Story of Christmas 4

Relikt

Something that remains
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Erhard [3]

Con el menú establecido solo faltaba desglosar los ingredientes que necesitaban para preparar todo ello. Con lista en manos, el pequeño grupo se dividió para indicarles a los vendedores lo que necesitaban y así poder acabar rápidamente aquel encargo para regresar a la cocina e iniciar a preparar lo que sería el festín navideño para todo aquel que se presentara en la fiesta de lo que parecían ser los corazones solitarios. Erhard y Melody se quedaron con la lista de los ingredientes para la comida salada mientras que Sistermon Blanc, Raginwulf y Tharos buscaban los ingredientes para los postres.

La melancolía cuando se encontraron en la calle parecía desvanecerse poco a poco de los pensamientos del joven pelirrojo mientras conversaba con la monja sobre las diferentes maneras en las que harían los platillos, Tharos veía aquella escena con tranquilidad ya que su Tamer parecía divertirse escogiendo los ingredientes y pidiéndole consejos a la Child de gorro rosa. En cuanto al anciano griego y la coneja, conversaban con el vendedor sobre la frescura de sus vegetales.

¿Cree que pueda llevarnos dos cajas de estas hermosas coliflores y brócolis al hotel que esta al final de la calle? – Preguntaba Becker señalando una caja de madera debajo del exhibidor.

Por supuesto, señor. – Asentía Bakumon feliz por la gran compra que estaba haciendo el mayor. – ¿Para cuándo las necesita?

Como en media hora estará bien. – Contestaba el de cabellera plateada.

Del lado de Ragin, este observaba rojas manzanas mientras la monja le indicaba al vendedor que llevara tres cajas al hotel en donde sus hermanas lo recibirían con el pago.

Muchas gracias. – Agradecía la Child despidiéndose del Tamer que atendía el puesto.

Gracias a usted, vuelva pronto. – Respondía el de cabellera castaña.

Siguen los arándanos y las moras. – Mencionaba el menor leyendo la lista entre sus manos y bajando la vista al sentir que su compañero le halaba la camisa. – Oh, allá hay algunos.

Genial, se ven bastante brillantes y de buen aspecto. – Comentaba Sistermon Blanc caminando junto al pelirrojo y el dragón hacia el puesto señalado.

Cerca de una hora después, los instrumentos de la cocina se escuchaban usarse desde afuera, como si los cocineros estuvieran cocinando contra el tiempo. Ragin y su compañero, Tharos pelaban las papas y las manzanas mientras Sistermon Blanc las picaba en trozos pequeños para luego poner a hervir las papas dejando a un lado las manzanas que servirían próximamente para la salsa, en cuanto a Sistermon Noir y Ciel, se encargaban de los postres en tanto Erhard enrollaba el jamón de pavo en el tocino antes de meterlo al horno y comenzar con el arroz. Desde la ventanilla de la puerta de la cocina, Lopmon veía encantado como todo estaba empezando a tomar forma antes de la fiesta.

El brócoli y la coliflor tienen que ponerse a hervir para luego saltearlos y gratinarlos. – Indicaba el anciano a la monja.

Los colocaré en un momento. – Respondía Sistermon Blanc.

En un momento terminaremos de pelar las manzanas y papas aquí. – Informaba el joven pelirrojo alzando la mano. – ¿Luego que podemos hacer?

Tharos puede rallar el queso para el gratín, Ragin, por favor lava las espinacas y coloca una olla para empezar a hervir el agua de las pastas. – Decía Sistermon Ciel deteniéndose un momento del batido para el cheescake.

Entendido. – Contestó el Amateur con un asentimiento.

***
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***
Charlotte [7]
Las flores no eran de “espero que te mejores”, eran de una disculpa por llamarme una patética enferma que está sola en el hospital durante la navidad. – Comentó de mala gana la albina. – Si es la única manera de que me manden flores, entonces no quiero seguir recibiendo ese tipo de cosas.

Ah, lamento que haya sonado de esa manera. – Se disculpaba el pelirrojo.

Está bien, ya no importa.

¿Qué las flores eran de qué? ¿Las quemaste, Whisper? Dime que las quemaste. – Decía Rose halándole una oreja al diablillo.

¿Qué no la oíste? Estamos en un hospital y no podía hacer eso. – Respondió Impmon alejando con su mano al hada.

Y tú, Caín. – Señaló la Child al Babydmon que se escondió tras la francesa. – ¿Cómo dejaste que le dijeran algo tan feo a Charley?

Rose, por favor ¿podemos olvidarnos del tema? – Suspiró Charlotte.

No sabía que unas simples flores tuvieran un tema tan delicado en su interior, lo siento. – Se volvió a disculpar Sinclair.

Aunque parecían estar discutiendo todo el rato, Moon los veía como una familia normal, lo que le hizo recordar una cita de un libro que había leído hacia un tiempo, esta mencionaba que lo esencial era invisible a los ojos. Tinkermon le dio unas suaves palmadas en la mejilla para atraer su atención y le sonrió cuando este se giró a verla.

Como sea, Sinclair, necesito tu ayuda. – Dijo Charles ignorando la mirada preocupada de sus compañeros. – Ya que no estas ocupado del todo, necesito que me acompañes a cierto lugar.

No hablaras en serio. – Habló Whisper poniéndose de pie. – Acabo de venir de allá.

En ese momento no pensé en ello, por eso tú y los chicos cubrirán mi ausencia del doctor y las enfermeras. – Respondía la chica saliendo de la cama.

[***]

Veinte minutos después, Sinclair y Tinkermon estaban en un callejón a un par de cuadras lejos del hospital, en tanto la pequeña hada permanecía dentro de uno de los bolsillos de la gabardina del pelirrojo, este último frotaba sus manos para deshacerse un poco del frio que sentía por el clima. Luego de escuchar el pedido de la albina, el hombre no pudo darle un “no” como respuesta, después de todo, al oír lo que estaba planeando hacer y tan solo ver su palidez, sabía que no podía dejarla andar por la ciudad sin supervisión.

Lightwood dejo el hospital saliendo por la ventana de su habitación y usando una DM para llegar hasta el lugar donde estaba el pelirrojo y su compañera. La joven llevaba puesta ropa normal y abrigada por el manto oscuro, guantes rojos y una bufanda del mismo color de estos últimos, su cabello estaba recogido en dos trenzas y en vez de estar acompañada de Impmon, Rose era quien había ido en su lugar.

¿En serio puedes salir así del hospital? – Preguntó el caballero no muy convencido de ver a la falsa canadiense en el exterior.

No, pero esa era una de las razones por las que estas aquí. – Sonrió la de ojos púrpura metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón. – Bueno, eso y un par de manos extras para llevar las cajas con dulces.

 
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LadyAzulina

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La castaña dejó la toalla sobre la cama antes de rebasar al semi desnudo chico, alcanzando la puerta. La cerró, dando media vuelta para recostar la espalda en ella. Se le escapó un suspiro, manteniendo una mano sobre la perilla.

—¿Qué haces? —preguntó el nipón.

Ella movió ligeramente la cabeza para que el cabello le cubriera parte del rostro, haciendo temblar su barbilla mientras alzaba la mirada hacia él con los ojos humedecidos.

—¿Acaso no te parezco bonita?
—¿Cómo? —
aquellas palabras sonaron tan lento que por un momento se sintió mareado.

La chica llevó la mano libre hasta su cabello, deslizando los dedos por un mechón, mirando sus puntas.

—Porque… me evades. Entonces no te parezco bonita…
—Pero… No, me pareces preciosa.
—Entonces, ¿por qué? —
apoyó la cabeza en la puerta para volver a mirarlo—. ¿Por qué no quieres besarme?

Los ojos acaramelados siguieron a los castaños en su corto paseo hacia el techo y de vuelta. El acercamiento del rubio la tomó por sorpresa, encogiéndose imperceptiblemente cuando él se inclinó para besarla. Sus labios tenían cierto regusto a chocolate, era diferente a los que recordaba y la diferencia se le hacía curiosa. Pero la curiosidad no era lo que la impulsaba a querer más, ya quería más. Llevó las manos a sus hombros al mismo tiempo que él la tomaba del rostro para alejarse. Le miró a los ojos como si le hubiera cortado la inspiración de repente. El nipón la soltó con algo de pena, a pesar de no ser su primera vez besando, sintió que había perdido experiencia por el paso del tiempo.

—Supongo que… eso responde la pregunta —evitó nuevamente el contacto visual, pero esta vez había sido para que la joven no se diera cuenta de su sonrojo. ¡Dios! Si Rey o Flamon estuvieran presentes lo molestarían—. Perdona lo inesperado… —las acciones del nipón se basaban en mirarla de reojo y volver a un rincón del cuarto, mirarla y volver.
—¿Pides perdón por lo inesperado? —al principio sonó escéptica, pero luego el tono se esfumó—. Deberías buscar una forma de disculparte, ¿no crees~? —le rodeó el cuello con los brazos, impulsándose ligeramente para envolver su cintura con una pierna.
—¿Disculparme? —sentir su cadera tan cerca de la suya comenzaba a darle calor, aun así, su mente luchaba por mantenerse estable—. ¿No ibas a tomar una ducha? El chocolate caliente estará listo pronto y… ¡! —la lengua que recorrió su manzana de adán y parte del costado de su cuello le hizo tensarse hasta el grado de sentir un ligero escalofrío en su espalda, cosa que le causó gracia a la joven.
—¿Vas a tomar una ducha conmigo~? —ronroneó mientras lo dejaba respirar, simplemente observándolo.

Yoh suspiró, no había forma en la que pudiera escaparse.

—¿Realmente es lo que quieres?
—Si tú también lo quieres. No puedo disfrutarlo si no lo disfrutas~. ¿No quieres?


La mirada que le dedicó, la caricia que sintió al momento en que ella metió los dedos en su cabellera, el cálido aliento que compartieron debido a la distancia reducida. No encontraba razones para rechazarla y, si existían, Yoh ya las habría ignorado.

—Vamos.


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Lazy

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La castaña volvió a probar con más vigor los labios de chocolate, volviendo a tocar el suelo con el único propósito de llevar consigo al chico hasta el cuarto de baño. Allí se deshizo del abrigo y la camiseta sucia que todavía vestía, abriendo la llave del agua, luego se enfrentó al japonés.

Todavía tienes tiempo de arrepentirte —le informó con un tono más apagado ante el simple hecho de pensar en ello.
¿Por qué debería arrepentirme? —Su tono parecía un poco más decidido que antes. Le tomó de la cintura a la par que con su mano libre removía unas hebras para verle mejor.
No lo sé… pero creí que sería cortés darte una última oportunidad~.

Asakura soltó una risa divertida mientras negaba, quizás y si la joven no le hubiera hecho sentir algo la respuesta habría sido distinta. Tomó el rostro ajeno con una de sus manos y la besó con la tranquilidad que le caracterizaba. Con su mano libre, continuó lo que la joven había dejado de hacer segundos antes de ser “cortés”, terminó de desvestirla y a sí mismo justo al tiempo de ser empujado dentro de la ducha.

El agua estaba caliente, pero aunque hubiese estado fría a ellos no les habría importado. Se besaron nuevamente con más urgencia y las caricias no se hicieron de rogar: la castaña pasó sus dedos por los músculos de su abdomen imposibles de notar con la ropa puesta mientras el rubio descubría la amplitud de su espalda. Había algo que todavía debía decirle, no tenía prisa para ello, pero era fundamental.

Espera… —perdió la voz al ser alzada sin ninguna dificultad por el japonés. Inmediatamente le rodeó la cintura con las piernas, sin embargo, arqueó la espalda al sentir el frío de los azulejos. Se le cortó la respiración cuando sintió los labios ajenos en su cuello. Cerró los ojos, enredando los dedos en el claro cabello para intentar que la mirase—… Tengo que decirte algo…
¿Mm? —No despegó su atención del fino cuello que saboreaba, aun así pudo escucharle.
No importa lo que hagamos —suspiró—, no puedes entrar en mí… —decirlo en voz alta le dolía, ella sufría más por ello de lo que nadie jamás pudiera pensar.

Aquello lo desconcertó lo suficiente como para que alzara el rostro para observarle. La joven se mostró aún más dolida al notar la confusión del que hacía nada mostraba un interés único en ella.

¿Me explicas? —Cuestionó tranquilo y sin rastro de resentimiento o molestia.

Ella parpadeó, un tanto sorprendida por la expresión que veía.

Lo siento, no puedo… No puedo… —entrecerró los ojos como si le doliera la cabeza antes de agitarla ligeramente—. No puedo tener relaciones contigo, técnicamente de ningún tipo —soltó de forma mecánica—… y tampoco puedo decirte por qué.

Intentó adivinar el cómo se sentía el joven tras escucharle, pero no pudo debido a que Asakura mostraba un semblante tranquilo digno de un dios. Le tocó la mejilla para acariciarle y, cuando lo hizo, Yohken volvió en sí para posteriormente sonreírle.

Está bien, supongo —la bajó con sumo cuidado y le besó la mejilla con cariño—. Aunque estoy un poco avergonzado.
… ¿Qué? —el agua estaba caliente, no obstante, todo lo que sentía ella en ese momento era frío. Quizá mejor habría sido haber aceptado su ayuda y dejarlo así—… ¿Por qué?
Porque… bueno… —Unió sus dedos con vergüenza—. Mi mente pensó cosas y estamos compartiendo un baño mientras estamos desnudos…


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Verwest

The house is mine
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#8

Los dedos de la germana jugaban lento con la mano de Zaytseva por debajo de la mesa, mientras ambas escuchaban el discurso del joven en turno. Todos estaban hablando acerca de buenos deseos y aspiraciones para el comienzo de un nuevo año. Primero Serah, luego Shin, después Shelldon. Dylan se hundió un poco en el asiento mientras pensaba que debió haber preparado algo en papel, por al menos en su mente ya que hablar de cosas personales no era una de sus mayores virtudes, mucho menos en público. Y a cada segundo pasado se iba acercando más su turno. ¿Qué podía decir? ¿Hablar despropósitos sobre sus navidades en lo salvaje y agradecer que por fin tuviera un piso y un techo en donde sentirse acompañada? O tal vez debía optar por algo un tanto más conservador y genérico, tal cual hiciera la chica de mechas rosas. ¡Feliz navidad a todos, gracias por venir, espero tengan muchos regalos en forma de Digi memories o Digi cartas y que avancen de rango para que no mueran tragados por un Metal Greymon! ¡O durante alguna dura Quest en el prolífero mundo de Digital World! Etc, etc, etc...

Alto. Su cabeza estaba divagando demasiado cuando aquello no tenía por qué ser tan complicado. Se hundió todavía más en su silla a riesgo de ser tragada por las costuras rojas que unían la madera con la felpa, luego alzó la copa de champagne que aceptase de Halsey únicamente para la ocasión; bebió un enorme sorbo.

Pese a que su mueca se torció por el poco agrado que tenía por ese tipo de bebidas, el efecto cálido en su pecho y atrincar sus dedos con los de Gaia le llevó a sentirse contenta. De inmediato tomó otro trago y ya era el turno de Rhydian para hablar. Después del de Armany’s no habría escapatoria.

¡Excelente Rhydian! —Halsey aplaudió con sus palmas y todos la imitaron reconociendo el corto pero airoso discurso del de cabellera larga— ¡Apresúrense antes de que se enfríe la comida! Dylan, tú eres la siguiente.

Cualquier cosa que saliera de la seguridad de su garganta, sería sincera y espontánea. Se levantó portando un semblante tranquilo.

Feliz navidad a todos —dijo con firmeza—, y gracias por estar aquí. Es la primera vez que celebro estas fechas en Digital World, por eso es especial para mí. Espero la pasen muy bien y todos sus deseos se cumplan —tras levantar su bebida, quienes estaban en la mesa aplaudieron y dieron por sentado que era el fin sus palabras, todos menos Torbellino Volk.
Muy bonito Dylan, pero ¿hay algo en particular por lo cual quieras agradecer? —la montenegrina estaba a su izquierda así que fue muy fácil estirarse para propinarle unos leves codazos a la altura de las costillas— O más bien a ‘alguien’ —la expresión nula de la alemana se fue al traste.
¿A qué te refieres? —sus mejillas se colorearon un poco.
Tú sabes a qué me refiero —Halsey sonreía con mucha gracia—, ¿quieres que lo diga? ¡Dylan debería agradecer que Ga...
¡Okay! —la rubia alzó la voz y levantó las palmas de sus manos interrumpiendo a la montenegrina antes de que dijese algo más. A los testigos les pareció una escena graciosa cualquiera entre dos buenas amigas, pero Dylan miraba a Gaia por la esquina de su ojo y la percibió muy seria, con sus mejillas igualmente rojizas. Tomó oxígeno—. Quiero agradecer que, tengo a...
¡A mí! El Rey del Digimundo, el ser más fuerte del universo, ¡bah! Yo siempre estaré contigo Dyl —risas de nuevo. Gomamon había saltado sobre su espalda justo en el momento exacto.
Agradezco tener un buen compañero Digimon —la alemana atrapó al acuático contentísimo en sus brazos y peinó su cabellera—, dos compañeros —corrigió tan pronto Dex se montó en su hombro, desatando el recelo del primer digital—. No podría ser mejor.

Todos le miraban con curiosidad directo a la cara. ¿Había concluido ya? Cuando Tanneberger despegó sus labios húmedos, supieron que debían seguir guardando silencio.

Gomamon y yo siempre hemos estado solos, nunca mostré interés en estas fiestas porque no tenía amigos —miró a Rhydian, a Shelldon, a Serah y a Shin—, muy buenos amigos —se giró hacia Halsey—, tampoco a esa persona especial —encontró a Gaia de reojo, pero devolvió la vista antes de que sus manos comenzaran a sudar —. Ya habré dicho esto antes, Halsey.
Dilo otra vez.
Gracias por invitarnos a tu hogar.
Música para mis oídos —la montenegrina sonreía triunfante. Risas por tercera ocasión.
Gracias Gaia —la ucraniana experimentó un leve respingo al escuchar su nombre. La alemana sentía que la chica le estaba mirando, pero ella tenía fijos sus ojos en la copa de cristal que sostenía en su diestra. Las diminutas burbujas de champagne nunca le parecieron tan interesantes hasta que tuvo el valor de atajar los azules de Zaytseva—, gracias porque... sin ti no sería lo mismo.
¡Qué bonito, Dylan!

Otro brindis y después de ello la rubia y sus Digimon regresaron rápido a sus asientos. ¿Que sin ella no sería lo mismo? ¡Por supuesto que no sería lo mismo, Tanneberger! Se reprendía mentalmente mientras deseaba ser más expresiva con sus sentimientos.




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Bishamon

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El que Gomamon haya salido disparado hacia la mesa de los humanos interrumpió el propio proceso de agradecimiento que llevaban a cabo los demás digitales. Más de uno bufó o se desencajó por la repentina actuación del rey. Incluso a los tamer les resultó inesperado, pese a que Serah se riera por lo bajo también le pareció así.

Halsey miró a una desorbitada Dylan que se hundía no solamente en su asiento. Consideró enviarle unas cuantas puntas por su buen discurso, a medias, mas creyó que eso podría aumentar la visible incomodidad de la muchacha. Lo único que hiciere fue darle palmaditas en el hombro, pues daba por sentado que ese mensaje lo entendería muy bien por encima de ser distraída.

—Relájate, Tanneberger —bueno, eso sí no pudo evitar decirlo en voz más baja—. Hiciste lo que pudiste. —La aludida quiso curvar los labios. Otra vez dio un sorbo rápido y hondo a la copa, justo cuando Shura debía ponerse de pie por orden natural.

Increíble pero cierto. Shura nunca había hecho semejante actuación en una fecha como esa porque con su familia tenía otras costumbres, por lo general comía con amigos o celebraba en fiestas privadas donde no existía la cultura de hacerlo. Sí recordó que el día que grabara el documental de Volk, hizo un brindis junto a sus compañeras y sus respectivos digimon; ese fue sencillo. El tiempo había pasado y más cosas empezaron a agregarse en su vida a partir de entonces. Casa nueva, compañeros nuevos, nuevo nivel, nuevos problemas, más retos… nueva pareja; detuvo su conteo mental ahí.

—Sería fácil recoger todo lo que han dicho y decir que deseo exactamente lo mismo —algunos rieron, otros sonrieron—, pero siendo honesta es lo que deseo también —paseó sus azules por el rostro de los que tenía enfrente—. Esto es prácticamente nuevo para mí. Yo doy gracias por haber chocado en el súper de Monzaemon con mis mejores amigas… —solamente Cherry le mostró los dientes en una amplia sonrisa—, y digo mejores porque aprendí que realmente el tiempo no es lo que determinará qué tan fuerte son los lazos entre dos o más personas, sino las situaciones del día a día —Gaia extendió su mano para unirla con la de Volk porque esta quería sujetarla—. También doy gracias por Vanya y Taras —ambos digitales enviaron un saludo desde su mesa—, porque estamos vivos aún…
—Que ningún digimon oscuro ultra híper mega súper maligno nos haya devorado —agregó un segundo ocasionando risas y que Sasha le secundara.
—Por el resto de mis conocidos —con eso se refería a los digitales de sus cercanas, Rhydian, Andrew y los que conoció ese día—. Gracias Halsey por ser mi compañera de fiestas —las dos chocaron las copas—, y gracias Dylan —la rubia por primera vez en lo que transcurría el discurso alzó la mirada hacia la modelo—, porque sin importar cómo seas y lo que hagas, sin ti tampoco sería lo mismo.

Todos pronunciaron la misma palabra a coro y tomaron de sus copas. Las personas restantes dieron su monólogo, incluyendo la anfitriona principal de aquella junta. A continuación empezaron a degustar lo que quisieran probar del pequeño buffet. Gaia se sirvió de todo un poco, pues sentía curiosidad por los platillos extranjeros que Coronamon preparó gracias a que Dean le hubo proporcionado las recetas. Mientras comía un bocado se dio cuenta de que Tanneberger apenas se había echado en su plato algo que no calmaría el hambre de nadie ni siquiera a dieta… daba la alusión de que esperaba a que el resto terminara de repartirse, como sucedería al ser parte de los organizadores de un evento, no obstante para Sashenka era más que eso; lucía obvio.

—¿Te pasa algo? —DTB pestañó un par de veces antes de responder a su mirada con la suya.
—No… —hizo el intento de sonreír.
—¿De verdad? —La amante del océano asintió, movió el tenedor y llevó un poco de alimento a su boca. —Haré que te creo aunque no me parezca.
—Me conoces mucho —pronunció de repente—, podría asustarme —Gaia no la miró para saber que hubo un esbozo de risa muy corta—, pero me gusta que puedas leerme.
—Es fácil —la heroína abrió los ojos un poco más de la cuenta—, porque te quiero —concluyó con una sonrisa afable acompañada de una mirada comprensiva.




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LadyAzulina

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Aún no habíamos terminado con esto, así que casi ocho meses después les advierto a todos que este post contiene escenas subidas de tono +18


El interior de la castaña era un desastre y debía poner orden antes de que ocurriese un accidente peor. Inspiró en un intento de calmarse, mas solo logró que se le humedecieran los ojos. Ver las lágrimas asomarse peligrosamente por los bellos ojos caramelo disparó una alarma en Yoh.

—P-perdón, no quise decir una tontería. No fue mi intención lastimarte con lo que decía —se sintió culpable hasta el punto en que se inclinó en el suelo, tomando una pose de dogeza.
—¿Qu-qué estás haciendo?
—Me estoy disculpando… yo siento que te he lastimado.
—Me dijiste que… no te arrepentías —
murmuró, agachándose para apoyar una mano en su hombro—… Si todavía no lo haces… entonces solo quiero que lo demuestres… Pero, si lo haces, esto nunca pasó y puedo irme.

Yohken levantó el rostro con una ceja alzada.

—No dije que estuviera arrepentido, solo estoy algo confundido por todo… —se irguió para poder mirarla mejor—. Y me preocupé porque pensé que había dicho una tontería. Soy un maestro en eso.
—No, quizá… tuve que decirlo antes de traerte hasta aquí —
bajó la mirada—. Así podías… no lo sé… negarte.
— ¿Tú… te arrepientes?
—¡No! —
lo tomó de los brazos, alzando la vista—… No… —y, como para demostrarlo, volvió a besarlo.

El muchacho se sorprendió los primeros segundos, pero paulatinamente le siguió el ritmo a la castaña. La tomó por la cintura para que pudiera estar un poco más cerca y ella subió las manos hasta su cuello. Se acercó con todas las intenciones de provocar que se moviera para acomodarse, sonriendo al Yoh tomar un poco más de control cuando la levantó por los muslos nuevamente. Se aferró a su cintura con las piernas, frotando sus caderas mientras aumentaba la intensidad del beso; como resultado sintió cómo algo se animaba en la cintura ajena, motivándose un poco a seguir con su movimiento.


Confiando en el agarre del rubio, ella bajó las manos para acariciarle intensamente el pecho y el abdomen antes de rasguñarle con suavidad, escuchando los gruñidos de su amante. No pasó mucho para que el castaño claro centrara su atención en su pecho, haciéndole sentir una corriente que le recorrió el cuerpo cuando el chico lamió lentamente su seno derecho. Llevó las manos a su cabello, enredando los dedos entre sus hebras mientras soltaba un suspiro placentero, dejando caer la cabeza hacia atrás. Yoh sonrió al tiempo que mordía suavemente el botón rosado; no podía explicarlo con claridad, pero se sintió bien cuando ella metió sus manos entre sus hebras.

Vennum ronroneó. Esa electricidad creciente que transitaba por sus venas era lo que tanto le había hecho falta, en esencia era lo que siempre estaba buscando, lo que debería experimentar todo el tiempo que estuviera presente. ¿Acaso eso era tan malo? La sensación era completamente deleitosa, su cuerpo y su mente se extasiaban con cada corriente, consideraba que todo el mundo debería sentirse de esa manera para ser más feliz. A ella siempre la ponía feliz. No obstante, el estímulo que le dedicaban se vio interrumpido abruptamente cuando Yoh dejó libre su seno, observándola.

— ¿Puedo…? —Acercó su mano dominante a la entrepierna de la chica, no quería adelantarse y que ella le rechazara.
—Ah, sí… —le mantuvo la mirada, casi suplicándole—. Sí, por favor…

La besó con pasión, introduciendo su lengua para que pudiera bailar con la ajena. Era demasiado agradable perderse en el calor del momento, pero debía concentrarse en lo que hacía. Poco a poco fue introduciendo sus dedos en la parte privada de la chica, quien no tardó en reaccionar a lo que su amante le hacía. Las uñas que se le clavaron suavemente en la espalda y hombro fueron la señal perfecta que necesitaba para continuar; explorando con dos dedos lo más profundo de la joven, mientras que con su pulgar masajeaba el pequeño pero notable clítoris.

 
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Ella ahogaba los suspiros en la cálida boca del rubio, estremeciéndose por el sinfín de sensaciones que recibía sin dejar de mover su cadera al ritmo de la gloriosa mano del chico. Era casi mágico cómo un conjunto de acciones podían hacerla sentir en el cielo. Terminó separando sus labios para regalarle un suave gemido. Sin embargo, estaba tan centrado en ella que no hubo cabida para reaccionar al sonido de su hermosa voz. Sin previo aviso, aumentó la cadencia de sus movimientos a la par que introducía otro dedo para excitarla aún más.

Ah… Sí… —murmuró con una sonrisa. El chico era bueno, le gustaba cómo su interior vibraba. Se aferró a él, dejándole algunos cortes en la piel allí donde pasaban sus uñas, saboreando el momento con satisfacción. Sabía que no le quedaba mucho tiempo, que la mejor sensación estaba cerca—. ¿Eh? ¿Por qué paras? —La aludida se sorprendió cuando dejó de sentir los dedos de su amante.

Iba a reclamarle, pero se detuvo al instante en que lo vio agacharse, pidiéndole que se acostara en el mojado suelo de la ducha. Su mente le hizo entender lo que el joven quería hacer así que obedeció sin peros. Se recostó, abrió sus piernas y lo esperó.

Estaba segura que si alguien le preguntaba cómo se sintió cuando el chico introdujo su lengua en ella no sabría dar una respuesta. La voz se le escapó en un gemido de placer indescriptible, la corriente que había sentido con anterioridad volvió con mucha más fuerza, sus manos se metieron instintivamente en la cabellera del muchacho que le saboreaba, acomodando las piernas sobre sus anchos hombros. Era realmente excitante, esa sensación vibrante, era...

Ah… —exhaló.

Arqueó la espalda, disfrutando plenamente cómo sus terminaciones nerviosas parecían explotar de placer. Acompañó el estremecimiento con un ronroneo bajo, suspirando profundamente al sentir su cuerpo relajarse, mordiendo su labio inferior mientras observaba al rubio. Las sensaciones eran totalmente diferentes a las que recordaba de la última vez…

Cuando Asakura abrió los ojos para observarla, le guiñó el ojo, provocando que una risa suave brotara de los labios de la castaña, quien bajó sus piernas para tirar de él y así poder besarlo. Le correspondió con gusto, pero no por ello iba a dejar de lado lo que hacía con su sexo, aunque sintió un extraño cosquilleo descender desde su pecho hasta su abdomen. La chica le rozó el cuerpo suavemente con las uñas en el camino hacia su destino, sosteniendo del mismo modo su miembro antes de acariciarlo lentamente.

Yoh se sorprendió pero no expresó nada en su rostro que lo delatara. La sonrisa en los labios de la fémina, en cambio, fue un claro indicador de que lo había planeado; a pesar de no poder hacerlo como querían, ella podía satisfacerlo de la misma forma que él lo hacía. Lamió su palma lentamente y luego comenzó a acariciarle el glande al joven.

Las manos de la chica eran tan suaves y finas que el asiático tuvo que morderse el labio inferior para evitar gemir. Los ojos acaramelados mantenían su atención en la expresión del rostro de su amante, buscando las señales que la ayudarían a identificar el momento en el que debía intensificar los movimientos de su muñeca. Lo apretó con fuerza y luego lo soltó para que respirara.


Tengo algo en mente que nos gustará —le confesó para posteriormente besarlo. Yoh no sabía a qué se refería la castaña, pero se dejó llevar como había estado haciendo desde hacía unas horas.


LadyAzulina LadyAzulina empecemos ps
 
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El +18 termina aquí

Cuando se separaron, la chica llevó el miembro masculino hasta su entrepierna y lo atrapó entre su vagina y muslos. Quizá no era lo mismo que tener relaciones, pero Asakura tenía la certeza de que las sensaciones eran un poco similares al acto. Vennum lo miró con una sonrisa por encima de su hombro, satisfecha por ver la expresión del chico detrás de ella, y sin querer hacerlo esperar más empezó a moverse. Sentía cierta adrenalina correr por sus venas, libertad en cada vaivén, solo era cuestión de un rápido movimiento para… Observó la desordenada cabellera rubia sobre su hombro izquierdo, ensanchando la sonrisa, sintiéndose poderosa por haberlo derrotado; se le erizaba la piel allí donde su entrecortada respiración chocaba, pero ser consciente de ello solo la animaba a aumentar el ritmo. El roce de sus sexos era apasionado, sus piernas todavía temblaban levemente y percibía un revoloteo en la parte baja de su abdomen, sin embargo, la castaña ya había fijado su atención en la tensión de su amante, en la constancia de sus suspiros y en lo agitada que estaba su respiración.

Lo disfrutaba, no había forma de negarlo, por eso se rindió tan rápido ante el excitante vaivén de la chica. Soltó una gran cantidad de aire en el cuello de quien mantenía el control de la situación; no sabía cuánto podría aguantar, por lo que necesitaba encontrar unos segundos para respirar y así poder seguirle el ritmo a su compañera. Fue por eso que con sus manos masajeó los senos de la castaña y estimuló su entrepierna. Aunque por escasos segundos pareció que su plan no funcionó, la chica fue disminuyendo el vaivén por los intensos movimientos de sus manos. Los gemidos de placer volvieron a resonar en la ducha y, para Yoh, era como escuchar una de sus canciones favoritas. Ella le miró por encima de su hombro por segunda vez, no tuvieron que decirse nada cuando los ojos caramelo se cruzaron con los ámbar: necesitaban besarse con urgencia.

Sus labios se fundieron en un beso desesperado, ella llevó una mano hasta la nuca del varón, presionándolo contra ella, y él liberó una de las suyas para no dejarle todo el peso a la chica. El gesto provocó que frotaran sus caderas con intensidad, aferrándose el uno del otro con mayor firmeza mientras la misma sensación los agitaba por completo.

La de largo cabello liberó al chico, girándose para posteriormente empujarlo contra la húmeda pared. Lo arrinconó por segunda vez, solo que en esta ocasión quería darle la cara para seguir besándolo mientras se le sentaba encima y continuaba moviendo sus caderas apasionadamente. Ambos lo sentían o por lo menos tenían la idea de que faltaba poco para llegar al clímax, por lo que no pudieron evitar moverse con mucho más ahínco.

Él gruñó al sentir las uñas de su amante en sus hombros cuando la abatió el placer intenso que la hizo arquear la espalda, pero quedó cautivado ante la expresión de su rostro y el sonido de su voz, acompañándola y viviendo con ella el momento mientras la sostenía fuertemente por la cintura y apoyaba la cabeza en la pared. Parte de sus piernas y glúteos estaban manchados por la semilla de aquel joven que la había hecho sentir más libre que cualquier otro. Encontrándose un poco más relajados, la fémina dejó de hacer presión en los hombros del chico y le dedicó una pequeña sonrisa.


—Espero que ahora me ayudes a lavarme~.
—Mm… —
Asakura se rascó la mejilla dubitativo, ¿no había hecho bastante ya? La miró y al cruzarse con los ojos avellana suspiró—. Bueno, ¿por qué no?


Lazy Lazy, será terminar, lo empezamos hace mucho (?)
 
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¿Lavas mi cabello por mí~?”, “Puedo darte una mano con el tuyo si quieres~”, “Ayúdame a alcanzar mi espalda, por favor~”, “¿Me prestas algo de ropa~? La mía está sucia~”. Cuando Izuna salió de su habitación medio vestido y con una toalla colgando de sus hombros, cerró la puerta con cierto alivio ya que podría descansar de la efusividad de aquella chica por un momento, sin embargo, se encontró con la mirada de Flamon, quien recién estaba sirviendo el chocolate. El ser de llamas no era estúpido, supo que algo había ocurrido en el momento en que se sentó en la barra para suspirar.

Sé que me estás mirando raro, por favor no lo hagas —suplicó el muchacho sin despegar la frente de la cerámica—, o por lo menos espera a que se vayan…
Tu olor delata lo que sucedió.
Sí, sí, tu olfato de bestia es muy bueno, bla bla bla… —Alzó el rostro para mirar a la sala donde se encontraban los bebés de la casa león con la medusa, quien había sido obligado a jugar por los infantes.
¿Dónde está ella?
Probándose mi ropa. Aún tenemos que lavar la suya —respondió con su mano como soporte.
Entiendo… —el child se le quedó viendo un rato en silencio, había algo en el muchacho que había cambiado y no sabía qué era. Aunque su semblante fuera el mismo de siempre, el aire que transmitía parecía ser un poco más vivo y animado.
¡Tamer! —aliviado de poder escaparse, Keramon corrió hacia la chica tan pronto la vio.

La suave risa de la castaña llamó la atención de todos simplemente por el tono sincero y la genuina alegría. Le palmeó la cabeza al virus y él se relajó sabiendo que no debía preocuparse por nada. El cabello le caía en ondas sobre los hombros y se decidió por un suéter que le quedara grande, mostrando sus esbeltas piernas sin ningún pudor.

¿Quieren jugar con alguien, bebés~? —canturreó, inclinándose un poco con las manos sobre sus piernas mientras los miraba.

No esperó contestación para ir hacia ellos y tumbarse en el suelo, haciéndole cosquillas a los tres por igual. Le gustaba cómo se sentía el pelaje del felino entre sus dedos, así como su reacción cuando intentaba enrollar su afelpada cola en uno de ellos; disfrutaba tirar suavemente de las mejillas del Tsunomon para que éste se revolviera entre quejas hasta ser libre, porque aunque parecía que no le gustaba regresaba para ser atendido; también se encantaba con la pequeña larva que se retorcía cuando le tocaba la hiedra que sobresalía de su cabeza, riendo cuando le atacaba con burbujas.

La fémina emanaba un regocijo campante que lograba mantener la atención del rubio y su compañero digital, al darse cuenta de la mirada ambarina levantó una pierna y hundió una mano en su cabellera húmeda.

¿Me queda bien? —el aludido la miró mientras le daba un sorbo a su chocolate.
Sí… —contestó, buscando evitar su mirada.

Ella sonrió como si realmente le complaciera la respuesta, levantándose tras darse un pequeño impulso con las piernas para acercarse a la barra. Frotó cariñosamente la espalda del nipón antes de rodear la mesa para alcanzar a Flamon y estamparle un sonoro beso en la mejilla.

¡Gracias~! —tomó una de las tazas, rodeándola con ambas manos—. ¿Me enseñas dónde puedo lavar mi ropa, por favor~?

Tenerla tan cerca lo llevó a cuando le pedía que continuara estimulándola, por lo que no fue nada sorprendente que tartamudeara.

Y-yo planeaba h-hacerlo por ti. Sólo tráela.
¡¿En serio~?! ¡Eres un amor~! —dejó la taza y pasó a darle un ruidoso beso a él también para después regresar a su habitación. No tardó mucho en volver con lo que había ido a buscar y, ya que estaba en eso, le llevó la que él tuvo puesta.
G-gracias —tomó la ropa y le hizo una seña a su compañero con la cabeza para que lo ayudara.
¿Me explicas qué fue lo que hiciste para que se comportara así? —Murmuró cerca del humano.
N-no hice nada, sólo enciende la lavadora —la criatura ígnea notó el leve sonrojo y vio una oportunidad para molestarlo.

LadyAzulina LadyAzulina plaquita ahí ps )??
 
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Asakura no hizo otra cosa más que aguantarle hasta que se perdieron en el cuarto de lavado, lugar donde el child comenzó con su tortuoso interrogatorio. “No lo intentes, Flamon”, “No diré nada, Flamon”, todas sus preguntas eran respondidas por un no y eso solo hizo que el interés creciera en la bestia. Ya sabía que algo sexual había pasado en la habitación, ¡por Ygg! Ambos humanos aún tenían ese hedor a feromonas; la única razón por la que seguía insistiendo era para que Yoh se sintiera bien al decirlo. No obstante, conocía a su amigo mejor que cualquier otro ser en el mundo, y sabía cuándo debía detener sus bromas.


— ¿Sabes? —El humano se detuvo un momento para mirar a su homólogo—. Esa chica me cae bien, aunque me parezca rara.
—Tú y yo somos igual de raros —
confesó antes de volver con la ropa sucia que estaba en el suelo—, pero ¿por qué te agrada?
—Porque te devolvió algunos colores.


Luego de lo que sucedió en Freezeland, Flamon había estado preocupado por cómo las cosas afectarían el comportamiento de su tamer. Era por esa razón que agradecía a la joven por ayudar a despejar la mente de su querido compañero. Por su parte, Yoh siempre estuvo consciente de las preocupaciones de su amigo, que pudiera decir esas palabras con un tono tan ameno le quitaba un gran peso de los hombros.

— ¿Sigues sintiendo el aire pesado? —Preguntó el Asakura sin dejar de ocuparse de la ropa.
—No —suspiró con una sonrisa antes de escuchar un eructo.
— ¿Ahora? —La sonrisa de Yoh era tan grande que solo podía compararse a la de un Leviamon.

**


— ¿Eh? ¿Dónde está?

Yoh y Flamon habían llegado al lobby con las prendas limpias y secas. Esperaban encontrarla entreteniéndose con los bebés de la casa, sin embargo, era la medusa quién se hallaba nuevamente con los más pequeños de la guild. Éste al escuchar la curiosidad del joven le informó que su Tamer había tomado la decisión de recostarse un poco en su habitación. El asiático entendió que la castaña estaría durmiendo, por lo que, con mucho cuidado, entró al cuarto y dejó la ropa ajena en la mesa de noche junto a su cama mientras que la suya pasó a ser ordenada en el armario. Antes de salir para dejarla tranquila, Asakura le arropó con la cobija más cómoda que poseía. Al verla acurrucada en su cama no pudo evitar acomodarle un mechón suelto sobre su mejilla, era tan hermosa… y pensar que hacía una hora ella lo incitaba a realizar cosas penadas por la biblia.

Cerró la puerta despacio detrás de él al salir, soltando un suspiro, luego miró a su compañero y le pidió que lo acompañara a realizar las compras para la cena.


—No tardaremos mucho, iremos al mercado para comprar lo que comeremos en la cena —comentó el chico a la medusa antes de entregarle el control del televisor.
— ¿Comeremos? —El virus ladeó la cabeza, confundido por las palabras del muchacho.
—Sí, si despierta antes de que lleguemos dile que no se puede ir —con eso dicho, la dupla león salió de la guarida.
—… ¿No podemos irnos? —parpadeó, preguntándole a nadie en particular.


Lazy Lazy
 
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La castaña abrió los ojos y se sintió desubicada. Echó un vistazo a su alrededor, intentando identificar aunque sea el más mínimo detalle sin éxito. Frunció suavemente el ceño, bajando la mirada a su propio cuerpo, descubriendo la prenda que sabía que no le pertenecía. Tiró de ella para observar debajo y se tensó, sentándose con rapidez; repitió el proceso con alarmas activándose en su cabeza. ¿Dónde estaba? Echó las sábanas a un lado para levantarse, estremeciéndose al contacto de sus pies descalzos con el suelo. Se apresuró a salir de la habitación, impulsada por los sonidos que escuchaba fuera, sorprendiéndose al no reconocer ninguno de los rostros con excepción de uno.

¡Kera! ¿Mi cuaderno?

El Digimon se sobresaltó, yendo por la mochila para alcanzarle el objeto a la chica. Mientras ella pasaba las hojas también le ofreció una goma que tomó automáticamente para recogerse el cabello en una coleta alta. Yoh la observó buscar el digivice para ver la pantalla por un instante previo a frotarse la frente.

Pasaron varias horas… Lo último que hice fue tomar el chocolate, de seguro tenía algo —murmuró, realizando las anotaciones pertinentes.
¿Sucede algo? —Yoh parecía curioso, no esperaba que la joven tuviera ese tipo de comportamiento.

Los ojos miel se dirigieron al muchacho, deteniéndose un instante en su fisonomía antes de bajar la mirada al suéter con un reflejo evidente en el rostro de la conclusión a la que había llegado.

Esto es tuyo —afirmó, señalando a lo que se refería.
S-sí… tú lo tomaste luego de la ducha.

Ella se rascó el cuello con cierta inquietud, volviendo la atención al cuaderno para plasmar otras tantas líneas.

¿Dónde está…? —aclaró un poco su garganta—. ¿Dónde está mi ropa?
Está en la mesa de noche… donde la dejé —Yoh buscó tocarle la frente con la mano—. ¿Estás bien?

El nipón fue capaz de notar que la chica se movió por reflejo, retrocedió demasiado rápido como para haber previsto un golpe contra la pared. Pasó la mirada de su mano alzada a su rostro y luego al suelo.

No —murmuró, regresando a la habitación, poniéndole el seguro a la puerta.
¿Qué le pasa? —Susurró preocupado y virando hacia la Medusa que ordenaba las cosas en el bolso.
… No lo sé —confesó en voz baja, manteniendo su atención en las pertenencias de su Tamer—. A veces… A veces necesita un momento para recuperarse…

Del otro lado del obstáculo de madera la fémina se tomaba su tiempo para respirar mientras se vestía y terminaba de anotar lo que le parecía importante. Aquel era otro nivel de inconsciencia, la droga no solo le bloqueaba los recuerdos sino que también la llevó a actuar de forma… poco decorosa. Lo mejor sería pedir las respectivas disculpas y aclarar el malentendido. Rehizo su peinado antes de regresar a la puerta y salir, aceptando del virus sus gafas, poniéndoselas en un intento de ignorar la mirada del extraño.

El sentimiento de confusión volvió a invadirle la mente, ¿acaso no recordaba lo ocurrido en las últimas horas?

No tienes que disculparte… —respondió rascándose la mejilla—. ¿Tienes hambre?
Creo que lo mejor es que me vaya- nos vayamos ahora… —aunque tenía ganas de saber qué era lo que había ocurrido, una sensación de que realmente no quería enterarse la abordaba—. No quiero causarles más molestias.
¿Molestias? No, claro que no… no estás causando molestias.

La chica volvió a fruncir el ceño antes de mirar al muchacho. En ella no había ninguna señal de coquetería o impulso de alegría como en las horas pasadas, muy a su manera también se encontraba confundida.

Creo que podemos comer antes de irnos, Tamer —comentó su compañero—, después de todo, ya nos incluyeron…
… Está bien —accedió, tomando en cuenta el esfuerzo, regresando al rubio—…. Sí, gracias.

Se notaba lo incómoda que se sentía, ¿había hecho o dicho algo malo para que se comportara de esa manera? Si era así, entonces ¿qué debía hacer para enmendarlo? Suspiró mientras el agua fría mojaba sus manos, planeaba hacer sushi pero en vista de que la castaña mostraba impaciencia por irse, pensó en cambiar lo que cenarían. Cuando terminó de hacer el mega sandwich golden deluxe edition, se disculpó:

Perdona, planeaba hacer sushi pero me faltó comprar las hojas de alga… —Sonrió rascándose la nuca.
Está bien, no tengo problemas con esto.
Perdona que sea tan sencillo.
No me molesta —la castaña lo miró—. Si estabas teniendo problemas con eso pudiste haberlo mencionado, podría haberte ayudado.
No tuve problemas, solo quería hacerte algo especial.
¿Algo especial? —parpadeó, asombrada—. ¿Por qué?
Bueno… ¿no recuerdas lo que pasó? ¿En serio estás bien?
Lo último que recuerdo es estar desayunando esta mañana —murmuró, bajando la vista a su plato—. No recuerdo haberte visto nunca, no sé dónde estoy y… —suspiró—… No es la primera vez que me siento tan perdida.

No necesitaba nada más, lo comprendió al instante. La lascivia, la actitud infantil y ahora el desconcierto. La chica que estaba sentada delante suyo era como su compañero de guild, pero, al contrario de él, ella no tenía ni la más mínima idea de su situación.


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Nunca se imaginó que pudiera convivir con otra persona igual a su hermano león. Con lo sorprendido que se sentía pudo contar tres personalidades distintas. La primera era la infantil chiquilla que le enterneció el corazón con tan solo un par de gestos; la segunda era la seductora, quien fue capaz de hacer mucho más que robarle unos cuantos suspiros y besos apasionados; y por último estaba la que se hallaba disfrutando del sandwich con unos cubiertos.


—¿Por qué me estás mirando tanto? —se cubrió la boca con una mano al hablar. La mirada de la joven lo sacó de sus pensamientos.
—No es nada… solo me pareces muy bonita.
—¿Qué? —
parpadeó, confundida.
—¿Mm? Dije que me pareces bonita.
—Hmm… —
ella regresó la mirada al plato.
—Es un halago, Tamer —comentó Keramon, observándola.
—Lo sé, es solo que no entiendo porqué. No lo conozco, y no sé de qué me conoce.

Cuando la escuchó no se sorprendió como la primera vez, sus sospechas ya estaban más claras. Aquella joven sentada frente a él no era la infantil y mucho menos la seductora. Suspiró para posteriormente alejarse de la mesa: los bebés seguramente estaban agotados. La chica lo siguió con la mirada sin decir nada, después de todo, nada se le ocurría, decidió que lo mejor que podía hacer era terminar con lo que le habían preparado y darle fin a ese extraño encuentro; debía saber dónde se encontraba para buscar la manera de regresar a su INN.

—¿Ya se van? —cuestionó el usuario de llamas.

La castaña lo miró únicamente después de revisar que todo estuviera en orden en su mochila, colgándola en su hombro.


—Sí, ya es hora de que nos vayamos…
—¿Sabes cómo regresar a casa? —
Izuna regresó de su habitación tras haber acostado a los infantes—. Podemos acompañarte… si quieres claro.
—Solo podré ubicarme cuando salga… espero. Entonces vería cómo regresar.
—¿Segura? No tengo problema con echarte una mano —
rascó su mejilla—. ¿Por qué sigo intentando? Es obvio que dirá que no.
—Puedes acompañarme si quieres —
levantó ligeramente los hombros.

Aunque la joven parecía indiferente a su presencia, Yoh se sintió con el deber de acompañarla hasta el INN. En el camino no hubo tema de conversación entre ellos, sólo silencio el cual tuvo que perturbar con un poco de su música. Esa noche en File era como cualquier otra de invierno: insoportablemente helada. Era una fortuna que Rey tuviera otra bufanda y un par de guantes extra, ya que los suyos estaban siendo ocupados por la joven a su lado. La única razón por la que ella aceptó dichas prendas fue porque era consciente de la cantidad de frío que soportaba, llevaba un rato frotándose los brazos y reacomodándose la bufanda para mantener su rostro caliente. El rubio la miró por unos segundos motivado por la curiosidad, nunca antes había tenido el interés de preguntarse el cómo funcionaba la mente de aquellas personas con la capacidad de albergar a más de una personalidad. Nunca tuvo el interés de hacerle preguntas a Shello sobre ese tema, principalmente porque sabía que era un asunto delicado. No obstante, ahora era totalmente diferente. Cada una de las personalidades de aquella chica le había afectado de alguna manera y eso… le hizo cuestionarse si la seductora lo había utilizado, después de todo, conocía las necesidades básicas de un ser humano y ella había desaparecido.


Lazy Lazy, termina.
 
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Es aquí —la castaña lo trajo de vuelta de sus pensamientos otra vez. Se notaba lo mucho que le costaba mantenerse fuera del hostal, temblando perceptiblemente. Con movimientos torpes intentaba sacarse los guantes para regresarlos—. Gracias por acompañarnos…
¡Oh! Puedes quedártelos, también la bufanda... —le detuvo en lo que intentaba—. Y no hay que agradecer.
—llevó una mano a la prenda que envolvía su cuello—. Gracias… También por la cena. No tuve la oportunidad de decirlo antes pero el sándwich estuvo realmente delicioso…
¡Oh! Gracias, ese sándwich es una de mis especialidades. Me alegra que te gustara.

Ella asintió, abrazándose a sí misma tras frotarse los brazos. Keramon apreciaba el intento de la chica por comportarse de forma agradable, ya que en una situación normal hubiera ingresado inmediatamente para recobrar el calor perdido, importándole poco o nada si el otro la seguía para despedirse apropiadamente. Se inclinó hacia un costado, avisando de antemano sus intenciones.

Entonces… ya voy a entrar… uhm… —lo miró—… No sé tu nombre.
Soy Yohken Asakura, pero puedes decirme Yoh si gustas —le sonrió, extendiéndole la mano como un saludo—. ¿Cuál es el tuyo?
Hmm… Pamela —murmuró, estrechándosela con suavidad—. Pamela Bellaire.
Es un nombre bonito, aunque… ¿Puedo decirte Pam?
Nadie nunca lo ha hecho, pero no veo problema —levantó los hombros.
Entonces fue un placer, Pam.
Yo no puedo asegurar eso… Buenas noches, Yohken.

Cuando la dupla cruzó la puerta Yoh dejó de sonreír y se dio media vuelta a la par que ocultaba su rostro en la bufanda. Flamon le siguió y cuando intentó preguntarle cómo se sentía, éste le respondió con un “Cansado, quiero ir a casa” .

Es extraño, ¿sabes? —Flamon le miró, pensaba que su compañero no diría ni una palabra hasta llegar a casa—. Por muchos años pensé que nadie podía afectarme de la manera en que ella lo hizo.
Eso quiere decir que… —un chillido emocionado salió de los labios del digital.
No, no estoy diciendo eso fangirl —encogió los hombros—, pudieron haber sido muchos factores… por ahora lo ignoraré. Además, nada nos asegura que nos veremos de nuevo.
No me sorprende que quieras ignorar lo que sucedió picarón —Asakura rió un poco previo a colocarse de nuevo los audífonos, dando por terminada la conversación.

**

¿Tamer?

Pamela cerró los ojos por unos segundos tras asegurar la puerta de la habitación que le pertenecía en el INN, respirando suavemente. Luego observó al digital con la pregunta en sus expresivos ojos miel.

Creí que ibas a hacerle un exhaustivo interrogatorio a ese chico…
Sí… yo también —bajó la mirada—, pero luego de reunir información y formular algunas hipótesis… no quise arriesgarme a que alguna se volviera verdadera. Me sobró y me bastó con mis sospechas.

Keramon asintió, conformándose con esa respuesta. Después de que ella se acomodara y se abrigara lo suficiente la ayudó a ordenar el contenido de la mochila y la observó durante la larga hora en la que se mantuvo escribiendo en su cuaderno. Nunca compartía con él lo que allí plasmaba, y le causaba curiosidad, pero también comprendía que ella necesitaba una forma de aclarar sus pensamientos de alguna manera, y que por eso escribía. Esa fue la última actividad del día de la pareja Medium antes de apagar la luz… y ni siquiera la luna fue testigo cuando unos ojos acaramelados se abrieron en mitad de la noche para hundirse y aferrarse al olor que desprendía la bufanda.


LadyAzulina LadyAzulina Finito ps
 

The Card Maker

-se intenta figurar como poner su firma otra vez-
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Raginwulf #4

¡Okay! – Respondió Raginwulf agarrando las espinacas y moviéndose a lavarlas, le tomó varios minutos al ser aún torpe con sus manos por su edad, pero terminó de separar las espinacas de los tallos y las puso en una coladera mientras buscaba la hoya de la pasta, logrando encontrarla.


Parpadeo un poco al ver lo grande que era supo que no podría llenarla y llevarla a la estufa, recordó que en la feria, antes de llegar al digimundo, era un trabajo de varias personas cargar ese tipo de cosas hasta el fuego cuando tenía algo dentro y siempre se caía pero que una persona sola podía llevarla y ponerla antes de rellenarla con lo que fuera. Decidió seguir esa estrategia y colocó la hoya sobre la estufa donde le dijeron y luego buscó una jarra, encontrando finalmente una de tres litros con tapa, y comenzar a ir por agua al grifo y regresar para vaciar la misma en la hoya, solo para darse cuenta de que no alcanzaba, a lo que hizo puchero, aun era demasiado pequeño para alcanzar esos objetos.


Suspiro y se movió a llamar la atención de Sistermon Blanc, buscando no interrumpir al resto en el proceso.

Disculpa ¿hay un banco o unas escaleras que me puedas prestar? – Preguntó educadamente.

Sí ¿no alcanzas la estufa? – le confirmó la pequeña sistermon a lo que Raginwulf asintió y Sistermon Blanc le sonrió, algo apenada –. Enseguida te lo traigo, disculpa, no sabía te iba a ser tan complicado alcanzar los utensilios.

No se preocupe, es algo que pasa. – Devolvió gentilmente el muchacho.


Tras ello espero a que Blanc regresara y le entregára una pequeña escalera de dos peldaños la cual puso al frente de la estufa para poder alcanzar, colocó la jarra sobre el segundo peldaño, subió los escalones y agarró su recipiente lleno, quitó la tapa de este y vació el contenido de esta en la gran hoya de al parecer veinte litros. Una vez logrado el cometido, se bajó con su envase a repetir otras seis o siete veces el trabajo.

Por su parte el dragón mudo fue agarrando los quesos que le correspondían, un rallador y un gran cuenco para tener donde poner todo el contenido, el cual colocó en la superficie que le correspondía antes de agarrar uno de los quesos y acercarse a Erhard y jalar su camisa suavemente.


¿Qué ocurre, Tharos? – preguntó el anciano con gentileza mientras Tharos apuntaba al queso y hacia demostración con sus garras para preguntar cuánto debía de rayar del queso, algo que a Erhard le tomó un par de minutos descifrar – Ah, creo que con unas seis rebanadas de este y tres del otro tendremos suficiente. Solo pon el segundo en un contenedor a parte y ten cuidado de no lastimarte ¿sí?


Tharos asintió e hizo una reverencia, agradeciendo antes de ir por un segundo cuenco y así poder comenzar a rallar el queso en el cuenco, sus pequeñas garras apenas podían sujetar estas, pero se hacía cargo de forma decidida a que cada queso señalado fuera hecho pequeñas tiras.


Relikt Relikt


Shelldon #5

Las horas fueron pasando en lo que refería la fiesta, entre digimon y humanos conversaban y hablaban, pronto fue la hora de la comida y la cena y se entretenían, se sospechaba que una persona ahí había confesado sus emociones a otro de los Tamers presentes mientras Shin se retiraba por un rato a Serah a una alcoba para “hablar en privado” y los intercambios de D-terminal se hicieron para aquellos interesados,

Al final a eso de las ocho, fue cuando esta concluyó y todos se desearon y celebraron una feliz navidad para los que no eran habitantes, se fueran de vuelta a sus casas; algunos aprovechando para llevarse algo de las sobras para comer al día siguiente.

*+~*+~*+~*+~*

En las calles, tanto el líder de Armany’s y su integrante caminaban rumbo a casa, conversando animadamente.


Me alegra ver que te divertiste en esta fiesta, Shelldon – señaló Rhydian –, pero también en cierto punto te vi mirar al vació ¿paso algo?

Estaba pensando en casa, es algo que suele pasarme. – Confesó Shelldon, con cierta media verdad. Para ser exactos pensaba en alguien que estaba en casa, alguien a quien él extrañaba, había atestiguado el amor de parejas de casi todos los que le rodeaban y en su caso, se sentía; en el ámbito romántico, solo. Usualmente de esos temas tan personales lo hablaba con una sola persona, y esta no estaba ahí.

¿Alguien en específico? – preguntó Rhydian, solo para sonreír levemente al notar como repentinamente el rubio se sonrojaba con fuerza –, luego nos cuentas, ya hemos llegado.

Preferiría no pudieras leerme con tal claridad, pero entiendo el porqué considerando detalles – suspiró Shelldon; algo incomodo considerando que habían leído sus emociones como un libro; tampoco ayudaba que al pensar en ella White Sin se mostrase extraño –, sí, alguien específico y Whity se siente frustrado y complacido.

Es fácil leerte después de conocerte por ya tantos años, Shelldon, es lo que nos ha permitido evitar que caigas en uno de esos episodios por más de una semana. – Le señaló.

Oigan… ¿qué es ese aroma? – Preguntó repentinamente Engla, a lo que Rhydian y Shelldon parpadearon antes de intentar encontrar algo. Humedad; alguien se había bañado y… revisaron con más cuidado, su olfato no era tan intenso como el de los animales y digimon pero los humanos sabían y podían definir e identificar ese aroma. Era fácil deshacerse del aroma en el cuerpo pero, era más difícil quitar el mismo del aire, en especial por el gracioso detalle de que la residencia de Armany's eran dos sótanos, el resto del edificio era una tienda en la primera planta y oficinas en el resto de los pisos.

¿Shelldon? – Preguntó Rhydian al notar su reacción.

No preguntes. – Suspiró Shelldon, no tenía ganas de explicar porqué es que sabía a qué olía el sexo porque su prima Rosemary y su novio frecuentaban a hacerlo cuando él tenía 5 y usualmente era en la alcoba que estaba vacía cerca de la suya. Era considerado ingenuo por la gente ya que su doctrina y educación era totalmente diferente a la normal y las diferencias entre lo que para él era normal y lo que para el resto era normal eran totalmente diferentes y confusas, y por tal, la sociedad lo veía como un hombre ingenuo.



Verwest Verwest Hathaway Claire. Claire. L Lionel light Bishamon Bishamon party finished
 
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Erhard [4]

Luego de un par de horas preparando los platillos para aquella cena navideña, solo faltaba agregar los últimos detalles decorativos a los postres antes de que los meseros se los llevaran para acomodarlos sobre la gran mesa del comedor. Tanto el par de Tamers como el pequeño grupo de Digimon estaban exhaustos por la labor realizada, sin embargo, se sentían bien al saber que todo había salido como habían planeado y no tuvieron que usar ningún plan B. Tras poner las últimas flores decorativas al cheescake, el grupo de cocineros suspiró aliviado.
Una vez que los recipientes y platos fueron sacados poco a poco de la cocina, el trio de Sistermon comenzó a agradecer al cuarteto por toda su ayuda y apoyo, mientras el anciano veía feliz como su compañera rosa inflaba su pecho de orgullo al recibir elogios por su buen desempeño, el joven pelirrojo y su dinosaurio se hallaban sonriendo completamente satisfechos admirando como sus ideas plasmadas iban siendo llevadas con sumo cuidado.

- El evento comenzará en una hora, más o menos. – Comentaba Sistermon Ciel en tanto secaba sus manos con un paño. – Deberían aprovechar de ir a cambiarse de ropa para la fiesta.​
- Pues, hace muy poco que llegue a este mundo, por lo que no tengo otra ropa más del traje que llevo puesto. – Mencionaba Becker con una sonrisa de lado.​
- Yo solo he comprado ropa para abrigarme del frío y otras prendas simples. – Decía Ragin tímidamente.​
- Oh, si ese es el problema, oí que el organizador solicitó un favor a la tienda de ropa del señor Monzaemon y ha prestado muchos trajes y vestidos para que los invitados puedan vestirlos. – Hablaba Sistermon Noir que estaba sentada sobre una de las encimeras balanceando sus piernas hacia adelante y hacia atrás. – Si no mal recuerdo, los percheros están en el tercer piso.​
- ¿También habrá ropa para mí? – Preguntó Melody muy emocionada.​
- Por supuesto. – Asintió la monja oscura.​
- Yo puedo llevarlos. – Se ofreció Sistermon Blanc alzando una mano.​
- Gracias. – Agradecieron el par de Tamers al mismo tiempo.​
Tras despedirse de Sistermon Ciel y Sistermon Noir, la monja de gorro rosa guió al cuarteto hasta el tercer piso donde una sala de conferencia había sido transformada en un desfile de modas. Al igual que el hombre de cabello plateado y el niño pelirrojo, había muchos otros Tamers que apenas contaba con ropa adecuada para el evento. Alzando la voz se podía ver un oso amarillo gigante que indicaba donde estaba cada prenda, así como un grupo de Floramon y Lalamon que ayudaban a los que parecían no decidir que vestir.

- Esta bastante animado aquí arriba. – Habló Erhard haciéndose a un lado mientras un par de chicas en vestidos de lentejuelas salían del lugar en compañía de sus compañeros Digimon, ambas féminas gozaban de amplias sonrisas en sus rostros antes de desaparecer por la puerta. – Me alegra mucho ver toda esta energía.​
- La ropa de hombres esta de este lado. – Señaló el oso de ojos rojos señalando el lado derecho. – Y la de los niños está un poco más al fondo.​
- El señor es bastante atento. – Comentaba el pelirrojo sorprendido en tanto Tharos asentía acompañado de un gruñido.​
- ¡Yo quiero flores para mis orejas! – Alzaba las manos Cutemon para llamar la atención del Adult.​
- Las prendas y accesorios para damas están de este lado. – Respondió Monzaemon señalando el lado contrario.​
- Si quieres puedo acompañarte mientras el señor Becker y Ragin van a buscar trajes en la sección de chicos. – Dijo Sistermon Blanc al ver que no aceptaban caballeros en el lado de las damas.​
- Gracias, Blanc. – Asintió felizmente Melody.​
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...

Charlotte [8]

Desde que había ingresado en el hospital, Charlotte no se había enfrentado al frío invernal que había descendido a File City por lo que estaba un tanto incomoda esforzándose en transitar entre las calles cubiertas de nieve. Sinclair y ambas Tinkermon solo podían mantenerse andando cerca de la chica de cabello blanco dado que ésta les había prohibido ayudarla de cualquier manera, con cada paso que daba el pelirrojo consideraba cada vez más que era una mala idea haber accedido a ello, sobre todo por el hecho de ver como la joven se cansaba muy rápido respirando entrecortadamente.
- Si me das un papel con lo que necesitas puedo ir a comprarlo y llevarlo al hospital mientras Rose te acompaña de vuelta. – Sugería Sinclair mirando como Charles se apoyaba contra una pared para mantenerse de pie.​
- Estoy bien, el aire fresco me hace bien. – Respondía la de ojos púrpura ondeando la mano.​
- No lo parece. – Murmuró preocupada una de las hadas.​
- ¿Aún queda mucho para llegar a la dulcería? – Suspiró el mayor resignado.​
- Solo un par de calles. – Mencionó Rose colocándose cerca de Lightwood y tocando suavemente su mejilla. – Si quieren pueden adelantarse, tardaremos años si Charley guía el camino.​
- Hagamos intercambio de Tinkermon. – Propuso la de bufanda roja. – Rose puede guiarte mientras tu compañera me vigila. Claro, si a tu pequeña compañera no le molesta. – Dijo, a lo que la Digimon aliada de Sinclair asintió estando de acuerdo.​
- Me niego. – Contestó rápidamente el hada que estaba al lado de Charlotte cruzándose de brazos.​
- Por favor, Rose. – Suplicó la de cabello blanco haciendo un puchero recibiendo como respuesta un suspiro exasperado del hada.​
- Está bien. – Gruñó.​

El pelirrojo y Rose apresuraron el paso en tanto Charles sacaba sus pies de la nieve para seguir avanzando a su ritmo. La chica adoraba el frío y la nieve, sin embargo, en la condición en la que se encontraba en esos momentos, hacía que empezara a odiarla. Su respiración era pesada y sentía como si su corazón martillara dolorosamente contra su pecho, definitivamente había sido una mala idea salir y sobre esforzarse así pero… de alguna manera quería sentirse una chica normal, aunque sea durante un par de minutos.
- Me rindo. – Comentaba Charlotte sentándose en una banca cercana. – Creo que esperaré aquí.​
- ¿Quieres que vaya a buscar a Sinclair y Rose? – Preguntaba Tinkermon intranquila.​
- No, está bien, seguro nos toparemos cuando regresen de la dulcería. – Se encogió en hombros dejando caer todo su peso en la pared tras la banca.​
- ¡Tienes fiebre! – Exclamó el hada luego de tocar la frente de la chica.​
- Ah, sí, que mal. – Volvió a encogerse en hombros la albina sacando su D-terminal del bolsillo de su pantalón. – El doctor probablemente se va a enojar… y Whisper… y muchas otras personas más.​
- Voy, voy a buscar ayuda. – Se apresuró Tinkermon a volar en dirección a donde había ido su Tamer antes de que Charles pudiera decirle que no se preocupara.​
- Oh, bueno. – Suspiró la chica cerrando los ojos mientras el viento frío golpeaba su rostro.​
- ¿Disfrutando el clima? – Preguntó una voz masculina dejándose caer al lado de la albina.​
- Nop. – Negó con la cabeza en respuesta. – ¿Cómo llegaste tan rápido? Apenas acabo de enviarte un mensaje.​
- No estaba tan lejos. – Sonrió el de ojos rojos cuando Lightwood se giró a verlo. – Entonces, estas metiéndote en problemas deliberadamente.​
Necesito un taxi que me lleve de regreso, no puedo levantarme y caminar sola. – Hablaba mientras miraba a las personas caminar por la calle. – ¿Qué dices?​
- No me gusta que me llamen “taxi”. – Hizo una mueca a lo que Charles rió por lo bajo.​
- ¿Prefieres “esclavo”, hermanito? – Jace puso los ojos en blanco antes de colocar su mano sobre la cabeza de la francesa y desordenar un poco su cabello.​

Ficha NPC: Jace Lightwood & Raven
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Raginwulf #5


Si le preguntaran hace un año si le gustaba la idea de ir a una tienda de ropa, indudablemente Raginwulf les hubiera negado y preguntado por su sanidad mental. Después de todo, en ese entonces no tenía idea del valor real de los objetos ni el arduo esfuerzo que representaba pagarse siquiera las necesidades más básicas, y ahora que estaba en el digimundo había aprendido diferente.

Hoy en día, la cosa era diferente, ese año debió haber comenzado su cuarto año de primaria y el año que hubiera definido su futuro, eso significaba que estaba terminando con la aritmética primaria; todavía no sabía de porcentajes o cosas más complejas de fracciones a parte de lo inicial como mitad, tercios, cuartos y quintos e identificar estas. Y ahora que era diciembre, navidad y había nieve, se le vinieron gastos repentinos inesperados y entendía las quejas de sus padres con referencia a los precios lo que llevó a que lo de esa cena navideña gratuita la agradeciera con toda su alma; y ahora recordaba… ¡Había olvidado hacer sus compras cuando estaban en el mercado!


Se me olvido, estábamos en el mercado y se me olvidó, y pasado mañana es cuando suben todo. – Se quejo mientras revisaba entre las prendas, agarrando un pequeño traje que jaló su atención mientras pensaba qué haría, su plan era hacer dos días de compras para que transportar las cosas no fuera tan pesado. Tharos noto eso y recordó en el acto el detalle mientras agarraba una corbata y un sombrero de copa, se acercó a su elegido y jalo su camisa, a lo que su elegido volteó.​


Pronto con sus garras y hocico comenzó a hacer varios chasquidos y gruñidos, comenzó fingiendo comer algo, señalar que sobro algo y luego apuntar a una de las sistermon, fingir que agarraba una pieza de comida que había sobrado, fingir empacarla y llevársela consigo y luego guardarla.


¿Preguntar si podemos llevarnos sobras o ingredientes que queden del a cena? – preguntó Raginwulf a lo que Tharos asintió rápidamente – ¡Que buena idea Tharos!


Tharos sonrió, Raginwulf estaba de acuerdo que era una buena idea, eso les facilitaría mucho las cosas y el plan no se desviaría demasiado del camino, incluso quizá podrían evitar cocinar por unos días, dejando ese tiempo apto para trabajar.


– Vamos, ¡cambiemonos la ropa y a hacer las preguntas! – Expresó mientras tomaba una camisa blanca y un conjunto de blazer, escapando así de la corbata, pronto terminaron de ponerse la ropa y reunieron con la primera sistermon libre a esperar antes de cenar. Al final Raginwulf tenia una camisa blanca, un blazer y pantalones azul marino, calcetines negros y zapatos de un tono similar, mientras que Tharos tenía un sombrero de copa, un saco pequeño y una corbata de moño.

¡Te queda bien el blazer! – sonrió Sistermon Noir – y a ti ese traje te hacen ver elegante, Tharos.

¡Gracias! – sonrió Raginwulf al igual que Tharos quien silentemente dio una reverencia como agradecimiento –, por cierto queríamos preguntarte algo.

Adelante, dime ¿que ocupas? – Escuchó atentamente.

Este, queríamos preguntar, si tras la cena era posible que nos permitieran tomar algo de los ingredientes que sobraron; nos llegó muy de sorpresa esto y se nos olvidó hacer nuestras compras cuando fuimos al mercado por los ingredientes de la cena y pues… – Comentó con algo de pena; pero realmente ya habían planeado esos días y fue una sorpresa grata pero imprevista y entre todos los planes y cosas, se les olvido aprovechar el viaje al mercado.

Pasado mañana suben los precios de todas las cosas, es cierto. – Recordó Sistermon Noir​


Relikt Relikt

Shelldon #6 Un reencuentro inesperado


El día siguiente había llegado a la ciudad, las fechas navideñas se acercaban con velocidad y con ello comenzaba el caos de las mismas fechas. Esa mañana, a eso de las cinco o seis, el muchacho rubio de Armany’s se había despertado aún agotado por la fiesta del día previo, no obstante en esos días había mucho por hacer por los preparativos finales.

Ese día era su turno de hacer el desayuno, recibir el cargamento de discos y llevar los anuncios publicitarios a las transmisoras para atraer clientes a la tienda, posteriormente revisar por misiones disponibles y finalmente ese día debía hacer sus compras navideñas, la venta fuerte se acercaba y para ese punto, tras un año o dos viviendo ahí se había dado cuenta que desde el día doce en adelante era cuando el precio de todo comenzaba a subir de precio, por lo que los cuatro días previos, cuando todos estaban ocupados con los preparativos era el mejor instante para comprar.

Se estiró cansadamente en su cama antes de mover suavemente la hamaca que colgaba sobre su cama, donde ahora Engla dormía al ser ya demasiado grande para la cama al estar ahora en su nivel campeón.


¿Ya es de mañana? – Preguntó la ahora ángel digital.

Oui, Engla, ya es de mañana, – Shelldon susurro con gentileza, procurando no despertar a los dos bebés –. Vamos, hoy espera un día muy ajetreado y activo.


Comenzó con ello ese día aparentemente ordinario, hasta que finalmente fue hora de salir, tras abrigarse correctamente tamer y digimon salieron a atender los asuntos exteriores tras el almuerzo.

Avanzaron rápidamente por el camino para llevar a las difusoras y otros medios todo lo necesario, los libretos, panfletos y demás guardados en la mochila en paquetes acomodados hasta arriba del equipo de supervivencia; si algo habían aprendido de los rumores y la experiencia es que en cualquier momento podían ser arrastrados a otro lugar y necesitarían su equipo encima.


Entonces oficina de correo, radio-difusora, televisora. – Conversaba con Engla al ir avanzando

Y terminamos con el sector comercial en donde comeremos y repartiremos panfletos antes de las compras. – Coincidió el ángel digital mientras avanzaban.

¿Que tal en el proceso saludar a una vieja amistad? – mencionó una voz femenina, que detuvo en su propio paso al rubio, ese tono alegre y jovial, con cierto toque de malicia pero aparentemente dichoso mientras atrapaba a este por detrás – ¡Ha que no adivinas quién soy!

¿Ivanina? ¿Cómo q-que? – Preguntó sorprendido el rubio, volteando a ver a su captora quien inmediatamente beso su nariz antes de dar un salto hacia atrás con una sonrisa, dejando ver a la joven.​


La vida había sido algo noble con ella en altura al brindarle un 1.65 en esta y una complexión delgada, de esas personas que podía comer lo que quisiera y no subir de peso para nada. Su piel era pálida, pero no a extremos y la tez se notaba muy suave y delicada y en esos instantes su nariz portaba un curita. Su cabello extremadamente largo y de color castaño oscuro estaba recogido de una manera diferente a las orejas de perro que solía usar y sus ojos eran púrpura e irradiaban un brillo de malicia, travesura, pero también había cierta tristeza y madurez encima.


Ni idea, estaba regresando del trabajo aventando mi maleta a un costado y repentinamente caí aquí, desperté en la nieve con Lunamon. Reconocí por las historias el lugar y tras encontrar uno de esos famosos Inn nos escondimos toda la noche para que el frío no nos atrapara – remarcó Ivanina, negando –, luego en la mañana desayunamos, agarre todos los periódicos y medios de reportaje, vi lo que realmente había pasado… luego tu y yo hablaremos referente a estar cerca de infecciones riesgosas para la vida por cierto, y salimos a buscar la central esa de tamers y a conseguir una despensita básica. ¡Y oh sorpresa, nos topamos contigo! ¡Tan reconocible como siempre!
 
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Erhard [5]

Mientras descolgaba un traje que había llamado la atención del anciano Tamer, este recordó los momentos cuando iba a las tiendas con su esposa para comprar ropa, sonrió tristemente cuando pensó en lo que ella siempre decía en tanto escogía todos los atuendos del hombre, al parecer él era un ser ignorante en cuanto a vestirse a sí mismo se trataba. Durante un momento Erhard sintió como su pecho dolió al recordarla, pronto se cumpliría otro año desde el accidente y esta vez no podría ir a visitar su tumba, tan solo esperaba que sus hijas pudieran hacerse cargo de ella mientras él no estaba. Con el traje azul marino guindado en su brazo, el hombre de cabello plateado suspiró y alzó la vista hacia los vestuarios, esperaba que desde donde estuviera observándolo su esposa, aprobara aquella elección de ropa.
Del otro lado del pasillo, Melody y Sistermon Blanc buscaban accesorios entre el montón que había en un exhibidor. Para su buena suerte, las Tamers femeninas y sus Digimon estaban más ocupadas probándose vestidos que en buscar accesorios, solo algunas que habían terminado de elegir la ropa estaban ahora observando los zarcillos, prendedores, cinturones y brazaletes que allí se exhibían.
- ¿Qué tal ese broche, Melody? – Señalaba la monja una mariposa azul con bordes dorados. – Se vería encantador con tu color de bufanda.
- No, quiero tener flores, me encanta la primavera así que quiero tener la mayor cantidad de hermosas flores posibles. – Mencionaba la coneja rosada con ojos brillantes. – Quiero ser un ramo de flores andante.
- ¿N-no es eso un poco exagerado? – Sonreía de medio lado la Digimon de vestido blanco.​
- ¿Tú crees? – Preguntó Cutemon inclinando la cabeza a un lado.​
- ¿Y qué te parece esta corona de flores? – Decía Sistermon Blanc tomando una corona sencilla hecha con pequeñas flores lila y bordes color verde.​
- Es perfecto. – Asintió felizmente la Child rosa en tanto la monja le colocaba el accesorio en la cabeza entre el par de grandes orejas que poseía. – ¿Cómo me veo?
- Encantadora. – Decía Sistermon Ciel apareciendo detrás de su hermana. – Creo que este vestido combinaría bien con ello. – Añadió sacando un vestido púrpura de un perchero cercano. – Lo vi hace un momento y es probable que te quede.
- ¡Vaya! – Exclamó Melody dando un par de saltos antes de recibir la prenda. – Es muy lindo, ¿creen que a Erhard le guste?
- Por supuesto que sí. – Asintió la monja de gorra rosada.​
- Se sorprenderá de lo encantadora que te vas a ver. – Sonreía la Adult de gorro azul celeste. – Vamos, ve a cambiarte mientras nosotras te esperamos aquí.
- Está bien. – Hablaba Cutemon comenzando a correr hacia los vestuarios.​

Aquella sería la primera fiesta en la que la coneja estaría, por lo que estaba muy emocionada de poder disfrutarla con su Tamer. Cuando llegó al probador privado, Cutemon se quitó la corona y la colocó a un lado para luego empezar a ponerse el vestido que le habían elegido, cuando estuvo lista admirando aquel atuendo de seda sencillo, decidió colocarse la corona, sin embargo esta había desaparecido.

- ¿Eh? – Dijo la coneja en tanto buscaba por todos lados su accesorio. – ¿¡Y mi corona de flores!?

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#6 Raginwulf

Melody no tardó en salir a buscar su corona por todos lados, había revisado a fondo el interior del probador en el que estaba y buscó hasta toparse con sistermon Noir, quien acomodaba la corbata a Tharos mientras Raginwulf hacia la pregunta.


Por supuesto que sí, son libres de tomar lo que ocupen. – Informó Sistermon Noir al niño de cabellos rojos, sabía que a los Tamer adolescentes y adultos les iba más fácil en el tema del dinero puesto a que la mayoría había estudiado lo básico para eso, pero usualmente los menores de doce tendían a tener muchos más problemas en el tema del dinero y de encontrar trabajo.​
¡Chicos! Gracias a Yggdrasill los encuentro, necesito un poco de ayuda. – Llamó Melody, acercándose al grupo.​
¿Que paso, Melody? – Preguntó Raginwulf volteando a ver al conejo digital, quien en el acto les explicó la situación.​
Espera ¿en tu cubículo cuando te cambiabas? ¡Eso no está bien! – Expresó Sistermon Noir mientras Tharos chasqueaba la lengua y se acercó, su olfato era bastante decente afortunadamente, ventajas de un dragón.​
No es justo, yo quiero sorprender a Erhard y me quitaron mi corona verde de lilas. – Expresó Melody, bajando sus orejas algo triste.​
No te preocupes, Tharos e yo iremos a buscarla adentro, ustedes revisen y esperen en el interior del pasillo para ver si alguien entra o sale. – Afirmó Raginwulf antes de mirar a Noir, quien sonrió gentil.​
Tranquilo, nadie alzara el pero más cuando seas honesto con lo que ocurre, solo tengan cuidado. – Dijo Noir a lo que Raginwulf asintió.​


Tras terminar eso Tharos se acercó a Melody y apuntó a la pata de esta antes de hacer la seña de olfateo y apuntar a su nariz, seguido de la seña universal de “por favor”, pidiendo permiso de olfatear a Melody para así ver si atinaba a encontrar el rastro de la corona de flores. La pequeña digimon conejo accedió y Tharos olfateo con cuidado los rastros de flor en la cabeza de esta y el pelaje de la cabeza de ella, tras ello espero unos segundos, parpadeo, asintió y se movió con Raginwulf y entró junto a él al extremo de los probadores/percheros de mujeres y comenzaron a buscar.

Tomó un par de minutos antes de que algunas de las Tamers femeninas vieran al niño con el digimon que olfateaba y ambos observando por entre los espacios donde se colgaban la ropa y demás, bien vestidos y Tharos perdiendo su sombrero el cual Raginwulf recuperó y comenzó a llevar en manos por su digimon. Pronto una de las elegidas se acercó movida por la curiosidad y extrañeza, eran un niño pequeño y un digimon Child, dudaba ellos les lastimaran.


– ¿Perdidos, chicos? – Preguntó la tamer.​
¡Oh! No señorita – señaló Raginwulf, sujetando y jugando con el borde del sombrero de copa y mostrándose un tanto tímido, era una persona desconocida –, es que una amiga perdió algo importante que quería usar para impresionar a alguien a quien ella estima mucho y nos ofrecimos a ayudar.


La Tamer presente escuchó y observó, antes de sonreír tiernamente al niño frente a ella.


Se entiende, ¿que es lo que perdió tu amiga? – Preguntó la Tamer.​
Una corona de flores, me dijo que alguien se la quitó estando en el cambiador. – Fue la respuesta, la Tamer pensó unos segundos antes de asentir, eso hizo que el ceño de la Tamer se frunciera un poco, alguien entrando y robando piezas de ropa dentro del cambiador privado, por mas tela que fuera la puerta, era malo. Tendrían que estar alertas.​
Ya veo, no es bueno cuando la gente entra a los cambiadores así y toma las cosas de otros; me temo no he visto ninguna por aquí, pero ¿por qué no comienzan por donde desapareció la corona, pequeños? No creo la ladrona se haya alejado mucho eso – aprobó la Tamer –. Es tan dulce de su parte hacer esto por su amiga, les deseo la mejor de las suertes.
Gracias. – Respondió Raginwulf mientras Tharos hacia una reverencia y se movieron ahí, era un buen consejo para comenzar, al llegar Tharos olfateo hasta encontrar el cambiador donde había estado Melody, este estaba abierto en esos instantes y no había nadie dentro.​


Pronto el pequeño dragón olfateo el interior buscando por esencias recientes a parte de las de Melody, confirmando el aroma de las flores y comenzando a buscar por el área el aroma perfumado de la corona y la digimon conejo, moviéndose con Tharos frente a él y la búsqueda se extendió por varios minutos, topándose con varias Tamer quienes le negaban aunque encantadas por su servicio, finalmente una señora, la cual pellizco con ternura su mejilla por su servicio y bondad, ofreció asistencia hasta con su compañera Floramon.

Esta logró dirigirlos hasta los sombreros y decoraciones en donde estaba de vuelta en su lugar de origen.


Oh vaya, bueno, es bueno ver que la encontramos. Quizá tu amiga sin querer la dejo en la banca sin cojín, en esa se ponen las devoluciones y los voluntarios usualmente recorren el área varias veces y recogen lo que no es deseado para regresarlo a los anaqueles; accidentes que pasan – confirmó la elegida acercándose a la estantería y bajando este para el niño al estar mas lejos de lo que él o su digimon podrían alcanzar –. Aquí tienes, regresalo a tu amiga, que niño tan bueno eres, ojala más jóvenes fueran como tu, sigue así y los frutos de tu esfuerzo será triplicado.
M-muchas gracias señora. – Respondió Raginwulf algo apenado antes de recibir otro pellizco de mejillas afectuoso por parte de la señora quien después le entregó de su bolsillo un puñado de dulces como “recompensa a un gran comportamiento” y lo dejó ir con Tharos.​


Relikt Relikt



#7 Shelldon Un reencuentro inesperado parte 2.


Shelldon sonrió escuchando a su querida y vieja amiga hablar, era un gran alivio y felicidad verla ahí pese a la sorpresa y preocupación interna.


Ivanina, no puedo negarte que me llena de dicha volver a verte, ha sido ya demasiado tiempo desde ese entonces y te he extrañado terriblemente – expresó Shelldon – ¿Dices llegaste ayer, cierto?
Exactamente – afirmó Ivanina –, afortunadamente con ropa adecuada y recién llegada a casa. Ahora a ver si no alzan un pánico total en casa, esto de ser detective puede alzar muchas banderas rojas si se desaparece, bien que lo sé ante la ausencia de otros; solo cartas en navidad aparecen.
¿Detective? ¿La astuta y manipulative Ivanina detective? – Preguntó Shelldon claramente extrañado logrando una sonrisa de su más querida y antigua amiga.​
¡Graduada con honores de la grandiosa academia Draconx, solicitada internacionalmente por cientos de personas de todo rango y perfil, la gran Ivanina Kame, al servicio! – presumió la señorita de descendencia asiática con cabellos azabache sacudiendo sus largos mechones hacia atrás antes de agarrar al rubio francés y hacerlo girar antes de semi-tirarlo y aferrarlo en un brazo evitando cayera, para el aturdimiento – ¡y su primer caso ha sido ha sido resuelto, el heredero Baudelaire ha sido encontrado con vida! Desgraciadamente regresarlo a su hogar será un esfuerzo abrumador; porque todo apunta a que está expandiendo la empresa familiar a un mundo inimaginable.
Odio cuando haces eso… – Se quejó Shelldon, canalizando un poco a Vide en el proceso logrando una carcajada de su vieja amiga, que sería más pequeña en altura que él pero como siempre, se la hacía así.​
Por eso lo hago Shelly-bebé~ – respondió Ivanina sonriéndole antes de levantarlo –. La vida aquí te ha sentado muy bien ¡estás más pesado y ya me superas en altura, casi alcanzas a tu viejo en este aspecto! Y ¿eso es una notoria manzana de adán? Mon Dieu! ¡Un Baudelaire con testosterona real, se quebró la maldición!


Shelldon se sonrojo intensamente ante ese comentario, exclamando el nombre de su amiga, logrando una sonrisa en la mencionada.


¿Él es el Shelldon del que me hablaste? – Preguntó una voz nueva, jalando la atención de ambos elegidos y de Engla que estaba demasiado en shock como para responder ante la situación, aunque ya más de un tamer había volteado a ver con sus digimon ante la extraña situación.​
Si, es él – afirmó Ivanina, ella creía que le tomaría más tiempo y más interrogatorios encontrarlo –, a su lado, Engla que creo ya no es más un Plotmon.
Mi nombre es Engla y soy una D’arcmon, soy la compañera digimon de Shelldon es un gusto. – Finalmente respondió la digimon alada, saliendo del estupor causado por la escena aún algo confundida por lo surgido.​
¡Si es un encanto! – expresó Lunamon dichosa –. Un placer, soy Lunamon, compañera de Ivanina. Me contó de ti anoche, ansiaba conocerte.
El placer es mío. – Respondió educadamente el rubio.​
¿Qué llevas en el saco? – Finalmente preguntó Ivanina.​
Guiones publicitarios y publicidad – respondió Shelldon – me tocó ser el que llevara todo a las difusoras, correo y demás.
Eso significa que puedes darme un tour por ese sector de la ciudad e invitarnos a comer… – Apuntó Ivanina cruzando sus brazos y asintiendo mientras Shelldon soltaba un parpadeo que decía “¿Eh?” antes de ser agarrado del brazo y arrastrado – ¡Andando pues, mi fiel compañero!


Shelldon finalmente rió y llamó a ambos digimon quienes les siguieron, durante el proceso el heterocromático enseñó a la de ojos púrpura el área donde pasaban mientras avanzaban, dejando en el proceso los objetos necesarios, incluso aprovecharon para dejar uno de los panfletos en the weekly tengu que estaba recibiendo en esos instantes la publicidad para imprimir el primer día de las ofertas y fiestas navideñas.

Tras terminar se sentaron en el pequeño lugar favorito de Shelldon para comer algo.


¿Por qué no me sorprende que tu seas el primero en encontrar una casa de té con una alta variedad de dulces y bocados de merienda? – Preguntó Ivanina observando el estilo y lugar, de forma casi retórica.​
Porque ambos sabemos que es de las pocas cosas que me prohibían extensamente y teníamos que robar cada que había oportunidad. – Respondió Shelldon totalmente tranquilo y pronto llegaron los menús.​
 
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Erhard [6]

Tras salir del vestidor, Erhard vestía un aceptable traje color azul marino con camisa blanca y corbata roja estampada con pequeñas estrellas plateadas, su cabello estaba peinado hacia atrás mientras que sus zapatos eran de un negro pulido. Durante un momento estuvo mirándose en el espejo acomodando su corbata, cuando se sintió listo se giró para buscar a alguno de sus acompañantes, sin embargo solo pudo ver rostros desconocidos. Acompañado de su fiel bastón, el anciano recorrió el lugar en busca de Melody con la esperanza de que no tardara tanto en arreglarse como lo hacían usualmente sus hijas. Con pasos lentos y con su característico sonido ocasionado por el bastón dando contra el suelo de mármol, Becker se adentró en el área de la ropa femenina donde no tardó en encontrarse con el par de Sistermon Adult.
- Se ve bien, señor. – Comentó Sistermon Ciel al ver acercarse al griego.​
- Gracias, hice lo mejor que pude al escoger el traje y corbata. – Respondía el de ojos verdes con una sonrisa. – ¿Saben si Melody ya está lista?​
- Si, bueno, tuvimos un pequeño inconveniente pero pronto estará lista. – Asentía Sistermon Noir encogiéndose en hombros, a lo que Erhard inclinó la cabeza a un lado preguntándose a lo que esta se refería.​
- Pudimos encontrar lo que buscábamos. La señorita Blanc está ayudando a Melody en estos momentos. – Decía Ragin apareciendo detrás del anciano, quien se giró a verlo.​
- Te ves muy elegante, pequeño Raginwulf. – Alabó el mayor al notar la ropa del jovencito. – Tu también, Tharos.​
- Gracias, señor Becker. – Contestó el pelirrojo tímidamente mientras que Dracomon asintió gruñendo.​
- ¿Y qué era lo que habían estado buscando? – Preguntó el de cabellera plateada con mucha curiosidad.​
- Eso es una sorpresa. – Mencionó el joven Tamer Amateur alzando la vista hacia el griego.​
- Una sorpresa de navidad, que interesante. – Sonrió Erhard.​

Mientras el dúo de Sistermon reía por la bajo, la voz de Melody captó la atención del pequeño grupo, quienes fijaron su vista hacia la coneja rosa con vestido púrpura, la cual alzaba su mano derecha saludándolos alegremente. Al ver como la pequeña Cutemon corría felizmente hacia ellos, Erhard recordó como sus hijas hacían lo mismo cuando querían mostrarle cuan bonita se habían arreglado para recibir sus elogios. De eso ya habían pasado muchos años pero el anciano griego lo recordaba como si hubiera sido ayer, sobre todo cuando vio a las tres mayores con sus vestidos de novia minutos antes de casarse.

- ¿Cómo me veo? – Preguntaba modestamente la Child rosa cuando se detuvo frente a su Tamer.​
- Hermosa. – Dijo Becker intentando arrodillarse para quedar a su altura por lo que fue ayudado por las Sistermon Ciel y Noir hasta que dejó de tambalearse. – Gracias. – Agradeció al par antes de regresar su atención a Cutemon. – Estaré muy feliz de escoltar en la fiesta a una Digimon tan hermosa y encantadora como tú, Melody.​
- Gra-gracias. – Murmuró la coneja bajando la mirada apenada por las tiernas palabras de su compañero.​
- Apuesto a que era un rompe corazones en su mundo, señor Becker. – Decía Sistermon Noir dando suaves codazos al anciano.​

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Kathleen: Había una vez en Diciembre [0.1]

En el invierno de sus Trece años de edad, Kathleen ayudaba a las monjas a colocar los adornos navideños en el orfanato Briand para darles una sorpresa a sus hermanos y hermanas menores luego de su paseo por la ciudad. Si bien la madre superiora le había mencionado que no necesitaban de su ayuda para ello, la castaña insistió hasta que sus cuidadoras se dieron por vencidas. Junto a la joven Kathleen estaba Daniel, quien al ver que esta no iría al paseo, decidió que también quería quedarse.

El árbol de navidad estaba casi terminado mientras que los pilares y paredes estaban siendo apenas adornados, todavía había un montón de cajas y bolsas donde estaban guardados el resto de las decoraciones que habían sido donadas por algunos contribuyentes así como regalos de Santa para colocar debajo del árbol la noche antes de navidad. El par de jóvenes Briand se ayudaban entre ellos mientras añadían los últimos adornos al árbol, tan solo faltaba colocar la estrella en la punta.
– Creo que es tu turno para colocarla. – Mencionaba Daniel entregándole la estrella dorada a su hermana.​
– El año pasado también dijiste lo mismo. – Respondió la castaña enarcando una ceja mientras tomaba el adorno y lo miraba. – ¿Por qué no quieres colocarla tú?​
– Colocarla o no colocarla da lo mismo para mí, pero a ti te encanta hacerlo así que está bien que tú seas la que siempre lo haga. – Se encogía en hombros el de cabello azabache. – Después de todo te gusta mucho la navidad, sobre todo adornar el árbol.​
– Supongo que sí. – Comentaba Kathleen sin dejar de ver la estrella en sus manos. – Oí a las hermanas decir que había una familia interesada en ti. – Aquello hizo que el chico de ojos azules la mirara sorprendido.​
– ¿Ah, sí? – Dijo el chico Briand frunciendo el ceño.​
– ¿No es agradable? Por fin podrás tener una familia y una habitación propia. – Decía la joven de ojos grises encontrándose con los ojos de su hermano. – Siempre te quejas de compartir cosas así que…​

Antes de poder terminar la oración, Daniel se giró y corrió para salir de la habitación, no sin antes gritarle a su hermana que era una niña tonta. Kathleen quedó perpleja viendo como la puerta se cerraba con fuerza atrayendo la atención de las monjas que habían estado ocupadas adornando las paredes y pilares.

– ¿Por qué se molestó ahora ese niño? – Preguntó una de las mujeres que se acercó hasta donde estaba la castaña.​
– N-no estoy segura, hermana. – Contestó la de ojos grises subiendo la vista para verla. – Tenga, voy a ir a buscarlo. – Decía dándole la estrella a la monja para luego dirigirse a la puerta por donde había salido su hermano segundos atrás.​

La chica Briand no estaba segura del lugar al cual había ido Daniel dado que había muchos sitios a los cuales le encantaba ir cuando estaba molesto o triste. Siempre buscaba un sitio diferente dado que Kathleen era bastante buena para encontrarlo. La joven de cabellera castaña recorrió los pasillos buscando de habitación en habitación hasta llegar a las escaleras que subían hasta el ático, el único lugar en todo el orfanato que en cierta forma era en el que le desagradaba estar.
 
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