Fanfic Una nueva Era [Capítulo 11] (19-7)

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Jaja finalmente, ya lei los caps 4 y 5. Lo tragico es que en 2 mas me pongo al dia, y tendre que esperar cada vez que quiera leer O.o creo que estos han sido los dos capitulos que mas me han gustado hasta ahora, lo que puede ser porque el fic mejora cada vez mas.

En el capitulo 4 se puede ver de inicio los miedos e inseguridades de Kenshi, asi como su soledad, que aunque no se profundiza puede que se deba a una vida familiar muy disfuncional. El cuervo siempre aparece, como un simbolo del peligro, es muy Poeish xD la escena de los dos chicos golpeandolo fue bastante fuerte, y lo que vino despues me tomo desprevenido... se viene un triangulo Tk, Kari, Kenshi? Jaja eso pareciera. Se veia venir que seria un elegido, aunque igual fue genial la forma en que se dio cuenta. Luego se ve el otro lado de este personaje, que es protagonista absoluto del capitulo. El Kenshi que disfruta de la compania de amigos que nunca creyo tener, y que esta dispuesto a arriesgar su vida para mantener ese simple placer. Termina bien, con misterio.

Y de nuevo, el segundo capitulo de los dos que lei fue frenetico y super cargado de cosas xD La aparicion del digiegg fue sin duda mucho mejor que en 02, y ese veemon como guardian esta genial, igual que en la version anterior de este fic ^^ aunque si hay 8 digihuevos, me pregunto quienes seran los digimons que estaran dentro, ya que veemon tiene dos digihuevos, y patamon y gatomon uno cada uno xD toda la batalla estuvo muy bien relatada, y se sintio fluida. Ya el cuervo se quito la mascara, al menos parcialmente, y Exveemon se robo el show xD Me gustan esos mensajes anonimos que llegan de pronto a traves de los digivices, tienen potencial para algo muy cool... espero verlos en el digimundo. Siempre aunque me gusta el realismo y la cercania de los elegidos y los digimons en nuestro mundo, es realmente en el digimundo donde mas disfruto sus aventuras, porque su maleabilidad da para lo que uno quiera crear.

Hasta la proxima amigo ^^ ya creo que te alcanzare en una mas xD
 

Arki

Adolescente idiota y rencoroso
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Sombra&Luz Sombra&Luz Jojo, increíble que encuentre a alguien más que le guste Fallen Angels xD Creí que yo era el único rarito que le encantaba ese tema. No es que busque hacer llorar, sólo transmitir emociones. Y si esa emoción es tan fuerte como para hacerte llorar, pues bueno, significa que lo haré bien eventualmente xD Pero bueno, creo que sí habrá varios momentos de tristeza en el fic, porque soy un puto sádico que le encanta hacer sufrir a sus personajes. Y así me gusta que estés, sabiendo que Kenshi o cualquier otro personaje puede morir en cada momento. Así que nunca bajes la guardia, porque cuando menos te lo esperes ¡BUM! >.>

Gracias por lo de comprender el comportamiento humano, pero no me considero bastante bueno en eso. Es uno de los puntos que más me cuestan, y siempre se me termina escapando alguna situación en la que no los termino de manejar bien. Pero estoy haciendo lo posible por corregir eso, y creo que hasta ahora vengo siendo más o menos congruente con cada uno de los Elegidos xD Contestando algunas de las preguntas que pusiste: Sí, el transcurso del tiempo volvió a cambiar, o por lo menos así era hasta que llegaron los Elegidos al Digimundo, tendremos que esperar para ver si sigue así o no. ¿De dónde salen los oscuros? Habrá que esperar para eso. ¿Cómo ha sobrevivido la Resistencia? En los dos caps que siguen se tratará el tema. "¿No quedan casi digimon mega?", como dijo Meramon, es probable que algunos hayan sobrevivido. Ciertamente sólo son individuos y excepciones, por lo que en términos prácticos podría decirse que acabaron con la gran mayoría, y encontrarse con uno sería como encontrarse con un pokemon legendario en las calles de Kanto.

Gracias a ti por seguir leyendo :D

B Belerofonte Amigo, gracias por continuar pasándote, ja. Y bueno, supongo que con esta actualización quedarás solamente uno por detrás, así que tendré que apurarme y acelerar los tiempos de escritura para no hacerte esperar tanto jajaja. Los problemas de Kenshi los iré trabajando de a poco. Una cosa que realmente quiero experimentar con él es ir revelando personajes a través de lo que hacen, dicen y piensan, y no a través de una exposición del narrador. Podría escribir "Kenshi se sentó mirando la ventana a través de su habitación, y recordó todo lo malo que le pasó en la vida" y empezar a poner flashbacks, pero estoy tratando de llevarlo de a poco y dejar que ustedes, los lectores, vayan atando los cabos =P

Sabes que me encanta el cuervo, seguramente lo recuerdas de la versión anterior xD Lo del triángulo se confirmará sólo con el pasar de los capítulos, supongo. Y sí, me gustan los cambios de ritmo xD Para no aburrirme al escribir y dejarles a ustedes tener descansos entre los picos de tensión y los momentos calmos =P Lo de los guardianes de cada uno de los distintos digi-eggs lo estoy trabajando todavía, para ser sincero xD Pero sólo me faltan dos puestos por ocupar, los otros cinco ya están totalmente definidos xD y bueno, ya empieza la acción en el Digimundo, espero no decepcionarte con los capítulos que siguen. Gracias de nuevo por seguir por aquí!

<Andrea> <Andrea> Hola! Me alegro que te haya gustado el primer capítulo. Espero que los siguientes sigan siendo de tu agrado :D




Buenas, buenas. Uff, tardé dos semanas en actualizar. La verdad no es tanto (no quiero escuchar una puta queja :44:), pero bueno, de todas formas en lo posible trataré de no pasarme de esto. La facultad consume mucho tiempo, arquitectura especialmente [Ahora saben por qué soy el "Arki", ¿no? :15:].
Antes que nada, una cosa sobre el capítulo anterior. Sobre la muerte de Meramon, ¿fue demasiado precipitada? O sea, como que recibió el impacto y murió. La idea mía era no meterme en el drama cliché de caer y en su último aliento revelar un pedazo de información a lo Yoda o dar un consejo moralista como el Tío Ben de Spiderman. Quería mostrar la cruda realidad de un conflicto: un segundo estás y al otro no. Pero después, releyéndolo, me pregunté si no fue demasiado apresurado. Díganme que opinan al respecto.

Ahora sí. Este capítulo es bastante importante, creo yo. Me gustó escribirlo, aunque también me fue muy complicado. Estuve eliminando muchísimas escenas que me gustaban, pero que al final sólo era exposición barata que no hacía avanzar la historia. Y el capítulo de por sí ya era largo. Espero que les guste el resultado final.

Sobre la canción... Bueno, en esta oportunidad es un poco más complicado. Hay algunos temas que la letra tiene que ver con lo que pasa en el capítulo. Por ejemplo, consideré incluir como bonus tracks a Welcome o Two Words, los dos de Phill Collins (el primero lo escribió para Tierra de Osos y el segundo para Tarzán), pero no son exactamente lo que quería transmitir. En principio no quería compartirles el tema con el que escribí el capítulo, pero decidí hacerlo. Se trata de una obra maestra de John Williams y que, si no los hace llorar al escucharlo, es porque tuvieron una infancia de mierda, perdonen que se los diga xD Se trata del legendario soundtrack Welcome to Jurassic Park. Yo me imagino lo que escribo muy visualmente, como si viera una película, y varias de las revelaciones (cuando aparece un personaje, varios personajes o algún territorio en particular) las escribí cuando suenan las trompetas de esa canción, imaginándome la secuencia cinematográfica xD Además tiene un cambio de ritmo que viene bien con lo que pasa en el cap. El problema es que si escuchan el tema mientras leen, por obvias cuestiones no van a coincidir los momentos musicales con las partes en las que están leyendo. Pero bueno, cuando terminen de leer el cap ponganle play, emociónense e imagínense de nuevo las escenas con la música de John Williams de fondo xD












Izzy vio a Matt acercarse corriendo hacia Kenshi para tratar de hacerlo mover, alejarlo del campo de batalla. Y es que si bien ExVeemon era sumamente poderoso y estaba haciéndole una increíble batalla al gorila albino, este último tenía una potencia física realmente envidiable. Mientras Matt continuaba tratando de hacer reaccionar a Kenshi, a Izzy le pareció escuchar un ruido familiar.

Recordó de pronto cuando vivía con sus padres en una pequeña casa, cuando él era un infante, antes de mudarse a uno de los departamentos del centro de la ciudad. Tenía en su mente la memoria de estar jugando con sus bloques de Lego —armando unas increíbles estructuras con columnas y arcos de medio punto— en la sala de estar, junto a la ventana que daba a la calle. Montones de autos pasaban por allí, de todas las marcas y modelos. Era parte de la vida diaria convivir con el ruido de los motores. Un zumbido constante y molesto que trataban de ignorar. Y sin embargo, Izzy tenía el vivo recuerdo de detenerse a mitad de su construcción al escuchar un sonido especial. Se levantaba y corría hacia la ventana, apoyando sus manos y su rostro en el cristal, para segundos más tarde descubrir el auto de su padre doblando en la esquina. Era un sonido tan especial para él, el motor del auto de su padre, que incluso entre todo el ruido conseguía identificarlo.

Y en ese momento sucedió algo muy parecido. Incluso entre las explosiones producidas por los ataques de los digimon, escuchó un sonido que lo hizo levantar la vista hacia el cielo. Y al igual que con su padre, supo lo que llegaba segundos antes de que sucediera.

El pobre Kenshi se llevó la peor parte, asustándose de sobremanera cuando el digimon aterrizó un metro y medio delante de él. Izzy supuso que no podía culparlo, era la primera vez que lo veía. Y ciertamente, un insecto de unos cinco metros de alto, con grandes alas membranosas, cuatro brazos y una doble mandíbula llena de baba que parecía abrirse como la de un Depredador, pues sí, era algo intimidante. Pero para el elegido del conocimiento, aquel digimon jamás le transmitiría algo más que alegría y el más puro vínculo de amistad.

— ¡Kabuterimon!

Corrió hacia su compañero digital, el cual volteó al escuchar la voz de Izzy. Hizo el gesto facial más parecido a una sonrisa que sus mandíbulas le permitían y extendió sus brazos justo a tiempo para recibir al pelirrojo en un abrazo con problemas de escala.

—Izzy, por fin te encontré —dijo Kabuterimon, rodeándolo con sus cuatro brazos cuidadosamente—. Has crecido mucho.

—Amigo, te extrañé mucho —dijo sintiendo que podría llorar si quisiera—. Hace años que estoy tratando de regresar, pero la Puerta…

—Lo sé. Nosotros tampoco pudimos atravesarla en todo este tiempo. Lo importante es que ahora están aquí.

Volteó y miró al resto de los Elegidos.

—Chicos, no puedo explicarles lo feliz que estoy de volver a verlos. A todos ustedes.

Los chicos lo saludaron desde donde estaban, también increíblemente contentos, pero sin querer acercarse a abrazarlo para no robarle el momento a Izzy. El único que todavía estaba algo sorprendido era Kenshi, aunque por lo menos ya sabía que ese insecto no iba a devorarlo.

— ¿Y este otro chico? —Preguntó Kabuterimon, agachándose para verlo mejor—. ¿Un nuevo Elegido, asumo?

—Así es. Su nombre es Kenshi, y yo soy su digimon. Mi nombre es Tsukaimon —respondió la criatura, volando junto a la cabeza de su compañero humano.

—Me llamo Kabuterimon. Es un placer conocerlos —dijo mientras extendía dos de sus brazos para darles la mano a un entusiasta Tsukaimon y un cauteloso Kenshi.

Izzy entonces escuchó una voz que parecía provenir de alguna radio.

<<Comandante, enemigo identificado. Identidad: Gorillamon, amenaza nivel cuatro>>

—Proceda con las acciones ofensivas, sargento —respondió Kabuterimon, e Izzy notó el pequeño auricular que tenía colocado en su cabeza, donde seguramente se encontraban sus oídos.

<<Comandante, el objetivo se encuentra en combate con un digimon. El sistema de detección no encuentra compatibilidad en la base de datos>>

— ¿Conoces al digimon que está luchando contra Gorillamon? —Le preguntó a Izzy.

—Eh, sí, es un amigo —respondió el pelirrojo, mientras trataba de entender la situación —. ¿Con quién hablas? ¿Y qué es eso de “comandante”?

Ignorando las preguntas, Kabuterimon acercó uno de sus brazos al auricular y apretó un botón, lo cual encendió inmediatamente una luz azulada en el aparato.

—Sargento, proceda con acciones ofensivas contra Gorillamon. El otro digimon es un aliado, repito, es un aliado. Envíe el equipo de extracción a mi ubicación.

<<Entendido>>

—Oye, ¿de qué estás hablando? Explícame qué es todo esto —exigió Izzy, poniéndose nervioso como siempre que no tenía todas las respuestas—. ¿Con quién te estás comunicando?

A partir de ese momento, todo se volvió sumamente caótico. Escucharon sonidos de motores y alas acercarse a gran velocidad. Sobre las copas de los árboles vieron pasar lo que parecían ser pequeñas aeronaves, las cuales dejaron caer grandes estacas metálicas con increíble precisión y velocidad, formando un perímetro alrededor de los Elegidos en el claro del bosque. Las estacas emitieron una pequeña descarga eléctrica hacia el aire, y enseguida encendieron unos faroles circulares que tenían en la parte superior. La luz era increíblemente fuerte, por lo que los Elegidos debieron cerrar sus ojos y esperar a que se acostumbraran. Mientras tanto, oían pasos, gritos, órdenes y muchas, muchas voces al mismo tiempo.

Cuando pudieron ver con claridad, estaban en medio de unos barracones militares.

Decenas de digimon se movían en un lugar donde hasta hacía unos segundos sólo se hallaban ocho niños elegidos. La mayoría eran unos reptiles azulados vestidos con ropa militar y con fusiles M16 en las manos. Había también otros pequeños digimon que parecían osos de peluche con guantes, cinturones con pertrechos y unas gorras púrpuras. Eran de hecho bastante adorables, si no prestabas atención a las dagas cortas que empuñaban. Justo cuando se preguntaban cómo era que habían aparecido de la nada todos esos digimon, vieron llegar un Airdramon que cargaba en su largo lomo a una docena de nuevos soldados, que descendieron y comenzaron a ocupar sus posiciones. En efecto, al elevar la vista, observaron no sólo a varios Airdramons, sino a muchos de esos digimon tipo aeronave volando en círculos.


Izzy reparó de inmediato en que todos llevaban algún parche en sus prendas con el Emblema de la Esperanza, al igual que la rodela que habían hallado en el bosque.

— ¿Kabuterimon? —Lo llamó Joe, observando cómo todos esos digimon comenzaban a crear un perímetro, con excepción de un grupo que se alejó rápidamente hacia donde ExVeemon y Gorillamon se encontraban luchando—. ¿Qué es todo esto?

El digimon extendió sus alas y abrió sus brazos, señalando con orgullo todo el batallón que había aterrizado.

—Niños Elegidos, les presento a la Resistencia.

Los soldados levantaron sus armas y elevaron un ensordecedor grito al cielo, casi hasta intimidando a los Elegidos, que todavía estaban un poco impactados por ver tantos digimon juntos de repente.

— ¿La Resistencia? —Dijo Matt—. ¿O sea que ustedes están con ellos? ¿Tú, Gabumon y los demás?

—Así es. Muchas cosas pasaron en estos años, llevará un tiempo explicarles todo —comenzó Kabuterimon—. Pero este no es el momento ni el lugar. Tendremos que llevarlos a nuestra base.

— ¿La que está en el reino que sobrevivió?

— ¿El último bastión que queda en pie?

— ¿Donde se reunieron todos los digimon adultos que sobrevivieron a la invasión?

— ¿El único lugar seguro de la amenaza de los oscuros?

Kabuterimon quedó congelado con la boca abierta el suficiente tiempo como para que una mosca se posara en ella tras escuchar las preguntas de los Elegidos.

—Bueno… Sí. ¿Y cómo es que ustedes…?

—Este no es el momento ni el lugar para explicarlo—respondió Izzy con una sonrisa irónica y los brazos cruzados.

Kabuterimon comenzó a reír.

—Veo que es cierto lo que dicen de la pubertad de los humanos y cómo les modifica su carácter. Eso fue muy rencoroso.

Uno de esos digimon azules con fusiles en la mano se acercó a Kabuterimon.

—Señor, el equipo de ataque reporta que Gorillamon está huyendo. ¿Quiere que iniciemos una persecución?

—Negativo, sargento. Lo principal es llevar a los Elegidos de regreso a la base. Faltan treinta y cinco minutos para el amanecer, y debemos llegar antes de que anochezca.

—Pero Meramon dijo que la base de la Resistencia está a tres días —intercedió Tai, olvidándose de que Kabuterimon no tenía ni idea de quién era Meramon.

—Sí, tres días a pie —respondió el digimon, señalando hacia el cielo.

Doce digimon máquinas descendieron pesadamente. Los Elegidos los conocían, eran Mekanorimons. Nunca habían terminado de comprender si eran digimon o simplemente una especie de armadura/traje. En alguna ocasión los habían visto moverse por sí mismos, pero también eran muchas las veces en las que parecían tener que llevar pilotos. Recordaban, por ejemplo, a Gennai moviéndose en un Mekanorimon como si se tratara de un vehículo personal.


—Es demasiado arriesgado que viajen a lomo de un Airdramon, o cualquier digimon volador, en realidad —explicó Kabuterimon—. Cada uno de ustedes ira dentro de un Mekanorimon. Allí no sólo estarán protegidos por acero de cuatro pulgadas, sino que el interior es realmente cómodo. Calefacción, asientos semi-cama e incluso las listas de reproducción de música que Matt e Izzy nos pasaron algunos años atrás.

— ¿Que hicieron qué? —Preguntó Sora.

—Los digimon merecen escuchar Green Day —se defendió Matt, cruzándose de brazos.

—Sólo dime que no les pasaste música de esas bandas de adolescentes enfurecidos con el mundo que te gustan sólo a ti, como Sum o Blink —pidió.

— ¡Oh, tenemos mucho de Blink-182! —Respondió contento Kabuterimon, mientras hacía palmas con sus brazos superiores y con los inferiores tocaba la guitarra de aire—. Say it ain't so, I will not go, turn the lights off, carry me home!

Keep your head still, I'll be your thrill —comenzó a cantar también el digimon azulado, simulando que su fusil era una guitarra.

—Ubíquese, sargento —lo interrumpió tajantemente Kabuterimon—. Aún estamos en el campo de batalla.

—Lo siento —se disculpó, poniéndose firme rápidamente y mirando el cañón de su fusil, quitándole un poco de tierra—. Es una canción muy pegadiza.

Y acto seguido se alejó para controlar a los pelotones. Los Elegidos elevaron simultáneamente una ceja mientras dirigían una mirada con un mensaje bastante claro hacia Kabuterimon.

—Oh, sólo estaba bromeando con él —se explicó el Comandante—. Ahora vamos, súbanse a los Mekanorimon. Trajimos más de los necesarios para que el resto pudiera actuar como cebo en caso de un ataque sorpresa. Pero si partimos ahora, deberíamos llegar sin mayores sobresaltos. Súbanse, y traten de descansar todo lo que puedan. Ya tendrán al Rey para que los saque de sus casillas.



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Izzy no pudo descansar en lo más mínimo. Su cerebro no paraba de trabajar, procesando toda la información que había recibido y tratando de encontrar las explicaciones más probables para los datos que aún no conocía. Habían muchas cosas que Meramon no había podido o querido explicarles. Lo más importante para Izzy era saber datos más precisos sobre la amenaza a la que se enfrentaban. Necesitaba información acerca de aquellos digimon que habían invadido. ¿Cuáles eran sus poderes realmente? ¿Tenían algún tipo de organización? Pues debían tenerla. Uno no puede simplemente invadir y someter al Digimundo sin un plan. Y mucho más importante aún, ¿cuál era su motivación? ¿Por qué hacían eso? Las personas —y por proyección podía suponerse que también los digimon— siempre actuaban motivados por algo. Sin importar que tan errado pudiera ser el razonamiento, siempre debía haber uno. E Izzy necesitaba saberlo.

Cuando estaban en Odaiba, solía ir a la casa de Tai bastante seguido a jugar algunos videojuegos de lucha en la consola. Tai se pasaba gran parte del día jugando, así que era muy bueno. Izzy no jugaba tanto, pero tenía dos ventajas. La primera era que tenía la suficiente destreza en los dedos como para ser bastante preciso con las combinaciones de botones y la toma rápida de decisiones. Y la otra era que conocía muchísimo a Tai. Sabía cómo era su personalidad, cómo razonaba. Y las primeras partidas se dedicó a observarlo, analizar su juego a partir de lo que hacía. Llegó a un punto en el que era capaz de saber qué era lo que Tai creía que él haría, cómo el castaño quería que se desarrollase la batalla. Y jugaba con eso. Sabía que le gustaba tomar riesgos, que prefería utilizar habilidades visualmente espectaculares antes que combos más poderosos. Izzy sabía todo esto y lo utilizaba a su favor para encontrar las estrategias que casi siempre lo llevaban a la victoria. Como dicen, el Conocimiento es poder.

Así que pasó todo el trayecto tratando de adivinar cuáles serían los motivos de sus nuevos oponentes, llegando a catorce posibles escenarios, cada uno más inquietante que el anterior. En determinado momento descubrió un botón dentro de su Mekanorimon que activó una videollamada grupal con el resto de sus amigos. Sin embargo, cuando vieron que Kenshi estaba profunda y tranquilamente dormido y Tai les contó la charla que había tenido a solas con él, decidieron dejarlo dormir, y cortaron la comunicación. Ya tendrían tiempo de hablar cuando llegasen a la base de la Resistencia.

Eso fue muchas horas más tarde, y de hecho más de uno logró tomarse una pequeña siesta antes de llegar a su destino.

<<Elegido, llegaremos a la base de la Resistencia en tres minutos. Puede activar la vista panorámica presionando el botón azul>> le informó una voz que parecía envolverlo por completo. Definitivamente, los Mekanorimon eran digimon independientes.

Izzy había visto dicho botón, pero había decidido no tocar nada mientras estuviera volando a más de cien kilómetros por hora a altura de crucero. Ahora que tenía permiso, sin embargo, decidió presionarlo. Inmediatamente ahogó un grito, y se imaginó que el resto de sus amigos hizo lo mismo. En cuanto oprimió el botón, fue como si Mekanorimon se volviera invisible, e Izzy se encontró a sí mismo volando por el cielo. Seguía sintiendo al asiento donde estaba sentado y el cinturón de seguridad apretando su pecho, pero no podía verlos.

—Esto es genial —dijo en voz alta; luego quiso confirmar del todo la existencia de Mekanorimon—. ¿Te has vuelto invisible?

<<No. Es sólo una proyección holográfica en trescientos sesenta grados de las imágenes que reciben unos paneles retroactivos ubicados en mi exterior. Como la ventanilla es muy pequeña, este mecanismo permite al usuario un análisis mejorado del terreno sin necesidad de exponerse físicamente.>>

La sorpresa por escuchar tal tecnología no duró mucho, pues enseguida llegaron al reino, la base de la Resistencia, y eso ocupó toda su atención.

Lo primero en lo que reparó fue en que el reino se alzaba en una gigantesca meseta. Los acantilados eran tan empinados que parecía que alguien hubiera delineado un territorio al azar y lo hubiera extruído hacia arriba. Todo el terreno era así, excepto por una pendiente que conectaba la llanura con el lado este de la meseta, desembocando en la gran fortaleza que Izzy tenía casi en primer plano. Era una construcción volumétrica, un gran prisma rectangular macizo que parecía ser de algún material similar al hormigón, de un gris muy oscuro, casi negro. Contando las hileras de ventanas, que desde la distancia podía suponer que abarcaban tres o cuatro plantas cada una, era factible suponer que aquella construcción tenía unos cuarenta pisos, aunque las primeras plantas no tenían aventanamientos y era más complicado adivinar cuántas eran. La construcción se extendía a lo largo por más de doscientos metros.

Detrás de aquella enorme y moderna barbacana se alzaban las murallas del reino. A Izzy, que le encantaba la arquitectura desde su época de jugar con legos, le pareció interesante la relación entre las dos estructuras que se veían en la entrada al reino. Mientras que la fortificación que protegía sus puertas era una construcción súper moderna desde lo formal, las murallas parecían sacadas de un libro de texto sobre la Edad Media. Grandes muros de casi cien metros, construidos con una piedra tan blanca que bien podría haber sido mármol, que se extendían junto al límite de los acantilados. Enormes torreones circulares interrumpían aquella hermosa cinta blanca de muralla. Estos se elevaban un poco más arriba que las murallas, y al igual que ellas tenían almenas recorriendo todo su perímetro. La diferencia más notable era que sobre cada una de ellas se encontraba una especie de gran balista moderna.

Desde donde estaba no se veía mucho de lo que había tras las murallas, parecían ser muchos edificios bajos. Pero sí veía una colina sobre la cual se alzaba un edificio grande y brillante, que reflejaba la luz como si se tratase de un gran faro.

—Maravilloso —fue todo lo que pudo decir, encontrándose en una de esas pocas situaciones en las que se había quedado sin palabras.

<<Muchachos, ¿todos me escuchan?>>, preguntó la voz de Kabuterimon. <<El edificio cuadrado que ven en la entrada es la base de la Resistencia, pero esa es la visita de mañana. Primero nos toca una pequeña procesión, así que descenderemos en la plaza. Espero que no sean alérgicos al polen>>.



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Tai lo describiría más tarde como el recibimiento a un equipo cuando llega a la final de una copa. Izzy no estaba tan familiarizado con las costumbres del fútbol, pero estaba seguro que cualquier comparación se quedaba corta. Mekanorimon desactivó manualmente la visión panorámica, por lo que la entrada a la ciudad la vio a través de una ventanilla no mucho más grande que su cabeza. No pudo ver mucho, pero el ruido de la multitud ya era suficiente como para que se imaginara algo de lo que estaba por suceder.

Al escuchar plaza se le vino a la mente el concepto moderno, una manzana llena de árboles y alguna fuente o bandera en el centro, con la ocasional estatua. Pero en aquel lugar que hacía todo lo posible por ser sumamente medieval, la plaza era un gigantesco espacio libre, un suelo de baldosas que parecía extenderse por varias manzanas. Lo cual también era congruente con aquel lugar y sus exageradas escalas.

Los Mekanorimon y Airdramon aterrizaron en el centro de la plaza. Cuando las compuertas de los digimon máquina se abrieron y los Elegidos bajaron, fueron recibidos por el grupo más grande de digimon que jamás vieron. Era imposible, incluso para Izzy, estimar la cantidad de digimon que se encontraban reunidos allí. Probablemente más de cien mil. Quizás más. Y los había de todos tipos, tamaños y colores. Era imposible tratar de adivinar sus especies, eran tantos que todo se volvía una masa uniforme. Logró ver aquí y allá algún Tyranomon, que resaltaban al igual que el resto de los digimon gigantes, pero no más que eso.

Lo que sí llegó a detectar fue que no había una valla que limitara a los digimon. Todos se mantenían en su lugar, perfectamente ordenados, porque una hilera de digimon exactamente iguales marcaba el perímetro. Medían un metro sesenta de alto, y todos tenían unas armaduras medievales, con casco, lanzas y pequeñas rodelas, aunque estas parecían ser completamente metálicas, a diferencia de la que ellos habían encontrado. Lo más curioso era que habían dos tipos de digimon, unos con todo el metal blanco y otros con el metal negro. Era casi gracioso que estuvieran colocados intercalados, uno blanco y uno negro. Eran los únicos digimon, además del regimiento que acababa de llegar escoltándolos, que parecían estar armados en aquella multitud.


Unos Commandramon se acercaron para ayudarlos a bajar. Y en cuanto los nueve Elegidos pusieron los pies sobre la plaza, los gritos se multiplicaron exponencialmente. Y también comprendieron el comentario de Kabuterimon sobre el polen: prácticamente los enterraron en rosas sin espinas y claveles de todos los colores del arco iris.

— ¡Ciudadanos del Digimundo! —Gritó Kabuterimon con sus cuatro brazos extendidos, mientras volaba algunos metros sobre el aire junto a ExVeemon; todo en su figura, su tamaño, su postura corporal, su tono de voz, su posición elevada algunos metros en el cielo hizo que los digimon lo escucharan con mucho respeto y atención—. ¡Los Elegidos han vuelto!

Si hasta ese momento estaban gritando, tras aquellas palabras prácticamente estallaron de emoción. No hubo nunca jamás un estruendo tan poderoso producido por una multitud como el que se oyó en ese momento. Los Kokuwamon que sobrevolaban el área dejaron escapar pequeños misiles que estallaron en el aire como fuegos artificiales que se podían ver incluso de día.

Mimi se acercó a Izzy y lo tomó de la mano. Él volteó a verla y le sonrió.

—Creo que ahora sí estamos en casa —le dijo ella, tratando de hacerse oír por encima del caos.

—Podría decirse —le respondió, mientras apretaba suavemente la mano de su novia.

—Wow, wow, wow —dijo la voz de Tentomon, que tras volver a su forma de novato se acercó volando a su compañero—. ¿Qué es esto? ¿Tomados de la mano? ¿Mirándose dulcemente? Izzy, no me digas que…

— ¿Esto nos convierte en cuñados, Tentomon? —Preguntó Mimi con una gran sonrisa, haciendo sonrojar a Izzy.

—Mimi…

— ¡No lo puedo creer! —Exclamó el digimon insecto, con chispas saliendo de sus antenas—. ¡Estoy muy feliz por ustedes! ¡Palmon se va a desmayar cuando se entere de esto!

—Hablando de eso, ¿dónde están ella y los demás? Ya queremos verlos.

—Estarán en el palacio del rey. Ahí es a donde vamos. Pero antes que nada necesitábamos que la gente los viera. Llevan muchos años esperando su regreso. Iremos desfilando por la avenida principal hasta la acrópolis. Ahí habrá una ceremonia de bienvenida. Y conocerán al rey.

Un pequeño cambio en el tono de Tentomon les hizo pensar que quizás no les esperaba una experiencia del todo agradable.



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Los Elegidos recorrieron las principales calles hasta llegar a la colina en el centro de la ciudad, sobre la cual se alzaba el palacio. En todo momento estuvieron rodeados de digimon que gritaban por ellos, lanzaban confeti al aire y les tiraban rosas a sus pies. Y aquella guardia de digimon acromáticos los escoltó, manteniendo a raya a los entusiastas habitantes del reino que los aclamaban.

En un momento pasaron atravesaron un lugar que parecía ser un gran arco (siguiendo la lógica de las gigantescas escalas que parecían dominar la zona), pero al ver hacia los costados y ver que se extendía, se dieron cuenta que era un segmento reconstruido de muralla.

— ¿Por qué hay una muralla dentro de la ciudad? —Preguntó Mimi.

—Este era el límite original del reino. Luego de la guerra llegaron tantos refugiados que no alcanzó el espacio. Se vieron obligados a construir sus viviendas en las afueras de la muralla, hasta que el Rey decidió construir un nuevo anillo que ampliara el territorio. Ya tendrán sus clases de historia. Por ahora disfruten la procesión.

La procesión, pues, finalizó cuando llegaron a las puertas del palacio. Mimi le dijo a Izzy que parecía el castillo de Disney. Era muy parecido, aunque a Izzy le recordaba más al castillo de Hohenzollern, un castillo alemán que estaba en la portada de uno de sus libros de historia. Estaba rodeado por lo que podría considerarse el tercer anillo de murallas del reino, y tenía tantos torreones y contrafuertes que parecía el resultado de una quimérica adición de elementos, aunque podía decirse que mantenía una idea de conjunto. Sobre todo los techos que estaban rematados con chapiteles. Sea cual fuere el material con el que estaba construido, era perfecto. Completamente liso, blanco y brillante. Por momentos hasta parecía difícil de mirar, ya que devolvía toda la luz que el Sol le arrojaba. Pero sin dudas era una construcción que inspiraba el más profundo respeto y una sensación de protección y seguridad.

El patio de armas estaba ocupado casi tres cuartos por digimon de todas las especies, esperándolos. El último cuarto, al pie de la escalinata que desembocaba en la puerta del palacio, estaba ocupado por un pequeño batallón perfectamente formado de PawnChessmon de ambos colores.Los soldados de la Resistencia los acompañaron hasta quedar de pie junto al inicio de la gran escalera, y luego se retiraron, dejando a los Elegidos sólo con la compañía de Tentomon, Veemon y Tsukaimon.

Unas trompetas comenzaron a sonar, Dios sabe desde donde, y todos los digimon hicieron silencio. Unas puertas por las cuales entraría MegaKabuterimon se abrieron estruendosamente. Los Elegidos, desde donde estaban, vieron a un digimon alto, vestido con una armadura blanca que parecía estar compuesta por capas de un pesado metal. Tenía una especie de manto-capa violeta, y en una mano llevaba un cetro blanco que parecía de piedra. Estaban casi seguros de que se trataba del Rey, pero notaron que estaba cargando algo en su otra mano. Tras atravesar el umbral y comenzar a descender por las escaleras, vieron que no sólo había otro digimon exactamente igual pero negro, sino que ambos cargaban un gran trono. Era una especie de litera abierta, y por sobre las cabezas de aquellos digimon (que medían casi tres metros) se podía ver el respaldo dorado con rubíes incrustados.


—Por favor, inclínense antes de que los vea. Tienen que estar inclinados, o podría ofenderse. Denle siempre la razón y sonrían a todo lo que les diga—pidió Tentomon en un susurro.

Los dos digimon que cargaban la litera se detuvieron. El de atrás, el de armadura negra, se acercó y se colocó junto a su compañero blanco, actuando como una pantalla para cubrir al rey.

—Ciudadanos del reino Chessmon —comenzó el digimon blanco, hablando tan fuerte que sonaba como si tuviera un micrófono con salida de audio en los parlantes de un concierto—, nosotros, la Guardia Real de los BishopChessmon, les damos la bienvenida.

—En este histórico día —continuó el digimon negro—, nuestro benevolente monarca ha decidido interrumpir su meditación para presentarse ante su pueblo y dar cuenta de los hechos que han sucedido en estas últimas horas.

Los dos digimon golpearon el suelo con sus cetros, uno a la derecha y otro a su izquierda, espejando sus movimientos.

—Escuchemos las palabras del Líder absoluto…

—Su Alteza ilustrísima…

—El digimon más poderoso del Digimundo…

—Nuestro rey…

— ¡KingChessmon! —dijeron al mismo tiempo, moviéndose a ambos lados con una sutil reverencia.

Los Elegidos vieron y escucharon que todos se arrodillaban y bajaban la cabeza, y recordando lo que Tentomon les había dicho, ellos también lo hicieron de inmediato para que los encontrase arrodillados.

Se sintieron completamente descolocados cuando se produjo un silencio tan ceremonial luego de tantos minutos de ruido ensordecedor. Les pareció hasta extraño que una multitud tan grande tuviera tal nivel de respeto por un único digimon. Era evidente que estaban frente a una gran figura, un rey que inspiraba lealtad y respeto. Izzy se preguntaba qué clase de digimon sería. A juzgar por el gran trono que sus soldados cargaban, las enormes puertas del palacio y en general la inmensa escala de toda la ciudad, seguramente era un gran digimon.

— ¡Niños Elegidos! —Los llamó una voz aguda—. ¡De pie!

No necesitaron más invitación. Levantaron la vista, e Izzy se llevó una gran decepción.

De pie, entre sus grandes escoltas, se hallaba un digimon que mediría, como mucho, un metro cincuenta. Era prácticamente igual a un PawnChessmon, sólo que tenía algunos accesorios extra, como un cinturón con una insignia dorada, una medalla colgando en su armadura, una gran capa violeta y una corona dorada que le daba unos veinte centímetros extra. También se diferenciaba en que tenía un bigote que generaría la envidia de J. P. Morgan y del hombre del Monopoly. Lo más llamativo, sin embargo, era el cetro que portaba en su mano derecha. No era como el que llevaban los BishopChessmon. Este parecía tener un mango de oro, y estaba coronado por un topacio amarillo del tamaño de un melón.


— ¡Yo, KingChessmon, les doy la bienvenida a mi reino! —Continuó, aunque por su tono y los gestos que hacía con sus manos, parecía estar hablándole más a los digimon que a los Elegidos—. Todos estos años hemos estado esperando la llegada de los legendarios Niños Elegidos, aquellos que podrían finalmente acabar con la amenaza de nuestros invasores. ¡Y finalmente los hemos recuperado!

Elevó sus brazos, y la multitud comenzó a aplaudir y gritar. Todos los PawnChessmon comenzaron a golpear sus rodelas con las lanzas.

—Pero claro, esta loca empresa es incluso demasiado para los Elegidos por sí mismos —dijo, con un tono trágico, llevando el dorso de una de sus manos a su frente en un gesto dramático—. Hace tantas décadas, cuando los Dark Masters destruyeron mi ciudad, me encontré perdido en el desierto. Creí que moriría, pero entonces, un arbusto comenzó a arder justo delante de mí. Era un fuego como nunca antes había visto, no creaba humo, ni parecía ser dañino. Y una voz salió de él. Una voz que me dijo: “Un gran destino te espera”. Y entonces lo supe.

Hizo una pausa dramática, girando lentamente la cabeza, paseando la vista por todos los ciudadanos del reino e ignorando a los Elegidos que tenía justo delante de él.

—Los Dioses estaban detrás de aquella aparición. Ellos me guiaron y le dieron a mi vida un propósito muy claro: ¡crear el mayor reino que jamás haya existido en el Digimundo! —Gritó, generando una nueva ola de aplausos y gritos—. Dediqué todos mis recursos y mis habilidades para crear este maravilloso reino, pues sabía que una guerra llegaría. ¡Y gracias a mi afortunada prudencia es que hoy todos nos encontramos en el único lugar del Digimundo en el que podemos sentirnos a salvo!

—Chicos, no quiero sonar egocéntrico —susurró Tai—, pero creí que esta era nuestra fiesta.

—Guarden silencio —pidió Tentomon.

—Bajo mi protección, todos ustedes han podido vivir tranquilamente, con la seguridad de estar protegidos de las amenazas del mundo exterior. Con mis amplios recursos financié y fundé la Resistencia. Yo mismo recluté a los Comandantes, quienes otrora acabaron con los Dark Masters y salvaron al Digimundo. Y cuando llegó a mis oídos por la tarde de ayer que los Elegidos se encontraban solos, perdidos en las peligrosas tierras del río Bit, no dudé en enviar un escuadrón de élite para traerlos de regreso.

Comenzó a descender por las escaleras, escoltado siempre por los BishopChessmon. Se acercó hasta quedar de pie en el tercer escalón, lo cual lo dejaba a la altura de los Elegidos.

— ¡Ahora que están aquí, los días de escondernos y sobrevivir han acabado! ¡Es hora del contraataque, de recuperar las tierras que nos fueron arrebatadas! ¡Bajo mi tutela, los Elegidos contarán con los recursos, la protección y la infraestructura necesaria para que puedan salvar nuestro mundo! ¡No más miedo! ¡No más terror! ¡No más oscuridad! ¡En este día, seamos testigos del inicio de una nueva era! ¡La era de los Chessmon!

Todo el mundo volvió a gritar, y los Elegidos intercambiaron una mirada de preocupación. No les gustaba el rumbo que estaba tomando aquel recibimiento.

—Y ahora, ¿quién es el líder de los Niños Elegidos? —Pregunto jovialmente KingChessmon.

Tai volteó a ver a sus amigos, para confirmar que estaba bien que él se adjudicara el título. Fue Matt quien asintió primero.

—Ese sería yo. Tai Yagami, Elegido del Valor —respondió, acercándose para estrechar la mano del rey.

Se detuvo en seco cuando los BishopChessmon dieron un paso delante y golpearon el suelo con sus cetros, mientras miraban con los ojos entrecerrados a Tai. Parecía que estaban a punto de atacarlo.

— ¡Excelente! —Festejó el rey, acercándose con rápidos y cortos pasos hasta donde Tai se encontraba—. Tus amigos serán llevados a sus aposentos y los prepararemos para el gran banquete. Pero tú vendrás conmigo, ¡tenemos mucho de qué hablar!

Un grupo de PawnChessmon se acercó al resto de los Elegidos, mientras KingChessmon daba un paso final hacia Tai. Cuando estuvo a un metro de distancia, elevó su cetro. El topacio brilló con intensidad, y una burbuja dorada se extendió hasta cubrir al rey, a sus dos escoltas y a Tai. Tras un gran resplandor, Tai sintió que todo a su alrededor se estiraba. Era como cuando el Halcón Milenario viajaba a la velocidad de la luz y todas las estrellas se convertían en líneas alargadas que se extendían rápidamente. Vivió esa misma sensación, sólo que fueron todas las paredes del castillo y los digimon quienes se alargaron a su alrededor. Afortunadamente, esa horrible sensación duró apenas un segundo.

La burbuja desapareció y Tai sufrió las consecuencias del cambio de momentum. Sintió que su estómago se revolvía y perdió toda la noción de equilibrio. Cayó de rodillas, y sólo cuando vio el piso de cerámicos es que se dio cuenta de que estaba en otro lugar. Levantó la vista y vio la espalda de KingChessmon mientras este subía dos escalones y se sentaba en un trono que tendría un respaldo de más de cinco metros. Los BishopChessmon ocuparon sus lugares, uno a cada lado de su rey, y lo observaron sin emoción alguna en sus rostros.

—Muy bien. Ahora… —dijo el rey, con una voz mucho más grave y seria que el tono agudo y casi caricaturesco que había estado usando en público, una voz que haría temblar a Liam Neeson—...tenemos mucho de qué hablar.











Ok, espero que nos se les haya hecho demasiado largo o aburrido. Este es un buen momento para ir a escuchar el soundtrack de John William si es que no lo hicieron. Imagínense las partes de trompetas cuando Kabuterimon abre los brazos y presenta a la Resistencia y cuando Izzy ve por primera vez el reino Chessmon. De hecho miren esta escena de Jurassic World. A partir del 1:12 es cuando Izzy activa la función holográfica, y del 1:27 es cuando levanta la vista y ve las murallas, la base de la Resistencia y el castillo por detrás.


Agh, quiero decir algo tipo "it gives me goosebumps" o "it gives me the chills", pero no sé bien cómo sería la traducción en español xD ¿Me da escalofríos? Creo que no es precisamente el término que estoy buscando (Belerofonte, tú ayúdame que la tienes más clara con el bilingüismo jaja), pero es lo que siento, no sólo cuando veo esa escena, sino cuando me imagino la película de mi fic y veo a Izzy sobrevolando esas murallas con esa música de fondo xD

En los próximos capítulos sabremos más acerca de la Resistencia y también (si es que logro que todo entre en un único cap) veremos cómo avanzan las relaciones entre algunos Elegidos. Espero no tardarme más de dos semanas para actualizar.

Como siempre, si les va gustando lo que leen por favor comenten. Yo vivo de mi público D:
¡Hasta la próxima!
 
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Jaja en realidad ya me habia leido los dos ultimos episodios, pero no tenia mi computadora personal para dejarte el comentario xD ya estoy al dia, por lo tanto solo me falta el ultimo capitulo, que leo y dejo comentado este fin de semana si me es posible ^^

Y de nuevo siento que los dos ultimos fueron los dos mejores caps hasta ahora del fic, lo que significa que probablemente o el fic esta mejorando con los capitulos, o bien yo me estoy haciendo mas fan, y mi juicio se nubla xD En el sexto me gusto la sensacion que deja el digimundo, es muy adventurish xD y es genial ir viendo las impresiones de todos al llegar a ese lugar tan intimo. Kenshi cada vez me agrada mas, es un personaje muy humano y que no se lee pretencioso, mucho mejor que la detestable Meiko jaja. Y luego como todo ese ambiente nostalgico y relajado se va tornando cada vez mas oscuro, hasta desembocar en la aldea dantesca donde los esperaba skullmeramon. La batalla estuvo genial, igual que la aparicion de flamedramon, aunque los motivos de skullmeramon no me terminaron de convencer para que actuara como actuo.

En el 7mo la tonica y el estilo cambiaron totalmente a como habias escrito el resto del fic, la narracion es mucho mas protagonica y la perspectiva dominante es la segunda persona, sin embargo me parecio un toque apropiado para el trabajo, y un ensayo que salio muy bien. Yo ya sabia mas o menos el background por tu version anterior, pero fue genial que introdujeras la trama con un flashback de esta forma, da una buena idea de lo que son los oscuros y mas o menos a que atenerse =P meramon vivio una verdadera tragedia O.o ahora ya los elegidos tienen un objetivo, una especie de exodo hacia tierra santa xD la parte de Kenshi cuando duda fue mi favorita del capitulo, verdaderamente asi es como la razon dicta que deberian sentirse los elegidos, cuando caen en ese lugar, pero de nuevo, la explicacion de Tai es lapidaria y perfecta, sin duda la mejor escena del capitulo ^^ porque hace que las cosas parezcan encajar con sentido. No me parecio apresurada la muerte de meramon, me parecio realista, y de cierta forma creo que es lo que buscaba, ya que necesitaba redencion de forma urgente xD

Genial! Mientras mas pronto actualices mas feliz me haras, sigue asi ^^ pronto te comento el ultimo jaja
 

<Andrea>

☆ ♡ BTS ♡ ☆
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Hola ya termine de leer casi todos los capitulos solo me faltan dos para estar al dia con tu fic, te qiero felicitar sos un exelente escritor/a, y la verdad me gusto mucho los capitulos, estoy segura qe los otros capitulos tambien me van a gustar y mucho.
Saludos.
 
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¡Dos semanas! ¡Dos semanas has tardado en escribir el capítulo!
No, no es para tanto. Si estás leyendo mi fic, habrás comprobado que COMO MINIMÍSIMO tardo un mes entre capítulo y capítulo. Así que no te culpo xD, dos semanas están bien, y si tardas un poco más tampoco te culparé. Con tal de que me des mi dosis de tu fic cada cierto tiempo me conformo (?).

Esto me mató:

— ¿Que hicieron qué? —Preguntó Sora.

—Los digimon merecen escuchar Green Day —se defendió Matt, cruzándose de brazos.

—Sólo dime que no les pasaste música de esas bandas de adolescentes enfurecidos con el mundo que te gustan sólo a ti, como Sum o Blink —pidió.

— ¡Oh, tenemos mucho de Blink-182! —Respondió contento Kabuterimon, mientras hacía palmas con sus brazos superiores y con los inferiores tocaba la guitarra de aire—. Say it ain't so, I will not go, turn the lights off, carry me home!

Keep your head still, I'll be your thrill —comenzó a cantar también el digimon azulado, simulando que su fusil era una guitarra.

—Ubíquese, sargento —lo interrumpió tajantemente Kabuterimon—. Aún estamos en el campo de batalla.

—Lo siento —se disculpó, poniéndose firme rápidamente y mirando el cañón de su fusil, quitándole un poco de tierra—. Es una canción muy pegadiza.

Y acto seguido se alejó para controlar a los pelotones. Los Elegidos elevaron simultáneamente una ceja mientras dirigían una mirada con un mensaje bastante claro hacia Kabuterimon.
Kabuterimon cantando All The Small Things es algo que admito que nunca me llegué a imaginar... y que me ha encantado. Creo que no puedo disfrutar más el que te guste la misma música que a mí jajaja.

¡Buen capítulo! ¿Pesado y largo? Para nada, a mí me has dejado con ganas de más xD. Me da mucha curiosidad saber qué es lo que esconde KingChessmon y qué tiene que contarle a los muchachos. Me ha gustado mucho que te centraras en Izzy en este capítulo y que dejases a Tai un poco de lado por el momento porque estoy deseando que tengan todos su protagonismo y su desarrollo, y sé que se lo vas a dar. El próximo capítulo me tiene intrigadísima, más de lo normal. Y todo porque has creado una situación en el Digimundo que está muy bien elaborada y detallada, así que saber más datos acerca de ella despierta en mí mucho interés. Además, que el papel que representa ahí KingChessmon y qué pasa con la Resistencia... Ay, odio que me dejes así :=_=:.

Ya, con respecto a lo que me comentas de Fallen Angels, yo también lo creía jajaja. ¡Gran elección en la canción de este capítulo! Lo he hecho como comentas y funciona, ha sido genial jajaja como en una maldita película (?). Te odio por la envidia -sana- que me das. (Contradictorio, sí.)

La muerte de Meramon no me pareció precipitada. Creo que le diste al fic ese toque oscuro que necesita para que veamos la realidad de lo que ocurre en el Digimundo. Mensaje captado. Ah, si pones en algún capítulo una canción de Phil Collins te querré eternamente (?).

¡Espero el siguiente!
 
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Listo ^^ oficialmente al día. Este capitulo fue bastante sencillo, casi todo transcurre dentro de Izzy. Estuvo muy bien descrito, sobretodo la parte arquitectonica jaja se ve que estas metido en tu carrera.

La verdad me sorprendio un poco ver a Kabuterimon alli, porque pensaba que pasarian un par de capitulos hasta que llegaran adonde la resistencia. Lo que no entiendo es como supieron que estaban alli O.o de cualquier forma el despliegue fue genial, y me gusto la interaccion que tuvo el digimon con los elegidos, y por supuesto, sobretodo con Izzy.

Luego llegaron a la ciudad y todo se volvio bastante acelerado jaja, aunque no esperaba que la especie dominante fuesen los chessmon, ni que el rey de toda la resistencia fuera el histrionico kingchessmon, pero si me intriga ese subito cambio de actitud que tuvo de puertas para dentro con Tai.

John Williams es probablemente el musico mas importante de la historia de Hollywood xD y en lo particular me encanta su estilo wagneriano y epico, pero no puedo escuchar la BSO principal de Jurassic park sin asociarla directamente con la pelicula y los dinosaurios, supongo que el impacto que causo en mi yo de 3 o 4 anios fue muy fuerte jaja creo que la expresion seria algo asi como "me pone los pelos de punta", la traduccion literal no se adapta muy bien xD

Espero el proximo capitulo =P ya no tengo nada que leer jaja
 

Arki

Adolescente idiota y rencoroso
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B Belerofonte amigo, gracias por pasarte. Obviamente me gusta que seas fan de mi fic xD pero espero que sea que los capítulos van mejorando y la trama va tomando consistencia, y por eso te gustan =P Me alegra que Kenshi te vaya gustando cada vez un poco más, ya que es parte fundamental del fic. Y no soportaría crear un personaje peor que Meiko jajaja, eso sería triste. Sobre los motivos de SkullMeramon, traté de darle una backstory que justificara su confusión y dolor, que además fueron explotados por un malvado misterioso que le nubló el juicio, pero en definitiva era un personaje secundario y tampoco es que me afecte muchísimo que sea un poco plano xD Pero lo voy a tener en cuenta para el resto de lo que escriba. La charla entre Tai y Kenshi la disfruté mucho al escribir. Cuando están los nueve Elegidos hablando se me hace un poco caótico darle a todos su lugar y no tengo oportunidad de desarrollar sus personalidades, pero en los "mano a mano" disfruto explotando las cualidades de cada uno. Es algoq ue me encanta xD Sobre el último, no me había dado cuenta de lo de las explicaciones arquitectónicas xD Releyéndolo creo que sí, me fui un poco por las ramas. Pero en realidad creo que se debe más que nada a que ahora puedo darle nombre a cosas que me imaginaba pero no sabía como explicar. De hecho, en la relectura de este capítulo que publico ahora me di cuenta de que también usé algunos términos arquitectónicos, pero los voy a dejar, porque sólo así puedo describir algunas cosas que tengo en mi mente. P.D.: John Williams es fantástico xD Por él comencé a interesarme en las bandas sonoras de las películas, que antes ignoraba.

<Andrea> <Andrea> Muchas gracias! Me alegra mucho leer esos comentarios :D Ojalá que te siga gustando. Una pregunta, ese "sos" es porque sos de Argentina? Jajaja, una compatriota?

Sombra&Luz Sombra&Luz Kabuterimon cantando All the Small Things es la razón por la que escribo. ¿Por qué demonios pasaría tantas horas pensando en la trama, la sintaxis, las escenas y toda esa bola de tonterías si no puedo darme esos lujos? xD Este capítulo trataré de responder algunas (sólo algunas) de tus dudas. Pero espero que al mismo tiempo te generen AÚN MÁS DUDAS!!!!! Muahahaha. Ok, no. Pero sí, me gusta el misterio, ir revelando las cosas de a poco. A veces peco por eso, pero creo que hasta ahora viene más o menos bien. Creo.


No tengo mucho tiempo, en media hora salgo par aun viaje de estudios jajaja. Muchas gracias por seguir pasándose por aquí! Gracias también por haberme respondido acerca de la duda que tenía sobre la muerte de Meramon, me hace sentir mejor :D

Este cap es de exposición *se agacha para evitar unos tomates y una sandía*, pero es una exposición interesante. Bah, o por lo menos a mí me gustó escribirla. Tiene interacción, se mete un poquito más en la psicología de distintos personajes, y va planteando algunas cuestiones que continuaré elaborando a lo largo de los capítulos.

La canción de este capítulo es una de mis favoritas. Es Stay together for the kids, de Blink-182. ¿Está relacionada con el cap? Sí, bastante. ¿Refleja la totalidad del capítulo? No, sólo una parte. Pero no encontré uno que reflejara TODO el cap (que como que se divide en dos partes). Y además no creo tener una mejor oportunidad de meterlo en el fic, así que lo introduzco aquí xD




Era consciente de que KingChessmon lo observaba junto a sus escoltas desde un magnífico trono a tan sólo unos metros de él con una cara de pocos amigos, pero se sentía demasiado mareado como para mantenerse de pie. Cayó ridículamente hacia atrás, golpeándose la cabeza con el piso.

— ¿Todo en orden, Elegido? —Preguntó el rey.

—Sí, sí, estoy bien —respondió Tai, apoyándose en sus codos para levantarse mientras su estómago volvía a su lugar—. Sólo estaba, ya sabes, admirando la decoración. Muy lindo lugar.

Lo cierto es que detrás del sarcasmo había algo de verdad. La sala del trono era espléndida, digna de ver y disfrutar. Los pisos estaban trabajados con cerámicos blancos y negros, por lo que parecía un gran tablero de ajedrez. Mirando disimuladamente hacia atrás, Tai vio una nave principal, muy larga y que podía definirse por las grandes hileras de columnas con hermosos y trabajados capiteles que marcaban el recorrido. Este gran pasillo era el que desembocaba finalmente en el trono, y se accedía por un gran portón de madera en el fondo. Había también dos naves laterales, cuyos muros tenían ventanas de arcos apuntados, muy largas, llegando casi hasta el techo, y rematadas con rosetones de colores. Como ya era tarde, la luz del Sol entraba en un ángulo muy agudo, dibujando formas y figuras en el suelo que llegaban casi hasta la nave principal.

La sala en su conjunto parecía ser de planta rectangular, pero en el lugar del trono, que se elevaba varios escalones por encima del resto de la sala, el techo ya no era una bóveda de cañón sino una gran cúpula con una claraboya que iluminaba directamente el trono. Y al volver a fijarse en KingChessmon, Tai recordó que estaba frente a un rey, por lo que se puso de pie tan pronto como pudo.

—Muy bien, em, Su Alteza. ¿Quería hablar conmigo?

—No finjas respeto, muchacho. Los dos somos figuras muy importantes y poderosas en este mundo. Seamos claros.

Tai quedó en blanco.

— ¿Perdón?

—Ustedes son los Niños Elegidos, salvaron nuestro mundo varias décadas atrás y se han convertido en figuras de santidad. Todos en este reino los aman, y llevan esperándolos mucho tiempo. Eso, me temo, resulta un gran problema para mí.

— ¿A qué se refiere?

—Un Rey es más que un simple cargo —explicó KingChessmon—. Soy un símbolo, la representación física del liderazgo, la protección y la prosperidad. Los ciudadanos de mi reino deben verme como una figura sagrada, respetarme y venerarme. Sólo así puedo esperar gobernar sin problemas internos, con la tranquilidad de saber que mi gente está dispuesta a seguirme. En definitiva, la legitimidad de mi gobierno está sujeta al respeto que mi figura inspira. Es por eso que su llegada atenta contra mi gobernabilidad.

—Yo… No termino de entender qué tenemos que ver nosotros con que usted sea un rey.

KingChessmon suspiró y miró a uno de los BishopChessmon, que simplemente se encogió de hombros.

—Tendría que haber hablado con el Elegido del Conocimiento —dijo mientras suspiraba nuevamente—. Lo diré de la forma más sencilla que se me ocurra. Veamos… Yo necesito ser un Dios para mi pueblo. Para gobernar, necesito que ellos crean que sólo bajo mi protección es que estarán a salvo y podrán progresar. Necesito ser su salvador. Y lo era hasta ayer a la tarde, cuando las computadoras de la Resistencia detectaron una anomalía espacio-temporal. Ahora ustedes están aquí, y los digimon prefieren poner su esperanza en los Elegidos por las profecías.

—Pero eso no es nuestra culpa. Nosotros sólo queremos salvar al mundo.

—Y lo harán —le aseguró KingChessmon—. Sin dudas lo harán. Pero para hacerlo, me necesitan. Por eso te traje, líder de los Elegidos, para acordar los términos de nuestra alianza.

Tai cambió el peso del cuerpo a su otra pierna y se cruzó de brazos. No le gustaba para nada el tono del digimon que tenía delante suyo.

— ¿”Los términos de nuestra alianza”? Eso es… Es una estupidez.

Los BishopChessmon levantaron sus cetros, pero KingChessmon los detuvo con un gesto de su mano.

—No hay nada para discutir —dijo Tai, tajantemente—, ni tampoco ninguna alianza por hacer. Los dioses del Digimundo nos eligieron para salvarlo. Puede ayudarnos y hacer lo correcto, o puede negarse y quedarse aquí, dirigiendo un reino lleno de refugiados que sólo están aquí porque no tienen otro lugar a dónde ir. Haga lo que quiera. Nosotros lucharemos de todas formas.

Enfadado por la soberbia de aquel digimon que se creía demasiado importante, Tai volteó y comenzó a alejarse en dirección hacia la puerta. Sin embargo, KingChessmon golpeó el suelo con su cetro, y delante de Tai aparecieron dos figuras amarillentas que surgieron desde el suelo. Las dos tenían la apariencia del rey, sólo que sus cuerpos parecían formados por el mismo material que la gema que coronaba su cetro, y ambas estaban armadas con unas alabardas. Cruzaron sus armas para impedirle el paso.

— ¿Qué va a hacer? —Preguntó Tai, volteándose a ver a KingChessmon nuevamente—. ¿Encerrarme en un calabozo? Todos mis amigos y nuestros digimon están aquí.

—Puede traer a los ocho comandantes si quiere, y aún así estarían en desventaja —dijo fríamente el rey—. Crees que sólo soy un pequeño digimon que se cree mucho más de lo que es, pero estás equivocado. Soy el último digimon mega que queda vivo en el Digimundo. Sobreviví a la invasión de los Dark Masters, y los dioses me encargaron levantar este reino. Todo esto surgió gracias a mí, creé el único lugar en el cual pueden dormir tranquilos sin tener que preocuparse porque los oscuros los encuentren de noche. ¿La Resistencia? ¿Crees que fueron sus digimon quienes la organizaron? ¡Fui yo quien aportó los recursos para que los científicos y guerreros creasen un sistema organizado de defensa! ¡Fui yo quien envió un ejército para que sus patéticos digimon estuvieran a salvo aquí! ¿Quieres salvar el Digimundo sin mi ayuda? Muy bien, toma a tus digimon y vete. Cuando corras por tu vida en una noche fría, perseguido por las huestes de los oscuros, sin haber comido en días y sin nadie que pueda ayudarte, entonces recordarás al rey que te ofreció su ayuda, la cual estúpidamente rechazaste. Si eso es lo que quieres, vete. Sal de mi reino y no regreses.

Con un nuevo movimiento de su cetro, las copias se disolvieron, dejándole a Tai vía libre para avanzar hacia la puerta. Pero no lo hizo. Quedó allí de pie, sin moverse, observando a KingChessmon. No le gustaba para nada aquel digimon. Era extremadamente egocéntrico, un personaje detestable que le hacía recordar a Etemon, lo cual nunca sería una buena comparación. Lo cierto, sin embargo, era que KingChessmon tenía muchos recursos. Por más que no le gustara la idea, Tai sabía que lo mejor para todos era tragarse su orgullo y aceptar la ayuda que aquel digimon pudiera ofrecerle. Aún así, necesitaba saber bien en qué se estaba metiendo.

—Usted sugiere que hagamos una alianza, pero hasta ahora la única impresión que tengo es que es un digimon al que sólo le importa su propia imagen. ¿Por qué querría ayudarnos?

—Otra pregunta cuya respuesta es obvia. ¿De qué me sirve ser rey si el Digimundo entero es destruido?

—Bien. Entonces supongamos que usted confía en que nosotros salvaremos al Digimundo…

—No confío, estoy seguro de que ustedes lo harán. Las profecías son poderosas, Elegido. No miento cuando digo que yo también esperé todos estos años a que ustedes llegaran a salvarnos.

— ¿Sabe qué? Ese tipo de cosas son las que me confunden —comentó irritado—. Primero dice que somos un problema para su plan de dominación total, ahora dice que nos estaba esperando. Hace unos minutos dijo que necesitábamos su ayuda, y ahora está diciéndome que estamos destinados a salvar el mundo de todas formas.

KingChessmon comenzó a reírse, lo cual hizo enfadar aún más a Tai.

—Eres incluso más ingenuo de lo que creía —le dijo el rey—. No tienes perspectiva, tu mirada es sumamente reducida. Ves el mundo blanco y negro, como el suelo de esta sala. Tratas de definirme en base a absolutismos, posiciones extremas y opuestas. Déjame enseñarte la escala de grises: ustedes están destinados a salvar este mundo, pero las profecías no dicen cómo, o con qué ayuda. Quizás puedan hacerlo sin mí, pero ¿por qué rechazar mi generosa oferta, mi hospitalidad, cuando esto podría facilitarles muchísimo la tarea? Ustedes quieren salvar al Digimundo, yo quiero gobernarlo. A ninguno nos conviene que sea destruido, por lo que nuestros objetivos coinciden. Estoy dispuesto a prestarles cuanta ayuda pueda ofrecer, pero en vista de que tengo mis propios planes, necesito que me den algunas garantías.

— ¿Y cuáles son esas “garantías”?

—Esta noche, en el banquete, los nombraré Paladines, el máximo rango que puedo otorgar en mi reino. De esa forma, serán el cargo más alto dentro de la Resistencia, y tendrán a su disposición todos sus soldados, tecnologías y recursos. Pero yo, como rey, continuaré siendo quien esté a cargo de este reino. Ustedes podrán entrar y salir de mis dominios con libertad, pero cualquier maniobra que implique la movilización de mis tropas o de mis recursos, deberá ser consultada, y seré yo quien anuncie las misiones a la población. No tienen que preocuparse, no voy a entorpecer su sagrada misión, como ya expliqué.

—Supongo que podemos cumplir eso —dijo Tai, tras pensarlo un poco. Estaba tratando de encontrar cualquier trampa que KingChessmon pudiera estar tendiéndole.

—Como dije al principio de nuestra charla, esta es una reunión privada entre dos figuras importantes, y no tiene sentido mantener formalidades ni protocolos. Pero fuera de estos muros, tú y el resto de los Elegidos deberán rendirme los honores que merezco como rey. En cada acto público, serán sumamente claros al decir que sólo con mi ayuda es que serán capaces de salvarnos, y que sin mí estarían perdidos y sin rumbo. Mi gente debe saber que no sólo soy quien los protegió durante la guerra, sino que también fui gran protagonista de la salvación del Digimundo.

—Bien. Si eso es lo que quiere, le diremos a todos lo buen rey que es usted. En público. No querrá saber lo que diré de usted en mi habitación.

—No me afecta su animosidad. Esto es guerra, Elegido. Las alianzas por conveniencia son parte de las reglas del juego.

— ¿Algo más, su alteza? —Preguntó con los brazos cruzados.

—Si acceden a mis sencillas peticiones, desde este momento pueden contar con el apoyo del reino Chessmon.

—Tenemos un trato, entonces.

—Perfecto. Mis guardias lo guiarán a sus aposentos, donde se reunirá con el resto de los Elegidos para hablarles de nuestros acuerdos.

En ese momento, las puertas de la sala se abrieron, y dos PawnChessmon, uno de cada color, se acercaron hacia Tai, para llevarlo hacia las habitaciones. Con una última mirada desconfiada, Tai volteó y siguió a los digimon a través de una gran escalera en caracol. Con cada escalón que bajaba, se preguntaba hasta qué punto aquella relación era conveniente para ellos, y hasta dónde estaba siendo un peón más en el juego del rey.



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—El rey KingChessmon solicita que se presenten en el Jardín Exterior dentro de diez minutos para dar inicio al banquete de bienvenida —anunció la voz de un guardia a través de la puerta.

—De acuerdo —respondió Matt, sin molestarse en levantarse de la cama.

Todavía estaba reflexionando. Hacía poco menos de una hora, Tai les había contado de su charla con KingChessmon, y nadie sabía qué esperar. No conocían al rey, no sabían que clase de digimon era, si realmente podían confiar en él. Tentomon los había dejado cuando el rey llevó a Tai a hablar, dirigiéndose a la base de la Resistencia para informar al resto del éxito de la misión, y Veemon lo había acompañado para conocer personalmente a los digimon de los Elegidos. Decidieron que cuando se reunieran con sus amigos, quienes tenían experiencia con KingChessmon, les preguntarían si realmente les convenía ser aliados de un digimon tan… particular.

Mientras tanto, decidieron que les vendría bien una ducha, por lo que no se negaron a que los llevasen a sus habitaciones, las cuales resultaron ser maravillosas. Matt notó que el departamento de su padre podría haber entrado fácilmente en aquel gran ambiente. En un extremo se hallaba una cama demasiado grande para una única persona, con grandes frazadas rojas. Cerca de la cama había un armario de madera con cuatro puertas que parecían ser muy pesadas. Tanto el suelo como las paredes y el techo parecían estar trabajadas en madera, lo que daba una sensación de calidez. La única parte de piedra era la que rodeaba un hogar en el extremo opuesto a la cama, donde se formaba una pequeña sala de estar, con sillones de terciopelo, una mesa ratona, una pequeña biblioteca y una mesa de hockey de aire. Había una pequeña puerta que llevaba al baño, y finalmente un ventanal que se abría a un balcón desde el cual se veía un sector del reino. Era realmente hermoso.

Matt se duchó tan pronto como pudo, y cuando terminó, se acostó directamente en la cama, vestido sólo con la toalla. Pensó durante unos minutos en todo lo que le estaba sucediendo. No es que no quisiera estar en el Digimundo, porque ciertamente estaba feliz de haber podido volver. Pero la situación no dejaba de complicarse, incluso ahora que se reunirían con sus amigos. Además, estaba lidiando con sus propias crisis de adolescente justo antes de que todo el asunto del Digimundo se disparara, por lo que la aventura no lo había tomado en un buen momento.

Tratando de distraerse, decidió empezar por vestirse. Sólo por curiosidad, antes de dirigirse al baño a recoger su ropa decidió revisar en los armarios. Quizás le habían dejado su propio juego de armaduras, unas como las de los PawnChessmon. Se preguntó si preferiría ser el blanco o el negro, o si una mezcla de los dos juegos sacaría de quicio al rey. Pero al abrirlo se encontró con que no había armaduras. Tenía algunos juegos de frazadas extra, pero lo más interesante eran cinco uniformes prolijamente doblados. Varias remeras sin mangas y ropa interior, todo blanco, que parecía ser lo genérico para vestir por debajo del uniforme. Éste consistía de una chaqueta y unos pantalones negros que parecían ser de kevlar. Le recordaron a la indumentaria que utilizaban los porteros en el fútbol, con zonas acolchadas para amortiguar los impactos. En este caso, las zonas eran la parte exterior de los brazos y los cuádriceps. Para romper un poco con el negro, tenían algunas delgadas líneas de un azul intenso rodeando las zonas de impacto. Y sobre el pectoral izquierdo, estaba grabado, también en azul, el Emblema de la Amistad.

Rematando el conjunto había algunos guantes y varios pares de botas que parecían llegar hasta la mitad de las pantorrillas. No estaba muy seguro de que fuese cómodo caminar con ellas, pero definitivamente podría pisar una araña con eso sin temor alguno. Odiaba las arañas. Notó también que dentro de un cajón del armario había algunos cinturones con un lugar específicamente diseñado para llevar su digivice. Quizás el rey era un ególatra, pero sabía cómo atender a sus invitados.


Intrigado por saber si el traje sería de su talla, se vistió, descubriendo que las medidas eran perfectas. Se preguntó cómo es que podrían haber sabido sus medidas exactas.

Ya vestido, se recostó en su cama, tratando organizar su mente. Muchas cosas e ideas pasaban por allí, empujándose las unas con las otras, chocándose y tratando de avanzar sin pedir permiso. Una parte de él quería ir a la habitación de su hermano y preguntarle cómo se encontraba. Dudaba que TK se molestara si lo hacía, pero Tai llevaba ya un tiempo hablándole de las discusiones que tenía con Kari, y Matt prefería que la relación con su hermano, quien también estaba creciendo y experimentando muchos cambios, no sufriera exabruptos.

Y eso le recordaba todo el asunto de Tai. El que trataba de evitar, pero que no podría continuar ocultando durante mucho tiempo. Pensar que había estado a punto de explicarle lo que sucedía en verdad hacía tan sólo algunos días, justo cuando encontraron la roca del Digi-Egg. Después de eso no habían tenido mucho tiempo para continuar hablando, ya que Kenshi apareció. Y ahora, casi dos días después, el contexto no lo ayudaba en nada.

Luego de que el guardia le dijera que tenían diez minutos antes del banquete, decidió que no podía permanecer más tiempo en su habitación. Necesitaba distraerse, y casi automáticamente, salió al pasillo y comenzó a caminar. Caminaba aparentemente sin rumbo, ya que no sabía con exactitud dónde estaban cada uno de sus amigos, pero en el fondo estaba seguro de a quién esperaba encontrar. La pregunta era en cuál de las otras siete habitaciones del pasillo es que estaba.

Golpeó en una de las puertas, la más cercana a la suya, para comenzar a descartar, pero nadie respondió. Golpeó de nuevo, por las dudas, pero no obtuvo resultados. Le pareció extraño que no hubiera nadie allí. Golpeó en la siguiente, y esta vez Izzy le abrió la puerta.

—Matt. Veo que tú también encontraste los trajes de Power Ranger.

El pelirrojo vestía el mismo uniforme que él, sólo que las líneas del que llevaba puesto eran violetas en lugar de azules, y llevaba el Emblema del Conocimiento. Y eso era todo lo que Matt podía ver, porque Izzy tenía la puerta sólo lo suficientemente abierta como para poder asomar la cabeza y parte del torso.

—Sí, bueno, supongo que mi remera de rock no es parte del protocolo —contestó con una sonrisa, mientras trataba de ver hacia el interior de la habitación de Izzy.

—Me dijeron que en diez minutos tenemos que ir al banquete. ¿Crees que sea una buena idea? ¿Después de todo lo que nos dijo Tai? —Preguntó, un poco preocupado, mientras cerraba aún más la puerta.

—No lo sé —respondió Matt—. A mí tampoco me gusta todo esto. Pero Tai estuvo bien en aceptar. Necesitamos toda la ayuda que podamos recibir. Cuando nos encontremos con Gabumon y los demás, entonces veremos si hay otras opciones.

—Sí, supongo que sí.

Permanecieron en silencio unos segundos, durante los cuales Matt pudo confirmar que su amigo estaba ocultando algo. Se veía un poco sonrojado, y movía incómodamente su pie. Decidió ignorarlo, sin embargo.

—Bueno, por casualidad, ¿sabes en qué habitación está Sora?

—No, a decir verdad yo no…

— ¡La última a la derecha! —Respondió una tercera voz desde la habitación.

Matt e Izzy cruzaron miradas. El rubio no pudo hacer nada para disimular su sonrisa y levantó una ceja, mientras las mejillas del Elegido del Conocimiento se mimetizaban con su cabello. Ahora sabía por qué nadie había respondido en la otra habitación.

—Gracias, Mimi —dijo en voz alta.

— ¡De nada! ¡Iría a saludarte, pero estoy…!

— ¡Buena suerte! —Dijo Izzy, cerrando inmediatamente la puerta en la cara de su amigo, quien comenzó a reír en medio del pasillo.

Tras recomponerse, comenzó a caminar hacia el final del pasillo. Había dos habitaciones, una frente a otra. El pasillo culminaba en un ventanal que daba hacia el patio de armas del castillo, y unas escaleras a la derecha bajaban hacia el sector de los sirvientes. Se detuvo frente a la puerta de Sora, pensando en las palabras que diría. Había mucho de qué hablar y sólo diez minutos para hacerlo, por lo que debía pensar bien qué decir. Finalmente levantó su puño. Estaba por golpear, pero un movimiento en el rabillo del ojo le llamó la atención. Dio dos pasos hacia el ventanal, y vio que Tsukaimon se acercaba volando por el patio. Se acercó al muro y entró a la torre por la ventana, sólo que un piso por debajo de donde ellos se encontraban.

Matt pensó en Kenshi. El piso de la torre en el cual se habían construido las habitaciones de los Elegidos estaba planificado para ocho personas. Nadie en el Digimundo había pensado en que podría llegar a haber un noveno Niño Elegido. Cuando los condujeron hasta allí y Joe reparó en ese detalle, los guardias le ofrecieron una habitación en el piso de abajo. Kenshi aceptó sin quejarse, pero mientras bajaba la escalera, Matt lo vio dirigir una mirada hacia el grupo. No lo conocía muy bien. Sabía, sí, que era un chico algo solitario. Y Matt sabía una cosa o dos acerca de ser solitario.

Un minuto más tarde golpeó la puerta y esperó. Algunos segundos luego, Kenshi abrió la puerta de su habitación. Estaba vestido con el mismo pantalón con el que había llegado al Digimundo y una remera blanca con mangas.

—Oh, Matt —lo saludó, mientras lo miraba de arriba a abajo—. Vaya, ¡qué buen traje!

—Sí, estaba en el armario de mi habitación —respondió, mientras trataba de ver cómo era la de su compañero.

Kenshi lo notó y abrió rápidamente la puerta.

—Adelante, pasa —lo invitó, aunque inmediatamente pareció arrepentirse—. Es decir, si quieres. No tienes que hacerlo si no. O sea, si viniste a decirme algo, puedes decírmelo. O no, como quieras.

—Tranquilo —le dijo Matt, causándole un poco de gracia el repentino nerviosismo del chico—. Si no hay problema, me gustaría pasar.

Kenshi sonrió y lo dejó pasar.

—Aún no puedo creerlo, este lugar es maravilloso. Siento que estoy en un palacio.

Matt se sintió repentinamente mal. Muy mal. Se notaba la felicidad y sinceridad en el tono de voz de Kenshi. Estaba emocionado por estar allí. Y si bien la habitación era grande y muy ordenada, parecía un basurero en comparación con las suites en las que ellos estaban ubicados. Parecía el departamento monoambiente de un universitario. Tenía una cama, un armario, una mesa para seis personas y unos sillones frente al ventanal que daba hacia un balcón exterior, donde Tsukaimon se encontraba persiguiendo una mariposa. Todos los muebles parecían sacados de un catálogo, a diferencia del evidente trabajo artesanal que evidenciaban los de sus habitaciones. Se sintió sumamente culpable por haber recibido una habitación como la que el rey les había dado, mientras Kenshi debía dormir en un lugar mucho más terrenal.

— ¿Te dejaron alguna prenda en el armario? —Le preguntó.

—No. Le pedí a uno de los guardias si podía conseguirme algo y me trajo esta remera. Dijo que mañana vendría uno de los sastres del rey para arreglar el problema. Le voy a pedir que me haga un traje como ese —dijo Kenshi con una sonrisa—. ¿Te gusta el azul?

—Supongo. No lo elegí. Es el color de mi Emblema —respondió, señalando el dibujo en su pecho.

— ¿Tu Emblema es la Amistad, no es cierto?

—Sí.

— ¿Y tu Emblema tampoco lo elegiste?

—No, ninguno lo hizo. Es algo que nos asignaron. Se trata de las cualidades o sentimientos que inspiramos, que provocamos en los demás. Aunque yo también creo que es algo que ansiamos, parte de las cosas que queremos conseguir.

Kenshi se sentó en el borde de su cama, jugando nerviosamente con sus dedos.

—Y… Digamos… ¿Crees que sea posible que un mismo Emblema sirva para dos personas? —Preguntó, mientras miraba hacia otro lado.

Matt lo pensó.

—Si te refieres a si es posible que haya dos Elegidos con el mismo Emblema, no lo creo. Puede ser, pero no creo. Pero en nuestra última batalla en el Digimundo, cuando un digimon llamado Apocalymon nos borró y eliminó nuestros Emblemas, descubrimos que no sólo somos nosotros quienes les damos energía, sino que ellos también se alimentan de las emociones del resto. Es decir, mi Emblema no sólo se activó por mi sentido de la Amistad, sino por la amistad que nos unía a todos. Así que, en cierta forma, nuestros Emblemas son compartidos. ¿Por qué? ¿También quieres ser el Elegido de la Amistad?

Kenshi no respondió. Continuó mirando sus manos, mientras movía los dedos como si estuviera tratando de hacerlos tronar.

—Dijiste que los emblemas son cosas que ansiamos —dijo, aún sin mirarlo—. ¿Eso quiere decir que tú no tenías amigos y querías tenerlos?

Matt no respondió. Quería hacerlo, pero no sabía cómo expresar lo que pensaba.

—Lo siento —se apresuró a decir Kenshi—. No debería haber dicho eso...

—Descuida, no hay… —quiso interrumpirlo Matt, pero el chico continuó hablando.

— …creo que sólo estaba proyectando.

Matt suspiró. Al fin y al cabo, Kenshi no era tan extraño como creía. Se ve que de hecho eran muy parecidos. Sólo que mientras que él en su momento se había refugiado en una máscara de apatía, Kenshi parecía hacerlo en su soledad. Sabía lo difícil que era para un chico entrando en la adolescencia sentir que no tenía muchos amigos. No era algo agradable en absoluto.

—Siempre fui algo solitario —comenzó a contar, mientras tomaba una de las silla de la mesa y se sentaba en ella al revés, con su pecho frente al respaldo, sobre el cual apoyó sus brazos—. Creo que quizás por eso me eligieron como el Elegido de la Amistad, por más raro que suene. Como dices, supongo que en el fondo quería tener amigos. Y por otro lado, esa soledad también me lleva a apreciar mucho más la amistad. Es como el hombre atrapado en el desierto, que ve el oasis como un paraíso, aunque sólo sea un pequeño charco de agua y la sombra de una palmera.

—Te entiendo —dijo Kenshi, asintiendo levemente—. Creo que por eso mismo es que estar en esta habitación me gusta tanto. Al principio creí que me pondría celoso, luego de ver los lugares que les dieron a ustedes.

Matt se mordió el labio.

—Sobre eso… Sabes, si quieres puedes quedarte con mi habitación. Es demasiado grande, de todas formas.

—No, no, está bien —respondió Kenshi, riendo un poco—. A eso me refería. Es como lo que dijiste, el que está en el desierto ve una botella de agua como un tesoro. Esta habitación es mi pequeño tesoro.

El chico no pareció percatarse de lo que implicaban sus palabras. Matt se le quedó mirando, tratando de descifrar si había entendido bien lo que Kenshi quiso decir.

— ¿En tu casa compartes habitación con algún hermano? —Le preguntó.

En ese momento Kenshi pareció darse cuenta de que quizás había hablado de más. Su postura corporal cambió totalmente. Si lentamente había estado abriéndose, con los hombros relajados y las piernas extendidas sobre la cama, tras la pregunta de Matt pareció compactarse. Sus rodillas se juntaron y se encogió de hombros, casi como si su cuerpo estuviera tratando de ocultarse dentro de un caparazón de tortuga.

—No. No tengo… Bueno, tengo un hermanastro, creo, pero vive en otra ciudad. Mi padrastro casi nunca habla de él.

— ¿Tus padres están separados?

Kenshi miró rápidamente hacia el suelo. Parecía estar esperando que un hoyo se abriera y lo tragara, lo que sea con tal de dejar de hablar de más. Matt notó que sus dedos ahora apretaban sus rodillas. Él sabía más que nadie lo duro que una separación de los padres puede resultar para los hijos. A esta altura estaba convencido de que esa era la situación de Kenshi. Quizás por eso es que podía verse a sí mismo en el chico. Compartían más de lo que creían.

—Mira, sé que es algo muy personal. No quiero presionarte a que me lo cuentes ni nada de eso. Pero quiero que sepas que TK y yo somos hermanos, él vive con mi madre y yo con mi padre. Ellos también se separaron. Los dos sabemos lo que es pasar por esa situación. Y hablo por los dos cuando digo que si algún día quieres hablar, estaremos más que dispuestos a escucharte. Seguramente tengas más confianza con TK, pero recuerda que no en vano soy el Elegido de la Amistad.

Kenshi levantó la vista. Parpadeó un par de veces, haciendo todo lo posible para que sus ojos no lagrimearan.

—Gracias. En serio —dijo—. A mí… Me gustaría hablarlo. Pero no ahora.

—No hay apuro. Cuando lo creas necesario.

Matt se puso de pie.

—Bueno, creo que deberíamos ir yendo al jardín. No queremos perdernos el banquete del rey, ¿no es cierto?

Kenshi sonrió, pasándose el dorso de la mano por sus ojos.

—Claro que no —dijo entusiasmado, mientras se ponía de pie—. Todos aquí parecen tomarse muy en serio el trabajo de hacernos sentir importantes. ¡Ya quiero ver cómo se esmeran los cocineros!






Como dije, estoy un poco apurado, jeje. Era esto o subirlo el miércoles a la noche, así que agradezcan jajaja. Ojalá que les haya gustado.

¿Cuál es la verdad sobre KingChessmon? ¿Dónde están los digimon de los Elegidos? ¿Cómo es en verdad la Resistencia? ¿Cuál es la historia de Kenshi?

Todo esto, y mucho más, ¡en el próximo capítulo de Una nueva Era! (ok, no, voy a ir de a poco, pero cliffhanger anyway)
 
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Contrario al anterior, este capitulo se me hizo bastante corto, es como dices, mas que nada expositivo, pero rellena algunos agujeros que habian quedado de capitulos anteriores xD

Me gusta la caracterización de kingchessmon, es muy acorde a un político, que a fin de cuentas es lo que es, y se me hace muy interesante que haya un tercer bando en la historia, ademas de los elegidos y los oscuros, que aunque ahora esta de su lado, como bien dijo, es cuestión de conveniencia. En tus versiones anteriores no recuerdo que hayas creado este tercer bando, pero le da un plus a la historia ^^

Luego el resto del capitulo estuvo enfocado en Matt, por lo que pudimos conocer un poco mejor a este Matt post adventure que no habíamos tenido tanta oportunidad. Aun es una persona con muchos miedos, sobretodo de arriesgar la amistad que puede tener con sus semejantes. No habla con Tk por miedo a que eso deteriore su relación, ni habla con Tai respecto a Sora por lo mismo. Por eso me alegra que en vez de haber ido a la habitación de la pelirroja lo haya hecho a la de Kenshi. Porque precisamente si hay alguien mas temeroso e inseguro en el grupo es el nuevo elegido. También creo que son muy parecidos, y entre esos dos puede surgir una relación muy buena.

Hasta el próximo cliffhanger xD
 
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Un capítulo muy interesante y tremendamente corto xD. Me has dejado con ganas de seguir leyendo, como siempre. KingChessmon es un personaje muy bueno, teniendo en cuenta que lo has creado de cero, y parece que va a ocasionarle más de un dolor de cabeza a los elegidos. ¡El último digimon mega! Primera duda resuelta. Luego te has centrado en Matt y creo que empiezo a darme cuenta de que tengo un problema con los elegidos, porque los amo a todos por igual y ya no tengo un claro favorito como lo tenía antes. Has definido muy bien su personalidad, es justamente la que nos mostró en Adventure solo que desarrollada por el paso de los años. Kenshi también se está convirtiendo en un personaje muy bueno, me cae bien. Tengo la impresión de que va a tener buena relación con los Ishida/Takaishi. Me ha dado pena casi todo lo que ha dicho xD y me ha gustado por dónde lo ha llevado Matt.

Espero el próximo capítulo y ojalá que no tarde :p. ¡Nos leemos!
 

<Andrea>

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wow simplemente wow, llevo leyendo asta el capitulo 7 (todavía no lo empece) y me gustaron son interesantes, son bastantes largos pero estupendos capítulos, espero qe sigan siendo interesantes y estupendos capitulos
 

Arki

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B Belerofonte Gracias por el comentario, amigo :D Lo de KingChessmon y su reino como tercera parte del conflicto es algo nuevo, sí. En la versión anterior me quedé justo a punto de introducir un tercer bando que eran los “renegados”, pero bueno, se cortó antes de que aparecieran xD Esta vez decidí hacer algo un poco distinto a lo que tenía planeado, y que se adecua muchísimo mejor a la historia que tengo planeada. Espero que el resultado sea satisfactorio. Y eso que dijiste de Matt… “Aun es una persona con muchos miedos, sobretodo de arriesgar la amistad que puede tener con sus semejantes. No habla con Tk por miedo a que eso deteriore su relación, ni habla con Tai respecto a Sora por lo mismo.” Es como si leyeras mi mente y superas qué es lo que quería transmitir con sus escenas. Eso es precisamente lo que quería contar, sólo que no quise hacerlo con la narración, jajaja. Siguiendo esa línea, también es por eso que se acerca a Kenshi, porque es con quien menos relación tiene y por lo tanto no tiene nada que perder, además del hecho de que se ve ligeramente reflejado en él, y por eso le da los consejos que le hubiera gustado que le dieran en su momento. Ojalá que este capítulo no te parezca tan corto xD

Sombra&Luz Sombra&Luz ¿Por qué insisten en que es corto? xD Yo no mido mis capítulos por páginas, ni siquiera por escenas: los mido por palabras (gracias Word por tener la opción). Siempre trato de que mis capítulos tengan un mínimo de 4200 palabras, y en lo posible que no superen las 5500. Y el anterior si no me equivoco tenía 4300. Pero bueno, ¿quieres capítulos largos? Este tiene 6900 :O Jajaja. Furia de escritor aparte, KingChessmon será, seguramente, un dolor de cabeza. Aunque antes de dar tus dudas por resueltas, recuerda que es un político, un manipulador nato, y dirá lo que crea que es conveniente decir para mantener el mito que genera alrededor de su figura como salvador del Digimundo ;D Kenshi es como Nova (si no lo conoces no te preocupes, pronto voy a estar haciéndome un set de avatar y firma con él, jajaja), vive para sufrir xD Acostúmbrate a la idea. Y no es un problema que ames a todos por igual, es algo bueno. Ojalá yo pudiera amarlos por igual, sería más fácil xD

<Andrea> <Abdrea> Muchas gracias! Sí, la verdad que soy de hacer capítulos algo largos. Creo que tiene que ver con la forma en la que los estructuro, jajaja. Espero que si sigues leyendo te sigan gustando :D


¡Hola, amigos Elegidos! No tengo mucho que decir antes de este capítulo. Solamente pedir disculpas por la tardanza (universidad y situaciones personales consumiendo mi energía vital) y decirles que disfruten este capítulo porque es especial. Más información sobre esto en las notas al final del capítulo. Ah, también quería decir que si hay algún lector de Venezuela (como estoy casi seguro que hay, jaja), pedirle que no guarde rencores por el 4-1 del otro día en la Copa América Centenario. Nada personal. Just business.

La canción de este capítulo no podía ser otra. O quizás sí, pero desde que hace varios meses hice el draft inicial del fic, con su storyboard capítulo por capítulo y asignándole canciones a casi todos los que pude, este capítulo tenía este tema escrito a su lado. Cuando termine el fic háganme acordar que les suba una foto de ese borrador que todavía tengo, jajaja. En fin, la canción en cuestión es Vox Populi, de 30 Seconds to Mars. Personalmente, yo la hubiera llamado “Call to arms”, pero bueno, se llama como se llama. Excelente canción.




El banquete no decepcionó a ninguno de los Elegidos. Estuvieron sentados en una larga mesa a un lado de KingChessmon y su corte. Frente a ellos, decenas de mesas mucho más sencillas de invitados. Habría fácilmente unos quinientos digimon reunidos para el banquete de bienvenida de sus salvadores. El jardín era maravilloso, iluminado con tanta luz artificial que no parecía que fuera de noche en absoluto. Grandes faroles circulares estaban distribuidos por todo el jardín, elevándose cinco o seis metros por encima de las cabezas de los comensales. Desde la distancia, parecía un pequeño campo estrellado.

Tai disfrutó particularmente del banquete. No sólo porque la comida era exquisita, abundante y de una variedad impensada, sino porque estuvo sentado entre Sora y Matt, hablando con ellos durante toda la noche. Hacía tiempo que no compartían algo como eso entre los tres, una cena que, si bien no era precisamente íntima, así fue como la vivieron. El único punto en contra quizás fue cuando KingChessmon inició su discurso, en el cual relataba toda su vida buscando la paz del Digimundo, sus esfuerzos para construir el grandioso reino Chessmon y toda la ayuda que pensaba brindarle a los Elegidos para que cumplieran su misión. Eso, y quizás el hecho de que aún no se habían encontrado con sus digimon, quienes aparentemente estaban “lidiando con una situación en la base de la Resistencia”, fueron los contratiempos.

Afortunadamente, tras una excelente noche de sueño, a la mañana siguiente uno de los BishopChessmon les informó que finalmente irían a conocer las instalaciones del ejército de la Resistencia.

— ¿Ahora? —Preguntó Tai, apoyando su cáliz de oro lleno de café con leche en la mesa.

—Luego de que desayunen y se vistan, el escolta personal del rey los acompañará, por su seguridad. Allí se reunirán con los Comandantes y serán presentados oficialmente frente al ejército. No tarden más de media hora.

Tras decir aquello, BishopChessmon dio media vuelta y salió del salón donde los Elegidos desayunaban.

— ¡Ya era hora! —Dijo Sora, con una sonrisa.

— ¡Y que lo digas! ¡No puedo esperar a encontrarme de nuevo con Palmon!

—Es injusto que sólo Izzy se haya encontrado con su digimon —dijo Joe, con una sonrisa.

— ¡Hey! No es mi culpa que hayan enviado a Tentomon.

—Como sea, terminen de desayunar así podemos ponernos nuestros uniformes cuanto antes —dijo Matt.

Continuaron bebiendo sus cafés, chocolatadas o jugo de naranja, acompañados de tostadas, frutas, brownies y una mermelada que parecía de arándanos y sabía genial en todo. Estaban sumamente ansiosos, deseando reunirse cuanto antes con sus compañeros. El único que parecía ligeramente preocupado era Kenshi, que comía silenciosamente. TK, sentado a su lado, fue el primero en notarlo.

— ¿Pasa algo? —le preguntó.

Todos dejaron de hablar para ver al nuevo elegido, el cual no parecía para nada feliz de ser el centro de atención.

—No, no, nada. Es sólo… No sé, yo también quiero conocer a sus digimon, pero creo que será algo incómodo, con todos ustedes reencontrándose tras mucho tiempo. ¿No sería mejor que hoy fueran ustedes y nos presenten mañana?

—No seas tonto —le dijo Tai, bebiendo un nuevo sorbo de café—. Veemon y Tentomon ya deben de haberles contado sobre ti, ellos también estarán ansiosos por conocerte.

—Que no te engañe el hecho de que todo el mundo se refiera a ellos como “comandantes”, o que estén a cargo de un ejército —aconsejó Sora—. No son para nada serios.

—Puedo asegurarte que Gomamon será la persona menos seria que conocerás en tu vida —dijo Joe.

—No sé por qué sigues tratando de distanciarte —le dijo Kari con una sonrisa—. Eres tan Elegido como nosotros. No estaríamos aquí de no ser por ti, ¿recuerdas? Date la importancia que mereces. La Resistencia tiene que conocerte.

Tai vio que Kenshi parecía ruborizarse.

—Gracias —respondió, antes de voltear inmediatamente para seguir comiendo sus tostadas con una sonrisa en su rostro.

Pronto acabaron de desayunar y subieron a sus habitaciones a vestirse. Todos se pusieron sus nuevos uniformes negros con el Emblema grabado en el pecho. Al principio les parecía demasiado… profesional, quizás. La primera vez que habían caído en el Digimundo tuvieron que arreglarse con la ropa que llevaban puesta para un campamento de verano. Era extraño de repente contar con ropa a la medida, aislada térmicamente y que parecía ser a prueba de balas. El detalle de que tuvieran un espacio especial destinado a los digivices fue recibido agradablemente; ahora ya no tendrían que buscar alguna prenda sobre la cual engancharlo.

Tardaron sólo un poco más de lo necesario, pues mientras se vestían, una Floramon, que cumplía la función de sastre real, se acercó al cuarto de Kenshi a medirlo y confeccionarle en el acto un uniforme. Creyeron que algo así tardaría al menos unas horas, pero la tecnología con la que contaba el reino era admirable. Floramon colocó una especie de electrodos en distintos puntos del cuerpo de Kenshi, sobre su ropa, y activó una pequeña máquina. Un minuto más tarde, la computadora tenía una imagen renderizada en tres dimensiones del cuerpo del Elegido. Aquel extraño aparato también era, aparentemente, una impresora 3D, pues comenzó a hacer ruidos y a emitir luces de distinto color. Antes de que los chicos pudieran reponerse del asombro de toda la situación, un ruido idéntico al de los relojes de cocina sonó, y Floramon abrió una pequeña compuerta como si de un horno se tratara.

— ¡Aquí está! —Anunció con alegría, extendiendo ante ellos las distintas prendas que formaban el uniforme de los Elegidos.

—Vaya —dijo Kenshi, acercándose a tocar el textil—. Es genial. ¿Y qué le pusieron en…?

Floramon levantó la chaqueta y mostró que, donde el resto de los chicos tenían su Emblema, se hallaba un número 9. También era negro, pero estaba hecho de algún tipo de plástico, por lo que el brillo lo hacía resaltar por sobre el kevlar opaco. Las líneas que en el resto de los uniformes eran del color del emblema, aquí también eran negras.

— ¡Se ve muy bien! —Opinó Tsukaimon, mientras volaba para ver mejor el uniforme.

—En cuanto sepa cuál es su emblema, podremos rediseñar el uniforme. Mientras tanto, este traje genérico cumplirá con su propósito.

— ¿Tú has hecho todos estos uniformes? —Preguntó Mimi, emocionada—. Déjame decirte que hiciste un trabajo excelente con las costuras.

— ¿Verdad que sí? —Respondió con alegría la digimon, tirándole en la cara el uniforme a Kenshi para poder charlar más cómoda—. BishopChessmon quería algo más como armadura, con distintas piezas que se ataran al cuerpo. Eso es taaaaan del siglo pasado.

—Típico de hombres —continuó la Elegida de la Pureza.

—Totalmente. Además , eso es muy de villano, ¿entiendes? Cadenas, armadura de metal… Bueno, tú sabes. Quería darle un toque moderno a la guerra. Como dicen...

—El bien siempre tiene que estar a la moda —recitaron las dos al mismo tiempo, antes de estallar en risas.

El resto de los Elegidos las observaban como si fueran una nueva especie en exhibición en el zoológico.

—Yo… debería cambiarme —dijo Kenshi finalmente.

—Usa mi habitación. Creo que ellas tienen para rato —ofreció TK, en cuanto vio que Mimi comenzaba a hablar de por qué los pantalones de jeans rotos estaban pasados de moda.


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Una vez que estuvieron preparados para visitar la base de la Resistencia, comenzaron a bajar los interminables sistemas de escaleras. Al principio era hermoso ir descendiendo y ver cómo el paisaje se modificaba a través de los grandiosos ventanales apuntados. Recorrieron el castillo, observando estatuas, pinturas y demás obras de artes, junto a las majestuosas arañas que colgaban de los techos. Tras diez minutos consecutivos bajando escalones, sin embargo, las piernas de los elegidos pedían un descanso. Por suerte, pronto vieron el gran portón de entrada, que abierto en su totalidad dejaba entrar el Sol de frente a todo el vestíbulo.

De pie en medio de la entrada, por donde varios guardias y soldados circulaban, un digimon los observaba. Era claramente un digimon tipo dragón. Sus escamas eran completamente azuladas, un color que recordaba al cielo al amanecer, cuando los primeros tintes de azul comienzan a reemplazar al negro. Parecía tener dos brazos, pero se apoyaba en ellos, casi como los primates, por lo que a primera vista no sabían si en efecto eran extremidades superiores o en realidad tenía cuatro patas. Tenía las alas retraídas, y sólo el movimiento de su cola, impaciente, dejaba ver que no se trataba de una gárgola que alguien había dejado olvidada en el vestíbulo.


Considerando que no movía sus ojos ni un centímetro de la posición de los Elegidos, Tai decidió probar suerte y ver si se trataba del escolta que BishopChessmon había dicho. Continuaron acercándose hasta detenerse frente a él, esperando alguna respuesta, pero nada. Ni siquiera movía sus ojos.

—Hola —saludó Tai, levantando la mano—. Por casualidad, ¿eres el digimon que nos tiene que llevar hasta la base de la Resistencia?

Nada. Cero movimiento. Parecía una estatua.

— ¿Estará vivo? —Preguntó Kari.

—Bueno, no se está disolviendo en datos, así que debe estarlo —dijo Izzy.

— ¿Hola? ¿Me escuchas? —Preguntó Tai, mientras movía sus manos por delante de los ojos del digimon.

Finalmente, tras algunos segundos, el digimon parpadeó. Enseguida movió la cabeza y vio a Tai.

—Oh, Elegidos —dijo, enderezando la columna y llevándose una mano a la cabeza—. Lo siento. Me quedé dormido.

Tai supuso que todos sus amigos tendrían una cara muy parecida a la suya en ese momento, pues el digimon se apresuró a aclarar.

—Es que con el banquete de anoche tuve que hacer horas extras para asegurarme de que nada le suceda a Lord KingChessmon. No dormí casi nada, y cuando me puse a esperarlos aquí, bajo la luz del Sol… Soy de sangre fría, ¿saben? Se siente muy bien —dijo, mientras volvía a cerrar los ojos con una sonrisa de satisfacción por sentir el sol en su lomo.

—Ok… Entonces, ¿tú eres…?

—Coredramon —dijo, extendiendo su gran mano llena de garras y estrechándola con la de Tai, con movimientos muy enérgicos—. Oficialmente conocido como el escolta del rey, pero mis amigos me dicen Coredramon. Es todo un honor conocerlos finalmente.

—Lo… mismo… digo —logró decir Tai, temiendo que el digimon le arrancara el brazo en aquel saludo.

— ¿Estoy estrechando tu mano por demasiado tiempo? —Preguntó con una sonrisa, sin detenerse.

—Sí… Yo diría… Que sí…

Coredramon se detuvo de inmediato, sin perder la sonrisa. Volteó y se acercó hacia el resto de los Elegidos.

—Coredramon, mucho gusto —dijo, extendiéndole su brazo a Matt.

—Sí, em… Hola —Dijo, desde la distancia. El resto de los Elegidos se apresuraron a saludarlo también desde lejos.

—Bueno, supongo que estarán ansiosos por reencontrarse con los comandantes, ¿verdad? No se preocupen, sólo síganme y…

Se detuvo en seco, con los ojos completamente abiertos de la sorpresa enfocados en Tsukaimon. Todos lo miraron, pero el pequeño no parecía estar haciendo nada raro.

— ¿Qué? ¿Tengo algo? —Preguntó, dando vueltas sobre sí mismo tratando de ver su espalda.

— ¡Comandante Patamon, qué sorpresa! —Saludó—. Creí que estaría en la base de la Resistencia.

— ¿Qué? —Preguntó Kenshi, sin comprender.

— ¿Quién es Patamon? Yo soy Tsukaimon.

— ¡Oh! ¿Estamos con nombres claves? Yo seré Jake Long. Suena bien, ¿eh?

—Él no es Patamon —dijo TK, preocupado por la salud mental del supuesto escolta del rey—. Son parecidos, pero Patamon es anaranjado, y Tsukaimon claramente es morado.

—Oh, eso explica todo —dijo Coredramon—. Verán, soy daltónico. Es algo que corría en mi clan. Los Coredramon verdes somos conocidos por ser daltónicos, ¡pero eso es mejor que ser un Coredramon azul!

Estaba riendo tan feliz que ninguno tuvo el coraje de explicarle que sus escamas eran completamente azuladas. Tras calmarse, los invitó a que lo siguieran. Mirándose entre ellos, decidieron que no tenían otra opción que caminar junto a él. Así que, un tanto resignados, se dirigieron rumbo a la muralla exterior del castillo.


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Tras pasar veinticuatro horas dentro del castillo de KingChessmon, experimentando una vida de príncipes y con todo un reino mentalizado en que no les faltara ninguna comodidad, creyeron que tenían una idea de lo que era la vida en el reino. Sin embargo, los cuarenta y siete minutos que tardaron en llegar desde el castillo a la base de la Resistencia les mostraron una realidad muy distinta.

No tardaron casi nada en llegar hasta la plaza donde los habían recibido. Esta vez no había una multitudinaria asistencia de digimon aclamándolos, más allá de que todos con los que se cruzaban se detenían y se agachaban en señal de respeto, o gritaban por “sus salvadores”. Hasta allí, se encontraron con todas aquellas construcciones volumétricas que parecían turnarse para que sus fachadas fueran blancas y negras intercaladas. Era evidente que eran en general viviendas sociales, y quizás podrían haber intuido que muchos digimon vivían allí, apretados y sin muchas comodidades, pero los edificios se veían tan bien mantenidos que no se ponían en pensar en ello.

Cuando llegaron a las zonas más periféricas, sin embargo, la situación cambió por completo. Los edificios parecían rejuntes de piezas prefabricadas unidas por arte de magia. Las ventanas estaban torcidas, las puertas parecían estar apoyadas, sin bisagras, y cualquier cosa servía como cortina. Allí las calles eran más angostas, y parecían estar mucho más pobladas por digimon. Eran en su mayoría digimon en etapa de novato, pero había también algunos adultos. Era un movimiento continuo, todo mucho más congestionado que en la parte más cercana al castillo, demasiados digimon en muy poco espacio.

Y pronto notaron que todos tenían caras cansadas. Arrastraban los pies y las colas por el suelo, cargando bolsas con lo que parecían ser alimentos. Encontraron algunos digimon que dormían en los pórticos de las casas, cubiertos únicamente con una pobre manta. En su trayecto también atravesaron dos puestos que parecían ser comedores comunitarios. Eran unos pequeños stands con una olla de comida que un digimon repartía en los tazones de una larga fila que esperaba con ojos ilusionados.

—Se ven hambrientos —dijo Mimi en voz baja.

—Ocho años atrás, KingChessmon había tomado la decisión de cerrar las puertas, porque se estaba llegando al límite de producción en los campos—comenzó a explicar Coredramon—. Pero los digimon no dejaron de acercarse, y comenzaron a crear sus viviendas por fuera de la muralla. Se mantuvo así durante algunos meses, hasta que prácticamente teníamos varios vecindarios precarios rodeando el reino. Ahí fue cuando KingChessmon ordenó construir un nuevo anillo de murallas exteriores, uno que protegiera también a los recién llegados. No tienen una idea de lo que costó mover la base de la Resistencia para que quede junto a la entrada de nuevo. Eso sí que fue genial.

— ¿O sea que la comida no alcanza para todos? —Preguntó Sora.

—El rey trazó un plan de distribución. Obviamente, la mayor parte está dirigida a mantener el castillo y las figuras más importantes, como yo —dijo con una sonrisa orgullosa—. Y se asegura de que todos los que originalmente formaban parte del reino reciban su ración semanal.

— ¿Y qué pasa con los que llegaron después? —Quiso saber Matt.

—Pues tienen que ir a trabajar a los campos, obviamente. Tienen una cuota diaria que cumplir para pagar su estadía y protección. Pero el rey es bueno, y si logran producir más de la cuota diaria, deja que se lo queden para ellos. Nadie quiere que se mueran de hambre, ¿no?

La cuota debía ser bastante alta, pues los digimon se veían hambrientos e increíblemente cansados. Aún así, cuando los Elegidos pasaban junto a ellos, sus rostros se iluminaban con alegría y emoción. Dejaban lo que estaban haciendo para acercarse y tratar de tocarlos, decirles cuánto les agradecían que hubieran vuelto, ofrecerles su ayuda para lo que necesitaran y en general hacerles saber que era una bendición que existieran.

Aunque a una parte suya le gustaba que los digimon los tratasen tan bien y estuvieran felices de que hubieran llegado, Tai no podía evitar sentirse mal al ver la situación que veía. Trató de detenerse para intercambiar algunas palabras con esos pobres digimon, pero Coredramon insistía en que debían llegar cuanto antes a la base de la Resistencia. Impulsado principalmente por el deseo de reunirse cuanto antes con sus viejos amigos, aceptó a regañadientes. Pero estaba convencido de que en cuanto volviera al castillo tendría una conversación con KingChessmon.

No tardaron mucho en llegar finalmente a la base de la Resistencia. No es como si hubieran podido perderse, o como que no hubieran estado viendo el edificio desde que salieron del castillo. La resistencia tenía residencia en un edificio alto, pero no era la típica torre alta y angosta que se eleva como una aguja en el paisaje. Era un gigantesco bloque rectangular que le daba sombra a la mitad de los barrios periféricos durante la mañana. Parecía el edificio de la sede de las Naciones Unidas, pero más ancho, y la parte trasera del edificio apenas si tenía alguna ventana. El resto era de un material oscuro y rugoso.

Estaba encastrado en la muralla, con un gran portón de acero que seguramente era la entrada al reino. Coredramon no los llevó hasta allí, sin embargo. Los llevó lo suficientemente cerca como para que les doliera el cuello si trataban de ver el final del tan alto edificio, y luego los llevó hasta un lugar donde los esperaba uno de esos digimon azules con fusiles que habían visto el día anterior. Estaba de pie junto a una extraña plataforma.

—Sargento Commandramon —lo saludó Coredramon, acercándose con la mano extendida para saludarlo.

—No. Ni siquiera lo intentes —le advirtió Commandramon, pegándole con la culata de su fusil en la mano que le ofrecía—. Hoy es mi turno de hacer guardia, necesito mi brazo atado a mi cuerpo.

—Le traigo a los Elegidos —dijo, sin mostrarse en absoluto ofendido por la actitud del sargento.

—Sí, lo veo. ¿El Rey te pidió que te quedes?

—Oh, no, tengo que volver a la torre cuanto antes. El rey necesita que su escolta personal esté lo más cerca posible.

—Entonces vete. Nadie te quiere por aquí.

— ¡Ok! —Dijo alegre, volteándose para saludar a los Elegidos—. ¡Hasta luego!

Extendió sus alas y se alejó volando lentamente en dirección al castillo. Commandramon suspiró y se acercó a los Elegidos, inclinándose frente a ellos.

—Niños Elegidos, es un honor conocerlos finalmente. Estoy a su servicio.

— ¿Finalmente? ¿No estabas ayer cuando Kabuterimon nos rescató en el bosque? —Preguntó Izzy.

—No, ese fue otro sargento. La mayoría de los soldados aquí somos Commandramon, así que no se preocupen por tratar de diferenciarnos o reconocernos.

Comenzó a caminar hacia la plataforma y se paró sobre ella, junto a un pequeño pedestal que parecía tener algunos botones.

—Suban, Elegidos.

Hicieron caso al sargento, y caminaron hasta estar junto a él. La plataforma era un gran círculo de acero, con una baranda rodeando su perímetro y el Emblema de la Esperanza brillando con pintura dorada en el centro.

— ¿Por qué el Emblema de la Esperanza está en todas partes? —Preguntó TK.

—Lo adoptamos como símbolo cuando la guerra comenzó. Es perfecto, representaba los principales valores de nuestra causa, la convicción de que algún día ustedes regresarían a acabar con todo esto, y también lo único que nos quedaba. Esperanza.

El sargento oprimió algunos botones y pronto toda la plataforma comenzó a temblar. Se agarraron de las barandas, y pronto las casas a su alrededor comenzaron a encogerse, o al menos eso parecía. Pero esa extraña sensación de estar en un ascensor pronto les hizo darse cuenta de que era la plataforma elevándose lentamente. Al asomarse un poco por la baranda, Tai confirmó que la base de la plataforma brillaba, y pronto comenzó a ganar altura y velocidad.

—Supongo que entrar por las escaleras no habría sido tan espectacular —comentó, mirando al sargento.

—Elegimos esta entrada porque los hangares inferiores están en mantenimiento tras la batalla de anoche.

— ¿Hubo una batalla anoche? —Preguntó Sora, inquieta.

—Todas las noches hay batallas. Es raro que nos den una noche libre. En fin, no se pongan cómodos, ya estamos por llegar.


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El interior de la base de la resistencia era mucho más impresionante de lo que parecía desde fuera. Si bien todo el reino tenía un aire medieval, el edificio de la Resistencia parecía el interior de una nave espacial. Las paredes eran grandes módulos de placas metálicas que parecían soldadas . Todas las carpinterías eran de aluminio, y los marcos de las ventanas estaban empotrados en los muros, por lo que más que ventanas parecían huecos que se abrían al paisaje. Los cielo rasos estaban divididos en paneles, algunos de los cuales eran luminosos, por lo que no había focos de luz, ni lámparas. Todo se sentía sumamente moderno, y extrañamente impersonal. Frío.

Commandramon los condujo a través de interminables pasillos con pantallas holográficas mostrando datos, esquemas, diagramas y gráficos incomprensibles. Cruzaron decenas de puertas automáticas, ignoraron decenas de pasillos secundarios y puertas cerradas, escritorios vacíos y aún así no se cruzaron con ningún digimon.

—Oye, ¿esto no debería estar, digamos, lleno de soldados haciendo abdominales y práctica de tiro? —Preguntó Tai.

—Y personal de investigación —agregó Izzy—. Toda esta tecnología… Debe haber decenas de programadores, ingenieros y científicos trabajando aquí.

—Hubo una alerta a setenta y cinco kilómetros al noroeste, enviamos a los soldados a investigar— respondió Commandramon, sin voltearse a mirarlos.

— ¿A todos los soldados? —Preguntó Matt.

—Sí.

— ¿No es eso un poco peligroso?

—No. Ya casi llegamos.

Los Elegidos se miraron entre ellos. Algo en toda aquella situación los preocupaba. No pudieron evitar notar que Commandramon caminaba con una mano extremadamente cerca una de las pistolas que llevaba en su cinturón. Tsukaimon se adelantó, para colocarse entre Commandramon y los Elegidos. Por si acaso.

Afortunadamente, no continuaron caminando durante mucho tiempo. Pronto llegaron a una gran puerta circular. Una placa ubicada sobre ella rezaba: “COMEDOR”. Era la única puerta que no se abría automáticamente. Commandramon se acercó a un pequeño panel con botones e introdujo una clave. Luego sacó una tarjeta magnética y la pasó por una ranura. Se escuchó un pequeño ruido electrónico, y enseguida los paneles lumínicos del techo se atenuaron, iluminando todo el pasillo tan sólo con una pequeña luz roja que apenas si dejaba apreciar las siluetas de los Elegidos y las paredes metálicas.

— ¿Qué es esto? —Preguntó Tai, poniéndose a la defensiva inmediatamente.

—Medidas protocolares —respondió Commandramon, mientras oprimía un nuevo botón y la puerta del Comedor se abría en dos. Los Elegidos no pudieron ver nada dentro. Todo estaba oscuro.

— ¿Para entrar al comedor? —Quiso saber Joe—. ¿Por qué hay que apagar las luces para entrar al comedor?

—Yo no escribí las reglas, Elegido, sólo las sigo. Por favor, ¿podrían pasar al comedor? —Volteándose con una sonrisa—. Cuando estemos dentro, las luces se encenderán automáticamente.

Nadie quería hacerlo, realmente. Pero no era como si tuvieran otra opción. Tai consultó con la mirada a sus amigos, y uno a uno asintieron.

—Vamos.

Atravesaron la puerta y se adentraron en la sala oscura. Cuando todos pasaron, con Commandramon al final, la puerta se cerró, dejándolos en una oscuridad absoluta. Se sentían observados.

En ese mismo momento, comenzaron a escuchar algo. Eran como pequeños murmullos, pero parecía como si los rodeara desde todas las direcciones. Tai recordó aquella ocasión en la que lo habían elegido para ser un alcanza-pelotas en un partido amistoso de la Selección de Japón en Odaiba. Aquel día había conseguido que todos los jugadores le firmaran su camiseta, y además había estado en el campo de juego de un estadio colmado de gente. Esa misma semana había fallecido un ex jugador, un histórico del fútbol japonés, y el árbitro pidió un minuto se silencio antes de iniciar el partido. Él estaba allí abajo, rodeado de decenas de miles de personas. Se hizo el minuto de silencio, pero aún así había un leve murmullo, el resultado de toda esa gente susurrando con la persona de al lado. Un murmullo casi imperceptible, pero que llegaba desde todas partes. Y así es como se sentía en aquel momento, en el oscuro comedor. Como si todo un estadio murmurara frente a él, tratando de guardar silencio.

— ¿Commandramon? —Dijo—. ¿Y las luces cuándo…?

Las luces se encendieron de repente, y tras un segundo que necesitaron para recuperarse del impacto del cambio de luz, descubrieron que efectivamente no estaban solos. En absoluto.

— ¡SORPRESA! —Los recibió un ruido atronador, como si doce truenos estallaran junto a ellos.

El comedor era muchísimo más grande que el del castillo de KingChessmon. Les hacía acordar al Gran Comedor de Hogwarts, un salón que se extendía decenas de metros, con un techo proporcionalmente alto. Estaba lleno de mesas, suficientes como para dar de comer a toda la gente de un Super Bowl. Y todas las sillas estaban ocupadas por los soldados de la Resistencia. Digimon de todas las especies, gritando de pie. Escucharon un par de cañonazos, y casi se vieron enterrados en una lluvia de confeti y globos de todos los colores. En el centro del comedor, había un pasacalles que decía “BIENVENIDOS ELEGIDOS”. Observaron que un grupo de digimon traía lo que parecían ser unas grandes sábanas de goma y unas pequeñas bombas de aire. Las conectaron, y rápidamente vieron, atónitos, cómo ocho figuras inflables de quince metros de los Elegidos comenzaban a elevarse. Tenían la misma ropa que habían usado los Elegidos en su primera aventura. Tai con su remera azul y sus googles, Sora con su gorro azul, TK vestido de verde, Mimi con su bolso marrón, Kari con su silbato, todos los detalles estaban presentes.

—Tiene que ser una broma —dijo Sora lentamente, aunque entre tantos gritos, su comentario se perdió en el aire.

Cuando los ocho muñecos de los Elegidos terminaron de inflarse, un nuevo grupo se acercó, liberando espacio entre dos de ellos. Un Tyranomon, luego, colocó allí una silueta de madera del mismo tamaño que los muñecos inflables. Estaba pintado a mano, por lo que los rasgos faciales no estaban tan bien definidos. Sin embargo, el cabello negro, los ojos azules, y un 9 en su remera bastó para que Kenshi se viera identificado.

—No lo puedo creer —dijo lentamente el noveno Elegido, observando su silueta de madera.

—Realmente lo sentimos, Elegido —comenzó a disculparse Commandramon—. No teníamos ni idea de que llegaría un nuevo Elegido, tuvimos que improvisar con la descripción que nos dio el Comandante Tentomon, y sólo…

— ¡Es genial! —Lo interrumpió Kenshi, con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Tengo mi propio muñeco gigante! ¡Mira eso, Tsukaimon!

— ¡Lo veo, lo veo! —Dijo, moviendo enérgicamente sus alas.

—Bueno, Elegidos, ¿qué dicen si se acercan a saludar a los soldados? —Sugirió Commandramon—. En el centro de la sala hay algunos digimon que seguramente están esperando encontrarse con ustedes de nuevo. ¡Hey, DJ! ¡Pon algo de música!

Desde una mesa ubicada en la pared derecha, un Elecmon con cadenas de oro y grandes lentes de sol asintió y comenzó a tocar unos botones en su consola. Inmediatamente, unos grandes parlantes ubicados en todos los rincones del comedor comenzaron a sonar al ritmo de una guitarra eléctrica. Elecmon debía tener todo configurado para que sonara con los bajos al máximo, pues los Elegidos sentían su corazón vibrar al ritmo de la música por el volumen.

— ¿Qué es esto? —Preguntó TK.

—Me suena, pero no lo ubico —dijo también Kari.

Learn to fly, de Foo Fighters —respondió Matt, ganándose una mirada por parte de todos—. ¿Otra vez con lo mismo? Les di lo mejor de lo mejor. Los digimon también disfrutan la música.

Tai comenzó a reírse. Estaba muy feliz de estar allí, en aquel momento, rodeado de digimon que cantaban y bailaban al ritmo de la música que su mejor amigo les había enviado, con un muñeco inflable de todos ellos, y sabiendo que en algún lugar de ese comedor se encontraba Agumon. Se lanzó directo hacia los soldados de la Resistencia, quienes lo recibieron como a una celebridad. Todos le daban la mano, le daban palmadas en la espalda y lo felicitaban. Las digimon lo abrazaban y le daban besos en la mejilla —lo cual no le molestaba en absoluto—, y antes de que se diera cuenta, varios digimon lo habían levantado del suelo. Lo llevaban como si fuera una estrella de rock. Volteó y vio que todos sus amigos estaban en la misma situación. Los digimon comenzaron a llevarlos, dirigiéndolos hacia el centro de la sala, mientras continuaban cantando y bailando al ritmo de la música.

I'm looking to the sky to save me, looking for a sign of life. Looking for something to help me burn out bright—cantaban a coro, cargando a los Elegidos mientras lo llevaban hacia el centro de la sala.

Cuando ya estaban lo suficientemente cerca, el Tyranomon que había cargado la silueta de Kenshi y un Allomon extendieron sus palmas para que los Elegidos se pararan sobre ellas. Una vez que los cargaron, los movieron rápidamente hacia el centro, donde todos los soldados se abrieron paso, dejando a unos nueve digimon de pie.

Tai dejó de escuchar la música, dejó de sentir el calor de todos los digimon. Lo único que su cerebro podía procesar era ver a sus viejos amigos, con Agumon al frente del grupo.

— ¡Agumon! —Gritó, saltando de la mano de Allomon y corriendo hacia su amigo.

— ¡Tai! —Gritó el lagarto, también corriendo para saludar a su tamer.

Los dos saltaron para abrazarse al mismo tiempo, pero el peso de Agumon hizo que Tai cayera hacia atrás. Se golpeó dolorosamente la espalda, y su pecho estaba siendo aplastado bajo el peso de su digimon, pero no podía estar más feliz.

—Te extrañé, amigo —le dijo, rascándole la cabeza con sus nudillos.

— ¡Hey, detente! —Se quejó el digimon, mientras no paraba de reír—. Nosotros también los extrañamos.

A su alrededor, todos sus amigos estaban reuniéndose con sus respectivos digimon.

— ¿Y qué onda con esta fiesta sorpresa?

—Fue idea de Gomamon —dijo, mientras ambos volteaban a ver al digimon, que estaba colgado del cuello de Joe, quien trataba de quitárselo de encima con una sonrisa en el rostro.

— ¿Por qué no fueron anoche a la cena de bienvenida? —Le preguntó Tai, mientras se ponía de pie.

—No queríamos estar con KingChessmon —respondió Agumon, poco avergonzado—. Nos ha dado más ayuda de la que podríamos haber pedido, pero mientras menos nos relacionemos con él, mejor.

—Si, creo que sé a qué te refieres.

—Y además, tuvimos una larga charla con Veemon —agregó el digimon.

Fue en ese momento que Tai notó al digimon azulado, de pie junto a ellos.

—Oh, Veemon. ¿Sabes algo, Agumon? Este tipo es súper poderoso. Le dio una lección a un SkullMeramon. ¡Nosotros necesitamos a MetalGreymon! Nos va a ser de gran ayuda para luchar contra… Bueno, lo que sea que tengamos que luchar.

La sonrisa se desvaneció lentamente del rostro de Agumon. El Comandante volteó a ver a Veemon.

— ¿No les dijiste nada?

—No —dijo Veemon, negando suavemente con la cabeza—. Quizás debí hacerlo. Pero lo importante era mantenerlos a salvo hasta llegar aquí. No hubo mucho tiempo para charlar.

— ¿De qué hablas? —Preguntó Tai.

Algún digimon cercano debió escuchar la conversación y le hizo un gesto al DJ, pues la música se detuvo abruptamente.

— ¿Qué pasa? —Preguntó Mimi, aún abrazada a Palmon.

Veemon se alejó un poco de Tai, mirando al suelo, como si estuviera buscando la mejor forma de expresar lo que quería decir.

—Elegidos, ustedes me convocaron cuando encontraron el Digi-Egg del Valor. No sabemos cómo es que llegó a ustedes, pero el caso es que lo hizo. Es hora de que finalmente, el Elegido del Valor reclame el poder del Digi-Egg.

— ¿Que reclame el poder? ¿A qué te refieres?

Veemon levantó la vista, mirándolo con serenidad.

—Yo soy su Guardián. Mi deber era protegerlo de cualquier enemigo, asegurarme de que llegue a sus manos a salvo. Estos últimos días los he protegido porque no estaban junto a sus digimon. Pero ese ya no es el caso. Están aquí, así que mi misión ya está cumplida.

— ¿Qué quieres decir con eso? —Preguntó Izzy.

—A lo que me refiero es que el poder del Digi-Egg tiene que ser liberado para que puedan usarlo en su máximo potencial. Y yo soy la última traba, el último obstáculo para utilizarlo.

—No… No entiendo —dijo Tai, aunque en el fondo sí lo hacía. Sólo que no quería aceptarlo.

—Lo que Veemon quiere decir es que él tiene… Bueno, tiene que sacrificarse para que podamos usar el poder del Digi-Egg —explicó finalmente Agumon, mirando con tristeza al digimon que tenía en frente.

— ¿Qué? Ni hablar —dijo TK.

—No puedes sacrificarte. Eres nuestro amigo —dijo Sora.

—Y siempre lo seré —respondió con una sonrisa el Guardián—. Pero es mi deber. Estoy preparado, no tengo miedo.

—Pero esto sólo es para acceder al poder del Digi-Egg, ¿verdad? —Preguntó Tai—. ¿Y si no lo utilizamos? Podemos seguir luchando. Nosotros ocho y tú. Tú sí puedes usar el Digi-Egg, te vuelves Flamedramon y repartes golpes de fuego como un campeón.

—No. Si el Digi-Egg fue enviado a su mundo es porque sus poderes son necesarios. No sabemos qué es lo que está sucediendo, no en verdad, pero algo oscuro y maligno ha entrado al Digimundo. Y no están en condiciones de resignar el poder del Digi-Egg.

Los Elegidos guardaron un minuto de silencio. Unos minutos atrás estaban celebrando el reencuentro con sus viejos amigos, y ahora mismo se estaban preparando para despedir a Veemon. No era justo. Tai apretó sus puños. Era lo suficientemente maduro como para entender que era algo que debía hacerse, si es que Veemon así lo consideraba. Pero le costaba aceptarlo. No quería resignarse a perder a un amigo tan pronto.

—Tai —lo llamó Agumon, apoyando una mano en el brazo del castaño—. Él tiene que hacerlo.

—Lo sé —dijo—. ¿Tiene que ser ahora?

—Sí. Cuanto antes, mejor —dijo Veemon.

Tai respiró profundamente.

— ¿Qué tengo que hacer?

—Extienda su digivice. Deje salir al Digi-Egg.

Hizo lo que Veemon le pidió, aunque no fue tan fácil como lo hacía sonar. Con el digivice extendido, comenzó a concentrarse en el Digi-Egg, pero nada sucedía. Tuvo que respirar varias veces para calmarse. Se imaginó el Digi-Egg, aquel que había visto al activarlo en la plaza, justo antes de viajar al Digimundo. Se imaginó que salía del digivice y flotaba en el aire, como si fuera un holograma. No sucedió exactamente así, pero en definitiva consiguió que su digivice se activara, brillara con una intensa luz anaranjada y segundos después el Digi-Egg del Valor apareciera en sus manos.

—Muy bien.

Veemon se acercó y tomó el Digi-Egg desde los costados. Le pidió a Agumon que se acercara y lo tomara desde la base. En cuanto los dos digimon entraron en contacto directo con el Digi-Egg, las llamas anaranjadas y el Emblema del Valor comenzaron a brillar tenuemente.

—Siento… Se siente como cuando digievolucionaba a WarGreymon —comentó Agumon, con una mueca de dolor.

—No resistas el poder. Es tuyo. Acéptalo. Reclámalo. Esto será rápido.

Agumon pareció relajarse, e inmediatamente después sus ojos y boca se abrieron al máximo, expulsando haces de luz como si fuera una gigantesca calabaza de halloween. Al mismo tiempo el Digi-Egg se convirtió en una gran esfera de luz, obligando a todos los soldados a cubrirse los ojos. Con la excepción de DJ Elecmon, a salvo tras sus gafas de sol.

El cuerpo de Veemon también comenzó a brillar. Y ante la mirada de los Elegidos, sus pies comenzaron a disolverse en pequeñas esferas de luz que viajaban directo hacia el cuerpo de Agumon. Tai recordó inmediatamente haber visto algo igual cuando Angemon se había sacrificado para detener a Devimon. Era como si el cuerpo del digimon se convirtiera en burbujas, desde abajo hacia arriba. Si era doloroso, Veemon no dejaba verlo. El Guardián permaneció concentrado seriamente en su tarea, con los ojos cerrados y una mirada serena.

Aún así, Tai no podía evitar sentirse sumamente impotente. Un digimon que los había ayudado a sobrevivir para poder llegar hasta allí estaba desapareciendo frente a sus ojos. No era justo. Odiaba estar de pie sin poder hacer nada para salvarlo. Inconscientemente, dio un paso hacia Veemon. Al hacerlo, el Digi-Egg brilló aún más intensamente. Veemon abrió sus ojos y miró a Tai.

Todo estará bien, Elegido —dijo, aunque su voz sonaba más bien como un eco, como si se escuchara a través de una transmisión; probablemente se debía a que su pecho estaba desapareciendo—. Ustedes salvarán el mundo. Son las verdaderas piezas importantes en este juego. El resto de nosotros somos prescindibles.

—Claro que no —exclamó, dando nuevamente un paso hacia delante, lo que desencadenó otro estallido de luz del Digi-Egg.

Crean en ustedes y no habrá fuerza en este mundo que pueda detenerlos. Los Dioses los eligieron, ellos confían en ustedes. Yo confío en ustedes —mientras decía esto último, su rostro comenzó a desaparecer—. Salven al Digimundo.

Con esas palabras, el Guardián del Digi-Egg del Valor se desvaneció finalmente. Todas las esferas de luz en las que se convirtió fueron absorbidas por el cuerpo de Agumon, mientras que el Digi-Egg viajó directamente a la pantalla del digivice de Tai. Unos segundos después, todos los destellos sobrenaturales se extinguieron, y la sala quedó inmersa en un atronador silencio.

Tai permaneció de pie, mirando su digivice. Un dibujo en ocho bits del Digi-Egg del Valor parpadeó unos segundos, antes de que la pantalla se apagara. Bajó su brazo mientras apretaba el aparato con fuerza. Respiró un par de veces. Se sentía enfadado. Enfadado consigo por no poder hacer nada, con Veemon por sacrificarse sin darles tiempo a despedirse o acostumbrarse a la idea, con los Dioses por hacerlos pasar por todo esto. Pero principalmente estaba triste. Si hubiera vivido esto algunos años atrás, probablemente se encontraría llorando. En esos momentos luchaba para no hacerlo, de hecho.

Sintió una mano que se apoyaba en su hombro. Al voltear, vio que se trataba de Sora. Se notaba que estaba triste, pero le dedicaba una suave sonrisa.

—Él eligió hacerlo, Tai. Creía en nosotros.

—Todos creemos en ustedes —dijo Agumon, acercándose a su amigo—. Todos estos soldados creen en ti.

El elegido del valor se sintió como un tonto. Se había olvidado que estaba rodeado por miles de soldados. Todos lo miraban en silencio. No era como el minuto de silencio de aquel partido de fútbol, donde todos querían que terminase cuanto antes para que el juego iniciara. Este era un verdadero minuto de silencio. Respetuoso por el digimon que se había sacrificado, pero también expectante. Esperaban a Tai. Y él lo sabía.

Miró a Agumon, como queriendo confirmarlo. Su digimon le sonrió y asintió con la cabeza.

—Necesitamos un verdadero líder.

Volteó para ver a Sora, y luego a sus amigos, el resto de los Elegidos con sus respectivos digimon. Todos le sonreían. Kenshi le levantó los pulgares tímidamente, como temiendo que hacer eso no fuera apropiado. Respirando hondo, Tai volteó a ver a los soldados que los rodeaban.

—Veemon apareció en nuestro mundo, y nos ayudó a llegar hasta aquí. De no ser por él, habríamos muerto al menos tres veces. Y acaba de sacrificarse para ayudarnos a ganar. Él creía en nosotros. Y no sé si hizo bien o no, pero de algo estoy seguro: no voy a dejar que haya muerto equivocado. Su sacrificio no será en vano.

— ¡Por la Resistencia! —Gritó Gabumon, levantando su brazo.

— ¡Por el Digimundo! —Respondieron a coro los soldados.

—Yo… No sé, debería darles un discurso súper inspirador que los hiciera querer ir y partirles la cara a puñetazos a los que están detrás de todo esto —dijo Tai, llevándose una mano a la nuca—. Pero esas cosas no se me dan bien. Y quizás es lo mejor, que se los diga y lo sepan. Seguramente no soy el líder perfecto. Estoy convencido de que no es así. Me falta muchísimo por aprender. Quizás no soy lo que debería ser. Pero les puedo asegurar que voy a dar todo lo que soy para terminar esta guerra. Con todas mis virtudes y defectos, no voy a detenerme hasta que hayamos ganado y recuperado el Digimundo. No importa lo difícil que sea, lo mal que estemos, mientras haya vida en mi cuerpo no voy a rendirme, no voy a dejar de dar todo para salvar este mundo.

— ¡Por la Resistencia! —Volvió a gritar Gabumon.

— ¡Por el Digimundo! —Se escuchó al unísono.

— ¡Durante años han sobrevivido, resistido los ataques de las fuerzas de la oscuridad! ¡Porque ellos subestiman nuestro poder cuando nos unimos! ¡Así que hoy, más que nunca, vayamos a la lucha unidos! ¡Todos juntos!

— ¡Por la Resistencia!

— ¡Por el Digimundo!

— ¡Así que prepárense! ¡Ya estamos aquí! ¡Este es nuestro llamado a las armas! ¡A partir de hoy ya no están resistiendo! ¡A partir de hoy, estamos atacando! ¡Agumon!

No fue necesario ninguna explicación, ninguna palabra. Agumon entendía a Tai mejor que nadie, y por sus venas corría la misma adrenalina que Tai sentía en aquel momento. Todo su cuerpo fue envuelto por una esfera de luz.

— ¡Hora de ir a la guerra! —Terminó Tai, elevando su puño.

— ¡Por la Resistencia! —Gritó Gabumon una vez más, mientras la luz se disipaba.

— ¡Por el Digimundo! —Respondieron los soldados, aunque el grito de miles de digimon fue casi opacado por el dramático rugido de Greymon. Un rugido que resonó por todo el reino llenando los corazones de soldados y ciudadanos de esperanza.

Un rugido que llegó a oídos del rey, quien sentado en su trono, contemplaba las imágenes de una de sus tantas cámaras espías. Observando. Aprendiendo.





¿Largo, no? Pues espero que no se quejen xD Jajaja, muchas cosas para contar. Y como dije al inicio, este capítulo es muy importante. "¿Por qué?", se preguntarán. Pues sencillo, mis estimados lectores: a partir de este momento, los Elegidos ya están donde necesitan estar. Lo cual nos lleva a que tomen cartas en el asunto e inicie la acción. Les puedo prometer una excelente seguidilla de capítulos llenos de batallas, aventuras, misterios y dudas por resolver. Estamos en uno de los puntos de quiebre del fic.

Pero como soy un maldito, antes de continuar con esto voy a subir un pequeño capítulo muy corto que va a servir como pequeña pausa y a narrar una historia paralela a la general. No sé si llamarlo capítulo; a mí me gusta decirle "interludio". Lo bueno es que ya casi lo tengo terminado xD Así que el domingo que viene voy a subirlo. Y después sí, a disfrutar de la acción.

¡Saludos!

P.D.: Vamos Argentina, carajo!!!!!!!
 
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Vamos a ver. Debo admitir que el camino hacia la base de la Resistencia se me hizo algo lento -que no pesado-, supongo que porque quería que se encontrasen ya con los digimon xD. Pero el resto fue un subir y bajar de emociones. La repentina y escueta despedida de Veemon, el reencuentro con los digimon, las distintas emociones por las que pasó Tai, la adrenalina contagiosa que se generó en esa "fiesta" sorpresa... Todo ello con 30STM tocando en mis oídos pues :Aja:. Solo te digo que he ido a dos conciertos de este grupo y que volveré. No te pienso comentar nada más de la música xD, que estarás harto de que te diga siempre lo mismo.

Como iba diciendo, el capítulo es bastante completo. Hay momentos de risa, de rabia, de adrenalina, de impotencia, de tristeza... Todo un combo acompañado por buenos personajes. Porque todos los que creas de cero son buenos -y los que no también-. KingChessmon me tiene intrigadísima. Tiene una personalidad egoísta, es como si no fuera capaz de ver más allá que lo que sus ojos le permiten, sin molestarse en intentar mirar a través de los ojos de otro. Todo un político, está claro. Tengo curiosidad por saber cómo va a ir actuando.

Qué lindo Kenshi, pobre xD. Es muy humilde, no sé, cada vez me gusta más jajaja. Los digimon muriéndose de hambre, matándose a trabajar.... Ahí me mataste a mí. Has hecho un símil de la propia vida real y me tocaste el kokoro :93:. Creo que lo que más me gusta de tu fic es precisamente eso, que adaptas situaciones reales a ese mundo fantástico. Brrrravo.

Ah, cuando hablo de capítulos cortos me refiero a que me dejas con ganas de leer más. No tiene nada que ver con la extensión. Hablo de calidad, mi querido Arki, no de cantidad smoking:. Deberías sentirte orgulloso de ti mismo, sin más. Espero al domingo con ganas, necesito ya que lleguen esos capítulos de los que hablas. ¡Saludos!
 
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Jaja tardaste un poco en actualizar esta vez(poca verguenza de mi parte xD) Este capitulo se me hizo de transicion basicamente, es un punto de inflexion para la historia como indicas. Siempre me da risa lo improvisado que es todo lo de Kenshi, como un hijo por accidente xD en todo caso veo que poco a poco se va integrando al grupo, y eso me alegra, porque la verdad es un gran personaje, una mezcla entre el Matt de adventure y Joe, o al menos lo ubico en ese espectro.
La transicion entre el palacio y la base fue la parte moral del capitulo, que nos ensena la dura realidad que atraviezan los refugiados sirios que cruzan hasta Europa en busca de una vida mejor(?) jaja me gusto que reflejaras el contraste entre el lujo del reino y la miseria de la periferia. Luego en la base me sorprendio la recepcion para los elegidos jaja aunque sabia que habia algo raro cuando la base estaba vacia. El sacrificio de veemon me tomo por sorpresa, no porque no lo supiera, sino por lo pronto que ocurrio. Creo recordar que en tu version anterior veemon se sacrifica luego de una larga participacion con el grupo. Es una pena que muriera, el personaje me agradaba, sin Davis es mas cool xD aunque me intriga el fin de ese sacrificio O.o y el final del capitulo, muy arturico, siempre es bueno ver a Tai asumiendo dotes de lider.

Como nota aparte me sorprende el nivel de ruptura de las relaciones entre los digimons elegidos y kingchessmon. Sabia que no les agradaba mucho, pero con lo importantes que son las apariencias en la politica, ese tipo de desprecios como no acudir a una cena de recepcion tan importante debe significar que hay una alta tension entre ellos.

Hasta el proximo cap ^^ ya estoy por imitarte y publicar(creo)
 

Arki

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Sombra&Luz Sombra&Luz Gracias por el comentario :) A mí me agrada saber que a alguien le gusta la música que pongo xD Aunque en realidad en esta etapa hubo varios que elegía música a la hora de escribirlos, no porque los tuviera de ante mano. Los de la segunda mitad del fic están todos escogidos previamente y casi que me definen el capítulo xD En esos va a estar mucho mejor escucharlos. Como sea, me pone muy feliz que hasta ahora Kenshi venga teniendo una buena recepción xD Es una pieza fundamental en todo esto, la razón de este fic, y que vaya siendo aceptado es prácticamente todo lo que busco por el momento xD Pero bueno, ahora empieza sus interacciones importantes. Y espero que este interludio tenga mucha calidad, porque ciertamente no es largo xD

B Belerofonte Si, la verdad es que se estiró bastante esta actualización. Pero bueno, espero que sean excepciones :p Jajajaja, Kenshi es básicamente un Elegido por accidente en lo que respecta a sus compañeros y la Resistencia xD Alguien que nadie esperaba. Ahora que masomenos está siendo aceptado como Elegido empezará a tomar decisiones y a involucrarse más con todo, y espero que entonces se pueda comenzar a apreciar mucho mejor su carácter y personalidad.

En la versión anterior Veemon tuvo algunos capítulos luchando. Estuve tentado a hacerlo aquí también, pero al final decidí que en verdad lo más lógico era que cumpliera su misión tan rápido como fuera posible. No sé si fue la mejor decisión, pero acompañaba mejor el proyecto que tengo en esta versión. Y la relación entre los digimon y KingChessmon es bastante complicada. Con los capítulos se irá desarrollando.

Buenas noches, o el momento del día que sea que leen esto. Estoy sumamente devastado porque Argentina perdiera la final de la Copa América xD Así que nada, terminé de escribir lo que me quedaba para distraerme y ahogarme en mis penas.

Quiero aclararles que esto es lo que llamo un interludio. Interludio es algo así como una pieza que se toca en medio de las partes de una pieza más grande. No sé, en una ópera, entre actos se toca un pequeño interludio, que sirve como para pausar y dar un descanso. O algo así xD Pero bueno, el término me gusta, y creo que viene al caso con lo que es este fic. Como dije, el capítulo anterior marca el primer gran quiebre en este fic, y me parecía adecuado escribir esto.

Es básicamente una escena solamente, no es muy largo. Lo que sí, tiene mucho peso argumental, y ya va dejando planteadas algunas pistas que los más perspicaces sabrán detectar. Es un muuuy sutil foreshadowing. ¿Por qué no puse esta escena al principio/final del siguiente capítulo? Porque es necesario separarla de la continuidad de los capítulos, porque trata la historia desde un punto de vista completamente distinto al de los capítulos (está muchísimo más relacionado con el prólogo), lo cual le vale tener su propio espacio.

Dicho esto, los dejo con el capítulo. Un capítulo corto, extraño, distinto, misterioso... Coincide completametne con The Fallen (que también es un interludio xD), de Blink.






Arrastró su mano por aquellas gastadas piedras, apreciando la textura. Rugosa, áspera, húmeda debido al musgo y la maleza. Cerró sus ojos para disfrutar aún más la sensación. Los abrió nuevamente y apreció la totalidad del santuario, desde la base. Un verdadero zigurat, una monolítica construcción de roca rústica en forma de pirámide truncada. Se accedía a la cima a través de un intrincado sistema de escaleras y rampas, con descansos convertidos en miradores. Incluso con el descuido producto del abandono y el olvido, cubierto de enredaderas y arbustos, el zigurat no perdía su majestuosidad. En todo caso, la invasión de la naturaleza destacaba el hecho de que aquel templo llevaba miles de años olvidado, y aún seguía en pie, desafiando al tiempo. Regímenes habían nacido y muerto, guerras sucedido, catástrofes evitadas, y aún así el templo seguía en pie, protegido por una fuerza superior a cualquier otra. Un monumento eterno. Y hermoso.

Para él, la arquitectura y la música eran las únicas creaciones artificiales verdaderamente hermosas, casi tan bellas como la misma naturaleza. El orden, la repetición, las reglas que dominan la composición, la sintaxis oculta, el ritmo insinuado, las sensaciones transmitidas. Podría haber permanecido horas, días enteros de pie frente al templo, disfrutando su belleza como había hecho en otras ocasiones. Pero asuntos importantes lo habían llevado de regreso allí.

Subió rápidamente hasta la cima del templo, hacia el santuario propiamente dicho. Se detuvo de pie frente a la puerta circular. Esperó tan sólo unos segundos hasta que las inscripciones en la misma comenzaron a brillar, y de repente el disco de piedra giró hacia un lado, abriéndole el paso. En cuanto puso un pie dentro, la puerta se cerró detrás de él. La temperatura descendió drásticamente, y un escalofrío recorrió su columna.

No tenía miedo. No temía a nada. Se había enfrentado a los digimon más poderosos del Digimundo y vivía para contarlo, a diferencia de ellos. Pero respetaba el poder. Y acababa de entrar en territorio del mayor poder del Digimundo. Sentía la energía que irradiaba ese ambiente. Un antiguo poder.

Comenzó a caminar hacia el altar. Su Señor lo había convocado en sueños; era hora de averiguar cuál era su nueva misión.



------------------------------------------------------------------------------------------------------------


Inmediatamente luego de abandonar el santuario, la puerta se cerró detrás de él. Estaba a punto de bajar por las escaleras cuando sintió una presencia. Elevó la vista. Unas alas gigantescas ocultaban el cielo.

—No deberías estar aquí —dijo, observando al digimon que volaba en círculos sobre el zigurat.

La gigantesca figura descendió, envolviendo gran parte del santuario con su cuerpo.

—Tampoco tú. ¿Quién controla las tropas norte? Debemos resguardar los pasos por la cordillera.

—Sólo hay un grupo de digimon que podría atravesar esos pasos, y los tenemos muy bien controlados. Los esbirros pueden coordinar a los oscuros durante una semana.

—Hablando de eso, ¿qué has hecho con Gorillamon? Lo enviamos a que eliminara a Meramon y los Elegidos, pero los dejó escapar. Ni siquiera tuvo el honor de morir luchando.

—Y sufrió las consecuencias de sus decisiones —respondió, dando una suave palmada sobre la vaina de su espada.

—Sigues sin responder qué haces aquí. ¿Él te llamó?

—Sí.

— ¿Qué quería? ¿Qué es lo que te dijo nuestro Señor?

Comenzó a descender por la escalera, disfrutando la vista del paisaje.

—Es hora de iniciar la tercera fase de la invasión.

El gigantesco digimon batió sus alas con emoción.

—Por fin. Todos estos años… Finalmente cumpliremos con nuestro destino. Haremos de este mundo un lugar perfecto una vez más.

—Con el tiempo, sí. Pero nuestro Señor me llamó para recordarme lo crucial que es este momento. Todo ha de salir perfecto, y muchas cosas deberán suceder en poco tiempo. Muchos hilos que mover, y Él no confía en que seamos capaces de hacerlo por nuestra cuenta.

— ¿A qué te refieres?

—Ha traído un nuevo campeón. Una nueva pieza en este juego. Ha jugado un papel fundamental en el regreso de los Elegidos al Digimundo, y ahora está aquí, perdido. Debo encontrarlo y asignarle su nueva misión.

— ¿Y qué se supone que haga yo hasta entonces? —Preguntó irritado, serpenteando por el cielo.

—Continúa defendiendo el Desierto Host. Nuestro Señor fue muy claro al decir que nadie debe entrar ni salir de allí. Es lo único que puede poner en peligro nuestra empresa.

—Seguir ocultándonos de la Resistencia y patrullar un desierto que nadie recorre desde hace años —se quejó, aunque con un tono jocoso—. Cuando sea el momento, quiero acabar yo mismo con cinco de los Elegidos, ¿escuchaste? Cinco de ellos.

—Lo tendré en cuenta.

Ambos abandonaron el templo, volando en direcciones opuestas sin dirigirse palabras. Sin mirar hacia atrás.




Corto y necesario. Créanme.

Les aseguro que ya tendrán suficiente con lo que se viene. Tengo que revisar bien mi storyboard, pero creo que son masomenos entre cinco y siete capítulos de acción sin parar xD Así que esta pequeña pausa es bienvenida.

Por cierto, quiero decir que mi idea general siempre fue (desde la versión anterior de este mismo fic) plantear esto como si fueran dos temporadas. Como si este fic fuera mi Adventure 03 y hubiera además un Adventure 04 que continúe esta historia. "Una Nueva Era" (anteriormente, Age of Revenge) es el título que elegí darle a esta pequeña saga (o como se llame cuando son 2 partes).

Dicho esto, ¿alguien se fijó, en el primer post, justo antes del prólogo y del índice, que hay un pequeño cartel que lleva el subtítulo de esta temporada?

Eso es todo. Hasta la próxima.
 
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Pues cortito y muy interesante. Me pregunto quiénes serán y a quién sirven. Tengo mis teorías y paranoias, pero me las voy a guardar. No puedo decir mucho más ahora mismo xD salvo que no llores, que yo te entiendo. Hoy España fue eliminada por Italia de la Eurocopa y bueno, :2727:.

¿Te refieres al cartel que pone "La profecía del olvidado"? Sí, me fijé en su momento pero lo había olvidado (igual que quien fuera el que haya olvidado a quien sea el olvidado (?)). ¿El olvidado es Kenshi? ¿Kenshi tendría que haber estado en la aventura de 1999? Madre, creo que has despertado algo en mí que tiene hambre de tu fic. ¿Por casualidad no te sería posible escribir un capítulo al día? No, ¿verdad? ¿Seguro? Bueno, pues esperaré a la semana que viene. Un saludo :D
 
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"La profecia del olvidado" Si habia notado el subtitulo, pero no que ibas a dividirlo en dos temporadas ^^ en fin, mientras mas largo sea, mejor para mi jaja.

Supongo que se quien es ese personaje misterioso en las ruinas olvidadas del zigurat. Hay algo inspirador en las piramides y su atemporalidad que contrasta con la velocidad frenetica del mundo moderno. Luego esta ese viejo proverbio arabe que dice "todas las cosas temen al tiempo, pero el tiempo teme a las piramides".

Creo que lei una proyeccion en eso de "Para él, la arquitectura y la música eran las únicas creaciones artificiales verdaderamente hermosas" xD

El otro ser se ve intimidante, aunque su ansiedad le da un aire mas ligero al personaje, ese si no se quien es. Pero lo que hay en ese desierto me llama la atencion. Al principio pense que se trataba del mismo templo, pero por la descripcion del lugar es obvio que no es asi xD

Hasta la proxima
 

Arki

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Sombra&Luz Sombra&Luz ; B Belerofonte : Simplemente les agradezco por haber leído el interludio y les pido disculpas por la tardanza. Estoy cien por ciento convencido de que me duele más a mí tardar en actualizar que a ustedes xD Pero bueno, en vistas de que pasada la semana y media me di cuenta de que iba a tardar un poco más de lo común en publicar, traté de esforzarme un poquito extra con este capítulo. Lo cual no es garantía de absolutamente nada, pero la intención estuvo xD Ya no los molesto más.


Wuau, vaya tardanza. Peeeeeeero, lo bueno es que se abre una nueva etapa del fic. Una etapa sumamente importante, llena de acción y con muchas cosas sucediendo. En este arco los personajes vana estar sometidos a prueba constantemente, lo que va a motivar sus crecimientos intrapersonales. En vista de que son muuuchos los personajes, las cosas irán de a poco, graduales, y quizás con los pequeños gestos más que con un capítulo entero que señale punto por punto lo que están viviendo. Es medio tonto decirles esto, porque sé que ustedes, lectores queridos, son personas muy capaces xD Pero bueno, quizás sea buena idea leer un poco entre líneas y tratar de recordar los pequeños detalles para lo que queda del fic. Como dije an una de las primeras notas, trato de que todo lo que escribo rinda algún fruto más tarde. Esto me lleva a que a veces escribo pequeñas cosas que creo que solamente serían factibles de ser captadas en una segunda lectura del fic, pero bueno, yo lo veo y me pone contento ver esas semillitas que fui plantando convertirse en pequeños arbolitos xD

La canción para este capítuo estuvo clara desde un inicio. El ritmo va con la primera parte del capítulo y la letra con la segunda. Damas y caballeros, espero que disfruten de "You're gonna go far, kid", la canción de la gigantesca banda "The Offspring".











— ¡Flanco derecho! ¡Flanco derecho! ¡Posición Z-4! —Gritó un Commandramon que llevaba una pequeña pistola en cada mano, disparando en varias direcciones con una certeza impensada. Un disparo, un muerto.

— ¡Ya escucharon al sargento! ¡Flanco derecho! —Repetía otro digimon, mientras se agachaba para evitar que una bola de fuego le impactara. Extrajo una esfera metálica de su cinturón y apretó un botón azul. Unas pequeñas luces comenzaron a titilar en la esfera, cada vez más rápido. Al grito de “¡Granada!”, la lanzó y a los pocos segundos esta estalló creando una luz cegadora que eliminó a varios Oscuros.

Los oscuros eran un tipo de digimons que habían sido creados a partir de la oscuridad, o en su defecto, digimon que habían muerto a manos de otro oscuro. Eran criaturas que parecían haber salido de las más horrendas pesadillas de una mente enferma. Lo primero que se podía ver de ellos eran sus ojos. Dos orbes de luz amarilla del tamaño de una bola de billar, que dejaban una pequeña estela con el movimiento y parecían estar flotando en el aire. Sus pequeños cuerpos, del tamaño promedio de un digimon novato, eran una enorme masa de humo negro como la obsidiana, sumamente denso. Toda ese permeable manto de oscuridad parecía envolver pequeños huesos, como si los oscuros fueran pequeños esqueletos con sombras en lugar de músculos. Pero cuando los soldados los abatían, simplemente se disolvían en volutas que se elevaban hacia el cielo. La oscuridad por la cual estaban formados hacía que se camuflaran en la penumbra de la noche. La debilidad de los oscuros era la luz, y por ello sólo atacaban de noche. Incluso la luz artificial dañaba sus tejidos y podía llegar a matarlos si tenían la intensidad suficiente. Debido a eso, los sistemas de defensas y muchas de las armas de la Resistencia eran lumínicos.

En medio del caos de la batalla, e intentando evitar que le impacten los mil y un proyectiles que atravesaban el aire sin escrúpulos, un sargento trataba de organizar a sus tropas. Su regimiento llevaba horas en el campo de batalla. Estaban entrenados para soportar eso y mucho más, pero las circunstancias de esa escaramuza en particular los habían llevado a quedar completamente rodeados. Alejados de las trincheras, los soldados tenían sus espaldas cada vez más cercas, y los oscuros avanzaban lenta pero inexorablemente. No eran particularmente fuertes, pero eran demasiados. Interminables oleadas que parecían reproducirse durante la noche. Sin límite de tiempo, los oscuros podrían encargarse de conquistar cualquier fortaleza del mundo, simplemente por desgaste.

Afortunadamente, la Resistencia iba día a día. No necesitaba resistir para siempre; sólo hasta que saliera el Sol. El sargento no tenía tiempo de revisar su reloj, pero la experiencia le permitía saber que tras tantas horas de lucha, no faltaba mucho para que aquella batalla acabase.

Sargento, su situación no se ve bien desde aquí. ¿Solicita apoyo aéreo? —Escuchó a través de su radio.

—Comandante Ikkakumon, estamos rodeados. Necesitamos replegarnos junto al regimiento Delta Tres —pidió, mientras continuaba disparando hacia las filas de oscuros que se acercaban hacia ellos.

Entendido. Genere un margen para reagruparse. Cubriré su posición hasta que lleguen torretas automáticas para controlar el perímetro.

—Copiado.

El sargento intercambió una de sus pistolas por un pequeño tubo metálico con un teclado digital.

— ¡Soldados, preparen bengalas!

Con excepción de un pequeño grupo que continuó disparando para cubrir al resto de su unidad, los soldados comenzaron a realizar ajustes en sus fusiles, preparándolos para lanzar las bengalas incorporadas.

— ¡Lancen en tres, dos, uno, fuego!

Los soldados dispararon y los proyectiles se elevaron en el aire antes de explotar y comenzar a descender lentamente como pequeñas esferas de luz. Todas juntas producían una intensidad lumínica que, si bien no alcanzaba para matar a los oscuros, les lastimaban y los inmovilizaban durante unos minutos.

— ¡Retrocedan! ¡Reagrúpense con el regimiento Delta Tres!

— ¡Entendido! —Gritaron los soldados, mientras retrocedían a toda velocidad hacia el próximo regimiento de soldados. Mientras se alejaban, vieron volar sobre ellos tres pequeños misiles verdes que impactaron sobre los oscuros que trataban de impedirles la retirada. Los soldados agradecieron a su Comandante por cubrirlos.




------------------------------------------------------------------------------------------------------


Los nueve Elegidos se encontraban en la que quizás era la sala más importante de la base de la Resistencia. Un búnker subterráneo que parecía el interior de un submarino. En una zona central más elevada se encontraban los Elegidos, de pie dentro de una especie de cilindro de vidrio sobre el cual se proyectaban toda clase de hologramas. La zona derecha mostraba toda clase de estadísticas: soldados en pie, heridos, caídos, reservas, misiles tácticos disponibles, torretas, cañones operativos, integridad del escudo y un pequeño cartel brillante que decía “Cañón de Fotones Cargado”. A la izquierda de los elegidos había canales de comunicación abiertos que les permitían, con un gesto de la mano, comunicarse directamente con los sargentos, tenientes y con los Comandantes que se encontraran en el campo de batalla. Finalmente, justo delante de ellos, una vista satelital del terreno. Se veían las murallas de la ciudad, la base de la Resistencia, y luego, colina abajo, una increíble cantidad de pequeños puntos verdes. Esos puntos estaban organizados en pequeños grupos de cincuenta, distribuidos a lo largo de todo el terreno tras lo que parecían ser barricadas. Más allá, una enorme masa deforme formada por varios miles de puntos que parecían una marea.

Esta marea estaba conformada por una imposible cantidad de pequeños puntos rojos que ocupaban toda la parte superior del mapa. La descripción de marea no era casual, ya que toda esa masa parecía moverse constantemente, de un lado hacia otro. Los bordes más cercanos a los puntos verdes eran eliminados rápidamente, pero se reemplazaban a la misma velocidad. No podía decirse lo mismo de los verdes, quienes tenían muchos más problemas para reponer a sus caídos.

—Comandante, las torretas están listas. Esperando su señal —informó uno de los operarios de las muchas computadoras de la sala.

—Muy bien —dijo Joe, quitándose el sudor de la frente con el dorso de su mano—. Háganlo. Es decir, despliéguenlas. ¿Se dice así, no?

Todos los digimon en el puesto de mando intercambiaron miradas nerviosas.

— ¿En qué me equivoqué ahora? —Preguntó, cerrando con fuerza los ojos y masajeando sus sienes con las puntas de los dedos.

—Bueno, para este tipo de acciones, normalmente se realiza una cuenta regresiva. No podemos lanzar las torretas y ya.

—Es cierto, hay que coordinar el aterrizaje de las mismas con el movimiento de las tropas —dijo otro operador, mientras bebía café de una taza que decía “YO TAMBIEN SOY UN HEROE”.

—De acuerdo, de acuerdo. Entonces, desplieguen torretas en diez, nueve…

— ¡Señor, diez segundos es demasiado! —dijo un Gekomon, dándole a su silla giratoria una vuelta de ciento ochenta grados.

— ¡¿Y de cuánto tiene que ser la cuenta?!

—El manual dice que debe dar un mínimo de tres segundos de preparación, pero no más de cinco.

—Ok, ya. Desplieguen torretas en tres, dos, ¡uno! —Gritó el Elegido de la Sinceridad.

Todos se quedaron expectantes, y tras unos segundos de un tenso silencio, los operarios de la sala dejaron escapar un quejido. Uno de ellos golpeó su cabeza contra el teclado de su computadora, lanzando accidentalmente dos misiles hacia el corazón de las tropas enemigas.

— ¿Por qué no lanzan las torretas? —Se quejó desesperado Joe, a punto de arrancarse los pelos de la cabeza.

—No les diste la señal —comentó Mimi, tratando de contener la risa.

— ¡Claro que di la señal! ¡Conté desde tres!

—Pero te detuviste en uno —apuntó Matt.

—Es cierto, después del uno hay una cuenta más para el lanzamiento. ¿Nunca jugaste juegos de carreras? —Preguntó Tai.

—Oh, vamos, ¿en serio van a hacerme pasar por esto? ¿Justo ahora que estamos en una batalla?

—Comunicación entrante. General Ikkakumon en altavoz —anunció un digimon.

Joe, ¿estás ahí? —Preguntó Ikkakumon a través de su comunicador, con el ruido de la batalla de fondo.

—Ikkakumon. Sí, estoy aquí.

Oh, genial, por un momento creí que te habían capturado.

Joe volteó a ver a sus amigos, quienes parecían tan confundidos como él.

— ¿De qué hablas? No me capturaron…

¡Entonces deja de jugar! —Gritó el digimon—. ¡Deja de…! Un momento. ¡Arpón Volcán!

Escucharon el ruido de un misil siendo disparado, y luego una lejana explosión.

Como te decía, ¡deja de jugar y envía las malditas torretas! ¡Nos están masacrando por aquí!

— ¡Estoy tratando, estoy tratando! ¡Pero hay demasiadas indicaciones! ¡Tengo que contar, pero no pueden ser menos de tres segundos ni más de…!

¡Torretas listas!

— ¡Sí señor! —Dijo uno de los operadores.

¡Tres, dos, uno, desplieguen!

Menos de un segundo después, un aviso apareció en la pantalla holográfica frente a los Elegidos. “Torretas desplegadas”.

—Bueno, no era tan difícil, ¿verdad? —Dijo Tai, apoyando una mano sobre el hombro de su muy nervioso amigo.


------------------------------------------------------------------------------------------------



Ikkakumon vio cómo una compuerta se abría desde la base de la Resistencia y un cañón disparaba cinco bolas de titanio a las coordenadas establecidas. Al impactar y quedar parcialmente enterradas, las esferas comenzaban a desplegarse, activando un pequeño campo de fuerza que las protegía del fuego y dejando ver dos grandes ametralladoras automáticas. Éstas detectaban la particular huella electromagnética de los oscuros y disparaban automáticamente contra ellos, destruyéndolos a una increíble velocidad. Cinco de ellas bastarían para mantener a raya a una parte de los oscuros, al menos por una hora; no debía faltar mucho más para que amaneciera y la batalla acabase.

Desde su elevada posición en una de las plataformas exteriores de la base, Ikkakumon tenía una vista completa del campo de batalla. Él no era como Gatomon o Togemon, que necesitaban estar en el centro de la batalla para marcar una diferencia gracias a sus capacidades físicas, ni tenía la movilidad de Kabuterimon o Birdramon como para recorrer todo el terreno y atraer fuego enemigo. Pero estas limitaciones no eran un problema, ya que él tenía sus propias habilidades.

Comandante Ikkakumon, solicitamos apoyo en el sector C-3. Repito, necesitamos apoyo en C-3 —le dijeron a través del intercomunicador.

—Copiado —respondió de inmediato.

Llevaba puestas unas gafas que proyectaban imágenes holográficas en tiempo real. Así, rápidamente ubicó el sector C-3, y vio que los oscuros estaban avanzando peligrosamente. Calculó la distancia.

— ¡Arpón Volcán! —Gritó.

Lanzó una ráfaga de cinco misiles que en cuestión de segundos acabaron con un gran grupo de oscuros. Había generado un hueco lo suficientemente grande como para que las tropas pudieran reagruparse, descansar al menos unos segundos y luego volver a la batalla. Esa era su especialidad. Podía mantenerse alejado del caos de la batalla para obtener perspectiva, y desde allí no sólo auxiliar a quienes lo necesitaran, sino que además podía hostigar a cualquier grupo de oscuros sin importar dónde se encontraran. Gracias a su entrenamiento y a que no debía perder energías moviéndose y resistiendo toda clase de ataques y golpes, podía estar prácticamente toda la noche disparando sus misiles.

Sin embargo, no estaba en su personalidad hacerlo. Disparaba regularmente para hostigar a los oscuros y en general mantener el campo de batalla balanceado, pero era muy medido con sus ataques. Prefería ataques medidos, pensados, cuidar a sus soldados y darles un respiro de vez en cuando. Desde aquel lugar, era fácil para él darse cuenta de esas situaciones. Y podía fácilmente coordinar las acciones defensivas con la base.

—Ikkakumon a Puesto de Mando. ¿Cuánto falta para el amanecer? —Preguntó, al ver que el cielo comenzaba a aclararse lentamente en el horizonte.

Cuarenta y cinco minutos, señor.

—Ya veo —dijo, mientras reflexionaba—. Las tropas están cansadas, y hemos perdido al menos dos regimientos enteros esta noche. No quiero continuar perdiendo soldados.

¿Qué sugiere, Comandante?

—Sugiéranle a Joe que lance un ataque aéreo al flanco derecho. Formación abierta, que segmente las fuerzas.

Entendido.

Continuó disparando con sus misiles, tratando de ralentizar lo más posible el avance de los oscuros, para que las tropas en el frente pudieran tener un respiro. Unos minutos más tarde, vio que la puerta del hangar doce se abría. Uno tras otro, quince Kokuwamon despegaban desde allí y se elevaban al cielo. Los pequeños digimon con forma de nave se dividieron en tres grupos de cinco, volando en una formación que los hacía parecer una flecha. En primera instancia se alejaron de la batalla, ganando velocidad y buscando el mejor ángulo de aproximación. Una vez conseguido, dieron un giro de ciento ochenta grados en una impresionante maniobra coordinada y se acercaron a velocidades casi supersónicas. En el momento indicado, dejaron caer sus bombas.

— ¡A cubierto! ¡Bombardeo entrante! —Gritó Ikkakumon a través del intercomunicador, para que las tropas se cubrieran los ojos o mirasen en otra dirección.

Las granadas de fotones explotaban al impactar contra la tierra, generando un estallido de luz cegadora, como si las luces de un estadio se encendieran de repente. Eran devastadoras para los oscuros, justificándose la costosa inversión que significaba conseguir los materiales para construirlas. Tras el primer ataque, los Kokuwamon comenzaron a atraer el fuego enemigo. A la velocidad que se movían, lograban evitar la mayoría de los ataques. Tras alejarse un poco y maniobrar un nuevo cambio de dirección, volvieron a pasar, lanzando la segunda carga de granadas. El segundo golpe fue casi tan devastador como el primero para las filas de los oscuros. Ikkakumon podía ver desde la plataforma que las primeras líneas de los oscuros habían quedado completamente diezmadas.

Como así también fue testigo de tres Kokuwamon que recibieron impactos directos de las bolas de fuego de los oscuros, cayendo en medio de las tropas enemigas donde rápidamente fueron abatidos.

Tardó apenas un segundo en reunir la energía necesaria para un ataque como el que estaba a punto de hacer. Era uno de esos ataques que requerían más esfuerzo de lo normal, por lo que trataba de no utilizarlo demasiado. La primera vez había sido hacía muchos años, cuando luchaban contra MetalSeadramon. Desde entonces, lo había perfeccionado, y prefería guardarlo para situaciones de emergencia. Y para el comandante, ver caer a sus soldados faltando tan poco para el amanecer era una situación de emergencia.

— ¡Arpón Volcán!

Al igual que con sus proyectiles normales, un misil verde salió disparado desde su cuerno. Voló lo suficiente como para que los Kokuwamon se alejaran, y estalló por encima de los oscuros. Pero la explosión no fue simplemente un estallido de energía, sino que liberó una lluvia de pequeños misiles que se dirigían a toda velocidad hacia el suelo. Eran ligeramente menos potentes que un único misil concentrado, pero no hacía falta mucho poder realmente para acabar con un oscuro. Aquella lluvia de artillería desató el caos en las filas de las horrorosas criaturas.

Bien hecho, Ikkakumon —le dijo Joe a través del intercomunicador—. La vanguardia de los oscuros quedó totalmente destruida. Les llevará un tiempo recuperar la posición. Si las tropas avanzan quizás podríamos…

—No, no, que nuestros soldados se atrincheren y detengan el avance enemigo.

Pero tenemos la ventaja —le contestó Joe, aunque sonaba sumamente inseguro de discutir asuntos de estrategia con su amigo—. Podríamos adelantar la línea defensiva y darle más margen a las tropas para…

—Joe —lo interrumpió—, faltan cuarenta minutos para que salga el Sol. ¿Qué sentido tiene ganar una ventaja táctica que sólo sirva veinte minutos? Las tropas están cansadas. Sólo hay que soportar cuarenta minutos.

Mientras esperaba alguna respuesta por parte de Joe, Ikkakumon lanzó un par más de ataques hacia las tropas enemigas.

Como diga, comandante —dijo finalmente Joe, con un tono triste y resignado.

Ikkakumon conocía muy bien a su amigo. Sabía qué era lo que sentía, y quería decirle que no era así. Pero estaba en medio de una batalla. Y la experiencia le había enseñado que las situaciones personales y sentimentales debían resolverse de día. De noche sólo quedaba la lucha, la resistencia.



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El cielo aclarándose fue la primera buena señal. Como siempre sucedía, la antesala del amanecer irradiaba coraje y valentía en los soldados de la Resistencia. Para los nuevos reclutas, quizás era el momento más difícil de llevar, el último esfuerzo. Pero los veteranos experimentaban un envión anímico que los llevaba a dar todo lo que les quedaba. Así, dejaban de esconderse tras las trincheras y comenzaban a disparar con decisión. Lanzaban las bengalas y granadas que les quedaran y no escatimaban disparos a la hora de acabar con cuanto oscuro se cruzase en su camino. Ciertamente, esta estrategia mucho más agresiva y menos conservadora se cobraba algunas vidas de soldados que pagaban el precio de ser poco cautos. Pero la ferocidad con la que la Resistencia actuaba en los últimos minutos de la noche era normalmente lo que acababa por inclinar la balanza en batallas cerradas.

Aquella noche la historia no fue distinta. A medida que el cielo comenzaba a teñirse de colores, los soldados iniciaron una última contraofensiva que retrasó las filas de los oscuros. Si las criaturas fueran capaces de sentir algún tipo de emoción, era más que seguro que se habrían desmoralizado ante la behemencia del ataque de los soldados.

Resistieron con las pocas energías que les quedaban, con la fuerza de sus corazones y su convicción, hasta que finalmente la luz alcanzó a los oscuros. Los primeros rayos comenzaron por paralizarlos. Se movían mucho más lento, y si hasta entonces sus filas eran desordenadas y sin una dirección clara, la luz los convirtió en un verdadero desastre. Y a medida que los rayos solares invadían el aire e impactaban en los oscuros, estos comenzaron a deshacerse. Era un espectáculo horrible, que ningún soldado quería presenciar. Los cuerpos intangibles de los oscuros comenzaban a presentar manchas blancas sobre la energía negra, y en cuestión de segundos todo su cuerpo se consumía y desintegraba, como un papel metido en el corazón de una hoguera. Finalmente todo se convertía en volutas de una energía oscura que se elevaba hacia el cielo. Lo peor, sin embargo, era que durante todo el proceso, los oscuros dejaban escapar un horrible alarido que parecía salido del mismísimo averno. Era un sonido que penetraba hasta los huesos, causando escalofríos en todos los soldados, quienes se despertarían a mitad de la noche tras encontrarse con ese ruido en sus pesadillas.

Soportaban todo eso, sin embargo, pues significaba el final de una batalla. Una nueva noche que la Resistencia se hacía con la victoria. Los soldados elevaban sus armas al cielo y dejaban escapar un grito de satisfacción. Ahora sólo quedaba volver a la fortaleza, descansar, y preparar todo para la siguiente noche; para la siguiente batalla.



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—Confirmado: el Sol ha acabado con los oscuros.

Tras el anuncio, todos en el centro de mando dejaron escapar un grito de victoria, festejando un día más de la Resistencia. Algunos suspiraban y se recostaban en sus asientos, pues incluso después de tantos años haciéndolo, cada noche implicaba un nivel de estrés poco saludable.

Así se sintió Joe, quien finalmente se dejó caer sobre su silla, de la cual había estado despegado durante toda la noche. A su alrededor, sus compañeros celebraban junto con los demás soldados. Tai fue el primero en acercarse y darle una palmada en el hombro.

—Bien hecho, Joe. Esta vez fue mucho mejor que la anterior —lo felicitó.

—Chicos, creo que Joe merece un aplauso —opinó Matt, mientras comenzaba a aplaudir.

Todos lo imitaron, y pronto el resto de los soldados en el centro de mando se unieron a una ronda de aplausos para el Elegido de la Sinceridad. Tras casi un minuto aplaudiendo, los chicos notaron que Joe seguía cabizbajo en su silla.

— ¿Qué pasa, Joe? —Preguntó Izzy, tratando de moverse hacia delante de su amigo para ver su rostro.

—Vamos, ¿por qué no celebras? Ganamos, y todo fue gracias a ti. Diste buenas órdenes, ¿quién sabe qué habríamos…?

—Basta, Tai —lo interrumpió tajante, levantándose de la silla—. Sé cuando hice todo mal, no necesito que sean condescendientes conmigo.

Dicho eso, se alejó a paso rápido, dejando a sus amigos detrás. La puerta automática del centro de mando se abrió justo a tiempo para que no se la chocara, y se cerró poco después, dejando al resto de los elegidos preocupados y confundidos.

— ¿Cuál es su problema? —Preguntó TK.

— ¿Deberíamos seguirlo? —Sugirió Sora.

—Lo mejor sería dejarlo solo por ahora. No queremos molestarlo —dijo Matt.

—Es cierto. Es como cuando reprueba sus exámenes. Estará irritable un día o dos, y luego se le pasará.

—Creo que Mimi tiene razón. No sé ustedes, pero ahora que terminó la batalla estoy comenzando a sentir el cansancio. Deberíamos dormir hasta el mediodía aunque sea. Tentomon me dijo que mañana tendremos otra rutina de entrenamiento.

Dejaron escapar un suspiro al oír las palabras de Izzy. Resignados a que más tarde ese día los harían esforzarse hasta el cansancio, los Elegidos decidieron retirarse a sus habitaciones para tratar de descansar lo máximo posible.



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El castillo de KingChessmon era una verdadera maravilla.

Un verdadero laberinto de pasillos, puertas y torres, es cierto, pero después de algunas semanas allí, le habían encontrado cierta lógica en su diseño. Tenía un patio central abierto que todo el edificio parecía abrazar, abriéndose a él en hermosas galerías piso por piso. Todas las circulaciones lo rodeaban, con las escaleras en las esquinas y los pasillos secundarios en la cara sur. Después, lo más importante era tener una idea de para qué servía cada piso. Los primeros estaban destinados para el lobby, un gigantesco hall de acceso en triple altura que también tenía los principales espacios de guardado y de servicio. Por detrás del hall y luego del patio estaba el Gran Salón, donde se realizaban los banquetes más importantes y los bailes tradicionales que al rey tanto le entusiasmaban. La Sala del Trono, el siguiente gran elemento del castillo, era lo que seguía en el recorrido ascendiente, con acceso directo desde las enormes escaleras de mármol y obsidiana.

Así que los primeros pisos eran los que satisfacían las funciones sociales, por así decirlo, del castillo. El resto de los pisos eran las habitaciones de todo el personal del castillo, los invitados, y por supuesto, de los Elegidos. Las decenas de torres que se incrustaban en el volumen principal eran los aposentos de los PawnChessmon. Aparentemente, la idea era que los soldados estuvieran distribuidos por todo el castillo, para que en caso de un ataque, pudieran acudir rápidamente a cualquier parte del mismo. El único sector distinto al resto del cual no sabían nada era la torre más alta. Una torre muchísimo más ancha que las demás, que servía como espalda al castillo y se elevaba por encima de todo. No tenía ventanas por ninguna parte, era solamente un gigantesco bloque de piedra blanca. Se decía que allí era donde se encontraba la verdadera habitación de KingChessmon (había señalizada una “Habitación del Rey” por cada piso, todos con la entrada prohibida y sus respectivos guardias para generar confusión). Los Elegidos no tenían forma de saberlo. Lo único que sabían al respecto era que esa torre estaba fuera de sus límites. KingChessmon les había advertido que sus escoltas no les permitirían entrar, que ni siquiera sus rangos de paladines les permitían acercarse allí.

Naturalmente, la prohibición despertaba la curiosidad de los Elegidos. ¿Qué era lo que escondía esa torre en verdad? ¿Por qué el rey insistía tanto en que no se acercaran? ¿Contendría un laboratorio secreto dentro? ¿Una reserva de armas? ¿Una cámara de tortura?

Mientras estaba sentado en el gran hueco de la ventana de su habitación, Joe miraba la torre a través del patio y se hacía esas preguntas. Por supuesto que no estaba ni cerca de encontrar una respuesta, sobre todo porque esas preguntas eran tan sólo una manera de distraerse. Estaba completamente enfadado consigo mismo. Era la tercera vez que le tocaba dirigir el puesto de mando en una batalla real, y hasta ahora en lugar de aprender como se supone que debía hacer, lo único que hacía era equivocarse y pasar vergüenza frente a sus amigos.

Envidiaba la facilidad con la que Tai daba órdenes cuando era su turno, en lugar de dudar en cada acción. La tranquilidad con la que Matt o Sora consultaban con los operadores, en vez de tartamudear como si le diera vergüenza hablar con los soldados. La velocidad de Izzy para tomar decisiones y leer las estadísticas de las pantallas. Mimi no sabía mucho acerca de estrategia, pero no paraba de hablar por el intercomunicador con Togemon o quien estuviera en el campo, intercambiando opiniones y recibiendo consejos a todo momento. TK y Kari parecían manejar mucho mejor que él la presión, e incluso Kenshi había tenido su primera experiencia a cargo del centro de mando, y todo el mundo lo había felicitado por cómo se mantuvo sereno.

¿Por qué todos hacían un mejor trabajo que él estando a cargo? En las simulaciones era distinto, le iba mucho mejor. Pero a la hora de la verdad, cuando los soldados de la resistencia estaban allí fuera dando sus vidas por la causa, justo en ese momento, Joe les fallaba. Y esto no era sino la confirmación de algo que venía pensando desde aquel día, el primero de agosto de 1999: que sencillamente él no podía estar a cargo de nadie.

Tomó el cojín que tenía junto a él y lo lanzó contra el armario en el otro lado de la habitación. Se puso de pie y se dejó caer sobre su cama, con la cara sobre la almohada. Tenía ganas de apretarla contra su rostro y gritar, sabiendo que el relleno serviría para absorber el ruido. Pero por si acaso decidió no hacerlo.

Todo el estrés acumulado se convirtió de pronto en cansancio. Trató de relajar su cuerpo, y antes de que se diera cuenta, sus párpados se sentían muy pesados. Joe se quedó dormido pocos minutos después, preguntándose si llegaría el día en el que le tocara ser un líder, y si podría finalmente estar a la altura.



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— ¿Y alguna vez alguien te venció? —Preguntó Tsukaimon, con admiración.

—Por supuesto. La primera vez que digievolucioné tuve que reunir el poder de todos los digivices y sacrificarme para detener a Devimon. Contra Myostismon sólo pude ganar tiempo, y los Dark Masters eran demasiado para mí. Piedmon me superó por completo en la breve batalla que tuvimos. Por suerte pude ultra-digievolucionar a MagnaAngemon, y traer de nuevo a nuestros amigos. Todos juntos logramos vencerlo.

— ¿MagnaAngemon? ¿O sea que tienes otra forma más de ángel?

—Así es —respondió Patamon, con una sonrisa.

—Vaya, ¡es increíble! —Dijo el pequeño digimon, moviendo sus alas con emoción—. ¡Espero que cuando digievolucione yo también me convierta en un poderoso ángel! ¡Ya quiero volar por los cielos y luchar contra los oscuros!

Y dicho eso, comenzó a volar alrededor de Patamon, haciendo ruidos de efectos especiales y narrando una batalla imaginaria. Patamon comenzó a reír, hasta que vio que uno de los Elegidos estaba distraído mirándolos.

— ¡Kenshi, tienes que estar haciendo dominadas hasta que termine el turno!

El Elegido salió de su trance.

—¡S-Sí, claro!

Suspiró y trató de volver al ejercicio. No es que tuviera muchas opciones, ya que sus guantes estaban enlazados magnéticamente a la barra. Pero estaba tan cansado que sólo podía permanecer allí colgado, tratando de recuperar la sensibilidad en los brazos como para poder subir una vez más y tocar el sensor con su mentón.

Observó el contador que llevaba prendido desde hacía unos tres minutos. Tai obviamente llevaba la delantera, con casi treinta dominadas. TK estaba segundo, con quince. Matt tenía diez. Izzy y Kenshi tan sólo tenían dos, y Joe no se había presentado al entrenamiento. El flamante Elegido deseaba poder hacer más, pero en verdad estaba satisfecho por su avance. Las primeras veces que le tocaba participar del circuito de dominadas no había podido hacer ni una. Y aunque completaba muy pocas, casi una por minuto, sentía que estaba mejorando. Tai y TK le decían que estaba muy bien, que al principio también les había costado horrores cuando empezaron a hacerlas en sus entrenamientos de fútbol y básquet.

Trató nuevamente de que sus brazos le respondieran, para tratar de hacer una más, pero apenas si podía llevar sus hombros a la altura de sus codos. Se dejó caer, quedando colgado nuevamente. Volvió a mirar a Tsukaimon, que continuaba hablando con Patamon. Desde que había visto al Comandante entrar en la batalla como Angemon, su digimon no paraba de hablar de eso. Estaba convencido de que, teniendo en cuenta lo parecidos que eran, seguramente él también tendría una digievolución angelical. Pasaba casi tanto tiempo con Patamon como lo hacía con Kenshi, quien a decir verdad comenzaba a sentirse un poco celoso. Se había encariñado muchísimo con su compañero, que parecía comprenderlo mejor que nadie. Era un alivio tener alguien con quien hablar a la noche, para no molestar al resto de los chicos. No es que lo trataran mal. Al contrario, se mostraban muy amables y amigables con él. Pero Kenshi sabía que eran un grupo ya formado y armado, y que aunque lo aceptaran, nunca sería uno más realmente.

Mientras trataba de recuperar el aliento, vio que la puerta del campo de entrenamiento se abría y el BishopChessmon negro se acercaba. Toda la sala se silenció de repente.

—Continúen con los ejercicios —dijo Patamon, antes de acercarse con desconfianza hacia BishopChessmon.

El guardia real y el comandante comenzaron a hablar entre ellos. Kenshi no podía oírlos, pero por la forma en la que Patamon se movía en el aire frente al otro digimon, parecía que estaban discutiendo. De repente Patamon volteó a mirarlo, y Kenshi trató de hacer una nueva dominada para que no lo regañe de nuevo. Estuvo cerca de completarla, pero no logró tocar el sensor con su mentón. Intentó de nuevo, pero cuando estaba a mitad de camino Patamon se acercó a él.

—Cuidado, Kenshi, voy a revertir la polaridad de tus guantes.

— ¿Ya terminamos? Por favor, dime que ya terminamos —pidió Izzy, que también estaba colgando como peso muerto.

—No. Kenshi fue absuelto del entrenamiento de esta tarde —dijo Patamon, revertiendo la polaridad de los guantes.

Kenshi cayó pesadamente los cincuenta centímetros que lo separaban del suelo. De repente los hombros comenzaron a dolerle.

— ¿Absuelto? ¿Qué significa eso?

Patamon lo miró con una mezcla de preocupación y suspicacia, pero no le respondió. Fue BishopChessmon quien se acercó y le habló.

—El Rey KingChessmon solicita una audiencia privada con usted.

De pronto los hombros ya no le dolían. Lo único que sentía era una enorme bola de nervios que nacía desde su estómago.

— ¿Qué? ¿Ahora?

—De inmediato. Tu digimon se quedará aquí con el Comandante y el resto de los Elegidos. Vamos.

Sin darle ninguna oportunidad de protestar, BishopChessmon dio media vuelta y comenzó a alejarse hacia la puerta de salida. Kenshi se quedó de rodillas en el suelo, mirando alternadamente a Patamon y sus amigos. Todos parecían tan confundidos como él.

—Será mejor que vayas. No querrás hacer esperar al Rey —dijo finalmente Patamon, volteando para acercarse al resto de los chicos.

Haciendo caso al consejo del Comandante, Kenshi se puso de pie y se acercó al trote hacia BishopChessmon. Cuando estaba llegando a la puerta volteó por última vez. Ya nadie hacía dominadas, sólo lo miraban y hablaban entre ellos.

En cuanto salieron del edificio de la Resistencia, BishopChessmon lo hizo subir a una pequeña plataforma circular como con la que habían accedido a la base por primera vez. Se subieron y de inmediato se elevaron, atravesando rápidamente el cielo en dirección al castillo. Pese a los nervios que le producía el no saber qué era lo que había hecho que motivaba al Rey a tener una reunión con él a solas, se permitió distraerse con la vista aérea. Hasta antes de llegar al Digimundo, sólo había viajado en avión una vez, unos ocho meses atrás. Pero teniendo en cuenta las circunstancias en las que se había producido el viaje, no había podido disfrutarlo realmente. No recordaba mucho de aquel episodio, de hecho. Recordaba que todo parecía suceder en cámara lenta, a la azafata que lo había tratado muy bien durante todo el vuelo, acercándose a cada rato para preguntarle si se encontraba bien o necesitaba algo, y a la gentil asistente social que lo había recibido al aterrizar.

Era incomparable, sin embargo, volar en un avión con estar en una verdadera plataforma aérea que se movía por el cielo de un reino dentro de un maravilloso mundo digital. Así que se recostó contra la baranda tratando de ver todo, recordar todo. Una hermosa vista que a diferencia de aquel viaje algunos meses atrás, pasó demasiado rápido. Antes de que se diera cuenta ya estaban sobrevolando las murallas del castillo, y un minuto más tarde BishopChessmon le indicaba que se bajase en medio del patio central.

A decir verdad nunca había salido al patio, pero era realmente hermoso. No era como el patio exterior donde los habían recibido. En este uno estaba constantemente rodeado por las altas paredes del castillo, pero de alguna forma el cielo y el perfectamente cuidado jardín hacía que se sintieran realmente en un espacio completamente libre. Estaba tan absorto mirando los árboles y los arbustos con forma de digimon que no se dio cuenta cuando KingChessmon se colocó detrás de él.

—Elegido —saludó el rey, sobresaltando a Kenshi—, me alegra que haya venido.

—S-su Majestad —dijo, haciendo una reverencia como todos siempre les recordaban que debían hacer.

—De pie, Elegido. En esta ocasión no me dirijo a ti como rey, sino como amigo.

— ¿Amigo? —Preguntó, sin poder ocultar la sorpresa y confusión en su tono de voz.

—Lo sé, lo sé, suena muy raro viniendo de mi parte. Pero, ¿qué es la amistad sino el intercambio de confianza y preocupación del uno por el otro? Yo confío plenamente en ti, como confío en el resto de tus amigos. Y me preocupo enormemente porque su estadía en el Digimundo sea lo más segura y cómoda posible. Y de tu parte, pues harás lo posible para salvar este mundo en el que yo vivo. ¿No nos convierte eso en amigos?

—Yo… No lo sé… No creo que sea así como funciona la amistad —dijo, sin saber realmente cómo reaccionar ante el extraño trato del rey.

—Entiendo. Quizás tengas razón. Después de todo, llevo demasiado tiempo encerrado en mi castillo, ocupado dirigiendo un reino que sólo busca sobrevivir. Es curioso cómo estando tan preocupado por el bienestar de mi gente es que me he apartado de ellos. Quizás ya he olvidado lo que es la amistad. ¿Qué es para ti, entonces?

Tras preguntarle, comenzó a caminar lentamente por el largo sendero de piedras amarillas, invitando con un gesto a que Kenshi lo acompañara.

—La amistad es… Bueno, es complicado —dijo, mientras se acercaba al rey—. Supongo que habría que preguntarle a Matt…

—El Elegido de la Amistad. Tiene sentido. Pero no me interesa lo que él opina, Elegido. Me interesa saber qué es lo que tú entiendes por amistad.

—Oh.

Trató de pensar cómo responder a esa pregunta. La amistad. Era algo demasiado fácil, tan mundano, común y diario que nunca se había detenido a tratar de definirlo. Era algo cuyo significado uno aprendía de pequeño y nunca más cuestionaba.

—La amistad es… Sí, es preocuparse por el otro. Pero es más que eso.

Continuó tratando de encontrar alguna definición sobre la amistad, hasta que finalmente recordó algo, una historia. Era el único libro que había podido rescatar de su antigua casa, el que su padre le leía cuando era un niño. Una parte hablaba sobre la amistad, en un particular diálogo entre dos inolvidables personajes.

—La amistad es lo que hace que veas a una persona como un amigo. O sea… Bueno, eso sonó tonto. Lo que quiero decir es que es la suma de todas las cosas que hacen que veas a otra persona como algo más que una persona. Es la confianza que tienes con él, las experiencias que viviste, el tiempo que pasaron juntos. Yo siento que soy amigo de Tsukaimon. No siento que sea amigo de, no sé, cualquiera de los PawnChessmon del castillo, o los soldados de la Resistencia. Pero eso es porque pasé tiempo con Tsukaimon. Dormimos en la misma habitación, hablamos sobre mí, o sobre nuestro día, compartimos opiniones, nos reímos juntos. Eso hace que Tsukaimon no sea solamente un digimon más. Lo convierte en mi amigo. Hay un libro de nuestro mundo que dice que antes de la amistad, un zorro no es distinto a otros cien mil zorros. Pero si pasaras tiempo con uno y pudieras establecer un lazo con él, ese zorro sería tu amigo, y podrías reconocerlo entre cien mil zorros.

—Debo admitir que me impresiona lo que dices, Elegido. ¿Entonces la amistad es una relación que otorga a la otra persona un valor agregado y una identidad frente al resto de los individuos? ¿Una relación que surge a partir del afecto, la confianza y el tiempo compartido?

—Sí. Claro, sí, creo que eso sería la amistad.

—Afecto, confianza y tiempo.

—Como tengo con Tsukaimon —dijo finalmente con una sonrisa, feliz por haber logrado definir algo tan abstracto como la amistad.

—O como tienes con el resto de los Elegidos, ¿no es así? —Preguntó casualmente KingChessmon.

La sonrisa de Kenshi vaciló, al igual que sus pasos. Casi como si hubiera estado esperando esa reacción, KingChessmon volteó rápidamente para verlo.

—Es decir, su relación se basa en esos tres pilares, ¿no es cierto? Tienen una relación afectuosa entre todos ustedes, ¿verdad?

—Bueno… Sí, supongo que sí —respondió, dubitativo—. Ellos se preocupan por mí.

—Y estoy seguro de haber oído que llevan muchos años juntos. Ahí tienen el tiempo compartido.

Kenshi frunció el ceño y bajó un poco la mirada.

—En realidad, ellos son los que se conocen desde hace años. A mí me conocen sólo desde… Bueno, un día antes de llegar aquí, cuando me volví un Elegido.

—Oh, ya veo —murmuró el rey.

Antes de que Kenshi pudiera pensar en que seguramente KingChessmon sabía ese detalle, el monarca continuó hablando.

— ¿No te conocían antes de que te volvieras un Elegido?

—Sí, un poco. Es decir, iba a la escuela con TK y Kari.

— ¡Ajá! ¡Ahí lo tienes! —Dijo eufórico, señalándolo con su cetro—. Ellos te querían antes de que te volvieras un Elegido. Se preocupaban por ti, establecían una relación de afecto.

Kenshi inmediatamente recordó que TK lo había invitado a su fiesta de cumpleaños, y a Tai y Matt defendiéndolo de los chicos que lo molestaban en la cafetería. Estuvo a punto de sonreír, cuando también comenzó a pensar en todos los meses que había pasado sin nadie que le hablara en el salón, todas esas tardes que había almorzado en la biblioteca por no tener con quién sentarse en la cafetería. Incluso todas las veces en las que lo habían golpeado luego de la escuela. Nunca lo habían golpeado frente a otros testigos, pero no había forma de que nadie más supiera que él era el blanco favorito de los chicos con problemas de manejo de ira.

— ¿No es así? —Insistía KingChessmon.

Kenshi apretó sus puños, el único gesto que exteriorizó. Un gesto que el gran monarca vio y disfrutó.

—Sí, ellos se preocupaban por mí.

—Y además estoy seguro de que confían en ti, Elegido. Confían en que tu lealtad está con ellos y su causa.

Ahora todo en lo que Kenshi podía pensar era en cómo Patamon y el resto de los chicos lo miraban cuando se alejaba junto a BishopChessmon.

—Su Majestad, ¿por qué me trajo aquí? —Dijo finalmente, mirando a KingChessmon con una determinación impropia en él.

El rostro del rey siempre estaba oculto tras el casco y su bigote, pero incluso asi Kenshi creyó ver lo que parecía ser el atisbo de una sonrisa.

—Yo sí confío en ti, Elegido. Y como confío en ti, voy a responderte con la verdad. Te convoqué aquí porque te necesito.

— ¿Qué? —Preguntó estupefacto.

—Verás, desde hace un tiempo que los Comandantes recelen de mi. Prefieren organizar la Resistencia a su gusto y placer, y cada vez se molestan menos en hablarme de sus movimientos y las decisiones que toman. No es una cuestión de egoísmo, te lo aseguro. Es sólo que yo sigo siendo el rey. No quiero interferir en su accionar, pero creo que luego de financiar y asegurarme de la existencia de todo el sistema que los respalda y sobre el cual trabajan, merezco por lo menos saber qué es lo que hacen con mis recursos.

Kenshi volteó, incómodo.

Los digimon de sus amigos no paraban de hablar horrores sobre KingChessmon, de cómo ese pequeño y megalómano trataba de controlar todo. Les habían hablado de lo cruel que podía llegar a ser con aquellos que no se rendían ante él. Lo describían como un digimon loco por el poder, alguien a quien nada detendría en su camino por ser el amo y señor de todo el Digimundo. Incluso Tai les había dicho que pese a aparentemente querer lo mejor para el Digimundo, siempre tenía en mente lo mejor para sí mismo. ¿Cómo podría confiar entonces en lo que le estaba diciendo?

Y sin embargo, la experiencia había hecho que Kenshi no fuera propenso a juzgar a las personas por lo que los demás decían de ellas. Si se juzgara a sí mismo por lo que el resto pensaba de él, seguramente ni él se querría. Trataba de juzgar a las personas por lo que veía de ellas. Y hasta ahora, KingChessmon le había proporcionado un castillo en donde vivir, comida, lujos que nunca antes había experimentado, y en general una contención sumamente necesaria. En lo que a él concernía, no había motivos para creer que KingChessmon pudiera ser malvado o alguien en quien no se pudiera confiar.

No era tonto ni inocente, de todas formas. Ni tampoco tenía motivos para creer que Tai o los digimon pudieran estar mintiéndole. Así que decidió ser cauteloso.

— ¿Y cómo puedo ayudarlo para que los Comandantes confíen en usted?

—Eso, me temo, es un objetivo sumamente lejano, probablemente inalcanzable. No pretendo que les hagas cambiar la imagen que ellos tienen de mí. Si tanto me recelan, supongo que es mi culpa en algún punto.

En ese momento Kenshi bajó inconscientemente la guardia. Conocía demasiado bien esa sensación de sentir que uno tenía la culpa por lo que los otros creían de él.

— ¿Y qué quiere que haga entonces?

KingChessmon se acercó y golpeó el suelo suavemente con su cetro. Bajo sus pies se materializó un pequeño escalón de un material parecido al ámbar, permitiéndole quedar a la misma altura que el Elegido.

—Sólo quiero lo mejor para este reino. Necesito saber en qué situación están nuestras fuerzas, qué recursos debería priorizar para las misiones que realizan sin avisarme. No te pido mucho, Elegido. Sólo necesito que seas mis ojos y oídos dentro de la Resistencia. Necesito que me digas qué es lo que los Comandantes planean.

Kenshi quedó estático durante unos segundos, antes de retroceder un paso.

—Está pidiéndome que espíe a mis amigos —dijo finalmente.

—No te estoy pidiendo que me reveles las debilidades de sus formas adultas, o que me des los planos hacia el núcleo de su base. Sólo quiero saber lo que ellos saben. Nuestro enemigo es demasiado grande. No podemos ganar la guerra si nosotros mismos nos dividimos.

El Elegido volteó y se alejó unos pasos, revolviéndose el pelo nerviosamente con sus manos.

—Todo lo que dices tiene razón, y una gran parte de mí quiere creerte. Pero no soy tonto. Me han engañado muchas veces, y sé que estás diciendo lo que yo quiero escuchar.

—Esto no es una extorsión, Elegido. No estoy amenazándote —le dijo, con un tono de voz sumamente tranquilo—. Ni siquiera te estoy reteniendo. Puedes irte ahora mismo si así lo deseas. La decisión siempre será tuya.

—Quiero irme ahora.

— ¿De regreso a la base de la Resistencia?

—Sí. No. Sólo quiero irme.

—Muy bien.

Kenshi escuchó que golpeaba el suelo con su cetro, y por el rabillo del ojo vio que la joya que lo coronaba brillaba.

—Los centinelas irán a despertar a Coredramon, que parece haberse quedado dormido en las murallas exteriores de la ciudad. Llegará en cualquier momento, y te llevará a donde tú quieras. Puede llevarte incluso a las afueras del reino, si buscas privacidad.

El Elegido no le respondió. Cuanto antes terminara aquella reunión, mejor para él. KingChessmon, sin embargo, parecía tener otros planes.

—Lo único que me preocupa es que entiendas que si te ofrecí eso es porque quiero lo mejor para el Digimundo. La información es fundamental, es la variable que modifica el resultado de una batalla, incluso una guerra. Necesito saber qué es lo que mis tropas harán. Todos necesitamos saber cosas. ¿O no estás tú desesperado por saber cuál es tu papel en este gran esquema?

Kenshi sintió una brisa en su mejilla izquierda, y volteó para ver a Coredramon de pie a algunos metros de él, estático como si hubiera estado allí desde hacía un largo rato.

—Muy bien, Coredramon ya está aquí. Lamento haberlo molestado, Elegido, en verdad. Sigo estando a su disposición para lo que requiera.

El rey volteó, preparado para alejarse.

—Espere.

Kenshi lo vio detenerse. KingChessmon volvió a voltearse para enfrentar al Elegido.

— ¿Qué quiso decir con eso de “mi papel”?

—Me refiero a su rol en el destino del Digimundo, por supuesto. ¿No ha sido esa una de las dudas primordiales de los digimon a lo largo de la historia? ¿Cuál es nuestro lugar en este mundo? ¿Qué rol hemos de cumplir en esta vida?

—Yo soy un Elegido. Tengo que salvar el Digimundo —respondió Kenshi, aunque su afirmación tenía un aire de pregunta.

— ¿Y por qué ninguna de las profecías lo menciona? ¿Por qué nadie sabía de su existencia hasta que se nos presentó?

— ¿Sabe algo? —Preguntó, acercándose lentamente—. ¿Hay algo acerca de eso que usted sepa?

—No con certeza. Pero tengo a mi disposición a todos los eruditos que quedan vivos en el Digimundo. Tengo la biblioteca en pie más grande del mundo. Estoy seguro de que debe de haber pistas acerca de su destino en algún lado. Juntos, podríamos encontrarlas.

Kenshi comenzó a considerar lo que KingChessmon le decía.

Desde que había recibido su digivice no paraba de hacerse una simple pregunta. <<¿Por qué?>>. Hasta ahora, nadie había podido responderla.

— ¿Dice que usted podría ayudarme a descubrir por qué estoy aquí? —Preguntó con cautela.

—Absolutamente. Estoy dispuesto a destinar buena parte de mis recursos y mis hombres para responder esa pregunta. Sólo pido un pequeño intercambio. Quid pro quo. Conocimiento por conocimiento.

Coredramon se sentó, sintiendo que no estaría volando con un Elegido en el lomo por el momento.

Kenshi mordía su labio inferior, con mil y un pensamientos recorriendo su cabeza. Hasta que finalmente tomó una decisión y miró a los ojos a KingChessmon.

— ¿Qué es exactamente lo que quiere que averigüe?


 
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Por algun motivo esta vez no me llego el aviso de actualizacion O.o

El capitulo, aunque fue bastante largo se me hizo realemente corto. La primera parte estuvo genial, muy fluida (realmente sabes hacer muy bien las escenas de lucha, que a mi me cuesta horrores), retrata perfectamente lo que son los oscuros, y la dinamica misma de la guerra, que es importante entenderla para entender el desarrollo de los personajes. Al margen de eso, me alegra que en esta version los digimons sean mas normales que las anteriores,, a pesar de los traumas que deben haber sufrido.

El conficto interno de Joe se me hace muy el. Tiende a sobre preocuparse, y su responsabilidad sobre el grupo evita que pueda convivir con sus defectos, la dinamica entre Joe y gomamon me encanta, me parece la mejor relacion elegido digimon por mucho, por lo que todo esto es perfecto para mi xD

La parte de los ejercicos fue divertida. Y el final, aunque no me lo esperaba luego vi evidente jaja. Kingchessmon actuando como el politico que es y tratando de ganar aliados entre sus rivales atacando los eslabones mas debiles ^^ solo espero que Kenshi no se arrepienta de lo que su inseguridad esta por hacerlo hacer O.o
 
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