Actividad [ Soncarmela & Lady Beelze]

ѕyncнrony
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Aqui va nuestro OS compartido para ustedes, de parte de Soncarmela Soncarmela y mi persona c: espero les agrade y divierta tanto como a nosotras nos divirtió escribirlo.

Comedia / Navideño


La nieve caía suavemente en bonitos y diminutos copos cubriendo las ciudades de blanco, mientras que en otros lugares del globo se podían freír huevos en el asfalto. Por supuesto, nadie gastaba sus huevos en comprobar cuantos grados de calor hacía, pero en uno y otro punto del globo, a pesar de las diferencias estacionales y culturales, un particular evento se había tomado a todos los habitantes del Digital World y los tenía emocionados, ansiosos, felices, y sacando dinero de sus bolsillos como si no hubiera un mañana. Navidad.

Las calles estaban abarrotadas de digimon cargados con paquetes y bolsas, así fueran enfundados en abrigos o con shorts de diseños hawaianos. Luces y canciones invadían las ciudades, todo parecía ser alegría y emoción, y todo esto era seguido desde las centrales informáticas que vigilaban el digimundo día y noche; feriado o día laboral. De lunes a domingo, las veinticuatro horas del día. Sin descanso. Sin pausas. Sólo con cambios de turnos.

—Cielos… —suspiró un desanimado Magnamon.

Omegamon se giró a verlo, extrañado de escucharlo con tan bajo ánimo. Aquello no era aceptable para un guardián del digimundo que velaba por la tranquilidad y protección de éste.

— ¿Qué ocurre, Magnamon?

Los trece Miembros de la Sagrada Orden de los Royal Knights al Servicio de Yggdrasill y la Protección del Mundo Digital, conocidos también como MSORKSYPMD (cualquiera de los dos nombres más difícil de recordar que el otro) se encontraban como cada día del año en la gran sala de comunicaciones, desde donde recibían imágenes y datos desde cada parte del globo. Tenían todos los rincones del digimundo monitoreados, y así lograban llegar en cuestión de pocos minutos a cada lugar en donde hubiera un problema o posible desastre, y lo detenían. Allí dentro el tiempo no corría. Todo era trabajo, trabajo, baño, y más trabajo.

—Míralos, Omegamon —dijo el joven dragón de armadura dorada, indicando las pantallas—, todos están felices y preparándose para celebrar navidad esta noche.

—Sí, igual como hacen cada año —
comentó Dukemon más allá, sentado también ante un grupo de pantallas.

—Desde hace varios años —siguió Craniummon entornando los ojos.

—Ya. ¿Y nosotros qué? —preguntó Magnamon, encogiéndose de hombros.

Varios de los digimon del lugar se volvieron a verlo con curiosidad. Era raro que nadie hablara sobre festividades allí dentro. En sus cumpleaños sólo se dejaban post-it con mensajitos, o si había tiempo se regalaban un cupcake. Pero eso era todo.

—¡Nosotros hacemos nuestro trabajo! —sentenció Duftmon desde el otro lado de la sala, sin dejar de teclear—. Eso es lo que hacemos. Velar por la seguridad e integridad de los individuos de cada sector, anticipándonos a posibles movimientos y estrategias que puedan ser perjudiciales tanto para la tranquilidad como seguridad del mundo digital. Somos Royal Knights, ¿te acuerdas?

Como siempre, el felino estratega hablaba mucho, de forma muy seria, cortante, con tono algo sarcástico y un acento alemán que resultaba ininteligible cuando se enfadaba. Algunos de los miembros de la sala asintieron con la cabeza a sus palabras y siguieron trabajando. Los otros se quedaron con el ceño fruncido o gesto insatisfecho. Uno de ellos estaba en la luna y no se había enterado de nada.

—Duftmon tiene razón, Magnamon —dijo Omegamon a su compañero.

—Es que no es justo —dijo el más bajito mirando al suelo—, todos los digimon del mundo se divierten y relajan en varias fiestas. Nosotros también somos digimon como ellos. Creo que al menos deberíamos celebrar la navidad, ya que ni siquiera celebramos nuestros cumpleaños o el año nuevo.

—O la pascua —
agregó Sleipmon.

—O el día de los inocentes —siguió Dukemon.

—¡Calla! —ordenó Duftmon, irritado— ¡La última vez Ulforce Vdramon cambió mi acondicionador por miel y acabé con el cabello hecho una mata horrible y pegajosa! ¡Es correcto que no festejemos celebraciones!

—Creo que estoy de acuerdo —
comentó LordKnightmon desde su lugar—, a mí me tocó desenredar su cabello y no fue una tarea agradable, aunque el resultado fue igualmente hermoso.

—Yo estoy con Magnamon —
dijo Sleipmon dándose la vuelta hacia la conversación—, somos probablemente el grupo de digimon que más trabaja en el digimundo. Nunca descansamos ni celebramos nada. Deberíamos permitirnos al menos la navidad.

En este punto de la discusión, los trece miembros se habían girado en sus asientos (o patas) hacia el centro de la sala para mirarse las caras los unos a otros. Había algunos caballeros que todavía no habían expresado sus opiniones, pero era porque preferían ver qué salía de todo aquello primero. El único que no se volvió junto con los demás fue el autor de la broma de la miel. El aludido cantaba el tema de Barbie Girlen voz baja y movía la cabeza al ritmo. Examon a su lado, le dio un codazo y el caballero azul despabiló. Se quitó los grandes auriculares y sonrió avergonzado.

Pronto se reanudó el tema.

—No debemos, bajo ninguna circunstancia, y repito, ninguna circunstancia, abandonar nuestros puestos de vigilancia —dijo el felino estratega, cruzándose de brazos—: hemos sido puestos aquí por un motivo y hemos de llevar a cabo dicho motivo.

—Disculpa —
soltó Gankoomon, cruzándose de brazos—, pero a mí nadie me puso aquí: vine porque quería hacerlo. Yo debería estar vigilando desde afuera.

A su lado, su ex-discípulo Jesmon dio un respingo y levantó la mano, pidiendo la palabra. Gankoomon se volvió a verlo.

—Yo también debería estar vigilando el digimundo desde afuera, como me enseñó mi maestro.

— ¿Qué rayos hacen aquí entonces? —
preguntó Dukemon.

—Jesmon quería conocer las instalaciones —replicó el caballero de bigote—; te recuerdo que fue ascendido hace muy poco.

—Volviendo al tema de la navidad —
siguió diciendo Magnamon—, pienso que nos merecemos un descanso.

—Oh, por favor —
dijo Craniummon—, lo único que quieres es que te den un regalo. Todavía eres como un niño.

Sleipmon y Magnamon se mostraron ofendidos. El caballo apuntó a su compañero de armadura púrpura.

—¡La navidad no se trata sólo de los regalos!

—A otro perro con ese hueso, Sleipmon.

—¡Es la verdad! Yo vivo en el polo norte gran parte del año, y allí celebran navidad todo el tiempo.


Esto fue motivo de sorpresa para todos. Los integrantes de la junta miraron con curiosidad al compañero de rojo.

—Así es. Siempre tienen luces y decoraciones; comparten en familia, con los amigos, preparan cosas deliciosas…

—Etcétera… —
resumió Duftmon, para no alargar el fic.

— ¿Y se dan regalos todo el año? —preguntó Dynasmon, sin imaginar cuánto dinero gastarían en ese lugar.

—Claro que no. Es decir… se regalan cosas cuando lo desean, pero en el día de Navidad es cuando se hacen más regalos.

—¿Para qué rayos alguien que celebra navidad casi todo el año quiere celebrarla aquí también? —
preguntó Craniummon levantando las manos.

— ¡Pues porque ustedes también son mis amigos! ¡Y creo que Magnamon tiene razón con eso de que deberíamos descansar alguna vez!

Los trece digimon se pusieron a pensar. Omegamon sacudió la cabeza y se volvió hacia su líder de negro.

—Alphamon, por favor —pidió—, eres el líder de este grupo: haz algo y zanja este asunto.

—Bueno —
replicó el aludido—, yo no puedo decidir por todos. Te recuerdo cual es el principal código de los Royal Knights.

—Seguir su propio ideal…

—Precisamente. Que cada quien se exprese y veremos qué ocurre entonces.


El digimon blanco negó con la cabeza y aceptó. Rápidamente comenzaron a levantarse algunas manos. Magnamon y Sleipmon lo hicieron juntos.

—Estoy a favor de celebrar navidad, aunque sea por una vez —dijo Sleipmon.

—Sí, en especial porque ahora finalmente estamos los trece —apoyó el caballero dorado.

Jesmon volvió a dar un respingo y levantó la mano, pidiendo la palabra. Gankoomon se giró a verlo.

—Me gustaría mucho celebrar una festividad en conjunto con mis compañeros de armas, si eso está bien también para usted, maestro.

Gankoomon suspiró, en parte irritado de que su ex-discípulo todavía no sacara la voz sin pedir permiso para hablar, o que atuviera sus propias decisiones a las de él. Él no era partidario de dejar el trabajo de lado, pero considerando que su protegido parecía emocionado, movió su bigote en un gesto y levantó la mano también.

—Estoy a favor —dijo.

Ya eran cuatro. Muy irritado por la situación, Duftmon se puso en pie con su cabello como un erizo.

—¡Esto es inaceptable! ¡Somos guardianes, no una turba de jaraneros!

—¿De qué? —
preguntó Magnamon.

—¡Juerguistas! ¡Fiesteros, escandalosos ni derrochadores de tiempo!

—¡Estoy con Duftmon! —
dijo Craniummon, poniéndose de pie también— ¡Nuestro dios Yggdrasill nos ha confiado la tarea de proteger al mundo digital, no de hacer fiestas!

—¡Sólo será esta vez!

—Tengo una pregunta —
dijo LordKnightmon levantando un dedo—. ¿En esta “navidad” comen bastante, no?

—Sí —
replicó Sleipmon—, se comen muchas cosas dulces, tartas, pasteles, galletas y también pavo asado.

—¡Ahh! ¡Eso suena estupendo para mí! —
exclamó el digimon rosa, emocionándose—. Yo estoy a favor de la fiesta, siempre que me dejen a cargo de cocinar y decorar. De lo contrario me opongo.

—¡Te dejaremos cocinar! —
dijo Magnamon, apuntándole.

—¡Estoy dentro!

Esto causó que varios de los caballeros se asustaran. LordKnightmon tardó un momento en comprender el doble sentido accidental de su respuesta, pero no se molestó en cambiarla.

— ¿Tú qué dices, Dynasmon? —le preguntó el caballero dorado al más alto.

—Ah pues… no creo que…

—No cree que haya problema —
replicó LordKnightmon por él, interrumpiéndole—, de hecho, me ayudará con la cocina y los adornos. ¿Verdad?

De ninguna forma Dynasmon había intentado ni por asomo ofrecerse para semejante tarea. Su rostro lo expresó todo, pero el silencioso gesto dulce y amenazador del caballero rosa junto con una cinta-cuchilla clavándose en su espalda, fueron suficientes para que cambiara forzadamente de opinión.

Ya eran seis.

—¿Ulforce? —preguntó Magnamon a su primo lejano de azul.

El aludido de nuevo se había distraído con sus auriculares en la cabeza, por lo que Examon nuevamente tuvo que hacerlo despabilar con un golpe leve. El caballero del futuro se quitó los cascos y soltó:

—¿Qué?

—¿Estás a favor de que celebremos Navidad?

—¡Por supuesto! —
exclamó el joven, levantando un puño— ¡Nunca celebramos nada! Somos probablemente el grupo de digimon que más trabaja en el digimundo, creo que nos merecemos…

—¿Un descanso? —
terminó Craniummon por él, muy irritado—. Ulforce Vdramon, por favor: ¡estás repitiendo exactamente todo lo que ya acabamos de decir!

— ¿En serio? —
preguntó el digimon, sonriendo avergonzado.

—¡Deja de ponerte ese artefacto en la cabeza y presta más atención! —demandó Duftmon.

—Vale, tranquilo. Como estaba diciendo, estoy a favor. Podríamos hacer algo divertido para variar: comer cosas deliciosas, decorar la base, aprendernos algún villancico…

—Yggdrasill santo… —
soltó Craniummon, negando con la cabeza.

—¡Hey! Podríamos cantarle algo también y hacer intercambio de regalos. Hay muchas tradiciones peculiares para celebrar en Navidad.

—¿Te crees que nuestro señor Yggdrasill aprobaría una…celebración como esta?

—No creo que él sea igual de amargado que ustedes dos —
dijo Ulforce, apuntando a los caballeros que se oponían.

—¿Examon? —preguntó Magnamon al dragón rojo.

El aludido puso cara de total desinterés y soltó con displicencia:

—Me da exactamente igual lo que hagan: cuando esta fiesta salga a los medios van a decir todo lo que hicieron ustedes, pero de mi van a seguir diciendo lo mismo que desde hace como seis años.

—¿Y qué sería eso?

—Que por mi diseño no debería estar en la Orden y que no parezco un caballero: vaya tontería —
respondió Examon, desviando la mirada con un gesto irritado.

—Amigo, ya supéralo —dijo Sleipmon—, yo lo hice.

—Ya, pero a ti te dejaron en paz: yo sigo leyendo comentarios desagradables en los foros hacia mi persona y mi diseño, así que si celebran esta fiesta o no, a mí ni me viene ni me va.

—Tomaremos eso como un “sí” —
dijo Magnamon para resumir.

Ya tenían ocho a favor.

—Bueno—dijo Dukemon, poniendo ambas manos en la cintura—, creo que la fiesta se celebrará por votación de la mayoría.

Omegamon se volvió a ver a su compañero.

—¿Estás a favor?

—No estoy en contra.

— ¿Alphamon?

—Sólo Craniummon y Duftmon parecen oponerse —
respondió el líder, encogiéndose de hombros—, así pues, propongo que dejemos esta conversación hasta aquí y comiencen a dividirse las tareas si quieren tener una fiesta de navidad antes de medianoche. Dudo mucho que el digimundo entre en caos por un solo día que dejemos de observar las pantallas, especialmente considerando que los Demon Lords son bastante asiduos a celebrar cualquier cosa y estarán ocupados por hoy.

Una gran exclamación de felicidad se escuchó en la sala y varios de los caballeros levantaron los brazos, emocionados de ganar la discusión y conseguir el pase para celebrar. Duftmon se golpeó la frente, pues si bien podía quedarse frente a los monitores vigilando, órdenes eran órdenes, y probablemente lo pondrían a hacer algo, por mucho que él no quisiera. Lo mismo Craniummon. Examon se despidió y se fue a su recámara en los pisos superiores, adivinando lo que dirían de él en la Internet cuando se supiera de la celebración que llevarían a cabo los Royal Knights. Los miembros más emocionados con la actividad comenzaron rápidamente a repartirse tareas.

— ¡Yo me pondré a trabajar en una hermosa y deliciosa cena! —dijo LordKnightmon, agarrando a Dynasmon del brazo— ¡Después nos pondremos con los adornos, Dynasmon!

El caballero quiso refutar, pero el otro lo arrastró a la cocina y no se supo más de él hasta dentro de varias horas.

—¡Yo me encargo de la música! —dijo Ulforce Vdramon.

—¡Yo llenaré la base de nieve para que tenga un bonito aire navideño! —soltó Sleipmon, muy emocionado.

—Yo puedo ocuparme del bar —siguió Dukemon, con una mano en la barbilla—, solía trabajar en ello cuando era muy joven, pero después tuve que dejarlo por entrar a la Orden. Espero no haber perdido del todo la técnica.

— ¡Yo traeré algunos invitados! —
dijo Magnamon, sin especificar bien a quién iba a traer—. Ustedes pueden ir a las tiendas a comprar los adornos y algunos obsequios —siguió el caballero, indicando a Omegamon, Alphamon, Jesmon y Gankoomon.

—Me parece bien —respondió el líder—. Imagino que ustedes dos no harán nada —dijo, mirando al dúo de resentidos.

—¡Claro que no! —replicó el felino.

—Bien, no importa. Les traeremos algo de todos modos.

Todos los caballeros se dividieron y comenzaron los preparativos para celebrar su primera navidad. La gran mayoría de ellos lucía emocionados ante el quiebre en la rutina y la oportunidad de hacer algo nuevo, diferente, divertido, y pasar tiempo con el resto de sus compañeros. Tendrían mucho trabajo por delante si querían tener todo listo antes de medianoche, aprovechando que su dios Yggdrasill dormía habiéndoles confiado todo a ellos. Durante toda la tarde estuvieron yendo y viniendo, trayendo adornos, cintas, paquetes, luces, haciendo esfuerzos para instalar el gran pino artificial y reparando las infaltables conexiones eléctricas que se frieron cuando hicieron la primera prueba. Entre sus planes estarían concursos y actividades con comida, bebida, tal vez algún baile, contar historias, y por supuesto, el esperado intercambio de regalos. La emoción crecía con cada hora y los últimos despojos de desánimo desaparecieron conforme el castillo y la base fueron llenándose de colores y luces. Todo iba sobre ruedas, aun cuando dos de sus compañeros seguían tan tercos y reacios a la celebración, y Alphamon tuvo que despedirse repentinamente pues un asunto urgente en alguna capa del digimundo demandó inesperadamente su atención.

Sin Alphamon de por medio, que tampoco había dado problemas, y un jefe dormido, la noche prometía grandes cosas.

O, al menos, eso pensaban ellos.
 

Cerca de terminar mi carrera.
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Un buen inicio Lady. Como siempre luciendote tanto en descripcion como en poner en claro la personalidad de los personajes, que por cierto, aunque a veces usas otros personajes, estos personajes se puede decir que son como tu carta de presentacion. Buen trabajo, pero como esto es un trabajo de dos y estoy seguro que Soncarmela Soncarmela a puesto mucho de su parte, entonces buena trabajo las dos. Un buen comienzo, se decidio hacer la fiesta y todo parece ir bien.

¡Genial!.... Va a ser un desastre ¿verdad? :s

Ahora la siguiente parte, donde todo se ira cuesta abajo. Considerando que con este inicio se pueden pensar en varias posibilidades de como se puede arruinar todo, y considerando que la segunda parte la hara Soncarmela Soncarmela y ella es experta en sacar cosas inesperadas pues... puede pasar mucho. De hecho:

Pero seguro sera genial y muy divertido.

ahora a esperar la segunda parte. Suerte a ambas, son Geniales :)
 

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No sabía que se valía comentar.XD

Muy buen comienzo. Me trae recuerdos del fic de Elohim. La verdad tenía la sospecha que usarían a los RK o alguna otra hermandad.XD
Me alegra saber que otros si sepan hacerlos lucir. Yo soy pésimo manejando o inventando personalidades a hermandades.XD Prefiero a los digimons simples solo para recalcar lo simples que son.XD
Está genial, ahora falta ver lo que hará Carmela, en mi experiencia con ella, no creo que se reserve nada para estropear esta navidad.XD

Suerte!

 
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Mi turno de comentar. Sabía, o al menos tenía el presentimiento de la presencia de los Royal. No me equivoqué. Lady has creado muy buen ambiente, pero la cena cocinada por mi querido Lordknightmon está avocada al desastre, para que nos vamos a engañar. Ya me ha comentado Soncarmela que ella iba a ser la encargada de estropearlo todo, pero con humor. Poco más que comentar que no se haya dicho ya. Estoy deseando leerlo. ¡Mucha suerte a las dos!
 
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Confieso que de este equipo ya quería leer el trabajo y dado que a Lady Beelze Lady Beelze pusiste la primera parte, debo decir que me ha encantado. No tiene mucho que he te leído pero tienes una excelente forma de escribir, manejas muy bien las palabras y las varias, en cuanto a tus personajes (como ya mencionaron acá arriba) les sabes dar muy bien su papel y la verdad me ha divertido mucho. Ahora espero ansioso la parte de Soncarmela Soncarmela que también tengo muchas ganas de volver a leer (de ti mi estimada amiga he estado leyendo tu coleccion de OS y despues de dejaré un comentario). Excelente y abrumador inicio. Nos leemos pronto y mucha suerte.
 
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Comparto con ustedes la segunda y última parte de esta historia. Aclarar que Lady Beelze Lady Beelze y yo decidimos que aquí los protagonistas fueran más simples, libres, fiesteros. Es decir, su forma de hablar ya no será de unos respetados seres protectores, ellos quieren disfrutar y pasárselo bien. Espero les guste tanto como a mí me agradó escribirlo:

Sorpresa de Navidad (2/2)

Gankoomon y Jesmon dejaron todos los regalos que habían comprado en la tienda de Monzaemon. Si se fijaban en las cajas que traían y que habían depositado en una mesa con un mantel verde, se podía detectar que todos los presentes tenían el mismo tamaño, exceptuando uno que era mucho más grande. Pero alumno y maestro no habían querido pensar mucho en qué gastar el dinero que tenían para aquello. Jesmon simplemente acataba órdenes, aunque se había salido con la suya al conseguir obtener el regalo más enorme.

¿En serio tenías que comprarte eso? —preguntó Gankoomon.

Nos lo pasaremos bien —sonrió Jesmon.

Lo que habían traído para Yggdrasill lo tenía guardado Craniummon, que aunque todavía se negaba y replicaba por todo lo que estaban realizando dentro de la base, seguía siendo el más fiel al gran líder y argumentó que era él el que debía mantenerlo en buen recaudo.

Una vez parados, pudieron observar que sus compañeros habían hecho un gran trabajo con los decorativos. Magnamon no había llegado todavía con esos “digimon” que iba a traer para la fiesta, pero el resto se lo pasaba realmente bien. Ulforce iba de un sitio a otro con su característica velocidad, cambiando la música —pero era gracioso, pues todavía llevaba puestos sus auriculares*— y haciendo alguna que otra cosa que Gankoomon no quiso saber.

Sleipmon desde arriba tiraba la nieve para que toda la base reluciera de blanco. Pequeños copos que había recogido de fuera caían sobre la comida que tanto le había costado hacer a LordKnigthmon. Pero como estaba ocupado observando los preparativos en la cocina, no se percató de esos pequeños detalles.

Y sin que nadie se preocupara por su presencia, Examon se encontraba encerrado en su habitación, rodeado de cajas de bombones por doquier. Mientras que varias estaban aún cerradas y las abría para masticar aquel delicioso chocolate.

Malditos sean… ¡Ni siquiera se acuerdan de mí! Pero lo sé, lo sé. ¡Es envidia! ¡Temen mi aspecto! No me ven como uno de ellos… ¡Pero lo soy! ¡Lo demostraré!

Deprimido como estaba, no se atrevió a echar una ojeada. Escuchaba la música y el olor a comida caliente que provenía de fuera, pero tenía su propia dignidad. Refunfuñando, continuó con su cena especial.

Dukemon se encargó de preparar un pequeño lugar para colocar la bebida y vasos. Y tras llamar a unos amigos del Digimundo, obtuvo lo mejor de lo mejor en alcohol digital. Había colocado fuera un cartel: “Concurso de bebida” Tenía la sensación de que habría alguien que se apuntaría, a pesar de sus quejas.

Omegamon se acercó a Craniummon. El caballero morado se mantenía sentado en un rincón, observando todo. No era como Duftmon, que desde que comenzó la fiesta, se había puesto a replicar e insultar a todos aquellos que habían aceptado aquello. Sin embargo, sí se notaba que estaba enfadado, ya que era algo que estaba seguro, su señor no hubiera respetado.

¿Estás bien, compañero? —preguntó Omegamon.

No.

Que cortante… Bueno, ya que está hecho, no vamos a desmontarlo. ¿No sería mejor que disfrutaras un poco?

No pienso hacerlo —replicó.

¿Te apetece algo para comer? He probado un poco y debo admitir que Lord es un gran cocinero.

No comeré nada que hayáis hecho —se cruzó de brazos.

Omegamon suspiró. No había manera de que su amigo pudiera quitar esa cara de enojo.

Pues…

¡Aquí estamos!

El grito de Magnamon llamó la atención de los caballeros reales. De todos, menos de Ulforce, que no escuchaba nada. Aunque sí se paró al comprobar las digimon, sí, exactamente, las femeninas que su amigo había traído.

No faltó que el felino hablara:

¡Cómo se te ocurre, insensato! Traer al lugar sagrado de nuestro amo un par de…

Por favor, Duftmon, guárdate tus comentarios ofensivos para otro momento —cortó Magnamon, sonriendo a sus dos invitadas—. Ella es Rosemon. Y como su hermana no tenía nada que hacer, le he dicho que podía venir también.

No debiste hacerlo, Magnamon —dijo Craniummon.

¡Las fiestas son para disfrutar! Cuantos más seamos, más divertido será.

Se notaba que las dos Rosemon estaban algo cortadas al notar tantas miradas en ellas. Pero Magnamon las llevó hasta el bar de Dukemon y pidió tres vasos de lo mejor que tuviera.

Chicas, voy a llevarle algo a un caballero enojón. Ésto le quitará la seriedad.

Parecía que Magnamon estaba muy seguro de que podría hacer disfrutar a todos los caballeros. Le hizo una seña a Dukemon para que siguiera hablando con las Rosemon y caminó con dos vasos, uno para él y otro para el amargado caballero, hacia Craniummon. El morado levantó la cabeza al escuchar unos pasos.

¿Qué quieres?

¡Alegrar un poco la fiesta! Toma, te vendrá bien —le tendió el vaso.

¿Has bebido antes de ir a por ellas? —curioseó.

Debo reconocer… que sí —sonrió. Se podía notar que tenías las mejillas algo sonrojadas—. ¡Pero me encuentro estupendamente!

Ese comportamiento no es digno de un Caballero de Yggdrasill.

¿Yggdrasill está aquí?

Está en su recamara, descansando y aguardando a que venga un peligro futuro, como debe ser —contestó.

¡Justamente eso! ¡No hay peligro! Entonces… —volvió a acercarle el vaso, insistiendo.

Ante la sorpresa del diminuto digimon, Craniummon le dio una palmada en la mano para que el vaso que le estaba —casi obligando— a aceptar cayera al suelo. La bebida se desparramó sobre la nieve.

Podríamos hacer granizado* de alcohol… —comentó.

Craniummon suspiró y optó por ir a otro lugar, ya que comprobaba que el caballero dorado no estaba en las mejores condiciones. Pero cuando ya estaba a punto de caminar hacia la cocina —al menos ahí sólo escucharía hablar a Lord—, Magnamon le cogió del brazo y le dedicó una cara de bebé.

¡Anda! ¿Por qué no te vienes a pasear conmigo un rato? Sólo un paseo, te lo prometo.

Estás insoportable.

Y lo seré todavía más si no accedes a mis caprichos.

¿Lo haré y me dejarás en paz? ¿Palabra de Caballero?

No entendía porque ahora, de repente, Magnamon quería que le acompañara a caminar por la base que tan bien conocía. Incluso había dejado a las Rosemon en compañía de Sleipmon, que estaba contando sus viajes en sitios nevados que tanto le encantaban, y como otras veces había celebrado la navidad, pero que ninguna se comparaba a la que estaban haciendo ese día.

Craniummon, dime, ¿por qué te molesta tanto la fiesta?

Yggdrasill no querría esto.

Por favor, Craniummon, siempre tienes la misma excusa.

¡Somos sus Caballeros Leales! ¿Por qué nadie más entiende eso?

Pues Duftmon comparte tu opinión, pero si te das cuenta, nadie le está haciendo caso a pesar de sus quejas —se encogió de hombros.

El caballero dorado se detuvo cuando escuchó eso. No le importaba que los demás estuvieran de acuerdo con la fiesta, él tenía sus principios y sabía que su papel era el de guardián y protector del Digimundo.

De acuerdo. Haced lo que queráis. Pero esto no es correcto —decretó.

¡Qué se besen! ¡Qué se besen!

En ese momento, observaron cómo había alguien girando a su alrededor a una gran velocidad mientras que exclamaba esas palabras. A los demás también les llamó la atención que Ulforce estuviera haciendo caso a algo y se acercaron enseguida a comprobar qué sucedía. Incluso Lord y Dynasmon fueron sacados de la cocina. El rosado llevaba en las manos el pavo que tanto cariño había puesto haciéndolo.

El digimon del futuro al fin paró y puso las manos alrededor de la boca, para, repetir, una vez más, lo que había dicho antes:

¡Qué se besen!

¿Qué significa todo esto? —replicó el morado, volviéndose hacia todas partes, incrédulo de que sus demás aliados, incluso Duftmon, hubieran creado un círculo alrededor de ellos.

Ulforce, ajeno a lo que le estaban preguntando, seguía con lo mismo:

¡Besaos! ¡Besaos! ¡Uuuuh!

No sé por qué lo piden, pero si es para la fiesta, yo estoy dispuesto.

Magnamon, sin parar de reír por el efecto del alcohol ingerido, se acercó demasiado a Craniummon.

¡No hagas locuras! ¡Rayos! ¿Qué pasa aquí? ¡Yggdrasill nos castigará a todos por mancillar el nombre de los Caballeros Reales!

Es una tradición, Craniummon. Y yo respeto eso.

¡Duftmon! ¿Tú también? ¿Cómo es posible? ¡Exijo una explicación!

En mitad del círculo, alguien le quitó los auriculares a Ulforce y pudo escuchar esa pregunta finalmente. El digimon señaló hacia arriba, donde un muérdago colocado en el techo, brillaba con luces de navidad encima de Magnamon y Craniummon. Todos los presentes miraron donde apuntaba el dedo.

Existe la tradición de que cuando dos personas están debajo del muérdago deben compartir un beso, unir sus labios en una danza de pasión y libertad… ¡Además, da buena suerte!

¿Esa es la canción que escuchabas? —interrogó Dukemon.

Y antes de que siguieran contando lo que debían hacer, les bastó pensar la vergüenza y las risas que se echarían si esos dos realizaban lo pedido. Pronto todo el círculo —menos Duftmon, que giró la cabeza— gritó:

¡Qué se besen! ¡Qué se besen!

¡Me niego! —Masculló Craniummon—. Dejadme salir.

Ulforce volvió a colocarse los auriculares.

¡Qué se besen!

Exagerado… —dijo Magnamon—. Venga, sólo será un beso.

Para Craniummon fue demasiado escuchar continuamente la misma frase en boca de sus compañeros, aquellos con los que había cuidado y vigilado el Digimundo día y noche. No podía concebir que fueran los mismos. Enfadado y sin paciencia, trató de hacer a un lado a Ulforce, pero éste, tozudo, le sacó la lengua.

No saldrás hasta que os beséis. ¡Debes respetar esa tradición!

¡Suficiente!

Ulforce tuvo suerte en ese preciso instante de ser veloz, porque Craniummon hizo aparecer su lanza mágica y la lanzó hacia él con rabia. Algo que no pudieron prever, es que se clavó en el pavo asado y resbaló de las manos de Lord al tener tanto peso encima. La comida se estrelló al suelo y toda la salsa, con sus ingredientes de castañas y frutos secos, además del vino, se perdieron entre la nieve.

Nadie se atrevió a hablar durante unos largos segundos.

Yggdrasill mío* —susurró Dynasmon, dando pasos hacia atrás—. Vela por Craniummon que no sabe lo que ha hecho.

Un grito desgarrador se escapó por toda la sala y produjo un eco todavía peor que incluso Ulforce lo escuchó. El círculo que se había creado para obligar a Craniummon y Magnamon a besarse se disipó y nadie quiso estar cerca del morado cuando Lord empezó a dar zancadas hasta terminar en frente de él.

¡Estuve… Estuve tres horas metido en la cocina preparando un delicioso pavo! ¡Tienes idea del tiempo que he perdido ahí dentro oliendo a carne! ¡Te das cuenta de qué no ha servido para nada! ¿Cómo piensas arreglarlo, eh?

Lord, no tienes que enfadarte conmigo, estuve en desacuerdo con esta fiesta desde el principio y…

¡¡Quieres decir que no ibas a probar mi comida!! ¡Lo hice para que todos comieran!

Craniummon se vio muerto si seguía por el mismo camino.

No… Yo sí iba a comerla. ¡Claro!

Bien, entonces cómetela —cogió dos mazapanes* que había puesto antes en la mesa y se lo metió en la boca al otro caballero—. ¡Mastica!

Le costó tragar aquella comida. Tuvo que cerrar los ojos cuando se le quedaron en la garganta. Finalmente terminó y le mostró una sonrisa para calmar a su compañero.

¿Te ha gustado?

Por supuesto, Lord.

¿Habías comido algo de la fiesta antes?

No. Y, como esto era tuyo, ya sabía que iba a estar delicioso.

¡Eso no lo he hecho yo! ¡Lo qué significa que no te gusta mi comida!

Dynasmon se encerró en la cocina, aterrorizado. Dukemon río nervioso y se colocó en el bar, sirviendo a las Rosemon como si nada pasara.

¡Los mazapanes los compró Dynasmon en el mercado!

Todos sentían como el árbol, las luces, las mesas y la nieve iban a desaparecer enseguida, en cuanto el caballero rosado expresara su enfado mediante su poder. Sin embargo, y para sorpresa de todos los presentes, Lord se calmó.

De acuerdo. No pasa nada. No pasa nada —alzó las manos—. Esto es una fiesta. ¿Verdad?

Lo es, lo es —asintió Craniummon.

¡Pero no quiero verte la cara! ¡Lárgate de mi vista!

Lord se giró y volvió a entrar a la cocina. Fue Dynasmon quien tuvo que soportar sus enojos y quejas durante el tiempo que estuvieron tratando de preparar otro pavo.

Duftmon había sido llevado hasta el bar por Gankoomon. El segundo le enseñó el cartel que había puesto y los dos sonrieron al comprobar lo que aquello significaba. Hacía mucho tiempo que habían discutido sobre quién sería capaz de aguantar más en cualquier reto. Que Dukemon lo hubiera preparado era perfecto.

¿Crees qué me ganarás? —preguntó el guerrero de la capa.

No es creer, mi buen amigo, es saberlo.

¡Usted podrá, maestro! —animó Jesmon.

Cogieron el cartel y se lo entregaron a Dukemon que se sorprendió al ver al felino participar junto a Gankoomon. Pero después se encogió de hombros y les sirvió varios vasos. Cogió una botella de cristal llena y les puso la mitad a los dos.

Podéis empezar —anunció.

Ambos contrincantes se miraron, pusieron la mano alrededor del primer vaso y ante un pestañeo, comenzaron a beber sin detenerse. Las dos Rosemon tragaron saliva sin comprender del todo qué hacían ahí, ya que Magnamon estaba desaparecido en mitad de la fiesta.

Omegamon observó a Duftmon en el bar y se acercó a comprobar si su vista no le estaba engañando. Ya iban por el décimo vaso cuando el caballero blanquecino apareció, por lo que ni siquiera le prestaron atención.

¡Omegamon!

El aludido se giró al escuchar su nombre en boca de Sleipmon.

¿Qué sucede? ¿Ha pasado algo?

No, para nada. Todo va de perlas —sonrió—. ¿Por qué no nos tomamos algo juntos? ¡Dukemon!

¡Enseguida voy! —respondió, poniendo más licor a los competidores.

Omegamon hizo una mueca.

No creo que sea lo correcto, Sleipmon. Disfrutad de la fiesta, pero prefiero vigilar que no suceda nada grave. Si me disculpas…

No le dejó marcharse, le cogió del brazo e insistió en que se sentaran. Dukemon ya les estaba preparando la bebida.

¿Dos amigos no pueden beber en compañía sin que sea un concurso? —Inquirió.

Logró convencerlo de que se tranquilizara un poco y disfrutara con él de tomarse unos cuantos chupitos. Poco a poco, todos aquellos que se habían negado —excepto Craniummon, que se encontraba en un rincón comiendo mazapanes— aceptaban que la fiesta había sido una gran idea. Duftmon ya ni recordaba lo que pasaba y a Omegamon no tardó en pasarle lo mismo.

Horas más tarde, la fiesta era cada vez más ruidosa. La música estaba a un volumen muy alto y Ulforce, medio mareado por correr tanto de un sitio para otro, tuvo la brillante idea de poner otra canción y hablar con su amigo Magnamon. En la música de fondo se podían detectar unos tambores. Los dos comenzaron a hacer una fila mientras gritaban:

¡Conga!* ¡Conga!

Los otros caballeros no entendían del todo a qué se refería el digimon azul, pero como los veían moverse juntos, uno detrás del otro, pensaron que debían hacer lo mismo. Menos Omegamon, Duftmon, Gankoomon y Dukemon, que se quedaron en el bar, sin parar de beber, y Craniummon, que ya no quería participar en nada, todos los demás acompañaron a Magnamon y Ulforce.

¡Vaaaaamos! —Exclamó Ulforce—. ¡Giramos!

Toda la fila de una realizaron media vuelta. Siguieron bailando y gritando esas palabras durante minutos, aunque ellos no se percataban del tiempo.

¡Conga! ¡Conga! ¡Ea! ¡Ea!

Dieron tantas vueltas que dos de ellos salieron corriendo a los baños. Entre la bebida y toda la comida que habían tomado, aquello no les había sentado mal. Pero Ulforce no oía nada y hasta que no notó que nadie le seguía, no se detuvo en su baile. Fue tal el cansancio de sus piernas y las risas que le acompañaban, que le tocó sentarse.

Lord ordenó a Dynasmon que la acompañara hasta la despensa donde había guardado todos los preparativos. El guerrero alto no sabía que pasaba ahora, pero cuando entró detrás del rosado, supo a qué se refería. Todo lo que habían comprado en chocolatinas ya no estaba ahí.

¡Alguien ha robado las ochenta cajas de bombones! —exclamó—. ¿Puedes creerlo? ¡Quién osa…!

En una de las habitaciones alguien se había dormido rodeado de papeles que horas antes habían adornado unos chocolates. Dio un ronquido y siguió en sus sueños.

Bueno, no te preocupes. Toda tu comida ha sido zampada por nuestros amigos, lo que quiere decir que fue un éxito. ¿No es…?

¿Suficiente? —Cortó Lord—. ¡Claro que no! ¡Los bombones eran el plato final para dejarlos con la boca abierta!

Dynasmon encontró una silla para sentarse. La experiencia le había enseñado que ahora Lord se desquitaría con él, por lo que le tocaría escuchar de nuevo, tal y como había pasado antes. Suspiró, resignado, ya que se había pasado toda la fiesta como un perro faldero. ¡Lo que hubiera dado por una botella de alcohol!

En el bar, el felino y el caballero de la capa hipeaban mientras seguían tomando. Omegamon se encontraba mal, con el estómago revuelto y viendo borroso. Lo peor era que sus dos manos parecían tener vida propia, ya que una de ellas tiraba pompas por la boca y la otra tenía la sensación que estaba a punto de vomitar.

No podrás vence… cer… me —Duftmon hipó y agarró a una de las Rosemon por la cadera; la digimon sólo pudo hacer una exclamación de sorpresa—. Esta nena me da el apoyo necesario.

¡Ella no te anima, pedazo de animal! —Bebió otro trago—. ¡No podrás conmigo! ¡Estoy perfectamente!

Señor…

Jesmon, esto no es asunto tuyo. Como tu superior y maestro, te ordeno que le vayas a pelotear* a Yggdrasill.

Aceptó la ofensa sin moverse del sitio.

¡Ni tu pupilo te hace caso! ¡Qué decepción eres, Gankoo! —rió el felino.

Omegamon abrió y cerró los ojos un par de veces. Se agarró a la silla para calmarse, pero se sentía muy pesado. Escuchaba a los lejos los gritos de sus antiguos compañeros y notaba como la nieve se estaba haciendo agua. Confundido por todo lo que pasaba, se levantó y empezó a caminar a ciegas, tropezándose con cualquier cosa que tenía delante.

¡Chicos! ¡Chicos!

El caballero blanco se detuvo a tiempo cuando alguien le entregó una caja. Los demás fueron recibiendo lo mismo de Ulforce. Aunque Gankoomon y Duftmon lo tiraron, sin prestar atención nada más que a su competición.

¡Abramos los regalos! —pidió el digimon del futuro.

Aquellos presentes que habían traído Jesmon y Gankoomon de la tienda de Monzaemon no se podían tratar de otra cosa que pequeños muñecos de ellos mismos. Pero tal y como estaban: borrachos, mareados, felices sin saber por qué, no les importó. Rieron al recibirlo y se lo colocaron en sus armaduras. Incluso Craniummon, que ya estaba cansado de tanto movimiento, mostró una sonrisa al ver su regalo.

¡Ahora, vamos a dárselo a Yggdrasill! —continuó Ulforce.

Omegamon se movía —y la gran mayoría— como un autómata. Siguió a la muchedumbre y entró por la puerta que habían abierto. Dentro de ella, todo estaba en silencio. No había nada decorado de navidad, ni luces ni nieve, excepto una esfera de cristal encima de un pedestal y las estatuas que representaban a todos los Caballeros rodeando a su Dios.

Pero aquel silencio fue roto por las risas de los ebrios que no podían contener las carcajadas. Duftmon y Gankoomon se sujetaban juntos para no caerse al suelo. Y Magnamon obligaba a las dos Rosemon que entraran con ellos, dándoles un par de presentes —que él mismo había hecho con papiroflexia— para que su jefe no se enfadara. Querían que Yggdrasill tuviera una buena impresión de ellos. Sobre todo que no se molestara por lo que habían hecho.

No obstante, había uno de ellos, el caballero blanco, el que siempre se encargaba de detener las discusiones, de tener todo controlado, que no era capaz de mantenerse en pie. Se sentía realmente mal y caminaba apoyado en la pared. Entonces se sujetó a algo frío que desprendía un poder inmenso.

No me sien…

No pudo terminar la frase. Una de sus brazos echó un líquido blanquecino encima de la esfera de cristal, ensuciándolo sólo en una parte. En cuanto esto pasó, Omegamon se desmayó.

La esfera empezó a romperse. Los presentes lo oyeron enseguida y centraron atención a lo que estaba sucediendo.

¿Eh? ¿Qué acaba de pasar?

¡Yggdrasill! —exclamó Craniummon, el único cuerdo disponible.

Pequeños agujeros se detectaron en la esfera. De ella emergió un nuevo ser gigante, blanco, que los observaba desde su rostro de ordenador. Y que en un lado de su cuerpo se podía apreciar una mancha seca que olía muy mal. No sabían como comportarse.

Se… Señor… —murmuró el caballero morado.

Era posible que Yggdrasill se uniera a la fiesta. Después de todo uno no se despertaba de repente con una decoración tan navideña en su base. A pesar de que notaba algo pegajoso en una parte de su cuerpo, y eso le había mosqueado bastante.

¡Silencio!

Aquella palabra resonó en las mentes de ellos. Tuvieron que taparse los oídos, notando como sus tímpanos amenazaban con romperse.

Yggdrasill levitó por encima de ellos y salió al exterior de la base para comprobar todo lo que habían hecho sus guardianes. Nadie se preocupó por el pobre Omegamon que descansaba en el suelo. Craniummon era el más dispuesto a seguir a su líder, por lo que iba delante de los demás, con cuidado de no molestar al Dios.

Si quiere, puedo explic…

Sé lo que ha pasado —dijo, girándose hacia ellos—. ¡Y esto es un insulto hacia mi persona!

Desde fuera de su recamara ya pudo comprobar todo lo que sus lacayos habían hecho en su ausencia. El olor a pavo y dulces le avisó de que aquello no era correcto bajo su mandato. Ellos no eran unos humanos que pudieran disfrutar. Habían nacido para un único propósito. Observó la puerta de la cocina media abierta y como había varios platos de frutas —postre que llevaba un poco de manzana, pera, naranja y plátano— estaban esperando para ser sacados, todo cortesía de LordKnightmon.

En las mesas se podía apreciar todo lo zampado, ya que la vajilla estaba vacía; y a lo lejos, en otra mesa, los regalos que habían quitado pero que todavía quedaba uno encima: el de Jesmon. La nieve seguía cayendo desde arriba por el mecanismo que había puesto Sleipmon en la tarde, el cual estaba a punto de agotarse pero se daba cuenta que no haría falta poner uno de repuesto: su señor se encargaría de estropearlo; por no hablar de la música, el árbol que centelleaba con todas esas bolas y la decoración completa que habían hecho.

Le hemos traído un regalo —dijo Sleipmon.

A lo mejor con eso conseguían que su rabia disminuyera un poco. Pero no dio resultado tampoco.

¡No me interesa!

¡Lo sabía! —Exclamó Craniummon—. ¡Os lo dije! ¡Os lo dije, insensatos!

¡Tienes la misma culpa que ellos, Craniummon! —el aludido no podía creerse lo que oía—. ¡Dejaste que realizaran esta locura! ¡Eres igual de inútil! Por favor, haz algo de provecho y lleva a esas dos fulanas a los subterráneos. ¡Recibirán su castigo como rameras!

Espere, Yggdrasill, ellas no… —trató de decir Magnamon.

En las mesas donde habían dejado los regalos todavía quedaba uno, y fueron los cohetes que tenía dentro, que explotaron por el calor y poder que radiaba el Dios, quienes interrumpieron al caballero dorado. Ahora Jesmon no lo veía tan divertido como había pensado.

¡Silencio! ¡Todos recibiréis un castigo!

¡No se lo permitiré, señor! —Hubo varias exclamaciones al escuchar la voz de Duftmon—. ¡Ellas son mías! ¡Yo las iba a llevar a mi…!

Antes de que pudiera continuar hablando, el felino se tapó la boca y salió corriendo. Aquella acción no hizo más que darle a entender a Yggdrasill que sus caballeros estaban descontrolados. No era típico de ellos comportarse de esa forma tan grosera.

¿Qué se supone que debo hacer con vosotros? ¡Sois Caballeros Reales! ¡Seres que deben proteger el Digimundo no hacer de él un lugar de fiesta!

Los caballeros no se atrevían a replicar.

¡Todos a los monitores! ¡Y qué alguien quite esa música, por el amor de mí*! —dio un rodeo por toda la sala—. ¿Quién tuvo la idea de esto? ¡Qué de un paso al frente!

Bajo el efecto del alcohol, pocos podían acordarse de que Magnamon tuvo el plan de tener un día de descanso para que todos pudieran disfrutar. El único que sí lo tenía claro era Craniummon, pero hasta él tenía sus razones para quedarse callado.

¿Nadie? —volvió a preguntar Yggdrasill, amenazándolos con su mera presencia.

Con un simple movimiento, hizo desaparecer toda la nieve que reinaba en el suelo de la base. Se notó una mueca de dolor en el rostro de Sleipmon. Les estaba quitando la diversión. Y lo que era peor, no se sentían con fuerzas para convencerlo de que lo que habían hecho no era tan malo como él imaginaba.

¿Por qué sigo escuchando esa música? —Ulforce, resignado, estuvo a punto de aceptar, pero Yggdrasill le detuvo antes—. No volverás a llevar esos auriculares en la vida, caballero. Vosotros debéis vigilar con los cinco sentidos puestos en la protección de todos los digimon. ¿Ha quedado claro?

Ulforce asintió. Ya no se veía al gracioso digimon yendo de un lugar a otro con una sonrisa. Apagó la música que tanto molestaba al Dios y regresó con ellos, sabiendo que poco le podía hacer ya sin sus auriculares.

¿Y a quién se le ocurrió preparar una comida de humanos? —estalló Yggdrasill—. ¡Nosotros no comemos esta basura! ¡Ni gastamos nuestro valioso tiempo en hacerla!

El Dios centró su energía en la base e hizo aparecer toda las mesas que tenían encima platos de deliciosos alimentos. La cocina, para sorpresa de todos, explotó en mil pedazos. Ya no se podía apreciar el olor a pavo.

Mi comida —sollozó Lord.

¡Aquí no se celebran fiestas! ¡Aquí no existe la Navidad! ¿Ha quedado claro? —prosiguió—. ¿Dónde se supone que están Duftmon, Examon y Omegamon? —algo chocó contra él—. ¡Gankoomon!

¡Estoy perfectamente! —exclamó el caballero.

El alcohol no había logrado tumbar ni al felino ni a Gankoomon, pero sí les había dado una personalidad un tanto distinta a la que acostumbraban tener. Sabían que Duftmon había salido corriendo para no hacer una barbaridad delante de todos, pero se le podía escuchar desde allí lo mal que lo estaba pasando en el escusado.

¿Está bien, maestro? —preguntó Jesmon.

¡Estoy perfectamente! ¡Me siento vivo, demonios! ¿Quién es éste? —miró hacia arriba.

Yggdrasill, decepcionado de ellos, abrió la puerta de la base y condujo a Gankoomon hasta fuera. Jesmon no tardó en acompañarlo.

A partir de ahora no regresarás hasta que avises a todo el Digimundo que la Navidad está prohibida —ordenó.

¡Estoy perfectamente!

Señor, no creo que esté en condiciones de hacerlo —murmuró Jesmon.

No contestó, cerró la puerta y se puso en medio de todos los demás caballeros. No entendían que más cosas podrían pasar. Gankoomon estaba desterrado —al menos hasta que cumpliera una misión complicada de hacer para un ebrio—, a Craniummon lo había mandado encarcelar a dos Rosemon que no tenían la culpa de nada y seguían sin saber donde se encontraban Omegamon y Examon.

Creo que ya ha quedado claro lo que debéis hacer. ¡Arreglad la base! Quitad toda esta decoración antes de que me venga a la mente destruiros y hacer nuevos caballeros más adecuados y correctos que vosotros —escupió—. ¡Vergüenza debería daros! ¡Vergüenza!

Ante la presencia de su Dios, no pudieron hacer otra cosa que acatar órdenes. Todo había terminado.

Adiós a nuestro día de descanso —murmuró Magnamon.


________________________________​

Y todo aquello que tiene (*) lo coloqué por si acaso. Es muy posible que muchos sepan que significado tienen esas frases o palabras, pero no quería dejar ningún cabo suelto:

Granizado: El raspado o granizado es un refresco o refrigerio compuesto de hielo troceado o rallado con sirope o jarabe de sabores variados. Recibe distintas denominaciones, dependiendo del país.

Yggdrasill mío: "Dios mío"

Auriculares: Audífonos

Mazapán: El mazapán es un dulce cuyos ingredientes principales son almendras y azúcar

Conga: Baile afrocubano

Pelotear: ser pelota, adular mucho a alguien.

Por el amor de mí: Por el amor de dios

¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!
 
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New Legend
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Yo vine con la intención de leer y comentar la primera parte, y al parecer me llevo el lote completo.
Cuando empecé a leer la parte de Lady Beelze Lady Beelze ya me sacó una sonrisa, me gusta ese humor en las historias, me recuerda a la alegría navideña xD Citaría mis partes favoritas, pero ahora ya no se cuales elegir.
En la parte de Soncarmela Soncarmela viendo el inicio (y los comentarios) ya me estaba imaginando cualquier cosa. Y de todas las posibilidades, escogió un buen final, solo de imaginarme como verán todos lo sucedido un par de horas después (o en su defecto, cuando estén sobrios)... Y lo que sí tengo que elogiar es la capacidad de haber manejado tantos personajes. No sé los demás, pero yo cuando tengo que estar pendiente de tantos ya se me empieza a ir de las manos.
¡Mucha suerte! (y de paso, feliz Navidad)
 

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En la parte de Soncarmela viendo el inicio (y los comentarios) ya me estaba imaginando cualquier cosa. Y de todas las posibilidades, escogió un buen final, solo de imaginarme como verán todos lo sucedido un par de horas después (o en su defecto, cuando estén sobrios)... Y lo que sí tengo que elogiar es la capacidad de haber manejado tantos personajes. No sé los demás, pero yo cuando tengo que estar pendiente de tantos ya se me empieza a ir de las manos.
Me alegro haber cumplido con vuestras expectativas.

Y, pues, si nos dejaran poner una tercera parte del despertar, lo haría encantada xD Porque sería de lo más gracioso.

Pues tuve que organizarme qué hacer para que todos los personajes tuvieran protagonismo. La idea del muérdago la tenía muy clara y me encantó escribirla.

Feliz Navidad.
 
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Digital Hazard
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Leída la segunda parte. Tronchante, más que la primera. Conseguiste que todos se luciesen, aunque mi Rhodo... Ha sido superior a mí! Me ha gustado mucho además el detalle de las anotaciones y el nuevo uso de dios mio (creo Soncarmela que en nuestro rol, cuando escribíamos lo de Phoenix) pusimos, no hace falta ser Ancientwisemon para saberlo.

Lo del beso me pareció algo cliché, pero sigue teniendo gracia, además de que en la vida real pasa. xD

Me encantaría una tercera parte, y aunque no entre para concurso, os animaría a escribirla.

Muy buen trabajo Lady Beelze Lady Beelze y Soncarmela Soncarmela Mucha suerte a ambas
 

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Lo del beso me pareció algo cliché, pero sigue teniendo gracia, además de que en la vida real pasa.
Pero aquí no fue beso, fue tiro al pavo xD

La meta era que fuera más graciosa que la primera ya que se venía acción en la fiesta. Pero es genial que te hayas reído. Y no recuerdo lo de tu Rol, aquí lo tenía bastante fácil porque son los Caballeros Reales xD Aunque es una frase que me gusta usar en estos fics.
 
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ѕyncнrony
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bueno, yo quería pasar a agradecer a las personas que se dieron el tiempo de leer y revisar nuestra parte en el concurso ^^
O OverLord_Gabriel J J.M. D digimon263 Taichi Yagami Taichi Yagami y N NoKyubimon C:

todavía no he tenido tiempo de pasar a leer los trabajos de ustedes ^^u pero en cuanto pueda lo hago~ saludos, y qué bueno que les gustara nuestro trabajo cx esperemos que blair no tenga mucho trabajo leyendo todo xDDD
 

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Mmmmmm??? Carmela. Recién acabo de ver la fecha de tu publicación. ¿Posteaste a tu segundo día de plazo? Ya sabía que terminas tus escritos muy rápido, pero me sorprende que hicieras lo mismo en un concurso.XD

Bien, estuvo realmente gracioso los preparativos de la navidad de los RK. Como que dejaron salir todo lo reprimido que tenían en su interior.XD
Lord preparando la comida, el concurso de bebida y eso de los regalos. Incluso los que no apoyaban el festejo terminaron entrándole.XD
La escena de los ebrios es un clásico, aunque la parte del beso, quizá habría salido mejor si esa escena la hubieses escrito hablando como borrachos.XD Aun así admito que fue la parte que más me gustó.

No descarté la posibilidad de que "el jefe de jefes" despertara.XD
Todo muy gracioso realmente, pero mi único punto en contra sería que el final fue pues... un poco vacío, esperaba un poco más de desastre o terror. Que Ygdrassil solo los mandara de nuevo a trabajar no me convenció mucho, un castigo más gracioso habría quedado mejor.
De todas formas me divirtió todo el fic. Siempre me gustan los fics donde no ponen a los RK muy serios y dramáticos.

Suerte chicas.

 
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J J.M. En realidad lo terminé antes pero estaba revisándolo y por eso lo subí más tarde xD

Bueno, creo que muchos hemos colocado el detalle de borrachos en las historias. Y los Caballeros querían disfrutar y pasarlo bien sin preocupaciones, la bebida debía estar presente para que olvidaran su vida. Pero me alegra que te hiciera reír, era lo que más quería.

Yo pensaba ya en un final así. O sea, los RK jamás habían hecho una fiesta similar, se lo estaban pasando en grande con risas y comida, incluso los dos que se negaron al final aceptaron un poco lo que pasaba. Y que Yggdrasill de repente les fastidiara el momento tirando la comida y borrando los decorativos, fue un duro golpe para ellos. Además, lo que más odian es trabajar cuando se habían dado el lujo de descansar una noche y ni siquiera lo lograron. El peor castigo fue mandarlos a sus obligaciones de nuevo xD

Saludos
 
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Finalmente me animé a leer su historia, es lo mínimo que puedo hacer despues que Soncarmela pasó a leer nuestra historia <3
Este es el primer oneshot que leo acerca de digimon, siempre leí acerca de los niños elegidos, pero no de digimon owo
Estuvo bastante buena la historia, muy buena narracción y debo admitir que me sacó mas de una sonrisa xD
Haría críticas, pero cada uno tiene su propia manera de narrar. ¿Faltas ortográficas? si es que hubieron fueron las mas mínimas, porque ni me percaté de eso, asi que, fue bastante agradable leer su historia :*-*:
 
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es lo mínimo que puedo hacer despues que Soncarmela pasó a leer nuestra historia
No digas eso, jaja. Yo amo leer todo lo que ponéis, si son nuevos en este foro, intento ayudar como lo hicieron conmigo. ¡Todos tenemos un inicio!

Una Navidad sin comedia y borrachos no es Navidad (? Al menos lo que quería lo conseguí, sacar alguna que otra risa. Lo que más me ha gustado de este concurso en parejas es observar como cada persona tiene su forma de reflejar lo que piensa en palabras. Es magnífico y me encanta la diferencia de cada escritor que lo hace único.

Gracias por leer... ¡Y suerte!
 
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Dejo la primera parte del Desempate

Tanto Lady Beelze Lady Beelze como yo os agradecemos por los comentarios y esperamos que esta nueva historia, muy cercana la otra, os guste.

Cuando Alphamon entró a la base, después de haber completado su misión con éxito, esperó que todos sus compañeros estuvieran todavía disfrutando de la gran fiesta. Tampoco había pasado mucho tiempo de su ida, y debido a que nunca habían celebrado la Navidad, estaba seguro que se lo tomarían muy en serio en que durara dos días y una noche. Sin embargo, lo que se encontró, no fue exactamente eso.

La sala principal estaba complemente vacía. Incluso recordaba haber visto mesas con manteles y decoraciones a mitad de terminar, pero lo que vio ahora no se parecía en nada a lo que el caballero tenía en mente. No estaba la comida que LordKnightmon tanto había querido preparar, ni la nieve que Sleipmon prometió traer, y mucho menos el pequeño bar que Dukemon decretó usar para la fiesta. Nada. No había nada de nada. Y no le hizo falta ojear toda la habitación para intuir que los regalos tampoco estarían en su sitio.

El caballero de negro paseó por todo el lugar, inquieto, y atento a cualquier movimiento. Lo que más le extrañó fue el silencio. A pesar de que no estuvieran celebrando algo, sus compañeros siempre estaban gritando o charlando de cosas amenas para que el tiempo no pasara tan lento. Todas las puertas estaban cerradas, con una excepción, pues sí había una entre abierta: la recamara de su Señor, de Yggdrasill.

De repente un sonido lo alertó. Alphamon se giró y corrió hasta el lavabo, donde alguien había tirado de la cisterna. Comprobó que la luz de adentro estaba encendida.

¿Quién está ahí…?

¡Ah! ¿Alpha…? ¡Espe…!

El caballero que estaba dentro no pudo terminar la frase. Alphamon frunció el ceño al notar que aquella voz era de Examon, y todavía más, que lo que estaba pasando dentro, no era, ni más ni menos, que el dragón estaba echando todo lo que tenía en el estómago.

Minutos más tarde, Examon abrió la puerta con la cola. Cuando mostró su rostro, se podía ver que estaba realmente mal.

¿Qué te pasa? ¿Qué ha pasado aquí? —interrogó Alphamon, preocupado.

Examon cerró los ojos, agotado. Estaba sentado en el suelo, con la tapa del váter abierta y el cuerpo todo sudado.

Llevo aquí toda la noche —confesó—. Bueno, después de que me tocara echar a Duftmon.

¿Duftmon? —repitió.

Sí, tomó dema… —se tapó la boca—. ¡Fuera!

Al instante cerró la puerta y volvió a escucharse el sonido de antes. Alphamon hizo una mueca. Pero aquello le llevó a hacerse otras preguntas: ¿Dónde estaba el resto? ¿Qué le había pasado a Examon? Pensó en ir hasta la recámara de Yggdrasill para observar que todo estuviera normal. Pero el dragón, una vez finalizó, dejó que su compañero entrara.

¿Estás mejor?

No —respondió Examon, tocando la taza del váter con la cabeza.

Pero ¿qué ha pasado? ¡No sé nada! Acabo de llegar y me encuentro con esto. ¿Es que acaso pensaron mejor las cosas y no hicieron la fiesta? ¿Hubo otra votación en mi ausencia?

¿Y crees que yo estoy en las mejores condiciones para explicarte lo que sucedió? —inquirió.

Está bien… Dime, ¿por qué estás así?

Examon calló durante unos segundos, meditando sí debía responder a aquella pregunta o mantenerse en silencio para que cierto caballero no quisiera asesinarle.

Me comí todos los bombones —contestó finalmente.

¿Los bombones? ¿Qué bombones?

¡Deja de interrogarme! Necesito el baño para mí, vete a otro sitio.

Y sin dejar que Alphamon replicara, dio un portazo y echó el pestillo.

Cuando Alphamon se dio la vuelta para entrar a la habitación de Yggdrasill, escuchó dos voces femeninas acercándose. Puso atención al sonido y se dio cuenta que venía de los pisos del subterráneo. Y efectivamente, la puerta que conducía a las prisiones se abrió con la fuerza de dos digimon. Se puso en posición de ataque por si era un enemigo que había logrado huir, y quizás eso le explicaría la desaparición de todas las cosas.

Pero lo que vio a continuación le dejó confundido. Se trataba de dos Rosemon, totalmente manchadas de barro y una con las llaves de Duftmon en las manos —eran unas llaves especiales de los caballeros, ya que eran los únicos a los que se les permitía entrar a todas las partes del Digimundo—, mientras que la otra echaba maldiciones.

¡No tuvimos que haber venido! —explotó.

Ese caballero nos dejó las llaves… ¡Pero eran casi doscientas! ¿Cómo íbamos a saber cuál de todas abría nuestro encierro? Encierro, que por cierto, fue totalmente injusto.

Nos llamaron… —murmuró una.

Señoritas —interrumpió Alphamon, curioso.

Las dos Rosemon se aterrorizaron al verle. Soltaron las llaves al acto y se pusieron de rodillas, casi a punto de llorar.

¡Nosotras no hemos hecho nada!

¡Todo es culpa de Magnamon! ¡Él nos prometió que sería divertido!

Alphamon no entendía nada de lo que ocurría.

¿Me podéis contar que os pasó? —preguntó con amabilidad.

Las dos digimon se miraron entre ellas, consultando cuál debía resumir lo que había sucedido. Aunque tampoco es que estuvieran enteradas del todo. Indignadas, y creyendo que no debían dar explicaciones de nada, se levantaron del suelo.

Pregúntale a tu querido amigo dorado —masculló.

Nosotras nos vamos —declaró la segunda, tendiéndole las llaves.

Un placer —dijo Alphamon, sorprendido.

Finalmente se dispuso a entrar donde Yggdrasill, pero cuando estaba a punto de ingresar en la recámara, una voz que conocía, grave y respetada, le hizo detenerse:

Es mejor que no le molestes.

Al girarse, vio a Craniummon serio. Su armadura brillaba como siempre, pero su rostro no era el mismo. El caballero se acercó y cerró la puerta con cuidado de no hacer ruido. Luego colocó una mano en el hombro de Alphamon y le instó a que siguiera sus pasos.

Bajaron hasta la sala de vigilancias, donde se encontraban todos los demás mirando las pequeñas cámaras. Alphamon comprobó que algunos, como Gankoomon y Jesmon, no estaban allí. Y que varios de ellos no estaban en condiciones de observar el Digimundo, por lo que, acurrucados en un rincón, se tapaban la cabeza y se quejaban de vez en cuando.

Es una pregunta que llevo repitiendo desde que entré, pero lo haré una vez más: ¿qué ha pasado? ¿Y por qué esos están como si hubieran pasado por dos guerras? —señaló a Duftmon, Omegamon y Ulforce.

Duftmon levantó un poco la cabeza. Tenía un ojo cerrado pero con el otro se percató de la presencia de Alphamon.

Me va a explotar la cabeza —masculló.

Lo escucho todo… lo escucho todo… —murmuró Ulforce, como si alucinara con cada palabra que oía de sus amigos.

Fue mi culpa… Yo hice que…

¡Deja de decir lo mismo! —cortó Lord—. ¡Lo mío fue mucho peor! ¡Le dediqué horas y horas a cocinar para que luego desapareciera!

Yggdrasill, por favor, haz que se callen —pidió Magnamon, alzando las manos.

¡Dejad de gritar! —Exclamó Duftmon—. ¡Vuestras voces son como agujas en mi cabeza!

Sleipmon movía una bola de nieve entre las manos. Cuando dejó de ponerle atención, se derritió y mojó un poco el suelo. Desanimado, saludó con un leve movimiento a Alphamon y siguió con las cámaras sin querer conversar con nadie, aunque los demás no estaban dispuestos a empezar un tema para hablar. Ninguno tenía ganas, realmente.

¿Alguien me va a explicar? ¡Yggdrasill mío! —refunfuñó Alphamon.

¡Baja esa voz!

¿Qué te pasa, Duftmon? ¿Desde cuándo te comportas de esa manera?

Está con resaca —dijo Craniummon, haciéndole un gesto para que no insistiera en preguntarle—. Ven, verás con tus ojos todo lo que pasó. Y si hay algún detalle que te interese, yo mismo te lo contaré —de pronto, se dirigió a los otros Caballeros—. No quiero decir que lo os lo dije, pero…

Aquí viene de nuevo —bufó Magnamon.

… desde el principio me negué a que se hiciera esa fiesta absurda —prosiguió—. De haberme hecho caso, ahora no estaríais así. Algunos con resaca —Duftmon rodó los ojos—, otro deprimido —Ulforce bajó la cabeza—, y uno decepcionado de sus cabezas que son él mismo —Omegamon abrió la boca para decir algo, pero no encontró las palabras adecuadas—. Ya os lo dije, ya os lo dije —negó con la cabeza.

Creo que han aprendido la lección, Craniummon. Déjalo estar —opinó el caballero negro.

Así, Alphamon vio como la fiesta sí se organizaba, como era decorada y se llenaba de nieve desde el techo. Pasando las horas, las mesas se llenaban de comida y pasteles, además de regalos y un gran árbol. Estuvo totalmente en silencio mientras que observaba el comportamiento de sus amigos; un comportamiento digno de alguien que quería olvidarse de la vida monótona y disfrutar al máximo. Envidió esos momentos en que ojeaba a sus compañeros felices, riendo y tomando bebida como si nada pasara; se río un poco al ver a Craniummon alejado, y como después casi Lord acaba con él; Duftmon competía con Gankoomon en un concurso de alcohol, el cual le sorprendió un poco; y finalmente del desastre de la fiesta.

Entonces Yggdrasill sigue despierto —dijo cuando terminó la grabación.

Iba a irse a descansar durante unos largos años más, mientras que todo siguiera sin sobresaltos. No obstante, uno de nosotros tuvo la desfachatez de no acatar sus órdenes y bajar hasta las prisiones para liberar a unas rameras —contestó Craniummon.

Déjame adivinar: dos Rosemon.

Magnamon puso atención a la conversación cuando Alphamon mencionó a sus dos amigas.

No las llames así, Craniummon —pidió el caballero dorado.

Es el único nombre que merecen —replicó.

Oh, vamos, les dices así porque Yggdrasill las nombró de una forma similar. Eres su perro más fiel.

Muchos supieron que si no los detenían a tiempo habría una contienda entre los dos. Fue Sleipmon quien se interpuso entre ambos y negó con la cabeza antes de hablar:

No discutáis. A todos nos ha afectado el saber que estaremos encerrados por siempre en esta sala de vigilancias, y únicamente podremos salir si un digimon se rebela contra nuestro Señor. Pero no por eso tenemos que pelearnos entre nosotros.

¿Cómo es que te vi arriba, Craniummon? —quiso saber Alphamon ante esa información.

Yggdrasill confía en mí para que vigile si algún caballero intenta hacer algo inapropiado —contestó con orgullo.

Estaba claro que Craniummon se sentía especial por aquel trabajo que su Señor le había ordenado. Para los demás era como una especie de castigo tener que hacer de niñera de todos ellos.

O podríamos irnos de aquí para siempre y dejar de ser Caballeros Reales.

La opinión de Magnamon quedó en el aire durante unos largos segundos.

¡No digas tonterías! —Exclamó Duftmon e hizo una mueca de dolor—. Es nuestro cometido proteger el Digimundo y a nuestro Señor por encima de cualquier cosa. La idea de dejarlo es propia de la traición y, por ende, nos tocaría acabar contigo, Magnamon.

¡Ya basta! —gritó Alphamon, poniendo orden.

Consiguió calmar la situación, por lo que el resto se sentó en sus respectivas sillas. Algunos continuaron vigilaron, y otros, como Alphamon, Craniummon y Sleipmon siguieron charlando para ponerle al corriente.

¿Cómo es que sabías el nombre de las Rosemon? —curioseó Magnamon.

Las encontré afuera, antes de que se marcharan.

Hubo una exclamación de sorpresa por parte del caballero morado. Estuvo a punto de levantarse, pero Dynasmon, a pesar de sus dolores, se interpuso entre la puerta de salida y él.

Debemos perseguirlas, han escapado.

En ningún momento tuvieron que estar encerradas, para empezar —contestó Duftmon—. Y tampoco tendrían que haber venido.

Dijo eso en voz alta mientras que miraba a Magnamon. El aludido mostró una sonrisa.

Pues bien que fuiste a verlas, Duftmon.

Eso me hace recordar… —murmuró Alphamon, sacando unas llaves—. Son tuyas, ¿verdad? —le preguntó a Duftmon.

El leopardo se sonrojó hasta las orejas mientras que recogía lo que Alphamon le entregaba. Magnamon no pudo evitar una risa, pero se calló al notar que ya estaba haciendo enojar a muchos de sus compañeros.

Y también… ¿cómo es que dejasteis que Examon se comiera todos los bombones?

Un tic apareció en el ojo de Lord, algo que ninguno se percató de ello, pero sí sabían que algo muy desastroso ocurriría a continuación. Dynasmon estuvo a punto de ahogar a Alphamon, pero en vez de eso, sujetó a su amigo rosa de la cintura. Sabían que debían adoptar una línea defensiva para que LordKnightmon lo lograra escapar de su agarre.

Así pues, cada uno de ellos se colocó en un lado evitando cualquier lado de escape. Dukemon, en la puerta, junto a Craniummon, hicieron aparecer sus escudos y los pusieron hacia delante, protegiéndose al mismo tiempo; Ulforce corría de un sitio a otro, tratando de marearlo; Dynasmon y Alphamon lo tenían bien cogido, de la cintura y los hombros.

Cuando el forcejeó de Lord se debilitó, los Caballeros se tranquilizaron un poco y perdieron la oportunidad de pararlo. Toda la sala se llenó de flores rojas, y los digimon empezaron a toser. Sin embargo, como ya se conocían ese truco, Sleipmon se había quedado justo detrás, interponiéndose entre la puerta. Y al ser tan pesado y fuerte, Lord tuvo que aceptar la derrota, pues tampoco quería hacer daño a sus aliados.

Está bien. Lo habéis salvado, por ahora —fulminó con la mirada a todos.

¡Eh! ¡Mirad esto! ¡Es Gankoomon! Y está…

La noticia de Dukemon llamó la atención de todos, incluido de Omegamon y Duftmon, que aunque mareados, tenían curiosidad por descubrir que había sido del tercer borracho.

Lo que vieron les dejó sin habla. Gankoomon no tenía bigote, se lo había… ¿quitado? Detrás de él, como siempre, iba Jesmon, pero tenía el rostro completamente sonrojado y se tocaba la cabeza cada dos por tres. Y, al lado de los dos, con una sonrisa y haciendo movimientos con los brazos, había una hermosa digimon: una Ladydevimon. El trío abandonaba una tienda de campaña.

No es posible… —murmuró Dukemon.

¡Eso no es digno de un Caballero! —Alzó la voz Duftmon—. ¿Cómo se atreve…? ¿Cómo lo ha hecho…?

Y, entonces, todas las miradas de los Caballeros pusieron atención a la cámara que vigilaba la aldea donde se encontraba Gankoomon y su pupilo.
 
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Cerca de terminar mi carrera.
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Hola Soncarmela Soncarmela y Lady Beelze Lady Beelze

Una disculpa por haberme tardado tanto en comentar, pero finalmente me di el tiempo de leer lo que fue la segunda parte y la primera de lo que es el desempate.

Estaba casi seguro de que la parte de Soncarmela Soncarmela iba a sacar cosas inesperadas y graciosas, como suele sacar en ocasiones, y está claro que no me equivoque. Me gusto ver que la personalidad de los caballeros se mantiene, pero se ve un poco el cambio obviamente producto de la ocasión.

Fue bastante entretenido ver a los caballeros de a poco ir divirtiéndose y que todo empezara a… Salirse de control. También ver al amargado de Craniummon todo, el tiempo, el concurso de bebidas, todo fue simplemente gracioso y ya se sentía que todo iba a ir de mal a peor.

Solo falto que dos de los caballeros pareciera que fueran a pelear, todos los demás los rodearan y uno de ellos (tal vez Magnamon) se hubiera puesto a gritar:

-¡PELEA! ¡PELEA! ¡PELEA!-

Todo fue divertido, incluso la aparición de Yggidrassil fue graciosa aunque… ¿no fue algo duro? Es cierto que tiene motivos para enojarse, y también es cierto que son caballeros y su deber es proteger el digimundo, pero es un poco exagerado querer regañarlos asi y prohibirles hacer cualquier cosa y que solo estén encerrados. Tal vez no se hubiera puesto asi si… las cosas hubieran sucedido de otra forma.

Me sentí un poco mal por esas Rosemon, y me dio bastante gracia sobre todo Examon y los efectos del alcohol en lo bebedores, sobre todo en Omegamon, y tiene sentido que sienta que sus manos tienen vida propia porque… después de todo son cabezas (al menos no sintió que le hablaran)

En sí, una buena parte, muy divertida y buena conclusión.


Ahora, yendo a la primera parte del desempate, pues es bastante entretenida, y en parte da gracia ver a Alphamon llegar y encontrar todo tan diferente de como esperaba y ver a sus compañeros, y también me dio algo de pena ver… bueno, el efecto que tuvo sobre todos que saliera tan mal su fiesta de navidad. Aunque nunca lo admitirán, seguro Duftmon y Craniummon también lamentan que eso nunca se vuelva a hacer.

Es un cap entretenido, que refleja muy bien lo que han pasado todos, da algo de lastima pero también entretiene y da algo de gracia. Ahora… a esperar la segunda parte aunque… no me imagino de qué podría tratar.

Creo que lo me mato más de risa fue la última parte y lo de Gankoomon.

Lo que vieron les dejó sin habla. Gankoomon no tenía bigote, se lo había… ¿quitado? Detrás de él, como siempre, iba Jesmon, pero tenía el rostro completamente sonrojado y se tocaba la cabeza cada dos por tres. Y, al lado de los dos, con una sonrisa y haciendo movimientos con los brazos, había una hermosa digimon: una Ladydevimon. El trío abandonaba una tienda de campaña.
—No es posible… —murmuró Gallantmon.
—¡Eso no es digno de un Caballero! —Alzó la voz Duftmon—. ¿Cómo se atreve…? ¿Cómo lo ha hecho…?
¿No es digno de un caballero? ¿Segura que Duftmon no lo dijo por envidia, porque que quisiera estar en su lugar?… tal vez


Hasta la siguiente parte, han hecho un excelente trabajo y espero ver como terminaran. Buena suerte señoritas :)
 

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O OverLord_Gabriel Espero que estés mejor de la última vez. Pero me alegro que te haya gustado la historia y que te hiciera reír. Lo de la pelea no lo pensamos en ningún momento, si te soy sincera, ya que los Caballeros no dejan de ser amigos. Yggdrasill es una máquina, aquí le dejamos como un abuelo cascarrabias que todo, exactamente todo, le molesta hasta ese extremo. Pero debería tener cuidado con el karma... xD

Oh, bueno, sé que te encantan usar digimon femeninas, así que supe que lo de Rosemon te gustaría. Magnamon se quedó sin amigas :S Pues Alphamon tenía que regresar y que mejor que este momento para que viera como estaba todo, era la mejor forma de dar pie al día siguiente de Navidad.

¿Segura que Duftmon no lo dijo por envidia, porque que quisiera estar en su lugar?… tal vez
Jaja, efectivamente, esa frase la puse de dos formas: indignado y envidioso xD

¡Nos vemos! Y mucha suerte también a vosotros. Un placer teneros como contrincantes :D
 
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ѕyncнrony
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Saludos cx

Paso a dejar al segunda parte de nuestro Os compartido con Soncarmela Soncarmela. Esperamos les guste y divierta :3 muchas gracias a las personas que ya se han pasado a leer y revisar~ con esto tendríamos lista nuestra parte Blair

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—Esto es inaudito —soltó el caballero pelirrojo frotándose la nuca.

No recordaba absolutamente nada de la noche anterior. Su último recuerdo era haber echado unos tragos con Duftmon, pero nada fuera de lo normal. ¿Verdad? ¿VERDAD? Sacudió la cabeza para ver si se despejaba, pero fue un notorio error: todo le dio vueltas y tuvo que sostenerse en lo que tuvo a mano mientras que con la otra se cubría la frente. Escuchó un grito de mujer y se volvió a ver a la Lady Devimon: la digimon le miraba con cierta sorpresa y picardía. El Royal Knight se apresuró a quitar la mano del lugar suave donde había caído y se dio media vuelta. Jesmon le sostuvo por el brazo para darle soporte.

— ¿Está bien, maestro?

— ¡Claro que no lo estoy! ¡No recuerdo lo de ayer! ¿Qué pasó con la fiesta, y cómo llegamos aquí? Y lo más importante —
dijo, al tiempo que se apuntaba el rostro— ¡¿Qué fue de la mitad de mi bigote?!

Su pupilo soltó un suspiro de desaliento y pidió a la digimon esbelta que por favor le consiguiera agua y analgésicos a su señor para el dolor de cabeza. La aludida se despidió con un beso en el aire y se fue meneando las caderas hacia un grupo de pequeñas casitas salpicadas por aquí y por allá. El resto de los Royal Knights —los que podían tenerse en pie— observaban con curiosidad las imágenes a través de los monitores sólo imaginando los diálogos, pues las cámaras de vigilancia carecían de audio.

—Es un canalla —dijo el felino rubio exacerbado— y un aprovechado —siguió, haciendo referencia al “agarrón” que le había dado el caballero a la chica, el que por cierto había sido accidental.

—Deja —le cortó Dukemon, entre curioso y divertido— quiero saber a dónde llega esto.

Los demás caballeros asintieron y se quedaron mirando. Sus camaradas Gankoomon y Jesmon habían sido despedidos de la base por su señor Yggdrasill después del caos ocurrido durante la fiesta de Navidad. Se alejaron de los terrenos de los Royal Knights mientras el hombre de la chaqueta discutía en altavoz con fantasmas y amenazaba a enemigos imaginarios producidos por el exceso de alcohol, lanzando puñetazos al aire que Jesmon se esforzaba por evadir, aunque no lo consiguió con todos. Eran las mismísimas versiones digitales de un afamado Quijote y su fiel escudero.

Vagaron por los alrededores y bosques, y acabaron aterrizando en aquella pequeña aldea muy entrada la madrugada, cuando Jesmon ya tenía que cargar en brazos a su señor. El ingenuo e inexperto joven aceptó de muy buena gana la ayuda que le proporcionaron las digimon que los recibieron, y les acomodaron en la pequeña tienda en donde Gankoomon despertaría cerca del mediodía. Así se lo contó el recién ascendido a su maestro, quien escuchó la explicación sentado en un tronco y con una bolsa de hielo en la cabeza, siendo ambos observados por decenas de pares de lindos ojos de largas pestañas.

—Yggdrasill nos expulsó ayer y nos dio por tarea ir a decretarle al digimundo que la Navidad está prohibida —dijo el joven con desánimo.

—Al demonio las órdenes de esa computadora —replicó el rebelde caballero, quien jamás había sentido apego por su amo—, los digimon son libres de celebrar lo que les plazca.

— ¿No obedeceremos entonces?

—Tú hazlo si lo deseas: eres un Royal Knight y puedes tomar tus propias decisiones.


Jesmon bajó la cabeza y se quedó pensando en esto, pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando una Lotusmon le desconcentró aplastando sus atributos contra su cabeza.

— ¿O sea, que él ya es mayor de edad, cierto? —quiso saber la digimon amazona, rodeando con sus brazos el cuello del muchacho y sonrojándolo hasta las orejas.

—Claro que lo es —replicó Gankoomon—, aunque todavía actúa como un niño.

Las demás féminas comenzaron a cuchichear sobre lo adorable que resultaba esto en un digimon tan fuerte y amenazante. Ninguno de los dos caballeros pareció prestar mucha atención a este detalle.

—Hay algo que todavía no me explicas —dijo el digimon pelirrojo, cruzándose de brazos.

Hizo un gesto con la boca, que en otro tiempo habría movido los bigotes que le coronaban los labios, y que ahora brillaban por su ausencia. El caballero plateado se alarmó.

— ¡Ah, sí, sí! Ocurre que anoche LordKnightmon pues…

—…

—Él…él le preguntó a usted si podía hacerle un pequeño corte…o un arreglo. No lo escuché muy bien porque Ulforce Vdramon tenía la música muy fuerte.

— ¿Y…?

—Y que cuando le estaba arreglando este…pues…


El chico se estaba trabando bastante para dar la explicación, exasperando a su maestro quien soltó un rugido.

— ¡Suéltalo de una vez!

— ¡Usted tuvo que devolver y se movió bruscamente, y Lord le arrancó la mitad del bigote! —
chilló el otro, espantando a todas las chicas.

Jesmon se cubrió la cabeza con ambas manos esperando una reacción, pero Gankoomon se atuvo a contar hasta diez para serenarse. Como no iba a pasearse por el digimundo con medio bigote, el caballero se vio obligado a afeitarse el otro también y a esperar a que volviera a crecer. Su pupilo se lo quedó viendo y esbozó una leve sonrisa.

—La verdad es que se ve veinte años más joven, maestro —dijo, para arreglar un poco las cosas, pero sólo consiguió empeorarlas.

Gankoomon soltó un rugido enardecido y su dragón interior, Hinukamui, salió en respuesta y de un puñetazo derribó al joven digimon. Luego regresó dentro de su dueño pues él tampoco se sentía muy bien después de la horrible ingesta de alcohol de la pasada noche. Todas las chicas alrededor exclamaron de susto y se abalanzaron sobre “el pobrecito Jesmon”, ayudándolo a levantarse, acariciándolo para “aliviar” su dolor y dedicándole las palabras más dulces. Obviamente en aquella aldea de féminas no había más que eso: digimon femeninas. No era de extrañar su exagerado y meloso comportamiento para con los dos primeros machos que se paseaban por ahí.

La otra mitad de las mujeres rodearon a Gankoomon, posando sus manos en brazos y pecho. El caballero se mostró alarmado.

— ¡Es tan fuerte~!

— ¡Y musculoso~!

— ¡Y varonil~! —
soltaba con una lascivia difícil de disimular.

— ¿Qué es lascivia? —preguntó Magnamon detrás de una pantalla, después de escuchar a Duftmon soltar el comentario.

—Lujuria, pequeño lagarto ingenuo e ignorante —replicó el felino con su habitual mota sarcástica.

— ¿Qué vamos a hacer? —preguntó Dynasmon a un lado, también observando las extrañas imágenes.

— ¿A qué te refieres? —preguntó Dukemon a su vez.

—Bueno, obviamente esos dos se han metido donde no debían —replicó el caballero Wyvern apuntando los monitores—, esas mujeres se los van a comer…

— ¡¿Son caníbales?! —
preguntó el ingenuo digimon azul y dorado, alarmándose.

Los demás Royal Knights se lo quedaron viendo un momento, preguntándose qué se suponía entonces que tenía en mente el digimon la noche pasada con las Rosemon. Luego lo ignoraron y siguieron tratando el asunto.

—Que se salgan de ahí —respondió Craniummon cruzándose de brazos.

—No sé cómo van a hacerlo —dijo Alphamon, pensando—, la aldea de las Amazonas Digitales no es muy grande, pero todas sus digimon superan el nivel adulto y pues…Gankoomon será muy fuerte pero de ninguna forma levantaría la mano contra una mujer.

—Y Jesmon está… —
dijo Dynasmon con mala cara— en una notoria desventaja…

Y en efecto, el caballero plateado no veía el modo de quitarse las manos de las chicas de encima. La situación en las pantallas comenzaba a volverse caótica en cierto sentido, pero más de alguno envidiaba la posición ahora en la que se encontraban los dos Royal Knights. Muchos de ellos miraban al dúo hasta con odio por haber corrido con esa suerte, mientras que ellos estaban allí encerrados.

— ¡Yo sé qué podemos hacer! —se escuchó una voz.

Todos se volvieron a ver al dueño, quien era nada menos que Ulforce Vdramon. Lucía mejor cara que hacía un rato, probablemente alentado por la brillante idea que se le había ocurrido.

— ¡Vámonos con ellos! —dijo como si nada.

La mitad de los presentes reaccionó de forma sarcástica, mientras la otra mitad se quedó pensando en la posibilidad. No era tan mala idea después de todo, además de que tendrían a su amo furioso encima por un buen tiempo y ladrándole órdenes cada vez que se levantara a vigilar que todo funcionaba como él lo había ordenado. Lentamente comenzaron a escucharse respuestas positivas un poco tímidas, que fueron rebatidas por negativas y exacerbadas exclamaciones. Curiosamente Duftmon, uno de los más apegados al código de obediencia de los Royal Knights, no estaba en el bando de los que se negaba. De hecho, el dolor de cabeza que tenía le había hecho pensar que estaba necesitando seriamente unas vacaciones y algo de tranquilidad.

— ¡Duftmon! —rugió Craniummon, tomándolo por el brazo— ¿Por qué te quedas callado? ¡Ayúdame a repetirles a estos animales sobre nuestras responsabilidades!

El felino observó a sus compañeros con los ojos entrecerrados. Luego levantó la mano y todos suspiraron, esperando el típico sermón que soltaba cuando le daban la palabra.

—Vámonos —dijo sin más.

Todos se sorprendieron. Craniummon se quedó de una pieza sin creer lo que había escuchado.

— ¡¿Cómo has dicho?!

— ¡Vámonos! —
repitió Ulforce— ¡Incluso Duftmon quiere irse!

—Y más vale que nos demos prisa… —
dijo el caballero Wyvern apuntando las pantallas.

Todos ahogaron exclamaciones al ver lo crítico de la situación para Gankoomon y Jesmon. Los digimon luchaban con bravura pero dentro de poco serían reducidos… ¡y sus compañeros no los dejarían solos! Los caballeros se pusieron de acuerdo al no haber nadie más aparte de un silencioso Craniummon en contra, quien fue montado a lomos de Sleipmon y fue llevado fuera.

— ¡LordKnightmon! —llamó Dukemon por sobre su hombro, al notar que su camarada de rosa no les seguía— ¿Por qué no vienes?

— ¿Y qué se supone que voy a ir a hacer yo allá?—
preguntó el aludido, cruzándose de brazos.

Todos se miraron con incredulidad y sin saber muy bien qué responder. Era un asunto algo delicado…Alphamon pensó en una respuesta brillante que compró a su camarada de inmediato y de la mejor forma posible.

—Podrás aprender las recetas secretas de las amazonas.

LordKnightmon se mostró emocionado con la idea y sin pensárselo dos veces, siguió al resto de sus compañeros afuera.

Casi una hora después el estómago de Examon se quedó finalmente vacío después de casi ochenta cajas de bombones de chocolate. El caballero dragón apareció con todas sus escamas temblando y una taza de té de hierbas en una mano. Entró en la sala de computadoras, levantó su mano libre para saludar, y se quedó boquiabierto al ver que todo estaba vacío y en silencio. Miró hacia el pasillo sin encontrar a nadie, avanzó por la sala desierta y observó que en los monitores ahora apagados —por motivos de seguridad— había una notada pegada con un mensaje y unos números.

“Que tengas suerte sirviendo a Yggdrasill. Si no te gusta la idea, te esperamos en las siguientes coordenadas.

Xoxo

—Royal Knights—”
 
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Uff... Por fin tengo tiempo para postear acá. Inventarnos detalles fue un dolor de cabeza.XD

Bueno, respecto a la primera parte. Sinceramente no esperaba que fuera una continuación de la mañana siguiente, creí que sería una nueva trama basada en el desastre de post navidad. Por lo que dejaron en la primera ronda creí que trataría sobre como los RK tratarían de contentar a Yggdrasil. O como los RK intentando calmar las protestas del digimundo porque se prohibió la navidad por su culpa.XD


La resaca y la vergüenza son muy obvias en situaciones como estás.XD Pero al ver todo lo que quedó me recordó a las películas de "¿Que pasó ayer?" XD especialmente la parte en que Gankoomon queda sin bigote al despertar. automáticamente se me vino esas películas a mi mente donde siempre pasa algo parecido.XD

Estuvo gracioso, creo que la parte que más me gustó fue la de las Rosemons tratando de escapar.XD


Sobre la segundo parte , pues se me hace curioso que después de negar que los RK volverían a desobedecer a su señor y que incluso en la primera parte rechazaran la idea de huir en la segunda terminaron haciendo precisamente eso. Eso me confundió un poco, pero igual fue gracioso.

Algo que si debo decir sobre el estilo. Por sus fics sé que a Lady no se le da bien la comedia sino que su estilo es más serio y dramatico. La parte de Gankoomon golpeando a su alumno si bien parece que trataba de que fuera cómico pues quizá fue la forma en que lo escribió pero no parecía mucho una escena graciosa.

Fuera de eso el final aunque parecía contradecir la primera parte igual fue la más cómica.XD

Suerte chicas.
 
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