Rol The invasion of experiments

Moderador
Antes que nada aclaro desde ahora que este es un FC planificado con anticipación con otros usuarios, así que todos los cupos ya están llenos por 6 usuarios específicos. No habrá excepciones.

THE INVASIÓN OF EXPERIMENTS​


Todo el mundo conoce y recuerda a los 8 elegidos que salvaron al digimundo y al mundo real tras derrotar a los Dark Masters y Apocalymon. Sin embargo durante esa época pocos saben que existían más elegidos dispersados por todo el mundo cuyo papel se limitaban simplemente a héroes locales con digimons que no sobresalían más allá del nivel campeón. Sin embargo durante ese tiempo de inestabilidad varios digimons sirvientes de los Dark Masters llegaban al mundo real en plan de conquista, y aquellos héroes locales se encargaron de defender la tierra mientras los ocho elegidos principales se encargaban del enemigo principal en el digimundo.
En una ciudad en particular 5 elegidos o héroes locales se unieron para derrotar a un considerable número de digimons que deseaban conquistar el mundo real en nombre de los Dark Masters. Luego de una gran batalla los 5 elegidos resultaron victoriosos, y se supo que en el digimundo los Dark Masters y Apocalymon también habían sido finalmente derrotados. Desde ese momento los 5 elegidos locales se volvieron los mejores amigos.
Un año después, luego de un tiempo de paz, todos los elegidos del mundo reciben la noticia de que las 4 bestias sagradas (las cuales posees el total control de la entrada y salida entre ambos mundos) han decidido que todos los compañeros digimons deben regresar al digimundo permanentemente ya que el peligro había desaparecido. Sin embargo misteriosamente solo en aquella ciudad comienzan a aparecer nuevamente digimons salvajes que atacan y causan destrozos al azar. Las cuatro bestias sagradas deciden permitir que los 5 elegidos de esa ciudad conserven a sus digimons temporalmente hasta resolver aquel misterio averiguando como esos digimons llegan al digimundo a pesar de que las bestias sagradas mantienen la entrada cerrada.

La líder por el momento es Soncarmela XD

-Nada de spam, flood, etc.
-No de insultar a otros usuarios*
-Minimo postear 2 veces por semana con post no menos de 15 reglones
-Revisar muy bien la ortografía
-No se permiten personajes invencibles o que ganen sin esforzarse, la dificultad de la batalla lo decide el líder del FC
-Es indispensable ser responsable para este FC como para cualquier otro.
-En caso de ausencia temporal por favor avisar por MP
-Si un personaje es abandonado por más de 10 dias, el líder del FC tomará control de él o elegirá a otro usuario para hacerlo, sin lugar a reclamos.
-Por favor, no aparten cupos, recuerden que los cupos ya están apartados para 6 usuarios en particular, y por eso mismo traten de no tardar demasiado en poner su ficha.
-Este es un FC simple y de prueba, por lo tanto no se admitirán parejas o romance.*
-Prohibido inventar digimons enemigos y poderosos de improviso.
-De tener una idea o sugerencia para la historia, mencionarlo por MP.
-Si rompes cualquiera de estas reglas serás expulsado del colectivo sin queja alguna y de forma automática
-Divertirse con este experimento


ACLARACIONES

-Son 6 cupos que ya estuvieron reservados desde antes de crear el tema, no existirán cupos extras.
-Ya que esta historia se desarrolla de forma posterior a Digimon Adventure 01, el público tendrá conocimiento de los digimons pero de forma escasa y limitada.
-Se puede usar a cualquier digimon, aunque sé que ya se eligieron a todos.
-Todos están obligados a utilizar el digivice de Adventure 01, pero pueden cambiarle el color a gusto.


FICHAS

Nombre:

Apellido:

Edad:*(15-17)

Digivice:*Solo es necesario especificar el color, pero si desean usar una imagen pues mejor (repito: obligatorio digivices de Adventure 01)

Personalidad:*

Historia:*En lo que respecta a la vida personal limítense a decir solo lo necesario para el FC, (recuerden que se están utilizando personajes Oc que los 6 usuarios ya conocemos) no pongan demasiada historia con parientes ya que no se usarán en la historia, casi todo será sobre los personajes Oc como equipo.

Apariencia:*En spoiler

Extras:

Digimon:*

Línea evolutiva:*Solo una línea evolutiva sin alternaciones. (Si usan imágenes mejor)Y solo hasta el nivel mega, sin supermegas, o para ser más preciso, sin una fase posterior al mega. Sea cual sea el digimon que elijan el poder será equitativo al de los demás.*

Personalidad:

Extras:



Solo por si acaso mencionaré a los otros 5 usuarios:*@Acero_la12*@ElohimEditor*@Soncarmela*@Hikari Motomiya*@Luigi Yagami

Puesto que los seis usuarios de este rol ya pusieron sus fichas, no es necesario que lo hagan de nuevo. A continuación en Spoiler pondré cada una:

Nombre: Nahila

Apellido: Aizawa

Edad: 15

Digivice:

Personalidad: Se enfada con facilidad. Le gusta asustar a los demás y gastar bromas, aunque no son bromas normales. No soporta que los demás insulten a sus compañeros y los defiende a su manera. Lleva una navaja en el bolsillo para acobardar a los molestos. Le encanta la tranquilidad, sentarse en la sombra de un árbol y que la dejen en paz cuando necesita estar a solas. Es sádica, algo introvertida y sincera. No le gustan los chicos machistas y que se las dan de duros. Muchas veces pelea con su digimon por tonterías como apuestas, personajes de un libro o una palabra que significa una cosa y es otra. Le cuesta bastante hacer amistades y confiar en los demás. Y le dan pánico los insectos.

Historia: Se crío en una familia normal. Fue la primera en nacer y a partir de los cinco años su madre se quedaba embarazada cada año. Es por ello que tiene nueve hermanos. Su padre trabaja en la obra y su madre, como muchas de las mujeres, se dedica a los niños y a la casa. Nahila es una chica sencilla que ha tenido que aprender a defenderse. Muchos de sus compañeros de clase la insultan, y es por eso que ha creado un libro de torturas, que aún no ha puesto en práctica. Después de recoger un objeto extraño y que una cosa hablante se comiera el almuerzo que le había preparado su madre, Nahila supo que se había convertido en una niña elegida. Desde ese momento tiene más confianza en sí misma. Los únicos amigos que tiene son el grupo de niños elegidos.

Apariencia:*



Extras: Prefiere estar por la calle que volver a casa, debido a que tiene nueve hermanos menores que la vuelven loca. Por eso discute bastante con su familia. Cuando eso ocurre, se va con Coredramon a volar por los aíres y así despejarse un poco.

Digimon: Dracomon

Línea evolutiva:*

Personalidad: Burlón, al igual que su tamer, bastante extrovertido, simpático, sonriente. Consigue hacer amistades con facilidad. Aunque desde que hay pocos digimon no puede hacer otra cosa que hablar con los de siempre. Le gusta escuchar, y dar opiniones. Le encanta llevarle la contraria a su tamer, para hacerla enfadar y verla histérica: cosa que ocurre a menudo. Es amigable, pero en las batallas se convierte en un digimon fiero y dispuesto a proteger a Nahila de cualquier enemigo.

Extras: Es un sentimental y muy sensible. Cada vez que Nahila le cuenta un problema, se echa a llorar. Y la chica se enfada, ya que es ella la que debería estar mal. Pero, sin lugar a dudas, se quieren mucho, y siempre se ayudan mutuamente.

Nombre: Nathan "Nate" Alexander

Apellido: Masters

Edad: 15

Digivice: naranja

Personalidad: Es muy astuto y no escatima en los medios para lograr sus objetivos. A simple vista aparenta ser una persona alegre, optimista y hasta cierto punto graciosa. Tiene un trato amable y cortés. Constantemente esta emanando aires de confianza a quienes lo rodean, incluso si no son sus aliados, lo cual suele utilizar como medio de provocación acompañado de picardía y sarcasmo. Sin embargo, puede llegar a ser muy dulce y cariñoso cuando alguien le inspira confianza. Frío y calculador a la hora de toma de decisiones. Frecuentemente esta con una sonrisa, con los labios cerrados, muy juguetona que le da un aspecto de total despreocupación, lo cual hace muy difícil intuir lo que esta pensando. Puede permanecer con ella mientras expresa ideas descabelladas sin el menor reparo. No obstante cuando se disgusta la mueca de alegría se esfuma y casi podría matar con la mirada; es muy difícil que llegue a este punto puesto que maneja la situación antes que suceda. Su forma de hablar y sobre todo la entonación que le da a las palabras es bastante peculiar oscilando entre dulce y amargo, ambos cargados de profunda ironía. Orgulloso y algo altanero. Nate es un chico bastante cambiante en cuanto a su forma de dirigirse a los demás. Respetuoso solo con las personas que considera dignas de respeto, burlón y sarcástico con las personas que considera menos importantes.
Le gusta hacer las cosas a su modo y sentirse siempre libre en todo lo que hace. Es de gran espíritu aventurero y guerrero, por lo cual nunca acepta la derrota y es de las personas que no se rinden jamás. Siempre da su mejor esfuerzo en lo que a combates implica sin dar un brazo a torcer.
No es de relacionarse fácil ni rápidamente con las personas debido a que es muy desconfiado y tiende a ser solitario y cerrado. Mas eso no significa que desprecie a los demás, simplemente siente que no puede confiar en nadie abiertamente, tomándolo como un riesgo.Valiente y decidido sin importar que. Nate tiene un extraño complejo de heroe casi llegando al espíritu de un verdadero kamikaze o suicida, por lo que no le importa arriesgar su vida o jugarse el cuello si lo que desea conseguir con ello es proteger a sus amigos.
A pesar de ser bastante curioso nunca muestra su curiosidad ante los demás y pretende verse desinteresado todo el tiempo.

Historia: Simple, Nate paso su vida en rehabilitacion en un hospital de Estados Unidos para recuperar la movilidad de sus piernas debido a un accidente que ocurrio a sus 5 años.*

Apariencia: Los ojos son verdes*

Extras: Odia los pepinillos y es comun verlo practicar patinaje en linea, tiene un IQ de 180 y siempre lleva guantes para ocultar sus manos quemadas.

Digimon: Agumon

Línea evolutiva: Agumon-Greymon-Metalgreymon-WarGreymon :

Personalidad: Agumon es bastante alegre a diferencia de su elegido y es un digimon bastante curioso, se considera a si mismo el mejor amigo de Nate y siempre estara a su lado, pero eso no evita que no le discuta cuando un plan no le parece seguro.

Extras: Es gloton, una de sus metas es demostrar que es el Agumon mas fuerte de todos, le gustan los videojuegos

Nombre:*Jos

Apellido:*J.M. Morns

Edad:*16

Digivice:

Personalidad:*Suele ser egoísta, tramposo. Normalmente prefiere huir de las batallas y no arriesgar su pellejo o el de su compañero digimon. Opta por pelear solo cuando es absolutamente necesario, y cuando se ve acorralado finge rendición esperando el momento para escapar o atacar a traición. Es tranquilo y ecuánime, experto en artimañas y mentiras. Se preocupa por los pocos amigos que tiene aunque a veces no suele demostrarlo. Es caballeroso porque así lo criaron y porque aumenta la efectividad de sus artimañas. Es muy desconfiado, por eso mismo su número de amigos reales es reducido, ha tenido lecciones difíciles con la confianza fuera de la familia.*

Historia:*Es uno de los principales primogénitos de la familia J.M. Morns, una familia multimillonaria de empresarios burgueses, dueños de industrias y corporaciones variadas por todo el mundo. El líder de este oscuro y ambicioso grupo familiar es su abuelo Marcos J.M. Morns. Suelen calificarse a sí mismos como la familia más poderosa del mundo.*
Jos tiene dos hermanos menores y varios primos dispersados en varios países.*

Apariencia:

Extras:*Siempre lleva una baraja de cartas consigo y las mezcla por diversión, está tan acostumbrado que es capaz de mezclarlas fácilmente con una sola mano.
Aunque siempre prefiere no pelear y no le interesa ser más fuerte, es un perfecto estratega, y un experto en idear planes.*
Todos se extrañan al ver sus inusuales ojos púrpuras. Ni siquiera él sabe porque sus ojos son de ese color.

Digimon:*

Línea evolutiva:*

Personalidad:*Poco a poco ha ido adoptando algo de la personalidad de su elegido, además al ser un Gazimon no puede evitar ser algo malicioso. Está bastante encariñado con Jos y le encanta vivir en el mundo real.*

Extras:*Casi siempre tiene unos lentes de sol. Otros digimons cercanos suelen criticarlo porque a veces le agrada usar alguna prenda humana. De vez en cuando usa un sombrero y traje a rayas pareciendo un gánster de los años 30 y 40, lo que provoca más críticas y hasta burlas de otros digimons.
Ya que Jos es su mejor amigo y le ha dado tantos lujos, haría lo que fuera por él.

Nombre: Hitomi


Apellido: Kamiya


Edad: 15


Digivice: Rojo

Personalidad: Una persona bastante enérgica, no le gusta ser subestimada por nadie, ya que su meta es siempre ser la mejor en todo lo que se proponga. Es una chica bastante enérgica y arrogante, pero no siempre es así a la hora de luchar demuestra ser madura y seria. No le gusta rendirse y siempre lucha hasta el final, aunque la situación parezca imposible y una cosa que odia es perder. No tiene el mas mínimo interés en salvar a digimundo o protegerlo, solo le interesan sus amigos y compañera. Aunque ella logra demostrar su valor en las mas duras situaciones para proteger a sus seres queridos. Es algo cabeza dura.*


Historia: Fue adoptada por una familia, no tiene hermanos y su padre adoptivo murió en un accidente. Su madre es lo único que le queda y ella la quiere mucho, lo que odia es que desde muy pequeña ha sido entrenada en diferente artes de combate para que pudiera defenderse, pero sus maestras han sido muy estrictas. Se lleva bien con sus amigos, aunque siempre se burla de los que les ocurre.


Apariencia:


Extras: Físicamente es fuerte por el entrenamiento que ha recibido. Odia ser derrotada y se deprime. Odia la comida con chile.


Digimon: Salamon.


Línea evolutiva:

Personalidad: Es igual a su compañera de presumida y arrogante, al igual de persistente e impulsiva. Le agrada estar con los comapañeros digimon de los otros elegidos.


Extras:Le gusta fastidiar a Hitomi en todo lo que puede, amabs son como rivales. No le gusta que le digan pequeña.

Ya, encontré algo que sea acorde a lo que me gusta.

Nombre: Dominique

Apellido: Marroni

Edad: 16

Digivice: Rojo carmesí. Ya le pondré una imagen

Personalidad: Es una persona bastante cerrada. Usualmente actúa como alguien frío; pero en el fondo aprecia mucho a sus allegados y seres queridos.

Historia: Dominique es un oriundo de Argentina. Al ser un estudiante de intercambio, vive por un tiempo en Japón. Pero planea quedarse a vivir allí luego de conocer a sus amigos. Piensa que tal vez, es mejor que este con sus amigos en un país donde puede tener una mejor chance de vida a las chances precarias de su país.

Apariencia:

Extras: Tiene un dilema. Piensa que matar es malo hasta cierto punto. Y ha estado a punto de matar un par de veces. Sin embargo, no lo ha hecho y duda si matará alguna vez.

Digimon: Monodramon

Línea evolutiva:

Personalidad: Es un digimon bastante cerrado del resto. Aparece cuando Dom lo necesite. Siempre le es leal a su camarada humano. Y mantiene una gran relación con este.

Extras: A pesar de su apariencia jovial; tiene una actitud bastante madura a diferencia del resto. Suele ser poco sociable; pero le agradan sus compañeros digimon y los compañeros humanos de estos.

Nombre:*Alan Guillermo

Apellido:*Pereira Alonso.

Edad:*15

Digivice:

Personalidad:*Suele ser bastante agresivo, asertivo, de espíritu libre, poca paciencia y crudamente sincero –dice las cosas a pesar de que pueda lastimar a alguien- oculta un lado responsable y afectuoso hacia sus seres más queridos, pero su carácter duro impide que lo demuestre correctamente. Tiene un fuerte espíritu nacionalista en su carácter.

A pesar de lo que denote su apariencia, es muy inteligente y calculador, cosa que le ha dado la oportunidad de ir como estudiante de intercambio a Japón.

Historia:*Oriundo de una familia de clase media baja en Mar del Plata, cuyo padre es veterano discapacitado de la Guerra de las Malvinas, su madre trabaja en una lavandería, siendo el menor de cuatro hermanos, y posiblemente el primero con posibilidades de ir a la universidad gracias a sus buenas calificaciones y empeño tanto en el estudio como en el deporte, se le da la posibilidad de ir como estudiante de intercambio a Japón, donde residirá junto a una familia con un hijo único de 11 años llamado Hanzo Nakayima, con el cual se lleva muy bien al punto de llamarlo "mi hermano menor japo".

Por lo general, se lleva bien con sus amigos, pero si estos llegan a molestarlo, no duda en demostrarlo, mas nunca les pondría una mano encima.


Apariencia:

Extras:*Fuertemente nacionalista, odia casi todo lo británico -pese a saber inglés- ; juega rugby desde los 7 años, lo cual le ha exigido un duro entrenamiento físico que le ha dado una apariencia que lo haga parecer mayor, así como una fuerza física considerablemente alta.*

Su mayor secreto: le tiene fobia a la serpientes por un incidente cuando tenía 4 años.*
Lo que más detesta: que lo llamen Guillermo; no le gusta su segundo nombre.

Digimon:*Hawkmon

Línea evolutiva:*(Aviso: usaré una digievolución OC)


Personalidad:*Contrasta bastante con la de su camarada: educado, calmado, amable, formal y maduro -un auténtico caballero-, está dispuesto a relacionarse con cualquier persona y a tratarla correctamente; no le agradan las discusiones, y casi siempre tratará de interponerse en los pleitos que Alan tenga con sus compañeros. Apoya a su camarada a cumplir sus sueños, pese a no agradarle mucho el entrenamiento físico o los regímenes alimenticios a los que lo somete.



Extras:*Tiene una gran intolerancia con lo que pueda dañar al medio ambiente, por lo que no es muy afín al urbanizado Japón; prefiere los lugares con alta presencia de vegetación. Su mayor sueño es ayudar a que los humanos aprendan a convivir con su medio ambiente.

Su defecto: en ocasiones -y con mayor frecuencia a mayor nivel evolutivo- es capaz de dejarse llevar por sus instintos de pelea y volverse muy agresivo, al punto de perder el control si se deja llevar.

Nivel: Mega.
Atributo: Vacuna.
Tipo: Caballero Sagrado; Hombre Pájaro Gigante.
Familias: Cazadores de Virus, Guardianes del Cielo, Espíritus de la Naturaleza.
Sobrenombre: El Caballero de la Naturaleza.
Técnicas:

- Llamas de Tonatiuh: Abrasa a sus oponentes con llamas de intensidad superiores a las del Sol.

- Destello del Quinto Sol: Energía solar concentrada, a manera de un Sol comprimido, sumamente brillante, que incinera todo a su paso.

- Escudo Coyolxauhqui: Un escudo de energía lunar de color azul lo envuelve y lo protege de los ataques físicos.

- Ventisca Cetl: Genera una oleada de aire gélido proveniente de su cuerpo, que congela todo a su paso. Es capaz de alcanzar el cero absoluto sin problemas.

- Carga Citlalicue: Invoca ante él una constelación de estrellas que emplea como ataque directo.

- Vórtice Meztli: Crea un torbellino de negrura espacial y oscuro brillo que absorbe a sus enemigos.

- Flores Oscuras: Crea flores ponzoñosas de cáliz oscuro y olor tóxico, que paralizan y debilitan al enemigo. Puede llegar a ser fatal.

- Aura Coatlicue: Emplea un aura de tenue color verde que posee propiedades sanadoras; puede usarla con sus aliados.

- Raíces Salvajes: Hace brotar del suelo raíces silvestres de acelerado crecimiento que apresan al enemigo hasta asfixiarlo o despedazarlo.

- Golpe Chalmécatl: Usa sus puños envueltos en un aura oscura contra su oponente; sus golpes absorben la energía del enemigo hasta dejarlo agotado o muerto.

- Plumas de Obsidiana: usa las plumas de sus alas como una oleada de plumas sumamente filosas contra su oponente.

- Espada Huitzilopochtli/Xiucoatl: es el arma que porta en su mano izquierda; que emplea como una extensión de su cuerpo, y la usa para muchos de sus ataques -aunque no siempre es necesario- Está hecha de Chrome Digizoid Negro, Rojo y Dorado.

Ataques máximos: (último recurso)

- Xochiyáoyotl/ Guerras Florales: Uno de sus ataques más brutales: similar al "Paraíso Perdido" de Lucemon; asesta una gran cantidad de puñetazos al enemigo, además de emplear las garras de sus manos y pies durante el mismo, dañando severamente a su oponente. Este ataque, además viene acompañado de un torbellino de sus Flores Oscuras que lo envuelven, agregando daño por veneno.

Furia de Aztlán: Técnica máxima; genera una potente oleada de energía reuniendo las fuerzas del Sol, La Luna, Las Estrellas, la Naturaleza y las Sombras, que libera en una tremenda explosión de alcance semejante al Dragon Collider de Dynasmon.

Cualquier cosa que requiera corregir de mi ficha, háganmelo saber por favor, en caso que haya infligido algo sin querer.

- Sé lo que dirán, pero en serio traté de buscar una mejor imagen, y esa me pareció la más normal de los que se parecen a mi personaje: las otras eran aun más exageradas. Imagínenlo menos inflado y ya.


Son todas las fichas. Ahora por favor, pido a los que tardan más, que se esfuercen en poder colocar su post en el tiempo estimado. Debido a las nuevas reglas, si volvemos a tardar más, nos cerrarán y queremos que este ROL termine tal y como ha empezado. Cada personaje tendrá una semana para actualizar, si no puede, que mande un aviso a J.M. O a mí, entonces el siguiente de turno tendrá que escribir.

El orden sigue igual: Acero_la12 Soncarmela HikariMotomiya ElohimEditor y J.M. Cuando metamos a Luigi ya veremos donde se pondrá XD

[MENTION=464316]J.M.[/MENTION] Te toca colocar tu post.
 
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THE INVASION OF EXPERIMENTS




En el digimundo en una reunión particular en el templo de Fanglong.

-Un año de paz… Es increíble que estemos tan alegres por un tiempo tan insignificante de tranquilidad –dijo Zhuqiaomon con un evidente fastidio en sus palabras.

-Después de la última crisis no deberíamos quejarnos –articuló Azulongmon, luego cambió el tema –¿cómo va la reparación del desastre que ocasionaron los Dark Masters?

-El digimundo parece estar volviendo poco a poco a la normalidad –respondió Ebonwumon –aunque aún me preocupa… la situación en la que se presentó Apocalymon

-Es cierto, Apocalymon era un enemigo que dábamos por muerto hace mucho, su regreso fue un suceso inesperado –concordó Baihumon.

-Dudo que sea algo tan complicado –habló Zhuqiaomon –existen muchas teorías que podrían encajar con el hecho de haber sobrevivido a su primera destrucción, especialmente considerando los poderes antiguos que poseía
-Aun así, creo que deberíamos hacer una investigación más a fondo, solo para asegurarnos –opinó Baihumon.
-Estoy de acuerdo –asintió Azulongmon con tranquilidad –sea como sea debo admitir que subestimamos una vez más la ayuda de la humanidad.
-Ah sí, eso me lleva al siguiente punto –dijo Zhuqiaomon –como saben aún existe una gran cantidad de digimons acompañando a humanos en el mundo real, algo que me parece ya innecesario…
-Son elegidos de reserva –explicó Ebonwumon –su propósito era servir de apoyo a los elegidos dueños de los 8 emblemas, afortunadamente nunca se los llegó a necesitar, Apocalymon fue derrotado muy rápido si consideramos la inestabilidad de tiempo que había entre los dos mundos
-Lo que llega a ser lo mismo –reafirmó Zhuqiaomon –existen alrededor de un par de cientos de elegidos de reserva dispersados por todo su mundo y aún conservan a sus digimons, no es necesario explicarles lo que debe hacerse
-Mmm… con todos los problemas y el trabajo de restablecer el orden en el digimundo se nos había olvidado ese detalle –articuló Baihumon pensativo –es algo penoso considerando que a los dueños de los 8 emblemas los obligamos a separarse de sus digimons casi inmediatamente después de que Apocalymon fue derrotado
-Es cierto, el punto de Zhuqiaomon tiene sentido –admitió Azulongmon –con ambos mundos a salvo esos digimons ya no ofrecen ninguna utilidad estando allá, deben regresar al digimundo…
-Entonces ordenaremos a los Hippogriffomons que se encarguen de la importación de todos esos digimons, después de todo a ellos los dejamos a cargo de la entrada y salida del digimundo mientras nosotros trabajamos aquí –aceptó Ebonwumon.
-Sabía que estarían de acuerdo, ya mandé la orden hace días –informó Zhuqiaomon –hoy regresaron los primeros, tengo estimado que el resto de ellos estarán aquí en un día o dos como máximo, luego de eso cerraremos la puerta entre ambos mundos indefinidamente…





En el mundo real en un sitio secreto y desconocido...

Un gran montón trabajadores, ingenieros y algunos científicos se encontraban en una incansable labor alrededor de lo que parecía ser una descomunal maquinaria que aun parecía incompleta. Las chispas de innumerables soldadores inundaban la vista del lugar.

-¿Al menos sabemos realmente lo que estamos construyendo? –preguntó un ingeniero un poco confundido.
-Es simple, el jefe lo anunció por televisión –dijo el científico tranquilo mirando su libreta.
-Si, si, ya conozco ese anuncio público –replicó con sarcasmo –pero… ¿crees que sea la verdad?
-No –fue la simple e indiferente respuesta –pero estamos aquí para trabajar, no para hacer preguntas
-No sé cómo todos aquí están tan calmados –opinó el ingeniero cruzado de brazos.
-Yo estoy calmado porque tuve la suerte de que me asignaran a la sección A y no a la B –respondió aun sin dejar de mirar su libreta.
-¿La sección que está como a 80 metros debajo de nosotros? –preguntó confundido –¿que hacen allá?
-No tengo la menor idea, y no quiero saberlo, pero las pocas veces que los he visto subir parecen estar… intranquilos, de hecho están bastante nerviosos –explicó el científico –no sé qué tipo de investigación están haciendo ahí, pero estoy agradecido de no tener nada que ver con ello… Solo quiero terminar de construir esta cosa, además, sea como sea el salario es bueno
-En fin… todo sea por la paga –concluyó el ingeniero regresando a su labor.



Era una tarde cálida en Yokohama, Japón. Dominique y Monodramon estaban sentados en un árbol de la casa de Dominique.
Ambos, humano y digimon; hablaban sobre sus aventuras como compañeros y la relación que consiguieron forjar entre ellos y sus amigos.

-Yo no te entiendo, Monodramon. Por un lado: me aprecias. Pero por otro: no le das importancia a mis amigos y sus digimon.-
-No te confundas, Dom. Yo si los apreció. Sólo que no confío en ninguno de los cuatro.-
-Te creo. Tardaste meses para confíar en mí. Fue una suerte que aquella vez, evolucionaste a Tyranomon.-
-Si, recuerdo tu cara. Ni te habías inmutado cuando amenacé con comerte. Ahí comencé a tenerte respeto. Ahora te admito, Dominique.-
-Yo también, Monodramon.-respondió el humano-Lastima que sea el fin de esta amistad...-
-Sigo sin entender a las Bestias Sagradas. Los ayudamos y nos pagan de esta manera. Pienso que son unos desagradecidos y desconsiderados.-dijo un dragón digimon bastante enojado
-Tal vez lo son; pero te mandan mi amigo. Y no podemos hacerle frente para nada. A ninguno de ellos.-
-Entonces vámonos. Sólo espero que nos volvamos a ver.-
-Si, nos volveremos a ver, Monodramon. Ten eso por seguro.-comentó abrazando a su amigo; que correspondió el abrazo

Ambos humanos esperaron a que se haga de noche. Apenas oscureció; salieron a caminar para recordar buenos tiempos-desde el lugar donde se conocieron, hasta donde Monodramon evolucionó en Tyranomon-.
Definitivamente será una dura despedida...



La habitación yacía silenciosa mientras el muchacho preparaba su bolso de salida para encontrarse con sus amigos en una plaza de la ciudad de Yokohama; su compañero, un aguilucho colorado de ojos azules y plumaje blanco en la cabeza, lo observaba detenidamente, esperando que dijera algo.

- Y… ¿No piensas decir algo antes de que…?
- No soy bueno con las despedidas; lo sabés muy bien, Hawkmon. –suspiro- Pero te voy a extrañar.
- Me gustaría que mostraras algo más de sentimentalismo, sin ser todo el tiempo el chico duro. Siempre te digo eso, ¿Recuerdas?
- Si, si, si… pero me es difícil; no soy bueno siendo…
- ¿Sentimental?
- Cursi… Soy como Dom: frio y duro; por eso nos llevamos bien. Que suerte tuve de encontrarme con otro argentino por acá, o me volvía loco de tanto japo, japo, japo.
- Monodramon es muy parecido a él; a diferencia de Dracomon, que a veces me exaspera.
- ¿Y qué esperás? Considerando la pendeja odiosa que le toca por camarada; juro que si vuelve a burlarse de mi… Pero en comparación a Jos, es una santa.
- Ni me lo recuerdes; Gazimon parece discípulo de Al Capone, y a veces se pasa. Salamon es linda, pero Hitomi a veces….
- ¿Es arrogante? Capaz, pero la prefiero mil veces a Nahlia. Ehm… ¿Cómo es que no te peleás con ellos si a algunos no los soportás?
- Prefiero no tener rencillas con nadie, a diferencia de ti. Aunque… esa actitud peleonera tuya la voy a extrañar, así como entrenar contigo; excepto por ese batido que me haces tomar: me da náuseas.
- Nunca se dijo que llegar al éxito sea fácil, Hawkmon… -cerrando el cajón del armario- Bueno, creo que es todo. ¿Estás listo?

Antes de que Hawkmon pudiera responder, entra a la habitación un niño castaño de cabello alborotado: Hanzo, el hijo de la familia con la que Alan se hospedaba en Japón y a quien consideraba como un hermano menor; él también conocía a Hawkmon, y lo apreciaba como amigo; igual sabía que había llegado la hora.

- Alan, ¿Ya… ya te vas a llevar a Hawkmon?
- Si, pibe. Lastimosamente… ya se debe ir.
- ¿Por qué se debe ir? –preguntó el niño- El no causa molestias aquí.
- Es que sus patrones…
- Son las Bestias Sagradas, Alan. –lo corrigió Hawkmon- nuestros protectores.
- Los malagradecidos esos, los quieren de regreso en su mundo, y como no podemos protestar… nos tenemos que separar.
- Te voy a extrañar, Hawkmon.
- Yo también, Hanzo. –pasándole el ala, como saludo- Estoy listo.
- Hawkmon… la bolsa.
- ¿Tengo que?
- Si…

El aguilucho refunfuñó un poco, y después se metió dentro del bolso de su camarada, cuya cremallera había dejado abierta parcialmente. Ya listo, el joven se dirigía a la salida en compañía de Hanzo; caía la noche sobre la ciudad vecina a la capital nipona.

- Decile a tu mamá que voy al gimnasio.
- ¿Que no fuiste ya?
- Decile que me olvidé de algo y ya.
- Ok, nos vemos, Alan; adiós Hawkmon.
- Nos vemos después.

Así el joven quinceañero abandono el apartamento donde vivía como estudiante de intercambio en compañía de su amigo digimon; no quería admitirlo, pero estaba triste de despedirse de él, un inusual amigo que se había ganado hace poco y ahora se separaría: la vida era muy injusta.

Después de comer, entró a su habitación para recoger algunas cosas. Hitomi le había avisado de que todos se reunirían en el parque, y aunque no le gustaba que se lo dijeran sólo tres horas antes, no iba a decir que no. Por otro lado, entendía que quisieran hablar entre todos para pasar el día junto a sus compañeros.

La habitación no era muy grande. Al entrar, te podías encontrar con un cajón pegado a la pared, un armario empotrado, una cama y un escritorio con una silla azul y mesa de madera. La ventana era cuadrada y estaba abierta. Las paredes eran de un color verde claro y contrastaba con los muebles vainilla.

La muchacha suspiró. Se tumbó en la cama y se quedó mirando el techo. No podía creer que las cosas terminaran así. ¿Por qué cuándo no hay peleas, cuándo la tranquilidad ha llegado, tiene que irse Dracomon? Se le hacía difícil de aguantar. Sobre todo teniendo en cuenta que no pidieron su opinión. ¡Eran niños elegidos, habían luchado para salvar la Tierra! ¿Por qué no podían decir algo al respecto de que se llevaran a sus propios compañeros?

Escuchó un zumbido en el aire y enseguida se incorporó. Dracomon acababa de llegar de su paseo matutino. El pequeño dragón saludó a la humana y se introdujo dentro de la habitación. Sus alas rojas dejaron de moverse y el digimon se sentó al lado de Nahila, con una sonrisa.

—¿Qué tal tú día, Dracomon? —preguntó la chica, correspondiendo a la sonrisa.

—¡Espléndido! —respondió—. Unos niños me vieron y tras enseñarles mis ataques más poderosos, decidieron invitarme a hamburguesas —se tocó el estómago—. Estaban deliciosas…

—Me alegro. Yo tuve que soportar a mis hermanos —suspiró—. Comenzaron a tirarse las albóndigas cómo si fuera un juego de pelotas. Mi madre se puso histérica, así que ni siquiera terminé de comer. De todas formas, no tengo hambre.

Dracomon la miró. Había tratado de hacer como si no pasara nada, pero no podía evitar sentirse igual que su tamer. A penas hacía unos días que los habían avisado de que debían marcharse de la Tierra, y todavía no se había hecho a la idea de no estar cerca de Nahila.

—Vamos, Nahila, no estés triste —dijo—. Tenemos que pasarlo bien mientras que estemos juntos. ¿De qué servirá que nos encerremos y lloremos como idiotas? ¡Salgamos al parque de atracciones o a cantar!

—Dracomon, desafinas mucho. Luego me duele la cabeza. Y para ser un digimon que puede volar, te da miedo subirte a las atracciones de altura.

—Bah, es solo la impresión —negó con la cabeza—. Bueno, da lo mismo. Ya sabes a dónde quiero llegar. Te lo pido por favor: vamos a divertirnos.

Sin decir ni una palabra, Nahila le pasó el móvil a su compañero, que no tardó en cogerlo con las manos y observar el mensaje que la chica le había puesto. Lo leyó atentamente y sonrió.

—Vaya, parece que tenemos planes.

—Sí —confirmó Nahila—. Ya sabes cómo es Hitomi: siempre quiere que quedemos para pasar la tarde juntos —se encogió de hombros—. Lo que quiere o le apetece, lo consigue. Aunque en parte me alegro de que sea así: es una buena excusa para no estar todo el día en casa y tener que soportar a mis hermanos.

—¿Crees que vendrán todos o querrán estar a solas con sus compañeros?

—Seguro que vienen. Dom puede ser algo borde y seco con nosotros, pero siempre que quedamos viene. Por otro lado, Jos tiene bastantes jaleos, y aun así saca tiempo para estar con nosotros. Él puede decir lo que quiera, pero está claro que le gusta tener amistades.

—Pero odias sus juegos de cartas… —murmuró el dragón.

—¡Claro, porque siempre hace trampas! Es imposible que gane en todas las partidas, no hay tanta suerte. Así es como consigue que hagamos lo que él quiere… —apretó las manos—. En fin… Por lo menos lo compensa llevándonos a restaurantes.

Dracomon no pudo contener una risotada.

—Pues es extraño que no se arruine: con lo comilones que somos todos…

—Alan necesita alimentarse para tener mucha masa muscular —río—. ¡Ese saco de músculos! Espero que venga, me he preparado nuevos insultos…

—Oh, vamos, en realidad te cae muy bien —chinchó el dragón, sonriendo de lado—. Si no, no te preocuparías tanto por esa obsesión que tiene por el ejercicio.

—No creo que sea bueno pasar tanto tiempo en el gimnasio, tomar tanta clara de huevo y no pensar en otra cosa que tener un cuerpo perfecto—se encogió de hombros—. Pero es muy cabezota… Por lo que al final he decidido molestarle.

Dracomon dejó caer el móvil cuándo este vibró. El objeto cayó al suelo y comenzó a moverse hasta que Nahila lo cogió y abrió el mensaje,

—Es Hitomi —anunció—. Ya nos está metiendo prisa.

Nahila se preparó en pocos minutos, cogió su digivice, abrió la nevera para beber agua fría y salió por la puerta.



Era de una tarde cálida. En un departamento se encontraban una joven de pelo rojo y una digimon que tenía forma de cachorrita.

Hitomi se estaba peinando –Rápido, Salamon, quede con Nahila para pasar la tarde juntas y así charlar antes de que tengan que partir hacia el digimundo, además podrás charlar con Dracomon.

Salamon se encontraba acostada plácidamente sobre la cama –Si, quiero ir a verlo para hacerle una broma, como hacerlo subir a la montaña rusa y lanzarlo, como lo hice antes –La digimon comenzó reírse.

-¿Que no fue un accidente? –Pregunto confundida la tamer.

-Eh… Si perdona es cierto, solamente fue un accidente, que no fue provocado por nadie y menos por mi –Salamon estaba nerviosa –Cambiando de tema ¿Cómo piensas que estén lo otros? –Pregunto intentando cambiar la conversación.

-Dom, Seguramente continua con su actitud tan cerrada como siempre, pero sigue siendo buena persona. Alan, espero que vaya, he escuchado rumores que dice que soy arrogante –Hitomi estaba indignada –No soy arrogante… ¿Cómo se atrevió a decir eso de mi? ¡Nadie puede decirme arrogante!

-Sí, de donde habla sacado esa loca idea –Dijo Salamon girando sus ojos –¿Y Jos?

-Seguramente sigue siendo el mismo de siempre y llevara su baraja.

-Que por cierto no le has podido ganar.

-¡Pero este dia le ganare! –Grito Hitomi entusiasmada -¡Las pocas veces que he perdido, me han servido para conocer sus estrategias! –Se escuchaba confiada.

-Si claro, el numero de tus derrotas aumentara a 750, después del juego de hoy.

-No, te prometo que ganare –Su celular comenzó a sonar –La alarma, ya se me hizo tarde –Dijo asustada.

-Como siempre –Salamon estaba riéndose.
Ambas salieron del departamento con mucha prisa, para el encuentro con sus amigos.




En la costa de Yokohama, en enorme edificio con vista a los puertos principales pero lo suficientemente alejado para escapar del ruido de todo aquello. Un edificio de 70 pisos que parecía ser el que más resaltaba. Un sin número de oficinas trabajaban incansablemente. En la entrada principal se distinguía el símbolo no solo de la empresa sino de la familia que la representaba.


El último piso era una suite lujosa. Sin embargo en ese momento parecía estar casi vacía. Solo se escuchaba el sonido de la televisión que parecía transmitir una entrevista importante.

-Díganos señor J.M. Morns, ¿Qué resultado anticipa para la ANT-IT 9.5 o Antena intercontinental en la que su industria ha estado trabajando desde hace 3 años? –preguntó un reportero –según el último informe está casi completa
El entrevistado se trataba de Marcos J.M. Morns, dueño y fundador de las empresas, industrias y corporaciones J.M. en todo el mundo. Era un hombre mayor de de cabello y barba plateada, utilizaba un traje negro con líneas delgadas y un sombrero del mismo estilo, un camisa roja y por último un bastón clásico de los magnates.
-Bueno, afortunadamente no hemos tenido imprevistos negativos –respondió el millonario –todo indica que estará finalizada este año, será una prueba que podría significar una nueva era en la tecnología, la señal que transmitirá la ANT-IT 9.5 para Televisión, teléfonos móviles e Internet global será increíblemente poderosa, una innovación diseñada para estar en tierra donde su mantenimiento sería sencillo. Si esta prueba resulta, en un futuro cercano bastarían solo unos 3 ejemplares en puntos exactos del mundo para cubrir a la tierra entera con una señal global conjunta. Ya no haría falta amontonar tanta chatarra inútil y riesgosa en el espacio, desde ahora los satélites se usarán solo para lo que fueron creados originalmente… espiar a otros países –concluyó con esa broma.
Todos los reporteros rieron ligeramente por el sentido del humor del personaje frente a ellos. Sin duda se trataba de un hombre carismático para las masas, se había encargado de pulir esa habilidad, pues eran de las muchas cosas que le ayudaban a mantenerse en la cima.
-Disculpe… ¿es cierto que planea salir de viaje por un tiempo? –preguntó otro.
-Aunque este proyecto es importante, tengo muchos otros negocios que requieren mi inspección anual –respondió con calma –pero el proyecto de la ANT-IT 9.5 seguirá su curso, tengo ingenieros expertos supervisándolo, si emergen noticias nuevas sobre esto tengo voceros que informarán al público cada cierto tiempo, mi nieto entre ellos…

El hombre se alejó junto con sus guardaespaldas y asistentes dando por terminada la entrevista.


La televisión se apagó de inmediato dejando como única luz una chimenea que se encarga de calentar toda la sala.
-Ya casi anochece –dijo un muchacho dejando el control remoto sobre una mesa.
-Deberíamos salir ya –articuló una segunda voz.
El joven asintió levemente. Era un muchacho de 16 años de edad, de cabello negro y rizado, utilizaba guantes de cuero para ropa formal, una gabardina púrpura y unos inusuales ojos del mismo color.
-Así que… oficialmente esta es nuestra última noche como compañeros –suspiró Jos con una mirada seria observando el paisaje de la costa.
-Sí, oficialmente lo es –concordó Gazimon con una expresión un poco más casual –la verdad nunca tuve intención de ser el compañero de un elegido, mientras estuve en el digimundo no estuve precisamente en el bando “correcto”
-Tranquilízate, te habrás dado cuenta que lo correcto y lo justo no es realmente la política moral de mi familia –respondió el joven de ojos púrpuras.
-Sé que nuestro equipo no fue de gran utilidad como elegidos, y por eso mismo pensé que las Bestias sagradas terminarían por olvidarse del insignificante mini-ejército de elegidos de reserva que dejó en la tierra, por desgracia me equivoqué…
Jos levantó sus llaves y su baraja listo para irse. Gazimon se puso un sombrero a líneas, tomó el IPod que Jos le había regalado, nunca lo soltaba, se había acostumbrado perfectamente a la vida humana llegando a amar todas las maravillas de ese tranquilo y rutinario mundo.
-Ya es muy tarde, los demás de seguro se molestarán –opinó el joven de ojos púrpuras –Dom y Alan suelen ser algo rígidos con estas cosas
-¿Acaso te sorprende? Presionan a sus compañeros digimons como si estuvieran entrenando para el fin del mundo –articuló Gazimon –a Monodramon no parece importarle pero siento pena por Hawkmon. Si quisiera pelear y arriesgarme todo el tiempo me habría quedado en el digimundo para empezar
-Si, tienes razón –dijo Jos con algo de burla –tuviste mucha suerte de terminar como mi compañero, no sé si habrías sobrevivido con Dom, Alan o Nahila
-¡Mucho menos con Nahila! –dijo Gazimon temblando –¿cual es su problema? A veces parece que bromea y otras que en serio quiere matarnos a todos…
-Después de un año de conocerla ni yo estoy seguro de eso –admitió el joven millonario de forma graciosa –al menos yo no soy su blanco principal sino con Alan, de todas formas yo sería un hipócrita si no respetara su mente maquiavélica
-Con Hitomi es otra historia –se burló su compañero.
-Ah… esa cabeza hueca –dijo Jos con un gesto de graciosa molestia mientras mezclaba su baraja que le servía para distraerse –¡Siempre que viene aquí rompe algo! No creo que lo haga a propósito… pero a estas alturas ya no estoy seguro
-¿Te parece mucho? La enana de Salamon siempre se burla de mí –se quejó Gazimon.
-Quizá porque siempre la llamas enana, y cuando evoluciona a Gatomon sale herido más que solo tú autoestima –se burló esta vez Jos.
-Es porque Hitomi es una irresponsable, la hace evolucionar solo por diversión –susurró Gazimon fastidiado –lo bueno es que me siento cómodo con Dracomon y Hawkmon, especialmente cuando sus compañeros no están ahí
-Por cierto… estuve investigando, llegué a contactar a algunos elegidos de otros países –comentó Jos.
-¿Y?
-Más de la mitad de los elegidos de todo el mundo ya se ha despedido de sus digimons, nuestro equipo estará entre los últimos, según la orden de sus dioses tenemos hasta mañana temprano para que ustedes regresen al digimundo…
Gazimon intentó permanecer tranquilo pero sus ojos mostraron un obvio gesto de nerviosismo y temor. Su compañero humano lo notó muy bien.
-No te asustes… nunca te asustes tan fácilmente, si quieres pertenecer a esta familia nunca olvides que nosotros siempre apostamos a ganar –sentenció Jos con una pequeña sonrisa de malicia casi imperceptible –ahora vámonos los chicos deben estar esperándonos…

-Dominique...llegamos.-
-Lo se. Aquí nos vamos a despedir.-
-Si. ¿Sabes? Te extrañaré.-
-Yo también lo haré.-
-Aunque me hacías entrenar como a un robot.-
-Quiero que seas fuerte, Monodramon. No siempre estaré para que evoluciones. O que seas como Gazimon, Salamon y Dracomon: puros habladores.-
-No veo que se esmeren para ser más fuertes. Para nada. Sólo Hawkmon se esfuerza.-
-Y si tiene a Alan consigo. ¿Qué te piensas? Alan no es un vago precisamente.-
-Yo creo que se inyecta con hormonas o algo así. No puede tener tantos músculos.-
-Eso podría explicar porque va tanto a un gimnasio. Bah, eso creo.-
-¿Y el resto?-
-Nos llevamos bien y todo, pero sabes como soy...-
-Un tipo que piensa en terminar las cosas primero. Si, sé como eres. Alguien te tiene que caer bien...-
-No los odio. Sino, no estaría aquí para serte franco, Monodramon. Te lo pongo así: Hitomi es linda y buena, pero es algo arrogante y despistada. Nahlia tiene un gran complejo de superioridad. Y Jos hace mucho alarde de su dinero.-
-¿Y Alan?-
-Es con quién mejor me llevó. Tenemos la misma actitud y nos complementamos. Claro que además somos del mismo país. Y nos juega a favor que podemos hablar el mismo idioma tranquilamente. Aunque tenemos un pensamiento diferente-dijo él, seriamente-¿Y tú?-
-Hawkmon es mi amigo. El resto son compañeros de trabajo.-
-Yo pensé que te llevabas bien con ellos...-
-Se podría decir que los respetó. Gazimon es un nene mimado por Jos. Salamon es alguien arrogante a más no poder. Y Dracomon es medio nenita.-
-¿En serio? Yo que lo veía como Nahlia...-
-No, sólo finge. Le cuentas un drama y llora como una adolescente luego de terminar con su pareja.-
-No conocía esa faceta de vieja chusma.-
-Ja, tú tampoco te quedas atrás.-
-Si, pero creo que ellos saben lo que opinó en general de cada uno.-
-Espera, me acabo de dar cuenta. ¿En qué difieres con Alan?-
-¿No se lo vas a decir?-
-Para nada.-
-A mí punto de vista: Las Malvinas no son Argentinas.-
-¿¡QUÉ!? ¿¡ESTÁS JODIENDO DOMINIQUE!?-
-No, para nada. Estoy hablando en serio. Piensa. Los ingleses tienen sus dominios de hace muchos más años que nosotros. Hasta su gente prefiere ser inglesa.-
-Alan se va a enojar...-
-Sé lo de su padre. Y por eso nunca le quise decir nada.-
-Entiendo.-

La situación se había vuelto muy incómoda para ambos amigos. Por un lado, tenían que despedirse. Por otro, descubrían algunas cosas que nunca descubrieron el uno del otro.
De un momento a otro, una duda no se hizo esperar para ambos:

-¿Has matado?-preguntó Monodramon
-No aún. No creo que lo haga.-
-Hay una línea en matar y no hacerlo. Yo creo que nosotros estamos aquí por algo. ¿Cuál es la diferencia para los humanos en matar o no?-
-La sociedad lo vende como un atentado a la naturaleza. Pero la naturaleza es así: comes o eres comido. Matas o mueres.-
-Entiendo.-
-Pero no lo hago, porque conllevaría a ser mirado mal por una sociedad en decadencia.-
-Encima que están quitando las penas máximas. Jodido sistema.-
-Te doy la razón en esto.-
-Ya que estamos Dominique, te haré una pregunta.-
-Hazla.-
-¿Por qué usas la frase "Un gran poder; conlleva una gran responsabilidad"?-
-Los héroes somos a prueba de balas...-
-Eso es de Alan.-
-Quería decirlo fácil. Bien, te lo diré: los buenos somos usualmente los maltratados por la sociedad o por "buenos" que son más fuertes que nosotros. A lo que quiero ir es: ser un héroe es un poder que tienes para hacer justicia y ayudar al débil del fuerte. Pero también tiene de responsabilidad el no ser aceptado por la sociedad y no tener una vida hermosa como querrías.-
-Entonces ser héroe no es tan bueno...-
-No, porque sino habrían héroes; no habría gente que quiera mejorar este mundo y ayudar a reconstruir a esta sociedad. ¿Me entiendes?-
-A la perfección. Será una pena separarme de ti, Dominique.-comentó el dragón, estrechando su puño cerrado
-Lo mismo digo, Monodramon. Lo mismo digo.-respondió, chocando su puño con el de su digimon

Ambos chocaron sus puños y quedaron callados. Sintieron algunos pasos acelerados. Tanto el humano como el digimon se pusieron en guardia-el humano sacó un arma, y el digimon preparó sus garras para atacar-. Sin embargo, no era lo que esperaban que era...


- ¡A LA MIERDA, DOM! ¡PODRÍAS MATAR A ALGUIEN CON ESO!
- Ah, es el Señor Hormonas…
- ¡¡MONODRAMON!! Perdona, pero no podía arriesgarme.
- ¿A qué? ¿A qué te ataquen? ¡Tenés suerte que no te de una trompada!
- Ajá… Como sea. ¿No tuviste problemas con…? -mirando por todas partes- ¿Y dónde está Hawkmon?
- ¡Estoy adentro del bolso!
- Ya te saco –baja su bolso y lo abre para que Hawkmon pueda salir- Está; podés ir a hablar con Monodramon. –el halcón se aparta y va junto al dinosaurio púrpura- Y bueno, ¿Cómo te sentís por lo de hoy?
- Mal… Pero es algo que supuse iba a ocurrir muy pronto; no soy de los que lloran. ¿Y tú?
- Tampoco soy una magdalena; sabía que esto iba a pasar tarde o temprano… Pero ya ves cómo nos cagan la vida… Decime algo, ¿Nunca tuviste curiosidad de conocer a esos Elegidos mimados de las Cuatro Bestias?
- A decir verdad, no: nunca me llamaron la atención para nada. De seguro son todos una panda de sentimentaloides.
- Posiblemente; yo oí que hay una loca que tiene a otro Hawkmon, pero ni ahí que quiera conocerla; con mala suerte, y está más loca que Nahlia.
- Esa chica se cree la gran cosa junto a Hitomi: las cabezas infladas de ego. Pero si me lo preguntas, ella se gusta de ti.
- ¡¡PRIMERO MUERTO!! No después de escucharla decir que me clavo esteroides o que soy una bola de carne.
- Viejo; con solo verte eso lo pensaría cualquiera.
- ¿Nunca han oído hablar de la buena alimentación, ejercicio duro y constante, la genética y la voluntad de hierro?
- A mí no me engañas: tú tomaste algo… -hablándole bajo- Vamos, dímelo: nadie lo sabrá.
- Bueno: creatina y aminoácidos, ¡¿Feliz?! ¿Podemos seguir hablando de lo tristes que estamos de que nuestros digimon se van a ir?

Mientras tanto, donde Hawkmon y Monodramon.

- ¿Vas a extrañar a Alan una vez que regresemos?
- Por supuesto que sí; así como tú extrañarás a Dom…
- No soy un sentimentaloide, ni tan formal como tú.
- Ya lo sé; pero admite que estarás triste por no volverlo a ver. Por mi parte, hay dos cosas que no extrañaré de aquí: el entrenamiento excesivo al que Alan me somete…
- Viejo. El sujeto te hará comer hormonas en poco tiempo. ¿Y qué es eso otro que no extrañarás?
- No soy una gallina, y él no toma hormonas –respondió Hawkmon, sintiéndose ofendido, pero sin llegar a ponerse iracundo- Lo otro que no extrañaré es esta ambiente tan sofocante de la gran ciudad: al menos en el Digimundo no se siente tanta pesadez.
- Solías vivir en un bosque, ¿No es así?
- Sí, pero me he acostumbrado a tolerar la vida en la ciudad. ¿Tú extrañarás algo del Mundo Real, además de Dom?
- Además de Dragon Ball y Saint Seiya… creo que nada, jeje…
- Tú y tus animé legendarios… -murmurando en voz baja- A pesar de todo, voy a extrañar este lugar.
- Yo también, pero seguiremos viéndonos en el Digimundo, ¿O no? –pasándole la mano-
- Si… -respondiendo el gesto- Tienes razón.

Regresando con Alan y Dom…

- ¿Por qué se tardarán tanto los demás?
- Ya conocés a Jos: seguro no quiere salir sin presumir el auto último modelo salido de nosedonde; o la última baratija tecnológica que sirve para hacer loquetevengaengana, o la ropa diseñada por fulanodetalqueesmarica. Y su Gazimon más malcriado…
- No puede ser peor que Salamon; Hitomi le pegó su arrogancia en lugar de inculcarle su ternura. Y Nahlia, pues…
- Ya hablamos de ella, Dom. Seguro planea como conquistar el mundo o algo así.
- Como se aman ustedes dos.
- Agh... calláte.

Se oyeron otros pasos acercándose a donde estaban los dos jóvenes sudamericanos, los cuales llamaron a sus camaradas para ponerse en guardia en caso que fuera algún desconocido o algún asaltante, pero lo que apareció fue mucho peor que eso.


Caminaron tranquilamente por las calles. Babymon observaba todo con atención, como si quisiera recordar con total perfección como eran los barrios que estaban cerca de la casa de su compañera. Pero cada vez que veía el cartel de todos los días, o el cruce con el semáforo roto, le entraba un ataque de nostalgia y se ponía triste. No le gusta mostrarse sensible delante de Nahila, sobre todo porque ella era de burlarse por esas tonterías, pero parecía que su tamer también estaba algo triste; supuso que esa vez no bromearía tanto.

Dracomon había vuelto a su etapa anterior para que la gente creyera que era un muñeco, por lo que Nahila le llevaba en brazos. Hubiera sido imposible de ser Dracomon, no solo por el peso, que también, sino porque su tamaño habría hecho que las personas la miraran con extrañeza; a nadie se le ocurría llevar un especie de muñeco de dragón tan grande.

Cuando pasaron por una heladería, Babymon se movió, dando a entender que quería que le comprara uno.

—¡Pero si te invitaron a hamburguesas antes!

—No lo quiero para mí; es para Salamon —susurró, para que ningún curioso pudiera escucharla.

—¿Para Salamon? —Repitió, alzando una ceja—. ¿Qué tú y ella…?

—¡Claro que no! —parecía ofendido—. Somos buenos amigos. Ella me gasta bromas; yo hago lo mismo. Pero a veces me gusta hacerle regalos… La veo como una hermana menor, para que lo entiendas.

Nahila no se lo creyó del todo; mas no insistió. De todas maneras, se lo negó.

—No he traído dinero —explicó—. Lo siento.

No obstante, antes de llegar al parque, Nahila decidió ir por otro sitio. No quería llegar todavía, le faltaba despedirse de su amigo sin que hubiera nadie delante. No le gustaba mostrar sus sentimientos, y mucho menos a los chicos del grupo. Por otro lado, sabía que Hitomi, aunque le metiera prisa para que llegara pronto, seguramente la chica tardaría bastante en llegar; era la que siempre se atrasaba. Babymon frunció el ceño, pero enseguida captó lo que pensaba su compañera. Después de que Nahila corriera un poco más, acabaron en una pequeña tienda de colchones. Nahila sabía cómo hacer para que nadie la viera, y con velocidad, se escondió en una de las habitaciones que ningún trabajador enseñaba: puesto que eran las que habían venido con algo roto o simplemente el dueño había preferido que se quedara ahí hasta que se tirara. Nahila encontraba distintas camas cada día y le encantaba ir allí, encerrarse y después marcharse por una ventana grande. Podría haber entrado también por ahí, pero le agradaba el riesgo, y pasar sin ser vista, le hacía sentirse verdaderamente viva, a pesar de ser una tontería.

Dejó a Babymon en el colchón. Éste no tenía ganas de digievolucionar todavía, por lo que se acomodó entre los cojines y observó a Nahila con atención. Ninguno de los dos sabía cómo comenzar la charla.

—El último día, Dracomon… —Nahila bajó el rostro—. Ya no nos volveremos a ver. Yo… Quería decirte que te echaré de menos. A pesar de que a veces puedo resultar pedante y malvada, espero que me hayas cogido cariño; al igual que yo a ti.

El pequeño dragón bebé se quedó callado y quieto durante unos segundos. Después utilizó sus diminutas alas y se subió al hombro de Nahila. Y pasó lo que sucedía muy a menudo: el compañero de Nahila comenzó a llorar.

—Nahila —sollozó—, todos tenemos nuestros defectos. ¡Cómo puedes dudar de cuánto te quiero! ¡Eres mi mejor amiga! ¡Mi compañera! Confío mucho en ti, no dudaría ni en un momento en protegerte con tal de que tú sobrevivieses…

—Dracomon, por favor te lo pido, no te pongas muy empalagoso; no me gusta.

El pequeño dragón la miró con mala cara, pero como estaba en su hombro, la muchacha no se percató de ese detalle.

—¡Bueno, por lo menos déjame terminar! —protestó; Nahila río—. Así me gusta. Sonríe, disfruta de la vida, vive… Además, ¿quién dice que no nos vamos a volver a ver? Seguro que dentro de unos años podremos volar juntos de nuevo.

—En serio, amigo; deja de ver tantas telenovelas con mi madre.

—¡AGH… ni siquiera cuándo estamos a punto de despedirnos, puedes ser un poco más sensible! —Se relajó un tanto—. A parte, nos faltan muchas discusiones de juegos que terminar. Como el de Star Wars: el poder de la fuerza, la primera y segunda parte.

—Digas lo que digas, Juno es malvada. Seguro que desde el principio su misión era estar en el bando de “la fuerza” para contar sus planes al Lado Oscuro. Su amor hacia él es falso.

—¡No, es una chica normal que después de intentarlo muchas veces, no consigue el amor paternal! ¿Por qué le niegas que se enamore del personaje principal? Es un romance muy bonito.

—Oh, vamos, StarKiller es idiota; se enamoró perdidamente de una espía. Yo lo prefería cuándo mataba y estaba a las órdenes de su maestro. Pero no… Tenía que enamorarse y todas esas bobadas… Oye, ¿en serio quieres qué hablemos ahora de esto?

Babymon accedió a dejar el tema. Estaba claro que nunca terminarían bien si comenzaban a discutir por videojuegos.

—Iré al grano —dijo Nahila—. Has sido mi mejor amigo desde que te conocí. Cambiaste mi vida, y te lo agradezco. Pero no pienso decir cursilerías, por lo que… espero que te sirva saber que eres alguien muy especial en mi vida.

—De acuerdo, me vale —sonrió el dragón—. Nunca te olvidaré, Nahila.

Se miraron y sonrieron. Babymon le dio con el ala en la oreja, de forma amistosa, y Nahila le cogió de la cola riéndose. Después le dejo de nuevo en los cojines.

—Y, cambiando de tema, ¿con quién de todos te llevas mejor del grupo?

—No sabría decirte, Nahila. Monodramon y Hawkmon son algo… callados. Y nunca me relacioné mucho con ellos; sus entrenadores están tan obsesiones con el entrenamiento que ellos han acabado pensando igual, a pesar de que el pajarito está cansado de tomar ese batido que huele fatal.

—Pensaba que te gustaba ser fuerte…

—Y me sigue gustando. Sin embargo, no me parece correcto matarse a entrenar para conseguir una fuerza mayor; eso sólo te estresa. No, es mejor divertirse y entrenar cuánto te apetezca, y sino… pues con el tiempo irás aprendiendo a luchar. Yo lo veo así —añadió.

—¿Qué me dices de Salamon y Gazimon?

Babymon se lo pensó durante un rato, tratando de encontrar las palabras adecuadas.

—Salamon es mi mejor amiga, aunque a veces se pasa de arrogante —suspiró—. Se cree mejor, pero es un defecto suyo y lo respeto. Al igual que ella me soporta cuando le cuento historias de… —miró hacia otro lado—, ya sabes…

—Sí, romance —bufó.

—Pues eso, que hablamos mucho y eso ha conseguido que mi relación de amistad con ella sea mayor con el resto. A parte de que su compañera y tú sois buenas amigas y eso hace que Salamon y yo nos veamos más frecuentemente.

—Entiendo… ¿Y Gazimon?

—Me recuerda a los jóvenes de ahora: no separa la vista de su móvil. Si le vieras, desconectado de sus amigos. Creo que le va a pasar como a Pinocho: se convertirá en un humano.

Nahila se río. De repente escucharon como alguien se acercaba y se pusieron alerta. La muchacha abrió la ventana enseguida y esperó para descubrir si era un error. Pero no, la puerta se abrió de golpe, dejando ver a un chico joven, unos años mayor de ella, que se quedó sorprendido al verlos.

—¡Corre! —gritó Babymon.

Nahia no necesitó nada más, dio un salto y traspasó la ventana con mucha agilidad. Pisó suelo y comenzó a caminar deprisa para alejarse pronto de la tienda, no pudo contener la risa y Babymon la acompañó: no podía negar que esas cosas eran divertidas.

Después de aquel incidente, no se retrasaron más. Babymon fue el primero en darse cuenta que ya habían llegado dos personas al parque. Era un sitio del parque dónde ningún otro adolescente podría verlos, así que era el lugar adecuado para que los digimon hablaran y no tuvieran que esconderse a cada rato o quedarse quietos como si fueran muñecos.

Babymon… digievoluciona a… Dracomon

El dragón se sintió mucho mejor en esa forma. Se acercó a su tamer volando y le indicó que fueran enseguida. La chica no lo sabía, pero Dracomon estaba deseando hablar con sus compañeros. Siempre le gustaba estar alrededor de ellos y conversar largo rato, o también hacer peleas amistosas. Cualquier cosa para divertirse.

Dom y Alan levantaron la cabeza al escuchar pisadas. Monodramon y Hawkmon saludaron a su amigo, cada uno a su manera. Nahila sonrió al llegar e hizo una falsa reverencia al muchacho corpulento.

—Saludos, amigos. ¿Debo mostrar más respeto hacia ti por ser más grande, musculitos?

—Ya estás con tus pendejadas… —masculló Alan, cruzándose de brazos—. Sigues tan pelotuda como de costumbre.

—Tan amable como siempre… ¿Qué tal, Dom?

—Bien —contestó el argentino, encogiéndose de hombros.

Nahila rodó los ojos. ¿Cómo iba a mantener una charla con esos dos? No era de muchas palabras, pero estaba claro que su relación con ambos chicos no era la misma que con Hitomi. De todas maneras, hoy no tenía muchas ganas de discutir, sino hubiera insistido en las peleas con Alan, que era algo que le hacía pasar el rato. En vez de eso, se sentó en uno de los bancos y cruzó las piernas.

—¿Creen qué… las Cuatro Bestias Sagradas cambien de opinión? —preguntó Nahila, mirando a ambos argentinos.

Alan y Dom se miraron, sin saber que contestar.

—No lo harán —dijo Hawkmon, atrayendo la atención de los demás—. No son de cambiar de parecer. Cuando ponen una regla, como la de volver al digimundo, hay que acatarla. Una vez están de acuerdo las cuatro, no podemos hacer nada.

—Que fastidio —resumió Dracomon—. Yo no quiero irme.

—Ninguno queremos que nuestros compañeros se vayan —asintió la única chica del grupo que había en esos momentos—. Pero no podemos hacer nada… —suspiró—. Ojalá hubiera alguna solución, aunque fuera, no sé… ¿Qué hubiera más problemas? Parece que a las Cuatro Bestias Sagradas sólo les interesa que estéis aquí cuándo hay enemigos. ¿Por qué tenéis que ser piezas de batallas?

Alan le dirigió una breve mirada a la joven, que alzó las cejas al sentirse observada.

—¿Qué te pasa a ti ahora? —masculló ella.

—Nada. Es solo que me pareció extraño verte hablar así. No eres muy sentimental.

—Claro que no lo soy, precisamente igual que tú. No me gustan las despedidas.

—Hace unos días estabás discutiendo con tu digimon por un juego pelotudo de consola… Pero claro, viniendo de una chica con pensamientos infantiles no es raro. Es por eso que me extrañó verte madurar de repente…

Dracomon se puso nervioso de pronto: sabía que a su compañera no le gustaba para nada que le dijeran infantil. Hakwmon pareció pensar lo mismo, puesto que observó a Alan con preocupación. Ambos digimon conocían a sus compañeros, y sabían perfectamente que eran los más conflictivos de ese reducido grupo.

Nahila se levantó del sitio y se acercó a Alan. Llevaba una cara de pocos amigos y no dejaba de mascullar cosas inteligibles.

—Mira, chulito musculoso sin cere…

—Ahí viene Hitomi —interrumpió Dom, mirando hacia la entrada del parque.

Alan se alejó un poco de la joven, para no continuar con la discusión, y se situó al lado de Dom. Nahila respiró hondo, tratando de tranquilizar las ganas que tenía de abofetear a su “amigo”. Dracomon suspiró: no podía creer la suerte que había tenido de que Nahila no pudiera terminar la frase.

De todas formas, la reunión sólo acababa de comenzar.


Hitomi y Salamon seguían su camino hacia el parque, ambas se sentía tristes por el hecho de tener que despedirse, pero ninguna deseaba confesar sus sentimientos.

—¿Hitomi…? —Fue lo único que salió de la boca de la digimon —Crees que nos volveremos a ver? —Un tono de tristeza se escuchaba en su voz.

Una sonrisa se formo en el rostro de la pelirroja —Este no es un adiós… Solo es un hasta luego —La elegida se mostraba confiada en que alguna vez se volvería a encontrar con su compañera.

—Tiene razón —Dijo una sonriente Salamon —Además… Cuando las bestias vean que tu vida es un desastre sin mí, seguramente me devolverán, antes del amanecer —Salamon comenzó a reírse.

—¿Que dices? Por supuesto que puedo hacer muchas cosas sin ti —Hitomi estaba molesta e indignada.

—Ni siquiera puedes encontrar tu digivice sin mí.

—Pero… bueno es que… ya sabes cómo soy —Contesto balbuceando la pelirroja.

—Sí, llegas lo pones sobre la mesa y “misteriosamente” desaparece —Dijo una burlona digimon.

Y así continuaron hasta que llegaron al parque.

Al entrar al parque lo primero que hizo fue buscar a sus amigos, logro encontrar a un grupo de jóvenes juntos y vio que eran sus amigos —Mira, ahí están Alan, Dom y Nahila… Pero al parecer no está Jos —Se pregunto la pelirroja, donde podría estar su amigo —Seguramente llegara tarde —Comenzó a caminar hacia sus amigos, que al parecer no estaban de tan buen humor.

—Ahí viene Hitomi —interrumpió Dom, mirando hacia la entrada del parque.

Nahila al escuchar que su amiga se acercaba solo pudo pensar una cosa —Por favor, no lo hagas.

Hitomi corrió hacia su amiga, saltando sobre su espalda y dándole un abrazo —¿Cómo has estado, Nahila? —Pregunto la pelirroja con una sonrisa.

Nahila un poco molesta le dijo —Hitomi, ¿Qué te había dicho sobre esto? —Ella se refería a la forma en que Hitomi la abrazaba, cada vez que la veía.

—Ah… perdona —Contesto mientras soltaba a su amiga.

—No hay problema, pero… No lo vuelvas a hacer —La mirada de Nahila daba un poco de miedo. Hitomi solo sonrió.

Salamon se acerco a Dracomon —Hola, ¿cómo has estado?
Dracomon con la misma cordialidad respondió —Muy bien, que bien que te veo, necesitaba a alguien a quien contarle una historia, que se me ocurrió ayer.
—Muy bien, vayamos a bajo de ese árbol, porque el sol me está molestando.
—Siempre tan preocupada por tu apariencia —Comento el digimon con un tono de burla.
—No es verdad —Dijo una sonrojada Salamon —Mejor vayamos al árbol de una vez.

Volviendo con el grupo de elegidos.

Hitomi pregunto —Tengo una duda, antes de llegar vi que Nahila estaba caminando hacia Alan, bastante molesta. ¿Ocurrió algo?

Alan y Nahila no contestaron. Pero Dom si —Lo que ocurrió, fue que otra vez hicieron otra de sus escenita.

—Ay no puede ser con ustedes —Dio un suspiro —Como siempre con lo mismo, algún día ustedes dos de seguro van a…

Nahila coloco su mano sobre el hombro de su amiga —Hitomi, recuerdas lo que te dije una vez sobre no hablar de mas.

—Creo que si… ¿cuando me lo dijiste? —Pregunto confundida.

—Ayer por teléfono… Amiga, necesitas hacer algo con tu memoria.

—Sí, tienes razón —En ese momento le llego un mensaje a su teléfono —Al parecer Jos, llegara pronto.




En un parque desolado.

-De seguro seremos los últimos en llegar –comentó Jos sin dejar de caminar –pero no me interesa, el grupo tiene cosas más importantes de que preocuparse que la puntualidad…
-Ah, mmm…
-¿Gazimon? –preguntó el millonario al ver que su compañero tenía puesto sus audífonos, se lo arrebató algo molesto –¡Oye escúchame! ¡Deja esa cosa por una vez!
-Hey… solo trataba de distraerme, sabes que estoy más nervioso que tú –se disculpó Gazimon decaído.
-Ya lo sé, es solo que… –no continuó hablando ya que su teléfono móvil comenzó a llamar, se apresuró en contestar –¿hola? Ah… abuelo, si, lo vi por las noticias… Pues todo ha estado muy tranquilo. No te preocupes, sé cuáles son mis obligaciones mientras tú estés de viaje, aunque no es que me guste mucho actuar de vocero… espero que vuelvas pronto. ¿Sabes? Yo podría ayudarte más si tan solo compartieras toda la información que tienes… Si, ya sé que me lo dirás todo cuando esté listo… Adiós abuelo, que tengas un buen viaje
-¿Cuándo regresará el señor Marcos? –preguntó Gazimon.
-No lo sé, espero que pronto, aunque no me guste aceptarlo, nunca falla nada cuando él está al mando

No se prologó la conversación pues ya habían llegado al lugar indicado del parque. No le costó divisar a su equipo. El joven de ojos purpuras prefirió relajarse y actuar como siempre lo hacía frente a su reducido grupo de amigos.

-Vaya… pero que emotiva reunión –articuló Jos con sarcasmo dejándose ver por los demás –debo admitir que este lugar se ve un poco más vivo que un cementerio… al menos ya es un avance comparado de cuando nos conocimos…
-Llegas tarde –dijo Alan.
-Wow, tranquilo coronel músculos, tenemos tiempo, las bombas nucleares aun no caen –se burló el millonario pero a Alan no le hizo gracia –¡¿que?! ¡Es gracioso e irónico si consideramos tu paranoia con, con…! –ya no continuó porque Alan se puso más serio aun –creo que mejor me callo… Te daría la mano pero juzgando por tu mirada pienso que me la vas a romper
-Piensas muy bien –admitió el quinceañero cruzado de brazos –pero al menos llegaste
-Y ningún equipo está completo sin su bella psicópata –articuló acercándose a Nahila y poniendo una mano en su hombro –56 kilos de demencia pura
-Peso 51 –refutó Nahila con una mirada fría poniendo su navaja velozmente frente a su amigo.
-Eh, si, si claro, je, je, solo 51 o incluso menos –dijo Jos algo nervioso.
-Así está mejor –concluyó guardando de nuevo su arma blanca.

Jos continuó con su “saludo” al resto de sus amigos.

-¡Oh, y miren quien también está aquí! –continuó el joven de ojos púrpuras señalando a Hitomi –la torpeza en persona vestida en un elegante traje de colegiala, ¿no has ocasionado algún desastre en el camino? Es increíble lo cara que me sale tu amistad
-Si, a mí también me da gusto verte –respondió la pelirroja molesta –¿acaso no puedes ser comprensivo conmigo al menos una sola vez?
-Tranquila, sabes que te aprecio –dijo amigablemente pero luego cambió a una expresión de graciosa seriedad –pero no te dejaría regresar a mi casa ni aunque fueras la última persona sobre la tierra…

Finalmente se acercó a su último amigo.

-Y cómo olvidar al loco que se le ocurrió la “brillante” idea de reunir a este singular equipo de fenómenos –articuló refiriéndose a Dom –es increíble que sobreviviéramos en aquel día de la invasión, y más increíble aun que sigamos vivos después de un año de “cariñosa” amistad
-Oye, ese día la ciudad estaba bajo ataque por docenas y docenas de digimons, edificios prendidos en llamas y gente gritando aterrorizada. No había mucho de donde elegir en ese momento –se defendió Dom con todo el buen humor que le era posible mostrar.
-Cuando el ataque comenzó, yo y Gazimon estábamos listos para huir de la ciudad –explicó Jos –pero justo en ese instante tu digimon se estrelló con mi helicóptero en pleno vuelo, tuvimos suerte de lograr un aterrizaje forzoso
-Por poco nos matan –agregó Gazimon graciosamente.
-No fue nuestra culpa –refutó Monodramon molesto –estaba peleando con otros digimons para defender la ciudad
-De todas formas no fue la mejor manera de conocernos –concluyó el millonario –y no tuvimos otra opción que quedarnos a pelear…

Está vez Gazimon se unió a sus compañeros y amigos.

-Que tal Dracomon –saludó el semifelino –como te trata la vida de eterna flojera, espero que tan bien como a mí
-Adivinaste –respondió el dragón riendo animado –por cierto… ¿me trajiste lo que te pedí?
-Si, si, toma, chocolates traídos directamente de Suiza –dijo entregándole una gran caja –está vez al menos trata de que te duren un par de días o… o… –fue en vano pues a Dracomon no le tomó ni 5 segundos engullirse todo el contenido –bah… olvídalo

Luego fue directamente con Hawkmon.

-Hola amigo –lo saludó chocando levemente los puños y luego se burló –ya no te he visto mucho desde que te cuadruplicaron tus ejercicios militares, a estas alturas hasta llegué a pensar que te había enlistado en el ejercito
-Lo siento, pero bueno… sabes que a Alan no le agradas mucho desde ese día que me convenciste de escaparme en horario de entrenamiento –le susurró el ave.
-Pues yo tampoco soy precisamente su fan –increpó Gazimon indiferente.
-Debo admitir que tengo curiosidad de saber cómo es tu vida en el digimundo –intervino Monodramon –tendrás que prescindir de muchos lujos una vez que estemos allá, especialmente si las bestias sagradas nos ponen a trabajar de inmediato
-Solo lo dices para asustarme –respondió el semifelino con un dramatismo fingido y luego fue con Salamon para seguir con su eterno altercado –y como se encuentra la linda pequeña del equipo, ¿sigues creyendo que eres la más fuerte del mundo?
-Grrr… tienes suerte de que le prometí a Hitomi no darte una paliza esta noche señor “yo visto como humano” –se mofó la cachorra con cierto enfado.
-Mmmmh… ¿Y… ya estás domesticada o todavía duermes afuera? –se burló el digimon malicioso.
-¡Ahora sí lo mato! –exclamó Salamon lanzándose sobre Gazimon, y lo hubiera hecho si es que Hitomi no la sujetaba justo a tiempo.
-¡Tranquila amiga! ¡Prometiste controlarte! –decía la pelirroja mientras Salamon intentaba zafarse –recuerda que esta es nuestra última noche como un equipo.

Al final la digimon se calmó. Las palabras de Hitomi terminaron afectando a todos los presentes, ya que eran ciertas… está sería su última noche.




-Estamos todos: La tonta, la loca, el osbesionado, el que parece que nunca tendrá novia y yo, el...-
-Maldito cóbarde pusilánime.-respondió Dom-No estoy de humor para tus idioteces, Morns.-
-Dominique, Dominique, Dominique...Tú estúpidez no tiene límites.-

El argentino estaba por sacar su arma de la mochila, pensaba en darle un buen susto a Jos, pero Alan vio sus intenciones y lo detuvo antes que haga una locura. El resto se preguntó que se traían esos dos, pero prefirieron callar por las dudas.

-Ni me quiero imaginar que tendrá Dom para que Alan vaya a detenerlo.-comentó Hitomi
-Estoy segura que tiene algo. Iré a averiguar luego, pero por ahora, veré como andan nuestros digimon.-
-A ustedes las noto muy calladas: ¿Les ocurre algo?-
-¿Por qué tanta amabilidad, Jos?-preguntó Nahlia
-Ya lo verán...-

Ambos argentinos se quedaron apartados un poco del resto. Alan quería calmar un poco a su amigo. Si sin ser consciente, casi le dispara a él; podría romper su código de "no matar".

-Dom, no lo hagas.-
-Sólo era para dar un susto, honestamente, es un compañero de trabajo; y por más creído y cagón que sea, no voy a matarlo...por ahora.-
-¿"Por ahora"?-
-Depende de como se comporte. Recuerda que todos son compañeros y sos mi único amigo. Hitomi y Nahlia no son malas, pero sabes que pienso de ellas.-
-Si...-
-¡Ups!-
-¿Qué pasó?-
-Me olvidé que hablé de tu chica...-
-Y lamento evitar que le des un abrazo a tu mejor amigo Jos.-comentó el más corpulento, bromeando con su amigo
-Jaja...vas aprendiendo.-

Mientras ellos volvían con el grupo, Alan fue a hablar con Jos y Nahlia y Dom con Hitomi

-¿Cómo vas?-
-Bien, gracias por preguntar.-respondió ella-Tengo una duda, ¿Qué tienes en tu mochila que aterró a Alan?-
-Un arma de fuego, Hit.-
-¿Hit?-preguntó-¿¡Un arma!?-
-Es lo mejor que se me ocurrió...-respondió-Y bueno, hay que defendernos de los enemigos...-
-Entendido, Dom.-respondió sin estar del todo convencida-Dime, ¿lo extrañarás?-
-Claro, será un glotón, pero lo extrañaré; ¿tú?-
-Si, Salamon es alguien bastante querible a pesar de todo.-
-¿Tú cómo andas?-
-Ando bien, es raro que me preguntes esto...Digo, no eres el más sociable.-
-No sé si hablaremos después de hoy; pienso que debí haber sido más "caballero" contigo y Nahlia...a pesar que Nahlia está algo loca. Iré a hablar con ella.-

En tanto, los digimon se encontraban haciendo algo distinto. Dracomon, Salamon y Gazimon estaban hablando por una parte; Hawkmon y Monodramon estaban meditando. Gazimon se les acercó a sus dos compañeros con intenciones parecidas a las de su compañero con los humanos:

-¡Miren nada más! ¡Si es el dúo "entrenamiento duro"!-
-Largo de aquí, Gazimon. No te protegeré en el Mundo Digital.-
-¡Ja! ¡No te necesito, Monodramon!-
-Cóbarde, igual que tú compañero.-espetó-Me voy a hablar con la magdalena y la chillona. Nos vemos después.-
-Te dejo callado...se nota que le afecta irse de aquí...-
-Ni parece...-bufó el conejo
-Se nota que tu no conoces a Monodramon. Iré con los otros dos.

Monodramon se acercó a Dracomon y Salamon. Al escuchar su charla, pensó si debería haberse acercado o no:

-Al final, ella le dijo que lo amaba sin importar que fueron criados por la misma persona...-contaba el dragón verde, mientras que su amiga escuchaba atento
-Un dragón debería hablar de cosas de machos y no de esas mariconadas.-comentó el dragón violeta, apareciendo detras de él, asustándolo
-Ah, eras tú, Monodramon.-dijeron ambos
-¿Vienes con tu humor de siempre?-preguntó la canina tajante
-Sólo quería saber de que hablaban, pero veo que tenemos gustos muy definidos...y por sobre todo, diferentes. No podría decir que son fuertes; porque estaría mintiendo.-
-Prefiero divertirme y no estar como tú y Hawkmon.-refutó el otro dragón
-¿Rascándote las bolas y no haciendo nada? No es mi estilo. Los fuertes siempre aplastaremos a los débiles.-
-Tampoco te creas la gran cosa, Monodramon...-
-Salamon, no eres la indicada para decirme que es y no es correcto.-comentó el dragón-Eres alguien obstinada. Y recuerden, cuando volvamos, tendremos que saber hacer algo; sino, seguro y nos dan los peores trabajos.-mencionó, retirándose
-Está loco.-dijo la perra
-De remate.-concluyó el dragonzuelo

Volviendo con Dom, éste se dirigía a donde estaba Nahlia. Ella estaba mirando a otro lado, cuando él se acercó, ella sacó un cuchillo y trató de apuñalarlo, pero él atajó su mano y pudo evitar el golpe.

-Ah, Dom, perdona; pensé que eras Alan.-
-¿Querías ver si se pinchaba?-preguntó él, causando unas risas de ella-En mi vida te vi riendo.-
-Y a ti bromeando. Parece que somos dos desconocidos.-
-Por mi parte, los he tomado como compañeros; pero no di una oportunidad a nadie. Creo que debo empezar ahora con ello.-
-Un poco tarde.-
-Mejor tarde que nunca, Nahlia. Parece que mi digimon no se lleva bien con el tuyo...-
-Dracomon es algo...-
-¿Maricotas?-
-Iba a decir sensible, pero sí. Y Monodramon está un poco obsesionado con ser más fuerte.-
-Entiendo. Voy a hablar con Alan, vuelvo al rato.-

El argentino fue a hablar con su compatriota. Sentía que tenía que hablar con la persona que tenía mayor confianza de los cuatro humanos.



- ¿Ya volviste de la charla con la neurótica?
- Hey, hey… Nahlia no es neurótica; sólo “especial”.
- Ajá, como digas… Y decime, ¿De que querías hablar conmigo?
- ¿Vos extrañás Argentina, Alan?
- Pues la verdad, si: extraño estar en un lugar donde me sienta… como en casa, no como si estuviera fuera de lugar.
- Viejo; no te has visto en el espejo últimamente, ¿Verdad?
- Sabés a lo que me refiero, pelotudo. Digo, Hanzo es genial, y todos en su casa me tratan de maravilla, pero… a veces siento nostalgia por mi casa, mi familia, nuestro país… y algo de espacio. ¡Aquí todos viven como sardinas! ¿Y vos? ¿No extrañás nuestra casa?
- Sinceramente no; está hecha mierda Argentina, y preferiría estar en un lugar mejor para vivir, como este.
- Pues yo pienso regresar, donde capaz sirva de algo.
- ¿Ser rugbista ayudará a la nación?
- No, Dom; -susurrándole- Aquí entre nos, quiero llegar a ser doctor, pero prefiero que Srta. Sarcasmo, Pimentosa y el Sr. Burns no lo sepan, para evitar burlas. Ya sabés; mejor no darle material.
- ¿Querés que te guarde el secreto para que mantengas tu máscara de muchacho bruto y pinchado de hormonas?
- Exacta… ¡Que no me clavo, pedazo de animal!
- Solo estoy bromeando; claro que te guardo el secreto.
- Dale; ahora voy a hablar con los otros para que no sospechen.
- Como quieras; iré a ver a Monodramon.

Mientras Dominique buscaba a su camarada púrpura, su compatriota se reunía con las dos chicas, que conversaban entre ellas con toda tranquilidad, hasta que apareció Alan.

- Hola, ¿Cómo les va? ¿De que estaban hablando?
- Eh… Nada que te incumba, chulito. ¿A qué vienes a molestar?
- Sólo quería hablar, Nahlia; pero si quieren, me voy.
- ¿Y de que querías hablar? –preguntó Hitomi-
- Me preguntaba si… ya se sienten preparadas para la… despedida.
- ¡Pues claro que sí: no me quiero separar de Salamon! –gritó la chica- ¿Qué clase de pregunta es esa?
- Una pregunta nada más, ¿Y vos, Nahlia? ¿No vas a extrañar al “drama queen” de Dracomon? Según Dom, es así.
- No es un machote sin cerebro como ese dragón color uva, Mister Musculitos.
- Hey, hey… yo solo trato de hablar bien contigo, como hace rato. ¿Por qué te enojás ahora?
- Porque me da la gana; gracias.
- ¡¡AGH!! ¿Por qué se llevan tan mal ustedes dos?
- ¡¡NO ES TU ASUNTO, HITOMI!! –gritaron ambos-
- Ya parecen casados ustedes dos.
- ¡¡NO TE METAS CON TUS ESTUPIDECES!!
- Como quieran. –refunfuñó Hitomi, cruzándose de brazos- Yo me voy con Salamon.
- Está loca si cree que voy a enamorarme de ti, saco de hormonas.
- Opino igual; a Hitomi le falta un tornillo.
- ¿Quién te crees para insultar a mi amiga?
- ¡Vos la insultaste prim…! Bah; me voy con el señor “ojos de uva” valuado en el índice Nikkei; adiós.

Mientras tanto, entre los compañeros digitales…

- Creo que es suficiente por hoy –dijo el ave- abriendo los ojos- Eh… Monodramon, ¿Hola?
- Aquí estoy… -saludándolo sorpresivamente- Fui a hablar un momento con el dragón maricotas, la perrita fifí y el conejo de Beverly Hills: no cuentan nada nuevo.
- Ah, ya…
- Pensaba en que… una vez en el Digimundo, podríamos entrenar nosotros solos. Aquí entre nos, es evidente que seremos los únicos que se pondrán las pilas, ya que Salamon y Dracomon se la pasarán hablando como dos solteronas chismosas viendo telenovelas.
- Siempre eres tan delicado al poner apodos a las personas, ¿Verdad?
- Sabes que tengo razón, y ni hablemos de Gazimon, que en menos de un día, se lo comerá un Tyranomon salvaje… si es que sobrevive una noche sin comer caviar.
- Bueno: Gazimon si es algo malcriado al respecto, pero no creo que a ese extremo. –respondió Hawkmon, muy sereno- Respecto a tu idea; si, suena interesante.
- Seguro Alan te dio muy buenas ideas.
- Uff… Ni me lo recuerdes.

Salamon y Dracomon aparecieron de pronto, aparentemente interesados en la conversación de los dos amigos.

- ¿Qué hacen aquí?
- Mi oreja izquierda estaba caliente –contestó Salamon- , Así que vine a asegurarme.
- ¿Huh?
- Es una creencia popular, Monodramon: –respondió el aguilucho- si sientes tu oreja izquierda caliente, es que alguien habla mal de ti.
- ¿Y que decían de nosotros? –exigía el dragón verde- ¿Serían tan amables en decírnoslo?
- Si es algo malo, no hay razón para oírlo, si solo causará discordias. A menos que solo busquen que nos peleemos por sandeces.
- No; para nada. –comentó Salamon- y menos un día como hoy, Hawkmon. Hoy nos separaremos de nuestros camaradas, y una vez que estemos en el Digimundo, nos tendremos a nosotros nada más.
- Creí que te sentís fuerte.
- ¡Soy fuerte, pájaro estúpido! Pero no quiero quedarme sin amigos.

Sin decir más, Salamon y Dracomon se fueron para su lado, dejando al aguilucho y al dragón morado perplejos, ¿Que acababa de pasar?

Por su parte, Alan…

- Señor Donald Trump, ¿Cómo le va? ¿Ya vendó a su madre al mejor postor?
- Jojojo… tu siempre tan bromista, ¿Eh? ¿Qué sucede? ¿Te cansaste de las lagartijas?
- Al menos yo sí sé hacer lagartijas; seguro vos ni sos capaz de hacer una.
- Tengo a los mejores personal trainer del mundo, que me enseñan a…
- Hacer yoga y ejercicios de respiración; tenés cara de no sudar una mísera gota.
- Soy un empresario, estimado compañero; yo no necesito hacer ejercicio: necesito hacer dinero, y mucho.
- Ajá… Bueno; en fin. Decime la verdad, ¿Qué tenés en mente?
- ¿Yo? Nada. –contestó Jos con suma tranquilidad- ¿Que te hace pensar que yo pienso en algo?
- Tu apellido Morns, más que nada. A mí no me engañás, ni con tus barajitas, así que, si tenés algo en mente, escupilo.
- ¿Debo tomar eso como una amenaza, capitán esteroides?
- Para nada… -rió el argentino, poniendo al joven Morns algo suspicaz- Es una advertencia amistosa entre compadres.
- Si, como digas… Solo espero que esta despedida no se vuelva muy cursi; detesto eso.
- Algo que tenemos en común.
- ¡Excelente! Ahora que demostraste que compartimos muchos puntos de vista, ayúdame a aclarar una duda, ¿Acaso te gusta…?
- No…
- Que grosero eres; ni dejaste que acabara la…
- Ibas a decir, Nahlia; y no: no gusto de ella. Como sea; mejor regreso con Hawkmon a pasar los últimos momentos antes de regresarlo a su mundo…
- Como gustes.
- Ah, una cosa más, “estimado” Josías… Volvés a llamarme “capitán esteroides” o algún otro apodo relacionado, y tené por seguro que te completo el look color morado.
- ¡JA! Que gracioso eres: tu nunca podrías ponerme las manos encima por ser amigos. ¡Y no me llamo Josías!
- Cierto, pero tu título de amigo pende de un hilo, estimado… -rió nuevamente- Ah, y por cierto, espero que te cuides de la próxima crisis económica.
- Nuestra familia es poderosa, Alan: nunca caerá ante ninguna crisis…
- See… Eso decíselo a los banqueros del ’29… En fin; nos vemos, Josué.
- ¡¡QUE SOY JOS!!

Alan se retiró, volviéndose a su compañero y con cierta satisfacción de haber puesto incómodo al joven millonario; claro que nunca le pondría una mano encima, pero jugar psicológicamente con él era sumamente divertido, ¿Se estaría volviendo como Nahlia? Tal vez, mas debía admitir que era divertido.

- ¡Maldición! Ese sujeto me hará tener pesadillas… -pensó Jos- ¡Otra crisis y tendré que tomar el transporte público!



Con suerte, Dracomon todavía no tenía que marcharse. Nahila miraba cada dos por tres la hora, deseando que pasaran los minutos, que fuera el día siguiente, y al despertarse, su compañero le dijera que no pasaba nada, que había tenido una pesadilla y en realidad no debía marcharse. Pero en el fondo sabía que eso no iba a suceder, que las Cuatro Bestias Sagradas habían ordenado que todos los digimon volvieran al digimundo, y que por mucho que tratara de pensar lo contrario, la ida de Dracomon sería tarde o temprano.

Acababa de tener un charla con Alan y Dom, y la verdad es que se le había hecho extraño: esos dos no eran muy habladores, mucho menos con ella. Por supuesto, con el primer nombrado no había mantenido una conversación amena, de temas simples, sino que habían terminado, como de costumbre, discutiendo por ideales distintos. De todas maneras, Nahila sabía que, por mucho que se gritaran, seguían siendo amigos. Alan era borde, sincero, machista y terco como una mula; y ella, al ser algo feminista, sincera y borde también, era lo que hacía que se enfrentaran tantas veces en esas disputas por tonterías.

Hitomi era otra historia. Al igual que pasaba con Jos. Con ambos hablaba más. Con Hitomi quedaba muchas veces y charlaba mientras paseaban por las calles. Mientras que con Jos, aunque no se veían muy a menudo, si eran de conversar por teléfono —por supuesto, era él el que llamaba, porque ella no se iba a gastar dinero—, y se pasaban parlamentando hasta que uno de ellos se iba a cenar.

—¡Nahila! ¡Nahila! —La chica se giró al escuchar a Hitomi—. ¿Por qué no vienes? Sé que te gusta estar sola, pero estar en este parque con amigos de noche es genial, ¿no crees?

—Sí, genial… —repitió ella, riéndose de la forma que tenía su amiga de describir las situaciones—. Ya voy.

Su compañero escuchaba la música que Gazimon ponía, y, mientras, Salamon se encargaba de molestarlos a ambos. A veces, incluso, Gazimon le decía algo molesto a la pequeña digimon, y se les veía al dragon y al semifelino huir de ella, aterrorizados. Era una escena cómica, y a pesar de los reproches de Dom y Alan por la manera que tenían esos tres de actuar, ninguno dijo nada, porque entendían que debían disfrutar de todos los buenos momentos de esa última noche.

Jos estaba sentado en uno de los bancos, con el móvil fuera tecleando. Nahila no quiso molestarlo, y aunque Hitomi tenía pensamientos infantiles de ir y cogerle el teléfono, se le anularon cuando su amiga se acercó para conversar.

—Bueno, ¿qué querías, Hitomi?

—¿Yo? Nada, ¿de dónde te sacas que quería algo de ti? —frunció el ceño.

—Pero si hace apenas unos segundos me has llamado… ¡Hitomi! ¡No me mires con esa cara! En serio, deberías ir al médico; esa mala memoria no es normal.

—¡Oh! Antes te pasó algo con Alan, ¿verdad? Me subí al árbol para escuchar vuestra “amistosa” charla de “amigos”.

Nahila rodó los ojos. Hitomi tenía la habilidad de cambiar de tema tan repentinamente olvidándose por completo de lo que habían hablado antes.

—No me gusta ese tono sarcástico —murmuró, mostrándose molesta—. Lo primero: mis charlas con Alan, nunca son amistosas, deberías saberlo ya. ¿Pero por qué pusiste tanta énfasis en la palabra “amigos”?

La chica le dio un codazo.

—Venga, no te hagas la tonta. Ya sabes, del odio al amor solo hay un paso.

—Cierto, y también hay solo cinco pasos para que me acerque a él y le dé un… —replicó Nahila, aunque no pudo terminar.

—¿Un beso? —interrumpió Hitomi, gritando—. ¡Ibas a decir un be…!

Dom y Alan, que charlaban, se giraron enseguida al escuchar los gritos de Hitomi. Jos ni siquiera levantó la cabeza: sabía que la pelirroja montaba escándalo por cual tontería.

—¡No! ¡Iba a decir un guantazo! —Protestó Nahila—. Agh… ¿por qué tú y Dom pensáis eso? Alan y yo no tenemos nada. No sé de dónde habéis sacado esa idea tan horripilante. Pero si cuando luchábamos contra el enemigo y uno estaba en apuros, nos decíamos débil y diversos insultos en vez de ayudar.

—La verdad, no sé por qué os lleváis tan mal. Yo me llevo bien con todos… Pero, claro, ¿quién no querría ser mi amigo? No hay nadie como yo —se halagó a sí misma.

—Bueno, es fácil soportarte cinco minutos; después lo mejor es ponerte un esparadrapo en la boca y atarte de piernas y manos —comentó Nahila, como si fuera lo más normal del mundo —. Que por cierto… —rebuscó algo en sus bolsillos—. Traje una pequeña cuerda, así que no me enfades mucho, amiga… —sonrió de forma encantadora—. No soy paciente, lo sabes.

Para sorpresa de Nahila, Hitomi río y la abrazó con total naturalidad. Como si fuera su cumpleaños.

—Sé que no serías capaz de hacerle eso a tu mejor amiga… Deberías alegrarte de tener una amiga tan perfecta como yo.

—Yo que tú no tentaría a la suerte —contestó Nahila, rompiendo el abrazo. Por un momento, se iluminaron en su mente diversas imágenes de Hitomi callada. Era algo difícil de ver, pero no imposible—. Mejor cambiemos de tema… ¡Quieres dejar de mirarme a mí y a Alan insinuando algo!

—Vale, vale… ¿De qué quieres hablar, entonces? ¿Quieres hablar de mí? ¡Claro! Pues, verás, esta mañana…

—Si escribes un diario algún día, me lo pasas, porque ahora mismo desconectaría y no te escucharía. Eres muy detallista a la hora de contar que hiciste cada treinta segundos —dijo Nahila, con total sinceridad.

—¿Quieres que escriba? Lo intenté una vez… al día siguiente me dolía la mano.

Nahila la miró con cara de pocos amigos.

—¿Nunca te duele la boca? —Hitomi iba a contestar—. Es una pregunta retórica —Hitomi se encogió de hombros—. ¿Uso la cuerda…? —se preguntó Nahila a sí misma—. Lo pensaré…

—¿Dijiste algo, Nahila? Tienes que compartir todos tus secretos conmigo, por eso somos tan buenas amigas.

—¿Eh? No, no…

—¿Qué no tenemos que compartir todos nuestros secretos? Pero ¿por qué? ¡Si yo sé guardar un secreto! Como cuándo me contaste que escuchaste que a Alan le dan mie…

Eso lo dijo en voz alta, y de nuevo los dos chicos de atrás se giraron para verlas. Nahila le cerró la boca, con las mejillas rojas del enfado. Cogió a Hitomi del brazo y la arrastró para alejarse un poco más de los demás.

—Me refería a que antes no había dicho nada —susurró.

—¿Cuándo dices qué fue eso? —Frunció el ceño—. No lo recuerdo…

—La cuerda… La cuerda… La cuerda… —comenzó a sisear Nahila—. Sería rápida… sólo tendría que inmovilizarla.

—Si hablas tan bajito no puedo escucharte, amiga —dijo Hitomi, sonriendo—. ¿Dijiste algo de jugar a las cartas?

—¿Quién dijo cartas? —preguntó entonces Jos, apareciendo de pronto con su baraja de cartas en las manos.

—Pero si yo no…

—¡Sí, venga! ¡Esta vez te ganaré, Jos! —exclamó Hitomi, cogiendo a Jos para llevarlo de nuevo a los bancos.

Mientras que ellos dos se dedicaban a jugar —en realidad, era una tontería, porque estaba claro que Jos iba a vencer—, Nahila volvió a estar sola y se puso a caminar. Las palabras de Hitomi sobre que era la última noche que estarían con sus camaradas digimon habían resonado en su mente cada cinco minutos. La charla con ella le había hecho relajarse un poco —a pesar de que había tenido deseos de matarla en algunas ocasiones—, puesto que había sido una conversación amena, que no tenía nada que ver con la despedida. De todas formas, Hitomi y ella no eran de hablar de peleas.

No quiso molestar a Dracomon, parecía divertirse mucho con sus amigos. Se metió las manos en los bolsillos del pantalón. En ese parque había un pequeño lago, dónde por la mañana los hombres mayores se dedicaban a tirar migas de pan a los patos. La chica se acercó a una especie de barandilla que había alrededor del lago —para que no pasaran los niños—, y apoyó los brazos en ella. No había movimiento del agua, porque los patos estaban durmiendo.

—Es raro verte así —murmuró una voz masculina detrás de ella.

Nahila se giró automáticamente. Ya tenía en la mano su arma blanca, y fue gracioso que el tipo que tenía delante sacara también algo para atacar: una pistola. Nahila se tranquilizó un tanto al comprobar que se trataba de Dom. Guardó la navaja y pegó un salto para sentarse en la barandilla, pero con cuidado para no caerse.

—Parece que al final voy a recibir un ataque por tu parte, cada que me acerco me sacas la navaja.

—No sé a qué te refieres —respondió a la otra pregunta, ignorando su comentario y mirando fijamente al muchacho argentino.

—Eres de las personas que no muestran sus sentimientos a la ligera, pero hoy estás diferente. A pesar de que discutiste con Alan, no te vi muy enérgica. Supongo que debe ser por lo que sucederá hoy.

—Todos estamos así. Hemos pasado mucho tiempo con nuestros compañeros. Hemos librado batallas, hemos celebrado fiestas con ellos… ¡Hemos vivido con ellos! Y ahora, porque unas Bestias les da la real gana, tienen que marcharse; puede ser para siempre, puede ser para un tiempo…

—Hitomi no parece afectada.

—Ya sabes cómo es ella: fuerte y presumida delante de todos. Pero también tiene una parte sensible, por lo que seguro que lo pasó mal al saber la noticia de que Salamon tiene que irse. Bah, el único que parece indiferente a lo que pasa es Alan —Dom la miró cuándo nombró al otro chico—. Tú lo conoces mejor, ¿no? ¿Por qué se comporta de esa manera tan dura en momentos tan tristes como estos?

—Es su carácter —se limitó a contestar.

La joven rodó los ojos. Levantó el rostro y se quedó mirando el cielo nocturno. Había dejado una nota a su madre diciéndole que llegaría tarde al estar con sus amigos. No sabía si de verdad sus padres se preocupaban de que llegara tarde, pero, aunque seguramente fuera así, estaban demasiado ocupados vigilando a sus otros nueve hijos pequeños. Por una razón u otra, Nahila conseguía hacer lo que quería en todos los sentidos.

—Y contigo jamás se mostrará de otra manera —agregó Dom—. Sois prácticamente igual de orgullosos: ninguno dará su brazo a torcer.

—Es divertido discutir con él —dijo Nahila—. Bueno, dejemos hablar de eso, que entre tú y Hitomi me tenéis harta con ese tema.

El líder del pequeño grupo se acercó hasta la barandilla para observar el lago.

—¿Por qué decidiste aceptar unirte a nuestro grupo, Nahila? —Preguntó entonces Dom—. Te observé durante un tiempo, para comprobar si eras fiable, y nunca te vi con nadie. Siempre ibas sola a todos los sitios; bueno, junto a Dracomon, por supuesto.

—¿A qué viene eso? Mejor estar sola que mal acompañada, y créeme, la gente que he conocido hasta ahora son unos estúpidos.

—No me has respondido a la pregunta —hizo notar.

La muchacha no contestó enseguida. Como había dicho antes, ella no era de mostrar los sentimientos a la gente, aunque fueran sus amigos. Y hablar de su personalidad tampoco le gustaba, mucho menos recordar tiempos pasados. Pero Dom esperaba, sin presionarla, mirando hacia otro lado para no molestarla. Pensó que no pasaría nada hablar un poco con él.

—Soy muy segura de sí misma, pero nunca confié en nadie. Cuando alguien se acercaba a mí, significaba que venía a insultarme o a burlarse de mí. Pero cuánto tú apareciste, fue distinto. Conocías a los digimon, no te asustaste al ver a Dracomon, y bueno, cuando saqué mi navaja te reíste en vez de huir como el resto. En ese momento pensé que eras otro idiota, pero cuando me hablaste del grupo que estabas haciendo y que también te defendías de los demás con un arma, pensé que podría cambiar un poco mi vida monótona. ¿Te vale esa respuesta?

Dom asintió sin decir una palabra.

—Aunque si hubiera sabido que conocería a alguien como Alan, habría rechazado la petición —añadió Nahila, de broma.

—Pienso igual —comentó una tercera voz.

Nahila no tuvo tiempo de apoyarse a la barandilla, fue tal la sorpresa de ver a Alan que cayó al lago. Dom abrió los ojos y trató de cogerla, pero ya era demasiado tarde: el cuerpo de Nahila se mojó por completo. La chica tardó un poco en salir, porque el contacto con el agua fría la paralizó durante unos segundos. Después tomó impulso y sacó la cabeza para respirar. Alan se río y recibió una mirada gélida por parte de la muchacha; Dom saltó la barandilla y ayudó a Nahila a salir.

La chica tiritaba. Se había quitado la chaqueta, porque esta le provocaba más frío. Aunque lo mejor sería que se cambiara de ropa. Le caía agua del pelo y que no hubiera sol era otro problema. ¿Por qué se había caído delante de ese idiota? Alan no podía dejar de reírse.

—Te… Te vas a enterar… —tartamudeó Nahila, amenazando a Alan—. Un día de… de estos, te pro… prometo que te… te arr…arrepentirás…

—Tenés una semana asegurada en la cama —se burló Alan.

Parecía que ninguno de los que estaban en los bancos había escuchado la caída. Tal vez se debía a que estaban un poco lejos del sitio donde se habían encontrado todos. Hitomi y Jos estarían ocupados jugando a las cartas, y Dracomon, Gazimon y Salamon seguirían escuchando música. Para sorpresa de Nahila, Hawkmon estaba detrás de Alan y junto a él, también Monodramon.

—Deberías ir a casa y cambiarte —opinó Dom.

—¿Y si Dracomon se va mientras que no estoy? —negó—. El frío no es un problema. Lo soportaré.

—Anda, tomá —dijo Alan, sacando algo de la bolsa donde se había escondido Hawkmon—. Podés secarte con esto —le pasó una toalla—, y después podés ponerte esta chaqueta.

Alan tenía las manos adelantadas para que la chica lo cogiera, pero esta frunció el ceño y observó las dos cosas con atención.

—¿Está sudado, verdad? No pienso ponerme tu sudor en la cara —replicó Nahila.

—La mamá de Hanzo lo limpió, boluda —respondió Alan, poniéndole la toalla en los hombros y la chaqueta en los brazos.

—Me iré con los demás para dejarlos intimidad —comentó Dom, riéndose.

Ambos le dirigieron una mirada amenazante.

—Yo me quedaré acá —dijo Alan—. Seguro que Nahila aprovecha para tirar la toalla al lago, y si se le ocurre… ella irá detrás.

—Se me ocurren mejores planes a qué se moje una toalla —intervino Nahila, antes de irse detrás de unos árboles para comenzar a secarse.

Escuchó como Dom se alejaba del lago. Se quitó la camisa, intentado que no hubiera tanta ropa mojada, y se puso la chaqueta de Alan —que le venía grande—, subió la cremallera hasta el cuello y se secó el pelo y los pantalones con la toalla. Ahora lo que más le molestaba es que ese musculitos le hubiera prestado su ayuda. Ella no le devolvería el favor, porque no había pedido esa chaqueta.

—Tardás mucho —gritó la voz de Alan—. ¿Qué estás haciendo con la toalla?

—¡Ni se te ocurra acercarte! —Bramó la chica—. ¡Pervertido!

—No soy pervertido, soy precavido —respondió, asustándola porque acababa de aparecer por detrás. Al verla con la chaqueta puesta no pudo evitar soltar una carcajada—. Valió la pena entregártela. Te ves fatal así.

—Imbécil—respondió, tirándole la toalla en la cara, cabreada.

Salió de detrás del árbol, completamente enojada. No tenía las manos al descubierto porque las manchas de la chaqueta eran demasiado largas.

—Va ser verdad que fuiste a España un par de años… —dijo Alan, guardando la toalla en la bolsa. Hawkmon se había ido junto a Dom.

—¿Cómo sabes eso?

—Hitomi hizo una foto de la bandera de España que está colocada en la pared de tu habitación —respondió, encogiéndose de hombros—. Y algunos insultos los sacaste de allá.

Nahila calló. Recordaba el día en que Hitomi había hecho preguntas sobre su viaje a España. Había ido con su tía, y había aceptado únicamente para escapar de sus nueve hermanos. Habían sido días tranquilos, donde conocer la capital de España sólo había sido una excusa para no escuchar los gritos de su familia. Aunque no tenía ni idea de que Hitomi se lo hubiera comentado a los demás.

—¿Por qué no entrenas a tu digimon? —preguntó Alan, rompiendo el silencio.

—¿Por qué no dejas que el tuyo se relaje un poco? ¿Acaso le has preguntado si quiere ser idéntico a ti? —Contratacó—. Yo no obligo a nadie a que haga nada. A Dracomon le gusta la tranquilidad, y cuando debe pelear, lo hace a su manera. No tengo que matarle a entrenamientos para que después caiga agotado.

—El entrenamiento da buenos frutos. Y cuando estamos en medio de una batalla, lo mejor es estar preparado. Vos no tenés ni idea de lo que es esforzarse. Vivés en tu mundo multicolor.

Nahila se arremangó hasta el codo y se acercó a Alan.

—Ah, sí, tu definición de esfuerzo es un poco distinta a la mía. Esforzarse por algo en concreto es luchar por algo que valga la pena. ¿Pero en serio sirve entrenar hasta morir sólo para ser superior a los demás? ¿Para ser más fuerte? ¿O para tener ese físico? Que, por cierto, parece que te has metido de todo hasta vomitar para tenerlo.

—¿Cómo… te atreves? —siseó el chico, apretando las manos.

—Parecen flotadores que se vayan a desinflar en cualquier momento —rebuscó algo en el bolsillo del pantalón—. Lástima que no haya traído una aguja de coser, así podría probar mi teoría de músculos de plástico.

La joven estaba muy enfadada. No solo porque por culpa de él se había caído al lago, sino también por haberle prestado su ayuda cuándo no la quería. Era demasiado orgullosa como para dejar las cosas así. No le gustaban los tipos duros como Alan, y aunque lo demostraba de todas las maneras posibles, esa noche estaba de los nervios: triste, decaída y empapa. Todo eso había conllevado a que ahora estuviera teniendo una discusión —repetitiva, sea la verdad—, con ese tipo.

Alan parecía que iba a explotar y que toda su furia caería en la muchacha. Pero entonces se relajó, se calmó y empezó a caminar, rumbo donde estaban los demás.

—¡Eh! ¿Dónde vas? —Nahila golpeó a una piedra que llegó hasta el pie de Alan—. ¡Estamos discutiendo!

—Estás mal de la cabeza, eso ya lo sé, y no dudaría en seguirte el juego en esta discusión sin sentido. Pero hoy estás de los nervios porque Cuatro Bestias Boludas se van a llevar a nuestros compañeros —no se dignó a girarse, seguía caminando hacia delante—. Así que ya vendrá mi turno cuando pase un tiempo. Tranquilízate, pendeja, no es el fin del mundo.

—Agh… siempre debe tener la última palabra… —siseó Nahila.

—Parecen un matrimonio —río Jos, que tecleaba su teléfono mientras se acercaba a Nahila—. Bueno, por fin podremos hablar.

Nahila ni siquiera le replicó la gracia. Estaba cansada de que sus amigos insinuaran que ella y Alan tuvieran algo amoroso, cuando estaba claro que no había nada. Cada vez que se veían discutían, ¿y qué? ¿No puede haber una rivalidad por toda la eternidad sin necesidad de que haya romance?

—Pensé que seguías jugando con Hitomi.

—Al final me aburrí —respondió Jos, guardando el móvil—. Es tan torpe que se le cayó toda la baraja en un charco. ¿Te lo puedes creer? ¡Siempre le pasa algo a mis preciados objetos cuando ella anda cerca! —Le salió un tic en el ojo—. Le dije que limpiara todas… y de paso, ella me advirtió de que buscaría mi trampa. Está completamente segura de que pinté detrás de las cartas y así sé cuál coger.

—Tal vez ese sea tu truco —murmuró Nahila, levantando las cejas—. ¡Venga! Tienes que admitir que es muy sospechoso que ganes con tanta facilidad.

—Quizás es que ustedes sean muy malas jugando —sonrió Jos—. No es mi culpa que uséis las cartas malas pensando que son las mejores.

—¿Estás insultando mi manera de jugar, Jos…? —su mano se acercaba peligrosamente a su arma blanca—. Porque eso se puede arreglar.


El millonario negó con la cabeza repetidas veces.

—Jamás diría algo semejante —dijo Jos—. Tu táctica es… ¡buenísima! Pero la mía es mejor. Y… cambiando de tema. ¿Qué te pasó?

—¿Uh? ¿A qué te refieres?

—Llevas una chaqueta tres tallas más grande de lo normal, tu pelo está despeinado y tienes los pantalones y zapatos mojados —contó con los dedos—. Y hay un rastro del agua desde el río hasta dónde estás tú ahora.

—Me caí al lago —contestó, encogiéndose de hombros. Notó que Jos estaba a punto de estallar—. ¡Ni se te ocurra reírte, Jos! ¡No tendré piedad! —avisó.

Al chico le costó un poco no reírse. De vez en cuando miraba hacia atrás y se le escapaba un sonido extraño.

—Ya… Ya… —murmuró Jos, tranquilizándose—. Oye, tengo una duda. ¿Cómo dejas que Hitomi vaya a tu casa? ¿No te rompe nada?

—Mi casa es pequeña y casi no tiene adornos, y los que hay, no son tan caros como los tuyos —contestó—. Mira quien habla, ¿no? Dices que Alan y yo parecemos un matrimonio, y luego estás todo el rato quejándote de Hitomi. Vosotros si parecéis una pareja…

—¡Por favor…! ¡En la boda tendría tan mala pata que en vez de cortar la tarta me cortaría a mí! Y después en el avión… habría un accidente, terminaríamos en una isla desierta, y el único alimento que encontraríamos, sería uno que no le gustara, se enfadaría y pisaría esa fruta. ¡Moriría por su torpeza!

Aunque eran un grupo de cinco amigos que había luchado contra digimon salvajes, también había algunos roces entre ellos. Nahila discutía bastante con Alan, pero que Jos se enfadara cada dos por tres con Hitomi era bien sabido. Ni siquiera los guardaespaldas del millonario conseguían que la pelirroja tirara algunas cosas sin querer. Nahila a veces dudaba si la chica de verdad era así de patosa, o lo hacía a propósito.

—Tienes mucha imaginación, Jos. Hitomi no es tan mala.

—No digo que sea mala… Pero es muy nerviosa. Bueno, da lo mismo. ¿Qué piensas de todo esto, Nahila?

—¿Qué pienso de qué? Explícate mejor —frunció el ceño.

Jos sacó su digivice. Nahila entendió sin necesidad de que él le contestara.

—Lo veo injusto. Ahora que podíamos divertirnos con nuestros compañeros, se tienen que ir. Me parece que manejan a Dracomon y los demás digimon como si fueran peones de una gran batalla. Dejan que nos encariñemos de ellos, que compartamos nuestras vidas con esos seres digitales, y después dicen que deben marcharse porque no son necesitados aquí. Pero somos nosotros, los que hemos recibido el digivice, los que comprendemos a nuestros amigos. Esas Cuatro Bestias no saben nada.

—Les interesa proteger la Tierra de la amenaza de digimon salvajes. Ahora que han sido eliminados todos, ya no tienen por qué dejar a sus “peones” aquí.

—Dracomon se ha acostumbrado tanto a la Tierra… —sonrió Nahila—. Cuando me despierto, le veo jugando a la consola con uno de mis hermanos. ¡Incluso a veces ve telenovelas con mi madre!

—Sí, a Gazimon le ocurre lo mismo. Podría dar un discurso de móviles si le dejaran —río—. Está más informado que los periodistas. No sé qué pensarán allá cuando le vean vestido así.

El silencio inundó la conversación. Pasaron de repente Dracomon y Gazimon cantando una canción mientras que eran perseguidos por Salamon. Gazimon echaba fotos a la cachorra y se burlaba de ella a la vez, y Dracomon trataba de no tropezar con las piedras del parque. Cuando vieron a sus compañeros, saludaron, y antes de que se dieran cuenta, ya se habían unido a ellos, Salamon incluida. Pero esta no tardó en declarar que debía ir con Hitomi, porque seguro se enfadaba si se veía sola en los bancos.

—¡Nahila, estás mojada! —Exclamó el pequeño dragón—. ¿Quieres que te roce con mi fuego?

La chica se giró enseguida antes de que su digimon comenzara el ataque. Gazimon no paraba de hacer fotos, diciendo que eran para recordarlos a todos para cuando se fueran al digimundo.

—¡No, Dracomon! Mi pelo puede acabar chamuscado. Ya me secaré en casa, no te preocupes. ¿Qué estabais haciendo?

—Molestando a Salamon —dijo Gazimon, maliciosamente.

—Lo que pasa es que tiene poca paciencia, se enfada por cualquier cosa —dijo Dracomon—. Aunque, Gazimon, la chinchas mucho. ¡Lo que no sé porque termina yendo detrás de mí también!

—¿Tal vez por qué le dijiste que sus piernas eran pequeñas y por eso no podría alcanzarnos aunque lo intentara? —Sugirió el semifelino—. ¿Qué era más bella siendo Gatomon? ¿O cuándo te reíste de mi broma de los perros domesticados?

—¿Pero no se supone que hay que ser sincero con las mujeres? ¡No las entiendo!

—Pronto te acostumbrarás a ese dilema —murmuró Jos—. A mí me sucede exactamente lo mismo. Aunque tampoco pongo mucho interés en intentarlo

Nahila prefirió no intervenir en aquello. Dracomon jugaba a dar vueltas alrededor del lago, y Gazimon pasaba de música en música hasta poner una que le gustara. El tiempo pasaba rápidamente, como si el destino quisiera que sus compañeros se fueran. Pero todavía ese momento no llegaba.

—¿Volvemos con el resto? —Preguntó Jos—. Supongo que Hitomi ya se habrá dado por vencida al no encontrar nada.

La chica asintió. Dracomon se situó en el suelo, al lado de Nahila y caminó cerca de ella. Gazimon guardó su móvil, se puso los casquitos y caminó moviéndose al compás de la música.
 

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-¡Muy bien, prepárate mi tramposo amigo! –exclamó Hitomi con intención de reto apuntando a Jos –¡saca otra baraja, está vez será diferente!
-Ay no, otra vez –susurró Nahila.
-Eh… pues, aunque me gustaría humillarte de nuevo mi obstinada amiga, temo que hoy definitivamente no estoy de humor –respondió Jos con tranquilidad –y para que quede claro, contigo no necesito hacer trampa, realmente eres mala en las cartas
-¡Presumes demasiado! ¡Quiero mi última revancha! ¡Estoy lista para todo!
-Eh… no, además acabas de estropear mi última baraja, y no quisiera arriesgarme de nuevo contigo
-Oh, vamos… por favor –suplicó está vez la pelirroja–está es mi última noche con Salamon para demostrarle que puedo vencerte
-La vida es injusta –se burló el estafador –pero ya me aburrí de aceptar jugar contigo a cambio de nada
-¿Qué quieres decir? –preguntó confundida.
-Podríamos hacer el juego más… interesante
-Eh… ¿interesante?
-Ya sabes… darle sazón al platillo –dijo cruzado de brazos.
-Eh… pues…
-Una pasta que sustente la situación –agregó el millonario para que ella entendiera.
-Yo… no sé de qué estás…
-¡Oh por todos los…! ¡Quiere que apuestes! –gritó Nahila a punto de estrangular a su amiga.
-Ah… ya entiendo ¿Quieres que juguemos por dinero? –preguntó Hitomi.
-Ja, no me hagas reír –articuló el joven de ojos púrpuras –si quisiera tu dinero ya te habría cobrado todo lo que has roto en mi casa
-Mmmh, no sé porque tienes que sacar siempre ese tema –comentó ella frunciendo el ceño –¿y que es lo que quieres exactamente?
-Bueno… ya que no volveremos a ver a nuestros digimons, que tal si apuestas tu digivice
-¡¿Qué?! ¿Y tú para que lo quieres? –preguntó sorprendida.
-Pues siempre quise abrirlo para saber que tienen dentro estos aparatos –explicó Jos –pero no quiero arriesgarme al hacerlo con el mío…
-Mmmh… –Hitomi lo pensó por un momento.
-Hitomi no –le aconsejó Nahila mirándola fríamente.
-Oh… tienes razón, no puedo hacerlo –dijo la pelirroja graciosamente resignada.
-Increíblemente creo que tomaste la decisión correcta –articuló el timador sonriendo maliciosamente –en fin… veré si puedo sociabilizar con los demás


Mientras tanto Gazimon también intentaba pasar una noche de convivencia con sus compañeros de equipo.

-¿Y qué piensas hacer cuando estemos en el digimundo? –preguntó Dracomon recostado en la rama de un árbol –posiblemente las Bestias Sagradas ya tengan trabajos listos para nosotros
-Oh, por favor no hables de eso, se supone que está noche no sería para deprimirse –pidió el mitad conejo fastidiado que estaba recostado más abajo en la base del árbol.
-Bueno… los Gazimons son digimons que viven en grupo –continuó el dragón –¿volverás con los tuyos?
-No es que exista un lugar al cual pueda volver –respondió Gazimon con algo de nostalgia –yo crecí en el desierto del continente, pero ya no queda nada ahí, la mayoría de los Gazimons de esa zona fueron exterminados cuando Etemon fue derrotado por los dueños de los emblemas… yo fui uno de los pocos afortunados…
-Ya veo… –Dracomon prefirió no seguir con ese tema –en fin… creo que si hablamos con las Bestias Sagradas quizá puedan asignarnos a trabajos más convenientes, quizá a las montañas, tú y yo somos buenos excavadores, al menos así podremos disfrutar la poca libertad que tendremos
-Ja, ja, no te ofendas Dracomon –se burló Salamon acerándose –pero dudo que Gazimon considere un trabajo a la fuerza como un modo de libertad, además, existen otras opciones…
-Tú estás tranquila porque no tienes nada de qué preocuparte –se mofó el semifelino –no serías útil para ningún trabajo pesado ahora que Hitomi no estará para hacerte evolucionar cuando quieras, incluso una de las bestias sagradas podría adoptarte como su mascota de peluche
-¡Ah, ya me hartaste! –exclamó la cachorra abalanzándose sobre él y mordiéndole un oreja.
-¡Aaah! ¡Aaay! –gritó el mitad conejo sacudiéndose cómicamente –¡Dracomon quítamela! ¡Quítamela! ¡Aaay mi oreja! ¡Está loca!
-¡Salamon suéltalo! ¡Ya cálmate! –pedía Dracomon intentando sujetar a la cachorra.

Finalmente ella lo soltó.

-Él comenzó –se defendió ella.
-Gazimon también es tu amigo, sabes que él solo bromea –opinó el Dragón.
-Te tomas todo muy en serio –se quejó el semifelino acariciándose su oreja maltrecha – Aaay… eres muy fácil de provocar…
-Bien –suspiró Dracomon al ver que ya estaban calmados –Salamon, dijiste que había otras opciones, ¿De qué hablabas?

No muy lejos Jos se animó a conversar con Dom y Alan. Ellos lo vieron acercarse.

-Tranquilos, vengo en son de paz –dijo el millonario en tono conciliador –no es que crea que van a ponerse sentimentales porque sus digimons se van, pero dudo que estén tan tranquilos como aparentan
-¿Y qué me dices de ti? –preguntó Dom con el ceño fruncido –no pareces estar muy deprimido
-Al contrario –refutó Jos –Gazimon y yo hemos estado juntos por un largo tiempo, me es difícil imaginar mi vida diaria sin él
-¿Y entonces porque estás tan calmado? –preguntó está vez Alan.
-Oh compañeros, me sorprende su actitud–dijo sonriendo con una tranquila burla en su mueca–¿quién diría que sería yo el optimista del grupo está noche? La esperanza no se pierde
Ambos argentinos lo observaron por un momento, no muy convencidos de dicha explicación.
-Te perdiste un buen tiempo –articuló Alan cambiando de tema –no supimos mucho de ti hasta que tu abuelo anunció su nueva novedad
-Alan… en serio no tengo ninguna intención de seguir discutiendo tus quejas sobre los negocios de mi familia –dijo Jos con tranquilidad –aunque no sé realmente como podría ser malo una antena de señal intercontinental, de cualquier forma no a todos puede gustarles el progreso
-Si me preguntan a mí, no tengo ninguna queja sobre eso –intervino Dom cruzado de brazos –es bueno que tu abuelo haga algo legal para variar…
-Muy gracioso Dominique –comentó el millonario con sarcasmo –¿de verdad quieres hablar de ilegalidades? ¡Tienes 16 años y llevas un arma a todas partes!
-Tu abuelo seguramente hace lo mismo –se defendió –se ha hecho de muchos enemigos, no me sorprende que traten de matarlo con regularidad…
-Ja, por favor, existen mafias internacionales y organizaciones secretas que han intentado acabar con mi abuelo, a todos los ha hecho polvo –se jactó el timador con una expresión seria para dejar en claro que no estaba bromeando –quizá yo sea más ecuánime y aparentemente inofensivo, pero no tienen ni idea de lo que las “Industrias J.M.” son capaces de hacer, mi abuelo no es una persona con la que se pueda jugar, muchos han aprendido esa lección por las malas…


En ese momento Gazimon conversaba también con Monodramon y Hawkmon que se habían unido para convivir más como grupo por última vez.

-¿Huir? –cuestionó Gazimon confundido.
-Exacto –afirmó Salamon orgullosa al planear su idea –apenas lleguemos al digimundo podríamos tomar un rumbo diferente bastante alejado de la vista de las Cuatro bestias sagradas, de esa forma no tendrían que separarnos…
-Ay Salamon no creo que…
-Pues… no estoy seguro de eso –interrumpió Hawkmon con cierta duda –no creo que valga la pena arriesgarnos de esa forma
-¡Pero si es perfecto! –continuó la cachorra emocionada –las bestias sagradas nunca sabrán que faltamos, además tardaron un año en recordar que nosotros estábamos aquí, seguramente no tienen ni idea del número exacto de digimons que mandaron al mundo real
-Aun así, no quisiera resignarme a que no volveré a ver a Nahila, ¿Qué tal si nos llaman cuando exista un nuevo peligro?
-Oigan, en serio no creo que debamos discutir esto… –dijo Gazimon pero de nuevo fue interrumpido.
-En el digimundo siempre se abren puertas erróneas impredecibles que traen a este mundo –interrumpió Salamon –muchos digimons salvajes suelen llegar aquí de esa forma, solo es cuestión de encontrar una entrada, ¡y será todo! ¡Nos quedaremos permanentemente aquí y las bestias sagradas nunca lo sabrán!
La pequeña terminó su relato esperando aplausos, pero notó que nadie del grupo parecía convencido.
-Eh… ¿te das cuenta que las probabilidades de encontrar un portal erróneo es casi nulo? –comentó Dracomon siendo amable con su amiga.
-Además que intentar huir de las Bestias Sagradas apenas lleguemos podría significar suicidio –argumentó Hawkmon con tranquilidad.
-Olvida el suicidio, ¡sería alta traición! –refutó Monodramon indignado –Dom y yo no hemos peleado defendiendo esta ciudad para que todo el esfuerzo se vaya al diablo tomando el papel de prófugos
-Lamento decirte que tu plan tiene muchas fallas –concluyó Hawkmon asintiendo repetidamente.
-¡Pues yo no veo que ustedes propongan nada! –gritó Salamon graciosamente mientras saltaba molesta.

En ese momento Monodramon notó que Gazimon no había discutido, de hecho parecía estar algo nervioso en ese debate.

-Creí que serías el primero en ofrecer ideas de escape –articuló el dragon con seriedad –no parece interesarte mucho esta discusión…
-Bueno… ya sé que el plan de Salamon no funcionaría –respondió el semifelino evitando la mirada fría de su compañero –no creo que valga la pena decir algo
-Estás actuando muy extraño –continuó Monodramon –primero pareces ser el más optimista y ahora por primera vez no te escucho quejarte sobre las Bestias Sagradas
-Oye, simplemente no creo que sea necesario discutir tantos planes –dijo el mitad conejo con cierto nerviosismo –es decir… muchas cosas podrían cambiar pronto, nunca se sabe…


Mientras tanto a Jos se le había acabado los temas de conversación con Dom y Alan.
-Eh… y… ¿Cómo está Menem? –preguntó Jos graciosamente en el intento de romper el silencio.
-¿Q… que? –dijo Dom ya que no se esperaba esa pregunta.
-¡¿Al menos tienes la más pelotuda idea de lo que nos estás hablando?! –cuestionó Alan.
-Nah… realmente no –respondió el timador sin darle mucha importancia –oí ese nombre cuando mi abuelo lo mencionó, creo que era un compañero o socio suyo, no estoy seguro, pero hace varios meses viajó a Argentina y regresó con muuuucho dinero, un capital de varios millones, aunque mi abuelo no quiso hablarme mucho al respecto…

Dom y Alan se le quedaron viendo fijamente sin decir nada completamente inmóviles.

-¿Dom? ¿Alan? ¿Les pasa algo? –preguntó confundido pero no hubo respuesta.
-Disculpen –intervino Nahila tomando a Jos del brazo –¿no les importa si se los robo un momento?
-Qué extraño… Parece que dije algo malo –comentó el millonario mientras se alejaban.
-Jos deberías evitar hablar de ciertos temas, si consideramos que ellos son argentinos pues…
-Oye, yo no soy un experto en lenguas o nacionalidades –se defendió él –no sabría qué tema escoger para una conversación, además no sé casi nada de argentina porque jamás fui, y menos ahora que las cosas van muy mal allá… y… y… –hizo una graciosa pausa por un momento y luego lo entendió –oh… ¡diablos, seguramente odian a mi abuelo!
-Tranquilízate, dudo que intenten algo contra él
-¡No seas ridícula! –se burló el joven de ojos púrpuras –me preocupan más esos dos locos, muchos grupos han puesto a prueba la paciencia de mi abuelo y ninguno ha terminado bien…
-Hablas como si se iniciara una guerra cada vez que tu abuelo hace algo –opinó Nahila con incredulidad.
-No estoy a favor de la guerra, pero de no ser por la guerra fría mi abuelo no habría amasado tanta fortuna –admitió con algo de vanidad –él siempre me enseñó que los tiempos de paranoia deben aprovecharse bien
-Claro, leí que los inicios de la industria de tu abuelo fue el diseño de armamento para EE.UU.
-Es fue después, al principio creyó que le iría bien siendo una empresa neutral
-¡¿Vendía armas a ambos bandos?!
-Bueno, eso fue al inicio, luego le dijeron que eso era “algo malo” –relató con sarcasmo –así que tuvo que elegir, no fue muy difícil, la Unión Soviética le dijo: “jura lealtad a nuestra causa e ideal” mientras que EE.UU. se limitó a decir: “fabrica armas para nosotros y te pagaremos bien” no es que quiera criticar a nadie, pero los comunistas para ser un grupo con tan mala suerte son demasiado exigentes, y no saben negociar…
Nahila se quedó en silencio por un momento tratando de esconder su impresión.
-Sabes… no sé porque me cuentas estas cosas solo a mí –dijo al fin.
-Porque mi querida amiga, al igual que yo, tú no tienes una patética ideología social que ate la mente –respondió Jos sonriendo maliciosamente.
-Simplemente no me gusta que me digan que está bien o mal, ni me interesa decírselo a otras personas –refutó ella con fastidio.
-Mismo argumento, diferentes palabras –concluyó el timador con satisfacción.
-Como sea, pero en realidad quiero hablarte de otra cosa –dijo Nahila yendo directo al grano –noto que estás actuando muy raro
-¿De qué hablas? –cuestionó en mostrándose tranquilo e indiferente.
-Bueno, para empezar mostraste más interés en el grupo desde el inicio, te arriesgaste a hablar de política con Dom y Alan, aceptaste muy rápido jugar cartas con Hitomi y finalmente casi la convences de que apostara su digivice –explicó –eso es muy extraño…
-Estás dramatizando –refutó el con calma –ni siquiera me viste pedirles a Dom y Alan que apostaran sus digivices
-Eso es porque ellos preferirían que les arranquen sus brazos antes que perder sus digivice –se burló ella –o en tu caso… te arrancarían los tuyos en el intento de quitárselos
-No es gracioso –comentó fastidiado –ya te dije que no hablaba en serio
-El caso es que aunque finjas estar de buen humor es evidente que te sientes igual que todos por el hecho de perder a tu digimon –sentenció su amiga.
-Si… no quiero perder a Gazimon –admitió Jos y luego añadió con un gesto serio y algo malvado –de verdad no quiero perderlo…

Luego de una larga noche de discusiones entre amigos, el grupo quedó satisfecho. No era necesario alargar más la despedida. Cada uno llamó a su digimon para ir a sus respectivos hogares, por la mañana al amanecer los digimons regresarían al digimundo por separado. Sería la noche más corta de sus vidas, pero la decisión estaba tomada y no quedaba más que la resignación.



Ambos humanos habían llegado a la casa donde se hospedaban desde su llegada a Japón.
La casa donde humano y digimon convivían era una casa promedio del país mencionado: tejado de ladrillos, las únicas cuatro habitaciones importantes eran: La entrada; El baño: La cocina y El Aseo. Luego, dormían donde ellos querían.
Dominique vivía con una familia de estadounidenses, pero cuando estos se vayan a su país natal; el se iría con ellos-según lo acordado-. Y éste tenía grandes deseos de irse con esa familia que lo acogió: los Danvers. Joseph Sr, Marie, Carol-quién quería mucho a Dom-, Steven y Joseph Jr. Y era problable que se vaya con ellos.
Monodramon tenía acordado que trabajar en el Mundo Digital cuando vuelva: quería convertirse en un miembro de alguna Hermandad de su mundo natal para defender al mismo. A diferencia de sus amigos, él tenía bastante claro a donde ir: iría a entrenar para ser un Caballero Real o un Gran Dragón.
Ambos estaban llegando a casa, cuando vieron una televisión mostrando a un grupo de Gizamon aparecer. Estos decidieron ir y llegaron rápidamente.

-Monodramon, que sea rápido; Carol nos espera para comer.-
-Si, Dominique.-
-Pero trata de mantenerlo a raya como Monodramon, luego si estás en problemas: sabes que hacer.-
-Entendido.-contestó

Monodramon fue a atacar a un Gizamon y comenzó a hacer un forcejeo con éste. El resto de los Gizamon no se movían-lo cual, extraño al humano-, sino que miraban a su compañero ser derrotado por el digimon elegido.
El digimon le dijo a otro si quería pelear y dos más lo atacaron:

-¡Sierra Espiral!-gritó uno, envolviéndose en una bola y atacando al digimon, que lo contuvó con sus manos
-¡Chorro de Agua!-gritó el otro, lanzando un chorro de agua al dragón, pero éste uso al otro Gizamon de escudo y se lo lanzó a su compañero
-¡Cañón Exterminador!-gritó el dragón púrpura, que lanzó una llamarada de fuego a los dos Gizamon, eliminándolos

El resto de los Gizamon fueron directo al grano: se lanzaron todos juntos al digimon y querían matarlo, pero el humano fue precavido e hizo evolucionar al digimon para terminar el trabajo:

Monodramon digivolves a... ¡Tyranomon!


-¡Aliento de Fuego!-gritó el dinosaurio, eliminando con una llamarada de su boca a los Gazimon
-¿Que? Parece que el entrenamiento sirvió.-dijo, al ver la duración de la batalla
-Sólo los asaba, ahora me los voy a comer.-respondió, que tomo los restos de los Gazimon y se los tragó rápidamente-Ya podemos volver.-dijo, volviendo a ser Monodramon
-Estás chiflado...-comentó-Vamos a avisarle al resto.-dijo, llamando a Alan para que éste se entere


Hace horas que había regresado a su casa, y Alan se hallaba dormido, con Hawkmon dormitando en su litera correspondiente, cuando la puerta de su habitación se abrió, dejando entrar un haz de luz que obligó a los sensibles ojos del muchacho a abrirse; allí, se encontró con Hanzo.

- Alan, lamento despertarte, pero te llaman por teléfono.
- ¿Huh? –entreabriendo los ojos- ¿Quién es a esta hora?
- Es tu amigo Dominique; los primeros cinco minutos se quejó conmigo de que no atiendes tu celular y que duermes como una piedra.
- Definitivamente es Dom… -se levantó y le dio unas palmaditas al Hawkmon- levántate, nos llaman.
- ¿HUH? ¿Ya es hora de levantarse? Cinco minutos más…
- Que te levantes… -tomando el teléfono inalámbrico que Hanzo cargaba- ¿Si? Ajá… Ajá… Ajá… Ok, ok… Dale; voy a recorrer las calles por si acaso; andá dormí. –escucha la petición de Dom- No; si quedan digimon no los voy a traer para que el angurriento de Monodramon se los coma. ¡Qué cace su propia comida! Dale, nos vemos. –colgando- Uff…
- ¿Qué sucede? –preguntó el niño, seguido de Hawkmon-
- Dom dice que aparecieron unos Gizamon cerca de su casa, y que tuvo que encargarse de ellos.
- ¿Crees que surjan otros digimon por ahí?
- Puede ser, Hawkmon; vamos a revisar. Hanzo, salimos un rato, no nos tardamos.
- Ok, cuídense mucho.

Una vez en la calle, y bajo el resguardo de la noche, el joven y el aguilucho recorrieron las calles sin muchos problemas –Hawkmon volaba a cierta altura para no ser visto, siguiendo a su camarada- Al llegar a una plaza pobremente iluminada, oyeron el griterío de una joven pareja que huía despavorida, y que pasó como un rayo junto a Alan.

- De seguro se estaban comiendo y los asustó algo; ni modo: a ver por si acaso.

Al entrar a la plaza y seguir hasta un lugar despejado con calzada de cemento, vieron la causa del susto de la pareja: un trio de Numemon, acompañados de dos Terriermon, que molestaban a todo el que se acercara. Lo peor eran los Numemon que usaban su característico y repugnante ataque contra los transeúntes, uno de cuyos proyectiles casi le da al joven quinceañero.

- ¡A mi ningún intento barato de Flubber me lanza su mierda! ¡Hawkmon: mándalos al excusado de donde salieron!
- ¡Sí! ¡Rayo de Fuego! –crea ondas rojas con sus alas y golpea a los Numemon hasta hacerlos desaparecer- Gelatina evaporada, Alan.
- Bien; solo quedan los…
- ¡MiniTornado!
- Oh, no> ¡Hawkmon, esquivalo!

Mas no pudo: el ataque doble sorprendió al aguilucho, dejándolo aturdido y haciéndolo caer al suelo. Bastante humillante perder contra dos seres tan ridículamente tiernos.

- No podemos dejar que esos peluches nos humillen así, Hawkmon.
- ¡Ya lo sé! ¡A mí no me derrota ningún oso de felpa orejudo!
- ¡Digievolucioná!

¡Hawkmon digivolve a… Aquilamon!

- HORA DE LA REVANCHA…
- ¡¡Aros Explosivos!!

Los Terriermon no pudieron hacer nada contra Aquilamon, y con el primer ataque, fueron derrotados. Al no haber más señal de peligro, Alan y Hawkmon regresaron a casa.


Mientras que volvían a casa, Nahila no podía dejar de pensar que su amigo Jos había estado muy extraño durante toda la noche. Él no era de conversar mucho con Alan y Dom, mucho menos atreverse hablar de política, pero que encima se dedicara a ser optimista en ese día… Eso era más de Hitomi que de él. La muchacha tenía las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta y sentía algo de frío en la piel, pero, aparte de eso, no veía que el día fuese diferente a los demás. Nada daba indicios de que mañana su compañero se iría… Posiblemente, para siempre.

Dracomon también estaba muy silencioso. Caminaba al lado de su tamer sin decir nada, algo extraño en él. Ya no le preocupaba que algún humano le viera, era tarde y la mayoría de la gente estaría durmiendo en sus casas. Y comenzaba a darle igual si alguien se sorprendía al verlo: si las Bestias Sagradas eran capaces de abrir portales para que regresaran a casa, igual podrían hacer algo que los humanos se acostumbraran a ellos.

—Tengo la sensación… —murmuró Nahila, pero sin terminar la frase.

El pequeño dragón alzó la cabeza y observó a su tamer, confuso.

—¿Qué sucede? —preguntó, tomando vuelo para dejar de caminar. Le empezaban a doler los pies: la verdad es que era bastante perezoso.

—¿Has visto raro a Gazimon? ¿Ha tenido un comportamiento diferente esta noche? —indagó a su vez la chica, sin responder directamente a su amigo digimon.

—No sé a qué te refieres —contestó Dracomon, sinceramente—. Estuvimos charlando amenamente, aunque sí fue extraño que no diera su opinión sobre qué haríamos en el digimundo.

Nahila frunció el ceño.

—¿Y eso por qué es raro? A lo mejor todavía tiene esperanzas de que no se va ir.

—No —negó—. Es como si… —se quedó callado—. No estoy seguro. Le conozco muy bien y hoy no estaba como siempre. Es como tú has dicho: se comportó de manera diferente. Pero quizás se deba a esto. Todos estamos afligidos por la despedida.

La muchacha no estaba muy segura de sí se trataba de eso, pero finalmente asintió con la cabeza, para después añadir con palabras:

—Sí, supongo que se deberá a eso. Lo mismo me habrá pasado a mí con Jos.

Pero la idea de que ocurría algo más no dejaba de rondarle por la cabeza. Hitomi había estado igual de siempre: activa, amistosa, olvidadiza y sonriente. Había tenido su discusión con Alan, casi se matan Dom y ella con sus respectivas armas, pero con Jos sí había sido diferente. Y ahora que lo recordaba, Jos había rechazado jugar con Hitomi por segunda vez, cuando a él le encantaba reírse de las derrotas de su amiga.

—Venga, Nahila, déjalo estar. No pasa nada. Son paranoias tuyas. Mejor centrémonos en que vamos hacer esta noche antes de caer dormidos en la cama. ¿Película de terror? ¿Un videojuego nuevo? ¿Comer dulces? ¿Jugar algún juego de mesa? Bueno, ¿vas a proponer algo tú?

—No estoy segura… ¿Qué te parece un poco de todo?

—¡Perfecto!

Al llegar a casa, Nahila trató de no hacer ningún ruido. No quería despertar a sus hermanos, y, aunque menos probable, tal vez sus padres también estaban dormidos. Dracomon voló para entrar a la habitación de su compañera humana por la ventana, y aunque Nahila había sopesado la idea de hacerle digievolucionar para entrar por el mismo sitio, finalmente pensó que no sería buena idea: Coredramon era demasiado grande como para caber por esa pequeña ventana.

Abrió la puerta lentamente y agudizó el oído para comprobar si había alguien cerca. Pero la televisión estaba apagaba y no había ningún sonido que indicara que su madre se hubiera quedado limpiando la casa. Dio unos pasos hacia delante y cerró la puerta. Las luces apagadas, ningún ruido… de repente oyó algo, pero como era una voz totalmente diferente a las de sus familiares, pensó que eran imaginaciones suyas o que era de alguien de la calle.

Se cambió las deportivas por unas zapatillas más cómodas y se deslizó hasta su habitación. Encendió una lámpara que estaba en la mesilla y se sentó en la cama para ponerse el pijama. Dracomon ya estaba seleccionando un juego de los dos recién comprados, sacaba una bolsa de dulces del armario y cogía una película de miedo que hacía tiempo que no veían: una de zombis que te pegaba algún susto porque aparecían de repente, pero nada más. A ninguno de los dos les gustaba las de terror que trataba de espíritus y cosas de esas.

Las horas pasaban lentamente. Vieron la mitad de la película, porque enseguida se aburrieron, y mientras que jugaban a matar vampiros, ogros y diversos monstruos en el juego, comían dulces y a veces se lo tiraban a la cara para reírse. Fue una noche tranquila, en la que Nahila se sintió como una niña pequeña que se divertía por cualquier tontería. No recordaba a sus hermanos, ni a sus amigos, ni siquiera los insultos de los alumnos: era la última vez que podría compartir su tiempo con Dracomon y quería disfrutar al máximo del momento.

Dejó que Dracomon siguiera jugando mientras que hablaba con Hitomi por teléfono. Trataba de bajar la voz, pero muchas veces gritaba, porque su amiga le ponía de los nervios, y su compañero digimon tenía que regañarla por su insensatez —aunque en realidad él a veces insultaba al videojuego porque no lograba pasarse el nivel final—, y ella se cabreaba, y eso hacía que se molestara más con Hitomi. Por una cosa u otra, su padre se despertó, y, sin levantarse de la cama le habló a su hija mayor:

—¡A dormir de una vez, Nahila!

Dracomon bufó. Apagó la consola y se tumbó en la cama pequeña que estaba al lado de la de Nahila. Ésta ya se había acomodado y cerraba los ojos.

—Por lo menos nos dio tiempo a comernos todos los dulces —dijo el dragón.

—Sí, y la verdad es que yo ya estoy bastante cansada —bostezó—. Mañana nos despertaremos temprano y así volamos un poco por las montañas, donde no nos pueda ver nadie.

—De acuerdo… Me parece bien…

Dracomon se quedó dormido después de decir aquello. Nahila sonrió y se tumbó de lado. Tuvo la sensación de que apenas dormía, porque de repente llamaron a la puerta varias veces. Entreabrió los ojos, y no hizo ningún ruido al pensar que se trataba de su padre, que volvía a regañarlos por lo de antes. Pero los golpes insistieron y finalmente dos de sus hermanos —el ocho y nueve años—, entraron y saltaron encima de la cama, totalmente activos.

—¡Enanos! ¿Qué hacéis aquí? Sabéis que no podéis entrar…

Pero se quedó con la frase sin finalizar al notar como sus hermanos no venían para molestarla o hacerle alguna broma. Su hermano de ocho años llevaba en la mano una mini—radio encendida, y hasta ahora no se había parado a escuchar.

—Nahila, tienes que escuchar esto.

—¿Mmm…?

Dracomon también se había despertado. Abrió un ojo y se sorprendió de ver a dos de los hermanos de Nahila en la habitación, ella era muy estricta con no dejarlos pasar, porque estos se dedicaban a destrozarle todo lo que tenía en las estanterías.

—¿Qué hacen tus hermanos despiertos a estas horas? ¡Y escuchando la radio!

—Silencio, Dracomon: déjame escuchar.

—¿El qué?

—¡Shhhh! —ordenó Nahila, cogiendo la radio con ambas manos.

“Es increíble” decían en la raído, una voz masculina y grave, y otra femenina le acompañaba “De nuevo tenemos que ver monstruos” “Hemos avistado a… ¿Cómo era que se llamaban? ¡Sí! Unos digimon en el Centro de la Ciudad. ¿Pero cómo es posible, se preguntaran, cuando hace un año aparecieron y se fueron? ¡Esto es terrible, están atacando a las personas, destrozando los coches, rompiendo tiendas!”

Nahila le pasó la radio a su hermano y los echó de la habitación, diciéndolos que no se preocuparan, que se encargaría de mandar a esos monstruos digitales de nuevo a su mundo. Sus hermanos insistieron en acompañarla, pero la chica les amenazó y estos no tuvieron otro remedio que volverse a su cama.

—¿Dracomon? —El dragón ya estaba fuera de la casa, con una sonrisa en el rostro—. Enseguida bajo. Tú espérame.

—¡No tardes! ¡Una batalla, hacía mucho tiempo que no peleaba!

La chica se cambió de ropa de nuevo y cogió su digivice. Ahora no se molestó en no hacer ruido, porque algo más urgente estaba ocurriendo en el Centro de la Ciudad. No tardaría en llegar, ya que estaba a quince minutos de su casa, pero de todas maneras le preocupaba que Dracomon decidiese ir antes por las ganas de combatir contra esos digimon.

—¿Digievoluciono o vamos corriendo? —preguntó el dragón, ansioso.

Pero Nahila ya había comenzado a correr. Dracomon alzó vuelo y se puso enseguida a su lado. Le hervía la sangre de volver a utilizar su fuerza, sus ataques, su digievolución… A pesar de los deseos de combatir, había algo que le rondaba por la cabeza, y que Nahila también pensaba.

—Es muy extraño, Dracomon —dijo, sin dejar de correr—. ¿No se suponía que las Cuatro Bestias Sagradas estaban vigilando esta entrada para cuando llegara vuestra ida? Además, ya estábamos muy tranquilos, que de repente aparezcan unos digimon salvajes es misterioso.

—¿No lo entiendes, Nahila? —los ojos del dragón brillaron—. ¡Peleas! ¡Digimon! ¡Podremos estar juntos! A mí me da igual que las Cuatro Bestias Sagradas no hayan sido capaz de evitar que esos digimon aparecieran aquí. Puede sonar egoísta, porque ponemos en peligro la Tierra y a todos los humanos…

—Sabes que los demás no me importan, aparte de mi familia y mis amigos.

Discutiendo sobre lo raro que era que los digimon volvieran aparecer, llegaron finalmente al Centro de la Ciudad. Nahila había esperado ver a alguno de sus amigos, pero no había ningún humano cerca. Eso sí, estaba claro que los digimon estaban por ahí: coches rotos, ruedas de neumático rodando por sí solas, cristales de farolas en el suelo, bancos partidos por la mitad y muchas cosas más que indicaban el peligro de esos seres digitales. Eran salvajes, de eso no cabía duda.

—Hacía tiempo que no veíamos algo así —dijo Dracomon.

—Le mandaré un mensaje a Hitomi. Ésta es capaz de no haberse enterado de nada.


El mensaje de Nahila hizo que el móvil brillara y se escuchara un sonido, parecido a un pitido. La cachorra sí se despertó al oírlo, pero la humana pelirroja siguió plácidamente dormida en su cama, tapada por completo. Salamon se levantó de su cama y fue hasta donde estaba el teléfono, pero no podía abrir el mensaje. Sí que leyó: “Mensaje de Nahila”

—Hitomi —llamó en voz alta.

No pasó nada. Salamon suspiró y cogió el móvil con la boca. Saltó para subirse de nuevo a la cama y depositó el teléfono en la cara de su compañera. Pero esta parecía tener un sueño muy profundo, porque ni siquiera teniendo a su digimon en el estómago se despertaba.

—Tendré que saltar —susurró Salamon, divertida.

Y comenzó a pegar saltos, cayendo en el mismo sitio todo el rato. El móvil recibió un nuevo mensaje y como había caído un poco hacia abajo, el pitido sonó al lado del oído de la chica. El daño y el ruido despertaron por fin a Hitomi, que entre sorprendida y asustada por lo que sentía en el estómago, se levantó bruscamente lanzando a su digimon al suelo.

—¡Salamon, estás loca! —exclamó, con los ojos como platos.

—Tú estás más loca que yo —replicó—. ¡Me lanzaste por los aíres!

—¡Me golpeaste en el estómago!

—¡No te golpeé! ¡Saltar encima de ti significa que me gusta jugar contigo porque te quiero mucho…! —no pudo aguantarse la risa.

—¡Salamon! —volvió a gritar, abalanzándose a por ella.

La pequeña cachorra fue más rápida, la esquivó, cogió el móvil con la boca y se lo tiró a la cara. Hitomi tuvo suerte de recogerlos antes de que cayera al suelo.

—Nahila mandó dos mensajes.

—¿Nahila? —preguntó; el enfadó parecía haberse esfumado. Tiró el móvil en la cama, ante la cara sorprendida de Salamon—. ¡Me estás tomando el pelo, Nahila me dejó muy claro que no la volviera a molestar esta noche! Y ya sabes cómo es ella…

—¡Da lo mismo! ¡Míralos!

Hitomi abrió el primer mensaje y lo leyó en voz alta:

Será mejor que vengas cuanto antes al Centro de la Ciudad… No te lo vas a creer, pero han aparecido digimon novatos por todas partes. ¡No te mires mucho al espejo, que no vas a una cita!

La sorpresa de ambas era notable. Salamon se acercó hasta Hitomi para comprobar que no le estaba mintiendo. Hitomi se dispuso a leer el segundo mensaje:

¡Hitomi, como no estés despierta iré yo misma a tu casa! Tengo que dejarte, escucho mucho jaleo, así que supongo que Dracomon y yo tendremos que enfrentarnos de nuevo a digimon salvajes. ¡Ven enseguida!

—¡Ah…! ¡Tengo que vestirme! —exclamó la muchacha.

—¡Eso es lo primero que dices! —Estalló la cachorra—. ¡Digimon, Hitomi, han aparecido digimon!

—Ya lo sé, ya lo sé… ¡Tenemos que demostrar que somos las mejores! —Sacó su digivice—. ¡Digievoluciona, Salamon!

Salamon… Digievoluciona en… Gatomon

Hitomi contestó a Nahila con que ya se había despertado y que no tardaría en llegar al Centro de la Ciudad. Se vistió de las mejores maneras, porque quería que la primera pelea después de tanto tiempo fuera especial.


Siguieron caminando, atentos al sonido de objetos al romperse. Dracomon iba al lado de Nahila, procurando que ningún digimon les sorprendiera por detrás; no quería que su compañera estuviera en peligro. Finalmente, girando por una esquina, se encontraron con quince digimon novatos, pegando patadas a cubos de basura, rompiendo bolsas y tirándose latas abiertas en la cabeza. Se estaban divirtiendo mucho mientras el suelo echo un asco.

—¿Qué son, Dracomon?

—De tipo novato, eso es seguro. Y si me fijo en que se parecen a un oso de color gris, con una gorra azul que pone “bears”, unas muñequeras del mismo color y un cinturón como banda, creo que son Bearmon.

A parte de eso, tenían la misma altura que Dracomon, en sus mejillas había dibujado dos líneas rojas, y, a simple vista, tenían el aspecto de ser unos digimon especializados en la lucha cuerpo a cuerpo.


Los Bearmon se dieron cuenta de que Nahila y Dracomon los estaban observando cuando la chica lanzó varias piedras en la cabeza de éstos. Dracomon se preparó para atacar, poniéndose delante de su compañera, y echó la cabe hacía atrás antes de exclamar:

—¡¡Aliento de bebé!!

Lanzó de su boca una bola de fuego que impactó en los tres Bearmon más cercanos. Estos se protegieron con los brazos y saltaron para evitar quemarse. Lo malo es que los quince osos habían acorralado en círculo a Nahila y Dracomon. La muchacha frunció el ceño, pensando en una manera de no recibir ningún ataque. Pero antes de que pudiera comentárselo a Dracomon, todos los digimon enemigos comenzaron a ir a por ellos.

—¡Puño de Oso! —gritaron.

No había escape. Cuánto más se acercaban, más difícil era encontrar un sitio por donde esquivar los ataques. Dracomon se puso nervioso: Nahila sería lastimada también si seguía sin hacer nada. Aunque la protegiera por un lado, la otra parte daría a la chica de todas formas.

—Dracomon, no te preocupes por mí —dijo ella—. Sé defenderme.

—Lo sé, pero…

Los puños llegaron. Dracomon esquivó algunos y recibió otros. Podría haber echado a volar, puesto que esos digimon no eran capaces de hacerlo, y así evitar todos los puñetazos, pero jamás dejaría sola a Nahila en una batalla. La chica sentía un profundo dolor en la rodilla, mas no se dejó vencer. Aprovechando el desconcierto de los digimon al comprobar que una humana no se asustaba, dio un salto a la derecha y empujó a uno de los osos cerca de Dracomon, que golpeó con su cola el rostro del Bearmon, derrotándolo.

—Son demasiados, Nahila. Hazme Digievolucionar.

—No, no tan pronto… —contestó, haciendo una mueca cuando trató de ponerse en pie.

—¿Qué te ha pasado? —Dracomon usó su Bola de Fuego para espantar a los digimon y así poder observar la herida que tenía Nahila en la rodilla—. Mierda.

—¡¡Hechizo de Oso!!

Nahila y Dracomon se giraron, alarmados. Pero los Digimon no se habían movido del sitio. Eso sí, los ojos de todos brillaban con intensidad en la noche. Dracomon se sintió evaluado, porque la vista de todos se dirigían a él. Desaparecido el brillo, los Bearmon sonrieron con arrogancia.

—¡Os quitaré esa felicidad! ¡Aliento de Bebé!

Para sorpresa de los dos, los Bearmon utilizaron el mismo ataque, y como eran más, Dracomon recibió su propio fuego multiplicado por catorce. Fue lanzado hacia atrás, que dio también en Nahila, y ambos dieron contra uno de los cubos de basura. Los Bearmon comenzaron a reír y a tirar basura a la cabeza del dragón verde y de la chica.

—Estos bromistas no me van a vencer —declaró Dracomon, poniéndose serio.

Dracomon… Digievoluciona en… Coredramon


Dracomon creció en altura. Sus alas se hicieron mucho más grandes y su color de piel cambió al azul oscuro. Su cuerpo se hizo más resistente, se le alargó la cola y su rostro era mucho más fiero. Abrió la boca, provocando un grito de enfado y dejó ver unos afilados colmillos que asustaron a los Bearmon. Barrió a tres de ellos con la cola, haciéndolos desaparecer enseguida. Su fuerza se había incrementado por diez, y ya no era el mismo que antes: solo pensaba en pelear.


—Coredramon, contrólate —ordenó Nahila, pero ahora sí que no podía levantarse. Le dolía la espalda y la rodilla.

Esto hizo enfurecer todavía más al dragón azul. Los Bearmon no podían esconder porque detrás había un muro, y delante tenían un enemigo enojado.

—¡¡Más os vale convertiros en datos, porque si no os mataré lentamente!! —exclamó, acercándose—. ¡¡Preparaos!!

Los once Bearmon que quedaba, asintieron, no muy confiados. Aún les quedaba un ataque, pero no estaban muy seguros de que pudieran hacer algo contra ese digimon. Coredramon echó a volar, y eso hizo que el ataque preparado por los osos desapareciera, porque su ataque no se podía lanzar por los aíres. Coredramon exclamó, triunfante:

—¡¡Llamarada Azul!!

Una poderosa llamarada azul salió de la boca de Coredramon, que no acababa nunca. Eliminó a cinco osos enseguida y el fuego azul siguió buscando a más enemigos para terminar con ellos. Todos corrían, espatandos, pero cada vez que se acercaban al dragón, para escapar por otra calle, el fuego se hacía más poderoso y los quemaba por completo. Coredramon, finalmente, orgulloso de sí mismo, acabó con la tortura de los que quedaban vivo. Apenas habían sobrevivido tres.

Coredramon bajó al suelo. Los Bearmon ni siquiera se atrevieron a contratacar. Se tiraron al suelo y comenzaron a suplicar, muy asustados. Habían visto como todos sus compañeros morían quemados y no querían pasar por lo mismo. El dragón azul se giró para comprobar como estaba Nahila, y ésta le levantó el dedo pulgar. Después se volvió, sonriendo de manera aterradora a los pocos que quedaban y entonces se dio cuenta que delante solo había dos.

—¡Eh! ¿Dónde está el tercero?

Notó entonces como alguien se subía a su espalda. Dejó escapar un grito, aterrorizando y dejándolos sordos. Su cuerpo comenzó a emanar más poder que antes y de nuevo utilizó una llamarada, pero con mucha más fuerza que la anterior, que hizo que los Bearmon prendieran en llamas y gritaran de dolor. El que estaba en la espalda fue lanzado por los aires, porque el mismo cuerpo del dragón radiaba calor. Coredramon echó a volar y golpeó al Bearmon con muchas ganas, cabreado. Lo tiró al suelo, lo volvió a recoger y lo lanzó hacia la pared del muro. Finalmente el digimon desapareció, convertido en míseros datos.

La batalla había terminado. No quedaba ningún digimon novato de los quince. Coredramon respiró hondo, calmándose y se acercó a Nahila. La chica se apoyó en el dragón para levantarse y se colocó en su espalda, sin poder caminar.

—¿Qué hacemos, Nahila? —preguntó.

—Busquemos a los demás —respondió—. Pero me tendrás que llevar todo el camino, no puedo moverme.

—No hay problema.

Nahila se sujetó al cuello de Coredramon para no caerse. Éste tomó vuelo de nuevo y comenzó a dar vueltas por el Centro de la Ciudad, para ver si encontraba algún amigo de Nahila cerca. Se sentía mal por no haber podido proteger a Nahila de esos débiles, pero por lo menos no habían acabado muertos. Estaba claro que llevaba mucho tiempo sin pelear. Pero si de nuevo aparecían más digimon, no dejaría que tocaran a su compañera por nada.

—Supongo que Hitomi vendrá pronto —dijo Nahila—. Mientras que peleabas y yo estaba sentada en el suelo, me llegó un mensaje de ella.

—¿Y Jos y Gazimon, estarán ya por aquí?

—No tengo ni idea.

—Hablando de los demás… —hizo una mueca de dolor al intentar levantar un poco la pierna. Le dolía bastante la rodilla, más que la espalda—. Dom y Alan se van a reír bastante. Ahora podrán divertirse diciendo que nos pasa esto por no haber entrenado.

—No toleraré ningún insulto a tu mal aspecto —gruñó el dragón azul.

Nahila suspiró.

—Eso es lo que no me gusta de tu digievolución: te vuelves más serio y agresivo.

—Hablo en serio. Le daré un coletazo a Monodramon como diga algo… Ese dragón morado se cree poderoso por tener un entrenamiento intensivo, pero es un pedante idiota —masculló—. Y la próxima vez que le vea…

Nahila le dio unas palmadas en el cuello, sorprendida.

—Eh, eh: tranquilo. Recuerda que todos somos compañeros. Si quieres ir a la casa de algún alumno de mi clase, por mi encantada, le quemas la cama; pero nosotros somos un equipo de cinco personas, y a pesar de nuestros ideales distintos, tenemos que evitar atacarnos entre nosotros. Algo que parece inevitable, porque Dom parece odiar a Jos, a Jos le encanta tomarles el pelo a él y Alan, yo me enfado con facilidad y no soporto al musculitos de Alan… Pero eso no quita el hecho de que no debemos herirnos. Así que cálmate, ¿de acuerdo?

—No lo soporto —masculló—. Y eso que ambos somos dragones. Pero es que él…

—Coredramon…

El dragón dio una voltereta, consiguiendo que Nahila pegara un grito y le apretara el cuello. La chica le golpeó, enfadada por lo que acababa de hacer.

—Bien… Aunque tienes razón en algo: no debería insultarle sin que esté él delante, así no tiene gracia. Y por cierto, ¿verdad que soy mucho más atractivo que cuando Monodramon digievoluciona? —bromeó—. Él engorda treinta quilos —río.

—Te prefiero bromista, pero será mejor que nos demos prisa. Estoy preocupaba por Hitomi, es extraño que no se la escuche gritar de la emoción. Jos sabe cuidarse muy bien solo. Es el indicado para idear estrategias en momentos de crisis.

—Se pondrá histérica cuando vea que te han herido.

La muchacha rodó los ojos y bufó.

—Tienes razón. Se me tirará encima —suspiró—. ¿Por qué tendrá la costumbre de abrazar a todo el mundo? En especial a mí

—Es una buena amiga, Nahila. En realidad, todos los son; a su manera.

Nahila se quedó callada durante unos segundos. Veía la calle, destrozada. Sabía que debía seguir el rastro de la suciedad para saber por dónde habían pasado los digimon salvajes, y, por ende, sus compañeros. A veces cuando trataba de subir un poco por la espalda de su compañero para ver hacia delante, notaba dolor, pero lo podía soportar.

—Gazimon y yo damos más miedo cuando digievolucionamos que Monodramon —comentó Coredramon.

—¿Sigues con eso? Hablando así parece que le tengas envidia.

—Bien, bien, ya me callo. Sujétate, voy aumentar la velocidad. ¡Y yo no tengo envidia de nadie! En fin, estoy preocupado por cosas más importantes.

—Sé a lo que te refieres. Yo estoy igual.

Terminada la conversación, Coredramon continuó volando, sumido en sus pensamientos sobre lo extraño que era volver a ver digimon salvajes.



21 de diciembre de 1965

Un hombre de 33 años se encontraba con un pequeño ataque de ansiedad mientras se mantenía sentado en una sala de espera. Una persona simple pero como cualquier hombre joven también lleno de sueños y proyectos en la cabeza dispuesto a llevarlos a cabo.
Pasaron 2 horas en las que tuvo que optar por la paciencia con la esperanza de que pronto sería su turno. Finalmente la puerta principal se abrió dejando al descubierto a la persona a la que el joven hombre estaba esperando.

-Buenos días señor rector –saludó el hombre joven con emoción.
-Buenos días –respondió el recién llegado –veo que lleva mucho esperando, por favor pase
-Gracias señor
Pasaron a la oficina central. Al parecer el invitado estaba más ansioso de lo que él pensaba pues rechazó cualquier ofrecimiento de café o una copa.
-No gracias –dijo el treintañero –vine porque quiero ofrecer mi servicio a una visión nueva que al parecer será el futuro para la tecnología, tengo una propuesta que seguro le interesará porque…
-Sé perfectamente a que has venido –interrumpió el rector en un tono cortante –desde el experimento de Lawrence Roberts hace algunos meses todos han enloquecido por la posibilidad de una red de conexiones entre computadoras de largo alcance
-Sí señor, y mi propuesta será…
-Escucha Marc –volvió a interrumpir el rector llamando a su invitado por su nombre por primera vez, pero con un aire de comprensión –fuiste un estudiante brillante en Stanford, todos los honores que te otorgaron en tu graduación de esta universidad son impresionantes. Pero quiero advertirte que no eres el primero en venir aquí con ese tipo de propuesta, existen muchos grupos incluso con mejores recursos que tú, que tienen la intención de ser los primeros en lograr dicho cometido
-Lo entiendo señor –asintió el treintañero –sé que las probabilidades de que mi proyecto sea superior al de otros es muy reducida, pero… solo le pido una oportunidad. No quiero que me elija, tan solo quiero que me incluya en su lista de espera, por lo que pude investigar Stanford solo aceptara entrevistar a un número reducido de propuestas este año
-Estás bien informado –asintió el rector –y supongo que te incluya en esa lista
-Sí señor, prometo tener todo mi programa listo, en funcionamiento pleno y avanzado en menos de cinco años, todo lo que necesito es que me acepte en la entrevista que será en algunos meses
El rector de Stanford caminó de una lado a otro en su oficina meditando esas palabras.
-En fin… ¿podrás presentar una idea básica de tu proyecto en la entrevista dentro de tres meses?
-¡Por supuesto que sí señor! –respondió emocionado.
-Está bien, te incluiré en la lista, pero solo porque hace años fuiste uno de nuestros mejores estudiantes becados –articuló el hombre mayor –espero que no me decepciones Marc

El hombre de nombre Marc no pudo disimular su alegría, estrechó la mano del rector sin parar, dándole las gracias una y otra vez.


En un pequeño departamento alquilado el treintañero ingresó casi dando saltos de felicidad. El lugar estaba bastante desordenado, aparentemente la teoría de que los genios son desordenados se aplicaba a él. No era para menos, en una supuesta habitación había construido un pequeño laboratorio informático improvisado. Había por lo menos 4 computadoras conectadas entre sí, otras 4 pantallas pequeñas en un escritorio.
Tomó asiento e inmediatamente buscó un archivo que había guardado con precaución. Él no era ningún tonto, se había encargado de investigar a los grupos competidores, y aparentemente había uno en particular que representaba la mayor amenaza. Con ingenio y las lenguas sueltas logró incluso conocer el nombre del proyecto enemigo.
-Así que ARPANET –se dijo al repetir el nombre de aquel proyecto –será una competencia difícil
Sabía que no era correcto espiar a la competencia, se sentía mal por ello. Pero debía saber a qué se estaba enfrentando para ir preparado a dicha entrevista.
-No hay problema –se dijo para tranquilizarse –casi todos los grupos tienen su interés en una red de conexión libre entre computadoras de largo alcance. Mi visión es mucho mayor…
Era cierto pues hasta donde sabía era el único que había diseñado un programa especial para reforzar las conexiones de red. Sería un tipo de programa maestro que se encargaría de forma automática de conectar un sin fín de computadoras sin la necesidad de intervención humana a excepción de problemas técnicos. Era el futuro.
Y como hombre genio precavido, había diseñado a su programa desde hace algunos años, y en ese mismo instante ya estaba en una fase de prueba básica. Se había adelantado por mucho. Ese programa fue diseñado únicamente para controlar automáticamente una sola computadora para facilitar su propio uso doméstico. Pero luego del experimento de Lawrence Roberts pudo vislumbrar que su programa podía ser usado para algo incluso más grande, ¿coincidencia? Quizá era la única respuesta puesto que él no creía en el destino.
-Veamos cómo está Poly –se dijo sonriendo pues así apodaba a su programa de cariño.

Ingresó al archivo de su programa, tardó unos segundos en cargar. Se divisó la entrada que tenía por nombre: Programa POLIEDRO.


-Buenos días Poly –el hombre tecleó su saludo en la computadora.
Aunque lentamente, en la pantalla apareció letra por letra la respuesta al saludo:


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“Buenos días señor, ¿Cómo estuvo su día?”


Un gran helicóptero con el símbolo de las “Industrias J.M.” sobrevolaba el centro de la ciudad, desde dicha altura se divisaba algunas nubes de humo desde diferentes puntos.

-Cielos, está comenzando de nuevo –comentó el piloto –es como hace un año
-Oh, claro que no, hace un año fue mucho peor, créeme –refutó el joven de ojos púrpuras en los asientos de atrás junto con Gazimon –aunque… la noche aun es joven

El helicóptero comenzó a descender poco a poco.

-¿Está seguro de que desea aterrizar aquí? –preguntó el piloto con cierta duda –puede ser peligroso, todos en los alrededores ya debieron haber huido
-No todos –corrigió Jos sonriendo con malicia –hay cuatro locos que ya deben estar allá, y que seguro me matarán si no llego

Finalmente aterrizaron, Jos y su compañero bajaron dándole instrucciones al piloto que se retirara y volviera cuando ellos lo llamaran.
Esa calle en particular ya estaba vacía. Sin duda cualquier persona que viviera cerca ya había evacuado, de nuevo era el que llegaba de último, aunque eso no era algo que le importara realmente. Caminaron por la desierta cuadra esperando encontrar algún signo de vida o movimiento. En ese instante creyeron escuchar un ruido proveniente de una tienda cercana.

-¿Escuchaste eso? –preguntó Gazimon.
-Claro que sí –respondió el timador acercándose lentamente para ver mejor en el interior –quizá sean personas que no pudieron escapar y se escondieron allí, o… también podrían ser…
-¡¡CUIDADO!! –gritó Gazimon lanzándose sobre su tamer para apartarlo de allí.

Instantáneamente una gran explosión detonó dentro de dicho local destrozando las puertas de vidrio. Por pocos segundos de nuevo todo quedó en silencio.

-¡Porque a donde sea que voy siempre algo explota cerca de mí! –gritó Jos cómicamente al levantarse y sacudirse algunos cristales de la ropa.

Comenzaron a escucharse risas que aumentaron de volumen. De la tienda en ruinas surgieron unos digimons ruidosos que parecían estar en plan de festejo destructivo.


-Oh… grandioso –dijo Jos con sarcasmo –¿cuantos ves?
-Son como siete –respondió el semifelino –no va a ser una pelea sencilla
-¡Bomba goblin! –exclamaron algunos de los Goblimons.
-¡Corre! –gritó Jos escondiéndose detrás de un edificio junto con Gazimon para evitar los ataques.
-Quizá venir aquí no fue la mejor idea –opinó el mitad conejo.
-Creo que comienzo a darte la razón –admitió el joven de ojos púrpuras con ironía –lástima que ya es tarde para cambiar de opinión, bien… comencemos
-¡Aturdimiento eléctrico! –atacó Gazimon lanzando un rayo de electricidad.
El ataque llegó de lleno a un par dejándolos noqueados. Pero el resto no se detuvo a pesar de eso.
-Dudo que vayan a rendirse –opinaron ambos tramposos sin dejar de huir.
Antes de doblar una esquina desgraciadamente se toparon con otro grupo de novatos.


-¡Claro! ¡¿Por qué no?! –exclamó Jos sarcásticamente a los cielos.
-¡Hoguera! –atacaron los Candlemons.
-¡Bomba Goblin! –continuaron el grupo anterior.

Se metieron en una calle cerrada para evitar dichos ataques, aunque sabían que al llegar al final de la cuadra los atraparían. Ambos grupos de digimons hostiles tardaron un momento en reaccionar, pero finalmente los siguieron por el estrecho sendero. Al llegar al final de la calle los digimons no encontraron nada. Con gran confusión caminaron tratando de divisar el paradero del tamer y su compañero.
Pero al avanzar solo unos tres metros sintieron que el suelo bajo ellos comenzaba a desquebrajarse. Fue demasiado tarde para retirarse, en tan solo un instante un gran agujero se abrió bajo ellos lo que causó que ocho digimons cayeran a la inesperada trampa. El grupo que se salvó se pusieron aún más alerta pues aun no lograban encontrar al joven de ojos púrpuras.
Detrás de un muro de entrada a un edificio Jos y Gazimon se mantenían en silencio esperando emboscar a los digimons salvajes cuando se acercaran.

-Me sorprende que lograras cavar ese agujero tan rápido –admitió el millonario.
-Es fácil mejorar cuando se trata de habilidades de escape –se mofó el semifelino.
-Solo esperamos a que se acerquen un poco más y…
Pero de nuevo la suerte no estaba de su lado pues el celular del timador comenzó a sonar de manera estrepitosa.
-¡¿Qué rayos?! –exclamó Gazimon –¡apaga esa cosa!
El estafador se apresuró en contestar.
-¡Jos, no vas a creer lo que pasa aquí! –dijo Hitomi graciosamente alegre en la otra línea –¡están por todas partes! ¡Es como en los viejos tiempos! ¡Hace mucho que Salamon y yo no nos ejercitábamos así!

El ruido de la llamada alertó a los Goblimons y Candlemons donde se encontraban escondidos.

-¡Ah, no pudiste llamar en peor momento! –reclamó Jos furioso y luego colgó, pero ya era tarde, los digimons enemigos ya los habían descubierto.
-¡¡Juro que si salimos de esta voy a matar a esa pelirroja!! –sentenció él cómicamente.

Los digimons se prepararon para atacar.

-¡Al diablo! ¡Mejor lo hacemos de la vieja manera! –articuló el timador con fastidio y sacando su digivice.

El dispositivo brilló y dicha luz cubrió totalmente a Gazimon, su forma cambió poco a poco hasta convertirse en X-Gazimon.


Los digimons lanzaron nuevamente sus ataques.
-¡Trueno paralizador! –respondió X-Gazimon lanzando grandes truenos de su boca que inmediatamente lanzó a volar electrocutados a varios.
Solo quedaban dos. Un Goblimon y un Candlemon.
-¡Cera derretida! –atacó uno.
-¡Mazo Goblin! –dijo el otro.
Inmediatamente X-Gazimon se metió bajo tierra, no pasó mucho tiempo para que sus brazos resurgieran y atraparan a los dos restantes. Aplicó una gran descarga que terminó desintegrando en datos a ambos novatos.
-Bien –suspiró Jos –vamos a buscar a los demás…

Mientras tanto a algunas cuadras de allí.
-¡Eso es Gatomon! ¡Ya solo quedan seis! –articuló Hitomi eufórica mientras lanzaba a un Mushroomon contra la pared.


Seis digimons de la misma especie se lanzaron sobre la felina dejándola debajo de una montonera. Pero unos segundos después todos esos digimons salieron volando con la fuerza de Gatomon.
Unos tres Kotemons se acercaron a gran velocidad esperando derribar a ambas.


-¡Trueno Kote!
Pero antes de que pudieran avanzar un poco más los ojos de Gatomon brillaron.
-Ojos de gato –dijo tranquilamente al momento en que los tres Kotemons quedaron paralizados.
En tal estado no fue difícil que la felina terminara por derrotar al resto de los enemigos.
A lo lejos aún se escuchaban algunos gritos y explosiones, era obvio que aun los problemas no terminaban.
-Vamos Gatomon –dijo la pelirroja –con algo de suerte quizá Nahila y los demás ya estén ahí



-No puede ser que no haya podido comer con Carol...Suerte que pase rápido por casa y le dije que me disculpe.-
-Te va a castrar, Dominique.-
-Silencio, Monodramon...-
-Da igual, es mejor que sigamos.-

Humano y digimon siguieron caminando y comenzaron a ver gente aterrada corriendo hacia donde ellos estaban; pero por el susto, la gente no se dio cuenta del digimon y el humano suspiro.
Siguieron caminando y vieron a una niña escondida en un bote de basura, así que ambos fueron a preguntarle que ocurría; pero la niña vio al digimon y comenzó a lanzarle basura a ambos-que pudieron esquivar-. Dominique tomo su pistola y lanzó un tiro a la pared, calmando a la niña:

-Niña, no quiero que colmes mi paciencia, así que: ¿Puedes explicarme que ocurre aquí?-
-Bueno...Señor, es que...-
-Apúrate, que quiero volver a mi casa rápido.-
-Un oso gigante apareció y comenzó a destruir todo...-
-¿Un oso? ¿Escúchaste lo mismo que yo, Dom...?-
-Si, lo escuché. Niña, escóndete o ve a tú casa.-ella asintió, escondiéndose-Monodramon, prepárate.-

Monodramon digivolves a... ¡Tyranomon!

-Muy bien, es hora de ver que mierda hacemos, gordito.-
-¿Sabes que siempre me quise comer un humano, no?-contó el digimon, mostrando sus dientes al humano
-No me intimidas, viejo.-
-Era para joder a la niña, pero veo que se quiere quedar aquí.-
-Bien, ¿cómo te llamas nenita?-
-Me llamó Yuki... ¡Y no soy una nenita!-
-Si, si, lo que sea...Tyranomon, ¡Busca al digimon!-

Sin embargo, el digimon los encontró primero a los humanos. Éste tenía pelaje añil-con puntas blancas-, ojos rojos. Poseía unas hombreras rojas- con tres picos grises en cada una- y una especie de guantes del mismo color-con tres púas y garras en cada uno-, barriga blanca, rostro gris, y una luna creciente en su frente de color blanca.
El digimon miró al humano y compañero y los atacó a ambos. Tyranomon le dio un puñetazo y lo tomo para hacerle una llave de lucha libre. El humano se escondió con la chica:

-Ésa cosa está planeando algo... ¿pero qué?-pensó el humano
-Oye, "Dom", me estás tocando...-comentó ella, quitándolo de sus pensamientos
-¡Ah! ¡Perdóname!-exclamó el humano, soltando a la chica
-¡Dino Patada!-exclamó Tyranomon, dándole una patada a Grizmon y estrellándolo contra un edificio-Mierda, se me fue la mano

El dinosaurio corrió a atacar al oso, pero éste reacciono y lo atacó con sus garras, dejándolo dolorido. El oso atacó de nuevo, haciéndole un corte en el brazo izquierdo al dinosaurio rojo-que lanzó un enorme grito al cielo-.
El dinosaurio tiró una bola de llama al oso, quién rodo en el suelo para apagar las llamas.

-¡ROAR!-
-Ése gritito no me asusta.-mencionó el dinosaurio, que recibió un ataque de las garras del oso, haciéndole una cicatriz en forma de "X" en su mejilla izquierda-¡Eso si dolió!-
-¡Es una pelea, concéntrate, Tyranomon!-
-¡Si!-

El digimon buscó a su enemigo y lo encontró encima suyo, apretándolo con su peso y arañándolo con sus garras por todo el cuerpo. Pero el dinosaurio recordó una charla con su amigo sobre estos casos:


Dominique y Monodramon estaban hablando sobre sus vidas unos días después de que se enteraron que el digimon debía irse.

-Dime, ¿cómo seguirás tú vida sin mí?-
-Entrenaré más duro.-
-¿Sólo éso? No te obsesiones. ¿Tienes a Hawkmon, no?-
-Si, ¿por qué?-
-Porque es tú amigo, viejo. Vé y pasa más tiempo con él. Serás un digimon fuerte, pero siempre debes tener a tus amigos para que te ayuden y apoyen cuanndo más los necesites.-
-Gracias...Extrañaré esos consejos.-
-Yo no extrañaré tú glotonería.-
-Extrañaré tú "humor" duro, compañero.-
-Y también mis consejos de lucha.-
-¿De qué hablas?-
-¿Qué pasa cuándo tienes a alguien pesado encima tuyo?-
-¿Te lo sacas de encima?-
-Eres un digimon: podrías golpear sus puntos de presión o atacarlo con tus flamas...Debes pensar una estrategia para vencer siempre, amigo.-
-Entiendo...Gracias por el consejo...Amigo.-
-De nada, amigo. Extrañaré algo de ti.-
-¿Qué cosa?-
-A ti.-respondió el humano, abrazando al digimon


-"Ya entiendo."-pensó el dinosaurio rojo-¡No me vas a vencer, feo! ¡Destructor Salvaje!-dijo, tomando a Grizmon y haciéndole un tackle y destruyendo cuatro edificios a su paso
-¡AAHH!-gritó la bestia, atacando al digimon con sus garras
-¡Mierda! ¡Clavo Cuchillo!-gritó, atacando con su cola al oso, que esquivaba todo
-¡Roar! ¡Uuuaarrgghh!-gritaba el digimon, que atacaba con sus garras, que eran esquivadas con cierta dificultad por el dinosaurio

Los digimon siguieron esquivándose uno al otro, así que Dominique salió de su escondite y le dio un tiro en un ojo a Grizmon; haciendo que el digimon grite de dolor y fije su vista en el humano. Grizmon saltó para matar al humano y se colocó en frente suyo:

-¡Oye, aquí estoy! ¿Qué no me ves?-ironizó el humano
-¡ROAARRRRR!-
-¿Qué pasa? ¿A Osito Cariñosito le dolió un simple disparo de un adolescente?-decía el humano
-¡AAAAAARRRRRRRGGGGGHHHHHH!-bramó el digimon
-Quítate de mi vista antes de que algo malo te pase...-mencionó el humano, que al ver destras del oso a su compañero, le dijo-Yo te lo advertí,-comentó, señalando con sus ojos al tórax del digimon

Tyranomon clavó su cola en el cuerpo de Grizmon y lo traspasó. Luego de ello, lo mandó a volar de un impulso y con su aliento de fuego, eliminó al digimon-absorbiendo sus datos-.

-¡Yo soy el REY!-gritó Tyranomon
-Lo que digas...-comentó el humano, llamando a Alan-Oye, vago, ¿estás ahí?-
-Si, ¿qué quieres? Estaba llegando a mi casa y...-
-En la Ciudad hay digimon. Te aviso que nos encargamos de un Grizmon hace momentos.-
-¿Esa llamarada fue Tyranomon?-
-Si, fue él. Escucha, puede que te cruces a uno.-
-Entendido, voy para allá.-dijo-Ah, casi me olvido.-dijo él-Che, ¿qué onda con Carol?-
-¡Es una amiga, tarado!-
-Si, si, ese cuento a Nahila o Hitomi. A mí la verdad, boludo.-
-Hablamos de eso cuando tengamos más tiempo.-dijo Dom, cortando la llamada-Voy por Nahila.-murmuró el humano, llamando a la chica-Nahila, ¿estás ahí?-
-Si, estoy aquí.-
-Dime, ¿estás al tanto de los digimon?-
-Si, lo estoy.-
-Bien, en la Ciudad hay algunos sueltos y necesitaría tú ayuda.-
-Como quieras.-
-Ah, por cierto; ¿Coredramon habló mal de mí digimon?-preguntó el castaño
-¿A qué se debe ésa pregunta?-
-Es que Monodramon sacó conclusiones, ya que estornudó hace un rato y sólo estornuda cuando hablan mal de él.-
-Bueno, si, lo hizo. Sabes que se llevan muy mal. ¿Sin rencores?-
-No, para nada. Bueno, me voy por falta de crédito.-dijo Dom, cortando la otra llamada-¿Tú crees que a Dracomon le molestará?-
-Nadie se mete con el Rey Tyranomon.-respondió el digimon
-Pues, no sé, es que poner "Dracomon, la linda Disney Princess" con tú orina es algo...Vulgar.-
-Olvídalo.-respondió su amigo, que volvió a ser Monodramon-¿Nos vamos?-
-Si, pero antes... ¡Niña! ¿Me pasas tú telefóno?-
-Claro.-respondió la chica
-¿Cómo te llamas?-preguntó, cuando ella le pasó el número
-Me llamo Kazumi.-
-Bien, nos veremos después.-respondió el humano, yéndose con su digimon a la casa de éste




Estaban por llegar a su casa, cuando a Hawkmon se le ocurrió una posibilidad, que no dudó en preguntársela a su camarada, ¿Y si había digimon más fuertes por las calles? ¿No deberían de vigilar el resto de la ciudad? Lamentablemente, ya para ese entonces, Alan tenía por única intención de regresar a la cama, mas el aguilucho sabía lo que decía, y terminó convenciéndolo para realizar otra vuelta por las calles.

Llegando a una intersección, se dieron cuenta de un gran alboroto: una masiva concurrencia de personas obstruyendo el tránsito, además de personas fuera de sus vehículos, mirando hacia el cielo, también llegó a oír el inconfundible sonido de dos helicópteros rondando por allí, con sus potentes faros escudriñando entre los rascacielos. Ante tan curiosa escena, el quinceañero no tuvo más remedio que preguntar a uno de los mirones, con Hawkmon bien en lo alto, sobre un poste de luz.

- Disculpame, -dando palmaditas en el hombro a una chica de unos veinte años- ¿Podrías decirme que está pasando?
- ¿No lo has visto? ¡Una especie de serpiente voladora gigante anda volando entre los edificios, y helicópteros de la policía los están persiguiendo!
- ¿Serpiente voladora? Mmm…. Ok; gracias.

Una vez apartado de la multitud, y ya bajo el resguardo de la oscuridad de un callejón, hizo llamar a Hawkmon.

- ¿Una serpiente voladora? Podría ser un Coatlmon, pero no estoy seguro; lo mejor será dar un vistazo.
- Tenés razón, Hawkmon… -mirando a sus alrededores- necesitamos más espacio para que puedas…

En ese momento, se escucha el griterío de la multitud que observaba atentamente los acontecimientos, seguidos de unos disparos y el sonido de una fuerte corriente de viento. Segundos después, la criatura vuela sobre las cabezas de Alan y el aguilucho, mostrando ya su identidad.


- Un Airdramon –murmuró Hawkmon- He oído que suelen ser muy agresivos.
- Y será mejor que evitemos que muestra esa “agresividad”. ¿Estás listo?
- ¿Qué no era que querías dormir?
- Después de encargarnos de la serpiente emplumada… a la cama. Mejor busquemos donde puedas digievolucionar sin problemas.

Por suerte, había un edificio de aparcamiento en las cercanías, al cual entraron hasta llegar al último piso, donde Hawkmon tenía suficiente espacio para evolucionar y emprender vuelo. Una vez convertido en Aquilamon, Alan montó en su espalda para iniciar la búsqueda y persecución del fugitivo escamoso.

Los helicópteros de la policía perseguían a Airdramon con suma dificultad, mas éste era mucho más ágil al desplazarse entre los rascacielos a causa de su flexibilidad; Aquilamon por su parte, tenía clara ventaja al volar, con la sola excepción que llevaba a alguien a sus espaldas, y debía evitar maniobras bruscas. Probablemente, Airdramon se hallara bastante nervioso, pues comenzó a producir violentos ciclones de aire que destrozaban los cristales de los edificios.

- ¡Creo que lo más conveniente sería que te deje en una terraza para poder pelear con mayor facilidad!
- ¿Y ser mero hincha? ¡JAMÁS!
- No quiero ser grosero, pero estorbas en mi espalda.
- Agh… Ok; como digas… -mirando a su alrededor, buscando un lugar donde pueda ubicarse- Dejame en ese edificio, y vos rómpele la cara.
- Ok… -volando al edificio; posteriormente lo deja en la terraza- Vuelvo enseguida.

Tras dejar a su compañero relativamente a salvo, Aquilamon continuó la persecución de Airdramon hasta hallarlo sobre una avenida bastante amplia, causando ventarrones sumamente peligrosos; en un rápido movimiento, los embistió en el aire, aturdiéndolos brevemente para evitar que continúe su ataque. Algo mareado, pero después molesto por el ataque, la serpiente alada contraatacó con un fuerte vendaval producido por su boca, el cual Aquilamon contrarrestó con un rápido movimiento de sus alas.

- ¡Causas demasiado alboroto! ¡Aros explosivos! –por desgracia, su oponente desvió los aros con su cola, haciéndolos colisionar con unos edificios cercanos- ¡Maldición! ¡Será mejor que lo lleve al mar!

Pero en lugar de ser él quien persiguiera a Airdramon, ocurrió todo lo contrario, pues la serpiente alada, sintiéndose más enfurecida de lo normal por el ataque de Aquilamon, comenzó a perseguirlo, lanzando sus Agujas Giratorias contra el ave gigante, que hacía lo posible por evadirlas. Por fortuna, ya estando sobre el agua, nada ni nadie resultaría dañado; lo malo era que, si uno de ellos caía al agua, no podrían retomar vuelo.

Tras varios minutos de persecución y dar varias vueltas en el mar, Aquilamon se di vuelta y voló hacia su oponente.

- ¡Suficientes juegos, es hora de despedirte! –alzando vuelo para después caer en picada- ¡Cuerno Planeador!

Aquilamon volaba a gran velocidad en dirección a su adversario, más este no se quedó inmóvil, y empleó su Ala Cortante, lanzándole dos cuchillas de aire comprimido que lo hicieron perder el equilibrio y caer rápidamente al agua; segundos antes de tocar la superficie del mar, Aquilamon recuperó el control, y voló rozando el agua, dando un vuelo de rizo para regresar hacia Airdramon y retomar su ataque: esta vez, embistió con fuerza a la serpiente alada, siendo esta la que perdió el control. Sin embargo, nos e rendiría tan fácil: usó su técnica Tornado de Dios para darse impulso y elevarse nuevamente para regresar al cielo y continuar la persecución del águila gigante.

Sin embargo, Aquilamon no perdió tiempo en que recobre del todo la orientación, y lo embistió nuevamente, arrojándolo al agua, donde ya no podría hacer nada: empleó repetidas veces sus aros Explosivos hasta que Aidramon no pudo soportarlo y quedó reducido a mera información. Una vez acabado el problema, regresó junto a su compañero; al llegar a la terraza, regresó a su etapa anterior.

- ¿Y bien? ¿Ya se fue?
- Sí; ya se fue –respondió el ave, sacudiéndose las plumas- Pero no sé si hice lo correcto… A veces… me dejo llevar.
- Dom te diría que no había opción.
- Pero tú no eres Dom, y él no está aquí.
- Buen punto; lo discutiremos después: será mejor que sigamos patrullando. –miró a su alrededor- Hawkmon…
- Dime, Alan.
- ¿Podés digievolucionar de nuevo.
- Creo que no, ¿Por qué?
- ¡¿Cómo demonios vamos a bajar?! ¡Estamos en la terraza de un edificio de 20 pisos!
- Pues… -señalando el acceso a las escaleras- Pues bajando…
- Ni modo… -frotándose las sienes- Al menos será un buen ejercicio… Agh...


Se escuchaban ruidos por todas partes. Humanos gritando, digimon riendo, tiendas siendo destrozadas, lugares quemados, cohetes por los aíres. Los digimon salvajes estaban actuando de todas las maneras: infantil, agresiva, locos a veces… Cada vez que Nahila y Coredramon giraban por una esquina, se encontraban con un grupo de ellos, aterrorizando a parejas, familiares; saltando contra niños y mordiéndoles el brazo; y otras muchas veces, comiendo el alimento que habían cogido de los supermercados. Casi parecía que estuvieran montando una fiesta.

Coredramon se detuvo un momento para descansar y volvió a la etapa anterior. Dracomon masculló algo al comprobarlo.

—Es normal —dijo Nahila, conciliadora—. Llevamos un buen rato peleando contra salvajes sin descanso. Esperemos un poco y volvemos a la carga.

Era cierto. No habían parado ni un momento. A cada rato se encontraban con una nueva pelea y Coredramon había recibido varios ataques. Y a pesar de que eran digimon en etapa novato – era extraño que no hubieran encontrado ninguno de un nivel superior -, hacían daño si realizaban sus ataques todos a la vez. Además, el dragón azul no solo miraba por su bienestar, sino que parecía más preocupado en proteger a su compañera. Algo que molestaba a Nahila, porque aunque tenía la rodilla mal, había mejorado y podía caminar.

Nahila le entregó a Dracomon una barrita de chocolate que le había sobrado de la comilona de antes. El dragón no tardó en abrirla y devorarla. Recordó entonces la manera que tenía Monodramon de saciar su hambre, pero prefirió no comentar nada: ya había dicho todo lo que pensaba antes. La muchacha, mientras, se subía el pantalón y observaba la herida. La rodilla estaba roja, pero no había sangre seca.

—Llamaré a Hitomi, a ver cómo le va.

—De acuerdo.

Antes ya le había llamado Dom y parecía que todos estaban en la misma situación: peleando contra digimon salvajes y tratando de que no hicieran más destrozos. La muchacha sacó su teléfono del bolsillo y apretó el botón verde. Se lo puso en la oreja y esperó hasta que la otra persona lo cogiera. Sonaron dos pitidos y finalmente se escuchó la respiración de alguien.

—Hitomi, menos mal… ¿te has encontrado con muchos digimon? Yo estoy herida, pero no te preocupes… —esperó un chillido, pero nada ocurrió—. ¿Hitomi?

—Debiste entrenar, boluda —le respondió una voz masculina que Nahila conocía tan bien.

Nahila frunció el ceño.

—¿Musculitos?

—Que inteligente.

—Idiota —masculló la chica.

—Débil.

—¿Pueden dejar de discutir? —Se oyó la voz del compañero de Alan—. Parecen niños pequeños.

Dracomon no pudo evitar reírse. La chica respiró hondo. ¿Por qué siempre se enfadaba tanto cuando hablaba con Alan? Estaba claro que nunca podrían tener una charla amena. Pensó en colgarle y tuvo la tentación de hacerlo, pero también estaba interesada en el tema principal, por lo que volvió hablar, tratando de sonar amable:

—Y… bueno, ¿has pospuesto tu dopaje para investigar que está pasando?

—¡No me dopo! Agh… Que infantil eres.

—De acuerdo, te creeré. ¿Has encontrado grupo de digimon salvajes?

—Algunos —contestó el argentino—. Pero los de tipo novato no son molestos, no nos causaron problemas. Nos encontramos con uno de nivel campeón y tras algunas dificultades, le derrotamos.

—Oh, vaya, tu entrenamiento intensivo no funcionó bien cuando el adversario está al mismo nivel que tu digimon.

—Ya, deja de comportarte como una niña —le espetó—. ¿Tú qué has encontrado?

Odiaba que la llamaran infantil y niña, y Alan había utilizado ambas palabras en una misma conversación. La chica ya no sabía cómo comportarse con él.

—Hay varios digimon atacando a los que andan por la calle, pero a esos los detenemos enseguida. También hay otros robando alimentos y destrozando coches. Ya nos hemos visto cara a cara con digimon salvajes tiempo atrás, por eso no me preocupa cómo actúan. Lo que no entiendo es que hayan aparecido de nuevo. ¿No se supone que las Cuatro Bestias Sagradas están vigilando el portal? Y más ahora, que lo iban a abrir para llevarse a nuestros compañeros.

—Esas Cuatro Bestias Boludas son unas vagas. Mandaron digimon a humanos para que protegieran la Tierra y así poder descansar. No me hables de ellas.

De repente se escuchó una gran explosión. Nahila miró por donde salía humo y Dracomon se levantó del suelo. Eso no podía provocarlo un digimon novato.

—Tengo que dejarte —avisó.

—Espera, Nahila, ¿qué…? —la chica colgó.

No tenía tiempo de explicarle a Alan lo que acababa de oír. Más gente podría estar en peligro y teniendo en cuenta la explosión, a Nahila no le cabía duda de que ese digimon no era de tipo novato. Dracomon trató de digievolucionar, pero no lo logró. Nahila no supo cómo reaccionar.

—Será porque lo hiciste antes y aún no pasó mucho tiempo —comentó ella.

—O que hacía mucho tiempo que no gastaba mis energías —suspiró el pequeño dragón—. Da lo mismo. Lo derrotaré bajo esta forma. Utilizaré mis encantos.

—Espero que eso signifique lo que imagino…

—¿Por qué no?

—¡Te dije hace tiempo que no te pongas hablar de telenovelas con enemigos! Bien que Salamon es tu mejor amiga y te so… te escucha, pero tu adversario pensará que te estás burlando de él y se enfadará.

Dracomon negó con la cabeza.

—Quizás se muestre interesado en el misterio de la esposa infiel enamorada del amante, que a su vez está intentado ligar con su hija.

—Ya —cortó Nahila, aburrida.

Corrieron a más velocidad. Dracomon atacaba a los digimon que aparecían de repente —que no eran pocos—, y aunque los atrasaban, porque querían llegar pronto al lugar donde había sido la explosión, debían eliminarlos para que no hicieran más de las suyas, además de que su prioridad era ir más adelante —puesto que deducían que allí habría más peligro que en esas calles deshabitadas— y comprobar contra qué digimon les tocaría enfrentarse. Nahila de vez en cuando sentía un poco de dolor en la rodilla, pero la adrenalina de la emoción de ver a su compañero luchar de nuevo contra digimon, y de pensar que Dracomon podría quedarse con ella de nuevo, le hacía olvidar la herida por completo.

Cuando pasaron por unas de las calles, Nahila se detuvo. Se habían parado delante de una tienda que la chica conocía bien, porque muchas veces entraba para comprar herramientas.

—¡Nahila, no! —Exclamó Dracomon—. Yo me encargaré del digimon.

—Una ayuda no te vendrá mal. Estás cansado —contestó la muchacha.

Nahila no tuvo problemas en entrar. El cristal estaba roto y lo que necesitaba lo tenía muy cerca. Cogió algunas herramientas sencillas y se las guardó. Era una idea algo estúpida e infantil, para ella, al menos, pero las cosas que había pensado en un principio se habían agotado o los digimon las habrían eliminado. Por una cosa u otra, tendría que conformarse con ese plan.

—Ya estoy —anunció la chica, saliendo de la tienda.

Dracomon la observó. Suspiró al entender lo que iba hacer su compañera. No le gustaba para nada que quisiera utilizar su mente “diabólica” para ponerse en peligro. Siempre había pensado que no debía meterse en sus peleas, pero Nahila era terca. No estaba seguro si hacía eso para ayudarle o para mejorar sus trucos.

—¿Te pasa algo, Dracomon?

—No, no… Continuemos —respondió.

No era difícil seguir el camino por donde el enemigo había pasado. Dejaba huellas en el suelo y la marca señalaba que no era un digimon novato. Cuanto más se acercaban, con más facilidad oían las explosiones y los gritos de digimon —estaba claro que este campeón le daba lo mismo a quién atacar—, eso hacía que Nahila y Dracomon se dieran más prisa.

Finalmente vieron a lo lejos a su nuevo enemigo. Se acercaron un poco, pero lentamente, para que el digimon no se diera cuenta de su presencia. El adversario no miraba hacia atrás en ningún momento, sino que se dedicaba andar hacia delante y disparar a todas partes: tejados, paredes, terrazas…

—¿Quién es, Dracomon? —preguntó Nahila.

Era una especie de gorila con una mano robótica que terminaba en forma de cañón. Tenía pelaje blanco por todo el cuerpo, y sus manos, cara y pies eran negras.


—Pero no lo entiendo —murmuró Dracomon—. En teoría es un digimon pacífico, eso de que esté atacando a todos lados es extraño en su naturaleza.

—Es un digimon salvaje, amigo. Bueno, a simple vista parece un digimon lento, eso nos dará ventaja —comenzó a preparar su plan—. Estaré en la otra calle. ¿Serás capaz de traerle hasta mí?

—Claro que podré —parecía humillado.

—Te espero, entonces.

Nahila le dejó solo cuando giró por la esquina. Dracomon respiró hondo y empezó a volar. Gorillamon disparó hacia el suelo y se quedó quieta al darse cuenta de que no podía avanzar porque había hecho un agujero. El pequeño dragón que se acercaba por detrás no pudo aguantarse la risa y su paradero fue descubierto. Aunque poco le duró la alegría del momento, porque en cuanto su adversario se giró, empezó a lanzar sus ataques:

—¡¡Cañón de energía!! —exclamó, apuntándole con el cañón.

Dracomon dio un giro completo para esquivar el rayo, pero le rozó las alas e hizo que cayera al suelo. Trató de volverlas a utilizar pero notó un agudo dolor. Lo intentó de nuevo, porque Gorillamon volvía a la carca y el pequeño dragón se daba cuenta de que Nahila se había equivocado: no era lento.

—¡¡Ataque de poder!! —gritó el digimon, saltando para coger impulso.

Esta vez iba atacar con su otro brazo. Dracomon apenas tuvo tiempo de dar un salto hacia la derecha, pero entonces se formó una gran brecha en el suelo. La fuerza del ataque fue inmensa y destrozó toda la calle. El dragón voló aunque le dolía bastante las alas y escapó de caer. Aterrizó muy pronto en una terraza y gimió de dolor.

Observó desde dónde se encontraba a su enemigo. Gorillamon estaba loco, tratando de encontrarle. Disparaba al cielo y lanzaba coches a los edificios. Pero entonces escuchó algo. El digimon se quedó quieto un momento y entonces ambos, Dracomon y él, oyeron perfectamente la melodía del móvil de Nahila cuando alguien la llamaba.

En el rostro de Gorillamon apareció una sonrisa y comenzó a caminar hacia donde estaba Nahila. Dracomon abrió los ojos, espantado, se bajó de la terraza y se puso en frente del digimon. No podía permitir que hiciera daño a su compañera.

—De aquí no pasas —declaró—. ¡Aliento de…!

Pero antes de que pudiera completar la frase y de que su ataque fuera lanzado, Gorillamon lo cogió del cuerpo y empezó a apretar con fuerza. Dracomon se movía, mordía la mano de su enemigo y le golpeaba con la cola, pero nada de lo que hacía conseguía que el digimon le soltara. Parecía que todos sus intentos de hacerle daño eran absurdos, que solo le hacían cosquillas.

—¡Suéltame, gorila de pacotilla! ¡Pelea conmigo, cobarde!

Sin soltarle, le golpeó en la cabeza contra una de las paredes, que se rompió en segundos. Dracomon ya no fue capaz de protestar nada más. Dejó caer la cabeza y sus ojos se cerraron.

___________________________________________

Nahila había llegado a la otra calle con dificultades. El suelo estaba destrozado por varias partes y era difícil correr. Pero finalmente encontró el lugar. Dos farolas, cada una a un lado de la calle. Cogió una de las cuerdas que llevaba y la ató en una de las farolas, la alargó hasta la otra e hizo lo mismo. Si alguien pasaba por ahí sin darse cuenta —y como ese salvajee solo quería lanzar rayos desde su cañón—, caería de bruces.

Aunque ese no era todo el plan. Sacó la caja de chinchetas —que era lo único que pinchaba que había logrado encontrar en la tienda. Habría preferido otra cosa—, y las tiro en el suelo, cerca de donde estaba la trampa de la cuerda. Cuando iba a ver si su compañero se acercaba le empezó a sonar el móvil. Lo sacó enseguida.

—¿Pero qué queréis ahora? —masculló, colocándoselo en la oreja.

Comenzó a escuchar las voces de sus hermanos, todos a la vez, preguntando y diciendo cosas:

—¿Ha ganado Dracomon?

—¿Ha muerto ese dragón?

—¿Cómo es el enemigo?

—¡Qué salga humo, que salga humo de las calles!

—¡No oímos a gente gritando!

—¿Alguien sangra? ¡Queremos ver sangre!

—¡¡Callaos de una vez!! —Exclamó la muchacha—. Estamos ocupados, así que dejadme en paz. Después os cuento. Y no se os ocurra bajar.

En cuanto fue a colgar, divisó adelante a Gorillamon. Se olvidó de respirar cuando vio que Dracomon estaba inconsciente y parecía muy malherido. La muchacha masculló algo entre dientes y se levantó del suelo. La trampa estaba ya colocada, pero no podía permitir que Dracomon la recibiera también.

No tuvo otro remedio que recoger las chinchetas lo más rápido posible mientras que el Gorillamon se acercaba. La cuerda la dejó tal y como estaba. Tal vez un golpe en la cabeza hacía que su compañera despertara, y aunque le saldría un chichón, seguramente abría los ojos. La chica sacó el digivice, a pesar de que este no daba indicios de funcionar: su digimon todavía no podía digievolucionar.

Una parte de ella se preguntaba qué habría pasado para que Dracomon acabara tan lastimado. Su digimon era fuerte y tenía una táctica infalible para no salir magullado. Pero también era cierto que era pedir mucho que en esa etapa pudiera hacer algo contra un digimon de nivel superior. Pensó en la manera de derrotar a Gorillamon sin que Dracomon pudiera digievolucionar y encima estuviera débil. Ahora que veía al digimon más de cerca, tenía la certeza de que la caída por la cuerda no serviría de mucho.

Gorillamon tenía una sonrisa siniestra. Estaba deseando llegar hasta donde se encontraba la humana. Nahila esperó, sin mostrar ningún miedo. Apretaba el digivice con fuerza y deseaba que su compañero despertara antes y escapara. Aunque Gorillamon lo tenía bien sujeto. Faltaban dos pasos para que el digimon salvaje cayera en la trampa, un paso…

—¡¡Aliento de bebé!! —exclamó entonces Dracomon, aprovechando que Gorillamon había disminuido la fuerza de su atadura y volando hacia arriba.

Lanzó de su boca una potente bola de fuego que impactó en la mano de Gorillamon, aunque éste apenas dio indicios de haberlo notado. El pequeño dragón sonrió con chulería y aterrizó al lado de Nahila. A pesar de tener varias heridas y golpeas en el cuerpo, se movía con agilidad y el dolor de las alas había desaparecido por completo, lo que le daba la ventaja de combate aéreo.

—Menos mal —suspiró Nahila.

—La inconsciencia no me duró mucho —explicó el dragón—. Estaba esperando el momento para poder escapar. ¡Ahora a digievolucionar…! —se puso en posición, pero nada ocurrió—. Agh… ¿todavía no?

—¡Corre! —exclamó la muchacha, que estaba atenta a los movimientos de su adversario.

Gorillamon se acercaba hecho una furia: estaba enfadado de que se hubieran burlado de él de esa manera. No contó con la trampa, tropezó y cayó al suelo. Dracomon se río, pero hizo caso a su amiga y se dispuso a seguirla. Tendrían que ganar tiempo mientras que no pudiera digievolucionar y su enemigo no tardaría en levantarse, aún más enojado y con más ganas de machacarles.

Ambos se conocían muy bien las calles y fue sencillo escoger las calles que eran más estrechas. Sabían que Gorillamon no tendría problemas en destrozar el camino para llegar hasta ellos, pero al menos le retrasarían un poco. En esos momentos lo que más importaba era esperar hasta que Dracomon pudiera digievolucionar de nuevo. A lo lejos se oía el cañón de Gorillamon puesto en acción: el digimon ya comenzaba con su locura de eliminar todo a su paso.

Nahila notó que Dracomon iba algo lento y se detuvo.

—Súbete —dijo, agachándose un poco y señalándose la espalda.

—Estoy bien —respondió, sin hacerle caso y volviendo a correr.

La chica no tardó en darle alcance. No entendía porque se estaba haciendo el duro en esa situación. Siempre se habían ayudado mutuamente, pero parecía que, después de tanto tiempo sin pelear, Dracomon quería demostrarse a sí mismo que seguía estando igual.

Llegaron hasta un parque. No era muy grande: dos toboganes, dos columpios y una pequeña casa de juguete. Dracomon y Nahila entraron en ella y miraron por la diminuta ventana. No había ninguna presencia de Gorillamon, pero de seguro que no tardaba en aparecer. Dracomon se miró las heridas que tenía y volvió a tratar de digievolucionar.

—¡Aquí no! —Le reprochó Nahila—. Romperás la casa.

—Como si te importara —río.

—Bueno, es verdad, pero llamarás la atención de Gorillamon. Será mejor que descanses. ¿En serio que estás bien?

—Esto no es nada —dijo, dando un salto.

—Dracomon…

De repente, una de las farolas de en frente fue arrancada del suelo. Nahila se quedó alucinada al comprobar que Gorillamon pensaba usarla como arma, mientras que con su cañón apuntaba al parque. Dracomon, sin pensarlo dos veces, salió de la casa y se puso delante de su adversario. La chica no tuvo otro remedio que acompañarle, ideando un plan.

—Tú y yo, Gorillamon. Deja en paz a Nahila, ¿vale? —dijo Dracomon.

Por toda respuesta, Gorillamon le lanzó la farola. Nahila fue más rápida y logró empujarle. Los dos esquivaron el ataque por los pelos, viendo como el arma que había utilizado el digimon salvaje destrozaba la casa por completo. Gorillamon no se quedó quieto y sin dejar que se levantaran, les apuntó con su cañón, que empezó a emanar energía. Unos segundos después, el rayo iba directo a los dos.

—¡Nahila!

Dracomon... digievoluciona en... !!Coredramon!!

—¡¡Llamarada azul!!

La gran bola azul de Coredramon y el rayo del enemigo se unieron en una ruidosa y poderosa explosión que les dejó sordos. El dragón azul aprovechó para coger a Nahila y volar hasta llevarla un lugar seguro. De nuevo, Dracomon había aumentado en tamaño, cambiado de color y sus alas se habían hecho más grandes, consiguiendo que su vuelo fuera más veloz.

—Yo me encargaré del resto —comentó el dragón azul.

Gorillamon ya le estaba esperando cuando Coredramon se puso delante de él y le golpeó con la cola. El gorila, rápido, se la cogió antes de que fuera impulsado hacia atrás, y los dos recibieron el impacto contra uno de los edificios. Nahila se levantó, con intenciones de correr hasta donde estaba su amigo para saber cómo se encontraba, pero entonces Coredramon utilizó su habilidad de volar y escapó del cañón de Gorillamon, que ya lo preparada para lanzarle un rayo.

La chica suspiró, más tranquila. La batalla continuó sin tregua. Gorillamon no era capaz de volar, pero sí lanzaba todo lo que encontraba a su paso para que el dragón bajara. Coredramon, mientras, echaba bolas de fuego azules, pero el gorila era rápido y las esquivaba antes de que impactaran en su cuerpo. Cada vez que Coredramon trataba de acercarse para pegarle de nuevo con su cola —pero esta vez sin salir él también herido—, Gorillamon le apuntaba con el cañón y hacía que se fuera hacia atrás de nuevo.

Por mucho que uno de los dos quisiera atacar al otro, parecía algo imposible. Los dos eran rápidos y fuertes. Ninguno parecía dar su brazo a torcer. Coredramon admitía que su adversario era poderoso. Él había digievolucionado y por tanto tenía las energías renovadas, pero Gorillamon llevaba rato atacando la ciudad y también había luchado contra él antes. Si bien, no le había dado mucha guerra antes, algo tendría que haberle cansado. Pero nada, Gorillamon seguía igual de fresco.

—¡Cañón de energía! ¡Cañón de energía! ¡Cañón de energía! —exclamó Gorillamon.

Tres rayos, en distintas direcciones, iban directos al dragón. Nahila gritó alguien, pero el ruido de la pelea no dejó que llegara a los oídos de Coredramon. Él esperó hasta el último momento y cuando el ataque de Gorillamon estuvo a punto de tocarle, se dio impulso y voló más arriba, esquivándolo por completo. Había notado en toda la batalla que, cuando Gorillamon lanzaba su rayo, tardaba cinco segundos en recuperarse. Aprovechó esa debilidad y preparó una llamarada más potente que las anteriores.

—¡¡Llamarada azul!!

Gorillamon se defendió cogiendo una parte del muro de atrás, pero de poco le sirvió. La llamarada eliminó su protección e impactó en él por completo. Gorillamon gimió de dolor, se tiró al suelo y comenzó a golpearlo, rabioso y herido. Coredramon ya iba a realizar su ataque final, cuando el gorila se levantó rápidamente y le apuntó con el cañón. Tal fue la sorpresa que el rayo expulsado por el arma robótica. No le dio de pleno, pero si le rozó la cara, no hiriéndolo, aunque sí aturdiéndolo.

El digimon salvaje aprovechó el desconcierto del dragón y dio un salto. Dejó su arma de lado, para que descansara un poco, y preparó su otro brazo.

—¡Ataque de poder!

—¡Coredramon, cuidado!

Demasiado tarde. El puño del enemigo golpeó en el rostro de Coredramon por completo y lo lanzó abajo con violencia. Coredramon destrozó parte del suelo en su caída. Cuando se detuvo, se llevó las manos a la cara, dolorido. Aquello no lo había visto venir y había sido un buen puñetazo. Abrió un ojo, a tiempo de esquivar otro ataque del gorila incansable.

—¡¡Ahora sí te vas a enterar!! —Exclamó Coredramon, con la marca del puño de Gorillamon en la cara—. ¡¡Gorila robótico, morirás aquí y ahora!!

Un nuevo enfrentamiento empezaba ahora. Coredramon dejó el ataque aéreo y se quedó en el suelo, preparado para combatir cuerpo a cuerpo. Sabía que el Gorila era más fuerte que él de esa manera, pero podría aprovechar que era un poco más rápido que él, y siempre tendría la capacidad de usar las alas para esquivar sus rayos. Si una llamarada potente no lograba acabar con él, no le quedaba otra que aumentar su fuerza en esa bola de fuego. Le llevaría tiempo, pero seguramente valdría la pena.

El primero en lanzar su ataque fue Gorillamon. Esta vez, sin dejar de apuntarle y lanzar rayos, se acercaba a gran velocidad. Coredramon recordó entonces un partido de beisbol que había visto con dos de los hermanos de Nahila y empezó a utilizar su cola para repeler los rayos. Funcionó, aunque también le hacía algo de daño. Lo soportó y comenzó a lanzarle a Gorillamon sus propios ataques, que sorprendido, no fue capaz de esquivar dos.

Fue casualidad que esos dos rayos entraran precisamente dentro del cañón y la brazo robótica de Gorillamon explotara. El digimon salvaje gruñó de dolor y se llevó la mano buena a la herida, que salía humo: ya no podría utilizarla más. Aquello facilitaría las cosas a Coredramon. Aunque debía tener cuidado de su otro brazo, que ya había demostrado que su puñetazo casi le rompía la cara.

—Está acabado —dijo Nahila que no quería seguir escondida.

—¡Te dije que yo me encargaba de todo! ¿No podías ser una buena chica y quedarte donde te dejé?

—Coredramon, sabes perfectamente que yo nunca seré una buena chica. Ni débil, ni frágil, ni tonta, ni todas esas idioteces que las chicas de ahora cumplen para parecer una princesa de Disney.

—¡¡Ataque de poder!! —exclamó Gorillamon, enfadado de que ni siquiera le prestaran atención.

—Eso ya no te servirá. ¡¡Llamarada azul!!

La bola de fuego hizo que el digimon salvaje fuera lanzado hacia atrás, evitando que consiguiera golpearles. Gorillamon se dio contra la pared en la cabeza y perdió el sentido; agotado y derrotado, ya no era capaz de levantarse y volver a luchar. Desde el mismo momento en que su cañón se había roto, ya no habría podido hacer nada contra el dragón zafiro.

—Termina con él, Coredramon; quiero buscar a los demás —comentó la muchacha, dando media vuelta.

—Está bien —asintió.

Buscó aquel poder que había estado reuniendo antes y expulsó una nueva llamarada, de mayor tamaño y más potente. En cuanto dio en Gorillamon, este desapareció, como si jamás hubiera estado allí, aunque los destrozos de la ciudad y el parque dejaban claro que por ahí había pasado un monstruo. No apareció ningún digimon novato, o tal vez se habían ido corriendo al comprobar que un compañero suyo de mayor nivel había sido machacado.

Coredramon volvió a su etapa de antes. Estaba muy cansado después de la pelea contra los quince digimon novatos y ese campeón que le había dado muchos problemas. Intentó mover las alas, pero estas se negaban a corresponderle a un vuelo seguro. Con un suspiro, utilizó sus pies y alcanzó a Nahila, que ya caminaba por otra calle.

—Espero que no nos encontremos con más salvajes que tengan ganas de guerra —suspiró el pequeño dragón.

—Seguro que esta noche caes rendido en la cama —sonrió Nahila.

—Sí… Pero me sigue preocupando que hayan aparecido tantos digimon salvajes. ¿Qué está pasando? ¿Por qué se comportan de esa manera tan furiosa? ¿Y por qué las Bestias Sagradas no se han dado cuenta todavía? Todo es muy extraño. Pero lo que más miedo me da… es que me da igual.

—¿Cómo?

—Es que… si la Tierra está en peligro de nuevo, quiere decir que me podré quedar contigo más tiempo. Y eso es lo que más deseo.

—Busquemos a los demás —contestó Nahila, no dada a responder a sentimientos de ese tipo—. Hay que hablar de esto cuanto antes.

Se preguntó si Jos e Hitomi, al igual que Alan y Dom, habían tenido que enfrentarse a un digimon de tipo campeón. Y también si habría más por la ciudad. Su compañero ya estaba agotado tras esas peleas, pero si debía luchar, lo harían. Siempre se sacaban fuerzas de cualquier sitio para no morir, puesto que esos digimon no se lo pensaban dos veces para eliminarlos.

Pero estaba de acuerdo con su compañero: lo que estaba ocurriendo era muy extraño.

No obstante, al seguir por una calle, vieron algo peculiar. Dracomon se quedó con la boca abierta, las mejillas rojas, de enfado y el cuerpo temblando. Nahila alzó las cejas, sin saber muy bien si debía reírse o decir algo para calmar a su compañero digimon.

—¿Ahora entiendes por qué le odio? —masculló el pequeño dragón, acercándose. En el suelo se leía claramente: Dracomon, la linda Disney Princess. Nahila se tapó la boca—. No hay pruebas de quién ha sido, pero está bastante claro. La próxima vez que le vea…

Su humor chistoso había desaparecido por completo, a pesar de estar ahora bajo la forma de Dracomon. Nahila comprendió que su amigo no se llevaba nada bien con el digimon de Dom. Una parte de ella se preguntó si eso no sería un problema si al final debían seguir luchando contra digimon salvajes. Y su relación de amistad no parecía que iba a mejorar. Ambos dragones se odiaban mutuamente.

—Al menos a puesto que eres… lindo. Aunque reconozco que esto es bastante inmaduro por su parte —dijo ella, tratando de tranquilizarle.

—¡Yo le enseñaré quién es éste príncipe! ¡Aliento de bebé!

Terminó borrando aquella graciosa firma al instante. Nahila no quiso decir nada, prefería no empeorar las cosas. Después de aquel incidente, no se retrasaron más, y continuaron su paseo para encontrar a los demás –Nahila esperaba que el primero de ellos no fuera Dominique-, y con suerte encontrar una respuesta a lo que estaba ocurriendo.
 

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6 May 2010
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Hitomi y Gatomon seguían corriendo en busca de mas digimon con los cuales combatir, pero por más que buscaran no lograban dar con ninguno.

—No puede ser… ya no hay mas y con las ganas que tenia de combatir —Comento la chica defraudada, sus deseos de luchar eran muy grandes.

—Hitomi deberías estar feliz por ello —Dijo Gatomon molesta por la actitud de su compañera de siempre quedar demostrar ser la mejor —Además así podremos volver a casa pronto y comer una deliciosa cena —La digimon se imaginaba todo el festín que cenaría y su boca comenzó a saborearse.

La elegida en ese momento recordó algo que le había preocupado —Sabes ahora que recuerdo quería hacer algo desde salimos de casa —Saco su teléfono de su bolsa y marcos a su mejor amiga, Nahila. El teléfono comenzó a marcar y después de un rato contesto —¿Hola, Nahila que tal?

—Hitomi, no pudiste escoger un peor momento para marcar —Se escuchaba bastante furiosa y ajetreada, como si estuviera o hubiera salido de una batalla.

—Lo lamento, pero necesito preguntarte algo de suma importancia —Hitomi se escuchaba impaciente y enserio se escuchaba como que necesitara preguntarle.

—¿En serio?, Bueno sobre que se trata —A pesar que digiera que era importante, sabía que su amiga podría estar exagerando. Pero mejor acepto, antes de que perdiera más tiempo.

—Bueno lo que ocurre es que… No encuentra mi pintura para las uñas favoritas, ¿tú no la tienes? Creo que te la preste, recuerda es una roja y seguramente te gusto tanto que no me la quieres devolver —Nahila ya estaba punto de gritarle, cuando la pelirroja comento —Además como quieres verte bien para Alan, ya que son tan “amigos” —Esas palabras hicieron a la elegida, enfurecer.

—¡HITOMI!... Por última vez, que yo y ese… —No logro completar la frase, ya que Hitomi tuvo que colgar, porque había escuchado aproximarse a un digimon.

—Creo que se enojo —Dijo mientras guardaba su celular. Miro hacia donde miraba su compañera, era dentro de un edificio y no se lograba ver nada —¿Puedes ver algo? —Pregunto sin quitar la vista del lugar.

—Espera, creo que ya puedo ver algo —Entre cerraba sus ojos para mirar fijamente un lugar, en el cual había visto movimiento.

—¡Ruido Gris! —Una ráfaga de viento impacto contra Gatomon, haciéndola estrellar contra uno de los edificios, cayendo al suelo lastimada.

Hitomi intento auxiliar a su compañera, pero su paso fue detenido por un digimon con apariencia de un perro.


—¿Tu eres… un digimon? —Interrogo la joven.

Pero el digimon no contestaba nada, solamente le gruñía a la elegida demostrando lo furiosos que estaba. Se proponía a lastimar a la elegida con sus garras y se miraban realmente filosas.

—¡Oye! —El digimon recibió el golpe de una roca en su cabeza. Volteando hacia donde provenía la roca gruñendo. La responsable de la roca, fue Gatomon que se encontraba de pie y con otra roca en su garra —¡Aléjate de ella! —Lanzo la piedra contra su oponente, pero este simplemente la destrozo con su hocico.

—¡Gatomon, vamos utiliza un ataque! —Grito Hitomi tratando de animar a su compañera.
Pero Gatomon no se veía muy bien, incluso se veía lastimada, a pesar de solo haber recibido un ataque —Hitomi… no puedo usar ninguno de mis ataques… al parecer la ráfaga que me lanzo… puede anular mis habilidades —Al terminar de decir esto fue impactada por un cabezazo del digimon que la levanto por los cielos, haciéndola caer de cara contra el suelo.

—¡Gatomon! —La elegida apretaba sus puños ante la impotencia —Si, pudiera usar sus habilidades, ya le habría ganado.

Dobermon se dirigía hacia la digimon felina. La cual al verlo hizo lo único que se le ocurrió escapar. Hitomi trataba de ayudar a su amiga, pero su compañera seguía corriendo de su rival, como si se tratara de un gato escapando de un perro.

Gatomon siguió corriendo a la mayor velocidad que le fuera posible —Maldición, donde estas Dracomon, ahora te necesito —En ese momento miro un árbol, entonces se le ocurrió una idea. Escalo lo mayor posible, hasta subir a una rama.

Dobermon que había llegado hasta el lugar, al verla ahí pensó en una idea: cortar el tronco del árbol con sus garras. Haciendo que todo el árbol se derrumbada.

Pero en ese momento la digimon felina se lanzo sobre él, desgarrando sus ojos con sus garras. Dobermon se había quedado ciego por el ataque, ya no podía atacar. Gatomon al ver esto, se le ocurrió la única manera en que podría vencerlo sin su poderes —¡Oye estoy aqui! —Llamo a su oponente, gracias a sus odios Dobermon ubico sonde se encontraba su oponente lanzándose sobre ella.

Gatomon salto sobre el dándole una patada, para que siguiera avanzando y así que el árbol le cayera encima, aplastándolo y derrotándolo.

Hitomi llego al campo de batalla, algo cansada por correr tanto —¿Gatomon, estas bien?
—Sí, gracias por llegar tan tarde —Dijo mientras la miraba molesta —Pero el lado bueno, es que ya me estoy recuperando, al igual que mis habilidades.

La pelirroja comenzó a reírse, provocando la molestia de su compañera —¿Que es tan gracioso? —Gatomon frunció el ceño.

—Nada es que me dio tanta risa verte correr de Dobermon, parecían un gato y perro —La elegida seguía riendo.

—Así… —Gatomon reviso el celular de la elegida —Que piensas de esto —Mostró el celular con un mensaje de Nahila.


HITOMI, ESPERO QUE HAYAS SOBREVIVIDO AL ATAQUE, YA QUE PROMETO QUE ME LAS PAGARAS.
Este mensaje borro la sonrisa de la elegida —Muy bien, haré lo siguiente… Iré a mi casa por todas mis pertenencias, luego tomare un avión a Italia y cambiare de identidad, este plan no pude fallar.

Gatomon mostró otro mensaje del celular.


Y no se te ocurra escapar a Italia y cambiar tu nombre por el de Rachel II
—Ah… esa Nahila siempre está un paso delante mi, pero como supo que se me habia ocurrido ese nombre. —Dijo haciendo pucheros la elegida.

—Eres muy obvia.



El joven de ojos púrpuras y su digimon continuaban caminando por las calles que extrañamente seguían estando solitarias. No estaba seguro si el resto de su equipo estaba en un escenario similar, a simple vista podía notarse que él eligió la zona más desierta de la ciudad dado que ya había sido evacuada.
Al pasar por una tienda electrónica pudieron ponerse al tanto de las noticias que mostraban en todos los televisores de muestra.

-¡Esta es una locura! –decía el reportero que debía hablar alto a causa de todo el ruido de gente huyendo aterrada –los acontecimientos de hace un año parecen estarse repitiendo, y una vez más no tenemos idea de donde salieron estás criaturas, los oficiales presentes tratan de llevar a cabo una evacuación ordenada pero es imposible, no hay forma de controlar a esta gran multitud…

-Las cosas parecen estar más ajetreadas en ese lado de la ciudad –comentó Gazimon –será mejor que nos movamos, aquí no queda nada
-Los digimons parecen ir a donde se encuentran más personas –dijo Jos pensativo –interesante…
En otros televisores mostraban escenas similares de diferentes partes de la ciudad.
-¡Ya no cabe duda! ¡Elegimos el peor lugar! –se quejó el mitad conejo –¡Dom y Alan creerán que no quisimos venir y nos saldrán con otro de sus sermones sobre la valentía como tamers…! No creo poder soportarlo…
-Tranquilo compañero –articuló Jos –solo es cuestión de llegar a la zona más cercana que esté aún bajo ataque
-Bien, adelante
Caminaron por un largo rato, no parecían tener mucha prisa más allá de hacerse ver por sus amigos para evitar regaños innecesarios. Luego de media hora parecieron escuchar más ruido a lo lejos, se estaban acercando.
-Oye ¿qué es eso? –preguntó Gazimon apuntando al cielo.

Era una serpiente con alas que se divisaba a lo lejos.


-Pues supongo que es a donde iremos –decidió el millonario.
Pero antes de avanzar escucharon un ruido. Notaron que la entrada bloqueada de una cloaca comenzaba a temblar cada vez más fuerte, se acercaron poco a poco para averiguar de qué se trataba.
-¿Qué crees que sea? –preguntó Gazimon.
-No tengo idea
Segundos después la tapa de la cloaca salió volando dejando salir gran cantidad de vapor al momento en que una figura grande parecía salir del interior. Finalmente lograron distinguir mejor lo que estaba frente a ellos, mostrando un extraño rostro de ternura.


-Aah… pero si solo es una plantitaaaaaaaaaaa!! –exclamó Gazimon en el instante en que Sunflowmon lo golpeó con su cola haciéndolo volar varios metros hasta estrellarse con un montón de botes de basura.
Jos no perdió tiempo en ir con su compañero para comprobar la gravedad del ataque.
-Aaay…. Aay… –se quejaba el semifelino.
-Ya te dije que no te confíes por la apariencia –le recordó el timador.
-Sí, si, ya lo sé –respondió Gazimon con fastidio incorporándose de nuevo.
Sunflowmon volvió a acercarse mostrando esa apariencia inofensiva, pero Gazimon no volvería a caer en eso.
-¡Coletazo de espinas! –exclamó la digimon planta lanzando varias espinas.
Gazimon logró esquivarlas, corriendo por todas direcciones en zic-zac.
-¡Aturdimiento eléctrico! –dijo el mitad conejo mientras corría lanzando varios rayos de sus manos que impactaban en todo el cuerpo del digimon campeón pero este no parecía mostrar ningún gesto de molestia.
-No funciona, intenta otra cosa –sugirió Jos.
Sunflowmon intentó sujetarlo, pero Gazimon reaccionó a tiempo y se sujetó con sus garras al brazo de la planta y comenzó a mordisquearlo.

A la planta no pareció gustarle, así que utilizó su cola para atrapar al semifelino y luego estrellarlo contra el suelo. Gazimon quedó noqueado en el suelo, por suerte Sunflowmon se alejó un poco ignorándolo y comenzando a bailar en círculos.

-Viejo… no voy a aguantar mucho de esta forma –comento Gazimon adolorido en el suelo.
-Estoy de acuerdo, será mejor que digievoluciones antes de que esa planta gigante se canse de ignorarte –propuso Jos sacando su digivice.
Inmediatamente el mitad conejo volvió a cambiar de forma transformándose en X-Gazimon.
-Debemos hacer esto rápido –opinó el joven de ojos púrpuras –no podemos estar seguros cuanto tiempo puedas seguir en esa forma después de tu anterior batalla
-Muy bien –asintió X-Gazimon comenzando a correr hacia la planta gigante y atacándola aprovechando que estaba distraída –¡trueno paralizador!

Los grandes rayos que salieron de su boca impactaron completamente en Sunflowmon que fue cubierta por electricidad por varios segundos. Pero para sorpresa del humano y su compañero, la digimon planta solo se sacudió con una ligera molestia como si no hubiera recibido algún daño mayor.

-Pero… ¡Eso no puede ser! –exclamó el semifelino sin creerlo.
No hubo tiempo para muchos análisis ya que Sunflowmon saltó por los aires dispuesto a azotarlo con su cola.
-¡Oye, quítate de ahí! –le advirtió Jos.

X-Gazimon apenas pudo evitar la cola que impactó bruscamente contra el suelo, pero no pudo esquivar el manotazo que le dio casi de inmediato. El semifelino comenzó a frotarse el rostro por el dolor, Sunflowmon aprovechó en darle un duro cabezazo que lo hizo desplomarse en el suelo. La gran planta se alejó un poco, pero X-Gazimon se incorporó velozmente.

-¡Ya me cansaste! –gritó el semifelino atacando con sus largas garras afiladas.

Sunflowmon recibió grandes cortadas en su cuerpo que por suerte está vez si parecieron causarle gran dolor. X-Gazimon intentó volver a hacer lo mismo, pero la gran planta logró sujetar los brazos de su rival con sus propias extremidades. Ahora era una pelea de fuerza.


-¡La última vez solo tuviste suerte! ¡Ahora te calcinaré por completo! –se burló el semifelino juntando gran cantidad de electricidad en sus brazos que inmediatamente se la pasó a Sunflowmon.
La gran planta cerró los ojos con molestia mientras recibía la descarga eléctrica, pero nuevamente solo se sacudió sin sentir mucho daño.
-Eso no tiene sentido –dijo Jos tratando de entender que sucedía hasta que bajó la mirada y pudo observar algo extraño.

Ambos digimons campeones continuaban en su lucha de fuerza. X-Gazimon seguía intentado electrocutar a su oponente sin mucho éxito. El timador se acercó un poco para observar mejor y comprobó su sospecha. La cola de Sunflowmon estaba ligeramente enterrada en el suelo.

-¡Esa sinvergüenza está conectada a tierra! –exclamó Jos en voz alta.
-¡¿Qué?! –dijo su compañero.

Pero Sunflowmon reaccionó más rápido. El millonario y su digimon notaron que los pétalos de la gran planta comenzaron a brillar.

-Oh… esto me va a doler –se lamentó X-Gazimon-
- ¡¡Rayo brillo de sol!! –gritó Sunflowmon lanzando varios rayos de luz solar desde sus pétalos que a causa de la corta distancia dieron de lleno al semifelino que salió volando toda una cuadra de distancia.

Jos corrió hacia su lastimado compañero. Por suerte Sunflowmon no los siguió, de nuevo se quedó bailando en círculos ignorando el resto.

-¡Compañero tienes levantarte ahora! –dijo e timador tratando de animarlo –¡Vamos! ¡Te está venciendo una flor gigante que baila! ¡Ni con todo el sarcasmo del mundo podré defenderte de las burlas de Dom y Alan si se enteran! –concluyó graciosamente.
Con un gran esfuerzo logró quedar sentado, pero ya estaba demasiado lastimado.
-Jos, esto no me gusta nada –admitió X-Gazimon preocupado –perderé mi digievolución en cualquier momento, debemos hacer algo pronto
-Lo sé, pero ya tengo una plan –dijo el estafador con más calma –necesitamos alejarla del suelo, afortunadamente esa cosa parece tener alas…

Luego de una rápida instrucción ambos pusieron en marcha la nueva idea.

Ya que Sunflowmon se distraía fácilmente y continuaba bailando no fue difícil que el semifelino la sorprendiera saltando sobre ella y le diera una gran mordida con sus enormes colmillos. La planta gigante gritó de dolor intentando quitárselo de encima. X-Gazimon saltó hacia un edificio y comenzó a escalar lo más veloz que pudo. Sunflowmon tardó un poco en localizar a su enemigo, cuando finalmente lo vio no dudó en agitar las hojas que tenía por alas para comenzar la persecución, está vez la flor parecía furiosa.

En ese momento el celular de Jos volvió a sonar.

-¡Oh tiene que ser una broma! –exclamó Jos molesto nuevamente por la llamada inoportuna.
-Jos ¡¿Dónde diablos estás?! –dijo Nahila del otro lado de la línea –hace horas que estoy aquí y acabamos de enfrentarnos a un gorila gigante
-Pues yo no estoy precisamente tomando el té en mi hogar –se quejó Jos con sarcasmo –aunque eso quisiera
-Deja de quejarte –le aconsejó su amiga –por lo que sé el resto del equipo tampoco está muy lejos
-¡Como si no lo supiera! ¡Hace rato me llamó Hitomi en el peor momento! –respondió el timador con ironía –¡y sinceramente no es muy diferente a lo que estás haciendo en este momento!
-Ya deja los chistes y apresúrate en venir –dijo ella con fastidio –esto parece más que un simple error al azar del digimundo, algo muy raro está pasando aquí…
Sunflowmon voló hasta la parte más alta pero el semifelino parecía estar escondiéndose. Rodeó el edificio esperando encontrarlo. En ese instante de una de las ventanas X-Gazimon salió rompiendo los cristales logrando sorprender a la planta.
-¡Coletazo de espinas! –dijo Sunflowmon intentando detener a su agresor.

Una espina logró clavarse en el hombro del semifelino pero este no se detuvo y logró alcanzar a la planta en el aire aprisionándola en un gran abrazo. Ya que sus alas también estaban atrapadas, ambos comenzaron a caer a gran velocidad.

-¡Te equivocaste en dejar el suelo! –se burló X-Gazimon sonriendo con malicia juntando gran cantidad de electricidad en sus brazos para dejar salir todo lo que le quedaba –¡¡TRUENO PARALIZADOR!!

Ya que estaban en pleno aire, Sunflowmon no pudo enterrar su cola en ningún lado así que recibió el ataque completo, la planta comenzó a retorcerse por toda la electricidad. El brillo del ataque pudo observarse en gran parte de la ciudad ya que estaban bastante arriba.

-¿Qué fue eso? –preguntó Nahila aun en la línea que al parecer observaba un haz de luz en el aire a lo lejos que caía en picada –¿son ustedes? ¿Es Gazimon?
-Pues más o menos –admitió el millonario –tengo que colgar antes de que mi compañero se mate, adiós
Sunflowmon no resistió mucho tiempo y terminó desintegrándose en datos. X-Gazimon con sus últimas fuerzas se aferró de nuevo al edificio intentando frenar su caída. Se detuvo veinte metros antes de llegar al piso, pero finalmente el agotamiento lo venció, volvió a su nivel novato y se soltó comenzando a caer nuevamente.
-¡Ya te tengo! ¡Ya te tengo! –exclamó Jos abriendo los brazos y corriendo de un lado a otro intentando calcular.

Por suerte logró a atraparlo y por el impulso cayó al suelo, con alivio verificó que su digimon aún estaba bien aunque lastimado y muy agotado.

-Eso… fue demasiado difícil –susurró Gazimon –no tengo fuerzas ni para mover un dedo
-Lo sé –respondió el timador cargándolo en su espalda –será mejor que nos alejemos de aquí
-Sería un buen momento para llamar al helicóptero –opinó e mitad conejo.
-Si, pero aún no –explicó Jos –acabo de hablar con Nahila, ella y los demás deben de estar cerca
-Je, je, esto no salió tan bien como lo teníamos pensado –comentó Gazimon adolorido.
-No, supongo que no –admitió el joven de ojos púrpuras –de haber descubierto antes como esa planta se defendía de tus ataques la habríamos derrotado antes, lo siento…
-No te preocupes, no hay planes perfectos –dijo su compañero sin darle importancia –además de una forma u otra este asunto sigue su marcha…

Jos caminó algunas cuadras llevando a Gazimon sobre su espalda, luego de un rato su digimon se sintió con suficientes fuerzas para estar de pie. Ambos estaban agotados hasta que finalmente divisaron dos siluetas familiares.

-Alan, Hawkmon –los llamó el timador –ya era hora de encontrar a alguien por aquí
-Nosotros tampoco hemos visto a nadie más –respondió el ave que descansaba sentado sobre unos escombros.
-Aunque Nahila nos llamó –añadió el argentino.
-Si, a nosotros también –dijo el millonario –por cierto… hace rato vi a una especie de serpiente voladora en esta dirección ¿la han visto?
-Ese ya no es un problema –se limitó a decir Alan cruzando los brazos y sonriendo ligeramente.
-Ya entiendo –articuló el timador, pero antes de hacer otra pregunta observaron al resto del equipo acercarse.

Todos se reunieron, al mirar alrededor notaron que había quedado poco, aunque con un análisis más profundo era obvio que el daño no era tan grande como hace un año, sin mencionar que había terminado más rápido.

-Así que todos vinieron –comentó Dom junto con Monodramon –incluso tú Jos
-Sí, bueno, no se acostumbren –respondió el estafador con sarcasmo.
-¡Hace mucho que no pasaba algo así! –exclamó Hitomi alegre –¡Esta noche fue fantástica! ¿Verdad Nahila?
-No es la palabra que yo usaría –respondió su amiga con cierto fastidio.
-Además me caigo de sueño –dijo Dracomon bostezando.
-Ahora que lo dicen, ya casi es hora de regresar a nuestros digimons –comentó el joven de ojos púrpuras.
-¡¿Regresar?! ¡Si cómo no! –exclamó Dom molesto –¡nuestros digimons no van a ninguna parte hasta que esas bestias sagradas buenas para nada nos diga qué diablos pasó aquí!
-Estoy de acuerdo –concordó Nahila –después de este desastre creo que al menos nos deben una explicación
-Pues si esto nos da esperanzas de que Gatomon y los demás no se vayan habrá sido un buen día después de todo –opinó la pelirroja sonriendo.
Todos se apresuraron en tratar de encontrar una computadora que aun estuviese en funcionamiento, pues la supuesta hora para regresar a los digimons se estaba acercando.

No tuvieron que caminar mucho para encontrar alguna. Apenas activaron el portal con sus digivices ya había digimons escoltas esperando en la entrada.

-Ya era hora –dijeron dos Hippogriffomons con seriedad desde el otro lado del portal –ustedes son los últimos en devolver a sus digimons
-Digimons que no vamos a regresar –aclaró Alan frunciendo el ceño.
-¿Qué?
-Al menos no sin una explicación –aclaró Dom.
-¿De qué están hablando? –cuestionaron los digimon ángel.
-Queremos hablar con las bestias sagradas –exigió Nahila.
-No podemos hacer eso –respondieron los Hippogriffomons como si les pidieran algo imposible.
-Por supuesto, los dioses dominantes en el digimundo están demasiado ocupados para hablar con elegidos de segunda como nosotros –comentó Jos con fastidio.

Luego de unos minutos de discusión, otro digimon intervino en el monitor.

-¿Qué sucede aquí? –cuestionó lo que parecía ser una digimon angel que se puso al frente de los Hippogriffomons.
-¿Quién eres tú? –Hitomi fue la primera en hablar.
-Soy D'arcmon, y soy la líder de los Hippogriffomons –respondió con seriedad.

En efecto la recién llegada era una D'arcmon, sin embargo tenía obvios detalles curiosos. Para comenzar su vestimenta poseía un tono azul y su armadura era plateada.



-Realmente necesitamos hablar con las bestias sagradas –dijo Gatomon está vez.
-Eso no es posible –respondió la ángel sin dudarlo –si tienen alguna queja tendrán que decírmelo a mí, y será mejor que se apresuren, sus digimons son los últimos que faltan cruzar el portal antes de cerrarlo definitivamente.
-¿Ustedes cerrarán el portal? –preguntó Nahila dudosa –¿que no son las Bestias sagradas las que poseen ese poder?
-Nuestros dioses… se encuentran demasiado atareados desde la derrota de Apocalymon –explicó D'arcmon –nos atribuyeron el poder de controlar el portal temporalmente hasta que absolutamente todo tipo de vida digimon sea erradicada del mundo real, lo que supuestamente ocurriría hoy
-¡Buen trabajo! –dijo Alan aplaudiéndole con sarcasmo –¡vaya forma de estropear su trabajo, son los peores guardianes temporales que existe!

La digimon ángel mostró una mirada fría al escucharlo. No pareció gustarle ese comentario, respiró hondo y decidió mantener su calma.

-Escuchen, están acabando con mi paciencia –articuló D'arcmon mostrando tranquilidad –y aun no responden a mi pregunta, ¿Cuál es el problema?
-Yo lo explicaré –dijo Dom está vez poniéndose al frente de todos.
Después de una rápida información sobre lo ocurrido en las últimas horas, la incredulidad de los digimons guardianes era evidente.
-Eso es imposible –dijeron los Hippogriffomons –no hay forma de que esa cantidad de digimons pasarán al mundo real de forma tan inadvertida
-Pues eso es lo que ocurrió –afirmó Monodramon.
-Quizá algún portal erróneo se abrió en el digimundo –comentó Jos está vez –creo que eso suele ocurrir algunas veces
-Aunque eso hubiese ocurrido, las bestias sagradas tendrían que haberlo detectado –dijo D'arcmon pensativa –es muy extraño
-Quizá ustedes intentan engañarnos y todo esto se trate de una broma –dijeron los Hippogriffomons con desconfianza.
-¡Pues las ruinas de allá afuera no son una broma! –refutó Hitomi molesta.
Antes de iniciar una gran discusión la líder de los Hippogriffomons intervino.
-Ya es suficiente –dijo D'arcmon con autoridad –si lo que dicen es cierto quizá aún queden digimons escondidos en su ciudad
-¿Y entonces? –cuestionó Dom esperando una respuesta clara.
Hubo unos segundos de silencio.
-Dejaré que sus digimons se queden por algunos días –sentenció ella –al menos hasta que dé aviso a las bestias sagradas sobre este suceso y averigüemos que sucedió exactamente
Dicho esto, la reunión concluyó y el retorno al digimundo se había logrado retrasar. El portal volvió a cerrarse dejando al equipo con varias dudas.
-¿Y ahora qué? –preguntó Alan a todos.
-Supongo que regresamos a nuestros hogares –respondió Dom.
Luego de unos pasos Hitomi fue la primera en reaccionar de forma alegre.
-¡Lo logramos! –saltó la pelirroja alegre –¡nuestros digimons se quedan!
-Mmmh… no sé –dudó Nahila –esto fue muy fácil, accedieron muy rápido que nuestros digimons se quedarán, esto podría ser más serio de lo que pensamos, y D'arcmon y sus Hippogriffomons parecen estar conscientes

Todos en el equipo se mostraron pensativos por un rato.

-Ok, ya sé a dónde va esto –interrumpió Jos con fastidio –querrán discutir esto para solucionarlo ¿cierto? No sé porque no pueden hacer a un lado su responsabilidad como elegidos al menos una vez… –suspiró –En fin… ¿podríamos comenzar mañana? Son las tres de la madrugada y Gazimon y yo no hemos dormido nada
-Es cierto, no son los únicos que no han descansado –concordó Nahila al ver que su Dracomon ya casi estaba dormido en el suelo.
Estando de acuerdo, el equipo decidió discutir su actual situación después de un merecido descanso.



-Me encantaría saber porqué tenemos que reunirnos.-musitó Alan
-Debemos hacerlo, Alan. Tenemos que hablar de esto.-comentó Dominique
-Si, es cierto, pero... ¡¿Por qué en un restaurante?! ¡¿No podíamos ir a la casa de Jos?!-exclamó el argentino enfurecido
-Culpa a Hitomi. Además que no nos llevamos muy bien con él y me sentiría un "invasor".-
-Debemos mantener al equipo unido, Dominique. Esperemos que esos tres hayan llegado.-

Ambos humanos entraron a un pequeño restaurante. Comenzaron a buscar y no encontraron a nadie; así que pidieron una mesa para cinco-ambos explicaron que esperaban a dos chicas y un chico-.
El duo se acomodó y comenzaron a hablar sobre lo sucedido la noche anterior:

-Díme algo, ¿crees que esto tenga relación con lo ocurrido con los Elegidos?-
-Para nada, Dominique. Yo creo que ésa Darcmon y esos pajarracos sabían algo que nosotros no.-
-¿Sospechas de ellos? Bueno, puede que odien a los humanos. La verdad es que no lo sé y tendremos que averiguarlo.-
-¿Y Monodramon?-
-En casa. Hoy conocí a una chica llamada Kazumi; bastante amigable. Ahora ella está con Carol y deben estar jugando con el gordo ése.-
-¿Gordo?-
-¿Viste la panza que tiene cuando es Tyranomon? Mañana lo pongo a dieta y le daré doble entrenamiento.-
-¡Oye, tranquilo viejo!-
-No puede ser que casi pierda con un Grizmon.-
-El mío casi pierde con un Airdramon...-
-Pero, Alan; Aquilamon no le lleva tanta diferencia de tamaño a Airdramon como Tyranomon a Grizmon.-
-Entiendo...-respondió-Ah, si; casi me olvido: ¿Me vas a contar qué onda con tú amiga?-
-Es una amiga, Alan; no hay que dramatizar.-
-El cuento a las chicas, a Jos o a los digimon, boludo. Te lo repito: ¿Soy tú mejor amigo, no?-
-Bueno, la verdad que sí. Además que hablamos en español y, por suerte, los ponjas no entienden un carajo.-
-Che, te salió el argentino de adentro.-
-Ah, si. A veces me pasa.-contó-En fin: ella es amiga; nada más que ello. Además que parece que vos terminas con Nahila y Jos con Hitomi...-murmuró
-¡ESO ES UNA PUTA MENTIRA, DOMINIQUE!-exclamó el humano
-Alan... Te miran los chinitos...-
-Si, Si. Lo que sea.-respondió, sentándose

Ambos divisaron que el trío de sus amigos estaba entrando y los llamaron con señas. El trío se sentó y el mozo apareció con una carta para cada uno.

-¿Qué van a pedir?-preguntó la castaña
-Yo quiero un salmón. ¡Tengo hambre!-exclamó la pelirroja, emocionada
-Maleducada...-murmuró Jos-Pediré arroz con pollo frito.-
-Creo que pediré un ramen.-dijeron Alan y Nahila-¡Copión!-exclamaron ambos al mismo tiempo
-Yo pediré Sushi.-finalizó Dominique
-¡Que asco!-gritó Alan
-Hay que probar nuevas cosas, colega.-
-Antes de llamar al mozo.-comentó Nahila-¿Ustedes qué creen del ataque?-
-Yo creo que se les escaparon a Darcmon y esos Hippogriffomon.-dijeron Hitomi y Jos al mismo tiempo
-Sospecho de algún enemigo de los Elegidos.-comentaron Alan y Dominique, por su parte
-Yo creo que Darcmon y los Hippogriffomon tienen algo que ver.-concluyó la restante
-¿Sus digimon?-preguntó Hitomi
-Monodramon sé quedó con una chica que conocí hoy y Carol.-
-Hawkmon está con Hanzo.-
-Dracomon sé quedó con mis hermanos. Lo quieren más a él que a mí.-
-Gazimon está en casa.-concluyó el morocho, encongiéndose de hombros
-Pues Plotmon se quedó en casa. Quería dejarla con Gazimon, pero Jos no quiere que pisemos su casa.-
-¿Llamo al mozo?-preguntó el argentino-Porqué tenemos mucho que hablar...-

Dominique llamó al mozo y le pidió las cinco elecciones. Tendrían una larga noche.



La comida tomaría tiempo en llegar, tiempo el cual, los cuatro amigos aprovecharon para discutir sobre los recientes acontecimientos… sin arrancarse los ojos.

- Bueno… Aprovechando que Gazimon, Dracomon y Salamon están en casa de Nahlia, y que los digimon de los rudos están en sus respectivas casas… -Alan y Dom dirigieron una mirada cuasi asesina a Jos- Hablemos de hipótesis, compañeros. ¿Alguna idea?
- Además de darte una trompada por ese desubicado comentario… -gruñó el rugbista- pienso en que es algún enemigo revivido de los Elegidos originales: esa banda de pendejos inútiles que no saben como deshacerse de la basura.
- ¿Hay un momento del día en que no insultes a esos Elegidos?
- ¿De qué te quejás, Nahlia? ¡Vos también pensás lo mismo!
- Sí, pero no divulgo cada cinco segundos.
- Ya, ya… -interrumpió la pelirroja con su característica sonrisa- No deben pelearse antes de comer, hace mal a la digestión.
- ¡NADIE TE PREGUNTÓ, HITOMI!
- Fuera de la vana discusión, yo también creo en la posibilidad de que algún enemigo del grupo original de Elegidos pudo haber revivido, y las Bestias no nos lo quieren decir para no quedar mal.
- ¿Pero por qué motivo ese "enemigo" lanzaría a digimon random a atacar esta zona? Estamos lejos de Odaiba, Dom.
- Ni idea, Jos; yo solo doy hipótesis.
- Sigo creyendo que la arpía y sus aguiluchos saben algo que no nos quiere decir…
- ¿Insinuás que tuvieron algo que ver? –le preguntó Dom- Pero eso sería traicionar a sus jefes; a menos que nos hayan mostrado un teatrito cuando hablamos con ellos, y lo veo poco probable: se estarían jugando el cuello.
- Entonces… -sugería Nahlia- es algo que ellos mismos ignoran: capaz los asuntos que sus jefes están tratando tengan que ver con un nuevo enemigo, o alguno revivido, y que nadie sepa del mismo.
- Esos Cuatro Vejestorios sí que son excelentes en su trabajo, ¿Eh? –se burló Alan- Dicen que arreglan todo, que nos quitarán a nuestros digimon… sólo para comprobar que son unos inútiles.
- Preferiría darles el beneficio de la duda a las Bestias Sagradas, si no te molesta, Alan.
- Es tú decisión y la respeto, Dom.
- ¿Dónde demonios estará ese mesero? ¡Tengo hambre! ¡QUIERO MI SALMÓN!
- ¿No puedes aportar alguna idea al grupo?
- Nahlia, amiga: sabes que no pienso bien con el estómago vacío.
- Alucinante: una chica que piensa con las tripas… -pensó su amiga- Agh… ni modo.
- Ya viene, Hitomi; ten paciencia… -respondió Jos- Al menos dinos alguna idea que tengas sobre el incidente… por mas vaga que sea.
- De acuerdo… -mordiéndose los labios- A ver… -pensando- Pues yo…
- No carbures tanto para no quemarte la cabeza.
- ¡Alan, no insultes a Hitomi!
- Gracias, Nah…
- Sólo yo tengo el derecho y placer de hacerlo… y bien. ¡Vamos, piensa en algo antes de que cierre el restaurante!
- ¿Qué tal si este enemigo no es del Digimundo y es de aquí?
- ¿Huh? –Jos levantó la ceja en señal de asombro: esa idea era bastante buena- ¿Y por qué dices es…?
- Aquí están sus pedidos.

El mesero interrumpió la conversación sin mostrarse interesado en ella, ni en los chillidos de alegría de Hitomi, ni en los suspiros de pena de sus compañeros, y si en cumplir con su trabajo: sirvió los pedidos a sus respectivos comensales. Antes de retirarse, Jos le pidió un vaso con agua, Dom y Alan un vaso de jugo de naranja, Hitomi una Coca Cola y Nahlia una lata de Nestea que fue un milagro que el mesero consiguiera; una vez más, se tomaría su tiempo en traer el nuevo pedido.


- ¡Si, que rico se ve el salmón!
- Ay, Hitomi, compórtate por favor… -recibió un leve codazo de Alan- Y tú, por favor apártate un poco de mi espacio personal.
- ¡Vos te metiste acá a mi lado en primer lugar! Bah… no importa; voy a esperar mi jugo mientras hablo con Josías.
- ¡ME LLAMO JOS!
- Como sea… quería preguntarte algo.
- Mientras no sea sobre mi nombre…
- Te mostraste bastante asombrado por la sugerencia de Hitomi.
- ¿Huh?
- Sabés de que hablo: de que toda esta locura sea causa de algo aquí, y no en el Digimundo.
- Alan… Es Hitomi: que dé ideas tan originales y brillantes es casi una noticia de carácter mundial.
- Además de eso… creo que la hallaste interesante. ¿O me equivoco?
- Mmm… Es interesante, sí.
- ¿Creés que sea la causa de todo esto? ¿Algo que ocurra aquí?
- Podría ser, pero… ¡Yo que sé!
- Mmm… Si: ¡Vos que sabés!… Bueno, habrá que tomarla en cuenta. Eh… Una cosa más.
- ¿Sí?
- ¿Me convidás un poco de tu pollo? Este ramen está algo desabrido.
- …

Nahila no sabía que pensar al respecto. Las hipótesis de sus amigos eran buenas —algunas más que otras—, pero si no sabían cuál era exactamente, poco podrían hacer. Incluso podría ser uno que ni siquiera hubieran pensado. Hacía un rato que había recibido un mensaje de sus hermanos, avisando que Dracomon, junto a un especie de conejo y perra, estaban jugando a la consola y ellos se estaban enfadando; pedían permiso para cocinar al conejo, echar por la ventana a la perra y cortarle las alas a Dracomon, todo por venganza.

La elegida les hizo saber a Jos y su amiga lo que sus hermanos pequeños estaban maquinando en su casa.

—¡No! ¡Mi Salamon! —exclamó Hitomi.

—Oh, no importa, Gazimon les lanzará móviles y ya no se aburrirán. Tiene varios.

—Tú digimon es un mal criado —bufó Dom—. Qué ejemplo de tamer…

—¿Por qué no darle lo que quiere cuando tienes dinero para comprárselo? Gazimon no me pide entrenamiento y yo no se lo doy, estamos en paz.

—Che, ¿podemos seguir con la charla anterior? —Interrumpió Alan—. O comer un poco, por lo menos.

Nahila comió su ramen guardando silencio. Hitomi devoraba su salmón y Alan mendigaba comida de los demás porque no le gustaba lo que había pedido.

—A mí me gustaría seguir con tu hipótesis, Hitomi… —dijo Alan, echándole una mirada significativa al millonario.

—¿Cuál?

—Ya sabés, que el enemigo es de acá y no tiene que ver con el digimundo…

—Eso es absurdo —murmuró Nahila—. Si bien, es una buena idea, no puede ser posible.

—Sí, es interesante, pero Nahila tiene razón; deberíamos centrarnos en otra hipótesis —añadió Jos—. Como que puede ser un enemigo revivido de los Elegidos.

Nahila se quedó callada. Tenía la sensación de que Alan iba a decir algo, pero miró hacia otro lado y se cruzó de brazos. ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso el argentino dudaba de Jos por algo? La muchacha no hubiera sabido decir qué, pero era cierto que su amigo Jos se estaba comportando de manera extraña. No se le había escapado la cara de sorpresa de Jos cuando Hitomi dijo aquella tontería, él habitualmente ni hacía caso a las palabras de la pelirroja.

La conversación se había quedado estancada. Hitomi ya había acabado con su tercer refresco y pedía otro.

—¿Pagamos todos la cena, no? —preguntó Nahila.

—Jos paga mi parte —dijo Hitomi.

—¿De dónde sacaste eso, Hitomi?

—Me lo dijiste antes, Jos: Hitomi yo te pago todo lo que pidas…

—¡Yo nunca diría eso! ¡Pagaría para que te secuestraran, pero invitarte a comer es mi ruina!

Tras escuchar esa discusión, Nahila recordó lo que había sucedido antes de encontrarse con Jos por el camino y entrar los tres al restaurante.

Nahila no decía las cosas por nada. Había prometido que Hitomi se las pagaría. Que le hubiera llamado en medio de una pelea de digimon para preguntarle por una pintura de uñas era suficiente para pensar que su amiga no estaba bien de la cabeza. Pero sabía cómo era: infantil, inmadura, loca…

No le extrañó verla pasar y que no la viera. Nahila sabía esconderse y parecer solo una sombra. Salió del callejón y empezó a andar detrás de su amiga. Estaba segura de que al final se daría cuenta, pero estaban ya casi llegando al restaurante e Hitomi iba feliz cantando y bailando en mitad de la calle.

—¡Hitomi! —gritó Nahila, comenzando a perder los nervios.

La pelirroja se giró frunciendo el ceño. Pegó un gritó.

—¿Qué cosa rara eres tú?

—¿Cómo me has llamado? —masculló Nahila.

—¡Pero si es mi amiga! —fue abrazarla, pero Nahila más rápida, se hizo a un lado. La pelirroja casi cae al suelo—. Mi amiga… Que buena eres…

Nahila sonrió de manera maliciosa.

—No sabía que supieras hacer sarcasmos. Pero si sabes perfectamente que odio los abrazos e insistes en dármelos.

—Eres una quejica —se molestó, haciendo un puchero de niña pequeña.

Nahila negó con la cabeza. Miró la hora en su reloj. Todavía tenía de tiempo de mantener una charla con Hitomi. Le daba igual si esos dos le hablaban de la puntualidad y todas esas bobadas.

—Por cierto —dijo Hitomi, antes de que Nahila abriera la boca.

—¿Qué pasa?

—Al final no me respondiste. ¿Tienes mi pintura de uñas o no? —Le cogió la mano y miró con atención—. ¡Las tienes pintadas! ¡Vas a la cena guapa para gustar a Alan!

La ira aumentó en la chica.

—¡Pedazo de…! —empezó a sacudirla de los hombros—. ¡No me gusta el maquillaje! Es cierto que tengo tu pintura, pero no la cogí yo. ¡Y no busco nada de ese prepotente!

—¡Ajá! ¡La tienes! ¡Lo admitiste!

Sacó del bolsillo la pintura terminada y se la entregó a la pelirroja.

—¡La gastaste toda! ¿Pero cuántas veces has salido con Alan?

—¿Podrías dejar de hablar de él! —Rodó los ojos—. Mis queridos hermanos te la cogieron “prestada” mientras que tú hablabas y hablabas de ropa que no me interesaba. La usaron para pintar las paredes de la habitación de mis padres. Y me echaron a mí la culpa porque creen que yo tuve la idea.

—No lo entiendo. ¿Por qué inventas todo eso? Acepta que te gusta y ya…

—¡Es la verdad!

Le mostró la habitación pintada mediante una fotografía que había hecho con su teléfono. Era la única manera para que Hitomi se creyera sus palabras, a pesar de que ella nunca mentía.

—Cada vez que vuelvas a mi casa, te cachearé hasta quitarte cualquier cosa que sea capaz de producir una fechoría por parte de mis hermanos —amenazó—. O te prohibiré venir a mi casa, tal y como ha hecho Jos. Agh… Que buena idea tuvo

—¿Sabes? Tengo hambre, quiero ir ya al restaurante y pediré tres platos de salmón.

—Todavía tengo algo que decirte…

—¿Más quejas de tu parte? —la pilló desprevenida y consiguió abrazarla—. Como buena amiga que eres, olvídalo, ¿sí?

Nahila la cogió de los hombros y la separó. Parecía que estaba a punto de que le saliera humo de las orejas. Antes de que pudiera decir algo, Hitomi la cogió del brazo y empezó a correr.

—¡Date prisa, quiero comer!

—Comienzo a pensar que saliste de un manicomio o no eres de aquí...

Al final se encontraron con Jos a la puerta del restaurante, pero Hitomi no dijo muchas cosas porque quería llenar su estómago.

A Nahila le llegó nuevo mensaje. Esta vez era una fotografía que sus hermanos habían hecho. Abrió y se quedó sorprendida. Hitomi se acercó y abrió los ojos.

—¡Salamon! —exclamó—. ¿Qué… le han hecho?

—¿Qué pasó? —preguntó Jos.

—Nada —contestó Nahila, guardando el móvil—. Nuestros compañeros están atados y colgados en la pared, pero nada serio.

—Tus hermanos me caen bien —dijo Dom.

—Si hicieran lo mismo contigo, ya sería mucho mejor —añado Alan.

—Soy peor que ellos, no quieras que haga algo —amenazó la muchacha.

Dom atrajo la atención de todos. No quería que se salieran del tema principal.

—Continuemos con la hipótesis. ¿Tú qué piensas, Nahila?

—A mí me da que un portal se abrió de repente en el digimundo y no quieren aceptar que cometieron un error —murmuró. Comió un poco y tragó—. O que en realidad no cerraron todas las puertas y se olvidaron de algunas.

—Como sea, ahora nuestros digimon pueden estar con nosotros —sonrió Hitomi—. Que vengan digimon, no me importa.

—Hitomi, es un asunto serio.

—Lo sé, Dom, pero todos estábamos tristes porque nuestras camaradas se iban. ¡Y ahora, incluso, estamos cenando sin preocuparnos de despedidas!

Todos admitieron que en eso tenía razón. Apenas hacía unas horas que estaban pensando en nuevas situaciones cuando sus digimon se marcharan al digimundo, tal vez para siempre. Pero todo había cambiado. No importaba si dejaban a Dracomon, Monodramon, Salamon, Hawkmon y Gazimon en casa, porque, al regresar, podrían pasar tiempo con ellos sin problema.

—Bueno, Hitomi, ¿por qué no explicas un poco mejor tu hipótesis?

—Dom, sigo teniendo hambre.

Nahila le pasó su cuenco de Ramen a medio terminar.

—Cómetelo y responde, por favor. Estoy medio interesada en saber cómo se te ocurrió eso.

Hitomi se encogió de hombros. No tenía ni idea de cómo lo haría, pero ya se le ocurriría algo mientras que llenaba más su estómago.




“Todo inicia con una persona joven, con una idea joven, pura e innovadora cuyo propósito más sincero es ayudar a la humanidad. Luego vienen las decepciones, los fracasos, las situaciones en las que se rompe la burbuja de inocencia y se dan cuenta que el mundo al que intentan ayudar está irremediablemente corrompido, llega la ambición, la vanidad, el resentimiento… y solo queda adaptarse y pisotear a otros esperando lograr ser inmune, y terminan siendo aquello que alguna vez juraron nunca convertirse. Todo es un ciclo…”

Marcos J.M. Morns

-¿Y bien? –insistió Nahila esperando una respuesta.
-Eeeh… –enmudeció la pelirroja por un momento y luego intentó sonar más filosofal mientras comía –solo estoy adivinando, pero ya ha habido ataques de digimons que provenían de nuestro mundo, recuerden sobre la invasión de Myotismon del año pasado, nosotros no estuvimos ahí pero llegaron varias noticias sobre ese suceso
-Pero incluso aquel digimon llegó del digimundo –refutó Alan –sea como sea a esa D'arcmon y sus pajarracos se les pasó ese despiste
-Mmmh… quizá son digimons que sobrevivieron a aquella invasión y decidieron mostrarse –opinó Dom tratando de sacar provecho a esa teoría
-Ayer aparecieron demasiados digimons como para que las bestias sagradas no los detectaran –intervino Nahila pensativa –es muy extraño…

Transcurrieron otros minutos de silencio, esperando encontrar alguna razón para continuar con esa teoría.

-Bueno, supongo que ya dejamos de lado la boba idea de esta pelirroja –comentó Jos con expresión de aburrimiento.
-¡Oye, eso no es justo! –se quejó Hitomi molesta –solo necesitamos pensar un poco más en…
-Mejor deja de tratar de pensar y pide el postre que quieras –interrumpió el joven de ojos púrpuras.
-Entonces… ¿si vas a pagar lo mío? –preguntó ella comenzando a mostrar una gran sonrisa.
-Si, si, pago yo –respondió el timador con cierto fastidio.

No es necesario decir que Hitomi se le olvidó por completo el asunto pidiendo media sección de postres, dejando al grupo nuevamente sin ideas.

-Bien, de nuevo estamos en blanco –se quejó Alan molesto –¡y mientras tanto más digimons podrían aparecer de cualquier parte!
-O de las cloacas –corrigió Nahila.
-¿Eh? –repitieron todos al unísono.
-Ayer cuando el ataque estaba por terminar, Dracomon y yo vimos a algunos digimons escapar por unas cloacas, quizá así fue que aparecieron –explicó ella.
-Eso podría explicar porque todos creen que salieron de la nada –dijo Dom pensativo.
Todos excepto Hitomi que ya no prestaba atención comenzaron a analizar la nueva posibilidad. Pero en ese instante Jos se levantó de la mesa.
-Disculpen, debo salir un momento para hacer una llamada –interrumpió el joven de ojos púrpuras.

El equipo lo observó salir del restaurante por un momento con cierta extrañeza, luego el timador regresó y volvió a sentarse dejando a todos un poco confundidos.


Mientras tanto en el templo de Fanglong. Una reunión no programada se llevaba a cabo.

-Déjanos ver si entendimos –dijo Azulongmon –¿dices que un número considerable de digimons aparecieron en el mundo real D'arcmon?
-Así es mis señores –respondió la digimon ángel con una reverencia –me parece extraño que nadie advirtiera de su presencia en ningún momento, pasaron horas antes de que yo me enterara y…
-¿Acaso sugieres de alguna forma que esto es culpa nuestra? –cuestionó Zhuqiaomon con el ceño fruncido.
-No no, yo no dije…
-¡Deberías recordar cuál es tu posición ante nosotros y analizar bien tus palabras antes de hacer acusaciones peligrosas! –interrumpió la gran ave con molestia y orgullo.
-Lo lamento mis señores –se disculpó ella.
-Además, advertir la presencia de esos digimon no hubiese sido necesario de haber evitado que pasaran al mundo real para empezar –agregó Ebonwumon.
-Y evidentemente pasaron por un portal, un portal en el que tú y tus Hippogriffomons estaban a cargo con un completo control que nosotros les otorgamos –completó Baihumon.
-Mis señores, les aseguro que el portal ha estado constantemente vigilado –se defendió D'arcmon.
-Quizá debimos darle este cargo a nuestro equipo especial de los Devas –comentó Zhuqiaomon mirando con desprecio a D'arcmon –jamás me he fiado de tu raza. Poner a los digimons ángeles al mando del portal solo fue un acto de buena fe… Una acción de la que comienzo a arrepentirme…

La digimon ángel apretó el puño tratando de contener su enojo.

-Bueno, no nos desviemos del tema –intervino Azulongmon –ahora ¿Qué hiciste al respecto ante esta situación D'arcmon?
-Eh… permití que los elegidos de esa ciudad conservaran a sus digimons temporalmente, hasta que descubramos la causa del incidente –informó ella.
-Bien, procura que sea lo antes posible –ordenó Baihumon –retrasar demasiado el cierre permanente del portal podría ocasionar muchos problemas a largo plazo
-Y por tu bien, espero que no existan más incidentes “misteriosos” –finalizó Zhuqiaomon.
-Las amenazas no son necesarias –le aconsejó Ebonwumon.
-Solo así podrían entender –refutó Zhuqiaomon –los digimon ángel han perdido tanta reputación que apenas merecen formar parte de los digimons tipo sagrado

D'arcmon solo inclinó levemente su cabeza y se retiró acompañada de algunos de sus Hippogriffomons.

-Si los digimons ángel estuvieran al mando no dejarían que pasaran estos… incidentes frente a sus propias narices –susurró ella furiosa.
-Deberíamos cuidar nuestras palabras mi señora –le aconsejó uno de sus Hippogriffomons –no estamos en posición de criticarlos…
-Por ahora no… -admitió ella con cierto misterio reflejado en sus ojos.



-¿A quién llamaste? –preguntó Alan con el ceño fruncido.
-Negocios, no entenderías –respondió el timador mofándose levemente.
El argentino iba a devolverle la burla pero la pelirroja interrumpió casi a gritos.
-¡Otro helado de 7 capas por aquí! –pidió ella en voz alta.
-Eh… ya comiste cuatro postres –dijo Nahila –¿no crees que ya fue bastante?
-No importa –respondió ella alegre –¡porque hoy Jos invita!
-¡Oye, oye tranquila! ¡Mi familia también le paga al fisco! –reclamó Jos graciosamente –bueno, en realidad no, mi abuelo es bueno para librarnos de esas cosas… ¡pero entiendes mi punto!
-Bueno, si ya terminamos de escuchar las tonterías de Hitomi y las confesiones de fraude de Jos ¿podríamos irnos ya? –intervino Dom –no creo que logremos mucho más con esta reunión y estoy retrasando mi entrenamiento con Monodramon
-Lo mismo digo yo –concordó Alan.
Todos salieron del restaurante en silencio sin intención alguna de prolongar más esa inútil conversación.
-¿Y ahora que? –preguntó Hitomi al ver que ninguno hablaba.
-Pues nada –respondió Nahila –si este problema aun no ha terminado seguramente lo sabremos en algún momento, además debo volver a casa, estoy preocupada por los digimons
-Oigan… ¿Qué es eso? –volvió a preguntar la pelirroja apuntando al cielo.
A lo lejos el equipo completo divisó una extraña mancha oscura que parecía acercarse o hacerse más grande.
-No lo sé, una nube quizá –articuló Dom sin darle importancia al principio.
No tuvo que pasar mucho tiempo para verificar que era algo más inusual de lo que parecía.
-¿Las nubes se mueven así? –preguntó Jos algo incrédulo.
-E… eso no es una nube –Nahila fue la primera en hablar.
Con terror miraron como miles y miles de digimons novatos cuyo nivel inferior era compensado por su descomunal número. Unos segundos después el resto de la gente también advirtieron el peligro, los primeros gritos de miedo impulsados por la experiencia de la noche anterior comenzaron en una de las pocas zonas que habían quedado intactas en la ciudad.
El disturbio inició como era de esperarse, pero está vez por alguna razón los digimons que de cerca fueron fácilmente identificados como un gran ejército de Falcomons no parecían interesados en causar daños al azar, tenían un solo blanco.


-Esto no es un ataque al azar –comentó Dom con voz nuestra.
-¿Por qué lo dices? –preguntó el resto.
-Porque vienen hacia nosotros –fue la veloz respuesta –¡salgamos de aquí!
El descomunal grupo con una formación similar a la de un enjambre comenzaron la persecución.
-¡Llamen a los digimons! ¡Que vengan ahora! –exclamó Alan.
-¡Eh… oigan! –comentó Jos –¡no quiero alarmar a nadie, pero incluso con nuestros digimons dudo que podamos hacer frente a…!
-¡Luego nos das las cifras! –lo interrumpieron los demás graciosamente.
Decidieron esconderse dentro de un gran edificio esperando perderlos, por desgracia no resultó. Apenas ingresaron cerraron la puerta principal apoyándose en ella para evitar que los Falcomons la derribaran, mientras Nahila intentaba comunicarse con Dracomon.
-¡Llámalos rápido! –gritaban los otros intentando resistir en la puerta.
-¡Eso intento! –se defendió Nahila –¡la última vez que hablé con Dracomon no estaba en condiciones para responder de nuevo! ¡Es un momento inoportuno!
-¡¿Y que se supone que haremos hasta que lleguen?! –preguntó Hitomi.
-Sugiero subir hasta el último piso cerrando cada puerta que dejemos atrás, quizá así logremos ganar algo de tiempo antes de que nuestros digimons puedan llegar –opinó el timador al notar que no había muchas opciones a considerar.


Los cinco humanos ya habían entrado al edificio—el cual, era bastante grande—. Tuvieron mucha suerte en meterse en un edificio grande—ya que la elección fue azarosa—.
Jos y Alan trabaron la puerta con algunas sillas que encontraron en los pasillos.

—Por lo que vi, calculo que éste edificio tiene veinte pisos—comentó Jos, mientras corría con el resto.
—Muy bien, gracias por la información—respondieron los demás, terminando de subir el primer piso.

Mientras el equipo estaba entrando por las escaleras al segundo piso—débido a que los ascensores tuvieron inconvenientes—, tres Falcomon rompieron una ventana y entraron.

—¡Maldición!—gritó Hitomi, asustada.
—Alan, ¿recuerdas la práctica?—preguntó el castaño a su amigo.
—Oh, claro que sí.
—¿De qué están hablando estos dos locos?—sé preguntaron los demás.

Dom sacó su pistola y le dio a un Falcomon en la cabeza, matándolo; mientras que Alan embistió a los otros dos en un tackle.

—¡Son míos!—gritó Dom, saltando encima de Alan y dándole un tiro a cada uno en la cabeza, eliminándolos.

El equipo estaba impresionado—incluído Alan—, por las acciones de Dom.

—Eran ellos o nosotros. No había elección.
—¿Estás demente?
—No, Nahila; eres sólo miedosa. Es todo. Y apúrense, que tenemos diecinueve pisos más para que lleguen estos digimon.

El quinteto siguió corriendo y llegaron al tercer piso a toda velocidad. Sin embargo, Jos, Hitomi y Nahila sé sentían cansados para seguir:

—¡Maldición, trío de vagos! ¡Muévanse!
—¡Oye, cálmate Dom!—gritó la pelirroja.
—¡No me calmo nada! ¿Acaso tengo que llevarlos hasta el piso veinte con Alan? ¿No pueden hacer un pequeño esfuerzo?
—Ya, cálmate un poco, Dom—acató Jos, levantándose y acercándose a él.
—Sigan subiendo y me calmaré.

Alan pateó una de las puertas y así pudieron entrar a la escalera que daba al cuarto piso. Dom entró apurado y corrió todas las escaleras, encontrándose a otro Falcomon; pero éste al contrario de los otros tres, atacó a Dom con unas shuriken—que esquivó—.

—¿Quieres hacerlo entretenido, eh?
—¡A mi no me matarás como a mis compañeros!
—Mejor cierra ése pico.

Los cuatro llegaron justo para ver como Dom mataba a otro Falcomon con su pistola.

—Estos nos vienen a matar; recién quiso matarte a mí.
—Gracias por las noticias, Capitán Obvio—acató Nahila, sarcásticamente.
—De nada, Señorita Pereza.
—Eh... mejor trabemos las puertas, Jos—propuso Hitomi.
—Buena idea, Hitomi—respondió.—"¿La comida la hará más inteligente?"—pensó el millonario para sí.


—Estoy cansaaaaada… —bostezó por décima vez Hitomi, quejándose.

Nahila suspiró. Ella también notaba que necesitaba reposar. Haber cenado no había sido una buena idea, ahora se lamentaba de haber tomado el ramen. Así que si a ella le venía la comida hacia arriba, no quería imaginarse como lo estaba pasando Hitomi, que se alimentaba como si fuera diez personas iguales.

Además de subir escaleras y cerrar las puertas que dejaban atrás, debían prestar atención a que ningún Falcomon rompiera las ventanas de cada habitación. Era sorprendente que ese edificio tuviera tantos pisos. Lo que ninguno se planteaba es que harían al llegar a la azotea. Si sus digimon no venían pronto, tendrían graves problemas.

Y con todos estos problemas, era normal que los chicos comenzaran a irritarse. Cada vez que uno decía algo, el otro saltaba. Ahora era cuando de verdad debían mantenerse juntos e idear un plan para todos, pero en esos momentos, los que siempre habían tenido roces, eran los que más discutían. Por lo que cada vez que Alan decía algo, Nahila replicaba y al contrario.

—Quiero descansar —dijo Hitomi, tirándose al suelo.

—No podemos sentarnos ahora —contestó Dom, cogiéndola del brazo.

—¡Estoy cansada! —repitió, intentando zafarse.

—Todos lo estamos, Hitomi, pero debemos avanzar —Nahila intentó mostrarse amable, pero la verdad era que deseaba gritarle a alguien.

Ni Dom ni su amiga la hicieron caso. Hubo una pequeña pelea, entre que la muchacha se resistía a levantarse y el líder del grupo, que no se dio cuenta de su propia fuerza y consiguió que Hitomi se cabreara de verdad.

—Me estás haciendo daño, ¡suéltame!

Dom la soltó enseguida, preocupado. Respiró hondo y empezó a caminar hacia delante. Alan, que sabía cómo era su amigo, fue a hablar con él.

Hacía rato que no escuchaban a los Falcomon cerca, pero eso no significaba que se hubieran ido. Ya habían notado que esos pajarracos querían ir a por ellos, era como si tuvieran una especie de misión que fuera acabar con el equipo de elegidos. Pero no comprendían como habían sabido que eran ellos… cuando solo habían demostrado una vez que eran los elegidos con la lucha que tuvieron el día anterior.

Jos miró hacia la puerta, atrancada con varias mesas, sillas y muebles que habían encontrado en esa habitación —cosa que hacían cada vez que pasaban a un nuevo piso— y se sentó al lado de Hitomi. La muchacha no hacía caso a su brazo, donde le había salido un pequeño moratón.

A lo lejos, Alan y Dom parecían discutir algo. Nahila no tenía intención de acercarse a esos dos, por lo que se puso de cuclillas para conversar con Jos.

—¿Has conseguido contactar con nuestros compañeros? —le preguntó.

—No, desde que les avisamos de que estábamos en peligro, ha sido imposible. Me parece que Gazimon se ha dejado el teléfono en tu casa o… tal vez se obligó de cargarlo y está sin batería —se encogió de hombros.

Ese movimiento era algo que molestaba un poco a la pequeña psicópata.

—Jos, deja de hacer como si esto no fuera algo serio —masculló—. Son muchos digimon contra cinco humanos. Yo puedo defenderme con la navaja, ¿pero contra tantos? Hitomi sabe pelear, Alan y Dom son unos brutos que se liarán a golpes, disparos y todo tipo de cosas para sobrevivir; pero, ¿y tú?

—¿Yo? Pues lo de siempre, querida amiga, me quedaré atrás e idearé un plan mientras que vosotros hacéis lo más estúpido y absurdo: pelear contra unos seres que son capaces de atacarnos con fuego, hielo o viento.

—¿Estúpido? —Bramó Hitomi—. Si nos alcanzan, algo tendremos que hacer, ¡y yo no pienso cuidar tu trasero mientras que no haces nada!

—Por primera vez, en eso le doy la razón —apoyó Nahila.

—Digo que es absurdo porque enfrentarnos contra todos esos Falcomon es imposible, por mucho que tú sepas manejar una navaja, Dom una pistola, Alan los puños e Hitomi sepa artes marciales. Así que lo mejor es escapar, al menos hasta que venga Gazimon y los demás.

Nahila negó con la cabeza. Aquello empezaba a ponerle de los nervios.

—Jos, si nuestros compañeros no vienen a tiempo, algo tendremos que hacer. Mira, es cierto que no vamos a ganar contra todos esos digimon, pero yo no pienso quedarme quieta mientras que vienen a matarme, secuestrarme o lo que tengan planeado esos pajarracos —sacó la navaja del bolsillo—. Y si esta arma me sirve para aguantar unos minutos más, bienvenida.

De repente Alan tosió. Los tres se dieron cuenta que los chicos argentinos llevaban detrás más rato de lo que hubieran deseado.

—Las tipas tienen razón, boludo; no podés pensar en quedarte parado. Tan adinerado que sos, ¿no te enseñaron defensa? ¿O es que te bastaba ir con esos guardaespaldas para sentirte seguro?

—Debemos continuar —murmuró Dom, escuchando el aleteo de unas alas cerca.

—Ya estaba hablando yo con él, no hace falta que vengas y te pongas borde —masculló Nahila.

—Somos un equipo, tenemos que consultarnos todo.

—Claro, ¿cómo hacéis vosotros no? —replicó Nahila, levantándose—. Está claro que preferís continuar vosotros solos. ¡Pues adelante!

Llevaba pensando eso desde que entraron en el edificio. Nahila sabía que aquellos dos se entrenaban todos los días, pero de ahí que los llamaran vagos e inservibles. Si hacía falta que se dividieran para que no hubiera discusiones, lo harían. Y si le tocaba utilizar su navaja, pues la usaría.

—¿Qué propones, Nahila? —preguntó Dom.

—Este edifico es extraño —comenzó a explicar ella—. He abierto esa puerta antes y tiene dos escaleras hacia arriba distintas. Ya que vosotros vais más rápidos y no queréis esperarnos, iros —se giró hacia Hitomi y Jos—. No me tenéis que seguir, pero yo tomaré el camino contrario a ellos.

No se iba a quedar ni un minuto más.

—Vos directamente los estás obligando a ir contigo —replicó Alan—. Sabés perfectamente que te seguirán a ti antes de a nosotros.

—Además, Nahila, estaréis más seguros si venís con nosotros —comentó Dom.

—Ya hablaron los tipos duros —masculló ella, sin decir nada más.

Abrió la puerta que conducía hacia otra habitación y empezó a correr de dos en dos por los escalones para ir más rápido. No sabía que pasaría si iría sola, pero en esos momentos el peligro no le importaba.

Alan y Dom la vieron marcharse, para nada sorprendidos por su actitud. Ya habían comprobado con anteriodidad que a Nahila no le gustaba que le dijeran que era inferior a otra persona, aunque todos pensaban de la misma manera, era de las pocas que era capaz de ir sola en un momento de crisis, olvidándose de los demás compañeros. A veces se comportaba de manera egoísta, pero era su manera de sobrevivir y no deber cuentas a nadie por si salía herido.

Los dos muchachos se encogieron de hombros y se encaminaron hacia las otras escaleras, Dom sacando su arma y Alan preparándose por si se encontraban con otra tropa de Falcomon. Hitomi, tras ver lo sucedido, no tenía ni idea de qué hacer. Le preocupaba Nahila, porque sabía que en el fondo, a la pequeña psicópata no le gustaba estar sola.

Hitomi miró a Jos, que estaba completamente en una pose relajada, sin un ápice de nerviosismo.

—¿Qué harás tú? —preguntó la chica.

—Me gustaría irme de vacaciones durante unas semanas, pero supongo que tendré que salir de aquí primero.

Se levantó del suelo mientras que se limpiaba la suciedad de las rodillas. Hitomi lo imitó y observó ambas puertas abiertas, escaleras apuntando hacia lo alto. Ambos pegaron un salto cuando el sonido de algo golpeando la entrada de esa habitación era forzada. Sabían lo que eso significaba.

—Coge dos sillas para atrancar las puertas siguientes —ordenó Jos.

—¡Pero ve más deprisa! —exclamó. Ella ya se encontraba en las escaleras.

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Nahila corría, queriendo olvidarse de todo. Tenía la navaja en la mano por si algún pájaro la sorprendía. Ahora que iba sola debía tener mucha más precaución que antes. Hacía un rato había escuchado el sonido de esos Falcomon, y lo cierto es que se había preocupado por sus dos amigos, pero necesitaba estar sola y aclararse un poco por lo que había pasado.

—Esos idiotas —masculló mientras seguía en movimiento—. Se creen que necesitamos estar detrás de ellos para no salir heridos. ¡Cómo si fueran superhéroes! Pocas neuronas y mucha fuerza… En realidad no son nadie.

—Hey, está genial que pienses en voz alta, ¿pero qué tal si nos esperas?

La chica se detuvo de pronto, incrédula. Paró en mitad de las escaleras y miró hacia abajo. Hitomi sonrió y la saludó con la mano en alto; Jos respiraba rápidamente, cansado. No estaba acostumbrado a ese tipo de escapada.

—¿Qué hacéis aquí? —preguntó Nahila.

—Está bastante claro. Si voy con ellos, me tirarán como arma y soy demasiado importante como para morir en mano de esos dos.

—¡Sabes qué no puedo dejarte a merced de esos pájaros! —gritó Hitomi.

Se lanzó para abrazarla, pero Nahila no estaba de humor, por lo que la esquivó.

—Bien, ¿tenéis algún plan?

—¿En serio? Pensaba que tú lo tenías, Nahila. ¿No me digas que te fuiste sin idear nada?

La elegida miró hacia otro lado, incómoda. Era cierto que no tenía nada en mente, nada más que subir hacia arriba y bloquear las demás puertas. Pero si de repente se le aparecían esos digimon, entonces no le quedaría otra que pelear… aunque tenía claro que sería muy complicado salir viva si la rodeaban muchos.

—Jos, en ese preciso momento lo único que deseaba era partirle la cara a Alan o Dom, por lo que correr y no tener que verles fue mi primer pensamiento.

—Que ruda —río el millonario—. Hubiera sido gracioso.

Nahila le dirigió una mirada fría. Hitomi iba a decir algo para relajar el ambiente, pero el aleteo de unas alas hizo que el trío se alarma. Entonces apareció un Falcomon justo delante de ellos y picoteó el brazo de Nahila.

—¡Nahila! —gritó la pelirroja.

Fue rápido, sin pensarlo. Nahila, que se había olvidado que tenía en la mano el cuchillo, levantó el brazo y cogió fuerza para golpear al digimon, pero en vez de apartarlo de un manotazo, le clavó el arma en el pecho. Todos vieron cómo se desintegraba en datos. Los otros dos pájaros que iban detrás fueron sacudidos por dos patadas de Hitomi. Al parecer el resto había ido a por el grupo de los chicos.

Jos se puso atento por si venían más, pero ya no se escuchaba nada. La chaqueta de Nahila por la parte del brazo se había desgarrado y tenía una fea herida que chorreaba sangre. Pero su rostro no era de dolor, sino de completo horror. Estaba blanca y le temblaba todo el cuerpo, tenía los ojos como platos. La navaja cayó al suelo y rebotó en las escaleras. Antes de que cayera para abajo, el millonario la recogió.

—No es lo mismo utilizarla para amenazar que para matar, ¿cierto? —dedujo.

Hasta ahora nadie se había dado cuenta que la pequeña psicópata no era tan maligna como pensaban. Que fuera sincera y directa con los demás, no quería decir que estuviera acostumbrada a hacer heridas con su navaja a la gente; todo lo contrario que Dom y Alan, que ya habían demostrado que no se acobardaban a la hora de dañar a alguien.

Nahila no contestó. Jos le devolvió la navaja y la muchacha se quitó la chaqueta. Cortó parte de la mancha y se hizo un nudo en la herida. No podía mover mucho el brazo izquierdo, pero todavía tenía el otro para defenderse.

—Continuemos —dijo solamente.

No supieron nada de los otros dos durante el camino. Cerraban las puertas y ponían detrás todo lo que encontraban en las habitaciones para evitar otro encuentro con los Falcomon. Pero si tuvieran que pelear otras veces. Jos se dedicaba a hacerle señas a la chica, para que supieran dónde tenían que defenderse y atacar en el momento justo, lo que les daba bastante ventaja aunque él no peleara.

Pero no estaban acostumbrados hacer tanto ejercicio. Tras subir más pisos, el trío estaba agotado. Se pusieron sentados en la puerta de entrada por si empezaban a notar que los digimon intentaban entrar.

—Esto sólo acaba de empezar —murmuró Nahila.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Hitomi. Su amiga llevaba callada desde que había ocurrido el incidente de su arma.

—Sí. No me duele el brazo.

Hitomi asintió, pero seguía preocupada. No sabían cuando volverían a ver a sus compañeros, pero de algo estaban seguros: no aguantarían mucho más.



El trió de amigos se encontraban descansando. Después de todas las cosas que habían ocurrido, merecían un descanso.

—¿Como creen que se encuentren Dom y Alan?

—Lo más seguro es que estén jugando al tiro al blanco, es lo único que saben hacer ese par.

Hitomi comenzó a reír por el comentario de Jos, pero no podía negar que aun tenía un poco de preocupación por sus amigos. Al igual que pensaba que es lo que podría estar haciendo Gatomon y porque no venía a salvarla.

—Hitomi, no piensen tanto o podrías quemar tu cerebro —Comento Jos, mientras observaba a la pelirroja pensar.

—¡Callate!… —Levanto su puño en señal de amenaza al millonario —Nahila dile que eso no es cierto... —Hitomi miro que su compañera estaba algo pensativa.

—¿Ocurre algo? —Su amiga solo negó con la cabeza —Jos, podrías dejarnos a solas…

Jos levanto una ceja, demostrando que no estaba seguro de dejarlas a solas —No creo que este sea un buen momento para sus charlas de chicas.

—Ve a cuidar la puerta y déjanos a solas.

—Y si me… —Hitomi comenzó a tronar los nudillos de su mano en señal de amenaza. Jos sabía que en combate físico, seguramente perdería —Esta bien, está bien, pero aceptemos la posibilidad de que los digimon logren entrar.

—Entonces los detienes todo lo que puedas, para poder escapar de aquí.

—Por quien me tomas, no pienso… —Nuevamente los nudillos de Hitomi comenzaron a tronar —Esta bien, está bien… Esta mujer quiere matarme.

Hitomi se sentó al lado de Nahila —Sigues preocupada por lo que ocurrió con Falcomon.
—No…

—No me puedes engañar… Además creo que puedo saber cómo te sientes —El rostro de Hitomi se torno algo triste.
—¿Alguna vez te ocurrió algo similar? —Pregunto Nahila.

—Cuando tenía 11 años, era una niña que solo quería ser el centro de atención.

—¿Solo cuando eras niña? —Interrogo Nahila con una sonrisa seria.

Hitomi se sonrojo leve —Tonta, claro que si, actualmente soy mucho más madura que antes. Ahora volviendo al relato, puedo saber cómo te sientes, ya que siempre estaba presumiendo de mis habilidades para el combate, nadie se atrevía a desafiarme, ya que siempre rompía tablas o mostraba mis títulos. Pero un día, llego una niña que decía ser la mejor alumna de una escuela de Kung fu, entonces empezamos un combate en el cual no me contuve, estaba emocinada de que por fin podría mostrarles a todos mis habilidades en accion…

—¿Y perdiste?

—No… gane, pero cuando la vi tirada en el suelo, llorando y con todas las heridas que le provoque, entendí que no es lo mismo alardear de que puedes hacer algo, a hacerlo. Desde entonces no volví a involucrarme en una pelea de ese estilo.

—Hitomi, creo que ya se lo que quieres decirme.

—Me alegro, ya que en estos momentos a la psicópata mejor amiga, para salir de aquí sin ningún rasguño —La pelirroja sonrió y abrazo a su amiga, que incomodo a Nahila.

En ese momento se escucho como los Falcomon abrían la puerta. Jos llego corriendo —Rápido… Para eso querían que me fuera.

Nahila empujo a Hitomi lejos de ella —No empieces a imaginar cosas extrañas, en este momento tenemos que irnos.
—¡Idiota! Te dije que te sacrificaras por nosotras.

—Olvídenlo, soy demasiado millonario y egoísta para eso.

Los tres elegidos comenzaron a correr nuevamente, aun con el cansancio que tenían pudieron llegar a una puerta y colocar sillas y muebles para bloquear la puerta.

—Al parecer esto no se detendrá —Comento Hitomi, esperando a que su compañera llegara a tiempo.


31 de diciembre de 1965


Era casi media noche, un nuevo año estaba a punto de iniciar, sin embargo él permanecía en la fiesta con sus compañeros de trabajo algo cabizbajo, sin mucho interés de lo que ocurría a su alrededor, sosteniendo una copa de champaña que no bebería.
No era momento de distraerse, la Universidad lo había admitido en su lista de prueba, pero si no entregaba algo convincente en tres meses tendría que despedirse de sus sueños, y eso era lo que más le aterraba.


-Tranquilo –se dijo respirando hondo –tu proyecto va bien, con algo de esfuerzo llegará a tener la inteligencia de una cucaracha o hasta la de un ratón

Por imposible que pareciera, el simple hecho de construir una computadora con ese nivel de inteligencia le aseguraría un premio nobel. Aunque quizá ese sería un extra ya que la meta central era mejorar la conexión entre ordenadores a gran escala.

-Hey, Marc, ya casi son las doce, y no te has parado de esa silla en toda la noche –dijeron algunos compañeros de trabajo –deja esa seriedad
-Jeje, no gracias, estoy bien aquí –respondió él tratando de ser amable ya que solo estaba esperando a que llegara el nuevo año para poder irse lo antes posible
-Si solo trabajas todo el tiempo terminaras igual de obsesionado que tu padre –se burlaron levemente –en la universidad siempre te quejabas que nunca venía a visitarte

Marc solo sonrió, dicha afirmación no le molestaba para nada. Incluso él estaba convencido de que su padre terminó enloqueciendo hasta el final de su vida.

-Me quedé estudiando Stanford completamente solo mientras mi padre buscaba fantasías de ovnis en Alemania –susurró él con cierta molestia y rencor.
-¿Dijiste algo?
-No, nada

Todos se preparaban para la cuenta regresiva de fin de año, así que sus compañeros lo dejaron solo con sus pensamientos. Recordó que lo único que escuchó durante su niñez fueron cuentos sobre el “proyecto secreto” nazi que su padre juraba y perjuraba que había sido obligado a formar parte.

-Si volvía a escuchar otra historia sobre el proyecto “Die Glocke” iba a suicidarme –se dijo fastidiado de solo recordar esas tediosas y absurdas fantasías que soportó de niño.

Quiso enterrar todo ese pasado por precaución, después de todo tener un padre que antes fue científico en Alemania durante la segunda Guerra era algo que no deseaba que se haga público. Tenía vagos recuerdos de como él y su padre fueron llevados a EE.UU. durante la operación Paperclip. De una forma u otra fue lo mejor, así logró iniciar una nueva vida y la oportunidad de ingresar a Stanford.

-Lástima que mi padre no quiso seguir adelante –se dijo con ironía –pasó el resto de sus días viajando a Alemania esperando encontrar un cuento de hadas. Yo en cambio sí tengo metas reales, un proyecto basado en los hechos e investigaciones que llevaron años de esfuerzo no solo míos sino de varias personas, la generación de hoy llevará al mundo a una nueva época de prosperidad, y tendré mi correspondiente y merecida tajada…

Dicho esto, se escucharon un sinfín de fuegos artificiales acompañados de miles de gritos alrededor, un nuevo año daba inicio, pero a Marc no le interesaba, no había nada que quisiera festejar en ese momento, la celebración que él planeaba vendría después.


La azotea ya estaba cerca, aunque ninguno estaba seguro si llegar arriba sería de alguna utilidad, a modo que subían los últimos escalones sentían que se dirigían a un callejón sin salida. No estaban tan equivocados.

-Ya los oigo subir detrás de nosotros –dijo Nahila preocupada.
-Esto terminará muy mal si nuestros digimons no llegan pronto –opinó Hitomi –se le acabó la batería a mi celular, ni siquiera puedo llamarlos

Finalmente llegaron a la azotea, pero apenas abrieron la puerta se toparon con Dom y Alan que al parecer habían llegado antes y que al parecer ahora deseaban bajar.

-¿Qué rayos hacen acá? –preguntó Nahila.
-¡Queremos bajar! ¡¿Y ustedes?! –respondió Alan.
-¡Subir! –dijeron los tres al mismo tiempo.
-¡Créanme, no quieren salir a la azotea! –aseguraron los dos argentinos.

Escucharon por las escaleras que los Falcomons estaban a punto de alcanzarlos.

-Bueno, regresar tampoco es una opción –concluyó Jos.

Salieron a la azotea y cerraron la puerta bloqueándola con todo lo que pudieron. Era el final del camino.

-¿Por qué no era buena idea venir acá? –preguntó la pelirroja confundida –aquí no hay nada
-Miren abajo –respondió Dom.
Se asomaron al borde de la azotea y pudieron observar que gran parte de los Falcomons comenzaban a subir por el exterior.
-Estamos atrapados –susurró Nahila –sea por fuera o por dentro al final estamos perdidos
-Este sería un buen momento para que nuestros digimons aparecieran para ayudarnos a pelear –comentó Hitomi.
-Igual no ganaríamos, son demasiados –argumentó Alan –si tenemos suerte nuestros digimons nos sacarán de aquí…

El joven de ojos púrpuras se quedó viendo como los Falcomons que subían por el exterior del edificio, solo les quedaban unos segundos.

-Mmmh… esto se está poniendo peligroso –se dijo a si mismo pensativo, luego decidió sacar su celular y comenzó a marcar, pero antes de terminar sintió que alguien lo jaló del cuello
-¡Jos, quítate de ahí! –lo regañó Hitomi jalándolo de golpe –¡debemos tratar de que no nos vean!

A causa de la sorpresa, el timador soltó su celular dejándolo caer por el borde del edificio. Y por primera vez en ese día al millonario se le formó una cara de terror.

-Oh… mi suerte no puede ser tan mala –se dijo él cómicamente petrificado al notar que había perdido su teléfono móvil.

El equipo se escondió detrás de un muro, aunque sabían que eso no les serviría de mucho. Los Falcomons dentro del edificio estaban a punto de tumbar la puerta y los del exterior ya habían subido y daban vueltas alrededor de la azotea.

-¿Y a él que diablos le pasa? –preguntó Dom al ver a Jos paralizado y con los ojos muy abiertos.
-Debe ser un efecto retardado –supuso Nahila –estaba muy tranquilo, el miedo debió llegarle algo tarde

La situación no podía estar peor. Finalmente la puerta de la terraza cedió, los Falcomons del interior del edificio se reunieron con el resto.


Sin embargo como si fuera un milagro observaron a sus digimons apareciendo por la puerta derribada de la terraza, se notaban exhaustos.

-¡Ya era hora! ¡¿Dónde estaban?! –exclamó Hitomi molesta.
-¡Dijeron que estaban atrapados dentro del edificio! –se defendió Salamon con la misma expresión.
-Pudieron haber dicho… que… subirían a la… azotea –decía Gazimon graciosamente entrecortado respirando con dificultad.
-No es que también me esté quejando pero yo pude haber subido hasta aquí volando –comentó Hawkmon en voz baja también algo resentido.
-Bueno ya basta de quejas, ya estamos aquí –intervino Monodramon –¿donde está el peligro?

Los cinco elegidos apuntaron hacia arriba. Los digimons tardíamente se percataron del huracán de cientos y cientos de Falcomons que había alrededor de ellos a punto de abalanzarse sobre todo lo que hubiera en la terraza.

-¡Oh genial, nos trajeron a morir! –exclamó Dracomon fastidiado.
-Eso aún está por verse –articuló Dom sacando su digivice.

Todos excepto Jos hicieron lo mismo. Los digimons evolucionaron esperando tener alguna oportunidad.

-Son demasiados, necesitamos un milagro –admitió Nahila con cierta desesperación.
-¡Nooo, no quiero morir aquí! –se quejó Hitomi en plan de berrinche –aun existen muchas cosas que quiero hacer en mi vida
-¡Deja de desanimarnos! –la regañó Alan.
-¡Al menos hubiera usado el teléfono público del último piso para despedirme de mi familia! –continuó la pelirroja sin escuchar.
En ese momento fue que Jos reaccionó.
-¡¿Teléfono?! ¡¿Donde?! –cuestionó el timador.
-Eh… yo también vi un teléfono en el piso debajo de la terraza –le susurró Gazimon –¿pero qué sucede?
-Perdí mi celular –le respondió Jos en voz baja.
-Oh… ya veo
El primer grupo de Falcomons quizá 30 o 40 de ellos bajaron a toda velocidad.
-¡Prepárense! ¡Aquí vienen! –informó Dom.

Tyranomon, Aquilamon, Coredramon y Gatomon se pusieron en frente para retener la primera oleada.

-Mmm… sé que esto no les va a gustar, pero perdí celular y realmente debo hacer una llamada importante de… negocios –dijo Jos con cierto nerviosismo –así que si no les importa iré a usar el teléfono de abajo
-¡Muy gracioso!! –respondió Dom sin dejar de ver la pelea de los digimons –¡deja las bromas y haz digievolucionar a Gazimon para ayudarnos!
-Eh… ya se fueron los dos –comentó Nahila al ver que Jos y Gazimon ya no estaban.
-¡¿Qué?! –gritaron todos cómicamente –¡¿estaba hablando en serio?! ¡¡JOS REGRESA AQUÍ DESGRACIADO!!

Sin embargo varios Falcomons fueron detrás del timador. Quien quiera que estuviera detrás de este ataque, sin duda no tenía intención de dejar escapar a ninguno.

-¡¿Y ahora qué?! –preguntó la pelirroja.
-¡Sigan peleando! –exclamó Dom disparando su última bala al Falcomon que estaba detrás de ellos.
-¡Aliento de fuego!
-¡Laser Blast!
-¡Llamarada Azul!
-¡Golpe de gato!

Los ataques arrasaron con más de 20 Falcomons pero no estaban ni cerca de lograr la victoria. Con tantos ataques simultáneos los digimons de los elegidos comenzaban a agotarse, no tardarían mucho en perder su digievolución. Era momento de afrontar la realidad.

-¡Al diablo! Aquilamon, Coredramon ¿creen que puedan sacarnos de aquí? –preguntó Alan.
-Dudo que escapar sea una opción –refutó Nahila al ver que los Falcomons seguían en aquella formación de tornado alrededor de la azotea.
-¿Alguna vez imaginaron que terminaríamos así? –preguntó Hitomi con ironía.
-¡¡Todavía no estamos muertos!! –gritaron los demás graciosamente.

Finalmente los Falcomons se hartaron de jugar y rompieron su formación y se abalanzaron sobre ellos al mismo tiempo como una gigantesca ola. Los digimons de los elegidos cubrieron a los 4 humanos intentando protegerlos. Pero increíblemente unos segundos antes de que impactaran contra ellos, todos los Falcomons se detuvieron. Dom, Alan, Nahila, Hitomi y sus digimons observaron confundidos la escena. Todos permanecieron inmóviles y en silencio por un momento, pero inmediatamente todos los Falcomons se elevaron en grupo y se retiraron velozmente perdiéndose entre las nubes.

-¿Qué… que fue todo eso? –preguntó Alan sin creerlo.
-No tengo idea –respondió Dom.
-O algo raro ocurre aquí o… somos los más suertudos del mundo –opinó Dracomon confundido.

No tenía caso analizar el asunto, nada de lo que había ocurrido hasta ese momento tenía algún sentido. Pero si había algo que ahora resultaba obvio.

-Este no fue un ataque al azar como ayer –sentenció Nahila –estos Falcomons vinieron específicamente para matarnos a nosotros

Luego de unos segundos, lograron divisar a Jos y Gazimon volviendo a la terraza. Ambos estaban totalmente cubiertos de plumas. Al parecer se habían llevado la peor parte.

-Oh… parece que ya se fueron –comentó el timador cómicamente calmado –pero buenas noticias, pude hacer mi llamada de negocios, así que…
-¡Ahí estás desgraciado cobarde! –exclamó Alan sujetándolo del cuello de la ropa –¡Supongo que quisiste abandonarnos y huir! ¡¿verdad?!
-¿Qué no dijo que llamaría por teléfono? –preguntó Hitomi confundida.
-Es increíble lo crédula que eres –comentó Nahila.
-Aunque no lo crean si tenía una llamada importante que debía hacer –se defendió el millonario –cosas de negocios, ustedes no entenderían
-Ok, ya me hartaste –continuó Alan más calmado pero decidido levantando su puño –creo que solo a golpes vas a entender
-Vamos Alan –intervino Nahila deteniéndolo –no puedes dejarlo peor de cómo lo dejaron los Falcomons
-¿Quieres apostar? –refutó el argentino.
-Ya es suficiente –articuló Dom poniéndose al medio –aunque no lo crean, lo que hizo Jos es lo que menos me molesta en este momento, alguien está quiso matarnos y algo me dice que lo volverá a intentar…
-¿Y qué sugieres? –preguntaron los demás.
-Tratemos de contactar a D'arcmon –respondió él –veamos que estúpida excusa nos da ahora

Todos comenzaron a retirarse, pero en ese momento Nahila se pasó frente a Jos.

-Eh… gracias por detener a Alan, esta vea creo que si iba a golpearme –bromeó el estafador.
-No me des las gracias aun –respondió su amiga con seriedad –cuando esto termine tú y yo vamos a tener una larga conversación sobre tus prioridades, la próxima vez que nos abandones no pienso evitar que el equipo te dé una paliza grupal ¿entendiste?
-Fuerte y claro –articuló Jos con una risa nerviosa.
Todos comenzaron a caminar, Jos y Gazimon iban algo adoloridos por lo que les sucedió con los Falcomons.
-Por cierto ¿a quién llamaste? –preguntó la pelirroja con curiosidad pero sin mucho interés sino para fastidiar –debió ser un negocio muy importante para que decidieras abandonarnos, además que te paralizaste de miedo poco antes de que te fueras, es decir, debió ser una llamada demasiado importante ¿no crees?

El timador se le quedó viendo por un momento con una expresión de fastidio.

-Sabes… no recuerdo un solo momento en el que no estés hablando –comentó él graciosamente y luego se adelantó caminando con dificultad.
-Vaya, que malhumorado –concluyó Hitomi molesta olvidando el asunto.



Era una mañana tranquila, en la que Dom, Alan, Monodramon y Hawkmon decidieron entrenar en un parque de su pueblo.

—Bueno, es mejor que empecemos. Alan, ¿entrenamos nosotros?
—Soy más fuerte que vos, Dom. Te gano cagado de risa.
—¿Quién mató a más digimon?
—¡Pero con armas!
—Igual es merito mío.
—Agh, olvídalo.
—¡Monodramon! —exclamó Dom.
—¡Hawkmon! —gritó Alan, por su parte.
—Entendido... —dijeron, sin muchos animos ambos.
—¿Ocurre algo? —preguntaron los humanos, al escuchar a sus digimon.
—Es que... queríamos hablar un poco... sobre lo de ayer.
—¿Si les pareció sospechoso? Si, a mi me lo pareció —comentó Alan.
—Y que Jos haya hecho un llamado y que, luego los digimon sé larguen, es más raro aun —dijo Dom.
—¿Jos hizo eso? —preguntaron ambos digimon, a lo que sus humanos respondieron.
—Muy bien, entrenen un poco. Corran unas 5 vueltas a todo el lugar —dijo Alan.
—Y luego harán flexiones... con nosotros encima de ustedes —siguió su amigo.
—¡Es una locura!
—Miren, tienen que llegar al próximo nivel. Y yo no me creo esa mamada, así que vayan a correr —les ordenó el más flaco de los humanos.

Ambos digimon salieron a correr, mientras el dúo sé sentó.

—Oye, ¿tienes algo que hacer? —preguntó Dom.
—Nada, ¿tú?
—Traje cartas, ¿quieres jugar?
—¿Baraja española o francesa?
—Ambas.
—Juguemos con la española, me la sé mejor.
—¿Qué juego?
—Mmm... ¿Chinchón?
—Como digas.

Dom mezcló la baraja y repartió las cartas. Mientras el dúo sé sentó e inició el juego, empezaron a hablar sobre todo lo sucedido de anoche:

—Lo de anoche reforzó mi teoría que tenemos a un trío de inservibles.
—Una niña que come mucho es boba; una chica que sé hace la ruda y un millonario que no puede lavar ni sus calzones sólo... si, que equipazo...
—Alan, vos y yo somos los únicos que podemos mantener esto a flote... y necesitaríamos mejores miembros, pero bueno, es lo que nos tocó.
—Tal vez hasta esa generación que salvó al mundo ni siquiera sirva tanto.
—Bueno... salvaron al mundo, de algo deben servir, amigo mío.
—Por cierto, me contó Hitomi que Nahila sé traumó matando a un Falcomon.
—Ay, pero que p...
—Tranquilo, amigo. Entiendo tú disconformidad, tanta cara de culo para nada.
—No sé que me molesta más: que Nahila haya lagrimeado por matar a un enemigo, o que nuestros digimon ya terminaron su segunda vuelta.
—¿En serio? Pero eso es genial.
—No, porque Monodramon corre y Hawkmon vuela. Así no tiene mucha gracia.
—De las flexiones no sé salvan, amigo —dijo el rugbier, calmando a su amigo.
—Bueno, esto me recuerda a que tenía que hablar con Kazumi.
—¡Ah, miren al galán! ¡Dos chicas muertas por ti!
—¡Idiota! ¡Kazumi vio a Tyranomon y la ayude, así que hablo con ella por amistad! Y a Carol le gusta un compañero de ella, así que olvídalo...
—¡Vamos, Dom! Yo sé que ella te quiere, tal vez deberías hablarle.
—Lo intentaré —dijo, viendo que sus digimon llegaban.

Dom vio que ambos digimon terminaron. Como los humanos tenían pesos muy distintos, Dom propuso lo siguiente: que uno entrené con un árbol mientras el otro hacía las flexiones.

—Son trescientas en total. Muy bien, ¿quién quiere ser primero?
—Yo —dijo serio, Monodramon, acomodándose para hacerlas.
—Me siento torturador, Alan.
—Bueno, tú peleas directo con el tuyo, ¿no es mejor esto?
—Hmm... no lo sé —dijo, mientras su digimon hacía las flexiones con ambos encima —, así Monodramon sé entrena bien, pero lo tuyo no sirve, porque sabes lo que pasa cuando alguien hace más fuerza de la que debe...
—Si, si, ya lo sé: sé fatigan los musculos.
—¡Entonces sal de Monodramon, idiota! —gritó Dom, que ya había dejado el cuerpo de su amigo.
—Agh... está bien. Trae a Hawkmon.

Dom hizo caso y trajó a Hawkmon, mientras Monodramon entrenaba en el árbol donde Hawkmon lo hacía.
Luego de hacer lo mismo con Hawkmon, los digimon descansaron un rato para luego seguir con lo último: pelea cuerpo a cuerpo.

—Bueno... ¡Empiecen de una vez! —gritaron los humanos.
—¡Pico Carpintero! —exclamó el ave, comenzando a picotear al dinosaurio, que estaba distraido.
—¡Batido de Nudillos! —exclamó el dinosaurio, que atacó al ave con sus garras, logrando sacarsela de encima.
—¡Pluma Cortante!

Hawkmon lanzó la pluma y comenzó a lanzar viento con sus alas para dirigirla hacia Monodramon. El dinosaurio estaba siendo dañado, pero recordó algo que Dom le dijo sobre Hawkmon: su pluma será buena, pero tus dientes son mejores.

—¡Mordida Roedera! —exclamó, mordiendo y destruyendo la pluma.
—¡Idiota, era de exportación!
—¡Ya conseguirás otra! —respondió el dinosaurio.

Ambos comenzaron un forcejeo, pero como sus amigos estaban terriblemente aburridos, propusieron algo: hacerlos evolucionar.

—Sé darían cuenta que estamos aquí, Alan —dijo Hawkmon, dejando de forcejear con Monodramon.
—Digo lo mismo —acató el dinosaurio.
—Si, pero que sea corto e interesante, señores. Den todo de ustedes. Ah, y les aviso que Monodramon ha bajado esa panza de borracho que tenía en su evolución —contó Dom.
—¡Entonces muéstralo! —respondió Alan, sacando el Digivice.

Monodramon digivolves a... ¡Tyranomon!
Hawkmon digivolves a... ¡Aquilamon!

Sin embargo, Tyranomon no lucía como antes: parecía que había adelgazado... y mucho.


—Cambio la dieta: le empezamos a dar comida sana y es impresionante lo que adelgazó —dijo Dom.
—¿De la noche a la mañana? —preguntó Alan.
—En realidad, yo lo había visto un poco más... flaco —comentó Aquilamon.
—¡A pelear! —rugió el dinosaurio rojo —, ¡Destructor Salvaje! —gritó, corriendo a embestir a Aquilamon.
—¡Somos dos! —respondió el ave —, ¡Cuerno Planeador! —exclamó el aguila gigante, atacando al dinosaurio.

Empezaba un entrenamiento bastante interesante entre dos amigos cercanos y dos espectadores de lujo.



El día anterior había finalizado. Nahila y los demás habían logrado salir del edificio sin morir, a pesar de que la chica había sufrido una fea herida en el brazo. Sus padres le habían obligado a ir al médico y se lo habían vendado por completo. Ahora le costaba moverlo y le picaba bastante. Pero no podía quitárselo o sus hermanos harían cualquier cosa para que el corte se llenara de pus.

Hitomi había llamado a Nahila para quedar y pasar la tarde juntas. La chica, que prefería estar fuera de casa que escucharlos gritos de sus hermanos y las quejas de su compañero digimon sobre que quería ver la televisión y no le dejaban, no tuvo otro remedio que aceptar. Tenía sabido que Alan y Dom estarían entrenando en casa del segundo, y ni idea de Jos.

Por eso ahora estaban ambas chicas sentabas en el banco de un parque. Hitomi se había comprado un helado de chocolate y lo saboreaba con una radiante sonrisa. Salamon y Dracomon jugaban con la fuente que había en medio y se tiraban agua, riendo de cualquier cosa. En un momento dado, Salamon pisó sin querer la cola del dragón, y se puso a lanzar fuego por la boca hacia el cielo, asustando a la gente que había cerca.

—¡Dracomon! —gritó Nahila, levantándose y aguantándose el dolor del brazo. Lo había movido con brusquedad—. ¡Deja de llamar la atención!

La pelirroja negó con la cabeza. Se comió el helado de una vez y tiró de Nahila para sentarla de nuevo. La muchacha psicópata frunció el ceño mirando a su amiga. ¿Qué se suponía que estaba haciendo comportándose como una madre con ella? Llevaba toda la tarde ayudándola a caminar, dándole el helado que había comprado y regañándola; aquello le molestaba muchísimo y tenía ganas, más que nunca, de darle un buen guantazo.

—No hagas esfuerzo, Nahila. Compórtate como una buena chica.

—¿Me estás tomando el pelo?

—Un poco —reconoció, sonriendo de manera inocente.

—Si alguna vez cometo un asesinato, ten por seguro que serás mi primera víctima.

—No te creo. Serías incapaz de hacerlo —río.

Aunque la mirada que le echó Nahila, la hizo dudar un poco. No prestó atención a su amiga y fue a comprarse otro helado. Llevaba dinero suficiente para comprarse tres o cuatro más. Cuando regresó, comprobó que su amiga seguía pensando en lo mismo que el día anterior. Tenía la navaja en la mano y temblaba mientras que la observaba. Pudo notar el asco y el odio reflejados en los ojos de Nahila.

—¿Estás bien? —preguntó, sentándose a su lado.

—Una pregunta tonta, ¿no crees? —suspiró—. No puedo quitármelo de la cabeza. Llevaba esta navaja para defenderme, pero no quiero volver a utilizarla nunca más.

Tomó una decisión. Cerró la navaja, y cerrando los ojos, la tiró hacia el contener más cerca de basura. Hitomi abrió la boca, sorprendida. Había visto como ese objeto lo portaba su amiga desde que se conocieron, siempre la llevaba consigo, en la mano o en el bolsillo. Era cierto que solo la sacaba y amenazaba con ella, nunca la había tenido que usar... hasta ayer.

¿Quién lo diría? Aquello había sido un fuerte golpe para Nahila, hasta el punto de querer abandonar la navaja. Era como desprenderse de una parte de su vida. Hitomi no hizo ningún comentario, por primera vez, supo actuar con madurez.

—Por cierto, ¿no te pareció extraño que esos Falcomon se fueran de repente? —dijo Nahila, queriendo cambiar de tema—. Al principio querían terminar con nosotros y eran un montón, hubieran podido aprovechar cualquier momento para atacarnos, pero entonces volaron, huyeron, alejándose de nosotros. Fue... misterioso.

—¡Fue una suerte! Además, tú no estabas para defenderte, ya sabes, por lo que te pasó en el brazo. Se marcharon y ya está, no hay que buscarle explicación. No entiendo por qué os gusta tanto mataros a pensar —murmuró, llevándose las manos a la cabeza.

Nahila sonrió. Hitomi no cambiaría, por mucho que en algunos momentos fuera capaz de decirte unas palabras increíblemente maduras, luego volvía a ser la misma de siempre: y eso era lo que hacía que le cayera tan bien. Porque su estupidez la hacía reír —y la molestaba muchas veces también— y le hacía olvidar lo seria y siniestra que podía llegar a ser ella.

—¡Has sonreído! —exclamó Hitomi.

Fue dispuesta abrazarla, pero Nahila, poniendo los ojos en blanco, puso su mano —la del brazo que estaba bien —sobre el hombro de su amiga y la mantuvo lejos.

—¡Sabes perfectamente que no me gusta la cercanía! —masculló—. Siéntate un poco más lejos. Podemos hablar bien sin que estés encima mía.

—¿Por qué no te gusta expresar la amistad con abrazos?

—Porque no, simplemente no —contestó. Sabía que Hitomi no se quedaría satisfecha con esa respuesta, por lo que añadió algo más—. Nunca he sido muy de cariños, y no voy a empezar ahora.

—¿Y qué harás cuándo tengas pareja? ¿Os mandaréis besos por carta? —bromeó.

—Sola estoy muy bien —se limitó a decir.

Nahila se levantó del banco, cansada de esa conversación estúpida. Empezó a caminar alrededor del parque, queriendo pensar un poco sola, pero no tardó en tener a Hitomi —con un nuevo helado — detrás de ella.

—Oye, tenía un plan para hoy... —comentó.

Por el tono de voz que usó, Nahila supo que se trataba de una clase de travesura. N tenía la menor intención de hacerle caso, siempre se negaba a las tonterías que pasaban por la cabeza de su amiga. Pero esta vez, se trataba de un tema que también la interesaba.

—¿El qué, Hitomi?

—¿Por qué no vamos al edificio de Industrias J.M.? Tal vez esté allí Jos y podamos hacerle la vida imposible —sonrió maliciosamente.

—¿Sólo quieres ir por eso?

—Bueno, también estoy interesada en lo que harán allí. Jos no habla mucho sobre eso, pero se le nota que quiere mucho a su abuelo.

—Tienes razón. Jos habla de su abuelo como si fuera dios —se paró de pronto—. Está bien, vayamos a ver. ¡Pero no es que tenga curiosidad ni nada!

Hitomi trazó una sonrisa. Llamó a Salamon y Dracomon para que se acercaran y se encaminaron hacia el edificio. Nahila no sabía muy bien por qué había aceptado, pero la curiosidad mataba al gato, y a ella no le gustaba quedarse con las dudas. Además, no sabía nada de Jos y tal vez, tal y como había dicho la pelirroja, el muchacho se encontraba allí.

Tenía una charla pendiente con él y esta vez no le dejaría escapar.



Al día siguiente del incidente en el edificio, Alan y Dom se reunieron en un rincón apartado de un parque donde llevaron a sus digimon a entrenar: Aquilamon y Tyrannomon peleaban entre sí para probar sus habilidades.

- ¡Aliento de Fuego!
- ¡JA! ¡Eso no sirve de nada! –y alzó vuelo- ¡Intenta alcanzarme!
- ¡Cobarde! ¡Sabes que no puedo volar!
- ¡Eso se llama aprovechar las desventajas del enemigo! –voló en picada, embistiendo a Tyrannomon- ¡Penetrato!
- ¡Maldito Pájaro Loco! ¡Toma esto: Dino Kick!

La patada alcanzó el cuerpo de Aquilamon, provocándole dolor, mas no tanto como lo sería si fuera un ataque real; se zafó de la mandíbula del dinosaurio rojo que estaba a punto de morderlo y batió sus alas contra su cuerpo para distraerlo. Tyrannomon corrió a toda velocidad para embestir al ave, pero esta dio un salto y le brindó un fuerte aletazo que lo dejó tirado en el suelo; Tyrannomon no tardó en levantarse y continuó con el combate.

Mientras tanto, sus compañeros discutían acerca de los sucesos de la noche anterior, prestando poca atención al entrenamiento, algo no muy normal en ellos.

- Dom…
- ¿Sí?
- ¿Seguís pensando en lo que pasó ayer?
- Obviamente: cosas como esa no ocurren muy a menudo. NO es normal.
- ¿Qué el señorito Richie Ricón se ausente por unos minutos y de repente la bandada de Falcomon desaparezcan como si nada? Demasiada coincidencia diría yo.
- Yo no creo en las consecuencias, Alan, y lo sabés bien: solo en las conexiones.
- Así que sospechás lo mismo que yo… Que Tío Rico tiene un jugoso secreto.
- Exacto, y sé exactamente lo que haremos.
- Excelente, viejo: decime, ¿Le hago calzón chino o querés que le rompa el pescuezo? ¿O solo lo cagamos a trompadas hasta que se le caigan los dientes de oro?
- Me encanta tu estilo, Alan, y de seguro a Nahlia también -el rugbista bufó al oir el nombre de la chica-; por algo somos amigos… Pero no: vamos a fingir que no sospechamos nada del asunto, que no cambió nada nuestro modo de actuar con él. Y cuando la cosa se ponga tan fea como para que hable…
- Lo cagamos a palos y lo uso de saco de box.
- Si… Pero yo primero; no quiero que ese petulante ojos de uva la pase mal sin que yo le dé su merecido primero; despu´ñes de vos, que lo trate Nahlia.
- Como vos digas… Che; me di cuenta que no estamos prestando atención a la pelea de nuestros digimon.
- Ah, es verdad –volteó para ver su pelea- Creo que van bien.









Ok, ya puse todo lo avanzado aquí. [MENTION=497372]Acero_la12[/MENTION] [MENTION=485095]ElohimEditor[/MENTION] [MENTION=517717]Soncarmela[/MENTION] [MENTION=1021791]Hikari Motomiya[/MENTION] Quiero aclarar que al cerrar nuestro FC estamos en la mira, la moderadora me dio la opción de este "agujero legal" así que no la desaprovechemos ok? Voy a dejar en claro que ya no aceptarán tantos retrasos, fue culpa de todos pero ahora habrá un estricto control que será mucho más duro. Las reglas siguen siendo las mismas, pero no abusen de ellas, además pueden postear poco si el tiempo les pisa pero tampoco pongan algo tan corto en todos sus post, tienen una responsabilidad aquí como en cualquiera de sus fics, no les pido 20 páginas pero tampoco se dejará que pongan dos parrafos en cada ocasión, una o dos veces está bien si no tienen mucho tiempo, pero no siempre Ok?

Sobre Hikari, pues aun no aparece, pero ella ya medio autorización desde hace tiempo que si esto pasa podemos seguir usando su personaje entre todos sin importar que vuelva o no.

Aun me falta poner mi respectivo post actual, antes de hacerlo les daré la pauta y ahora comenzaremos a correr más rápido, especialmente para que Luigi entre lo antes posible.
 

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Bueno, ya dejo mi post, perdonen el retraso, pero no creo tardar más que esto jeje.XD


Nahila y Hitomi no tardaron mucho en llegar al edificio principal de las “Industrias J.M.” Era curioso, habían ingresado muchas veces pero jamás vieron nada, simplemente subían al último piso donde estaba el penthouse de Jos. Ahora por primera vez verían con sus propios ojos las instalaciones de dicha empresa y a que se dedicaba exactamente.

-Dracomon, tú quédate aquí afuera –le ordenó Nahila.
-Pero… ¿Por qué? –se quejó el dragón molesto –¿y porque Salamon puede entrar?
-Ella puede pasar por un juguete –explicó Hitomi con su digimon en brazos –tú ni con el mejor disfraz podrías pasar desapercibido con la seguridad del edificio

A pesar de las quejas Dracomon no tuvo más opción que permanecer afuera. El resto no perdieron más tiempo e ingresaron.

-Señorita, el joven Jos no está en su departamento, en este momento se encuentra en el despacho del señor Marcos Morns –informaron los guardias de la entrada.
-No importa, lo esperaremos adentro –respondió Nahila a lo cual los guardias solo asintieron sin ninguna objeción.
-Vaya, fueron muy comprensivos –opinó la pelirroja algo confundida –¿acaso…?
-He venido muchas más veces que tú a visitar a Jos –aclaró su amiga –los guardias ya me conocen, aunque es la primera vez que veré el resto del edificio

Ya que tendrían que esperar hasta que Jos regresara al último piso decidieron visitar cada nivel esperando encontrar algo interesante. Sin embargo el paseo estuvo lejos de ser emocionante, cada piso solo era un interminable aburrimiento de cientos y cientos de oficinas y cubículos, y los pocos lugares de ingeniería no les permitían el acceso.

-¡Aaaah! ¡Me aburroooo! –se quejó Hitomi con un berrinche mientras caminaban por los pasillos –¡habría ocupado mejor mi día!
-Y yo ya me cansé de estar inmóvil –se sumó Salamon que no se movía a causa de la cantidad de empleados que las observaban.
-Admito que creí que esto sería más interesante –comentó Nahila también con cierto fastidio –y aun no encontramos a Jos ¿Dónde se habrá metido?
-El guardia dijo que estaba en el despacho de su abuelo –dijo la pelirroja –¿sabes donde es?
-Ya te dije que nunca vi otra parte de este edificio además del departamento de Jos –repitió Nahila.
-Bien, regresemos a la planta baja –propuso Hitomi –podremos pedir información
-Dudo que nos lo digan –refutó la castaña –y aunque lo hicieran no hay forma de que nos dejen pasar
-¿Tienes una mejor idea?

No la tenía, así que decidieron volver al primer piso esperando encontrar a Jos en el camino o quizá lograr ingresar en el despacho principal.

Antes de regresar a la entrada principal observaron a dos hombres de negro ingresando por una gran puerta que antes no habían visto, curiosamente esos hombres no concordaban con la vestimenta del resto de los empleados.

-Mmm… talvez por ahí se va al despacho –opinó Hitomi con una graciosa expresión de detective –vamos a investigar
-Olvídalo, ya te dije que no nos dejarán pasar –se negó Nahila cruzada de brazos –además no quiero tener más problemas con Jos, a diferencia de ti yo todavía le agrado
-Muy graciosa –articuló la pelirroja sin dejar de avanzar hacia esa puerta.
-Oh vaya –suspiró Nahila con fastidio –a estas alturas no sé cuál de nosotras dos es la mala influencia en esta amistad

Irónicamente no había guardias en esa entrada, aunque si se notaban letreros que prohibían el acceso. Por supuesto eso no detuvo a la pelirroja.

-Sabes… faltar al reglamento de esta empresa no era precisamente la forma en que creí que sería mi primera visita –opinó Nahila con sarcasmo.
-¡Oh vaya! ¡Amiga, tienes que ver esto! –exclamó Hitomi ignorando el regaño.

La sorpresa no era para menos. A diferencia de las oficinas y cubículos del resto del edificio, esta nueva sección mostraba un ambiente mucho más moderno y actualizado. No eran oficinas comunes. Sin mencionar que todos los empleados de ese lugar vestían de negro.

-Qué extraño –susurró Nahila –este lugar no parece precisamente un lugar de negocios público

Al acercarse un poco más a la baranda y al bajar la mirada notaron que había aun varios pisos subterráneos.

-Mmmm… lo que vemos aquí solo es la superficie de esta sección –articuló Nahila –¿que habrá más abajo?
-Mira, allá, la puerta de enfrente debe ser el despacho del abuelo de Jos –opinó la pelirroja apuntando.
-¡Oigan! ¿Que creen que hacen aquí? –interrumpieron los guardias que al parecer las vieron ingresar –este sección está restringida
-Eh… lo lamentamos –se disculpó Nahila por todos –esta puerta estaba abierta
-¿Saben que es este lugar? –preguntó Hitomi.
-Es donde diseñaron la ANT-IT 9.5 –respondió un guardia.
-La antena intercontinental –comprendió Nahila.
-Si, y es desde donde harán el mantenimiento y actualización de su sistema cuando esté en funcionamiento –continuó el guardia –así que debemos pedirles que se retiren
-Está bien, lo lamentamos –se disculpó nuevamente Nahila mientras ambas se retiraban.

Decidieron no tentar más su suerte y esperar en recepción hasta que Jos pasara por ahí.

-Que desilusión –opinó Hitomi bostezando –creí que ese lugar se trataba de algo más ultra secreto, pero nos equivocamos
-Si… aunque había más pisos subterráneos –dijo Nahila pensativa –no sé si habrían sido tan amables si nos hubieran encontrado más abajo y…

Dejó de hablar al notar algo extraño en su amiga.

-Oye… ¿Qué no Salamon estaba en tus brazos?
-Claro aquí es… eh… –con una graciosa lentitud notó el problema –¡Nahila Salamon no está!
-A veces en serio pienso que tienes algo malo en la cabeza –articuló Nahila con fastidio.
-¡Ya no me regañes y ayúdame a buscarla! –exclamó su amiga –debió saltar de mis brazos en algún lugar

Mientras tanto en la gran sala de donde las habían echado, Salamon se escurría por uno de los pasillos a escondidas hasta llegar al despacho, empujó la puerta y por suerte logró entrar.

-La despistada de Hitomi quizá recién se percató que no estoy en sus brazos jeje –dijo la cachorra burlonamente muy orgullosa –quizá yo logre ver algo que ellas no podrán

Sin embargo el despacho se dividía en dos piezas, la primera en donde estaba había un montón de sillones y el escritorio de una secretaria que no estaba ahí, la segunda pieza seguramente era la oficina principal de Marcos J.M. Morns, pero esa tenía la puerta asegurada. Salamon acercó un poco el oído ya que le pareció escuchar a alguien en el interior. Parecía la voz de Jos.

-Ya deja las quejas, a final de cuentas fui yo el que está arriesgando la vida aquí –articuló Jos.
-Pues yo arriesgo más de una vida al confiar en ti –refutó una voz femenina que parecía un poco familiar a través de un comunicador –recuerda que tenemos un trato, pero el honor no es una característica propia de tu familia
-Pero si lo es la conveniencia y la ambición –comentó el joven millonario sonriendo –así que por eso confiarás en que cumpliré con lo convenido, al menos mejor de lo que tú lo hiciste
-Tú pediste algo a cambio de tu… ayuda, y te lo dimos –se defendió la voz –cumplimos con nuestra parte
-Pfff, ya no quiero seguir esta conversación, solo haz bien tu trabajo –dijo el joven de ojos purpuras con fastidio finalizando la comunicación.

Afuera de esa oficina Salamon no comprendía nada de lo que estaba escuchando.

-Vaya trato –continuó Jos con cierta molestia sosteniendo un extraño artefacto en sus manos –me trae estas piezas extrañas sin la menor idea de cómo hacerlas funcionar

Se dirigió a una gran caja fuerte, la abrió y cuidadosamente la puso junto con otras piezas del mismo tipo, eran 11 en total.


-Estas porquerías valdrán lo mismo que unas mugrosas piñatas mientras no encuentre a alguien que sepa cómo hacerlas funcionar –concluyó él desanimado.

Aun escuchándolo todo, Salamon estaba completamente perdida ya que no logró ver nada. Finalmente lo ignoró pensando que se trataban de negocios de “humanos”.

Pero de repente escuchó que Jos estaba por salir de esa oficina, y comenzó a aterrarse. Si la encontraban ahí se metería en graves problemas que solo Hitomi pagaría, y de por sí ya tenía muchos problemas de “comunicación” con el timador.

-Rayos, ¿y ahora qué hago? –se preguntó la cachorra preocupada –si salgo corriendo de todas maneras esos empleados me verán y sería peor…
-¿Necesitas ayuda? –dijo alguien en su detrás.
-¡¡Aaaah!! –gritó Salamon volteando –¿pero que ra…? ¡¿Dracomon?!
-Jeje hola –saludó el dragon muy tranquilo colgando la mitad de su cuerpo en una ventana.
-¡¿Qué rayos haces aquí?!
-Me aburrí de esperarlas afuera, y busqué una manera de entrar sin que me vieran y encontré esta pequeña ventana, pero no quepo
-Claro que no cabes –se burló ella –¡pero yo si! ¡Sácame de aquí!

Se subió a su cabeza y ambos salieron hacia un pasillo exterior del edificio, no les fue difícil tomar vuelo y alejarse velozmente antes de que Jos los descubriera. El millonario salió unos segundos después.

-En fin… será mejor que vaya a ver cómo le va a Gazimon –se dijo Jos saliendo del despacho con más tranquilidad.

Mientras tanto, Salamon y Dracomon se habían reunido con sus respectivas compañeras.

-¿Dónde rayos se habían metido? –los regañó Nahila cruzada de brazos –primero Salamon desaparece, luego venimos a preguntar si Dracomon la había visto pero tampoco lo encontramos a él
-Lo siento jeje –se disculpó la cachorra –me escabullí para descubrir algo interesante de ese lugar pero fue en vano, todo es muy aburrido ahí, aunque Jos si estaba ahí, hablaba de cosas no entiendo
-Ya veo, así que Jos si estaba ahí –comentó la pelirroja –¿que estaría haciendo?
-¿De quién hablan? –preguntó de repente el millonario apareciendo por detrás.
-Ah, con que ahí estas –Nahila fue la primera en verlo –te buscamos allá adentro, pero no te encontramos
-Y tu empresa resultó más aburrida de lo que yo pensé –agregó Hitomi graciosamente.

En ese momento notaron que Gazimon también se encontraba ahí detrás del timador, pero se veía algo agotado y su pelo estaba más esponjoso de lo común.

-Oye amigo ¿y tú dónde estabas? –preguntó Dracomon confundido –¿y porque estas tan raro?
-Eeeh… bueno, estaba… entrenando –respondió el mitad felino con los ojos medio cerrados a punto de caer del cansancio.
-¿Tú? ¿Entrenando? –se burló Salamon comenzando a reír –no nos vengas con esos cuentos, eres demasiado comodón para entrenar o hacer un sobre esfuerzo jajaja ¿y que hay con ese pelo? Te ves muy gracioso –continuó la cachorra acercándose para tocarlo
-¡O… o… oye, espera, no te me acerques! –reaccionó Gazimon tratando de alejarse.

Salamon no le hizo caso y lo tocó, pero inmediatamente se arrepintió ya que sintió una descarga eléctrica.

-¡¡Aaaaaah!! –gritó ella soltándolo de inmediato pero quedando algo chamuscada –¡¡porque rayos hiciste eso!!
-¿Qué te pasó? –preguntó Hitomi sin comprender.
-¡Gazimon me atacó! –se quejó la cachorra.
-¡No es cierto! –se defendió el aludido.
-¡Me electrocutaste!
-¡Que no! Es que… mi cuerpo está algo sensible –explicó el semiconejo.
-¡¿Acaso te metiste en una secadora gigante?! –exclamó Salamon sin creer nada.
-Mmm… no exactamente pero…
-Ya basta Gazimon, no tienes que explicarle nada –lo regañó Jos mirándolo con seriedad –mejor ya vámonos
-¿Y a dónde van? –preguntó Nahila extrañada.
-Vamos a ver a Dom y Alan –respondió el estafador –supongo que en este momento están entrenando como es su obvia costumbre

Si antes Nahila tenía un extraño presentimiento ahora si estaba realmente confundida. ¿Desde cuándo Jos iba voluntariamente a ver a Dom y Alan especialmente cuando están entrenando? Era algo muy raro, y de por su los miembros de ese equipo no eran precisamente normales.

-Alto –articuló ella reaccionando al fin –¿acaso olvidaste que nos veríamos en tu departamento después de ver el resto del edificio?
-Ah claro… –asintió Jos pensativo –bien ustedes vayan y luego yo las alcanzo –dijo pasándole sus llaves

Todos parecieron estar de acuerdo, pero antes de alejarse Jos detuvo a Nahila y le dijo en voz baja con una cómica seriedad.

-Más te vale que no le quites los ojos de encima a ella –refiriéndose a Hitomi –no quiero nada roto cuando regrese
-Tranquilo, yo la vigilo –articuló Nahila comprendiendo la preocupación de su amigo.

Luego de un rato Jos y Gazimon llegaron a un parque cercano, y como lo había predicho tanto Dom, Alan y sus digimons se encontraban ahí en medio de una pelea que ya casi terminaba.

-Eh… Jos, no sé si esto es una buena idea –opinó Gazimon con cierta duda.
-Tenemos que pasar a la práctica si queremos que esto funcione –explicó el joven de ojos púrpuras –no puedes volar como Hawkmon, ni tienes tanta fuerza física como Monodramon y Dracomon, así que esto es nuestra mejor opción


En un laboratorio oculto dentro del edificio de la empresa. Tan solo dos horas antes, se llevaba a cabo un cuidadoso procedimiento.
Gazimon estaba sentado en una extraña silla con dos bandas enrolladas en sus brazos y conectadas a varios cables que le pasaban electricidad poco a poco.

-¿Cómo vas? –preguntó Jos.
-Bien, creo… esto es algo incómodo –respondió el digimon soportando esa molesta sensación en el cuerpo, además que su pelo comenzaba a esponjarse por la estática.
-Señor, en los últimos 5 procedimientos que hemos hecho el voltaje de Gazimon se ha duplicado exitosamente –informó uno de los hombres de bata que estaban ahí –si seguimos así podríamos triplicarlo en cuestión de dos semanas o menos
-Muy bien, ¿su poder de fuego será mayor?
-Mucho mayor, claro, suponiendo que pueda controlarlo todo, le costará bastante trabajo
-No importa, siendo realista Gazimon nunca tendría mucha fuerza física, pero con esto quizá no lo necesite…
-Jos, ¿crees que esto es buena idea? –preguntó el mitad felino.
-No te preocupes, todos tienen su propia forma de fortalecerse –respondió él con cierta ironía –otros entrenan en batallas todos los días y nosotros utilizamos la tecnología del abuelo…


Siguieron caminando, pero de repente se sintió un gran golpe en el árbol que estaba a su lado, luego se vino abajo y por poco los aplasta. Al divisar mejor notaron a Monodramon en el piso frotando su cabeza apoyado sobre el árbol caído por el impacto.

-Auch… fue un buen movimiento –aceptó Monodramon levantándose.
-¡Gracias! –respondió el ave volando un poco más alejado.
-¡¡Ey!! ¡¿Acaso quieren matarnos?! –exclamó Gazimon.

La pelea concluyó, todos parecían extrañados de ver a ese par ahí.

-Realmente me gustaría oír la explicación que les darán a los cuidadores del parque de cómo quebraron este árbol –comentó el timador con sarcasmo.
-¿Y ustedes que rayos hacen acá? –preguntó Dom.
-Pues ya que están en su entrenamiento habitual pensé que podríamos unirnos por hoy Gazimon y yo –respondió el timador muy tranquilo.

Hubo un largo y gracioso silencio incómodo.

-Habla en serio, ¿en realidad para que viniste? –cuestionó Alan sin creer nada.
-¿Acaso no puedo ocuparme alguna vez de la condición física de mi digimon? –preguntó el timador.
-Supongo que sí, pero Gazimon lleva más de un año contigo y jamás lo has hecho –refutó Dom con tono de burla.
-Siempre hay una primera vez –admitió Jos –¿y bien? ¿Quién está dispuesto a echarnos una mano?
-No cuenten conmigo, sería una pérdida de mi tiempo –dijo Monodramon quitándose el polvo.
-De acuerdo, yo lo haré –aceptó Hakwmon ya que era el más amable de los presentes –si Gazimon está dispuesto a tomar su trabajo más en serio con gusto lo ayudaré ¿Estás de acuerdo Alan?
-Haz lo que quieras –dijo el argentino sin darle mucha importancia.

Dicho esto ambos digimons optaron por su posición de combate para el entrenamiento.

-¿Estás listo? –preguntó el ave.
-Supongo –respondió Gazimon no muy convencido.
-Bien, entonces dejaré que tú empieces –dijo Hakwmon sonriendo.
-Más te vale que no tengas tanta consideración con enemigos de verdad –lo regañó Alan recargado en un árbol y cruzado de brazos.

Gazimon cerró sus puños comenzando a cargar electricidad en su cuerpo como era su costumbre antes de pelear. Sin embargo notaron algo extraño, su cuerpo empezó a brillar más de lo normal por la gran cantidad de electricidad, luego de unos segundos casi no se le distinguía, solo parecía una bola eléctrica disparando pequeños rayos alrededor.

-Oye Jos ¿Qué diablos está haciendo tu digimon? –preguntó Dom.

El millonario no respondió, quizá porque ni él sabía que ocurría. Gazimon abrió las manos apuntando al ave, pero el cuerpo del mitad felino brilló aún más comenzando a cegar un poco a Hakwmon que era el que estaba más cerca.

-¡Ya es suficiente! ¡¿Qué le pasa a tu digimon?! –cuestionó Alan comenzando a ver que algo andaba mal.
-Eh… bueno… –balbuceó el timador sin saber que decir.

Finalmente se escuchó una explosión y el brillo eléctrico segó a todos los presentes. Pasaron varios segundos antes de que alguien pudiera ver algo. Luego de un rato lograron divisar la situación. Hawkmon se encontraba intacto y sin ningún daño, y había un pequeño cráter donde estaba Gazimon. Todos comenzaron a pensar algo realmente malo pero luego lograron ver al mitad conejo como a 20 metros en el suelo seminconsciente.

-¡Oh rayos! ¡¿Amigo, estas bien?! –exclamó Jos preocupado corriendo hacia su digimon.
-Aayayaaaay… –balbuceó Gazimon medio chamuscado.
-¿Que te ocurrió amigo? –preguntó Hakwmon.
-Hasta yo sé que eso no fue normal –agregó Monodramon confundido.

El estafador ayudó a levantar a su digimon que permanecía mareado.

-Bueno, supongo que fue suficiente –articuló Jos tratando de fingir naturalidad –mejor nos vamos y seguimos otro día
-¡Ey, ey! ¡Alto ahí! ¡¿Que fue todo eso?! –gritó Dom molesto.
-¡¿Y yo que sé?! –respondió Jos –supongo que fue un mal movimiento
-A mí me pareció más que eso –refutó Alan no muy convencido.
-Realmente me gustaría discutir esto, pero Nahila y Hitomi me esperan en mi departamento –explicó el joven de ojos púrpuras comenzando a alejarse, pero si gustan pueden acompañarnos…

La situación era demasiado inusual, no era algo muy común, por lo tanto Dom y Alan aceptaron la oferta pues quizá averiguarían la razón de la extraña escena anterior.

-Bien, eso pudo salir mejor –dijo Jos en voz baja a su digimon.
-Te dije que no resultaría –asintió Gazimon.
-Tu cuerpo resiste cargas grandes de electricidad, pero no tienes idea de cómo usarlas o expulsarlas –argumentó el timador –debemos cubrir ese detalle

Finalmente todos subieron al automóvil del millonario para retornar al edificio principal de las Industrias J.M. donde Nahila y Hitomi las esperaban.


Bueno, [MENTION=497372]Acero_la12[/MENTION] te toca, tratemos de ir un poco más rápido para que no nos vuelvan a cerrar.XD
Ya les di la pauta. Una cosa sobre eso, recuerden que esto es después de adventure 01 pero antes de adventure 02, asi que cuidado con estar escribiendo sobre cosas que pasaron en adventure 02 porque eso aun no pasa, como mencionar a los elegidos de esa generación por ejemplo, lo demás pues no habrá problema, sientanse libres de escribir lo que quieran.
 

El único campeón de Mortal Kombat.
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Si cometí un error, pido disculpas y lo arreglaré en la brevedad.

El trío de humanos no habló en todo el viajoe. Mientras que Jos estaba distraído con su digimon, Alan observaba a éste, Hawkmon y Monodramon hablaban sobre historia humana y Dominique simplemente pensaba algunas cosas sobre el rumbo de su vida.

—"Poco y nada me importa Jos, su digimon y lo que ocurrá en el Mundo Digital o éste, yo deseo mantener a Alan, nuestros digimon y a Carol protegidos" — los pensamientos del único muchacho armado en la limosina, eran extraños en él —. "No sé que ocurré con Alan o Nahila, y ni siquiera se sí a Jos le gusta Hitomi, es viceversa o recícrpo; es algo que no me incumbe en lo absoluto, sino, que debo proteger a Carol, porque estoy enamorado de ella y eso hace que mi interés a las demás chicas sea nulo" — pensaba, más serio que nunca.

Al paso de un rato, los tres muchachos llegaron a las Industrias J.M., donde Alan sé mostró muy impresionado por la industria en sí —ya que nunca había estado en la misma —, pero Dominique no mostraba el menor interés en ello.
Su actitud les extrañaba tanto a todos, que tanto Alan como Jos le preguntaron sí se sentía bien, cosa que él afirmó con su cabeza.

—Llegamos, él último piso; y aquí están Hitomi y Nahila — pronunció Jos, como sí el viaje con ambos compañeros fuese una tortura para él.
—Que interesante... — Dominique pasó callado mientras Alan sé seguía quejando.

Los muchachos caminaron hasta una sala. Cuando los muchachos entraron, vieron a Nahila, Hitomi, Plotmon y Dracomon viendo la televisión. Alan, Jos, Dominique, Monodramon, Gazimon y Hawkmon entraron al lugar, cada uno a su forma particular: Jos fijándose sí Hitomi rompió algo, Nahila y Alan discutiendo, y Dominique sentándose en un lugar de manera silenciosa.

—¿Qué le pasa, Alan? Normalmente, tú amigo es serio e insulta, pero ahora sólo está serio — Nahila paró la discusión, al ver que Dominique miraba la pared, como sí perdido estuviese.
—No tengo idea, simplemente estuvo así todo el viaje y lo sigue estando hasta ahora. A juzgar de como lo conozco, debe estar dubitativo con algunas cosas.
—¡¿Dubita qué?! — preguntó Hitomi, entrando a la conversación.
—Nada, chica, nada — la castaña estaba fastidiada con su amiga.
—¿Por qué estamos aquí? — preguntó Dominique, hablando por primera vez en todo el rato.
—Bueno, los reuní para hablar un poco, además, podemos estar con nuestros digimon — respondió Jos.
—¡Oigan, somos nosotros en la Tele! ¡Y nos comparan con los Elegidos!

Lo que decía Plotmon era una gran verdad: los noticieron tenían imagenes de los últimos ataques a la ciudad de estos — cuando los digimon de cada uno pelearon contra otros, la persecución de los Falcomon y otras más —. Luego, comparaban esto con la pelea de los Niños Elegidos contra Apocalymon.

—Es increíble que nos comparen con ocho tipos que salvaron el mundo — mencionó Alan.
—Yo creo que lo de Apocalymon no es gran cosa, el tipo sé mató sólo — dijo Nahila, por su parte.
—Pues yo los veo como grandes guerreros — comentó Hitomi.
—En mi opinión, son dignos y valientes — Jos hizo valer su opinión con el resto —. Chicos, soy yo, ¿o Dom está en otro mundo?
—Pues sí, no habla prácticamente, lo veo muy desorientado — comentó la castaña.
—Muchachos, ahora es mejor preocuparnos de que salimos en la Televisión.

En efecto, Hawkmon tenía toda la razón: ellos habían salido en la televisión y eso sería un gran problema para todos, pero, afortunadamente, todos se habían salvado, ya que la cámara que había filmado esas escenas, no llegó a enfocar las caras de ellos, así que sintieron un alivio enorme.

—¡Nos salvamos! — gritó Hitomi, abrazando a todos —, ¡Pero salgo gorda!
—Luego demandas a la televisión por eso, ahora es hora de... ¡Celebrar! — gritó Jos.
—Antes de eso, ¿qué creen que pasó hace un año?

Nahila había plantado la semilla de la duda: ellos no sabían casi nada, sólo la pelea contra Vamdemon y la victoria ante Apocalymon, pero fuera de ello, no sabían nada de nada sobre el Mundo Digital.

—Seguro tuvieron otros enemigos, Nahila. Realmente, no nos matemos pensando en eso — el millonario estaba feliz.
—Yo propongo que mejor hablemos de esto, porque es algo importante.

Hitomi había dado una "órden", pero ciertamente, ella decía la verdad, así que los que estaban parados sé sentaron y comenzaron a hablar — mientras Dominique seguía pensando en sus cosas —-

En fin, si hago que tengan que modificar algo, pido perdón, pero le deje espacio para que los demás puedan plantear las "hipótesis".

Saludos cordiales.
 

Moderador
Si me faltó algo, me dicen:

Hablar de lo que le sucedió a los otros ocho elegidos no era sencillo. Aunque la televisión estaba colocando poco a poco los vídeos de todo lo que había pasado con las extrañas criaturas, no podrían descubrir que pasó desde el principio. Estaban interesados, en parte porque ellos nunca viajaron al digimundo, y también para ver si conseguían entender algo a lo que pasaba con sus digimon, el por qué ahora de repente aparecían enemigos en su ciudad y los atacaban a ellos y a sus compañeros.

Trajeron un poco de comida al salón para amenizar la charla, a pesar de que Dom estaba bastante callado y serio, los chicos le ofrecieron una bebida. Alan fruncía el ceño sin saber muy bien qué decir, habían acordado no mostrar sospechas, pero su amigo lo estaba haciendo bastante mal. Por otra parte, Hitomi parecía que estuviera en su casa, lo cual molestaba a Jos porque estaba ensuciando el caro sofá de migas de pán. Nahila y Gatomon observaba con interés el vídeo que mostraban ahora.

Bueno, ya sabíamos que una de las elegidas tenía como compañera también a Gatomon —dijo Nahila—. Aunque esa niña la veo muy pequeña.

No fastidies, ahí todos son unos enanos infantiles —contestó Alan—. Sólo mírenlos, no tendrán ni doce años.

¡Pero protegieron la Tierra y el Digimundo! —replicó Hitomi, orgullosa.

Seguían poniendo imágenes de las peleas que habían mantenido ellos contra los digimon que habían atacado la ciudad hacía pocos días. Hitomi saltaba algún comentario por como la sacaban, aunque para suerte o desgracia de algunos, nunca salían sus rostros por completo, y difícilmente podrían saber qué se trataban de ellos. Si por algo se les conocía, es que eran un grupo donde ninguno de ellos tenía más que amigos que el equipo en sí.

Supongo que eres el que más desea que no te vean —dijo Nahila dirigiéndose a Jos.

¿Por qué piensas eso, amiga?

A tu familia la conoce todo el mundo, si descubrieran que un integrante es un elegido, te llenarían la casa de periodistas haciéndote preguntas.

¡Y más te valdría no contar nada de nosotros! —exclamó Alan.

Mejor sería preocuparnos por cosas más serias —protestó Dom, hablando por primera vez después de tiempo.

Se quedaron callados sin saber que decir y preguntándose de nuevo que mosca le picaba a Dom. Se encogieron de hombros y volvieron la vista a la televisión. Ahora mostraban un vídeo de Myotismon, el cual no hizo esperar comentario de los presentes:

Estos tipos no tuvieron contrincantes dignos. Sólo miren lo marica que parece.

Pues parece que les costó derrotarle, Alan.

¡Por qué todos son unos debiluchos, Hitomi!

Tal vez deberíamos prestar atención a los movimientos del vampiro, aunque sea marica, Alan, quién sabe si nos tocará luchar contra uno igual. Ya no me impresiona nada —murmuró Nahila.

¿Qué te hace pensar eso? —preguntó Jos.

Pues que ya es extraño que las Cuatro Bestias Vagas digan que el porta esté cerrado y aparezcan digimon para atacarnos. ¡Y los peores fueron esos Falcomon! ¡Vinieron a matarnos, Jos!

Pero al menos nuestros compañeros están con nosotros. ¿No vale la pena?

Ninguno respondió. Se quedaron mirando al millonario sin saber que decir. Sí les gustaba estar en compañía de sus amigos digitales, pero tampoco querían vivir en la ignorancia; querían descubrir que sucedía.

Continuemos viendo la tele —opinó Nahila.

Se quedaron observando una pequeña batalla que transmitían. Se trataba del mismo Myotismon peleando contra una especie de licántropo azul y un ángel famélico que portaba un báculo, no tardaron las risas de Alan y los comentarios de Hitomi alabándolos. Pero de repente, como había pasado antes, lo cambiaron a una lucha de ellos, esta vez una de Nahila.

La muchacha y Dracomon se dieron cuenta que la imagen se trataba del momento en que combatían contra el Gorila con brazo robótico.

Eso sí fue una batalla de verdad, ¿eh? —sonrió el dragón azul.

Todos quedaron en silencio al escuchar las palabras que decían en la televisión:

Señores, todavía no sabemos con certeza que está pasando este año. Creíamos que el anterior sería el último para acabar con el sufrimiento de los ataques de esas criaturas, pero no, están volviendo a destruir nuestra vida.

Callaron y volvieron a poner vídeos de peleas.

No sé a quién le toca XD Pero llamo a los dos que van a continuación: [MENTION=1021791]Hikari Motomiya[/MENTION] [MENTION=485095]ElohimEditor[/MENTION]

Hay algo que me extrañó mucho de tu post, [MENTION=497372]Acero_la12[/MENTION] Fue esta frase que me hizo reír un poco y sorprenderme al mismo tiempo:

No sé que ocurré con Alan o Nahila, y ni siquiera se sí a Jos le gusta Hitomi, es viceversa o recícrpo; es algo que no me incumbe en lo absoluto, sino, que debo proteger a Carol, porque estoy enamorado de ella y eso hace que mi interés a las demás chicas sea nulo
¿A qué viene esto XD? En serio, es como si pusieras que Nahila y Hitomi están detrás de Dom. Otra es que está serio y se pone a pensar en parejas de Alan y Jos XD La verdad, no le vi mucho sentido.
 

El único campeón de Mortal Kombat.
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¿A qué viene esto ? En serio, es como si pusieras que Nahila y Hitomi están detrás de Dom. Otra es que está serio y se pone a pensar en parejas de Alan y Jos La verdad, no le vi mucho sentido.
A nada en sí, sólo quería mostrar lo que le pasaba a Dominique y cuan enterado e interesado estaba en su entorno.
 

"The Heir of Chaos"
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Mi turno; cualquier error o falta de algo, comuníquenmelo por favor:

La siguiente pelea era una grabación de lo sucedido en la Torre de Tokio, que aun en la actualidad continuaba en reparación. Se podían ver a Birdramon, Kabuterimon y Metalgreymon batallando sobre el mirador de la torre contra SkullMeramon.

- Ya lo decía: son patéticos. ¡¿Dos digimon en etapa adulta y un ultra para derrotar a un mísero ultra?! Pfff... Eso es ser muy débil.
- Alan… ni los conoces y ya te pasas criticándolos.
- Pero es que tengo razón, Hawkmon. Es decir; si para el vampiro de porquería necesitaron dos digimon, ya me dice lo débiles que son.
- Evidentemente para nuestro amigo, los primeros Elegidos de las Bestias Sagradas son un asco. –agregó Nahlia- Odio admitir que concuerdo… en parte.
- ¡Ay, Nahlia! No seas tan malas con esos chicos; son como nuestros modelos a seguir.

Esa fue la primera ocasión en que los tres varones del grupo se pusieron a reír a carcajadas; ni Dom, que había permanecido serio toda la noche, ni Alan con su actitud de ignorar las tonterías de Hitomi, o Jos que buscaba no responder a las estupideces de la chica pelirroja. ¿Pero cómo no reírse si para los tres aquellos Elegidos de la nueva generación la primera se veía tan patética, débil e inútil?

- Ay, ay… -se calma Jos de tanta carcajada- Nunca me había reído tanto estando junto a ustedes… A veces me olvido de lo graciosa que eres, Hitomi.
- Mmm… No quise ser graciosa.
- En fin; -interrumpió Dom- Me gustaría discutir acerca de lo ocurrido en estos días.
- ¿Cómo que, Dom? –le preguntó Monodramon- Hay digimon malos, nosotros los matamos: fin del drama.
- Así no funcionan las cosas -lo corrigió Hawkmon-: él se refiere a que rayo pasa con las Bestias Sagradas.
- Yo te las resumo: son flojas… muy flojas. Tan flojas que en lugar de llamar a sus Elegidos originales, nos llamaron a nosotros. En resumen: los tiraron al tacho de la basura.
- No lo hubiera dicho mejor, Alan.
- Dracomon, no le des alas… -lo recriminó su compañera- Aunque lo dijo bien.
- Dudo que los Soberanos del Digimundo sean así de holgazanes… Yo creo que hay cosas que se les escapan. Ni que sean perfectos.
- A, esa D’arcmon azul fue muy grosera con nosotros. –se quejó Salamon- Ni siquiera nos avisa si pasa algo malo. A veces creo que ella tiene algo que ver.
- Lo dudo. –le respondió Dracomon- Podrá ser grosera, pero no es estúpida: si desobedece a sus jefes, lo pagará caro.
- Capaz no sea cosa de ella; sigo creyendo que…
- ¿A alguien no se le antoja algo para tomar? –preguntó Jos a sus amigos, interrumpiendo los pensamientos de Alan- ¿Agua, jugo de frutas, un soda, chocolate? Ustedes pidan.


¿De quien es turno ahora [MENTION=464316]J.M.[/MENTION]?
 

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En la sección A en el subterráneo de las industrias J.M. la enorme maquinaria finalmente estaba finalizada. Trabajadores abrían botellas de champaña celebrando el gran logro. La antena estaba lista para probarse.​

-No es el momento de celebrar –dijo el ingeniero a cargo –debemos dar el informe. Por el momento contactar al señor Marcos es imposible, pero me dio instrucciones de dar el aviso a su nieto…
-Si señor
-Ah, y contacten a la sección B, algo me dice que tendrán otro trabajo hoy…



Las imágenes en la televisión continuaban una por una, sin embargo a cada momento el grupo le prestaba menos atención a ello y se concentraban más en los problemas recientes. Jos abría la puerta para recibir al empleado con el carrito lleno de los bocadillos que había solicitado.
El timador aun no podía entender porque sus compañeros estaban tan profundizados en el tema y misterios del digimundo considerando que antes era algo por lo que sentían indiferencia, antes solo se trataba de defenderse sin jugar a los investigadores. Por otro lado aunque le había hecho gracia la idea de ser como los 8 elegidos “supremos” la discusión de poderes era dudosa aun. Que esos niños fueran o no unos debiluchos por el momento era irrelevante ya que ninguno del equipo había logrado llegar si quiera al nivel ultra, y las probabilidades de lograrlo pronto eran escasas ya que el único método conocido hasta ahora era por medio de supuestos emblemas que solo fueron reservados para los elegidos predilectos. Pero claro, solo eran tecnicismos, a veces es posible torcer un poco la mano del destino…
Sus pensamientos fueron interrumpidos por la pelirroja que pedía más bocadillos.​

-¡Oye Jos! ¡aquí hace falta más comida! –exclamaba Hitomi con una enorme sonrisa
-¡Este no es un hotel con servicio a la habitación! –respondió el timador molesto.
-Dijiste que podíamos pedir lo que queramos, ¿Cómo desperdiciar las pocas acciones de amabilidad que haces con nosotros? –se defendió ella –ah y no me molestaría si traes un carrito de postres completos, como helados, pasteles, algunos de esos postres ingleses de los que vi en televisión y…
-¡Oye alto, alto, mi familia también le paga al FISCO! –reclamó Jos graciosamente –bueno… en realidad no, mi abuelo es muy astuto para esas cosas y… ¡pero ese no es el asunto!

Antes de seguir la conversación afortunadamente sonó el teléfono el joven de ojos púrpuras se apresuró a responder, era una llamada que no esperaba.

-Buenos días, llamo a este único número que el señor Marcos J.M. Morns nos proporcionó, para informarle que por accidente dejó una de sus maletas en nuestro hotel y quisiéramos saber a donde debemos enviárselo para…
-Un momento, un momento –interrumpió Jos sin comprender nada –temo que no entiendo, ¿Quién es usted? ¿De dónde me hablan?


Al recibir la respuesta quedó aún más confundido.

-¡¿De Alemania?! ¡¿Qué hace mi abuelo en Alemania?! –cuestionó extrañado, sin embargo era obvio que no conseguiría la respuesta de ese hombre, solo le informó que su abuelo pasó un día en ese hotel de las afueras y luego se marchó en una expedición con un centenar de personas –está bien… mandaré a alguien para que recoja esa maleta…

Colgó el teléfono, pero no regresó con sus amigos, prefirió meditar un momento lo que había oído.

-Se supone que el abuelo iría a diferentes países a vigilar sus negocios, pero Alemania no era uno de ellos, además… ¿Por qué iría a un país al que juró que nunca regresaría ni muerto? Quizá fue por algo grande… Diablos, como quisiera que el abuelo mi contará más sobre sus planes…

Inmediatamente el teléfono volvió a sonar, Jos se apresuró en levantarlo extrañado de la situación.

-Joven Jos le llamo para informarle que la ANT-IT 9.5 está terminada en su totalidad, incluyendo las… mejoras y actualizaciones secretas que nos solicitaron y como lo ordenaron no aparecerá en los registros –habló alguien del otro lado de la línea –su abuelo nos dio instrucciones de que le informáramos a usted ya que posiblemente querrá hacer una prueba antes de anunciarla por los medios públicos
-Excelente –articuló el timador sonriendo –¿ya contactaron a la sección B?
-Sí, dijeron que están listos para… proceder
-Entonces que lo hagan ya, yo estaré en la sección A en unos minutos para probar personalmente la antena

Mientras tanto sus compañeros continuaban con lo suyo.

-¿A alguien no le parece extraño que Jos nos invitara a venir a su departamento solo para ver el noticiero? –preguntó Dom al fin.
-A mí me invito antes y supongo que convencí a Jos de que aceptara a Hitomi, pero no sabía que ustedes vendrían –comentó Nahila sumándose a la sospecha.
-Sin mencionar que es la primera vez que Dom y yo estamos aquí –dijo Alan –además se arriesgó para que todos nuestros digimons también vinieran
-Mmmm… saben, es como si Jos hubiese querido reunir a todo el equipo aquí este día –comentó la pelirroja sin dejar de comer y sin mucha seriedad.

Les fue imposible adentrarse más en el asunto ya que inmediatamente sintieron un enorme temblor que los sacudió de improviso.

-¡No! ¡¿de nuevo tan pronto?! –se quejó Nahila sospechando lo que estaba pasando.

Se asomaron por la ventana y sus temores fueron confirmados. Divisaron a lo lejos a un gran número de Geogreymons marchando en fila y dañando todo en su marcha.


-¿Acaso no podemos descansar un solo día? –se fastidió Hitomi.
-Al parecer no, ¡vamos Hawkmon! –exclamó Alan.

Todos se sumaron, pero Nahila notó algo.

-¿Y dónde se metieron Jos y Gazimon? –preguntó –no hay forma de que no oyeras ese desastre…
-¡Si a esos perezosos les importa ya nos alcanzaran! –articuló Dom –¡nosotros no podemos perder el tiempo!



[MENTION=497372]Acero_la12[/MENTION] te toca

Ya les di a cada uno su pauta, y aunque deba ser diferente el post de cada uno ya pueden comenzar con el suyo pues esta vez es un poco más complicado.XD Suerte, y perdonen el retraso, tuve que reescribir todo porque no funciona mi computadora, asi que comenzare a escribir en mi laptop desde ahora.XD En serio, las pautas que les di son un poco más difíciles esta vez especialmente al hacerlas en orden, asi que si no entendieron algo me preguntan.

Suerte a todos y ahora me voy a ponerle al al dia con el foro.XD
 

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—¡¿Qué demonios fue eso?! — gritó Nahila, al sentir otro temblor.
—¡Unos Greymon! — exclamó Alan, al ver a una manada de digimon corriendo hacia el norte.
—¡Son unos Geo Greymon! — replicó Hitomi, sorprendiendo a sus amigos —; sí, sé bien como son las especies y sus variaciones.
—¡Oigan! ¿alguien ha visto a Dominique y a Monodramon? — preguntó el único varón del grupo.

Sin que estos sé den cuenta, Dominique y Monodramon, habían dejado el lugar para dirigirse a donde éste vivía.

—Estos dos están raros — comentó el chico.
—Creo que mejor los dejamos solos, porque ahora tenemos que irnos y rápido — comentó una apurada Hitomi.

El trío decidió separarse, y, cada uno, encontró a un Geo Greymon en el camino.
Desgraciadamente, Coredramon y Aquilamon atacaron a la manada y la dispersaron.

—¡Idiotas, ambos! — les pegó la pelirroja.
—Mejor vayamos por separado — comentó Tailmon, yéndose con Hitomi.
—Claro, como dígas... — dijeron ambos, sorprendidos por la ira de su amiga.+

Mientras tanto, Dominique y Monodramon decidieron correr a buscar algún causante de la repentina aparición. El humano creía que su compañero de armas tenía algo que ver en esto.

—¡Vamos, Monodramon!
—¡Sí, Dominique!

Ambos corrieron hasta encontrarse a un Geo Greymon, el cual, sé había perdido de su grupo.

—¿Qué buscan, salvajes digimon? — preguntó Monodramon.
—¡Nuestra manada viene en paz, humanos! ¡No queremos pelear!
—Entonces dejen de destruír la ciudad — comentó el humano.
—¡Entiende que sólo estamos perdidos, idiota! — le gritó, atacando a Dominique.

El humano sé imagino esto e hizo evolucionar a Monodramon, que lo protegió como Tyranomon.

—Atacar a un humano es malo, pero atacar a mi amigo es un grave error, chico.
—Que raro... — dijo el dinosaurio naranja.
—¿Qué? — preguntaron ambos.
—Los Tyranomon son gordos en general, pero tú estás flaco.
—Hice dieta.
—Entiendo. De todas maneras: ¡pagarán por atacar mi manada y traernos aquí!
—¿Qué?

Pero antes que Dominique reaccione ante eso último, el dúo sé estaba batiendo a duelo. Un forcejeo era poco para éstas bestias — que daban todo de sí —.

—¡Mega Flama!
—¡Aliento de Fuego!

Ambas bestias sé lanzaron los ataques al rostro del otro, quemándose ambos en el proceso. Tyranomon sé levantó y le dio un culatazo a Geo Greymon, que respondió con una bola de fuego a Tyranomon, dañándolo levemente.

—¡Esto no termina aquí! ¡Uñas Verticales!
—¡Muéstrame que tienes, nene! ¡Impulso de Cuerno!

Ésta vez, los digimon volvieron a hacer otro forcejeo, chocando y atacándose entre sí mientras sé empujaban con sus cabezas.

—¡Deja de romper todo con tú maldita manada! — ordenó el dinosaurio rojo.
—¡Oh, claro; el que me habla con amor me lo dice! — respondió con sarcasmo, el dinosaurio naranja.
—"Tengo que pensar algo que lo distraiga y le de la victoria a mi amigo" — pensaba el humano, mientras veía a unos Geo Greymon cerca de allí.
—¡Dino Patada! — exclamó, dándole una patada fuerte a Geo Greymon y logrando que pierda el equilibrio.
—¡Maldición! Pero no me vencerás: ¡Mega Rugido!

Geo Greymon emitió un poderoso rugido que rompió los vidrios del lugar y dejó a todos los presentes — incluído éste —, sordos por unos momentos.
Los dos dinosaurios comenzaron a embestirse en tanto, para ver si alguno lograba derrotar al otro — cosa que no sé veía posible —.
Tyranomon le dio un culatazo a Geo Greymon, y esto le dio una idea a su amigo humano:

—¡Lo tengo! — gritó el humano, por suerte, Geo Greymon aun no recuperaba el oído.
—¿Tienes un plan?
—¡Tacklealo y luego ataca con fuego!
—Entendido — respondió, no muy seguro del plan —: ¡Destructor Salvaje! — gritó, rodeando de fuego su cuerpo y embistiendo a un Geo Greymon aturdido — ¡Aliento de Fuego!

El ataque fue letal: Geo Greymon no pudo recuperarse del primer ataque y no pudo siquiera cubrirse del segundo. El digimon quedó incosnciente y ambos decidieron dejarlo en paz.

—No lo mates, Tyranomon. Es pacífico.
—Como digas — repsondió —. Viejo, creo que mejor vamos a donde está la manada.

Ambos decidieron seguir a un grupo de esos Geo Greymon.

—No sé si podremos detenerlos, ya que, son demasiados — mencionó el humano, viendo como los salvajes los superaban en números... y en grande.

Iba a poner algo de los restantes, pero no quiero cagar algo si lo tienen hecho, así que mejor no puse nada. Decidí darle unos toquecitos al tema de la manada, ya que no tiene gracia que sea 5 vs 1, así que mejor que se separen — sino, los buenos pierden y feo xD—.

No tuve tiempo como para colgarlo, lo lamento. Sigue [MENTION=517717]Soncarmela[/MENTION].
 

Moderador
¿Este Dom se cree que él solo podrá derrotar al resto? —bufó Nahila.

¡No te preocupes Nahila, yo te protegeré!

¡No necesito que lo hagas, Hitomi!

Dejen de hablar estupideces y peleen, panda de nenitas —objetó Alan.

Alan se fue con Aquilamon y mientras que atacaba a uno de los GeoGreymon se fue volando hacia otra parte. Lo mejor sería que no estuvieran muy juntos en sus batallas, porque eso dificultaría las peleas de cada uno. Pero Hitomi insistía en querer ayudar a su amiga, así que Nahila y Coredrmon no tuvieron otro remedio que quedarse en la misma zona.

A pesar de estar enfadas porque Dom los había dejado contra un Geo a cada uno, algo que era insultivo, porque él se había marchado detrás de todos los demás dinosaurios feroces, también estaban preocupados por su amigo. Él podría tener mucha confianza en su compañero y la fuerza que decía tener superior a todos, pero era imposible que pudiera derrotar a tanto digimon sin ayuda. Por eso los chicos querían terminar pronto con sus adversarios individuales.

Pero aquello no era sencillo en absoluto. Pronto se dieron cuenta que las fuerzas eran muy parejas y que aquellos digimon salvajes atacaban con todas sus energías. Nahila y Hitomi se separaron un poco y comenzaron sus propios batallas. Coredramon y Gatomon se dijeron unas palabras de animo y empezaron a centrarse.

Debemos crear una estrategia —dijo Nahila—. Coredramon, dale un poco de guerra a ese digimon y así podré observar sus movimientos y qué tipo de ataques suele utilizar.



Coredramon rugió y golpeó a su enemigo con las alas antes de darle una patada e impulsarse hacia arriba, riéndose de su enemigo sin darse cuenta que todavía quedaba bastante pelea.

Ponte serio, Coredramon —regañó Nahila.

¡No hay de que preocuparse, voy a destrozarle!

Batió las alas con más fuerza y se precipitó contra GeoGreymon, pero este ya se había recuperado del susto, así que se enfrentó a él escupiendo una llamarada de fuego que impactó de pleno contra Coredramon. El dragón azul abrió los ojos al máximo, impresionado e hizo una mueca de dolor.

Coredramon, no te confíes. ¡Pelea en serio!

Está bien, está bien.

Mientras tanto, Gatomon tampoco lo estaba teniendo fácil. A pesar de haber comenzado muy bien, golpeando al dinosaurio en la cabeza, no había logrado arañarle los ojos para dejarle ciego y tener la victoria asegurada. Tenía la ventaja de la velocidad y mejores reflejos que su enemigo, pero desventaja en fuerza bruta y ferocidad, lo que hacía que la batalla estuviera en igualdad de condiciones.

¡Vamos, Gatomon! ¡Atacale, hazle frente! ¿Acaso tienes miedo, eh?

Más que animarla, la pelirroja no dejaba de burlarse, porque Gatomon al final había decidido observar a su adversario e investigar sus puntos débiles, pero teniendo a Hitomi detrás diciendo palabras de cobardía no la ayudaba para nada. La gata esquivó otro coletazo y saltó hacia arriba; el rostro de GeoGreymon estaba al descubierto:

!Ojos de Gato!

El enemigo enseguida se dio cuenta que no era capaz de moverse. Gritaba en su interior por poder liberarse de aquel ataque paralizador, pero no movió ni un solo músculo a pesar de sus intentos. Gatomon sonrió, triunfante, se dejó caer al suelo y miró al dinosaurio, como pensando que hacer a continuación.

¡Venga, acaba con él! !Tengo que ir a salvar a Nahila!

Gatomon cerró los ojos y trató de tranquilizarse. GeoGreymon seguía paralizado, pero su odio crecía al igual que su fuerza y en cuanto se liberara de ese embrujo no dudaría en atacar a la gata con todas las energías.

Ay, yo pensaba que serías capaz de derrotarle enseguida, pero nooo. Me toca esperar.

¡Ojos de Gato!

Volver a utilizar el ataque contra el GeoGreymon no era efectivo porque todavía tenía el anterior, pero esta vez no fue para inmovilizar al enemigo, sino para que Hitomi se callara. La humana se había quedado con los ojos abiertos, las manos hacia delante y las cejas alzadas por la sorpresa.

Que guapa estás quieta y callada —dijo Gatomon, saltando para tocarle la cabeza como si fuera un perro.

Bajó de la cabeza de su compañera humana y volvió acercarse a GeoGreymon, pero el tiempo ya había pasado mientras que hacía tonterías. El dinosaurio ya podía moverse e iba corriendo a mucha rapidez a por la gata.

Oh, demonios —masculló Gatomon.

¡Impulso de cuernos!

Gatomon esperó hasta el último momento para esquivar el ataque, pero antes de que nada pasara, notó como alguien la cogía y la subía hacia arriba. Coredramon, que tenía una herida en el pecho, la sonrió y dio con la cola en la cabeza de GeoGreymon para aturdirlo.

¿Qué haces? ¡Encárgate de tu enemigo! Yo puedo cuidarme bien sola.

Como vi que Hitomi no se movía ni gritaba me preocupé —murmuró Nahila que acababa de llegar corriendo—. ¿Cómo hizo el GeoGreymon esto?

Nahila golpeó a Hitomi en el brazo para comprobar que pasaba, pero la chica decía sin decir nada. Aquello sorprendió mucho a todos, que estaban acostumbrados a la quejica de la humana y sus gritos que destrozaban los tímpanos de todos los presentes.

Eso no lo hizo Geo. Estaba harta de sus gritos y la paralicé —explicó Gatomon.

¿Por qué no hiciste lo mismo las anteriores veces? A Jos y a mí nos hubiera encantando que estu... Espera, ¿dónde está Jos? ¡Sigue sin aparecer! La segunda vez que huye... La próxima vez que le vea voy a...

Sigue con tus amenazas si lo deseas, Nahila, pero ahora mismo será mejor que terminemos con estos molestos —dijo Coredramon.

El dragón tenía razón, los dos GeoGreymon estaban juntos y preparaban un ataque combinado.

¿Qué te parece si les enseñamos lo que es la fuerza cuando nos aliamos? —sonrió Coredramon, poniendo a Gatomon en su espalda.

Encantada.

Nahila se puso al lado del cuerpo inmóvil de Hitomi, riéndose. Aunque la situación no era para bromas, no podía evitar mirar a la cara de su amiga y comprobar que ésta trataba de hablar y no lo conseguía. El ataque de Gatomon tardaba poco en irse en los digimon, porque al ser más grandes y feroces, enseguida conseguían deshacerse, pero Hitomi era una humana y, por tanto, los Ojos de Gato lograrían mantenerla quieta y callada durante mucho más tiempo.

Ahora que lo pienso, ¿dónde estará Alan? —se preguntó en voz alta Nahila.


Alan había llevado al otro dinosaurio lejos de la ciudad para evitar más destrozos. Había sido sencillo, puesto que GeoGreymon ya no tenía otra cosa en mente que luchar contra su digimon. El chico argentino siguió corriendo hasta llegar al lugar indicado. Aquilamon aterrizó rápidamente y observó a su enemigo acercándose a ellos.

Ya sabés, Aquilamon; acaba con ese boludo.

Sí, Alan.

GeoGreymon lanzó una bola de fuego directo al humano y digimon. Alan rodó por el suelo y Aquilamon alzó vuelo para esquivarla, pero el ataque rozó una de sus alas y le provocó un agudo dolor. El pájaro aguantó y movió las alas con mas velocidad para usar el aire a su favor. GeoGreymon observó como su contrincante pretendía chocarse con él desde arriba.

¡¡Aros explosivos!! —gritó Aquilamon.

¡¡Mega Llama!! —contratacó el dinosaurio.

Ambos ataques chocaron entre sí, produciendo una gran explosión. GeoGreymon fue echado hacia atrás con violencia, mientras que Aquilamon cayó al suelo. Pero la cosa no había terminado todavía, mientras que el humo se disipaba, Alan pudo ver como el dinosaurio se levantaba y volvía a la carga con los cuernos hacia delante. Sería un enemigo duro, pero la derrota no era una palabra que el chico conociera.


Los dos GeoGreymon lanzaron sus llamaradas hacia Coredramon, que logró esquivar una de ellas pero la otra le dio de pleno; había protegido a Gatomon con su cuerpo para evitar que los dos estuvieran dañados, por lo que la gata blanca fue capaz de saltar y ponerse encima de uno de los digimon.

Coredramon sentía sus energías menguar, pero haciendo acopio de fuerzas, se tiró encima del otro Geo para evitar que interrumpiera el plan de su amiga digimon. Ambos cayeron al suelo, pero el dragón azul estaba recibiendo multitud de golpes de su adversario.

Coredramon... —musitó Gatomon.

Pero no perdió tiempo, debía acabar enseguida con uno de ellos. GeoGreymon se movió para que Gatomon cayera al suelo, pero no lo consiguió. La minina dio un salto y preparó su ataque para terminar de una vez por todas:

¡Patada de gato!

Le dio de pleno en la cabeza. GeoGreymon perdió la consciencia y fue derribado. Gatomon todavía no había finalizado, y para que no diera más problemas, usó otro de sus ataques.

¡¡Garras de gato!!

El digimon empezó a convertirse en datos hasta que desapareció de la zona. Nahila, sin embargo, no había visto aquello. Por primera vez se sentía preocupaba. Dejó a Hitomi y corrió hacia donde se encontraba su compañero. Ahora se lamentaba de haber tirado su arma blanca. Tal vez no le gustaba hacer daño, pero no quería que a Dracomon le pasara nada.

¡Coredramon! ¡Aguanta, por favor! —gritó.

El dragón azul se protegió con las manos, pero se cansó de aguantar tantos golpes. Empezó a brillar con mucha intensidad, dio un grito de rabia y se escabulló del GeoGreymon. Su mirada había cambiado a una asesina, el enemigo no se atrevió atacar de nuevo.

¡G Shurunen!

Un poderoso rayo salió disparado hacia Geo, que aunque se protegió fue borrado al instante. Los datos salieron volando por el aire y se esfumaron de la zona poco a poco, hasta que no quedó nada de él. En cuanto eso sucedió, Coredramon cerró los ojos y cayó de espaldas, convirtiéndose en Dracomon.

Nahila corrió hasta llegar donde estaba y lo acunó en sus brazos. Su compañero se había desmayado tras usar tal cantidad de energía. Gatomon deshizo la parálisis de Hitomi y ambas acudieron para ver como estaba Dracomon.

Se recuperará —dijo Gatomon

Tenemos que detener a esa estampida —murmuró Nahila con un nudo en la garganta—. Me he dado cuenta que esos GeoGreymon no tenían en mente pelar con nosotros, pero se vieron amenazados y por eso algunos se enfrentaron a nosotros.

Entonces es que tienen otro plan.

No lo sé, Gatomon; pero es muy sospechoso. Cada digimon que aparece en esta ciudad tiene algo distinto. Esos Falcomon sabían lo que debían hacer, querían eliminarnos, pero por alguna extraña razón que todavía desconocemos se marcharon. Ahora estos GeoGreymon van todos juntos, avanzando y es imposible frenarlos, son demasiados.

No podemos decir que es imposible hasta intentarlo, Nahila.

Hitomi...

¡Y tú, Gatomon, te voy a matar! ¡Maldita! ¡Cómo te atreves a usar uno de tus ataques en mí! ¡Soy tu compañera!

Eres una pesada —replicó la gata. Le sacó la lengua.

¡Te quedas sin cenar!

¡Abriré la nevera y sacaré toda la comida que quiera! Eres una despistada, ni siquiera te darás cuenta que abandono la cama.

Nahila se rió de la discusión de esas dos y se levantó del suelo con Dracomon en brazos. Se lo acomodó en la espalda e hizo señas a su amiga para que corrieran. Debían encontrar a esos GeoGreymon que ya se habían adelantado. ¿Estaría bien Dom solo? Se sabía cuidar perfectamente, pero esos dinosaurios no eran fáciles.

Me pregunto si Jos estará con Dom...

Imposible, le hubiéramos visto. Es un cobarde —terció la pelirroja.

De nuevo huyendo. Tenemos una obligación como niños elegidos. Me está cansando que desaparezca —gruñó.

Pronto alcanzaron la estampida y trataron inútilmente de frenarlos, pero fue en vano. Eran muchos y no querían terminar aplastadas. Con Dracomon inconsciente y Gatomon sin muchas fuerzas, sólo les quedaba esperar a que sus dos compañeros volvieran a tener energías.

Sin embargo, se dieron cuenta que los GeoGreymon seguían caminando y que abandonaban la ciudad. Eso alegró a Nahila, que no puedo evitar dar un suspiro.

Se marchan, al fin se marchan...

Ah, ¿si? ¿Entonces a dónde se dirigen? ¿Dónde van? Mientras que estén juntos pueden provocar muchos destrozos.

De por sí era extraño que Hitomi se pusiera seria y dijera palabras inteligentes. Eso alertó a Nahila.

Tienes razón. Esto va de mal en peor.
[MENTION=485095]ElohimEditor[/MENTION]
 

"The Heir of Chaos"
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Mi turno:

A pesar de que solo tenía a un enemigo contra el cual luchar, el hecho era que Aquilamon tenía serios problemas para contener al Geogreymon; ni siquiera su capacidad aérea parecía serle una gran ventaja.

- ¡No me molestes, pajarraco! ¡¡MegaFlama!!
- ¡¡Aros Explosivos!!

El ataque de Aquilamon apenas afectó al dinosaurio, y si bien el ataque de este fue esquivado por el ave, no pudo evitar el fuerte golpe de la embestida. Aquilamon perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer al suelo; sin embargo, los gritos de su compañero lo hicieron reaccionar y recuperar el control.

- ¡No es momento de tomar la siesta, Aquilamon: tenés que derrotarlo!
- ¡Eso ya lo sé, pero ellos no son malos: sólo están perdidos!
- ¡Pues no tengo un mapa para darles, así que alejalos de las calles! ¡O vamos a ser la burla de Dom y las chicas! Y de Jos y…
- ¡Ah, no; de Gazimon no! –y volvió a la batalla- ¡Ya verás, Geogreymon!
- Al menos está motivado –pensó Alan-

Aquilamon no lo pensó dos veces cuando embistió al Geogreymon y lo hizo caer contra la fachada de un edificio, provocándole ligeros cortes con los cristales rotos, que si bien no lo hirieron, lo hicieron enojar. De inmediato, Geogreymon usó su Impulso de Cuernos para propinarle una estocada al ave gigante: en esta ocasión, tuvo éxito, causando que el ave saliera con heridas considerables.

- ¡¿Estás bien?!
- ¡Sí! –respondió el ave, con algo de esfuerzo- para alguien que no quiere pelear… golpea duro.
- Bueno… ¡Respondele de la misma manera! ¡Dale una brutality de paz y amor!
- Si sigo peleando contra él, causaremos más destrozos.
- ¡Son japoneses: tienen dinero de sobra! ¡No te preocupes y mándalo volar!

Gracias a ese “apoyo”, Aquilamon renovó en parte sus ánimos y se dispuso a volver al campo de batalla a encargarse de su oponente, que seguía como si nada, avanzando por las calles de la ciudad sin prestar atención en los destrozos que realizaba. Sin embargo, pronto vio que el dinosaurio naranja tenía poco interés en seguir la pelea, y acompañó al resto de su manada a abandonar la ciudad.

- Se van… ¿Los sigo, Alan?
- Eh... No; mejor busquemos a los otros. De seguro se estarán preguntando lo mismo que yo.
- ¿El por qué aparecieron estos digimon?
- No… ¿EN DONDE RAYOS ESTÁ EL ESCURRIDIZO JOS?


Espero que esté bien. Tu turno, [MENTION=464316]J.M.[/MENTION] Eso creo XD
 

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Bueno, aca dejo mi post, ya lo tenía pero me tardé un poco en hacer una imagen de la antena, busque y busque y nada me convenció asi que tuve que hacerla a partir de varios pedazos de imagenes.XD


18 de marzo de 1966


En una gran sala de conferencias algunos grupos de ingenieros, en su mayoría jóvenes esperaban ansiosos poder mostrar sus proyectos. Autoridades principales de Stanford incluyendo al rector principal e incluso algunos del gobierno estaban listos para las presentaciones.​

-Bien… hoy es el día de la primera prueba –se dijo Marc con un evidente nerviosismo y luego giro la mirada hacia la competencia, en especial al equipo con su programa llamado ARPANET.

Era su principal competencia, un equipo de brillantes ingenieros. Debía reconocer sus desventajas, para empezar él era el único que presentaba un proyecto solo, pero tenía confianza de que su programa “POLIEDRO” podría hacerles frente.

Todos pasaron sin excepción. Marc pasó al final ya que fue el último en ingresar a la nómina de proyectos. Su idea era novedosa dado que era el único que insinuaba el uso de un solo programa maestro, tan potente que controlaría toda la red en el globo de forma automática.

-En conclusión, mi programa “Poliedro” cuando pase a la fase Alfa en definitiva será capaz de recolectar datos al azar por medio de ondas inalámbricas tales como las señales de radio, lo cual será considerablemente sustentable cuando cada hogar del mundo use este servicio –articuló Marc con su computadora conectada en una gran pantalla.
-¿Dice que este programa recolecta todo tipo de datos al azar? –dijo dudoso uno de los que calificaban las presentaciones.
-Básicamente si pero también está programado para seleccionar y deshacerse de lo inservible o archivos dañados tales como los conocemos y conservar solo los útiles –aclaró Marc –en simples palabras es un programa que se actualiza solo, y de hecho elige la mejor manera de actualizarse, ¿no es así? –preguntó mirando a la pantalla e inmediatamente se aparecieron unas letras.


HTML:
Así es señor, muy buena respuesta
Las autoridades sonrieron complacidas ante tan simpático final. Sin duda alguna Marc sabía ganarse a las masas.

-Muy buena presentación –dijeron los presentes aplaudiendo ligeramente, sin embargo a la competencia no le agradó nada.
-Eso es absurdo –reclamaron algunos –tan solo es una extensión de simulación de conversación con preguntas y respuestas específicas, no tiene nada de aporte al proyecto, cualquiera lo hubiese hecho

Unos segundos de silencio.

-Es cierto –afirmó el rector de la universidad –sin embargo el fin de estos proyectos también tienen más de un objetivo, y uno de ellos es la meta comercial, a la gente le gusta comprar lo bueno, especialmente si luce bien, lo estético y superficial tiene más importancia de lo que creen, no por nada cada uno de ustedes buscan fondos de millones de dólares que dependerá de su presentación final de sus proyectos dentro de 6 meses, les aconsejo que se preparen bien, en todos los aspectos…

El día había terminado, todos tuvieron la oportunidad de conocer a sus competencias, ahora todo dependería de la presentación final dentro de medio año.
Marc se fue bastante motivado. A pesar de que su proyecto estaba más retrasado que el de ARPANET también demostró que tenía mayor potencial. No podía perder el tiempo, debía seguir con el trabajo sin descanso, no había duda que había logrado quedar entre los favoritos.
Apenas llegó a su departamento continuó para que la fase beta del programa “POLIEDRO” quedara atrás e iniciar con un sistema más completo. Sin embargo antes de ello decidió encargarse de una mejora “estética”.
-Bien, veamos si podemos hacerte hablar –dijo comenzando a teclear en su computadora.
El rector de la universidad tenía razón, la apariencia superficial era algo importante, si podía simular una voz sería mucho más atractivo a la vista y oído del público, un programa maestro que pudiera hablar dando una falsa sensación de inteligencia seguramente encantaría a todos. Simplemente debía aumentar la cantidad de preguntas y respuestas programadas.




En la primera sección del área restringida del edificio de las “Industrias J.M.” donde antes Nahila y Hitomi habían estado sin autorización, Jos caminaba con cierta prisa, algunos hombres de negro lo escoltaron hasta un ascensor que bajó varios metros hasta llegar a un piso subterráneo en cuya entrada solo decía “sección A”.​

-Por acá por favor –dijo uno de ellos respetuosamente.
-Tardaron demasiado en terminarla –dijo el timador seriamente –apenas estamos a tiempo de probarla

Ingresaron a una pieza resguardada con varios guardias, científicos e ingenieros. Todas las miradas solo se dirigían a una enorme maquinaria recién concluida: un gran tablero de control, era lo que controlaba la ANT-IT 9.5. pero de ser así ¿entonces donde se encontraba la antena?

-¿Estas seguro de esto? -preguntó Gazimon a su lado -esto podría traernos problemas si descubren todo
-Tranquilízate –lo calmó Jos –todo lo que ocurra este día esta completamente planeado...

El mitad felino solo asintió confiando en su compañero humano.

-Bien comencemos –dijo el estafador sacando del bolsillo de su chaqueta una llave muy extraña con una sonrisa de malicia –considerando las circunstancias y gracias a mi ingenio dudo que alguien nos interrumpa

Insertó la llave de titanio y automáticamente todo el tablero se encendió, y de inmediato hombres de bata tomaron sus respectivos lugares.

-Listos para emerger la ANT-IT 9.5. para su posterior activación –comunicó el ingeniero principal


Mientras tanto en las afueras de Yokohama los elegidos aun no terminaban con su trabajo. El ataque del equipo combinado parecía estar resultando mejor de lo que esperaban, sin embargo los pocos GeoGreymons que aun quedaban en pie comenzaron a dispersarse aunque tardíamente.

-¡Están escapando! –exclamó Hitomi.
-No te preocupes –la calmó Nahila –ya quedan muy pocos
-Y rompieron su formación –asintió Dom cruzado de brazos –ahora será sencillo derrotar a los que quedan


En la profunda y desconocida sección B, de alguna forma varios científicos observaban la pelea de los elegidos a través de enormes pantallas.

-Están terminando demasiado rápido –opinó el que estaba a cargo rascándose la barbilla –necesitamos más tiempo… Dirijan la señal y activen el programa U-5
-Eh… señor, el programa U-5 aún no ha sido probado, siempre es mejor hacer las pruebas acá antes de sacarlos y no cuando ya están despiertos, además…
-¿Acaso tú piensas decirle a nuestro jefe que todo el plan falló solo porque no pudimos entretener a esos mocosos el tiempo suficiente? –interrumpió el encargado mirando a su colega fríamente.

Ante tal argumento no hubo una respuesta admisible. Todos los colegas presentes asintieron sin objetar.

-Bien… veamos si podemos hacer crecer a uno de esos –dijo uno.
-Activando el programa U-5 –sentenció el otro tecleando en su computadora.


Mientras tanto los elegidos miraban satisfechos su trabajo, una victoria que parecía imposible. No cabía duda que mejoraban con cada nueva amenaza.
La situación estaba controlada, la mitad de los GeoGreymon habían sido aniquilados y el resto se encontraban inconscientes, tan solo uno de ellos aún estaba de pie intentando huir, pero obviamente el equipo no se lo permitió y de inmediato lo rodearon.

-¡Ganamos! –se alegró la pelirroja alzando los brazos deseando abrazar a alguien, pero para fortuna de Nahila ella estaba sobre Coredramon a salvo.
-Incluso yo creí que no lo lograríamos –admitió Alan sonriendo –acabemos con esto para regresar a casa, tengo ganas de darle a Jos una golpiza por abandonarnos de nuevo
-Yo también quiero ver a mi querido “amigo” –sorprendentemente concordó Nahila –ni siquiera sabemos dónde se metió desde que…

Pero como si fuera una tradición nuevamente no pudo terminar la oración. Sin embargo esta ocasión era diferente. Jamás habrían imaginado ni en un millón de años lo que verían a continuación. El suelo temblando fue lo primero que sintieron, pero ese síntoma podría no haberlos sorprendido tanto si no hubiesen levantado la vista hacia el oeste donde gracias a la falta de nubes bajas el monte Fuji era claramente visible, y cayeron en la cuenta que el temblor provenía desde allí. Tuvieron un mal presentimiento ya que aunque el monte siempre era fácilmente visible, se encontraba bastante alejado de Yokohama, era imposible saber cuántas ciudades estaban sintiendo tal sacudida. Sus sospechas fueron confirmadas al divisar una de las escenas más imposibles de la historia. Una enorme y descomunal maquina comenzó a salir de la cima. Los rostros de sorpresa e incredulidad de todo el equipo fueron en aumento mientras dicha máquina continuaba subiendo, dejando ver cada vez más sus increíbles dimensiones. En simples palabras… era como ver una montaña emerger de otra.

-Pero que… que… –balbucearon todos del equipo con los ojos muy abiertos.
-¿Qué diablos… es esa cosa? –Dom fue el primero en formular la pregunta tratando de disimular en vano su impresión.

Pero las sorpresas no terminaban. Casi de inmediato docenas y docenas de helicópteros militares salieron de la nada posicionándose alrededor de la monstruosa aparición tecnológica y algunos llevaban cables de metal para asegurarlos en diferentes puntos del monte Fuji para asegurar la sostenibilidad de la máquina. En un vistazo más meticuloso lograron notar un símbolo inconfundible marcado en la misma. El emblema de las “Industrias J.M.”


-¿La… ANT-IT 9.5.? –articuló Nahila sin estar realmente segura de sus palabras.
-¡No imposible, es demasiado grande! –exclamó Alan aun negándose a creerlo.

No era de sorprender la incredulidad del equipo ya que nunca esperaron ver algo tan inmenso salir de la montaña más importante de Japón. ¿Cómo lo habían hecho? ¿Por qué era tan grande? ¿Qué estaba haciendo en ese momento? Ya no tenía sentido tales preguntas, lo único importante era que estaba ahí frente a sus ojos preparándose para hacer lo que sea para la que la estaban activando justo en ese instante. Pero la decisión a tomar tampoco era tan difícil de predecir:

-Vamos a investigar –dijo Dom al fin –algo muy raro está pasando aquí, hasta donde sabemos Marcos J.M. Morns no se encuentra en Japón para hacer esto… creo que ya sabemos porque Jos no vino con nosotros…
-Eh… hay como un millón de helicópteros militares allá –articuló Hitomi no muy segura de la idea –no es que esté asustada pero… las posibilidades se ven peor que con los Geogreymons
-Dudo mucho que Jos ordene atacarnos –comentó Nahila muy segura –pero también dudo que permita que nos acerquemos como si nada, así que…
-¡Si, vamos allá! –exclamó Alan comprendiendo lo que Nahila insinuaba –¡y Jos no tendrá más opción que mostrarse ante nosotros y darnos una explicación le guste o no!



En la sección B, algo llamado programa U-5 estaba listo para llevarse a cabo.

-Bien… veamos si sale como esperamos –dijo un ingeniero presionando las últimas teclas.
-Hazlo ahora –ordenó el que estaba al mando –antes de que esos niños se alejen de ese lugar

El empleado obedeció sin hacer más reclamos presionando el último botón...


Antes de que los elegidos decidieran ponerse en marcha, recordaron tardíamente que aún había un GeoGreymon en pie. Sin embargo lo peor de todo era que este comenzó a brillar de forma intensa.

-¿Acaso está…? –sospechó Nahila.
-Oh… diablos –asintieron todos.

No estaban equivocados pues unos segundos después observaron atemorizados a un enorme RizeGreymon rugiendo ante ellos.​


-Creo que esa antena tendrá que esperar… –murmuró Dom con el ceño fruncido.




Te toca [MENTION=497372]Acero_la12[/MENTION] buena suerte a todos.
 

El único campeón de Mortal Kombat.
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Rize Greymon había aparecido. Ésta vez, el digimon sé volvió loco de remate al ver a sus compañeros muertos inconscientes.
Viendo a los asesinos de sus amigos, reconoció a Tailmon como la primera que asesinó a sus amigos — el único que no había matado Geo Greymon, era Tyranomon; por orden de su amigo —. Él la atacó con su arma, intentando aplatarla, pero Coredramon la tomó a tiempo y pudieron salir ilesos de milagro.

—¡Tridente Révolver! — gritó, apuntando con su arma y disparando tres tiros, pero, al evitar los disparos, sé destruyeron tres edificios.
—Hay que sacar a Rize Greymon de aquí — comentó Dominique, diciéndole a sus amigos y estos asintieron.

Aquilamon y Coredramon sé acercaron con Tailmon, mientras Tyranomon distraía al enemigo.

—¿De verdad quieres matar a mis amigos?
—Soy alguien que no guarda rencores, pero tus amigos mataron a toda mi manada.
—¿No puedo hacer nada qué te haga irte en paz?
—No, nada, así que muévete o serás nuevo enemigo mío, Tyranomon.
—Será por las malas entonces, Rize Greymon: ¡Destructor Salvaje!
—¡Golpe Sólido!

Tyranomon con un tackle y Rize Greymon con su brazo cibernético chocaron fuerzas, pero el dinosaurio cyborg fue más y lo mandó a volar lejos de allí.
Mientras Tyranomon seguía distrayendo a Rize Greymon — a costa de su propia vida —, los humanos restantes planeaban que hacer con el digimon salvaje.

—Hay que matarlo — Alan fue tajante.
—Concuerdo con él — espetó Aquilamon.
—Yo creo que habría que dejarlo vivir — mencionó Dominique —, mírenlo, él está enojado porque USTEDES mataron a sus digimon. Yo creo que deberíamos sacarlo de la ciudad y ver como mandarlo al Mundo Digital con sus compañeros.
—Tengo un oído algo más agudizado que los demás — dijo Aquilamon —, y escuché que Rize Greymon le reclamaba a Tyranomon lo mismo que vos nos reclamaste a nosotros — expresó el ave gigante.
—Aquilamon, Coredramon, Tailmon; serán la distracción. Alan, Hitomi, Nahila; ustedes y yo debemos ver como mandar a los Geo Greymon al Mundo Digital — dijo.
—Entendido — respondieron los demás.

Dominique no sé movió en lo absoluto, sino que miraba esa antena que había aparecido allí.

—Esa antena, la familia J.M.; Jos por ahí tiene algo que ver, y eso explicaría porque siempre desaparece cuando empieza esto o el algún momento determinado de la situación — sé decía Dominique, mientras Aquilamon y Coredramon intentaban sacar a como de lugar a Rize Greymon —, intentaba convercerme de algo; que su familia no era mala, solo avariciosa prejuiciosa, pero me equivoqué: son diabólicos, son malos.
—¿Crees que Jos esté involucrado en eso? — preguntó alguien que solo él conocía.
—¡Kazumi!, ¿cómo llegaste aquí?
—Vi a un dinosaurio rojo en las noticias y sabría que estabas aquí, Dominique. ¿Crees que el muchacho esté en esto?
—No lo sé, no se y me impresionaría saber que sí lo está. Su avaricia lo llevaría a su perdición. No sé como llegaremos a esa antena y ni siquiera sé como podemos evitar que Rize Greymon siga destruyendo la ciudad.

En efecto, no habían podido sacarlo aun de la ciudad, ya que, Rize Greymon podía volar y, aunque Aquilamon y Coredramon también podían, Rize Greymon era demasiado rápido y fuerte para ellos.

—¡Golpe Neko! — Tailmon intentaba arañarlo en vano, aunque Rize Greymon sé la pudo quitar de encima y la mandó a volar, estrellándola contra un edificio.
—Tailmon — comentó el castaño, viendo caer al suelo a la gata —, Kazumi, véte de aquí.
—¿Algún mensaje para alguien?
—Dile a Carol que...
—Sobrevivirás a esto, díselo tú, Dominique.
—Vé con ella, anda creyendo que eres mi novia. Ni siquiera sabe que soy tres años mayor que tú.
—Está bien. Tengo suerte de saber donde vives — dijo. Yéndose.

Dominique sé dignó a mirar la lucha: Tyranomon sé había levantado e intentaba ayudar a Coredramon y Aquilamon — quienes aun seguía recibiendo disparos y esquivaban algunos a duras penas —.

—¡Tridente Révolver! — gritaba a todo motor, atacando a los tres digimon, que esquivaban y contraatacaban a cada momento.
—¡Aliento de Fuego!
—¡Aliento de Fuego Azul! — Coredramon emitió una llamarada de fuego, pero colo azul.
—¡Láser Explosivo! — exclamó Aquilamon, expulsando láseres en forma de aros de su boca.

A pesar que los tres ataques podrían haber sido eficaces contra los digimon de tipo Adulto, a Rize Greymon no le hicieron nada — es más, le bastó cubrirse con su brazo cyborg para repelerlos —.

—¡Destructor Rebelde! — exclamó Rize Greymon, expulsando de los tres cañones de cada ala cyborg, un poderoso láser.

Los láser apenas rozaron a los cuatro digimon, de lo contrario, hubiese matado a todos los digimon presentes y posiblemente lastimado a los cuatro humanos.
Dominique sé acercó a Tyranomon y le preguntó como estaba, a lo que respondió que podría estar mejor; mientras que Nahila estaba en Coredramon y Alan y Hitomi en Aquilamon.

—Hay que intentar seguir el plan, chicos. A como de lugar... — comentó, seiro, el líder del equipo.

Ello sabían que era difícil lograrlo, pero, con esfuerzo, podrían sacar a Rize Greymon y devolverlo al Mundo Digital.

Bueno, puede que haya roto un poquito la pauta, pero lo que JM me mandó en parte no tenía mucha lógica (sospechar de la familia, pero no de Jos); sí, le ibaa decir, pero bueno, sé me olvidó xD.
En fin, va [MENTION=517717]Soncarmela[/MENTION].
 
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Se defendían como podían ante aquel enemigo. Todavía se preguntaban cómo era posible que un digimon salvaje digievolucionara de repente, era demasiado extraño. Nahila y el resto no conseguían hacerle ni un rasguño, el poder y fuerza del enemigo era muy superior al de sus compañeros digimon. Los muchachos no dejaban de preguntarse cómo harían para derrotarle.

Y mientras que ellos se encargaban de soportar los ataques de RizeGreymon, Jos seguía sin aparecer. No había estado presente durante la batalla anterior y ahora tampoco los ayudaba contra aquel adversario. ¿Dónde se suponía que estaba? ¿Acaso había huido a otro país para evitarse problemas? ¿Sería capaz de abandonar los pocos amigos que tenía a su suerte? Nahila negó con la cabeza ante ese último pensamiento. Jos era un cobarde, siempre se escapaba cuando veía que la cosa era imposible de superar, pero jamás había desaparecido así. ¿Qué estaba sucediendo para qué el estafador no hiciera acto de presencia?

¡Nahila! —gritó Hitomi.

La muchacha apenas tuvo tiempo de comprobar cómo el Rize la atacaba a ella. La golpeó con el brazo, pero Coredramon fue más rápido y evitó que su compañera fuera mandada hacía los aíres.

Nahila, ¿estás bien?

Sí, no te preocupes —hizo una mueca—. Se me pasará…

Aquilamon aprovechó para intentar atacar al RizeGreymon y lanzando sus rayos, dio media vuelta para esquivar las bolas de fuego. Como había pasado antes, no resultó nada contra el enemigo. Seguían sin provocarle ningún daño. Coredramon dejó a Nahila cerca de los demás humanos.

¿Qué estabás pensando, boluda? —gruñó Alan.

Nahila lo miró sin responder. Sabía que si decía algo de Jos, aquello haría que el odio que le tenían Dom y Alan aumentaría, y aunque ahora también tenía ganas de darle un guantazo a su amigo, no le iba a echar a dos gorilas encima.

Nada que te incumba —contestó finalmente.

El Argentino rudo bufó, sin decir nada más.

Nahila, si te expones a que te maten sí que importa. Pero creo que sé qué estás pensando, lo que todos. Somos un equipo y nos preocupamos por los miembros, a excepción de Jos, esa rata sucia cobarde.

Dom…

¿Le vas a defender, Nahila? Claro, como él no está aquí para hacerlo —replicó.

La chica sabía que tenía razón, no podía refutar eso. Ella misma estaba deseando encontrar a Jos para preguntarle que le rondaba por la cabeza para que hubiera salido corriendo en cuanto aparecieron esos GeoGreymon.

Dejen de discutir, nuestros digimon están en problemas.

Hitomi, no intentés vos también defender a ese gallina —masculló Alan.

Ay, Gatomon, no podrías paralizarlos a todos ahora —suspiró la pelirroja.

No tuvieron tiempo de continuar la charla, el Rize se puso a disparar con su cañón y todos sus compañeros cayeron al suelo, heridos. Pero usaron sus fuerzas para levantarse y seguir peleando. Algo debían hacer para que el digimon no atacara a los chicos, era su mayor pensamiento. Coredramon era el más preocupado, ya había presenciado que Nahila fuera herida.

Aquello era una pelea sin cuartel. Todos atacaban al mismo tiempo sin descansar:

¡Maldito! ¡Llamarada azul!

¡Eso no es nada! ¡Aliento de fuego!

¡Vamos, vosotros podéis! —animó Hitomi.

A pesar de que no se llevaban muy bien, Coredramon y Tyrannomon sabían que estaban en un momento crítico, por eso ambos habían usado sus ataques para utilizar un fuego más poderoso. Pero RizeGreymon ni siquiera se molestó en esquivarlo o contraatacar, recibió la llamarada y el Aliento de fuego fusionados. Pero, para sorpresa de todos los presentes, apenas le hizo cosquillas.

RizeGreymon los apuntó con su cañón y se río de ellos.

Panda de inútiles… ¡Revólver destructor!

Tres balas de fuego fueron disparadas desde su arma. Coredramon y Tyrannomon no pudieron llegar a tiempo para defender a sus compañeros, pues el ataque iba directo hacia los humanos, pero Aquilamon ya se había dado cuenta de sus intenciones, y con Gatomon encima de él, empezó a reunir energías para detener las balas.

¡Aquilamon, vos podés!

¡Aros explosivos!

¡Láser de gato!

Los Aros explosivos consiguieron explotar una de las balas, y el láser de la minina otro de ellos, pero el tercero se hizo paso. Con suerte, no se estrelló contra ningún compañero humano, sino que pasó por encima de ellos y explotó en un coche, destrozándolo por completo.

Si eso nos hubiera tocado, estaríamos muertos —murmuró Nahila.

¡Ahora, muchachos! —ordenó Dom.

En efecto, ahora que el Rize trataba de observar lo que había pasado, Coredramon y Tyrannomon se pusieron detrás suyo para realizar otro ataque combinado. Ambos volvieron a ser aliados de batalla y lanzaron sus respectivas llamaradas. Pero, para su asombro, RizeGreymon los escuchó y tuvo tiempo de volar y esquivar ambos ataques, que, para su mala suerte, impactaron en sus otros dos compañeros: Gatomon y Aquilamon.

No puede ser… —musitó Dom, anonado.

Nahila también se quedó sin habla. ¿Cómo iban a superar aquel enemigo? Además, ahora que lo pensaba, había aparecido segundos después de que aquella antena, con la marca del apellido de Jos, saliera de la montaña. Otras muchas preguntas llegaron a la mente de la muchacha, mientras que los digimon seguían peleando.

¿La antena tenía algo que ver con Jos? No, negó la chica, aquello no podía ser. Él no haría digievolucionar a un enemigo a propósito que no pudieran derrotar. Su amigo era inteligente y no haría tal estupidez. ¿Entonces no tenía ni idea de la antena y se trataba de algún familiar suyo poderoso que trataba hacer algún plan? No tenía ninguna respuesta para lo que estaba pasando.

Ningún ataque le afecta… —pensó Nahila.

Pero sí sabía una cosa. Si no ocurría algún milagro, RizeGreymon los mataría a todos.

Eh... que yo sepa, ya no había más GeoGreymon en pie, ese era el último y por eso estábamos luchando contra él. Luego, el plan de llevarlo a otro sitio, ya lo hemos sacado fuera de la ciudad, recuerda que la manada se marchó. Creo que no entendí mucho tu post. En fin, yo escribí la pauta que me dijeron, el plan de sacarlo no lo comprendí, porque en teoría ya está fuera.

Tu turno: [MENTION=485095]ElohimEditor[/MENTION]
 
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Eh... que yo sepa, ya no había más GeoGreymon en pie, ese era el último y por eso estábamos luchando contra él. Luego, el plan de llevarlo a otro sitio, ya lo hemos sacado fuera de la ciudad, recuerda que la manada se marchó. Creo que no entendí mucho tu post. En fin, yo escribí la pauta que me dijeron, el plan de sacarlo no lo comprendí, porque en teoría ya está fuera.
Seguí la pauta. Bueno, a explicar: quería que se viera un poquitin como es que lo sacaron de la cuidad.
Puse a uno solo, solo que deje los inconscientes — JM lo puso en su post —.
 

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Bueno, puede que haya roto un poquito la pauta, pero lo que JM me mandó en parte no tenía mucha lógica (sospechar de la familia, pero no de Jos); sí, le ibaa decir, pero bueno, sé me olvidó xD.
Bueno, lo que yo dije es que (o quizá no me expliqué bien) al ver la antena ser tan inmensa y saliendo del monte Fuji harian sospechar a todos de que la familia de J.M. trama algo malo, o sea sospechar algo malo en general pero no sobre el digimundo. Porque literalmente no hay nada de nada que ligue la antena con un problema de digimons segun lo que se ha escrito en la trama, por lo tanto el equipo no tendría ninguna razón para sospechar aun que esa antena forma parte de un plan contra el digimundo. Solo podrían sospechar algo malo a causa de su exagerado tamaño, el hecho de que salió del monte fuji y la presencia de helicopteros militares, eso haría sospechar a cualquiera que la antena fue hecha para algo más grande de lo que se dijo al público, pero ni remotamente podrían ligarlo aun con digimons-digimundo, ¿entendieron?
[MENTION=485095]ElohimEditor[/MENTION] tomalo en cuenta al hacer tu post

Y sobre el escenario, Carmela tiene razón, desde suspost anteriores les dije que ya tenían que poner que salen de la ciudad y desde mi post obvio se suponía que ya estaban en las afueras.XD por ahora no les dije nada porque a final de cuentas no afecta casi nada, pero en las proximas por favor pongan atención bien a los escenarios que les doy.
 

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pero en las proximas por favor pongan atención bien a los escenarios que les doy.
Sí, bueno, es que no me acordaba bien el post. Tenía que leerlo de nuevo, sí, admito ese error.

Bueno, lo que yo dije es que (o quizá no me expliqué bien) al ver la antena ser tan inmensa y saliendo del monte Fuji harian sospechar a todos de que la familia de J.M. trama algo malo, o sea sospechar algo malo en general pero no sobre el digimundo.
La antena apareció y Geo Greymon evolucionó a Rize Greymon xD
 
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