Susurro de una espera

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Hola nuevamente, después de tanto tiempo... realmente mucho tiempo... Um... perdón, sé que no soy un miembro muy activo, pero entiendan: este año termino de cursar el cuarto año de la carrera TwT
En fin, acabo de rendir un examen parcial de Literatura Italiana II, y mientras volvía a casa se me ocurrió este fanfic, así que, llegué, lo escribí, y aquí esta... ¡Espero que les guste!

Susurro de una promesa

Ella se encontraba sentada en el poche de madera de su humilde casa, apartada del resto de la aldea. Su cabello castaño estaba muy corto en comparación con el de las demás muchachas del pueblo, las cuales le daban la espalda desde aquel día, cuando hizo algo que ni sus padres han podido olvidar y perdonar aún. La suave brisa nocturna hizo ondular las faldas de su vestido, y el cosquilleo del pasto le hizo recordar que se encontraba descalza, que se había sacado las botas de cuero después de un pesado día de trabajo en el campo. Sus ojos, no obstante, no miraban otra cosa que el vacío y las lejanas y negruzcas siluetas de las montañas que rodeaban el valle, recortadas sobre el cielo nocturno. Sus ojos se levantaron momentáneamente iluminándose de un puro color azul ante el brillo plateado de la luna llena, que, por algún motivo que ella jamás entendería, brillaba más que cualquier otra noche que pudiera recordar… Eso le permitía ver todo con una claridad imposible de describir, sobre todo por la belleza de los reflejos del pequeño río que atravesaba la aldea.
Volvió la vista al camino y a las lejanías. Su barbilla estaba apoyada en la palma de su mano derecha, mientras que el brazo izquierdo reposaba grácilmente sobre sus piernas y contra su cintura. Sus labios se ocultaban tras los dedos flexionados de su mano derecha, pero tenían una mueca de angustia y dolor. “Tal vez… esta noche tampoco…”, pensó con un dejo de tristeza mientras seguía revisando cada textura, esperando cualquier cambio que no llegaba. El viento comenzaba a bajar la temperatura. Tuvo un pequeño estremecimiento por el frío, así que, tras dejar salir un largo suspiro se puso de pie y decidió entrar. ¿Y si no volvía jamás? No. No podía pensar así.
El relincho de un caballo llegó a sus oídos traído por el viento frío de la noche. Regresó la mirada al camino y, sí, efectivamente, llegando por el camino del bosque del norte se veía una silueta, un jinete, que cabalgaba en dirección a la aldea. Traía la capucha de la capa puesta, pero sí veía el reflejo de la armadura. Se quedó ahí, estática, esperando a ver si esa era la noche… si por fin… Su casa estaba sobre una colina y apartada del resto, si era lo que ella venía esperando desde hacía tantos días, entonces lo notaría rápidamente. Su corazón se inflamó cuando vio que el jinete no se detuvo en la aldea, sino que siguió camino y llegó hasta el puente. “Puede ser el hijo del panadero… tal vez el del mercader…”, pensó, aún poco dispuesta a darse demasiadas esperanzas. Pero él no se detuvo. Finalmente tuvo al jinete encapuchado a pocos metros de su puerta. Pequeñas lágrimas colgaban de las pestañas de la muchacha mientras el joven bajaba del caballo con cierta dificultad, con lo que pudo notar que tenía el brazo izquierdo lastimado. Finalmente se quitó la capucha. Era él…
No tuvo tiempo de saludarla que ya tenía sus brazos enlazados alrededor de su cuello. ¡Lo logró! ¡Regresó!

–Lamento la espera… No dejaron que me fuera hasta que sanaran las heridas más graves –dijo sintiendo todo el fervor del abrazo de su mejor amiga a quien le prometió que regresaría cuando todo terminara.

Siempre había sido así. Habían crecido juntos, y siempre estuvieron ahí el uno para el otro. Cuando uno necesitaba un hombro para llorar, el otro le ofrecía ambos y el pecho; cuando uno quería reír, el otro siempre le convidaba una sonrisa sincera; cuando uno necesitaba una mano, el otro le ofrecía hasta los brazos; nunca pidieron algo a cambio, solo el cariño de todos los días, solo el saber que sin importar qué ocurriera, tenían a esa otra mitad de ellos mismos con la cual podían contar. Siempre bromeaban y reían, a veces también ella tarareaba alguna canción mientras él la escuchaba con sumo interés y una sonrisa, al mismo tiempo que realizaban sus quehaceres en el campo. De vez en cuando el hermano mayor de la muchacha se sumaba a sus charlas y bromeaba y reía con ellos… pero ya no lo haría más.
Hacía dos años había estallado una guerra entre los dos reinos, y hubo muchas bajas en el ejército, razón por la que el rey recurrió a los hombres y los jóvenes de las aldeas… Su mejor amigo y su hermano mayor fueron reclutados por el ejército, y los hizo prometer que se cuidarían el uno al otro y que los mantendrían informados, tanto a ella como a sus familias respectivas. Y, entonces, un día dejaron de llegar las cartas de su hermano y poco después las de su mejor amigo. Angustiada, sin noticias, ni nada, la chica cometió el “crimen” que no muchos en la aldea le han perdonado: tomó una armadura y, ocultando su entidad femenina vendando su pecho y cortando su cabello hasta que casi no quedó nada de él, salió en busca de su hermano transformada en un soldado. Tan cambiada estaba que nadie notó quién era ella en realidad… salvo él. Aquel amigo de toda su vida que podía hablar con ella con solo mirarla a los ojos. Aún recordaba que la tomó de un brazo y la apartó de las tropas, exigiéndole que se marchara, mientras ella exigía noticias de su hermano.

–Cayó en combate… No pude hacer nada. Estaba ayudando a un chico algunos años menor que yo, estaba herido, y… –calló un momento–. Tea, lo lamento. Cuando llegué con tu hermano ya era tarde –la voz del general los llamaba a la distancia–. Vete antes que sea tarde.
–Pero, Atem…
–Morirás si te quedas aquí. Por favor…
–… Lo haré. Pero tienes que regresar a casa con vida ¿entendido? Y quiero que vuelvas a escribir ¿de acuerdo?

Él le ofreció una sincera sonrisa de cariño, como cuando eran niños y ella se molestaba porque había descubierto que él tenía un juguete nuevo, o había encontrado un gatito y no había corrido a decirle o a mostrárselo para compartir la alegría entre ambos, como siempre. Asintió una sola vez. Ella se quitó un collar, la única joya de la familia, heredada de alguna abuela perdida en el tiempo y en el árbol genealógico: un collar con un dije de plata que tenía una incrustación en marfil en forma de árbol. Ella siempre lo había atesorado, nunca se lo quitaba… Pero ese día hizo una excepción. Se lo dio a él y le dijo que, de esa forma, tenía una razón para regresar: devolverle su collar.
Se despidieron con un abrazo y ella regresó a todo galope a la aldea.

–Todavía no te crece el cabello… –comentó cuando ella lo dejó respirar y mirarla de frente.
–¡Sí me ha crecido! Solo que no tanto como antes… Lo corté demasiado aquella vez… Pero ¿sabes? Me gusta corto, creo que lo dejaré de este largo.
–Sí, definitivamente va contigo este estilo. Por cierto –se quitó algo del cuello: el collar–, gracias.
–Solo es un collar… –susurró ella tomando el objeto que él le ofrecía.
–Para mí fue un recordatorio de que aún quedaba alguien aquí que esperaba mi regreso, que todavía tenía a alguien con quien regresar.

Era cierto, Atem no tenía padres y su hermanito se había ido a otra aldea, donde se había comprometido con una hermosa chica. Aún no podían casarse porque el padre de ella no les daba la bendición, pero ambos estaban seguros que se las daría tarde o temprano… Atem tenía entonces diecisiete años y su hermano tenía dieciséis. Desde ese entonces, ella y su hermano mayor se habían convertido, casi, en su única familia. Aunque siempre se habían cuidado el uno al otro desde antes de eso…

–¿Quieres pasar? Seguramente tienes hambre y estás cansado. ¡Vamos! ¡A mis padres les dará gusto verte sano y salvo!

Lo tomó por el brazo sano mientras se limpiaba algunas felices lágrimas que seguían cayéndole por las mejillas.

–Definitivamente podría aprovechar algo de comida y una cama… –pensó él en voz alta, o, mejor dicho, pensaron su adolorido cuerpo y su estómago vacío en voz alta.
–¡No has cambiado en nada! –comentó su amiga sonriente.

Un beso en los labios la hizo quedarse en su lugar. ¿Cómo…? ¿Cuándo…? ¿Qué…? ¿Atem? ¿Realmente? Él la dejó ir y la miró a los ojos con ternura.

–Con un poco de suerte, habré cambiado para mejor… así sea, tan solo un poco. Por lo menos lo suficiente para ser sincero contigo…
–¿De qué hablas?
–¿Tú qué crees? Sobre algo que mantuve en secreto por años, y que ahora comprendo que o lo digo, o corro peligro de llevarme el secreto a la tumba. Tal vez sea lo único que aprendí de arriesgar la vida como he tenido que hacerlo… Aprendí que cada instante cuenta, porque cada uno de ellos puede ser el último. Tea, por casi dos años pedía cada noche por la oportunidad de volver; no aquí, sino contigo. Has sido todo cuanto he necesitado en la vida por mucho tiempo, y en esta guerra entendí cuánto te necesito todavía… Sé que han pasado dos años, sé que habrán surgido algunas diferencias entre nosotros, pero… el que me hayas esperado me demuestra que aún represento a alguien importante en tu vida, así que… ¿Podrías… mejor dicho, querrías, por favor, ser la persona más importante en la mía?
–¿Te refieres a…?
–¿Te casarías conmigo? Me arrodillaría, pero aún no siento las piernas –terminó comentando con una pequeña risa. Sí, ese era el viejo Atem, el que siempre buscaba que ella sonriera, como fuera, donde fuera, por lo que fuera.
–… No lo sé… –bromeó ella, antes de volver a arroparlo entre sus brazos–. Claro que sí, pero, sí sabes que tienes que pedir el permiso de mi padre ¿cierto?
–… Mejor, primero espero a que me des algo de comer y a recuperar algo de sueño. Ya con mis fuerzas repuestas, lo enfrentaré en la mañana.
–Sabia elección.

Entraron en la cabaña. El caballo, entretanto, se había puesto a pastar, también hambriento por el viaje sin descanso. La suave brisa nocturna soplaba con un viento un tanto fresco, pese a ser verano; la luna seguía iluminando de una forma increíblemente peculiar, brillo que Atem siempre atribuyó al hermano de la muchacha que lo ayudó, aún de noche, a encontrar el camino de regreso a casa. Después de todo, él siempre supo de sus sentimientos por Tea, y siempre lo alentó a confesársele; incluso cuando fueron reclutados, le hizo prometerle que si volvía con vida confesaría sus sentimientos, y que se aseguraría de proteger la felicidad de su hermana… Pero Tea se enteró de todo eso mucho después, una tarde en la que Atem se encontraba con el pequeño, quien le preguntó por la guerra que había acontecido ya tantos años atrás, y la mujer sonrió agradeciéndole a su hermano por ayudar a Atem a encontrar el camino de regreso…

FIN

Espero que haya sido de su agrado, y espero verlos pronto.
¡Besos!

Ya me voy...
Ya me fui...
...
 
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Hola que tal,estaba pasando por esta seccion y me tope con el tuyo.Espero no te moleste que comente

Al principio quede enganchando con la trama aunque fue un poco confusa(bueno solo para mi XD) pero finalmente la entendi.Me gusto como utilizaste a aquellos personajes en el transcurso de la historia.Fue una historia realmente hermosa,ademas que describes muy bien los sentimientos de los personajes y los transmites al lector.Respecto al final quede con ganas de mas a ver que pasaba despues,pero bueno que mas da.Te doy un 10! ^^


Atem y Tea! porrista;

Bueno eso a sido todo.Me despido
Yane!=^w^=
 
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.-. espero no hayas leido el comentario anterior... te.. confundi con alguien.

e.e buen ff, es raro que me ponga a leer un ff de DM y me haga salirme el té de la nariz al leer el "casate conmigo" desesperadamente, ok no, pero asi lo ley e.e -se hace niebla-
 
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