Rol Libre Un paso más en la relación [Dylan & Sasha] [+18]

Masaru

"さあ、往こうか"
Supermoderador
Registrado
21 Oct 2005
Mensajes
16,670
Calificación de reacciones
4,828
Puntos
1,500
Edad
25
Participantes: Dylan & Sasha
Nombre: Un paso más en la relación
NPC: Drew
Modalidad: Privado.
Datos Extras: estar en una relación nunca fue tan complejo, sobre todo cuando existen terceros que colaboran para hacerla más difícil. Gaia y Dylan tendrán que demostrar cuánta confianza se tienen una a la otra y viceversa.
R-18: Sí.

Verwest Verwest Bishamon Bishamon -deja una corbata colgada de la entrada del tema- have fun~
 

Bishamon

All I aspire is in your eyes forever to live
Moderador
Registrado
12 May 2008
Mensajes
5,126
Calificación de reacciones
2,531
Puntos
1,600
Faltaban quince minutos para que la noche empezara a brillar por su presencia haciendo que sus colores oscuros se mezclaran con los anaranjados de una tarde de un día no tan cualquiera. Por la temporada mucha gente y digimon gustaban de utilizar las instalaciones de las piscinas para refrescarse, además de que era un buen espacio para pasar el rato; a veces ponían música y practicaban aeróbicos o uno que otro juego. Pero era a esa hora que todos empezaban a recoger para retirarse porque el centro se preparaba para cerrar… aunque no para ciertos personajes, que por su fama y su fidelidad, les permitían usar la alberca principal: una olímpica.

—Buenas tardes Dylan, su majestad Gomamon —siempre resultaba gracioso ver que el digital que les saludara hiciera una reverencia ante la foca.
—Buenas tardes, fiel súbdito —tenía el pecho inflado y su corona bien puesta—. El guerrero de Odín, rey del Digimundo, te bendice.
—¡¡Es un honor!!
—Tendrás éxito limpiando la piscina real —de un salto se bajó del hombro de la rubia queriendo verla a la cara aunque esta estuviera concentrada en prepararse—. Dyl, Dyl, ¿cuántas vueltas daremos hoy? —Movía su pequeña cola de lado a lado. —Te impresionaré con algo nuevo…
—Hoy será un poco diferente —había interrumpido al de cabellos naranjas. Su tono de voz fue casi tan apagado como siempre, salvo por una pizca de preocupación mezclada con pena que apenas destacaba si la hubiera escuchado un humano. Para Gomamon simplemente representó una noticia muy inesperada.
—¿Por qué? ¿Practicaremos otra rutina? ¿Tienes otro deporte en mente? ¡¡Yo hago lo que tú quieras!!
—Verás —apretó sus labios segundos antes de prepararse para hablar—, no estaremos solos…
—¿He llegado tarde?

El acuático abrió los ojos como dos enormes platos, cayendo en un pequeñísimo pero intenso lapsus de impresión negativa. En un santiamén se giró en dirección a una recién aparecida Sasha, a quien acribilló con una mirada capaz de echar chispas; sus garras se tensaron. En contraparte, DTB nada más tuvo que alzar sus orbes para encontrarse con los azules de su chica favorita, lo que le hiciera esbozar una corta sonrisa que no esperaba destruir tan pronto:

—¿Esto es una broma? —Las féminas observaban al de aletas.
—¡Gomamon!
—¡Pero Dyl!
—Dylan —la aludida y su mejor amigo llevaron su atención hacia la tercera en el lugar, misma que ladeara la mirada entre el dueto hasta aparcarla en los verdes de la heroína—, no tiene que ser hoy.
—¿Qué cosa? —Bufó el child.
—Pero ya quedamos en esto —suspiró; en su interior se reprendía muchísimo el no haber tratado el tema con el digital—. Gomamon, quedé en ayudar a Gaia para que perdiera el…
—¡No importa! —Le quitó la palabra la albina. —No quiero causar molestias —la rubia se debatió mil veces si ceder al impulso de retener a su novia o mantenerse en aquel lugar como si tuviese los pies adheridos al suelo—. Nos podemos ver más tarde —levantó la mano derecha para despedirse.
—Ga…
—Falacia —refunfuñó aquel que se creía un monarca—. Estaremos mejor sin que nadie nos estorbe, suficiente tenemos con el barbaján…
—Gomamon —él detuvo su parloteo y avanzó los metros que le separaran de su tamer subiendo a la banca que ocupara una resignada Tanneberger—, ¿en qué quedamos? —Enseguida desvió la vista de la de ella. —Esto es importante para mí.
—Para mí es importante también —escupió con evidente recelo e intentos de regresar sus orbes hacia el frente—. Aquí solo estamos tú y yo, Dyl… porque desde que… —gruñó—, Gaia se convirtió en tus papas fritas pasas mucho tiempo con ella.
—Hace días fuimos a una quest y solo estábamos nosotros.
—¡Y el barbaján de Dex!

Le dio la espalda completamente en pos de marcharse hacia el agua.

Definitivamente su mejor amigo era como un pequeño niño que demandaba su completa y absoluta atención, aunque a veces se preguntaba si lo que él decía podría ser verdad; por un lado no lo creía, pues era sumamente jodido llegar a estar a solas con Shura y por otro lado le pudiera hacer feliz la idea de que así fuera, pero sería una felicidad incompleta porque odiaría que su compañero se la pasara decaído debido a su ausencia. Todo era tan confuso, tan complejo.

Se quitó la ropa, quedándose con el traje de baño; cubrió su cabellera y puso los lentes sobre la frente. Al menos sabía cómo contentarle y por los momentos sería suficiente.

[…]

—Mañana iremos a fotografiar a Babamon y su árbol de manzanas.

Zaytseva, Vanya, Taras, Gomamon, Dex y DTB terminaban de cenar los waffles con mermelada de moras azules y rojas que preparó el de fuego; fue él mismo quien comentara una de las tareas para el día siguiente antes de echarse su último bocado.

—¿Qué tiene de especial un árbol así si no estará alguien como yo? —Engulló un poco de lo que había en su plato.
—Manzanas, manzanas, manzanas.
—Árbol —Gumita picó con el tenedor lo poco que le quedaba mas el de pelaje morado se acercó tan rápido que le arrebató el alimento.
—Es para un concurso de fotografía, su majestad —ironizó Coronamon—. Debo tomar fotos de varios paisajes y lugares especiales para otros.
—Ganarías en un parpadeo si me incluyes en esas fotos, por supuesto —se le percibía una sonrisa de mucha confianza—. Puedo ser benevolente contigo si me lo pides.
—¿Debo arrodillarme?
—Así es, ser inferior.
—Olvídalo —Gomamon infló un moflete.

A la distancia se percibía la conversación que suscitaba en la mesa entre los digitales de elemento opuesto, empero su verdadera atención y esfuerzo yacía en la plática que entabló con la de cabellos blancos desde que se vieran a solas en la cocina. La excusa fue empezar a recoger las cosas para no dejar nada fuera de sitio. Por más que Gaia le insistiera a Dylan que no hacía falta pedir disculpas por lo ocurrido, a la germana no parecía convencerle sus palabras; lo denotó en esa expresión de mirada de cachorro arrepentido, su ceño ligeramente fruncido y su afán de convencerse. Fue por ello que se le ocurrió recurrir a otra forma de ayudarle a creer más. En cuanto pudo, en medio de las explicaciones de la expert, Shura unió su boca con la suya.

El corazón de ambas pegó un salto; quizás el de la rubia fue más fuerte por lo improviso. Las dos parecían mirarse a los ojos sin mover un ápice sus labios. Lentamente les cerraron, así como decidieron disfrutar un poco más del contacto. Gaia llevó sus manos a cada lado del rostro de su pareja y esta afianzó las suyas sobre la cintura de la otra; no pasó demasiado tiempo cuando el beso empezara a escalar niveles, por lo que la modelo decidiera cortarlo también tomando por sorpresa a DTB. Estaban agitadas, con las mejillas sonrojadas y la mirada les brillaba.

—¿Me crees ahora? Entiendo perfecto a Gomamon, de verdad —hablaba bajo porque continuaban muy cerca—. No es tan fácil para él.
—Okay.

Sasha entrecerró los ojos gracias a esa respuesta algo mecanizada y embobada, empero no pudo hacer más que dejarse llevar por lo cómico que le parecía ver y escuchar a Dylan en ese estado, como si estuviera soñando con los orbes abiertos; dejó ver una sonrisa de dientes afuera que le resultó encantadora a la de mechones dorados, por demás le contagió. Sin embargo, sus instintos le impulsaron a querer continuar con lo que hacían antes. A punto de encontrarse con la boca de la soviética, escuchó el llamado de Gomamon… luego de Dorimon.

—Es mejor que no le hagas esperar —susurró la modelo.
—Solo uno —rompió la poca distancia que les separara para darle un beso corto que no pasó del inicio.
—Nos podemos ver cuando estén dormidos —DTB asintió mientras se alejaba. Aquella era prácticamente la rutina con mejor resultado en vista de que todos caían bien rendidos a los brazos de Morfeo.

Cualquiera resultaría engañado con la tranquilidad que emanaba la ucraniana tras ese corto pero cuasi apasionado momento, cuando la verdad era que muchas veces luchaba contra sus propios impulsos. No era la primera vez que sentía que algo en su interior se disparaba, como si desde el centro de su estómago hasta la punta de su cabeza viajara una bolita metálica que rebotara por todos los rincones de su cuerpo, despertando cada emoción y placer, sobre todo eso último. Por alguna razón con Dylan todo era diferente; no porque fuera mujer… pues qué importaba el sexo biológico si la química entre dos personas radicaba en la esencia de cada cual. Tal vez era porque ambas tenían mucho que ofrecer y no fue hasta ahora que encontraron a la persona oportuna para empezar a dar y, ¿recibir?

Por ahí, en alguno de sus viajes por su trabajo, alguien le dijo a ella o a alguno de sus compañeros que “el amor era cosa del destino”. ¿Será? Por curiosidad giró un poco el torso queriendo echar un vistazo por el pasillo que llevara hacia el comedor, mas volvió a la postura normal continuando con la limpieza de los trastes.

—Pondré estos por aquí —Shura respingó al escuchar la voz de su novia sin que esta lo notara. Las dos se giraron en sincronía chocando miradas—. Te puedo ayudar.
—No te preocupes —regresó el frente al fregadero, no obstante mojó sus manos para quitarse el jabón y sin secarlas viró y llamó a DTB para que la observara una vez más antes de desaparecer de su vista—, pero gracias —carcajeó, moviendo sus manos de tal manera que salpicaran agua sobre la germana.
—¡Oye! —También rio un poco.
—¿Qué? —Continuó con la curva de sus labios como si esperase algo más; Dylan mordió sus propios labios un poquito, descendió sus esmeraldas un instante terminando por negar con un movimiento suave de su cabeza. Enseguida inició su recorrido de regreso hacia la mesa pero sin dejar de mirar a la albina.

A Sasha le constaba que estaba en la mira de su interés romántico e igual se haría la fuerte consigo misma. Podría aguantar un par de horas.

[…]

Tommy se había quedado rendido sobre la almohada que se ubicaba al lado de la suya y Vanya terminaba de acomodar el equipaje que llevarían para la actividad de mañana. Le agradaba en demasía que el de fuego se encontrase bastante entusiasmado. Él, por su parte, había reparado en que su tamer no se había vestido de la forma habitual para dormir. En cuanto pudo la abordó, preguntándole si tenía pensado encontrarse con Tanneberger y como no tenían secretos, ya que Sashenka prefirió ser abierta al respecto con él, díjole que sí. De todos modos no podía negar que le sorprendía la capacidad de intuición del felino. Bueno, tampoco era tan difícil pensarlo.

—Shura —la modelo leía una revista y sin dejar de hacerlo le hizo saber que podía continuar hablando, que le escuchaba—, ¿de verdad crees que Dylan podrá ayudarte?
—¿Por qué lo preguntas? —Justo leía un anuncio de casting para ser el rostro de un producto de belleza. Por su mente pasó la interrogante de si sería para ser la típica modelo que fingía tener un desperfecto que suponía desaparecer con el tratamiento adecuado o si solo deseaban a alguien que atrajera a la gente.
—Me has dicho que debes evitar estresarte cuando estás trabajando tu temor —ella validó su afirmación—. Pero… creo que su majestad no será de mucha ayuda.
—Bueno… —cerró la revista colocándola sobre la mesa de noche—. No puedo asegurarlo pero tampoco te lo puedo negar —le miraba a la cara tratando de crear una mejor respuesta.
—Para la próxima iré contigo.
—Vanya.
—Prefiero que se fije en mí a que te pueda lastimar, Shura —acomodó su almohada y colcha antes de reposar su cuerpo; la humana le había contado lo que había sucedido en la alberca, mas no creyó que se fuera a quedar con el suceso en mente.

Antes de marcharse al salón se acercó al anaranjado para susurrarle unas cuantas palabras con la esperanza de que eso pudiera hacerle sentir mejor. Entre sus manos sujetó una de sus garras y bajo la mirada expectante del child le regaló un beso sobre el dorso.

—Dyakuyu.
—Shura…

La ucraniana apagó unas cuantas luces y con gesto se despidió de su mejor amigo. Coronamon le imitó.

—Falacia.
—¡Dylan! —Fue la segunda vez que la llevaba a pegar un salto por la sorpresa e igualmente la rubia no lo detectó. —¿Qué haces aquí? Creí que nos íbamos a encontrar en el salón.
—Quería pasar por ti —dio un paso hacia el frente—, para que nos fuésemos juntas —otro paso—. O preferías… —iba a dar un último paso pero hacia atrás de no ser porque la eslava cortara la distancia y le sujetara de ambos brazos, deslizando sus manos para agarrar las de la rubia.
—No me quejo de que mi novia quiera ser cursi —DTB hizo una mueca de extrañeza que le pareció graciosa.
—No soy cursi, Aleksandra.
—Por eso dije que querías —compartieron una mirada cómplice—, ¿nos vamos?
—Una escena cursi no está completa sin un beso —soltó de repente, a la espera de que la de cabellos blancos volviera a verla a los ojos y descubriera su gesto jocoso, porque Dylan no se estaba vendiendo como la típica chica carente de emoción al hablar—. Eso es lo que he visto en las películas que ama Gomamon —rio por lo bajo un segundo después, siendo interrumpida, mas no así su sonrisa, por el corto beso que le diera Zaytseva.



Verwest Verwest falta otro post para su turno.
 
Última edición:
  • Me gusta
Reacciones: Verwest y Hathaway

Bishamon

All I aspire is in your eyes forever to live
Moderador
Registrado
12 May 2008
Mensajes
5,126
Calificación de reacciones
2,531
Puntos
1,600
Las conversaciones entre ambas eran esporádicas, usualmente terminaban riendo por algún comentario dando paso a un grato lapso de silencio que no se prolongaba por más de un minuto; y de suceder, como en aquel preciso instante, se deleitaban haciendo otra cosa siempre con el sentimiento de sentirse acompañadas la una por la otra. Yacían sentadas en el sofá más espacioso ocupando el menor espacio posible. DTB había reposado su cabeza sobre las piernas de la modelo, de vez en cuando cerraba los ojos para disfrutar mejor la sensación del roce de los dedos de su pareja contra sus cabellos. Otras tantas prefería quedársele viendo para no sucumbir a la tentación de quedarse dormida.

No había pasado media hora desde que Shura saliese del cuarto cuando el D-T empezara a sonar como loco. Estando tan cerca de la cabecera de la cama, por ende de Gumita, amenazaba con irrumpir el tranquilo sueño del baby. Vanya tuvo la intención de apagarle, pero algo le llamó la atención al punto de ceder a clicar las ventanas emergentes con mensajes provenientes ¿de Tanneberger? ¿Qué no se iba a reunir con su tamer? Toda vez leyera cada palabra su facción se transformó drásticamente. ¡Era la foca ególatra!

«¡¡Responde, sé que me estás leyendo, ser inferior, súbdito defectuoso!!»
«¿No deberías estar soñando con que eres un rey?»
«¡Blasfemia!»
«Y no pienso decirte nada…»
«No serías capaz, antorcha andante; dejar a tu rey sin respuesta es sacrilegio, ¡pecado! Blasfemo.»
«¿Para qué quieres saber dónde está Dylan? Tal vez ni esté con Shura…»
«¡¿DYLAN?! ¡¡SU MAJESTAD DYLAN, PARA TI!!» «IMPOSIBLE» «Lleva rato prefiriendo las papas fritas…»
«Ya enloqueciste…» «¡Ni tú ni yo nos tenemos que meter en su relación!»
«Ugh…» «¿Relación? Bah, el rey puede hacer lo que quiera»


El de fuego estaba a punto de replicar, deteniéndose al ver que el usuario de la alemana había dejado de estar conectado. Vanya esperaba que se rindiera y esperara pacientemente a su tamer, mas se le olvidaba que la palabra paciencia y el nombre de Gomamon, de este al menos, no encajaban. De repente imaginó una de las tantas cosas que pudiera hacer el acuático para salirse con la suya, así que dejó el aparato sobre la cama antes de salir de la habitación. Corrió tan rápido como pudo y al borde del pasillo, del lado contrario, le encontró observando con detenimiento lo que sea que sucediera en el centro del salón: Sasha y DTB conversaban, reían de vez en cuando, jugueteaban… una interacción que nunca jamás se ha dado el lujo de vivir con la rubia.

—Aleksandra —hizo un sonido para responder al llamado—, ¿me contarás algo más sobre ti?
—¿Qué quieres saber? O sobre qué específicamente —la miraba con curiosidad.
—Todo —ni siquiera lo pensó—. Bueno, no quiero que creas que no presto atención a lo que ya me has dicho —Shura esbozó una cálida sonrisa—, pero no puedo dejar de pensar que en nuestro mundo tenías una vida interesante y que tal vez tienes muchas anécdotas —la aludida llevó una mano a la parte trasera de su cabeza en medio de una risilla algo sugerente a entender de la germana—. Puedes contarme sobre tu infancia, tu país, tu ciudad, tus experiencias en el modelaje… ¿era lo único que hacías o te dedicaste a la ciencia también?
—Ahora que lo pones así, si parece que hubiera hecho demasiadas cosas —Dylan se sonrojó, enseguida disculpándose si resultaba asfixiante tanta pregunta—. Te puedo contestar todo eso y más con una condición —supo por la facción de DTB que ansiaba escuchar cuál sería—: tú también deberás contarme al respecto —picó la nariz de la expert.
—Te juro que no hay tantas cosas interesantes… y ya lo sabes, estuve en distintos colegios. Se me hacía complicado llevar el ritmo del resto y supongo que eso representaba un enorme problema para mis profesores —soltó un suspiro largo—, tal vez para mi familia.
—Necesitas ser más detallista —la alemana acomodó mejor la cabeza para no forzar mucho la vista cada vez que quisiera ver los azules de Sasha.
—Okay, pero te pregunté primero.
—¿Estás cómoda?
—¿Eh? —tardó unos segundos en asimilar el cambio abrupto de tema y contestar positivamente—. Podría durar horas viéndote.
—Seguro tienes buena vista desde ahí.

Si no hubiera sido por la mueca burlona de la modelo, a Dylan le habría llevado más tiempo descifrar el mensaje oculto en lo que le dijeran. Como un resorte recompuso su torso con el corazón latiéndole rápido y la cara más roja que un tómate. Zaytseva se abrazó a la altura del estómago por las risas; un par de lágrimas amenazaron con caer.

—N-no es lo que parece —la heroína se pegó en la frente con la parte baja de su palma derecha.
—Solo bromeaba —quitó los rastros de líquido de sus pestañas—. Y si quisieras hacerlo, no tuviera nada de malo —encogió los hombros con graciosidad, fingiendo inocencia.
—Me quieres matar —Gaia la rodeó desde atrás chocando su pecho contra la espalda de la nadadora—. Primero cursi, ahora pervertida… ¿qué sigue, Aleksandra? —simuló sentirse indignada.
—Así me gustas de todas maneras —díjole cerca del oído izquierdo, rompiendo la cercanía tras darle un beso en la mejilla—. Quiero mostrarte algo —Dylan giró sobre su eje para darle la cara—, esto lo uso para trabajar mi claustrofobia —desamarró un pañuelo que llevaba atado encima de la cadera. Era de color oscuro, de tela opaca y suave al tacto—. Me cubro los ojos y trato de avanzar a oscuras —lo extendió para que su novia lo tomara—, ¿quieres ayudarme?

Las dos se pusieron de pie y con cuidado Tanneberger fue apretando lo que fungiera como antifaz, cerciorándose de que no estuviera incómodo y de que la albina no pudiera ver nada. Sashenka continuó explicándole cómo lo hacía: “debía estar en un sitio sin muchos objetos alrededor y sin que estuviera totalmente ajeno a la luz. Añadió, por si la alemana se lo preguntaba, que no le temía a la noche porque ella tenía su luz propia que por lo menos permitía distinguir los celajes.

—¿Es lo que te sucede en espacios acuáticos? —Con dejo tímido, la soviética asintió.
—Por lo general tanta agua me parece asfixiante…
—¿Qué te hizo querer intentarlo? —Tenía sus manos sujetas y su mirada repasaba cada rasgo facial de su chica, impresionándose al ver cómo surgía el sonrojo por toda el área de su nariz y pómulos. Por inercia afianzó el agarre y con los pulgares acariciaba su dermis.
—Tú —había inclinado la cabeza hacia abajo como si pudiera ocultar aún más la mirada. DTB alzó más los párpados—. Cuando estoy contigo puedo subir al elevador y no sentir que me ahogo… —entonces su receptora cayó en cuenta que tenía sentido que las personas con esa fobia no buscaran usar el cajón metálico para trasladarse. Por un instante se sintió tonta por no haberlo notado antes, empero sacudió su cabeza queriendo espantar esos pensamientos. —Llevo días meditándolo así que quise probar.
—Con gusto te ayudo —puso sus manos sobre los mofletes de la modelo—. Me encantaría, en serio.
—Gracias —alzó sus extremidades queriendo replicar lo que hiciere Dylan pero no tener certeza de dónde podría estar cada parte de su cara la detuvo, no por mucho. Al final se atrevió a tantear, encontrando primero su nariz. Por gusto paseó la yema de su dedo índice desde la punta hacia el centro de la frente, luego sobre una de las cejas y por toda la línea de su mejilla hasta la barbilla. La tamer de Gomamon sonrió.
—Intenta llegar a mí por el sonido de mi voz.

Sashenka asintió. Un minuto después escuchó el aviso con el que podría iniciar su recorrido, tomándose un brevísimo momento de relajación con ayuda de un ejercicio básico de respiración. Movió sus pies sin prisa, tratando de mantenerse firme ante los pensamientos que abarrotaban su interior; con un enfoque predeterminado no tenía por qué sumirse en los recuerdos que la paralizaban y convertían en presa de un miedo sin salida. Un par de veces tragó en seco y por curiosidad extendió su brazo derecho ante el llamado de la heroína. Tal vez no estaba tan lejos, ¿o sí? No obstante Gomamon empezó a soñar despierto…

Algo se interpuso en el camino de Shura que sus pies se enredaron, trastabilló con cierto desespero de encontrar de dónde sujetarse y con ayuda de Dylan pudo evitar tropezar y lastimarlo.


Su majestad sacudió su cabeza con frenesí. Aquello podría ser una buenísima idea si su tamer no estuviera en medio de su plan y —echó un vistazo en dirección a Coronamon—, cierto fósforo no representara un problema todavía mayor. Vamos, que no le temía y no le costaba absolutamente ganarle, se decía —volvió a mirar a su humana favorita—. Solo que ella, su razón de existir, era también su obstáculo. Si lo intentaba podría hacerla enojar o tomar de esas malditas píldoras que tenía rato sin usar… si algo le gustara menos en la vida era ver a la alemana sintiéndose extraña.

La situación ameritaba escuchar alguno de sus discos pop.

El de melena naranja optó por regresar a la habitación sin hacer escándalo. Vanya no le despegó el ojo hasta no ver que desapareciera por el pasillo, cuestionándose si en verdad yacía decaído por algo que se suponía debía hacerle feliz, ¿no? El felino apretó sus garras y marchó al lecho que ocupara con Gaia y Taras con una cosa en mente, pues podría ser que la ucraniana tuviera razón al decirle siempre que para el demandante de atención profesional resultaba más díficil aceptar la realidad que aprender a multiplicar. Y si no lo hacía ahora, podría arrepentirse luego.

«Puedes ser uno de mis modelos para el concurso…» «Sería un grandísimo honor, su majestad…»

No pudo creer que había presionado el botón de enviar.



Verwest Verwest su turno B-)
 
  • Me gusta
Reacciones: Verwest y Hathaway

Verwest

The house is mine
Registrado
6 Ago 2007
Mensajes
2,161
Calificación de reacciones
1,260
Puntos
1,300
Se dejó caer en la cama boca abajo, derrumbado como un tapete mientras escuchaba ese viejo record ¿o era nuevo? En volumen bajo para no despertar a los demás inquilinos. Y en vano, pues últimamente sentía que ni siquiera ese pasatiempo humano que tanto disfrutaba podía mitigar las heridas imaginarias que llevaba trazadas en su piel: la primera, la frígida de Raisa; la segunda, la insípida de Austin; y la tercera, la mujer cabellos de anciana. La última debía ser el corte más profundo y punzante de todos porque, vaya que dolía, y no parecía que fuese a cicatrizar pronto. Y Dylan, sin embargo, lucía tan feliz y radiante como nunca antes.

Entre más alto estuviese, más dura sería la caída.

¿Estaba siendo egoísta? ‘Su felicidad era la suya’, eso solían decir en las telenovelas digi-románticas que sintonizaba en horario estelar de lunes a viernes, pero... ¡Insulso! La felicidad de Dylan no podía ser ninguna de esas personas puesto que cada vez que le veía intentarlo, terminaba siendo más desdichada que al principio.

Sólo él comprendía a su Tamer y sabía lo que necesitaba para conservar la sanidad: una buena taza de té, una enorme piscina y una gran burbuja anti-presiones. También la compañía de su magnífico e inigualable majestuoso ser, claro estaba. Es que, si Yggdrasill y Odín habían unidos sus caminos, se debía a que Gomamon era la única especie digna en todo el universo para acompañar a Dylan. No había margen de error.

De pronto la D-Terminal de la rubia emitió un pitido. Había roto esa promesa de no inmiscuirse más en sus mensajes privados, pero lo hacía por un bien mayor y con el tiempo esperaba incluso que Tanneberger llegase a agradecérselo. Estiró su garra para tomar el aparato sobre la mesa de noche junto a un montón de revistas que su Tamer, levantó la tapa y leyó con calma las letras inscritas:

«Puedes ser uno de mis modelos para el concurso…» «Sería un grandísimo honor, su majestad…»

Rápido se reincorporó, sus ojos brillaron, lució sus filosos dientes: aquella era una pequeña luz entre tanta desdicha. No podía decirse sorprendido, pues sabía que no tan al fondo, el ‘León cabeza de fogata’ era su fiel súbdito y admirador.

«Tienes suerte de que el mismísimo Rey del Digimundo esté dispuesto a ayudarte, pelafustán en llamas. ¡Bah! Pero no te confundas, esta no es otra de mis maravillosas y desinteresadas obras de caridad, tendrás que pagarme...»


[...]


—Te tengo.

Gaia había tropezado con un viejo muñeco de trapo que dejasen tirado Taras y Dex en medio del salón. Dylan lo pateó suavemente hacia uno de sus costados ocasionando que quedara atrapado debajo de uno de los sofás y se reprendió en su cabeza. ¿Cómo no lo vio antes? Era un terrible obstáculo, mortífero letal funesto peligro para su novia cuando se suponía que debía protegerle. Suerte que sus perezosas piernas reaccionasen rápido dando un par de zancadas para alcanzarle, rodearle y sostenerle antes de que perdiese el equilibrio. La modelo se había arrebatado la venda de los ojos a causa de la impresión, así que cuando Dylan alzó la vista se topó con sus pupilas grisáceas. La cercanía entre ellas le permitió redescubrir por milésima ocasión todas las facciones de su pareja; se estaba convirtiendo en uno de sus pasatiempos favoritos:

El estado natural de Zaytseva era uno tranquilo, quizá frío, aunque indudablemente reavivaba y se mostraba más cálida cuando compartían tiempo a solas. Pero en esos instantes su ceño se hallaba ligeramente arrugado y sus manos apretaban su ropa a la altura de los hombros, su mandíbula parecía tensa. ¿Se encontraba molesta? ¿Asustada? ¿Decepcionada? Cuando el examen terminó, Tanneberger tiró de ella haciendo que entre sus cuerpos no quedase más espacio y deslizó una de sus manos por toda su espalda hasta llegar a su nuca. Sus dedos se entreveraron en la suave y lisa cabellera de Sashenka mientras percibía sus acelerados latidos, lo cual hizo que su propio pulso se disparara más rápido.

—¿Tienes miedo? —preguntó la Expert.
—No —negó con la cabeza, ambas hablaban en voz baja—. Sabía que estabas ahí.
—No dejaría que te sucediera algo malo.

A Dylan ya no le parecía conveniente que Gaia hubiese mandado a volar el retazo de tela que cubría la mitad de su rostro y le mirase de frente, pues sus pómulos estaban adquiriendo esa tonalidad como la de un atardecer en medio del desierto. Ya era toda una costumbre, aunque no por ello dejaba de ser vergonzoso. Respiró hondo y tras un rato sin decir nada, recuperó una pizca de calma que quiso retransmitir a la albina. Su mano seguía jugueteando con su cabellera mientras la otra le sostenía firme de la espalda

—¿Quieres seguir intentándolo? —Sus bocas estaban a menos de diez centímetros de distancia, lo que acrecentaba las inmensas ganas que tenía por besarle, pero resistió el embate. Se lo debía a sí misma.
—Sí.

Tal vez su postura era demasiado manifiesta, ya que antes de que recogiera el pañuelo del piso para vendar los ojos de Aleksandra, esta le tomó de las mejillas y le plantó un suave beso exactamente en donde terminaba la curvatura de sus labios. En respuesta, su corazón dio un vuelco y su indolencia se transformó para concebir una sonrisa que perduró hasta que todas las partes estuvieron listas para reanudar la terapia anti-claustrofobia.

La ucraniana se paró en medio de la habitación y la otra europea se alejó hasta quedar cerca de la salida hacia el pasillo, junto a una repisa que presumía de fotografías enmarcadas que iban multiplicándose al paso del tiempo. Todas ellas tenían como protagonistas a Halsey, Gaia, Dylan y sus compañeros digitales.

—Siguiente pregunta —dijo la rubia, lo cual significó la señal de salida para la albina.

Desde que comenzaran con aquello, alguna propuso una mecánica de preguntas y respuestas para tornar las cosas más atractivas. De esa forma Dylan no solamente llamaría a Sashenka por su nombre sino también conversarían sobre cosas de importancia que mantendrían distraída a la modelo y dejarían en un segundo plano su fobia. A ciencia cierta, ninguna sabía en qué momento las interrogantes pasaron de ser acerca de sabores de golosinas, reseñas de libros y estilos de ropa a asuntos más sustanciales.

—Sé que no has estado con ninguna otra antes, pero —lo que venía a continuación era algo que Tanneberger había deseado preguntar. Se armó de valor mientras admiraba una de las fotografías en donde solamente salían Zaytseva y ella muy cerca una de la otra, con gestos sonrientes. Ninguna miraba hacia la cámara así que la escena lucía como algo totalmente genuino. Fue gracioso lo difícil que fuera convencer a Gomamon de que esa era una imagen digna de encuadrar— ¿te gustan las chicas?
—Me gustas tú —Dylan sintió una pequeña alegría, no obstante, no estaba satisfecha con la respuesta.
—Y yo soy una chica —Sasha andaba a pasos cortos pero seguros y con sus manos al frente para no chocar contra algún mueble, gracias a su buena memoria recordaba en dónde estaba situado cada objeto lo cual tornaba todo más fácil—, entonces tu respuesta es afirmativa.
—Si soy honesta, no suelo pensar en ello —el andar de Gaia se hizo más lento y giró un poco hacia su izquierda, tal cual aguja de una brújula apuntando hacia el norte, o hacia Tanneberger—, me es indiferente el género cuando alguien me agrada. Hay cosas más importantes que la apariencia exterior.
—Lo entiendo —de verdad lo comprendía, sin embargo, viendo todo desde una perspectiva general eso significaba que la Medium podía caer por cualquier persona—. Has estado con chicos, así que puedes decir con mayor confianza que te gustan los chicos, ¿cierto?
—Esa es otra pregunta y ahora es mi turno.

Tanneberger torció su mueca experimentando un trago amargo mientras Zaytseva sonreía en un gesto ladino. Pese a que su curiosidad aún no llegaba al límite, reconocía que la otra chica tenía la razón, así que lo correcto era esperar a su siguiente turno.

—Okay —respondió a secas.
—¿Te gustan los chicos? —la pregunta resultó espontánea, un tanto ruda, tan fuerte como trago de alcohol en una calurosa mañana. La rubia meditó unos instantes.
—No de esa manera —sus dedos se deslizaron hacia otra fotografía en donde aparecían las inquilinas del piso acompañadas por su amigo Rhydian Taylor. Todos posaban contentos en medio de una travesía por el Bosque Inquebrantable—, lo siento.
—¿Por qué te disculpas?
—Cada vez que surge eso —hizo una leve pausa para observar a la soviética quien se desplazaba lenta pero segura, bastante segura. A simple vista parecía tener el completo control de sus temores. Estaban a menos de un metro de distancia, por lo que procedió a moverse hacia otro sitio—, cada vez que surge eso veo a mi madre reprobándome —Zaytseva se detuvo al detectar la voz de Tanneberger desde una dirección distinta, sus facciones volvieron a endurecerse—. Lo siento por ella.
—¿Ella no lo comprende? —se mantuvo estática agudizando su oído.
—De haber podido decírselo, estoy segura que no hubiese saltado de alegría. Qué pereza —estiró sus brazos hacia arriba para destensar sus músculos y ahuyentar el sopor de su holgazán cuerpo, mientras tanto la aguja de la brújula giraba para encontrar otra vez el norte. En eso, Dylan idealizó cierta cosa—. Acabas de hacer tres preguntas en una sola ronda. Eso es trampa, Aleksandra.
—Ha sido una sola pregunta con un par de bifurcaciones —se defendió la albina.
—Falacia.

Debido a que su novia iba recortando una vez más la brecha entre ellas, la germana se echó hacia atrás. Quería prolongar el jugueteo entre ellas lo más posible porque cada vez que le escuchaba hablar sobre cuestiones personales, sentía más curiosidad acerca de ella. Pero la noche no era larga y sus cuerpos acusarían el cansancio tarde o temprano, así que más le valía a Tanneberger arrojar la pregunta estelar. Era ahora o nunca:

—¿H-has estado enamorada? —se reprendió por titubear al balbucear. Tosió un poco y desvió su rostro hacia el techo, pues sentía que Sashenka le vapuleaba con una mirada asesina inclusive detrás de la venda. Alucinaciones suyas.
—¿Por qué quieres saber eso? —de pronto le pareció que la ucraniana había dejado los cortos pasos para andar casi corriendo. Más alucinaciones suyas.
—Porque eso es parte de ti.

Continuó retrocediendo hasta topar de espaldas contra una pared pintada de un inquietante blanco quirófano. No había escapatoria. Una zancada más y, cuando Gaia estiró sus manos hacia el frente, encontró otras manos que le recibieron y sujetaron las suyas. Dylan estaba muy cerca, la albina sentía su entrecortado aliento lo cual supo traducir como un leve nerviosismo. Ninguna de ellas dijo nada. Inclusive cuando la rubia estaba deseando fuertemente que su persona favorita respondiera su pregunta. Pero tal vez la respuesta estaba ahí; flotando en el aire como una nube de humo transparente. Resignándose a que Zaytseva no iba a arrojar sus pensamientos en voz alta, Tanneberger procedió a quitarle la venda del rostro.
Lo hizo lento permitiendo que las yemas de sus dedos acariciaran las mejillas y las cienes de la otra mujer. No temía a lo que fuese a encontrar, pese a que sentía un ligero cosquilleo en la boca del estómago que no le permitía estar enteramente tranquila. No. No tenía miedo. Era sólo curiosidad. La ucraniana nunca le había dado motivos para desconfiar...

Como era de esperarse, Gaia estaba tan tranquila tal cual si hubiese despertado de una siesta. La cena y el té dejaron de pasear en el rollercoaster instalado en las entrañas de Dylan.

—Lo entiendo —dijo toda vez que sus ojos verdes se cruzaron con los de la otra chica.
—¿Tú lo has estado? —preguntó ella en contraparte.
—Eso creo —Tanneberger enfocó por un segundo el piso y luego volvió a Zaytseva—. Esa ha sido tu pregunta —pestañeó lento, con mucha pereza y suprimió un gesto divertido—, es mi turno otra vez.

Para Sasha aquella era una mala treta con la cual Dylan pretendía igualar partes. Ladeó un poco su cabeza y arqueó una de sus cejas mostrando su descontento, pero casi enseguida la germana tomó con una mano su barbilla y le obligó a devolver la posición natural de su cuello. Eso provocó que ambas terminasen sonriendo.

Se suponía que era el momento perfecto para compartir un gesto afectivo más profundo que una simple mirada cómplice. La albina despegó un poco sus labios, pero la rubia dudó en romper el hechizo que le mantenía como una estatua. Y no era que no sintiera deseos de intimar con su pareja, en realidad seguía conteniéndose. Lo negativo era que todo se acumulaba dentro de sí y no sabía de qué manera terminaría liberándose.

Porque se lo prometió a sí misma. No sería irrespetuosa con el cuerpo de Zaytseva hasta poder probar un punto.

—¿Qué sucede? —preguntó la modelo tras colocar sus brazos sobre los hombros de la nadadora.
—Me gustas.
—Creo que eso es obvio —porque era su novia, pensó la ucraniana—, pero gracias por recalcarlo.
—Blasfemia, me refiero a que —repuso la otra chica rápido—, eres muy atractiva, pero me gusta charlar contigo por igual.

En ese principio de acción-reacción, la acción había sido suya y allí tenía la reacción de Gaia: sonriendo de una manera más provocadora de lo normal para intensificar la situación. Qué molesta se sentía con Isaac Newton en esos instantes. Contuvo la respiración un rato pensando que así podría impedir que sus mejillas tomasen otra vez aquel molesto rubor, inútilmente. De cualquier forma, dicho lo dicho no había más motivos para seguir con su postura. Sus hombros se relajaron y sus manos se escurrieron por los costados de Sashenka mientras unía su boca a la de ella disfrutando de un largo y confortable beso.


[...]


«¡¿Qué?! Pero... Está bien. ¿Comida? ¿Efectivo? ¿Digi-Pay-pal?».
«¡Bah! ¡Infame! El Rey del Digimundo no necesita esas cosas banales. Lo que Su Majestad desea es algo específico».
«Nómbralo de una vez antes de que me arrepienta, ¡oh, su gran bajeza!»
«¡Antorcha con patas! Debes enviar todas mis gloriosas fotografías a una revista. Quiero ser una modelo...»




Bishamon Bishamon escribo muy rápido, joh (-8
 
  • Me gusta
Reacciones: Bishamon y Hathaway

Bishamon

All I aspire is in your eyes forever to live
Moderador
Registrado
12 May 2008
Mensajes
5,126
Calificación de reacciones
2,531
Puntos
1,600

Por más dulce y agradable que fuese sentir sus labios acariciar los suyos, el aire les jugó en contra. Sashenka se desprendió de su pareja sin prisa, abriendo los ojos con calma y el deseo de poder verse reflejada en los verdes de DTB. Pero estaban tan cerca que forzar la vista resultaba un poco incómodo, así que hizo ademán de reír; terminó por reposar la frente sobre el hombro derecho de la nadadora. Su aliento erizó la piel de quien la acobijara entre sus brazos al tiempo en que ella afianzaba cada mano a la altura de los antebrazos de la otra chica. No sabía si fue cosa suya, pero pudo percibir cómo Dylan se hubo relajado. Estar así le transmitía calidez.

No se aprovechaba de que la Expert no pudiera verle a la cara, empero así se sentía si lo meditaba desde afuera. El recuerdo de una de las preguntas llegó a sus pensamientos acompañada de una imagen puntual: Ivan. Era como si pudiera verlo, parado a un lado de ambas mientras les observaba. Sintió picor en sus ojos, mas no se permitió sucumbir a las emociones. Shura retomó la mejor postura para ver a su novia a la cara porque tenía algo que contarle y le constaba que ya no les quedaba mucho tiempo para estar despiertas, retozando.

—No eres la única que siente pereza con eso de —alzó la mirada un instante—, tener que ser honesta con la familia y así… —Dylan mostró interés en sus ojos—. Mi mamá tampoco saltaría de alegría —rio en lo que pasaba sus manos por su propio rostro—. Ni siquiera mi papá por más complaciente que sea conmigo…
—Yo creí que serían más liberales —confesó sorprendida aunque su tono no lo diera a notar—, por cómo eres.
—Ya la decepcioné una vez o varias veces —inclinó la cabeza hacia abajo—. Pero en estos temas, una vez… —la rubia le tocó el mentón invitándola a subir la mirada; toda vez se encontraran se regalaron una sonrisa corta—. No estás sola en esta batalla —el esbozo intentó volverse risa, no obstante Tanneberger atrajo su cuerpo al suyo para poder abrazarla con fuerza.
—Qué pereza —pronunció con su habitual tono aunque las dos cedieran a lo cómico del asunto segundos después. Gaia le besó la mejilla un par de veces.
—Creo que deberíamos ir a dormir —la germana soltó un “no” —. Dylan, seguro te mueres de sueño.
—No es cierto —si fuera verdad sería capaz de negarlo porque sus ganas de estar así, como en ese instante, podría ser más fuerte que el cansancio… o eso quería creer; igual Morfeo no reclamaba su presencia con tanto ahínco—. Puedo resistir un rato más —buscó el reloj de pared—. Es la una ya…
—El tiempo se nos fue volando —Shura también miró hacia el aparato.
—Sí —volvió a verla—, pero no quiero dejarte ir aún…
—Entonces —entrecerró sus orbes de forma sospechosa, como si tramara algo—, ¿por qué no hacemos un poco de té?
—¿Té? —Las pupilas se le iluminaron.
—Sí, no vendría mal.

La alemana se separó de ella exudando emoción, casi como una niña pequeña cuando le pedían hacer algo súper importante. Primero le pidió que aguardara un segundo porque debía buscar los preparativos en su cuarto, sin embargo a mitad de camino se dio la vuelta. Zaytseva todavía no se movía de sitio. DTB regresó hasta ella, pues había recordado que en la cocina debía quedar suficiente especias para hacer uno de sus favoritos. Las dos caminaron agarradas de la mano, la heroína casi tirando de la albina; esta optó por esperarla en el comedor. Ver a su pareja actuar de esa forma le resultaba conmovedor, hacía que su corazón repartiera por todo su ser un sentimiento genuino de confort. Le ponía contenta y probablemente lo mismo ocurría con la otra europea.

Shura tampoco quería irse a dormir ya. La ucraniana creía que no podría conseguir pegar los ojos hasta no reflexionar un poco sobre algunas interrogantes y respuestas que no fueron dichas en su totalidad porque, quizás, no era el momento para sacarlas de su interior. ¿Cuándo sería propicio, entonces? La cosa no era quién iba a recibir la información, sino lo rápido que podrían ir las cosas si se ponían a hablar de asuntos demasiado personales. Quién sabe, tal vez exageraba.

[…]

Vanya repasó el último mensaje que recibiera del ególatra digimon más de dos veces, sobre todo el final de aquella petición tan extraña. Para todo lo que pudo haber pedido a cambio, que ni siquiera tenía sentido que su propia tortilla se virara tan drásticamente —gruñó de solo pensarlo—, eso era fácil.

«¿Una modelo…?» No conocía el uso de los puntos suspensivos ni se imaginaba que haberlos puesto ahí encajaba perfecto para dar a entender cuán desorientado estaba.

«¡Sí! No me hagas repetirme, antorcha» «Eso o nada, tú decides» Volvió a ponerse fuera de línea.

Coronamon continuó con el asombro tatuado en el rostro.

—¿Qué no era niño…? —Una gran incógnita que no podría responder ni buscándolo en el digi google. —¿Debería…? ¡Qué extraño todo! —Encogió los hombros.

Mandar imágenes de la foca no parecía tan mala idea para ganar bits pues tenía su fama; estaba casi seguro que ese restaurante que le dedicaron compraría todas las fotos y que con ayuda de una buena labia podría lograr que alguna revista se interesase también. Se volvería un grandioso negociante.

[…]

Tanneberger dejó todo lo que requerirían sobre la mesa y justo cuando iba a servir el caliente líquido, su pareja le pidió que le dejara hacerlo. No era algo complejo ni que requiriese una serie de pasos para llevarse a cabo, tan solo quería agradar a la germana aún más. En vez de mirar el proceso, DTB se centró en deleitarse con el rostro de la eslava; su corazón saltaba de alegría.

—¿Te había dicho que en Ucrania aman el té? Tanto o más que la cerveza —al no recibir respuesta inmediata enfocó a la otra tamer sin esperar que esta la estuviera mirando. DTB suspiró.
—Creo que una vez lo mencionaste —Sasha levantó un poco más los párpados, diciéndose en su interior que siempre sí su novia le escuchó—. Saberlo me complace. Ya tengo un motivo para visitarle —aspiró el aroma de su bebida con suavidad.
—Ah, una razón más poderosa que yo, ¿no? —Bromeaba.
—Tú ya estás conmigo —probó el té, perdiéndose la expresión de la medium tras escucharle. Cuando Dylan volvió a hacer contacto visual con ella notó que sus mejillas yacían enrojecidas, que la taza se encontraba entre sus manos y que sus orbes apuntaban hacia abajo—. ¿Pasa algo? —Zaytseva negó en silencio.

El ruido abrupto de la puerta principal las sacó del ambiente de quietud llevándolas a mirar hacia allá, luego entre sí con la misma inquietud. Sea quien fuese la persona al otro lado parecía apurada. Gaia fue la primera en ponerse de pie. Su pareja imitó sus movimientos alcanzándola para quedarse al inicio del pasillo y así escuchar cuando vociferaran su nombre. Reconoció esa voz.

—¿Andrew?
—¿Lacrosse? —El aludido intercaló miradas entre las otras dos mujeres, abriéndose camino hacia el interior junto a una chica que apenas podía sostenerse de su hombro y sobre sus pies. Detrás del par entró el digital del varón.
—¡Te dije que te quedaras en el departamento! —Monodramon respingó, enseguida sintiéndose torpe por haber faltado a su tamer. —Digimon estúpido —refunfuñó.
—No tienes que hablarle así —pronunció Shura viéndole retornar al apartamento que alguna vez fue de DTB.
—¿Qué sucede y quién es ella?
—Quiere ocupar un baño pero el único disponible que tengo está ocupado —su mueca jocosa fue algo sugerente para completar lo que faltara en su frase.
—Está borracha —la rubia se acercó a ambos al ver que la chica por poco se le caía de las manos—, y seguro tú también.
—¿Yo? Sabes que tengo buenísima resistencia, Blonde.
—Te ayudo con… —Dylan le dijo que no hacía, falta que entre Andrew y ella podían.

Los tres se desplazaron por donde les guiase quien viviera en el departamento bajo la mirada extrañada de la modelo. Por curiosidad echó un vistazo al pasillo y si avanzaba los pasos que hicieren falta para arribar al tapete de la entrada, escucharía la alta música con claridad. El muy sociable amigo de la perezosa tenía una gran fiesta montada en un espacio tan pequeño. Interesante. Al retornar a su morada se detuvo de repente al verlo recargado de una de las sillas del comedor sin la Expert ni su invitada cerca. Que avanzara provocó que él notara su presencia y que, sin pensarlo dos veces, pronunciara su nombre como CD rayado. Que sus ojos ladearan por su silueta de arriba hacia abajo iba incluido en el paquete.

—¿Quieres un poco?
—¿De qué? —Carcajeó un tanto. —¿De ti?
—De té —señaló con el pulgar las tazas y la tetera que contuviera agua caliente.
—No, qué horrible —continuaba riendo sin que hubiese algo verdaderamente gracioso en medio—. No es lo mío… pero veo que Dylan te está entrenando.
—¿Entrenando? —Qué palabra tan curiosa, pensó.
—Me refiero a que te está inculcando sus gustos —apoyó la espalda de una silla, se cruzó de brazos y giró la cabeza hacia Sasha—. Porque no pareces amar el té.
—Eso no lo sabes —arrastró su taza para darle un sorbo.
—Claro que lo sé —esperó a que ella hiciese alguna mueca al degustar las insípidas hierbas—. Como también sé que las chicas no son tu tipo y que solo quieres probar —y si buscaba una reacción, por supuesto la obtendría con esa conjetura. Gaia dejó el té sobre la mesa para evitar que se le resbalara de las manos por alguna ocurrencia más de Andrew—. Dylan es muy ingenua.
—¿Estás queriendo lucir como el amigo preocupado o estás indignado por lo ocurrido?
—¡Me engañaron! —Se puso de frente, señalándose a la altura del pecho. —Pero todo lo que digo es presentimiento, porque conozco a muchas mujeres.
—Tu presentimiento es erróneo —habló en tono más bajo.
—¿Cuántas novias has tenido? ¿Con cuántas mujeres has estado? —Sonrió de lado.
—¿Eso qué tiene que ver?
—Estás probando… estás probando con la chica equivocada.
—No comprendo.
—Dylan no es material de prueba —se acercó más para también hablar más bajo.
—Entonces deja de tratarla como si lo fuera, porque no sé de dónde sacas que para mí lo es —lucía imperturbable aunque por dentro estuviera casi ardiendo por las acusaciones injustas.
—¿Tienes un plan para ella? —Sashenka levantó una ceja. —¿Un plan de vida para ella? Para ofrecerle estabilidad, seguridad… —Los hombros de la eslava decayeron—. Porque se lo merece.
—No —confesó casi inaudible, con la mirada puesta en algún punto del suelo y la facción ensombrecida.

El chico no volvió a decirle nada más gracias a que su conocida y la amante del océano reaparecieron. La razón de su tardanza fue que la chica no solo orinó, sino que vomitó todo lo que había ingerido que no era más que alcohol. Dylan atizó a quien fuese su compañero de colegio, entregándole su paquete de dos piernas que no paraba de decir lo mal que se sentía.

Shura agarró su té, tratando de no interferir en el intercambio de palabras que suscitaba entre los conocidos; asimismo se marchó directo a su habitación, queriendo convencerse de que era lo más urgente que debía realizar en ese momento.


Verwest Verwest cuando la inspiración ataca (?)
 
Última edición:
  • Me gusta
Reacciones: Hathaway y Verwest

Verwest

The house is mine
Registrado
6 Ago 2007
Mensajes
2,161
Calificación de reacciones
1,260
Puntos
1,300
—Me siento mal —repitió por décima ocasión chica ‘x’, Dylan lo leyó de sus labios porque no le permitía escuchar una fuerte música—, me siento muy mal.
—No sigas bebiendo —pronunció lento, alto y muy claro.

Andrew llevaba a quien actuaba entorpecida por el alcohol por un lado mientras Dylan le sostenía del otro, solamente de esa manera consiguieron trasladarla al antiguo departamento de la germana. La puerta estaba abierta y desde que puso sus pies sobre el tapete de entrada, la Expert detectó que la música provenía de ese sitio, el cual también estaba plagado por especímenes humanos del género femenino; unas diez chicas y ni un solo ser digital, charlando, bebiendo y respirando el mismo oxígeno dentro de un espacio de cuatro por cuatro metros. Así de pequeña era la sala que también servía como comedor y, ahora también, salón de baile.

So, ¿qué están celebrando? —preguntó con curiosidad Tanneberger mientras hacían espacio en un sofá para recostar a la chica que caía en letargo. Le pareció que sería una buena manera de iniciar conversación, pues tenía algo importante que quería comunicarle al norteamericano.
What? —gritó Drew.
—¿Qué-están-celebrando? —Dylan levantó la voz.

Chica ‘x’ debía estar terriblemente agotada porque lucia imperturbable en medio del escándalo. Le cubrió con una ligera manta y luego enderezó su figura a la par de Drew, uno frente al otro, lo suficientemente cerca para poder mantener una charla con un tono de voz moderado.

—Esta no es una celebración, Blonde, es una reunión de negocios —dijo Taggart con una filosa sonrisa. Era evidente que llevaba varias cervezas y su tolerancia no era la de Superman, pese a que eso solía clamar—. Todas ellas son potenciales clientes —prosiguió acercándose más a su amiga.
—Debes estar bromeando —Tanneberger se cruzó de brazos incrédula. Esa vieja broma acerca de ‘Donador de orgasmos’ estaba escalando posiciones y temía que el castaño terminase dedicándose a la prostitución en su departamento, dicho en palabras profesionales.
—No te preocupes —Andrew guiñó su ojo izquierdo—, no suelo llevar ‘esa parte del trabajo’ a casa.
—¿Quieres beber algo? —interrumpió una tercera persona que, como era de esperarse, resultó ser otra chica. Ambos torcieron sus cuellos hacia ella.
—Podría usar una cerveza —contestó el varón.
—No hablaba contigo, Drew —djo chica ‘y’ antes de pasar de largo para dirigirse a Dylan.
—¡Uh! ¡Rude! —protestó burlándose de sí mismo.

Tanneberger estaba francamente sorprendida. Sus ojos se abrieron un poco más y su cuerpo se puso tan rígido como una barra de metal. Chica ‘y’ puso una de sus manos sobre su hombro, lo que acrecentó su incomodidad.

—No bebo —respondió impasible y negó con la cabeza—, pero eres muy amable, gracias.

En ningún momento hizo contacto visual directo con la chica, y cuando sintió que aquella mano se retiraba de su cuerpo, sus pulmones volvieron a funcionar. Anestesia emocional en cada calada de oxígeno. Se mantuvo así, sin buscar demasiado el motivo por el cual necesitaba desconectarse de otras personas de esa forma, incapaz de mascar chicle y de caminar al mismo tiempo.

Taggart miró a chica 'y' marcharse desdichada mientras Dylan se sacaba el polvo de la ropa, figuradamente. Quizá la morena no era del agrado de su amiga, o quizá simplemente no le parecía buena suficiente porque a ella le gustaban las modelitos de talla perfecta que aparecían en las portadas de revistas. «True fact», pensó. En eso, una idea surcó por su mente.

—Hey, ya que estás aquí, ¿por qué no te quedas un rato? Hay más chicas por allá.
—Estoy con Gaia.
—Pero mira la hora —Lacrosse apuntó al reloj en su muñeca—, probablemente Sasha se ha ido a dormir —Dylan tosió un poco y aclaró su garganta, luego enfatizó sus palabras:
—Estoy-con-Gaia —hizo una pausa para captar la reacción del varón, que resultó ser asombro mezclado con desconcierto—. Quiero decir, estoy con ella y ella es mi...
—¿Segura de eso? —no permitió que Dylan terminara su sentencia.
—Bueno —habló divertida—, la última vez que se lo pedí dijo que sí.
—Bueno —Drew imitó su tono—, la última vez que flirteé con ella parecía sentirse muy halagada.
—¿A qué te refieres? —la rubia endureció su semblante.
I know you f*ck her, pero ¿estás segura de que es algo serio?

Tanneberger se cruzó de brazos por segunda ocasión sin pronunciar palabras. Esa sonrisa petulante en la cara del varón estaba comenzando a tornarse un poco molesta. ¿A dónde iba todo aquello? ¿Acaso Andrew estaba inquiriendo que había algo entre la modelo y él?

—Okay, ¿estás diciendo que le gustas a Sasha? —decir lo último le pareció un mal chiste. Blasfemia, esperaba que por favor fuese un mal chiste.
—No pudo rechazarme, hasta que descubrí que no estaba disponible —Andrew tenía cero intenciones de dar marcha atrás, Dylan estaba incrédula.
—Blasfemia... Blasfemia —se repitió a sí misma—. Todo esto es acerca de tu ego herido —replicó con testarudez, aunque sabía que Sawyer tenía un poco de razón. Ella misma se preguntó por qué durante el incidente de Halloween, la ucraniana había tardado tanto en ponerle un alto al chico.
—¡No! —exclamó Drew de repente— ¡Es acerca de ti y que puedes salir lastimada porque a Sasha le gustan los chicos!

Dylan cerró muy fuerte sus ojos y se llevó las manos a la cabeza. La música golpeteando como un martillo dentro de su cabeza le estaba provocando una terrible jaqueca que no le permitía razonar correctamente las cosas. ¿En verdad era tan disparatado lo que decía Andrew? Enfocó al chico y le sostuvo la mirada hasta que otra chica se atravesó en medio de ellos. Esta le dio una cerveza a Drew y luego se lanzó sobre su cuello demandando un poco de afecto. El norteamericano bebió de la botella de cristal y luego de la boca de la desconocida. Un instante después ambos reían como locos.

Sí. Su amigo estaba ebrio, se convenció Dylan. Así que nada de aquello tenía sentido.

—Lacrosse —llamó a Sawyer antes de dirigirse hacia la salida para que le acompañase. Sellaron la puerta para sofocar el ruido y de pie en el pasillo reanudaron su charla—. Sasha es mi novia —dijo Dylan. Sacarlo de su pecho en un tono muy seguro le hizo sentir calma. Sentía también que no era necesario explayarse en explicaciones más allá de su declaración. Drew encogió los ojos y sonrió de lado.
—Posesiva.
—No lo digo de esa forma.
—Okay.

Andrew tomó otro trago de su bebida mientras miraba intensamente a Dylan. Con su diestra, la chica cubría disimuladamente su boca. ¿Estaba ocultando una sonrisa? Eran como procesos fisiológicos con vida propia y él podía verlos en una maldita radiografía. Cada vez que surgía cualquier tema relacionado con la ucraniana, el encefalograma de la germana se ponía plano, el asqueroso arcoíris gay se asomaba por todo el firmamento y el rostro de la chica se iluminaba porque, ¿se sentía feliz? Vaya peligrosa arma de doble filo.

Las relaciones en su libro de vida eran una cosa jodidamente complicada, insensata y demandante en la cual una de las dos partes siempre salía perdiendo, y necesitaba hacérselo entender a su amiga antes de que fuese demasiado tarde. Soltó una risotada.

—Hay algo más que he querido decirte —se recompuso para escuchar a Dylan, a quien veía por partida doble. Consideró deshacerse de su cerveza, no obstante, desechó de inmediato la idea para achacar sus males al cansancio, el clima, el Gotsumon del supermercado, la nueva canción de Kylie DigiMinogue, lo que sea—, necesito tu ayuda.
—Habla.
—Gomamon está teniendo un —Tanneberger se detuvo dado que no sabía cómo describir exactamente lo que sucedía con su compañero digital—...mal tiempo. Necesita un amigo. ¿Crees que Monodramon quiera pasar un poco de tiempo con él?

Otra risotada, esta vez más fuerte.

—¿Por qué ríes? —preguntó la chica con la emoción de una piedra. Pestañeó un par de veces y luego suspiró con pereza—. Qué pereza.
—Lo siento —pronunció a duras penas Taggart, su respiración era agitada—, lo siento, pero no va a funcionar.
—¿Por qué no? —A Gomamon parecía agradarle Monodramon, pensó Dylan. ¿Estaba siendo ingenua?
—Gomamon solo ve en Monodramon un fiel súbdito —el chico rodó sus ojos—, eso no es un amigo.

Los hombros de la germana decayeron un poco, así como también sus ánimos. Le costaba admitirlo porque no sabía de qué otra forma podía ayudar a su compañero acuático, pero Lacrosse estaba en lo cierto. Miró la hora en su iC.

—Gomamon te necesita a ti. Fight your own fights —le dijo el varón antes de despedirse.


[...]


De vuelta en casa de Halsey, Tanneberger encendió las luces: la habitación que utilizara para practicar ‘autocontrol claustrofóbico’ estaba impecable, todo yacía en su lugar excepto esa persona. Caminó arrastrando sus perezosos pies y pasó su mano por encima del largo respaldar del sofá con aires pensativos. Comprendía que era tonto suponer que Gaia seguiría ahí, atrincada esperándole después de una charla de media hora con Lacrosse. Es que eran casi las dos de la mañana, por Yggdrasill. A pesar de todo, sentía una ligera inquietud en su pecho por no haber podido despedirse.

La habitación de la modelo estaba a tan sólo unos cuantos pasos de distancia, Dylan contuvo los impulsos de correr hacia ella. Ese ejercicio en el cual intentaba no poner sus manos sobre el cuerpo de Zaytseva cada que le tenía a menos de un metro aún no terminaba, así que se obligó a andar exactamente en la dirección contraria. Lo primero que hizo al entrar a su pieza fue observar a Gomamon y a Dexter durmiendo tranquilamente en sus camas, luego se lanzó sobre la suya y tomó su D-Terminal.

«Lamento la irrupción de Lacrosse. Buenas noches.»

Devolvió el aparato sobre la mesa creyendo que su novia estaría disfrutando del quinto sueño, pero se sorprendió al encontrar una réplica casi inmediata. Regresó al aparato como un resorte.

«¿Hablaste con él?.»

Recitaba el mensaje de Zaytseva, Tanneberger meditó un rato. ¿Cómo sabía la modelo lo que hablase con Taggart? Tal vez había mencionado sus inquietudes acerca de Gomamon y su idea sobre Monodramon en alguna de sus charlas.

«Sí, y creo que tiene razón.»
«...¿De verdad lo crees?.»
«Sí.»
«Buenas noches.»




Bishamon Bishamon tsss
 
  • Me gusta
Reacciones: Hathaway y Bishamon

Verwest

The house is mine
Registrado
6 Ago 2007
Mensajes
2,161
Calificación de reacciones
1,260
Puntos
1,300
El golpeteo de su puño se tornó desesperado a medida que avanzaban los segundos, hasta que la inquilina de la habitación abrió la puerta. Sus labios se curvaron un poco.

—Estás de buen humor hoy —dijo Gaia mirándole de pies a cabeza.

La ucraniana usaba un fresco vestido de verano que le llegaba hasta las rodillas, ceñido de la cintura gracias a un esbelto listón que resaltaba sus curvas, el escote en su pecho era algo revelador más nunca burdo, y sus cabellos grisáceos caían grácilmente sobre sus hombros descubiertos.

«Estás de buen humor hoy». Había acertado de lleno. Sus miradas le ponían de buen humor, sus sonrisas le ponían de buen humor y la manera en que preparaba su bebida favorita cuando la necesitaba, como si leyera su mente, le encantaba.

—¿No lo estoy siempre? —preguntó con su inexpresividad usual, aunque hubiese deseado sonar divertida. Su novia negó con la cabeza y eso le hizo sentir una pizca de vergüenza, más comprendió gracias a su pequeña risilla que se trataba de una broma—. Tu no pareces de buen humor, Aleksandra —contraatacó, las risas cesaron. Su tono era recriminatorio, pues apenas había podido convivir con la chica en días—, ¿puedo ayudarte con eso?

Tanneberger estiró su diestra y acomodó uno de los mechones de Zaytseva por detrás de su oreja, asegurándose de poder rozar una de sus mejillas en el proceso, después se auto-invitó a pasar. Sus ojos se turnaban entre los ojos de su pareja y sus labios mientras se iba acercando a ella con una sola ambición en mente: encontrar la boca con la suya. Pasó su otro brazo por sus caderas, tiró de ella haciendo que sus figuras chocaran suavemente y meditó por un instante perdiéndose en el brillo que desprendían esas pupilas azules, saboreando el momento. Cuando notó las mejillas de la modelo desprender cierto calor acompañado de un rubor sugestivo, se mordió ligeramente su propio labio y entonces le besó. El contacto fue dulce, como una descarga eléctrica reavivando todas sus terminaciones nerviosas. Era un alivio después de tiempo conteniendo sus emociones.

Dylan tomó a Gaia y le empujó sobre la puerta, lo que provocó que esta se cerrara con un ruidoso golpe. No había escapatoria, le tenía acorralada contra su cuerpo y de esa manera podía besarle a placer, también tocarle. Una de sus manos se deslizó por todo el costado de la modelo hasta llegar al borde de su vestido, jugueteó un poco y luego decidió introducirse por debajo de él para subir lento de regreso. Pero de pronto, su novia le empujó con mucha fuerza lo cual le ocasionó una gran sorpresa.

¿Es que estaba siendo indebida? Quizá imprudente, agresiva, o en el peor de los casos desagradable. Alzó la mirada y por un segundo creyó que recibiría algún reproche. No obstante, la otra chica continuó empujándole hasta hacerle aterrizar sobre el sofá, luego se sentó a horcajadas sobre ella. El desconcierto se transformó en regocijo. Se estiró para alcanzar los labios de la ucraniana con una ligera furia mientras sentía las manos de ésta acariciar su espalda dentro de su camisa. Gaia se arqueó contra ella, arañando su espalda y cerrando los ojos con fuerza, después con un poco de ayuda se sacó el vestido por encima de la cabeza y dejó que Dylan le desabrochase el sujetador. Le tomó de la nuca y los labios de la germana se posaron sobre su cuello.

Tanneberger sentía unas inmensas energías, su cuerpo se activaba todavía más. Antes de que se diera cuenta, su camisa salió volando y había sentado a Zaytseva sobre la encimera de algún mueble. Le sujetaba por la cintura sin despegarse ni un centímetro de ella, le miró y le dedicó una leve sonrisa. El corazón le bombeaba a toda potencia cuando se arrodilló frente a la ucraniana y...

—¡¡DYLAN!!

Despertó inesperadamente. Estaba sentada en el comedor con ambas manos sosteniendo su cara, pero al escuchar el fuerte grito de Gomamon una de sus extremidades resbaló, haciendo que su barbilla sufriera un terrible trastazo contra la mesa. Se quejó entre balbuceos mientras se enderezaba porque iba a necesitar algo para el dolor.

Scheisse —dijo con pereza.
—¡Dyl! Lo siento —se disculpó el acuático al ver que tenía la parte inferior de su quijada de color rojizo—, no quise despertarte de esa manera, lo siento.
—Está bien, no fue nada —intentó sonreír para tranquilizar a su amigo, la foca sonrió de vuelta y luego regresó a la cocina para terminar lo que estaba haciendo—. Discúlpame, ¿qué era lo que decías?
—Preguntaba qué prefieres en tu emparedado.
—Maní y mermelada, por favor.

Aquella tarde, Gomamon se encontraba muy animado gracias a que hubiese pasado toda la mañana en compañía de su Tamer: tan sólo la rubia y él nadando, comiendo, recorriendo las calles de File y divirtiéndose. Dylan lo haría una y otra vez si con ello conseguía paliar lo que sea que estuviese aquejando a su compañero y que no hubiese querido confesarle hasta entonces, pese a que le resultaba muy agotador. Por ese motivo es que había caído rendida sobre la mesa del comedor improvisadamente mientras esperaba los bocadillos que preparaba el Digimon.

Blasfemia. Era como si algo o alguien se burlase de ella. O a lo mejor sólo era una disculpa; un pase VIP a su consciencia que realmente necesitaba porque comenzaba a desesperarse. Como sea, juraba que esos sueños tan lúcidos le iban a matar de un infarto un día de esos.

—¿Por qué estoy haciendo esto? —se preguntó a sí misma, necesitaba recordarlo y validar una vez más que sus motivos eran coherentes, que valían la pena.

Es que últimamente, cada que miraba a la modelo exhibirse en alguno de sus llamativos atuendos, experimentaba unas incontenibles ganas de lanzársele encima. En casa, sentadas en una cafetería, en el centro comercial rodeadas por un centenar de personas observándoles, o en medio de una charla muy importante que requería su completa atención. No importaba el lugar o las circunstancias. Cuando Gaia cruzaba su perímetro de zona segura, Dylan se tornaba aún más distraída de lo normal porque lo único en lo que podía pensar era en... hacer sus fantasías en realidad. «Esto no es sólo físico». Se dijo en su mente. «Tienes que controlar tus impulsos, Tanneberger».

Se llevó las manos a la cabeza, cerró los ojos y ahogó un bufido agobiado para no maldecir en voz alta.

—¡Sdsgdfg! —lo que sea que hubiese querido pronunciar sonó a algo que diría el Monodramon de Taggart.
—¡Dylan, los seres inferiores han acabado con la mermelada!—gritó un indignado Rey desde la otra habitación— ¡Pero qué ofensa! ¡Es imperdonable! ¡Insulso!
—Bajaré al supermercado en unos minutos.

Al recordar a Sawyer, Dylan recordó también que debía comunicarse con él. Rápidamente sacó su D-Terminal y le envió un mensaje de texto. Si el chico no se entretenía con otra chica, un juego de lacrosse o comida americana por el camino, estaría llamando su puerta en menos de cinco minutos. Y así fue. Taggart tocó insistentemente como si quisiera incendiar el timbre, en contraparte Tanneberger se arrastró con pereza hasta el vestíbulo con Gomamon en hombros y abrió apesadumbrada la puerta. Del otro lado estaban el chico, Monodramon y Dexter. Este último saltó de inmediato a sus brazos dando vueltas como una shuriken.

—Él nunca se cansa, ¿cierto? —suspiró pesadamente Drew, Dylan se encogió de hombros.
—Infame ladronzuelo —dijo el Rey con altanería—, deberías sentirte halagado por tener la dicha de convivir con el mequetrefe más cercano a su alteza.
—¡Sdsgdfg! —Monodramon habló o intentó hablar al tiempo que hacía una leve reverencia. Eso interrumpió la discusión sin sentido que estuvieran a punto de iniciar Gomamon y su Tamer.

Halsey y Gaomon seguían de viaje, y Aleksandra y Vanya ocupados en algo. Puesto que el norteamericano y el Baby parecían congeniar bien, creyó que sería buena idea dejar a Dex bajo el cuidado de dicho humano mientras tenía tiempo de exclusividad con Gomamon. Aparentemente no se había equivocado: el pequeño lucía muy animado, sobre todo en perfectas condiciones.

—¿Por qué tienes la barbilla como un tomate? —preguntó Taggart encogiendo los ojos que tenía puestos sobre esa pieza de la cara de la rubia.
—¿Eh? —se sobresaltó un poco.
—¿Está todo bien? —intervino alguien más.

De pronto, Zaytseva emergió desde el sombrío corredor junto a su compañero que iluminaba su contorno como una antorcha. Las piernas de Tanneberger flaqueron un poco, se asió del marco de entrada para no perder equilibrio. Hubiese jurado que su novia no se encontraba en casa, pero ahí estaba ahora y seguramente habían sido los timbrazos enajenados de Taggart los que la hubiesen invocado a escena. Cualquiera pensaría que se encontraría saltando de gusto al verla, pero en aquella precisa situación un montón de imágenes y videos muy frescos en su cabeza comenzaron a repetirse una y otra vez, y otra vez, y otra vez.

Bajó la mirada porque todo su rostro se había enrojecido, sentía un cosquilleo en el estómago a la altura del vientre y su corazón debía estar entrenando para el maratón más grande de la historia.

—Dyl, ¿estás bien? —preguntó Gomamon. No alcanzó a responderle porque Andrew avanzó provocando que se hiciera a un lado para permitirle pasar.
Blonde, tu casa es enorme —llevaba una filosa sonrisa en el rostro mientras recorría el departamento. El lugar era espacioso, sencillo pero de buen gusto, parecía caro. No era que no hubiese sido invitado ni una sola vez al piso donde vivía su amiga, pero ahora tenía un motivo para mirarlo a detalle.
—Por supuesto que es enorme, pelafustán —el acuático sacó pecho, luego frotó su invaluable y brillante corona—. Este es el palacio del Rey, no podía ser de otra manera.
—¿Tu padre sigue llenando tu cuenta bancaria en Digital World? —el chico se dirigió a la germana, pero ella estaba de espaldas.
—Esta no es mi casa —balbuceó quien intentaba tranquilizarse.
—Lo sabes, ¿verdad Sasha? —por ¿casualidad? Los pasos del norteamericano le habían llevado hasta la ucraniana. Estaba lo suficientemente cerca para mirarle a la cara y hablar en voz baja— Dylan es millonaria en el mundo real —alzó sus cejas y ensanchó su sonrisa, Gaia no se removió ni una pizca porque eso significaría otorgarle gusto a quien quería provocar una reacción en ella—. ¿Lo sabes? —insistió.
—Por supuesto que lo sé —respondió secamente.
—Vaya, ya entiendo —fue como si el varón sacara conclusiones acerca de algo.
—Lacrosse —la rubia le tomó del brazo y le dirigió a la salida.

En su trayecto apenas se atrevió a mirar de soslayo a Zaytseva, temía que fuese a perder sus pocas fuerzas porque ella era su flaqueza. Tanneberger abandonó el sitio casi corriendo, como si huyese de algo junto con Gomamon, Dex, Taggart y Monodramon. Necesitaba despejar su mente entre frutas, verduras, comestibles enlatados y demás cosas cotidianas que pudiese encontrar en el supermercado.



Bishamon Bishamon dele
 
  • Me gusta
Reacciones: Bishamon

Bishamon

All I aspire is in your eyes forever to live
Moderador
Registrado
12 May 2008
Mensajes
5,126
Calificación de reacciones
2,531
Puntos
1,600

La expresión instantánea de Andrew había sido bastante reveladora a ojos de la medium. Otra conjetura que se sumaba a la lista mental de suposiciones alrededor de sus intereses para con Tanneberger. Por favor, ¿de qué le serviría el que su novia fuese millonaria del otro lado del universo, si en el digimundo no era así? Ahí, lo que alguna vez fue, no salía del cajón de los recuerdos. A Sasha le dieron ganas de mofarse, sin embargo optó por otra cosa desde que les viera a punto de cruzar el umbral.

Con calma alzó la voz, pronunciando el nombre de la rubia. Todo el que la acompañara volcó su atención hacia ella, sintiéndose algo pesado por como le mirara Gomamon y el humano. Irónicamente, Dylan fue la última en corresponder al llamado sin muchas ganas de perder ante el impulso de cortar la distancia. Su respuesta fue tímida, pero su pareja no le dio importancia; no en ese instante. Para no prolongar el silencio caminó queriendo acercarse.

-Solo quiero… -sus azules ubicaron a Lacrosse, luego a Dylan, otra vez al muchacho y finalmente a la expert en vista de que su gesto no fuera comprendido por la última-. No pasaré la noche aquí -soltó de repente, como si hubiera agarrado valor cuando no lo necesitaba. Fue más evidente la reacción del invitado de la germana que en ella misma-. Quería que lo supieras para que no te preocuparas…
-Okay -¿Okay? Se empezó a recriminar mentalmente. Por ello separó sus labios en pos de añadir algo más de no haber sido interrumpida.
-¿Qué te pasó? -Señaló su propio mentón, logrando que DTB diera varios pasos hacia atrás casi hecha un manojo de nervios. Con sus manos negó y el rey autoproclamado le hizo saber que “no tenía que andarse preocupando por su querida Dylan”, que para cuidarla “estaba él” y que él “la haría sentir mejor”. Shura aceptó esa respuesta, no así Vanya.
-Vamos ya, Blonde -el tamer de Monodramon le tiró del brazo derecho.

Y a pesar de que el acuático con su verborrea y el gigoló donante de orgasmos parecieran haber hecho un trato para alejar a las féminas, antes de perderse por el pasillo se encontraron sus miradas, azules y verdes. Zaytseva se dio cuenta de que su novia había alzado los hombros, además de haber hecho una mueca que se debatió entre ser de pereza o de lamentación. Por su parte, paseó su diestra por la frente arrastrando sus flequillos hacia atrás. Había olvidado lo complicado que podía ser querer a alguien siempre que hubiesen terceros en medio.

-¿Por qué ese chico te preguntó si sabías si Dylan era… -Sashenka giró el torso para darle la cara a su compañero digital a sabiendas de cómo terminaría la pregunta.
-Es algo que quisiera saber -trató de mantener una sonrisa suave por más de un par de segundos-. Igual no creo que sea importante.
-Es bueno tener mucho dinero -su tamer solamente asintió-. ¿Tendrá más que tú? -La humana levantó los hombros, todavía con la sonrisa presente.
-Que tenga más o que tenga menos, eso no importa -y ojalá podérselo demostrar al estadounidense. No, ojalá no; no dudaría en que en algún momento y de alguna forma, Andrew cambiará sus suposiciones equivocadas por las correctas. De eso se encargaría-. Busquemos a Taras y vámonos.
-¿En serio es necesario irnos hoy? ¿A esta hora? -Hablaban mientras se dirigían al cuarto por las cosas y el bebé. -Quería dormir cómodamente…

A veces la vida se pasaba de lista y auspiciaba situaciones que no pudieron darse mejores en otros momentos. Tras su debate interno para con sus sentimientos (la intensidad de estos), los cuestionamientos de Andrew y la contundente respuesta de Dylan sobre creerse material de prueba, no pudo venir más en gracia el que Vanya tuviese que realizar una sesión de fotos para su competencia. Cada día le asignaban un reto distinto; el último consistía en aventurarse a algún lugar que pudiera promocionar como paradisiaco. Y como buen emprendedor ya tenía una lista en mente para compartirla con su tamer, pues gustaba de recibir sus opiniones.

-¿Qué tal Cabo Coela? En un atardecer o amanecer -lo visualizaba en su mente, así como Shura, así como quien escribiera esto-. Podría quedar increíble.
-Cliché -Vanya abrió sus ojos de más-. Seguro no serás el único en considerar ese sitio.
-Bueno… ¿y si vamos a ese sitio donde siempre cae nieve?
-No hay mucho que ver allí -Gumita la miraba a la cara con curiosidad.
-¿Al cañón?
-Peligroso para una promoción.
-¿Un volcán? Yo lo amaría -la ucraniana iba a contestar con otra objeción hasta que se dio cuenta de que su digimon se estaba esforzando por encontrar un sitio digno, por llevar a cabo su trabajo. En cambio ella lo único que había estado haciendo era tronchar las opciones.

Sasha tomó asiento sobre su antigua cama, dejando a Tommy a un lado. Un suspiro cargado de pesadumbre surgió de repente, llamando la atención del ígneo. Lo primero que hiciere la modelo fue pedirle disculpas a Vanya por su actitud poco colaboradora; en vez de buscarle peros a todas sus sugerencias, debió aportar con otras ideas pero no. Tenía tanto en mente y tanto en su interior que lo extrapolaba como si cualquier cosa no fuese suficiente… para sí.

-Se nos ocurrirá algo -quiso amenizar el ambiente y los ánimos-. Nunca nos rendimos.
-¿Por qué no comemos Crepes? -El primero en estar de acuerdo fue el baby II sin saber qué podría ser eso. -Tal vez nuestras ideas fluyan mejor.
-Tenemos un problema entonces -se puso de pie para confirmar sus sospechas al abrir el refrigerador-. No tenemos nada aquí.

Sasha agarró unos cuantos bits, ató su cabello y con la vestimenta cómoda que solía ponerse siempre que iba a su antiguo departamento, salió de compras con sus amigos. Taras se había introducido en la capucha que venia adherida al camisón que usara, colgando en su espalda; Vanya continuaba charlando sobre sus planes.

Una campana ubicada en la puerta del supermercado resonó al ser abierta; Monzaemon saludó con entusiasmo a la dupla y no tardó nada en dejarles saber que Tanneberger andaba por ahí con el carismático Gomamon, otro digimon y un esbelto muchacho. Solamente Coronamon rodó los ojos desde que le escuchara mencionar a la foca, sin darse cuenta de que Gaia agradeció la información con una corta sonrisa.

Fueron al pasillo de la harina y otros preparativos para la masa. En alguna ocasión creyeron escuchar la voz inconfundible del más ególatra del universo y sin quedar de acuerdo con palabras, pensaron lo mismo y cambiaron de pasillo antes de que pudieran topárselos. Pasaron por el de lácteos, por uno que otro que nada que ver con lo que buscaban… simplemente no tuvieron más remedio si querían continuar evadiendo al grupo. Al final les restaba lo que usarían de relleno y lo que consumirían de bebida; para darse prisa optaron por separarse.

Como DTB no tomaba alcohol, sería un alivio ir allí sin sentir presión aunque qué feo se sintió repasar esas líneas en su cabeza. No quería huir de Dylan, al contrario: la estaba comenzando a extrañar más de la cuenta. Qué absurdo, si era su novia. Empero más absurdo era que no le hubiera dicho nada sobre sus sentimientos y su errónea percepción de la relación. Todo resultaba confuso y sin ganas de perturbar a DTB, preferiría mil veces encontrar la manera de mostrarle que no era como pensaba… porque quizás la germana se estaba mentalizando para cortar con ella y por eso no decía ni media palabra. Bufó.

Su mirada se mantuvo fija en el suelo a saber por cuánto tiempo, que cuando la alzó se dedicó a observar algunas latas; extendió la mano y sin querer se topó con otra que iba por la misma bebida.

-¿Nos estás siguiendo, cierto? -La única persona que esbozo una sonrisa molesta fue el experto en lacrosse. Que sus manos casi chocaran había sido intencional.
-Andrew, no somos unos niños -agarró otra cerveza, incluso de otro tipo.
-Es lo mismo que opino, Sasha -tomó una también-. Pero algunos prefieren seguir jugando todavía de adultos.
-¿Puedes ser más directo?
-Es demasiada coincidencia que estés con Dylan y que su papi la mantenga -se acercó para susurrar-. Conmigo no tienes que fingir, sweet heart.
-Dylan me gusta.
-¿Por qué nunca las he visto besándose en público entonces? -Gaia entrecerró sus ojos.
-Privacidad.
-Bullshit.
-No vamos a complacer tu lado morboso.
-Solo digo que si es en serio, nada debería darles vergüenza… o a ti -la señaló con ambas manos puesto que era justo lo que quería puntualizar desde un principio. No dudaba del interés sexual de la perezosa, sino de la albina-. Think about it, darling.

Si le respondía tendría que alzar la voz y no quería exponerse, así que le vio marcharse directo a caja, donde le esperase la nadadora. Si algo no le gustaba a la eslava era que cuestionaran sus actos, su vida… por eso fue que salió de casa a temprana edad; no quería que sus padres se inmiscuyeran en sus asuntos. Antes de marcharse en busca de Vanya, agarró otras latas más con dejo de fastidio.

Le tomó casi cinco minutos hallar al felino después de mirar por cada tramo de la pequeña pulpería. Le pareció extraño que Coronamon estuviera frente a una pantalla en la que presentaban el mismo comercial una y otra vez sobre un producto de belleza.

-Oye Shura, creo que Gomamon ya se fue -la aludida se quedó mirando la publicidad-. Ya no escucho su arrogante tono de voz.

Pagaron los productos y retornaron al departamento para ponerse manos a la obra, a excepción de Taras que se puso a saltar en la cama con mucha emoción. Por momentos Zaytseva echaba vistazos hacia la ventana frente a la suya, del edificio contrario; la nostalgia le invadió con el resurgir de las remembranzas de cuando su persona favorita y ella se escribían mensajes a la distancia… un método algo antiguo pero cómico y diferente entre tanta modernidad.

-Shura, tengo una idea para las fotografías -la humana se colocó a su lado para continuar ayudándole-. ¿Me prestas el D-T?
-Claro -Vanya limpió sus manos antes de sacar el aparato del equipaje de su tamer-, pero dime, ¿qué se te ocurrió?
-Ya lo verás.

Después de compartir un rato en la pequeña mesa de dos sillas, de limpiar los trastes y quitar el polvo de los rincones, que representó un juego para el bebé gelatinoso, el D-Terminal emitió varios sonidos característicos del Digitter. El de fuego atendió los mensajes en bola de humo con una expresión que irradiaba demasiada efusividad; de por sí la flama en su frente y cola eran más voluminosas. Con la misma prisa avisó a Gaia que saldría un momento sin dar mayores detalles, dejando a la humana y a Tommy envueltos en incertidumbres.

-Qué le pasa a este… -Sashenka se acomodó sobre el colchón.
-Loco -manifestó el pequeñajo con una gran sonrisa.
-Tú si que no tienes preocupaciones -usando su índice derecho empezó a jugar con Gumita. Este se retorcía por las cosquillitas hasta que la modelo considerara que fuera suficiente para su pequeño cuerpo.

Gaia se encontraba acostada bocarriba con el cabello desparramado y varios mechones sobre su cara. Tenía un brazo hacia atrás, simulando una pose típica de alguien que se encontrase sumida en pensamientos diversos. ¿Qué estaría haciendo su novia? Seguro algo relacionado a Gomamon y sus intereses… ¿Estaría Andrew todavía con ellos? Si lo pensaba un poco, nunca, hasta la fecha, había requerido su presencia y eso que vivían al lado. ¿Qué haría para demostrarle a Tanneberger que no estaba utilizándola? Al menos tenía una idea de que pasaría si siempre sí DTB decidía terminar la relación. ¿Acaso se encontraría pensando en ella? Imaginar que sí, le sacaba una sonrisa estúpida.

Acomodó su torso y agarró el D-T para escribirle un mensaje; a la mierda las creencias irracionales.

《Hola, espero estés mejor del mentón… y quería decirte que -se mordió un poco el labio inferior-, te extraño. Es tonto, lo sé. Igual quería decirlo》

Dejó escapar una gran bocanada de aire.

-¡¡Pasa, pasa!! -Vanya había regresado acompañado de alguien más. De golpe, Zaytseva se puso sobre sus pies prácticamente pidiéndole una explicación al child. -Ella es Shura, mi tamer -la soviética aparcó la mirada sobre la silueta desconocida. Taras había subido a su hombro -. Y te presento a Natsumi Rai.
-¿No eres la que…
-¡Sale en el comercial! -Completó Coronamon muy entusiasmado. La chica se cubrió la boca con coquetería antes de reír. -La contacté porque no hace mucho nos seguimos en el Digitter.
-… ¿Ah sí?
-Vanya siempre es entretenido de leer y me gustan sus tips de cocina -miró con complicidad al de fuego mientras dijera lo anterior. Después regresó la mirada hacia la de cabellos blancos. -Había visto fotos tuyas y tampoco puedo creer que seas tú -unió sus manos a la altura del pecho-. ¡¡Por qué no estás modelando en este mundo!! ¿Por qué? -La ucraniana no se esperó ese desliz. Lo máximo que hiciere fue reír, gesto que le pareció sumamente encantador a la invitada de Coronamon.
-Antes, ¿puedes explicarme qué está pasando? -Se lo pidió al digital de forma que no sonara brusco ni ofensivo. -¿Tiene que ver con tu idea? -El child díjole que sí.

A continuación se dignó en detallar mejor lo que tenía en mente; una idea revolucionaria y fuera de límites, anti cliché e inesperadísima: quería que Gaia dibujara todo un paisaje sobre el cuerpo desnudo de la chica.

-En el comercial hablaba de paraísos y cosas así, mientras la mostraban a ella colocándose la loción -Natsumi le dio la razón-. ¡¡Es justo lo que necesito!!
-Técnicamente nuestro cuerpo puede ser un paraíso para alguien más -añadió la actriz.
-¿Y tú estás de acuerdo? -Aleksandra no cabía del asombro, que le importó un cacahuate hacer una pregunta estúpida.
-Si la artista eres tú, por qué no.



Verwest Verwest O: !!!
 
  • Me gusta
Reacciones: Verwest

Verwest

The house is mine
Registrado
6 Ago 2007
Mensajes
2,161
Calificación de reacciones
1,260
Puntos
1,300
—Galletas, galletas, galletas —repetía Dexter mientras se removía entre sus brazos.
—Demasiada azúcar por hoy, amiguito —le dijo tras sobar por decimonovena ocasión su barbilla—, comeremos algo mejor —continuó su andar por uno de los pasillos hasta llegar a las cajas.

Por más increíble que pudiese parecer, pasear entre verduras, pañales de bebé y detergentes para la ropa le ayudó a despejar su mente. También estaba el hecho de que Gomamon se mantuvo junto a ella todo ese tiempo, fuertemente ceñido a su espalda como si fuese un elemento más de su cuerpo. El autoproclamado Rey y su charlatanería eran un potente y particular distractor que no podría conseguir en ninguna otra parte nunca. En cierta, forma se sentía afortunada.

—Muy bien, ser inferior, quiero que empaques todas mis cosas con mucho cuidado. Si cometes un error, la terrible furia de Odín descenderá sobre ti, ¿me entendiste? —indicó Gomamon para un Betamon que empacaba en bolsas de papel todas sus compras, estaban en la caja número tres del supermercado de Monzaemon—. Son artilugios de gran valor para Su Majestad —se señaló a sí mismo—: soy el ser superior, su alteza, el Rey del Digimundo, único, sin igual.

Dylan sonrió un poco al ver la expresión de espanto del de escamas verdes quien se tomaba muy en serio lo que la foca le estaba diciendo, aunque también sintió un poco de pena.

—Gomamon, no seas tan duro —el acuático se hizo de oídos sordos.
—Dylan y Gomamon, ¿encontraron todo lo que necesitaban? —preguntó el mismísimo Monzaemon al pasar por el scan el código de barras de unos trozos de carne empaquetados. El Nivel Perfect les atenía personalmente debido a que eran clientes asiduos de su negocio, y quizá también porque sucumbía ante las presiones de quien hablaba como si hubiese salido de la serie de novelas de Camelot.

¿De qué era la carne en Digital World? Si existían las granjas de frutas y verduras, ¿también existían las granjas de vacas, gallinas y cerdos? ¿O es que importaban la carne desde el mundo real? Se preguntaba Tanneberger en su cabeza. Mejor no averiguarlo.

Como sea, se suponía que sólo estaban ahí para conseguir la mermelada que no tenían en casa, pero Drew le convenció de que sería más provechoso comprar filetes frescos para cocinar algo en forma. Y es que cada vez que sus compañeras de piso no estaban en casa para preparar la cena, a Dylan le tocaba ponerse el traje de chef para alimentar a sus Digimon y a ella misma. No obstante, que no le disgustase ese atavío no era directamente proporcional a un buen talento culinario. La mayoría de las veces, si no es que todas, terminaba preparando emparedados de mantequilla de maní con mermelada, bagels con queso o simplemente un tazón de digi-cheerios para cada cual. Hasta el día de hoy no existían quejas en su buzón por parte de Gomamon o Dexter, pero sabía que si sus organismos no estuviesen compuestos por ceros y unos, sus estómagos ya hubiesen presentado estragos.

A veces se sentía como una niñera descalificada, o más bien una mala Tamer.

—Todo en orden, muchas gracias —la humana asintió con la cabeza mientras agradecía y curvaba ligeramente los labios.
—Son quinientos bits —buscó en sus bolsillos para encontrar la cantidad exacta de dinero y se lo entregó al dueño del supermercado con calma—. Así que Gaia y Dylan vienen a la misma hora pero hacen sus compras por separado, eso es extraño —comentó Monzaemon como si hablase del pronóstico del clima o de una nueva canción en la digi-radio; tan casual como un sábado en la oficina con playera y jeans azules. Imprimió el ticket de Dylan, ella lo recibió y levantó lento su mirada para verle directo a los ojos con una pizca de asombro.
—¿Gaia? —interpeló, escuchar el nombre de su novia le había hecho sentir leves escalofríos— ¿Ella está aquí?
—Sí —el enorme Monzaemon se llevó ambas manos a las caderas y se inclinó hacia ella—, ¿no lo sabías? —la expresión alegre del digital se transformó en una de desconcierto y luego en una de pánico— ¡Oh, lo lamento! ¡Ya no están juntas! He sido inapropiado, discúlpame.
—Falacia, falacia —la humana renegó agitando su brazo libre, Gomamon y Dexter le miraban con extrañeza—. Nada de eso, todo está bien —¿Lo estaba?
—¿Lista? —repentinamente apareció detrás de ella Saywer.

El varón traía consigo un par de cervezas que pagó después de que la germana terminase su charla con Monzaemon, y mientras eso sucedía los ojos de la misma chica se desviaron hacia los pasillos del supermercado, movidos por la curiosidad de saber qué era lo que la ucraniana estaría haciendo, viendo o eligiendo.

—Hey —el norteamericano le llamó—, podría comerme un antílope entero en estos instantes —con su cabeza señaló hacia la puerta de salida—. Démonos prisa, ¿quieres?
—Okay.


[...]


A Tanneberger le sorprendió lo bueno que podía llegar a ser Taggart dentro de la cocina, sus habilidades eran equiparables a las de Vanya. Y ni qué decir del resultado final sobre la mesa, aquellas verduras no estaban duras ni tampoco recocidas, sencillamente en su punto, y el olor del filete de carne era imperdible. Para comprobar el sabor, afianzó el cuchillo con su diestra y el tenedor con la otra mano, cortó un trozo y lo llevó lento a su boca; el resultado no decepcionó a su paladar.

—Esta cena no es digna, infame, pero gracias a la bondad en el corazón de mi querida Dylan te concederé la dicha de sentarte en mi mesa —habló Gomamon—. Si quieres mi bendición, te ordeno que pronuncies diez Gomamon Nuestro antes de comenzar a comer —Andrew pretendía fuertemente que el acuático no se dirigía a él, inclusive cortarse las orejas era una posibilidad factible—. Gomamon santificado, Rey del Digimundo, escudriñado por el único ojo de Odín...

Estaban todos sentados alrededor del desayunador del viejo departamento. Cuando la charlatanería hubo milagrosamente terminado (únicamente porque la foca no aprendía todavía a comer y parlotear al mismo tiempo), el norteamericano comenzó una conversación con la otra humana.

—Quiero presentarte a una amiga —la rubia le miró de reojo. Terminó de masticar con mucha calma, casi con pereza, luego utilizó la servilleta de papel y torció su cuello hacia el chico.
—¿Amiga tuya?
—Su nombre es Jahan y luce como esas chicas de medidas perfectas que te gustan —una sonrisa de dientes perfectos iluminaba el rostro de Sawyer, la germana tomó un sorbo de té—. Te aseguro que te va a encantar.
—Lacrosse... —dejó sus cubiertos sobre la mesa.
—Tienes que darle una oportunidad —insistió el joven—, te prometo que su pago saldrá de mi bolsillo.
—¡Lacrosse!
—¿Qué?

Dylan se había salido de tono, Drew se encogió de hombros. ¿Acaso había dicho algo malo? Ese ceño fruncido en la cara de su amiga y su humor cambiante le hizo reafirmar que, definitivamente, ella necesitaba algo de acción ininterrumpida, dura y muy intensa en un cuarto de hotel con otra persona. Terminó con su cena sin borrar su gesto divertido y luego le pidió a Monodramon que retirara la vajilla sucia.

—¿Otro espécimen humano de género femenino? —habló Gomamon quien hasta entonces se mantuvo en shock por no poder creer que hubiese espacio para más personas en la vida de su querida Tamer. No, no lo había, pensó. Y si había sería para él, ¡nadie más!— ¡No te atrevas, sucio ladronzuelo!
—Galletas, galletas —para el Baby era la hora del postre, saltó de la mesa yendo tras Monodramon con la esperanza de encontrar algo satisfactorio en la cocina de Taggart.
—Barbajan, te lo ordena tu Rey, regresa en este mismo instante —gitó Gomamon mas Dex, como era costumbre, le ignoró escondiéndose detrás de la figura del dragón. No le quedó más remedio que ir tras él— ¡Barbajan! Es un decreto real, ¡debes obedecer a tus superiores!
—Sdgsdggdf —Monodramon le aconsejó al peludo púrpura que escuchase a la foca.

En todo ese rato, Dylan no había quitado su pesada mirada de encima de Drew. ¿Qué era lo que estaba haciendo mal? ¿Por qué el norteamericano no podía entenderle? ¿Debía explicárselo de nueva cuenta? Relajó sus facciones y tomó otro sorbo de té antes de decidirse a exponer un ensayo clínico acerca de ‘Relaciones, amistades y sexo casual', según Dylan Tanneberger.

—Ya te lo dije, Sawyer —principio y final del montón de pensamientos en turbulencia dentro de su cabeza. Definitivamente no sabía cómo expresarse cuando se trataba de cuestiones sentimentales. Palmeó su rostro antes de seguir—. Por favor, no lo hagas difícil.
—Dylan, escúchame —Andrew le apartó la mano de la cara, le tomó de los hombros y le obligó a mirarle—: en esa absurda relación con Sasha quien pierde eres tú, ella no te quiere de la misma manera, pero aún estás a tiempo de escabullirte de tan mala treta —esbozó una detestable sonrisa ladina y tomó de vuelta su distancia—. Muy mala apuesta, Blonde, debiste dejar que Mountain Drew se hiciera cargo de ella —soltó una risotada. Tanneberger se mantuvo haciendo la estatua, hasta que sus oídos y algo en su pecho se trastocaron un poco.
—Sawyer, eres un buen amigo —afirmó de pronto, provocando que el chico se ajustase en su asiento.

Vaya, por fin la germana salía a reconocerlo. Respiró con achaques de altanería dignos de Gomamon y luego alzó un poco su barbilla, se sentía como flotando entre nubes.

I know —debía agradecerle, pero en lugar de eso su ego tomó el control—. Your welcome.
—Eres un buen amigo —prosiguió ella—, así que por favor no lo arruines —en ese instante, la alegría del varón se esfumó por completo. Fue como caer de un edificio de tres mil pisos sin un paracaídas.
—¿Qué? —nunca estuvo preparado para el impacto en contra el suelo o en contra de la realidad— Pero...
—No lo arruines —un boquiabierto Andrew volvió a tomarle de los hombros y antes de que dijese algo, Dylan elevó su dedo índice para ponerle un alto— No.

Abrió sus ojos como platos y apretó sus labios. Tanneberger parecía determinada, insensible, firme en su decisión.

—Pero... pero, pero —la rubia ladeó un poco su cabeza y se separó de él, después se puso de pie y fue hasta la ventana dándole la espalda— ¡Agh! ¡Te gusta Sasha!
—Está claro —obvió.
—Te gusta de verdad —Sawyer no cabía de la impresión, bufó y se cruzó de brazos, pero entonces la germana viró hacia él y masculló en voz muy baja otro ‘no lo arruines’. Ese fue el definitivo—. Está bien, está bien —el varón levantó sus manos en el aire experimentando una sensación amarga que se manifestaba en su cara de disgusto. Si su amiga le pedía algo de manera tan directa, no podía decir que no. La única alternativa que tenía ahora era jugar el mismo juego e ir sin rodeos—. Pero dos cosas, Dylan.
—Dime.
—Primero —se puso de pie y alcanzó a la fémina—, cuando diga ‘te lo dije’, no vengas llorando a mí como un bebé, ¿de acuerdo? —se posicionó a uno de sus costados y barrió las cortinas de la ventana para poder mirar hacia el exterior. La germana no movió ni un solo músculo.
—Okay.
—Okay —imitó—. Y la segunda —Drew bajó todavía más su tono de voz y se acercó a su oído—, no permitas que una chica bloquee tus aspiraciones de volver al mundo real —sus sentidos se encendieron gracias a una corriente eléctrica que subió desde sus pies hasta la cabeza: la rubia estaba viva—. Te sientes cómoda junto a ella, viviendo en el mismo piso, jugando a la casita feliz. Te has acostumbrado al horroroso estilo de vida de Digital World.

Tremenda cubetada de agua fría. Algo se le atoró en la garganta.

De entre todas las tontas razones que Drew tuviese o inventase para alejarle de su pareja, la última era la única que había logrado hacer un impacto en ella porque reconocía que tenía una pizca de razón. Podía decirse que la búsqueda de un camino que les llevase de vuelta a casa estaba en pausa. No puso mucho empeño en ello desde hacía un tiempo debido a que estaba ocupada disfrutando cada momento junto a Zaytseva. Pero eso no quería decir que tales objetivos estaban en la basura o en un plano secundario, aunque pudiese parecer así y, por tanto, el norteamericano tenía derecho a enfadarse.

Lo anterior le llevó a pensar: ¿qué haría Gaia cuando encontrase la forma de volver al mundo real? ¿Volvería con ella? ¿Quería siquiera regresar a su mundo de origen? Por un minuto se sintió tonta, muy tonta porque no tenía la respuesta a tales interrogantes, tan elementales. ¡Ella era su novia! Debía conocerle, pero jamás habían tenido ese tipo de charla. Sus hombros decayeron un poco.

—Mi primer mandamiento es negociable —dijo Andrew antes de empujar el ventanal corredizo, ambos sintieron la fría ventisca golpear con ímpetu sus rostros—, pero el segundo no.

Tanneberger apenas prestó atención debido a una vibración en su bolsillo derecho anunciando que tenía un nuevo mensaje. Sacó su D-Terminal y abrió la tapa para leerlo, se trataba precisamente de Zaytseva.

«Hola, espero estés mejor del mentón… y quería decirte que, te extraño. Es tonto, lo sé. Igual quería decirlo»

Su corazón latió un poco más rápido y sus ánimos volvieron a tope. ¿Su mentón? Es cierto, desde que dejase de sentir ese dolor incómodo lo había olvidado por completo. Llevó su diestra a esa parte de su rostro para sobarse por veinteava ocasión y sus mejillas adquirieron cierto color.

—¿Me estás escuchando? ¿Blonde? —cuando el norteamericano detectó el combo D-Terminal, rubor y una sonrisilla muy tonta, adivinó que su amiga debía estar intercambiando mensajes con Sashenka. Puso sus ojos en blanco—. I need a beer.

En eso, Monodramon reapareció cargando consigo las cervezas que consiguieran en el supermercado. Gomamon y Dex venían con él, el primero regañando al segundo que comía un par de galletas obtenidas de la alacena de Andrew. Este rió un poco celebrando que el Baby tenía dotes para desvalijar, hurtar o atracar, había aprendido bien sin siquiera enseñarle, pensó. Gomamon saltó sobre los hombros de Dylan y todos se acomodaron en los asientos del balcón que parecía más bien un corto y angosto pasillo exterior con una atractiva vista de las luces de Ciudad File.

«Te extraño» «Te extraño» «Te extraño». Esa frase resonó al menos diez veces en su cabeza porque con ella vino a descubrir algo muy importante: también extrañaba a la modelo. Instintivamente buscó la ventana del viejo departamento de su novia y al ver que los doseles estaban abiertos, las luces encendidas, sintió unas inmensas ganas de correr hacia ella. La distancia autoimpuesta entre sí ahora parecía muy absurda. Tal vez si le explicaba la situación encontrarían juntas una forma diferente de lidiar con eso, aunque ello significaría también tener que confesarse acerca de sus trastornos. ¿Tenía el valor para hacerlo?

«Yo también te extraño, necesitamos hablar».

Escribió y presionó el botón para enviar sin siquiera pensarlo, pues detenerse así fuese por unos instantes hubiese ocasionado que se retractase. Aún después de enviada su misiva se mantuvo unos minutos mirando la pantalla en caso de que Gaia respondiera rápido. Estar tan metida en esos asuntos le impidió notar que Gomamon asomó sus esmeraldas brillosos por encima de su hombro para leer las líneas. El acuático endureció sus facciones, sus garras se pusieron rígidas, luego desvió su mirada hacia el piso muy molesto.

—Vayamos a Folder —dijo Drew después de dar un gran trago a su cerveza, con ello consiguió que la alemana se despegara un poco del aparato electrónico.
—¿A Folder? —con su mano libre peinó la espalda de Dexter quien fuese a recostarse sobre su regazo, finalmente lucía un poco cansado. Justo antes de que el varón emitiera réplica, Gomamon abrió su boca:
—¡Dyl! Quiero ir a casa.

Gomamon también debía estar agotado, supuso Tanneberger, después de todo habían tenido un día bastante largo. Se puso de pie y se despidió del norteamericano y Monodramon, afianzó a Dex bajo su brazo, el acuático en su espalda, pero antes de dar la media vuelta quiso despedirse asimismo y silenciosamente de la imagen del departamento de Zaytseva...

El alma se le vino al estómago.

La cobarde e inmadura de algún tiempo atrás hubiese preferido no haber visto nunca aquella escena con sus propios ojos, pero la Dylan actual se acercó a la barandilla que delimitaba el límite e inclusive inclinó su tronco y cabeza más hacia allá, como si quisiera desafiar el porvenir de los hechos y herirse más a sí misma: dentro del inmueble de la otra europea había una chica andando desnuda y no era Gaia. Despegó sus humedecidos labios y con una mano cubrió los ojos de Dex, con la otra los de Gomamon.

—¿Qué es tan interesante? —preguntó Taggart para situarse a su lado y ver lo que ella estaba viendo, se llevó una mano a la boca descubriendo que tenía una especie de suscripción a Playboy auspiciada por quien debía ser su vecina de en frente— Holly shit —no pudo más y terminó riendo— Vaya pervertida que eres —le dijo en tono cómico propinándole un leve codazo en las costillas. Ella renegó con la cabeza.
—No estoy... —antes de completar la frase, su peor pesadilla se hizo realidad: Gaia entró en escena y puso sus manos sobre la espalda de la desnudista acercándose peligrosamente a ella. Fue como un terrible gancho al hígado que le hizo perder por completo el aliento.
Holly f*cking shit! —vociferó el varón— ¿Es esa Sasha? —al no obtener respuesta se le ocurrió una idea— ¿Te gustaría reconsiderar lo de Jahan?
—No —Dylan se marchó presurosa—. Tengo que irme.

Si anteriormente tuvo ganas de salir corriendo a toda velocidad a donde se encontrase Zaytseva, ahora sentía que un maremoto imaginario le arrastraba con brutal fuerza hacia la dirección contraria. La verdad es que no había nada en su camino, nada que le detuviera, debería ir hasta allá y pretender que no había podido soportar ni un minuto más sin verle para, precisamente verle, y averiguar qué era lo que estaba sucediendo. Si la ucraniana decía extrañarle, entonces no estaría con alguien más de esa forma. O es que, por el contrario, ¿había optado por mitigar sus necesidades con otra persona y... El maremoto le llevó más rápido y sin darse cuenta tropezó con una pequeña elevación que había en el corredor de vuelta a casa, al parecer la duela de madera se había levantado debido a la humedad del clima reciente y ocuparía reparaciones. Perdió el equilibrio por un momento pero se estabilizó tras chocar con su hombro contra la puerta de su nuevo hogar.

—Dylan, Dyl, ¡Dyl! —le llamó Gomamon, tanto él como Dex lucían confundidos.
—¿Eh? —contestó apenas.
—Galletas, galletas.
—Es hora de dormir, Dex —sacó su Xros Loader y permitió que el Baby entrase en él. Al sentirse incómoda por la mirada indagatoria de su Digimon restante, destrabó el acceso y se perdieron tras de él.


[...]


«If you f*ck her, I will know».

Se leía en la manteleta que Andrew había improvisado con sabanas viejas y crayones para mandarle una nota a la soviética. Se mordía sus propios labios para no revolcarse de la risa; la expresión en el rostro de Sasha era imperdible.

Ambos se mantuvieron estáticos, como en un duelo de poderes o habilidades que no podían ser percibidos a simple vista. Antes de que se dictaminara un ganador, la fémina cedió estirando sus brazos para reacomodar los doseles. Odiaba esa sensación de poco espacio y nulo aire fresco, pero apreciaba por encima de ello su privacidad. Justo cuando estuvo a punto de cubrir por completo su ventana, le dedicó un pequeño mensaje a su admirador levantando el dedo medio de su mano izquierda.



Bishamon Bishamon acas
Masaru Masaru me puedes dar pase pls
 
  • Wow
Reacciones: Bishamon

Verwest

The house is mine
Registrado
6 Ago 2007
Mensajes
2,161
Calificación de reacciones
1,260
Puntos
1,300
«If you f*ck her, I will know».


No discernía sobre qué le molestaba más. Primero la falsa acusación, como si hubiese estado a punto de cruzar una línea personal con la chica que servía de lienzo para sus pinceladas. Si bien esta estaba desnuda, ella aún tenía cada prenda de su atuendo intacta. Se miró rápidamente en el reflejo del cristal corroborando que inclusive llevaba una de las bufandas de Tanneberger puesta. Segundo, lo entrometido que se estaba volviendo Taggart en asuntos que no eran de su incumbencia. Quizá la última opción era la peor, pues a causa de esta surgía la primera.

Después de un leve suspiro, Sashenka abdicó del duelo de miradas y tomó los doseles para cubrir su ventana, pero no sin antes hacerle saber a Andrew con un gesto de su dedo mayor izquierdo lo que pensaba acerca de sus tontas advertencias. Al darse media vuelta para seguir con su trabajo profesional, se topó cara a cara con Vanya.

—Shura, ¿qué significa esto? —preguntó el ígneo de manos humanoides replicando la seña que había visto de su Tamer. La ucraniana abrió un poco más sus ojos y una pequeña gota de sudor bajó de su frente.
—Significa disgusto hacia alguien —respondió recuperando su frescura, pero con eso solamente alimentó más las dudas del digital. El fuego en su cabeza ardió más fuerte.
—¿A quién le estás profesando disgusto?

Coronamon se acercó al ventanal y amagó con abrir las cortinas, pero su Tamer le atajó y tomó sus manos entre las suyas haciendo que aquel dedo mal vistoso volviese a su lugar.

—No importa ya, fue solo un lapsus —aseguró para su amigo, intentando transmitirle calma. Este sonrió de dientes afuera.
—Entonces, ¿puedo señalar con esto a Gomamon? —sus ojos brillaron en la semi penumbra de la noche—. Con ambas manos.
—No creo que Gomamon lo comprenda —la emoción del Digimon le hizo sonreír un poco. Imaginar una escena entre Vanya y el arrogante era gracioso—. Además, es un gesto demasiado rudo, preferiría que no lo hicieras.
—Ah, ya veo.

El de fuego se mantuvo pensativo otro rato. ¿Era un gesto demasiado rudo? Ahora más que antes quería conocer la identidad de ese alguien que hiciera disgustar a su Tamer. Iba a volver a preguntar o hacer cualquier cosa cuando de pronto, Natsumi se plantó frente a ellos. Sus ojos le escanearon de pies a cabeza y de cabeza a pies al menos tres veces.

Fácilmente alguien hubiese creído que Vanya era un pervertido. Sin embargo, Shura entendía que la anatomía desnuda del cuerpo femenino le resultase interesante, algo digno de apreciarse desde un punto de vista artístico porque mostraba a los humanos tal cual fuesen creados por Yggdrasill sin ningún complejo o distinción como los zapatos de marca, lujosa joyería y ropa de diseñador. Reparando en ello tomó la oportunidad de examinar por sí misma a aquella chica.

Alta, esbelta, cabellera a la altura de los hombros, piel bronceada y un busto muy grande que sería difícil de trabajar.

—Necesitaré mucha pintura para eso —dijo señalando dicha parte del cuerpo de la mujer sin siquiera pestañear.

Gaia no tenía tapujos con esa clase de temas, era confeso; consideraba que, poner sus manos sobre la piel descubierta de otra persona, era algo natural que no estuviera imperativamente ligado a cualquier sinónimo de afecto. Por eso las yemas de sus dedos se deslizaron por los hombros de Natsumi, luego por sus brazos y su abdomen, su piel era suave, algo húmeda. Y gracias a ello supo definir con qué clase de técnica, pintura y/o pinceles sería mejor llevar a cabo su obra.

—Tengo una idea —dijo mientras continuaba con su análisis—: bañaremos tu cuerpo en pintura y para el dibujo trazaremos con un pincel limpio removiendo lo sobrante.
—Suena genial —opinó el ígneo.
—Mensaje, mensaje.

Un inquieto Gummyta atestiguando todo desde la puerta de la recámara se acercó a ellos arrastrando la D-T de su humana. Zaytseva giró su cuello hacia él cuando entonces Natsumi le tomó de las muñecas y dirigió sus palmas hasta los costados de su pecho. Reaccionaba a su tacto estremeciéndose y esbozando una divertida sonrisilla. Sólo entonces la ucraniana se sintió ligeramente incómoda. Boquiabierta, arqueó una de sus cejas y miró la cara de quien tenía nombre de origen asiático.

—Me gusta tu idea, puedes hacer lo que quieras con mi cuerpo —terminó por hacerle desencajar, aunque pudo disimularlo.


[...]


Quedaban diez minutos para terminar su rutina en el agua, pero por cierto motivo Tanneberger decidió adelantarse y salir de la piscina para ir a los vestidores. Gomamon le siguió desde lejos con la mirada. Mientras con una mano sostenía el paño con el que secaba su cabello, con la otra abrió su locker y sacó de él la D-Terminal, leyendo algunos viejos mensajes.

«¿De qué quieres hablar?».

Le había escrito Zaytseva la noche anterior, la rubia no tuvo oportunidad de responderle ya que, gracias al enorme cansancio acumulado durante el día, fue fácil conciliar el sueño al estar en casa, bloqueando de su memoria la horrible imagen obtenida sobre la ventana de la eslava. ¿Quién era esa mujer desnuda? ¿Por qué Gaia tenía sus manos sobre ella? Y pensar que lo único que tenía que hacer para poder dar carpetazo al tema era escribir otro mensaje e indagar en lo que estaba sucediendo. Si lo planteaba de esa forma sonaba tan fácil.

07:36. La hora lucía un poco más apropiada para una réplica. Escribió rapidísimo con ambas manos provocando que las teclas por poco se incendiasen.

«Te lo diré esta noche. ¿Vienes a casa?».

Sashenka le había enseñado a depositar su confianza en ella: múltiples situaciones incómodas con Rhydian, el peligroso Derek, el mismo Andrew. Así que lo único que Dylan tenía que hacer era asegurarse de que su cabeza continuara pegada al cuello y no saliera volando por las nubes, recreando ideas y suposiciones absurdas.

—Qué pereza —dijo al tiempo que cerraba la puerta de su gaveta.

Subió la cremallera de su casaca, tomó su maleta y salió al pasillo para encontrarse con su Digimon. Ambos caminaron hasta la salida de las instalaciones del complejo acuático compartiendo una leve charla, aunque los diálogos gruesos en realidad salían de la boca del digital. La germana sólo asentía con la cabeza o emitía sonidos aprobatorios para hacerle creer que estaba escuchando.

—¡Bah! Entonces el barbaján se trepó peligrosamente sobre la alacena más alta del asqueroso ladronzuelo —decía el pelinaranja levantando una de sus aletas porque quizá si le ponía más emoción al asunto, obtendría la atención de su Tamer—, le advertí que no lo hiciera, pero es un súbdito ineficiente.
—Ajá —articuló a secas.
—Tomó el frasco de galletas.
—Sí.
—¡Lo abrió y cogió al menos cinco galletas! —elevó su tono de voz.
—Mmm —pero la rubia ni siquiera le miraba. Reacio a rendirse, decidió echar a andar una pequeña treta.
—Esas galletas estaban envenenadas, Dyl —saltó sobre los hombros de la chica y se acercó a su oído para la estocada final—, me pareció ver al marginal Barbaján retorcerse en el suelo antes de llegar a casa. El-Barbaján-está-muer-to...
—...O-k-a-y.

Al término de la última respuesta sinsentido de quien se expresaba como una piedra, las orejas de Gomamon se doblaron un poco y su rostro apuntó hacia el piso. Era inútil. Hiciera lo que hiciera, Dylan estaba como poseída por la imagen ausente de la ‘humana cabellos de anciana’. De pronto recordó los mensajes que leyó en su D-Terminal y sus garras se cerraron con fuerza. Luego de un largo rato en silencio, la teutona reavivó pues encontró muy extraño que su compañero no siguiese hablando. Fue irónico que para poder conectar con ella lo único que Gomamon tenía hacer era precisamente no hacer nada.

—¿Estás bien? —preguntó Tanneberger, pero el Digimon no contestó. Luego saltó al piso para adelantarse y andar por su cuenta. La humana estiró uno de sus brazos intentando alcanzarle— Espera —Gomamon se detuvo, estaba de espaldas.
—Estoy cansado, Dyl —pronunció en un tono apagado. Tras un suspiro, la perezosa reconoció que la rutina de esa mañana y la de la mañana anterior, y la de la mañana anterior a la anterior habían sido más intensas de lo normal. Para ella, machacarse en el agua le ayudaba a dominar sus impulsos, pero para Gomamon tal vez era extenuante.
—Tienes razón—palmeó con su diestra su propia frente—. Lo lamento, estoy muy distraída.
—Cansado de esto —balbuceó el digital entre el bullicio de los humanos y Digimon al pie de la banqueta toda vez que alcanzaran el exterior y su humana ya no pudiese escucharle.


[...]


Siempre le había aterrado la idea de compartir tiempo con cacerolas, ollas y sartenes. Santo puré de patatas. Tenía un color extraño y parecía un embutido de verduras que vendían en el mundo de los humanos como comida para bebés. Aun así, quería creer que serviría de cena aquella noche junto con unas piezas de carne preparadas con la guía remota de su amigo Lacrosse: absolutamente no. Esas piezas no tenían sabor, lucían espantosas.

Se llevó las manos a la cabeza con una mueca amarga. ¿A quién quería engañar? No iba a funcionar. Tras reaccionar un poco, se movió con pereza alcanzando los anuncios pegados en el frigorífico y envió un mensaje desde su Terminal a la pizzería de Gotsumon para que trajesen algo comestible. Gomamon, Dexter, Vanya, Gummyta y, sobretodo Sashenka, habían confirmado su asistencia en la mesa esa noche.

Afuera llovía a cántaros, cuán impredecible era el clima en File. Dylan escuchaba el sonido relajante de las enormes gotas de agua golpear con fuerza el cristal fijo de la ventana más cercana al mismo tiempo que terminaba de limpiar todo rastro de su espantoso desastre culinario, después de eso se sentó sobre la encimera de la nevera horizontal y se dedicó a descansar con una taza de té muy caliente. Llevaba tan sólo dos sorbos cuando de pronto alguien tocó el timbre. Pensó que se trataría de Taggart, curioso por saber cuál era el resultado del remedo de su receta, pero al abrir la puerta se llevó una sorpresa: la modelo estaba frente a ella.

—Olvidé mis llaves —dijo al ver que la rubia hacía la estatua. Cerró su sombrilla y agitó su cabellera para sacarse los restos de lluvia de encima, luego dio un paso al frente para conseguir que su novia se moviera y le permitiera pasar— ¿Llego demasiado temprano? —miró el reloj digital de la sala mientras ingresaba. Vanya detrás de ella olfateaba el olor peculiar que inundaba el hogar y Gummyta bailaba de felicidad sobre su hombro.
—Nunca es temprano para volver a casa —repuso Dylan. No era la hora pactada para encontrarse, pero qué más daba. Sus ojos siguieron a Gaia y al descubrir que ella también le miraba de soslayo, su corazón se puso de cabeza. Luchó para no salir disparada y atraparla entre sus brazos.

«No vas a superar la prueba, Tanneberger». Se burló de ella su propio subconsciente.


[...]


—Galletas, galletas, Taggart galletas.

Gomamon recostado sobre la cama veía con cierta desidia a Dex golpearse con la pared una y otra vez pidiendo galletas. Ese mequetrefe estaba cogiendo una terrible afición por los alimentos dulces. Bah, si movía un solo dedo de su divino cuerpo sería para reacomodar la brillante corona de oro puro en su cabeza y no para fines de satisfacer los reclamos del marginal Barbaján, pese que le había prometido a su Tamer que cuidaría de él mientras se hacía cargo de la cena. La única manera en la cual el Baby aprendería, en su opinión, sería ignorando sus caprichos. El tiempo pareció otorgarle la razón porque al cabo de unos cien testarazos, Dexter se detuvo y se llevó sus pequeñas patas delanteras hacia su frente enrojecida. Eran tan cortas que apenas podía tocarse.

—Te lo advertí, ser inferior —aseveró el acuático—, debes escuchar al Rey de este mundo.
—Galletas, galletas —siguió insistiendo, y a pesar del dolor físico se reincorporó y tomó impulso para recorrer como una centella la longitud de la habitación de la rubia, llegó al otro extremo y comenzó a golpearse contra esa otra pared—. Galletas, ¡Taggart galletas! —pronunciaba con más fuerza.

A Gomamon, la actitud inmadura de Dex le parecía absurda. No obstante Dylan se molestaría con él si permitía que resultase herido. Se desparramó con más pereza en la cama y soltó un pesado bufido idealizando que no tenía más opción que cambiar su actitud para no decepcionar a su querida Tamer. Las cosas con ella ya eran bastante trágicas... Apretó fuerte sus ojos y antes de que terminase lloriqueando como un niñito, se puso de pie y saltó hacia el pomo de la puerta, tirando de él para abrir.

—Espera aquí, Barbajan, traeré tus ordinarias galletas.

La alegría disparó más energía en Dex, que dejó el muro para comenzar a correr en círculos. Gomamon rodó sus ojos y salió dejando la puerta entreabierta.

En su andadura por el pasillo, le pareció escuchar voces que no compaginaban con el tono de su humana. Resolvió el misterio asomando sus verdes ojos con prudencia hacia la sala, escondido detrás de un enorme jarrón de flores exóticas que coleccionaba la tercera inquilina del piso.


[...]


La germana le ofreció a la ucraniana una taza de su bebida favorita con la cual armonizar el momento, se sentaron en el sofá más largo una de cada lado manteniendo las distancias y les costó un poco arrancar, pero luego de unos minutos encarrilaron una charla acerca de amenidades y cosas banales. Aunque por momentos atravesaban lapsos de silencio, y ni Vanya ni Gummyta estaban alrededor para hacer algún comentario cómico que cortase el hielo. Por eso la mente de la nadadora maquinaba presurosa, para que su boca continuase parloteando. De no ser así sucumbiría a utilizarla en otra cosa.

—Por la plaza vimos a Tamer que llegaban a Digital World, había muchos niños pequeños que no dejaron de lloriquear hasta que Gomamon se ofreció a darles una charla —hablaba acerca de su día con tranquilidad, con mucha pereza, como si intentase prolongar su tiempo con la ucraniana y de esa manera saciar sus ganas de estar con ella—. Después pasamos por el supermercado —aclaró su garganta antes de proseguir—, ¿sabías que la carne es digital? —dijo como si fuese algo gracioso— Blasfemia.
—¿Carne?
—No pude evitar preguntarle a Monzaemon, la duda estuvo taladrando días en mi cabeza —la albina alzó ambas cejas aparentando sorpresa, luego cogió el pocillo que contenía su infusión y bebió sin despegar sus ojos de la otra chica—. Es insólito y un poco desagradable.

Al devolver la bebida sobre la mesa, Dylan tuvo la ligera impresión de que Gaia se movía en el asiento acercándose a ella. Y en lugar de alejarse, sus insubordinadas piernas le llevaron unos centímetros todavía más cerca.

«Vas a fallar, Tanneberger». Maldito subconsciente, es que no le daba ni un respiro.

—No comes mucha carne igualmente —comentó Zaytseva—. Sospecho que no eres de, gran apetito... —encogió los ojos, se cruzó de piernas y sonrió de manera jocosa. La germana sintió un leve calor en sus mejillas.
—Me gusta la carne —contrapuso mirando hacia el techo—, lo digo de verdad.
—Entonces, ¿por qué parece que quieres sacarla de tu dieta?
—Porque comer mucha puede derivar en —paró un segundo y tragó en seco— problemas de salud.

Su vista seguía clavada en los spots luminosos del cielo raso, respiró hondo; sabía que era el momento perfecto para reconducir el tema y sacar aquello que quería hablar con la ucraniana. Despegó sus labios y reunió algo de valor, quería decirlo, quería confesarse acerca de su condición la cual le había estado obligando a alejarse un poco de ella, pero las palabras se quedaron atoradas en su garganta. Si lo decía, tal vez Gaia le miraría de una forma distinta.

—¿Cómo estuvo tu día? —dijo al fin desviando totalmente el tópico de la conversación. La modelo le miró algo confundida.

Era la tercera o cuarta vez que DTB le hacía la misma pregunta, pero formulada de manera diferente. ‘¿Cómo estuvo tu día?’ ‘¿Qué tal la pasaste anoche?’ ‘¿Qué pasó ayer?’. Meditar unos instantes le ayudó a hilar cabos.

—Drew te contó, ¿cierto? —agitó un poco su cabeza con fastidio.
—¿Drew?
—Él te dijo lo que vio en mi ventana —la teutona se mantuvo estática, la imagen desagradable aquella había vuelto a tapizar su mente. Tomó su taza de té pero ya estaba fría, únicamente miró el contenido.
—Él no me dijo nada, yo lo vi con mis propios ojos.

Zaytseva se puso de pie y fue hasta el borde de la repisa que contenía todas sus fotografías. Tanneberger no podía verle a la cara así que, si ya era difícil, lo sería todavía más al querer descifrar lo que su pareja estuviese pensando.

—¿Es esto lo que querías hablar? —preguntó la albina.
—No.
—¿Estás molesta?
—N-no —repuso rápido la rubia intentando sonar segura. Se mordió sus propios labios, arrugó su entrecejo y se cruzó de brazos como si estuviese conteniendo un algo, hasta que ya no pudo más— ¿Debería estarlo? —escupió.
—No.

Dylan relajó sus facciones, se levantó del sofá y avanzó lento hasta donde estaba la otra chica sin hacer el más mínimo sonido. Sus manos se abrieron y, sin tocarle, se colocaron a cada lado del abdomen de Sashenka quien seguía de espaldas. Dudó un instante, pero estando tan cerca fue imposible retractarse: puso sus manos sobre ella y le abrazó fuerte, como si fuese a impedir que saliera huyendo, aspiró su aroma, sintió su piel, besó su cuello.

«Te lo dije, Tanneberger». Oh, scheisse. Comenzaba a hacerse a la idea de que tendría que lidiar con esos impulsos de forma permanente.

—¿Qué hacías con ella? —interrogó en voz baja— ¿Estabas experimentando algo? —repentinamente Gaia se puso muy rígida.


[...]


Desde que viera a su Tamer acercarse demasiado a la otra humana, Gomamon crujió los dientes y escapó a toda velocidad de la telenovela en tiempo real. Lo lamentaba por el Barbajan, pero el dolor que sentía en esos momentos justo en medio de su pecho era mucho más importante que cualquier ordinaria galleta que pudiese obtener. Entró a la habitación que solía llamar ‘Los aposentos de la realeza’, cerró la puerta muy fuerte tras de sí y después buscó por todas partes al Baby.

—Barbaján, tendrás que conformarte con comer aire, ¿me escuchaste? ¡Bah! —esperó casi un minuto entero, no obstante, la respuesta nunca llegó— ¿Barbaján?



Bishamon Bishamon esele
 
  • Me gusta
Reacciones: Bishamon

Bishamon

All I aspire is in your eyes forever to live
Moderador
Registrado
12 May 2008
Mensajes
5,126
Calificación de reacciones
2,531
Puntos
1,600
Por primera vez la palabra “experimentación” le resultaba tan desagradable en la misma oración de la que fuera el sujeto, y aquel verbo su predicado. Shura estuvo a escasos segundos de romper el abrazo para abordar a la rubia de frente, sin embargo con solo tocar las manos de la expert un chispazo hizo cimbrar su corazón. Su mirada azul terminó sobre el nudo de dedos en que se convirtiera la unión de sus manos con las de ella; y si silenciaba todo ruido del rededor podría percibir los latidos de la germana tras el encuentro de su pecho contra su espalda. El corazón de Dylan iba rápido.

—Hazlo de nuevo. —Pidió con un tono de voz bajo pero dulce, cambiando de tema y tomando por sorpresa a su pareja. No fue necesario que DTB preguntara al respecto; Sasha relajó sus hombros y con la mano derecha buscó el mentón de la otra fémina. Sutil, hizo que la nadadora guiara la cabeza en dirección a la suya, dejando sus dedos sobre la parte baja de aquella mejilla. —Quiero que me beses, otra vez.

Podía jurar que vio los orbes de Tanneberger brillar luego de su petición, ni qué decir de sus mofletes si los suyos debían estar igual de rojos. Desde que los labios de su novia le tocaran la piel, cerró los ojos y apretó ligeramente los labios. La reacción de su cuerpo envió el mensaje correcto a quien le evocara sentimientos fuertes, pues Dylan besó un par de veces su cuello, luego se deslizó hasta el hombro y al final parte de su espalda alta. La razón por la que le había pedido hacerlo fue que gracias a ello lograba sentirse un poco más relajada y confirmaba que, a pesar de que la alemana creyera que era solo material de prueba, no parecía incomodarle en absoluto.

Igual no quería que la relación que mantuviesen fuera vista de esa manera.

—¿Qué viste por la ventana? —La receptora plantó por última vez sus labios sobre la mejilla más próxima.
—Había… —con todo y todo no podía espantar los malos sentimientos ligados a esa imagen—, estabas con una chica que no tenía ropa —hubiera querido soltar el resto de aire comprimido—. ¿Por qué? ¿Quién era ella?
—Es una actriz de comerciales —el corto silencio sirvió para discernir que debía continuar—. Sí estaba experimentando algo —la rubia iba subiendo sus manos por sus brazos hasta escuchar eso último; los estacionó en los antebrazos casi aferrándose a ellos. Rápidamente Sashenka volvió la vista hacia DTB —, pero no es lo que imaginas.
—¿Q-qué? ¿Qué se supone que yo esté… —tragó en seco unas dos veces al menos al percatarse de que Shura no movía sus pupilas, ni siquiera un ápice. Su cuerpo se tensó más desde que viera a la peliblanca girar sobre su eje, quedando nariz con nariz a escasos centímetros de encontrarse. Cuando consideró mirar algún punto del suelo, que su novia le tocara ambos mofletes la hizo cambiar de opinión sin pensarlo.
—Sé lo que estás pensando.
—¿Eh…? —Su frente se arrugó un poco.
—Pero necesitaba hacerlo porque era urgente —Dylan juró que la presión se le iría al suelo por la cantidad de pensamientos que abarrotaron su mente.
—¿Q-qué era lo urgente? —En el fondo tenía miedo de escuchar el resto del relato.
—Necesitaba confirmar si su cuerpo era adecuado para llevar a cabo lo que…
Ich habe es verstanden —no solo le impresionó el que la heroína la interrumpiera expresándose en alemán, también había roto la cercanía tras caminar en dirección opuesta con visible muestra de angustia. Se había llevado las manos a cada lado de la cabeza queriendo borrar de su memoria la imagen de su novia tocándole la espalda a esa desconocida.
—Dyl.
—Ya sé que no tengo —se había abrazado y quedado dándole la espalda para que no viese su cara—, no tengo el mismo cuerpo que esa —respiró fuerte—, esa actriz —pronunció entre dientes, siendo consciente del fastidio que le generaba hablar de ello, mas ese sentimiento se transformó en otro negativo a la velocidad de un chasquido.

Desde la perspectiva de la modelo, la amante del océano dejó caer los hombros e inclinado la cabeza hacia abajo. Que sus dedos apretaran la tela que cubrieran sus brazos y seguramente la piel, le dio a entender que definitivamente todo fue malinterpretado a niveles impresionantes, algo preocupante y desconcertante a la vez. Gaia se acercó a ella sin invadir su espacio personal, a la distancia de un brazo de ser extendido. Por segunda, tercera y cuarta vez mencionó el nombre de su novia con la misma quietud del principio.

Con su habitual pereza se dio la vuelta. En sus esmeraldas no se hallaba reflejada esa actitud; iba más allá.

—No se trata de eso —antes de que la de mechones dorados dijese algo más, la albina adelantó sus palabras—. No tienes que compararte con nadie.
—Sus proporciones eran más —usando las manos simuló lo que quería decir para no tener que pronunciarlo.
—Sí, pero igual funcionó —Tanneberger suspiró—. De verdad no sucedió nada que deba perturbarte —curvó sus labios levemente antes de continuar—: no tuvimos sexo —y Dylan abrió sus ojos casi como dos platos—, no hicimos nada de esa índole.
—Aleksandra… —la aludida levantó los hombros.
—Tampoco fue idea mía —en su rostro se podía percibir lo que le provocó el que su amigo digital recurriera a lo sucedido para satisfacer su reto—. Vanya quería que pintara sobre su cuerpo un paisaje para luego fotografiarla y bueno, el resto sigue en veremos porque no envían el resultado.
—¿Dibujar? Falacia.
—No quedaba mucho tiempo, no había de otra —dio un par de pasos para acercarse a la germana—. Si hubiese podido pintar sobre tu cuerpo me hubiera resultado más agradable —díjole casi susurrando; despacio fue moviendo unos cuantos flequillos de su rubia cabellera para ponerles detrás de la oreja—, pero luego reflexioné sobre ello y tal vez la tentación de hacer otras cosas —DTB la había rodeado por la cintura; sonreía mientras la escuchaba—, me hubiera ganado y Vanya hubiese perdido el reto.

Solamente al verle con una mejor expresión en su rostro, Zaytseva se atrevió a regalarle un beso que traspasó el borde de sus labios. Las manos de la chica con mayor rango fueron abiertas sobre la espalda de la otra tan solo para arrastrarlas con afanes de sentirle más cerca, de transmitirle lo que le hacía evocar jugar con su boca en el vaivén de movimientos no apresurados.

Nunca sería suficiente siempre que hubiese deseo en medio, pero la eslava se detuvo para decirle unas cuantas cosas que creía que era pertinente sacar de su interior. Adhirió su frente de la de su persona favorita sintiéndose emocionada al ser correspondida.

—Cuando te escribí que te extrañaba me refería a muchas cosas.

Los dedos de Tanneberger eran presos de un tremendo cosquilleo, mismo que se empezaba a proliferar con extrema velocidad por el resto de su cuerpo muy a pesar de los pensamientos de su propia batalla. ¿Qué tenía de malo dejarse llevar? ¿Qué podría salir mal? Lo peor que podría suceder era terminar convirtiéndose en adicta de la mujer que tenía entre sus brazos, y que representaba muchas cosas buenas, así como otras causantes de provocarle debilidad.

Después de una charla que inició con trabas en el contexto, ya venía siendo hora de que interpretara correctamente lo que su novia le había revelado: también moría por estar con ella de otra forma.

—Yo quiero que…
—Solo —¿para qué decir más si más valían los actos? La rubia regresó a la anterior labor placentera de acariciar los labios de Shura con los suyos.

En sincronía movieron sus pies rumbo al mismo sofá del que se habían puesto de pie, entre pasos torpes y risas; repentinamente la modelo empujó a su amante directo al mueble apenas dándose cuenta del esbozo de asombro que le causara tal acto, haciéndole sonreír de manera divertida y atractiva. Dylan la recibió gustosa sobre su cuerpo, enseguida retomando el contacto entre sus bocas con más velocidad y profundidad evidenciando anhelo. Para ello había llevado una mano hasta la nuca de Zaytseva mientras esta última le tocaba todo el torso en busca de los botones de la camisa que usara. DTB no se opuso a ser despojada de dicha prenda, pues tampoco perdió el tiempo al deslizar el abrigo de su novia.

Como si pudiera observar la piel de la eslava con su tacto, recorrió sus brazos sin ánimos de perderse lo mucho que pudiera percibir, tal vez deseando poder traspasar del simple tacto; para entonces le besaba a la altura del cuello, motivándose cada segundo a continuar por las reacciones ganadas por parte de Gaia. Y porque tuvo la oportunidad de descender, la germana besó cuanto pudo del inicio de su pecho a pesar del par de estorbos que aun quedaban.

Shura la rodeó ejerciendo cierta presión a modo de correspondencia. No obstante, no pasó mucho tiempo para que reclamara sus labios, por lo que tomó a Dylan de la parte baja de su cabeza, le alzó y ahogó sus jadeos al unir sus bocas. La expert terminó por caer de espaldas sin desprenderse de aquel gesto apasionado. Para entonces sus dedos yacían levantando el vuelo del vestido de su novia a nada de delinear el borde de sus interiores…

—Hmm… a-aquí no —Sashenka intentó separarse de Tanneberger sin demasiado éxito. Desde que presintiera que la modelo pudiera cortar con el momento, DTB la fue guiando al costado entre el espaldar y su cuerpo en pos de retenerla allí. En algún punto se haría dueña de la situación y su novia no podría huir—. Dyl… Dylan nos pueden… —mordió sus labios para resistir las innumerables ráfagas de excitación; la aludida sabía cuáles puntos tocar, consciente o inconscientemente, logrando que la ucraniana se volviera frágil. Sus piernas yacían entrecruzadas, por lo que entre movimientos rozaban su intimidad.

A nada de dejar al descubierto el sujetador de la peliblanca, el llamado del autoproclamado rey reavivó la intención de Zaytseva, caso nulo con la tamer de este. Gaia tuvo que actuar con cierta brusquedad para traer a la nadadora a la realidad al pasarle por encima casi cayendo al suelo de bruces. Dylan se mostró desorientada; los grandes orbes de Gomamon se encontraron con los azules de la modelo sin que ninguno pronunciara nada o moviera un ápice. Él no podía ver a su querida humana ya que el espaldar la cubría, salvo parte de su cabellera rubia. Rápidamente la medium se compuso y terminó de sacudir su ropa, arreglar su cabello y normalizar su respiración. Tanto ella como la otra europea tenían la piel sonrosada.

—¿Qué está sucediendo aquí? —Tanneberger se sentó de golpe. El acuático se asomó por uno de los lados, el más próximo a dónde estaba casi recostada su cabeza. Se le cruzó por la mente acotar la coloración de la dermis de su tamer, empero notó que la otra fémina estaba casi igual; recordó que eso solía suceder cuando ambas estaban juntas… que la de cabellos de anciana se lo provocaba a su amada Dylan y, ¿ahora? Descubría que la germana podría provocárselo a la ucraniana.

Para entonces una de las dos le había respondido con un simple “nada” que no alcanzó a escuchar por andar pensando en lo anterior.

—Voy por un poco de agua, ¿quieres?
—Sí… no —se apresuró a contestar antes de ponerse de pie—, digo me vendría bien —y justo al ver que Shura le diera la espalda para marcharse la detuvo de nuevo—: blasfemia —murmuró—, ¡mejor no! ¡No!
—¿Dyl, qué te sucede? —Tuvo la intención de acercarse más a ella pero la misma le detuvo al mover sus manos de lado a lado.
—Tomaré una ducha, sí… mejor eso —murmuró algo más en su idioma natal y ni siquiera miró a su pareja. Casi a las carreras se perdió por el pasillo que guiara a su habitación. Gaia relajó sus hombros en medio de un suspiro. Por un lado comprendía la manera en la que actuó Tanneberger pero, por el otro le resultaba curioso porque era como si no pudiera manejar sus emociones cuando estaban a tope. Perdía esa pasividad que solía caracterizarla.

Desde que se encontraron a solas en aquel amplio salón Gomamon no despegó su mirada de la albina. Entre tantas cosas extrañas en cuestión de segundos, la que se llevaba el galardón era el ver a la foca allí en vez de marcharse con su presea. Shura consideró retomar su antigua intención de aplacar su sed, pero sentía que debía romper el hielo; aclaró la garganta casi invitándolo a hablar primero, solo que lo primero que obtuvo del digital fue un bufido y que se moviera por distintos puntos como si quisiera encontrar algo.

Quizás estaba sobre pensando las cosas, díjose a sí misma. Siendo así, se apartó para dirigirse a la cocina donde tomaría algo más que agua porque también necesitaba aquietar los residuos de aquel encuentro.

—¡¡Gomamon!! —Respingó al encontrarle medio asomado como si echara un vistazo al cuarto o a ella. —¿Te sucede algo?
—Nada puede sucederle al rey —acomodó su corona.
—Creo que hay algo que quieres decirme —el de pelo naranja la miraba de reojo—. Y si es así, puedes hacerlo con confianza.
—Solo porque no quiero que mi querida Dylan se preocupe —intentó decirlo en voz baja pero fue normalmente audible—, ¿has visto al barbaján? ¡Te ordeno que me permitas inspeccionar tu habitación!
—¿Qué le sucedió a Dexter?
—¡Nada! —Respondió en instantáneo. —Debe estar escondido por ahí, queriendo jugar con mi paciencia real.
—O sea que está perdido —obtuvo otra respuesta rápida que dejaba más en claro que de verdad, el guerrero de Odín, no tenía idea del paradero del bebé.
—No si está en alguna de las habitaciones —concluyó aun levemente exasperado—. Solo sé que no puede estar en la de pelos de chicle y el rebelde súbdito —había intentado entrar, dándose cuenta en el proceso de que estaba cerrada con llave—. ¿Y?

¿Acaso se estaba esforzando en sonar amable? Podría ser demasiado para alguien como él, sumándole lo que debía estar sintiendo al no saber del pequeño peludo. En silencio se dirigieron hacia la alcoba de la modelo encontrando al de fuego bastante concentrado en lo que hiciere con sus fotografías, además de estar a cada minuto atento a los mensajes que pudiera recibir su tamer, que en realidad podrían ser para él. Gumita jugaba sobre la cama con unos cuantos objetos.

—¡¡Te ordeno que des la cara, barbaján!! —Tanto Coronamon como el gelatinoso aparecieron en escena al escuchar aquella inconfundible voz.
—Qué sorpresa que estés pisando mis dominios —el de elemento acuático infló los mofletes solo un instante, pues en cuestión de nada irguió su pecho.
—Nunca está de más visitar a los plebeyos —el único contento era Taras tan solo por la palabra “visitar”.
—No me digas que vienes por lo de…
—¡Falacia! —Otra reacción sobresaltada. —Estoy buscando al refugiado buscapleitos.
—¿Han visto a Dex? —Vanya y el baby II negaron.

Tratando de no parecer impaciente, Gomamon retornó su andar fuera de la habitación. ¿Cómo podía perderse alguien tan pequeño y ruidoso? Más que nada por ese particular detalle. Si no lo encontraba sentía que Dylan podría enloquecer, enfurecerse con él por haberle descuidado o peor… retomar esas estúpidas pastillas que siempre aparecían en momentos de crisis. No quería fallarle; no quería incumplir a su propio decreto de velar por él aunque fuese el más revoltoso del universo. ¿Qué le diría a la germana? ¿Qué debía hacer ahora? Sus garras se tensaron.

—Busquemos en la habitación —el ególatra giró el cuello.
—¿Crees que no lo hice? ¡Bah! No necesito tu ayuda —llevó la mirada al piso.
—Solo vamos.

Haciendo caso omiso a los llamados del child, Shura se encaminó hacia “los aposentos de su majestad”. Él la hubo seguido de cerca rindiéndose a mitad del camino, considerándola una humana terca… pero lo que no quería en realidad, era toparse con su tamer. Suponiéndolo, Gaia abrió la puerta con cuidado arriesgándose a llamar a su novia para ver si se encontraba por ahí.

—Debe estar en el baño todavía —Gomamon no sabía si sentirse aliviado o indignado.
—Ya te dije que revisé cada rincón de mi espacio —se detuvo en medio del cuarto a observar lo que hiciere la modelo.
—La ventana está un poco abierta —de hecho la cortina danzaba producto de la brisa. Todavía continuaba lloviendo fuerte. Con las dos manos simuló el tamaño de la abertura, mostrándoselo al ser que se creía todopoderoso con el ceño un tanto fruncido. Los dos se vieron directo a la pupila—. ¿Estuvo solo en algún momento? —Él lo recordó. Iba por sus ansiadas galletas a casa de Andrew cuando se encontrara con tremenda escena protagonizada por quien le preguntara y su adorada Dylan. Eso no lo diría nunca, jamás. —Es probable que haya escapado por ahí y —se asomó sin importar mojarse—, marchado hacia algún lugar por las escaleras de emergencia… —que no estaban tan lejos de la ventana.
—Seguro fue a casa de ese ladronzuelo —de repente la ducha dejó de sonar.
—Te ayudaré a buscarlo.
—Blasfemia, no necesito ayuda.
—Claro que sí —Gaia avanzó hasta él—. Estoy segura de que no quieres que Dylan resulte afectada por esto —Gomamon se echó un tanto hacia atrás—, yo tampoco lo quisiera. Si salimos los dos la búsqueda será mejor, ¿no crees?—Trató de decir algo para objetar, mas en el fondo reconocía que tenía un punto válido o dos… —. Además, no te dejaría ir solo a esta hora y en esas condiciones. Hagamos esto por Dylan —y extendió su mano derecha cual si fuese un trato.




Verwest Verwest
 
Última edición:
  • Me gusta
Reacciones: Verwest

Comentarios por Facebook