Quest S Historia Trece Signos [Ethan & Matt]

Reflejo
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Trece Signos
- NPC involucrado: Giromon.
- Sinopsis:
Después de semanas sin mostrar señales de vida Trece Signos ha realizado su movimiento: los remanentes del gremio criminal han lanzado un feroz ataque contra Pueblo Industrial, una obvia amenaza para todo establecimiento de Digimon que se mantenga “neutral” con los humanos y osen aliarse con ellos. Además, todo indica que este plan solo es una maquinación de Aries para hacer germinar las semillas de discordia que ha sembrado a la largo de Folder Continent: si logran salirse con la suya, hacer que el alcalde rinda el pueblo ante Trece Signos, agrupaciones de Digimon que fueron seducidos o engallados por Mephistomon durante estos últmos años se unirán a su retorcida causa y las filas del gremio se incrementaran como nunca, volviéndose en una potencial bomba de tiempo. Pueblo Industrial debe ser salvado a toda costa y Trece Signos debe ser desmantelado de una vez por todas…


- Escenario: Pueblo Industrial.
- Objetivos:
  • Infiltrarse en Pueblo Industrial.
  • Liberar a tantos rehenes como sea posible y organizar una evacuación.
  • Exterminar a los Miembros de Trece Signos.

- Notas:
  • Los Tamers de la Central han sido tomados como rehenes.
  • El Alcalde Giromon se encuentra atrincherado en la alcaldía del pueblo.
  • Las defensas del Pueblo han sido inutilizadas y la mayoría de los Digimon nativos que aún pueden luchar están escondidos.

- Participantes: [Ethan Walker] y [Matthew Collins]
- Digivice: D-Arc (Ethan) / iC (Matt)
- Acompañantes:
-Digimon de Contrato: Ethan-
[Vritramon]
[Aegiochusmon/Capricornio]
[Andiramon/Géminis]

-Digimon de Contrato: Matthew-
[Dinohumon]

everyday everyday para que todo vaya en orden, a esta la voy a leer a medida que escribas, así que si editas algo me avísas.
 

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Vagando por ahí
Un Guardromon, la unidad D-21, se paró en seco justo en el borde del puerto. Miró su reflejo en el agua por largos segundos y después paseó la vista a su alrededor: aquella mañana la actividad marítima en Pueblo Industrial era prácticamente nula, el Zeit Krokodile había zarpado días atrás con rumbo a Folder Continent y el arribo de algún carguero con aparatos electrónicos, que posteriormente serían desarmados para conseguir materia prima, no estaba programado hasta la semana entrante. Tampoco se veía transeúnte alguno paseando por ahí, después de todo el puerto no era un sitio que fuera atractivo para los turistas. D-21 estaba a punto de dar media vuelta y volver a su caseta de vigilancia, donde permanecería otros quince minutos antes de iniciar una vez más su paseo de vigilancia, cuando algo le detuvo. Se volvió hacía el agua y frunció el ceño: distinguió una figura extraña, sumergida tan solo un par de centímetros dentro del mar. Sea lo que fuese, su color predominante era un azul claro, lo cual le hacía contrastar un poco con las aguas más obscuras a su alrededor. D-21 comenzó a preocuparse cuando divisó más de esas siluetas, las cuales para su desgracia estaban en movimiento y se dirigían a su posición, revelando ser seres vivos.

—Aquí D-21 —el robot alzó su mano y llevó su antebrazo derecho a la altura de su pecho, ese simple gesto activó un dispositivo integrado en su armadura, un comunicador a distancia—. Observo movimiento irregular en el puerto, solicito alerta amarilla.

—Entendido, la alerta fue emitida —respondió una voz mecanizada como la suya—. Proceda con reconocimiento y realice advertencia.

D-21 asintió y cortó la transmisión, se acercó de nuevo al borde del puerto y adoptó una pose firme. No era la primera vez que algún Digimon salvaje llegaba al puerto, fuese por error o porque fue atraído por sus meros instintos, en casos como ese los Guardromon debían reconocer al digital y solicitarle que se retirase de las aguas del pueblo, si este no obedecía ya fuese por desobediencia o por carecer de la inteligencia para interpretar palabras, el protocolo solicitaba emplear bengalas con la intención de asustarlo. El último recurso era lanzar granadas, pero esto solo se realizaba si el Digimon realmente era testarudo o incluso violento.

—¡Atención, se encuentran invadiendo territorio marítimo de Pueblo Industrial! —D-21 activó un alto parlante en su armadura, de modo que su voz ahora podría ser escuchada a varios metros de distancia, e incluso bajo el agua—. ¡Deben dar media vuelta y volver al océano!

Las figuras dejaron de moverse. Uno a uno aquellos seres levantaron sus cabezas y dejándolas expuestas al aire. D-21 parpadeó anonadado: al menos cuarenta Hangyomon se encontraban ahí flotando en el agua, observándole fijamente. D-21 estuvo a punto de hablar una segunda vez, pero un estridente sonido se lo impidió. Un estallido se escuchó cuando una inmensa columna de agua se elevó al cielo, provocando una lluvia a los alrededores cuando el líquido expulsado cayó por efectos de la gravedad. Las figuras de los Hangyomon, Guardromon y gran parte del puerto quedaron ensombrecidos cuando una inmensa figura eclipsó al sol. D-21 abrió sus ojos de par en par: era imposible, la figura que yacía delante suyo no debería existir en las aguas de Isla File, era un Metalseadramon. La colosal bestia no dijo palabra alguna, solo posó sus ojos en el androide.

—Están… están invadiendo territorio marítimo de Pueblo Industrial —D-21 apretó un botón en su cuerpo enviando una señal de advertencia a la urbe, como fue un gesto rápido y simple nadie podría haberse percatado del mismo—. ¡Deben dar media vuelta y volver al océano!

—Sabemos a la perfección que estamos invadiendo territorio ajeno —fue la respuesta de la serpiente marítima, mientras partículas brillantes comenzaban a introducirse en el cañón de su nariz—. Y sobre volver al mar…

Metalseadramon lanzó su Ultimate Stream contra el primer edificio del puerto en el que clavó su mirada, después, sin dejar de disparar el torrente de energía desplazó su cabeza hacía un lado, provocando que el láser arrasara con todo con lo que se encontró en su camino: varias explosiones acontecieron después, dejando como resultado columnas de fuego y humo. D-21 se giró y quedó enmudecido al observar la destrucción a sus espaldas.

—Adelante —Metalseadramon alzó su cabeza y el agua a su alrededor, como si fuese sometida a su voluntad, comenzó a elevarse—. ¡Reclamen esta tierra en nombre de Trece Signos! —ordenó a los Hangyamon, quienes aprovecharían el Poseidon Divide de su señor para desplazarse más rápido.
D-21 solo dio un par de pasos hacia atrás, observando la inmensa ola que estaba a punto de golpearlo.

[. . .]

Una estridente alarma resonaba por todo Pueblo Industrial, por supuesto, la Central de Tamers estaba informada del significado de esta: la urbe estaba bajo ataque, no obstante, ignoraban por completo qué o quiénes eran los responsables de aquello, mucho menos sabían la gravedad del asunto. El nerviosismo y miedo se propagó de inmediato entre los Tamers y Digimon que se encontraban en el recinto, lo más probable es que la mayoría de ellos jamás hubieran escuchado antes la alarma y en sus mentes comenzaran a imaginarse lo peor. Los secretarios y demás trabajadores de la institución actuaron de inmediato para hacer que la calma se mantuviese.

—Por favor, mantengamos el orden —habló una de las dependientes, dejó su puesto tras el mostrador y avanzó al centro de la habitación, ganándose la atención de los presentes—. En estos momentos estamos haciendo todo lo posible para ponernos en contacto con la oficina del alcalde y determinar la causa de esta alarma —les regaló una sincera sonrisa—, es probable que solo se trate de una prueba de la cual no fuimos avisados, o incluso una falsa alarma —niños y jóvenes ahí reunidos se relajaron al escuchar esas palabras, algunos incluso rieron un tanto avergonzados por alarmarse de más—. En caso de tratarse de una emergencia, tendremos que actuar acorde a la situación —paseó la mirada sin clavar su atención en nadie en específico—, si el pueblo y el alcalde nos necesitan, es nuestro deber asistirles —varios humanos y Digimon asintieron, contagiados por la convicción de la chica.

—Yo soy Medium —dijo un chico al fondo alzando la mano.

—¡Jess y yo también! —dijo una Floramon con orgullo en su voz, la dependienta asintió.

—Rocky y yo seguimos siendo Amateurs… —inició un chico de cabello rubio, no pasaría de los doce años de edad.

—Pero tenemos experiencia en combate y sabemos dar pelea —concluyó su Gottsumon.

Antes de que más Tamers pudieran unirse a la iniciativa y ofrecer su ayuda, las puertas del edificio se abrieron de golpe, pues un Tailmon había sido lanzado contra esta desde el exterior. El felino rodó aparatosamente por el suelo, logrando detenerse solo porque chocó contra uno de los escritorios dispersos en la oficina, el dependiente que estaba ahí no tuvo tiempo de reaccionar, de modo que tras la colisión el felino y el chico terminaron debajo de restos de madera y papeles. Todos los presentes hicieron el ademán de ir a asistirles, pero el sonido de pasos y un sonoro llanto les hizo detenerse. Una chica de quince años fue empujada por un Astamon, quedando esta de rodillas en el suelo mientras lloraba a todo pulmón. Aunque el Perfect se ganó miradas fulminantes de Tamers y Digimon, todos se volvieron estatuas cuando el Demon Mman apuntó con su metralleta a la cabeza de su rehén. Un Picodevimon con una enorme sonrisa de victoria ingresó al lugar, limitándose a presenciar la escena.

—Si quieren que esta chica siga viva… y todos ustedes también —Astamon paseó una mirada fría a su alrededor—, dejarán en el suelo sus Digivice y todo dispositivo que posean —como no hubo respuesta alguna, más que simple silencio, empujó con el cañón de su arma a la fémina delante suyo, provocando que esta mordiera el polvo y gritara de pánico. La reacción fue inmediata, los Tamers, incluyendo a los dependientes de la Central, comenzaron a buscar en sus bolsillos y cinturones descolgando sus preciados Digivices y depositándolos en el suelo junto a sus lectores de cartas y memorias. Picodevimon entonces se acercó a los aparatos y comenzó a llevárselos con parsimonia, con toda la calma del mundo—. Si alguien se mueve o intenta algo esta chica se muere aplastada, pero antes de eso me encargo de eliminarlos a todos ustedes —Astamon colocó un píe sobre la aludida, luego paseó su arma trazando un arco, logrando así apuntar a todos a su alrededor; más de alguno sufrió de un sobresalto ante la acci´n. Su intención fue demasiado obvia: si así lo quería, solo le tomaría un par de segundos matar a la mayoría—, ¿han entendido?

Todos asintieron.

[. . .]

Giromon mantenía sus manos en su espalda, se encontraba delante de la ventana de su despacho observando las columnas de humo a la lejanía. Al bajar la mirada, justo a la plazoleta que se encontraba delante de la alcaldía, vio cómo un pelotón de Guardromon terminaban de edificar muros con toda clase de basura metálica y tomaban posiciones para proteger el perímetro. La esfera viviente frunció el ceño y apretó sus manos hasta volverlas puños.

—Alcalde —una voz le hizo girarse: a la oficina había ingresado un Nanomon. Jugueteaba con sus dedos, en un gesto que denotaba cierta impaciencia—, le traigo malas noticias: las defensas del puerto cayeron.

—¡¿Cómo es eso posible?! —encaró al recién llegado, quien se limitó a bajar la mirada—. ¡Enviamos a nuestros mejores hombres al lugar! —se dio un par de golpes en la frente.

—Los reportes indican la presencia de Digimon Ultimate en las filas del enemigo, así como algunos Perfect —a diferencia de la bomba viviente, Nanomon sabía mantener la calma—, a pesar de los números de nuestros hombres, tenemos una clara desventaja.

—¿Dónde están los humanos? —Giromon le dio la espalda y se acercó hasta un amplio escritorio: en este estaba siendo proyectado un holograma del pueblo a escala.

—La comunicación con la sucursal de la Central se perdió poco después de que las alarmas sonaron —se aclaró la garganta—, y hasta el momento la presencia de humanos en las calles es casi nula, los pocos que han sido vistos apoyaban a sus hombres, alcalde.

—Entonces no ha sido cosa de ellos —cerró los ojos por un instante, sintiendo una ligera culpa por siquiera haber pensado en aquella posibilidad: debía evitar caer en los errores cometidos en “Shutdown”—. A este ritmo llegaran al centro de la ciudad, debemos defender a toda costa los generadores de energía —abrió y cerró con fuerza sus dientes, generando con un ellos un sonido similar a un rechinido—, o de lo contrario…

El ruido de detonaciones hizo que Giromon y Nanomon intercambiasen miradas llenas de incertidumbre: ¿la batalla ya había llegado hasta ahí?, aquello era imposible. El alcalde flotó directo hacía la ventana, descubriendo que sus guardias lanzaban granadas teledirigidas desde sus brazos a un grupo de Digimon voladores de color rojizo, Flybeemon, los cuales danzaban sobre sus cabezas como burlándose de ellos. Pero aquello no era todo, una figura imponente permanecía en lo alto del cielo, rodeado de un enjambre de aquellos insectos: un estoico Tyrantkabuterimon mantenía su mirada fija en la alcaldía y las tropas que la defendían.

[. . .]

[Flashback]

Un Phascomon corría tan rápido como sus pequeñas piernas se lo permitían, sus ojos estaban infestados de lágrimas y de su boca solo salían sollozos, era normal, sus oídos solo escuchaban los gritos de sufrimiento y agonía de sus amigos quienes estaban siendo masacrados uno a uno a sus espaldas. Pero no solo era el único ruido que captaba, sintió un escalofrío recorriendo su ser al comprender que algo estaba siguiéndolo y se estaba acercando a toda velocidad entre la vegetación. El Child se quedó petrificado cuando por fin su perseguidor le dio alcance y este último, deseando terminar aquel tonto juego de cacería, pegó un salto desde la retaguardia para aterrizar justo delante del pequeño demonio, cortándole su vía de escape y evitando que se internara más en el bosque, aunque aquello fue innecesario: el Demon Beast cayó sobre sus cuartos traseros y se cubrió el rostro mientras su llanto se intensificaba. Dobermon gruñó molesto al verle.

—¿Qué es esto? —dijo con remarcada repugnancia—. Allá atrás, tus amigos al menos intentaron darme pelea a mí y al resto de mi manada —afiló su mirada—, algo admirable para un montón de Childs desorganizados y débiles, ¿pero tú que hiciste? —abrió el hocico y presumió sus filosas fauces—, corriste cual vil cobarde y les abandonaste, ¿en verdad creíste que podrías escapar?

—Y-yo…

—¡Cállate! —El rugido del can hizo al pobre Child sobresaltarse, dejando incluso de respirar—. No sé ni siquiera por qué estoy perdiendo el tiempo contigo…mírate, en vez de intentar defenderte has decidido ponerte a llorar —frunció el ceño, después una carcajada sonora escapó desde sus adentros—. Ni siquiera mereces que te absorba… ¿qué beneficio podría traerme comer a semejante basura?

Sin decir más el perro lanzó un gruñido y desapareció por dónde había llegado. Tuvieron que pasar varios segundos para que Phascomon pudiese comprender que el Adult se había ido, fue entonces cuando las palabras del can comenzaron a ser digeridas por su mente, lo cual solo le sumergió de nuevo en llanto. En efecto, había dejado atrás a sus amigos en un vano intento por sobrevivir… tal vez Dobermon tenía razón: no era más que una vil basura ocupando espacio en aquel mundo.

[Fin Flashback]

Aries abrió los ojos. Por un leve instante se había permitido el lujo de desconectarse de la realidad y sumergirse en sus más profundas memorias. Aquello le hizo olvidar por completo dónde estaba: flotaba en las alturas, desde aquella posición privilegiada se podía admirar el caos que la incursión de Trece Signos había ocasionado en Pueblo Industrial. Varios edificios ardían, a este punto ya era un desperdicio de energía y recursos intentar salvarlos, pues pronto colapsarían debido al daño en su estructura. El estridente ruido de detonaciones y gritos de dolor era ya prácticamente una melodía ambiental, misma que solo se había intensificado cuando la odiosa sirena de emergencia fue enmudecida por fin. En las calles las únicas figuras que podían verse eran las de los involucrados en la intensa batalla, soldados de metal contra anfibios armados con arpones e insectos rojizos sobrevolando el espacio aéreo.

El ejército de Guardromon estaba bien organizado y sus tácticas para defender la ciudad eran dignas del líder a su cargo, el alcalde Giromon, a Aries no le cabía duda alguna de que, si Trece Signos hubiese marchado ahí solo con pelotones de Hangyomon y Flybeemon la situación actual sería una distinta, por supuesto, lo que estaba marcando la diferencia y empujaba a los Guardromon a una inminente derrota era la presencia de los Signos.

En aquel gremio no existía un solo líder, sino doce principales cabezas que tomaban las decisiones. Por supuesto, cada uno de esos doce Digitales podía acoger tantos seguidores como pudiese controlar y mantener en orden. Los Signos entonces, al no estar atados a la voluntad de una sola figura, solo tenían una misión: velar por el crecimiento del gremio, al costo que fuera, por esta razón, de forma individual cada uno de ellos solía buscar recursos para engrandecer a Trece Signos, creyendo que sus métodos e ideologías eran las correctas. Era común que dos o incluso tres Signos colaboraran entre ellos para un fin común, “Los Signos de agua”, Piscis, Cáncer y Acuario eran un ejemplo perfecto de que la colaboración no era imposible dentro del gremio: ellos habían concebido un ejército leal de Hangyomon que era temible tanto en agua como en tierra. “El Abismo”, aquel proyecto concebido por el ingenio de Aries también requirió de la participación de varios Signos, que contribuyeron a la creación de una base subterránea, donde se mantenía un servidor con información sobre diversos Tamers, e incluso integrantes de la DS, la cual era vendida al mejor postor en el Bajo Mundo. Sin embargo, aquella invasión era un suceso sin precedentes en la historia de la organización criminal. Era la primera vez que cinco signos participaban de forma activa para alcanzar un mismo objetivo, desplegando todo el poder del cual disponían. Una medida desesperada para tiempos desesperados… Trece Signos se dirigía a su extinción, sus recursos escaseaban y sus aliados lentamente comenzaron a darles la espalda debido a la falta de logros remarcables, a ese ritmo pronto serían aislados incluso del Bajo Mundo. No obstante, un escenario como este había sido previsto por Aries desde hace mucho tiempo atrás y desde entonces comenzó a prepararse…

Aquí y allá, todo Digimon que entró en contacto con Mephistomon fue contaminado con sus ideologías extremas sobre la presencia humana en el Digimundo y como esta no debía ser tolerada mucho más tiempo. Por supuesto, el demonio no buscaba incitar una revolución, al menos no en ese momento, para él era suficiente sembrar en sus mentes la semilla de la discordia. Repitió el proceso una y otra vez… con líderes de tribus o aldeas, con consejeros, con las principales cabecillas de organizaciones… La influencia de Aries se había esparcido por todo Folder Continent de forma silenciosa a lo largo de años. Incluso otros Digimon en otras partes del Digimundo le asistieron para sus intenciones de forma indirecta, el ataque de Ogremon a Ciudad File años atrás, por ejemplo, había dejado en claro de lo que eran capaces los Digimon salvajes cuando se unían bajo una misma causa. Aries estaba seguro que ahí afuera existían más Digimon con esa misma forma de pensar, con ese mismo odio y recelo hacía los humanos al punto de incitarlos a participar en una guerra, sin embargo, no se atrevían a levantar su mano contra aquellos invasores por simple miedo, o por carecer de una figura a la cual seguir.

En el pasado, Aries buscó encender la mecha de aquella bomba que había preparado: intentó que comunidades de digitales como la Tribu Gottsumon decidieran levantarse en armas contra la Central de Tamers, o incluso apoyó la concepción de una secta religiosa, todo con tal de conseguir humanos leales a los cuales enviaría a crear conflictos con Digimon salvajes. Por supuesto, esos planes fueron frustrados, lo cual le había orillado a orquestar esa invasión.
Pueblo Industrial no tenía mucho que ofrecer a Trece Signos, de hecho, mantener la ciudad una vez tomada sería complicado cuando la Central de Tamers y la Digital Security lanzasen a sus mejores y más obedientes perros. Lo único que Trece Signos buscaba con aquel ataque era dejar en claro al mundo su alcance y poder, de esta forma las semillas plantadas por Aries germinarían y aquellos que ingenuamente fueron engatusados por sus ideologías le verían a él y a su gremio como la solución para el “problema” de ese mundo: los humanos.
Y entonces la primera ficha de dominó caería… generando una reacción en cadena que sería imparable…

[. . .]

Dos figuras aladas se movían a toda velocidad por los cielos de File. La primera era un caballo de pelaje anaranjado, con alas y armadura de tonalidad dorada, un Pegasmon que en sus lomos llevaba una chica de cabello rubio y corto. La segunda criatura era un alargado dragón amarillento revestido en armadura negra, un Ginryumon, con él viajaban tres individuos: dos varones, uno de cabellera castaña y el otro azabache, así como un digital de características reptilianas y humanoides, un Dinohumon. Se dirigían a toda velocidad a un punto a la distancia, una urbe infestada de columnas de humo que ascendían cuales pilares al cielo…


La Mano Ausente Tizza y da inicio esta cosa(?), pase please o-o/
 
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Ginryumon y Pegasmon aterrizaron en un segmento boscoso de la Sábana Engrane, a tan solo medio kilómetro de distancia de la urbe industrializada. Desde ahí la melodía de la batalla podía escucharse con perfecta claridad, esta debió asustar a los Digimon nativos de la zona, pues el lugar lucía un desierto cuando en otras ocasiones manadas enteras de Digimon herbívoros degustaban de aquellos pastizales.

Al desmontar, los humanos y sus compañeros notaron que no estaban solos en ese sitio: una gran Andiramon y un Vritramon hacían todo lo posible para permanecer acuclillados, de modo que las copas de los árboles cubriesen sus cuerpos, sus muecas faciales advertían que ya se encontraban cansados de aquello, a su lado un Aegiochusmon les veía divertido, pues este al medir poco menos de dos metros podía pasar desapercibido sin problemas a diferencia de sus camaradas.

—¿No tuvieron problemas para llegar aquí? —Preguntó el castaño apenas vio a sus aliados.

—Sí, Ethan, nosotros también estamos muy alegres de volver a verte —Capricornio exageró su indignación por no haber recibido un saludo apropiado del Tamer—, y no fue tan complicado la verdad —se encogió de hombros—, tu amiga —apuntó a Sydney con su mentón—, fue muy amable y bastante eficiente consiguiéndonos transporte para traernos a Isla File, el resto fue sencillo.

Matthew fue incapaz de disimular su interés por el trío de Perfect, es verdad que Ethan les avisó que se reunirían con estos, pero aún así no esperaba encontrarse de buenas a primeras con dos digitales de cinco metros de altura, siendo uno de ellos una liebre que intimidaba a pesar de llevar una mueca de calma en su rostro. Si no mal recordaba, pues el canadiense nunca había tenido la oportunidad de conocerles en persona, esos tres Digimon eran aliados de Ethan y Ryudamon con los cuales cumplieron Quest peligrosas, principalmente las que involucraban a Trece Signos, motivo por el cual su participación en esta ocasión era casi obligatoria.

—¿Y no vas a presentarnos? —Capricornio ladeó la cabeza y miró atentamente a Matthew y Dinohumon, apenas preguntó aquello el canadiense se apresuró a descolgar su Digivice de su cinturón y permitió a sus compañeros materializarse fuera de este.

—Matthew-kun, Excalibur-dono, Prydwen-dono, Dinohumon-sama estos son Vritramon-sama, Aegiochusmon-sama y Andiramon-sama —el samurái tomó la iniciativa presentando a cada uno, a medida que les iba a nombrando cada uno hizo algún gesto de saludo para que quedase en claro quién era quién.

—Veo que tú también llevas Digimon de contrato, como Ethan —el Demon Dragón esbozó una sonrisa.

—Se equivoca Vritramon-sama —Ryu negó con la cabeza—. Matt-kun es un Tamer especial, Excalibur y Prydwen son sus compañeros, es decir, posee dos Digimon en lugar de uno como la mayoría de humanos —el trío Perfect intercambiaron miradas de sorpresa entre ellos, nunca habían visto o escuchado algo como aquello.

—So-solo Dinohumon nos presta sus servicios como Digimon acompañante, es miembro de nuestra Guild —el azabache giró para ver al reptiliano, este solo hizo una leve inclinación con su cabeza dándole la razón, pero al parecer no estaba interesado en unirse a la conversación.

—Y ya conocen a Sydney-chan y su asistente, Patamon —la chica hizo una reverencia teatral al ser mencionada, el armor solo agitó sus alas y cola—, ellos pertenecen a la Central de Tamers, fungen como intermediarios y representantes de la misma.

—Aquí concluyen las presentaciones, pues no tenemos tiempo para desperdiciarlo en charlas —la voz de Walker interrumpió el momento e hizo que cierta tensión se sintiera palpable en el aire. Ninguno podía quejarse, no estaban ahí para conocerse los unos a los otros, contar historias y pasar un buen rato mientras tenían un día de campo: se reunieron con la finalidad de organizar una peligrosa incursión a un Pueblo Industrial invadido por Trece Signos, el cual sucumbía cada vez más ante el caos con cada minuto que pasaba—. Sydney, por favor —se giró hacía la Tamer rubia, esta asintió avanzando hasta el centro de todos los reunidos, materializando un gran documento desde un Keychain.

—Después de un evento acontecido en Pueblo Industrial hace años, al cual se le llamó “Shutdown” —dijo aquello mientras desdoblaba lo que a simple vista lucía como un pergamino, Zubamon, Ludomon y Ryudamon apoyaron a la chica para conseguir piedras de los alrededores, pudiendo mantener en su sitio un elaborado mapa que ocupaba aproximadamente un metro cuadrado de área—, la Central de Tamers mejoró sus relaciones con el alcalde de Pueblo Industrial, Giromon, esto nos permitió conseguir más información de la ciudad, como esto: un mapa detallado —apuntó con su índice el diagrama, en este podía verse calles y edificios perfectamente delimitados y señalados—. Según la poca información que la oficina del alcalde pudo transmitir a la Central de Ciudad File, antes de que dejaran de respondernos, una primera ola de invasores vino desde el mar y atacó el puerto —paseó su mano por la zona—, después se desplazaron a tierra y comenzaron su ataque en las calles mientras un segundo grupo de Digimon llegaba desde el aire —su extremidad ahora se desplazó hacía un espacio en blanco donde se leía “Pradera Engranaje”—, al igual que nosotros, aprovecharon las manchas boscosas de esta zona para ocultarse y pasar inadvertidos hasta la hora del asalto.

—¿Y qué sucedió con las defensas de la ciudad? —Collins arqueó una ceja—, he escuchado que Pueblo Industrial posee un ejército de Guardromon que vigilan las veinticuatro horas.

—Ellos hicieron lo que debían hacer —Sydney suspiró con pesadez—, pero la presencia de Digimon Ultimate y Perfect les dieron problemas para contener la ofensiva invasora —le dedicó una larga mirada a Ethan.

—Trece Signos no tiene Ultimates en sus filas —el comentario vino de Capricornio, quien estaba de brazos cruzados. En los rostros de Walker y Stanford reinó la confusión—. La mayoría de los Signos se encuentran en etapa Perfect, solo unos cuantos éramos la excepción poseyendo el nivel Adult —negó con la cabeza.

—Aries y Piscis estaban obsesionado con alcanzar la cúspide evolutiva —continuó Géminis—, pero por mucho que lo intentaron nunca consiguieron resultado alguno —frunció el ceño.

—¿Y qué hay de Libra? —Matt tragó saliva al recordar a ese Duskmon. A diferencia de Walker, el Expert solo había tenido tropiezos con uno de los Signos—, ese sujeto estaba experimentando aquí en File Island, hacía evolucionar a los Digimon en contra de su voluntad sin necesidad de un humano o un Digivice.

—Hizo que Childs se convirtieran en Adults, perdiendo todo rastro de inteligencia y raciocinio en el proceso —Zubamon apretó sus garras hasta formar puños—, al final solo eran seres violentos incapaces de distinguir entre aliados o enemigos, dejándose llevar solo por sus instintos.

—Recuerdo sus experimentos —el albino asintió con pesar—, pero por lo que dicen, el proyecto de Libra aún está lejos de arrojar los resultados deseados, dudo que los Signos hubieran sacrificado su inteligencia a cambio de poder…

—¿Y qué tal si ya completó sus experimentos y todo le ha salido de maravilla? —Las miradas se clavaron en Vritramon, este se encogió de hombros—, es decir, la única forma de explicar la presencia de Ultimates en la invasión sería esa, ¿no?

—En efecto —Sydney asintió y miró a Capricornio—, el alcalde reportó la presencia de Digimon de semejante nivel y dudo que estuviese mintiéndonos —suspiró, volviendo su atención al diagrama—. Bien, los Guardromon han sido obligados a replegarse y atrincherarse, al igual que el alcalde. Como si no fuera suficiente, no hay noticia de nuestras oficinas en Pueblo Industrial desde el comienzo de la invasión.

—Es probable que haya sido uno de los objetivos prioritarios —Ludomon concluyó aquello—, ellos sabían que los Tamers y sus compañeros podían darles problemas si se aliaban con los guardias de la ciudad.

—No sabemos que hicieron con ellos —la rubia soltó eso en un susurro, su voz poseía un deje de frialdad—, pero si siguen vivos, lo más probable es que traten de usarlos como rehenes —Ethan y Matt permanecieron en silencio, ellos mejor que nadie podían imaginarse la raíz de la preocupación de Sydney: lo lógico sería pensar que esos Tamers poseían los rangos de Amateur y Medium, incluso cabía la posibilidad de que algunos apenas y solo tuvieran un par de meses en el Digimundo.

—Los salvaremos, a todos ellos —Dinohumon habló por fin. El Dragón Man mantuvo sus distancias con la mayoría hasta ese momento, incluyendo a los integrantes de Ávalon.

—L-lo haremos —asintió Collins.

—Entonces, resumiendo todo esto… —Aegiochusmon movió su mano trazando círculos en el aire—, tenemos que entrar a una ciudad infestada de soldados de Trece Signos, sin apoyo de las autoridades del sitio, con Signos de nivel Ultimate pisándonos los talones, quienes para colmo poseen a un grupo de humanos y sus compañeros como rehenes… —tomó una larga bocanada de aire—, esta es la locura más grande a la que has decidido traernos, Walker —le dedicó una sonrisa burlesca al castaño—, ¿estás seguro que no quieres matarnos?



—Ingresar a la urbe no es problema, siempre que sepamos ser cuidadosos —la fémina apuntó un punto del mapa—, existen túneles de desagüe que desembocan en el mar, estos llevan directo a fábricas o almacenes en el interior de la ciudad…

—¿Y por qué no entrar volando? —Vritramon ladeó la cabeza.

—Porque sería como entrar a una casa por la puerta gritando a los cuatro vientos “ya estamos aquí” —Capricornio soltó una risa ante la ocurrencia de su amigo—. Necesitamos mantener el factor sorpresa a toda costa.

—Si utilizamos las tuberías —Walker se llevó una mano al mentón, miró a Andiramon y Vritramon— ustedes dos no podrían venir con nosotros, al menos hasta que consigamos crear una distracción que pueda permitirles ingresar a la ciudad sin llamar demasiado la atención, si entran ahora toda cosa con alas se fijará en ustedes.

—¿Cómo planeas distraer a un ejército entero? —Andiramon frunció el ceño—, para cesar la invasión debemos acabar con los Signos presentes tan pronto como podamos y esta vez están rodeados de sus mejores seguidores —se llevó una mano al pecho— si tu plan es plantarles cara y solicitarles un duelo honorable, o invocar una memoria creyendo que todos se concentrarán en atacarla, entonces déjame decírtelo ahora: nada de eso funcionará.

El silencio se hizo. Géminis estaba en lo cierto, esta vez la misión no se trataba de huir de una base enemiga, o simplemente derrotar a un objetivo en particular y salir corriendo, tampoco bastaba con entrar sin hacer ruido y liberar a los rehenes… No, debían hacer eso y detener la invasión, eliminando a todas las cabecillas de Trece Signos en el proceso. El combate no era una opción en esta ocasión, sino un suceso inevitable.

—Solo hay una forma de distraer a un ejército —la expresión de Matt se volvió sería, había jugado los suficientes RPGs como para dudar de sus palabras— y eso es haciéndolo luchar contra otro ejército.



[. . .]


El plan de infiltración dio inicio. Por Sábana Engrane una Andiramon corría a toda velocidad, sus piernas apenas si podían ser vistas en pleno movimiento, una larga y densa capa de polvo era dejada detrás suyo durante su marcha. Sobre su cabeza un Vritramon volaba siguiéndole el paso, llevando sobre su lomo a los dos Tamers varones, a Ryudamon y Dinohumon: su objetivo era alcanzar el límite de la ciudad, concretamente el sitio donde se encontraban las tuberías que descargaban los desperdicios al océano, pues la muralla metálica que rodeaba el perímetro de Pueblo Industrial les dificultaría ingresar sin hacer un escándalo y en esos momentos conservar el factor sorpresa era algo vital para el éxito de su misión.

Sin embargo, Trece Signos no parecía tener intenciones de dejarles salirse con la suya. Desde la muralla, cinco Flybeemon observaron a los dos Perfect moviéndose por la sabana, a una distancia peligrosamente cercana a la zona que custodiaban. Abrieron sus alas de par en par y las hicieron batir a una alta velocidad, emitiendo un zumbido estridente: como si de balas se tratasen, se lanzaron a por los extraños individuos.

—¡¡Tenemos compañía!! —Chasqueó la lengua el americano tras ser alertado por el zumbido de los Armor y descubrir sus figuras al mirar hacia atrás.

—¡Yo me encargo! —Géminis no tuvo necesidad de mirar a los insectos, solo puso en alto sus orejas y se dejó guiar por el sonido que estos emitían al estar en pleno vuelo—, ¡no te detengas Vritramon! —el aludido asintió y se impulsó hacía adelante.

El líder del contingente de Flybeemon afiló su mirada al enfocar a las figuras humanas en el lomo del Demon Dragon. Su señora Escorpio les ordenó custodiar aquel tramo de la muralla y tenían la obligación de hacer desistir a cualquier Digimon de acercarse, sin tener la necesidad de matarle, sin embargo, la cosa cambiaba cuando había humanos involucrados: a ellos se le debía ejecutar en el acto. Así pues, los Armor centraron su atención en los dos varones y permitieron a sus afilados aguijones salir de sus colas. Grave error.

Andiramon aceleró aumentando su velocidad tanto como pudo, entonces sin detenerse pegó un salto hacia arriba, elevándose varios metros, el resultado fue que quedó justo en la trayectoria de los Flybeemon, quienes obviamente trataron de frenar su marcha para no impactar de lleno contra la liebre. Géminis transformó sus manos en hachas mientras ejecutaba una serie de giros en pleno aire, cortando y desmembrando a las pestes voladoras en un espectáculo hipnotizante y violento. Cuando la liebre tocó suelo, los restos de sus enemigos se convirtieron en simples datos a medida que caían.

Vritramon suspiró aliviado al ver por fin el punto donde la tierra terminaba y un océano azul iniciaba. El sentimiento de alivio se esfumó casi al instante, aquel sitio no estaba solo, un grupo de Hangyamon tenían un modesto campamento de vigilancia y fue solo cuestión de tiempo para que estos notasen su presencia. Uno a uno, los anfibios sujetaron sus arpones, mandando sus brazos hacía atrás y quedándose fijos en aquella pose: esperarían a que el rojizo invadiese su espacio aéreo, entonces ejecutarían su ataque.

—¡Sujétense fuerte! —el heredero del fuego afiló la mirada y sonrió con un deje de diversión.

Las Rudriya Darpana en ambos brazos del Hybrid se movieron de tal forma de que los cañones de las mismas apuntasen hacía adelante, entonces estas comenzaron a disparar una lluvia de proyectiles ígneos. Los Hangyamon quedaron petrificados al ver el Corona Blaster caer desde las alturas, solo para un instante después convertir los alrededores en un mar de fuego. Algunos de los Adult cayeron al suelo malheridos, otros simplemente perdieron la postura adecuada para lanzar sus armas, de modo que solo unos cuantos fueron capaces de disparar sus proyectiles, cosa que facilitó en gran medida a Vritramon la tarea de ejecutar maniobras evasivas.

Solo un par metros delante de la posición de los anfibios, dos grandes tubos sobresalían de una pared rocosa, un acantilado formado por la erosión constante del agua marina. Las tuberías poseían tres metros de diámetro y estaban hechos de un material sólido resistente, a los humanos les recordó al concreto por su color y textura. Vritramon se acercó tanto como pudo a la boca de aquel túnel artificial, facilitando a sus pasajeros llegar a este de un salto.

—Recuerda, no pueden quedar testigos —Ethan le dijo aquello al Demon Dragon para dejarle en claro que debería volver a por los Hangyomon sobrevivientes a su ataque, el Hybrid asintió—, entre más tiempo pasemos desapercibidos mejor para nosotros.

—Les deseo la mejor de las suertes, Géminis y yo estaremos esperando la señal para ingresar —y con esto, el heredero del fuego voló, regresando por donde había venido.

Walker se quedó un momento observando el basto océano que tenía delante, fijando su atención en algún punto del horizonte. Era curioso como la naturaleza lucía indiferente a la tragedia que acontecía delante de sus narices, pues las aguas del Net Ocean lucían tranquilas, apenas si podían avistarse olas. Al girarse, notó que los compañeros de Matthew ya estaban una vez más fuera del Digivice y todos le miraban con atención. Entonces posó su vista en lo que les esperaba delante: una sombría caverna que los llevaría a algún punto interno de Pueblo Industrial y a un inminente encuentro con Trece Signos.

—Vamos —el castaño cerró con fuerza sus párpados, al abrirlos de nuevo dio inició la marcha con un remarcado paso decidido.


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El ruido de sus pisadas era lo único que escuchaban dentro del túnel, de vez en cuando sonidos secos y distantes lograban percibirse sutilmente, pero estos eran apenas perceptibles y en la mayoría de las veces les resultó imposible identificar qué lo podría haber causado. El dúo Commander lideraba la marcha con Ethan sosteniendo la única fuente de luz de la cual gozaban, una simple linterna. Las paredes de la tubería estaban manchadas de un color negruzco, a los humanos les recordó el color del asfalto de una autopista. Un aroma picante podía sentirse cada vez que respiraban, aunque fue cuestión de tiempo para que se acostumbrasen a este. Ocasionalmente en el piso encontraban charcos del desecho que los habitantes de la urbe hacían fluir por esos canales: era negro y de consistencia densa.

Nadie había hablado en un buen rato, el silencio se impuso en todos ellos como si una entidad superior se los hubiera ordenado. Era evidente que mantenían la guardia en alto, con sus oídos atentos ante cualquier sonido repentino que fungiese como advertencia de presencia enemiga, pero conforme los minutos fueron pasando, inevitablemente sus cuerpos, e incluso sus mentes, comenzaron a relajarse. Este instante de tranquilidad fue aprovechado por Aegiochusmon para romper el hielo, pues odiaba bastante ese tipo de situaciones serias.

—De modo que, ¿están nerviosos? —preguntó al dúo Commander con una enorme sonrisa en su boca. Ethan le fulminó con la mirada, solo para un instante después centrar una vez más su atención al camino—. Pues yo sí lo estoy —admitió, cruzándose de brazos—, podré ver a varios de mis queridos excamaradas —suspiró con una falsa preocupación— y no les traje recuerditos, tal vez se molesten…

—Pues si te soy sincero, pareces como un niño en una dulcería —bufó el americano y es que, en efecto, de todos los presentes ahí solo Aegiochusmon mostraba un temple más sereno.

—¿Y por qué no lo estaría? —se encogió de hombros, volviendo su expresión facial en una seria—. Después de todo, esta es la ocasión perfecta para terminar con Aries y Trece Signos —cerró un instante sus ojos—, después Géminis y yo no tendremos que preocuparnos por represalias de esa banda de lunáticos.

El castaño miró de reojo al Perfect, comprendiendo mejor el estado ansioso de su camarada por iniciar de una buena vez con el asalto. Ahora mismo, tanto él como Géminis eran incapaces de iniciar una nueva vida, pues eran objetivos de Trece Signos por su traición; si bien los ataques contra su persona no eran constantes ahora como lo fue en el pasado, saber que un gremio criminal estaba sobre tu pista debía ser una sensación para nada agradable.

Ryu se paró en seco y alzó la cabeza, olfateando el aire. Walker al ver la reacción de su compañero se detuvo y frunció el ceño mientras trataba de escudriñar la distante oscuridad de la lejanía. Zubamon y Ludomon decidieron avanzar hasta colocarse delante de los humanos, mientras que Aegiochusmon y Dinohumon optaron por avanzar un par de metros por el túnel. Algo se estaba acercando… y no era un solo individuo…

Los enviados de la Central y sus aliados se sobresaltaron ligeramente, solo para un instante después adoptar posiciones defensivas al ver cómo un grupo de Digimon ingresaban por fin a la sección iluminada: un Ballistamon se detuvo de golpe al encontrarse delante al grupo variopinto de humanos y Digimon, la confusión era notable en todo aspecto de su ser, desde sus movimientos hasta leves expresiones que salían de su boca.

—¿Quién eres? —Capricornio lanzó la pregunta al descubrir que las intenciones del máquina no era atacarles, pues ya lo hubiera hecho. Otros Digimon aparecieron entonces, rodeando al escarabajo de metal, todos ellos eran seres mecánicos: Hagurumon, Solarmon, Kokuwamon—, están huyendo de la ciudad… —pudo concluir sin necesidad de pensar demasiado.

—A-así es —asintió Ballistamon—, trabajo en la planta de manejo de residuos —dijo el No-Level al llevarse la mano al pecho—, la batalla llegó rápidamente a donde estábamos, así que se me ocurrió usar las tuberías como vía de escape.

—¿Por qué les dices eso? —un Hagurumon levitó hasta colocarse al lado de Ballistamon—. ¡Pueden estar con esos sujetos! —Chilló con obvio pavor.

—Deja de decir tonterías —su similar de tonalidades doradas le hizo callar—, ¿qué no lo ves? —posó su atención en los varones—, estos Digimon vienen con humanos, eso significa que son Tamers y esos sujetos estaban atacando a Tamers como Digimon máquina por igual.

—¡De-deben ser Tamers de la Central de Ciudad File! —Kokuwamon daba la impresión de estar a punto de echarse a llorar por su tono de voz—, ¿verdad?, ¿vinieron a rescatarnos?, ¿nos sacaran de aquí, cierto?

Matthew sintió como si una daga se clavara en su pecho, aunque la mayoría de esos digitales poseían rostros inexpresivos, casi podía imaginarse el dolor por el cual estaban pasando y la desesperación que momentos antes debieron experimentar. Aunque estuvo tentado a darle la razón a ese Kokuwamon y asegurarles a todos ellos que les sacarían de ahí, aquello solo sería una vil mentira, pues ahora que consiguieron una vía de ingreso a Pueblo Industrial solo podían seguir avanzando.

—Vinimos a ayudar —habló Ryudamon—, pero no podemos ir con ustedes —esas palabras hicieron que varios de los máquina intercambiaran miradas de confusión.

—Hemos venido a pararle los pies a quienes están atacando su ciudad —Excalibur levantó su cabeza con orgullo— y hacerles pagar por los crímenes que han cometido.

—Pe-pero ellos son docenas… —Hagurumon experimentó un escalofrío de solo recordar aquello—, e-es imposible que puedan detenerlos ustedes solos.

—Ya nos encargaremos de eso —Capricornio movió su mano para restarle importancia al asunto—. Entonces, ¿si seguimos recto dónde saldremos?

—L-la planta de manejo de residuos —Ballistamon asintió.

—¿Cómo estaba la situación en esa zona cuando iniciaron su escape? —quiso saber Ethan.


[. . .]


Dinohumon abrió la escotilla, lo hizo con cuidado y esperó unos segundos antes de asomar su cabeza, el cual escudriñó antes de concluir que la zona era segura y salir por completo. Estaban en una bodega, el techo de la misma había colapsado en gran parte del mismo y a lo lejos pilas de escombros humeaban sutilmente. Trozos de cemento, muebles destruidos o empolvados y muros enteros colapsados eran una constante ahí donde posaras tu atención.

—Está despejado —anunció el Dragón Man, inclinándose y ofreciendo su mano para que el siguiente integrante del grupo subiese, el cual fue Zubamon. El Adult repitió el proceso hasta que por fin todos salieron del túnel, cerraron la escotilla y le cubrieron con trozos de escombros, lo mejor era evitar que alguien descubriese aquel pasaje.

—Pues estamos dentro de la ciudad, ahora es cuando comienzan lo interesante —Walker extrajo su Mapa Digital del Keychain, al activarlo un mapa de los alrededores fue proyectado—. Como lo imaginaba, no estamos muy lejos del puerto —con sus dedos el castaño manipulaba la imagen tridimensional.

—Esa de ahí es la sucursal de la Central —Excalibur apuntó con una de sus garras un edificio a un par de cuadras, Sydney se los había descrito como un edificio con una cúpula en su techo, misma que le hacía sobresalir del resto de construcciones aledañas.

—Pero ir directamente ahí no es buena idea —Collins se llevó una mano al mentón y se quedó pensativo por un largo rato—, lo más seguro es que lo tengan bien vigilado —le explicó al vigésimo.

—Necesitamos encontrar a los Guardromon y organizar un contraataque —Ludomon se acomodó sus googles, viendo admirado el dispositivo del californiano y preguntándose por qué Matthew no disponía de algo así—, eso romperá la formación y los líderes de Trece Signos se verían obligados a tomar acción…

—Ahí es cuando estarán más vulnerables —asintió Excalibur, comprendiendo la táctica.

Dinohumon aprovechó la ocasión para caminar hacía una de las paredes, enormes grietas le cruzaban desde el suelo hasta el techo, era simple suerte que siguiera en una pieza. Echó un vistazo valiéndose de un agujero, encontrándose al otro lado con una calle completamente vacía, con marcas en el suelo de la calle las cuales obviaban el acontecimiento de un intenso combate.

—Creo que podemos salir —anunció al resto—, no veo a nadie merodeando afuera.

Las calles de Pueblo Industrial eran un desierto. Dejando a un lado los edificios, lo único que podías encontrar en las calles eran restos de escombros, agujeros en el concreto sugiriendo que algo estalló ahí, objetos que en su mayoría eran componentes electrónicos, tal vez dejados atrás por los habitantes cuando fueron obligados a tomar la decisión de completar la tarea que hacían o salir corriendo y salvar sus vidas. Fue cuestión de tiempo para que encontraran algo más, algo con lo que iban a toparse tarde o temprano en aquel campo de batalla: Digitamas, estaban por docenas, esparcidos por todas partes.

Matthew se agachó y siendo lo más cuidadoso posible tomó uno de aquellos huevos. Era consciente de que podría estar sujetando los restos dejados por uno de los invasores tras morir, sin embargo, cuando un Digimon se transformaba en Digitama poco importaba quién fue o qué hizo en el pasado, la vida que ahora se gestaba dentro de ese cascarón era un ser puro y vulnerable, pues lo más probable es que sus memorias fuesen borradas y nunca más recordadas.

—No tenemos tiempo para buscarles un sitio seguro donde dejarlos —Ethan pudo adivinar los pensamientos de Collins con solo ver su expresión al sujetar el huevo.

El canadiense fijó su mirada una vez más en el huevo que cargaba y tras suspirar le dejó recargado contra el muro de un edificio, despidiéndose de él con un “espera aquí, después vendremos por ti”, aunque esa promesa le supo mal, era el defecto con las promesas a largo plazo. Dinohumon fijó su atención en el pelinegro en todo momento, interesado en sus acciones. Su relación con Matthew y sus compañeros no era la mejor, prácticamente solo les conocía del momento en que Light les presentó en la base de Ávalon, después de ahí sus interacciones se limitaban a saludos, además de cortas y esporádicas charlas. Aceptó acompañarles en esa peligrosa misión porque el Expert había entrado agitado aquella mañana a la sede de la Guild, buscando desesperadamente a Kyle y Light con la intención de pedirles apoyo, al no encontrarles Dinohumon se sintió en el deber de asistirle, después de todo él también era parte de Ávalon.

—Cuando todo esto termine, vendremos por ellos y les buscaremos un sitio donde puedan estar tranquilos —El hombre reptil le dio unas palmadas en la espalda al azabache, este se sobresaltó ante el gesto.

—S-sí —se apresuró a responderle.


[. . .]


Caminar por las calles desiertas de Pueblo Industrial era una sensación poco agradable, más cuando sonidos de explosiones y gritos eufóricos se escuchaban a la distancia. Con cada paso, algo en las mentes de los humanos y Digimon les decía que no deberían estar ahí, sino ocultos en uno de esos edificios, alejados de cualquier ojo que pudiese avistarles.

—Creo… que escucho algo —Ryudamon se detuvo de golpe.

—Yo también —asintió Ludomon.

—¿Por qué se me hace tan familiar? —Capricornio arqueó una ceja y miró hacia el cielo: abrió los ojos como platos—. Esas pestes volvieron…

Siete Flybeemon surcaban los cielos cuando uno de ellos avistó a las siete figuras desconocidas a mitad de la calle, con una simple orden, la cabecilla del pelotón hizo que sus compañeros adoptasen una formación similar a una punta de flecha, después, en perfecta sincronía uno a uno inclinaron el peso de su cuerpo hacía el costado izquierdo, iniciando de esa forma el descenso. Volver por donde vinieron no era una opción, les alcanzarían antes de alcanzar la esquina. Solo les quedaba pelear y quitárselos de encima. Dinohumon blandió una espada con cada mano, Aegiochusmon concentró su energía eléctrica hasta formar una lanza con esta, en el lomo de Ryudamon apareció una capa rojiza y en su cabeza apareció un casco de Greymon, Zubamon apuntó el filo de su cuchilla hacía los voladores y Ludomon se colocó justo entre Ethan y Matthew con su escudo por delante.

El zumbido de los Flybeemon retumbó en las paredes de los edificios que flaqueaban a los enviados de la central, convirtiéndose en un sonido sumamente molesto debido al efecto de eco que se formó, entonces comenzó: el primer insecto cayó al recibir la lanza de Capricornio, retorciéndose incluso cuando tocó suelo, un segundo sería tragado por una explosión de fuego cuando el Megaflame de Ryu le dio de lleno, el resto de Armor esquivaron al grupo, logrando Dinohumon desviar los aguijones de los pocos que se atrevieron a continuar con su ataque a pesar de todo.

—Atentos —demandó Capricornio, viendo como los rojizos ahora rompían formación, buscarían ejecutar un ataque más caótico.

Esta vez Aegiochusmon prefirió tomar las riendas a la hora del ataque, en vez de esperar a que el enemigo rompiese distancias, pegó un salto y en medio del aire hundió un puñetazo eléctrico en el rostro de uno de los Armor, haciendo azotar contra el piso de una patada a un segundo insecto que vino en auxilio de su compañero. Los tres Flybeemon restantes se lanzaron a por los humanos, siendo obligados a cambiar su ruta por un nuevo Megaflame de Ryu, Dinohumon aprovechó para impulsarse y ejecutar una serie de ágiles movimientos en pleno ascenso, su técnica Lizard Dance, creando múltiples cortes a los insectos quienes por fin cayeron abatidos.

—¡Lo conseguimos! —Festejó Zubamon, a pesar de que no aportó demasiado en la pelea—, tú técnica de espadas es asombrosa Dinohumon —al dorado le brillaron los ojos—, ¿podrías enseñármela?

—¿Y a mí? —Ryudamon se unió. El Adult se rascó la nuca y desvió la mirada sin perder su mueca seria.

—Supongo que podría… —respondió a la petición de los Childs, no podía negarse, después de todo era de su agrado ser un mentor para Digimon jóvenes y el hecho de que fueran dragones le daba un plus al asunto.

Ethan no quería amargar la victoria del grupo, pero no le agradaba la idea de tener enfrentamientos como aquél en cada calle a la cual se internaran. Además, en esa ocasión fueron solo Flybeemon, la próxima vez podrían ser tanto esos insectos como Hangyomon y a pesar de ser Adult la situación sería del todo menos agradable. Sí, podían Digivolucionar y rápidamente sobreponerse, pero eso menguaría sus fuerzas y cuando los pesos pesados de Trece Signos hicieran acto de presencia serían incapaces de plantarles cara.

Una explosión aconteció en algún lugar, seguida de otra y otra más, por la intensidad del ruido solo se podía concluir que las detonaciones ocurrieron en una zona aledaña. Todos intercambiaron miradas entre sí. El sonido de la batalla solo significaba una cosa: un grupo de Guardromon estaban ahí cerca combatiendo contra los invasores y en ese momento reunirse con las máquinas era lo que necesitaban con mayor urgencia.


[. . .]


Guiados por el caos sonoro, pronto los enviados de la Central se encontraron con una encarnizada batalla protagonizada por tropas de Hangyomon y Flybeemon que peleaban contra los guardianes de Pueblo Industrial, un grupo de Guardromon que defendían a capa y espada un edificio. Los anfibios se valían de sus arpones, los cuales conseguían penetrar la armadura metálica de los androides sin muchos problemas, los insectos en cambio planeaban en el aire buscando alguna abertura cual aprovechar, cayendo en picada con sus aguijones listos para inyectar su veneno cuando encontraban a alguien con la guardia baja. A pesar de lo que uno podría pensar, los seres mecánicos luchaban con fiereza y sabían defenderse bastante bien de sus atacantes: asestando poderosos puñetazos a los buzos digitales cuando estos les obligaban a combatir cuerpo a cuerpo, lanzando granadas desde sus antebrazos cuando era momento de lidiar con los molestos insectos voladores. Tal como Sydney lo explicó en su momento, los soldados de Giromon eran hábiles y sus grandes números les convertían en una fuerza digna de temer, algo así como un grupo de hormigas. El único problema es que, aunque esos grandes grupos de Digimon se unieran, el poder de los Signos era aplastante: ni siquiera un hormiguero entero podría contra un humano que esta armado con un insecticida.

—Hagámoslo —el californiano descolgó su D-Arc y dedicó una mirada a sus compañeros.

Un Hangyomon perforó el pecho de uno de los Guardromon, aquél que en su armadura poseía la marca “D-21”. El máquina no emitió expresión alguna de dolor, pero fue incapaz de mantenerse en píe y cayó al suelo. El anfibio entonces recuperó su arma tirando de esta, la sujetó con ambas manos y le elevó un par de centímetros para después dejarla caer: la punta debió atravesar el casco del ser oficial, destruyendo lo que fuese que se encontrase debajo de esa armadura marrón, sin embargo, algo le golpeó desde uno de sus costados y le proyectó varios metros.

D-21 parpadeó un par de veces mientras seguía tirado en el suelo, costándole un par de segundos comprender qué había sucedido, fue en ese instante que miró a un ente humanoide de armadura azulina y escudos en sus brazos. TiaLudomon ofreció su mano con la intención de ayudar al marrón a levantarse, el máquina aceptó, antes de siquiera ser capaz de agradecer a su salvador una figura cuadrupeda pasó corriendo a toda velocidad delante de ellos: Zubaeagermon cabalgó hasta arremeter contra un grupo de anfibios, lanzó tajos con su cornamenta y después giró sobre si mismo para trazar un arco cortante con su cola. En el aire los Flybeemon se las vieron negras con la aparición de un dragón alargado y con forma de serpiente, quien les enviaba al suelo de un coletazo o disparaba lanzas desde su boca, además, sobre su lomo un Aegiochusmon y un Dinohumon se lanzaron al vacío, logrando golpear y cortar a algunos de los rojizos en el proceso. Como si la presencia de aquellos Digimon y los humanos hubiera inyectado a los Guardromon una dosis de adrenalina, los nativos de Pueblo Industrial comenzaron a luchar con un nuevo espíritu de valentía. Pronto el conflicto llegó a su fin, con la mayoría de los Hangyomon reducidos a Digitama y otros cuantos convertidos en prisioneros, los Flybeemon dieron la batalla por perdida: aquellos que aún tenían fuerzas para volar huyeron de ahí sin dudarlo, ante la escena, los Guardromon alzaron sus manos y gritaron victoriosos.


[. . .]


—Creí que los humanos estaban todos muertos —uno de los robots, aquel que tenía la marca A-10 en su antebrazo y lideraba a ese grupo de Guardromon, dijo aquello con toda honestidad—, perdimos comunicación con la Central de Tamers apenas comenzó la invasión y los pocos que quedaron en las calles eran cazados por los Hangyomon y Flybeemon.

Una vez la batalla terminó, los robots rodearon a los enviados de la Central y les pidieron que entraran a su improvisado cuartel, aunque llamarle así era demasiado generoso: era un simple taller donde se experimentaba con piezas electrónicas y se armaban toda clase de inventos descabellados, con la finalidad de conocer su viabilidad, ahora en cambio era el refugio para unos treinta Guardromon. En ese momento los máquina se ayudaban a repararse los unos a los otros, siendo los más dañados quienes tenían prioridad, aquellos que tuvieron la suerte de salir casi ilesos se les asignó la tarea de montar guardia. Los prisioneros fueron llevados a una caja de seguridad, la cual solo podía abrirse por fuera; aunque los Guardromon solo lo hacían como mera formalidad y por una orden de Giromon; ya habían descubierto que a los invasores poco les importaban sus compañeros capturados.

—¿Saben qué les hacen a los humanos y sus compañeros que capturan? —preguntó Matt, el corazón se le aceleró cuando A-10 negó con la cabeza.

—Los Guardromon que estaban con ellos fueron reducidos a Digitama o fueron obligados a huir para salvarse, simple protocolo de supervivencia —soltó de forma seca.

—¿Ustedes son el único pelotón que queda? —Capricornio preguntó aquello.

—Es complicado responder —señaló su pecho—, el alcalde Giromon nos ordenó improvisar bases y protegerlas hasta nuevo aviso.

—¿Hasta nuevo aviso? —Walker sacudió su cabeza, extrañado—, ¿pero es que el alcalde vive en otra dimensión?, ¿por qué demonios no ha coordinado un ataque?

—Porque la comunicación con la alcaldía ha sido interrumpida. Disponemos de un sistema de comunicación a distancia, pero algo está generando interferencia en todos los canales —fue la respuesta tajante de A-10—. Así que nos hemos mantenido aquí, siguiendo la última instrucción.

—Es probable que Trece Signos sea el responsable de eso —dedujo Matt, después de todo la estrategia de incomunicar a los enemigos era algo muy común en conflictos bélicos—. De ser así, es vital ir hacía donde está el alcalde, es probable que se encuentre en peligro —el Adult le pidió callar al levantar la palma de su mano.

—Debemos seguir nuestras órdenes —asintió—. Si Giromon nos pidió defender nuestras bases, eso es lo que haremos.

—¿Estás hablando en serio? —Walker sacudió su cabeza, anonadado—, es decir, solo porque son incapaces de recibir otra orden del alcalde, ¿van a quedarse defendiendo este vil almacén? —A-10 asintió con un gesto simple, como si la respuesta fuera demasiada obvia—. Esto es increíble —alzó las manos y paseó por el lugar mientras respiraba y trataba de serenarse, cosa que no consiguió—. La maldita ciudad está siendo tomada y destruida por esos Digimon, ¿y tú me estás diciendo que prefieren quedarse en este sitio de brazos cruzados, en lugar salir allá afuera y tratar de salvar a su pueblo?

—Debemos seguir nuestras órdenes —A-10 adoptó una pose erguida—, somos leales al alcalde Giromon —lanzó una mirada desafiante al castaño—. Y no cometeremos acto de rebeldía alguna.

—Si salen a las calles no están rebelándose, ¡están salvando a su maldita ciudad! —Walker no sabía si echarse a reír o llorar por la lógica de la máquina.

—Mi estimado amigo tiene razón, señor Guardromon —Capricornio, sabiendo que faltaría poco para que el californiano comenzase a recurrir a palabras cada vez más altisonantes, decidió intervenir—. Ustedes son guardias de Pueblo Industrial, ¿estoy en lo cierto? —A-10 asintió—, ¿y cómo guardias cuál es la misión principal que se les encomendó?

—Defender nuestra ciudad de cualquier amenaza, sin importar el costo —respondió al instante, sin dudar.

—Entonces… —Aegiochusmon juntó sus manos—, mientras ustedes están encerrados aquí y protegiendo este almacén cumplen las últimas órdenes dadas por Giromon, ¿cierto?

—Afirmativo.

—Pero al mismo tiempo, allá afuera los invasores están ganando terreno tomando otros edificios, derruyendo la infraestructura y recursos de la ciudad, asesinando sin misericordia a sus compañeros, al igual que a Tamers y Digimon que probablemente solo estaban de visita —se sujetó el mentón—, y por la falta de comunicación con la alcaldía se puede incluso esta esté bajo ataque del enemigo y Giromon mismo necesite ayuda, pero es incapaz de hacerles llegar su mensaje, por supuesto —le clavó la mirada a A-10, quien se quedó como estatua mientras digería cada uno de los puntos dichos por el caprino—, en ese caso… quedarse aquí y defender este sitio, que no tiene mucho valor, ¿sigue siendo más importante que salir y pelear? —frunció el ceño—. ¿Al quedarse aquí en verdad están cumpliendo su misión principal, “defender Pueblo Industrial”?

A-10 se quedó en callado, el silencio se propagó por la estancia, el resto de Guardromon también dejaron sus actividades y centraron su mirada en su capitán. Todos ellos eran fieles al alcalde y sus órdenes debían seguirse al píe de la letra sin dudar, pues lo que Giromon pidiese siempre era en pro del bienestar de Pueblo Industrial, no obstante, las palabras de Agiochusmon hicieron demasiado ruido en la mente de los autómatas: si al igual que ellos, todos los guardianes de la ciudad se atrincheraban en sitios como aquél, ¿quién expulsaría a los invasores y les pondría un alto a sus atrocidades?, ¿y si en verdad su líder trataba de coordinar un nuevo ataque pero era incapaz de hacerles llegar sus instrucciones?, de ser este el caso solo estaban perdiendo valioso tiempo que el enemigo estaba aprovechando.

—N-no —dijo A-10 en un susurro—. No creo que estemos cumpliendo con nuestra misión estando aquí… —Carpricornio le dio la razón con una inclinación de cabeza.

—Sabemos que están asustados por la presencia de Digimon de alto nivel en el bando enemigo —prosiguió el albino—, pero sus servidores —apuntó a los varones, a los Childs y Dinohumon—, tenemos la capacidad para enfrentarlos —los orbes de los seres mecánicos comenzaron a brillar con una sutil esperanza.

—Si nos ayudan a luchar contra los Hangyomon y los Flybeemon, manteniéndolos ocupados, entonces podremos luchar contra los líderes de esta invasión —dijo Collins.

—Y cuando ellos caigan, el caos se apoderará de sus secuaces —agregó Zubaeagermon—, dándoles la oportunidad de echarlos de sus tierras.

El almacén comenzó a llenarse de susurros, los Guardromon charlaban entre ellos opinando sobre la sugerencia de sus salvadores. Ellos mejor que nadie estaban al tanto de las habilidades de las cabecillas del ejercito rival, uno de ellos literalmente había barrido con las defensas del muelle sin apoyo alguno, no obstante, lidiar con esos anfibios y libélulas era una historia completamente distinta, era algo que podrían hacer si trabajan de forma coordinada como lo habían hecho hasta ahora en la defensa de ese almacén.

—Si mis hombres y yo vamos a arriesgarnos, primero es necesario saber de qué son capaces —A-10 miró a Collins, luego a Ethan—, más aún si aseguran ser capaces de enfrentar a un Ultimate.

—Créame, A-10 —Capricornio esbozó una sonrisa que fue disolviéndose hasta tornarse en una mueca seria—, lo que nos sobra es poder de fuego y además, tenemos asuntos pendientes con esos sujetos que les han molestado.


[. . .]


—¡¡Aquí unidad C-25, la base en la cortadora de metales está bajo ataque, repito, la base instalada en la cortadora de metales está bajo ataque, por favor unidades cercanas si nos escuchan necesitamos apoyo, repito, necesitamos--- !!

La comunicación fue interrumpida, no porque el dispositivo emisor hubiera sido destruido o sufrido una falla, sino porque alguien había cancelado la recepción de dicho mensaje. Nanomon retiró sus manos del panel de control, se encontraba en la sala de comunicaciones de la alcaldía con la misión de “reparar” el equipo. Por supuesto, no había nada que reparar, todo funcionaba de maravilla, pero el único que sabía aquello era él y las cabezas de Treces Signos.

—¡Nanomon, Nanomon! —Rugió una voz desde su radio portátil, era Giromon—. ¿Alguna mejoría? —el androide esperó unos segundos antes de responder a su superior.

—Lo lamento, alcalde —lo dijo con voz apagada y una sonrisa en su boca—, el daño a las redes de comunicación es peor del que me imaginé…


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Un escuadrón de Flybeemon mantenían su asedio contra un edificio de tres plantas, Guardromon se asomaban desde sus ventanas disparando láser y granadas a fin de hacerles desistir de su ataque. Uno de los Armor voladores se lanzó contra uno de los autómatas justo cuando sacaba sus brazos con la intención de disparar, con sus patas sujetó sus brazos y con su cola extendida consiguió clavar su aguijón en su cuerpo. El anonadado Guardromon comenzó a sentirse mareado por el efecto del veneno y fue enviado al suelo cuando la libélula tiró de él usando sus patas, entonces, teniendo vía libre, el insecto intentó colarse dentro del edificio: su ser fue engullido por una explosión cuando asomó su cabeza por el marco de la ventana.

L-70, el líder de aquella base, bajó su brazo tras haber ejecutado ese disparo tan certero. En otro instante y circunstancias aquello le hubiera producido una inmensa alegría, pero ahora mismo dicho logro no generaba nada en su ser: desde que esa guerra dio inicio y la ciudad fue lentamente cayendo en la derrota solo sentía un enorme vacío en su ser. Cada enemigo derrotado, cada oleada de Hangyomon o Flybeemon rechazada solo hacían que el pozo dentro de su ser creciera más y más. Muy en el fondo, L-70 sabía que sus acciones no tenían sentido: era cuestión de tiempo para que sus hombres se agotasen y cayeran uno por uno. Pero una leve llama aún ardía dentro del capitán, una llama que le daba valor para intentar un último movimiento.

—¡¡Atención!! —Los Guardromon en las ventanas se giraron hacía su superior—. A este ritmo, la base caerá y nosotros con ella —nadie dijo nada, todos estaban conscientes de aquello—, pero me niego a desobedecer las órdenes de nuestro líder —alzó aún más la voz—. ¡¡Me niego a caer ante las manos de esas criaturas y dejar que tomen esta posición!! —gritos de sus hombres retumbaron en las paredes a modo de respuesta—. ¡¡Inicien secuencia de autodestrucción!!

L-70 se inmolaría junto a sus hombres y reduciría ese edificio a escombros, llevándose en el proceso a ese maldito enjambre. Sería una victoria vacía, sin sentido, pero ellos ya estaban vacíos y actuaban sin sentido desde hace mucho rato atrás, ni siquiera Giromon podría tacharlos de rebeldes, pues habrían cumplido con su encomienda hasta el final; ahora solo debían esperar a que la secuencia llegara a cero y todo terminaría… Un chillido, dos, docenas de ellos comenzaron a escucharse. L-70 parpadeó extrañado y fue traído de vuelta a la realidad. Algo estaba atacando a los Flybeemon desde el exterior, corrió hacía la ventana más cercana y entonces pudo verlos: un escuadrón de al menos cincuenta Guardromon arribaban al lugar, atacando desde tierra y aire al escuadrón de insectos que sitiaban su base. Pero ahí no había solo androides natales de Pueblo Industrial, también les acompañaban otros Digimon y…

—Humanos —L-70 no daba crédito a lo que veía.

—¿Señor? —otra unidad se giró hacía el capitán del escuadrón— ¿deberíamos continuar con la autodestrucción?

—¡Que va! —las compuertas de sus antebrazos se abrieron y de ellas dos nuevas granadas emergieron—. ¡¡ABORTEN AUTODESTRUCCIÓN!! ¡¡FUEGO A DISCRECIÓN!!

Y por un instante el cielo se llenó de explosiones y chillidos.


[. . .]


A-10, G-40 y L-70 se saludaron entre ellos afuera del cuartel de este último. Aquellos eran los tres capitanes que los enviados de la Central habían conseguido reunir durante su marcha hacía la alcaldía, ahora, el contingente de Guardromon se elevaba a por lo menos setenta miembros, un número impresionante, aunque por desgracia la mayoría de los autómatas exhibían heridas de batalla y sus movimientos denotaban el cansancio, el cual ya comenzaba a hacer mella en ellos.

—Iremos con ustedes —L-70 dijo por fin aquello tras la conversación con sus homólogos—. No ganaremos nada aquí, menos si el enemigo ha tomado la alcaldía.

—Eso aún no lo sabemos con certeza —Matt se rascó la nuca—, pero es mejor que ustedes se reúnan con Giromon, solo así podrán planear una estrategia más efectiva —los tres capitanes asintieron a las palabras del canadiense.

Mientras los capitanes y los enviados de la Central se ponían de acuerdo en el siguiente paso a dar, los Guardromon que no montaban guardia comenzaron a reunir los Digitamas esparcidos en la calle, llevándolos a un edificio cercano donde creían estarían a salvo, TiaLudomon y Dinohumon les asistieron. Los de Ávalon se alegraron de que las máquinas no hicieran discriminación alguna por los huevos, aunque bien hubiera sido complicado incluso para ellos distinguir cuáles pertenecían a sus camaradas caídos y cuales salieron de los restos de sus enemigos. Prydwen se sobresaltó cuando, tras retirar una viga de metal, se topó con que debajo había un Flybeemon: el digital respiraba con dificultad y datos ya se desprendían de su ser anunciando su inminente muerte. Cuando el insecto fijó sus ojos en el de armadura lobuna se sobresaltó, como saliendo de un trance: comenzó a mover sus alas. No intentó volar, solo ejecutó un zumbido estridente.

—Detenlo —L-70 se giró hacía Prydwen—. ¡¡DETENLO AHORA MISMO!!

TiaLudomon cerró sus ojos con fuerza y mandó sus garras contra el armor agonizante, poniéndole fin a su vida. Cuando el escudo viviente abrió sus ojos ya no había más que un solitario Digitama ahí donde antes estuvo un Digimon, pero ya era tarde. Un zumbido, similar al que emitió ese Flybeemon se escuchó varios metros delante y luego uno a una distancia aun mayor…

—¿Qué demonios fue eso? —Demandó saber Walker, clavando su mirada en L-70.

—Así es como se comunican con esa cosa —respondió el robot, sus palabras salían atropelladas.

—¿Con quién? —quiso saber Ryu.


[. . .]


A medida que aquel zumbido llegaba a sus oídos, los Flybeemon lo replicaban, creando así una cadena de comunicación. Una cadena que, como era de esperarse tenía un extremo en el cual terminaba. En lo alto de Pueblo Industrial un colosal Tyrantkabuterimon se mantenía atento a toda la situación que ocurría en el aire y en la tierra. Rodeándole, cuales abejas obreras a su amada reina, un enjambre de aquellas libelas rojizas danzaban a su alrededor en un vuelo interminable. El negruzco ser levantó su mirada cuando reconoció un patrón especifico de aleteo: delante suyo un Jewelbeemon arribó.

—Mi señora —el insecto humanoide y de brillante armadura inclinó su cabeza—. Hay noticias de la zona Oeste: un gran número de Guardromon se han reagrupado y al parecer hay humanos con ellos.

—Algo inesperado —fue la respuesta de la Ultimate, una sincera admiración se percibió en sus palabras—. Aún con su colmena invadida esos soldados se lanzan a su defensa, sin importarles que la batalla ya ha sido perdida y su reina está por caer.

—¿Qué debería hacer?, ¿envío a un nuevo escuadrón?

—Hazlo, más no bastará con eso, cuando un enemigo pelea al borde del abismo se transforma en una bestia imparable —agitó sus alas, un zumbido largo y grave fue expulsado al aire como resultado—. Si nuestros enemigos están dispuestos a pelear con el último aliento que poseen, lo menos que podemos hacer para retribuir semejante gesto es darles a nuestros mejores peleadores…

El zumbido de Tyrantkabuterimon se esparció por toda la urbe, no hubo rincón alguno donde este no fuese escuchado.


[. . .]


La marcha por el contingente Guardromon aceleró el paso, o más bien, se vio en la necesidad de hacerlo debido a la nueva información proporcionada por L-70: a lo largo de aquella guerra habían aprendido algo curioso respecto a los Flybeemon y es que estos se comunicaban entre ellos a través de zumbidos, además su organización era superior a la de los Hangyomon, llegando a ser un verdadero problema cuando escuadrones numerosos arribaban. Tras un poco de observación, L-70 y sus hombres descubrieron que los insectos constantemente enviaban mensajes a la distancia, recibiendo la respuesta segundos después de la misma forma, con un estridente ruido el cual les hacía modificar sus movimientos, como si un general les hubiera gritado una nueva instrucción de ataque.

—Entonces… ¿ese Gran Kuwagamon que vieron en el aire dirige a los Flybeemon? —Matt preguntó aquello a L-70, el canadiense y sus compañeros cuidaban el centro de la formación junto al Guardromon antes citado.

—Solo él podría hacer semejante escándalo al agitar sus alas —el autómata elevó su mirada al aíre.

—Un método de mensajería bastante creativo —el pelinegro se llevó la mano al mentón y bajó la mirada. A diferencia de Giromon, quien dependía de la infraestructura de una red de comunicaciones para instruir a sus soldados, el Signo que regía sobre los Flybeemon era capaz de hacer llegar sus instrucciones por aire, mientras observaba desde las alturas el avance de la guerra en tiempo real; con todos esos elementos a favor, Collins comprendía porque los mecánicos se las estaban viendo negras para repeler a sus enemigos—. Aunque —frunció el ceño, al parecer una idea floreció en su mente—, L-70, ¿alguna vez esos insectos hicieron algo más por su cuenta?, es decir, ¿solo cambiaban de estrategia cuando Tyrantkabuterimon les respondía?

—Afirmativo.

—¡Ese puede ser su punto débil! —Zubaeagermon, que había estado escuchando la charla de su Tamer y del capitán les interrumpió de aquella forma—. Si dependen de su líder, en el preciso momento que pierdan a este, o este sea incapaz de darles órdenes estarán acabados.

—Tampoco debemos ser tan ingenuos —TiaLudomon negó con la cabeza—, los Flybeemon podrían tener una cadena de mando provisional.

—Pero ¿qué es un ejército sin su amado líder? —El vigésimo a Matthew, luego a Prydwen—, sería similar a que nosotros nos quedásemos sin el apoyo de Matt, podríamos continuar luchando, pero nunca se comparará a cuando él está con nosotros —el chico se sonrojó ante estas palabras.

—Tiene sentido —el de armadura lobuna se limitó a decir aquello, dándole así la razón a su compañero, lo cual sucedía solo durante contadas ocasiones. El comentario fue suficiente para que el azabache esbozase una ligera sonrisa, disfrutaba más cuando esos dos podían llegar a un acuerdo sin necesidad de una discusión acalorada.

—¡A sus posiciones!

El grito de advertencia tomó desprevenidos a la mayoría de los integrantes de la zona central y de la retaguardia del contingente. De inmediato los androides corrieron hacía los extremos de las calles y buscaron cualquier superficie con la cual protegerse, solo unos contados autómatas y los Digimon de los humanos decidieron quedarse en el centro de la calle, mientras sus Tamers buscaron refugio al igual que los seres mecánicos. Los cristales de los edificios cercanos, que aún estaban en una pieza, comenzaron a vibrar cuando un ruidoso zumbido comenzó a saturar el aire, volviéndose cada vez más y más intenso al punto de ser casi insoportable. Sobre sus cabezas un escuadrón de Flybeemon pasó volando a toda velocidad. Las libélulas se contaban por docenas, de modo que sus figuras pronto obstaculizaron el sol, sumergiendo al escuadrón autómata y sus aliados en la sombra.

—Estas cosas ya me hartaron —Ethan presionó su D-Arc—. ¡¡Enano!!

Ginryumon brilló de color dorado evolucionando no una vez, sino dos veces. Los Guardromon vieron cómo el dragón alargado pasaba a convertirse en un ser humanoide. Una vez el proceso de evolución cesó, Gaioumon no perdió tiempo alguno y unió sus katanas consiguiendo así un arco. El cuerpo de la nueva arma comenzó a liberar una intensa luz azul, misma que fue sometida por una fuerza invisible, consiguiendo que esta se comportase como simple arcilla, la cual fue moldeada hasta concebir un proyectil. Ryu sujetó la flecha con su mano diestra, luego la tensó en el arco y apuntó hacía el cielo. Disparó justo en un punto preciso.

Los Guardromon e incluso los Flybeemon vieron extrañados el proyectil que comenzó a elevarse, pasando rápidamente sobre un hueco en su formación para continuar su ascenso a las alturas. Era simplemente ilógico y hasta risible creer que el Ultimate pondría fin a todo aquél ejercito alado empleando solo una flecha, fue por eso que las libélulas se dispusieron a continuar con su ofensiva, más pronto descubrirían que eso sería imposible: la flecha de luz se elevó solo un par de metros más sobre los Flybeemon y después, tras liberar un potente destello, manifestó una lluvia de proyectiles que cayó con furia sobre los voladores. Los Armor, al ser tomados por aquella amarga sorpresa, intentaron esquivar ejecutando maniobras evasivas, pero el número en sus filas y el desorden que se produjo apenas inició el ataque les impidió conseguir salvarse. Del cielo Armors abatidos o gravemente heridos comenzaron a caer al suelo.

Más de una mirada de admiración se clavó en la figura de Gaioumon. Los tres capitanes Guardromon coincidieron en que, con ayuda de esos humanos y sus compañeros, sin duda podrían echar a los invasores de su amada ciudad. Esos pensamientos fueron desplazados a un lado cuando un gutural graznido retumbó en los cielos, seguidos de un fuerte aleteo: apenas alzaron sus miradas, el escuadrón entero divisó a una enorme ave de apariencia demoníaca, la cual miró con interés al grupo ahí reunido, más sus tres pares de ojos se centraron en solo una figura, el humano de cabellos azabaches. Velgrmon se inclinó hacia uno de sus costados, provocando que su cuerpo descendiera bruscamente, todos agacharon sus cabezas cuando el ave comenzó a descender y abrió sus garras de par en par. Excalibur abrió los ojos de par en par al concluir que la trayectoria del ave coincidía con la posición de su Tamer, de modo que sin dudarlo se colocó en el medio y cargó con el filo de su espada por delante.

—¡¡Excalibur!! —Collins sintió una punzada en el pecho, entonces manifestó Digisoul en su mano y la envió a su compañero usando su Digivice como puente.

Cuando el ave chocó contra el dorado este ya no era un ser cuadrúpedo de nivel Adult, sino un caballero bípedo, Duramon. Las garras del cuervo se enfrentaron a las enormes espadas cruzadas del vigésimo, convirtiendo aquel enfrentamiento en una lucha de fuerzas. Pero antes de que los soldados máquinas, o incluso el samurái pudiesen prestar su apoyo al compañero del canadiense, una silueta apareció delante de ellos, sobrepasando la altura de los edificios que ahí había. Su cuerpo era el de una serpiente metálica, con algunas piezas de color dorado cubriendo su cuerpo. Un peculiar cañón estaba adherido a su rostro, el cual también poseía una cuchilla a modo de cornamenta. Una cabellera grisácea sobresalía del casco en su cabeza y caía a modo de cascada por un segmento de su cuerpo. La criatura se agitaba sutilmente siguiendo movimientos serpenteantes, pero apenas fijó su atención en los Guardromon se detuvo de golpe.

—Así que por fin decidieron salir de su escondite —soltó la serpiente de mar, Capricornio abrió sus ojos de par en par al escuchar y reconocer aquella voz—. Y veo que hicieron amigos —fijó su atención en Gaioumon—. Pero no importa cuántos de ustedes se unan, ni cuántos aliados nuevos consigan —partículas de luz comenzaron a ser absorbidas por el cañón de la criatura—, nada de eso funcionará…

Walker no tuvo que ser un genio para comprender lo que esa cosa estaba a punto de hacer, deslizó el naipe de Brave Shield haciendo que un gran escudo se materializará en los brazos de Ryu, de modo que cuando la serpiente disparó un torrente de energía el samurái pudo protegerse contra este usando su escudo. Un estruendo se escuchó y una potente luminiscencia cegó a los ahí reunidos por un leve instante.


[. . .]


Vritramon observó un destello en el cielo de la ciudad para después transformarse en lo que a sus ojos pareció ser una lluvia de energía, duró apenas un par de instantes, pero fue lo suficiente llamativo como para captar su atención. El Dragon Man aterrizó en el suelo, junto a Andiramon que al igual que él seguían esperando fuera de Pueblo Industrial.

—He visto la señal.

—¿Estás seguro? —la coneja ladeó su cabeza—, si actuamos antes de tiempo podríamos ocasionar más problemas…

—Estoy muy seguro, Andiramon —asintió él, desplegando sus alas—, además, Ryu ha usado su técnica más llamativa, toda la ciudad pronto se enterará dónde están.

—De acuerdo —la coneja estiró sus extremidades, cual atleta que se está preparando antes de iniciar una carrera—. Hagámoslo.

Ambos Perfect se lanzaron hacía la muralla, el Demon Man impulsándose con sus alas y la liebre pegando largas zancadas. Faltando solo uno metros antes de que la coneja se estrellase contra el muro, pegó un poderoso salto la cual le permitió elevarse por los aires a pesar de no poseer alas, sin embargo, le faltó impulso para llegar a la cima de la muralla, fue ahí cuando Vritramon le echó una mano: al estar volando a solo unos centímetros de ella, Géminis pudo coger sus piernas, consiguiendo el empujón faltante para conseguir su meta. Una vez la coneja tocó el muro, simplemente saltó hacía el techo más cercano y comenzó a saltar de edificio en edificio: a la distancia pudo divisar como una enorme serpiente marina comenzaba a moverse por la ciudad, dirigiéndose al mismo punto donde un cuervo negruzco inició un veloz descenso.

—Parece que hay mucha actividad en ese punto de la ciudad —Andiramon señaló el sitio con sus dedos.

—Es el mismo donde vi la señal de Ryu —corroboró Vritramon—. Al parecer ya se están divirtiendo sin nosotros —soltó una risa, la cual fue cortada abruptamente por un gemido ahogado.

Géminis paró en seco al escuchar como algo impactaba a su aliado: un chorro de agua a presión que le mandó chocar contra un edificio. El Hybrid rojizo se sacudió un poco, tratando de hacer el menor daño posible a la construcción donde había caído, consiguiendo poco con aquello, pues una pared y parte del tejado colapsaron apenas consiguió salir del boquete que formó con su propio cuerpo. Andiramon se colocó delante suyo con la finalidad de cubrirle mientras se recomponía.

—¿Qué haces aquí? -aquella voz hizo a Géminis adoptar una pose defensiva.

El edificio delante de ellos se estremeció. Cual explosión, ladrillos, cristales y vigas metálicas salieron disparados en todas direcciones cuando un Anomalocarimon emergió desde los adentros de la construcción, tarea relativamente fácil al emplear sus filosas cuchillas en sus extremidades con las cuales se abrió camino. Vritramon y Andiramon saltaron a direcciones contrarias cuando el recién aparecido estuvo a nada de impactarles con su cuerpo, estrellándose el camarón acorazado contra el muro donde lo hizo momentos antes el Hybrid bestia, derribando por fin la construcción.

—Vritramon vete, yo me encargo de esto —le dijo sin siquiera dirigirle la mirada, su atención estaba fija en la montaña de escombros que sepultaron a Anomalocarimon.

—Pero Géminis, entre los dos podremos hacernos cargo en poco tiempo de él —ladeó la cabeza, confundido.

—Desconocemos la situación de Ethan y los demás, podrían estar en aprietos —recordó la figura de aquella serpiente mecánica moviéndose por Pueblo Industrial, era incapaz de reconocer la especie a la cual pertenecía, por ende, dudaba que se tratase de un simple Perfect—. Yo puedo encargarme de este sujeto, ve.

—De acuerdo —la situación le dejaba un mal sabor de boca al Hybrid, sin embargo, la virus ya había demostrado su capacidad para combatir contra otro Signo por su cuenta: durante la misión pasada en la cual hicieron equipo, ella había logrado derrotar a Acuario sin ayuda alguna—, pero nada de heroísmos, si las cosas se ponen malas retrocede —la coneja solo inclinó su cabeza, aún sin verle. Vritramon entonces se alejó volando del lugar.

—¿Por qué le has dejado ir? —Andiramon frunció el ceño. La montaña de escombros comenzó a deslavarse, Anomalocarimon emergió de esta sin problema alguno, moviendo sus múltiples extremidades con rapidez, alejando todo escombro que se colocaba en su camino para salir—, como Signo que eres, debiste detenerlo.

—Sabes muy bien que ya no soy aliada del gremio, Cáncer —su tono fue más cortante de lo normal—. Deja de fingir.

—Me niego a aceptarlo —el enorme camarón frunció el ceño—. Las hermanas Géminis siempre fueron leales… eliminaron a cientos de Digimon e incluso humanos tanto para conseguir recursos y gloria a Trece Signos, así como para castigar a sus enemigos —agitó su cabeza de forma negativa—. Ustedes dos… eran el claro ejemplo de lo que la dedicación y esfuerzo podían conseguir, los valores y virtudes que un verdadero Signo debería poseer… Es imposible que alguien así sea un traidor… Todo esto debe ser un malentendido, ¿no es así? —soltó una risa nerviosa—, un elaborado plan para ganar la confianza de nuestros enemigos y atacarlos cuando estén con la guardia baja.

—Es suficiente —la coneja le interrumpió—. Deja de hacerte esto, Cáncer —la mirada de Géminis se clavó en algún punto del suelo—. En el fondo lo sabes, pero te niegas a aceptarlo: para vengar a mi hermana decidí traicionar a Trece Signos —le lanzó una mirada filosa—. Yo nunca fui leal al gremio por voluntad propia, tampoco me uní a sus filas por coincidir con sus objetivos o filosofía, la única razón por la cual estuve ahí tantos años, el verdadero motivo por el cual daba mi vida por ese montón de lunáticos era mi hermana —apretó sus manos hasta formar puños—. Trece Signos era su pasión, su fuente de aventuras y en un punto se volvió incluso su razón de existir —cerró sus ojos—. ¿Pero de qué forma fue pagada su lealtad?, ¿cómo fueron retribuidos sus sacrificios?, simplemente se deshicieron de ella, la apartaron a un lado porque representaba un estorbo para sus fines personales —abrió sus parpados, sus orbes rojizos destellaron con ira.

—No sabes lo que pasó en realidad —clavó sus pinzas en el suelo—, estoy seguro que todo fue un malentendido…

—Esta charla no nos llevará a ningún lado —Géminis dio un golpe al suelo—. Estamos perdiendo nuestro tiempo discutiendo algo que pasó hace años —le apuntó con uno de sus dedos—. En aquél entonces no me creíste y puedo notar que tu postura sobre lo acontecido tampoco ha cambiado.

—Entonces… ¿irás tras ese Digimon? —contrajo los tentáculos de su rostro, enroscándolos—. ¿Te unirás al grupo que pelea contra nosotros? —la Virus se sobresaltó, ¿de modo que los Signos ya estaban al tanto de Ethan y los demás?

—Sí —esa simple respuesta fue un duro golpe para la criatura marina, quien cerró sus ojos y agitó sus antenas—. Mi lealtad está ahora con ellos, me han brindado su apoyo para conseguir mi meta. Incluso ellos me tratan como si fuera su amiga, a pesar de yo nunca haberles solicitado algo así…

—Yo también fui tu amigo, ¿recuerdas? —clavó sus orbes azulinos en la coneja—. Pero eso ya no parece importarte.

—De ser posible me gustaría evitar pelear contra ti, Cáncer —apuntó con su mentón la muralla—. Vete, vuelve por donde llegaste a esta isla y renuncia a tu título de Signo. Es lo menos que puedo hacer por los viejos días.

—¿Debo tomar eso como un gesto de piedad? —agitó su cola de forma violenta—, ¿o es que acaso me estás subestimando? —bufó—. Dime… ¿sigues viéndome como ese Ganimon que conociste en el pasado, cierto? —fue una pregunta retórica, formulada en un simple susurro. Agitó sus cuchillas provocando que estas chocasen entre ellas, emanando chispas por el contacto—. Bien, si tanto deseas que te reconozca como una vil traidora te trataré como tal —golpeó el suelo con su extremidad trasera—. Tal vez así comiences a verme y respetarme como el Signo que soy…



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El Ultimate Stream de MetalSeadramon impactó de lleno en el Brave Shield de Gaioumon, liberando un potente destello en el proceso. El samurái recurrió a todas sus fuerzas para mantener su arma defensiva en alto y aunque consiguió salvarse de un golpe directo, fue incapaz de evitar ser empujado por la potencia del disparo, siendo desplazado poco a poco por la calle ante la mirada atónita de los Guardromon. El torrente de energía desapareció de un momento a otro, revelando un agrietado y humeante escudo, pero a un Ryu sano y salvo detrás de este.

—Así que esa cosa es uno de los Digimon Ultimate de los cuales Giromon advirtió a la Central —Walker dijo aquello tras leer la información que el D-Arc le proveyó sobre su enemigo.

—Ethan, deben tener mucho cuidado —el americano se giró hacía su costado izquierdo, viendo llegar a Capricornio. Por el semblante tenso de este se imaginó que existía una buena razón para mencionarle aquello—. En Trece Signos Aries es catalogado como el más poderoso de sus integrantes, pero esto solo por las múltiples modificaciones a las cuales se sometió —el albino desvió su atención a la serpiente, el Tamer le imitó—. Pero existe otro que sostuvo la primera posición en el ranking durante largos años, que a diferencia de Aries lo consiguió todo por méritos propios…

—Debo decirlo, estoy impresionado —la gran serpiente se inclinó ligeramente hacía adelante, clavando su mirada en el Dragon Man. Ryu movió el escudo a un lado, de esta forma pudo encarar al ser marino—, eres el primer Digimon en esta ciudad capaz de soportar mi ataque.

—Agradecería tales palabras —respondió el de armadura negra—, pero es imposible considerarlo como un halago cuando es obvio que tus ataques solo han sido lanzados contra inocentes Guardromon. Tal vez en realidad no eres tan fuerte como crees —puso su cabeza en alto—, tal vez lo único que te ha hecho falta es combatir contra un rival de tu mismo nivel —La boca de la serpiente se abrió de par en par, una risa escapó de sus adentros.

—Estoy muy seguro cuál es el nivel de mi poder… ¿por qué no lo experimentas por ti mismo?

Sin decir más la criatura se abalanzó contra Gaoiumon, barriendo la calle y todo lo que se interponía en su camino con su enorme cuerpo. Algunos de los autómatas apenas y consiguieron apartarse de la ruta del Ultimate, otros tuvieron la mala suerte de ser golpeados y empujados violentamente. Ryu alcanzó a alzar su escudo, recibiendo este el impacto inicial de la colisión, pero rompiéndose un instante después, siendo su portador lanzado y enviado a rodar por el suelo. MetalSeadramon continuó su avance, pero se obligó a tomar altura, o de lo contrario sería incapaz de encarar una vez más a su enemigo.

—Capricornio, tú y Dinohumon llévense a los Guardromon, continúen su camino hacia la alcaldía —mientras Ethan daba la instrucción materializó sus Multi Interphase Googles del Keychain y se los colocó, activando la función de Sound Linker—. Ryu y yo nos encargaremos de esta cosa.

—¿Ustedes dos solos contra Piscis?, van a necesitar ayuda —protestó el caprino. Walker le dedicó una mirada de fastidio e incredulidad—, ¿Qué? —se sobresaltó ante la expresión—, ¿es que ya los Digimon no podemos mostrar preocupación?

—Si se quedan aquí solo nos serán un estorbo, si lo que me dijiste es cierto, entonces ni bromeando serán capaces de hacerle un rasguño a esa cosa —tomó su mazo de cartas y comenzó a buscar algo de utilidad—. Váyanse ahora, será más difícil cubrirles si continúan en el rango de sus ataques.

—De acuerdo, de acuerdo —el albino comenzó a correr hacía donde el trío de capitanes se encontraba—, ¡me esperaba una despedida más sentimental de tu parte! —Walker negó con la cabeza con una ligera sonrisa dibujada en sus labios, después los músculos en su rostro se relajaron hasta devolverle un aire neutral.

En el aire, Metalseadramon ejecutó un giro de tal forma que volvió a dar la frente a Gaioumon, fue ahí cuando se percató de que la agrupación máquina comenzaba a moverse, rompiendo sus filas y avanzando de forma desordenada por las calles próximas, abandonando la zona, pero al parecer aún con la intención de continuar hacía su destino: la alcaldía. El plan de acción de los autómatas era bastante obvio, los Adult dejaban atrás a su aliado quien se encargaría de conseguirles algo de tiempo mientras ellos se encargaban de salvar a su amado líder. Nada de aquello serviría de mucho, el recinto del alcalde estaba rodeado de sus hombres y, aunque le rescataran de la propia ratonera donde se encerró, Giromon seguía siendo un simple Perfect rodeado de un puñado de inútiles Adults: él mismo podría haber volado el edificio con el regente dentro desde el comienzo de la invasión, sin embargo, el plan de Aries requería a ese vejestorio de sonrisa eterna con vida.

—¿Creen que pueden correr de mí? —espetó el cyborg con falsa incredulidad en sus palabras. Descendió de nuevo al suelo, dañando toda edificación que le fue un estorbo. Una vez más el cañón nasal del Ultimate inició a reunir energía en su interior—. ¡Piénsenlo mejor dos veces!

—¡Matt! —Prydwen corrió hacía el centro de la calle, lanzando una mirada desesperada a su compañero. El canadiense comprendió las intenciones de la Legend Arm y con torpeza, debido al estrés del momento, ejecutó el proceso del DigisoulCharge.

Cuando Metalseadramon tuvo preparado su UltimateStream movió su cabeza de un lado a otro trazando un amplio arco, literalmente barriendo el campo de batalla con su láser. Sorpresa fue para el Ultimate cuando, en lugar de ver edificios siendo atravesados por el torrente de energía, una barrera eléctrica apareció a mitad del aire, oponiéndose a su técnica e impidiéndole su avance. Metalseadramon tuvo entonces que fijar su disparo en un punto con tal de poner fin a ese escudo, pero por supuesto, para entonces los autómatas consiguieron salir de su rango de visión; podría intentar dispararles una vez más, pero el tiro sería ejecutado a ciegas. Los Guardromon habían sido salvados por Prydwen, quien tras pasar a su etapa Perfect, usó el amplio rango de sus Raijin Shield, rechazando el ataque rápido del Ultimate.

—No deberías ignorarme —Ryu unió sus katanas, una vez sujetó su arco materializó una potente flecha de luz—, yo soy tu rival después de todo —apuntó a la cabeza de la serpiente marina.

El Rinkageki de Gaioumon voló por los aires. Metalseadramon no se movió ni un solo centímetro, a pesar de que bien pudo intentarlo, cosa que tomó desprevenido al samurái al igual que el resultado de su ataque una vez este impactó con el enemigo: su flecha de luz fue incapaz de atravesar la piel del cyborg, es más, se podría decir que el proyectil simplemente resbaló, como una gota de agua lo hace en un cristal. Ethan, que por protección se había refugiado entre las calles de la zona, quedó pasmado ante la escena: frunció el ceño y empleó el zoom de sus visores, prestando mayor atención al recubrimiento que la serpiente poseía de forma natural.

—Te diré algo, tal vez eso te evite frustraciones —la serpiente se irguió, haciendo que una mayor parte de su cuerpo fuera expuesto a la luz del sol, resultando en la aparición de varios destellos provenientes de sus partes metálicas—. Mi cuerpo entero es impermeable a toda clase de ataque —Gaiumon dio un paso atrás, desmontando su arco y consiguiendo de vuelta sus katanas gemelas—. ¿Lo entiendes ahora?, la caída de Pueblo industrial no fue causada por escasez de tropas, o la calidad en su desempeño, tampoco se debió a un líder ineficiente a la hora de tomar decisiones y dar órdenes —bufó—. Pueblo Industrial cayó solo por el simple hecho de que yo decidí atacarlo…



[. . .]



—¿Cuántas de estas malditas cosas trajeron? —Aegiochusmon lanzó esa pregunta al aire tras conseguir empalar con una lanza eléctrica a un Flybeemon en pleno vuelo.

Apenas el escuadrón Guardromon consiguió dejar atrás el campo de batalla donde los dos Ultimates estaban combatiendo, una nueva horda de aquellas molestas libélulas apareció con la intención de recordarles sobre su existencia. El albino alzó la mirada: las criaturas voladoras danzaban sobre sus cabezas, esperando el momento preciso para pillar a alguien desprevenido. Varios misiles de fuego impactaron a los Armor, estos provenían de una altitud superior a la que se encontraban, de modo que fue pan comido para su atacante darle a la mayoría, haciendo huir al resto. Vritramon apareció en el cielo, su acción fue tan repentina que múltiples Guardromon le apuntaron: el Demon Dragón puso sus manos en alto.

—Me rindo —dijo él.

—Esperen, esperen, es un amigo nuestro —el albino se abrió paso entre la multitud, llegando hasta el Hybrid a quien le pidió descender—. Es bueno verte Vritramon —buscó algo en los alrededores—, ¿dónde… dónde está Géminis?

—Al parecer se encontró con uno de sus viejos amigos camino aquí —le explicó—, me pidió que viniese a echarles una mano. Yo también tuve un vuelo algo agitado, ¿sabes? —se rascó la cabeza—, un grupo de esos insectos me estuvo siguiendo un rato.

—¿No fue tras Aries, cierto? —Capricornio deseaba volver al tema principal.

—Era un Digimon distinto, parecía algo marino, como un enorme camarón —la bestia rojiza movió sus garras, como si eso ayudara a darle un mejor entendimiento al caprino, sin embargo este fue incapaz de comprender de quién hablaba.

—¿Cuánto falta para llegar a la alcaldía? —La pregunta vino de Dinohumon, quien se cruzó de brazos entre los dos aliados de Walker y los tres capitanes Guardromon.

—Aún faltan un par de cuadras —L-70 suspiró—, Metalseadramon nos impidió tomar la ruta directa.

—A este ritmo nos tomará una eternidad —el reptil cerró sus ojos, meditando en algo—. ¿Dijeron que esos monstruos alados son guiados por una criatura que está en el aire, cierto?

—¿Un gran bicho? —Vritramon inclinó la cabeza—, lo vi de camino aquí.

—Ese mismo —A-10 se llevó sus manos a sus costados—, pero ¿qué con él?, ¿quieren atacarle? —pegó un sobresalto al siquiera pensar en esa posibilidad—, es imposible acercarse, perdí a un escuadrón entero cuando los envíe en su contra.

—Eso fue porque se necesita algo más fuerte que un Adult para tal tarea —Dinohumon se apartó un poco, buscando una zona más despejada, necesitaba espacio para lo que estaba a punto de hacer.

El brillo de la Digievolución rodeó al humanoide, transformándolo de pies a cabeza en un ser completamente distinto. Aunque seguía conservando una figura humana, ahora portaba un par de grandes alas en su espalda, además cada centímetro de su ser estaba recubierto por una armadura blanquecina con brillantes detalles dorados. Poseía un par de intimidantes garras en sus manos, al igual que dos cuernos en cada extremo de su cabeza. Aegiochusmon y Vritramon eran incapaces de dar crédito a lo que estaban viendo, sin necesidad de un escáner podían asegurar el nivel del ser en el cual Dinohumon se había convertido, pues aquella especie era famosa porque un individuo de la misma formaba parte de los “Royal Knigths”.

—Mientras ese Digimon siga en el aire, ustedes no podrán llegar hasta Giromon, además, así como ustedes puede que otros sobrevivientes teman salir de sus escondites por temor a ser vistos —Dynasmon clavó su mirada en una de sus manos, la cual abría y cerraba; parecía estar comprobando el estado de su cuerpo, como alguien que revisa su auto antes de emprender un largo viaje—. Me encargaré de derribar a Tyrantkabuterimon.

—Yo iré contigo —Vritramon, contagiado por el espíritu del Royal Knight dio un paso al frente—. Ese insecto no está solo allá arriba, necesitarás apoyo para acercarte —ante esto, el miembro de Ávalon aprobó su compañía con una simple inclinación de su cabeza.

—Adelante —Dynasmon abrió sus alas de par en par—. Dejemos a Trece Signos sin ojos en los cielos —el Ultimate y el Hybrid Perfect se impulsaron con sus extremidades, elevándose rápidamente: en la calle, los Guardromon vitorearon a sus aliados.

—Conmigo no han hecho eso —el caprino se cruzó de brazos y les lanzó una mirada de falsa indignación, varios mecánicos parpadearon sorprendidos—. Solo bromeaba —les regaló una exagerada sonrisa radiante, lo cual provocó nervios en más de uno—. Sigamos nuestro camino —pidió a los capitanes.



[. . .]



Duramon empujó a Velgrmon, separándose por fin el uno del otro. El cuervo tomó altura y se alejó mientras pensaba en su siguiente movimiento. El vigésimo dio un rápido vistazo de lo que estaba aconteciendo a su alrededor: Ryu y Metalseadramon estaban a punto de continuar con su combate una vez el intento de la serpiente de atacar a traición a los Guardromon fue evitado por Prydwen, quien ahora parecía únicamente interesado en brindar protección tanto a Ethan como a Matthew, esto le dio mayor tranquilidad a Excalibur, pues de esta forma tanto él como Ryu podrían combatir sin temor a que los humanos resultaran lesionados.

—Eres Libra, ¿no es así? —preguntó por fin el dorado a su enemigo.

—Me intriga saber cómo es que llegaste a esa conclusión —Excalibur experimentó un escalofrío cuando los tres ojos del cuervo se centraron en su figura—. En efecto, soy yo —el ave aterrizó sobre un edificio cercano y le miró con interés.

—De modo que terminaste tus retorcidos experimentos —le apuntó con el filo de su espada—, la última vez que nos encontramos solo eras un Adult.

—Prueba y error, es la única forma de dar con la solución a un problema —cerró sus tres ojos—. Fue cuestión de tiempo para enmendar mis errores y conseguir la llave para una evolución segura y libre de humanos.

—¿Li-libre de humanos? —Las palabras del Signo atrajeron la atención de Collins.

—La Digievolución no es más que un crecimiento del Digicore de los Digimon, incremento que es provocado cuando el límite crítico de información es alcanzado —explicó—, es el proceso natural después de todo: un Digimon consume información de otros hasta que inevitablemente avanza al siguiente escalón. Pero este proceso es lento y puede tomar años, en ocasiones puede incluso nunca darse. Las evoluciones provocadas por humanos rompen estas reglas, por supuesto —cerró sus ojos por un instante—, de alguna forma ustedes consiguen modificar el Digicore de sus compañeros y conseguir el salto evolutivo, al menos de forma temporal, pero sin provocar daño alguno al Digimon en la mayoría de los casos —al abrir sus parpados fijó su atención en las alturas—. Yo recreé ese fenómeno —Excalibur y Collins intercambiaron miradas de extrañeza— al inyectar una enorme cantidad de datos directamente al Digicore de un Digimon puedes llegar a saturar su velocidad de asimilación, imitando así las condiciones a las cuales el Digicore se encuentra al ser llevado al límite de su capacidad, en pocas palabras, le obligas a crecer, a evolucionar.

—U-una Digievolución forzada… —Matt tragó saliva.

—Una Digievolución forzada, en efecto, pero que no deja de ser una evolución —desplegó sus alas de par en par—. A diferencia de otros procedimientos, este fue el único en arrojar resultados aceptables. El Digimon sigue siendo consciente, manteniendo su inteligencia y raciocinio.

—¿Cuántos… ? —La mirada de Duramon se volvió tan filosa como sus espadas—. ¿Cuántos Digimon sacrificaste para conseguir esto? —El cuervo guardó silencio por un largo rato.

—Fueron tantos que lo he olvidado —dijo sin reparo alguno en su voz. No había malicia o burla en sus palabras, pero así mismo tampoco preocupación o arrepentimiento: eran oraciones crudas, huecas—. No solo se requiere grandes cantidades de datos para el procedimiento, el cual deben obtenerse de otros digitales al morir, sino que también solo determinados individuos son capaces de sobrevivir a la operación: por eso solo fue empleado en Signos.

—¿Cómo puedes decir esas cosas así tan a la ligera? —dio un paso hacia adelante y cortó el aire al trazar un arco con su brazo—. Esos “individuos” como los llamas eran Digimon, Digimon inocentes que engañaste o capturaste para someterlos a tus pruebas.

—¿Por qué tanta preocupación por ellos? —ladeó su cabeza—, creo que ya lo entiendo… —el Signo se irguió y con su garra arrancó un trozo de concreto del edificio, después lo mostró al caballero, acto seguido lo presionó con todas sus fuerzas reduciendo los escombros a mero polvo fino que el viento arrastró—. Todo en el Digimundo está hecho de datos: estos edificios, la tierra que pisamos, la comida que ingerimos —cerró sus ojos, dejando solo el de su frente abierto—, incluso los humanos al poner un píe en este mundo se convierten en data… si tanto te preocupas por lo que les hice a esos Digimon, ¿por qué no me detuviste de aplastar ese montón de rocas? —Duramon se sobresaltó—, después de todo, también eran solo un conjunto de datos…

—L-los Digimon… no son como simples rocas —Matthew se escuchó decir así mismo, siendo incapaz de concebir la lógica del cuervo—. Ellos sienten, tienen sentimientos, sueños…

—Incluso esas cosas son simples datos —Collins sintió un sudor frío bajando por su rostro—. Las emociones, el dolor… son solo información, instrucciones —abrió sus párpados, volviendo a tener tres orbes brillantes en su rostro—. Yo solo tomé los recursos que este mundo me provee: así como un carpintero toma troncos de árboles previamente talados y construye muebles, así como un cocinero toma la carne que ha sido recolectada de los campos y la guisa… Yo solo tomé los datos, materia prima y la manipulé para construir algo nuevo.

—Suficiente —el vigésimo le apuntó con su espada diestra—. Antes creía que eras un ser despreciable por lo que hacías, ahora sé que eres un verdadero monstruo, alguien como tú debe ser detenido en el acto.

Collins sentía un nudo en el pecho, aunque compartía la postura tomada por Excalibur, las palabras del cuervo le consternaban: eran sinceras y dejaban en claro su visión del mundo y sus habitantes. Desde ese retorcido punto de vista, Libra solo estaba haciendo su trabajo, tomando recursos de su alrededor y transformándolos. Sus acciones, a pesar de ser concebidas desde una posición de inocencia, eran incluso más retorcidas que las de un ser egoísta; para el canadiense, era como ver a un niño de solo un par de años pisoteando a un grupo de indefensos insectos en el suelo, el infante solo realizaba aquello por resultarle atractivo y no por el hecho de realizar un acto de maldad, pero eso no borra el hecho de que estaría asesinando criaturas inocentes… En pocas palabras, aquello era una “inocencia maliciosa”

—Pelear es solo una pérdida de tiempo —Velgrmon se alzó al vuelo—, pero para conseguir nuevos recursos y continuar mis investigaciones, esta ciudad debe caer a manos de Trece Signos —suspiró— y ustedes ya me han frenado mucho en el pasado.


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El cuervo se elevó por los aires, yendo directo hacía Duramon: lo que aparentemente se trataba de un ataque cuerpo a cuerpo se transformó en uno a distancia, cuando desde sus ojos disparó una serie de relámpagos rojizos, los cuales fueron bloqueados por el cuerpo ancho de una de las espadas del dorado; para entonces la distancia entre ambos Perfect se esfumó y Velgrmon arremetió con su cuerpo al caballero, haciéndolo retroceder mientras el volvía a elevarse. Un relámpago tomó por sorpresa al ave, desde tierra Raijiludomon intentó darle empleando una de sus técnicas.

—¡Para, Prydwen! —La petición de Excalibur tomó desprevenido al escudo—. Yo me encargaré de pelear con él.

—Pero somos dos contra uno, es más sencillo pelear así —protestó.

—Quiero vencerlo por mi cuenta. Quiero vencerle en duelo honorable.

—Esto no es un entrenamiento, Excalibur, debemos liberar a esta ciudad de la ocupación de Trece Signos ¿recuerdas? —protestó—. ¿A quién le importa si es o no una pelea justa?

—A mí —Prydwen se limitó a negar con la cabeza al recibir tal respuesta, buscó apoyo en su Tamer para hacerle ver el error que estaba cometiendo, sin embargo Collins permaneció un instante en silencio, como si estuviese pensando en la decisión que tomaría.

—Si es importante para ti, adelante, Excalibur —el azabache dio su aprobación, el vigésimo asintió. Prydwen miró extrañado al canadiense, este al percatarse de ello decidió explicarle—. Estoy seguro que Excalibur desea demostrarle algo a Libra —miró al ave en pleno vuelo, trazando una pirueta en el aire—, y al mismo tiempo, creo que él desea probarse algo así mismo —frunció el ceño.

Velgrmon estudió la situación en tierra: el humano y el Perfect amarillo retrocedieron, uniéndose al otro humano de cabellera castaña, Metalseadramon y Gaioumon comenzaron a moverse, con la serpiente marina arremetiendo contra el samurái, es último lanzaba ocasionalmente trazos de luz cortante a su rostro con la finalidad de provocarle y atraerle. Duramon le esperaba en tierra, con sus brazos extendidos a sus costados, ¿qué era aquello?, ¿el de espadas le estaba lanzando un desafío?, ¿acaso deseaba pelear en solitario contra él? Esto explicaría porque el ente mecánico desistió con sus ataques a distancia, aunque todo eso le resultaba ilógico.

—¿Qué estás haciendo? —fue la pregunta del gran ave, cayendo en picada liberó una nueva serie de rayos los cuales fueron eludidos por el rival—, si tanto ansiarás detenerme, solo bastaría que unieras fuerzas con ese otro Digimon —al pasar junto al dorado intentó rasgarlo usando una de las protuberancias que emergían de sus alas, de nueva cuenta Duramon consiguió apartarse a tiempo.

—Intento demostrarte que ese método de Digievolución que has creado no es el adecuado —Excalibur miró a su enemigo retomando altitud, volviéndose inútil el siquiera intentar atacarle—, ni mucho menos el correcto.

—¿No has prestado atención a mi explicación? —Velgrmon se situó sobre el vigésimo y tras aletear con fuerza envió una ráfaga de feroces vientos que hicieron al caballero hundir una rodilla en el suelo—. Mi método no difiere mucho al ya existente, al que rige a todos y cada uno de los Digimon que existen y existirán —sus ojos brillaron con un color rojizo, después dispararon rayos de la misma tonalidad que castigaron a Duramon—. Llamar a ese método erróneo es como criticar el día y la noche, la vida y la muerte…

Las espadas del vigésimo fueron cruzadas delante de su cuerpo recibiendo estas el Master of Darkness del cuervo. Excalibur hizo crujir sus mandíbulas. Su oponente tenía dominancia en el campo por el simple hecho de moverse por las alturas, para siquiera pensar en atacarle se necesitaba esperar a que él primero decidiese lanzarse a ejecutar un ataque cuerpo a cuerpo, lo cual exigía concentración de su parte, pues debía también defenderse. Solo existía una forma de igualar aquella situación. Velgrmon detuvo su bombardeó de rayos de energía y comenzó a aletear una vez más, sin ser capaz de romper la guardia del oponente. Ganó distancia, lo cual no le costó demasiado esfuerzo y entonces comenzó a volar con las alas extendidas, de forma perpendicular con respecto al suelo, permitiendo que la punta de sus extremidades rasgase el piso, dejando una marca rojiza ahí donde se realizó el contacto. La acción de Libra ocasionó curiosidad en Matthew, quién descubrió un patrón en su movimiento: estaba formando un círculo y Duramon quedaría atrapado justo en el centro…

—¡¡Sal de ahí, Excalibur!! —El canadiense había jugado suficientes RPGs para deducir que nada bueno podría esperarse de aquello, cuando el círculo fuese completado toda clase de cosas podrían suceder, como la creación de un espacio de gravedad que impidiera el movimiento, o todo lo contrario, una zona donde las cosas flotasen en el aire.

El dorado no esperó más y comenzó a correr, consiguiendo salir por poco de la circunferencia trazada por Velgrmon: cuando el área fue delimitada una cúpula negruzca se formó a su alrededor, colapsando sobre sí misma y estallando. Duramon clavó sus ojos abiertos de par en par en el cráter generado por la detonación. El cuervo abrió sus fauces y soltó un feroz graznido, acercándose hacía la espada viviente con sus garras listas para aferrar su cuerpo. Excalibur cruzó sus brazos delante suyo, con la cara ancha de sus espadas apuntando hacía su enemigo, aquello en primera instancia podría resultar en un óptimo impedimento visual y también limitaba mucho el espacio de acción del ave, no obstante, la verdadera razón por la cual Duramon hizo era una muy distinta: estaba ocultando algo, concretamente la marca en su pecho. Velgrmon estaba preparado para cortar distancias, acercarse tanto como pudiese y retomar altura, no sin antes impactar al dorado con sus garras, haciéndole perder su postura defensiva y consiguiendo vía libre de ataque cuando estuviera una vez más en el aire. Si tan solo hubiera visto la marca brillante en el pecho del dorado, hubiese previsto sus intenciones y así cambiado sus planes, no obstante ya era tarde cuando Excalibur apartó sus espadas, dejando al descubierto aquél número plateado.

—¡¡Blindead!! —La marca numérica en el cuerpo de Excalibur liberó la energía ahí acumulada, golpeando contra el pecho del ave, dejando la marca del vigésimo en el proceso. Libra fue empujado por la fuerza del golpe, cayendo al piso—. ¡Aún no termino! —viendo su oportunidad corrió hacía su oponente—. ¡¡Grasshlas!! —Puso en alto su espada diestra, después trazó un arco descendente.

El filo de la espada cortó aire, después se encontró con algo sólido. Un gorgoreo grave emanó de las profundidades de Velgrmon: plumas negruzcas danzaban en el aire a su alrededor, cuando sus ojos buscaron su ala izquierda descubrió que gran parte de esta ya no estaba unida al resto de su cuerpo. Su Master of Darkness impactaron al caballero dorado y le obligaron a retroceder, pero el daño ya estaba hecho. Su extremidad estaba perdida, de la herida una gran cantidad de partículas lumínicas escapaban de su ser.

—Curioso —dijo al presenciar a los datos emanando de su miembro herido, pues su cuerpo no daba señales de estarse desintegrando—. De modo que estuviste guardando esa técnica a distancia —sus ojos se desplazaron desde su herida hasta el rostro de Duramon, sin necesidad siquiera de mover su cabeza—, pudiste usarla antes para intentar darme mientras volaba.

—Eres demasiado ágil en el aire —Excalibur frunció el ceño—, te vi esquivar sin problemas el ataque de Prydwen —la Legend Arm aludida parpadeó, pues al igual que el Signo él también se preguntó porque esperó tanto a usar su Blindead— así que mi técnica hubiera resultado igual de ineficiente, necesitaba esperar al momento adecuado.

—¿Y qué esperas entonces? —estiró ligeramente sus piernas, apoyándose también de su cola a fin de equilibrar el peso de su cuerpo—, ahora que me tienes atrapado en tierra, ¿no piensas ponerle fin a esta batalla?

Duramon sabía que aquello era una provocación, no obstante, debía concederle a su enemigo la razón, aquél conflicto aún estaba inconcluso y era mejor ponerle punto final de una buena vez por todas: corrió hacía el ser alado con sus espadas listas, Libra disparó contra su ser una serie de rayos carmesí desde sus ojos, motivo por el cual el vigésimo adoptó una carrerilla en zig zag a fin de cortar distancias, valiéndose de sus espadas para bloquear el Master of Darkness cuando le resultó imposible eludirlo. Cuando la distancia entre ambos se hubo esfumado, Velgrmon lanzó un coletazo al dorado, este recibió el golpe de lleno, tambaleándose, pero sin llegar a caer. Duramon entonces lanzó la primera estocada, misma que fue bloqueada por la cornamenta en el ala diestra de Libra, el segundo tajo fue bloqueado sorpresivamente por las fauces del ave, sus colmillos se cerraron a alrededor del filo de la espada.

—So-sorprendente… —Matt estaba incrédulo, el Signo era capaz de seguir en la pelea a pesar de haber perdido su capacidad de vuelo.

Los dos Perfect comenzaron a temblar sutilmente, indicativo de que sus cuerpos se encontraban en un duelo invisible para los espectadores, una lucha de fuerza que decidiría el final de aquella lucha. Fue cuestión de tiempo para que la pesada espada, con su agudo filo, comenzara a rebanar la cornamenta del ala hasta que inevitablemente consiguió perforarla, yendo después a por el ala donde dejó un profundo corte a su paso, si bien el daño no se comparaba al ocasionado en la primera extremidad afectada, el dolor hizo al ave retroceder, disminuyendo la presión de su mordida. Excalibur aprovechó el momento, llevó su brazo espada hacía atrás para tomar impulso y después hizo que su punta viajara en línea recta… Un gemido ahogado escapó de la boca de Velgrmon cuando la espada de Excalibur se hundió en su pecho.

—¿Lo has visto? —Duramon sacó el arma del cuerpo enemigo y retrocedió, Libra se desplomó en el suelo, sin apartar la vista de su rostro—. ¿Has notado cuan diferente es el poder de un Digimon que ha evolucionado con el apoyo de su humano?

—Sí… —ninguno en el trío de Ávalon esperó que el Signo le diese la razón al caballero—. Pero no te equivoques, tu fuerza no es nada sorprendente o especial, sigues siendo un simple Perfect —movió su cabeza con torpeza, intentó ponerse de píe, solo consiguiendo volver a la posición inicial—. No obstante, hay algo distinto… en tus movimientos… en tu forma de luchar… —sus ojos se desplazaron hasta fijarse en la figura de Matthew—, era como si estuvieras peleando por algo valioso… sin importar poner en riesgo tu vida por ello… —sus párpados comenzaron a cerrarse—. ¿Es eso debido a tu humano?… Me gustaría hacer más pruebas…

Sus ojos se cerraron, su cuerpo enteró comenzó a disolverse en datos. Duramon se quedó de píe observando: ni siquiera en el borde de la muerte aquél ser mostró emoción alguna y por si fuera poco, el único pesar que Libra arrastró a la tumba, si es que lo hizo, fue el hecho de que con su muerte sus experimentos llegarían a su final y sus dudas jamás serían resueltas. El único consuelo para el vigésimo era saber que ningún otro Digimon inocente sería víctima de sus retorcidas pruebas.

—¿Qué… ?

La información de Libra, en lugar de reagruparse y concebir un Digitama, comenzó a flotar hacía el cielo, formando un torrente de información bastante notorio. Excalibur le siguió con la mirada estupefacto, pues era la primera vez que veía ese fenómeno. Pronto se topó con una extraña sorpresa: un sonriente demonio de cuerpo rojizo, un Boogiemon, se encontraba sosteniendo lo que a simple vista era una lámpara de aceite, aunque su superficie metálica daba a entender que bien se trataba de un dispositivo tecnológico de algún tipo. La información de Libra entró al interior de este curioso aparato por una apertura, la cual se cerró cuando la última partícula de data fue consumida. Antes de que Excalibur pudiese preguntar o hacer algo, el Boogiemon abandonó el sitio, alejándose tan rápido como le fue posible del lugar.

—¿Por qué se llevaron su información? —El vigésimo se giró hacía el canadiense, que junto a Prydwen decidieron acercarse al concluir que ya era seguro hacerlo.

—N-no lo sé —Matt clavó su mirada en el último punto donde vio al demonio—, solo esperemos que Trece Signos no disponga de un método para resucitar a sus miembros —cerró los ojos y negó un par de veces con la cabeza—. Es mejor que volvamos, Ethan y los demás pueden necesitarnos.

[. . .]

[Flashback]

La playa había vuelto a la tranquilidad después de una larga y encarnizada batalla. Andiramon se encontraba de píe, tomando largas bocanadas de aire mientras se recomponía: a la distancia su hermana se había tirado sobre la arena y ahora realizaba ángeles con esta. Esbozó una sonrisa efímera, envidiaba mucho a su gemela, pues solo ella era capaz de ponerse a jugar un segundo después de una batalla donde bien pudieron perder sus vidas. Estuvo a punto de ir junto a su lado y disfrutar junto a ella del merecido descanso que se habían ganado, pero captó un sonido con sus orejas. Con sumo cuidado fue guiándose por el ruido, provenía de un montón de rocas junto al mar. Cuando llegó hasta ellas, comenzó a retirar una a una aquellas masas pétreas, cosa sumamente sencilla gracias a sus grandes manos. Pronto descubrió que ahí se encontraba un Digimon con forma de cangrejo, un Ganimon, el cual se encontraba herido. El Child retrocedió apenas le vio, se cubrió el rostro usando sus pinzas, pero conforme los segundos pasaron y el marino concluyó que la Perfect permanecía quieta se relajó hasta ser capaz de dirijirle la mirada.

—Ho-hola… —dijo el cangrejo, con cierto deje de duda en su voz.

—Hola —respondió de forma seca la virus.

—Y-yo… me escondía aquí…

—Eso veo —frunció el ceño—. ¿Por qué? —El child se sobresaltó, el tono de la Perfect se volvió más frío, obvia señal de que ahora la coneja estaba poniendo en duda si era realmente una amenaza o no.

—Los Chamalemon con los cuales combatieron —comenzó a explicar, sus palabras salían atropelladas a causa de los nervios—, ellos tomaron nuestra playa… Nos echaron a mis amigos y a mí —su voz amenazó con quebrarse—, esta mañana decidimos recuperarla, pero fallamos —cerró sus parpados con fuerza, luego le dedicó una mirada a la coneja—, cuando me hirieron, mis amigos me trajeron aquí mientras buscaban ayuda, entonces ustedes dos llegaron —con ojos brillosos dio un par de pasos al frente—. Y-yo las vi luchar… esa forma de moverse, i-incluso la forma cómo ejecutaban a esos Chamalemon —negó con la cabeza—, era algo sorprendente de ver…

—Nos contrataron para liquidar a esas lagartijas, estafaron a uno de nuestros clientes y creyeron que podrían escapar. Tú y tus amigos tuvieron mala suerte de encontrarse en la playa donde intentaron construir su escondite —Andiramon se relajó un poco, incluso se sentó con las piernas cruzadas sobre la arena—. Fue mera casualidad que les salváramos, pero, ahora comprendo porque nos resultó más fácil tomarles por sorpresa —ladeó la cabeza—, si lo que me dices es verdad, se distrajeron cuando ustedes les atacaron y descuidaron el flanco por el cual atacamos.

—¿E-entonces eres una mercenaria? —parpadeó, sorprendido.

—Pertenezco a Trece Signos —asintió—. Así que podría decirse que sí.

—Trece Signos… —repitió para sí mismo—. Entonces, fuimos salvados por Trece Signos… —sonrió.

[Fin Flashback]




Andiramon cruzó sus brazos delante suyo, bloqueando el chorro de agua a presión que iba directo contra su ser, la fuerza del impacto consiguió empujarle varios metros hasta hacerla impactar contra el muro de un edificio. Cuando su enemigo quiso repetir la técnica, consiguió esquivarlo de un solo salto, aterrizando sobre uno de los tejados. Géminis estaba dispuesta a pelear contra cada una de las cabecillas de Trece Signos, incluso lo haría contra Capricornio si este le daba motivos para hacerlo, solo uno era la excepción: Cáncer. Después de su hermana y Aegiochusmon, el único integrante en Trece Signos al cual podría llamar amigo era Cáncer. Se conocían desde hace varios años atrás, cuando Cáncer era solo un Ganimon y un esbirro de bajo rango en las filas de Trece Signos. Literalmente, Géminis había visto su largo desarrollo hasta llegar a lo que era ahora, un poderoso Anomalocarimon el cual consiguió su título al cobrar venganza sobre aquel que asesino al anterior Signo Cáncer y se negó a tomar su lugar en el gremio. Después de ascender y convertirse en Signo, las interacciones entre ambos solo aumentaron, si bien Géminis nunca tuvo un apego con el marino, este terminó ganándose su confianza y su respeto. Por desgracia, tras la traición de Acuario al ejecutar a su hermana, Cáncer no le brindo apoyo alguno, todo lo contrario, Anomalocarimon trató de persuadir a Géminis para que desistiera de señalar a Camalaramon como la autora del ataque contra su hermana. Al final, fue Capricornio el único que le creyó y le tendió la mano para cobrar venganza. Géminis no odiaba a Cáncer, en el fondo sabía que, al igual que su hermana, él era uno de los pocos integrantes de Trece Signos que realmente merecían ser líderes; estaba segura que él no formaba parte del complot contra su hermana y tampoco merecía ser víctima de su venganza.

—¡¿Piensas solo esquivar mis ataques?! —Bramó furioso después de disparar otro Titanic Wave y ver a su adversaria esquivarlo de un movimiento—. Lo único que estás haciendo es gastar mi paciencia.

—Si con eso lograré hacerte desistir de pelear, entonces vale la pena —fue su respuesta.

La coneja corrió mientras era perseguida por el chorro de agua de su adversario, después pegó un salto y realizó varios giros en el aire, mientras ejecutaba estos movimientos estiró sus manos y las transformó en hachas, de modo que cuando sus pies tocaron el suelo ya poseía sus más mortíferas armas listas: corrió directo hacía el gran camarón, quien lanzó sus apéndices frontales cuales látigos, siendo esquivados por la virus. El filo de las armas naturales de ambos digitales se rechazó mutuamente cuando la coneja optó por un ataque directo, sin importar cuantos tajos cortantes enviase con sus hachas el resultado era el mismo: Géminis retrocedió de un impulso hacia atrás, cuando con el rabillo del ojo vio la cola del escorpión marino en movimiento, alcanzó a ver cómo este se clavaba duramente en el punto donde momentos antes estuvo parada.

—Conozco tus movimientos bastante bien —Anomalocarimon cruzó sus brazos delante suyo—, ¡si tu plan es tomarme por sorpresa, necesitarás algo mejor que eso! —su Stinger Surprise salió disparado desde sus extremidades sin necesidad de moverlas, la coneja se encargó de cancelar el proyectil con un simple tajo de su hacha.

—Lo mismo va para ti —puso su cabeza en alto. Una risa con cierto deje de diversión escapó del marino.

—Ese es el problema, nos conocemos bastante bien… —movió su cabeza para revelar su boca, disparando de este una poderosa ráfaga de arena.

El primer reflejo de Andiramon fue apartarse de la trayectoria del chorro de polvo, pues sabía que si se exponía demasiado a este terminaría cayendo dormida, por desgracia, hacer esto era justamente lo que su enemigo esperaba: Anomalocarimon se abalanzó hacía ella, consiguiendo atrapar una de sus patas al emplear uno de sus tentáculos. Cáncer mandó a su cola hacía adelante en un veloz y certero movimiento, la cuchilla en su extremidad fungiría como aguijón que se clavaría en el cuerpo de la liebre, tal vez no inyectaría veneno alguno, pero la herida sería profunda y letal. Por supuesto, el único resultado que consiguió fue escuchar el sonido de un metal chocando contra otro y ver su aguijón rebotando en la piel de Andiramon. Géminis se había concentrado, endureciendo específicamente su espalda tanto como le fue posible, acto seguido, y aún teniendo su pata cautiva, se impulsó yendo sorpresivamente directo hacía su enemigo.

—Asipatravana —susurró, ahora concentrando en endurecer sus manos hacha, mismas con las cuales ejecutó una lluvia de tajos cortantes directos a la cabeza de Anomalocarimon. Sus golpes, aunque certeros, solo dejaron algunas marcas en el exoesqueleto del Perfect.

—Siempre luchando como si no temieras a la muerte, no has cambiado… —apretó más la pierna de la liebre y en lugar de apartarla la mantuvo cerca, el motivo fue más que obvio—. ¡Suna Shower!

Andiramon había perdido aquel juego. Todos aquellos movimientos fueron realizados con un motivo: la primera lluvia de arena solo fue un incentivo para hacerla retroceder y así ser atrapada por uno de los apéndices, dejándola vulnerable para un ataque del aguijón, Géminis había visto este escenario en su cabeza y aun así dejó que sucediera porque de esa forma tendría una vía libre de ataque a corta distancia, no obstante, Cáncer había predicho también esto y por eso dejó que aconteciera, después de todo solo así podría atrapar a la coneja y mantenerla tan cerca que le resultaría imposible esquivar un segundo Suna Shower.

—Realmente has mejorado —le alabó la virus mientras la arena golpeaba su ser—, pero no es suficiente…

La coneja se agachó y lanzó ambas hachas contra el tentáculo que la tenía cautiva, cercenándolo por un extremo. Aún sin erguirse, se impulsó hacía adelante, tacleando al escorpión marino con su cuerpo endurecido. No conforme con eso, mandó sus brazos a tomar impulso e impactó con fuerza su cuerpo, logrando que el filo de sus armas se incrustase en su ser. Anomalocarimon, en un desesperado intento de hacer desistir a su oponente y quitársela de encima envió repetidas veces su aguijón contra su cuerpo, el Mantra Chant de Andiramon se encargó de mantener su cuerpo endurecido durante los primeros golpes para mermar su efectividad, pero con el paso de los segundos el filo del arma comenzó a herir a la coneja; de todas formas, Géminis no dudaría mucho tiempo más en esa posición.

—Déjame mostrarte algo nuevo que aprendí —la coneja frunció el ceño, abriendo su boca mientras una luz emanaba desde sus adentros—. ¡¡Viper Heat!!

Una explosión rodeó a ambos Perfect. Durante los primeros instantes fue imposible conocer el resultado de aquel ataque a quemarropa, pero conforme los segundos fueron pasando la cortina de polvo y humo que cubrió a los Digimon fue diluyéndose hasta permitir distinguir ambas figuras: la coneja estaba sobre el escorpión marino y este había conseguido que su aguijón se enterrase en la piel de la Andiramon, a la altura de su hombro diestro. Ambos estaban quietos, respirando agitadamente.

—Ese golpe pudo ir a mi cabeza —susurró la coneja al notar la cuchilla clavada.

—Pudiste impregnarle más energía a ese último disparo —fue la respuesta de Cáncer.

—Sabes de la forma en que esto debe terminar —Géminis cerró sus ojos—, tú escogiste tu bando y yo el mío, además, ninguno da señales de ceder.

—Lo sé —una risa forzada escapó de sus adentros—, pero siempre se puede intentar una última vez, ¿no? Ya que no pude convencerte en esta vida… —Anomalocarimon empujó su cola con la intención de extraer su aguijón—, tal vez pueda hacerlo en la siguiente… cuando renazcas…

A esa distancia, Cáncer solo necesitaba un simple movimiento y conseguiría enterrar la cuchilla de su cola en el cráneo de la coneja, un golpe letal que ni siquiera ella podría revertir con su técnica de curación. Sin embargo, al ejecutar un segundo tirón sus ojos se abrieron de par en par comprendiendo lo que estaba sucediendo: era incapaz de recuperar su aguijón aun recurriendo a toda su fuerza para intentar sacarlo, la única explicación era que Andiramon había endurecido su cuerpo, principalmente la zona alrededor de la herida. Géminis envió sus hachas contra el extremo de la cuchilla enemiga que aún sobresalía de su cuerpo y, tras ejecutar un par de golpes esta termino trozándose y rompiéndose. Una de las piernas de la coneja fue atrapada por el tentáculo del depredador marino y le envió contra un edificio cercano.

—Entre más insistas más doloroso será —Cáncer cruzó sus brazos delante suyo y envió proyectiles cortantes de aire: cortes aparecieron en los brazos de la coneja al intentar bloquearlos, sabía que en cuanto le diera un momento de descanso utilizaría su técnica de curación—. Solo déjalo ya, Géminis —un chorro de agua chocó de frente contra Andiramon, esta cruzó sus brazos y hundió sus pies en el suelo al endurecer su ser—. Déjalo ya —la coneja hizo chocar sus fauces—. Ríndete ante mí y haré que las cosas vuelvan a ser como antes. Te lo prometo.

El Titanic Wave de Anomalocarimon comenzó a transformarse en simple vapor cuando el Vyper Heat fue liberado de la boca de la liebre. La estela de humo blanquecino pronto se propagó por todo el sitio. Las antenas del escorpión marino comenzaron a moverse, imaginando las intenciones de su contraparte, un ataque sorpresa. Pero la silueta de la virus no salía por ninguna parte, ¿es que había aprovechado el obstáculo visual para por fin irse de ahí? Levantó la cabeza: fue ahí donde pudo encontrarla, descendiendo de las alturas, estirando sus dos piernas para propinarle un golpe similar a una doble patada. El exoesqueleto de la criatura marina crujió y se resquebrajó, la coneja agitó sus manos y manifestó sus hachas.

—Pensé que sería más vergonzoso perder ante ti... —dijo Cáncer, soltando una risa de satisfacción—. Pero al final, no siento más que alegría de que haya terminado así. Tal vez este es mi castigo, por no haberte creído en el pasado, sobre Acuario, sobre tu hermana... —cerró sus ojos—. Adelante, amiga mía. Acaba conmigo.

La coneja frunció el ceño. Solo realizó un simple pero veloz movimiento.



La Mano Ausente Tizza no estaba muerto, andaba de parranda(?), pase please o-o/
 

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Una flecha de luz cortó el aire, estallando varios metros antes de impactar contra Metalseadramon: una lluvia de proyectiles se lanzó contra la serpiente, pero todos y cada uno de ellos rebotaron apenas hicieron contacto con su piel. El cyborg frunció el ceño, aquel combate se volvería en uno muy aburrido si su oponente solo tenía a su disposición aquellas técnicas basadas en luz, pues estos no tenían la más mínima oportunidad de dañarle gracias al recubrimiento de su cuerpo.

—Eres algo aburrido —la serpiente mandó su cola contra el samurái: rozó paredes de edificios en el proceso de modo que ladrillos y cristales salieron disparados a todas direcciones a medida que su extremidad avanzaba sin encontrar resistencia alguna. Cuando por fin conectó su golpe contra el portador del anticuerpo X, el cuál cruzó sus espadas delante suyo para mitigar el impacto, salió disparado, rodando por una calle. Apenas se recompuso, Ryu corrió, cubriéndose tras unos edificios—. ¿Ahora quieres jugar a las escondidas? —chasqueó la lengua—, ¿dónde quedó ese valor que me mostraste al inicio del combate? —se impulsó hacía la construcción que protegía a su rival: estrelló su cabeza contra este, habiendo colocado su cuchilla por delante: el filo de su arma atravesó toda la estructura, la cual terminó colapsando cuando el resto del cuerpo del marino atravesó la construcción.

Piscis entonces se percató del motivo por el cual su oponente había mantenido la estrategia de atacarle desde la distancia usando sus técnicas de luz: todo fue con la finalidad de traerle hasta ese sitio, una gran plazoleta. En el centro, en lugar de encontrarse con el típico quiosco o jardineras, se alzaba una torre de reloj que medía algunos diez metros de altura. La misma poseía una gran variedad de colores a lo largo y ancho de su estructura, sugiriendo el uso de varios metales por parte de sus creadores a la hora de concebirle.

—Te jugaste la vida para traerme a un terreno despejado —Piscis soltó una risa—, déjame adivinar, ¿deseas hacer el menor daño a esta ciudad?

—Los Guardromon ya han perdido mucho este día —Ryu le mantuvo la mirada a la serpiente marina—, haré lo que pueda para que su perdida no sea aún mayor.

—Cuando obtengamos lo que deseamos esta ciudad será reducida a meros escombros —irguió su cuerpo, prestando atención a los alrededores—, solo estás retrasando lo inevitable.

—Suenas como si la victoria ya fuera de ustedes. Mientras mi señor y nuestros aliados estemos aquí, Trece Signos debería de temer.

—Y tú hablas demasiado para ser alguien que no ha sido capaz de hacerme ni siquiera un rasguño —abrió sus fauces de par en par y se lanzó al ataque.

Chispas emanaron del contacto del cuerpo de Metalseadramon con el suelo y edificios, la enorme bestia cortó distancias con Gaioumon a pesar de su descomunal tamaño, no obstante, el guerrero de armadura negra solo debió impulsarse pegando un salto para esquivar, pues en su espalda un par de seis alas luminosas aparecieron, White Wings. Metalseadramon cerró sus fauces, un instante después se percataría que no había conseguido su objetivo; ni siquiera se molestó en frenar su marcha, su cuerpo impactó contra la torre del reloj, la cual se sacudió hasta por fin colapsar.

—La carta “Chrondigizoit Metal Body” está basada en las escamas que recubren el cuerpo de los Metalseadramon —Gaioumon escuchó la voz de su maestro en su cabeza, debía estar usando el Sound Linker—, así que esa cosa podrá rechazar sin problemas todo ataque basado en energía.

—Entonces debo concentrarme en atacarlo cuerpo a cuerpo —concluyó el Dragon Man, recordando como todos sus proyectiles rebotaron apenas entraron en contacto con el metal del cyborg.

—No solo eso, enano —Ethan se encontraba en el tejado de un edificio, pudiendo observar sin problemas la plazoleta donde su compañero se encontraba, a su lado se hallaba Matthew, a su espalda Raijiludomon mantenía su mirada fija en Metalseadramon—. Esa cosa podrá ser una serpiente y una máquina —esbozó una sonrisa—, pero sigue siendo un “dramon” así que podremos hacerle daño con varias cartas —Piscis giró bruscamente y se elevó por los aires obligando a Gaioumon a maniobrar y esquivarle.

—Puedo moverme en agua, tierra o aire —comenzó a girar alrededor del samurái con su cuerpo extendido—, poco importa a dónde corras, ¡tendré ventaja en cualquier terreno en el que elijas pelear!

La serpiente invadió el propio perímetro en el cual mantuvo atrapado a Gaioumon por su movimiento cíclico, con sus fauces abiertas de par en par y con el cañón de su nariz resplandeciendo de energía. Dos guanteletes con largas cuchillas aparecieron en los brazos de Ryu, los Dramon Breaker. El samurái se impulsó a un lado cuando los colmillos de la bestia marina intentaron atraparle, Piscis giró entonces su cabeza y abrió fuego, moviendo su extremidad con el fin de modificar la trayectoria del Ultimate Stream, convirtiendo así su técnica en una enorme arma que blandía a distancia; no obstante, la velocidad del samurái solo había aumentado desde que la carta Equip surtió efecto en su ser, resultándole imposible alcanzarle en vuelo.

Fue el turno de Gaioumon de pasar a la ofensiva, tras realizar una pirueta comenzó a caer en picada hacía Metalseadramon, preparando sus brazos para lo que se vendría a continuación: aun bajando a toda velocidad, Ryu estiró sus extremidades superiores y estrelló las cuchillas de las Dramon Breaker contra el cuerpo de su enemigo, cosa relativamente sencilla debido a las dimensiones del Cyborg, cambió de un costado a otro cuando la criatura comenzó a moverse en un intento de obtener línea de tiro.

—Presumiste que tu cuerpo era impermeable a toda clase de ataques —dijo Gaiomun al otro Ultimate, pues una vez tomó distancia al terminar su ataque fue capaz de ver el daño que sus armas temporales consiguieron hacer sobre el cuerpo ajeno: largas marcas, cuales cicatrices, arruinaban ahora su perfecta armadura corpórea—, veo que solo estabas mintiendo.

Metalseadramon bufó. Ser dañado y herido no le disgustaba en lo absoluto, pues poseía un largo historial de combates encarnizados que libró en el pasado, en algunas de ellos estuvo a punto de morir antes de hacerse con la victoria. No obstante, desde que adoptó esa forma ningún ataque había conseguido siquiera dejarle un rasguño, lo cual solo consiguió que el ego de la criatura aumentase, convirtiéndose por ende en ofensa el logro conseguido por el Dragon Man. Para su fortuna, Gaoiumon tenía un punto débil, uno que él tal vez ni siquiera estaba considerando a la hora de combatir contra él.

—Felicidades por conseguir algo que hasta ahora había resultado imposible —sus palabras estaban ahogadas en sarcasmo. Su cañón destelló—. ¡Aquí tienes tu premio! —Ryu abrió los ojos como platos al ver hacía donde apuntó la serpiente.

Raijiludomon activó sus propulsores y despegó al ver las intenciones del Ultimate. Colocándose varios metros delante de los humanos activó su escudo eléctrico y comenzó a mover su rango de acción. Gaioumon por su parte comenzó a canalizar energía entre sus manos, la sensación le resultaba curiosa, el proceso le resultó muy similar a cuando ejecutaba su técnica de Reactor Gaia. El Ultimate Stream salió disparado del arma integrada de Metalseadramon, chocando primero contra el RaijinShield de Prydwen, en ese momento Ryu disparó su Trident Gaia desde sus brazaletes. Piscis soltó un gemido ahogado cuando el proyectil de energía de Gaioumon le estalló en la cara, esto modificó la trayectoria de su láser mismo que ya había consiguió atravesar la defensa de la Legend Arm del tipo defensivo, quien, sabiendo que su muro caería, se puso en la trayectoria para recibir el remanente del disparo con su cuerpo, o más bien, con los escudos que portaba en sus brazos.

—Prydwen, ¿estás bien? —El canadiense preguntó aquello tras el osado movimiento de su compañero, la Legend Arm relajó sus brazos, permitiendo que su Tamer pudiera avistar el resto de su ser: su armadura seguía ilesa, salvo sus armas defensivas las cuales mostraban señales de quemaduras.

—Estoy bien, Matt —fue la respuesta de Raijiludomon, quién volvió a vigilar los movimientos del enemigo.

—¡Ya verá ese canalla! —Duramon dio un par de pasos, con intención de internarse en el campo de batalla.

Al pelinegro le resultaba curioso como las personalidades de sus dos Digimon contrastaban tanto entre ellos y, al mismo tiempo, parecían representar con certeza las armas en las cuales se especializaban: por un lado estaba Prydwen quien a pesar de todo osaba encarar la técnica de un Digimon superior con tal de frenarla y por otro estaba Excalibur, quien su espíritu valeroso le impulsaba a luchar contra un rival que le superaba por mucho, sin siquiera mostrar duda alguna.

—Detente ahí, Excalibur —la voz de Walker hizo al vigésimo detenerse y girarse hacía este, Matt también le dedicó una mirada de sorpresa al estadounidense—. Sé que quieres ayudarnos, pero esa cosa esta fuera de tu liga —Al vigésimo no le gustó escuchar esas palabras, pero él mismo presenció cómo los ataques normales de Ryu no surtieron efecto alguno, si un Ultimate necesitaba apoyo para dañar a Piscis, ¿qué conseguiría hacerle un Perfect? Tal vez esa vez se había dejado llevar por su espíritu valeroso.

Metalseadramon impulsó su cola, asestando un coletazo a Gaioumon el cual conectó, pues en ese instante sus White Wings se desvanecieron, dejando al samurái a la merced de la gravedad: Ryu se estrelló contra un edificio y, antes de ser capaz de reponerse, la serpiente marina se presentó delante suyo con sus fauces abiertas de par en par.

—¡Te tengo! —Fue la exclamación de victoria cuando Piscis por fin atrapó entre sus colmillos al Dragon Man, sin embargo, este último al seguir poseyendo un incremento en su fuerza física hacía todo lo posible para evitar el cierre de las mandíbulas del cyborg.

El peso que se cernía sobre Gaioumon era comparable a la de una pila de piedras, o puede que inclusive fuese una montaña desde la perspectiva de Ryu. Si bien parecía estar teniendo ventaja en aquel duelo mortífero, emplear al máximo sus fuerzas solo le conduciría al agotamiento, además, para salir de ahí necesitaría utilizar algún recurso que evitase el cierre de las fauces enemigas, pues ahora mismo sus brazos eran el único obstáculo que lo impedía.

—¡Hazlo ahora! —la voz de Ethan resonó en la cabeza de Ryu, quien al instante percibió un cambio en su alrededor.

Los movimientos de Metalseadramon se entorpecieron por efectos de la carta Lag. Ryu empujó con todas sus fuerzas abriendo tanto como pudo las mandíbulas de su oponente, para cuando este ordenó a su cuerpo volver a cerrarlas el samurái literalmente se escabulló de su boca, apoyándose de un nuevo par de White Wings para conseguirlo. Ryu pensó en aprovechar la oportunidad y atacar con los Dramon Breaker, sin embargo apenas la idea pasó por su cabeza estos desaparecieron de su ser. La boca de Metalseadramon resonó cuando el efecto del naipe cesó y sus colmillos chocaron los unos contra los otros. La serpiente bufó con irritación al ver al otro Ultimate aún en una pieza. Un estridente zumbido llamó entonces la atención de la serpiente marina, así como el de los Tamers y sus Digimon: Piscis alzó su cabeza, observando la figura de Tyrantkabuterimon en las alturas. Su aliada acababa de enviarle un mensaje que solo él supo interpretar. Chasqueó la lengua, lo que le estaba pidiendo hacer era un golpe para su orgullo como peleador, pero tampoco era un suicida, sabía cuándo las posibilidades de hacerse con la victoria estaban en su contra. Piscis se elevó a las alturas usando movimientos serpenteantes.



[. . .]



Las figuras de Dynasmon y Vritramon fueron identificadas por los Flybeemon, un enjambre entero se lanzó contra estos sin importarles en lo más mínimo la diferencia en poder: para ellos solo importaba el hecho de que estaban invadiendo el espacio que pertenecía a su reina. El Demon Man correspondió la bonita bienvenida disparando una lluvia de proyectiles ígneos, rompiendo la formación de las libélulas y consiguiendo crear un hueco, mismo que usaron para eludirles y dejarles atrás.

Tyrantkabuterimon les esperaba en las alturas, con docenas de aquellos Armor danzando a su alrededor, manteniéndose encerrada en una especie de burbuja de protección. Solo bastó un aleteo de su parte para que los Adults a su alrededor cesaran lo que estaban haciendo y saliesen disparados cuales proyectiles vivientes en contra de los invasores de su espacio aéreo. Dynasmon frunció el ceño, cansado de esas molestas criaturas que no hacían más que estorbarles, una poderosa aura comenzó a ser irradiada desde cada rincón de su cuerpo.

—¡¡Dragon Collider!!

La energía del Royal Knight tomó la forma de un fantasmal dragón, el cual pareció batir sus alas y salir al encuentro de los súbditos del enorme escarabajo: cuando chocó contra estos, una gran explosión aconteció, de modo que aquellos Armor que no tuvieron el desafortunado destino de ser quemados por la energía pura del ente hétereo, fueron víctimas de la explosión posterior o de la onda expansiva resultante. Los Flybeemon sobrevivientes insistieron en continuar su ataque, pero una señal de su señora les hizo frenar su marcha y apartarse.

—¿Un soldado de nivel Ultimate? —Tyrantkabuterimon analizó de pies a cabeza a Dynasmon—. Me pregunto por qué no apareciste en el comienzo de la invasión…

—Ordena a tus esbirros detenerse ahora mismo —A Dynasmon no le importó responder la pregunta de la digital. Su tono de voz estaba impregnado con una notoria molestia.

—Oh, el soldado tiene la voz digna de un rey —el insecto Ultimate abrió sus brazos de par en par—, pero se necesita más que fuerza para dar órdenes.

—¡No estoy para juegos! —El miembro de Ávalon se impulsó hacía Tyrantkabuterimon sin más. A la Signo solo le bastó mover una mano para que varios Flybeemon se colocasen delante suyo, formando un muro viviente en el cual Dynasmon impactó, pero consiguió atravesar, quitándose de encima a los Armor lanzando zarpazos—. Cobarde —Dynasmon espetó aquello al ver que Tyrantkabuterimon retrocedió aprovechando la distracción—, usas a tus seguidores como vil escudo, ¡da la cara y enfréntame!

—Todo individuo tiene un lugar en la colonia, una tarea cual cumplir. El deber de los soldados es proteger a su reina —un nuevo zumbido aglomeró a por lo menos una docena de Flybeemon a su alrededor, Dynasmon vio como algunos de ellos se esforzaban para mantenerse en vuelo y continuar peleando—, incluso aunque eso les cueste la vida —Las libélulas se lanzaron al ataque con sus aguijones por delante, siendo rechazadas por un Vritramon envuelto en la silueta de un dragón llameante.

—Parece que se olvidaron de mi —sonrió el Demon Dragon, apuntando sus Rudriya Tarpana y abriendo fuego en contra de la reina insecto.

Tyrantkabuterimon se cubrió con sus brazos por mero acto reflejo, pues cuando el Perfect concluyó su bombardeo en el cuerpo ajeno no hubo señal alguna de daño. El Hybrid estuvo atento a la figura enemiga, esperándose un contraataque de su parte, este fue su error, pues cuando Jewelbeemon llegó volando desde uno de sus costados no consiguió verle a tiempo, de modo que este consiguió golpearle con su lanza. Dynasmon envió un puñetazo directo al insecto de brillante armadura, este bloqueó con el cuerpo de su arma, saliendo disparado varios metros, siendo detenido por un dúo de Flybeemon que se interpusieron en su camino para frenarle.

—Algo aquí no está bien —el presentimiento de Dynasmon iba más allá del hecho de que el ataque de Vritramon fue inefectivo, los movimientos de los insectos estaban resultando extrañamente bien coordinados.

—Sirvan a su reina —Tyrantkabuterimon alzó sus manos a las alturas, sus ojos destellaron con un intenso brillo carmesí.

Dynasmon quedó estupefacto cuando escuchó el sonido de docenas de alas aleteando: al bajar su mirada vio como las agrupaciones de libélulas que fueron heridas con anterioridad se alzaban al vuelo, de forma torpe y con obvias señales de fatiga, sin embargo, había otra constante en todos esos Digimon, sus ojos no exhibían brillo alguno y las muecas serías en sus rostros eran copias idénticas, cual máscara que ha sido producida en masa.

—Tú… los controlas en contra de su voluntad —el Royal Knight fulminó a Tyrantkabuterimon—. Los estás… obligando a luchar incluso en contra de sus deseos… —una risa educada escapó del interior de la signo.

—¿Qué está haciendo qué? —Vritramon parpadeó anonadado.

—La lealtad de mis soldados es incuestionable —espetó la reina con deje de indignación—. Sin embargo, cuando sus cuerpos se cansan y sucumben al dolor su mente les hace desistir, les arrebata sus ánimos de lucha, eso es un signo de debilidad que vuelve vulnerable a la colonia —cruzó sus brazos delante suyo— con mi poder elimino esa falla y les hago luchadores de temer.

—No es una falla —el miembro de Ávalon hizo chocar sus fauces—, es un simple instinto de supervivencia, de preservación —espetó—. Los obligas a levantarse incluso cuando ya no pueden hacerlo —apretó su mano volviéndola puño—. Te haces llamar su reina, pero no eres más que una cobarde que se esconde detrás de los débiles.

El enjambre rodeó a los dos atacantes de su señora, los Flybeemon venían en todas direcciones intentando clavar sus aguijones en sus cuerpos: Dynasmon los apartaba con simples movimientos de sus brazos y cuando no era capaz de rechazarlos su armadura se encargaba de la tarea. Vritramon por su parte recurría a las armas de sus antebrazos para propinar feroces golpes, o incluso usando la superficie metálica de estas para eludir los picotazos, no dudando emplear su cola y alas llameantes en su intento de hacer desistir a los Armor de su ataque, sin embargo, contrario a otras ocasiones las libélulas actuaban en frenesí, pues de sus mentes fue borrado el sentido de autopreservación, en ese momento ni el dolor o el temor a la muerte les haría retroceder.

—¿Qué clase de monstruo… ? —se preguntó Dynasmon mientras a su alrededor solo era capaz de ver Flybeemon golpeándose entre sí solo para ser capaces de luchar contra él—, ¿qué clase de monstruo sacrifica a sus aliados para vencer a su enemigo? —apretó con fuerzas sus garras mientras un aura a su alrededor fue irradiada, intensificándose con el paso de los segundos.

El Hybrid envolvió su ser en llamas al imaginarse lo que su aliado estaba intentando hacer, consiguió abrirse espacio librándose de aquella prisión creada por los insectos. Dynasmon agradeció en sus pensamientos al Demon Dragon por alejarse, de lo contrario hubiera tenido que contenerse: soltando un feroz grito permitió que a su alrededor la silueta de un Wyvern se materializara, aquella misteriosa criatura hecha de pura energía blanquecina quemó a todo Flybeemon alrededor de su invocador. Tyrantkabuterimon movió su mano, esperando que una nueva oleada de sus súbditos atacase al Royal Knight, pero tarde comprendió que estos ya no existían más, pues habían sido reducidos a Digitamas.

—¡Adelante! —Le desafío el caballero de Ávalon—. ¡¡Oblígales a salir de sus Digitamas y vuelve a usarlos como escudo!! —extendió sus manos hacía adelante—. ¡¡Breath of Wyvern!!

Todo el cuerpo de Escorpio destelló ante la blanquecina luz emanada por la invocación del Royal Knight, misma que se abalanzó en su contra en un ataque kamikase. El Wybern y la Signo desaparecieron en medio de una intensa explosión que iluminó los cielos de Pueblo Industrial y cuya detonación sería escuchada en cada rincón de la urbe. Dynasmon respiró profundamente varias veces, siendo su atención atraída por el combate de Gaioumon y Metalseadramon en el suelo: en ese momento el samurái fue atrapado entre las fauces de la serpiente marina, el miembro de Ávalon quiso lanzarse a su ayuda en el acto, pero un movimiento fue captado por el rabillo de su ojo: algo se movía dentro de la cortina de humo que su último ataque dejó como remanente.

—Soldado, eres fuerte —Tyrantkabuterimon disipó el humo al agitar con intensidad sus alas, creando al mismo tiempo un poderoso zumbido. A diferencia de la vez pasada, en esta ocasión su cuerpo reflejaba daño—, es una lástima que no seas un insecto, de esa forma podría demostrarte con mis poderes que tan errado estás —extendió una mano hacía él—, dobla tu rodilla, caballero. Júrame lealtad como tu señora y sirve a mi lado.

—Ya he realizado mis votos —frunció el ceño, recordando a los miembros de Ávalon—, jamás traicionaría a mi Guild.

—Viniste a encararme con la intención de detener nuestro ataque, aun puedes hacerlo: únete a mí y termina con esta matanza absurda, vuelve esta ciudad una pila humeante de escombros y concede una muerte digna a sus ocupantes.

—Me niego a obedecer a alguien que desecha a sus camaradas como viles herramientas y trae guerra a un pueblo de paz.

—Un pueblo que ha aceptado la ocupación humana no merece la paz.

—Es una lástima —bufó—, yo soy un Digimon que combate al lado de humanos —abrió y cerró sus manos—. ¿Y sabes algo?, ellos no son tan malos cuando te das la oportunidad de conocerlos y recordar sus rostros.

—Coincido, es una lástima —espetó con deje de molestia—, un poderoso soldado en una causa perdida es un verdadero desperdicio.

El sonido del aire siendo desplazado inundó el lugar, Dynasmon pudo ver como una enorme serpiente metálica rompía distancias con ellos. El Royal Knight se apartó a modo de tener mayor espacio para maniobrar en caso de un inminente ataque de Metalseadramon, sin embargo, la serpiente simplemente igualó la altitud de Tyrantkabuterimon y comenzó a volar a su alrededor.

—¿Cuándo fue la última vez que luchamos codo a codo, Escorpio? —preguntó Metalseadramon.

—Creo que esta es la primera vez, Piscis —admitió la reina.

—Entonces este debe ser un combate que se registre en los archivos de Trece Signos —soltó una carcajada—. Una batalla sin precedentes que partió el cielo y la tierra en dos…

—¡Dynasmon! —El aludido buscó con la mirada a la fuente del sonido, encontrándose con Vritramon volando hacía él con un Gaioumon equipado con White Wings a su lado.

—¿Quién eres? —parpadeó Ryu al desconocer por completo la figura del Royal Knight.

—Soy Dinohumon —contestó—, aunque ahora mismo no hay tiempo para explicaciones —apuntó con la barbilla a los Signos—. Nuestros problemas se han multiplicado…

El samurái, el Demon Dragon y el caballero alado de Ávalon encararon a la reina insecto y a la colosal serpiente marina que giraba a su alrededor, como los planetas orbitan alrededor del astro sol, así mismo, un Jewelbeemon demostró estar listo para el combate tras hacer girar su lanza sobre su cabeza y apuntar el filo de su arma hacía los enemigos de su señora.

—Desafiar a un Signo es cortejar a la muerte —dijo Tyrantkabuterimon.

—Pero desafiar a dos que se hayan en la cúspide evolutiva… es señal de locura —añadió la serpiente.



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—¿Estás seguro de esto, Ethan? —preguntó el Tamer canadiense, la duda estuvo presente en cada una de sus palabras.

Matthew podía llegar a comprender la estrategia que el californiano trataba de realizar al pedirle que le abandonase y pusiera rumbo a la Central de Tamers en compañía de Excalibur y Prydwen: ahora mismo dos de los pesos pesados de Trece Signos se encontraban en el espacio aéreo de Pueblo Industrial dispuestos a sostener un enfrentamiento, uno que debido al nivel evolutivo de sus involucrados sencillamente se convertiría en el evento de mayor impacto en aquel conflicto; este acontecimiento sería imposible de ignorar por las fuerzas invasoras y esto incluía a cualquiera de los otros signos restantes que aún se encontraran haciendo de las suyas en la ciudad, esto daba la posibilidad de que se generase un conflicto o un desorden si no había las suficientes cabecillas que liderasen a los soldados de Trece Signos. Además, hasta ese momento aún existía incertidumbre en los enviados de la Central sobre el destino que tuvieron los desafortunados humanos y sus compañeros digitales que se encontraban en la urbe tecnológica cuando los Signos hicieron su audaz jugada, algunos Guardromon aseguraban que todos los humanos fueron ejecutados, otros admitieron abiertamente desconocer si les eliminaron o no. Por eso Ethan había pedido a Collins ir al edificio y terminar de una buena vez con aquella incertidumbre.

—Ryu y los demás tienen cubierto todo —asintió el castaño—, ellos mantendrán a esos tipejos ocupados un buen rato y después les harán caer —esbozó una sonrisa burlona, misma que se esfumó en cuestión de un parpadeo—. Pero mientras eso sucede, desconocemos qué fue de los integrantes de la Central de Tamers, ni siquiera sabemos si están atrincherados o si fueron tomados como rehenes… —frunció el ceño—, o si les ejecutaron para quitarse un peso de encima —pensar en esa posibilidad le hizo sentir un nudo en la garganta, pero estaba siendo realista.

—L-lo entiendo —asintió con pesadez el azabache—, pero, ¿tú estarás bien?

—De mí es del que menos debes preocuparte —movió una mano para restar importancia al comentario del otro Tamer—, sé arreglármelas bastante bien por mi cuenta —palpó el su lector de memorias adherido a su cinturón—. Ahora vayan, no pierdan tiempo.

—Volveremos en cuanto podamos —le prometió Collins, acercándose a Prydwen, quien se había inclinado y colocado sus manos sobre el suelo a fin de proporcionarle un sitio seguro donde transportarlo.

—Recuerden, si se encuentran con un Mephistomon tengan mucho cuidado —Walker le dedicó una mirada sería al canadiense. Raijiludomon y Duramon se pusieron en marcha entonces, abandonando al americano en el tejado de aquel edificio. Walker solo les dedicó una fugaz mirada mientras se perdían entre las calles de la urbe, volviendo su atención al evento que haría sacudir los cielos de Pueblo Industrial.


[. . .]



Un estallido seguido de otro. Las balas ígneas de Vritramon salieron desde los cañones de sus brazos y viajaron por el aire, solo para encontrarse con el cuerpo brillante y metálico de Metalseadramon: aunque al estallar cada una de aquellas balas liberaron lenguas infernales, ninguna fue capaz de atravesar la poderosa defensa de la serpiente, las detonaciones simplemente se apartaban de esta, como si tuviera sometido al elemento ígneo a tal grado de manipularle con toda facilidad. Dynasmon extendió sus brazos de par en par y decidido a terminar con la vida de la tirana insecto se lanzó a por ella encontrándose a mitad de su camino con un Piscis que ahora fungía como muralla viviente, las garras del Royal Knight se estrellaron contra las escamas metálicas, liberando chispas, pero sin llegar a siquiera dejar una marca en el cuerpo del ser acuático.

Gaioumon fue provisto de un nuevo par de Brave Breakers, los cuales combinó en una poderosa espada de triple cuchilla. Con su nueva arma lista fue a por el signo que regía sobre todos los Hangyamon, sin embargo, su plan sería igualmente frustrado como lo fue el del digital de Ávalon: Jewelbeemon le desafío a un intercambio de golpes, siendo el insecto aquel quién gozaba de una mejor posición, pues los ágiles movimientos de su lanza sumados al alcance de la misma le permitían reaccionar a las estocadas del samurái. El súbdito de Tyrantkabuterimon fue pronto superado, aunque su habilidad con la lanza era prodigiosa y digna de ser alabada por Ryu, la mejoría en las capacidades del Dragon Man se impuso a la destreza de su lanza: de un tajo cortante Gaioumon quitó de su camino a Jewelbeemon y consiguió vía directa para atacar a Metalseadramon mas el filo de su espada no terminaría perforando el cuerpo de la serpiente, sino que se encontraría con un exoesqueleto igual o inclusive más resistente.

—Tu arma es muy filosa, soldado —Tyrantkabuterimon miró el brazo con el cual bloqueó el ataque de Ryu, sorprendiéndose al ver una marca en el mismo—. Hecha del mismo material que mi armadura —su atención regresó a su enemigo— y a pesar de que puedes dañarme, has decidido ir directo hacía Piscis… ¿Es que tu espada tiene alguna ventaja sobre él?

—Cualquier arma que mi maestro me ordene blandir tendrá el filo para cortar a todo aquel que nos desafíe —le aseguró, adoptando una postura defensiva.

—“¿Maestro”? —la reina insecto ladeó la cabeza, sintiéndose atraída por el término—. ¿Te refieres a la reina de tu colmena?, sería interesante conocerle —la falsa cabeza draconiana que coronaba su ser abrió las fauces que poseía, permitiendo al cañón que ahí se alojaba salir y mostrar su letal belleza—. Después de todo, que una reina derrote soldados no tiene mérito alguno —apuntó a Gaioumon.

El cañón abrió fuego múltiples veces liberando balas similares a los Flybeemon que Tyrantkabuterimon gobernaba, solo que estos estaban hechos de energía pura que deseaban llegar al samurái con una intención muy distinta a inyectar su veneno. El Dragon Man ganó altitud mientras debajo suyo, a la izquierda y derecha, en todas direcciones, los proyectiles generados por el Insect Canon estallaban a su alrededor generando un espectáculo de luces que dejarían en vergüenza los shows de fuegos pirotécnicos del mundo humano; cualquier habitante de Isla File que mirase el cielo en esa dirección creería ciegamente que Pueblo Industrial estaba en medio de una gran celebración. Las White Wings comenzaron a parpadear, mostrándose dubitativas sobre si ya había llegado su momento de desaparecer o no, al parecer concluyeron que los tres minutos de su efímera vida habían pasado ya, pues desaparecieron sin dejar huella alguna de su existencia, haciendo que el samurái comenzase a ser arrastrado por la fuerza gravitacional del Digimundo y al mismo tiempo convirtiéndole en un blanco perfecto.

Ryu desacopló su Dramon Breaker, recuperando en sus extremidades superiores aquellos guanteletes de grandes cuchillas, los cuales usaría en su arremetida en contra los insectos de energía de su rival: apenas el filo del arma de Gaioumon entró en contacto con la energía moldeada de Tyrantkabuterimon una explosión aconteció, acelerando aún más la caída del samurái. En ese momento en tierra Walker por fin fue consciente de la posición en la que se encontraba su compañero, sin perder más tiempo volvió a deslizar una carta por la ranura de su D-Arc, si bien aún tenía un uso más de White Wings, decidió retrasarlo pues creía que Ryu necesitaba más agilidad en esos momentos, motivo por el cual usó en su lugar las Aero Wings.

El Dragon Man se impulsó con las Dramon Breaker por delante, la reina insecto estiró su mano y profirió un prolongado zumbido que obligó a docenas de Flybeemon a obedecer su comando de generar un muro imponente delante suyo, Bee Cyclone. Ryu no se detuvo, de modo que cuando rompió distancias lo primero a lo cual se enfrentó la defensa de la Signo fue el filo de las cuchillas, las cuales lograron atravesar y crear un agujero en el escudo viviente. Tyrantkaburimon volvió a requerir de un solo movimiento de su extremidad para disolver la formación de sus seguidores, convirtiéndolos ahora en un caótico enjambre que envolvió a su rival.

—Parece que tu reina te ha abandonado, algo sabio —los ojos de la Signo destellaron, los Flybeemon alrededor de Gaioumon mostraron de inmediato un cambio, volviéndose sus expresiones faciales en muecas flemáticas desprovistas de sentimiento alguno—, el poder de mi colonia no tiene rival —los Flybeemon sacaron sus aguijones y cortaron distancias al mismo tiempo, la escena fue similar a una esfera colapsando sobre sí misma.

El grito del samurái al ser perforado por docenas de aguijones y sufriendo mientras era corroído desde sus adentros por el veneno de los Armor no llegó a los oídos de Tyrantkabuterimon, al contrario, solo escuchó el inconfundible sonido de un objeto agudo chocando contra una superficie metálica. El portador del anticuerpo X estrelló su cuerpo contra el de las libélulas, apartándolas por la fuerza y permitiendo a su rival comprender cómo había sobrevivido a su ejecución: su cuerpo entero estaba cubierto por una capa de metal dorado, entregado por el efecto del naipe Chrondigizoit Metal Body, cuya superficie apenas y si mostraba señal alguna de daño, dejándole en claro a la Signo de nivel Ultimate el grado de eficacia de semejante armadura. Pero sus problemas estaban lejos de terminar, si bien el samurái ya no tenía en sus manos las Dramon Breaker, ahora un arma de mayor tamaño le sustituía, era una larga lanza con una cuchilla de cuerpo ancho. La Ruga Lance.

—Mi maestro no me ha abandonado —batió las extremidades aladas en su espalda, consiguió un brutal impulso que tomó por sorpresa a la insecto, quien no dudó en retroceder y tomar distancia—. Solo… se toma el tiempo para elegir que arma brindarme.

Tyrantkabuterimon ganó altitud, pero su enemigo le seguía cual cazador a su presa. En un desesperado intento por persuadirse y hacerle cesar su obstinado ataque ordenó de nuevo a su boca falsa a regurgitar su cañón y tras inclinar la mitad superior de su cuerpo abrió fuego, sin embargo, esta vez la velocidad de reacción de Ryu fue mayor consiguiendo modificar su trayectoria de vuelo lineal en una de zig-zag, sus maniobras evasivas superaban el tiempo de apuntado y disparo de la tirana bicho. Como último recurso, Escorpio extendió sus manos y manifestó copias moldeadas de energía con la forma de sus súbditos Flybeemon y con estas formó un nuevo escudo.

—¿Deseabas observar el poder de mi maestro? —la distancia entre Ryu y Escorpio se redujo a cero en cuestión de un parpadeó—. ¡¡Aquí tienes una prueba!!

El filo de la Ruga Lance chocó contra el Bee Cyclone. Durante los primeros segundos no sucedió nada, hasta que la defensa comenzó a resquebrajarse y romperse cual vil cristal. Pero aquella mortífera arma parecía estar hambrienta y lejos de ser saciada al superar un mero escudo de energía, por lo que continuó su avance y fue a por el plato fuerte. Tyrantkabuterimon profirió un gemido ahogado, sorpresa y dolor se mezclaron en aquella exclamación al sentir el arma de su rival perforaba su cuerpo como si su magnífico exoesqueleto estuviese hecho de mero papel.

—Las armas del Shogun pueden atravesar incluso la armadura más dura —Ryu apretó el mango de su lanza, Escorpio percibió una punzada proviniendo desde su interior: el arma que recién le atravesó estaba haciendo algo, ella no lo sabía, pero se había abierto ligeramente para darle línea de tiro al cañón que dentro ocultaba—. ¡¡Ruga--!!

El cuerpo de Gaioumon recibió la arremetida de Metalseadramon a quién solo escuchó rugir antes de darse el contacto entre ambos: como resultado del violento encuentro Ryu terminó perdiendo el control de su arma, siendo incapaz de iniciar siquiera el proceso de ignición de la misma. La serpiente metálica disparó un nuevo láser desde su nariz, el cual se desvaneció en los cielos de File al intentar pillar a Gaioumon en pleno vuelo. Piscis apretó sus mandíbulas al ver cómo su oponente volvía a burlarse de sus técnicas valiéndose de su agilidad, ocurriéndosele entonces una idea con la cual contrarrestar semejante cualidad suya.

Al principio Ryu fue incapaz de comprender los movimientos de MetalSeadramon, la enorme serpiente comenzó a volar a su alrededor, pero sin mostrar la menor intención de romper distancias, desde su perspectiva era un cazador el cual mantenía su atención fija en su presa, ¿estudiándola quizás?, o tal vez esperando algo… Y en efecto, el signo aguardaba cierto acontecimiento, pero al mismo tiempo preparó el terreno para la llegada del mismo: el equipamiento de Gaoiumon comenzó a esfumarse debido a la regla de los tres minutos, solo que en esta ocasión descender al suelo era el menor de los problemas del samurái, pues aunque su maestro actuó en el acto y realizó un nuevo Card Slash, su oponente se las había ingeniado concibiendo una jaula a su alrededor, creada a partir de su propio cuerpo el cual se movía en una determinada y cíclica ruta la cual cada vez se volvía más y más corta. Las Aero Wings volvieron a aparecer en la espalda de Ryu por segunda ocasión, pero ya era tarde: a la izquierda, a su derecha o abajo, el cuerpo de MetalSeadramon obstaculizaba cualquier ruta de escape, el único camino despejado era el que tenía por encima, sin embargo ahí es donde la cabeza del cyborg se encontraba observándole.

—Trata de salir volando ahora —el Signo casi podía saborear su victoria: el samurái era una simple ave entre las manos de un cazador.

La serpiente abrió sus fauces de par en par, emitiendo un gutural rugido desde lo más profundo de su ser. Una espada de triple hoja apareció en las manos del samurái, la Dragon Breker y el aura con la forma de un Omegamon Alter-S rodeó su silueta, como si de un espíritu compañero se tratase. Piscis no detuvo su marcha, Gaioumon tampoco pues en lugar de buscar una salida, o intentar crearla, se impulsó hacía la boca de su adversario. En cuanto el enorme digital sintió al portador del anticuerpo X dentro de su cavidad apretó su mandíbula, sus piezas dentales harían el resto.

Los ojos de Piscis se abrieron de par en par al sentir un agudo dolor. Al principio fue un leve pinchazo en su paladar, el cual se volvió en un tormento insoportable, comparable al de un taladro abriéndose paso por carne y huesos, retorciendo todos y cada uno de los nervios con los cuales se topaba, solo para finalmente salir por el extremo superior de un cráneo. Y eso es lo que había sucedido básicamente: Gaioumon, dentro de la boca del Signo, empuñó con todas sus fuerzas su Dramon Breaker y mandó estrellar su filo contra el paladar de la criatura; después de todo ahí no había armadura que le protegiese, un error en el diseño de la criatura bastante lógico, después de todo los ataques se esperan venir desde el exterior y nunca del interior.

Un gorgoreo retumbó en los cielos de Pueblo Industrial, el cual aumentó su intensidad hasta volverse en un gutural rugido. En las alturas, Metalseadramon rompió la formación que había adoptado con tal de encerrar al samurái, ahora mismo cada metro de su ser se sacudía en violentos espasmos de dolor. Gaioumon jadeaba, sujetaba la espada de hoja triple entre sus manos y el aura de Omegamon Alter-S aún le revestía como una armadura de batalla. A su alrededor la figura de Piscis se agitaba violentamente y comenzaba por fin a caer hacía la tierra…


[Flashback]

Megaseadramon observó a su alrededor: los restos de varios Shellmon flotaban en el agua y ya comenzaban a descomponerse en simples datos que el viento arrastraba. En otro momento, la enorme serpiente hubiera degustado de aquella información, pero ahora esta ya no tenía ningún valor para él.

—¿Por qué desperdicias datos de esa forma? —la desconocida voz le puso en alerta, bastó con un movimiento de su cabeza para encontrar la fuente de esta: una figura alada aterrizó sobre la punta de un risco cercano. Su cuerpo era la de un demonio alado, un Mephistomon.

—Apenas si me dieron pelea, los eliminé sin demasiado esfuerzo —respondió la orgullosa serpiente marina, aunque por su tono de voz quedaba implícito que solo lo hacía por no ser descortés, pues era obvio que no tenía ánimos de iniciar una charla con el otro Perfect—. Para volverte fuerte… debes absorber solo a los más fuertes…

—Ya veo, algo bastante lógico —asintió el de cabeza de cabra—. Pero de esa forma solo estás arriesgando a ser eliminado.

—Luchar con seres inferiores no tiene mérito o diversión —arrugó la nariz—. ¿Cómo sabes si realmente eres tan poderoso como crees serlo?, la única forma es peleando con enemigos cada vez más fuertes… —afiló su mirada y chispas comenzaron a emanar de su cornamenta—. Supongo que has venido por la revancha.

—No realmente —la respuesta sorprendió al ser acuático—. Dime, ¿no te has cansado de esto? —una risilla escapó de sus labios—. Cada semana vengo aquí y combatimos solo para obtener el mismo resultado —frunció el ceño—. Ninguno de los dos es capaz de derrotar al otro y absorber su información.

—¿Y por qué piensas que esta vez será igual? —esbozó una sonrisa maliciosa—. Tal vez hoy sea el día en el que por fin te vuelvas mi cena.

—Lo lamento mucho, pero vine aquí con otra intención —el demonio extendió una de sus manos—. Después de pensarlo mucho he llegado a la conclusión de que esto no nos llevará a ningún lado —apuntó con su barbilla a los restos de los Shellmon—. Tan solo piensa: tú has podido deshacerte de esos Digimon por ti solo, imagina lo que seríamos capaces de hacer si uniéramos fuerzas.

La incertidumbre se propagó por el rostro de Megaseadramon. Desde que tenía memoria había estado viviendo y luchando por su cuenta en ese cruel mundo, jamás pasó por su cabeza, ni siquiera en los momentos de mayor necesidad y peligro, aliarse con otro ser digital, ¿después de todo por qué lo haría?, ¿qué beneficio le traería?

—Ya entiendo —la serpiente de mar mostró sus fauces al esbozar una mueca burlona—. Por fin te has dado cuenta que jamás podrás vencerme y por eso dices semejante tontería, ¿me equivoco? —Mephistomon suspiró.

—Te propongo un trato —abrió sus alas de par en par—. Tengamos un combate. Si yo gano, formarás parte de mi nuevo proyecto —movió su mano en un gesto despreocupado—. Si me vences, cumplirás tu anhelado sueño de absorberme.

—¡Bien, ya me estaba hartando de este parloteo! —la cornamenta de Megaseadramon resplandeció, acto seguido un torrente de energía eléctrica salió disparado rumbo a Mephistomon.


[Fin Flashback]


Metalseadramon caía lentamente desde las alturas, fracciones de su cuerpo comenzaban ya a desfragmentarse en montones de datos, los cuales eran lo suficientemente ligeros como para ascender en lugar de ser arrastradas con el resto de su ser. Los ojos del Cyborg seguían abiertos, aún estaba consciente. Sin ser capaz de mover su cabeza, más si sus globos oculares, buscó algo en las calles de Pueblo Industrial.

<< —Al final… fuiste tú el que salió airoso… Mephistomon… —escuchó su propia risa en su cabeza, pues incluso su garganta ya no era capaz de emitir tal sonido—. Desde mi derrota en aquel tonto duelo juré que te derrotaría y pasarías a formar parte de mi Digicore… Sí, en ese entonces solo acepté ser parte de tu tonto gremio para estar cerca tuyo y poder superarte algún día —sus párpados comenzaron a volverse pesados, mantenerlos abiertos se convirtió en una lucha que comenzaba a perder—. Con el tiempo te ganaste el derecho de ser considerado mi rival, incluso llegué a verte como mi similar y respetarte como tal… Al final ganaste incluso en eso, Aries, pues terminé disfrutándolo… ser un Signo… estar en un grupo… —fugaces imágenes de Digimon aparecieron en su mente, cuales faroles que observas al viajar a toda velocidad en un coche en plena noche—. Sí, fue divertido… más divertido que estar en esa playa desolada luchando contra todo lo que se acercaba a desafiarme… —la imagen de un solitario Betamon, observando melancólico un enorme océano delante suyo, se impuso sobre todos sus otros recuerdos >>

Por fin los ojos de Metalseadramon se cerraron y su cuerpo tocó tierra, arrasando en el proceso con múltiples edificaciones las cuales colapsaron ante el enorme peso del cadáver; a pesar de esto, fue solo cuestión de tiempo para que la desintegración terminase y el imponente Ultimate acabase convirtiéndose en una gran nube de datos, los cuales comenzaron a moverse de una forma antinatural, estaban siendo atraídos por una fuerza externa: viajaron por el aire, siendo succionados por un peculiar aparatejo sostenido por un Boogiemon.


[. . .]


La caída de Piscis fue un acontecimiento que impactó a toda la urbe, no solo por el estridente escándalo que se produjo cuando el cuerpo sin vida del Signo tocó suelo, sino por lo que eso significaba: Trece Signos acababa de perder a uno de sus dos líderes de nivel Ultimate. Los Guardromon vitorearon, los Hangyamon apretaron sus fauces y algunos incluso lloraron al presenciar la muerte del “Signo de Agua” más poderoso que había servido a Trece Signos desde su fundación. Uno de aquellos digitales que admiraban anonadados el acontecimiento era Vritramon, el Demon Dragon tenía la boca levemente abierta.

—A-asombroso —esbozó una sonrisa triunfal—. ¡Ryu, lo hiciste! —buscó al samurái, quedando petrificado al por fin encontrarlo.

El portador del anticuerpo X dejó caer su espada de triple cuchilla, solo para después inclinarse hacia adelante hasta caer inconsciente: mientras el vacío reclamaba su cuerpo, su silueta se iluminó de dorado, reduciendo su tamaño hasta convertirse en un pequeño dragón amarillento con armadura negruzca. Vritramon actuó de inmediato, buscando colocarse en la trayectoria del exhausto Child y así atraparle entre sus brazos. Un zumbido le advirtió que alguien se había enterado de sus intenciones. Al girarse bruscamente el Hybrid vio a Jewelbeemon volando a toda velocidad hacía su ubicación: le disparó una ráfaga de misiles ígneos, el insecto de brillante armadura se deshizo de ellos al hacer girar su arma delante suya.

—Maldición —hizo crujir sus fauces, girando una vez más su cuerpo con tal de ubicar a su compañero inconsciente. Estaba en aprietos, era incapaz de mantener a Ryu en su campo de visión sin darle la espalda a su enemigo.

—¡¡¿Enano?!!, ¡¡Enano, despierta!! —Ethan gritaba aquello mientras mantenía activa la función del Sound-Linker, por supuesto que esta era inútil ahora que su compañero estaba fuera de combate, las cartas tampoco funcionarían. Lo único que podía hacer ahora mismo era invocar una Digimemory, pero incluso aquello era una jugada arriesgada pues los fantasmas digitales solo siguen instrucciones al píe de la letra, de modo que con Jewelbeemon presente encomendarle a una tan importante misión era demasiado arriesgado. Vritramon era su mejor opción en ese momento.

El heredero del fuego atrapó al pequeño Child en plena caída, manteniéndolo a salvo entre sus garras; aunque una sonrisa apareció en su rostro esta duró solo un breve lapso de tiempo, el mismo que a Jewelbeemon le tomó llegar hasta él y lanzar una serie de estocadas con la punta de su lanza. El ser draconiano rugió y lanzó un coletazo, el insecto pudo eludir sin muchas complicaciones al haber estado atacando desde una distancia media. Los siguientes movimientos fueron una danza aérea por parte de ambos Perfect: el rojizo se movía de un lado a otro, mientras el caballero insecto le seguía los pasos y usaba el filo de su arma como si de su aguijón se tratase.

—¿Por qué no ataca? —Walker se preguntó aquello, mientras observaba la persecución aérea. Tragó saliva al imaginarse algo: ¿y si su amigo no era capaz de defenderse en ese instante por, justamente, tener en brazos a Ryu?

La compañía de Ryudamon frenaban al Hybrid de exhibir toda su fuerza de combate y usar así sus técnicas más letales, las cuales necesitaba para tener siquiera una oportunidad con el paladín insecto, por ese motivo su mente estaba ocupada en buscar una solución y dar un revés a la situación desesperada a la cual el mismo se orilló. No podía simplemente aterrizar y dejar al pequeño dragón en el suelo, Jewelbeemon se enteraría de aquello sin problema y daría el golpe de gracia al indefenso Child. Tampoco podía llevarlo con su Tamer, Vritramon desconocía en qué sitio exacto se encontraba Ethan y a diferencia del samurái él no poseía forma de comunicación con el humano. La lanza del seguidor de Escorpio fue disparada de las manos de su portador, siendo usada ahora como arpón: aunque el Demon Dragon se movió al escuchar al proyectil desplazar el aire en su avance, su reacción careció de la velocidad suficiente y el arma terminó impactando en su pierna, logrando clavarse en la extremidad. Vritramon rugió y en un acto reflejo consiguió quitarse la lanza de encima usando su cola, acción que de haber tenido tiempo tal vez debió reconsiderar, pues Jewelbeemon se movió en el acto con la intención de recuperarla.

—Debo ponerte a salvo, Ryu —susurró el dragón mientras continuaba su viaje. Al disminuir su altura los tejados de los edificios comenzaron a ganar volumen, luciendo más grandes para él desde su perspectiva.

Una idea fue concebida entonces por el ígneo. No estaba obligado a dejar a Ryudamon en tierra firme como tal, bastaba con que fuera un sitio libre de enemigos, como cualquiera de aquellos tejados. Vritramon sonrió emocionado y sintió la adrenalina esparciéndose por todo su ser: el movimiento que requería ejecutar debía ser veloz, necesitaría hacer gala de toda su destreza en el vuelo para conseguirlo; aquello le resultaba gracioso, cuando adoptó esa forma era incapaz de usar sus alas y fueron Ryudamon y su Tamer quienes le ayudaron a dominar la teoría básica del desplazamiento en las alturas, ahora, él usaría ese conocimiento para salvar al que fue su instructor. Sus pensamientos se cortaron al escuchar el insistente zumbido emitido por Jewelbeemon, quien en cuestión de un parpadeo disminuyó las distancias entre ellos.

—¡¡Acércate más!! —Le retó el Demon Dragon—. ¡¡Voy a enseñarte un par de cosas!!

El de brillante armadura giró su lanza delante suyo como simple acto intimidatorio y tras ejecutar una pirueta se posicionó en uno de los costados del Hybrid, antes de poder enviar su arma en contra del enemigo este le lanzó un zarpazo con una de sus garras, Vritramon sujetaba ahora a Ryu usando una sola de sus extremidades dejándole la otra libre. Jewelbeemon giró de forma grácil y se colocó por encima de su adversario, este último respondió dando media vuelta y disparando con el cañón de su extremidad libre: el insecto retrocedió forzosamente, pero se negó a frenar su insistente ataque. Solo era eso lo que Vritramon necesitaba, que la atención de su enemigo se mantuviese fija en él. El Hybrid descendió tanto como pudo, acercándose por fin al techo de un edificio a tal punto de que su cuerpo casi rozaba con el concreto de este, entonces ejecutó su audaz movimiento: soltó a Ryudamon, el pequeño dragón solo rodaría un par de metros cual vil saco de patatas antes de detenerse abruptamente, Jewelbeemon sería incapaz de presenciar esto, pues el propio cuerpo del Hybrid cubriría la escena. Vritramon suspiró aliviado cuando, tras recobrar altitud, de reojo vio la figura del samurái reposando en el sitio donde le dejó.

—Bien… ahora sí… —cerró sus ojos y respiró profundamente. Jewelbeemon quedó anonadado cuando de un momento a otro el Demon Dragon se prendió así mismo en llamas, convirtiéndose en una hoguera móvil—. Querías una pelea, ¿no? —se giró, encarando al de brillante armadura—, ¿o pensaste que iba a correr por siempre?

Vritramon arremetió en un vuelo directo hacía Jewelbeemon, este se impulsó a las alturas y consiguió eludir al ser llameante sin muchos problemas. Los cañones del Hybrid comenzaron a moverse por sí solos, mientras su portador acomodaba su cuerpo y extremidades hasta obtener una línea de tiro. Los ojos de Vritramon se clavaron en la figura humanoide, sin embargo, antes de fijar por fin a su objetivo algo sucedió: Jewelbeemon se acomodó de tal forma que la luz solar rebotara en su armadura y le volviese así en un objeto luminoso, uno al cual costaba observar. El Hybrid se quejó al sentir molestia en sus globos oculares, ese simple y breve instante le dio tiempo suficiente al insecto: estiró su brazo y tras darle impulso a su arma la envió a estrellarse contra su adversario.

—¡Ahg! —Los ojos de Vritramon se abrieron de par en par cuando el “aguijón” de Jewelbeemon le perforó en el abdomen, clavándose ahí.

—¡¡Vritramon!! —Ethan quedó anonadado ante la escena, pero en lugar de quedarse sumergido en el shock inicial, producto de la amarga sorpresa, se obligó así mismo a buscar algo en su baraja de cartas. Tal vez Vritramon no era su compañero, pero podía brindarle apoyo de alguna forma, aunque fuera solo por un breve lapso de tiempo.

Jewelbeemon descendió en picada, sus dedos rodearon el mango de su lanza y le apretaron para empujar el arma, provocando que el Hybrid soltase un alarido de dolor. Fue justo ahí, en el instante en el que el paladín de Escorpio quiso tirar de su arma y recuperarla cuando las garras de Vritramon atraparon las manos del insecto de galante armadura, quien se sobresaltó ante la acción de su oponente y posteriormente quedó hipnotizado por un repentino cambio: cual estallido inicial de una explosión, poderosas llamas emergieron de cada centímetro del cuerpo de Vritramon, siendo estas moldeadas por una fuerza invisible hasta darle la silueta de un dragón primitivo del cual solo se hablaba en leyendas. La mirada del Hybrid se volvió filosa, ya había experimentado aquello en el pasado, aquello de lo cual solo los Digimon de Tamers podían beneficiarse: el Card Slash, conseguido en esas circunstancias solo por la combinación de cartas de Ethan, Nakama no Kizuna y Ancient Force – Fire.

—¡¡OMEGA —la boca del heredero del fuego de abrió, la silueta de Ancient Greymon que le rodeaba le imitó— BURST!!

La armadura de Jewelbeemon volvió a brillar de forma incandescente, compitiendo por un breve instante con la luz del astro rey en la cúpula celeste, solo para después desaparecer en el interior de una violenta explosión de llamas infernales. Apenas si hubo humo resultante de la detonación, por lo cual pronto la silueta del paladín insecto pudo distinguirse, cayendo hacía el suelo, levantando una columna de polvo y escombros al estrellarse sobre un edificio. Vritramon respiraba agitado, tratando de recomponerse tras la ejecución de aquel desesperado ataque. Miró sobre su hombro, admirando la imponente aura que aún seguía a su alrededor: aunque desconocía la identidad de ese extraño ser que, de cierta forma le estaba brindando aquella fuerza que ahora fluía por su ser, experimentaba una extraña sensación de familiaridad con esta, como si se tratase de un viejo amigo.

Tras agitar su cabeza y por ende dejar de estar ensimismado, Vritramon sujetó los restos de la lanza de Jewelbeemon, pues solo la punta y parte del mango seguían en una pieza mientras que el resto había sido calcinado hasta ser reducido en datos. Tiró de esta y la extrajo de su interior, no sin antes proferir un gemido de dolor. Ahora debía tomar una dura decisión: estaba consciente que seguía en una pieza gracias al poder entregado por Ethan, pero aquello no duraría mucho, además, la técnica de Omega Burst consumió gran parte de sus reservas debido a que imitaba la fuerza de una criatura muy superior a él.

—Dynasmon, ahora todo depende de ti —susurró el Demon Man al alzar la mirada y ver que aún dos figuras reinaban en lo alto de Pueblo Industrial. Y sin más voló hacía donde había dejado a Ryudamon: debía reunir al dúo de Black Jack.


[. . .]


La armadura de Jewelbeemon mostraba grietas por todas partes, su brillante tono verdusco y acabado pulido también desaparecieron, mostrando ahora un tono pálido y marcas de hollín. Su cuerpo se convulsionaba, intentaba ponerse en píe a toda costa, realizó varios intentos que nunca terminaron en nada: la imagen recordaba a una marioneta rota que, sin importar cuanto su dueño tire de los hilos esta ya no es capaz de moverse.

—L-lo lamento mi señora —susurro el Perfect, volviendo a desplomarse tras intentar erguirse—, este cuerpo ya es inútil —habló a la nada— por favor, perdone a este sirviente suyo que ha fracasado en su misión.

<< —Me has servido bien, Jewelbeemon —la voz de Tyrantkabuterimon resonó en su mente—, fuiste un leal soldado, esta reina no podría sentirse más agradecida. Tal vez pienses que ya no puedes servirme, pero te equivocas mi leal caballero, aún hay una tarea en la cual necesito de tu ayuda… >>

Jewelbeemon observó algo con el rabillo del ojo, al girarse fue consciente de que una figura alada aterrizó a pocos metros delante suyo: un diablillo rojo sonriente, un Boogiemon. El recién llegado movió su tridente con su mano diestra y después extendió su mano izquierda, agitando un objeto que ahí llevaba: un dispositivo extraño.

—Ah… —el rostro del paladín se llenó de una extraña calma y dicha—. Si ese es el deseo de mi reina… entonces lo cumpliré con dicha…


[. . .]


[Flashback]

La pezuña de Mephistomon se hundió en la cabeza de un Bitmon, poniéndole fin a su vida en el acto y transformándole en simples datos que revolotearon a su alrededor cuales luciérnagas, aunque los restos del Armor solo disfrutaron de la libertad un efímero momento, pues al cabo de un instante fueron succionados por el demonio: estos desaparecieron al entrar en contacto con su cuerpo, integrándose a su ser y pasando a ser ahora parte de este. Mientras el proceso de canibalismo concluía, Aries observaba con atención sus manos, piernas y torso, sus ojos delataban una agudeza propia de alguien que se encuentra buscando algo.

—Hmpm —el suspiro que escapó de su nariz transmitía un aire de decepción—, al parecer variar el tipo de especies de Digimon absorbidos tampoco entrega beneficio alguno —movió varias extremidades de su cuerpo, buscando alguna novedad ignorada por su parte.

Al escuchar un ligero ruido el Signo se puso en alerta, aunque la verdad la respuesta de su cuerpo fue solo la de girar su cabeza hacía la fuente: se encontraba en algún punto del Bosque Espiritual, vegetación maltratada o incluso arrancada del suelo por la fuerza, así como múltiples capas de tierra superficial revuelta, evidenciaban que dicho lugar fue el escenario de un intenso combate, mismo del cual solo quedaban dos supervivientes: el Signo y otra Bitmon, quien a pesar de sufrir espasmos en su cuerpo y mostrar una expresión facial de dolor y cansancio hacía acopio de sus fuerzas restantes para conseguir ponerse de píe. Al verle el Perfect demoníaco se quedó quieto, pero sin quitarle su atención de encima.

—¿Por qué? —preguntó la mamífero, la demanda de oxígeno de su cuerpo era tal que en ese instante debía hacer pausas en su hablar con tal de usar la boca para respirar—, ¿por qué nos atacaste a nosotros?

Aries sencillamente iba sobrevolando el lugar cuando se topó con una peculiar imagen: un grupo de Bitmon alimentándose y explorando aquella zona del bosque. Los mamíferos digitales no estaban molestando a nadie y por las sonrisas en sus rostros se podía deducir que gozaban de un buen rato compartiendo y disfrutando la compañía mutua; solo bastó con el retumbar del aleteo del Perfect para que ese ambiente de paz se rompiese y los Armor se tensaran y adoptaran posturas defensivas. Lo que sucedió después era fácil de deducir, el Signo comenzó a atacar a los otros Digitales, les aniquiló uno por uno y les absorbió sin pensárselo dos veces.

—¿Por qué? —repitió la pregunta el Signo, inclinando su cabeza revelando deje de duda—. ¿Por qué los Digimon se absorben los unos a los otros? —se encogió de hombros—, para ser más fuerte, por supuesto. Esa es la regla que nos rige a todos, para evolucionar y sobrevivir un Digimon debe matar a otros con el único fin de desarrollarse —su mirada, aunque enfocada en la coneja daba la sensación de no estarle prestando realmente atención a ella, sino a una imagen proyectada por su mente—, pero mírame —volvió a la realidad, mostró sus colmillos en una sonrisa grotesca—. He pasado mis últimos años atorado en esta forma, no importa a cuantos Digimon absorba, no importa cuantas modificiacione me haga, he sido incapaz de brincar la barrera del nivel Perfect.

—¿So-solo por eso lo haces? —a pesar de su estado y de la obvia diferencia de poder entre ambos, la coneja le sostuvo la mirada—, ¿para volverte más fuerte?

—Es simple cuestión de supervivencia —arrugó la nariz—. Si tú y tus amigos hubieran seguido las reglas de conservación —paseó la mirada por el campo de batalla—, ahora mismo el que faltaría en este mundo sería yo, pero por supuesto, se limitaron a hacer lo que los grupos débiles hacen siempre: se unen en grupos, forman manadas para protegerse —cerró sus ojos y suspiró—, lo único que puedo concederles es que me dieron una buena pelea…

—¡N-nosotros no estábamos haciendo nada malo! —sus ojos comenzaron a humedecerse—. S-solo viajábamos por el bosque en búsqueda de alimento… y ahora… ellos ya no están —apretó los dientes y le miró con rabia —Aries abrió los ojos con sorpresa, después recuperó una serenidad que rayaba en la frialdad.

—¿Y por qué no huiste?, ¡por qué no aprovechaste este momento para correr al bosque y salvarte?

—Porque… confiaba en mis amigos —asintió—, y en que podíamos derrotarte…

—¿Y por qué no corres ahora? —la mirada de Mephistomon estaba clavada en la de Bitmon, como si aquel Digimon fuera algo nunca antes visto por él. La coneja sonrió y un ligero llanto escapó de su boca.

—Porque... cada uno de ellos sacrificó su vida por el otro... ellos se sacrificaron protegiéndome... ¿qué sería si doy media vuelta y dejase atrás a mis compañeros, a mis amigos?

Aries entrecerró sus ojos y le lanzó una mirada de repulsión: levantó la mano y disparó un proyectil de energía oscura que puso fin a la coneja. No absorbió su información, observó como su data revoloteaba formando una nube y después se condensaba hasta crear un Digitama. El Signo se quedó ahí un instante, pensativo. Aquellos Bitmon, simples Digimon Adult, habían representado todo un reto para él, de hecho, le habían hecho sentirse amenazado al punto de replantearse la huida, cosa que solo otro Digimon le hacía experimentar, un Megaseadramon con el que desarrolló una rivalidad. El Signo llegó entonces a una conclusión, una a la cual siempre dio vueltas y esquivó durante mucho tiempo: las agrupaciones de Digimon eran, en aquel salvaje y retorcido sitio al que llamaban hogar, la mejor forma de disparar los porcentajes de supervivencia de un ser digital. Esa información no era nada nueva para él, estaba consciente de la eficacia de algunas sociedades en el Digimundo y cómo estas garantizaban el desarrollo de sus integrantes, no solo con bienestar y seguridad ante amenazas externas como lo eran perfectamente Digimon de etapas superiores, sino también con la obtención de recursos como alimento. Él sabía todo eso después de todo… durante sus primeros años de vida fue justamente una de estas agrupaciones la que le salvó la vida…

—Mi desarrollo está estancado… y no hay garantía alguna de que la situación mejore pronto —cerró sus ojos y se sumergió en sus pensamientos.

Aries estaba obsesionado con la supervivencia, con su supervivencia, haría todo lo que estuviera a su alcance para garantizarla y eso incluía traicionarse así mismo rompiendo el juramento que se había hecho años atrás cuando solo era un simple Phascomon: no volver a depender nunca más de un grupo de Digimon.

[Fin Flashback]


La Mano Ausente La Mano Ausente pase please
 

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Vagando por ahí
Chispas danzaban en el aire durante un efímero instante cada vez que Dynasmon y Tyrantkabuterimon entraban en contacto el uno con el otro, después de todo el cuerpo y garras de ambos Ultimates estaban hechos del mismo material. Cualquier observador se percataría que aquél combate ya estaba llegando a su fin, era tan obvio como ver la débil llama de una vela a la cual solo le queda un pequeño trozo de mecha. Ni el Royal Knight o la Signo daban su brazo a torcer, tanto uno como el otro deseaban hacerse con la victoria: el primero deseaba erradicar a semejante criatura que no le bastaba con traer muerte y destrucción a un pueblo inocente, sino que también usaba a sus seguidores como simples marionetas; la segunda en cambio veía en Dynasmon el último remanente de esperanza para los opositores de la invasión, el último soldado que podría traer un giro en los acontecimientos y salvar la colonia enemiga. Tras un último intercambio de zarpazos, el cual finalizó en la extremidad del caballero siendo rechazada sin más por la reina insecto, los contendientes tomaron distancias.

Dynasmon se sobresaltó: sus energías fueron restauradas de un momento a otro, como si hubiese tomado un descanso de un par de minutos. Si bien aún seguía herido y aún mostraba deterioro en su condición física, ese extraño empujón fue suficiente para que incluso su respiración dejase de ser tan forzada como lo había sido antes de ese instante. La experiencia no era ajena al Royal Knight, desconocía a ciencia cierta cuál era el nombre del fenómeno, sabía que involucraba la acción de los humanos y uno de esos dispositivos que siempre cargaban consigo, la sorpresa en sí fue porque Dynasmon solo había experimentado algo así estando con sus compañeros de Ávalon, ¿eso significaba acaso que alguno de ellos arribó a la ciudad en ese intsante? Tras pasear la mirada por los alrededores no vio que estuviese aconteciendo algún cambio en el campo de guerra, ni mucho menos visualizó a seres familiares en el aire. Lo que Dynasmon desconocía es que Walker decidió apoyarle de la misma forma como lo hizo instantes antes con Vritramon, empleando Stamina Seed con la intención de darle un respiro al Royal Knight, pero eso no era todo. Usando por tercera ocasión a Nakama No Kizuna el americano pudo usar en Dynasmon una poderosa carta: Ancient Force – Light.

—¿Qu-qué?, ¿cuál es el significado de esto? —Tyrantkabuterimon se vio obligada a cubrir su rostro usando su antebrazo cuando el cuerpo de su rival se envolvió en un intenso resplandor, el cual se propagó a su alrededor tomando la silueta de un caballero de armadura lobuna y portador de dos espadas curvas. La Signo se quedó muy quieta al comprender que todo aquello le resultaba muy familiar: su valiente caballero, Jewelbeemon, observó algo similar antes de perder su combate a manos de aquel ser draconiano.

—Este poder… —Dynasmon se miró atónito las manos. Cerró sus ojos y la imagen del rostro de Walker se dibujó difusamente en sus memorias. La energía que ahora le recorría desde la punta de su píe hasta sus cuernos era abrumadora, algo que superaba por mucho sus habilidades ordinarias e incluso se atrevería a asegurar que superaba los límites de un Ultimate ordinario—. Esto termina aquí —formó puños y clavó una mirada fría y seria a la reina—. Te dí la oportunidad de dar media vuelta, de cesar los ataques a los Guardromon e irte —frunció el ceño—, pero decidiste continuar el sufrimiento de estos Digimon. No mereces perdón alguno —abrió sus alas de par en par al igual que sus manos.

Mientras un sonoro grito emanaba de los adentros del Royal Knight, energía comenzó a brotar y concentrarse a su alrededor, aunque esta no pudo opacar el aura de AncientGarurumon. Tyrantkabuterimon se sorprendió mas pronto recuperó su compostura. La Signo no era ingenua ni tonta, el primer round con Dynasmon y la herida mortal que Gaioumon le infligió le orillaron a estar contra la espada y la pared. La derrota de Metalseadramon y su valiente caballero solo le dieron la razón a su lado pesimista: ella no saldría de ese combate con vida. Sin embargo, su objetivo no era morir sin más, si había insistido en continuar su lucha con el de armadura blanca era porque no deseaba irse sola. Tal vez la colmena perdería a una de sus reinas, pero aún quedaba otra para liderar a los soldados hacía la victoria. Tyurantkabuterimon contrajo su cuerpo mientras brazas comenzaban a flotar a su alrededor y el orbe rojizo en su abdomen emanaba destellos amenazantes.

—¡¡Shine of Bee!!

—¡¡Dragon Collider!!

Varios dragones de energía pura salieron disparados de Dynasmon, cuales seres obedientes se lanzaron hacía Tyrantkabuterimon, quien al extender todas y cada una de sus extremidades desató una detonación incandescente similar a una llamarada solar que se propagó en todas direcciones. Los emisarios de Dynasmon se enfrentaron a la onda expansiva de la reina y, tomando por sorpresa a la tirana, estos continuaron su camino hacia ella.

—Nuestros cuerpos están hechos del mismo material… la fuerza de sus golpes y los míos eran idénticos —Escorpio no comprendió aquello—. Acaso… ¿todo este tiempo no estuve combatiendo a un soldado sino a una reina? —Los dragones de energía impactaron contra la signo, liberando un destello que dejó en vergüenza su ataque antes ejecutado.

Dynasmon se cruzó de brazos para resistir la onda de expansión resultado del encuentro de ambas técnicas, el golpe fue tal que el Royal Knight fue disparado, sin posibilidad de retomar control usando sus alas. Para colmo de males, el intentar mantenerse en el aire mermó sus últimas reservas, después de todo había exprimido cada gota de energía en su último ataque, de modo que un brillo dorado le devolvió a su forma normal: Dinohumon. El reptil humanoide agitó sus manos en un vano intento de controlar su caída, incluso cerró sus ojos y se concentró para Digievolucionar, pero aquello era ya prácticamente imposible.

—¡¡Te tengo!! —canturreó un alegre Vritramon al acercarse al miembro de Ávalon y capturarlo usando las garras de una de sus patas, el Hybrid se vio obligado a esperar a que su compañero de misión cayera un par de metros y disminuyera su altitud, pues en estos momentos las corrientes de aire en la zona superior debían ser un caos tras la detonación.

—Gra-gracias… —dijo en un susurro Dinohumon, aun tratando de digerir lo sucedido. Mientras el heredero del fuego iniciaba el proceso de aterrizaje paseó la mirada por las calles de Pueblo Industrial. Su mirada se afiló—. La batalla… ¿continua?

[. . .]


El cuerpo de Tyrantkabuterimon se mantenía en una pieza, pero la verdad es que este ya estaba dividido en múltiples fragmentos distintos. Ocasionalmente su silueta se sacudía como si se tratase de un mero holograma el cual sufría de alguna interferencia y amenazaba con disolverse en la nada, lo único que evitaba esto era la fuerza de voluntad de la Digimon.

—Al final, incluso una reina puede ser reemplazada —susurró, fallando por fin en mantener su estructura corpórea en una sola pieza: el cuerpo de la Ultime comenzó a degradarse en la forma más básica de aquel mundo digital—, todo sea por la supervivencia de la colonia —observó una figura rojiza moviéndose con dificultad hacía ella, un Boogiemon—. Todo sea por la supervivencia de Trece Signos.

Una corriente de aire golpeó a la Ultimate. Cual estatua que cae desde una gran altura e impacta de lleno contra un duro suelo, su figura se convirtió en simple polvo y escombro.



[. . .]



El trío de Ávalon recordaba vagamente dónde encontrar la Central de Tamers de Pueblo Industrial, además, debido a que el edificio se caracterizaba por poseer un peculiar domo en su techo le resultó sencillo a Raijiludomon avistarle desde las alturas. Una vez el edificio fue ubicado, la Legend Arm escudo exploró los alrededores llevándose la sorpresa de que, aunque existía evidencia de que hubo batallas en esos lugares, no encontró por ningún sitio grupos de Digimon invasores. Sin saber muy bien cómo tomarse aquellas señales volvió donde Duramon y Matt se encontraban esperándole.

—No parece haber guardias —Prydwen negó con la cabeza—, en teoría hay vía libre al edificio. Si capturaron humanos, es muy probable que ya los hayan movido de sitio.

Collins permaneció en silencio, en su mente existía otro escenario que justificaría la nula presencia de enemigos: dentro de aquel edificio no había nada que custodiar, porque todos los humanos habían sido ejecutados. El canadiense cerró sus párpados con fuerza y movió su cabeza de un lado a otro. Hasta que no entrase al sitio y viese con sus propios ojos el lugar podría llegar a una conclusión. El canadiense comenzó a caminar, siendo seguido por sus Digimon.

Las oficinas de la Central estaban rodeadas de bellos jardines que contrastaban un poco con el ambiente urbanizado y tecnológico de Pueblo Industrial, es probable que esto hubiera sido pensado a propósito por los diseñadores del lugar, pues volvía al sitio uno muy notorio, prácticamente opacaba el resto de construcciones a la redonda. Matthew clavó su mirada en las ventanas del complejo, al otro lado no se veía nada, de forma interna rogaba porque un rostro humano se asomase por ella y después gritase “han llegado refuerzos, estamos salvados” o algo similar, pero dicha escena no ocurrió. A medida que la distancia entre ellos y la puerta se volvía cada vez menor su corazón se aceleraba. Entonces sucedió lo impensable: el primero en salir fue un niño de algunos diez años, después una chica de tal vez quince, seguidos de otras tres figuras más. Matthew se paró en seco, al principio asombrado, después contento. Supervivientes, habían encontrado supervivientes en la Central.

—Hola —dijo el pelinegro. Y entonces sus palabras se cortaron.

—Hola —le respondió otro individuo, el último que salió.

No era humano, aunque simulaba serlo. Medía poco más de dos metros, sus ropas eran elegantes, su rostro llevaba encima la piel de algún tipo de bestia y de su espalda un par de alas pequeñas sobresalían: se trataba del Digimon capo, Astamon. Iba armado con una ametralladora, la cual usaba a modo de bastón en ese momento: los cinco chicos que Collins creyó haber salvado se colocaron en fila delante del digital, este se quedó a unos dos metros de distancia levantando el cañón de su arma.

—Usar humanos como rehenes... no tienes honor —espetó el dorado ante la escena. El aludido se encogió de hombros y mostró un aire despreocupado.

—Los humanos fácilmente se deshacen de nosotros usando toda clase de recursos, Digievoluciones injustas, incluso invocando Digimon que solo existen un par de minutos y solo siguen sus instrucciones. Desde mi punto de vista, los humanos son los que no tienen honor alguno al pelear.

—¿Qu-qué es lo que quieres? —Matt tuvo que tragar saliva y respirar profundamente antes de por fin atreverse a preguntar aquello. El demonio esbozó una ligera sonrisa de victoria.

—Los humanos son muy extraños, en su mundo se matan entre sí sin muchos problemas, pero aquí en el Digimundo pareciese que cada uno de ustedes contase, se preocupan el uno por el otro hasta niveles insospechados —ladeó la cabeza—. Es ilógico —suspiró con fuerza—. Quiero que se larguen —les lanzó una mirada fulminante— y no estoy hablando solo de ustedes, tus amiguitos, esos que se han atrevido a dar muerte a Escorpio y Piscis también los quiero fuera —apuntó con su barbilla al cielo, Matthew supo al instante a quienes se estaba refiriendo—, por supuesto, también quiero que me entreguen al alcalde de esta ciudad —Matt parpadeó anonadado.

—E-espera… el alcalde… nosotros no… —Collins sintió gotas de sudor bajando por su rostro—. Eso que nos pides es complicado de hacer.

—¿Eres un Signo? —Le cuestionó el vigésimo. Astamon inclinó ligeramente la cabeza al escuchar la pregunta.

—No, pero soy integrante de Trece Signos y no pienso quedarme de brazos cruzados viendo como ustedes arruinan nuestros planes —miró con desdén a los cinco chicos delante suyo—. Cuando mi padre me envió aquí, me ordenó asesinar a todos y cada uno de estas pequeñas ratas para evitar que apoyaran a los Guardromon. Estuve a punto de hacerlo hasta que se me ocurrió explotar esa debilidad humana —miró a Matthew—, la compasión. Ahora mismo, si me dejarás matarlos sin más, tendrías vía libre para atacarme, pero prefieres contenerte y salvarlos, ¿no es así? —se encogió de hombros—, pues si tanto te interesan entonces haz lo que te he ordenado: dejen esta ciudad desierta y entréguenme al alcalde Giromon.

El canadiense abrió la boca sin ser capaz de articular palabra. Lo que ese Digimon estaba pidiéndoles era imposible de llevar a cabo, los Guardromon no se rendirían después de todo lo que habían perdido y luchado, ellos se negarían a dejar su hogar a manos de Trece Signos. Ethan y sus aliados pensarían lo mismo, después de todo habían luchado tanto tiempo para tener por fin la oportunidad de ponerle un alto a aquella agrupación criminal, ahora que tenían a sus cabecillas servidos en bandeja de plata sería una tontería dejarles salir con la suya.

—¿Y bien? —Astamon levantó el cañón de su arma hasta la altura de la cabeza de uno de sus rehenes, los chicos se estremecieron, algunos ya no pudieron contener más el miedo y comenzaron a sollozar en silencio mientras que con sus miradas le rogaban a Collins que los salvara—. Tal vez piensan que no estoy hablando en serio, ¿debería hacer una demostración entonces? —uno de los niños fue incapaz de mantenerse de píe, sus piernas temblaron a tal punto de que se tiró al suelo de rodillas y su llanto fue ya audible—. Que suerte, tenemos a un voluntario —cambió de objetivo con un simple movimiento de mano.

—¡No lo hagas! —Duramon dio un paso, frenando en alto al ver que el demonio realizó una finta con su dedo índice cerca del gatillo.

—Un movimiento más y comienzo a ejecutarlos y no se preocupen —sin girarse movió su brazo para señalar el edificio a sus espaldas— allá adentro tengo muchos más humanos y Digimon —se quedó pensativo un instante—. De hecho, ¿qué les parece si agregamos una cláusula al trato?, cada cinco minutos que se demoren en cumplir mis demandas ejecutaré ya sea a un humano o un Digimon. Tal vez eso les motive a hacer las cosas rápido.

Un nudo se formó en el estómago de Collins y comenzó a trepar lentamente hasta situarse en su garganta. El cada vez necesitaba de una mayor cantidad de aire para respirar y su rostro se estremeció, como si un viento glacial le diera de lleno ¿Qué debía hacer?, ¿debía aceptar y firmar aquél trato con el demonio? Tal vez si iba con Ethan… pero ¿cuánto les tomaría eso?, ¿y si los Guardromon se negaban a cooperar?, ¿cuántas vidas inocentes se perderían en el proceso de solo negociar? Matt parpadeó. Se giró levemente para observar a Prydwen: el escudo viviente no había dicho palabra alguna, ni le había dado consejo, ahora mismo tampoco se movía, de hecho, el segundo compañero del canadiense solo se dignó adesplazar sus globos oculares logrando así tener contacto visual con su Tamer. Matt entendió lo que estaba pasando.

—D-de acuerdo —las palabras del pelinegro salieron atropelladas de su boca. Duramon miró incrédulo a Collins, Astamon sonrió—. Acepto el trato, iré ahora mismo y le pediré a mis amigos y al ejército Guardromon que abandonen la ciudad.

—Bien, bien —asintió el demonio—. Al final fue un acierto conservar rehenes… —uso su propia arma para rascarse la cabeza—, no obstante, quiero dejar en claro que voy en serio —bajó el arma de nuevo apuntando al chico que lloraba.

—¡¡Miserable!! —Duramon corrió, pero fue tarde. Astamon accionó el gatillo.

Las balas abandonaron la pistola del demonio y viajaron por el aire, pero no impactaron con el humano, a un par de centímetros de tocar el cuerpo hecho de carne y hueso las municiones fueron rechazadas por una barrera de electricidad que, hasta ese preciso instante, fue revelada para el pistolero. Astamon sintió un escalofrío recorriéndole la espalda, levantó la mirada y la dirigió hacía Raijiludomon de forma casi mecánica: tanto Duramon como ese otro digital eran especies desconocidas para él y por ende ignoraba sus habilidades, no obstante, a diferencia del dorado que siempre se mantuvo a la defensiva y demostró interés en actuar, ese otro Perfect se había quedado inmóvil todo el tiempo, creyó ingenuamente que había adoptado esa postura por la presencia de los rehenes, pero ahora todo cuadraba, ese ser había creado esa barrera de alguna forma desde que entró en escena. Astamon se vio obligado a pegar un salto cuando Excalibur cortó distancias con él y le envió un tajo con su nombre. Collins corrió hacía los pobres chicos con la intención de tranquilizarlos y evitar que saliesen corriendo, Raijiludomon se concentró en la tarea de tener activo su escudo, al menos mientras los humanos se reagrupaban.

—Escúchenme, escúchenme por favor —Matt tuvo que levantar el volumen de su voz a fin de hacerse escuchar, algunos de los chicos se encontraban en estado de shock—. Es peligroso quedarnos aquí, debemos movernos a un lugar seguro —fijo su atención en las oficinas de la Central— y también hay que liberar al resto de Tamers —uno de los chicos sujetó el antebrazo del canadiense para llamar su atención, el niño de algunos diez años de edad tardó un par de segundos antes de poder articular palabra.

—Ahí adentro… hay otro Digimon… —Collins abrió los ojos de par en par ante la afirmación.

Astamon sorprendió a Excalibur: con una simple patada el demonio desvió la cuchilla de su espada demostrando tener la fuerza digna de un Perfect. El miembro de Trece Signos no pasó por alto que su grupo de rehenes comenzó a moverse, siendo guiados por ese humano de cabellos negros rumbo al interior de la Central. Bufó con molestia, el ataque de la espada viviente solo fue hecho con la intención de abrirle el camino a los Tamers. Apuntó hacía los humanos y liberó una veloz ráfaga de disparos: la barrera de electricidad volvió a interponerse en el camino de su ataque.

—Por supuesto —frunció el ceño, en ese instante sujetó su arma con ambas manos y la uso para rechazar la espada de Duramon.

Prydwen, al ver que los humanos ingresaron por fin al interior del edificio, activó sus propulsores y se colocó justo en el techo del edificio, desde ahí activaría su RaijiShield asegurando el área entera, de modo que ya no importaba si Astamon tuviese la posibilidad de atacar desde distancia, Matthew y el resto de los Tamers estarían a salvo.

—Si quieres alcanzar a esos chicos —Duramon le apuntó con su espada en gesto desafiante—, tendrás que pasar sobre nosotros. Astamon esbozó una sonrisa de diversión.



[. . .]



Los cinco rehenes se internaron en el lobby de la Central: todos los muebles habían sido desplazados hacía las paredes dejando la mayor área posible despejada, en el suelo había montones de papeles esparcidos a tal punto que bien podrían fungir como tapiz. En el centro, amontonados en un círculo se encontraban alrededor de treinta chicos y chicas, atados entres sí con correas. Ahí no había ningún Digimon visible, a excepción de un Picodevimon que volaba sobre sus cabezas y les mantenía bien vigilados, en cuanto escuchó el sonido de pasos desvió su atención a los recién llegados, el Child frunció el ceño cuando observó a una figura desconocida.

—¿Astamon les ordenó volver? —el pequeño demonio ladeó la cabeza—, ¿qué pasó allá afuera?

Matt analizó con rapidez la situación: la ausencia de Digimon era un poco coherente, Astamon debió encerrarlos en otra habitación a modo de evitar a toda costa un motín o siquiera un intento de huida. También era lógico que todos esos Tamers estuvieran desarmados, es decir, sin sus Digivices o lector de memorias, de modo que no podría contar con su ayuda hasta que los encontrasen.

—Les he hecho una pregunta —Picodevimon trajo de vuelta a la realidad al canadiense, alzando más su voz y lanzando una mirada de obvio desprecio a todos ellos. Un sonido hizo sobresaltar al murciélago: la pelea de los dos Perfect a las afueras del complejo. Collins insertó entonces un cartucho en su lector de memorias, por supuesto, la aparición de no uno, sino tres círculos de invocación llamaron la atención del pequeño murciélago—. ¡¿Pero cómo?! —clavó su mirada en Matthew—. ¡Tú!

El murciélago aleteó para cortar distancias con el grupo de recién llegados, ante un grito de advertencia los humanos rompieron filas, a tiempo pues el Child cubrió su rostro con sus alas y al apartar sus extremidades varios proyectiles con la forma de jeringas salieron disparados, clavándose estas en el suelo sin muchas complicaciones. Picodevimon entonces miró delante suyo a tres seres muy familiares: tres Digimon de su misma especie esperaban las instrucciones de quien les trajo al mundo.

—¡Noqueen a ese Picodevimon! —ordenó Matt.

El Digimon oscuro pegó un chillido de miedo cuando sus clones mudos comenzaron a movilizarse, les pidió que se detuvieran, pero obviamente estos carecían de consciencia que pudiese ayudarles siquiera a pensar en la posibilidad de hacer tal cosa: pronto los fantasmas rodearon al Digimon oscuro y comenzaron a jalarle sus alas y piernas usando sus bocas y garras, de alguna forma el miembro de Trece Signos consiguió liberarse, dando prioridad a su vida al volar directo a una ventana, la cual rompió usando sus extremidades inferiores, huyendo por el agujero creado y siendo seguido de cerca por las Digimemory. Algunos de los Tamers presentes, al ver la escena, vitorearon la aparente victoria.

—¿Están bien? —Matthew se arrodilló delante del grupo de rehenes, comenzando a desatar así al primer grupo de humanos. Collins se llevó una gran sorpresa cuando los chicos quedaron en libertad, pues la mayoría se abalanzaron sobre él para abrazarle y agradecerle—. N-no fue nada… —dijo él, sonrojado.



[. . .]



A pesar de que las garras de sus pies estaban fijas en la tierra, el vigésimo fue desplazado varios metros tras recibir una patada del demonio, misma que apenas y fue capaz de bloquear al cruzar sus brazos por delante de su ser. Excalibur respiraba agitado, mientras que su adversario se encontraba de píe en posición firme, quitándose el polvo de sus ropajes con cierto deje de desinterés.

—¿A dónde se ha ido esa confianza que me mostraste hace un momento? —Astamon agitó sus alas un par de veces—. Ahora luces algo confundido.

Y lo estaba. La Legend Arm había escuchado con claridad como el demonio había negado poseer el título de Signo dentro del gremio criminal, no obstante, si le comparaba con los adversarios de nivel Perfect con los cuales había luchado hasta ese momento él sería coronado como el más poderoso sin espacio a dudas, incluso dejando en un penoso segundo lugar a Libra.

—Eres fuerte —reconoció el dorado—, ¿por qué alguien como tú no es un Signo? —el otro soltó una risa forzada.

—Un Signo debe mostrar algo más que simple fuerza para ganarse su título —explicó—, de otra forma, Digimon como Duskmon o Aegiomon no hubieran tenido oportunidad de coronarse como Signos —levantó su arma, sujetándola con ambas manos—. Claro, siempre puedes optar por asesinarlos y robarles el título por la fuerza —comenzó a disparar una ráfaga de balas infernales, Duramon se cubrió lo mejor que pudo usando las caras anchas de sus espadas—. Un Signo debe ser fuerte, debe imponer respeto y orden ante sus seguidores, pero también debe ser astuto y diestro, tenaz y meticuloso.

Las balas golpeaban la armadura del dorado sin mostrar intenciones de detenerse, era como si se encontrase debajo de una furiosa tormenta que apenas y acababa de comenzar. El dolor que experimentaba por cada bala era similar al de una pequeña aguja clavándose en su piel, soportar el dolor de una sola era algo relativamente sencillo de hacer para un caballero como él que estaba acostumbrado al conflicto, pero soportar la ráfaga entera era una tarea compleja. No teniendo otra salida, pues intentar atacarlo significaría romper su guardia y correr directo hacía él, el vigésimo reunió energía en la marca de su pecho.

—¡Blindead! —al apartar sus manos-espadas dejó al descubierto el número plateado en su coraza, liberando un rayo de energía a través de este. Astamon se sorprendió ante el ataque, pero su tamaño y agilidad le permitieron ponerse a salvo. Excalibur clavó una espada en el suelo con tal de evitar desplomarse.

Astamon preparó su rifle para un nuevo asalto, mismo que se retrasaría cuando el rugir de los propulsores de Raijiludomon inundaron el aire. La Legend Arm escudo reunió energía entre sus garras y disparó una centella directo contra el capo digital, mismo que volvió a eludir con tal simpleza que parecía no estarse tomando en serio el combate. Prydwen aterrizó justo al lado de su compañero, quien era obvio se encontraba ya en el umbral de su límite; el problema es que él tampoco estaba en mejores condiciones debido al uso constante de sus habilidades defensivas y por lo visto hasta el momento el fiel seguidor de Trece Signos parecía tratarse de un Perfect muy peculiar, uno que tal vez requeriría de ambas Legend Arm en sus mejores condiciones para siquiera tener una oportunidad de vencerle.

—Lamento interrumpir tu “combate honorable”, Excalibur —le clavó una mirada fugaz al aludido—, pero a este paso ese sujeto va a pasar sobre ti y yo no puedo atacar y defender al mismo tiempo. No pienso dejar a Matthew a su suerte solo porque eres terco y te niegas a recibir ayuda —Duramon fulminó con la mirada al escudo por sus palabras, pero terminó cerrando sus parpados al saber que en el fondo tenía razón.

Astamon abrió fuego hacía el recién llegado, Prydwen esta vez se cubrió con los escudos de sus brazos y activó su muro eléctrico solo alrededor de los mismos, aumentando aún más su capacidad defensiva. El capo pareció interesado en conocer el límite de su oponente, pues comenzó a impregnar sus ataques de mayor fuerza y desviando toda su energía a su arma a distancia. Raijiludomon comprendió la estrategia de su oponente, la cual era similar a la usada contra Duramon: iba a presionarlo tanto hasta que abriera una grieta en su defensa.

—Tengo un plan —soltó el mecánico en un susurro—. Pero necesito que recargues una vez más tu láser, ¿crees poder hacerlo? —Excalibur parpadeó.

—Supongo que podría… —asintió pesadamente, aunque en el fondo sabía que aquello terminaría por consumir las últimas reservas de su energía—. Pero es muy rápido y este enemigo no es como Libra, inmovilizarle sería complicado incluso para ti.

—Mi plan no es dispararle a él —Prydwen comenzó a mover sus propulsores en su espalda—, sino llevarlo allá adelante y dejarlo atrapado.

Excalibur miró hacía la dirección indicada por su compañero y comprendió al instante sus intenciones: el ataque de Trece Signos en la zona había hecho que un edificio de cuatro plantas se inclinara y amenazara colapsara, o al menos eso quiso, pues otra construcción de menor altura a su lado terminó por soportar parte de su peso manteniéndolo en un estado de precario equilibrio.

—Muy bien —asintió el vigésimo, irguiéndose con dificultad y cruzando sus espadas—. Hazlo.

Los propulsores de Raijiludomon escupieron llamas y le impulsaron hacía adelante, sus pies rozaron el suelo y liberaron chispas a medida que iba avanzando a toda velocidad. Debido al persistente ataque de Astamon, cuando este se percató de que una muralla andante rompía distancias con él fue tarde, los escudos de Prydwen se estrellaron contra el capo y le arrastraron un par de metros hasta que el cyborg detuvo su andar de golpe y movió sus extremidades a fin de proyectar a su enemigo contra una de las paredes de aquel edificio en ruinas.

—¡Ahora! —La Legend Arm defensiva retrocedió.

—¡¡Blindead!! —Duramon repitió su ataque, descargando su rayo numérico contra la construcción inclinada.

Astamon se recuperaba del golpe cuando un estallido aconteció justo delante de su cabeza, mismo que se transformó en el estridente quejido sordo del concreto y el acero al ser sometidos a una presión que les superaba. El miembro de Trece Signos vio cómo su silueta y sus alrededores eran abrazados por la obscuridad cuando una lluvia de escombros comenzó a caer a su alrededor. La figura del demonio desapareció de la vista de todos, siendo sepultado en aquellos restos. Duramon cayó de rodillas y Raijiludomon suspiró, ambos Perfect se iluminaron de dorado y volvieron a sus formas Child.



[. . .]



Una vez los Tamers fueron liberados por Matthew condujeron a este a una zona de celdas, ubicados en la zona trasera del complejo y de la cual solo los encargados de la misma conocían su existencia, ahí Astamon había encerrado a todos los Digimon de aquellos Tamers. Requirió del uso de otroaDigimemory, la de Yukidarumon, para conseguir romper las paredes y así permitir a los digitales ser libres de su encierro. Los Digimon y los humanos se reunieron en una emotiva escena que fue interrumpida por el canadiense, quien, a pesar de compartir la dicha y júbilo de los presentes, eso no borraba el hecho de que todos ellos siguieran en peligro, más aún cuando Zubamon y Ludomon llegaron a escena dando la advertencia de que si bien Astamon fue sepultado, este podría seguir con vida. La evacuación comenzó entonces, siendo dirigida por el personal superviviente de la Central de Tamers y siendo apoyados por el trío de Ávalon: como resultaba ser muy peligroso ir a buscar una salida propia de la ciudad, la única alternativa viable que encontraron por el momento era llegar al muro perímetral y una vez ahí el canadiense invocó a Death-X-Dorugamon a quien ordenó crear una agujero en la pared; estaba seguro que al alcalde no le haría ni pizca de gracia, pero la situación era urgente.

—¡Andando, debemos darnos prisa! —gritó uno de los miembros de la Central, estaba parado cerca del hueco en el muro, movía sus manos para invitar a los supervivientes a acercarse—. ¡Salgan con orden y tengan cuidado con los escombros, mi compañero Jay les espera al otro lado, avancen, avancen!

—De nuevo muchas gracias por lo que hicieron —una de las dependientes de la oficina estaba delante de Matthew, era alta y de cabello castaño—. Nos tomaron por sorpresa y no pudimos hacer nada —miró con el ceño fruncido a la lejanía, concretamente a los pilares de humo que infestaban la urbe—. Incluso destruyeron nuestros Digivices y lectores una vez nos tomaron prisioneros —negó con la cabeza—, de modo que incluso ahora…

—No se preocupen, en verdad —le aseguró el castaño con una inclinación de cabeza y una sonrisa sincera en su rostro—. Lo único que importa es que ustedes están a salvo.

—Avancen por la sábana hasta el claro boscoso más próximo —explicó Zubamon a la chica—, ahí se encuentra esperando una de las miembros de la Central de Ciudad File, su nombre es Sydney —la aludida asintió—, es posible que los encuentre en el camino.

—¿No vendrán con nosotros? —preguntó ella.

—Tenemos que volver —aseguró Matt con decisión en su voz, girándose hacía el centro de la ciudad, escuchando con claridad la melodía de la batalla distante—. Vinimos aquí a detener este conflicto.

—Y mientras la batalla continúe, tenemos trabajo por hacer —asintió el vigésimo.


La Mano Ausente La Mano Ausente y comienza la recta final(?), pase please
 

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Vagando por ahí
Aegiochusmon mantenía su espalda contra la pared y trataba de regular su respiración a fin de hacer el menor ruido posible. Se encontraba en el interior de un edificio, cerca de una ventana a la cual decidió asomarse con suma delicadeza: la calle estaba despejada, o al menos eso creyó. De un momento a otro la luz que se filtraba a través del cristal desapareció, obstaculizada por una enorme figura al otro lado, el caprino maldijo por lo bajo y comenzó a correr. El muro que le separaba del exterior fue demolido sin problemas cuando un enorme brazo ingresó por la fuerza al recinto. El Signo, ya en el centro de aquella recamara, observó como literalmente un trozo de la construcción era retirado por la misma extremidad, dejando al Signo al descubierto.

—OBJETIVO LOCALIZADO —Soltó una voz monótona, proveniente de un ser con la forma de un muñeco de porcelana, un Shakkaoumon.

—Maldita tetera gigante —refunfuñó Capricornio—, ¡¡déjame en paz!! —La respuesta del ángel fue abrir los ojos de par en par y después cerrarlos hasta solo dejar una fina línea que se tornó rojiza como el fuego—. Ay no…

El sagrado emanó un láser desde sus globos oculares, mismo que cambiaba de dirección al mover su cabeza a una velocidad tremenda, sin embargo, la carencia de cuello en la criatura le dificultaba la tarea de cambiar la altitud de su ataque, factor que fue aprovechado por el chico cabra para correr con la espalda encorvada, pegando un salto antes de abandonar el interior del edificio y estrellar una pezuña envuelta en electricidad contra el rostro de Shakkaoumon. El ángel perdió el equilibrio y cayó sobre su espalda encima de una pobre construcción, la cual sucumbió ante el peso del Perfect.

—Eres bastante molesto, ¿te lo han dicho? —Aegiochusmon aterrizó en un balcón, emanando electricidad de su brazo diestro, moldeó esta hasta crear una lanza eléctrica.

—EL OBJETIVO ES BASTANTE ÁGIL —soltó el ser sagrado—, CAMBIANDO TÁCTICA.

Shakkoumon reveló tener un comportamiento secreto en el interior de su cintura, el mismo quedó al descubierto cuando dos compuertas, que simulaban ser el centro de un adorno con la forma del sol, se deslizaron a un lado. Del agujero salieron varios discos giratorios de arcilla, saliendo disparados con la única intención de estrellarse contra Aegiochusmon. El Signo los esquivó, aquellos extravagantes proyectiles estallaban una vez entraban en contacto con algo sólido. El albino lanzó su Lightning Pile al mutante, este se deshizo del arma elemental con un movimiento tosco, pero efectivo, de su brazo. Capricornio chasqueó la lengua.

Esa tetera gigante estaba resultando ser más molesta de lo que se imaginaba: había aparecido a mitad del camino cuando estuvieron a nada de llegar a la alcaldía. Al parecer cuando Escorpio decidió ingresar a la batalla, Aries buscó un reemplazo de la reina insecto siendo aquel muñeco viviente el elegido para liderar el asedio y presionar las fuerzas principales del alcalde. El simple hecho de ser un Perfect obligó al albino a quitarlo del camino y dejar vía libre a los Guardromon. El problema es que, desde entonces, había tenido que lidiar con ese digital al cual le habían reprogramado el Digicore o algo por el estilo, pues su forma de hablar era muy similar a la de los autómatas. Además, se le estaban agotando las ideas a Capricornio: si bien el cuerpo del ángel parecía ser de arcilla, era tan resistente como el de un Perfect promedio, intentar aprovecharse de la diferencia del tamaño tampoco era muy eficiente, podía esconderse un par de minutos, pero irremediablemente el gigantón se las arreglaba para dar con él, ni siquiera utilizar su flauta para hipnotizarlo funcionaba, pues esa cosa era capaz de invocar una estatua con la silueta de un ave cantante que, si bien su melodía no parecía tener efecto alguno en su cuerpo, sí impedía que su Attract Echo funcionase apropiadamente. Ahora, para colmo, si trataba de usar su agilidad a beneficio suyo le enviaba esos platillos voladores que le seguían y estallaban.

—Espera un momento… —el albino parpadeó al caer en cuenta de un detalle.

Todos esos platillos que le lanzaba su enemigo salían de ese agujero en su cintura, es decir, si bien dudaba que la tetera gigante estuviera repleta de aquellas cosas, esas bombas andantes debían crearse en esa cavidad suya y después eran expulsados, algo similar a lo que él hacía al manipular la electricidad, si bien él podía generarla cuando requería de esta, no es como que adentro de su ser tuviese un almacén de la misma. No obstante, aunque fuera por un pequeño lapso de tiempo, esos discos existían en el interior de su cuerpo, ¿cuántos?, no lo sabía, pero hasta ahora había contado hasta una docena de ellos disparados en una sola tanda.

—Muy bien tetera —Capricornio juntó las palmas de sus manos imbuidas en electricidad, al separarlas manifestó una lanza enérgica que empuñó—. Si eso es todo lo que tienes, entonces no sé porque te permitieron ingresar a Trece Signos.

—PROVOCACIÓN DETECTADA, ATAQUE A DISTANCIA DETECTADO, COMENTARIO ERRÓNEO DETECTADO —Los ojos del ángel se entrecerraron y disparó de nuevo hacía el signo, quien maniobró lo mejor que pudo, mientras los lásers oculares del enemigo arrancaban trozos de metal y concreto a su alrededor—. SHAKKOUMON NO ES UNA TETERA, ES UN DIGIMON.

—Para mí eres una tetera —sonrió divertido.

—PROVOCACIÓN DETECTADA —La compuerta de su cintura volvió a abrirse, aquella era la señal para Aegiochusmon quien corrió al borde del tejado en el cual se encontraba y con todas sus fuerzas se propulsó a las alturas—. CARENCIA DE ALAS DETECTADA, ENEMIGO VULNERABLE —abrió y cerró sus pinzas.

—Ya cállate —frunció el ceño, apuntando al agujero del cual los primeros platillos explosivos comenzaban a salir— y ponte a preparar té…

La Lightning Pile viajó hasta el agujero de Shakkoumon estrellándose de frente con uno de los proyectiles que justo estaba saliendo en ese momento, al detonar se inició una reacción en cadena en el interior de Shakkoumon. El ser de porcelana se sacudió violentamente una y otra vez, un par de destellos más emergieron de la escotilla que conducía a su interior indicando nuevos estallidos en sus adentros.

—DAÑO INTERNO, DAÑO INTERNO —soltó Shakkoumon, el Signo desconocía si era una forma de expresar su dolor, su molestia o sencillamente deseaba informarle aquello porque le gustaba hablar. Terminó perdiendo el equilibrio una vez más, antes de desplomarse apuntó a Capricornio—. ARAMITAMA.

Capricornio se concentró en sus piernas, si los Digimon tuviesen músculos se diría que este los había tensado, preparándolos para una intensa actividad que estaba por realizar y sacar toda la fuerza que poseían. Los lásers de Shakkoumon cortaron distancias con su objetivo en cuestión de un parpadeo, el Signo se agachó para que la energía rojiza impactara contra otro objeto al fondo, el God Man entonces cerró sus ojos y dio un último respiro profundo: la posición en la que se encontraba era similar a la de un atleta a punto de iniciar un maratón.

—¡¡Charging Strike!!

Cual dios del rayo, al cual su nombre hacía referencia, el Signo de armadura rojiza se movió a gran velocidad encarnando por un instante el elemento que dominaba. Antes de que siquiera Shakkoumon pudiese preguntarse a dónde había ido su enemigo, este ya había impactado su cornamenta contra su pecho, liberando un grito de guerra desde sus adentros mientras el filo de la cornamenta agrietaba por fin su magnífico cuerpo platinado.

—DAÑO CRÍTICO, DAÑO CRITICO —Replicó el Perfect sagrado. Movió sus manos con la intención de apartar al humanoide de encima suyo. El God man solo se impulsó con sus patas traseras, apartándose por fin de su cuerpo—. ERROR… ERROR…

Shakkoumon no se estrelló contra el suelo, su cuerpo se fraccionó en miles de datos antes de que eso sucediera. Capricornio aterrizó de píe, limitándose a sacudir el polvo de sus manos con un simple movimiento, suspirando de alivio por ponerle fin a esa molesta tetera andante. Estuvo a punto de dar media vuelta cuando algo llamó su atención. Sin pararse a preguntar demasiado creó una lanza de electricidad y la envió contra un Boogiemon que apareció en su campo de visión, el pobre Adult ni tuvo tiempo de reaccionar pues el arma le atravesó en un parpadeo, ese fue el primero de sus problemas, pues después el Lightning Pile se desintegró liberando sobre su ser toda su energía, eso puso fin a la vida del demonio quien dejó caer aquello que llevaba en sus manos: un extraño dispositivo, el cual se encontraba succionando los datos de Shakkoumon cual aspiradora al polvo.

—Ah no, yo derrote a esta cosa —se apuntó con el pulgar—, yo decido que le suceden a sus datos —y sin más comenzó a observar la información del ángel sagrado, evitando así que ese aparatejo se hiciese con ellos. Aun así, una vez hubo terminado, se acercó con cuidado al misterioso objeto y lo tomó entre sus manos. Frunció el ceño. Aquello olía a Aries.


[. . .]


—¿Cómo va todo, capitanes? —Aegiochusmon preguntó aquello con una enorme sonrisa en su rostro. Había llegado justo a donde ahora mismo debía ser el corazón de la batalla, pero para sorpresa del signo todo lucía demasiado calmado.

La alcaldía era un imponente edificio de varias plantas, justo delante de ella se encontraba una gran plazoleta en la cual se colocaron toda clase de estructuras metálica a fin de crear muros protectores en donde los Guardromon podían resguardarse. Los edificios aledaños y el suelo mismo dejaban en claro la intensidad de la batalla ahí librada: los cráteres de explosiones medían varios metros de diámetro y profundidad. Escombros de todos tamaños de concreto y metal estaban esparcidos como si de flora en medio de un bosque se tratase. La fachada del palacio de gobierno, aunque seguía en una pieza, no se libró del daño: había cristales rotos, grietas que iniciaban al nivel del suelo y llegaban a plantas superiores, incluso estelas de humo salían ocasionalmente de estos agujeros. Contrario a otras locaciones, la presencia de Digitamas ahí era casi nula, no se necesitaba pensar mucho para deducir el cruel destino que esos huevos tuvieron al estar en semejante campo minado.

—¿Dónde están los soldados de Trece Signos?

—Se retiraron al poco tiempo de nuestra llegada —dijo un A-10 con cierto orgullo en sus palabras—. Una medida desesperada, pero acertada —asintió—. Con nuestro grupo llegando desde la retaguardia y las defensas de la alcaldía resistiendo desde el frente quedaron atrapados entre la espada y la pared —el albino se quedó pensativo, algo no parecía cuadrarle del todo.

—¿Qué es eso que trae consigo? —Preguntó G-40. Aegiochusmon estiró el objeto que recuperó del Boogiemon.

—Ustedes son los expertos en tecnología, tal vez puedan ilustrarme mejor.

—Parece una especie de contenedor —L-70 sujetó aquello entre sus manos, le miró desde todo ángulo posible—. Un contenedor de data, me aventuraría a decir.

—Data… —parpadeó Capricornio.

Una señal de advertencia puso a los capitanes y al signo en alerta: dos grandes figuras se acercaban, una por aire y otra por tierra. La voladora era un ser draconiano rojizo que llevaba en lomos a un Tamer castaño, un dragón de armadura negra y un ser humanoide reptiliano. El que se movía por tierra era una alargada liebre, sobre su cabeza y aferrándose a sus cuernos había tres siluetas, una humana que se abrazaba a la cornamenta como si su vida dependiese de ello y dos seres digitales, uno con armadura dorada y el otro verdusca. Capricornio sonrió. El equipo volvía a reunirse.


[. . .]


—¡¿Por qué retiraron a las tropas?! —Nanomon golpeó el tablero de controles que tenía delante, su ojo orgánico estaba fijo en la pantalla que tenía delante, misma donde la figura de Mephistomon podía observarse—. ¡¡Estaban tan cerca de irrumpir en la alcaldía!!

—¿Estás cuestionando mi autoridad, Nanomon? —la voz tajante y seria del demonio provocaron en un sobresalto en el otro Perfect. El rostro de aquél ser lucía una vibra que nunca antes había visto el cyborg; sentía que su vida estaba en peligro por el simple hecho de llevarle la contraria, a pesar de estar a cientos de metros de distancia.

—Po-por supuesto que no señor Aries —se apresuró a decir con palabras atropelladas—. E-es solo que me ocasionó sorpresa lo sucedido.

—En este instante yo soy el único Signo que permanece en píe, el resto de mis hermanos cayeron en la lucha —su voz, aunque era fría y buscaba asfixiar cualquier deje de emoción, dejaba entrever un tono de molestia muy en el fondo. A Nanomon le temblaron las manos.

—N-no pueden irse sin apremiar el a-ataque… usted… usted me dijo que cuando tomaran la ciudad ejecutarían al alcalde —movió su cabeza en todas direcciones de forma nerviosa, entonces hizo chocar sus dientes y golpeó el panel con ambos brazos—. USTED ME LO PROMETIÓ, ¡si los apoyaba yo me convertiría en el nuevo alcalde!, ¡no puede retirarse ahora!

—¿Retirarme?, ¿quién ha hablado de retirarme? —le cortó tajante. Nanomon se atragantó con su saliva—. Las tropas del alcalde, el propio Giromon y esos desgraciados Tamers que ejecutaron a mis hermanos terminarán en el olvido. Arrasaré Pueblo Industrial y después volveré a Folder Continent donde nuestros nuevos aliados esperan pacientemente el resultado de nuestra incursión —sus colmillos fueron exhibidos en una retorcida mueca—, cuando vean el alcance de mi poder ninguno dudará en unirse a mí.

—¿A-arrasar con la ciudad? —Nanomon parpadeó, quedándose congelado con esa frase dicha por Aries—. E-eso no era lo que usted me dijo que harían…

El Signo cortó la transmisión, ya estaba cansado de hablar con un peón que ya no le era más útil en el tablero.


[. . .]


—Entonces está hecho —dijo aquello Aegiochusmon una vez los enviados de la Central terminaron de ponerse al corriente sobre los acontecimientos vividos—. Trece Signos se ha retirado de la ciudad.

—¿Derrotamos a todos sus líderes? —cuestionó Prydwen.

—No —Andiramon arrugó la nariz—, aún queda uno.

—Aries —La liebre le dio la razón a Ryudamon con un leve movimiento de su cabeza.

—Ese maldito cobarde debió correr apenas vio lo que hicimos a sus compañeros de nivel Ultimate —Walker suspiró con fuerza, de haber sabido que ese demonio seguía ahí afuera le hubiera pedido a Vritramon hacer una búsqueda aérea—. A estas alturas es probable que ya se haya largado a otro sitio de Isla File —Matthew fue incapaz de mostrar su preocupación ante este hecho.

—Si eso es verdad, le encontraremos rápido —Capricornio se llevó una mano al mentón—, pero si yo fuera él volvería a Folder Continent, el único Signo que operaba en esta isla era Libra y hasta donde sé Matthew hizo un buen trabajo poniendo en jaque una de sus instalaciones, así que aquí no tiene escondite en el cual refugiarse, o influencia alguna cual aprovechar —el pelinegro se rascó la mejilla y sonrió nervioso, Excalibur al contrario alzó la cabeza con cierto orgullo—. Sin duda intentará irse apenas tenga oportunidad.

—Aún tenemos tiempo entonces —asintió Walker, los engranajes de su mente ya comenzaban a andar, intentando idear un plan para capturar de una buena vez al escurridizo demonio.

—Lamento mucho interrumpirlos —la unidad A-10 se acercó al círculo donde los enviados de la Central estaban teniendo su conversación—, pero el alcalde Giromon desea conocerlos —el grupo de humanos y Digimon intercambiaron miradas entre todos ellos, ninguno se esperaba aquello.

De la alcaldía apenas y si pudieron ver algo. El lobby era un desastre, cajas de herramientas y artículos básicos para las tropas habían sido traídos a dicho lugar por lo que la palabra adecuada para describir el sitio sería almacén y no vestíbulo. Además, la habitación había sido alcanzada en múltiples ocasiones por el enemigo, incluso podían verse algunas pilas humeantes de objetos regados por todo el lugar y dos Guardromon armados con extintores constantemente iban de un lado a otro. A-10 les condujo hasta un elevador y, tras insertar una clave, les dejó dentro del transportador. Ahí solo iba el dúo de Black Jack, el trío de Ávalon, Dinohumon y Aegiochusmon, Andiramon y Vritramon se vieron obligados a esperar fuera del edificio por obvias razones.

Cuando el elevador se detuvo y las puertas se abrieron L-70 les esperaba al otro lado, el sería el encargado de llevarlos por un largo pasillo hasta llegar por fin al recinto del regente de la urbe: el despacho de Giromon era amplío, había varios libreros repletos de todo tipo de cuadernillos, mientras que otros eran usados como simples estanterías donde se exhibía una peculiar colección de objetos metálicos, desde piezas de maquinaría que incluso los humanos eran incapaces de reconocer, hasta dispositivos que estaban a medio armar. Un par de sillones rodeaban una mesa donde varios objetos dispersos reposaban. Justo delante del todo y cerca de un ventanal, se hallaba un amplío escritorio, el cual de tener solo unos cuantos centímetros más bien podría fungir como mesa, en este se proyectaba un holograma de Pueblo Industrial a escala y justo reposando en el sillón detrás de esta imagen esperaba silenciosamente una bola metálica con brazos, cuernos y una eterna sonrisa. A pesar de su mueca, el largo silencio y la mirada fija del alcalde indicaban que una compleja mezcla de emociones reinaba su mente en ese momento.

—Alcalde Giromon —comenzó L-70—, estos son--- —paró en seco cuando el aludido levantó una mano.

—Sé quiénes son, todas las unidades están hablándome de ellos —espetó tajante, levantándose de su asiento al recurrir a su capacidad de levitación. Se llevó ambas manos tras su espalda e inspeccionó con detalle a cada uno de los enviados de la Central—. Así que ustedes son los “supuestos héroes” que vinieron a nuestro auxilio y salvaron Pueblo Industrial —esto último lo dijo con un cierto deje de sarcasmo.

—Con todo respeto, alcalde —dijo Zubamon—, si bien nosotros apoyamos a sus hombres, sería imprudente llevarnos todo el crédito.

—S-sí —se apresuró a agregar Matthew, pues vio la cara de pocos amigos que puso el californiano cuando escuchó a Giromon hablar—. Solo les prestamos un poco de ayuda.

—Fue un triunfo compartido —completó Capricornio—, sus hombres pelearon valientemente y a la altura de lo que se cuenta en el Digimundo, nosotros… —movió su mano en un gesto para restarse importancia al asunto—, sencillamente les dimos el golpe de gracia a esos invasores, cosa que no hubiera sido posible sin sus tácticas, alcalde.

Al parecer uno de los temores del regente, o más bien un posible motivo de disgusto, era que aquellos sujetos tuvieran un aire de grandeza y ahora quisieran que él les besara los píes mientras les daba halagos y agradecía por su intervención. Después de todo, Giromon era un militar y un líder, tal vez uno que rayaba en lo tiránico con su gente, pero al fin y al cabo él solo deseaba la paz y prosperidad de su pueblo, escuchar que los enviados de la Central deseaban mantenerse en una posición humilde le tranquilizó en el interior.

—Solo les llamé aquí para agradecerles en persona por hacerse cargo de los malditos culpables que hicieron arder mi ciudad —dio media vuelta y se encaminó hacía la ventana—. Es bueno saber que los humanos siguen recordando la promesa que nos hicieron —se giró levemente para mirar a los varones, luego volvió su atención a la imagen fuera del cristal—. Ahora todos nuestros esfuerzos irán a la reconstrucción — suspiró, aunque más bien fue un jadeo de cansancio pues es posible que Giromon no requiriese de algo tan banal como respirar.

—Si esa tarea le suena pesada yo puedo sustituirlo, alcalde —una voz conocida para Giromon y L-70, más desconocida para los enviados de la Central, se escuchó en el recinto. Cuando todos se giraron observaron al Guardromon que custodiaba la puerta cayendo pesadamente sobre su espalda, electricidad viajaba por su cuerpo dejando en claro cómo fue inutilizado. Un Digimon de menor tamaño caminó por encima suyo a fin de poder ingresar a la habitación: era un ser de metal con extremidades alargadas, su cuerpo era principalmente un recipiente cristalino, poseía un ojo orgánico lo cual lo delataba como cyborg.

—Nanomon… —soltó Giromon con un deje amenazador—. No solicité tu presencia —los Digimon adoptaron una posición defensiva ante el invasor, la atmósfera se volvió tensa en cuestión de un parpadeo.

—¿Quién es este? —Walker apuntó con su barbilla al desconocido.

—consejero del Alcalde y Jefe Técnico del Departamento de Comunicaciones, Nanomon —explicó L-70.

—Y próximamente “Alcalde de Pueblo Industrial” —frunció su único ojo biológico, levantó sus manos y extendió sus dedos: estos se abrieron desde las yemas revelando las cabezas de pequeños misiles sonrientes—. Una verdadera desgracia, justo cuando la invasión termina y comienza el recuento de los daños una bomba estalla en el despacho del alcalde y termina con su vida sumiendo a sus leales tropas en caos, entonces, el inteligente y hábil Nanimon llega para imponer orden, asumiendo el cargo que su viejo amigo le ordenó tomar en caso de su ausencia —inclinó levemente su cabeza, las marcas alrededor de su boca simularon ser una sonrisa pícara—. Todo está listo para mi puesta en escena, solo necesito retirar a los actores que ya cumplieron con su parte en esta obra.

—No fuiste programado para gobernar, Nanomon —Giromon abrió y cerró sus dientes—, sino para seguir órdenes, pero incluso en eso eres defectuoso…

—Por eso es un pésimo líder, solo confía en usted y nadie más que en usted —le fulminó con la mirada.

Un lazo de energía atrapó la mano del cyborg en ese momento, inmovilizándola. Ante el acontecimiento Nanomon buscó al culpable y descubrió que fue obra del humano de caballera castaña y su Digivice. Soltó un rugido y disparó los misiles de su extremidad libre, los cuales serían recibidos por una lanza eléctrica de Aegiochusmon provocando así una detonación que llenó la habitación de humo y astillas de los muebles cercanos al estallido. Entonces Dinohumon emergió de la cortina de polvo, tacleando con su costado al consejero y lanzando a este contra un librero, Ethan retraería su látigo y volvería a enviarlo contra el Perfect rebelde, consiguiendo esta vez inmovilizar su cuerpo.

—Pagarás por esto, Nanomon —el regente le clavó una mirada de profundo odio, la cual solo se volvió más retorcida ante su eterna sonrisa—, nadie intenta derrocarme y sale impune —la respuesta del Cyborg no fue la esperada por los testigos, pues una risa de diversión escapó de su boca.

—Eso… ya lo veremos… alcalde…

El sonido de pasos metálicos llegó desde el pasillo. Los varones creyeron que era obvio la llegada de más Guardromon, después de todo si escucharon el sonido de detonaciones los propios guardias de la instalación se percatarían y acudirían de inmediato para verificar lo sucedido. Si bien los autómatas que arribaron mostraron su preocupación por Giromon, una vez se enteraron de lo sucedido entregaron un mensaje urgente a su líder:

—Los invasores se han reagrupado en un solo contingente no muy lejos de aquí —explicó uno de los Adult mecánicos— y alguien les está liderando…


La Mano Ausente La Mano Ausente pase please
 
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