Quest B The Boar [Hanz Von Kaulitz & Ewain Blake Wilson]

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"The Boar” (B)​

a) NPC que la solicita: -
b) Descripción de la misión: En el distrito de comidas de File ha aparecido un colosal Digimon con la apariencia de un jabalí, que desea degustar todas las delicias culinarias que los distintos restaurantes y establecimientos pueden ofrecerle. Los Chef están dispuestos y ansiosos a esto ya que, al parecer, este Jabalí se trata de algún Digimon muy importante, sin embargo hay dos problemas: 1) El monumental tamaño del Digimon amenaza con destruir toda la zona con su caminar y 2) los Chef se están poniendo cada vez más competitivos entre ellos para ganar la aprobación del jabalí, convirtiendo al lugar en una verdadera zona de Guerra. Tal vez sería bueno que alguien visite la zona de comidas y evite que sea destruida, tanto por el comensal como por la "Food Wars"
c) Descripción del campo de juego: File City - Distrito de Comidas
d) Objetivos a cumplir:
  • Escoltar a Vikaralamon durante su recorrido culinario
  • Evitar destrozos en el Distrito de Comida o los restaurantes
  • Mantener a raya la competitividad o peleas entre restaurantes o chefs
e) Notas
  • Para tomar esta Quest es necesario haber superado al menos cinco Quest del Evento: Shijin
  • Quest de Deva: Solo puede tomarse una de las doce
  • Un Tamer Amateur que reclamó las cartas "Card Loan" y "Nakama no Kizuna" puede tomar esta quest en Solo sin importar su rango
  • Vikaralamon es un buen Digimon, sin embargo es algo torpe. Destruye cosas con su gran tamaño casi sin notarlo
  • Vikaralamon desea probar absolutamente todas las comidas disponibles en el Distrito. Deben escoltarlo por todo el recorrido
  • Estén atentos, algunos Chef pueden ser bastante contundentes a la hora de sabotear otros, inclusive atacando a la competencia
Quest B

Mínimo de post en Guild: 4 por persona
Plazo: 21 días
Paga máxima: 450 Bits
Máximo 3 puntos de stat
En caso de activo: Máximo 4 puntos de fama/infamia
En caso de activo: Máximo 45% de Blast Gauge
Digivice: D-3 (Hanz) y D-Arc (Ewain)
+90: Posibilidad de realizar Quest Shijin (A)

Hanz Von Kaulitz & Veemon
Ewain Blake Wilson &.... Numemon :>0<:

NPC: Vikaralamon alias "el chancho comelón"

M Maiku Takerudark Takerudark pueden comenzar jiji~
 

Maiku

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Nuevamente, las vueltas de la vida se las ingeniaban para dejar a ese par en una situación incómoda, especialmente para Ewain. Esa mañana había llegado una solicitud bastante peculiar a los miembros de Gungnir, siendo los únicos disponibles para tomarla ellos dos, quienes manifestaron su voluntad de llevarla a cabo en lugar de quienes estaban ocupados. En circunstancias normales, Blake habría alegado que podría solo con una quest de esa magnitud, especialmente por poseer más experiencia que Hanz en lo que respectaba al mundo digital. Después de todo, escoltar a un Digimon por el distrito culinario de File y evitar que los dueños de restaurantes hicieran algo alocado, no sonaba a algo bastante difícil. Sin embargo, la razón por la que se había visto en la obligación de aceptar la cooperación de Hanz era por culpa de la bruja de la ciudad, culpable de que su hermosa y caprichosa patata se hubiese convertido en un… moco parlante. Ninguno de los dos esperó que su intento por obtener la Blast Evolution terminara de esa manera y, claramente, la sola idea de pensar en la reacción de sus compañeros de gremio les molestaba.

Blake miró la hora en su dispositivo digital con el ceño fruncido. Hacía quince minutos que había arribado al punto de encuentro escogido por el germano, el cual era un carrito de churros que se colocaba a unas cuadras del inicio del pasillo gastronómico al que se dirigían, sin que el resto diera rastro alguno de vida. A su lado, Numemon mantenía un gesto depresivo mientras el sudor corría por su cuerpo, murmurando cosas en contra de su tamer por no dejarlo trepar a su cabeza. El humor de la “patata” no mejoraba con la presencia de Chakmon frente a él, observándolo detenida y seriamente, intentando averiguar qué clase de maldición nórdica afectaba a su compañero. Antes de que el observado se pusiera sensible, oyeron un griterío acercarse, uno que habrían ignorado de no ser porque oyeron las palabras “súper” y “simio”.

Doblando la esquina, apareció Vee corriendo con sus dos manos hacia atrás y unos pantalones colgándole de la espalda, simulando ser una capa. Tras él, venía Hanz con un gesto fúrico y el espíritu revoloteando a su alrededor, probablemente lanzando más leña al fuego. Ewain entendió de qué se trataba todo cuando divisó a su ex en bóxers, sonrojándose instintivamente con la imagen y virando la mirada para evitarlo. Pronto oyó un tumbido, seguido de un quejido y el sonido de los jeans estirarse.

La próxima vez que lo intentes, no te llevarás solo un par de golpes —exclamó Von Kaulitz entre jadeos—. Perdón por la dem… —lo que inició como una disculpa casual, terminó en un gesto de extrañeza.

¿Y tú quién eres? —fue el Juttoushi del trueno quien verbalizó lo obvio.

Es Patamon —respondió el otro etéreo, con simpleza—, fue emboscado por los enemigos de la Tropa Polar. Que el Dios del Hielo y la Nieve lo acompañe —hizo un gesto extraño, probablemente simbolizando su compasión en torno a la patata.

¡¿En serio?! —Vee se apiñó sobre Numemon, tocándolo con una de sus garras— Iugh.

Wilson hundió su rostro en la palma de su mano cuando las carcajadas aparecieron. Sabía que ese trío se burlaría hasta decir basta de su amigo, lo veía venir completamente y, aún así, no pudo evitar sentir un poco de vergüenza. Por su parte, el ser verdoso empezó a exigir a todos que se detuvieran, al punto en que se exasperó y empezó a lanzar pedazos de mierda a todos lados. Eso, contra todo lo que pensó el atacante, aumentó las risas de los tres. Hanz reía como no había hecho en mucho tiempo, al punto en que su abdomen empezó a molestarle y no se detuvo hasta que Ewain carraspeó con enojo. Podrían haber terminado, haber pasado por un momento donde no querían verse y ahora mostrar incomodidad con el otro; pero cuando él hacía eso todas las burlas quedaban atrás. Enojado, el escocés no debía ser subestimado. Y así, la espontaneidad demostrada por Hanz desapareció rotundamente, volviendo a su actitud de indiferencia hacia su persona.

Fue “Patamon” quien explicó cómo había llegado a esa forma, en un afán de disminuir la humillación que sentía en esos momentos. Apenas Witchmon fue mencionada, el dragón enarcó una ceja, haciéndole saber que ellos también habían acudido a la hechicera días atrás y nada del otro mundo ocurrió. La flema alzó sus ojos de caracol, quedando en evidente estado de shock, ¿o sea que él había tenido mala suerte? ¿Veemon había obtenido antes que él su Blast Evolution?

Bueno, tampoco hemos logrado activarla desde entonces —rió nerviosamente el azulino.

Mejor pongámonos en camino —espetó el azabache, con las manos en los bolsillos e iniciando la marcha hacia su destino. Nadie se opuso a la sugerencia, más que nada para evitar seguir hablando de la desdicha del ex anaranjado y encontrarse con su cliente cuanto antes, si es que podían llamarlo cliente.

Los silencios sepulcrales ya se habían vuelto rutina para los seis, pues ocurrían cada vez que se encontraban en algún lugar o encargo. Los Juttoushi no tardaron en refugiarse en sus respectivos canalizadores, conscientes de que no habría ningún tema de conversación interesante y que, intentar iniciar la plática, les traería solamente problemas. Vee caminaba junto a su homólogo, observándole de reojo para ver cómo se desplazaba y averiguar hasta qué punto se había convertido realmente en un Numemon. Para sus adentros, el dragón se preguntaba qué habría hecho él en la posición de su amigo, ciertamente preocupado por cómo eso afectaría su “galantería innata” con las mujeres. El otro, por su parte, mantenía su estado de sorpresa por saber que él nomás había recaído en dicha desgracia. Claramente ignoraba que Agumon pasó por lo mismo, en su momento.

Zeth mantuvo su posición de líder del grupo, caminando en frente de todos, con el fin de no ver al escocés. Si bien seguía diciéndose que había superado sus sentimientos por él, no podía dejar de darle vueltas al pequeño momento de confianza que tuvieron en su última quest. Endureció el gesto.

Tonterías —concluyó Hanz en voz alta, mas nadie le preguntó nada. Era obvio que hablaba solo.

Blake, por otro lado, no sabía cómo sentirse. Seguía bastante contrariado con cómo habían terminado las cosas con el germano, seguido al pequeño acto de traición realizado por su supuesta mejor amiga y la obvia preocupación a su persona demostrada por Hanz. No lograba entenderlo y, tras meditarlo un poco, recordó las palabras dolientes que Patamon le dedicó semanas atrás. Con determinación miró el horizonte, decidiéndose a dejar de darle importancia al asunto, centrándose en cumplir con la quest cuanto antes y ayudar a su amigo a sobrellevar su peculiar condición. Fue ahí cuando cayó en cuenta de un pequeño detalle: la Central les hizo saber que el tal Vikaralamon había aparecido en el lugar y que era necesario escoltarlo, mas nunca indicó algún punto de encuentro ni nada por el estilo. Solo sabían que asemejaba un jabalí colosal, pero a su juicio, esa apreciación del tamaño era bastante subjetiva.

Un pequeño temblor sacó a Ewain de sus cavilaciones, quien soltó un silbido de impresión como reflejo al ver un cuerpo gigantesco y peludo frente a sí. Con su enorme tamaño, la gran masa botó un par de árboles que adornaban la vereda mientras giraba en torno a un local de comida. Así, el sexteto pudo divisar su rostro de cerdo con dos enormes colmillos sobresaliendo de su boca.

Por eso era —murmuró Blake.

¡Eh! ¡Cerdo! —gritó el otro humano.


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En el instante que Vikarala había escuchado aquél distintivo, miró de reojo a los recién llegados, los cuales se posicionaron frente a él para evitar que se siguiera moviendo, y colocó una cara bastante seria. Ewain no pudo evitar sentir cierto temor por aquél monstruo, su tamaño no se quedaba corto con la descripción que les habían proporcionado.

¿Quién ha osado llamarme cerdo? —dijo con voz seria el enorme animal. Lanzó una mirada de soslayo a ambos humanos y sus respectivos Digimon, esperando así que fuesen intimidados y confesaran. Cuando vio la cara del pequeño escocés, soltó una risa bastante estrepitosa que, lejos de aliviar el ambiente tenso del lugar, puso nervioso a todos los presentes— Calma, no pasa nada. ¿Ustedes son a los que han enviado para escoltarme?

—el alemán lo miraba con cierta preocupación, ¿cómo carajos harían que un ser tan enorme y gordo pudiera pasear por la zona de comida de File City sin poner en peligro gran parte de la ciudad?— ¿No se supone que debías esperarnos?

Tenía hambre.

Sin más, el enorme animal dio un paso hacia adelante, destrozando todo lo que se encontraba frente a él y casi aplastando a una guapa adolescente que había sido sorprendida minutos antes por el gran Deva. Veemon reaccionó rápido al haberla visualizado antes y logró quitarla de en medio. Para su mala suerte, o mejor dicho buena, la mujer cayó hacia atrás y de nalgas, mientras que el pequeño ser azuloso terminó aterrizando en dos terrenos suaves como un par de almohadas. Cuando la rubia se percató de lo que sucedía, sumado a la inmovilidad voluntaria del Child, pegó tal grito que perforó los oídos de todos los presentes, incluyendo los del Boar, y se fue luego de propinarle una buena cachetada. Cuando Vikarala hizo ademán de volver a moverse, el escocés bramó algo que al principio había sido incomprensible pero que ocasionó que el Ultra no se moviera para intentar escucharlo mejor.

Por favor, espera —la cara de Blake parecía una bastante preocupada. Mantenía las manos hacia el frente, dando a entender que le suplicaba por detenerse—. Si sigues avanzando, vas a destruir la zona.

Pero tengo hambre.

Eso ya lo habíamos oído, cerdo súper desarrollado —replicó el alemán con molestia, había quedado claro la primera vez que lo dijo.

El escocés solicitó al gran Deva que se quedara tranquilo un momento mientras se daba la vuelta con sus compañeros y debatía alguna posibilidad para la misión. Era evidente que si se movía, destrozaría cualquier tipo de pavimento o edificios que lo rodearan. Patumemon intentó dar una idea pero antes de que pudiera comunicarla, algo extraño le pasó a uno de sus ojos.

Ewain… —su Tamer volteó a verlo y miró atento a su Digimon—. Creo que no estoy viendo bien pero... —hizo una pequeña pausa al sentir que uno de sus ojos se iba hacia un lado y se desviaba—. ¡AH, MI OJOOOOOOOO!

El alemán y su compañero digital explotaron de la risa, no podían con tal escena y Ewain casi se les une, pero al observar de nuevo a su compañero, decidió no hacerlo y aguantarse la carcajada aunque fuera difícil. Tanto Blitzmon como Chackmon se materializaron para entender por qué el alboroto, uniéndose el primero en el cántico de los demás mientras que el segundo lo miraba con cierto asco.

Señor, si quiere puedo congelarlo —sugirió el guerrero del hielo—. La masa gelatinosa se enfriará y entonces morirá. Piénselo como una muerte agradable y piadosa —juntó sus manos e hizo una pequeña plegaria a su Dios luego de ver que su portador se negaba completamente a eso. Numemon le lanzó una mirada con sus ojos bizcos de infinito desprecio e indignación por lo que acababa de proponer.

People, we need to focus! —el escocés detuvo la risa de los demás, pero cuando vio que el alemán no entendió ni jota, tiró un largo y tendido suspiro para traducirle lo que había dicho—. Debemos enfocarnos en la misión.

El ambiente volvió a la normalidad, tenso por tener encima la mirada de Vikaralamon. Las carcajadas habían llamado su atención pero, por su enorme volumen, no fue capaz de entender muy bien el chiste, mas no le dio importancia y siguió en la espera. El escocés pretendía que, en lugar de llevarlo por todo el lugar, mejor le trajeran toda la comida hasta ese sitio para evitar así la destrucción de, prácticamente, la ciudad entera.

Oye, chico —el guerrero eléctrico, que había escuchado atentamente lo propuesto por Blake, no se encontraba del todo convencido—. Mira el tamaño de esa cosa, es gigante. ¿Cuánta comida crees que sea capaz de ingerir? Sería imposible cargar todo eso.

El bicho tiene razón —habló ahora el alemán, no se le daba muy bien el pensar en planes para estas situaciones, pero si algo había aprendido como trabajador en una tienda era eso, tratar con clientes y sus problemas—. Si la montaña no va a Buda, se lo lleva la corriente.

Es Mahoma —corrigió Ewain con una pequeña vena sobresaliendo en su frente, ¿cómo podía confundir dichos nombres y frases?—. Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña.

Y, por improbable que pareciera, el germano tenía razón. Si pensaban en el enorme Digimon como la montaña, Mahoma vendría siendo todos los cocineros de la zona de comida de File City. El peliazul asintió y entonces decidieron regresar a la plática con el Deva, esperando lo mejor y que su hambre no lo hiciera reaccionar de mala gana.

Eh, cerdo —gritó Hanz para que lo pudiera escuchar—. Eres demasiado obeso, quédate aquí.

No —dijo tajantemente el Deva—. Tengo hambre, quiero comer ahora.

Tardaremos menos si no te mueves de aquí —se metió en la negociación el otro humano—. Piénsalo así: si nos movemos contigo hasta la zona de comida, tardaremos en recorrerla y corremos el riesgo de que logres destrozar todos los locales y no se puedan preparar los alimentos; si te quedas aquí, te traeremos a los cocineros y las cosas para que no te tengas que mover y puedas disfrutar todo.

El Boar se quedó pensativo, meditando lo que Ewain acababa de mencionar y aceptó luego de unos minutos de reflexión. Si no tenía que moverse sería mejor, odiaba hacerlo y si podía evitarlo, lo haría. El contra era esperar el alimento, pero podría con ello si con eso significaba que después se daría un festín digno de los dioses.

Está bien, muchachos —se rió levemente, o al menos eso creyó él porque todos los demás se llevaron las manos a las orejas por el ruido—. Aquí los esperaré pacientemente, pero tampoco tarden mucho o terminaré yendo para allá.
 
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Maiku

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No se habló más. Dejaron al apoteósico ser estacionado en el inicio del distrito culinario y, a paso rápido, el grupo enviado por la Central se adentró a la calle en cuestión con la esperanza de que todo saliese bien. A diferencia de lo que solía ocurrir cuando recién se conocieron, era Ewain quien lideraba el paso hacia los restaurantes, pasando rápidamente de los más cercanos a la entrada del pasillo en orden a alcanzar primero los que se ubicaban hasta el final. Blitzmon asintió ante la decisión del escocés, manifestando en voz alta que coincidía en que lo mejor sería empezar por los locales más lejanos e ir conversando con los chefs a medida que se devolvían hacia el Deva. Así, si el gordinflón creaba alguna clase de escena, podrían devolverse cuanto antes. A decir verdad, Blake se sonrojó un poco con el halago del representante del trueno, pues pocas veces el resto reconocía que tenía ceso para estas cosas.

No demoraron mucho en ubicar los últimos locales de la calle, posicionados uno frente al otro, dando un aire de confrontación entre ambos que se acentuaba con el diseño excéntrico de los respectivos inmuebles. Por una parte, se encontraba un estiloso edificio color negro, que inspiraba aires de modernidad bastante marcados y gozaba de muy pocas decoraciones externas, salvo por un elegante cartel con su nombre. Por otra había una casucha mucho más pequeña, cuya pared que daba hacia la avenida era una verdadera barra, denotando ser un local familiar que recibía clientes de paso y los atendía al aire libre. Numemon, sin saber cómo, dirigió una pupila a cada local. Inmediatamente, los etéreos y el dragón manifestaron un quejido de asquito al verlo hacer aquello, especialmente cuando respondió diciendo en voz alta el nombre de ambos lugares: Obscuré y Burga-Diner.

Yo iré por el de la izquierda —anunció Ewain, apuntando el que lucía mucho más elegante. No quería expresarlo, pero era bastante más probable que él lograra convencer al dueño de ese restaurante que el alemán—, tú ve por el otro.

Uss —respondió el otro, sin darle muchas vueltas al asunto. Llamó a su compañero con un gesto y caminó en dirección a la barra, deleitándose con el cálido aroma que de allí salía.

¡Recuerda convencerlos de ir hacia donde está Vikaralamon! —gritó el moco digital, entre molesto por la actitud cortante del chico y preocupado porque olvidara la misión— Vamos, Ewain.

Patamon, tendré que pedirte que esperes aquí —el aludido frunció el ceño, sonsacando una risa nerviosa en su tamer—. Es que… dudo que en esa forma…

¡Hmph! —se cruzó de brazos, o algo así— Vale, te espero acá fuera.

Gracias.

Wilson abrió la puerta de vidrio del restaurante, bastante intrigado por la presentación que ofrecía. Inmediatamente se le acercó un gato de color negro, con lo que parecía ser una servilleta de género colgándole del brazo. Black Tailmon preguntó al humano si venía a almorzar, cosa que él negó cordialmente antes de explicar la razón de su visita. El felino le escuchó pacientemente, maravillándose con la noticia de que Vikaralamon, efectivamente, estaba deambulando como comensal de la comida de File. Llevó al chico a una sala un poco oscura, ofreciéndole un asiento, en lo que se encargaba de traer a su jefe para que conversaran los detalles. El portador del espíritu del hielo se mostró sorprendido con la amabilidad del gato, aceptando la invitación cuanto antes. A su lado, Chackmon se materializó para inspeccionar el entorno con cuidado, mas no dijo nada.

Mientras tanto, Von Kaulitz y su dragón se habían sentado en las sillas que ofrecía su respectivo comedor para alcanzar la barra. Un Burgamon con traje blanco les recibió cáliamente, preguntándoles qué se les ofrecía. Obviamente, el germano fue directo al punto, intimidando un poco al cocinero con sus malos modales. Sin embargo, apenas oyó el nombre del Deva la actitud del Adult cambió radicalmente, cosa que llamó la atención de Blitzmon. Por un momento, el guerrero legendario se preguntó cómo es que a esos doce los recordaban tan bien y a ellos, que salvaron el mundo en su momento, ni les ofrecían un cuadro en lugares como la Academia.

¿En cuánto debería pasarme con mi platillo, joven? —preguntó el ser digital, moviéndose de un lado a otro, buscando los ingredientes necesarios.

Qué se yo, a la hora de almuerzo —manifestó, observando un reloj en la pared. Eran las once de la mañana, eso les daba alrededor de dos o tres horas para hablar con todos los locales del distrito— ¿está bien?

Sí, sí, mijo —respondió contento. Entonces tomó por sorpresa a la pareja, dejando dos sándwiches de queso con una salsa extraña frente a ellos—. Considérenlo un agradecimiento por la invitación al Showdown.

¿Shadón? —Enarcó una ceja, sin entender el idioma— Bueno, como sea.

Gracias por la comida —canturreó Vee, tomando los panes.

Las cosas no resultaron tan agradables para el escocés. Traspasado unos minutos, desde el sótano, un majestuoso Gargomon hizo acto de presencia con mal rostro. Ni siquiera saludó al representante del Deva antes de exigirle una explicación de tal invitación, manifestándose molesto con el hecho de verse obligado de salir de su comedor para obtener la opinión del cerdo. La gárgola se tomó su tiempo lanzando quejas a diestra y siniestra, al punto en que el nerviosismo inicial del humano fue reemplazado por una evidente molestia. Black Tailmon fue quien calmó a su jefe con un comentario bastante mandón y, posteriormente, explicó al chico la razón de esa reacción. Ewain se mostró sorprendido al enterarse de que aquél lugar servía comidas en plena oscuridad, siendo parte de la gracia que el cliente no pudiera ver su platillo y disfrutara de un buen rato comiendo. Sin embargo, eso no lo distrajo de la negociación, soltando un suspiro.

Lamentablemente, Vikaralamon no cabe dentro —señaló—. Probablemente destruiría su restaurante en el intento.

¿Tan grande es? —expresó el demonio.

El temblor de hace rato lo causó él —aquella respuesta puso nervioso al par.

Entiendo, entiendo —se disculpó—. Entonces tendremos que rendirnos con servir la comida de la manera tradicional, aunque eso no importa. Obtendremos una buena calificación —subió el puño, sonriente, como si le estuviera hablando al aire.

Vayan a este lugar a la hora de almuerzo —explicó Blake, mientras garabateaba un mapa en una hoja que le prestó el gato—. Disculpen las molestias.

Al salir, Ewain se encontró con el trío comiendo lo que parecía ser unos sándwiches e, inconscientemente, sus tripas rugieron. Fue el germano quien le tendió la mitad de su comida, cosa que aceptó con espontaneidad, al menos hasta que sus dedos se tocaron accidentalmente. Hanz entrecerró los ojos y el escocés miró hacia otro lado, mordiendo el emparedado con algo de molestia y vergüenza. Numemon carraspeó para llamar la atención de todos, indicándoles que aún les quedaba camino por seguir, si querían que todo saliera bien. Asintieron y caminaron unos cuantos pasos hacia los siguientes locales visibles, siendo estos pocos llamativos para el ojo, a diferencia de los anteriores. Eran tres casuchas, cada una pintada de distintos colores y con un decorado bastante barato, dando a entender que eran poco frecuentados.

Esperaron a que los humanos terminaran su botana para dividirse los lugares. La babosa digital insistió en entrar a uno de los lugares esta vez, siendo Vee quien aceptó ir con él, para que no hubiese alguna clase de alboroto. Hanz y Ewain, de nuevas cuentas, irían por su lado. Acordaron repetir lo del horario de almuerzo, cosa que habían improvisado con los locales anteriores y, por mera suerte, coincidieron.


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¡FUERA DE MI RESTAURANTE, ASQUEROSAS Y PERVERTIDAS CRIATURAS! —un gritó se oyó en plena calle al tiempo que una serie de platos eran lanzados hacia dos Digimon, los cuales inmediatamente salieron corriendo y se intentaron proteger de los proyectiles.

Los ruidos se oyeron hasta los locales vecinos, hecho que hizo que tanto el alemán como el escocés salieran a toda prisa para ver qué había sucedido, temiendo porque los culpables fueran sus compañeros digitales. Cuando lograron ver que, en efecto, eran sus amigos, la cara de ambos fue de completa decepción y un poco de molestia. Supuestamente Veemon había acompañado a la babosa verde para que eso no ocurriera, pero el resultado de cualquier forma fue el mismo: los echaron del restaurante.

¿Qué ha sucedido? —preguntó con los brazos cruzados Ewain cuando se acercó a ellos junto al germano. Ninguno de los dos supo qué responder en un primer instante, pero fue la babosa quien se atrevió a decir algo.

Veemon se la pasa incomodando mujeres —Numemon le aventó la culpa al azulino, quien no dudó en defenderse al instante.

Si no te le hubieras quedado mirando a una de esas bellas damas con tus ojos raros, no se habrían espantado y no habría tenido que ir a rescatarla —bufó con los brazos cruzados y los ojos cerrados, una pequeña vena sobresalía de su frente como respuesta al enojo que sentía en ese momento pero pronto un coscorrón lo sacó de su berrinche.

No se les puede dejar dos segundos solos porque la arman en grande —el alemán también se veía algo molesto por lo que aplacó a ambos revoltosos con la mirada. Ninguno de los dos se atrevió a decir más y volvieron al plan original, cada uno de los humanos iría a los restaurantes de un lado con su respectivo compañero digital y se acabarían los planes como esos para evitar más desgracias así.

Se volvieron a separar y cada quien volvió al negocio en el que estaban. Ewain entró a una especie de buffet de comida asiática que no era muy grande, de nombre Fu Sheng. Todos los platillos se veían sumamente deliciosos y una banda en movimiento cruzaba todo el local con varios platos de distintos sushis y combinaciones raras pero suculentas. Antes de dar un paso más, el peliazul volteó y volvió a pedir a su amigo que se quedara afuera, el cual aceptó no sin hacer primero un berrinche, quería entrar y ayudarle pero también comprendía que su aspecto no era lo más pulcro en ese momento. Luego de preguntar por el gerente, Blake esperó cerca de la entrada hasta que un Taomon con porte elegante lo recibió un tanto serio.

¿En qué puedo ayudarte? Llegas en una hora complicada para mi restaurante.

He venido en nombre de Vikaralamon. ¿Lo conoce? —el Digimon asintió, todos sabían perfectamente que era uno de los doce Devas, siendo famoso éste por su inmenso apetito—. Bueno, se encuentra en la ciudad y desea probar la comida de los distintos locales por aquí.

Será bienvenido con los brazos abiertos —aseguró Taomon, pero recibió una negativa luego de ese comentario.

Verá, es demasiado grande y no va a poder entrar aquí, necesitamos que vayan hasta él —eso, sin duda, molestó al Perfect, mas meditándolo un poco de manera calmada, aceptó y dijo que estaría ahí.

No te preocupes, al final de cuentas estamos seguros de que ganaremos el concurso.

Dicho esto, Taomon desapareció entre su clientela y trabajadores, dejando a un Ewain bastante confuso y perplejo por la cuestión del concurso, pues en ningún momento hizo mención de que se tratara de alguna cosa así. Sin darle tanta importancia por el momento, salió con su Patumemon y se dirigió hacia el siguiente restaurante, el tiempo era valioso y debían darse prisa.

[…]

Pero te advierto, mocoso… Llevaré mi comida caliente y la van a ingerir gustosos —amenazó el Meramon al germano y a su Digimon.

El alemán se mostró indiferente ante tal comentario y salió sin darle oportunidad de decir más al Adult, seguido de su Digimon para dirigirse al siguiente restaurante. Caminaron por las afueras de MeatLovers y se adentraron al próximo local, el cual era una casa de unos dos pisos sin mucho que destacar por fuera. El letrero señalaba que era El Tío Juan, un negocio que se especializaba en la comida mexicana y todos sus derivados, cosa que llamó la atención de Veemon porque jamás había visto los platillos de esa cultura ni los famosos tacos de los que hablaban tanto. Al llegar al vestíbulo, un Ponchomon bastante bonachón los recibió y les indicó que les prepararía en seguida una mesa.

No necesitamos una mesa —dijo con educación el Digimon azulino. El cactus los miró confundido, pues si no iban a pasar a comer entonces no sabía a qué habían ido a su local. Fue entonces cuando el germano explicó la razón de su visita, llamando inmediatamente la atención del dueño del lugar luego de nombrar al Deva que los esperaba al inicio de la zona de comida.

¿Un concurso, entonces? —el Adult fantasmagórico lanzó una risa peculiar mientras se sostenía el estómago con sus manos— Ganaremos seguro.

Espera, ¿qué? Yo no dije nada de un concurso —replicó el pelinegro, mas no fue escuchado por el otro Digimon.

Estaré ahí, chico.

Dicho esto, Ponchomon regresó a su taquería y siguió atendiendo a sus clientes como siempre. El humano chistó pero terminó por salirse del lugar, no sin antes percatarse que en una de las vitrinas había un calendario bastante peculiar con distintas referencias mexicanas. Frunció el entrecejo luego de observarlo unos segundos, apartando la mirada inmediatamente y continuando su camino, acababa de recordar algo que había pasado por alto y que le caló hasta los huesos.

[…]

Quería entrar —Numemon se arrastraba junto a su Tamer mientras le hacía otro berrinche por no dejarlo hacer nada. Ewain se había cansado de darle la explicación lógica del por qué simplemente no podía entrar a los restaurantes, no estaba bien visto y no era un Digimon especialmente higiénico. Habían tenido una discusión algo fuerte por lo mismo cuando el escocés intentó convencerlo de esperar afuera del restaurante de Mermaimon, uno especializado en mariscos, pero al final logró entenderlo y lo esperó hasta que convenció a la Perfect de ir a la hora acordada hasta donde se encontraba el Deva.

Pronto volverás a tu forma original —tranquilizó el peliazul a su compañero. El otro simplemente se calló y decidió seguir arrastrándose junto a su Tamer—. Tenemos ya el restaurante de Gargomon, Taomon y ahora el de Mermaimon. Me sorprende la variedad de comida que hay por aquí.

Mira, ese de ahí se ve bien —la babosa verduzca indicó que deberían echarle un vistazo a uno de los restaurantes que tenían casi en frente. Habían optado por pasar por alto los pequeños puestos que habían en las laterales del lugar, centrándose un poco más en los locales y edificios más establecidos y con mayor clientela, todo con el objetivo de brindarle lo mejor a Vikaralamon. El escocés asintió y dejó nuevamente a su amigo en las afueras, adentrándose a Ska-t, un lugar bastante normal a comparación de los otros. Sin embargo, cuando Blake cruzó el umbral de la puerta, se percató de que aquél negocio era todo lo tradicional, excepto en lo que se refería a la forma de servir la comida. En medio de todo el sitio, un círculo donde se encontraban todas las mesas daba vuelta de manera lenta, siendo rodeado por una mini pista donde un Rinkmon y distintos Digimon en patines llevaban todas las órdenes a las respectivas mesas. Cuando la recepcionista los recibió, el Digimon patinador le pidió que esperara unos cuantos minutos mientras terminaba de despachar todos los alimentos y le dedicaba un poco de tiempo.

Ewain —el guerrero de hielo se materializó por un momento y observó el lugar con demasiada curiosidad—. ¿Así suelen ser los restaurantes en el mundo real?

No realmente, es la primera vez que veo uno así —el escocés iba a decirle una cosa más, pero cuando vio que el patinador se acercó hacia él, se quedó callado y dio la explicación de su visita luego de presentarse con el dueño, chef y encargado de la entrega de los platillos en el lugar.

¿Así que Vikaralmon está en la ciudad? —preguntó pensativo el Digimon azulino— Lástima que no pueda venir hasta acá, sería sublime que pudiera ver el cómo se sirve aquí la comida. Vale, creo que estará bien si me doy una vuelta a la hora que dices.

El peliazul agradeció la atención del Digimon patinador y regresó a las calles donde se encontraba su baboso amigo. En ese instante vieron cómo Hanz salía de un restaurante del frente y se dirigía hacia ellos con el objetivo de poder informarse de cómo iban con los respectivos chefs y dueños de los locales.

En total llevamos siete restaurantes —dijo Ewain al hacer las cuentas con todos los dueños y los lugares que habían visitado.

¡Aún falta, vayamos a buscar más negocios de comida! —el enérgico Veemon salió corriendo hacia otro de los locales sin dar tiempo a que alguien dijera algo. Afortunadamente, ya habían recorrido más de la mitad de la zona de los restaurantes así que no les faltaba mucho por ver.


M Maiku <3

Obscuré = Gargomon
Burge-Diner = Burgamon
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Maiku

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Mientras Ewain y el dragón intercambiaban esas pocas palabras, el germano se quedó viendo al otro humano con un gesto bastante serio. No fue hasta que el de cabellos azules percibió su mirada, que el chico la desvió hacia otro lado, musitando que debían apurarse pues el tiempo les jugaba en contra. Con algo de torpeza, Hanz avanzó en dirección al primer local que divisó con la mirada, casi tropezando de lo ensimismado que iba en su mundo. Blake lo quedó viendo algo extrañado, mas pronto tomó su propio rumbo, impulsado por su asqueroso compañero a terminar la tarea cuanto antes. Vee corrió para alcanzar a su tamer, con una sonrisa en el rostro, sin captar el comportamiento extraño de él.

Hanz se masajeó la sien, algo molesto, en lo que paraba frente al local. Por alguna razón, haber visto ese calendario y la fecha que era, le hizo tener un revoltijo en el estómago. Pronto, las palabras dichas por Alexander días atrás resonaron en su cabeza y, de la manera más castrante posible, aquella escena en el bosque cuando entrevistaron a un Geckomon con problemas al dormir, le golpeó. Una campanilla resonó en sus tímpanos, indicando que el dragón había entrado por su cuenta al lugar, cosa que lo trajo de vuelta a la realidad. Chistó. Para cuando decidió alcanzar a su amigo, este ya estaba conversando con un conejo roñoso, mismo que había visto de compañero a un sujeto con el que compartió aventuras en “el otro File”. Encontró una maldita ironía que, justamente, ese Digimon fuera el dueño del lugar. No porque encontrara algo malo en sus gustos culinarios, evidentemente de aire italiano, sino que verlo a él hizo que recordara las cosas que vivió en aquella experiencia surrealista.

Cuando Veemon terminó de explicar las cosas a la liebre (o perro muy feo, lo que fuera), este esbozó una sonrisa ganadora. Una que llamó la atención del Spirit, pues le faltaba un diente.

Llevaré la mejor de mis pastas al concurso —se dio media vuelta y empezó a hablar para sí mismo, sin siquiera despedirse de los representantes del Deva.

Este tiene cara de tonto, de seguro los demás chef lo humillan —dijo Blitz—, ¿de qué puto concurso está hablando?

¿A quién le importa? —Musitó su portador— Vámonos.

Entonces, un fuerte sonido resonó por el distrito culinario, seguida de una pequeña vibración terrenal. Von Kaulitz frunció el seño, intercambiando una fugaz mirada con sus amigos, antes de salir del restaurante “Gazzini” y correr hacia la avenida. Ewain no tardó en salir de una casa rosadita, donde había estado hablando con una Sistermon Blanc que fungía de repostera, igual de confundido que su homólogo. Finalmente se escucharon unos gritos de fondo y notaron cómo una montaña peluda se remecía en el horizonte, desvelando qué ocurría a los miembros de Gungnir. Ambos hicieron el amague de correr hacia el Deva, pero el germano le cortó el paso a Wilson, con gesto serio.

Tú sigue hablando con los tarados —ordenó—, yo iré a ver qué quiere el cerdo.

No, también iremos —refutó con tono arisco.

¿Y qué harás con un moco parlante si hay que detenerlo a la fuerza? —espetó el azabache, causando que el aludido se deprimiera un poco por su estado— Eres más útil aquí, Ewy —la pronunciación de ese apodo descolocó al chico, quien no tuvo tiempo de responder antes de que el germano tomara su mano—. Toma —dejó un comunicador en ellas.

Les avisaremos si ocurre algo —completó la oración el dragón, con una sonrisa.

Vale —se limitó a decir Blake, cabizbajo. Su corazón latía a mil por hora y no entendía por qué. Hanz le dedicó una leve sonrisa antes de ponerse a correr. Colocó el aparato en su oído—, vamos moco.

¡Que no soy un moco! —chilló Numemon.

Ya divididos, el par encargado de ver qué carajo ocurría con el Deva, se apresuró a lanzar sus cartas. Magnamon hizo acto de aparición, luego de que un fulgor dorado fuera expelido del D-3 en dirección al dragón, tomando a Hanz de la manera más torpe y rápida posible, todo con el fin de apresurar el paso. A medida que se acercaban al coloso, pudieron notar cómo un montón de transeúntes se reunían alrededor de él, guardando una distancia prudente para no quedar como masa aplastada con sus movimientos. El alemán no pudo evitar llevarse la mano al rostro cuando captó que Vikaralamon había sido obediente en no acercarse al distrito, pero que había ido en la dirección contraria para devorarse el carrito de churros que utilizaron como punto de encuentro, esa mañana. Junto al jamón peludo, un Falcomon corría de lado a lado, gritando histéricamente que alguien lo ayudara a salvar su puesto de trabajo. Vikarala mantenía apresado el implemente metálico entre sus labios, echándose a la boca todos los churros que estaban fritos, junto al aceite hirviendo y la masa cruda que allí había.

Cuando Von Kaulitz y el caballero dorado aterrizaron, el porcino liberó un tremendo grito. Poco pasó para que la lengua gigante del Deva saliera a plena vista, desvelando estar hinchada a causa del líquido caliente que había ingerido. Acompañado de sus gritos, vinieron bastantes agitaciones de cuerpo, que pasaron a llevar postes cercanos y algunas bancas, dejándolas hechas trizas.

¡Puta mortadela descerebrada! —masculló Hanz, sacando su Lector de Cartas, en lo que Magnamon se apresuraba a sacar a algunos humanos del lugar. Cualquier movimiento en falso podría terminar en una tragedia— ¡Card Slash: Powerful Will!

¡Súper dúper llave inmovilizadora milagrosa! —rodeado de la imponente figura de Omegamon, el Armor se abalanzó sobre uno de los colmillos del jabalí e intentó detenerlo a fuerza bruta. Para su mala suerte, la fuerza bruta del sirviente sagrado era mucho más bestial de lo que esperaba y, pronto, el caballero terminó siendo agitado por los brutales movimientos de su “presa”.

¿Cómo van? —se escuchó en la oreja del germano, donde se había colocado el comunicador en su carrera. Evidentemente, Ewain entendió que todo iba mal, pues el germano simplemente mentó la madre— Cálmate, enojándote no podrás pensar bien.

Lo sé —gruñó.

Hanz, concéntrate —soltó el escocés, consciente de que sus palabras no estaban llegando al azabache. Era obvio que si no se detenía el asunto, él correría a ayudar con el problema, no podían dejar que ocurrieran muchos destrozos. Consciente de la posible actitud del chico, Hanz cerró los ojos y liberó un gran suspiro.

Blitz, ayúdame —pidió Hanz, a tan solo treinta segundos de que su carta perdiera efecto.

Pensé que nunca ibas a pedirlo, macaco —se materializó, analizando la situación con una velocidad envidiable— ¡Magnamon, usa tu Plasma Shoot en su lengua! —las palabras del etéreo cayeron como balde de agua fría a su portador, quien entendió la intención de su camarada. Obediente, el Armor se soltó de su intento de llave de lucha y cargó energía en parte de su armadura, para luego lanzarla en dirección a la boca del cerdo. Los movimientos cesaron, de pronto.

Uff —suspiró Vikarala—. Gracias, necesitaba algo helado —rió tranquilamente. Por culpa de la quemazón ya no sentía su lengua, así que el disparo no podía haber hecho mucho más daño. Aún así, los de Gungnir se sorprendieron con la potente defensa del Deva, pues cualquier otro Digimon se habría resentido siquiera un poquito.

La carta Powerful Will otorga propiedades gélidas a los ataques elementales —le recordó el representante del trueno—. No olvides las consecuencias de tus actos —regañó. Sin embargo, esbozó una suerte de sonrisa al ver a su tamer asentir, algo apenado. Entonces, volvió a desaparecer.

Vikaralamon, te pedimos que no te movieras —reprochó Magnamon, flotando frente a su rostro—. Pudiste lastimar a alguien, a una damisela, por ejemplo.

Tenía hambre, no lo pude evitar —respondió con simpleza, manteniendo su ancha sonrisa—. No se preocupen, la Central se hará cargo de los daños.

¿Y a quién crees que se los descontarán? —gruñó el germano. Sin embargo, el Deva se limitó a carcajear, ajeno a la compasión por su escolta.

Pasaron buenos minutos antes de que llegara Ewain, en los que el Armor y su compañero se mantuvieron conversando con el Deva, en su afán de mantener un ojo encima de ese estómago incontrolable. Este reportó que había hablado con la mayoría de los locales del pasillo, sumando un total de doce, aunque era probable que los puestos ambulantes y demás cocinas se enteraran de la presencia de Vikaralamon y decidieran sumarse. Quedaba media hora antes de que comenzaran a llegar, cosa que les daba tiempo para organizarse un poco entre ellos, explicándole al cerdo que no debía abalanzarse sobre la comida y cuasi tragarse todo con ella. Falcomon, quien para entonces había logrado reincorporar su carrito de churros luego de que fuera escupido por el Deva cuando se quemó, se retiro indignado. Todos lo notaron, pues el ave se encargó de dedicarles sus buenos improperios al grupo, amenazando con quejarse en la Central de Tamers.

Luego de esa breve interrupción, Magnamon se encargó de limpiar un poco el destrozo que había quedado con el último alboroto del cerdo. Ewain y Hanz ayudaron en lo que pudieron, mas el de armadura dorada se mostró bastante eficiente en la tarea. Ya no quedaba mucho que derribar en aquel lugar, que era una intersección de calles donde daba inicio el distrito culinario, por lo que dedujeron que lo mejor sería mantener al coloso allí hasta que terminaran las degustaciones.

Oh, cierto —recordó el escocés—. Toma, gracias por prestármelo —se sacó el comunicador y estiró su mano en dirección al germano, pero este lo rechazó.

Considéralo… un regalo —se cruzó de brazos y caminó a otro lado, para hablar con el guerrero de los milagros.

¿Regalo? —Ewain repitió en voz baja, observando el objeto. ¿Por qué Hanz le estaba dando eso? ¿Había alguna razón detrás de ello? ¿O acaso no lo quería devuelta porque lo ocupó él? Se quedó allí, estático, hasta que Numemon trepó lentamente por su pierna, dándole un escalofrío— ¡Sácate! ¡Eww!

Pero Ewain… —hizo un puchero, obviamente quería subirse a su cabeza.


Takerudark Takerudark

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Oye, Patamon —el peliazul llamó la atención de su baboso amigo, el cual volteó a verlo al escuchar que era nombrado—. Lo siento mucho pero…

Ya sé, ya sé —sin decir más el Digimon verduzco se dirigió hacia una parte del alrededor donde podría observar todo de manera tranquila, buscando el punto perfecto para tener una vista completa de la escena en caso de ser necesario que actuara por X o Y motivo.

Señor, ¿no cree que está siendo muy duro con él? —el oso se materializó detrás de él y miraba con cierta pena al compañero digital de su portador. Ewain soltó un suspiro con pesar, sabía que Chackmon tenía toda la razón, pero esa transformación no había caído en el mejor momento y debían sufrir las consecuencias. Asintió y miró al ser etéreo, encogiéndose de hombros y diciéndole que lo recompensaría eventualmente, mas no había otra opción en ese instante.

El germano volvió con su Digimon ya en etapa Child y aguardaron unos pocos minutos hasta que lograron vislumbrar por el distrito culinario a todos los chefs y dueños de los restaurantes que habían visitado. Hanz alcanzó a distinguir a todos los que habían sido convencidos antes del pequeño desastre del cerdo gigante, pero además, venían tres seres digitales más: Palmon, Agnimon y Shoutmon. Cada uno de los cocineros llevaba consigo su propio carrito de comida para poder preparar todos los alimentos necesarios para el supuesto concurso, recordándole al pelinegro su tierra natal y los clásicos carritos de perros calientes. Una vez que todos arribaron, vieron con cierta magnificencia al Deva, el cual se alzaba frente a ellos de una manera imponente, y pusieron sus manos a la obra, dispuestos a complacer lo mejor posible a Vikaralamon.

¿Y esos tres? —inevitablemente Hanz tuvo que preguntar por aquellos seres desconocidos, al menos debería de estar enterado de todo antes de que la degustación comenzara.

Palmon es la dueña de Green World —dijo el peliazul—. Se especializa en ensaladas. Agnimon vende comida hindú en un lugar llamado Tandoor.

El Shoutmon tiene un karaoke llamado Norebang, Señor Hanz —habló el espíritu de hielo, causando que la ceja del alemán se levantara por el título usado—. Me parece que está en coreano y sirven comida rápida, señor.

Al fin han llegado —una risa bastante estruendosa sonó en el lugar. Vikaralamon estaba ya muy hambreado y no podía esperar ni un segundo más—. Soy el Deva Vikaralamon y deseo probar todas sus suculentas comidas y deliciosos platillos. ¿Quién será el primero?

Dicho esto, todos, sin excepción, volvieron a sus labores culinarias a velocidad turbo, como si el gigante cerdo hubiera dicho que el primero en terminar sería el ganador de un inexistente concurso. Blitzmon apareció y tiró un silbido, impresionado por la velocidad de los representantes de cada restaurante. La primera en terminar, y de cierta forma sin impresionar al dúo de humanos, fue la Palmon con una de sus ensaladas. Con sus lianas la acercó directamente hasta la boca del “jurado” y esperó a que diera su veredicto. La saboreó un poco y se vio satisfecho con lo que probaba, mas eso no fue suficiente.

Muy rica, sin duda, ¿pero realmente creen que me llené con un simple platillo así? —la Digimon verde bajó la cabeza algo decepcionada, tenía razón y ahora sentía que no merecía estar en ese lugar junto a los otros chefs. Un ataque de frustración llegó y se vio imposibilitada de seguir con sus ensaladas, al menos momentáneamente, instante que todos los demás terminaron aprovechando para finalizar sus propias creaciones. El siguiente Digimon que se presentó fue el Taomon con una enorme sonrisa en su rostro.

Aquí tiene, Vikaralamon —alzó su creación, la cual fue olida por el gigantesco cerdo desde las alturas y asintió. El aroma era bastante agradable así que agrandó la boca y dejó que el Perfect depositara el arroz y pollo frito en su boca. Masticó con tranquilidad y saboreó cada pedazo de su comida que, similar a la anterior, había sido bastante poca.

El proceso se repitió varias veces hasta que Vikaralamon había probado al menos una cosa de cada menú y restaurante del distrito. Por razones obvias, The Boar no pudo evitar hacer comentarios y exclamaciones con determinadas comidas mientras que con otros no, subiendo o bajando el ego de cada uno de los chefs y dueños de los establecimientos. Tanto Ewain como Hanz y su Digimon comenzaban a sentir un poco de hambre, especialmente el último por haber evolucionado a Magnamon, pues aunque no usó gran cosa su evolución, no dejó de implicar un gasto de energía que normalmente no tiene. Se tomaron un pequeño descanso mientras terminaban de preparar los platillos principales en cantidades industriales, por lo que los chicos, los espíritus y Veemon se pasearon por entre los carritos para poder observar todo de más cerca. Tanto Ewain como Hanz notaron que al estar cocinando, algunos chefs no dejaban de ver otros y se comportaban muy reacios a que vieran la manera en la que condimentaban sus cosas y preparaban sus guisos.

Suficiente, necesito comida —dijo el dinosaurio azul. Cuando su Tamer intentó detenerlo, éste ya estaba conversando con Agnimon para que le proporcionara un poco de comida hindú. Para sorpresa del escocés y del germano, el Adult aceptó y le regaló unos cuantos platos llenos de comida para que los compartiera con ellos y el asqueroso Numemon, el cual seguía observando todo desde lejos para evitar molestar a alguien—. Miren, les conseguí algo.

¿Cómo fue que lograste eso? —preguntó Ewain un tanto sorprendido y anonadado por la amabilidad del Digimon ígneo, ni siquiera les cobró.

Mencionó algo de haberle dicho del concurso y que estaba bastante agradecido por eso —el Child se encogió de hombros, realmente no sabía a lo que se refería el otro Digimon pero no le dio importancia.

Otro imbécil hablando de un concurso —espetó el alemán, llamando la atención de Blake. En ese momento Chackmon y Blitzmon hicieron acto de presencia.

Macaco, ¿eres imbécil o te haces? No es el primero que menciona algo de un concurso —el guerrero del hielo asintió, estaba de acuerdo con su compañero etéreo y era algo a lo que debían prestar atención.

¿También a ustedes les habían mencionado eso? —el mayor de los dos se llevó a la boca la mano para denotar que estaba pensando algo y, luego de una pequeña pausa, continuó— Algo no me cuadra, sólo mírenlos. Se ven muy competitivos.

A mí me parece normal, quieren la aprobación del cerdo súper desarrollado —dijo Veemon con la misma indeferencia ante el tema y salió corriendo con uno de los platos para su asqueroso y repugnante amigo digital.

Los demás lo siguieron hasta donde se encontraba Numemon y comieron junto a él, aunque en más de una ocasión sintieron que era necesario alejarse para no vomitar por lo grotesco que resultaba estar frente a él. Todos guardaron silencio con respecto a eso para no herir más los sentimientos de la patata mimada, especialmente porque el peliazul lo había solicitado. El almuerzo transcurrió de cierta manera tranquilo, pero cuando estuvieron a punto de finalizar, algo los sacó de su ambiente tranquilo. En la sección de los carritos de comida se podía ver claramente que había una disputa entre tres Digimon: Gazimon, Palmon y Shoutmon. La situación creció tanto que entre los mismos Child se comenzaron a atacar.

Vamos Ewy —Hanz sintió una especie de vacío cuando dijo eso pero no dejó que lo distrajera de su misión actual—. Hay que detenerlos.

Ambos, sin perder el tiempo, llenaron sus manos con una base de datos que los terminó por envolver hasta que pasaron a tomar la morfología de los guerreros del trueno y del hielo. Por fortuna, no había gente junto a ellos gracias al repelente llamado Numemon, cosa que agradecieron ambos en ese momento. Sin más, ambos Digimon salieron en dirección hacia los carritos para intentar mediar la situación. El Taomon simplemente los observó con una sonrisa ladina, si seguían así iban a terminar imposibilitados para hacer sus alimentos y entregárselos a Vikaralamon.


M Maiku esos tres restaurantes quedan fuera. Así nos podemos ir centrando en los que queden al final. Y obvio el culpable fue el Taomon (aunque uno más de otro restaurante como cómplice ayudaría). Si quieres puedes poner que dentro de la misma pelea dos Adults se meten y todos sus carritos terminan como mierda y por eso ya no pueden hacer más comida.

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A pesar de la rápida intervención de los Hybrid, los partícipes del pleito lograron dañar sus respectivos carritos o alimentos con su pleito, pasando a llevar el de Agnimon en el proceso. Obviamente, eso desencadenó que el descendiente del guerrero ígneo abandonara su temple, poniéndose a lanzar llamas en dirección a los Child, sin importarle si daba con los “humanos” en el proceso. Vikaralamon observaba todo, ensanchando aún más su característica sonrisa, gratamente sorprendido porque sus escoltas fuesen peculiares y tuvieran acceso a la Spirit Evolution. Sí, al igual que otros sirvientes de la Holy Beast, estaba bien informado de los sucesos ocurridos en el último tiempo, siendo uno de los tópicos más interesantes para él los nuevos tipos de evolución descubiertos. Blitzmon no tardó en lucir su nueva técnica defensiva para cubrir a su compañero gélido, quien se dedicó a inmovilizar a Palmon, Gazimon y Shotmon con su aliento, pues apenas les daban la espalda volvían a iniciar un altercado, impulsados por los delirios de aquel concurso y la injusta descalificación que sufrían. Taomon y los demás no perdieron tiempo en mover sus carros o protegerlos con alguna técnica defensiva, centrándose en seguir preparando sus platillos mientras el resto causaba un alboroto.

Al cabo de unos minutos, Chackmon logró aprisionar a los de menor etapa y ayudó a su homólogo a luchar contra el dueño del restaurante hindú. Como era un dos contra uno, sumado al hecho de que se notaba a leguas que el ígneo no tenía mucha experiencia combatiendo, no tardaron mucho en detenerlo a él también. Lamentablemente, cuando Blitzmon logró agarrarlo con una especie de llave, seguramente idea del germano, Agnimon pateó con brusquedad su propio puesto y terminó por calcinarlo. El oso polar intentó detener el fuego, siendo incapaz de salvar la comida. El afectado se libró del movimiento del bicho acorazado y cayó de rodillas frente a su desgracia, culpándose a sí mismo por haber perdido la calma frente a la estupidez de sus competidores. Avergonzado por su actitud, el descendiente de AncientGreymon se disculpó con los presentes, no sin dedicarle una mirada asesina a los tres responsables de que dicho pleito se originara, retirándose cabizbajo. Por seguridad, Blitz y Chack esperaron a que se retirara para soltar a los otros tres, a quienes también mandaron devuelta a sus locales cuales padres reprimiendo a su hijo por portarse como pendejo en público.

Una lástima que se perdiera tanta comida por una pelea —rió el cerdo, una vez el par de Juttoushi se vio libre—. Puedo preguntar, ¿cómo es que evolucionan a Digimon?

Quizás luego —fue Chackmon quien respondió, manifestando su desconfianza hacia los chef. El Deva no hizo más que volver a carcajear, entendiendo la razón.

Menudos tarados —gruñó el insectoide—, todo por un poco de fama.

Dicho aquello, ambos volvieron a su etapa humana, viéndose algo cansados por usar la evolución de manera tan espontánea. El cerdo no pasó eso por alto, por lo que no tardó en sugerir a los cocineros restantes que cocinaran también para ellos, por agradecimiento a sus servicios, cosa que el público interpretó como una “segunda etapa” con “más jueces” o algo por el estilo. No pasó mucho para que Burgamon se dijera a sí mismo que haría su mejor platillo, obviamente con el afán de ganarse la aprobación de los cinco en el supuesto jurado, cosa que gatilló una tensión más fuerte en su competencia, menos en la única Child restante quien se tomaba todo el tiempo del mundo para amasar sus postres o batir lo que tuviera que cocinar.

Numemon se regodeó con todo lo que acontecía, pues por fin podría participar activamente en la quest, aún en esa forma supuso que tendría las papilas gustativas como para juzgar los platillos. Por su parte, los otros tres solo esperaban que todo estuviera rico, pues tenían que reponer sus energías en caso de que la evolución fuese necesaria nuevamente. Así, el primero en terminar su as bajo la manga fue Ponchomon, esta vez, quien se acercó con un plato característico de México. Trataba de unos tacos, pero no cualquier tipo de ellos, sino que unos cocinados al vapor con un clásico contenedor cubierto en madera, dándole un toque elegante a la presentación. Expresó que su platillo contenía carne de cabeza, cuyo sabor era un poco más fuerte y chicloso que otros tipos de cultivos de la granja. Sirvió dos porciones en cada plato de los de Gungnir, seguido de una docena en el que correspondía al Deva. Acompañó los mismos con trozos de queso, chile picante, un poco de guacamoles para el que lo deseara y, por último, un shot de tequila para cada quien. Expresó que la preparación fue realizada con especial cuidado, añadiéndole su secreto especial, que se rehusó a revelar.

Pronto, el “jurado” se aburrió de las explicaciones y procedió a degustar, obteniendo diversas reacciones. Vee no tardó en ponerse rojo, empezando a gritar por agua y casi atragantándose cuando tomó el tequila para intentar pasar el ardor del chile, nunca en su vida había probado esa cosa y no podía creer que quemara hasta el alma. Ewain actuó casi igual, pero más recatado que el dragón, pues en su país natal tampoco se acostumbraba a comer ese tipo de cosas y las pocas veces que había probado los tacos, no había sido con un picante tan fuerte. Eso sí, apreció la textura del platillo, quedando satisfecho con el mismo. Hanz y Vikarala lo comieron como si nada, al punto en que pareció que pedían más, pues su apetito era grande. Finalmente, Numemon se retorció con su gelatinoso cuerpo, entrelazando sus ojos en el proceso, visiblemente fascinado con la delicia que estaba probando. No pasó mucho para que liberara un gemido de placer, viéndose transportado a los cielos, donde un montón de Angewomon le acariciaba y le conducían hacia el lugar sagrado donde Yggdrasil guardaba la felicidad eterna.

Parece que no te fue muy bien —rió por lo bajo el taoísta, deprimiendo al cactus fantasmagórico con su comentario—. Mejor suerte para la próxima.

Bueno, al menos lo di todo —confesó Ponchomon—. Gracias —se dirigió especialmente al moco, quien sonrió algo colorado.

La siguiente fue Mermaimon, abalanzándose sobre los cinco apenas vio que el otro Digimon se apartaba. Ella presentó un platillo típico del mundo humano, pero que no muchos gustaban, explicando que era compuesta por mariscos, legumbres y carne. Este se llamaba curanto y llamó la atención de todos que su carro estaba hecho un desmadre, como si hubiese tenido que colocar muchas cosas sobre la comida. Notando aquello, la sirena explicó que su preparación era complicada y que tuvo que adaptarla a la situación, esperando así que esperaba que lo disfrutaran.

Al rato, las reacciones de los comensales no se hicieron esperar. Tanto Vikarala como Ewain mostraron mala cara, el primero por haberse comido los mariscos con concha y todo, al no verse en la posibilidad de sacárselas; mientras que el segundo los encontró con un sabor extraño y poco agradable. Von Kaulitz volvió a comer como si nada, sin expresar comentarios, aunque en su mente se mantenía en la idea de que Blake cocinaba mejor que los dos cocineros que habían pasado. Finalmente, Numemon y Vee se rehusaron a probarlo, ya fuese porque lo consideraban apestoso o porque sería irónicamente caníbal para el verdoso. Mermaimon chistó, molesta con sus reacciones.

¿¡Cómo son jueces de un concurso y no prueban el platillo!? —gruñó, con puño en alto.

¿Concurso? —Vikarala soltó la obvia pregunta que sus escoltas se habían hecho rato atrás, ladeando un poco su cuerpo en consternación. Con ello, terminó por casi aplastar a un transeúnte que observaba curioso el evento, salvándose solo porque su compañero digita le advirtió a tiempo— Yo solo quiero probar su comida.

Acéptalo, pescadito —bufó Taomon—, ya perdiste.

Pero qué mal gusto tienen —manifestó la Perfect, mas se abstuvo de decir otra cosa para no iniciar alguna especie de conflicto con el Deva. Bien sabía ella que era poderoso, aunque en el fondo, reconocía que no pensó en que no podría sacarle el caparazón a los moluscos—. Jódanse —sentenció.

Una situación similar ocurrió con Rinkmon y Gargomon, quienes se empecinaron en mostrar sus platillos sirviéndolos como hacían en sus propios restaurantes. El primero, en su afán de hacer piruetas, terminó tropezando con una roca que “accidentalmente” había aparecido en su camino. Esto terminó en que botara su platillo de papas a la boloñesa, aunque el Deva alcanzó a degustarlas interceptando uno de los mismos en el aire. Obviamente, el patinador digital se frustró con su estúpido error y se auto-adjudicó una descalificación por no haber cumplido con entregar su comida a todos los jueces. Aparentemente, el azulino era tan honorable como Agnimon en ese sentido, aceptando su derrota sin que nadie le dijera nada. El caso de la gárgola fue peor, pues se había empecinado en cubrir los ojos de los comensales para que probaran su Ratatouille, sin embargo, no logró su cometido ni con la inmensidad del Deva ni con los ojos viscosos del Patanume. Lo peor de todo, fue que el Armor se empecinó en lograrlo, buscando diversas formas de unir las telas que había traído consigo. Cuando aceptó su derrota, su comida estaba fría como un témpano, por haber demorado. Taomon rió por lo bajo, una vez más.

Blake no pudo evitar notar la constante actitud del Perfect restante, encontrando algo sospechoso que siempre mantuviera sus manos fuera de vista de ellos y que, ocasionalmente, observara a su competencia con recelo. ¿Tendría algo que ocultar o solo estaba siendo paranoico? Por su parte, el germano pensaba que el zorro humanoide era una versión más alta del Strabimon castrante que conoció días atrás y, cuando se aburría, se entretenía pensando formas en cómo torturarlo. Parecía quedar un poco de tiempo para la siguiente ronda de comida, quizás porque los mismos chef, expertos en lo suyo, esperaban a que el resto digiriera un poco lo recién probado para que disfrutaran al máximo sus propios platillos. De hecho, fue Sistermon quien propuso un descanso de quince minutos al jurado, cosa que aceptaron todos los presentes de forma unánime, arreglándoselas para utilizar ese tiempo a su favor (en el caso de los chef).

Hanz —habló Ewain, reventando la burbuja mental de torturas que tenía el aludido—, explícame lo del comunicador —pidió.

No es nada importante —se cruzó de brazos, mirando a otro lado. Ni él mismo entendía bien por qué había terminado regalándole el comunicador que le sobraba, aunque sí sabía a la perfección lo que gatilló ese sentimiento de necesidad. Intentó buscar a alguien con quien hablar, para evadir el tema, pero Numemon y Vee conversaban amenamente con el cerdo, quien les contaba aventuras de él y sus compañeros—. Tsk.

Te lo devolveré, entonces —sentenció.

Que no. Es un regalo —la mirada del escocés mostraba que no iba a ceder, al menos hasta saber la razón—. Joder, ¿acaso no puedes aceptar uno porque sí? —Blake frunció el ceño, mas cuando hizo el amague de responder, el germano se le adelantó— Un año —dijo, descolocando al otro—, hace un año nos dimos... esto, tuvimos… nuestra primera quest juntos.

Von Kaulitz no toleró sostener la mirada con Wilson, quien se mostró abiertamente sorprendido con aquel detalle del azabache. Exactamente hacía un año, la dupla se había embarcado en una misión para ayudar a Alessa Bellini a encontrar noticias jugosas para el Tengu. Fue allí cuando Hanz y Ewain empezaron a coquetearse el uno al otro por primera vez, obviamente siendo el primero quien tomó las iniciativas impúdicas, al punto en que lo besó cuando estuvieron en el bosque entrevistando a Geckomon. El portador de Chackmon no supo qué decir, sintiendo que un nudo se le formaba en la garganta a medida que su corazón palpitaba. Sentía la necesidad de conversar con el chico, pero por otro lado, la imagen de lo sucedido con Raisa le impedía hacer cualquier cosa. Antes de que pudiera decidirse, Burgamon anunció que el descanso terminaba y que él seguía en la cola de la competencia, cosa que volvió a descolocar a los “jueces”. Vikarala no pudo evitar escuchar esa conversación interesante entre los humanos, se notaba que siempre estaba atento a su entorno con esa sonrisa confianzuda, mas pronto dirigió su atención al platillo presentado por el chef.


Takerudark Takerudark te tocan los restantes (Burgamon, Sistermon, Meramon y Taomon) y el pleito ese.
Feliz aniversario atrasado y no canon (?)
 
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Les presento el Sándwich Supremo —Burgamon enseñó un emparedado de tamaño considerable a los “jueces” y al cerdo gigante. Se veía delicioso, pues traía lo que un platillo de ese tipo llevaba y algunos ingredientes más que lo hacían ver bastante apetitoso. Dentro de las novedades, el escocés notó que el sándwich estaba bañado en una especie de adobo rojizo, lo cual lo hacía ver muy atractivo. El Digimon hamburguesa no tardó en cortar una pequeña porción para los cuatro amigos, dejando la mayor parte para Vikaralamon.

Tanto Ewain como Hanz lo probaron primero, poniendo una cara neutra al sabor. Si bien estaba bueno el platillo, la salsa hacía que perdiera el sabor que uno se esperaba al comer algo así. Posteriormente, tanto el moco como el ser azulino casi escupieron el emparedado por el picor del adobo, traía mucho condimento y no fueron capaces de soportarlo del todo bien, a diferencia del escocés y del alemán. Aunque Blake había sufrido con una de las comidas anteriores, el sándwich lo soportó mejor por alguna razón que ni él entendía del todo. Vikarala, sin embargo, disfrutó la comida aunque sufrió el mismo destino que los otros dos entes digitales: la salsa que bañaba el grandioso emparedado terminó por hacerlo toser un poco, lo que desencadenó un leve temblor en la ciudad que alertó un poco a todos los que estaban cerca del Deva.

Parece ser que también quedas fuera —el Taomon tenía los ojos cerrados pero sonreía con satisfacción. Meramon lo miraba desconfiado desde el otro lado junto a su carrito, lo había visto comportarse de manera muy extraña desde que había comenzado la competencia y no dejaba de pensar que él tenía que ver algo con todos los sucesos que ocurrieron a los demás concursantes.

La siguiente en presentar un buen platillo fue la adorable Sistermon Blanc, la cual no dejaba de canturrear mientras le daba el toque final a un bonito y delicioso pastel de tres leches. El decorado del postre era realmente espectacular, había tardado una muy buena parte del tiempo en hacer eso, algo que ni Ewain ni Hanz le veían caso porque terminaría en sus estómagos. El escocés sabía que las cosas tenían que verse buenas antes de comerlas, pero ponerle tanto esfuerzo a algo que sería devorado en un simple bocado… Repartió rápidamente los pedazos de pastel a cada uno de los, en teoría, jueces y los comieron sin ningún pero. Numemon fue el único que de verdad pudo apreciar la hermosura que le acababan de dar en el plato y su exquisito sabor. Como buen conocedor de todo lo dulce, quedó encantado con lo que probó y se lo hizo saber a la Digimon, la cual solamente pudo agradecer y alegarse un poco antes de que el moco verdoso decidiera saltarle encima como si fuera todavía un Patamon. Veemon también disfrutó el postre como su Tamer, quien escondió todo lo posible su cara de felicidad; al final seguía creyendo que el escocés tenía mejor mano para eso, sin embargo, los dulces eran su debilidad oculta. Fue Ewain quien hizo cara de no estar a gusto con lo que tenía en su boca, era demasiado dulce para su gusto y terminó por darle el resto a su compañero digital, quien lo recibió sin ningún problema. Vikaralamon tragó con rapidez todo lo restante de la torta y fue tan rápido todo que no supo qué decir realmente del sabor. Lo poco que pudo rescatar lo retocó con unas buenas palabras para que la chiquilla no se sintiera mal. Ella, aunque no estaba del todo contenta con el resultado, sonrió satisfecha con saber que no fue su “eliminación” como la de sus otros compañeros. Tanto ella como Meramon estaban conscientes de lo sospechoso que era Taomon, ninguno confiaba en él y no dejaban que siquiera se acercara a sus carritos de comida.

Cuando Meramon se dispuso a presentar su carne asada, la bañó con una salsa pero notó que había algo raro en ella. La olió y se percató que era picante en lugar de una con poco condimento. Molesto, tiró el plato al suelo y explotó en llamas por el coraje de lo que estaba sucediendo.

¡Tú! —señaló al Perfect— Por tu culpa mi comida es un asco ahora. ¡Ya verás, zorro de mierda!

No sé de qué me hablas y te pido que controles tu temperamento —dijo con una sonrisa ladina y un tono de prepotencia que hasta Vikaralamon pudo sentir hasta donde él se encontraba—. ¿No tienes pruebas, o sí?

Meramon se quedó callado y furioso, canalizando todo ese sentimiento en sus puños, los cuales incrementaron levemente de tamaño por la cantidad concentrada de fuego en ellos. Sin esperar a más, se lanzó de inmediato contra Taomon, quien hizo un movimiento con sus manos e invocó su característico escudo con base del ying yang. El Burning Fist de Meramon colisionó contra la burbuja de Taomon pero nada sucedió. El zorro amarillo reaccionó rápido y deshizo su defensa para lanzar posteriormente una cantidad considerable de sellos en papel que explotaron al contacto del fuego de Meramon. Los carritos de ambos Digimon empezaron a sufrir las consecuencias, mas el Digimon ígneo mostró cero interés en eso, al contrario de Taomon, el cual, molesto, utilizó su Ippitsu para golpear al Adult.

Tenemos que detenerlos —dijo Hanz dispuesto a intervenir de nuevo en aquellos pleitos, mas Veemon lo detuvo.

Primero evolucióname —la mirada del Digimon se mostraba decidida.

Éste asintió y usó su digivice para transformar a su compañero hasta la etapa Perfect, dejando salir a un Digimon que Ewain no había visto hasta el momento, significando una simple cosa: Hanz ya era expert. Paildramon salió al ataque mientras el germano se convertía en Blitzmon en unos segundos, dejando atrás al escocés y a su moco verde. Éste lo observó suplicante y Ewain no supo qué hacer, mas al final accedió a evolucionarlo por si en algún momento de la pelea podía ser de utilidad. Una luz envolvió al molusco y se transformó en una criatura completamente nueva para todos los presentes: GoldNumemon. Un monstruo muy similar al anterior hizo acto de presencia, sin embargo, éste era diferente en el sentido de que tenía alas y despedía un brillo ciertamente extraño y dorado de su cuerpo. Unas alas se extendieron de la misma tonalidad y una especie de collar apareció alrededor del ¿cuello? del Adult. Sin más, Ewain evolucionó a Chackmon y corrió en auxilio de su congénere y su Digimon. Al parecer, Hanz había logrado separar al Adult y el Perfect con trabajos, pues éstos insistían en seguir peleando. No obstante, los Digimon terminaron encontrándose de nuevo e ignorando por completo al guerrero eléctrico. GoldNumemon al ver que el germano no iba a poder hacer que pusieran una distancia entre ellos de una manera amable, tiró una enorme y pestilente caca hacia Meramon, la cual dio de lleno en su cuerpo y lo distrajo lo suficiente para que Chackmon hiciera lo mismo con unas bolas de nieves contra Taomon, siendo seguido por Blitzmon que utilizó su Magnetic Field para desbalancearlos y elevarlos. Fue entones que Paildramon intervino y empujó con buena fuerza a cada uno de los Digimon, sin lastimarlos, para evitar que continuaran con su riña.

¿Qué ha sucedido? —exigió saber Chackmon con dureza, como si se tratase de dos soldados que peleaban cuando deberían de estar trabajando en equipo.

¡¿Crees que no me he dado cuenta de tu extraño comportamiento, zorro malnacido?! —gritó el Digimon ígneo.

En lo alto, Vikarala observaba sin decir mucho pero con una sonrisa ancha, se notaba que estaba teniendo un poco de diversión con el asunto, mas no dudaría en intervenir de creerlo necesario. Meramon comenzó a intercambiar una serie de insultos contra el Taomon, quien al defenderse, se los regresaba igual de duros como los recibía. En un momento dado, fue el Digimon taoísta quien exigió pruebas de las acusaciones que lanzaban todos los presentes, pues en un instante, todos los dueños de los carritos y los concursantes se habían concentrado en ese lugar. Más de uno aseguró haberlo visto haciendo trampa con alguno de sus compañeros, pero no había manera de ponerlo en evidencia, al menos no hasta que Vikaralamon habló.

Dejen de acusar sin razón. Por ello, ahora sufrirán mi técnica más fuerte: Bonhit… —el pincel ya había sido desenfundado pero algo lo interrumpió.

Es suficiente —soltó con una “pequeña risa”—. Me he divertido bastante pero es hora de que dejen sus juegos de niños. No los detuve antes porque me estaba entreteniendo, pero creo que ya han pasado el límite. Taomon, ¿por qué lo has hecho?

Tsk, no sé de qué hablas —fingió demencia el acusado al tiempo que bajaba el pincel.

Entonces supongo que tus espíritus no tuvieron nada que ver con el sabotaje que obtuvo el 90% de tus compañeros y cocineros, ¿no es así? —lanzó el cerdo. Taomon, sin decir más, comenzó a ponerse nervioso por lo que estaba diciendo el Deva—. Teniendo el tiempo que yo en este mundo, me sé de memoria los ataques de muchos Digimon, incluyendo los tuyos. Sé que eres capaz de invocar unos shikigami que son invisibles para la vista de todos y que siguen tus órdenes. No es de extrañar que sustituyeras alimentos, entre muchas otras cosas.

Hanz no sabía exactamente a lo que se refería el cerdo con shikigami, pero fue Ewain el que le terminó explicando que eran una especie de espíritus que su especie era capaz de invocar y controlar, ya sea por medio de un humano o animal, o incluso materializándolos en ese mundo. A veces éstos podían ser invisibles al ojo humano y de los Digimon, pero gracias al Digimon observador, podían estar seguros de que decía la verdad.

De cualquier manera, yo soy el que ganará —afirmó con una cara de pocos amigos, estaba enfadado.

¿Ganar? Creí haberlo dicho antes, esto no es un concurso —el temple de Vikaralamon pasó a ser uno un poco más serio por la amenaza del Perfect—. Además, si a esas vamos, lo que más me ha gustado hasta ahora han sido los churros de Falcomon.

Todos, sin excepción, quedaron con la boca abierta. ¿Era en serio lo que decía aquél Deva? Ninguno podía dar crédito a lo que estaban escuchando y, más de uno, se fue indignado con dicho comentario. El cerdo soltó una carcajada por el desenlace que había tenido el dichoso “concurso”, al final todos consideraban que había sido una pérdida de tiempo aunque él no lo veía así, pues había logrado cumplir con su objetivo inicial: comer cosas de los distintos establecimientos del lugar. Una vez quedaron solos nuevamente, Vikaralamon agradeció a sus escoltas de ese día, los cuales ya estaban en su forma humana nuevamente junto con sus Digimon en etapa Child.

Me sorprende que ustedes sean capaces de usar los juttoushis —empezó a decir el Deva, llamando la atención de los presentes—. Y por cómo trabajan en equipo, creo que les darán un buen uso. Muchas gracias por su hospitalidad, pero es momento de que me vaya yendo.

Eh, cerdo —el alemán hizo una seña para que el Digimon gigante volteara a verlo—. No destroces nada en tu regreso a casa.

Vaya, pero qué chiquillo tan irrespetuoso —soltó una carcajada por el comentario—. No cabe duda que los humanos son entes muy interesantes, sobre todo cuando se complementan tan bien.

Dicho esto, el Deva comenzó a retirarse del lugar, intentando no destrozar nada en el camino pero fallando. Tanto el escocés como el germano se quedaron pensativos con respecto a lo que dijo su protegido, pero no tuvieron tiempo de reflexionarlo mucho porque Numemon comenzó a brillar intensamente.

—¿Patamon? —la luz brillante elevó al moco verdoso y explotó levemente, dejando después ver cómo la patata caía al suelo con el físico de siempre.

—¡Al fin! —gritó al tiempo que se le lanzaba a su Tamer y no era rechazado. Esta ocasión fue recibido con los brazos abiertos del escocés al no ser el Digimon desagradable que había sido durante varias horas en el último día.
 

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Narrativa
¿Qué puedo decir? Se notó que le pusieron bastante empeño y cuidaron de principio a fin los detalles de su narración y ortografía, siendo las de ambos una lectura de lo más amena y fluida, como de costumbre. Para haber sido ocho posts, de buena longitud, uno esperaría que hubiera errores de tipeo o cosas por el estilo, pero lo único que pude notar fue un "Chakmon" mal escrito por parte de Maiku, nada más. Así que del resto no tengo más que decir, los dos gozan de un nivel alto y de una narrativa envidiable. 25/25

Interpretación
Si hay algo que me gustó bastante de la misión es el modo en que respetaron este rubro, especialmente con el impecable manejo que tuvieron de Vikaralamon. Incluso me cayó bien el cerdo, cuando es el Deva al que menos prestaría antención, pero gracias a ustedes The Boar se me hizo de lo más agradable y bonachón, tal cual viene especificado en su ficha (y miren que difiere enormemente del trato que yo tuve con mi Deva -le da un tic(?)-). En fin, del manejo de sus personajes evidentemente no hubo problema alguno, se conocen desde hace tiempo y supieron cómo sobrellevar las tensiones que existen entre ambos, sin forzar ninguna situación. Y ya se imaginarán lo mucho que me reí por el asunto de Nume-patata, aún en esa forma no dejó de ser castrosa. Sobre el resto de NPC's improvisados (los cuales fueron bastantes, doce en total), los felicito, a cada uno le dieron su momento -a unos más que a otros, pero igual- y la especie/tipo del Digimon fue acorde a la comida que era su especialidad, lo cual fue una de las cosas que más me gustó, la variedad gastronómica y el que supieran cómo darle su momento a cada uno de los chefs. En lo personal, me habría gustado ver más al Gazimon italiano, pls usénlo en otra quest(?). 25/25

Realismo
Acá realmente no había mucho por donde volarse la realidad, a pesar de ser una B, los objetivos a cumplir eran "sencillos", y lo único que podría haberles complicado un poco era el inmenso tamaño de Vikarala transitando por todo el distrito culinario. Era evidente que no existía otra forma de evitar que el cerdo destruyera parte de las calles y los establecimientos si no cambiaban un poco el primer objetivo, el cual era "escoltarlo". Así que por ese lado estuvo bien planeado y me gustó que fueran los chefs quienes se acercaran al Deva, lo que aún no termino de entender -y esto quizás porque no se aclaró muy bien dentro de la quest- es, ¿de dónde salió la idea de que era un concurso? ¿O es que los chefs siempre mantienen ese concurso entre ellos? Entiendo que la misión establece que son competitivos, pero incluso antes de saber que los otros restaurantes también estarían alimentando al Deva, algunos ya mencionaban la idea del concurso tanto a Hanz como a Ewain. Es un detalle quizás menor, pero me gustaría mencionarlo para que se tenga en cuenta para futuras misiones donde pueda perjudicar más. Lo otro que quiero mencionar es que cuando deciden intervenir para detener a los tres Child, dicen que realizan la Spirit Evolution cuando nadie los ve, lo cual no se me hace muy creíble debido a que había más personas curioseando la muestra gastronómica, aparte que la figura de Vikarala llama mucho la atención. Lo único pasable fue que el Deva, por su instinto observador, lograse ver a los humanos evolucionando, pero no justifica qué onda con el resto de los presentes. Acerca de la pequeña disputa que hubo tampoco tengo objeciones, me parece que hicieron un buen manejo de sus fuerzas sin sobrepasarse con los cocineros. 23/25

Desarrollo
Llegado a este punto no tengo mucho más que decir, me agradó bastante la quest y estuvo entretenido todo el asunto de la rivalidad entre los chefs, además del problema gelatinoso de la patata inútil. Se dieron el tiempo para recorrer el sector culinario, conversar con los encargados de cada establecimiento y servir de escoltas mientras Vikaralamon degustaba cada platillo (aunque en realidad no alcanzó a probar todos por ciertos incidentes, y la misión pedía que comiera absolutamente de todo). Y siendo franca no esperaba que la mejor comida para el cerdo fueran los churros de Falcomon, por lo menos el búho salió ganando de algún modo. Sobra decir que me gustó mucho que Taomon fuese el "malo" de esta quest, pues generalmente lo vemos como un Digimon correcto. Y bueno, no tengo más que decir, pues esta misión también contribuyó a limar un poco la tensión entre sus personajes, teniendo una escena ghei de por medio que me hizo recordar que fui yo la que les evalué la quest donde se conocieron. d'aww<3. 24/25


Evaluación: 97/100
Paga: 435 bits

+4 puntos de fama a ambos
Veemon: +1 EVO, +1 STR, + 10% Blast Gauge
Pat... Numemon: +1 EVO
Chackmon & Blitzmon: +1 ATK c/u

Recompensa: Carta "Yaksha Armory - Bao Lun [Boar]"​


M Maiku Takerudark Takerudark sus fichas se actualizarán en breve~

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