Fanfic Una nueva Era [Capítulo 11] (19-7)

Arki

Adolescente idiota y rencoroso
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Buenas, buenas, compañeros diginautas.

No soy nuevo en el foro, de hecho solía ser un usuario bastante activo (con otro nombre), pero por cuestiones que no vienen al caso decidí reinventarme e iniciar desde cero. Y lo primero que quiero hacer es empezar este fic, en lo que será la tercera p*** versión del mismo. La primera vez que lo escribí era muy joven (12 años, lol), tenía una idea pero iba armándola a medida que escribía los capítulos. La segunda vez venía bien pero eventualmente tomó un rumbo irremontable. Esta vez espero que sea la definitiva.

Sobre el fic, está centrado en los elegidos de Adventure, con algún OC y villanos nuevos. Es una historia principalmente de aventura, romance y algo de misterio. En ese orden. Espero que le den una oportunidad a esta historia que tantos años de reflexión me ha llevado. No estará ni cerca de ser una obra maestra, pero espero que por lo menos les sea una lectura agradable.

¡Y empezamos!


Por Arki




Prólogo: Una nueva Era
Capítulo 01: Un héroe retirado
Capítulo 02: ¡Conozco ese ringtone!
Capítulo 03: Alétheia
Capítulo 04: El Noveno
Capítulo 05: El Guardián del Valor
Capítulo 06: Un cielo sin estrellas
Capítulo 07: Relatos
Capítulo 08: La Resistencia
Capítulo 09: El Rey del Digimundo
Capítulo 10: Llamado a las armas
Interludio: El Templo Olvidado
Capítulo 11: Cuestión de Confianza
[X] Capítulo 12: COMING SOON
[X] Capítulo 13: COMING SOON
[X] Capítulo 14: COMING SOON
[X] Capítulo 15: COMING SOON
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Criaturas incomprendidas somos los inmortales. En un universo dominado por criaturas mortales, los pocos seres que contamos con el don de la infinita existencia somos extraños. Amados y venerados, o temidos y evitados.

Incomprendidos.

En el fondo, todos venimos del mismo lugar. Todos fuimos formados por datos en algún momento, aunque hayamos trascendido y ahora nuestro arjé sea algo más. Pero, ¿cómo pueden entender nuestros motivos seres cuyo paso por este mundo es finito? ¿Cómo pueden pretender entendernos si no comparten nuestra perspectiva? Una erupción volcánica es un desastre para ellos, porque pierden sus bosques, sus aldeas. Ellos no saben que las islas que ellos habitan se crearon gracias a la lava que destruyó todo lo que había allí antes. En cambio, cosechan sin comprender que poco a poco quitan todos los nutrientes de la tierra. En unas generaciones habrán destruido esas hermosas praderas.

Para estas criaturas, la vida es su bien más preciado. Su vida es lo más importante. Se manejan en el corto plazo, sin ver la gran escena. Su falta de perspectiva les impide ver lo que a mí se me presenta como obvio. Para mejorar este mundo, todos sus seres vivos deben perecer.

En el pasado tuve esta misma discusión con mis hermanos. Acerca de la belleza de nuestra creación. Para mí, la belleza viene de la mano del orden, la armonía. ¿Qué es más hermoso que el ciclo interminable e inalterable de las estaciones? ¿Hay acaso algo más hermoso que la cadena alimenticia? Los digimon débiles se alimentan de hierbas, los digimon fuertes de los digimon débiles, y cuando los fuertes mueren, sus datos se convierten en nuevas hierbas. Un ciclo completo. Perfecto. Hermoso.

Pero los seres vivos atentan contra el orden. Toman decisiones. Cometen errores. Buscan alterar lo establecido para cumplir sus objetivos. Siempre los odié. Destruyendo todo lo que es verdadera y objetivamente hermoso en este mundo que tanto trabajo nos dio crear. Es por eso que en su momento me alcé contra mis hermanos, y junto con mis seguidores, lanzamos un azote contra la vida del Digimundo. Una gran batalla, siglos luchando. Al final, con el sacrificio de su Orden de Caballeros, mis guerreros fueron derrotados. Yo podría haber seguido, continuado el conflicto durante eones. Pero mi labor ya estaba lista. Casi el ochenta por ciento de los seres vivos murieron en aquella guerra. La destrucción dejada en el Digimundo daría paso, eventualmente, a un nuevo florecimiento.

Con mi objetivo cumplido, dejé que mis hermanos me capturaran. Me encerraron en este plano, este Limbo entre dimensiones desde el cual observé la belleza volver al mundo.

Y entonces, tuve una visión. Suele sucedernos a los inmortales. La inmortalidad misma asegura una existencia perpetua, estar ligado al tejido de la realidad por toda la eternidad, y eso a veces nos permite ver vistazos de un futuro posible.

Los vi llegar. Seres de otra dimensión, los Elegidos por mis hermanos para ayudarlos en épocas de crisis. Humanos, la prole de nuestros creadores, individuos de la dimensión desde la cual nosotros venimos. Con mucho esfuerzo, logré enviar parte de mi energía a su mundo, para estudiarlos.

Disgustante.

Seres irracionales, que dicen actuar con la razón, pero lo único que siguen son sus instintos, sus sentimientos. ¿Cuál es su código fuente? ¿Cuál es su programación? No parecen tenerla. Es como si no tuvieran sus directivas, como si actuaran sin un propósito fijo. No sé qué les vieron mis hermanos, pero los eligieron para traer su llamado “equilibrio” de regreso al Digimundo.

Es llamativo que no notaran que sus acciones jugaron con el tejido de la realidad y la separación entre las dimensiones. Sus continuas batallas y viajes entre mundos debilitaron mi prisión. Quizás crean que ya no tengo interés en que nuestro mundo sea bello. Quizás ni se imaginan que desde que tuve mis visiones acerca de los Elegidos llevo planeando mi regreso, reuniendo energía para este momento. Ocupados con la reconstrucción, mis hermanos se han olvidado de sus antiguos enemigos.

Es hora de hacerles recordar.



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Miles de digimon fueron testigos de un hecho que sería narrado en las futuras crónicas como el cataclismo que dio inicio al capítulo más importante de la historia del Digimundo. En aquella fatídica tarde, el día se transformó en noche.

Inició con las nubes arremolinándose muy extrañamente. Los digimon que se encontraban en aquella llanura del Continente Server observaron lo que parecía ser el inicio de un huracán. La que hasta ese momento era una tarde soleada se transformó de inmediato en un día nublado, con nubes que parecían surgir de la nada y se sumaban al creciente remolino en el cielo. Algunos, los más sensatos, decidieron alejarse en caso de que se tratara en efecto de un huracán. Otros, más osados o quizás más imprudentes, se acercaron a observarlo mejor.

Un Garudamon se acercó al ojo de la tormenta para observarla mejor. Nunca había visto nada igual. Conocía a un digimon anciano, un chaman cuya conexión con la naturaleza era legendaria. Pocos sabían cómo contactarlo, nadie dónde se encontraba. Por suerte, Garudamon conocía una forma de contactarlo. Quizás, él podría decirle…

Ninguno de los digimon que lo vio vivió para contarlo, por lo que no quedaron registros de que el ojo de la tormenta se convirtió en un vórtice, una ventana hacia otro lugar. Por un instante todo se concentró en aquel círculo, que pareció absorber toda la energía de la atmósfera. Entonces, los vientos se detuvieron, y todo quedó en un silencio absoluto, como si hasta el sonido hubiera viajado hacia aquel portal. Y en ese instante en el que todo se quedó quieto y en silencio, a través del portal se vio un universo nuevo, un lugar lleno de constelaciones y nebulosas, vagando por el vacío infinito por toda la eternidad. Y luego la explosión.

El estruendo se escuchó a kilómetros de distancia. Un haz de energía gigante que se proyectó desde el portal hacia la tierra y generó una onda expansiva de destrucción que se extendió varios kilómetros a la redonda. Toda forma de vida, digimon o planta, que fue tocada por aquella onda de energía oscura, pereció al instante. Solamente algunos de los digimon más poderosos sobrevivieron a ese primer impacto.

Algunos digimon, en su mayoría de nivel Ultra o Mega, que vieron la explosión en el horizonte se acercaron a ver qué era lo que había sucedido. Al llegar, se encontraron con que toda aquella energía oscura se reunía y concentraba en tres puntos, reuniendo los datos cercanos. Rápidamente, presenciaron cómo la energía se transformaba para crear tres digimon.



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Ha comenzado.

Con mis guerreros caminando de nuevo entre los mortales es sólo cuestión de tiempo. Mis hermanos reaccionarán, pero mientras yo no participe, ellos tampoco intervendrán. Ni siquiera sus campeones son rivales para mis fuerzas. La única esperanza del Digimundo son los Elegidos. Habiendo sacrificado sus emblemas para sellar la puerta que conecta nuestras dimensiones, sólo les queda una opción si es que planean derrotarme. Un antiguo poder que fue sellado hace tiempo. Tarde o temprano llegarán a él.

Y cuando lo hagan, mi regreso estará asegurado.





Bueno, este es el prólogo.

Voy a serles sumamente honesto. Escribo este prólogo por dos motivos. Uno, para que haya un glimpse de lo que será el antagonista de la historia. Y dos, porque necesito un par de capítulos para plantear el terreno, presentar a los protagonistas y sus situaciones particulares y luego sí empezar con la acción. Y sentía que si no les mostraba hacia dónde apuntará el fic con este prólogo, pues iban a empezar a leer y se llevarían quizás una impresión equivocada.

"¡Bah! Este fic es uno más de la vida diaria de los Elegidos, eew."

Para evitar eso ^ incluí este prólogo (a último momento, debo agregar xD). Qué más... Bueno, aclarar de entrada que me tomo libertades creativas a la hora de hablar de lo que es la mitología del Digimundo, como seguramente hayan notado. Y eso es todo. Así que si les interesa prepárense para el cap número uno que publicaré en dos o tres días.

¡Saludos!
 
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¡Hola!

Lo que más me ha llamado la atención es tu manera de narrar (sin fallo alguno y muy interesante) y cómo presentas al personaje. Está muy bien, espero el primer capítulo.

Saludos :)
 

Arki

Adolescente idiota y rencoroso
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Sombra&Luz Sombra&Luz Muchas gracias por el comentario. Espero no decepcionarte con la narración en los capítulos que vienen, porque normalmente escribo en tercera persona. El prólogo lo escribí en primera porque era la presentación del antagonista, un vistazo a sus motivaciones y eso. Gracias de nuevo :D



¡Oh yeah, hora de ver a los Elegidos! Este capítulo es un poco más importante de lo que puede llegar a parecer a priori. Lo único que voy a decir es que antes de escribir cada escena me pregunto qué es lo que le aporta a la historia general. Por lo general no voy a escribir una escena que no implique un cambio en la mentalidad de un personaje, presente algún aspecto interesante del mismo o tenga alguna repercusión más tarde.

Así que si en algún momento les parece que hay una escena innecesaria, en primera instancia avísenme para que vea si había alguna otra forma de escribirla para que no se sintiera de esa forma, pero en general seguramente esté allí por algo.

Por cierto, yo soy un fanático de la música. Disfruto mucho de escuchar música. Y muchas veces a la hora de escribir un capítulo hay un tema que resuena en mi cabeza y que pongo para que se reproduzca una y otra vez mientras escribo. Me parece divertido sugerirles dicha canción para que la escuchen mientras leen el cap, así pueden meterse en mi cabeza y ver qué fue lo que quise transmitir con el capítulo. En esta ocasión es un tema bastante genérico pero que coincidía demasiado bien con mi idea de capítulo. Es Everyday Superhero de Smash Mouth.

En fin, ¡capítulo número 1! :7474:





Mientras terminaba su café mañanero para despertarse, Tai Yagami se concentró en pensar en su día. Pensar en la rutina, las tareas diarias, el riguroso cronograma de la secundaria. Tenía los típicos problemas de un adolescente promedio. Problemas en la escuela, malas calificaciones, discusiones constantes con sus padres, sentir que nadie lo comprendía. En efecto, problemas normales para un adolescente normal. Aunque claro, Tai Yagami no era precisamente normal.

Él era un héroe. El líder de los Niños Elegidos, un grupo de humanos que habían viajado a otro mundo para salvarlo de la destrucción. No sólo eso, sino que habían salvado también a la Tierra. Era un guerrero, un líder nato, impulsivo, carismático, valiente. O por lo menos, eso había sido. Tras el incidente con Diaboromon, que acabó con una bomba nuclear desactivándose segundos antes de estallar en Japón, la puerta que unía el Digimundo con la Tierra se había cerrado, y ninguno de los Niños Elegidos había vuelto a ver a su compañero digimon. Al igual que ellos, Tai deseaba reencontrarse con su amigo Agumon más que nada en el mundo. Pero también, secretamente, anhelaba algo más.

Quería una nueva misión, un propósito para su vida, volver a sentirse importante. Quería una aventura. Día tras día tomaba su Digivice, aquel sagrado aparato que había iniciado toda su aventura, y lo dejaba en su cinturón, por si acaso. Los días se convirtieron en meses, los meses en años, y el aparato nunca volvió a mostrar indicio de seguir funcionando. Había llegado a la conclusión de que lo mejor que podía hacer era olvidar su antigua vida de héroe y aceptar su realidad: un chico de dieciséis años inmerso en un ordinario mundo que no podía salvar.

Terminó su café, revisó que su uniforme estuviese arreglado y echó una rápida mirada al reloj de la cocina.

— ¡Kari, apresúrate o llegaremos tarde!

—Ya voy.

Justo en ese momento, su hermana menor salió del baño, visiblemente arreglada. Tai suspiró mientras dedicaba un instante a observar a su hermana. Era tan linda que no tenía necesidad de maquillarse, pintarse las uñas ni delinearse los ojos. Pero ya tenía trece años, y había dejado de ser su hermanita, la que necesitaba ser cuidada. Ahora era más independiente, y el tiempo que pasaban juntos era cada vez menor.

—No sé por qué las chicas tardan tanto en arreglarse. Vas a la escuela, no a un antro.

—No todos nos conformamos con una ducha a la semana, Tai.

—Ya, toma tu mochila y vámonos. Si vuelvo a llegar tarde voy a terminar en detención.

Dejaron su departamento y salieron de la unidad de viviendas que era su hogar, saludando a los vecinos con los que se encontraban. Era una hermosa mañana, con el cielo despejado y aclarándose con el Sol matutino. Caminaron tranquilamente y en silencio hacia su escuela, pensando en sus cosas. A esas horas la ciudad entera despertaba, la gente se dirigía a sus trabajos y los comercios abrían sus puertas. Kari escuchaba música en sus auriculares, tarareando la melodía, mientras Tai trataba de pensar en una excusa verosímil acerca de por qué no había terminado su trabajo de álgebra. Se encontraba descartando su mejor idea (al darse cuenta de que era fácil para el profesor adivinar que no tenía un perro en su departamento) cuando un viejo conocido empezó a llamarlos.

— ¡Tai, Kari, esperen!

Tai volteó con una sonrisa, y Kari lo imitó, quitándose los auriculares.

Joe Kido se acercaba corriendo desde la otra vereda. Debía de haberse quedado dormido, ya que tenía el pelo sumamente desaliñado, sus gafas prácticamente colgando de una oreja, algunos papeles perdiéndose por el bolsillo abierto de su mochila y batallaba por ponerse la chaqueta de la secundaria con una mano. Cruzó la calle y se detuvo en seco cuando un auto pasó a toda velocidad a centímetros de él, la ráfaga de aire despeinándolo aún más y el sonido de la bocina aturdiéndolo.

— ¡Está en amarillo, ¿qué no ves?! —Gritó el Superior, señalando el semáforo. El conductor, alejándose, llegó a sacar la mano izquierda por la ventanilla, mostrándole el dedo mayor a Joe.

—Joe, y yo que te veía como el responsable del grupo —bromeó Tai, sosteniéndole la mochila a su amigo para que pudiera acomodar su ropa.

—No es gracioso. Mi despertador se quedó sin batería a mitad de la noche, no tenía con qué desayunar y la rueda delantera de mi bicicleta estaba completamente desinflada. Voy a llegar tarde a clases, aún tengo que comprar mis fotocopias de geografía, mi secundaria queda mucho más lejos que la suya y encima un hombre casi me atropella. No es mi mejor mañana, precisamente.

—Oh, pobre Joe. Deja que te toque una canción con el violín más pequeño del mundo —dijo Tai, frotando el dedo índice con su pulgar.

—Muy gracioso —dijo con tono enojado, aunque no pudo ocultar su sonrisa.

Con la compañía de Joe, el trayecto hacia la Escuela Secundaria N°6 de Odaiba se hizo mucho más ameno. Hacía tiempo que los hermanos Yagami no lo veían, con sus exámenes y trabajo de medio tiempo lavando platos en Luigi's. El dueño del restaurante italiano era poco paciente, muy exigente y de muy mal humor. Pero Joe tenía experiencia lavando platos para monstruos, así que no le importaba mientras recibiera su paga al final del día.

Les contó sus anécdotas más graciosas de la semana, incluyendo el haber confundido el limpiador de vidrios con el líquido destapa tuberías –y sus horribles consecuencias–, hasta que llegaron a la secundaria a la que asistían los Yagami.

—Bueno, yo debo seguir a mi escuela —dijo Joe, olvidándose por completo de estar llegando tarde y queriendo quedarse un poco más con sus amigos —. Obviamente nos veremos esta noche, ¿no es cierto?

—Por supuesto que sí —dijo Kari, de repente muy contenta. Tai y Joe intercambiaron una mirada cómplice.

—Por un segundo creí que te lo perderías —comentó Joe, riéndose por lo bajo. Kari puso los ojos en blanco y caminó dentro de la escuela, sin despedirse, dejando a los dos elegidos solos en la entrada.

—Cada día está más irritable —comentó Tai, negando suavemente con la cabeza—. A veces me pregunto qué le pasó a mi hermanita, la que sonreía a todo el mundo y sólo sabía decir cosas amables.

—Todos cambiamos, Tai. Es parte de crecer, parte de la vida.

—Pues la vida apesta.

Joe apoyó su mano en el hombro de su amigo.

— ¿Ves? Tú también cambiaste. El jovial Tai de once años jamás habría dicho una cosa tan depresiva y emo —le dijo, sacándole una sonrisa al castaño—. Ya, en serio, Kari sigue siendo la misma niña dulce y amable que todos conocemos. Es sólo que ahora no es tan abierta como antes.

Mientras acomodaba sus lentes, Joe levantó la vista un segundo, y vio algunos metros más allá una imagen que le serviría para su exposición.

— ¿Ves a lo que me refiero? –señaló–. Sigue siendo cariñosa, pero es un poco más selectiva sobre con quién serlo.

Siguiendo la mirada de Joe, Tai vio que su hermana estaba prácticamente colgada de un chico, abrazándolo con mucha fuerza y dándole un beso en la mejilla, atrayendo por lo menos un segundo la atención de todos los que pasaban por allí. Los alumnos mayores apenas si le daban importancia. Los chicos de su edad estaban más ocupados hablando de las nuevas películas de Marvel y sobre si ScrewAttack tenía razón acerca del resultado de la batalla entre Goku y Superman. A quienes más afectaba aquella demostración pública de afecto era a las demás chicas, que se veían notablemente molestas por ver al chico sonriendo y devolviendo el abrazo.

—Bueno, yo ya tengo que irme. Los dejo a ti y a tus celos de hermano. Trata de no golpearlo. Mándale saludos y dile que iré esta noche. Nos vemos, Tai.

El Elegido del Valor saludó a Joe, con la vista fija en su hermana y el escándalo que estaba haciendo. Se acercó con paso firme y colocó su brazo alrededor del chico, separándolo de su hermana no tan sutilmente.

— ¡TK, hombre, feliz cumpleaños! —Lo saludó, moviendo suavemente el gorro que tenía.

—Muchas gracias, Tai —dijo el chico, volviendo a acomodar su gorro —. Llegaste temprano hoy.

—Si, bueno, Kari estaba ansiosa por venir a la escuela. Uno creería que tiene novio para estar tan desesperada.

— ¡Tai!

—Ahora que tienes catorce y eres un hombre, confío en que te asegurarás de que ningún chico trate nada con ella, ¿no?

—Bueno, yo… Sabes que puedes confiar en mí —Dijo tratando de parecer relajado, aunque su sonrisa nerviosa no lo ayudaba en absoluto —. Aunque no creo poder hacer mucho si ella quiere estar con alguien.

— ¿Cómo que no? Es tan fácil como dar un buen golpe en la mandíbula. Nada ahuyenta más a los idiotas que un golpe en la mandíbula. Así lo hacemos los hombres. ¿Eres un hombre? —Le preguntó, tomándolo por los hombros y mirándolo fijamente a los ojos.

—Pues, yo… Em… Me afeito una vez al mes —contestó.

— ¡De eso estoy hablando!

—Hey, hombres, ¿podrían bajar los niveles de testosterona y saludar?

Con sus libros de texto en la mano, Sora y Matt se acercaron al creciente grupo de elegidos reunidos en la entrada de la escuela. Tai se olvidó inmediatamente de TK y su hermana, y sólo atinó a sonreír a Sora, y tratar de arreglar disimuladamente su chaqueta. Los saludó entusiasmado, aunque en verdad no lo estaba tanto viendo lo cerca que Sora y Matt caminaban el uno del otro.

—Feliz cumpleaños, TK —lo saludó la chica, dándole un ligero abrazo con la mano que tenía libre.

—Gracias, Sora —después volteó a ver a Matt y extendió el puño para saludarlo—. Hermano.

—Qué tal, TK. Y Tai, no desaliñes a mi hermano.

—Vamos, estoy seguro que habrá más de una chica dispuesta a peinarlo.

—Continúen hablando como si yo no estuviera, no es para nada vergonzoso —comentó TK, sintiendo su cara arder sin poder evitarlo.

El timbre interrumpió las risas de todos. TK y Kari fueron por un lado, mientras que Tai, Matt y Sora fueron a su propio salón, a la clase de historia. El profesor aún no había llegado, así que se sentaron en sus posiciones habituales, los tres en la misma fila. Hablaron algunos minutos más sobre el cumpleaños de TK hasta que el profesor entró al salón. Y como todo salón de clases lleno de adolescentes hiperactivos, las cosas se volvieron extrañas muy rápidamente.

—Muy bien, alumnos, con el examen pasado dimos fin al siglo diecinueve. Hoy empezaremos con el súper interesante siglo veinte —explicó el profesor, con el mismo tono que usaría si estuviese leyendo de un teleprinter.

—Su entusiasmo es contagioso, ¿verdad? —Comentó Tai a Sora, quien reprimió una sonrisa.

—Antes de empezar, ¿cuáles fueron, a su criterio, los sucesos más importantes del siglo XX?


Haciendo todo lo posible para que se perdiera el orden, los alumnos comenzaron a hablar al mismo tiempo.

—La Primera Guerra Mundial.

—La Revolución Rusa.

—La Segunda Guerra Mundial.

—La Guerra Fría.

—La Tercera Guerra Mundial.

— ¡No hubo tercera guerra mundial, idiota!

—La creación de la televisión.

—La Revolución Mexicana, pinche cabrón.

—La destrucción de la Estrella de la Muerte.

— ¡Por última vez, Alex, nada de Star Wars en verdad ocurrió hace “mucho, mucho tiempo”!

—Sólo un Sith es tan extremista.

— ¿Quieres algo extremo? Han Solo muere a manos de Kylo Ren —todo el salón escuchó el sonido del corazón de Alex quebrándose en mil pedazos con el spoiler propinado sin anestesia ni compasión—, su hijo.

—Muy bien, muy bien, cálmense todos —pidió el profesor, haciéndose escuchar sobre el ruido de Alex llorando desconsoladamente—. La mayoría de las cosas que dijeron son correctas. Para hablar sobre el siglo XX, sin embargo, debemos regresar al imperialismo occidental del siglo diecinueve, y hacer hincapié en la política exterior alemana aplicada en ese contexto.

Mientras el profesor comenzaba su exposición sobre la weltpolitik como si a alguno de los alumnos le interesara, Tai y Sora intercambiaban mensajes de texto con sus celulares para no ser oídos.

“entonces vas esta noche a la fiesta de tk?”, preguntaba Tai.

“hace falta q te conteste?”

“jaja para estar seguro =P t paso a buscar?”

Un minuto entero pasó sin respuesta. Más de dos veces apareció el “Escribiendo...”, pero debía de estar borrándolo, pues ningún mensaje le llegó a Tai, quien estaba comenzando a ponerse nervioso. Ella estaba sentada justo detrás, y no podía voltearse sin arriesgarse a que el profesor lo viera. La intriga y la duda lo comían por dentro. La vibración indicando que le había llegado un mensaje le devolvió la vida, pero sólo era Joe preguntándole la hora exacta a la que debían encontrarse. La siguiente, sin embargo, sí era de Sora.

“mejor encontremonos alli directamente”, decía el mensaje.

Sutil. Tragó lo que parecía ser una roca del tamaño de un reloj despertador, y respondió con un sencillo “ok =P”. El ícono disfrazaba el mensaje como si no le importara, pero el tono con el que lo habría dicho hubiera aburrido al mismísimo Profesor Monotonía.

Nada importante sucedió durante la clase de historia ni la de matemática. Las cosas se hicieron interesantes en el almuerzo.

Tai, Matt y Sora llegaron con sus bandejas y se dirigieron a la mesa donde se encontraban Mimi e Izzy. Muchas cosas habían cambiado en los últimos tiempos, pero ninguna había sorprendido tanto a Tai como que Izzy invitara a salir a Mimi hace unas semanas. Es decir, ¿quién creería que el cerebritos llegaría a armarse de valor como para invitar a una chica a salir? Era casi tan extraño como que Mimi hubiese aceptado y llevaran unas dos semanas en una extraña relación. No eran novios oficialmente, pero estaban todo el día juntos, iban al cine, y hasta había rumores de que los habían visto besarse en un pasillo aparentemente vacío. El grupo no podía estar más contento con esta novedad.

—Hola, tórtolos —saludó Tai, sentándose junto a Izzy.

—Tai, por favor, no digas eso —respondió Izzy, su cara tan roja como su pelo.

— ¿Y cómo quieres que los llame?

— ¿Y si nos llamas por algo como, no sé, nuestros nombres? —Propuso Mimi, aunque parecía más divertida que avergonzada.

—Estás suponiendo que Tai es una persona normal que hace lo mismo que todo el mundo —dijo Matt, mientras daba el primer bocado a su emparedado.

—Voy a tomar eso como un cumplido.

Comenzaron a hablar de cosas irrelevantes, resultados de fútbol, el estreno de una nueva película de superhéroes, si valía la pena ir a ver El Despertar de la Fuerza sabiendo que Han Solo iba a morir, hasta que finalmente TK y Kari aparecieron.

— ¿Dónde estaban? —Preguntó Tai, desconfiado.

—Sentados con nuestros compañeros de curso —respondió Kari, como si fuese obvio.

— ¿Tienen algún testigo que confirme que no estaban solos?

—Cállate, Tai —advirtió Kari, con una mirada asesina.

—TK, ¿quiénes irán hoy a tu fiesta? —Preguntó Mimi, cambiando hábilmente de tema.

El joven Takaishi agradeció salir de esa conversación, y levantó su mano, contando con los dedos.

—Bueno, el departamento de mi madre no es exactamente espacioso, así que no pude invitar a todos los que hubiese querido. Seremos “los ocho”, irán tres compañeros del equipo de baloncesto, un vecino y dos compañeros de curso —Tai notó que Kari puso los ojos en blanco cuando escuchó esto último; quizás no estaba del todo de acuerdo con que ellos, sean quienes fueran, vayan a la fiesta—. Así que seremos catorce. No son tantos, pero...

—Hermano, si hay algo que aprendí es que quienes se jactan de tener decenas de amigos son en verdad quienes menos tienen. Los amigos verdaderos nunca se cuentan con más de dos manos.

— ¿O sea que mis 432 seguidores en Twitter, 376 seguidores en Instagram y 1234 amigos en Facebook son una mentira? —Preguntó Mimi con una sonrisa.

Continuaron riendo, hasta que el sonido de una discusión en la cafetería los distrajo.

Tres chicos se encontraban de pie en el centro de la cafetería. Tai reconocía a dos de ellos; eran unos alumnos un año menores a él que hacía poco habían entrado en el equipo de fútbol. Se jactaban de ser grandes jugadores y aspiraban a jugar como delanteros estrellas. Lo cierto es que más que jugadores de fútbol parecían hijos no reconocidos de Ogremon. Grandes para su edad (apenas un poco más altos que Tai), robustos y toscos. Lo mejor que podían hacer era aspirar a ser defensores. Y no del tipo de defensor de elegante recuperación y salida con pase, sino del tipo que es abucheado por la afición rival y recibe apodos como “el Hacha” o “Tekken 3”. Iban vestidos con ropas que gritaban a los cinco vientos “SOY COSTOSA, MIRENME”, zapatillas de tendencia y una gorra algún club de la NBA.

Se encontraban parados frente a otro chico que era todo lo opuesto. Apenas llegaba a los hombros de los dos cavernícolas, y apenas la mitad de ancho que ellos. Tenía el pelo negro, corto y despeinado, pero no como Tai, con cierta clase de estilo dentro del desorden, sino como si se hubiera levantado tras dormir en un huracán nivel cuatro y se hubiera arreglado sólo con las manos. No se lo veía famélico ni exageradamente flaco, pero decididamente tenía una contextura delgada. Vestía una remera de las más genéricas, una sudadera roja y unos pantalones de jeans algo gastados. Se lo veía claramente incómodo.

—Es Kenshi —dijo Kari, mirando preocupada a TK.

— ¿Como el de Mortal Kombat? ¿Puede mover cosas con la mente?

—Es un chico que va a nuestra clase —explicó el cumpleañero, ignorando el comentario de Tai —. Empezó a mitad del semestre, no habla con nadie y come sólo en la cafetería.

—Básicamente, todo lo que dos chicos tratando de hacerse los malos buscan. Créanme, lo sé —contestó con amargura Izzy.

Ciertamente, pese a que los dos matones le hablaban a los gritos en medio de la cafetería, nadie parecía interesado en acercarse a defenderlo.

—No me gusta la forma en la que nos miras —decía uno de los grandulones.

— ¿Tienes un problema con nosotros? —Preguntaba el otro.

Kenshi murmuró algo mientras miraba sus pies.

— ¿Estás diciendo algo, chico? Porque tu boca se mueve pero no se escucha nada.

—Sólo quiero ir a comer —dijo un poco más alto, pero sin levantar la vista.

— ¿Ah, sí? ¿Y con quién vas a sentarte? ¿Hay algún club de raritos que te dejarían sentarte con ellos? Demonios, ni esos tontitos que leen cómics en sus teléfonos deben quererte con ellos.

—Sabes, a veces me pregunto para qué vienes a la cafetería. ¿No sería más fácil para todos que fueras a comer al patio? Nos ahorrarías un lugar más y no tendríamos que ver tu fea cara por aquí tan seguido.

Kenshi seguía inmutable, con la mirada fija en sus cordones, esperando que lo dejaran en paz. Tai observaba la situación con los puños apretados. Si había algo que odiaba más que a Myotismon, definitivamente eran a los idiotas que molestaban a otras personas sin motivo. No podía quedarse allí sentado, sobre todo sabiendo que el pobre chico no tenía amigos que lo respaldaran. Tenía que hacer algo. Esta era su oportunidad de volver a ayudar a alguien, de ser útil, de ser un héroe nuevamente. Volteó a ver a Matt, y se encontró con que él lo estaba mirando. Se entendieron sin necesidad de palabras.

—Creí que nunca me lo pedirías —dijo con una sonrisa el rubio.

Los dos se levantaron y, antes de que alguno de sus amigos pudieran decirles algo, estaban junto a Kenshi.

—Hey, chicos, gusto en verlos —los saludó, dejando en claro con su cara y su tono que no era ningún gusto—. ¿Qué los trae por aquí?

—Yagami —dijo uno de ellos, momentáneamente sorprendido por tener al capitán de fútbol y a uno de los chicos más populares de la secundaria frente a él, aunque inmediatamente recuperó su actitud—. Es hora del almuerzo, estoy en la cafetería. ¿Qué tiene de malo?

—Veo que no tienen bandeja con comida. ¿Están a dieta o es que ya se terminaron sus raciones? —Comentó Matt, casualmente haciendo sonar los huesos de su mano.

—Espero que estén a dieta, porque si siguen desplomándose tras quince minutos de trote en las prácticas, lo máximo que van a aspirar a parar va a ser el autobús.

Algunos en la cafetería, atentos a todo lo que sucedía, dejaron escapar unas risas que no cayeron para nada bien a los dos orcos.

—No me gusta cómo me estás hablando, Yagami. Yo me cuidaría.

Tai dio un paso hacia delante, quedando cara a cara con aquel chico.

—Sabes, voy a darte la oportunidad de repetir lo que dijiste, porque eso casi me sonó a una amenaza. Recuérdame Matt, ¿quién fue el último idiota en amenazarme en la escuela?

—Oh, ese sería Miles Welbeck.

— ¿Quién es ese? —Preguntó uno de los chicos.

—Bueno, así lo conocían todos antes —explicó Matt—. Después amenazó a Tai, y ahora todos lo llaman Sindi.

— ¿”Cindy”, como chica?

—No, no, Sindi, por “Sin dientes”.

El comentario no le hizo gracia alguna a los dos chicos que habían ido a molestar a Kenshi con la idea de divertirse un rato a expensas del pequeño. Ahora se encontraban cara a cara con dos chicos conocidos por sus peleas, en medio de la cafetería con toda la escuela mirando. No eran tontos, sabían que no valía la pena pelear allí, mucho menos con el capitán del equipo de fútbol. Les dirigieron su mirada más odiosa y se alejaron.

—Casi estaba deseando que te golpearan. Hubiera sido divertido, como en los viejos tiempos —comentó Matt.

Tai sonrió y volteó a ver a Kenshi. Esperaba encontrarse con una mirada llena de admiración y gratitud. Él y Matt, dos de los chicos más populares de la escuela, lo habían rescatado de unos matones. Podrían haberse quedado sentados, mirar para otro lado y no interferir con la cadena alimenticia de la escuela secundaria. En cambio se pusieron sus trajes de héroes y se habían arriesgado a entrar en una pelea. El chico debería estar erigiéndoles una maldita estatua.

En cambio, el chico seguía mirando hacia el suelo con el ceño fruncido y los labios apretados. Sus hombros estaban tensos y tenía los nudillos blancos de apretar tan fuerte la bandeja. Si estaba agradecido, no lo mostraba en lo más mínimo. De hecho, bien podría parecer que estaba aún en más aprietos que antes.

—Puedes agradecerme luego, no hay problema.

Kenshi levantó la vista y miró a los ojos a Tai. El Elegido del Valor vio que no estaba enfadado como había supuesto, sino que era más bien una verdadera expresión de preocupación.

—Debieron haberlos dejado —dijo Kenshi.

— ¿De qué hablas? —Preguntó Matt—. Esos idiotas estaban molestándote, si no hacíamos nada…

—Me habrían insultado un rato más, se habrían aburrido y se irían. Ahora que los humillaron delante de toda la escuela estarán furiosos. Y cuando salgan a golpear a alguien después de la escuela, no será a ustedes a quienes busquen.

Les dirigió una última mirada resignada, sin rencores, y se alejó lentamente, sentándose en una mesa vacía en la parte más remota de la cafetería. Tai y Matt se quedaron allí de pie, sintiéndose mitad ofendidos y mitad culpables. Volvieron con sus amigos y se sentaron, sin ganas de seguir almorzando.

Mientras Matt explicaba a sus amigos qué era lo que había pasado, Tai comenzó a pensar que quizás ya era hora de aceptar que no era un héroe. Había dejado de ser el líder de un grupo de niños destinados a salvar el mundo. Se dijo a sí mismo que debía aceptar que su época de héroe había pasado.

No tenía forma de saberlo, pero si hubiese prestado atención y hubiese visto al pequeño cuervo que miraba con un brillo antinatural en sus ojos toda la situación desde una ventana, quizás se habría dado cuenta de que no podía estar más equivocado.




No estoy del todo seguro de que Tai sea precisamente del tipo de persona que se plantaría con sarcasmo, ironía y respuestas ingeniosas. Lo veo más del tipo que aparece con una patada voladora desde atrás luego de tirar una silla. Pero bueno, era dentro de la cafetería, hay que tener autocontrol, ¿no?

El siguiente cap tiene también interacción entre los personajes, para tratar de plantear un poco más la situación de cada uno en mi fic, pero GUESS WHAT?? También es cuando empieza el misterio.

¡Nos vemos en la próxima ocasión!
 
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Maravilloso, maravilloso :5959:. Sin lugar a dudas, te has convertido en mi nuevo escritor favorito de Foros DZ.

¿Sabes? Llevaba tiempo sin leer un fic de Digimon que tuviese una buena narración sumada a una historia, al parecer, con un rumbo claro, y personajes perfectamente definidos. Yo misma no he sido capaz hasta ahora de crear una historia que tenga, además de buena narración y personajes definidos, un rumbo claro. Aportas pequeñas dosis de humor que hacen que me guste aún más y que la lectura sea todavía más amena. Tu comentario inicial, en el que dices que cada escena la escribes pensando en que tendrá repercusiones en la historia, me ha llegado. Eso es precisamente uno de mis mayores fallos a día de hoy, y te admiro por obligarte a parar y volver a empezar de nuevo el fic con el propósito de cumplir cosas como esta. Aunque no haya ocurrido nada esencial a simple vista en el capítulo, me dejas con ganas de leer más. Mientras leía no quería parar, quería seguir leyendo porque sabía, sin siquiera pensarlo, que la rutina de los chicos iba a llegar en algún momento a otro punto en la historia, aquel relacionado con los digimons.

Hasta ahora pensaba que los fics ya no iban a ser para mí lo que eran antes, que ya no me iban a enganchar ni me iban a provocar ningún tipo de emoción, por el simple hecho de que las historias de Digimon en general están escritas por fans de Digimon sin experiencia -de momento- en la escritura para ser leídas por fans de Digimon sin experiencia en la escritura. Y por eso me has gustado tanto: me has dado un golpe en la cara y me has demostrado que todavía puedo encontrar algo con lo que emocionarme. Puede sonar precipitado porque aún no has llegado a ningún punto clave, pero dudo que me equivoque. Aparte de eso, el toque de la canción me ha encantado :) Me hizo involucrarme más en la historia, y muchas de las cosas que ibas narrando me las imaginaba con esa canción de fondo, convirtiéndolas en escenas tan típicas de Digimon. Supongo que fue la propia canción la que te llevó a imaginarte esas escenas así. Que por cierto, Smash Mouth :*0*:. Si sigues poniendo canciones así me gustará más todavía tu fic jajaja.

En fin, sin más que añadir, espero el siguiente capítulo con muchas ganitas. ¡Un saludo!

P.D.: Juraría que no es la primera vez que leo algo tuyo por aquí.
 
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Arki

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Sombra&Luz Sombra&Luz ya que no tengo muchos comentarios me permito extenderme un poco y responderte como corresponde :p En primer lugar, bueno, muchas gracias por todo lo que dices xD Es un honor ser una figura de aprecio jajajaja. Pues la historia si tengo la idea de hacia dónde apunta, aunque siempre que escribo los personajes mismos me llevan a situaciones que quizás no esperaba. Lo que más me cuesta es precisamente tener una idea clara y creíble de las personalidades de los personajes. Me cuesta horrores xD Así que espero no decepcionarte con cómo siguen las cosas en los capítulos venideros. Y sí, yo antes era un usuario muy activo en este subforo (bajo otro nombre), aún están publicados los fics y oneshots. Pero ya no escribo igual que antes ni pienso igual que antes, así que el pasado pisado :p En la época que yo entré había 3 o 4 usuarios con los cuales aún hoy me hablo y a quienes considero amigos, y ellos solían poner música. De ahí lo copie yo, jajaja. Hubo una época en la que cada capítulo era un musical xD Ahora me conformo con uno por cap, jajaja.



Buenas, qué tal a todos. Les traigo el capítulo dos. En este capítulo empiezan los problemas, se dejan ver algunas de las problemáticas que serán parte del núcleo emocional del fic y también será el cumpleaños de TK :D Siendo sinceros, este no es un fic del día a día normal de los Elegidos, es un fic de acción en el Digimundo. Por más que me gusta escribir situaciones verosímiles sobre la vida cotidiana de los personajes, no va al caso en esta estructura que tengo pensada. Por lo tanto, al menos la primera parte, trataré de llevarla un poco acelerada mediante los diálogos y no siendo tan descriptivo, salvo cuando lo requiera, obviamente. Así que si les parece algo apresurado en la narrativa, permítanme excusarme con esto.

Con respecto a la canción del capítulo (lo cual no deja de ser una tontería que hago para divertirme), voy a poner una canción un tanto polémica que va a hacer que tengan ciertas expectativas acerca del capitulo que luego no se cumplirán. Pero al final voy a explicar por qué la elegí.

La canción en cuestión es Saturday de Simple Plan.





— Tai, ¡apresúrate o llegaremos tarde!

Tai suspiró y tiró con impaciencia su bolígrafo sobre los deberes de matemática. Abrió la puerta de su habitación y vio que Kari ya se encontraba completamente vestida y maquillada. Una falda corta, un top blanco, el pelo arreglado con una hebilla y unos zapatos que a él le parecían más unas sandalias. Llevaba en sus manos una cartera extremadamente pequeña (y que sin embargo debía tener el mismo encantamiento que la tienda de los Weasleys para que entraran todas las cosas que Kari llevaba) y una campera que no abrigaría mucho a la noche.

Cuando lo vio Kari se llevó una mano a la cara.

— ¿Ni siquiera te cambiaste el uniforme de la escuela? ¡Estamos llegando tarde!

Tai dio una mirada rápida al reloj de su habitación.

—Son las siete de la tarde. Dijo que fuéramos ALREDEDOR de las ocho. ¿Cómo es que estamos llegando tarde?

—Si llegas “a tiempo”, estás tarde. Siempre tienes que llegar antes, para estar a tiempo. Y además es mi mejor amigo, es lógico que sea de las primeras en llegar.

—Pues si tan apurada estás, ¿por qué no vas saliendo?

—Claro, voy a ir caminando sola hasta la casa de TK recién entrada la noche y vestida así. ¿Dónde crees que estamos viviendo? ¿No escuchas las noticias? ¿En serio me enviarías sola?

Aún con las pocas ganas que tenía de vestirse y de salir temprano, lo que dijo Kari lo convenció. Ciertamente era demasiado peligroso que fuera sola, y por más molesta que estuviera últimamente, Kari seguía siendo su hermanita menor, y él seguía teniendo su instinto protector.

—De acuerdo —suspiró rendido—. Me cambio y vamos.

— ¡Pero apúrate!

Unos treinta y cinco minutos más tarde, los hermanos Yagami habían llegado a la unidad residencial donde vivían TK y su madre. Golpearon la puerta, y el mismo cumpleañero los recibió. Estaba vestido bastante bien, en verdad. Unos jeans claros, una remera blanca, un chaleco negro y una bufanda violeta rodeando su cuello. Cualquier otro día del año Tai le habría dicho “Saludos, Rey Hipster, ¿acaso olvidó su sombrero y sus lentes sin aumento?”, pero dado que era su cumpleaños, decidió dejárselo pasar. Esperó pacientemente que su hermana dejara de abrazarlo (lo cual también dejó pasar) para saludarlo como correspondía.

— ¿Somos los primeros? —Preguntó Tai.

—Si, en un rato empezarán a llegar todos —respondió, mientras Kari lo invitaba a que abriera el regalo—. ¡Oh! Genial, justo lo que necesitaba. Aunque supongo que eso ya lo sabías.

Pese a que era un regalo de parte de los dos, Tai no tenía ni idea de qué le había comprado Kari a TK. Sólo había puesto la mitad del dinero. Resultó no ser una sola cosa, sino dos prendas. Un buzo completamente azul con el escudo del Capitán América y alguna frase en inglés sobre los “civiles” o algo así, y un gorro como los que solía llevar cuando era más pequeño, que a Tai le recordaban a los que usaban los pescadores. Pero sin anzuelos ni carnada colgando. No parecía ir con el estilo de ropa que llevaba en ese momento, pero se lo dejó de todas formas.

—Desde que perdiste tu gorro ya no volviste a usar más —comentó, con las manos detrás de la espalda, y sin mirarlo directamente a los ojos—. Me pareció una lástima, con lo lindos que te quedan, y eso.

TK se sonrojó visiblemente y tartamudeó un agradecimiento. Tai estaba a punto de hacer arcadas y vomitar en la estupenda alfombra cuando tocaron la puerta. TK trató de recomponerse y abrió la puerta. El joven Yagami no conocía ninguno de los tres chicos que acababan de entrar, pero un suspiro irritado por parte de Kari le indicó que ella sí los conocía.

— ¡TK, feliz cumpleaños! Gracias por invitarme, nunca había estado en tu casa. ¡Sí que está ordenada! —Decía enérgicamente un chico con los pelos en punta.

—Creo que un granero después de un huracán estaría ordenado comparado con tu habitación —le comentó una chica con lentes.

—David, Yolei, gracias por haber venido. Y veo que se encontraron con Cody. ¿Qué tal, vecino?

—Bien. Gracias por invitarme —respondió el más pequeño; Tai no creía que tuviera más de doce años. Se preguntó qué clase de relación tendrían para que TK lo invitara a su fiesta.

En ese momento David vio a Kari y prácticamente se arrastró hacia ella.

— ¡Kari! Qué boni… Digo, te ves… Es decir, comparado con… No, bueno…

—Estás muy linda —dijo Yolei, saludándola. Kari le devolvió el saludo con una sonrisa y se la llevó de la mano hacia el sofá, para hablar de cosas de chicas y alejarse de David. Y en ese momento, el chico reparó en Tai.

— ¡Tai Yagami! —Dijo, enderezando la columna y extendiendo la mano.

—Sí, el hermano mayor de la chica a la que estabas tratando de decir un cumplido.

— ¿Cumplido, de qué hablas? —Dijo con una risa forzada y una mano detrás de la cabeza—. Sabes, soy un gran admirador tuyo. Yo también estoy en el equipo de fútbol, pero en la categoría juvenil. El entrenador dice que si sigo así quizás me suban a tu categoría. ¿Te imaginas, tú y yo juntos en el mismo equipo? Claro que tú eres mucho mejor. Todos los domingos voy a ver los partidos del equipo de la escuela, ¡eres el puto amo! El otro día contra los chicos de la Secundaria Oshiro metiste ese golazo desde fuera del área. ¡Apenas si pude ver esa pelota! Por suerte un amigó lo filmó. Está en YouTube, ¿sabías? ¡Vaya, no puedo creer que estemos teniendo una conversación!

—Mi profesor de literatura lo llamaría “soliloquio”.

— ¡No sé qué es eso, pero seguramente es así! Dime, ¿cuántas horas al día practicas tiros libres? ¿Crees que yo podría…?

Enseguida el resto de los invitados fueron llegando, y la atención de David fue dispersándose. Primero llegaron los compañeros de baloncesto de TK, quienes le regalaron una camiseta de Curry, el jugador Trending Topic. Luego Joe, que le compró una novela juvenil sobre un semidiós griego, Mimi, que básicamente le renovó el guardarropas, y finalmente Izzy, que se ganó la admiración del público masculino por regalarle el Counter Strike GO para PS3. A partir de ese momento el tiempo comenzó a volar, la madre de TK sirvió la comida y las conversaciones empezaron a fluir entre los invitados.

Sin embargo, Tai no pudo evitar notar que alguien faltaba.

—TK, ¿dónde está tu hermano?

—Me mandó un mensaje hace un rato —contestó TK, mientras veía a David ser goleado en el PES por Yolei— , dijo que tenía que llevarle unos instrumentos a un chico de su banda. Llegará un poco más tarde.

“Más tarde” fueron veinte minutos después, cuando golpearon nuevamente la puerta. TK abrió entusiasmado y recibió, efectivamente a su hermano.

—Hermano, creí que no vendrías —dijo, saludándolo con un golpe de puños.

—No exageres, te dije que llegaría un poco más tarde. Además, surgió otra situación…

Tai estaba acercándose para saludar a su amigo recién llegado, pero se detuvo en seco al ver que no había llegado sólo.

— ¡Sora! Qué sorpresa. ¿Vienen juntos?

En efecto, Sora estaba justo detrás de Matt, vestida con un jean negro y una remera blanca de mangas largas, con un dibujo de un ave que tenía cierto parecido con Biyomon. Se veía hermosa, y eso distrajo a Tai durante unos momentos. Pero en seguida volvió a fijarse en el detalle de que Sora había llegado acompañando a Matt. ¿Era coincidencia que llegaran al mismo tiempo, o estaban juntos desde antes de dirigirse a la fiesta? Esa misma mañana Sora le había dicho que no la pasara a buscar antes de la fiesta, sin dar ningún motivo. ¿Tendría acordada alguna cita con Matt? ¿Por qué sus mejores amigos no le dirían nada? Tenía muchas preguntas, y necesitaba respuestas.

—Chicos, qué buenos que llegaron, estaba aburriéndome —dijo, tratando de actuar lo más casual posible; no quería levantar sospechas—. Estaba preocupándome porque vinieras sola a estas horas, Sora. De saber que Matt estaba contigo no me habría preocupado en absoluto.

Se sintió orgulloso de su astucia. Su pregunta daba por supuesto que venían juntos. Si no decían nada era porque en efecto así era, lo cual sería el visto bueno para poder alarmarse. En cambio, si sólo habían coincidido en el horario de llegada, seguramente lo aclararían. Si, su estrategia había sido perfecta, sentía esa satisfacción de haber hecho una buena jugada de ajedrez, de meter un caño en un partido de fútbol, de ejecutar la Final Kill de una partida de Call of Duty. Era un verdadero genio. El puto amo de la retórica. Aunque claro, había una variable con la que no había contado.

— ¿En serio crees que necesito que me acompañen? —Preguntó Sora, divertida. Tras esa pequeña broma abrió la boca como para responder seriamente, pero Yolei la interrumpió.

—Claro, como es una mujer tiene que ir acompañada de un hombre. Porque las mujeres no podemos defendernos por nosotras mismas, ¿no? —Preguntó, un tanto enfadada, mirando a Tai.

—N-No estoy diciendo eso —dijo desconcertado—. Es decir, Sora podría darme una paliza cualquier día de la semana, no es que necesite que la defendamos. Es que, ya sabes cómo está el país, la inseguridad… No está bien que una chica vaya sola por la calle.

— ¡Claro, los hombres roban y violan a las mujeres, pero estas tienen la culpa! —Estalló—. Es decir, ¿cómo puede ser que una mujer quiera salir a caminar sola? ¿Qué se piensa que es? ¿Un hombre? No, las mujeres no tienen derecho a salir a caminar solas, porque son inferiores, y si algo les pasa es culpa suya.

Mientras Tai se volvía la manifestación del patriarcado en la Tierra y recibía una lectura por parte de Yolei (conocida activista de Tumblr), el resto de los chicos se reían suavemente de la situación en la que estaba metido, y todos se olvidaron de que Sora y Matt llegaran juntos.

Eventualmente Cody y David calmaron a Yolei, dándole un respiro a Tai. Mientras TK hablaba con sus compañeros de baloncesto y Kari y Mimi intercambiaban opiniones con Joe, Tai comenzó a charlar con Izzy, Sora y Matt. No quería preguntarles de nuevo sobre si habían estado juntos antes de la fiesta porque sería insistir, y no quería que pensaran que le interesaba o que le preocupaba.

Porque no le interesaba, no. En absoluto.

Eran sus mejores amigos, podían hacer lo que quisieran. Normalmente le dirían si es que hacían alguna actividad; al fin y al cabo, hacían todo juntos. Eran un trío inseparable. Pero quizás querían tener un tiempo a solas para ellos. Y cualquier adolescente de dieciséis años sabe para qué querrían un tiempo a solas un chico y una chica. ¿Tendrían ese tipo de relación? Ciertamente, él nunca notó algún tipo de atracción sentimental más allá de la amistad. Pero claro, no era precisamente muy bueno a la hora de interpretar a los demás. Quizás las señales habían estado ahí y él no las había visto…

Aún con todas esas preocupaciones en su mente, la sonrisa de su rostro no vaciló en ningún momento, y no dejó pasar ninguna oportunidad de hacer un chiste para que sus amigos rieran con él. Con el paso de los minutos llegó a disfrutar de las conversaciones casuales. Irremediablemente, la conversación entre los cuatro chicos acabó en el tópico de la nueva relación entre Izzy y Mimi.

— ¿Y qué tal es Mimi como novia? —Preguntó Matt—. La imagino bastante obsesiva y controladora.

—Eso, ¿quién lleva los pantalones en la relación, Cerebritos?

Izzy tomó un trago de gaseosa mientras se sonrojaba.

—Admito que… Bueno… Ella tiene mucha iniciativa, y su poder de argumentación es convincente. Además de que puede ser bastante, eh, “persuasiva”.

—Jura por tu computadora que no entrarás en detalles —dijo Sora—. Hay algunas facetas de Mimi que prefiero no conocer.

Tai y Matt estallaron en carcajadas, pero Izzy simplemente sonrió. No parecía ofendido ni avergonzado.

—Entiendo que piensen así. Es decir, yo también lo hacía hasta hace poco. Pero a decir verdad, ella es diferente a lo que aparenta. Sí, uno ve que le encanta ser el centro de atención, vive hablando de chicos, pero eso simplemente porque es demasiado auténtica. Cuando estamos juntos, sin embargo…

—Te lo digo en serio, mantén esto en calificación ATP.

— ¿Estás escuchando lo que estoy diciendo? —Respondió el Elegido del Conocimiento, un poco más irritado esta vez—. No me avergüenza admitirlo frente a ustedes, pero saben que Mimi es la primera chica que beso, ¿verdad?

Los tres amigos se miraron. Hasta donde ellos sabían, Mimi era la primera chica con la que Izzy hablaba. Pero ninguno quería decirlo abiertamente.

—No estábamos seguros, pero creo que lo intuíamos.

—Bueno, pues quizás les gustaría saber que yo fui el primer chico con el que Mimi se besó.

Tai empezó a reírse y golpeó con el codo a Matt en las costillas, buscando complicidad. Pero sus dos amigos lo miraban seriamente.

— ¿Lo dices en serio? —Preguntó Tai, recomponiéndose—. Vaya, eso sí que es inesperado.

—Supongo que tiene sentido —dijo Matt, ocultando perfectamente que el también estaba sorprendido—. Después de todo, es la Elegida de la Pureza.

—Siendo sinceros, me puse contento al saber que ella tiene tan poca experiencia como yo. Y también me gusta estar conociendo a la verdadera Mimi, la que se esconde detrás de las apariencias.

Bebieron unos segundos en silencio, digiriendo esa nueva información. Tai iba a preguntarle a Izzy cómo había sido exactamente que habían terminado juntos (nadie sabía los detalles) cuando golpearon la puerta de entrada.

—Qué extraño, creía que TK no había invitado a nadie más —dijo Sora.

Tai vio que desde el otro extremo de la habitación TK intercambiaba una mirada con Kari, antes de levantarse y dirigirse a la entrada. Abrió y todos voltearon a ver quién era el recién llegado.

De pie en la entrada, mirando nerviosamente hacia el suelo y con una bolsa de regalos en la mano, se encontraba Kenshi. Lo primero que notó Tai era que el chico se veía sumamente incómodo. Movía ligeramente el pie y sus manos no dejaban de retorcer la manija de la bolsa. En cuanto la puerta se abrió, miró directamente a TK, pero de inmediato su mirada se dirigió hacia el interior del departamento y en los invitados, como si los estuviera contando para saber a qué se enfrentaba. Lo segundo que notó fue que aunque estaba bien vestido (es decir, no era ningún vagabundo), no parecía llevar el tipo de prendas que uno espera ver en una fiesta. Las zapatillas eran las mismas que había llevado a la escuela esa mañana. En lugar de un pantalón de jean o una bermuda llevaba un pantalón deportivo, de los que se usan para salir a correr. Y en la parte superior sólo vestía una remera negra de mangas largas, con alguna tira grisácea a lo largo de las mangas. No se veía mal, pero ciertamente no parecía la elección de guardarropas que uno haría para ir a una fiesta y generar una buena impresión.

—Kenshi. Me alegro que pudieras venir —dijo TK, moviéndose a un lado para invitarlo a pasar.

—Gracias por invitarme —dijo, tomándose un segundo para pasar. Una vez dentro le entregó la bolsa de regalo a TK, mirando hacia otro lado—. Ten. Yo, eh, tuve que hacer unas cosas después de la escuela, y para cuando estaba libre muchas tiendas habían cerrado, y tampoco tenía mucho d… quiero decir, no quería llegar tarde, y no sabía qué te gustaría, ni que…

—Hey, no hay problema —dijo TK con una sonrisa comprensiva—. No deberías haberte molestado, fue culpa mía el avisarte con tan poca anticipación, debí saber que seguramente tenías planes para hoy.

—No, no, a decir verdad yo no… No tenía planes, no.

— ¿Puedo abrirlo?

Tai notó que Kenshi miraba la mesa de la cocina donde TK había dejado el resto de sus regalos. El chico tardó unos segundos, pero finalmente le dijo a TK que podía hacerlo. El cumpleañero abrió la bolsa y sacó una remera Converse blanca con el logo de la marca estampado en el centro.

—No sabía qué tipo de ropa te gusta —se apresuró a explicar—, con eso de que en la escuela todos usamos el uniforme. No estaba seguro del estilo que te gustaba, y tampoco quería traerte una camiseta porque supuse que ya tendrías muchas. Pero si quieres cambiarla puedes ir a la tienda y decirles que...

—Es muy buena —lo interrumpió TK, colocándola delante de su cuerpo, como midiendo el talle—. Tengo pocas remeras blancas, todo el mundo insiste en regalarme cosas negras. Muchas gracias, Kenshi.

— ¡Kenshi! —Dijo David, acerándose muy contento a saludar a su compañero de curso—. Qué bueno que viniste, ya era hora de que te viéramos sin el uniforme de la escuela.

Puso un brazo alrededor de los hombros del pobre chico y lo llevó para presentarle al resto de los invitados. Kenshi se veía tan cómodo como una mosca atrapada en una telaraña. TK dejó la remera dentro de la bolsa y sobre la mesa de la cocina, y se acercó a hablar con Kari. Tai, curioso, fue con ellos también.

—No sabía que ese chico era tu amigo —le comentó a TK—. De haberlo sabido hoy hubiese golpeado y después hablado.

—Bueno… No es mi amigo, precisamente.

— ¿Y qué hace aquí entonces?

TK miró a Kari.

—En realidad fue idea mía invitarlo —le dijo a su hermano mayor, un poco apenada—. TK y yo lo vemos todos los días. Tan sólo, sin amigos, todo el mundo lo trata mal… Después de lo de hoy le comenté a TK que quizás sería buena idea invitarlo. No sabíamos si vendría, pero quizás le haga bien estar con gente para variar.

Tai no pudo evitar sonreír. Y pensar que él creía que su hermana estaba volviéndose una insoportable malhumorada. Joe tenía razón, en el fondo seguía siendo la misma pequeña que se preocupaba por los demás. Era una verdadera luz.

—Chicos, estoy orgulloso de ustedes. Siguen siendo unos niños estupendos.

Los niños sonrieron ante las palabras de Tai.



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—Tai, soy el Elegido de la Sinceridad. Me doy cuenta cuando alguien no está siendo sincero. Dime, ¿qué te pasa?

La fiesta estaba llegando a su fin. Habían pasado varias horas, habían tenido miles de conversaciones y habían jugado cuantos juegos se les ocurrieran. En ese momento, Tai estaba tomando aire en el balcón, apoyado contra la baranda y mirando a través de la ventana corrediza qué estaban haciendo el resto de los chicos.

Mimi e Izzy estaban en un rincón remoto de la sala de estar, hablando muy cerca uno del otro, casi susurrándose en el oído. Una de las manos de Izzy estaba rodeando la cintura de la chica, en un gesto de confianza que Tai veía casi impropio del otrora introvertido y desconfiado chico. Por otro lado, TK, David y los chicos del equipo de baloncesto se encontraban jugando algún juego raro de cartas. Había mucho movimiento de manos, griterío y risas entre los chicos. Kari y Yolei estaban sentadas en el sofá y se reían viendo a sus amigos volverse locos cuando TK sacó la mano ganadora. En la mesa donde estaba la comida, Kenshi y Cody estaban sentados, separados por una silla. Ninguno de los dos se veía particularmente cómodo, pero tampoco se los veía aburridos o tristes. Podía decirse que estaban perdidos en sus pensamientos.

Y en la misma mesa, pero un poco más alejados, estaban Sora y Matt. Los dos charlaban tranquilamente, con un vaso de gaseosa en la mano. Sora reía cada tanto, pero por lo general los dos llevaban una sonrisa en el rostro. Estaban así desde hacía unos treinta minutos, y en ningún momento habían volteado hacia donde Tai estaba con Joe.

Volteó al escuchar un ruido como de aleteo, y vio un extraño cuervo alejándose. ¿Qué hacía un cuervo allí?

—Tai, ¿estás escuchándome?

Joe pasó su mano por delante de sus ojos, trayéndolo de nuevo a la realidad.

—Si, estoy bien. Estoy pensando.

— ¿Sobre Matt y Sora?

Volteó tan rápido a ver a Joe que casi pudo escucharse el ruido de su cuello.

— ¿Qué? ¿Por qué crees eso? ¿Que te hace pensar que pienso en ellos?

—Que hablas más rápido que un comercial de radio y que estás mirando hacia allá hace media hora.

—Ah, eso. Si, bueno, son mis mejores amigos, ¿no?

Joe hizo una media sonrisa y bebió un poco, volteándose a ver el paisaje urbano.

—Sé que tú y yo no somos tan cercanos, Tai. Sí, somos amigos, pero como tú lo dijiste, tus mejores amigos son Matt y Sora...

—Superior Joe, ¿estás celoso?

—…pero espero que sepas que si necesitas alguien en quien puedas confiar para guardar un secreto, siempre puedes contar conmigo. Quizás algún secreto o una inquietud que no puedas decírsela a tus mejores amigos. No porque no confíes en ellos, sino porque realmente no puedas.

Hubo una breve pausa en la conversación. Joe miraba tranquilamente el paisaje, mientras que Tai miraba fijamente a Joe. Muchas veces Joe era objeto de burlas entre los Elegidos. Tai lo tenía como una de sus víctimas predilectas. Pero tenía razón al decir que podían confiar en él. Más de una vez los había sacado de aprietos. La primera noche de borrachera de Tai, Joe se había encargado de llevarlo a su casa, dar una excusa creíble a su madre y ayudarlo a la mañana siguiente con la resaca. Además, siempre iba a ver a sus amigos cuando tenían alguna presentación importante. Veía los partidos importantes de Tai y TK, fue a ver a Sora a un torneo de tennis, siempre estaba presente cuando Matt tocaba con su banda. Quizás algunas veces estuviera muy ocupado con sus estudios como para asistir a reuniones comunes o a salidas grupales los fines de semana. Pero a fin de cuentas, siempre que lo necesitaban, contaban con él. Y lo cierto es que Tai deseaba contarle a alguien las cosas que sentía.

—Joe… ¿has notado algo raro con Matt y Sora?

—Bueno, ella se hizo un arete más en la oreja izquierda, y por algún motivo Matt cree que Knife Of Day es un buen nombre para una banda. Sí, es mejor que esa cosa de “The Teenage Wolves”, pero aún así…

—Me refería a algo que los involucre a los dos. Ambos. Juntos.

—Ah, ya. Pues… no, creo que no. Sinceramente los veo igual que siempre. Pero tú eres el que está todo el día con ellos y el que tiene la duda, así que cuéntame qué es lo que has estado viendo.

Tai suspiró y volteó, apoyando los antebrazos en la baranda, mirando también el cielo de Odaiba.

—Es difícil de decirlo. No quiero que me malinterpretes, pero antes era otro tipo de relación entre los tres. Sora y yo somos amigos desde el jardín de infantes. Conocimos mejor a Matt desde ese campamento de verano y todo lo que vino después. Nos volvimos un grupo de tres, pero siempre… Bueno…

—Pero Matt siempre fue un anexo a tu dúo con Sora, ¿no?

—No lo pondría en esos términos, pero sí.

—Y estás empezando a sentir que ahora tú eres el que hace mal tercio.

—No lo pondría en esos t… bueno, sí, eso es exactamente lo que siento. Cada vez pasan más tiempo juntos, y cada vez tienen menos tiempo para mí. Sora ya no viene más a mi casa como solía hacerlo, y Matt siempre tiene algo que hacer. No lo sé, siento que están avanzando y yo me estoy quedando atrás.

— ¿Avanzando en qué sentido? ¿Madurando? ¿O que su relación está avanzando?

Se le hizo un nudo en la garganta a Tai. Se quedó en silencio unos segundos, levantando la vista hacia unas nubes que brillaban con el reflejo de la luz nocturna de la ciudad.

— ¿Eso es lo que ves? ¿Crees que están empezando otro tipo de relación? —Le preguntó a Joe.

El Superior se encogió de hombros y le mostró las palmas de sus manos, en un gesto del tipo “No sabría decirlo”.

—Te dije, yo los veo igual que siempre. Pero suponiendo que estuvieran dando un paso más allá, ¿crees que eso significaría que ya no tendrían tiempo para estar contigo? ¿Es eso lo que te preocupa?

Tai seguía mirando las nubes, que parecían arremolinarse en el cielo.

—No es eso lo que me preocupa.

— ¿Y cuál sería el problema de que estuvieran volviéndose una pareja?

No respondió enseguida. De hecho, no respondió. Estaba muy ocupado viendo las nubes. Definitivamente estaban arremolinándose, con una velocidad que era anormal y alarmante.

—Mira eso —le dijo a Joe—. ¿Escuchaste alguna alerta de huracán?

—No dijeron nada. Pero está demasiado tranquilo, apenas si hay viento. ¿Qué será eso?

Les hubiera encantado llamar a sus amigos para que lo vieran, pero todo ocurrió demasiado rápido. En un momento aquel vórtice de nubes empezó a girar sobrenaturalmente rápido, creando como el ojo de un huracán. El mismo brilló durante unos instantes, y tanto Joe como Tai pudieron ver la sombra de una nebulosa a través de aquella ventana cósmica. Y de inmediato, lo que parecía ser una estrella fugaz atravesó la atmósfera y llegó al cielo de Odaiba.

Por un aterrador instante, los Elegidos que se encontraban en el balcón creyeron que sería un meteorito que impactaría en la ciudad y acabaría con toda forma de vida. Pero era demasiado pequeño para ser un meteorito. Y aunque no fuera un estudioso del tema, Tai estaba seguro de que los meteoritos no se detenían a mitad de su caída libre y se desviaban a toda velocidad hacia el otro extremo de la ciudad.

—Dime que no estoy loco y tengo sucios los lentes —dijo Joe casi en un susurro.

—Bueno, lo de que no estás loco puedo confirmarlo.

Joe iba a responder, pero entonces comenzó a sonar.

Todos en el departamento lo oyeron. Un sonido electrónico que se repetía cada pocos segundos. David, Kenshi, el resto de los chicos no le dieron importancia. Pero Matt, Sora, TK, Mimi, Kari e Izzy voltearon atónitos hacia Tai, porque desde su bolsillo, el Digivice sonaba incansablemente, repitiendo una y otra vez el ringtone asignado para el llamado de la aventura. El Elegido del Valor lo sacó y vio una palabra escrita en la pantalla del pequeño aparato.

BÚSCALO”.





Ok, primero lo primero: ¿por qué ****** puse como "tema del capítulo" una canción tan movida si al final más que una fiesta fue una reunión de jubilados aburridos? Bueno, la verdad es que esta es la segunda versión del capítulo. La primera era una fiesta con mucho alcohol, un par de peleas tontas y alguna charla de borrachos. Pero me puse a pensar si realmente era lo que convenía a la historia, y terminé decidiendo que lo que quería mostrar era otra cosa. Estos personajes necesitan interactuar y superar algunas situaciones personales, no emborracharse. Y si prestan atención, "Saturday" en realidad habla de que no hace falta ir de fiesta, sino que uno puede ser feliz simplemente juntándose con las personas que quiere. Y creo que quedaba bien en el sentido de que la fiesta termina siendo la excusa que pongo para que interactúen y descubran un poquito más acerca de sí mismos.

Evidentemente ahora empieza la acción, eso está claro. Los personajes de Zero Two los incluí por respeto al canon, pero olvídense de que vuelvan a aparecer jajaja.

Por cierto, si bien en un par de capítulos habrá una descripción bastante más profunda de Kenshi, les dejo cómo me lo imaginé en esta fiesta:


Y creo que eso es todo por ahora. No sé, si me acuerdo de algo más editaré el comentario y listo =P

¡Hasta luego!

 
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¡Hola!

Respondiendo a tu comentario: Ahora que dices lo de los personajes, leyendo el capítulo llegué a pensar que la actitud de Kari en modo adolescente insoportable se te había ido de las manos, porque ya me estaba empezando a caer mal y a parecer levemente tonta, por llamarlo de algún modo (?) pero con lo de Kenshi lo arreglaste, fue como si de repente quitases una manta y dijeras "mira, pero si Kari está aquí". Aparte de eso, de momento no me cantan demasiado las personalidades de los personajes porque creo que muchos cuadran con los originales si tenemos en cuenta que ya no tienen 11 años. Y vale, me acuerdo perfectamente de la época de las canciones en los capítulos xD lo hacía todo más emocionante, sobre todo cuando te ponían cuatro canciones en un mismo capítulo y cambiabas rápidamente del llanto a la acción y cosas por el estilo. Yo no era un usuario especialmente activo en comparación con los demás, así que nunca llegué a forjar ningún tipo de relación en DZ, pero sí que me flipaba leer fanfics y comentarlo todo. Posiblemente haya leído o incluso comentado algo tuyo :)

Ahora, al tema: Lo que más me pregunto en esta vida es qué tiene que ver Kenshi en todo esto. La verdad es que me está gustando el personaje y me agrada la idea de que seguirá apareciendo, mi cabeza quiere suponer que como nuevo niño elegido. Ahora bien, tampoco te voy a negar que, por el contrario, no me desagrada la idea de que hayas excluido a los elegidos de 02. Me has dejado intrigada con respecto a lo que puede ser eso que vieron Joe y Tai y con el por qué de que Tai tenga que buscarlo, además de quién se lo ha dicho. ¿Los demás elegidos también recibirán mensajes del mismo estilo? Me tendré que aguantar y esperar. Aparte de eso, las historias personales de los elegidos completan la que será la trama principal, eso está bien, sobre todo por las dudas de Tai y el gran trío amoroso de la franquicia. Admito que, salvo de pequeña, nunca tuve preferencia con este trío xD así que por ese lado y por mi parte, no recibirás insultos de ningún tipo, pase lo que pase (?). Por cierto, me encanta que Joe sea en tu fic la voz de la madurez y no el llorón torpe y quejica que ralentiza el avance de la trama o, simplemente, que está ahí porque tiene que estarlo y punto. Bonito detalle :D Y ya me callo. Espero en el siguiente la acción que comentas y algo de desarrollo de los demás elegidos -si es que quieres que sea así-.

¡Saludos!
 

Arki

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Sombra&Luz Sombra&Luz Gracias por comentar :D Fuck! No tendría que haber puesto ese díalogo de Kari si hizo que cambiaras tu opinión sobre ella, jaja. Es bueno saberlo para la próxima. Por cierto, increíblemente acertado tu comentario sobre "quitarle la manta". No podrías haber elegido un término más preciso considerando lo que tenía en mente para este capítulo que estoy publicando.

Kenshi es importante, claramente. Siguiendo mi idea de no escribir escenas que no aporten, no me gastaría en darle tanta presentación si no va a cumplir algún rol xD Sobre Joe: es un personaje complicado de trabajar, por lo menos para mí. Antes caía muchísimo en eso de "está porque tiene que estar". Con el tiempo aprendí a verlo como un guía emocional para el resto de los Elegidos, siendo la voz de la razón, no el inteligente que para eso tenemos a Izzy, pero sí el práctico. La que aún estoy tratando de descifrar pero para la que creo que le encontré su rol dentro de todo esto es Mimi. Aunque va a llevar varios capítulos para que desarrolle mi hipótesis sobre ella.


Buenas amigos!

Falta poco para que todo se vaya al carajo en este fic, así que disfruten lo que queda de paz e interacciones tranquilas entre personajes. Pronto habrá otro tipo de interacciones, no tan tranquilas. O sea, ¿qué tan tranquilo puedes estar cuando estás en una guerra y si te detienes a comer te asesinan sin piedad? Eso afecta a los personajes y su forma de comportarse. Así que estos son esos estivos finales de paz. Más vale que les gusten xD

Por cierto, si hay alguien más leyendo este fic háganmelo saber, me alimento de la atención y la interacción con los lectores, y estoy muriéndome de hambre D: Lol, no, pero para saber qué tal estoy llevando la historia y todo eso.

La canción que hará las veces de soundtrack en este capítulo será Hey Brother by Avicii. *Siente el silencioso juicio de los usuarios* ¿Qué? Que mi avatar y mi firma sean de Blink-182 no significa que no me gusten otras cosas. Ya habrá temas de Blink, Aerosmith, Simple Plan, Linkin Park. Tengo anotado en un cuaderno la lista de capítulos del fic (a nivel general) y a cada uno le asigné una canción. Habrá variedad, amigos, sí que la habrá.

Dejémonos de tonterías y vayamos al capítulo.

HEEEEEEEEEEEEEEEEEY SISTEEEEEEEEEEEEER!!!!! (8)






Con todos los invitados en la casa de TK, y sin idea alguna de lo que se suponía que debían buscar, no pudieron hacer mucho esa noche. Decidieron reunirse al día siguiente en la casa de Izzy.

Tai sabía que mucha gente se refería a las computadoras —usualmente destinada a videojuegos— como “estaciones de batalla”. Siempre le había parecido un tanto gracioso. Pero cada vez que veía la computadora de Izzy la comparación se volvía menos broma y más descripción. El gabinete parecía un pedazo de tecnología robado a una raza alienígena del futuro, con muchas luces y demasiados puertos USB. El teclado parecía tener al menos el doble de teclas que un teclado normal. El ratón era también súper extraño, con un diseño que seguramente era ergonómico, pero que también lo hacía parecer de origen extraterrestre. Y finalmente, tres enormes monitores, cada uno del tamaño suficiente como para ser una televisión en una sala de estar, colocados uno junto a otro. Más que una estación de batalla parecía el puesto de mando del Halcón Milenario, la Enterprise o un jodido Megazord. De hecho, Tai tenía la intuición de que de ser necesario, la casa de Izzy podría transformarse en un mecha gigante dispuesto a defender la ciudad.

Izzy les informó que había estado trabajando casi toda la noche, y le creían. Tenía abiertas demasiadas ventanas y softwares, con interfaces demasiado complejas para que ellos las entendieran, y otros sin interfaz alguna. Lo único que Tai entendía era el mapa 3D de Odaiba que se encontraba en medio del área de trabajo y sobre el cual parecían expandirse muchas ondas de color rojo.

— ¿Qué es todo esto? —Preguntó TK con curiosidad.

—Esto —dijo, dándole una suave palmada a la parte superior del monitor—, es en lo que llevo trabajando desde que se cerró la puerta al Digimundo. Verán, en un principio creía que la entrada hacia allí estaba íntimamente relacionada con internet. Y es que claro, siendo el Digimundo literalmente un “mundo digital”, estando formado por datos, y teniendo en cuenta que literalmente podemos entrar a través de las computadoras, como sucedió contra Diaboromon… Bueno, ya me entendieron. A lo que me refiero es que era lógico creer eso.

— ¿Pero? —Se aventuró Joe, que tenía sus brazos cruzados delante del pecho y acariciando su mentón con la mano derecha.

—Pero cuando me puse a repasar los hechos que vivimos, me di cuenta de que no siempre accedimos a través de internet. Hay algunos casos excepcionales, como cuando Tai venció a Etemon.

Todos voltearon a ver al Elegido del Valor, quien sintió que debía decir algo.

—Ah, si. Si, lo vencí, y pasó algo raro y llegué aquí. Y después volví. Eso no fue por una computadora —explicó con elocuencia.

—No, no lo fue. En ese caso, lo que sucedió fue que la energía que Etemon había reunido se contaminó, se convirtió en algo así como energía oscura o antienergía, y causó una distorsión en la realidad. Funcionó como una especie de agujero negro que te absorbió y liberó en nuestro mundo.

— ¿En eso has estado trabajando? —Preguntó Matt—. ¿Estás tratando de replicar esa energía?

Izzy negó con la cabeza.

—Aunque pudiera, es algo sumamente inestable. Cuando colapsó Tai fue traído de regreso al Digimundo. Me refería a que esa fue una eventualidad, como también lo fueron esos espejismos que se veían en el cielo tras vencer a MaloMyotismon, y a través de los cuales pudimos volver al Digimundo para enfrentarnos a los Dark Masters. Eso también fue generado por el desequilibrio entre los dos mundos.

—Pero nosotros restauramos el equilibrio —recordó Joe—. Por eso nos reunió Gennai hace algunos años, para que entregásemos nuestros emblemas, devolviéramos el equilibrio y sellásemos la puerta. Para que ningún virus del digimundo volviera a hacerse con códigos de lanzamientos nucleares.

—Exacto. No podemos contar con rupturas en el tejido de la realidad para llegar al Digimundo. Lo que nos lleva al método más directo por el que alguna vez hicimos un viaje interdimensional.

Se quedó mirando a sus amigos, esperando que alguno atara cabos o diera en el clavo. Pero nadie pareció hacerlo.

— ¿El método más directo para llegar de un lado a otro? —Repitió, esperando que alguno captara—. Vamos, tampoco hicimos muchos viajes. ¿Cuál fue la vez en la que nosotros decidimos viajar entre las dimensiones y tuvimos que elegir nuestro destino?

— ¡En el castillo de Myotismon! —Recordó Matt—. Pasamos a través de una Puerta Interdimensional. A eso te referías con el modo más directo, ¿no? Literalmente una puerta.

—Precisamente —dijo Izzy—. En eso he estado trabajando. Esa puerta no era una inestabilidad o un accidente. Era un artefacto diseñado exclusivamente para entrar o salir del Digimundo. No sólo eso, sino que incluso podía elegirse manualmente el destino mediante el uso de las cartas. Por lo tanto, llegué a la conclusión de que existe algún tipo de energía que permite el paso entre las dimensiones.

—Por favor, dime que encontraste la forma de crear esa energía —pidió Tai, con una sonrisa al imaginarse que pronto podrían volver al Digimundo.

—En realidad uno no puede “crear” energía, no se crea ni se destruye, sólo se transforma… Pero no, lamento decir que con la tecnología actual me es imposible duplicar esa energía.

Fue un golpe duro a las ilusiones de todos. Pero Izzy no los habría llamado para decirles qué no podía hacer.

— ¿Y qué es lo que conseguiste? —Preguntó Kari.

—Esto —explicó, señalando el mapa 3D— es un modelo en tres dimensiones de la ciudad, y estoy corriendo un software que detecta la presencia de las particulares ondas electromagnéticas que se generan al realizarse cambios en el campo cuántico de la atmósfera como consecuencia de un agujero de Schwarzchild con salida en…

— ¡BASTA! —Gritó Tai, agarrándose la cabeza—. ¡Por Dios! ¡Explícalo con manzanas y dibujitos didácticos o no lo expliques!

Izzy suspiró.

—Cuando algo entra o sale del Digimundo, deja un rastro. Mi computadora lo detecta y me lo muestra en este mapa. ¿Ven esas cosas rojas? Eso es la energía. Empezó a manifestarse ayer a la noche, cuando apareció tu mensaje. Busqué noticias acerca de esa estrella fugaz que vieron, pero nadie reportó ningún hecho extraño en el cielo. Con suerte, este programa nos dará respuestas.

— ¿Puede detectar qué es lo que tenemos que encontrar?

—Si. Es evidente que hay algo en Odaiba que está generando esta señal. Con tiempo, la computadora podrá reducir el campo de búsqueda, triangular la ubicación y darnos datos más precisos sobre qué es lo que llegó aquí. Pero tengo que decirles, llevará tiempo. Mi computadora es muy buena, si me permiten decirlo, pero mis recursos son limitados. Incluso poniéndola en estado de overclocking esto llevará días. Puede ser una semana, quizás sea más.

Permanecieron en silencio unos segundos. Una semana parecía mucho tiempo, pero por otro lado, ¿qué es una semana cuando llevaban tres, casi cuatro años sin noticias en absoluto sobre sus amigos en el otro mundo? Todos estaban sumamente ilusionados, pero ninguno como Tai, quien sentía la chispa de la aventura iniciando un fuego dentro suyo. El Digimundo los estaba llamando de nuevo. Pronto volverían a ser un grupo, volverían a ser héroes, y él debía ser el líder.

—Izzy, tómate tu tiempo —le dijo, para que no sintiera presión por el tiempo—. Confiamos en que nos informarás en cuanto tengas algo. Por ahora, creo que lo mejor sería que todos comiencen a llevar sus Digivices a todos lados, en caso de que suceda algo nuevamente. Ante cualquier señal, nos comunicaremos con el resto del grupo y nos reuniremos de inmediato. Sin excusas. Eso significa, Joe, que no hay examen que valga.

— ¡Oh, por favor! Mimi también ha faltado a las reuniones por ir de compras. Y esa vez que hubo un apagón en el lado Este de la ciudad y creímos que había sido por un digimon, TK y Kari estaban en una cita y tampoco fueron.

— ¡No fue una cita! —Se apresuraron a decir los dos chicos, quienes al darse cuenta de que estaban demasiado juntos en el sofá, se separaron un poco.

—Fuimos a ver una película al cine, era en el otro lado de la ciudad donde no hubo ningún apagón y teníamos los teléfonos apagados —se justificó TK.

—Como sea —dijo Tai, cambiando de tema antes de que llegaran a recordar el escándalo que había armado cuando se enteró que su hermana y TK estaban juntos y no contestaban los teléfonos—, el punto es que debemos estar comunicados y atentos. Y ya que estamos aquí, ¿qué tal si nos pedimos unas pizzas, eh?



------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------



Tai llegó a su casa tras una tarde de entrenamiento con el equipo de fútbol. Estaba cansado y desmotivado. Ya habían pasado diez días desde el cumpleaños de TK, y todavía no tenían noticia alguna sobre el Digimundo. Empezaba a impacientarse. Tampoco ayudaba que acababa de perder un partido de fútbol y él hubiera fallado un tiro penal. Normalmente se hubiera sentido muy mal y se habría avergonzado de haber fallado una situación tan importante frente a todos sus amigos. Pero en realidad no había pasado vergüenza frente a sus amigos porque nadie había ido a verlo.

Entendía a Izzy, quien pasaba todo su tiempo libre monitoreando la computadora y asegurándose de que realizara el escaneo sin inconvenientes. También comprendía que Mimi se quedara con su novio para hacerle compañía. Perdonaba a Joe por estar estudiando. El pobre no faltaba a ningún partido suyo, no podía recriminarle por prepararse para un examen final. Hasta ahí, los comprendía totalmente.

Lo que más le dolió fue que Kari decidiera no ir. Hasta esa mañana estaba todo decidido. Ella saldría temprano para reunirse con TK, comerían en algún lugar del centro comercial, volverían a su casa y los tres irían juntos a la cancha. Pero cuando Tai estaba recién empezando a preparar el almuerzo, escuchó unas llaves en la puerta de entrada. Segundos después, las voces de Kari y TK entrando por el pasillo.

— ¿Qué hacen aquí tan temprano? —Preguntó mientras volteaba a verlos.

Inmediatamente se dio cuenta de que TK no se veía nada bien. Parecía como si le costara mantenerse en pie, realizando movimientos lentos y dubitativos, con la cabeza casi del todo gacha, sin poder levantarla del todo. Tenía también el rostro muy pálido, y se agarraba la cabeza con una mano. Si no lo conociera mejor, Tai habría creído que tenía resaca. Pero si había alguien sano en el grupo, definitivamente era TK.

—Amigo, ¿qué tienes? Te ves mal.

—Está enfermo —dijo Kari, bastante preocupada, mientras obligaba a TK a que se sentara—. Nos encontramos en el centro comercial y estaba mal. Creo que caminar hasta aquí lo empeoró.

—No es para tanto —dijo TK, tratando de enderezarse y de sonar convincente. Pero la verdad es que cada segundo que pasaba Tai lo veía más débil.

— ¿Por qué no te quedaste en tu casa si te sentías mal? —Lo regañó Kari—. Tendrías que haberme enviado un mensaje y quedarte en tu cama.

—Pensé que estaba un poco mareado y se me pasaría. Quizás… Quizás subestimé la situación.

Tai se acercó un poco y puso su mano sobre la frente de su amigo.

—Si, tienes fiebre.

En cuanto retiró su mano Kari se apresuró a poner la suya, como si no confiara en absoluto en la palabra de su hermano. Corroboró que claramente la temperatura de TK era bastante elevada. Tai suspiró y fue a buscar su chaqueta.

—Iré a la farmacia de la esquina, traeré algún remedio. Recuéstate en el sofá mientras tanto. Kari, ¿quieres terminar de cocinar la carne? Pon un poco más así comen ustedes dos también.

Los dos más jóvenes se quedaron perplejos por la actitud de Tai, pero antes de que pudieran decirle algo el ya se había ido. Volvió poco después, le dio la medicina a TK, almorzaron (el rubio apenas si tocó su plato) y enseguida se hizo la hora del partido. Fue entonces que Kari le anunció que se quedaría a cuidar a TK. No le preguntó ni le pidió permiso. Simplemente le informó lo que iba a hacer. Y él no dijo nada, actuó como si no le importara.

Pero en verdad sí le importó. Le molestó que tan fácil decidiera perderse el partido de su hermano. ¿Por qué tenía que quedarse a cuidar a TK? El chico estaba con una gripe, no tenía una neumonía. Podían haber llamado un taxi y que se quedara acostado en su casa. Trató de no enfadarse con TK, ciertamente no era su culpa. Pero aún así quedó un poco resentido con ambos.

Y para terminar de arruinar su día, ni Sora ni Matt fueron tampoco. Finalizado el partido les preguntó dónde habían estado, si les había pasado algo. Matt no contestó, pero Sora le dijo que había estado ocupada, que luego le explicaría; nunca lo hizo.

Llegó a su casa esa tarde sumamente molesto e irritado. Entró sin hacer mucho ruido ni gritando que había llegado, porque sinceramente trataba de pasar desapercibido. Observó que la cocina estaba hecha un desastre. Evidentemente su hermana no había limpiado nada tras el almuerzo (como le había dicho que hiciera) y además había otras cosas. Se percató de que había un frasco de miel entreabierto, y se acercó a cerrarlo. Dejó sus cosas en el sofá y caminó hacia su habitación, pasando por delante de la de su hermana. Se detuvo en seco al ver que la puerta estaba entreabierta.

No era de espiar a su hermana, nunca. Él también era adolescente y sabía que no había nada más sagrado que la privacidad. Pero sabiendo que seguramente estaba con TK, decidió echar un vistazo. Por las dudas.

Se asomó sin hacer ruido, y vio que TK estaba prácticamente acostado en la cama, apoyado en un antebrazo para poder beber lo que sea que tuviera en la taza. Kari estaba sentada en el borde de la cama, a la altura de la cintura de TK, dándole la espalda a Tai.

— ¿No está muy dulce, verdad? ¿Quieres que lo caliente un poco? —Le preguntaba, claramente preocupada. TK negó con la cabeza mientras bebía otro sorbo.

—Para nada, está perfecto. Y muy delicioso.

—Gracias, pero a Tai le sale mucho mejor —dijo Kari.

Tai entendió entonces qué era lo que su hermana le había preparado a TK. Eso explicaba el frasco de miel.

— ¿Así que esta es una receta de Tai?

—Si, bueno, no creo que lo haya inventado él. Pero siempre que me enfermo me prepara un té con miel caliente. Te ayudará a dormir, y mañana te sentirás mucho mejor, espero.

TK terminó de beber lo que quedaba en la taza y la dejó en la mesa de luz a un costado de la cama. Se recostó y, acto seguido, tomó la mano de Kari, entrelazándola en sus dedos.

—Creo que ya me estoy sintiendo mejor —le dijo, mientras Kari le acariciaba el brazo.

Tanta dulzura casi le causa diabetes a Tai, por lo que estaba a medio metro yendo hacia su habitación cuando escuchó a TK hablar de nuevo.

—Tai va a odiarme.

El aludido se detuvo en seco, recostándose contra la pared sin asomarse para poder escuchar.

— ¿Por qué?

—Íbamos a ir a verlo. Y por culpa de esta gripe ahora los dos estamos aquí —hizo una pausa, en la cual Tai casi pudo imaginar cómo se sonrojaba antes de decir lo siguiente—. Además sabes que a él no le gusta que estés sola conmigo.

—No seas tonto —dijo, algo apenada a juzgar por el tono bajo en el que habló—. Quizás se enoje un poco, pero sabes cómo es él. Se preocupa por todos nosotros. Seguramente a último momento me habría dicho que lo mejor sería que me quede contigo. Se preocupa mucho por ti, de hecho.

— ¿A qué te refieres? —Preguntó TK, mientras Tai pensaba exactamente lo mimso.

—Ya sabes, siempre sugiere que te quedes a dormir cuando se hace tarde y peligroso como para que vuelvas a tu casa, aunque después empiece con el drama de que tienes que dormir en su habitación, y blablabla. O cómo hoy enseguida fue a comprarte la medicina. Incluso la forma en la que bromea contigo y te molesta. Lo conozco, es su forma de agradecerte.

— ¿Agradecerme qué?

—Bueno —ella también hizo una pausa, y Tai nuevamente imaginó cómo se ruborizaba—, ya sabes, por estar conmigo. Cuidarme. Él sabe que no puede estar protegiéndome siempre, asegurándose de que no me pase nada. Antes sí lo hacía, pero ahora estamos creciendo. Estoy creciendo. Mi hermano mayor no puede estar siempre detrás mío, ahuyentando a los chicos que se acercan a hablarme, vigilándome como si fuera a hacer algo malo. Le cuesta entender eso a veces, pero está aceptándolo poco a poco.

— ¿Por eso estás tratándolo tan indiferente últimamente? —Preguntó TK, justo la pregunta que Tai se moría por hacerle a su hermanita.

Kari simplemente rió.

—Lo dices como si fuera algo que hago a propósito, en plan “Voy a darle una lección a Tai, la próxima vez que se entrometa me encerraré en mi cuarto con los auriculares al máximo para que entienda que estoy creciendo”. No, no es así. Reacciono de esa forma porque es lo que siento, en verdad me molesta que se comporte así a veces. Lo cual no quita que cuando me calmo siento que quizás fui demasiado ruda, o que en el fondo me gusta que me siga queriendo como cuando éramos niños. Es complicado —suspiró finalmente.

—Bueno, estamos en una edad complicada, ¿no? —Rió el rubio—. Sólo sé que estaré feliz de cumplir el trabajo de Tai y asegurarme de que no te pase nada.

Tai no escuchó ninguna respuesta, así que supuso que simplemente estarían allí sonriéndose. Decidió salir inadvertidamente del departamento y volver a entrar haciendo mucho ruido, como si recién llegara.



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—Bien, estamos aquí. ¿Ahora hacia dónde vamos?

Apenas dos días después de aquel fatídico partido de fútbol, Tai encontró esperanza nuevamente cuando Izzy los llamó a todos diciendo que tenía las coordenadas de aquel objeto que había caído en Odaiba. La señal quedaba reducida a una plaza pública ubicada en la zona más residencial de Odaiba, coincidiendo con la dirección que Tai y Joe habían visto que seguía cuando cayó. Decidieron encontrarse directamente allí, y los ocho elegidos llegaron casi al mismo tiempo.

—Está en esta plaza, estoy completamente seguro. La señal es demasiado grande como para decirles en qué parte exacta se encuentra, así que deberemos buscar.

—Bueno, a menos que sea un columpio, podemos suponer que no está en una zona muy transitada, ya que de estarlo alguien lo habría tomado o llevado a su casa —razonó Joe—. Podemos empezar a buscarlo entre los árboles o arbustos, las zonas alejadas de los caminos principales, y después sí recorrer el resto.

—Eso suena como que llevaría mucho tiempo —opinó Mimi.

—Pues dividámonos en cuatro grupos y que cada uno busque en una parte distinta —dijo Tai—. Si alguien la encuentra, hagan ruido de búho como señal para que el resto de los grupos se acerque, ¿de acuerdo?

Todos se le quedaron mirando.

—Vamos, era una broma lo del búho —dijo, aunque ninguno de sus amigos lo encontró divertido—. Pff, amargos. Matt, ven conmigo. Busquemos por allí.

Pronto los ocho niños estaban revisando toda la plaza. Observaban los arbustos, revisaban las copas de los árboles, se agachaban a ver debajo de los bancos. Pero no aparecía nada que se viera remotamente extraño. Lo más raro que encontraron fue una colección de revistas obscenas escondidas entre unos arbustos.

—Sólo por tocar estas ramas ya me siento contaminado —se quejaba Tai, mirando sus palmas con terror—. Quien sabe las cosas que sucedieron allí. ¿Las venéreas no se transmiten de esta forma, verdad?

—Yo me lavaría las manos antes de que tuvieran que cortármelas —contestó Matt, sumamente divertido. El Elegido del Valor fue corriendo a la fuente más cercana y metió las manos enteras. Comenzó a lavarse, mientras Matt se sentaba en el borde de la fuente.

—Ni siquiera sabemos lo que estamos buscando —dijo Tai, con molestia—. Podría ser cualquier cosa.

—Seguramente lo sabremos cuando lo veamos. No te desesperes.

—Es fácil decirlo; tú no sentiste la humedad en esa revista.

—Por suerte no. ¿Qué has estado haciendo últimamente? —Preguntó el rubio.

Tai lo miró de reojo mientras continuaba lavándose las manos.

—Lo de siempre. Ayer y hoy estuve entrenando con mucha más intensidad. Llego a mi casa y lo único que quiero es dormir de lo cansado que estoy.

—Si, me imagino —dijo, con una mueca extraña en él—. Por cierto, lamento no haber ido a tu partido el domingo. En serio.

—No pasa nada —respondió Tai, con un gesto para restarle importancia—. Estabas con Sora, ¿verdad?

Matt no respondió inmediatamente.

—Si.

Tai siguió lavándose las manos, aunque a esta altura ya se habría quitado un litro de pintura de auto.

—Pasan mucho tiempo juntos últimamente.

Matt admiraba solemnemente la maravillosa estatua que decoraba la fuente.

—Puede ser.

—Ella ha estado dándome excusas estas últimas semanas para no juntarnos. ¿Pasa esos ratos contigo, por casualidad?

Matt se puso de pie de inmediato, y Tai volteó a verlo. El Elegido de la Amistad miraba con sorpresa la estatua de la fuente.

— ¡Tai, mira eso! —Dijo, señalando con el dedo. El Elegido del Valor se puso de pie y vio lo que su amigo señalaba.

La estatua era una especie de águila levantando vuelo desde un nido. ¿Por qué rayos esa era la decoración de una fuente de agua? Nadie lo sabría jamás. Pero había una cosa en aquella estatua. Un pequeño detalle que pasaría desapercibido por la gente común, que ni siquiera presta atención a la estatua de todas formas. Uno de los huevos que se encontraba en el nido era diferente. Más grande, del tamaño de un melón, y más oscuro que el yeso del resto de la estatua. Pero lo más importante era que tenía grabado en sobrerelieve un inconfundible sol llameante.

—Es el Emblema del Valor —dijo Tai, sonriendo de repente.

—Por eso el mensaje te llegó a ti. Sea lo que sea, está relacionado contigo. Tómalo.

No necesitó otra invitación. Se paró en el borde de la fuente intentando no mojarse y extendió los brazos para tomarlo. Sin embargo, cuando estaba a pocos centímetros del huevo, una barrera morada apareció, impidiéndole alcanzarlo.

— ¿Qué demonios?

Volvió a intentarlo, pero aquella barrera le impedía alcanzarlo. Matt tampoco pudo hacerlo.

—Hay algo que evita que lo consiga. ¿Qué será?

En ese momento su digivice comenzó a sonar, y un nuevo y misterioso mensaje apareció. Esta vez era un poco más largo que el anterior.

ENCUENTRA AL NOVENO”.

—No lo entiendo —dijo Tai, mientras le mostraba el mensaje a Matt—, ¿es que hay un límite de caracteres para mandar mensajes o qué onda?





¿Saben cuál es mi parte favorita del capítulo? El título. Alétheia. Si no saben lo que es búsquenlo, pero les juro que todo este capítulo salió a partir de ese concepto filosófico. Quizás está en un nivel demasiado metafórico y poco concreto, pero dos de las tres escenas principales del cap salieron íntegramente de esa palabra.

El capítulo que viene es especial. No sólo porque será donde aparece por primera vez (sin contar el prólogo) un digimon en la historia, ni porque esté narrado desde un punto de vista diferente, sino porque me permitirá plantear básicamente la parte más importante del fic. El desafío para mí estará en hacerlo lo suficientemente sutil y subyacente como para que no termine siendo obvio. No sé si lo voy a lograr, but you bet y'all asses que me voy a divertir intentándolo.

Mirándolo en retrospectiva, no estuvo nada mal la canción con el capítulo, ¿eh?

See ya!
 
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¡Buenas! Vamos por partes:

¿"El noveno"? ¿Significa eso que Kenshi será un nuevo niño elegido? ¿Habrá otros siete digihuevos y otros siete niños elegidos, y es por eso que Tai no pudo coger el del emblema del Valor? Me estoy montando una película yo sola y capaz que no tiene nada que ver xD. Pero mis sospechas siguen ahí. Lo que me dices acerca de manejar a Mimi y a Joe ha despertado aún más mi interés en ver la evolución de los elegidos. Y no te culpo, yo también pequé de eso con Joe en otros tiempos, pero cada vez me gusta más este personaje. Sin duda la canción acertada para este capítulo :D. Me ha gustado la escena de Tai espiando a los pequeños del grupo, creo que le has quitado esa manta a Kari; así demuestras que los personajes tienen motivos ocultos para actuar tal y como lo hacen. Es así como los haces humanos. Y bueno, también me gustó lo de Alétheia. Que utilices un concepto filosófico como base de la que partir para crear escenas de tu fic es tan arriesgado como utilizar el ordenador de Izzy sin su consentimiento -o con él-, para que me entiendas. Podía haber salido un pegote extraño y sin sentido o podía haber salido bien. Y ha salido bien, bravo :Aja:.

Otra cosa que comentarte es que de vez en cuando tienes alguna tilde que se te escapa. Por ejemplo, los "sí" afirmativos siempre llevan tilde y más de una vez no se la has puesto: "—Ah, si. Si, lo vencí, [...]". Ahí va tilde. Y alguna que otra palabra más suelta en la que se te olvida, quizá una o dos xD.

POR CIERTO, que pongas canciones de Blink, Aerosmith, Simple Plan, etc... :5959:. Pero creo que esto ya te lo he comentado jajaja. ¿Lo que espero ver en el siguiente capítulo aparte de escasez de tranquilidad y paz? Más desarrollo de los personajes -qué pesada soy, supongo que lo irás poniendo al ritmo que creas conveniente xD- y... creo que ya. Veo que la cosa avanza bien, aunque este capítulo haya sido más bien "flojo" por motivos obvios y más que razonables. Estoy segura de que se me olvida decirte algo, pero no pasa nada. Mejor así, que soy muy pesada. Creo que comento yo por todos los que leen sin comentar xD. En fin, en ese sentido te entiendo mucho.

¡Un saludo!
 

Arki

Adolescente idiota y rencoroso
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Sombra&Luz Sombra&Luz
Mi lectora favorita :D En este capítulo verás qué significa “el noveno”, pero aplaudo tu imaginación xD Lo de usar un concepto filosófico no es algo que hago seguido. Se dio con este capítulo porque simplemente se dio, y listo. Puede ser que suceda con otro. Normalmente tengo una idea de lo que quiero mostrar en el capítulo, se me ocurre una canción que va con eso y mientras la escucho de fondo comienzo a escribir y dejo que los personajes me digan qué es lo que pasa xD Lo importante siempre es que los personajes, con sus decisiones, hagan avanzar o no la historia. Hasta ahora no ha sucedido realmente mucho en mi fic, pero las pocas cosas importantes que sucedieron (y cuya consecuencia se dará a conocer próximamente) fueron decisiones que tomaron los personajes. Tienen que ser activos, no pasivos. O por lo menos así entiendo yo la literatura xD Espero que este capítulo cumpla tus expectativas de un poco de acción, desarrollo de personajes y buena música xD






Buenas noches (hora en la que posteo esto, ja), les traigo el capítulo número 4 de este maravilloso fanfic que es tendencia global en Twitter y Linkedin(?).

Ok, me cansé de Elegidos que no hacen nada. Quiero acción. Quiero ver digimon. Quiero que empiecen las cosas sobrenaturales. Quiero que los Elegidos finalmente demuestren que no son niñatos de secundaria, sino que son unos agentes del destino que se encargan de destrozar a los chicos malos.

¿Ustedes también? Pues les tengo buenas noticias. Este maldito capítulo trae todo eso y más. No me malinterpreten, los capítulos anteriores fueron todos necesarios. En mayor o menor medida todos incluyeron elementos que yo consideré importantes para la historia y que ayudaban a mantener el ritmo que quería.

Este capítulo es especial para que conozcamos un poquito más a una pieza fundamental de esta historia. Y a un capítulo especial no puede sino acompañarlo una banda sonora especial. En esta ocasión, uno de los primeros singles de Simple Plan, la canción I'm just a kid. Muy relacionada con lo que pasa en el capítulo. Si relacionan la canción con el personaje principal del capítulo van a tener una mejor idea del mismo.

¡Vamos!


— ¿Cuántas entradas quería? —Preguntó la mujer a través del micrófono, revisando en su computadora los lugares disponibles en la sala.

—Una, por favor.

La mujer levantó la vista de la pantalla y miró al chico a través de sus lentes.

— ¿Una entrada? —Preguntó, mientras arqueaba una ceja.

—Sí, por favor —respondió un poco avergonzado.

Dejó el dinero en la bandeja para que la señora lo tomara y contara. Era el monto justo, abonado con muchísimo cambio, billetes chicos. Cuando terminó de contar, la señora imprimió una entrada y se la entregó.

—Que disfrute la película.

Kenshi le agradeció y se apresuró a colocarse en la fila. Sabía que no tenía mucho sentido hacerla, ya que entraría de todos modos y no obtendría un mejor lugar por hacerlo más rápido. Pero allí parado junto a otras personas se veía menos raro que un chico de trece años sentado solo en la banca de un cine a las ocho de la noche. Sabía que no era la única persona que iba sola al cine, veía a varios en su misma situación todos los meses. Pero no podía evitar ver a la mayoría yendo acompañados, con amigos, con una pareja o con algún familiar. Los veía y una parte de él se sentía triste. Uno creería que a estas alturas lo habría superado, pero siempre pensaba en el por qué no tenía a nadie que lo acompañara.

Pronto abrieron las puertas y la gente comenzó a entrar. No había más de cuarenta personas en aquella sala con capacidad para ciento cincuenta. Poco más de dos tercios libres. Y sin embargo, Kenshi quedó colocado junto a un grupo de cuatro chicos que no pararon de hablar durante toda la película. La misma era la adaptación cinematográfica de una serie de novelas juveniles. Cumplía en explicarse a sí misma la mayor parte del tiempo, pero algunos detalles y sutiles referencias sólo tenían sentido si habías leído el libro, cosa que esos cuatro chicos claramente no habían hecho. Kenshi sí los había leído, y eran de hecho una de sus lecturas favoritas actualmente. Solía ir frecuentemente a la biblioteca, le gustaba estar allí. Tenía acceso a miles de libros, era una forma de divertirse sin necesidad de tener dinero, estaba tranquilo, nadie le preguntaba por qué estaba allí solo y no había familiares que le recordaran que su existencia era una molestia para ellos. Un verdadero paraíso.

Le hubiera encantado voltearse y responder amigablemente las preguntas que los chicos se hacían sobre la trama, pero no se atrevió a hacerlo. Se preguntó si ese chico Tai Yagami lo habría hecho. Probablemente sí. Tai no tenía problemas para socializar.

Pero claro, Kenshi no era Tai Yagami.



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—Amigo, la película estuvo genial —decía uno de los chicos.

—Hacía mucho que no veía una tan buena.

— ¡La mejor salida de cumpleaños de la historia!

Kenshi observó a los chicos alejándose. Los veía juntos, riendo, recordando sus escenas favoritas de la película. Trataba de recordar la última vez que había compartido algo así con sus amigos. Había sido varios meses atrás, antes de que su vida se fuera al demonio y tuviera que mudarse a Odaiba, cambiar de escuela y empezar desde cero. A estas alturas había superado la etapa de compadecerse de sí mismo, pero aún así no podía evitar extrañar tener alguien con quien compartir algo.

Había sido un estúpido en pensar que quizás podría ser amigo de TK y el resto de su grupo. Cuando Tai y Matt se acercaron a defenderlo de aquellos muchachos que lo molestaban se sintió sumamente agradecido. Hacía mucho tiempo que nadie daba la cara por él. Ojalá no les hubiera contestado como lo hizo, pero en aquel momento no supo cómo reaccionar. Y luego, cuando TK y Kari se acercaron a invitarlo a la fiesta de cumpleaños del primero, pues en ese momento fue feliz por primera vez en mucho tiempo. Asistió a aquella fiesta completamente nervioso, situación que no mejoró al encontrarse rodeado de gente que no conocía realmente. Tampoco conocía del todo a TK y Kari, apenas si hablaba con ellos durante las clases. Pero eran los únicos que se preocupaban por hablarle amablemente, quienes le pasaban los deberes cuando no asistía a clase y los únicos que lo saludaban cuando entraban al salón. Creyó que, quizás, el hecho de que lo invitaran a la fiesta significaba que querrían ser sus amigos. Se había ilusionado.

Su ilusión duró muy poco. Durante la fiesta habló más que nada con ese chico Cody, que se veía tan solitario y ajeno a todo como él. Kari se acercó por momentos a hablarle, pero Kenshi no prestó mucha atención a lo que le decía. Estaba más ocupado observando lo bonita que se veía. Para colmo, cerca del final de la fiesta Tai recibió un mensaje o algo así, y todos los de su grupo actuaron como si le hubieran disparado. Se acercaron a ver qué pasaba, susurraban cosas entre ellos, y miraban al resto de los invitados de reojo. Él no era tonto, sabía que había pasado algo y que no querían que el resto de los invitados se enterase. Decidió irse en aquel momento, y apenas si lo despidieron. Y nunca más se acercaron a él. Al otro día en la cafetería consideró saludarlos y preguntarles si podía sentarse con ellos, pero parecían metidos en una discusión, así que prefirió ir a almorzar a la biblioteca. Poco más de una semana después, seguían sin hablarle ni darle alguna señal de que se preocupaban por su existencia. Lo cuál, para Kenshi, sólo podía significar que lo habían invitado a aquella fiesta por lástima. No era un pensamiento agradable. Y como todos los pensamientos poco agradables que tenía, lo acompañó durante todo el camino de regreso a su casa. Quizás lo habría acompañado durante toda la noche, si no fuera porque su vida cambió para siempre en aquel trayecto.

Un momento estaba caminando por la calle, pateando una pequeña piedra lo más lejos que podía, siempre tratando de que siguiera una trayectoria más o menos recta para poder patearla de nuevo más tarde. Era de noche en una zona bastante residencial, por lo que apenas si pasaba un auto cada tanto. No veía a ningún otro transeúnte. El único ruido que se oía eran sus pasos y la piedra rebotando en el asfalto. Y entonces un ruido como de arbustos sacudiéndose. Kenshi volteó a ver qué era, pensando en que sería algún perro o gato. Pero no vio nada. Segundos después, en otra dirección, un ruido que definitivamente eran pasos rápidos.

A estas alturas se detuvo en seco. No tenía objetos de valor que pudiera perder si lo asaltaban, pero aún así no quería tener que vivir esa experiencia en absoluto. No había nadie en toda la calle, la cual parecía aún más solitaria que hasta hacía unos minutos.

— ¿Hola? —Atinó a preguntar. Quizás no era la decisión más astuta, pero lo hizo de todas formas.

Escuchó un ruido de aleteo y un horrible graznido que parecía sacado de las cámaras de tortura del séptimo círculo del infierno. Sobresaltado levantó la vista y vio un cuervo posado sobre una rama. Parecía estar mirándolo.

— ¿Eras tú haciendo esos ruidos? —Dijo con una sonrisa, aunque algo nervioso—. Me asustaste.

El cuervo abrió sus alas y graznó de nuevo. Kenshi oyó unos nuevos sonidos de pasos y volteó. Esta vez dos personas salieron de los callejones, uno desde la derecha y otro por la izquierda. Se le hizo un nudo en la garganta cuando vio que se trataba de los dos chicos que hacía casi dos semanas lo habían increpado en la cafetería. Sus miedos se habían hecho realidad. No habían podido molestarlo lo suficiente en la cafetería, y ahora iban a sacarse el gusto en una calle abandonada a altas horas de la noche.

— ¿Qué quieren? —Dijo, tratando de sonar mucho más valiente de lo que en verdad se sentía.

Los dos mastodontes siguieron caminando en silencio, rodeándolo. Debería haber corrido cuando pudo, pero dudaba de poder ganarles en una carrera.

— ¿Me estuvieron siguiendo? ¿Cómo sabían que estaba aquí?

Los chicos seguían sin responder, y ahora estaban a dos metros de él. De pie, completamente rígidos, con sus feos rostros inexpresivos bajo la luz de luna. Kenshi comenzaba a asustarse por esta extraña actitud. Hasta ese momento no se había percatado debido a la poca luz que había en aquella zona, pero enseguida vio que los chicos tenían las pupilas completamente negras.

— ¿Tom? ¿Mark? ¿Están bien?

No respondieron, se quedaron allí mirándolo. Y entonces, el cuervo graznó de nuevo.

Kenshi apenas sintió el primer golpe, en la boca del estómago. Fue más que nada expulsar todo el aire que tenía en sus pulmones y abrir los ojos como platos ante la falta de oxígeno, no tanto dolor. El segundo golpe, directo al rostro, sí lo sintió. Cayó al suelo, tomándose el estómago, tratando de recuperarse. Nunca había sido bueno en las peleas, no era de esos que resisten golpes y golpes y continúan peleando. Él normalmente sentía cada impacto que recibía, no era precisamente tolerante al dolor. Pero de algo estaba seguro: esos golpes dolían demasiado para provenir del puño de un adolescente común.

Trató de incorporarse, pero uno de los chicos lo levantó por el cuello de la remera y lo golpeó de nuevo en las costillas. Kenshi gritó de dolor y trató de dar una patada, de hacer algo para escapar. Pero un nuevo golpe en la cabeza lo derribó al suelo, donde le propinaron una patada en el estómago. Estaba completamente aterrado. Jamás lo habían golpeado con aquella brutalidad. Y allí en medio de la nada, no había forma de decir cuándo se detendrían.

El cuervo graznó una vez más, y por unos instantes dejaron de golpearlo. Kenshi aprovechó esos instantes para tomar un poco de aire y tratar de sentir el daño que le habían hecho. No parecía que le hubieran quebrado algún hueso, pero sentía un dolor agudo en las costillas que lo hacía dudar.

Sin embargo, sentía otra cosa también. Una especie de calidez focalizada. Era difícil describirlo, pero estaba seguro de que sentía algo en su bolsillo. Ignorando, o por lo menos tratando de ignorar el dolor, extendió su mano y la llevó allí.

— ¡Hey! ¡Déjenlo en paz!

Sentía demasiado dolor como para ver quién había gritado. Lo único que sabía era que se escuchaba muy lejano. Quizás a una calle, o un poco más. Cerró su mano y sintió que estaba apretando una especie de aparato, como un MP4 o algo así. Lo sacó y trató de ver qué era. No reconocía el tipo de tecnología que tenía en sus manos, pero estaba completamente seguro de que nunca había tenido algo así. ¿Qué hacía eso en su bolsillo?

El cuervo comenzó a graznar de nuevo, esta vez mucho más enérgicamente, y Mark y Tom comenzaron a golpearlo un poco más. Sintió el dolor extenderse aún más por todo su cuerpo, le pareció percibir que el aparato brillaba, escuchó unos gritos a su alrededor, el cuervo graznando más fuerte que nunca, y enseguida perdió el conocimiento.

Mientras su vista se nublaba le pareció ver una sombra que se movía rápidamente sobre su cabeza, como un murciélago, pero era demasiado grande para ser eso. Vio caer inmóviles a los dos chicos que lo golpeaban, y llegó a ver que una tercera persona se acercaba corriendo, gritando su nombre, justo antes de que todo se volviera negro.



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Kenshi lanzó un grito y abrió los ojos, sobresaltado. Se incorporó en la cama, respirando entre-cortadamente y sintiendo en el pecho los alocados latidos de su corazón. Lo primero que pensó fue que todo había sido un sueño, pero apenas unos segundos después de despertar sintió una punzada en su pecho que lo obligó a recostarse nuevamente.

Había sido real. Aquellos dos chicos lo habían golpeado salvajemente en medio de la calle. Sin provocación, sin inmutarse, con una violencia ajena incluso a ellos. Recordó también aquellas miradas perdidas, con sus pupilas completamente negras. Se dio cuenta de que todavía temblaba, y no podía ser por el frío, con aquellas frazadas tan cálidas cubriéndolo.

Sobresalto número dos. Aquella cama era muy cómoda como para ser la suya. Esa no era su habitación. Era demasiado colorida, con muchas cosas. Era sin dudas la habitación de un adolescente, con pósters de bandas de rock, de Lionel Messi y un afiche de Iron Man de tamaño real. Se sentó con dificultad y vio en una silla cercana toda su ropa, aparentemente recién lavada y doblada. Se miró a sí mismo y vio que en efecto la ropa que llevaba puesta no era suya. Incorporándose lentamente, decidió que lo primero que tenía que hacer era cambiarse las prendas. Se sentiría más seguro si tenía su ropa, por lo menos.

Dos minutos después, mientras se quitaba aquella remera ajena, la puerta de la habitación se abrió, sobresaltándolo.

—Oh, estás despierto —dijo la chica, desviando la mirada del torso desnudo de Kenshi.

—K-Kari —tartamudeó, cubriéndose como podía con la remera en su mano—. Yo, no sabía, no tengo idea de dónde…

Ni él supo qué quiso hacer. Un segundo estaba allí de pie, y un instante más tarde tropezó el pantalón que se había quitado poco antes y cayó, afortunadamente sobre la cama. Lo cual no evitó que se resintiera de sus heridas.

Kari se acercó rápidamente y lo ayudó a sentarse junto a ella en la cama.

—Lo siento —se apresuró a decir Kenshi, con sus manos apretadas sobre uno de los moretones que tenía en su espalda.

Ella simplemente lo miró con suma tristeza. Kenshi estaba avergonzado de estar allí sin su remera, dejando que Kari viera todos los hematomas que él mismo había revisado en el espejo minutos atrás. No sólo tenía un ojo morado, sino que su pecho parecía el mapa topográfico de Japón, con moretones completamente negros del tamaño de un puño cerrado a la altura de las costillas y la cintura. Estaba nervioso y deseaba colocarse la remera cuanto antes, pero no lo hizo. Kari lo miró a los ojos —al ojo morado en particular— y levantó su mano, muy lentamente. Casi como si pidiera permiso. Él no dijo nada, simplemente permaneció en silencio mientras ella deslizaba su dedo por la herida en sus costillas. Evitó por poco jadear, pero enseguida notó que era una sensación dolorosa. Era más bien una caricia.

—No podíamos llevarte al hospital —explicó mientras tanto—. Tampoco sabemos dónde vives o el teléfono de tu casa para avisar a tu familia que estás bien. Si quieres puedes llamarlos, para que no se preocupen.

—No, ellos… No se preocuparán —dijo en un suspiro amargo.

Ella pareció entender lo que quiso decir, pues dejó su mano apoyada en el pecho del chico, de repente un poco triste.

—Kari —dijo con suavidad; la chica alejó su mano y lo miró nuevamente a los ojos—. ¿Dónde estoy?

—Estás en mi casa —le sonrió—. En la habitación de Tai.

—Yo… Lo último que recuerdo es estar en la calle. Me golpeaban y, yo, perdí el conocimiento. Y… No sé qué sucedió.

—Tai te encontró —explicó—. Su digivice comenzó a sonar y lo llevó hasta allí.

— ¿Digivice?

—Ya te explicaremos todo —le aseguró, acariciándole el brazo—. Te encontró allí en la calle junto a… Como sea, te trajo aquí para que te recuperaras.

Kenshi trató de pensar. Recordó que alguien lo llamaba por su nombre, una voz extrañamente familiar.

—Tai. ¿Él me salvó?

Kari negó suavemente con la cabeza.

—Será mejor que te pongas tu remera. Tenemos que explicarte muchas cosas.

Kenshi se vistió y comenzó a avanzar hacia la puerta, siguiendo a Kari. Sin embargo, tras unos pocos pasos se resintió del dolor.

—Te ayudo.

Kari dejó que Kenshi rodease un brazo sobre sus hombros para apoyarse y caminar mejor. No parecía en absoluto preocupada por ello, pero Kenshi sintió que se ruborizaba. Su rostro estaba a centímetros del de ella, y no pudo evitar notar una vez más lo linda que se veía. Antes de llegar a la puerta, él se detuvo. Kari lo miró, preguntándose qué le pasaba.

—Gracias —le dijo—. Por todo.

Ella simplemente sonrió.

Cruzaron la puerta de la habitación, y mientras caminaban por el pasillo que comunicaba con la sala de estar comenzaron a escuchar ruidos de conversación. Segundos después, una vez allí, Kenshi comprobó que el grupo entero de amigos de Kari y TK estaba esperándolo.

—Kenshi, me alegra que te despertaras —dijo Tai, levantándose del sofá y acercándose a él.

Kari se separó del chico y fue a sentarse junto a TK.

—Tai. Yo, em, gracias por salvarme anoche.

—Sí, bueno —comenzó el chico, llevándose una mano a la nuca—, verás, no fui yo exactamente quien…

— ¡KENSHI!

Aquella voz aguda que parecía salida de una caricatura pertenecía a un pequeño animal morado con alas en lugar de orejas que parecía, precisamente, salido de una caricatura. Salió desde la cocina y se acercó volando hasta prácticamente abrazar al sorprendido chico. Kenshi ni siquiera sintió dolor porque la extraña criatura lo abrazara en donde estaba herido. La sorpresa y el miedo eran demasiado como para reaccionar apropiadamente al dolor.

— ¡¿Qué demonios es esto?! —Gritó, tratando de quitárselo de encima mientras Tai se aseguraba de que no cayera al suelo. El resto de los chicos parecían más bien divertidos por la situación.

—Bueno, ¿quién va a explicarle todo? —Preguntó Matt, mientras comenzaba a servir vasos de gaseosa para pasar el rato.



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—Entonces —dijo Kenshi, sentado en el sofá rodeado del resto de los Elegidos, con un vaso en su mano—, ustedes son unos chicos que fueron Elegidos para salvar un lugar llamado Digimundo. Tienen este aparato, que se llama Digivice, y un compañero que se llama digimon.

—Hasta ahí vamos bien —dijo Joe.

—Pero digimon se llama a todas las criaturas que viven allí —profundizó Izzy—. Cada uno tiene su nombre, al igual que nosotros. Aunque en su caso es más por especie.

—En mi caso, mi compañero sería.. Tsu… Tsuki…

—Tsukaimon —dijo contento aquel pequeño y morado digimon, acurrucándose a un lado de su tamer.

—Que es igual a mi Patamon —comentó TK, con una sonrisa.

—Pero morado —agregó Mimi.

—Ok. Y dicen… Ustedes dicen que ahora yo también soy… Soy…

—Un Niño Elegido. Definitivamente.

Kenshi se recostó contra el respaldo del sofá. Bebió lo que quedaba en su vaso y suspiró. Él, un Niño Elegido. No terminaba de comprender todo lo que eso significaba, pero sí sabía que sonaba a algo sumamente importante, como si le hubieran asignado un rol protagónico en una historia muy grande. Debía haber millones de chicos más capacitados que él para proteger un mundo. ¿Por qué lo elegirían?

—No tiene sentido —dijo, mientras negaba con la cabeza.

—Créeme, nada de lo que hacemos tiene sentido realmente —le aseguró Tai.

—Pero, ¿por qué yo?

—Aunque no lo sepas, tienes algo en tu interior que te hace especial —explicó Mimi con una sonrisa—. Tu emblema. Es algo que tú tienes, que te define en parte, y que utilizas para ayudar al resto de las personas. Todos nosotros tenemos un emblema. El mío es el de la Pureza. Tai es el Elegido del Valor, Matt de la Amistad, Izzy el Conocimiento, Joe la Sinceridad, Sora el Amor, TK la Esperanza y Kari la Luz.

—Esto suena extrañamente familiar a la película del Origen de los Guardianes, con su “centro” y eso —comentó Kenshi, siempre ansioso de encontrar parecidos con novelas o películas.

—Ahora que lo dices es muy parecido a eso —continuó Mimi—. Llevó mucho tiempo a cada uno de nosotros descubrir su Emblema. Ya descubrirás el tuyo.

— ¿Es por esto que me invitaron el otro día? —Preguntó Kenshi, sin dirigir la mirada a ninguno en particular—. ¿Sabían que yo era uno de ustedes? ¿Un Niño Elegido?

Ninguno de los ocho restantes dijo nada durante unos segundos. Se miraron entre ellos, buscando la forma de responder a eso. TK finalmente tomó aire y decidió hablar.

—No sabíamos nada. Te invité a mi cumpleaños porque queríamos conocerte un poco más. Esa noche el digivice de Tai comenzó a sonar y nos mantuvo todos estos días ocupados tratando de ver qué era lo que había sucedido. Tratamos de no involucrar a gente común en estos asuntos. Quizás si aunque sea te hubiéramos invitado a almorzar con nosotros…

—No creo que hubieran averiguado nada —lo interrumpió el noveno elegido—. Ayer fue la primera vez que apareció este aparato. Pero si estas cosas están sucediendo, ¿no significaría eso que hay problemas en el Digimundo y que los necesitan a ustedes?

—Bueno, no estamos seguros de cómo sea la situación por allá —dijo Izzy—, pero hay algo en esta misma ciudad que podría darnos una pista.



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Estando tan acostumbrado a viajar solo en el metro, ocupar un vagón junto a ocho amigos y un digimon haciéndose pasar por peluche fue toda una aventura para él. Aprovechó aquel viaje para agradecer a Tsukaimon el haberlo salvado de Tom y Mark —había sido él quien había evitado que lo mataran— y pensar acerca de toda esta locura que estaba viviendo. En cualquier circunstancia normal habría creído que se trataba de una broma. Una sumamente compleja, retorcida, malvada y bizarra broma. Sólo había dos cosas que le hacían creer que en verdad estaba viviendo todo eso. Uno era el hecho de estar llevando a Tsukaimon a su lado. Se sentía demasiado real y vivo como para ser algún tipo de broma. Eso y la oscuridad que había visto en los ojos de los chicos que lo habían golpeado. El miedo que había sentido en aquel momento era uno sobrenatural, una especie de instinto oculto que se activa cuando se sabe que no se está frente a una situación normal.

Y el segundo motivo por el que no creía que era una broma era simplemente porque deseaba que no lo fuera. Más allá de lo peligroso que sonaba tratar de salvar el mundo y de lo increíble de la situación, Kenshi esperaba que fuese real. Se sentía como Harry Potter al recibir la carta de Hogwarts. Era la oportunidad de escapar de su horrible vida y de encontrar su lugar en el mundo. Incluso si era otro mundo, por lo menos estaría acompañado. No quería que fuese mentira, si él estaba en aquel momento en coma en el hospital por la golpiza que le habían dado y todo esto era producto de su imaginación, pues no quería despertar jamás. Era un sueño hecho realidad.

Desde que subió al metro los chicos no pararon de hablarle. Se veía que hacían un esfuerzo para no mirarlo directamente al ojo morado, pero a él no le molestaba. Le contaban algunas historias del Digimundo, y él trataba de aprender todos los nombres y cosas que podía. Ciudad del Inicio, Isla File, Continente Server, Dark Masters, Emblemas, Gennai, parecía una novela con todos aquellos nombres. Pero si estaba al día con todos los personajes de Game of Thrones, seguramente podría aprenderse todas las cosas que le decían. Tan entretenido estaba que antes de que se diera cuenta ya se encontraba frente a la fuente en la plaza sobre la que Izzy le había hablado.

Veía claramente un huevo que era distinto al resto y que tenía grabado un Sol en sobre-relieve. El Emblema del Valor. Tai se acercó y trató de tocarlo, revelando en el acto la barrera violácea que lo protegía, como un campo de fuerza. Matt, Joe, TK y Sora también trataron de tomarlo, todos con el mismo resultado.

—Como ves —dijo Izzy tras haber acabado con sus “pruebas”—, ninguno de nosotros puede tomarlo, debido a esa energía que lo protege. Aquí fue donde Tai recibió el mensaje de “Busca al Noveno”. Creemos que se refería a ti, el Noveno Elegido. Quizás tú seas la clave para tomarlo.

Kenshi normalmente era un chico bastante tímido. Le daba pudor pasar al frente de la clase para dar una explicación o una exposición oral. Detestaba ser el centro de atención. En esa oportunidad, con todos los chicos esperando que él solucionara aquel problema, se sentía igual. Se quedó petrificado en su lugar, pensando en lo que podía pasar.

¿Y si sólo lo necesitaban para eso? “Eh, gracias por ayudarnos a tomar esta roca. Ahora nos vamos al Digimundo. ¡Nos vemos!”. O peor aún, ¿y si no conseguía hacerlo? ¿Si se quedaba allí durante horas tratando de romper esa barrera hasta que los chicos le dijeran que evidentemente había habido algún error y él no era a quien buscaban? Sería volver a su vida, a su feo departamento con su madre y padrastro.

—Kenshi, hazlo —lo apresuró Tsukaimon, con una sonrisa desde atrás, mientras le empujaba las pantorrillas para que avanzara.

—Ya, ya, ahí voy —dijo, persignándose y esperando que todo saliera bien.

Se quedó de pie frente a la estatua de la fuente, preparándose. Entonces levantó su mano derecha y comenzó a acercarla lentamente. Aguantó la respiración mientras se adelantaba, y estaba seguro de que el resto de los chicos también lo hacía. Estiró un poco más y entonces…

La barrera brilló e impidió que llegara a la roca. Acercó la mano otra vez, y de nuevo chocó contra ella. Furioso, dio un puñetazo, lastimándose los nudillos.

—Maldición —dijo, dando un nuevo puñetazo.

—Tranquilo, Kenshi, tenemos que pensar un poco más —dijo Izzy, tratando de calmarlo.

Esto era justo lo que temía. Fallar en la primera prueba que tenía como Niño Elegido. Fallándole a los chicos, quienes habían creído en él. No podía creer su mala suerte. Sin pensarlo siquiera, sin saber por qué, tomó su digivice y lo acercó a la barrera. Chocó nuevamente.

Pero tras unos instantes de estar en contacto con aquella energía, el digivice se activó. Comenzó a brillar y, muy lentamente, aquella energía comenzó a ser absorbida a través de la pantalla. Era como ver el video de una botella derramando líquido en reversa. Fue absorbiéndose hasta que desapareció por completo.

—Bueno, eso fue absolutamente genial —dijo Tai, con una sonrisa.

—Tómalo —le dijo Izzy a Kenshi, en referencia al huevo.

Kenshi se acercó un poco más y rodeó la roca con sus dos manos. Contento de haberlo logrado, tiró para levantarlo y llevárselo a los chicos. Sólo que casi se disloca los hombros cuando la roca no se levantó ni un centímetro. Tiró nuevamente, esta vez preparado para hacer fuerza, y tampoco pudo moverlo.

—Pesa demasiado —les avisó, nuevamente decepcionado.

—Deja que lo intente —dijo Tai.

Kenshi se alejó de la fuente y dejó que su compañero tomara su lugar. Vieron cómo Tai se arremangaba, escupía en sus manos, las frotaba, las colocaba alrededor de la roca, flexionaba las rodillas, inspiraba hondo y se concentraba, preparando sus chacras para aquella proeza de fuerza. Entonces, con un grito digno de un maestro karateka creando un túnel en la montaña con sus puños, Tai tiró de la roca, la cual para él pesaba poco menos que una piña madura. El resultado, por lo tanto, fue Tai prácticamente saltando hacia atrás, cayendo de espaldas en el suelo de piedra.

— ¡Esto no pesa nada! —Se quejó Tai, girando en el suelo y llevándose una mano a la espalda, donde se había golpeado.

Kenshi estaba completamente ruborizado y tartamudeó un intento de explicación, pero el resto de los Elegidos parecían divertidos por la situación.

—Seguramente sólo tú puedes levantarlo —explicó Matt, mientras se acercaba y demostraba que, en efecto, él tampoco podía levantarlo—. No te olvides que tiene el Emblema del Valor.

—Si, bueno, podrías haberlo dicho antes de que hiciera eso.

— ¿Y perderme esto? No lo creo.

La gigantesca columna de luz que salió desde el huevo y se extendía hasta el cielo y a través de las nubes acalló las risas de todos. Tai no lo soltó en ningún momento, por lo que quedó prácticamente metido en ella.

— ¡Tai! —Gritaron preocupadas Kari y Sora.

—Chicos —dijo el Elegido del Valor, volteando lentamente, permitiendo que sus amigos vieran cómo sus pupilas parecían literalmente pequeñas llamas anaranjadas—, siento mucho, mucho poder.




Tsukaimon es literalmente un Patamon morado, por si les interesa. Tom y Mark, los matones de la historia, fueron nombrados así por los cantantes de Blink-182. No sé por qué. Necesitaba dos personajes y salieron esos nombres xD

Como siempre, cualquier comentario será sumamente apreciado. Lo bueno, lo malo, lo feo, lo original y lo asquerosamente cliché, háganmelo saber. Hasta luego!
 
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Ay, no me puedes dejar así. Este capítulo me ha sabido a poco, no porque no pase nada, sino porque QUIERO MÁS. Ok, ya xD.

Dudas, dudas, dudas, dudas... ¿Qué significa lo de la última escena? Uy, me recuerda mucho a Takuya de Frontier cuando encuentra por primera vez el espíritu digital -no sé si en el doblaje latino se dirá igual-. ¿QUÉ SIGNIFICA ESO? Tengo mis especulaciones, pero prefiero guardármelas y esperar al próximo capítulo.

El personaje de Kenshi me gusta mucho. Tengo mucho interés en saber qué tipo de vida ha tenido que llevar y qué emblema tendrá... ¿el emblema de Ken, quizás? ¿Uno nuevo? Con todo esto han desaparecido un poco mis sospechas sobre que habría otros siete elegidos. Pero, ¿y si hay otros siete nuevos elegidos que tienen justamente los emblemas opuestos a los chicos? Quizás eso explique que su compañero sea Tsukaimon. En el fondo sé que mis sospechas son tremendamente inútiles porque no va a ser así xD. Otra duda: ¿Qué les pasaba a Tom y Mark? ¿Estaban siendo controlados por alguien? ¿Por quién?

Vi el capítulo hace unos días pero no he podido leerlo hasta ahora. Es más, ni siquiera debería estar leyéndolo ahora. Debería estar en clase. Debería (?). En fin, siento que mi comentario esté un poco escueto. El capítulo siguiente sí que lo podré leer con más tranquilidad y comentarlo mejor. ¡Por cierto! Eso de "tu lectora favorita" me gusta, es como si la relación escritor-lector fuera recíproca :Aja: -aunque solo sea porque soy la única que te comenta jajaja-. Bueno, un saludo y espero el próximo :D
 

Arki

Adolescente idiota y rencoroso
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Sombra&Luz Sombra&Luz Jajaja, no te menosprecies, eres mi lectora favorita porque sí, no te fijes en tecnicismos jajaja. Lo de Takuya no me acuerdo, debo haber visto Frontier hace unos diez años.

Uff, el Emblema de Kenshi xD No es un terreno que te convenga entrar a pensar ahora. Déjalo en la lista de pendientes y tenlo presente como "Aún tiene que explicar esto", pero no trates de descubrirlo porque A) voy a hacer todo lo posible para ni siquiera hacer foreshadowing de eso, y B) porque el puto fic trata de eso y no tiene gracia arruinar la sorpresa xDDD

Lo de Tom y Mark no lo puse directamente, pero pensé que quedaba más o menos claro :( Agregué un pequeño diálogo en este cap para aclararlo jajaja. Y no te preocupes por tardar en comentar xD La regla número uno del foro es que la gente tiene una vida además del foro. Si te contase todas las cosas que estoy pasando no podrías creer que encontré el tiempo para escribir este cap en una semana xD

Qué jodido actualizar un martes, ¿no? Pero bueno, actualizo en cuanto tengo los capítulos listos. Ni que les importara a ustedes que leen y no dan feedback :B

En este cap empezamos a meternos en la parte mitológica, lo que sería el "lore" de mi fic. Aprovecho para aclarar que esta es mi versión del Digimundo, tomo los elementos que creo que aportan a mi historia e ignoro los que sólo crearían confusión o no aportan nada. Por citar un ejemplo rápido, Yggdrasil no va a ser la entidad suprema del Digimundo en este fic. Eso sí, todo lo sucedido en los ¿54? capítulos de Digimon Adventure lo tomo como "canon". Y también esa cosa de Adventure 02 de que los Elegidos sacrificaron sus emblemas. Además me tomo (como seguramente habrán notado) licencias en cuanto a cosas más actuales con las cuales los Elegidos bromean o hacen referencia. Simplemente porque creo que todos las conocen y dan un toque de humor al fic.

Aclarado todo esto, digo simplemente que la canción de este capítulo es una que siempre me encantó y que considero una injusticia haya sido tan desaprovechada. No es la versión original que todos conocemos, sino una cantada por César Franco, el mismo del opening de la primera temporada. Su versión tiene más emoción y pasión. Es perfecta <3 De hecho, si tuviese que elegir un opening para mi fic, pues definitivamente sería este.

¡Ahora sí!

A partir del segundo 0:45 es


La vida de los Elegidos estaba llena, por defecto, de cosas sumamente extrañas. Aquel día, sin embargo, podría ser considerado claramente como el más raro de todos. Incluso antes de que un tornado de luz los tragara mientras evitaban por poco las garras, pinzas y cuchillas destinadas a matarlos, el día había tenido su cuota de rareza.

Cuando todos se reunieron en casa de Tai aquella mañana esperando que Kenshi despertara, habían visto por primera vez en mucho tiempo a un digimon en su mundo: el pequeño Tsukaimon, quien les aseguró que era el digimon acompañante del muchacho inconsciente. Trataron de preguntarle todo lo que se les ocurrió para obtener información del Digimundo, pero el digimon no parecía tener recuerdos anteriores. En lo que a él respectaba, había pasado toda su vida atrapado en su Digivice, esperando a Kenshi, quien estaba destinado a ser su compañero y mejor amigo. Ni siquiera recordaba haber pasado por etapas anteriores de evolución. Él siempre había sido Tsukaimon.

Luego de que Kenshi despertara y le dieran el curso intensivo sobre el Digimundo y los Elegidos, fueron directo a la plaza donde se encontraba aquella roca. Kenshi deshizo la barrera que la protegía y Tai finalmente pudo obtenerla. Lo que derivó en la gigantesca columna de energía que envolvió a Tai, y su elocuente frase acerca de sentir “mucho” poder mientras sus pupilas ardían en llamas.

El espectáculo de luces duró unos quince segundos, tras los cuales la columna de energía desapareció y la roca comenzó a elevarse, separándose de Tai, quien casi trastabilla hacia atrás al sentirse más débil de repente.

— ¿Estás bien? —Preguntó Matt, sosteniéndolo para que no se cayera.

—Sí, sí, estoy bien —respondió, mientras lentamente sus pupilas volvían a la normalidad—. No sé qué es esto, pero pude sentir que es importante. Me hizo acordar a cuando luchamos contra Apocalymon, luego de que nos borrara y regresásemos, más fuertes que antes.

— ¿Estas cosas son normales? —Preguntó Kenshi, observando aún el hoyo que aquella columna de energía había hecho en las nubes.

—Masomenos —respondió Joe—, aunque suele ser un poco más discreto.

Voltearon cuando vieron que la roca que Tai cargaba comenzaba a brillar. Fue como si tuviera una capa de arena y le echaran agua desde arriba para limpiarla. La capa de piedra que tenía comenzó a caer lentamente, revelando un huevo sumamente colorido. Primero vieron que era casi todo rojo, pero tenía llamas anaranjadas, y una cuchilla plateada que comenzó a crecer en la parte superior. En el centro, aún brillaba el Emblema del Valor.

—Es un digihuevo —dijo Joe, acomodándose los lentes para verlo mejor.

— ¿Tú crees? Se ve más metálico.

—Es cierto. Además los digihuevos no tenían cuchillas como esa —apuntó Sora.

— ¿Un huevo? —Preguntó, de nuevo, Kenshi—. ¿Y qué tiene dentro?

Como si estuviera esperando que alguien hiciera esa pregunta, el digihuevo eclosionó.

Habían visto en varias oportunidades el nacimiento de un digimon. El huevo brillaba un poco, se escuchaba un suave “¡poof!” y el digimon bebé aparecía en una cuna. Maravilloso, digno de una selfie. Pero en esta ocasión, el digihuevo simplemente se abrió por la parte superior como si de una compuerta se tratase. En su interior parecía contener una pasta hecha de polvo de estrellas, con estelas anaranjadas que se movían alrededor de un núcleo amarillo. Un punto de luz, como una luciérnaga, salió de aquella materia. Voló lentamente hasta aterrizar entre el digihuevo y los Elegidos. Brilló intensamente, aumentó su tamaño hasta ser un foco de luz del tamaño de un gran danés, y acto seguido se apagó, revelando allí una figura de pie.

Era un pequeño ser de piel azul eléctrica, ojos rojos, con una cola relativamente corta y unas orejas que bien podrían pertenecer a un elfo doméstico. Se quedó allí unos instantes, y los Elegidos lo observaron con sorpresa. Tsukaimon se colocó delante de Kenshi, tenso por si acaso. El nuevo digimon paseó la mirada por las caras de los muchachos, y finalmente le sonrió a Tai.

—Saludos, Elegido del Valor —dijo, mientras realizaba una genuflexión—. Estoy a sus órdenes.

Los Elegidos se miraron entre ellos, confundidos.

—Ok. Es bueno saberlo —dijo Tai, sintiéndose nervioso por tener a un digimon haciéndole una reverencia—. ¿Cómo dijiste que te llamas?

—Yo soy Veemon —respondió, poniéndose de pie y sacando pecho, como si estuviera orgulloso por decirlo—, protector de la llama ardiente, guardián del Digi-Egg del Valor.

— ¿Digi-Egg? —Preguntó Izzy—. Jamás oí hablar de ellos.

—Los Digi-Eggs son poderosos artefactos creados tras la Era Oscura, en los inicios del Digimundo. Objetos que sirven como recipientes de una de las fuerzas más poderosas jamás conocidas. Nosotros, los guardianes, fuimos creados para proteger y resguardarlos. Yo mismo llevé el Digi-Egg del Valor a lo más profundo de un volcán, antes de encerrarme en él para asegurarme de que sólo el verdadero Elegido del Valor pudiera acceder a su poder en épocas de gran necesidad.

Hubo una pausa durante la cual los Elegidos, sobre todo Tai, se quedaron pensando en aquellas palabras. En el poder del Digi-Egg. Él definitivamente lo había sentido. Una sensación de plenitud, la misma que sentía durante las finales del campeonato, en aquellos momentos en los que la adrenalina lo invadía por completo y sentía que podía correr todo el día sin cansarse. Pues cuando tuvo el Digi-Egg en sus manos, sentía que podría haberse enfrentado él mismo a los Dark Masters, golpe por golpe.

Pero lo más preocupante era todo eso sobre “épocas de gran necesidad”. ¿Por eso era que habían enviado aquel Digi-Egg a su mundo? ¿Los necesitaban de nuevo? ¿En qué situación se encontraba el Digimundo como para necesitar no sólo a los Elegidos, sino la ayuda de “una de las fuerzas más poderosas”? Quizás por eso durante tantos años no habían podido acceder allí. Tal vez la situación era preocupante.

—Un momento —dijo Veemon, volviendo a mirarlos a todos, mientras levantaba un dedo contándolos—, ¿nueve? Alguno de ustedes no es un Elegido, ¿verdad?

Automáticamente las miradas se dirigieron hacia Kenshi y Tsukaimon.

—Ellos son los Elegidos —se apresuró a decir Kenshi—. Yo sólo recibí mi digimon ayer a la noche.

—Tonterías —dijo Tai—. Tienes que aceptarlo, amigo. Tienes un digimon y un digivice; eres un Elegido.

— ¿Un digivice? —Murmuró Veemon, mientras se acercaba a inspeccionar el aparato que Kenshi tenía en su mano—. Sí, definitivamente es un dispositivo sagrado. No hay dudas, eres un Elegido. Aunque es… extraño. Las profecías siempre se refirieron a ocho. Los Digi-Eggs también son ocho.

— ¿Hay uno para cada Emblema? —Preguntó Mimi—. ¿Todos tenemos uno?

—Sí, Elegida. Cada Digi-Egg es la representación física de sus emblemas en su máxima potencia. Por eso es raro que haya un noveno elegido, nuestros superiores fueron bastante claros con respecto a que éramos ocho guardianes para ocho Digi-Eggs.

— ¿Y si decidieron agregar un Elegido después de que crearan los Digi-Eggs? —Preguntó TK.

—Es posible. Es lo más probable, de hecho. Pero eso no es algo bueno.

— ¿Por qué no? —Preguntó Kenshi, retrocediendo lentamente.

Veemon, les dirigió una mirada larga.

—Porque si los dioses decidieron hacerse con un nuevo campeón, es porque la amenaza es demasiado grande para sólo ocho elegidos.

Hacía meses que Tai anhelaba una aventura. Se moría y trasnochaba pensando en su regreso al Digimundo, en reunirse con Agumon y volver a luchar por la justicia y por mantener el equilibrio. Era su forma de sentirse un superhéroe, ayudando a salvar un mundo que no era el suyo, poniendo en riesgo su vida por una causa altruista.

Lo cierto, sin embargo, es que es fácil imaginarte en situaciones peligrosas cuando no corres peligro realmente. Ahora que la aventura se le presentaba aparentemente mucho más peligrosa que antes, comenzaba a tener sus dudas. Había madurado desde la última vez que había viajado al Digimundo, veía las cosas con otra perspectiva. Y aunque él estaba más que dispuesto a arriesgar su vida, no estaba del todo seguro de querer que Kari lo hiciera. Por otro lado, sabía que no había forma de que pudiera convencer a su hermana para quedarse en Odaiba y que cualquier preocupación que tuviera tendría que guardársela.

— ¿Y cuál sería la amenaza de la que estamos hablando? —Preguntó Joe, tratando de saber un poco más sobre toda la situación.

—Supongo que lo sabremos pronto —dijo Veemon, mirando hacia el cielo.

— ¿A qué te refieres? —Preguntó Kari.

— ¿Vieron esa energía que salió disparada hacia el cielo cuando se activó el Digi-Egg? Eran datos residuales que el Digi-Egg acumuló durante todos estos milenios en aquel volcán, y de los cuales se deshizo para purificarse. En el Digimundo eso no sucedería, porque el medio ambiente se encarga de absorber los datos que quedan dispersos en el aire. Como nos encontramos en su mundo, no tuvieron otra opción que dirigirse a toda velocidad y potencia contra los residuos de la puerta al Digimundo. No lograron abrirla ni atravesarla, pero causaron el suficiente daño como para debilitarla.

—Si han debilitado la puerta al Digimundo, eso quiere decir que quizás podamos abrirla e ir hacia allí —dijo Joe, con una sonrisa.

—Eso es bueno —agregó Sora—. Significa que nos reuniremos pronto con nuestros amigos.

—Una puerta se abre de los dos lados —dijo Veemon, bajando de la nube de emoción a los Elegidos—. En este mismo momento siento una energía maligna que está tratando de ingresar a su mundo.

Tai observó hacia el cielo. No podía ver ni sentir nada, pero aquello no evitó que se preocupase.

—Pero si vienen a nuestro mundo… No tenemos nuestros digimon para defendernos —dijo, aún mirando las nubes.

Aquella realización cayó sobre todos como un balde de agua fría. Estaban indefensos ante un posible y potencial ataque.

— ¿Y qué se supone que haremos? —Preguntó Sora.

—Tsukaimon podría defendernos —dijo Kenshi, aunque sonó más como una pregunta que como una afirmación.

—No te ofendas, pero sólo es un digimon en etapa de novato —le dijo Matt—. No puede hacer mucho si nos enfrentamos a enemigos peligrosos.

—Si me permiten, los enemigos claramente los buscarán a ustedes —aportó Veemon—. Lo más inteligente sería dirigirse al Digimundo cuanto antes. Allí se encontrarán con sus digimon acompañantes y los enemigos no tendrían razón para quedarse en este mundo.

Tai tomó la decisión de inmediato. Ni siquiera consideró otra posibilidad.

—Si nos quedamos aquí no tendremos cómo defendernos y estaremos poniendo en peligro a ciudadanos inocentes. Tenemos que volver al Digimundo.

—Estoy en ello —dijo desde atrás la voz de Izzy.

El pelirrojo estaba sentado en el suelo trabajando en su computadora portátil, la cual evidentemente había traído con él en su mochila. Parecía que se había puesto a trabajar en cuanto había escuchado que la puerta al Digimundo se había debilitado. Se acercaron para ver lo que hacía en la pantalla, pero lo único que vieron fue que ingresaba comandos a una velocidad sobre-humana en un programa inentendible para ellos. En aquellos momentos parecía capaz de hackear la Skynet y evitar que Ultron accediera a los códigos nucleares.

—Es cierto, parece que la barrera entre los mundos está más debilitada —comentó absorto en su propio mundo, analizando algún dato que para él era evidente pero se ocultaba de los ojos del resto de los mortales—. Si corro un programa de decriptación de firewall y en segundo plano ejecuto las directivas de Gennai podría generar un impulso lo suficientemente grande como para atravesar el bloqueo y acceder al Digimundo.

—Sólo entendí “acceder al Digimundo” y eso me basta. ¿Cuánto tiempo?

—No lo sé, Tai. Unos quince minutos.

—Intenta que sea antes —dijo Matt, señalando hacia el cielo—. Tenemos compañía.

Al igual que cuando Joe y Tai vieron al Digi-Egg llegando a Odaiba, las nubes comenzaron a arremolinarse en el cielo. Nuevamente crearon un vórtice similar al ojo de un huracán, que segundos más tarde comenzó a brillar. Inmediatamente todo comenzó a funcionar mal. Los teléfonos de los Elegidos comenzaron a sonar de forma intermitente, las luces del parque se encendían y apagaban aún estando de día. Escucharon bocinazos, ruidos de autos frenando de repente, gritos y varios sonidos de lo que parecían ser accidentes de tránsito. Las luces de los edificios cercanos también comenzaron a funcionar de forma extraña. Toda la ciudad estaba sumida en el caos.

Entonces, con el vértice como epicentro, una onda se extendió por todo el cielo. Un ligero anillo de energía morada que se hizo cada vez más grande, hasta el punto en que envolvía toda la ciudad. Y luego, todo lo que se encontraba dentro de aquella circunferencia comenzó a oscurecer. Un espectáculo que objetivamente se veía hermoso. Era como un eclipse, un filtro de luz que atrapaba la mayor parte del resplandor del Sol. Los pocos rayos que lograban atravesarlo pintaban la ciudad de un color cobre. Quizás hubiese sido hermoso un día cualquiera, pero en aquel contexto de oscuridad, caos y la llegada inminente de una fuerza maligna, aquel espectáculo era lo más parecido a la llegada del Apocalipsis que uno pudiera imaginar.

Tai salió del trance en el que se encontraba cuando escuchó un gemido de dolor. Volteó de inmediato y vio a Kari con una mano en su cabeza. Parecía dolerle mucho, y si no fuera porque estaba apoyada en TK, probablemente hubiera caído de rodillas al suelo.

— ¿Qué pasa? ¿Qué sucede? —Le pregunto TK, visiblemente preocupado.

— ¡Kari! —Dijo Tai, acercándose rápidamente.

—M-Me duele —dijo ella aún tomándose la cabeza.

— ¿Por qué? ¿Qué pasa?

—Ella es la Elegida de la Luz, ¿no es cierto? —Preguntó Veemon, con tranquilidad. Tai volteó a verlo.

—Sí, es ella —contestó de inmediato—. ¿Sabes lo que tiene?

—No hay nada malo en ella —respondió para tranquilizarlos—. Simplemente es susceptible a la Oscuridad. En su mundo, con sus leyes físicas, la oscuridad es simplemente la ausencia de luz. No existe realmente. En el Digimundo los conceptos de Luz y Oscuridad no son abstractos, tienen manifestaciones físicas reales. Son elementos opuestos, se atraen entre ellos y se neutralizan mutuamente. Una Luz fuerte puede eliminar la Oscuridad, pero si es lo suficientemente fuerte, la Oscuridad puede incluso extinguir la Luz. Habiendo sacrificado su Emblema hace años para restaurar el equilibrio, su Luz es mucho más débil. Y en estos momentos, nos encontramos rodeados por la Oscuridad más pura y maligna que he sentido jamás.

Como si la Oscuridad quisiera demostrar el punto del Guardián, del vórtice comenzó a salir una nube de humo completamente negro que crecía lentamente. Creció hasta envolver por completo el vértice. Y luego, aparecieron los digimon.

Tai había imaginado que la amenaza sería un Digimon poderoso, un trío o quizás un pequeño grupo que los buscaría. Jamás se hubiera imaginado un ejército como el que invadió Odaiba. Parecía que alguien había golpeado con un palo un panal de avispas muy agresivas y de mal humor. Salían en todas direcciones, cayendo en picada hacia la ciudad, dando vueltas alrededor de los edificios, sobrevolando el cielo y rugiendo para hacerse oír sobre los ruidos del tráfico remanente. Aún desde la distancia, los Elegidos pudieron identificar varios digimon conocidos. En su mayoría eran Kuwagamons, Snimons, Bakemons y sobre todo Devidramons. Digimon que ya habían enfrentado en el pasado. Sin embargo también había una gran cantidad de digimon que parecían unas libélulas grisáceas del tamaño de una Harley Davidson. Más tarde, Veemon les diría que se llamaban SandYanmamon.

Sin poder hacer nada, los Elegidos observaron impotentes cómo aquel ejército invasor comenzaba su asedio sobre la ciudad. Los digimon embestían contra los edificios, atravesando las ventanas y saliendo por el otro extremo del piso. Observaron autos volando, gritos desesperados, explosiones por todos lados.

— ¡No! ¡Están atacando a la gente! —Gritó Mimi, desesperada.

—Veemon, ¿puedes hacer algo? —Preguntó Sora, mirando al digimon.

—Mi deber es defenderlos. Asegurarme de que lleguen a salvo al Digimundo. Por mucho que quisiera intervenir aquí, no es mi deber principal —explicó Veemon, aunque claramente se veía indeciso. Tai supo que el digimon deseaba poder ayudar, pero debía hacer caso a su deber.

Su deber…

—Veemon, dijiste que estabas a mis órdenes, ¿no es cierto? —Preguntó.

—Así es —respondió, mirando con sus grandes ojos rojos a Tai.

— ¿Y qué dirías si te ordenase que trates de distraer a los digimon para que no destruyan toda la ciudad? Serían sólo unos minutos, hasta que Izzy logre abrir la puerta al Digimundo.

Veemon sonrió, mostrando sus pequeños colmillos.

—En primer lugar, debería comentarles que como Guardián del Digi-Egg soy muy poderoso. Soy más que capaz que mantener a raya a esos digimon. Sobre qué diría, sería algo así como: ¡Veemon, digivolves a…!

Todo el cuerpo del digimon comenzó a brillar, y tras un estallido de luz, frente a los Elegidos se alzaba una versión más adulta de Veemon. Tenía los mismos colores de piel, pero su cuerpo era mucho más alto y musculoso, además de contar con unas alas blancas y una cola mucho más larga. De su hocico crecía una cuchilla similar a la del Digi-Egg y en su pecho había una especie de X fragmentada.

— ¡...ExVeemon!

—Wow —dijo Kenshi, habiendo visto por primera vez una digievolución.

ExVeemon extendió sus alas y estiró sus brazos.

—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuve en una batalla —cerró sus puños y les dedicó una sonrisa a los Elegidos—. Comenzaba a sentirme nostálgico.

Salió volando a toda velocidad, levantando una nube de polvo desde el punto en el que despegó. Con dificultad, los Elegidos observaron cómo ExVeemon se abalanzaba contra el primer grupo de enemigos. Al primero lo atravesó directamente, utilizando su propio cuerpo como un arpón, acabándolo en el acto. Un Devidramon cercano trató de golpearlo con sus largos brazos, pero ExVeemon demostró su agilidad evitándolo con una vuelta en el aire. Aceleró contra el plexo del digimon oscuro y propinó rápidamente dos golpes que lo enviaron a toda velocidad hacia el suelo. Comenzó a evadir con gracia las estocadas de un Snimon, antes de detener con su propio antebrazo la gigantesca cuchilla. Demostrando su conocimiento en judo, realizó una maniobra con el brazo del digimon que acabó con el gran insecto verde interponiéndose en la embestida de un Kuwagamon.

Un grupo de doce Bakemons se acercaron volando hacia él, tratando de hacer valer la superioridad numérica. Sin embargo, la insignia del pecho de ExVeemon comenzó a brillar e instantes después una “X” de energía salió disparada, destruyendo a los Bakemons ante el mínimo contacto.

—Bueno, no mentía sobre ser poderoso —dijo Joe, observando en el cielo al Guardián continuando con su demostración de poder.

—Aún así es un digimon contra un ejército. Debemos irnos cuanto antes —observó Matt.

—Es cierto, Kari sigue muy dolorida —dijo TK, quien no había soltado a su amiga desde que ésta había comenzado a sentir aquel dolor—. Hay que sacarla de aquí.

—Hace dos minutos les dije que tardaría quince —dijo Izzy, un poco molesto—. Estoy haciendo esto tan rápido como puedo. Si tuviera todo mi equipo aquí quizás podría hacer algo, pero sólo tengo…

Un horrible rugido interrumpió a Izzy, unos pocos instantes antes de que un Kuwagamon aterrizara a unos metros de ellos. Los Elegidos no tenían buenos recuerdos de aquel digimon rojo con pinzas que podían cortar árboles como si fueran de papel. Después de todo, aquel había sido su primer enemigo realmente.

Antes de que ninguno pudiera reaccionar, Tsukaimon voló a toda velocidad hacia la amenaza.

— ¡Niebla Púrpura! —Gritó, antes de expulsar por su boca lo que parecía ser una pequeña nube de gas color púrpura hacia el rostro de su oponente. Parecía ser alguna especie de toxina, puesto que Kuwagamon comenzó a gritar y a mover la cabeza de un lado a otro.

El pequeño digimon aprovechó el momento para embestir a la criatura, golpeándolo por debajo del mentón. Pese a la increíble diferencia de tamaños, el golpe debía de haber sido muy fuerte, pues Kuwagamon cayó de espaldas. Sin embargo, se reincorporó rápidamente y con un movimiento de su cabeza golpeó a Tsukaimon con la parte externa de sus pinzas.

— ¡Tsukaimon! —Gritó Kenshi.

Su digimon logró estabilizarse en el aire y evitó a último momento un ataque de pinzas que podría haberlo partido en dos. Aprovechando ser más pequeño y ligero, comenzó a volar en círculos, mareando a Kuwagamon y evitando los ataques que éste podía llegar a lanzarle.

— ¡Fuego Fatuo!

Disparó una pequeña bola de fuego, más pequeña aún que la Llama Bebé de Agumon, la cual impactó de lleno en un brazo del digimon insecto. Kuwagamon rugió de dolor e ira, y arremetió contra Tsukaimon. Sin embargo, el digimon acompañante de Kenshi continuó su estrategia de evadir los ataques y lanzar una pequeña llama a su oponente en donde pudiera colocarla. Las llamas no eran muy grandes, pero no daban señal alguna de extinguirse. Era como si cada llama quedase pegada al cuerpo de Kuwagamon, como un chicle que se queda pegado en el zapato. Sólo que estos chicles ardían a altas temperaturas y continuaban lastimando al digimon. Pocos minutos después, Kuwagamon estaba prácticamente envuelto en llamas, y ya no trataba de atacar a Tsukaimon, sino de hacer lo posible para extinguir el fuego que lo cubría.

Finalmente, las heridas fueron demasiado, y con un último rugido, Kuwagamon se convirtió en datos.

Los Elegidos quedaron completamente sorprendidos por lo que habían visto, Kenshi sobre todo. Tsukaimon estaba protegiéndolos y luchaba contra un digimon claramente más poderoso. Estaban sorprendidos porque se hubiera encargado él sólo. Pero también había sido una muerte un tanto brutal. Morir quemado lentamente… Kenshi tragó saliva y se preguntó si así sería su vida a partir de ahora: ver luchar a los digimon hasta que uno lograse hacer la fatality. No era una idea agradable.

Entonces escucharon un ruido que sonó sobrenaturalmente fuerte para lo que era: un graznido.

Apoyado en la rama más alta de un árbol cercano se hallaba un cuervo que los observaba con unos ojos que resplandecían con un brillo violáceo. Tenía sus alas extendidas y graznaba con un volumen que podría haberse oído a varias calles a la redonda. Y probablemente, eso era lo que pretendía.

Kenshi retrocedió varios pasos.

—Yo conozco ese cuervo —dijo, asustado—. Estuvo anoche, cuando me golpearon. Les juro que parecía que él estaba controlando a Tom y Mark, graznando cada vez que me golpeaban.

—Bueno —dijo Tai, mientras recordaba haber visto un cuervo en la fiesta de cumpleaños de TK, poco antes de que el Digi-Egg llegase a Odaiba—, si te hace sentir mejor, el hecho de que una criatura sobrenatural trate de matarte significa que eres un Elegido a toda regla. Para que ya no tengas dudas.

—Por algún motivo eso no me reconforta en absoluto.

El cuervo continuó graznando, y aquel horrible sonido parecía atraer a los digimon cercanos. Pronto observaron un pequeño regimiento que se acercaba a ellos directamente. Tsukaimon podría haber ganado contra un Kuwagamon, pero no parecía capaz de vencer a ocho digimon al mismo tiempo.

El primero en llegar fue un SandYanmamon. Parecía dirigirse directo hacia Tai. Tsukaimon voló para interponerse, pero ExVeemon llegó primero. Aterrizó justo delante del digimon libélula y lo atrapó por el rostro con una mano. Con la otra apresó el par derecho de alas y con un rápido y fuerte movimiento se las arrancó. Luego le dio un poderoso puñetazo en el tórax que acabó con el digimon al instante.

—Son demasiados. Los atrasaré tanto como pueda, pero no estoy seguro de cuánto lograré hacerlo —confesó, mientras lanzaba su X-rayo para dispersar al grupo.

—Faltan cinco minutos —dijo Izzy, mirando impacientemente su pantalla.

ExVeemon se lanzó contra los digimon, tratando de acabar con ellos tan rápido como podía. Pero por cada uno que aniquilaba, dos más parecían acercarse al lugar. Además, pese a sus excelentes reflejos y velocidad, recibía de vez en cuando algún ataque por la espalda, que si bien no lo debilitaban notablemente, lo hacían ver ligeramente más lento y vulnerable. Y cada vez recibía ataques más frecuentemente.

Entre los Elegidos, el que más confundido se sentía era Kenshi. Sentía que vivía una extraña pesadilla, una fantasía surrealista. Toda la ciudad estaba teñida de rojo debido a un extraño domo de energía oscura del cual surgían digimon que los atacaban con la esperanza de matarlos. Jamás se le hubiera ocurrido una idea así para un libro. Era demasiado extraña. Y sin embargo él la estaba viviendo. No ayudaba para nada sentirse sumamente vulnerable, sabiendo que solamente tenían dos digimon para defenderse —uno de los cuales era el suyo, y no era lo suficientemente poderoso o rápido como para ser una garantía—, y sobre todo viendo a Kari casi de rodillas por el dolor.

No sabía por qué, pero ver a Kari sufriendo le afectaba mucho. No eran buenos amigos, hasta esa mañana jamás habían tenido una conversación a solas siquiera, pero aún así se sentía cercano a ella. Evidentemente no tan cercano como TK, pero Kari había sido quizás la única persona que lo había tratado con algo de cariño en mucho tiempo. Hablándole en la escuela, preguntándole cómo había sido su día, invitándolo a ir a la fiesta de TK algunos días atrás, e incluso el episodio aquella mañana en la habitación de Tai. Se había mostrado preocupada por él, algo que no mucha gente hacía últimamente. En retorno, él estaba sumamente preocupado por ella ahora. Quería poder hacer algo para ayudarla, para sacarla de aquel caos cuanto antes. Pero no había nada que pudiera hacer.

Sintió una extraña vibración. Tardó unos segundos en darse cuenta de que era su digivice. Lo observó y vio que en la pantalla figuraba un mensaje.

ERES LA LLAVE”, decía.

Tardó unos segundos en entender qué quería decir aquello. ¿A qué se refería con “llave”? ¿Lo decía en sentido figurado, como que era la “clave”? ¿Por qué sería él la clave de lo-que-fuera? No podía referirse a una llave en sentido literal. Una llave sólo sirve para abrir una puerta. Y no había ninguna…

Se acercó corriendo junto a Izzy.

— ¿Qué pasa? —Preguntó el pelirrojo, mirando confundido al chico que se había colocado junto a él, mirando la pantalla con sorpresa.

Kenshi extendió su digivice hacia la computadora con mucha resolución.

— ¡Ábrete! —Gritó.

Inmediatamente, el digivice comenzó a brillar y a vibrar con tanta fuerza que Kenshi debió usar su otra mano para sostener su muñeca lo más quieta posible. Para sorpresa de Izzy, todos los números en su computadora comenzaron a moverse mucho más rápido de lo que el hardware permitiría. Los códigos y las directivas parecían sucederse simultáneamente. La puerta al Digimundo se abría a una velocidad imposible.

— ¿Cómo lo hiciste? —Preguntó, estupefacto.

Kenshi le hubiera explicado con gusto que no tenía la menor idea, que hizo lo que pensó que podría funcionar y ya. Pero no llegó a decir nada pues la pantalla de Izzy mostró un cartel que decía “100% COMPLETADO” y comenzó a brillar.

Momentos más tarde, observaron una pequeña roca elevarse lentamente frente a ellos. Una moneda que estaba por allí tirada también comenzó a subir por el aire, como si alguien la elevase lentamente con un hilo invisible. El extraño suceso sólo pudo ser contemplado con tranquilidad durante unos pocos segundos, pues enseguida una ráfaga de viento los envolvió. El aire giraba a velocidades altísimas, generando un ruido ensordecedor a su alrededor. Y antes de que pudieran siquiera entender lo que sucedía, aquella ráfaga comenzó a elevarlos también.

Sentían como si estuvieran dentro de un tornado, girando por el aire mientras ascendían hacia el cielo, cada vez más rápido. Trataron de estabilizarse, pero mientras más rápido giraban, más se mareaban y más difícil se les hacía comprender lo que sucedía. Fueron conscientes de que se dirigían a toda velocidad hacia las nubes, que ExVeemon se acercaba a ellos y que el cuervo continuaba graznando.

Perdieron el conocimiento cuando comenzaron a girar a una velocidad peligrosa. Justo antes de desmayarse por completo, llegaron a ver lo que parecía ser un océano, y escucharon una grave y exagerada risa de satisfacción, la cual no recordarían al despertarse.




Bueno, espero que les haya gustado. Me costó bastante escribir este capítulo. En parte por situaciones personales, y también porque ya quiero escribir los que siguen.

Como pueden imaginarse, a partir del siguiente capítulo los Elegidos verán qué es exactamente lo que ha sucedido en el Digimundo. Voy a tratar de hacer avanzar un poco las relaciones entre algunos personajes, así como exponer un poco más el "lore" de este mundo. Y habrá acción, oh yeah. Hasta ahora quizás podía parecerles un "slice of life", pero creo que a partir del siguiente cap van a terminar de comprender el verdadero tono de esta historia. Aunque espero que ya puedan decir que no es una historia de niños como lo era Adventure. No sé qué tan bien logré transmitirlo, pero imaginarme por ejemplo a Kenshi con todos esos moretones tras una salvaje golpiza me hacía sentir un poco triste xD

Muy bien, no tengo nada más que decir. Así que dejo de molestarlos y me despido, hasta la próxima actualización.
 
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Wow jaja no tenia idea que ibas a reescribir tu fic ^^ me hubieses avisado!
Tienes un lector seguro jaja este fic es lo que necesita el foro, un trabajo super completo y detallado, digno del anime. Solo asegurame completarlo esta tercera vez xD
Siempre pense que es uno de los mejores fics que se llegaron a escribir durante la edad dorada del foro, y me hubiese encantado que fuera la scuela real de adventure, en lugar de 02 xD es evidentemente superior desde todo punto de vista.
En la medida que vaya leyedolos te dejo el review para cada capitulo. Creo que esto es lo que necesito para tambier poder encontrar la inspiracion necesaria para mi propio fic ^^
Un saludo amigo! Nos estamos leyendo
 
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Ya me lei el prologo y el capitulo uno. Como dices es bastante parecido a la segunda version (al menos hasta ahora). El prologo si lo recuerdo diferente, mucho mas breve, este prologo con las reflexiones del enemigo da una buena aproximacion a su filosofia, arroja un contexto historico para el personaje y deja claro que es gracias a la existencia de los elegidos que puede ser liberado. Estuvo genial para marcar la linea del fic, y como dices, dejar claro que no es lo usual. Me agrado el componente de misterio, que casi nadie sabe usar correctamente en los fics ^^

El capitulo uno es como un salto a otra historia jaja, tanto en ritmo como en estilo, muy a lo digimon adv. tri. Aca se siente el dia a dia, la atmosfera ligera y colegueo de los elegidos. Entiendo que aca 02 jamas ocurrio, cierto? El Tai celoso de Kari siempre me parecio divertido, al igual que el Tai melancolico de Sora que se creo despues del cap 38 de 02. Creo que los dialogos son tu especialidad, porque los haces leer muy fluidos y naturales, y aprovechando toda la ola koumi, tengo que decir que Mimi tiene una personalidad genial xD Se aprecia la quimica entre Tai y Matt, esa quimica que no implica eliminar la rivalidad que hay entre ambos. Lo unico que puedo criticar es ese detalle de inconsistencias cronologicas (si Tai tiene 16 estamos en 2004, sin embargo hay referencias a cosas muy posteriores al 2004), y quizas un exceso de referencias occidentales, que no me disgusta(soy admirador del trabajo de Murakami, que es el padre de las referencias occidentales en ambientes japoneses) pero si le quta un poco de ambiente al fic. Pero eso es porque soy muy detallista y quisquilloso.

Esta genial, como de costumbre. Tu fic me hara volver a pasearme por la seccion de fanfics de digimon de manera recurrente.
 
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¡Oh, Dios! Capítulo muuuuuuy interesante. Lo leí hace varios días pero no pude comentar antes -es más, aquí son las 03:35 de la madrugada y aquí estoy, como una campeona :Aja:-. En cuanto a tu comentario: Ayyy, no me puedes dejar así con lo del emblema de Kenshi jajaja te odio mucho ahora mismo :36:. Vale, perdona, es que, como te comenté, ese día no tenía tiempo ni de mirar lo que te comentaba (?). ¡Ya quedó claro!

Muy interesante el tema de los Digi-Eggs y sus guardianes. Me pregunto cuáles serán los demás guardianes y en qué orden decidirás que aparezcan. También me da curiosidad saber qué harán a partir de ahora en la historia, qué papel representarán exactamente. Lo mismo con Kenshi. Es el noveno niño elegido, bien, pero está claro que no es un niño cualquiera. Tiene capacidades que los demás no tienen, así que supongo que su función es apartarles los obstáculos a los elegidos, por decirlo de algún modo (?). Además, su compañero es tremendo. ¡Qué fuerte es! ¿Sabes? Te voy a hacer caso y no me voy a poner a pensar en Kenshi y en Tsukaimon porque sé que voy a empezar a divagar con mil suposiciones diferentes que no tendrán ningún sentido. Voy a dejarme llevar por lo que me vayas contando.

Por cierto, ha quedado perfectamente claro que tu fic se aleja del tono infantil de Adventure. Lo has logrado, te lo aseguro jajaja. Espero ver la acción que comentas en el siguiente capítulo y, eh, B Belerofonte, ¡bienvenido! ¿Ahora tendremos que pelearnos para ver quién es tu lector favorito? Jo, con lo fácil que lo tenía hasta ahora :( jajaja. ¡Un saludo! Espero el siguiente capítulo :D (como siempre, estoy segura de que se me olvida comentarte algo).
 

Junie

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Si Belerofonte te lee, deberé hacerlo (llegué husmeando en su perfil e_e). Uno de los capítulos tiene mi nombre haha Veremos qué tal, no soy una fan de Digimon como el resto acá pero me encantan las buenas lecturas. Edito este post apenas termine de leer el prólogo o el primer capítulo pero que sepas que cuentas con otra lectora.
 

Arki

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B Belerofonte Amigo, gracias por pasarte. Ya te pedí disculpas por no avisarte, jaja. Gracias por los halagos. Siempre te lo dije, pero eres definitivamente de mis escritores favoritos. Y no me refiero a escritores del foro únicamente. Tu estilo me gusta mucho más que el de Rowling por ejemplo, y eso que soy fanático acérrimo de Harry Potter xD

Bueno, pasando a los reviews, el prólogo traté de hacerlo para mostrar la psiquis del enemigo. ¿Te confieso algo? Por momentos me acordaba de tus introducciones a los capítulos (siempre me quedó en el recuerdo una en la que hablabas de "un instante y una eternidad", maravilloso), tan profundas y bien escritas. No es que traté de hacer algo profundo, pero bueno, me quedaba el recuerdo. Sobre el primer cap, pues a siempre me gusta empezar mostrando a los Elegidos en el día a día. Creo que me quedó de "El viaje del escritor" de Christopher Vogler, en donde habla de presentar el "Mundo Ordinario" del héroe antes de meterlo en la aventura. Sobre los diálogos, trato de ponerle especial énfasis, aunque no sé qué tan bien me salen =P Creo que los diálogos tienen que decir más de los personajes que lo que el autor puede explicar con la narración, pues al fin y al cabo en los diálogos son simplemente los personajes quienes actúan.

Sobre lo de las inconsistencias cronológicas lo dije en la introducción de otro capítulo, lo hago principalmente como un gag cómico para ahorrarme el trabajo de investigar las cosas que pasaron/existían en 2004 (cuando yo tenía 6/7 años y no recuerdo xD). Algo parecido pasa con lo de las referencias occidentales. La verdad es que yo no conozco mucho de cultura oriental, y cuando trato de imitarla siempre cometo errores por ignorancia. No sé si te acuerdas que la versión anterior tenía los nombres originales en japonés. Pero es tan distinto a mi propia cultura que simplemente prefiero imaginarme que viven en algún lugar como San Fransokyo de Big Hero 6, una cosa medio oriental pero que termina siendo occidental xD Obviamente aprecio la crítica, que no te queden dudas de que trataré de ponerle más empeño en mis próximos trabajos. No había considerado que podía como sacarte de contexto a la hora de estar leyéndolo.

Muchas gracias por pasarte, amigo. Es un orgullo que te guste lo que escribo ^^

Sombra&Luz Sombra&Luz jajaja, por eso eres mi lectora favorita! Pues lamento que te deje así con lo de Kenshi, pero es lo mejor para todos xDu Lo de los Digi-Eggs también es un tema importante en el fic. Fue una de las cosas que más me gustaron de Adventure 02, pero como casi todas las cosas de ese animé, siento que fueron desaprovechados. Así que este es mi humilde intento de revalorizarlos. Y no te preocupes por la competencia interna con Belerofonte, jajaja. Disfruta los caps y que el resto fluya (?

J Junie Jajaja, bueno, me alegro mucho de poder contarte como lectora! Sobre ser fan de digimon, creo que con que tengas una idea general de quién es quién en cuanto a los protagonistas no debería haber mayores problemas, ya que para esta historia incluyo muchos elementos propios. Sobre las buenas historias, pues eso nunca podría asegurártelo, pero sí puedo decirte que haré todo lo posible para que el resultado sea el mejor. ¿Así que un capítulo tiene tu nombre? Viendo la lista estoy entre Ringtone y Alétheia jajaja. ¿Estoy encaminado? >.>




¡Buenas, buenas!

No se dan lo feliz que soy por tener tantos lectores :'D Jaja, ahora estoy más motivado. Este cap lo escribí con muchas ganas, y estoy bastante satisfecho con el resultado final, en general. Marca la llegada de los Elegidos al Digimundo y trata algunas cuestiones que para mí son muy importantes y siento que a veces se las deja de lado. No se pongan a hurgar buscando simbologías porque casi no las hay, y tampoco son tan importantes, pero a la hora de escribir yo sentí que necesitaba hacerlo. Seguramente, si logro mantener esta línea de escritura durante el resto del fic, con el paso de los capítulos sí podrán darse cuenta de lo que me refiero, y ojalá que piensen "Bueno, él tiene determinada forma de pensamiento".

Fue muy complicado elegir la canción para este capítulo. Tenía varias candidatas, pero lo ideal para mí es que tanto la letra como el ritmo y la sensación vayan acorde a la idea del capítulo. Tenía algunas letras muy buenas pero que el ritmo no ayudaba, y viceversa. Finalmente me decidí por 21 Guns de Green Day, y creo que le queda bastante bien.

¡Comencemos!


—Tai, despierta. Vamos, despierta.

Sentía que lo sacudían por el hombro, pero no quería abrir los ojos. Le dolía la cabeza y sentía que estaba muy cerca de vomitar. Lo único que quería era taparse con las frazadas, voltearse en su cama –extremadamente incómoda por algún motivo– y dormir hasta sentirse mejor.

—Tai, estamos en el Digimundo.

La palabra mágica. Abrió los ojos de repente, de lo cual se lamentó profundamente al sentir la luz del Sol quemar su retina. Se sentó y dejó que sus ojos se acostumbraran a la luz. Lo primero que vio fue el césped sobre el cual estaba sentado. Lo segundo que vio fue el rostro de Sora. Y aquella hermosa vista fue casi suficiente como para que olvidarse de todo. En ese momento sólo quería perderse en su mirada y permanecer así hasta donde su cuerpo pudiera aguantar.

Pero enseguida recordó todo lo que había sucedido en la ciudad antes de desmayarse. No había tiempo que perder.

— ¿Estamos en el Digimundo? —Preguntó, mirando a su alrededor.

Pues ciertamente no se encontraba en Odaiba. Parecía estar en lo que parecía una pradera, una inimaginable extensión de tierra deshabitada. Un manto gigante de hierba verde y flores que cubría todo lo que veía como un paño de billar. No era una llanura plana, era más bien una tierra ondulada, con muy pequeñas colinas que se seguían unas con otras. Los árboles parecían agruparse en pequeñas cantidades, no más de dos o tres juntos, y se separaban entre ellos por varios cientos de metros. En el horizonte se vislumbraba lo que parecía ser el inicio de un extenso bosque.

—Eso dice Izzy —respondió Sora.

Volteando hacia el otro lado Tai vio al resto de sus amigos. Todos estaban de pie. Miraban alrededor, aunque dirigían pequeñas miradas de reojo hacia donde Joe se encontraba vendando a Kenshi. Debía de haberse resentido por algún golpe en una de sus heridas. Quizás sí deberían haberlo llevado al doctor. En su momento decidieron no hacerlo para que no alertaran a sus padres antes de poder explicarle todo, pero quizás no había sido la decisión más acertada.

—Siento que la cabeza me va a explotar —se quejó Tai, antes de mirar un tanto preocupado a Sora—. ¿Tú cómo estás?

—Todos estamos un poco mareados —admitió, aunque restándole importancia—. Vamos, levántate.

Tai se puso de pie y estiró la columna. Un poco más despejado volvió a recorrer la vista por el paisaje. Estaban verdaderamente en medio de la nada. Veemon estaba cerca, también observando el terreno. Decidió acercarse y hablar con él.

—Hey, Veemon —lo saludó—. Bien hecho en Odaiba. Les diste una lección a esos digimon.

Veemon volteó a verlo con una media sonrisa.

—Muchas gracias, Elegido. Es un honor poder protegerlos.

—No creo que lo hubiéramos hecho sin tu ayuda. Habríamos estado en graves problemas. Por suerte ahora estamos aquí.

Y en ese preciso instante, Tai recordó algo que hizo que palideciera y sus piernas temblaran.

— ¡Oh, demonios! ¡El Digi-Egg!

Comenzó a buscarlo con la vista, pero no estaba en ninguna parte.

— ¡Yo lo tenía! P-Pero luego aparecieron los digimon, y un tornado nos envolvió, y entonces…

—Tranquilo, Elegido —lo calmó Veemon, con una sonrisa—. Revise su digivice.

Tai hizo lo que el digimon le dijo y miró la pantalla. No había nada diferente, pero unos segundos después se formó un dibujo en ocho bits del Digi-Egg.

—Su poder ahora te pertenece. Cuando lo necesites podrás convocarlo. Utilizado bien, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Mientras Tai se preguntaba mentalmente qué clase de poder sería y cómo sabría cuándo utilizarlo, Veemon continuó observando el paisaje.

—Todo se ve muy distinto —comentó.

— ¿Cómo era el Digimundo antes de que te encerraras en el Digi-Egg? —Le preguntó Tai, curioso.

Veemon no respondió de inmediato. Parecía estar buscando en su memoria los recuerdos de aquella lejana época.

—Era un mundo en reconstrucción. La Era Oscura acabó con la guerra más grande que se haya realizado jamás. Es difícil explicar la destrucción que quedó como legado. No había campos como este, tan llenos de vida. Todo lo que teníamos eran tierras muertas.

—Vaya… Eso suena terrible —opinó Tai, fallando en realizar una profunda reflexión.

—Lo fue. Pero todo el esfuerzo que aquellos guerreros hicieron fue para asegurar esto —dijo abriendo sus brazos—, para darle una nueva oportunidad a la vida.

Los dos permanecieron allí de pie, reflexionando. Tai comenzó a pensar en lo poco que sabía realmente sobre el Digimundo. Nunca había tenido tiempo de estudiarlo, siempre se encontraba luchando a contrarreloj para salvarlo de la destrucción o perseguido por un enemigo mortal. Ignoraba por completo el hecho de que hubiese habido una gran guerra tras la cual todo hubiese quedado devastado. No tenía idea alguna sobre los Digi-Eggs, ni sobre quiénes los habían creado, ni su propósito, ni siquiera estaba seguro de comprender todo lo que significaba ser un Elegido. Sentía como si estuviese en medio del examen de una asignatura que nunca antes había cursado.

—Chicos —los llamó Joe.

Tai y Veemon se acercaron de nuevo junto al resto del grupo.

—Ok. Chicos, oficialmente estamos de regreso en el Digimundo —dijo Tai, levantando el puño para que sus amigos festejaran con él. Se permitieron dar un grito de alegría al aire y regocijarse en su victoria.

—Genial —dijo Kenshi, quien aún estaba asombrado tocando el césped para ver si se sentía como el de Odaiba, con Tsukaimon revoloteando a su lado contento—. ¿Y ahora a dónde vamos?

—Bueno…

Y en ese preciso instante se dieron cuenta de que no tenían ni la menor idea de lo que tenían que hacer.

—Lo principal es juntarnos con nuestros digimon —dijo Matt.

—Sí. Una vez que estemos con ellos estaremos preparados para enfrentar… lo que sea que tengamos que enfrentar. Ese es el siguiente paso: descubrir cuál es la amenaza.

Todos estuvieron de acuerdo con Tai.

—La pregunta es, ¿dónde están nuestros digimon? O mejor aún, ¿dónde estamos nosotros? —Preguntó Izzy.

—No veo por ningún lado la Montaña Infinita, así que no estamos en la Isla File —dijo TK, tratando de ver en el horizonte alguna montaña.

—Wow, ¿en serio hay una montaña infinita?

—Entonces estamos en el continente Server. Es el único continente que hay, ¿no es así? —Le preguntó Mimi a Veemon, ignorando por completo la pregunta de Kenshi.

—Bueno, antes también estaba el continente Folder, pero se hundió en el océano después de la gran guerra. Así que sí, debemos estar en el continente Server.

Tai sumó a su creciente base de datos sobre el Digimundo la existencia del equivalente digital de la Atlántida. Se preguntó si algún día podría visitar aquel continente perdido.

— ¿Y a dónde deberíamos ir? —Preguntó Kari, que se había agachado para acariciar la espalda de un gustoso Tsukaimon, ante la atenta mirada de Kenshi.

Veemon señaló hacia el bosque que se veía en el horizonte.

—En esta estepa casi no hay árboles. Aquel bosque seguramente tiene un río que lo alimenta. Y la mayoría de las aldeas de este tipo de zonas se ubican junto a ríos. Si llegamos allí es sólo cuestión de seguir el cauce para encontrar un poblado que nos pueda decir dónde nos encontramos.

—Vaya, alguien tomó el curso de supervivencia mientras estaba en el Digi-Egg —bromeó Tai, logrando hacer sonrojar al guardián del Valor.

— ¿Tenemos que caminar hasta allá? —Se quejó Mimi—. Parece muy lejos. ¿Cuánto tendremos que caminar?

—Seis kilómetros —dijeron al mismo tiempo, para sorpresa de todos, Izzy y Kenshi.

— ¿Cómo saben eso? —Preguntó Joe, interesado. Izzy respondió primero.

—El Digimundo es una copia casi exacta de la Tierra, por lo que es seguro afirmar que la convexidad es la misma. Sabiendo que medimos en promedio un metro setenta, aplicando la reducción de perspectiva por distancia y agregando la altura promedio de un árbol, estaríamos rondando entre los cinco y los seis kilómetros. Yo diría que unos cinco punto siete, para ser un poco más precisos.

Sin haber entendido nada, voltearon a ver al otro elegido.

—No es que hice la cuenta —se apresuró a decir Kenshi, nervioso porque todos le estuvieran mirando—. Una vez lo leí en una enciclopedia. No sabía cómo era el cálculo, pero decía que el horizonte estaba a unos cinco o seis kilómetros.

—Bueno, en realidad no es que “el horizonte esté” —le remarcó Izzy—, porque el horizonte no existe como entidad física. Es sólo lo último que llegamos a ver antes de que desaparezca de nuestro rango de visión por la curvatura o convexidad del planeta.

—Yo… no sabía eso. Perdón —dijo Kenshi, desviando la mirada hacia abajo.

El resto de los elegidos le dedicaron una mirada de reproche a Izzy, quien no pareció entender por qué lo miraban así. Ellos lo conocían lo suficiente como para saber que la corrección y buscar los términos correctos eran parte de su forma de ser. Pero Kenshi no lo conocía tanto, y parecía que no lo había tomado muy bien. Como si creyera que sólo Izzy podía cumplir el rol de responder preguntas complicadas.

—Será mejor que empecemos a caminar —dijo Tai—. Kenshi dice que son seis kilómetros hasta el bosque, así que apurémonos.


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No fue fácil darse cuenta de que algo andaba mal.

Los seis kilómetros se pasaron increíblemente rápido, los recorrieron en poco menos de dos horas. Todos estaban sumamente emocionados por estar de nuevo en el Digimundo, y comenzaron a recordar los viejos tiempos. Veemon estaba sumamente interesado en oír las hazañas de los elegidos, desde la lucha contra Devimon hasta la increíble batalla contra Apocalymon, además de su última aventura frente a Diaboromon. Veemon escuchaba fascinado. También lo hacía Kenshi, quien trataba de no hablar, pero se notaba que quería aprender todo lo posible sobre la historia de sus compañeros en el Digimundo.

Estaban hablando sobre la aparición salvadora de MagnaAngemon contra Piedmon cuando llegaron finalmente al bosque. Afortunadamente, encontraron el río tan sólo adentrándose unos cientos de metros. Aprovecharon para descansar en su orilla, bebiendo del agua dulce mientras Tsukaimon y Veemon recolectaban algunas frutas. Los chicos se habían olvidado de los pequeños gajes del oficio, como tener que comer sólo lo que uno pudiera cazar o recolectar. Les llevaría un tiempo volver a acostumbrarse a ello.

Kenshi, quizás por su ignorancia en el tema, fue el primero en percatarse en un llamativo detalle.

— ¿Y cómo son los animales aquí? ¿Hay animales comunes o es como en Pokémon y sólo hay digimon?

—Hay algunos digimon que reemplazan a los animales comunes, pero también hay peces, insectos molestos, aves… Tenemos variedad —le explicó Sora, mientras comía lo que parecía ser una naranja azul.

—Ya veo. Mientras no haya cuervos… —comentó con disgusto—. ¿Y sólo viven en aldeas? Porque hasta ahora no nos encontramos con ninguno.

Todos se quedaron pensando en ello.

—Ahora que lo dices, es cierto que no hemos visto a ninguno —dijo TK.

— ¿Y eso no es normal?

—No. Llevamos horas en la zona. Deberíamos haber visto alguno aunque sea.

—No lo sé, Matt —dijo Joe—. Después de todo, esas praderas no tenían absolutamente nada que pudiera atraer a los digimon, como comida o agua. Y apenas estamos ingresando en este bosque.

—Es cierto —dijo Mimi—. Seguramente encontremos una aldea por aquí cerca, como dijo Veemon.

Algunos minutos más tarde decidieron comenzar a caminar río arriba, con la esperanza de encontrar pronto algún poblado. Mientras tanto, disfrutaron del hermoso paisaje en el que se encontraban. En su ciudad tenían parques, algún monte cercano que pudieran visitar de vez en cuando, incluso un pequeño bosque por la autopista hacia Tokyo. Pero nada de eso se comparaba a estar en aquel inmenso bosque del Digimundo. Todo parecía más bello. Los árboles se veían más altos, las hojas parecían más verdes, incluso el ruido del agua del arroyo golpeando contra las rocas que interrumpían su caudal sonaban con más pureza de lo que uno creería posible.

Además del espectáculo natural, tuvieron la oportunidad de ver cómo Izzy se acercaba a hablar con Mimi y entrelazaba sus dedos con los de ella. Fue raro verlo acercándose y tomando la iniciativa sin sentir vergüenza por hacerlo en público. Definitivamente la relación lo estaba cambiando para bien. Después de un rato comenzaron a entablar conversaciones con el resto de sus amigos, pero en ningún momento se soltaron las manos.

El Sol estaba en pleno descenso cuando encontraron el primer rastro de civilización, aunque no como hubieran querido.

—Oigan, miren eso —señaló Mimi.

En medio del arroyo, apoyado junto a una roca por la corriente, había algo brillando. Curioso, Tai se acercó, tratando de pisar en las rocas para no caerse directo al agua. Una vez que estuvo junto a aquel objeto, lo levantó con cierta dificultad, ya que pesaba más de lo que aparentaba. Lo que brillaba era todo el metal que cubría el perímetro de un disco de madera, con unas cuerdas en el centro. Se lo mostró a sus amigos.

— ¿Qué creen que sea?

Salió del arroyo mientras miraba esas cuerdas, tratando de imaginarse qué podía ser. Los Elegidos se reunieron alrededor de aquel objeto.

— ¿Será un centro de mesa?

—Parece una tabla de cocina.

— ¿Y para qué son las cuerdas?

Fue Veemon el primero en ponerse serio.

—Voltéalo —le pidió a Tai.

El Elegido del Valor lo hizo, y todos se dieron cuenta finalmente de lo que era.

Del otro lado, la franja metálica ocupaba no sólo el borde sino parte de la superficie, con lo que parecían ser unos remaches de acero. La madera estaba ligeramente más convexa en aquella cara, con un pequeño centro metálico. Podían darse cuenta de que estaba pintado el Emblema de la Esperanza, pero era difícil decirlo debido a que una parte estaba gravemente dañada y astillada, además de estar cubierta por una gran mancha negra que era inconfundiblemente madera quemada.

— ¿Esto es lo que yo creo? —Preguntó Tai.

— ¿Qué crees que es? —Le dijo Matt.

— ¿Qué crees que creo que es?

—Creo que tú crees que creo que crees que es lo que creo que crees que creo que crees —le respondió, con una mirada desafiante, invitándolo a atreverse a más.

— ¿Pero por qué creería que crees que creo que…?

—Oh, por Dios, maduren —los interrumpió Sora, poniendo los ojos en blanco.

—Parece un escudo —dijo Izzy.

—Es un escudo —confirmó Veemon, examinándolo de cerca—. Una rodela, y por lo que se ve, ha sido utilizada. Probablemente la corriente del arroyo la arrastró río abajo.

—Bueno, supongo que no podríamos llamarnos Elegidos si no investigásemos esto, ¿no es cierto? —Dijo Tai, utilizando la cuerda para atarse la rodela en su brazo izquierdo—. Vayamos río arriba.

—Como usted diga, Capitán América.


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El cielo comenzaba a tornarse de un tono anaranjado cuando llegaron a la aldea, y a aquella altura ya todos estaban alerta y en guardia. Poco después de haber encontrado el escudo, las señales de que algo había sucedido en aquel bosque se hicieron cada vez más claras. A medida que continuaron avanzando río arriba comenzaron a ver restos de árboles destruidos. Algunos solamente tenían ramas arrancadas, mientras que algunos estaban caídos, arrancados de raíz. La gran mayoría, sin embargo, presentaba grandes quemaduras sumamente similares a la que tenía la rodela.

Finalmente rodearon un codo del río, y detrás de una delgada línea de árboles quemados vieron un espectáculo desgarrador. Se encontraron con lo que en otro momento había sido una aldea, pero que ahora era solamente un grupo de construcciones quemadas y en ruinas. Todo el terreno estaba cubierto con una capa de cenizas tan grande que se sentía como caminar en la playa. También había muchísimos restos de maderas, tejas y cristales en el suelo, claramente pertenecientes a las pequeñas casas, las cuales parecían haber sufrido un bombardeo.

Quizás lo más triste de aquella escena eran los objetos que habían quedado en el suelo. Platos, canastas de frutas, baldes que seguramente llevaban agua del río, sillas, extrañas herramientas que no reconocían… Todos objetos comunes que en aquel contexto servían para hacer sentir aún más la ausencia de vida. Objetos que se habían vuelto inservibles en el momento en el que habían perdido a quienes los usaran.

Los Elegidos observaron aquella destrucción estupefactos.

— ¿Qué pasó aquí? —Dijo Mimi, con dolor.

—Parece… parece que hubo una batalla —trató de responder Joe.

Veemon se acercó a examinar las casas. Tocó las paredes, vio las alturas y se acercó a los objetos que habían quedado esparcidos en el suelo. Miraba continuamente al río y a la aldea, pensando.

—Esta era una aldea de agricultores. Si tuviese que adivinar diría que de Floramon, pero claramente pertenece a una clase pacífica de digimon. La aldea sólo tiene casas, aquel edificio de allí quizás era una especie de mercado central, pero no hay nada que pudiera servir como defensa. Quienquiera que haya sido el que hizo esto, atacó una aldea completamente indefensa y la redujo a cenizas.

Sin saber qué hacer, recorrieron un poco la sombría escena, preguntándose quién sería capaz de causar toda esa destrucción. Y no podían sino suponer que todos los habitantes de aquella aldea habían muerto durante el ataque.

—Chicos —los llamó Izzy.

Todos se acercaron a donde estaba. El pelirrojo señaló el suelo, donde varias huellas se veían sobre la pequeña capa de ceniza, atravesando parte de la aldea.

—Estas huellas son recientes —declaró Veemon—. No parecen ser muchas, pero definitivamente…

El guardián se detuvo a mitad de la frase. Levantó la cabeza un instante y luego se lanzó directo hacia Tai y Matt. Nada pudieron hacer los dos chicos para evitar ser derribados al suelo, alejándose del lugar donde segundos más tarde estalló una bola de fuego.

Todo fue muy confuso durante unos momentos. Tai y Matt trataron de reincorporarse, sus amigos se alejaban de la zona, Veemon digievolucionaba y todo a su alrededor parecía comenzar a arder en llamas.

Unos instantes más tarde, una figura cayó frente a ellos. Un digimon humanoide de unos dos metros y medio, pálido, con su torso y brazos llenos de cadenas. Habría pasado por la versión gigante de un bajista de una banda de heavy metal, de no ser por el hecho de que su cara era una horrible máscara metálica y sus brazos y espalda estaban encendidos con llamas azules.

—Demonios, en verdad odio a ese tipo —dijo Tai, tras recuperarse y reconocer al recién llegado como un enemigo del pasado.

—SkullMeramon —dijo Sora, recordando su nombre.

—Ese digimon tiene cero respeto por la moda. Esas cadenas son tan de los noventa —se quejó por su parte Mimi.

SkullMeramon estaba allí de pie, mirándolos con una expresión indescifrable. ExVeemon se colocó entre él y los Elegidos, junto a un Tsukaimon que no parecía para nada asustado por tener frente a sí a un digimon que era unas veinte veces más grande que él.

— ¿Quién eres? —Preguntó ExVeemon, extendiendo sus alas para intimidar.

—Yo soy SkullMeramon —respondió la criatura con una voz metálica, mientras levantaba un dedo y señalaba a los elegidos—. Y esos muchachos son los Niños Elegidos.

—Si sabes que son los Niños Elegidos, entonces debes saber que ellos son la esperanza del Digimundo. Cálmate y ayúdalos a cumplir su misión.

— ¿La esperanza, dices? —Comentó amargamente—. Mira a tu alrededor. Esta aldea nunca dejó de creer en ustedes. Incluso luego de todo lo que sucedió, decidieron quedarse aquí, esperando el día en el que llegaran y los salvaran. La esperanza está muerta.

— ¿Fuiste tú quién destruyó esta aldea? —Preguntó Kari.

—Sí —respondió simplemente SkullMeramon.

—Entonces sobran las palabras.

ExVeemon se lanzó directamente hacia SkullMeramon y, aprovechándose de su velocidad y del pequeño factor sorpresa, logró dar un poderoso golpe en la mandíbula al digimon. SkullMeramon salió disparado hasta impactar contra un árbol. El guardián del Valor se dirigió hacia él nuevamente, con la intención de aprovechar el momentum de su ataque, pero su oponente se recuperó demasiado pronto. Con un movimiento de brazo, las cadenas metálicas golpearon a ExVeemon y lo tomaron por la pierna. Enseguida lo levantó por el aire y le lanzó una bola de fuego azulada que impactó en su pecho.

—Yo tenía fe en ustedes —dijo SkullMeramon, lanzando otro ataque hacia ExVeemon—. Todos dejamos de lado nuestras diferencias cuando nos invadieron. Creíamos que nos salvarían. Pero nunca llegaron.

Tsukaimon se acercó y le lanzó su fuego fatuo, pero al entrar en contacto con la piel de su oponente este simplemente lo absorbió. El digimon morado trató de embestirlo, pero nada pudo hacer contra un digimon perfeccionado, que lo derribó de un único golpe.

— ¿Así pretenden salvar al Digimundo? Ni siquiera pueden conmigo. Y yo no soy nada comparado con los terrores que nos dominan.

—Escucha —dijo Mimi—, nosotros no sabíamos nada de esto. Todavía no lo sabemos. Tratamos durante años de volver al Digimundo, pero no pudimos.

—Pero ahora estamos aquí —dijo TK, dando un paso hacia delante—. Podemos detener lo que sea que está sucediendo. Si alguna vez tuviste esperanza en nosotros, créenos y ayúdanos.

—Tuve esperanza, sí —respondió el digimon—. Pero la realidad me enseñó, en mi lecho de muerte, que lo único que importa en este mundo es el poder. Y un poder más grande que ustedes me perdonó la vida a cambio de un pequeño favor: su extinción.

ExVeemon se movió tan rápido como pudo para embestir a SkullMeramon, pero no llegó a tiempo. Una bola de fuego salió despedida directamente hacia TK. El rubio quedó paralizado por la sorpresa y el miedo, estático en su lugar sin reaccionar a esquivarlo. Estaba a punto de morir cuando Tai saltó como un guardameta delante de TK, con la rodela lista para recibir el ataque. El impacto fue considerablemente fuerte, impulsándolo hacia atrás y derribando a TK, generando asimismo una pequeña explosión al dar contra la madera del escudo. Cuando cayeron, Tai vio que el emblema de la Esperanza estaba ahora completamente oculto bajo la mancha de quemaduras.

Mientras tanto, ExVeemon trataba de mantener a raya a SkullMeramon, pero parecía ser que la diferencia en el potencial físico era demasiado grande. Lograba conectar muchos golpes, pero SkullMeramon se recuperaba de inmediato, y sus ataques eran mucho más dolorosos. Aprovechando un golpe que abrió la guardia del digimon de fuego azul, ExVeemon disparó su X-Láser, casi a quemarropa. El ataque dio de lleno en el rostro del digimon, generando una gran nube de humo.

Los Elegidos ahogaron un grito cuando vieron que de aquella columna de humo salía un puño que impactaba directamente en el estómago de ExVeemon, quien luego recibiría un fuerte golpe de las cadenas en su rostro. Observaron con impotencia cuando el cuerpo de ExVeemon comenzó a brillar, y junto a sus pies cayó un debilitado Veemon.

— ¡Veemon! —Gritaron, mientras Tai se acercaba a él.

—Lo siento, Elegido —se disculpó Veemon—. Es muy fuerte. No puedo protegerlos.

—No digas eso. Lo hiciste muy bien. Es un digimon perfeccionado.

—Si tan sólo pudiera ultra digievolucionar… AeroVeedramon podría con él. Pero perdí esa capacidad cuando me sellé en el Digi-Egg. Ahora ya no tengo ese poder.

Tai se quedó allí tratando de convencer a Veemon de que no era su culpa, mientras SkullMeramon se acercaba paso a paso hacia los Elegidos. Dejaba una pequeña llama azulada con cada paso que daba.

—No son dignos de ser nuestros protectores. Son unos humanos indefensos, egoístas e ignorantes. No saben nada de nuestro mundo, no saben los horrores que hemos vivido estas décadas. Yo perdí todo lo que una vez amé. Mi hogar, mi familia, mi identidad. ¿Dónde estaban entonces? ¡¿Por qué no me salvaron?!

Parecía listo para lanzar un ataque directamente hacia el grupo de Elegidos, pero Tsukaimon, quien se había recuperado, arremetió contra el rostro del digimon, ganando preciosos segundos.

—Veemon, por favor, te necesitamos —le pedía Tai, mientras el digimon azulado trataba de ponerse de pie.

—No puedo… No puedo digievolucionar. No me quedan fuerzas.

Tai se puso serio. Con decisión, tomó su digivice.

Mientras tanto, SkullMeramon había apresado en su puño a Tsukaimon, y comenzaba a oprimirlo, arrancando dolorosos gritos del pequeño digimon.

— ¡Tsukaimon! —Gritó Kenshi.

—Nos prometieron que la guerra terminaría cuando ustedes desaparezcan. Fui débil, demasiado débil para salvar lo que más quería proteger. No pude evitar que empiece la guerra. Pero puedo terminarla.

Levantó su brazo, preparado para acabar con la vida de Tsukaimon. Kenshi gritaba y le pedía que no le hiciera daño. El noveno Elegido sintió que su digivice comenzaba a vibrar, y casi podía ver el inicio de un brillo en la pantalla del aparato, pero justo en ese momento Tai se levantó.

— ¡Veemon, digievoluciona! —Gritó, con su brazo extendido mostrando el digivice que en su brillante pantalla dejaba ver al Digi-Egg.

La luz anaranjada cegó a SkullMeramon, quien dejó caer a Tsukaimon.

— ¡Veemon, armor-digivolves a…!

Más que una luz, lo que envolvió a Veemon fueron claramente unas llamas rojizas. Instantes más tarde, frente a ellos se encontraba una versión más grande de Veemon, no musculosa como ExVeemon, sino más bien atlética. Las partes claves de su cuerpo estaban cubiertas por una armadura que, al mejor estilo de los Caballeros del Zodíaco, parecía estar formada por fragmentos del Digi-Egg del Valor.

— ¡...Flamedramon, el Valor en llamas!

SkullMeramon no perdió el tiempo. En cuanto su nuevo oponente apareció, lanzó una poderosa columna de fuego. Flamedramon simplemente colocó su puño delante, y las llamas parecieron desaparecer al contacto.

—El Digi-Egg del Valor pasó milenios encerrado en un volcán —dijo con tranquilidad Flamedramon.

Acto seguido, sus pies produjeron una llama que actuó como un cohete, impulsando a Flamedramon a toda velocidad hacia delante. Sin darle tiempo a reaccionar, dio un golpe en el estómago y una patada giratoria prendida fuego en la cara a SkullMeramon. Con un grito, el digimon perfeccionado comenzó a lanzar toda la combinación de golpes que se le ocurrían. Sin embargo, la agilidad de Flamedramon era muy superior, evitando los golpes con movimientos que parecían de capoeira.

—Soy el Guardián de su poder, y Protector de la Llama Ardiente —continuó, mientras seguía evitando los golpes con una gracia excelsa.

Tras bloquear con su pierna un golpe lateral, Flamedramon consiguió encajar un nuevo golpe en el estómago de SkullMeramon. Quedaron congelados en esa pose durante algunos segundos, con SkullMeramon encorvado por el golpe. La diferencia de tamaños –Flamedramon apenas si llegaba al pecho de su oponente-- hacía parecer que el guardián del Valor estaba envuelto bajo la sombra de su enemigo.

De repente, SkullMeramon movió sus grandes brazos, y logró apresar a Flamedramon por los flancos.

—Te tengo —dijo, con una sonrisa maligna, justo antes de abrir su boca y escupir una interminable llamarada.

Recordando su época jugando al GTA, Tai estaba seguro de que cualquier lanzallamas se habría quedado sin combustible mucho antes que SkullMeramon. El digimon perfeccionado continuó lanzando la llamarada de su boca, ocultando a Flamedramon en una nube de fuego. Para sorpresa de todos, los brazos de Flamedramon salieron de aquella trampa mortal. Uno se apoyó en la frente de SkullMeramon y el otro en su pecho. SkullMeramon abrió sus ojos tanto como pudo físicamente, y sus brazos se aflojaron. Las llamas comenzaron a extinguirse lentamente, y los Elegidos vieron cómo, en donde Flamedramon hacía contacto con sus brazos, se producía un particular brillo anaranjado.

—Tú te alimentas del fuego. Las llamas te prestan su poder y te energizan. Las acumulas y liberas cuando lo necesitas. Pero ellas sólo me obedecen a mí.

De todas partes del cuerpo de SkullMeramon comenzaron a desprenderse pequeños hilos de fuego que lo abandonaban y se dirigían hacia Flamedramon, que parecía absorberlos. Rápidamente, SkullMeramon comenzó a encogerse, volviéndose lentamente más pequeño, perdiendo masa muscular y quedándose sin el fuego que lo alimentaba. Un minuto más tarde todo su cuerpo brilló, y de rodillas cayó un débil BlueMeramon, un digimon idéntico al Meramon que los Elegidos conocían, pero con llamas azuladas.

—Todo terminó —sentenció Flamedramon, quien parecía palpitar con el poder del fuego que había asimilado.

—He perdido —declaró el BlueMeramon, bajando la cabeza—. Hazlo de una vez.

Flamedramon levantó su brazo. Estaba parado como un verdugo frente a su víctima, y parecía dispuesto a dar el golpe de gracia.

—Alto.

El Guardián del Digi-Egg del Valor se detuvo. Volteó y vio que TK se acercaba a él.

— ¿Elegido?

—No lo mates —le pidió, mientras se arrodillaba cerca de BlueMeramon.

—Es un digimon maligno —le recordó Flamedramon—. Destruyó esta aldea. Trató de matarlos.

—Sólo está confundido —dijo el rubio, tratando de que el digimon levantara la vista y lo viera a los ojos.

BlueMeramon permaneció mirando hacia el suelo.

—Dijiste que perdiste la esperanza. Que no estuvimos aquí para ayudarte. Y es cierto. No estuvimos entonces, pero sí estamos ahora.

BlueMeramon finalmente levantó la vista.

—Ya es demasiado tarde. No queda nada por salvar. Todos estamos muertos. No hay esperanzas para nadie.

Con mucho cuidado, TK acercó su mano. Temía quemarse, pero Flamedramon había extraído tanto poder que el cuerpo flamante de BlueMeramon era más bien una sensación cálida. Apoyó su mano sobre el hombro del digimon, con todos los Elegidos y Flamedramon alertas.

—Siempre hay esperanza. Sobretodo cuando parece que ya no la hay. Porque cuando tocamos fondo, lo único que nos queda es subir.

—No lo entiendes. No saben lo que perdimos. ¿Cómo puedes pedirme tener esperanza después de todo lo que viví?

—Créeme. Justo cuando todo parece perdido es cuando encontramos las pequeñas razones que nos dan esperanza para creer. Podemos salvar este mundo, nosotros y tú, pero tienes que dejar de luchar y ayudarnos. No importa qué tan negro sea el panorama. Piénsalo: sólo cuando todo oscurece es que vemos las estrellas.

BlueMeramon se quedó callado, volviendo a bajar la vista. TK sintió que los hombros del digimon temblaban.

—Déjanos ser tus estrellas.

Algo raro –incluso para los estándares del Digimundo– ocurrió en ese momento. Del cuerpo de BlueMeramon comenzaron a desprenderse virutas de lo que parecía ser humo, sólo que muchísimo más denso y negro, como un extraño petróleo que escapaba del digimon y se alzaba hacia el cielo. Toda aquella energía continuó ascendiendo hasta que desapareció en el cielo. Las llamas del digimon se volvieron anaranjadas, aún sin recuperar su calor, y frente a ellos ahora se encontraba un Meramon común y corriente.

—Lo siento —dijo el digimon, mientras sus hombros y pecho comenzaban a convulsionar suavemente.

Poco a poco un nuevo rastro como de humo comenzó a elevarse, pero esta vez sólo era lo que quedaba cuando se evaporaban sus lágrimas.



 
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Bueno, ya me lei los cap 2 y 3, y por lo que veo la trama esta avanzando a un muy buen ritmo. Me causo gracia las ansias de Kari por llegar pronto al cumpleanios de Tk, y me sorprendio de pronto ver a los elegidos de 02, sobretodo porque no recuerdo nada de ellos en tus versiones anteriores, pero me agrado verlos, cuando no tienen ningun peso en la historia xD no son malos personajes jaja. La reunion dejo claros varios puntos sobre los cambios que han sufrido las vidas de los elegidos desde el final de adventure, y fue tan fluida que el capitulo lo lei en unos pocos minutos. Parece que kenshi tendra un peso especifico importante en la historia, me agrada la fragilidad del personaje ^^. La charla final entre Tai y Joe me gusto mucho, no se si te lo comente, pero mi parte favorita en Ketsui (a parte de los momentos entre Joe y gomamon) es la charla que tienen Joe y Mimi en la orilla de la playa. Joe es un personaje genial si le dan la oportunidad, porque es el mas maduro del grupo, lastima que no pudieron terminar, pero el motivo por el cual se intrrumpieron fue igualmente genial *-*

Si el segundo cap fue pausado y meditativo, el 3 es frenetico jaja en cuanto al carrusel de cosas que pasan. El concepto de Aletheia esta genial(verdad junie xD) n lo conocia, pero en realidad es muy presente durante el cap. Me encanto la forma en que usas la logica cientifica para tratar de explicar lo que ocurre en la serie (yo tambien trato de hacer lo mismo) porque suena perfectamente plausible. Tambien me gusto que mantuvieras Bokura no War Game en el canon de tu fic ^^ esa pelicula es un parentesis dentro de las olvidables peliculas de digimon, ademas con la virtuosa mano de Hosoda. Por un momento pense que Izzy sacaria los lentes de tri que le dio a Tai jaja. Pienso que el eje de este cap es Tai, y entiendo su frustracion al notarse relegado a un plano secundario por todos, su desarrollo en este cap me gusto bastante, aunque me da algo de lastima esa mezcla de negacion y autopadcimiento que le ocurre por lo de Matt y Sora, ya que para ellos, debe ser reciproco. El trato del personaje de Kari tambien estuvo de 10. El final fue atrapante, y ahora a buscar al noveno O.o

Gracias igualmente jaja ^^ si algo de lo que escribo te sirve de inspiracion es un placer, y claro, es reciproco. Estos 4 caps han sido impecables, aunque el hecho de que recuerdes que en 2004 tenias 6 o 7 anios me hace sentir un viejo jaja, al mismo tiempo me alegra que haya personas de generaciones diferentes a la de digimon que igual hayan quedado impregnados de esa serie con conceptos y personajes tan geniales. Nos leemos pronto, ya pronto alcanzo el ritmo del fic.
 
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What? Solo puedo decir... what?

Vale, vale, vale, voy a ordenarme la cabeza porque mi corazón no la deja pensar con claridad. En primer lugar, me has hecho llorar jajaja. Admito que leí la parte final tres veces, y la segunda vez lloré. Te quedó taaaaaaaaaaaaaaaaan bonito. Pero que taaaaan bonito. No he podido evitar concederte un "Me gusta", es lo mínimo -y lo único (?)- que puedo hacer. Cuando leí lo de las estrellas tuve que "subir" y leer de nuevo el nombre del capítulo para emocionarme un poquito más. Veo que TK cumple bien su función de elegido de la esperanza y asahuhsaajjsja. Sin duda este ha sido mi capítulo preferido, con diferencia. ¡Por fin en el Digimundo! ¡Por fin empieza la acción! ¡Por fin podremos ir descubriendo lo que pasa! ¡Por fin se ha callado! -Dirás cuando termines de leer el comentario-. Además, ¿"21 guns"? ¿EN SERIO? También mi canción preferida de todas las que has puesto. Se nota que te has emocionado con los nuevos lectores, así que, por favor, que vengan más. Juro que no pelearé contra nadie por ser tu lectora favorita (?).

Espero el próximo capítulo con muuuchas ganas. Me sorprende que este sea mi comentario más corto, teniendo en cuenta que corresponde al capítulo que más sensaciones me ha transmitido. En fin, ¡gracias! :)
 

Arki

Adolescente idiota y rencoroso
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B Belerofonte Bueno, muchas gracias por leer y comentar, antes que nada, jaja. Lo de los Elegidos de 02 es cierto, no suelo utilizarlos, pero decidí hacerles un pequeño homenaje. Como dices, me gustan más cuando no son protagonistas, jajaja. Creo que habrá varios momentos de Joe como figura madura y de apoyo emocional para el resto de los Elegidos, porque también creo que esa es la arista más interesante de su personaje.

Sobre el otro cap, pues seguramente es debido al profesor de filosofía que tuve, pero siempre me gustó la idea de alétheia, sobre todo como "lo que se oculta detrás de las apariencias", que es como me la enseñó. Siempre ponía de ejemplo algo oculto debajo de una manta, y en ese capítulo traté de explorarlo. Lo de usar cosas científicas me gusta porque me hace sentir más inteligente hacerme el que sé de lo que hablo, aunque en general más allá de mi curiosidad y algunas cosas que leo aquí y allá soy más bien como Tai en ese asunto xD Y bueno, gracias de nuevo por pasarte por aquí, y espero tu opinión sobre los demás capítulos :p

Sombra&Luz Sombra&Luz Uff, me haces sonrojar xD Jajaja, no es que tuviera en mente "Voy a hacer llorar a la gente con este final", pero la idea era que fuera algo más emocional, y no simplemente "Ja! Tengo un power up, soy mejor que tú, gané". El título siempre lo pienso después de que tengo escrito el cap, para ver qué lo resume mejor, y me gustó esa línea que puse de las estrellas, así que nada, quedó así xD Me alegra que te haya gustado tanto, que te gustara 21 Guns, y nada, espero que los capítulos que siguen no te decepcionen, aunque no puedo prometer hacerte llorar en cada uno de ellos xD

Bueno, la última vez no dejé notas al final del capítulo porque, además de que no le importan a nadie, no quería arruinar la atmósfera emocional del final del cap jajaja. Este cap lo traigo bastante rápido, menos de una semana después, porque es un capítulo muy directo, fácil de escribir. Es una frecuencia que no creo poder mantener ni mucho menos, pero bueno, creo que siempre es bienvenida una actualización rápida.

En esta ocasión, el tema de fondo para el cap es uno de mis favoritos de Aerosmith, y es un tema la verdad bastante desconocido. Imagínense que sólo encontré una versión subtitulada en español, pero tenía varios errores de traducción y un videoclip que si bien emociona no tiene mucho que ver con el capítulo, asi que pongo uno con la letra en inglés. El tema en cuestión es Fallen Angels, y está más relacionado con los sentimientos de un personaje durante la primera parte del cap.

¡Hora de leer!


Tras llorar toda su tristeza, Meramon aceptó ayudar a los Elegidos a reencontrarse con sus digimon. Les dijo que sabía dónde debían ir, pero que debían hacerlo la mañana siguiente. Puso total énfasis en que estaba a punto de anochecer, y que debían encontrar un refugio cuanto antes. Los Elegidos le pidieron alguna clase de explicación, pero el digimon les dijo que sólo podrían hablar una vez que encontrasen algún refugio.

Así que lo siguieron mientras se adentraba aún más en el bosque. Poco a poco el terreno dejó de ser tan plano, y comenzaron a encontrar irregularidades en la geografía. El terreno comenzó a elevarse lentamente, y Meramon confirmó que estaban entrando en una meseta. Poco tiempo después el cielo dejó de estar bañado en una luz anaranjada para comenzar a oscurecer.

—Demonios —maldijo Meramon, mirando nerviosamente en todas las direcciones —, estoy seguro que había una cueva por aquí.

—Por allí hay una cueva, la estoy viendo desde hace un rato —comentó con tranquilidad Tsukaimon, que estaba volando sobre las copas de los árboles y tenía una visión más amplia.

— ¿Por qué no lo dijiste antes? —Preguntó Kenshi, quien ya estaba cansado de caminar todo el día.

— ¡Nadie me dijo que estábamos buscando una cueva! Cuando dijeron refugio creí que se referían a una casa.

—Normalmente no tenemos esos lujos —dijo con amargura Joe.

—Y cuando encontramos alguna casa, suele ser una trampa —comentó Sora, recordando cuando Devimon los había atrapado en una mansión fantasma.

—Bueno, no hay tiempo que perder, vayamos —dijo Meramon, acelerando el paso.



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Con ayuda de ExVeemon, Meramon cortó algunos árboles y tiró los troncos sobre la entrada de la cueva. Lo hizo con suficiente cuidado como para que pareciera que habían sido arrancados por alguna tormenta, pero cubrían la pequeña entrada a la cueva desde casi todos los ángulos. Si bien la entrada era pequeña y los digimon adultos debían agacharse para pasar, por dentro el techo era lo suficientemente abovedado como para resultar cómodo. Los nueve elegidos y tres digimon tenían apenas el suficiente espacio como para recostarse sin estar sumamente incómodos.

Mientras Tsukaimon terminaba de recolectar comida para todos, Meramon recogió un puñado de ramas secas de los árboles y las llevó dentro. ExVeemon dio un poderoso golpe en el centro del suelo de la cueva, creando un hoyo donde las colocaron.

—Tsukaimon, utiliza tu fuego que no se extingue. Con suerte seguirá ardiendo toda la noche, aunque no haya más leña —pidió ExVeemon.

— ¿Por qué hicieron ese hoyo? —Preguntó Kari, mientras Tsukaimon lanzaba su fuego fatuo e iluminaba la cueva.

—Al estar un poco enterrado, el fuego también calienta el suelo. Será más cómodo para dormir —respondió Meramon.

—Pero ¿para qué queremos una fogata? —Preguntó Tai—. Ya recuperaste tu calor. Con que te quedes aquí dentro ya estaremos iluminados y calefaccionados.

—Les explicaré todo lo que sé, pero no puedo dormir aquí —respondió Meramon, mirando hacia la salida con cautela—. Como dices, mi cuerpo es una antorcha en la noche, y no puedo permitirme atraer a los oscuros.

— ¿Oscuros? —Preguntó Mimi—. ¿Qué es eso?

Meramon suspiró, sentándose junto a la fogata. El resto de los Elegidos lo imitó, sentándose en una ronda alrededor de la fogata, esperando la historia como si estuvieran en un campamento de verano.

—Antes de empezar, tienen que saber que nadie conoce todos los detalles de lo que sucedió. Todo fue muy rápido y no hubo tiempo para que comenzasen a circular rumores ni historias. Fue un golpe calculado, efectuado a la perfección. No tuvimos tiempo de defendernos ni de comenzar un contraataque. Y fueron muy pocos los digimon que sobrevivían una vez que los alcanzaban, así que tampoco es que tuviéramos forma de enterarnos qué era lo que se nos venía. Si sobreviví fue simplemente porque tenían otros planes para mí.

—Amigo, comienza a explicar porque no estoy entendiendo nada. Es mucha información sin contexto —dijo, con muy poco tacto, Tai.

Meramon continuó observando el crepitar de la llama de la fogata.

—Es difícil decir hace cuánto tiempo comenzó. Yo diría que unos quince años —empezó.

— ¿Quince años? —Preguntó Sora, sorprendida—. ¿Pero cómo…?

—Cuando restauramos el equilibrio, los tiempos del Digimundo volvieron a estar mucho más acelerados —respondió Izzy—. No sabría decirlo, pero quizás hayan pasado unos veinte o treinta años en este mundo desde que vinimos por última vez.

—Si no me equivoco, hace treinta y cuatro años que no se sabe nada de ustedes —comentó Meramon—. Como sea, dicen que todo empezó con una explosión en las praderas del norte. Digimon ubicados incluso a ciento cincuenta kilómetros sintieron el temblor o vieron la explosión en el horizonte. Dicen que allí fue donde comenzó todo. Como dije, fue muy confuso. Lo primero que supimos es que las regiones del norte dejaron de relacionarse con el resto del Digimundo de repente. Los vínculos económicos se rompieron, las caravanas semanales dejaron de volver. Algunos exploradores fueron enviados, pero ninguno regresó.

>>Seguramente haya habido digimon que sobrevivieron y lograron alertar a algunos poblados, pero la versión que todo el Digimundo conoce es que los Centarumon fueron quienes dieron la alarma. Ellos son los sacerdotes encargados de los templos y monasterios del Digimundo. Hace años, solía haber un gran templo por región, pero cuando ustedes llegaron nos dimos cuenta de que las antiguas profecías eran ciertas, no sólo unas historias religiosas. La religión se volvió mucho más importante en nuestras vidas, y la orden de Centarumon comenzó a expandirse, creando monasterios prácticamente en cada ciudad. Cuando nadie sabía aún qué era lo que estaba sucediendo, los Centarumon abandonaron sus monasterios y alertaron a la población. Nos dijeron que un antiguo mal había vuelto a nuestro mundo, un mal como ningún otro al que nos hubiéramos enfrentado.

>>Recuerdo cómo fue cuando el sacerdote de nuestra aldea dio el anuncio. Nosotros éramos un pequeño poblado que se había establecido en un cruce de caminos. Podría decirse que éramos un lugar de paso para los viajeros y comerciantes. Todos los pobladores y los viajeros nos reunimos cuando el sacerdote llegó y dio el anuncio. No es propio de los de su clase abandonar sus monasterios, por lo que sabíamos que era algo serio. Le preguntamos qué podíamos hacer. Nos dijo que nuestra única opción era huir y rezar.

>>Díganle destino o coincidencia, pero por aquellos días una compañía de guerreros se encontraba acampando en nuestra aldea. Su líder, un feroz Boltmon, nos dijo que no había nada de qué preocuparnos. Ellos se encargarían de defender nuestra aldea. Dijo que después de todo, era una aventura lo que buscaban. Centarumon trató de decirnos que debíamos huir a las montañas, pero no le hicimos caso. Además de Boltmon, se encontraban Cannondramon, Dorulumon, Raijinmon, Sakuyamon y Zanbamon. Estamos hablando de seis digimon guerreros nivel mega. Creímos que eso bastaría. Nunca nos imaginamos…

>>Durante tres días esperamos. Centarumon continuó advirtiéndonos, y muchos de nuestra aldea huyeron. Mi familia y yo nos quedamos. Todo lo que conocíamos era aquella aldea, era nuestro hogar. Mi hijo no quería escapar. ¿Y dónde podíamos estar más a salvo que junto a un grupo de guerreros de élite? Creí que estaba haciendo lo correcto.

>>Llegaron durante la tercera noche. Mi hijo, un Coronamon, me despertó. Lo primero que oí fue un gran movimiento. Cuando salí a la calle, todos los aldeanos estaban huyendo hacia las montañas. Boltmon se encontraba de pie en el techo del ayuntamiento, nos dijo que el enemigo se acercaba. Por nuestra seguridad, debíamos ocultarnos en el bosque, hasta que todo terminara. Le hicimos caso. Escapamos, creyendo que luego de que ellos vencieran nosotros podríamos volver.

>>Nunca vimos la batalla. La oímos. Incluso cuando estábamos a quinientos metros, a un kilómetro, oímos las explosiones. El cielo se iluminaba con sus ataques, el suelo temblaba con su poder. El caos duró casi cuarenta minutos, durante los cuales no dejamos de correr. En un momento escuchamos un ruido ensordecedor. Cuando levantamos la vista al cielo vimos dos figuras. Estaban demasiado alto y era de noche como para distinguir mucho, pero parecía que uno de los dos estaba empujando por el cielo al otro lo suficientemente rápido como para romper la barrera del sonido. Se detuvieron sobre nosotros, cientos de metros sobre nosotros. Un aldeano tuvo tanta mala suerte que murió cuando un hacha cayó justo donde estaba de pie. Era el hacha de Boltmon, y se convirtió en datos segundos después. Cuando levantamos de nuevo la vista, sólo una figura estaba allí, y parecía estar viéndonos.

>>En ese momento aparecieron los oscuros. Les juro que nunca había visto algo como eso. No sé qué es lo que son, no creo que sean digimon. Son un poco más pequeños que ustedes. Su cuerpo parece un humo negro como la más oscura noche. Pero sus ojos… Sus ojos son unos grandes orbes amarillos, que brillan como linternas en la oscuridad. No hay vida ni sentimiento detrás de esa mirada. Aparecieron de repente, como si estuvieran esperándonos en la sombra de los árboles, debajo de las rocas. Comenzaron a atacar sin que pudiéramos prepararnos. Pequeñas bolas de fuego. Una de ellas no podría matar a un digimon adulto, pero ellos eran una plaga, estaban por doquier. Te atacaban por todos lados, no había forma de evitar tantos golpes. Comenzamos a luchar contra ellos. Sus ataques sólo eran de fuego, así que no creí que no serían rivales para mí. Pero cada vez que eliminaba a uno, dos más aparecían en su lugar. Y también me di cuenta de que su fuego no era ordinario, cada bola que absorbía me dañaba un poco más por dentro. Pero debía ser fuerte, tenía que proteger a mi familia.

>>Pudimos resistir durante algunos minutos, pero pronto todo se volvió una carnicería. La mayoría comenzaba a caer tras recibir tantos ataques. También vi a varios de mis vecinos y compañeros ser rodeados por los oscuros, hasta desaparecer debajo de una montaña de esas criaturas. Le pedí a mi esposa que se alejara junto a Coronamon. Yo les haría ganar tiempo. Pero… pero…

Por primera vez desde que había comenzado su relato, Meramon se quebró. Comenzó a llorar desconsoladamente.

Todos los Elegidos estaban consternados. Temblaban, incluso con la fogata y el mismo Meramon haciendo de la cueva un ambiente agradable. Tsukaimon estaba acurrucado en los brazos de Kenshi, quien por su parte estaba feliz de tener algo para abrazar y sentirse un poco mejor. Mimi estaba abrazada al pecho de Izzy, quien la rodeaba con su brazo. Kari, por su parte, se encontraba en medio de Tai y TK, y mientras el primero la rodeaba con su brazo derecho por lo hombros, el segundo tenía entrelazados los dedos de sus manos. Sora, Matt y Joe estaban sentados, de brazos cruzados o abrazando sus rodillas contra su pecho. Nadie dijo nada, y todo lo que se oía en la cueva era el lamento de Meramon.

Varios minutos más tarde, que se sintieron como horas, Meramon finalmente logró calmarse lo suficiente como para continuar su relato, aunque en ningún momento dejó de llorar.

—No lo vi. Debería haberlo visto, debería haberlo evitado, pero no lo hice. Sólo escuché un grito, y cuando me volteé… Cuando me volteé, mi esposa ya no estaba. Sólo mi niño, de rodillas en el suelo, asustado. Le grité. Le dije que corriera. Traté de acercarme, pero los dos estábamos rodeados. Los oscuros se colgaban de mí, trepaban por mis piernas y brazos, y no me dejaban mover. Comenzaron a atacar a mi hijo. Él heredó mi habilidad de piroquinesis. Podía absorber el fuego. Pero es una habilidad muy compleja y peligrosa. El fuego, por naturaleza, es indomable, destructivo. Es necesario conocer los propios límites, saber hasta dónde almacenar sus llamas y cuándo liberarlas. Mi hijo luchó. Absorbía las llamas y las devolvía, acabando con los que lo atacaban. Pero eran… eran demasiados. Lo rodearon y atacaron todos juntos. No le dieron tiempo, no podía liberar tanto fuego. ¿Cómo podría? Sólo era un niño. Yo grité su nombre. Grité, le pedí que escapara. Le pedí que atacara, que liberase la presión del fuego. Pero él estaba asustado… Estaba aterrado… ¡Y ellos no dejaban de atacarlo! —Gritó, mientras miraba las temblorosas palmas de sus manos—. ¡Todo su cuerpo brillaba, mientras continuaba absorbiendo el fuego! ¡Le pedí que hiciera algo, que atacase al cielo si debía! ¡Pero no dejaban de atacarlo! ¡No dejaban de alimentarlo!

El cuerpo de Meramon comenzó a emanar cada vez más calor. Los Elegidos tuvieron que retroceder un poco para que la sensación no fuera tan fuerte en sus rostros.

— ¡Y me miró! —Continuó, mientras sus lágrimas se evaporaban, dejando una pequeña estela de vapor de agua que salía de sus ojos y ascendía al cielo—. ¡Me miró con terror! ¡Nuestras miradas se encontraron, y me pidió que lo ayude! ¡Y yo estaba allí atrapado, sin poder hacer nada, mientras esos demonios continuaron atacándolo! ¡Lo atacaron hasta que su cuerpo no pudo más! ¡VI A MI HIJO ESTALLAR FRENTE A MIS OJOS!

En aquel momento el cuerpo de Meramon generó una llama que llegó hasta el techo de la cueva. Veemon digievolucionó a ExVeemon en un instante y se colocó frente a los Elegidos, extendiendo sus alas para que ellas y su propia espalda recibieran todo el golpe de calor. Vieron en el rostro del Guardián que aquello era en verdad doloroso, pero afortunadamente no duró demasiado. La llama se redujo nuevamente, y el ambiente de la cueva refrescó de inmediato. Meramon miraba sus puños cerrados, mientras continuaba llorando.

—En ese momento supe que lo había perdido todo. Todo lo que amaba se había esfumado, había desaparecido frente a mis ojos. En un arrebato de ira liberé todo el fuego que tenía acumulado. El de los ataques recibidos y también de mi propia energía vital. Un anillo expansivo de fuego, como nunca antes había logrado. Acabé con todo a mi alrededor. Oscuros, árboles, y también los pobres compañeros que aún luchaban a mi lado. Quedé de pie en un gigantesco círculo de cenizas y vegetación muerta. Ese ataque drenó mi energía. Ni siquiera sentí cuando alguien se paró detrás mío, ni me dolió cuando atravesó mi pecho con una espada.

>>Creí que moriría finalmente. Deseaba morir. No quería seguir vivo. Pero cuando estaba a punto de desvanecerme, una voz me habló. Fue una voz distinta a todas las que escuché en mi vida. No parecía provenir de ningún sitio, y no la escuchaba por mis oídos. Era como si hablara directamente a mi mente.

<<Lo has perdido todo>>, me dijo. <<No pudiste salvar lo que más querías. No tuviste las fuerzas necesarias para hacerlo.>>

>>No sabía qué decir. No podía siquiera pensar. Pero de alguna forma debía ser capaz de leer mis sentimientos, porque todo lo que dijo dio en el clavo: <<Trataste de proteger a tu aldea, a tu familia, pero no pudiste. ¿Y por qué deberías de poder? No era tu deber hacerlo. El Digimundo tiene sus propios protectores, los Niños Elegidos. ¿Dónde están ahora? ¿Por qué no acudieron a tu aldea? ¿Por qué hace tantos años que nadie sabe nada de ellos? Ellos son los culpables de esto. Creíste en ellos todo este tiempo, creíste que eran los salvadores que narran las historias. Pusiste tu fe en ellos, ¿y cómo te pagaron? Te abandonaron, no les importó tu aldea, ni tu esposa, ni tu hijo. Ellos deben pagar. Tú debes hacerlos pagar, causarles el mismo sufrimiento que ellos te causaron a ti>>.

>>Comencé a sentir que algo me inundaba por dentro. Era una sensación fría que comenzó a recorrer mis venas, extendiéndose por todo mi ser, y comencé a sentirme más poderoso. Eso era lo que me mantenía vivo, lo que evitaba que muriera. Y también nublaba mis sentidos. Ya no sentía ira, ni pena, ni dolor. Lo único que sentía era odio y venganza.

<<Yo te daré el poder que necesitas para vengarte. Mis heraldos se encargarán de acabar con todos los digimon poderosos que aún quedan vivos, como esa estúpida banda de mercenarios. Elige un territorio, hazlo tuyo, y expande la destrucción en él. Causa suficiente alboroto como para atraer a los Elegidos. Y cuando te los encuentres, hazles sentir el dolor que te causaron>>.

>>Eso es lo último que recuerdo con claridad. Desde entonces fui SkullMeramon, y mi único propósito en la vida era acabar con aldeas, generar el suficiente caos para que ustedes llegaran. Sólo podía pensar en eso, era todo lo que me importaba. Hasta esta tarde. Ustedes expulsaron esa energía que me había consumido, que me había nublado el juicio. Ahora veo todo con claridad, sé que no fue culpa de ustedes, y lo único que pienso es que debería haber muerto aquella noche. Esa, Elegidos, es mi historia.

El crepitar de las llamas quebrando las pequeñas ramas resonaba en aquella caja acústica que era la cueva. Cada pequeña chispa se oía a la perfección, junto con el viento que movía las copas de los árboles. Todos estaban en silencio, mirando hacia el suelo.

—Lo sentimos —dijo Sora, con su voz apenas audible.

—Si tan sólo hubiésemos podido regresar antes, podríamos haber hecho algo al respecto —se lamentó Mimi.

—Ya no importa —dijo Meramon, un poco más tranquilo—. Lo que me sucedió a mí es lo que sucedió en todo el Digimundo. Fue una invasión a gran escala. Cuando estaba bajo el control de esa extraña fuerza, nunca cuestioné ni hice preguntas, pero me enteré de cosas. Sé que un grupo especial de digimon recorrió todo el continente en busca de digimon que pudieran convertirse en potenciales amenazas. Los digimon más poderosos suelen ser solitarios, viven por su cuenta, no están atados a ciudades o grupos particularmente grandes. Los rastrearon y eliminaron de inmediato, antes de que pudieran organizarse y presentarse como una verdadera amenaza para sus planes. Por eso mi aldea fue una de las primeras en caer, porque seis de los digimon más poderosos estaban reunidos allí.

— ¿Estás diciendo que acabaron con todos los digimon mega del Digimundo? —Preguntó Matt, estupefacto.

—No creo que hayan acabado con todos. Hay muchos que son demasiado escurridizos como para ser encontrados, y otros legendarios guerreros que llevan siglos sin darse a conocer. No, algunos deben haber sobrevivido. Pero podemos decir que prácticamente acabaron con los digimon mega y perfeccionados. Hoy en día sólo quedan digimon adultos y en etapa de entrenamiento. Y ese fue su mayor error.

— ¿A qué te refieres? —Preguntó Izzy.

—En su arrogancia, dejaron escapar a muchísimos digimon adultos, concentrándose en evitar que los más poderosos se organizaran. Pero hubo un reino que resistió las primeras oleadas de los oscuros. La noticia de que existía un lugar seguro se expandió por todo el Digimundo rápidamente, y allí fueron a parar todos los refugiados. Cada nuevo digimon que llegaba al reino se convertía en una nueva mano de obra para ayudar con las fortificaciones y la recolección de recursos, o en un nuevo soldado para un ejército organizado y preparado. Para cuando los generales de los oscuros se dieron cuenta, la Resistencia había nacido.

—Yo los hubiera llamado “Los Rebeldes” —dijo Tai, extendiendo su mano en el aire, como vislumbrando un título de película—. “La Resistencia” suena muy cliché.

—Tienes razón, ninguna exitosa franquicia de guerras galácticas ha tenido nunca una fracción llamada “la Alianza Rebelde”. Tu idea es mucho más original.

—Cállate, Matt.

— ¿Así que hay una ciudad que aún sigue de pie? —Preguntó Mimi.

—Es el único bastión seguro que queda en el Digimundo —confirmó Meramon—. Ha estado en constante guerra durante los últimos quince años, pero ha sabido mantenerse. Desde hace mucho tiempo, los digimon que sobrevivieron a la primera ola de invasiones saben que sólo tienen dos opciones: vivir como nómadas, vagando de tierra en tierra con la esperanza de permanecer bajo el radar, o unirse a la Resistencia y luchar. Si sus digimon siguen vivos, estarán allí.

— ¿Cómo que si siguen vivos? —Preguntó Kari alarmada—. ¿Estás diciendo que puede que no lo estén?

—Kari, nuestros amigos están bien —le aseguró Joe, tratando de calmarla.

—Las antiguas profecías hablan de los Elegidos y sus compañeros digimon. Estoy seguro de que están a salvo —la tranquilizó Veemon.

— ¿Y dónde está ese reino? ¿Está muy lejos de aquí? —Preguntó Sora.

Meramon negó con la cabeza.

—Yendo a pie durante el día y ocultándonos durante la noche, nos llevará unos tres días llegar allí. Debemos partir al amanecer. Será mejor que descansen, nos espera un largo día mañana.



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Incluso para alguien con sueño extremadamente pesado, dormir sobre algunas hojas en el suelo de una cueva implica una incomodidad que perturba el descanso. Fue por eso que Tai se despertó cuando escuchó un ruido extraño. Se sentó, sintiendo sus articulaciones entumecidas. La llama de Tsukaimon continuaba ardiendo tenuemente en el hoyo, lo cual le permitía aunque sea distinguir las paredes de la cueva, pues por la entrada apenas si entraba un poco de luz de luna.

Frotó sus ojos y trató de ver a su alrededor. El resto de sus amigos estaban durmiendo, aunque aún estaba demasiado dormido como para revisar uno por uno. Volvió a escuchar un ruido, esta vez fuera de la cueva, como unas ramas quebrándose. Con cuidado, tomó la rodela, que no muy inteligentemente había tratado de utilizar como almohada. Sólo daría un vistazo. No valía la pena despertar a Veemon; el guardián se había ganado una noche de sueño tranquilo. Con el escudo atado en su brazo izquierdo, avanzó hacia la entrada y sorteó los troncos que Meramon había colocado como barricada. Justo cuando salía vio una figura doblar junto a un árbol y alejarse un poco más.

Tai es escondió rápidamente detrás de un tronco, para que nadie lo viera mientras decidía qué hacer. ¿Despertaba o no a Veemon? Quizás era un oscuro, o algo peor. Lo mejor sería llevar consigo al único digimon que tenían para protegerse. Al menos que encontrara a Meramon, quien había decidido que debía dormir en algún otro lugar. Escuchó un nuevo ruido, esta vez un poco más lejano. Siempre temerario e impulsivo, decidió que lo mejor sería echar un vistazo. Tratar de ver qué era, y en el caso de que fuera algún enemigo o algo peligroso, pues volvería y alertaría a Veemon.

Avanzó con cuidado, tratando de no pisar ninguna hoja ni ninguna rama seca. Miraba hacia todas las direcciones, deseando tener un par de espejos retrovisores para no lastimar tanto su cuello. Sentía su pulso acelerar con cada paso que daba, pero continuó avanzando hasta que llegó a un pequeño claro en el bosque. Con cuidado asomó su cabeza, y de inmediato reconoció una figura sentada sobre un gran tronco que había caído formando un maravilloso banco natural.

Suspiró de alivio y se recostó contra el árbol más cercano, mucho más tranquilo ahora que sabía que sólo era Kenshi.

— ¿Todo en orden? —Le preguntó, mientras se acercaba a él.

Kenshi volteó de inmediato, sorprendido y un poco asustado. También se relajó al ver que se trataba de Tai, y volvió a sentarse con las piernas cruzadas, mirando el pasto. Tai notó que no respondió su pregunta. Se sentó junto a él, tratando de mantener cierta distancia para no incomodarlo.

Lo cierto es que aún no terminaba de descifrarlo del todo. Parecía un buen chico, pero no hablaba mucho y se notaba a leguas que era extremadamente tímido, mostrándose muy nervioso cuando estaba con ellos. Sabía que en la escuela era una especie de paria social, y eso debía de estar íntimamente relacionado con su forma de ser. Lo que le interesaba saber era cuál de las dos había provocado la otra.

— ¿Tuviste alguna pesadilla? —Le preguntó, tratando de romper el hielo.

Kenshi siguió sin responder.

—Sabes, no hay nada malo con tener malos sueños de vez en cuando. Yo también he tenido sueños que me han despertado en medio de la noche. Como una vez que soñé con…

—No tuve una pesadilla —lo interrumpió, desviando la mirada hacia otro lado—. No pude dormir.

— ¿No dormiste nada?

—No.

— ¿Ni un poquito?

—No.

Tai levantó la vista hacia el cielo. Todo estaba increíblemente oscuro, pero quizás se podía ver algún estibo por el horizonte de que amanecería pronto. ¿Había pasado todas esas horas despierto?

— ¿Hay algún problema? ¿Pasó algo? —Le preguntó, un poco más preocupado ahora.

Quizás fue el tono de preocupación, o la persistencia, pero Kenshi finalmente suspiró, abrazó sus rodillas contra su pecho y comenzó a hablar, sin mirarlo.

—Tengo miedo —confesó en voz baja—. Todo esto es… es… es una locura. Cuando conocí a Tsukaimon y comenzaron a contarme sus historias me entusiasmé, creí que sería algo divertido, que la pasaría mucho mejor que en la escuela o en el departamento de mi madre. Me imaginé algunas cosas, pero no tenía idea de todo lo que esto significa. ¿Caminar todo el día por un bosque? Sí, ¿por qué no? ¿Dormir en una cueva? Es como un campamento. Pero, ¿todo lo que nos dijo Meramon? ¿Saber que tanta gente murió y que depende de mí… bueno, de nosotros salvarlos? ¿La batalla de ayer, con Veemon luchando casi hasta la muerte? No sé si estoy preparado para eso.

Tai notó que Kenshi parpadeaba rápidamente, y se pregunto si estaría tratando de no llorar.

—No quería despertarte —dijo el noveno elegido tras unos momentos—. Vine aquí para no molestarlos. Porque lo peor de todo esto es que tengo trece años, y ustedes vivieron todo esto cuando tenían once, y seguramente no se quejaban como unos niños, ni tenían miedo como yo.

Tai sorprendió al chico cuando rodeó sus hombros con un brazo.

—Kenshi, no hay nada de malo en tener miedo. Es cierto que la mayoría de nosotros no tuvo miedo cuando llegamos por primera vez aquí. ¿Sabes quién tuvo miedo? —Le preguntó, con una sonrisa.

— ¿TK? —Preguntó Kenshi.

—Bueno, él tenía ocho años, no creo que podamos culparlo. Me refería a Joe. El Superior Joe. ¿Y sabés por qué era él el único que tenía miedo? Porque era el más maduro y entendía cosas que nosotros no. Pero eso fue sólo en el inicio. Después todos comenzamos a sentir miedo. Y ahora que tengo dieciséis años tengo mucho más miedo que cuando vine por primera vez.

Kenshi hizo una mueca y se movió un poco incómodo bajo el brazo de Tai.

—Sólo dices eso para que me sienta mejor, ¿no?

— ¡Por supuesto que no! ¡Palabra de explorador! —Dijo, mientras realizaba un gesto con sus manos que delataba que jamás en su vida había estado ni siquiera cerca de un verdadero niño explorador— Mira, sabes que soy el Elegido del Valor, ¿verdad? ¿Quieres que te cuente cómo fue que activé mi emblema?

Kenshi finalmente volteó a mirarlo, interesado.

—Estábamos escapando de Etemon, ese mono rockero del que te contamos. Y otro digimon llamado Datamon secuestró a Sora y la llevó a una especie de laboratorio secreto que tenía en una pirámide. No te das una idea de lo asustado que yo estaba en ese momento. Sora es… es mi mejor amiga. Desde siempre. La aprecio muchísimo. Temía que le hicieran algo, que no pudiera volver a verla. Jamás en mi vida estuve tan asustado como aquel día. Y en un momento había frente a mí una barrera. Era una especie de reja de láseres destructores que me matarían con el contacto. Y en algún punto, esa barrera tenía un pequeño lugar por el que podría pasar y salir ileso. Pero no tenía forma alguna de saber dónde se encontraba.

— ¿Y qué hiciste?

—Al principio estaba paralizado. No sabía qué hacer. Pero finalmente me lancé, y pude pasar y rescatar a Sora.

Tai se perdió en sus recuerdos tras contar ese episodio, recordando todo lo que pasó por su mente en aquel momento.

—Eso sólo prueba que eres valiente —dijo Kenshi tras reflexionar acerca de la historia—. Arriesgaste tu vida para salvar a Sora. No entiendo cómo eso debería ayudarme.

—No, no entendiste, o quizás no lo expliqué bien —le contestó Tai—. El emblema no se activó sólo porque tuve un momento de coraje. El verdadero Valor fue que lo hice aún cuando estaba muerto de miedo. O sea, del tipo “mis piernas tiemblan como gelatina”, ¿entiendes? Es normal tener miedos, es saludable sentirlos. Lo único que importa es si estás dispuesto a enfrentarte a ellos y superarlos.

El Elegido del Valor se puso de pie frente a Kenshi.

—Así que no te sientas mal, amigo. Es mucha información para digerir en un día, y ciertamente has vivido cosas mucho más graves y serias que las que nosotros nos enfrentamos al principio. Y espero que la próxima vez que te sientas así me despiertes a mí o a cualquiera de los chicos para hablar. Porque somos un equipo.

Extendió su brazo derecho con una sonrisa. Kenshi lo observó durante unos segundos y terminó sonriendo también. Tomó la mano de Tai y dejó que lo ayudase a levantar.

—Gracias —le dijo.

—No hay de…

No pudo terminar de hablar, porque Meramon apareció cerca de ellos. Mejor dicho: aterrizó cerca a ellos tras atravesar una hilera de árboles. Sin siquiera darles tiempo a terminar de sorprenderse, un digimon adulto de unos tres metros apareció rugiendo. Podría haber pasado por un gorila albino gigante de no ser por la mirada determinada en sus ojos. Eso y el hecho de que su mano derecha era un cañón de plasma.

—Ellos enviaron a Gorillamon —dijo, dando un golpe en su pecho al decir su nombre—. Les fallaste. Ayudaste a los Elegidos. Por eso Gorillamon tiene que destruirte.

Ignorando por completo la presencia de los dos Elegidos, disparó con su cañón directamente hacia Meramon. Este último elevó sus dos brazos y creó una columna de fuego frente a él, pero el ataque de Gorillamon atravesó con facilidad aquella barrera e impactó nuevamente en el digimon de fuego. Esta vez Meramon permaneció mucho más tiempo en el suelo, luchando por levantarse.

—Gorillamon es un digimon fiel —dijo, volviendo a golpearse en el pecho con su brazo izquierdo—. Gorillamon no falla al régimen. Extermina a los insurgentes.

Levantó el cañón nuevamente, preparando un golpe mortal. Tai y Kenshi observaron toda la secuencia aún demasiado impactados como para reaccionar, pero al ver que la vida de Meramon estaba potencialmente en peligro, Tai supo que debía hacer algo. Recordando que Matt lo había llamado Capitán América, desanudó rápidamente la rodela de su brazo izquierdo.

— ¡Hey, Donkey Kong! ¡Por aquí! —Gritó, mientras daba una vuelta para ganar impulso y luego lanzaba aquel pesado escudo con todas sus fuerzas.

A decir verdad, el Capitán América habría estado orgulloso de aquel lanzamiento, ya que el disco de madera y acero voló directamente hasta estrellarse en el parietal derecho de Gorillamon. Sin embargo, el digimon pareció voltear más por el alboroto y los gritos que por haber sentido dolor, ya que la rodela rebotó sin moverlo ni un centímetro.

— ¿Quién interrumpe a Gorillamon? —Gritó el digimon, golpeando una vez más su pecho.

— ¡Somos los Nilños Elegidos! —Gritó Tai con todas sus fuerzas, con la esperanza de que los escuchasen desde la cueva—. ¡Y tu fea cara nos molesta increíblemente!

Gorillamon golpeó con ambos brazos el suelo, antes de tomar de nuevo la rodela y lanzársela a Tai. Los dos elegidos se agacharon, aunque el disparo pasó bastante por encima de ellos.

— ¡¿Eso es lo mejor que puedes hacer?! —Le gritó Tai, mientras volteaba y comenzaba a correr en dirección hacia la cueva; todo lo que quería era distraerlo para darle tiempo a Meramon de recuperarse—. ¡No sabía que aceptaban idiotas para este tipo de trabajos!

Gorillamon rugió y disparó con su cañón. Afortunadamente, Tai saltó hacia un costado, evitando por muy poco el ataque.

— ¡Mi abuela tiene más puntería que tú! —Se burló, tirándose al suelo para evitar un nuevo disparo. Con todo aquel ruido estaba seguro de que Veemon debería llegar en cualquier momento.

Pero entonces se dio cuenta de un detalle. Kenshi seguía de pie en el mismo lugar. El chico estaba petrificado, parado a diez metros de un gorila gigante armado con un cañón en su brazo derecho. Gorillamon también se percató de aquel detalle.

— ¡Kenshi, corre! —Le gritó, pero sus gritos parecían no afectarle.

— ¡Gorillamon acabará con los Elegidos! ¡Muerte a todos!

Volvió a disparar, y esta vez la puntería era perfecta. Kenshi observó con terror el disparo de energía dirigirse hacia él. Escuchó los gritos de Tai, y le pareció oír a Veemon digievolucionando. Cerró los ojos segundos antes de que aquel ataque acabara con su vida. Oyó el impacto, sintió la tierra vibrar con el sonido y la onda de choque, pero nada más. Tras unos segundos en los que su cerebro llegó a la conclusión de que no estaba muerto, abrió los ojos. Meramon se encontraba de pie frente a él, con sus brazos extendidos para cubrirlo por completo. Las rodillas del digimon de fuego se doblaron y este cayó al suelo. Segundos más tarde, todo su cuerpo estalló en datos.

Kenshi quedó allí de pie, mientras Tai gritaba el nombre del digimon que acababa de morir frente a sus ojos, y ExVeemon aparecía para golpear a Gorillamon y alejarlo del sitio. Miró sus propias manos, temblorosas. Sentía el sudor resbalar por su frente y su corazón amenazando con salir de su pecho.

—Kenshi, ¿estás bien?

Matt estaba a su lado, sacudiéndolo suavemente por los hombros.

—Meramon… Murió —musitó, aún asombrado.

—Escucha, debemos irnos. Es peligroso estar tan cerca ExVeemon y ese otro digimon mientras luchan.

—Murió para salvarme…

— ¡Kenshi, vámonos antes de quedar en el fuego cruzado!

No fueron los gritos de Matt, ni el hecho de que lo sacudiera más fuertemente por los hombros, ni siquiera una explosión a su lado lo que devolvió a Kenshi a la realidad. Lo que lo hizo reaccionar fue cuando, a su lado, aterrizó el digimon más feo y aterrador que había visto en su vida.






Bueno, espero que les haya gustado. Como ven, no sucede demasiado en este capítulo, y espero que no se les haya hecho aburrido o demasiado largo. Pero espero que concuerden conmigo en que en algún momento había que explicar qué es lo que sucedió en el Digimundo. Y preferí ralentizar (porque es mucha información que no tenía sentido fragmentar) la trama ahora antes que en los capítulos que vienen, donde la acción irá, espero, in crescendo.
Espero sus comentarios y opiniones. Me motiva cuando leo lo que opinan, incluso si no opinan favorablemente, eso me motiva a superarme xD

¡Muchas gracias!
 
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Ooooooooooooooooooooooooooooooh, me morí. ¿Cómo me pones Aerosmith? Peor aún, ¿cómo me pones Fallen Angels? Siento como si estuvieras utilizando un truco sutil y efectivo para que te adore todavía más y sin darme cuenta (?). Además, la canción es perfecta para el principio del capítulo -es perfecta, sin más-.

Por favor, pobre Meramon. Qué historia tan triste y qué manera tan profunda de contarla. Esta vez no he llorado, lo juro jajaja. Aunque estoy segura de que me harás llorar en más de una ocasión, y esto es algo de lo que estoy completamente segura desde que leí el capítulo pasado y vi por dónde iban los tiros. ¡Qué susto me diste! Cuando Kenshi pensó que estaba muerto yo también me lo creí y me detuve a releer antes de avanzar y ver que estaba vivo. Así que te puedes imaginar mi cara en ese momento -si supieras qué cara tengo, claro :57:- y qué alivio cuando vi que no estaba muerto. Y qué pena, de nuevo, cuando descubrí que Meramon sí lo estaba :94:. Me pregunto ahora qué digimon es el que se colocó al lado de Kenshi. Por cierto, ¡pobre muchacho! Qué manera de entender a los personajes, pocas personas son capaces de comprender el por qué de los comportamientos humanos como lo estás haciendo tú. Por eso te adoro un poco mucho más. Si te sonrojo otra vez con este comentario me puedo dar por satisfecha :Aja:.

¿Decepcionarme? ¿Tú? Iluso xD. Ah, nada de aburrido ni pesado el capítulo. Al contrario, lo encontré muy interesante y necesario. Me resulta muy curiosa la historia de Meramon, el tema de los oscuros, todo lo que ha pasado en el Mundo Digital... ¿El transcurso del tiempo volvió a cambiar? Madre, ¿de dónde salen los oscuros? ¿Cómo lo han hecho hasta ahora "Los Rebeldes" -Tai, te amo- para resistir? ¿Cuántos integrantes lo forman? ¿No quedan casi digimons megas? Tengo muchas preguntas y será mejor que me vaya callando y me las guarde para mí xD. Muchas gracias :)
 
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