanzaron sobre las niñas más bonitas que encontraban y asesinaban a las que no llenaban sus exigencias, desnudaron a las que dejaron con vida y empezaron a tocarlas de maneras depravadas, dando inicio a una violación masiva.
      Entre la sangre, gritos, gemidos y risas, algunos cuantos niños lograron correr hacía el bosque más cercano, entre ese puñado iba Leo que no soltaba de la mano a Bianca, aunque quería orinarse de miedo, no la quería soltar en ningún momento.



      - !Todo estará bien, todo estará bien, Bianca! !Encontraremos a tu hermana y nos iremos de aquí! - Gritaba el niño abrazando a la niña albina, frotando su cabello para calmarla.


      - !Leo, hay luces hacía allá, vamos! -


      - !Ven, no me sueltes! -



      Los niños corrieron hacía la luz viendo que se acercaban a una extraña estructura parecida a un castillo, no había forma de que regresaran, podían escuchar los gritos hasta ahí y el miedo los dominaba así que decidieron entrar al ver que la puerta estaba entreabierta.



      - ¿Holaaaaaaaaaa? - Gritó un niño mientras los demás entraban detrás de él lentamente. - ¿Hay alguieeen? -


      - !Cierra la puerta, rápido! -


      - !Mi teléfono no sirve! -


      - Busquemos a alguien que tenga teléfono, hay que llamar a la policía, al ejército, a quien sea. -


      - ¿Estás bien? Bi… Bianca. - Hablaba agitado Leo mientras sujetaba de los hombros a la niña albina.


      - No me llames así, solamente dos personas pueden llamarme así, que lo hagan otros me causa disgusto. -


      - ¿Dijiste algo? Sé que no puedes hablar fuerte pero inténtalo ¿Sabes lo que pasó ahí afuera? -


      - !Maestra! -


      Leo volteó al escuchar a uno de sus amigos gritar, frente a ellos estaba la maestra Pixie, quien sonreía como siempre, de esa manera tan dulce y amigable que les calmaba, hasta hacía sentir que todo estaría mejor al estar ella presente.


      - !Maestra, maestra! ¿Qué está pasando? -


      - !Llame a la policía y al ejército! !Ha de ser un ataque terrorista! -


      - !Maestra, maestra!-


      - ¿Podrías guardar silencio? Siempre se los dije, no me gusta que griten. - Dijo la profesora sujetando de la cabeza a uno de los niños con una mano y con la otra su mentón.


      - !Pero maestra, debemos de… -


      La cara de los otros niños fue de un shock total, la profesora metió los dedos de su mano en la boca de su amigo para callarlo y con una fuerza descomunal separó su quijada partiendo la cabeza del infante en dos, cayendo su cadáver al suelo.
      Los niños empezaron a gritar mientras la figura de su maestra se rodeaba de una bruma oscura que desaparecía casi al instante dejando ver a esa joven con una ropa ajustada con placas de metal que dejaba ver su figura, resaltando entre sus pequeños senos una ranura para alguna clase de llave, su ropa se complementaba por una capucha con forma de orejas de conejo negra y lo que parecía ser una espada gigante en una de sus manos.



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      - !Tú no eres la mae… -



      Iba a gritar un niño que iba a correr pero esa chica blandió su espada como si fuese de papel decapitándolo, uno tercero trataba de escapar por uno de los pasillos pero en el fondo aparecía un puma de pelaje blanco que brincaba sobre el pequeño empezando a rasguñarlo y morderlo hasta destrozarlo. Un cuarto logró llegar hasta una puerta pero al abrirla esa mujer estaba frente a él, al querer dar la vuelta le sujetó una de sus manos y se la torció quebrándola, luego pateó la parte interior de su rodilla para hacerlo caer, ya inmovilizado empezó a forzar el quiebre de cada articulación, haciendo que los gritos de ese niño retumbaran en el edificio.
      Leo aprovechó que esa mujer estaba concentrada con los demás para correr sin soltar a Bianca de la mano, hasta llegar a lo que parecía un jardín lleno de mariposas y polillas revoloteando. El niño miró hacía atrás para asegurarse que no los seguían, cerró la puerta y empujó con todas sus fuerzas un pedazo de tronco que había en el suelo, tratando luego de recuperar su aliento.



      - No te preocupes… Yo...Yo te sacaré de aquí. - Dijo Leo recuperando su aliento, dando un brinco al sentir que las manos de esa pequeña niña rodeaban su cuello. - Estaremos bien… Bianca. -


      - Solamente dos personas pueden llamarme así, mi padre y la reina de las brujas. -


      - ¿De qué hablas? ¿Qué haces BI… Bi… !Bianca! -



      El niño se puso nervioso al sentir que esa niña lo abrazaba del cuello y acercaba su boca a su cuello, por más que quisiera estar feliz porque la niña más bonita estaba abrazándolo y besándolo, afuera había una masacre y no podía concentrarse, lo único que hizo fue abrazarla pensando que tal vez era el miedo lo que la tenía así.


      - Estaremos bien, Bia… - Hablaba Leo quedando callado al instante por un dolor tremendo en su cuello.


      En un parpadeo vio que la niña que abrazaba había desaparecido, ahora estaba una mujer de ojos terroríficos en un manto blanco, la fuerza que tenía esa persona le hacía crujir sus huesos pero eso no era nada comparado al dolor que sentía en su cuello, el niño no era capaz de ver que tenía una mordida profunda en su hombro y un buen trozo de su carne había sido devorado por las fauces ensangrentadas de ella.


      - Bian..-


      - !QUÉ NO ME LLAMES ASÍ, SÓLO ELLA PUEDE! - Gritó esa mujer empezando a morder más y más el hombro del niño.



      Los gritos de Leo fueron de tremendos a un silencio total, su cabeza colgaba de su cuerpo por su piel mientras era consumido por esa mujer de blanco, quedando sus prendas bañadas en sangre. El último fue reservado por Kelpie, porque pudo ver el corazón de aquel niño precoz, incluso sabía que más de una vez se había masturbado pensando en ella, era tan repulsivo que quiso matarlo y comerlo personalmente.
      El escenario estaba hecho, en medio de Stonehedge las brujas violaban a las niñas y empezaban a hacer hogueras para cocinar a los niños que Pixie dejó sin piernas, algunos ya habían muerto por desangramiento y para los que tenían la mala fortuna de seguir vivos fueron asesinados por las niñas con la falsa promesa de que si clavaban una navaja en ellos serían liberadas, en un acto de desesperación no tuvieron otra opción, aunque no sabían que esas mujeres solamente se estaban divirtiendo con ellas.


      - !Este es el mejor día de brujas que he visto! - Exclamó Karin pisando el cuello de un niño hasta matarlo.


      - Estoy sorprendida ¿Tanto poder tenía Pixie? -


      - ¿Es genial o no? Su control de las sombras es tan alta que puede hacer una noche falsa para que podamos manifestarnos con nuestro máximo poder. -


      - Pero me sorprende más ¿Cómo pudo pasar desapercibida? - Preguntó Noa mientras Karin se limpiaba sus zapatillas sobre el cuerpo del asesinado. - Yarik me dijo que todas nosotras emanamos un aura que hace que todas las personas desconfíen de nosotras, solamente el 31 podemos engañar a los demás por que se presta la fecha. -


      - Por eso ella es especial, a diferencia de las demás, Pixie nunca perdió su aura, su esencia de niña dulce, tierna y adorable, ella puede caminar entre los mortales y ganarse su confianza, tan sólo mira, seis meses fingiendo ser una maestra y nos consiguió más niños que todas las brujas de Escocia juntas. -


      - !Te escuchamos Karin! -


      - Ups, pero es verdad chicas, son muy flojas. -


      - !En Escocia hay más ancianos que niños! - Le gritó una de las brujas mientras Karin se reía y Noa se acercaba a ella.


      - Sin dudas, Eclipse hizo bien en quitarle el corazón a Pixie. -


      - ¿Estás segura? Ella… Es distinta a como la conocimos. -


      - Vamos, no es tan distinta, sigue siendo linda y todo. - Hablaba Karin abrazando a su novia, pintando sus labios con sangre con uno de sus dedos.


      - Si, no deja de ser ella pero desde que ella revi… -


      - No digas más, Eclipse se va a enojar. -


      - Perdón. -


      - Mejor piensa en como agradecerle a ella por traernos tantas niñas bonitas, ya hasta aparté una para ti, será la primera vez que penetres a una. - Comentó la rubia tratando de animar a su bruja pareja.


      - Hablando de eso ¿No falta una niña? Había una albina. -


      - Creo que era una ilusión de Pixie. -



      En aquel castillo entre las sombras, Kelpie seguía devorando los restos de los niños recién asesinados, estaba tan concentrada que no reaccionó a los pasos que se escuchaban, una bella elfa de tez morena había entrado al edificio, caminando en dirección a la bruja albina que yacía en el piso sentada, sin reacciones, como si fuese una muñeca.

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      - Lo hiciste bien. - Habló esa chica provocando que Pixie empezara a parpadear y volteara a verla, mostrando una sonrisa y un rubor de chica enamorada.


      - Eclipse ¿En verdad lo hice bien? -


      - Lo hiciste perfecto. -


      - ¿Te hice feliz? -


      - Muy feliz. - Dijo Eclipse ayudando a Pixie a levantarse para abrazarla, sintiendo como ella suspiraba al estar entre sus brazos. - Eres una chica obediente. -


      - Haré todo lo que me pidas, mi corazón te pertenece, eres la única que tiene la llave de mi corazón. -


      - Eres toda mía, Pixie… -


      - ¿Me amas Eclipse? -


      - Te amo. - Contestó la elfa haciendo sonreír a Pixie, quien cerró los ojos y levantó un poco el rostro.


      Eclipse sujetó las mejillas de Pixie para besarla en la boca lentamente, se lo merecía, había superado todas sus expectativas, esa era la Pixie que quería, entregada a ella, sin que le replicara algo, obediente, enamorada, capaz de darle uso a esas características de su personalidad que la hacían una bruja perfecta, tan perversa como para engañar a cientos de niños y llevarlos a su fin, sin dudas, ahora la amaba mucho más.
      Kelpie limpió su boca con sus ropas al sentir la presencia de alguien a su lado, era la reina de las brujas quien le sonreía al ver a su bruja favorita disfrutando de un bocadillo. La maestra de Pixie se incorporó y mostró reverencia ante Hecate pero ella le pidió no hacerlo con la mano, pues ahí podía actuar como lo hacía siempre al estar a solas, ni Pixie ni Eclipse dirían la verdad que había entre ellas.



      - ¿Qué tal? ¿Superó tus expectativas? - Preguntó Hecate abrazando a Kelpie que mantenía su forma espectral.


      - No pensé que fuera capaz de engañar a las personas a todo momento, que su esencia fuera tan fuerte como para ocultar la mía también. -


      - Sabía que sería una buena sucesora para ti. -


      - ¿Lo sabías? ¿Sabías que para que fuese una bruja tan fuerte Eclipse debía usar magia prohibida en ella? -


      - Si, pero no quise decírtelo, porque mi pequeña mariposa es algo celosa y podría pensar que intentaba replicarte. - Sonrió la bruja frotando el cuerpo de Kelpie quien le miraba con esos ojos sin vida.- Pixie debía sentir que había perdido todo y en el último momento, aferrarse a una sola cosa, lo único que movería su alma al ser revivida, el amor que siente por Eclipse. -


      - Así como me mueve el amor que siento por ti. -


      - Exacto, mi pequeña mariposa. -


      - Pensé que eras la única capaz de hacer lo que ella hace ¿O tú le brindas ese poder? -


      - Solamente le doy un empujón, pero quien hizo todo al final fuiste tú. -


      - No lo entiendo. -


      - Tú entrenaste a Pixie para ser una digna manipuladora de las sombras, criaste a Eclipse para ser una bruja que mantenga la dignidad de nosotras siempre en alto, preparaste todo para que ellas tomen nuestro lugar. - Comentó Hecate mientras Kelpie volteaba para ver a sus aprendices besándose.


      - ¿Qué será de nosotras? -


      - Podemos divertirnos con ellas cuando queramos, pero me gustaría tomarme unas vacaciones, junto a ti. -


      - ¿Qué tan largas? -


      - Tan largas como tú quieras. - Dijo la reina de las brujas abrazando a Kelpie para besarla en la boca. - ¿Qué dices? ¿Empezamos hoy? -


      - Luego. -


      - ¿Por? -


      - Aún tengo hambre…-


      - No sé preocupe, maestra. - Habló Eclipse separándose un poco de Pixie quien se acurrucaba en sus brazos. - Aún hay más ¿Estás lista? -


      - Si. -


      En una escuela de Scotland Yark, varios autobuses escolares estaban alistándose para salir a un viaje que tenía tiempo de preparado, eran las once de la mañana y solamente esperaban que la encargada de la excursión diera el visto bueno para arrancar.



      - ¿Y la directora? -


      - Tal vez fue al baño. -


      - Perdón por tardar, me aseguraba de que la lista de los niños estuviera completa. - Dijo una bella joven albina en vestido formal, sonriendo a los maestros y padres presentes. - ¿Nos vamos? -








 

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مكسورة و تالفة
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Me habría gustado algo más explícito, obviamente, pero es una buena interpretación de cómo las brujas comen niños jaja.

P.D. Pues no me parece incómodo de ninguna manera.
 

مكسورة و تالفة
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Como dijiste, me gustó Eclipse jaja. Es guapa y dedicada a lo suyo =P
Esta historia me gustó más que la primera, está más morbosa.
 

O-O¬ Baton pass!!
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Pero es que Pixie no tiene carácter así como dominante, no me sorprende xD
:d es demasiado dócil y tontis, :d Eclipse pues es ella jaja, :d ¿Qué tanto le hizo en el primer día? La empujó, le robó un beso, le doy una tacleada, la ensarta y de paso la noquea Xd.
 

مكسورة و تالفة
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¿Qué tanto le hizo en el primer día? La empujó, le robó un beso, le doy una tacleada, la ensarta y de paso la noquea Xd.
¿No cuenta como el segundo día? (digo yo jaja, el primero fue el 30 de octubre, ¿no? y en ese entonces se veía sólo dócil, no como que fuera a hacerle de todo a Pixie =P)
 

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¿No cuenta como el segundo día? (digo yo jaja, el primero fue el 30 de octubre, ¿no? y en ese entonces se veía sólo dócil, no como que fuera a hacerle de todo a Pixie =P)
:d si, segundo día jaja, es que Kelpie (la bruja que te gustó) la entrenó bien para ser una "niña buena" :d y también Hecate pone de su grano al encargarle a Pixie, es dócil frente a esa bruja :d pero tiene tan enraizada las ideas de como debe de comportarse al pertenecerle a ella :d que no tolera que Pixie no sea obediente.
 

مكسورة و تالفة
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:d si, segundo día jaja, es que Kelpie (la bruja que te gustó) la entrenó bien para ser una "niña buena" :d y también Hecate pone de su grano al encargarle a Pixie, es dócil frente a esa bruja :d pero tiene tan enraizada las ideas de como debe de comportarse al pertenecerle a ella :d que no tolera que Pixie no sea obediente.
Se nota que no lo tolera jaja. ¡Y debe meter mano dura!
 

مكسورة و تالفة
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Jaja, por fin salió la policía de la que me habías hablado. Va a caer porque la tentación es grande.

Por cierto, ¿más que colección no crees que esto ya es un original fic?
 

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Jaja, por fin salió la policía de la que me habías hablado. Va a caer porque la tentación es grande.

Por cierto, ¿más que colección no crees que esto ya es un original fic?
Xd justo te decía eso, pero me dijiste que quedaría bien como colección Xd lo pondré como original fic, :d entre hoy y mañana continuo lo de la policía y el 31 se viene lo bueno :3.
 
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