Sucesión forzosa: Flores marchitas | Mizu no kuni [Canon]

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All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
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Mucha gente del medio publicitario, comerciantes influyentes e incluso líderes de numerosas aldeas pequeñas pero prósperas quisieron acercarse a la Mizukage con el propósito de saber qué había pasado con el Señor Feudal, hoy occiso.

El velatorio se realizó de forma privada con una cantidad finita de personas aunque eran tantos los presentes que no pareciera que hubiesen puesto un límite. Por cómo había quedado el cuerpo, su esposa decidió no mostrarlo a los demás. Los líderes de Tensai, el Shodai y la Nidaime Mizukage yacían en un lugar especial por ser personas altamente importantes. Mas la última mencionada se encontraba ahí por puro protocolo, pues la viuda la culpaba por no haber protegido a su marido con su vida. Se suponía que ella debió morir en su lugar, según la… ¿primera dama? Bueno, el término podría aplicar en ella a modo referencial.

Desde que culminó la ceremonia y dicho unas cuantas palabras de consuelo, no por parte de Nashla, la kage decidió regresar a Kirigakure cuanto antes. Su marido díjole a su compañero en liderato que se marchara sin él al Horizonte; sabía que tenía que hablar con Pecas al mismo tiempo que estar con ella a modo de apoyo.

Hubo un momento incómodo antes de que Uchiha mujer pudiese subir al transporte que la llevaría de regreso a su villa de forma incógnita: unas cuantas personas simpatizantes del feudo trataron de lastimarla. Lanzaron objetos desde la multitud mientras abucheaban la falta de lealtad de la Mizukage para con el difunto. Que todo era culpa de los “malditos ninjas”; que eran unos parias. Hogaku rodeó a su mujer; unos ANBU atajaron los objetos y buscaron a los responsables para mantenerlos lejos de la mandataria.

—Si no callan a esta maldita gente se van a arrepentir de lo que haré con todos —ni siquiera fue una advertencia para los escoltas; fue una clarísima amenaza. Toshio solo tenía que hacer rotar sus aspas para cumplir su palabra.
—Tranquilo, Shio —su esposa tiró un poco de su ropa—. Solo están en duelo.
—Y no por eso deben andar escupiendo porquería y media.

Los Uchiha abordaron la carroza; Shigeki les avisó que tomaría otra para darles más privacidad. Hembra y varón se sentaron frente a frente. La mujer yacía con los brazos apoyados de sus piernas, con los dedos en el aire. Los movía con lentitud pero visible preocupación. En simultáneo, Toshio la veía a la cara sin saber qué decir con exactitud. A veces su persona favorita no era tan legible como él… se preguntaba si de verdad la muerte de un viejo que no hacía más que dormir, comer, cagar y volver a dormir le pegaba tanto. O era saber que un maldito ninja malagradecido le pagó de esa forma todo lo que alguna vez Nashla hizo por él. También estaba el factor: Sohma; otro denominador que podía alterar la ecuación de todo y todos respecto a la situación.

O sea, si Kiseki se unió a Sohma… era evidente cuánto afán tenía Michibiki para hacerle daño a ella y a él. Porque su antiguo maestro todavía le calaba.

Tomó la mano de su esposa con suavidad para que ella correspondiera apretando el contacto.

—Tenemos que hablar —Genjin denotó cierta dureza en la mirada de su mujer.
—¿Sobre…?
—Más tarde te lo diré.

Toshio no la presionaría por más que le estuviera carcomiendo la curiosidad de ahí en más. Por inercia la invitó a sentarse a su lado y Pecas hizo más que eso: aprovechó para recostar parte de su cuerpo sobre las piernas de él. La fémina no tardó en dormirse bajo el sutil contacto de los dedos de su esposo contra su piel.

[…]

Por órdenes de la kage la carroza la dejó frente a la torre Suijin. Hogaku iría directamente al barrio Uchiha, a casa de la mandataria para esperarla allí mientras pasaba un rato con los mellizos. Además de que podría relajarse antes de que suscitara la conversación con la azabache. En el camino no dijo ni una palabra al respecto.

Nashla avanzó sin detenerse. No fue absorta sobre la mirada y comentario de varios ninjas que comentaban lo sucedido con el feudo además de saludarla. Sus pasos fueron firmes, era como si su cuerpo supiese a dónde debía ir sin necesidad de pensarlo. Unas personas vestidas con elegantes yukata salían del despacho que tendría el honor de agasajarse con su presencia; de hecho, Nashla quedó prendida de las flores que decoraban el umbral de la entrada.

—Mizukage sama —saludó un asistente de la líder Michibiki al verla frente a la entrada, media perdida en sus pensamientos.
—¡Nashlita! —Los ojos azules de la aludida recayeron en los de la elegante fémina, misma que recogiera unas libretas enormes llenas de diseños; además habían retazos sobrantes de telas muy finas.
—Hola —la sequedad de la kage no pasó desapercibida por Unmei; enseguida le pidió a su ayudante que se marchara—. Lamento presentarme sin previo aviso.
—Qué dices, querida —la invitó a sentarse con el movimiento grácil de su mano dominante—. Eres la Mizukage; no tienes que darte esos lujos protocolares en tu castillo. —Pecas negó ante la invitación. —Aunque te confieso que le hace falta algunos retoques importantes para que no sea un edificio monótono y gris. La niebla no ayuda —su receptora suspiró al tiempo que sonreía con cierta calma—. Oh, luces cansada. ¿Quieres un té? Conozco uno muy bueno, justo para este tipo de situaciones…
—Unmei sama…
—Por tus fachas puedo discernir que estabas en funeral del Señor Feudal —Nash respondió con un sonido—. Seguro no estuvo fácil.
—No lo estuvo —con sus manos apretó el espaldar de uno de los sillones—. Si estoy aquí es porque necesito hablar con usted algo muy importante.
—Vamos, ¿no puede ser después? No es propicio que te exijas demasiado —sonrió con preocupación, empero era evidente que la más adulta intuía el tema de conversación y no quería afrontarlo porque su pecho se apretaba más de lo que ya estaba, pues los rumores corrían rápido y lo inimaginable (para ella) no podía hacerse realidad, ¿o sí? ¿sí? Unmei bajó su vista. Quitó la curva de su boca y suspiró.
—Tengo que matarle.

El corazón de la cabeza Michibiki latió con mucha fuerza.

—¿Fue él…? —Juraba que su presión descendería en cualquier instante.
—Sí.



Angelo. Angelo. Zim Milo-sama
 

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La mano de Unmei fue lentamente hacia su pecho, intentando calmar su corazón acelerado mientras que las lágrimas se amontonaban tras sus hermosos y delicados ojos. Su rostro, sin embargo, aunque estuviese a punto de llorar, se mantenía tan espectacular y bien mantenido. Era impresionante como esa mujer nunca podía verse mal, ni siquiera al borde de un colapso emocional. El primer parpadeo conllevó a que el agua brotase y comenzara a deslizarse por sus pálidas mejillas. En efecto, la noticia le estaba pegando más de lo que quería admitir.

- Mi niño... - dijo con suavidad. Las flores de su oficina comenzaron a temblar, como si el viento las moviese. - Oh, mi niño...
- Unmei-sama - intentó llamar Nashla.
- ¡Se ha ido! - Rompió a llorar fuertemente. - ¡Mi niño se ha ido y no puedo hacer nada para defenderlo!
- Unmei.
- ¡NO ES SU CULPA, NASHLA! - Gritó, verdaderamente destrozada, con alaridos dignos de un animal herido. - ¡TÚ TIENES HIJOS! ¡DEBES ENTENDERME! ¡MI HEREDERO, MI LEGADO, MI PRECIOSO NIÑO SE HA IDO Y NO PUEDO HACER NADA PARA EVITAR QUE LA GENTE LO TILDE DE ASESINO Y TRAIDOR! ¿¡EN QUÉ ME EQUIVOQUÉ!? ¡EL CLAN PUEDE CAER EN DESGRACIA, LOS NEGOCIOS PUEDEN COLAPSAR, PERO NADA VA A DOLER MÁS QUE SABER QUE MI PEQUEÑO ESTÁ SÓLO!

Inmediatamente, la mujer procedió a lanzarse desde su silla hacia la parta baja de su mesa, lugar donde se colocó en posición fetal y procedió con su llanto. Estaba trastocada, sin duda alguna. Los hermosos floreros que antes estaban repletos de vida, color y aroma ahora estaban reducidos a extraños cúmulos de materia orgánica irreconocible. Al parecer, los efectos emocionales le hicieron tanto daño que repercutieron en sus propias creacionera florales. ¿Qué debía hacer la Mizukage en ese momento? ¿Iría a hablar con ella bajo la mesa donde se encontraba gritando incontrolablemente? Era obvio que varias personas se reunían fuera de la oficina para chismear sobre lo ocurrido, algo digno del clan Michibiki y sus fisgones miembros.

Vaya, que desastre había comenzado a ser eso.

Bishamon Bishamon
 

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Moderador
En los momentos de angustia siempre solía ser contagioso el dolor ajeno, al grado de poder sentir el malestar no como si fuese propio, sino como comprensión inconsciente de lo presenciado; Nashla no podía negarlo, tampoco evitar sentirse empática (de hecho, cualquiera que no sintiese más que enfado le diría que pecó por ese solidario sentimiento), pero era en momentos como esos en los que debía apartar el lado emocional de la razón y actuar más que nunca como kunoichi.

Su instinto le advirtió sobre la presencia de mucha gente alrededor de la oficina, aunque no era necesario esforzarse tanto para darse cuenta de que yacían personas preguntándose qué estaba pasando. No sabían guardarse las palabras.

Unmei lloraba como una niña pequeña cuando perdía su juguete favorito o no recibía lo que quería, apartando el berrinche. Su negación duró muy poco, por suerte, pues iba a ser difícil ir contra Kiseki mientras su madre de crianza estuviera rechazando la idea de que su retoño ya no era una linda flor de su jardín. Pecas cerró los ojos y se centró en todas las palabras que balbuceaba la más adulta sin dejar de sollozar; tanta desolación y desasosiego la transformó en una especie de disco rayado en el que se repetían las mismas frases: «mi bebé no, mi bebé no, mi bebé no… Kiseki, qué hiciste, qué hiciste, qué hiciste, qué hiciste… —jadeó fuerte entre lágrimas—, no quiero que muera, no, no, no, ¡no! ¡No! ¡Nashla no!».

Los enrojecidos orbes de la mujer recayeron en los neutros de la azabache, quien optó por ponerse a su misma altura al apoyarse de sus rodillas.

—Nashla, no, no, no, no. ¡No mi niño, por favor! Devuélvemelo pero no lo mates, te lo suplico —movía su cabeza de un lado hacia el otro sin parar de repetir la negación o su petición de madre sumamente dolida. Era natural que una persona como ella, por su rol en la vida de Michibiki renegado, no quisiera ver a su pariente bajo tierra; preferiría verlo encerrado hasta su último aliento—. ¡Mi niño está perdido, lo quiero devuelta, Nashla! No lo mates, por favor, no, no.

Uchiha no pudo pronunciar palabra y media porque Unmei se encargaba de interrumpirla para disuadirla. Aun así, en cualquier momento debía hacerle saber que la amenaza sobre Monban no solo era de su parte; los líderes de Tensai podrían ir detrás de él, sobre todo Hogaku. Él no tomaría para nada en cuenta el suplicio de una madre, es más: la culparía y se mofaría por haber fracasado en la crianza de su hijo.

En vista de no poder hacer nada en ese instante, la Mizukage optó por salir de abajo del escritorio. Sin embargo, la floreada fémina la sostuvo de su brazo para que la mirara una vez más. Yuusha observó su rostro sin ápice de expresión, no porque no sintiera nada; se dio cuenta de cuán destrozada estaba Unmei sin merecerlo. Kiseki no tenía el derecho de hacer sufrir a quien le enseñara muchas cosas.

Con pizca de frialdad por su bien, más que nada, Nashla cortó las dolidas palabras de Michibiki mujer al retirar su mano de ella. Fue delicada al hacerlo, sin prisa.

—Perdón.

Unmei quedó estática, atónita; su mente se limpió como lienzo nuevo hasta que su propios pensamientos comenzaron a mancharlo con las palabras de la Nidaime, la culpa y lo que había hecho su hijo adoptivo, enviando al trasto todas las enseñanzas dadas por ella, olvidándose de los valores, las buenas costumbres, los principios… la lealtad a su villa y su familia. La diseñadora miró sus manos con horror antes de lanzar un desgarrador grito que no inmutó a Pecas a su salida.

Uchiha hizo que los hambrientos de chisme se apartaran de la puerta, incluso ordenó de forma tajante que se marcharan a otro lugar si no querían meterse en problemas. Entre ellos había miembros del Consejo que se quedaron ahí para hablar con la joven madre, empero ella no tenía ganas de hablar con nadie sobre lo sucedido. Necesitaba la ayuda de uno de los varios presentes, así que se acercó a Kimo Ootsutsuki para pedirle que hablase con la destruida modista.

—Quiero que sepa que no tiene la culpa de lo que es su hijo hoy o será mañana; que entienda que lo que ha hecho Kiseki ha sido por decisión propia.
—¿Qué fue lo que sucedió? —Esa pregunta la tenían todos los que estaban ahí.
—Kiseki Michibiki fue el asesino del Señor Feudal.

No dijo más, dejando a sus compañeros de mesa administrativa con otras varias dudas que no serían contestadas por los momentos. Antes de salir de Suijin, Pecas ordenó a un ANBU quedarse frente a la puerta de la oficina de Unmei en pos de evitar que los ninjas curiosos se conglomeraran ahí con la esperanza de obtener alguna información. Lo que menos necesitaban era que la situación se propagara.

[…]

—¡¡Mamá!! —Shion y Sojiro recibieron a la aludida yendo hasta la puerta con los brazos extendidos. Nashla saludó a ambos con un beso sobre sus cabezas.
—Papá está aquí —el varoncito apuntó hacia el pasillo que conducía a las habitaciones.
—Están contentos porque Toshio está aquí —su abuela apareció con un paño en las manos, como si hubiese estado en la cocina.
—¿Podrías quedarte con ellos? Tengo que hablar con él.
—¿Sucedió algo? —La más adulta cambió su expresión al ver el rostro acongojado de la Nidaime.
—Solo cosas del trabajo, ya sabes.

A sus hijos les dedicó una sonrisa para después ir en busca de su marido. Como era de esperarse, los pequeños quisieron ir tras su madre pero Maru se interpuso convenciéndoles de ir con ella para hacer galletas con chispas. De repente, Nashla se detuvo unos segundos al escuchar la voz de la más longeva de la casa en su cabeza; no se trataba de algún recuerdo, Uchiha abuela le había hablado haciendo gala del genjutsu.

«Eviten hablar fuerte… por los niños»

Pecas entró a su cuarto. Acostado en la cama yacía el padre de sus hijos, con el cabello revuelto y la mirada puesta en el techo. Lucía tranquilo para como estaba más temprano y eso era favorable porque seguro las cosas podrían tornarse complicadas en cuestión de poco. Yuusha soltó su cabello, dejó su armamento a un lado e hizo lo mismo que su persona favorita. El silencio entre los dos no era incómodo porque el peso de sus presencias bastaba para hacerse saber mutuamente que estaban el uno para el otro ahí. Tanto así que pronto, los dos apoyaron sus codos en la cama; Uchiha mujer rozó con la yema de sus dedos toda la palma de su marido hasta entrelazar sus manos. Hogaku cerró el agarre con fuerza.

—Sé honesto —él no pronunció nada, ni siquiera se movió—. ¿Por qué tenías toda esa información sobre el Feudal? Todos los horarios, dónde estaría en días específicos… quizás hasta con quién —quiso reír a medias por lo hilarante que sonaba todo pero solo hubo silencio—. No vi los documentos. Pero Kiseki me confesó de dónde los obtuvo… —entrecerró un tanto sus ojos—: tu casa, tu lugar de trabajo.
—¿A dónde quieres llegar? —Por cuestión de tacto, comenzó a acariciar la mano de su mujer con su pulgar.
—A donde querías llegar —se giró hacia él para verle a la cara; segundos más tarde, tras un suspiro, el dios Ilusión hizo lo mismo. Sus rubíes se fundieron en los zafiros de ella. —¿Qué tenías en mente, Shio?


Angelo. Angelo. Zim Milo-sama
 
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El asesinato del Feudal, después del misterioso ataque a Tensai, había producido en Toshio la convicción de que todo había sido una treta para robar sus preciados archivos; pudo confirmarlo con una inspección. Sin embargo, un asunto tan delicado como ese debía permanecer en estricta confidencialidad, o mejor aún, perderse en el olvido. Una esperanza rota.

―¿Alguien más lo sabe? ―Pecas negó con la cabeza, despejando el temor secundario de Hogaku. El principal era una reacción desfavorable de su esposa―. No había decidido matarlo, si eso preguntas.
―Pero lo planeabas ―concluyó―. ¿Por qué?
―Técnicamente ―se apresuró el varón―, no planeaba matarlo. Solo me aseguraba de tener un plan en caso de que me viera forzado a hacerlo ―Como sabía que cualquier segundo en silencio permitiría a Nashla abrir fuego, prosiguió de inmediato―. Soy leal al feudalismo, pero soy más leal a nosotros y nuestros aldeanos.
―¿Y eso qué quiere decir? ―La pregunta era sincera. Ella realmente quería escuchar todo lo que tuviera que decir antes de emitir un juicio, aunque por supuesto, le apoyaría fuera cual fuera.
―Si el Feudal tomaba el rumbo equivocado para nosotros, si nos ponía en peligro, entonces estaría preparado para actuar de inmediato. Eso pensé.
―Toshio ―La opción de su nombre íntegro significaba que Pecas se disponía a decir algo muy serio―, el Feudal es el símbolo de la unidad de la nación. Eso es un hecho. Una nación sin Feudal es como un cuerpo sin cabeza. Ya has visto todos los problemas e inestabilidad que la ausencia de uno ha causado en el Rayo.
―Eso es verdad, pero es mejor un cuerpo sin cabeza que un cadáver ―Sonrió, complacido consigo mismo. Esa respuesta había sido muy contundente, aunque a Nashla no le pareció muy alentadora―. Lamento lo que sucedió. Ese hombre no había hecho nada malo para ganarse ese destino. Pero ahora tenemos un nuevo Señor y debemos estar preparados, en caso de que… ―Vaciló por un instante―, en caso de que tengamos que asumir las riendas del país.

Bishamon Bishamon
 

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—¿O es que acaso… —Toshio continuó hablando—, tú no lo harías? Digo, al menos planearlo. Tenerlo en consideración… ¿nunca lo pensaste? —Para cualquiera la pregunta podría ser redundante en vista de lo que la propia Nashla le hubo contestado sobre qué significaba el feudal para la nación. De todos modos, la misma iba más allá de las apariencias; de las normas sociales, de lo que suponía ser bueno o correcto. Hogaku deseaba conocer los pensamientos de su mujer, también.
—Nunca lo pensé —ambos se miraron a la cara—. Pero, tienes algo de razón al decir que debemos ser más leales a nosotros y los aldeanos que a un sistema en concreto —con sutileza acariciaba algunos flequillos que caían hacia un lado sobre la frente del hombre—. Solo que no me gustaría llegar a esos extremos por nada.
—Nash.
—Dime —detuvo el movimiento de su mano.
—Gracias por quitarme el cabello de mi ojo —la fémina soltó su suspiro para luego carcajear un poco; el padre de sus hijos podía ser tremendo cuando se lo proponía—. ¿Llegaste a creer que iba a matarlo? —Era importante para él saber su respuesta.
—Solo si tú me decías que sí.

Pecas era del tipo de persona que optaba por indagar antes de crearse un veredicto final sobre qué haría y qué no haría cada quien, pues sabía de sobra que el ser humano era lo más cambiante del universo en conjunto con la naturaleza misma y como decía el refrán: “maldito el hombre que creyese en otro hombre”… por lo que de saber las intenciones reales de su marido, la exoneraba de toda sorpresa futura por acciones inesperadas.

Además de que ella sabía perfectamente con quién se había casado.

Toshio la abrazó a la altura de la cintura con un brazo para que se apegara más a él; en consecuencia se regalaron uno que otro beso corto antes de que Uchiha mujer se acomodase colocando su cabeza sobre el pecho del varón, una vez y éste retomara su postura anterior.

—Lamento no haberte avisado antes sobre esos papeles —la Mizukage cerró los ojos—; eso te hubiera prevenido de cualquier ataque.
—Lo peor ya pasó.
—Pero no me hubiera perdonado si ese maldito te hubiera hecho algo… o Sohma. —La fémina no quiso responder ante eso porque entendió que no hacía falta; que acariciara el torso de él quizá bastaba. —Y si te lo preguntas, tengo todas las intenciones de asesinar a Michibiki.
—Ya lo sé. Y mientras llega el momento debemos conocer al nuevo feudo y asegurar más el país —Toshio entrecerró sus ojos al tiempo que apretaba el medio abrazo—. El escogido es un sobrino del difunto señor; como no tiene hijos varones…
—Por ahora —interrumpió su esposo—. ¿No iba a tener otro crío? —Pecas le dio la razón—. Si ese bebé nace varón entonces tomará el lugar de su padre.
—Tienes razón; la señora da a luz en unos tres meses.
—Deberías ir al parto.
—Lo haré.

Zim Milo-sama
 
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