+18 Original Fic M/F M/M Una nueva familia. (Historia: Furry, yiff, yaoi, cub, hetero.)

Kalec

Escritor y rolero.

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(Antes de iniciar la lectura de esta historia, se advierte al lector que en ella se desarrollan escenas de alto contenido sexual, yaoi y shota, por lo que se recomienda a los que no sean fans o amantes de este género, que no continúe con la lectura. A todos los demás, que la disfrutéis, si veo que la historia gusta, continuaré subiendo capítulos. Se agradecen like y por supuesto comentarios y críticas constructivas.)

Al despertar en su cama, Kail se abrazó a su almohada con el recuerdo de lo ocurrido el día anterior aún fresco en su memoria. Había sucedido algo que había acabado en todo un drama, quizás hubiera exagerado, pero no pensaba reconocerlo. No terminaba por acostumbrarse a aquella nueva vida, aquella enorme casa, todos aquellos lujos y a tener un padre y un hermano. Todo era tan distinto a como había estado viviendo hacía solo un mes atrás, que le estaba costando mucho asimilarlo todo. Suspiró y con mirada triste recordó lo poco que sabía que había sucedido para acabar de aquel modo.

Su madre, una zorra de pelaje blanco y celeste, se había divorciado cuando él tenía solo cuatro años, fue un divorcio complicado, pero consiguió librarse del zorro que la había estado arrastrando a la infelicidad desde que se casara por compromiso, pues la dejó embarazada en una noche loca en sus últimas semanas de universidad. Se casó solo un par de meses después de que se graduara como la primera de su promoción en empresariales, pero de poco le sirvió pues tuvo que dedicarse prácticamente sola a la crianza de su pequeño hijo. Tenía la esperanza de que su marido cambiara al nacer Kail, pero no fue así. Era un zorro pardo con aires de grandeza, un patán que había sido popular en la universidad, pero que prácticamente no había hecho nada, aprobando solo gracias al chantaje a otros que hacían los trabajos por él. De modo, que al salir de la universidad, se vio incapaz de aguantar un trabajo por más de unos meses, aparte de que era problemático y agresivo. Tampoco quería que ella trabajara, pues él no hacía nada en casa, apenas se ocupaba de su propio hijo y dejaba que todas las labores domésticas recayeran en su mujer. Finalmente, contando con el apoyo de amigos y algunos familiares, Junne, consiguió una segunda oportunidad en la vida.

Con el dinero obtenido con la venta del apartamento y otros vienes, se marchó a una pequeña ciudad, alejada de todo aquello, para empezar desde cero junto a su pequeño hijo. Kail no echó mucho en falta a su padre, siempre se había mostrado distante y apenas mostrándole atención. Por lo que cuando sus amigos hablaban de sus padres, apenas le dolía, pues su madre siempre se ocupaba de que no le faltara de nada. Comida en el plato, ropa limpia y un techo sobre la cabeza, era cierto que algunos de sus amiguitos tenían lujos con los que él no podía contar, pero le daba igual pues su madre era feliz. Antes de separarse de su padre, nunca la había visto sonreír tanto y todas las noches lo arropaba y le contaba un cuento. Cuando tenía siete años, tres después de que se mudaran a aquel modesto pisito, su madre conoció a alguien. A un lobo al que vio en contadas ocasiones cuando se suponía que él debía estar durmiendo, alguna noche se despertaba al escuchar a su madre hablando con alguien. Al espiar por la puerta entre abierta de su habitación, veía a un lobo alto y apuesto, de pelaje rojizo y blanco que charlaba animadamente con ella, reían y compartían el tiempo juntos. Su madre parecía feliz, y aunque le extrañaba cuando se levantaba al día siguiente y no encontrar a nadie, decidía no preguntar, pues algo en su interior le decía que no debía ver ciertas cosas, como cuando su madre se iba a su habitación con el lobo. No sabía que sucedía allí, pero en una ocasión los escuchó hablar entre susurros y gruñidos. Mas tarde sabría que aquel la había contratado como secretaria, pero al ver sus bastos conocimientos empresariales y su habilidad para ver detalles que a otros se le escapaban, la ascendió a su plantilla de accionistas, y pronto empezó a surgir algo entre ambos.

La cuestión era, que dos años después de que su madre conociera a su futuro padrastro, se lo presentó a él y a su hijo. Era viudo, su mujer había fallecido años atrás en un accidente de tráfico, se llamaba Balten y su hijo Derek, que tendría unos dieciséis años. El encuentro fue bastante inocente, quedaron en un parque de atracciones y Kail se lo pasó bastante bien, se sentía un poco incómodo y extrañado con aquellos dos lobos. Balten era amable, sonreía con bastante frecuencia, sobre todo cuando hablaba con su madre y estaba muy atento por si necesitaban algo. Derek era algo más arisco, estaba claro que aquella toda situación no terminaba de convencerlo y aunque no fue mal hablado ni hizo nada por molestarle, tampoco se mostró demasiado conversador ni dispuesto a acercarse a él o a su madre. Los dos eran muy parecidos físicamente, sus pelajes eran marrón rojizo en la zona de la espalda y parte superior de la cabeza, las manos, parte inferior de la cola y rostros eran blancos. Aunque la mayor diferencia entre ambos era que en el adulto el color rojizo era más intenso, casi marrón y en su hijo era un color más claro, sus ojos también eran distintos, en Balten eran dorados, mientras que los de su hijo eran verdosos. Derek era ya casi tan alto como su madre, que rondaría el metro setenta y cinco, y el lobo adulto debía rondar el metro noventa. Él medía apenas un metro veinte, pero con nueve años era una estatura normal para un zorro blanco como él. Después de aquel primer encuentro hubo otros, fueron al museo, al zoo, al cine, y quedaron varias veces a comer y a cenar, durante aquel periodo Derek pareció ablandarse un poco, volviéndose más comunicativo, pero él seguía igual de inseguro. No todo fueron buenas experiencias, aquellos lobos tenían algunas costumbres un tanto extrañas, en una ocasión pretendieron ir a una playa nudista, Kail no sabía lo que era aquello hasta que llegaron al lugar. Tuvo un gran sofocón pues él no quería ir desnudo por ahí, nunca había echo algo parecido y aunque su madre trató de razonar con él y explicarle que no sucedía nada malo, finalmente Balten decidió ir a una playa donde pudieran llevar todos bañador. Aparte de aquel accidente más destacado, todo se desarrolló con normalidad hasta el día de su décimo cumpleaños.

Aquel día, tras abrir unos increíbles y carísimos regalos que consistía en una videoconsola, un montón de videojuegos, un ordenador, libros y muchas más cosas, Balten y su madre anunciaron que se iban a casar en dos meses. A Kail le extrañó que solo estuvieran ellos cuatro celebrando su cumpleaños, pero la noticia de las nupcias se lo aclaró todo, en aquel momento su joven mente no pudo procesar toda la información, pero su instinto le indicó que debía alegrarse por su madre, la abrazó y le dijo que le parecía fantástico, aunque en el fondo su alma se encogía de preocupación e inseguridad. Derek, por su parte, parecía conforme con la noticia, seguramente ya la sabría de antemano, y aunque sonreía, se notaba que la alegría no llegaba a sus ojos.

La mente de Kail volvió al presente cuando su madre abrió discretamente la puerta, él se tapó con la manta hasta las orejas y le dio la espalda. La boda había sido hacía tres meses, pero solo hacía un mes que vivían en aquella nueva casa que compartía con su nuevo padrastro y su nuevo hermanastro. Notó como su madre se sentaba al borde de la cama y le acariciaba la cabeza por encima de la manta.

—¿Sigues enfadado por lo que ocurrió ayer? —Le preguntó amable, casi pudiéndose imaginar una sonrisa zorruna en su hocico. -Derek no tenía intención de asustarte…

Kail recordó lo sucedido con total viveza, acababa de salir de bañarse, secándose con una toalla antes de coger el secador, cuando su hermanastro abrió la puerta del baño sin llamar siquiera, entrando completamente desnudo. Fue tan inesperado que se quedó un par de segundos paralizado, de frente con la toalla sobre la cabeza, mientras sus ojos azules miraban el cuerpo completamente desnudo que tenía ante él. Derek era de complexión atlética como su padre, aunque aún no tan ancho de hombros, había cumplido los diecisiete unos meses atrás, al contrario que otros adolescentes, él no parecía estar sufriendo los desajustes propios de esa etapa de la vida. Sus músculos se marcaban bajo el suave pelaje, pero no de manera exagerada, el pelaje blanco del rostro y cuello bajaba por su pecho, vientre, pasaba entre las piernas y se perdía por el interior de los muslos y el trasero, llegando a la parte baja dela cola. Kail ya los había visto tanto a su padrastro como a él en ropa interior, pero aquello fue demasiado. Con grito mezcla de vergüenza y enfado, empezó a insultarlo y tirarle cosas para sacarlo de allí. Evidentemente su hermanastro no se esperaba una reacción tan exagerada por su parte, no entendía porqué debía tener tanto cuidado con su desnudez en su nueva casa, pues hasta entonces tanto su padre como él habían practicado el naturismo en su hogar y en lugares habilitados para ello que visitaban a menudo. De modo que al recibir toalla, ropa sucia, una esponja y otros objetos arrojadizos, calló de culo y salió a cuatro patas del baño justo cuando llegaban sus padres a ver que sucedía. Al parecer, la ducha de la habitación del joven lobo estaba estropeada y fue a usar la de Kail, pensando que no le importara que se metiera a duchar con él secándose ya que tenía prisa por ir con unos amigos con los que había quedado. Kail tuvo otro sofocón y aunque tanto Balten como su madre, Junne, sabían que su reacción había sido exagerada, le dieron la razón, Derek se llevó una injusta regañina que lo puso de mal humor y él se encerró en su habitación, prometiendo no salir jamás.

—Entró sin llamar. —Respondió a su madre, que suspiró paciente.

—Lo sé, ya le regañamos, no volverá a hacerlo. —Dijo destapándolo un poco, para dejar su rostro al descubierto. —¿No te vas a despedir de mí? Tu padre y yo estaremos toda la semana fuera. —Le recordó, acariciándole el rostro con cariño.

—¿Tenéis que iros tanto tiempo? Pensé que podríamos pasar estas vacaciones juntos… —Protestó, pues tenían dos semanas libres en el colegio, después del primer trimestre de escuela.

—Lo siento mi vida, pero tenemos que trabajar, te traeremos algo bonito y luego tendremos una semana de vacaciones familiares. —Le recordó con una amplia sonrisa.

—Espero que no sea a uno de esos lugares. —Dijo con énfasis, refiriéndose a sitios como la playa nudista.

Su madre pareció sonreír un poco nerviosa, pero antes de que abriera la boca para responder alguien dio unos toques en la puerta. Al mirar, vieron a Balten ante la puerta, que los miraba con una cálida sonrisa afectuosa.

—Siento interrumpir, pero el chófer nos espera. —Informó.

Kail apartó rápidamente las mantas antes de que su madre decidiera incorporarse, y la abrazó con fuerza, hundiendo su hocico en el cuello de esta, inspirando aquella colonia que ella siempre había usado, y que le recordaba a tiempo más sencillos para ambos.

—Te quiero, mamá. —Le dijo notando como ella le frotaba la espalda, por encima del pijama celeste y con dibujitos que llevaba.

—Y yo a ti cariño. —Le respondió, apartándose un poco y acariciándole las mejillas antes de darle un beso en la nariz negra.

—¿Quien vendrá a cuidarnos? ¿La tía Eva? —Preguntó de repente, emocionado, agitando su plumosa cola blanca y azul.

—La tía Eva vive muy lejos. —Le recordó con dulzura.

—Derek cuidará de ti. —Informó la voz profunda pero amable de Balten, que no vio los ojos abiertos del cachorro que miró a su madre en una muda súplica.

—Es un chico muy responsable, además, si hace algo mal siempre puedes llamarnos con tu teléfono móvil. —Le recordó con una sonrisa, recordándole aquel regalo que Balten le había hecho en la mudanza, pensando que así el zorrito llevaría mejor el vivir en una ciudad distinta, lejos de sus amigos y de enfrentarse a hacerse un hueco en una nueva escuela.

Kail se dispuso a protestar, pero un suave carraspeo del lobo al escuchar el claxon del taxi que los esperaba, hizo que su madre alzara una mano con una autoridad de la que rara vez hacía uso y acalló sus palabras.

—Derek se comportará, te lo prometo, pero tú también tienes que poner de tu parte, se bueno y haz todo lo que te diga. Tenéis una lista de tareas en la puerta de la nevera. —Fue diciendo mientras se ponía un abrigo que el lobo le había ofrecido. —Os lo pasaréis bien, tienes un montón de videojuegos, un ordenador nuevo y muchas cosas más e incluso puedes pedirle que juegue contigo. —Le sugirió con una sonrisa.

—No pienso salir de mi habitación. —Le recordó tozudo, recordándole la promesa que hizo el día anterior, de hecho incluso había logrado desayunar en su habitación aquella mañana, algo que su madre no aprobaba, pero fue Balten quien le sorprendió al despertarlo con un desayuno a base de tortitas y sirope.

—Alguna vez tendrás que salir, le he dicho a Derek que tienes prohibido comer en tu habitación. —Dijo lanzando una perspicaz mirada a la bandeja del desayuno y luego mirando de reojo a su marido, el lobo pareció ruborizarse un poco y sonrió con disculpa.

—Cariño… —La apremió amable, haciendo que lanzara una carcajada.

—Ya hablaremos luego… —Le dijo con un guiño, antes de volverse hacia su hijo. —Te quiero, te llamaré esta noche. —Prometió dándole otro beso en la nariz, marchándose rápidamente con Balten, que se había acercado mientras tanto a la cama y le dio una efusiva caricia que le dejó todo el pelaje de la cabeza de punta.

Kail se sorprendió a si mismo cuando se dio cuenta de que estaba sonriendo al tiempo que se pasaba la mano para tratar de alisarse el pelo, no creía recordar que su padre zorro hubiera sido tan bueno. Balten era bueno y paciente, no le había visto perder nunca la calma excepto un día en que jugando a un parque al que habían ido a hacer un picnic, había estado a punto de atropellarlo un coche por ir corriendo detrás de una pelota con la que había estado jugando con otros cachorros de su edad. Recordó el sonido terrible del coche al frenar bruscamente, como el lobo lo había tomado por el cuello de la camisa, tirando de él hacia atrás, justo en el momento en que el vehículo casi se lo llevaba por delante. Aún podía oír el acelerado latido del corazón de su padrastro y el sonido de su respiración agitada, pues lo había abrazado contra su pecho, habiendo caído de culo al suelo. Tras abrazarlo durante unos segundos, lo apartó de sí para comprobar que estaba bien, empezando a regañarlo con voz dura y firme por cruzar sin mirar. Su madre apareció en aquel momento y entonces rompió a llorar. Kail no sabía del todo porqué lloró en aquel momento, hasta que sentado al borde de la cama, escuchó a su madre y al lobo hablar con su hermanastro antes de salir de la casa. Le importaba, realmente a Balten le importaba su seguridad, por eso lo había regañado tan duramente hasta hacerlo llorar. Su madre se lo había explicado, pero no había vuelto a pensar en ello hasta aquel momento. Fue a la ventana que daba a la parte delantera de la casa y apartó la cortina, cegándose por un momento con la luz de la mañana, viendo como montaban en un taxi. Su madre tuvo que tener el presentimiento que estaba mirando, pues alzó la mano y se despidió, agitándole y lanzándole un beso. Él hizo el gesto de que recogía aquel beso y lo abrazaba contra su pecho. Con una sonrisa, vio como el taxi se alejaba por aquel camino asfaltado hacia la autovía, que quedaba a casi una hora de allí. Suspirando, volvió a cerrar la cortina, arrastró los pies hasta su cama, y se tendió en ella, poco dispuesto a salir de su cuarto y verle la cara a su hermanastro. La mera idea de tener que enfrentarse a él después de aquel incidente del baño, de que le dijera todas aquellas palabras feas que en realidad no pensaba en serio, lo llenaban de vergüenza e inseguridad.

Debió quedarse dormido un buen rato, pues cuando se despertó notó que tenía hambre, miró la hora en el despertador de la mesilla y se sorprendió de que fuera casi la hora de comer. Era verdad de que la noche anterior le había costado conciliar el sueño después del sofocón que se había dado y de que Balten lo había despertado temprano para llevarle aquel desayuno especial, llegando al poco tiempo su madre, pero rara vez dormía hasta tan tarde. Sentándose de nuevo al borde de la cama, miró hacia la puerta cerrada de su cuarto, guiñó las orejas hacia atrás, y con gesto decidido se puso en pie y caminó hacia ella, pero antes de llegar hasta ella le entraron las dudas y en vez de abrirla de golpe, solo lo hizo una rendija para asomarse. El olor a empanada casera de jamón y queso llegó hasta su fino olfato y su cuerpo entero se estremeció, escuchando perfectamente el gruñido de su estómago. Con un suspiro, se dio la vuelta para acercarse a coger la bandeja del desayuno, abrió la puerta y decidió bajar a la planta inferior en busca de alimento, decidido a hacer lo posible para esquivar a su hermanastro.

Derek seguía molesto por la regañina que le había caído la noche anterior, solo había sido una actuación para acallar el llanto de su pequeño hermanastro, pero él, que siempre había visto la desnudez como algo natural y de lo que no avergonzarse, no entendía porqué su padre y él tenían que cambiar la vida que habían llevado hasta entonces. Derek tenía la suerte de haber nacido en una familia adinerada, nunca le faltó de nada, aunque desde pequeño, si quería algún capricho tenía que ganárselo sacando buenas notas y haciendo tareas en casa. Recordaba a su madre, pues la había perdido cuando tenía nueve años, fue un duro golpe tanto para él como para su padre que casi acabó hundido, desatendió sus responsabilidades y su negocio se resintió. Pero algo hizo que apretara los dientes y cogiera a la vida por los cuernos, su pequeño hijo contaba con él, de que lo cuidara y protegiera. Aunque nunca olvidó a su mujer, su padre hizo que el negocio no solo se recuperase, sino que aumentara dos años después del fallecimiento de su esposa. Derek también se vio muy afectado por el repentino fallecimiento de su madre en un accidente de tráfico, que también se cobró la vida de otros furrs debido a un camión fuera de control, pero al igual que su padre volvió a ser el de siempre en el colegio, aunque no con sus amigos, mostrándose más serio y guardando más distancia. Tenía catorce años cuando notó que el humor algo taciturno y apagado que había tenido su padre desde la muerte de su madre, se había ido disipando poco a poco, sospechó que se había echado novia o algo así, pues con catorce años las excusas que le ofrecía eran muy raras. Derek sonrió al recordar que en una ocasión estuvo a punto de llamar a la policía, cuando a altas horas de la noche, escuchó unos ruidos y al asomarse por la ventana de su cuarto vio una figura oscura que trataba de trepar por un retal hacia la ventana del segundo piso de la casa que tenían por aquel entonces. Por suerte tenían a un vigilante que se ocupaba de patrullar la propiedad y Derek se puso en contacto con él antes de alertar a la policía. Recordó el rostro estupefacto de su padre cuando le salió a la ventana, iluminándolo directamente a la cara con una linterna, un instante antes de que el vigilante le hiciera un placaje, tirándolo el escaso metro que había logrado trepar por el endeble enrejado por el que crecía una enredadera. El pobre vigilante se creyó despedido, pero no fue ni mucho menos lo que pasó, su padre simplemente lo felicitó por su actuación mientras se levantaba del suelo y explicaba que se había olvidado la llave. Después de aquello, Derek estuvo más atento a las salidas de su padre, lo quería y sabía que él seguía queriendo a su madre, pero estaba seguro de que necesitaba a otra hembra en su vida, pues no quería verlo envejecer solo. Tenía claro que tarde o temprano iría a la universidad para convertirse en un gran empresario como él. Dos años después, cuando ya estaba más que claro que su padre estaba con alguien, le confesó que llevaba un tiempo saliendo con una zorra. Derek se hizo exageradamente el sorprendido, hasta que no pudo soportar el rubor del rostro de su padre, que sabía que se estaba quedando con él y ambos se abrazaron y lo felicitó por ello. Tal como solía ocurrirle, se mostró bastante serio y distante con la novia de su padre y con el pequeño hijo de aquella, no quería hacerse ilusiones, pues sabía que una relación podía torcerse en cualquier momento. Quedaron varias veces para compartir experiencias, la zorra le gustó casi al momento, era divertid, extrovertida y atenta, estaba seguro de que no quería a su padre solo por su dinero, pues se habían conocido antes que supiera que era un rico empresario, algo que le dijo meses después, cuando ella le confesó el serio problema económico que tenía al estar en paro. Tras unos cuantos encuentros agradables, en que se mantuvo distante de Kail, pues parecía incómodo con su presencia, pensó que todo acabaría cuando el pequeño se llevó un sofocón cuando fueron a una playa nudista, no comprendía cual era el problema, y se pasó todo el día de morros cuando tuvieron que ir a una playa normal, pues casi todos sus amigos estaban en la otra. Trató de ser comprensible y pensar que todos los furrs tenían derecho a tener sus gustos y filosofía con la vida, y se alegró de que pudieran superar aquella pequeña crisis de entendimiento, dando por hecho de que Kail terminaría acostumbrándose tarde o temprano, pero lo sucedido en el baño la noche anterior le hizo borrarse aquella idea de la cabeza.

No es que hubiera visto gran cosa, había visto a cientos de machos y hembras desnudos, en los vestuarios del instituto o en los propios lugares habilitados para los naturistas. Era cierto que el pelaje tan increíblemente blanco y aquellos bonitos toques azules que tenían Junne y su pequeño cachorro no eran comunes, pero tampoco era tan extraordinario. Por lo que pudo ver al irrumpir en el baño, era lo mismo que había visto tantas veces en la playa o los campamentos que habían visitado desde que tenía uso de razón, aunque él y su padre no habían ido tanto después de la muerte de su madre. Kail era como muchos cachorros de su edad, tenía un cuerpo esbelto, casi atlético, estaba por completo cubierto de pelaje blanco, tenía las manos, pies, punta de la cola y las orejas azul cobalto, dos líneas azules le salían de la base de la nariz, subían por el puente del hocico, y bajaban por la espalda, dividiéndose hacia los hombros y bajando por los costados, rodeándole el trasero hasta el nacimiento de la cola. Y aunque lo primero que hizo el zorrito, antes incluso de tirarle la toalla y empezar a gritarle, fue taparse con una mano la entre pierna, no vio por qué tanto escándalo. Solo alcanzó ver una pequeña bolsita donde debían estar los testículos, y una fundita igual de pequeña donde debía ocultarse el pene. Trataba de pensar el motivo a que venía tanto escándalo porque se vieran desnudos, él tampoco tenía nada extraño en su cuerpo, y algunas de las cosas que le dijo mientras le lanzaba objetos fueron bastante injustas.

Con un gruñido, se incorporó en la cama cuando escucho la voz de su padre, se asomó un poco y lo vio entrar en la habitación de Kail con una bandeja, por el olor que desprendía debían ser tortitas. Estuvo a punto de abrir la puerta y bajar a la cocina, cuando se detuvo y miró hacia abajo. Estaba completamente desnudo, es como había dormido desde que tenía uso de razón, siempre habían contado con una casa climatizada como aquel nuevo hogar y las mantas eran más que suficiente para aguantar el calor. Con un suspiro, se volvió y buscó por el suelo de su habitación, que estaba un poco desordenada, hasta dar con sus calzoncillos, unos boxer ajustados que su madrastra le había regalado. La zorra le caía muy bien y había aceptado de buena gana los regalos que le hacía en ropa y otras cosas, siempre había usado calzoncillos boxer holgados de algodón, y solo usaba aquellos ajustados mas “modernos” por complacerla a ella, aunque reconocía que llegaba un momento que sentía como si no llevara nada. Salió de su cuarto, solo con aquellos boxer negros con bandas azules en la zona de los elásticos y se encontró con la zorra haciendo tortitas, la saludó con amabilidad y fue directo a la nevera para coger el brick de zumo.

—No bebas directamente de la caja. —Le advirtió, haciéndole sonreír un poco, cerrando la puerta y acercándose a por un vaso.

—No pensaba hacerlo. —Respondió con aquella sonrisa, que quedaba claro que no pensaba reconocer que lo había pillado.

La zorra se volvió a mirarlo y rió con cariño, ya le había dicho varias veces que sonreía como su padre. Se acercó a él llevando un plato con varias tortitas y le dio un gran beso en la mejilla.

—Tu sonrisa es tan pícara como la de tu padre. —Dijo con afecto, al tiempo que se fijaba mejor en su indumentaria, o más bien en la falta de ella.

—Lo se. —Respondió un poco descarado, siguiéndole el juego, mirándose al ver como lo observaba. —Al menos me puse calzoncillos. —Saltó un poco a la defensiva.

Ella suspiró y le dio unas palmaditas en una mano.

—Lo se, lo se… perdona que ayer te echáramos la charla, pero ya sabes lo nervioso que se pone Kail con todo esto, es un buen chico y estoy segura de que os quiere, pero no entiende muy bien este gusto que tenéis por ir desnudos. —Dijo poniéndole un baso de leche con cacao. —No me mal interpretes, a mí me agrada, he ido un par de veces con tu padre a esa playa nudista y la verdad que tras los primeros minutos, olvidas de que estás sin ropa. —Dijo sonriendo, empezando a recoger todo en la cocina.

—Tranquila, para mí tampoco está siendo fácil adaptarme a esta nueva casa y a todo lo demás, supongo que para un niño debe ser aún peor. —Reconoció encogiendo un poco los hombros, sonriendo cuando se volvió de nuevo para besarle la mejilla.

—¿Qué habré hecho yo para tener a dos hombrecitos tan increíbles en mi vida? —Le dijo orgullosa.

—¿Te refieres a Kail y a mí? —Preguntó con una sonrisa.

—Por supuesto. —Dijo divertida.

—No se como tomarme eso. —Comentó jocoso Balten, que acababa de regresar de la habitación de Kail.

—Tú eres mi hombre, pero ellos son mis hombrecitos. —Replicó alzando el hocico con decisión.

El lobo rio afable y se acercó hasta ella, le rodeó la cintura con las manos, atraiéndola hacia sí, y la besó suavemente en los labios. Derek apartó un poco la mirada, aunque aprobaba la relación, aún no se sentía del todo preparado para ver aquellas muestras de cariño entre los dos.

—Derek, ya sabes todo lo que tienes que hacer, ¿verdad? —Le preguntó su padre tras unos segundos.

—Sí, papá. —Asintió con cansancio, como si hubieran hablado de aquello docenas de veces. —Me habéis dejado todo apuntado en la nevera, número de emergencias, labores del hogar y planes para hacer con Kail. —Enumeró.

—Estarás a cargo de la casa una semana, no se te ocurra hacer ninguna locura de fiesta, puedes invitar a amigos, pero se consecuente.

—Lo se, nada de montar la fiesta del siglo con cerveza y barbacoa. —Comentó sonriendo al ver el ceño fruncido de su padre y la risa que trataba de contener su madrastra. —Me duele que pienses que puedo hacer algo como eso. ¿Acaso he hecho algo parecido alguna vez? —Preguntó, viendo con satisfacción como murmuraba sin poder rebatirlo. —Le habéis dicho a Kail que yo seré quien cuide de él, ¿verdad? —Sus padres intercambiaron una mirada que no le gustó nada.

—Con lo de anoche me olvidé por completo… —Se disculpó Junne, que suspiró. —Subiré a hablar con él en un momento, cuando haya terminado de desayunar. —Al acabar la frase le dio un pequeño codazo en las costillas a su marido, que se quejó un poco y se apartó, frotándose con una mano. —No deberías consentirlo, no me gusta que coma en su cuarto.

—No te enfades, deja que se de un capricho antes de darla la noticia.

—Lo tenías planeado. —Acusó, estrechando la mirada.

—¡Oh, mira que hora es! —Exclamó el lobo de repente. —Iré a revisar las maletas. —Anunció ante la severa mirada de su mujer y la de decepción de su hijo.

—Papá… —Gruño con desaprobación.

—Lo sé, y lo siento, pero pienso que así es mejor. —Dijo sincero.

—Está bien, ve a revisar el equipaje, ahora subiré. —Suspiró Junne, que miró como se marchaba, antes de volverse hacia Derek. —¿Quieres algo más, cariño?

—No, todo está buenísimo… mamá. —Aseguró, diciendo aquella última palabra con algo de nerviosismo, ganándose la mirada afectuosa de la zorra.

—Bien, entonces iré a hablar con Kail, lava los platos cuando termines. —Se inclinó hacia él como si fuera a susurrarle un secreto. —Si tu hermano no a salido de su cuerpo al medio día, pon el horno a ciento veinte grados durante treinta minutos, os he dejado una empanada de jamón y queso. —Dijo sabiendo que aquella era la comida favorita de ambos.

—Así lo haré. —Prometió agitando la cola, animado.

Derek fregó los platos del desayuno y luego se despidió de sus padres una vez se hubieron hecho lo propio con Kail y le hubieran explicado que pasaría toda una semana cuidando de él, sin nadie más que lo supervisara. Se dedicó el resto de la mañana a estar con el móvil y viendo la televisión. Llevaba varios días hablándose con un amigo, un pastor alemán que conoció hacía un par de años atrás en un campamento nudista. Derek era homosexual, y creía saberlo desde siempre, su padre y su madre también lo sabían y ambos lo aprobaban, aunque había pedido que de momento no le dijeran nada a su pequeño hermanastro, pues ya tenía información de sobra que procesar antes de saturarle con más datos. El pastor alemán se llamaba Ben, solo tenía un años más que él y fue el primer chico con quien tuvo relaciones íntimas, algo que jamás olvidaría. Después de aquel primer campamento que duró todo el verano, siguieron viéndose de manera esporádica. Ambos acordaron quedar solo como amigos, de hecho Ben había tenido un novio hasta hacía solo unos meses por lo que le estaba contando y ahora despotricaba de él en los mensajes que le enviaba. Derek trató de desviar un poco la conversación, pues sentía que habían agotado aquel tema, le preguntó por su familia, por como se sentía al ir a la universidad y se sorprendió cuando Ben le dijo que iba a ir a la que estaba justo a un par de caminos de su casa, la misma a la que el lobo tenía pensado ir al año siguiente.

—¡Deberías venir a visitarme! —Le escribió, ilusionado.

Por supuesto, tengo que ir a visitar la residencia donde me quedaré el primer año y a rellenar unos padres con mis padres y mi hermano, podría pasarme y quedarme un fin de semana o algo así. —Le llegó la respuesta. —Entonces tienes una nueva madre y un hermanito… ¿Estás contento? —Le preguntó antes de darle tiempo a responder.

Derek suspiró y le dijo la verdad, al principio no le había convencido la idea, pero reconocía que Junne le había acabado cayendo muy bien, de hecho la llamaba mamá y se sentía feliz de hacerlo. Pero cuando le habló de Kail lo hizo algo mosqueado por lo ocurrido la noche anterior, le explicó que parecía un buen niño, bastante agradable la mayoría del tiempo, pero que tenía algunas manías o costumbres que lo sacaban de quicio, contándole al final lo ocurrido la noche anterior en el baño.

No sé que se le infundirá que lo vean desnudo o no solo eso, sino ver ya a otros. —Mandó un emoticono enojado.

Puede que simplemente sea vergüenza o que esté acomplejado. —Dedujo su amigo. —O puede que esté esté confundido y que le de miedo algo que no entiende. —Añadió, con un emoticono de un guiño.

¿A qué te refieres? —Indagó.

Me has dicho que tiene diez años, con esa edad yo ya me masturbaba pensando en chicos. Es posible que tu hermanito tenga miedo de la reacciones de su cuerpo y que no sepan que significan.

Ben, que hayas sido un perrito precoz y pervertido no quiere decir que todos los canes sean iguales. —Le escribió, mandando varias caritas riéndose. —Mi primera paja fue con doce o trece años. —Le recordó, pues era algo de lo que ya habían hablado antes.

Fuiste un lobito un poco lento, lo reconozco, incluso te costó un poco entender lo que pasaba la primera vez que nos hicimos una mamada. —Comentó con iconos soeces haciendo una felación. —Apenas te tocé con mis labios de corriste como un campeón.

Deja de recordarme algo tan vergonzoso. —Suplicó con una cara sonrojada. —Además, solo me pasó esa vez, todas las demás estuve bien.

Yo diría que regular. —Respondió burlón. —Según me has dicho llevas meses sin echar un polvo con nadie debido a la boda de tu padre y la mudanza. ¿Porqué no enseñas a ese cachorro hermano tuyo y de paso que te haga una buena mamada?

Derek esperó que su amigo pusiera algún icono que indicara que solo hablaba en broma, pero tras un largo minuto en que lo vio conectado sin añadir nada más, su rostro se volvió serio, empezando a escribir de nuevo.

No bromees con esas cosas, es repulsivo. Sin contar lo ilegal y que si se pone a gritar histérico al estar desnudos en una misma habitación, mucho menos me permitirá hablarle de masturbaciones y pajas. —Espetó, con un icono enfadado.

¿Puedo confesarte algo y prometes no contarlo nunca jamás a nadie? —Preguntó, enviándole una foto de una pulsera que hicieron en el campamento e intercambiaron la primera vez que se besaron escondidos tras unos árboles.

Si me lo dices así, sí, lo prometo. —Le respondió de inmediato.

Ben leyó su texto y se puso a escribir, tardó varios minutos en hacerlo, pero cuando le llegó el mensaje y comenzó a leer, Derek no cabía de su asombro.

Te contaré lo que me sucedió con mi hermanito hace tres meses, tenía pensado contártelo antes, pero estabas liado con la boda de tu padre y luego cambié de opinión, pensando que… bueno, que no estaba bien. Como sabes, Joss siempre sido un niño bastante curioso, haciendo a veces preguntas incómodas. —Derek asintió para sí mismo, recordaba a Joss, la última vez que lo vio fue cuando también vio a su hermano y a su familia, hacía casi un año cuando fueron de vacaciones un pequeño paraíso naturista, en un pueblecito con playa, donde una de las leyes era que la ropa estaba prohibida, por aquel entonces el cachorro debía tener nueve o diez años. —Pues verás, nosotros siempre no los hemos contado todo, Joss sabe que soy gay desde que era un cachorro desde que tenía cinco años, cuando yo con doce años me eché mi primer noviecito y se lo conté a mis padres. Un día, se presentó en mi habitación y me preguntó como podía saber si alguien era gay, yo me extrañé un poco pues era algo de lo que habíamos hablado en otras ocasiones. Se lo conté todo sin intención de influenciarle en ningún momento, entonces me soltó de golpe que se le había puesto dura en los vestuarios de los chicos al ducharse aquella mañana después de la clase de gimnasia. Le dije que podía ser algo normal, que con casi once años que tenía, su cuerpo empezaría a reaccionar de aquel modo aunque no hubieran chicos o chicas delante, pero el quiso asegurarse y me pidió que le enseñara porno gay. Como comprenderás me negué al principio, pero al verlo a punto de llorar, me puse en su piel cuando tenía su edad y accedí a mostrarle porno solo si era a mi manera. Así que aprovechando que mis padres no estaban, me puse con él ante el ordenador y probé a ponerle primero porno lésbico con el que casi se quedó dormido, luego hetero con el que pareció animarse un poco más pero no vi reacción alguna en él. No hará falta que te diga que en mi casa nos despojamos de la ropa en cuando cruzamos la puerta como hacíais vosotros en la vuestra, de modo que podía ver su fundita sin problemas. He ahí mi sorpresa, cuando pasé al porno gay, intentando encontrar algo con hombres jóvenes que se acercara más a su edad y aunque te parezca una tontería, sentí un gran orgullo cuando vi como mi pequeño hermanito de diez años se empalmaba viendo aquello.

Derek hizo una pausa leyendo y miró a su alrededor, de momento no veía moros en la costa, solo eran las once y tal como le había dicho su madrastra, Kail parecía dispuesto a permanecer en su cuarto hasta la hora re comer. Se sorprendió y se avergonzó de sí mismo al sentir que estaba completamente empalmado, su pene se sentía aprisionado en aquellos boxer apretados, notándose todo el bulto sin ningún disimulo. Con algo de aprensión, viendo que el sofá quedaba de espalda a la entrada al salón, se tumbó y liberó su pene canino, que salió casi como impulsado como un resorte, pero no se tocó, aún no. No es que estuviera especialmente bien dotado, pero estaba bastante contento con sus catorce centímetros y seguramente creciera algo más hasta los veintiuno. Era de un color rosa oscuro, glande pundiagudo y el falo descendía liso hasta el nudo de la base. Con un suspiro, empezó a masajearse y apretar aquel nudo, al tiempo que seguía leyendo el mensaje de su amigo.

No pareció darse cuenta de lo que pasaba hasta que le di un toquecito en el hombro para que saliera del ensimismamiento que tenía viendo la peli porno que le tenía puesta. Me reí por como se quedó mirando su cosita, como si fuera la primera vez que reparase en ella, y creo que en cierto modo lo hizo, pues quizás empezó a ser consciente de que servía para algo más que para mear. No me avergüenza reconocer que yo también estaba empalmado, más por verlo a él de aquel modo que por la película, a la cual no le prestaba mucha atención. Me causó un poco de pena ver como se quedó mirando mi pene, que como bien recordarás ronda sus buenos dieciocho centímetros, y lo comparó con el suyo, que mide apenas ocho, de hecho se lo medí hace poco, ocho con tres orgullosos centímetros. —Explicó enviando un icono de risa. —Le leí el pensamiento al momento y le dije que la suya se haría igual de grande con el tiempo. Mi hermanito nunca me había visto con una erección, mi padre y yo nos cuidamos de que eso no ocurra en lugares públicos o cuando estamos en casa con la familia, no es que sea algo de lo que avergonzarse, pero puede considerarse un poco de mal gusto. Su siguiente pregunta fue la evidente: ¿Ahora que hago? Te juro que solo le expliqué como debía masturbarse, del movimiento básico y algún que otro consejo como echarse saliva. No tenía pensado hacer nada con él, pero tras más de diez minutos de frustración, se dio por vencido, creo que paraba cuando empezaba a notar el cosquilleo del orgasmo, pensando quizás que sucedía algo malo, le expliqué que tenía que seguir hasta sentir una sensación electrizante y placentera, pero me dijo que estaba cansado y que si podía hacerlo yo por él. Su petición me pilló totalmente desprevenido, no tenía pensado hacerle nada, pero me desafió con la mirada y me dijo algo como que todo aquello era culpa mía y que ahora su pene se quedaría para siempre en aquel estado. Me reí un poco y me apiadé de él, me puse a su lado, tratando de disimular mi tremenda erección y el hecho de que no dejaba de expulsar presminal, y tomé su cosita…

La alarma del móvil casi hizo que se saliera de su piel, incluso se le escapó un gañido de sobresalto cuando sonó, se llevó una mano al corazón y observó con asombro que casi había pasado una hora y media desde la última vez que se fijó en el reloj. Su pene seguía duro como una tabla, por lo que no fue fácil embutirlo en sus calzoncillos e ir a la cocina para poner el honor. Se acercó de puntillas a la escalera para escuchar su Kail ya se había levantado, no escuchó nada y regresó casi corriendo al sofá. Sabía que si iba a su cuarto, se olvidaría de la empanada, además, quería estar allí cuando Kail bajara, pues sabía que el zorrito querría coger la comida y escabullirse a su habitación y no iba a permitir que lo hiciera, pues Junne se le había advertido respecto a comer en su habitación y pensaba cumplir con lo que le habían dicho al pie de la letra. Se tumbó en el sofá y volvió a liberar su pene de su encierro, al tiempo que cogía el teléfono.

—… con dos dedos y empecé a masturbarlo. Joder Derek, puedes pensar de mí lo que quieras, pero no recuerdo haberme puesto nunca tan cachondo en el momento en que escuché a mi hermanito gemir y jadear, retorciéndose entre mis brazos luchando contra el cosquilleo previo del orgasmo. Tal como sospechaba, el cabroncete había parado en aquel momento, pues me empezó a suplicar que me detuviera, que sentía raro, como si fuera a orinarse. Le expliqué lo más dulce que puede, que eso era placer, que iba a llegar al orgasmo y que era necesario para que su cosita volviera a la normalidad. Quizás le mentí un poco, pero no del todo. Tras tres gloriosos minutos más, sentí como su penecito se contraía con fuerza y su vientre se tensaba, y como la electricidad recorría su cuerpo desde los pies hasta sus ingles. Lanzó un chillido de placer que me recordó a la primera vez que te la chupé, y quedó totalmente desmadejado en aquel momento. Te mentiría si no reconociera que tenía deseos de metérsela allí mismo y desfogarme o de correrme en su linda boquita entre abierta, pero era mi hermano, no quería causarle un trauma o algo peor. Tras dejarlo descansar unos minutos en que su cosita volvió a su funda, le pregunté que le había parecido la experiencia. Me quedé un poco asustado, pues lo veía como muy dubitativo o inseguro, puede que incluso algo avergonzado. Perdí la erección al instante al pensar que se lo contaría a nuestros padres o algo, pero debió leerme el pensamiento, pues me dijo que no le diría nada a mamá ni a papá y tras darme un beso en la mejilla se marchó a su habitación… dejándome totalmente preocupado y con un calentón de mil pares de demonios. De modo que hice lo que todo adolescente hubiera hecho, me masturbé hasta que perdí la cuenta de mis orgasmos y seguí haciendo vida normal durante tres días, dos de los cuales no podía quitarme la imagen de mi hermanito retorciéndose entre mis brazos y gimiendo mi nombre. Busqué porno cub, no te asustes, no con cachorros de verdad, sino de esos cómics, mangas y animes con personajes ficticios… mi hermanito cumplió su promesa y al parecer no le dijo nada a mis padres. Mi sorpresa fue cuando al tercer día de aquello…

Un nuevo ruido, aquel en la cocina, hizo que Derek se sobresaltara y se subiera tan rápido los boxer que incluso se hizo un poco de daño. Había estado a punto de correrse un par de veces leyendo el relato de su amigo y solo se había cortado por dos motivos, no estaba solo en casa y no tenía toallitas húmedas a mano. Se levantó para mirar por encima del sofá y allí vio a su pequeño hermanastro, y por primera vez lo vio más como un sinfín de nuevas posibilidades que como una molestia en su vida. El pequeño zorro miraba al suelo, con las orejas gachas en aire avergonzado y se preguntó por un momento de pánico si sabía lo que había estado un segundo antes.

Kail bajó las escaleras sin hacer ruido, dejándose guiar por el delicioso aroma de la empanada de queso y jamón de su madre. Su hermanastro no parecía estar en la cocina, pero escuchó unos ruidos provenientes del salón, que se comunicaba con la cocina a través de una pequeña ante sala. Se debatió consigo mismo unos minutos, pero el olor de la comida y el gruñido de sus tripas le hizo recordar que era hora de comer, y él no se atrevía a abrir el horno y servirse de la empanada solo. Dejó la bandeja haciendo que el plato y el vaso se golpearan un poco entre sí sin querer, y escuchó algo de movimiento en el salón, justo en el momento en que se asomaba, Derek también lo hizo por encima del sofá y aquello lo sobresaltó un poco, haciéndole agachar la mirada y las orejas avergonzado, recordando todo lo que le dijo la noche anterior en el baño.

—De-Derek, tengo hambre… —Dijo frotándose un brazo, alzando la vista cuando lo escuchó levantarse, quedándose todo extrañado cuando lo hizo sujetando un cojín delante de su entre pierna.

—Claro… —Asintió, tragando saliva. —Lava tus platos del desayuno y pon la mesa, yo voy al baño unos minutos. —Instruyó sin apenas darle tiempo a asentir, llevándose el cojín consigo.

Quedándose algo confundido, Kail no le dio demasiadas vueltas, vio que su hermanastro llevaba los calzoncillos cuando le dio la espalda para ir al baño, de modo que no se explicaba porqué podía taparse. Estaba más que claro que no era un chico que se avergonzara de mostrarse al natural, como ya había demostrado, así que supuso en su inocencia le estaba ocultando alguna golosina o algo así. Lavó los platos y puso la mesa, el horno se apagó escuchándose un timbre. Diez minutos después, Derek seguía sin regresar del baño, algo impacientado se armó de valor y fue al cuarto de baño que había en aquella planta de la casa. Se paró ante la puerta y carraspeó antes de llamar, escuchó un leve gruñido en el interior antes de que el lobo respondiera.

—Derek, el horno se paró hace un ratito… ¿Te falta mucho para acabar? —Preguntó, pensando que estaría haciendo de vientre.

—Oh, el horno, claro… —Respondió con voz algo distraída, escuchándose el cerrojo del baño antes de que se abriera la puerta y asomara el rostro. —Ve a la cocina, yo iré en un minuto. —Prometió Derek, cuyo rostro tenía un extraño rubor.

—Vale, pero no tardes, tengo hambre… —Le dijo, incapaz aún de mirarle a la cara.

Kail volvió a la cocina y estaba sentándose en su sitio cuando escuchó los apresurados pasos de su hermanastro, iba a abrir el hocico para saludarlo, pero en vez de entrar a la cocina siguió hacia las escaleras y subió los escalones de tres en tres. Se quedó parpadeando totalmente desconcertado, se levantó tras un momento y caminó despacio a la escalera, sobresaltándose cuando Derek apareció algo agitado, con una camiseta sin mangas y abrochándose unos pantalones vaqueros.

—Perdona la tardanza, estaba cagando. —Dijo bajando las escaleras y caminando apresurado hacia la cocina.

Kail no recordaba haber olido mal cuando le abrió la puerta del baño, pero se guardó aquella observación ante algo más importante.

—¿Vas a salir? Recuerda que no puedes quedarme solo… —Indicó, siguiéndolo a la cocina.

—No voy a salir a ningún lado. —Replicó distraído, sacando la empanada del horno.

—¿Y por qué te has puesto ropa?

La pregunta lo pilló totalmente desprevenido, Derek pensó en algo a toda velocidad.

—S-sí que tenemos que salir, pero solo a comprar un par de cosas a la tienda.

—El chófer no está, papá y mamá le dieron dos semanas libres. —Le recordó.

—Iremos con mi ciclomotor, no queda lejos. —Respondió, sirviendo dos humeantes trozos de empanadilla, uno para cada uno. —Ahora a comer, y cuidado, no te vayas a quemar. —Advirtió.

Cuando Derek llegó al baño miró frustrado que el mensaje de su amigo se cortaba diciendo que después del tercer día, su hermanito fue a buscarlo para ver más porno gay, pero que aquello era otra historia.

Ben, no seas cabrón, mira como me tienes… —Escribió al tiempo que se bajaba los calconcillos hasta las rodillas y le mandaba una foto de la tremenda erección que tenía, la respuesta del otro can no se hizo esperar.

Estás echo un pervertido, te has puesto cachondo solo con la historia, espera a ver esto… —Entonces le mandó varias fotos en la que se le veía con su hermano haciendo algunas cosas.

En la primera se veía a Joss tumbado en la cama, con las piernas abiertas, con las rodillas flexionadas hacia los hombros, enseñando su pequeña entre pierna, viéndose la mano de Ben palpando sus bolitas. En la siguiente era una foto tomada en ángulo, en la que se veía el pene del pastor alemán contra el de su hermanito, notándose una enorme diferencia entre ambos. En otra salió masturbándole con dos dedos, captando el momento justo en que el cachorro tenía una indescriptible cara de placer. Muy a su pesar, Derek empezó a masturbarse allí mismo, acercándose jadeando al lavabo, dejando el móvil en una pequeña repisa en que podía seguir viendo aquellas imágenes. Con una mano empezó a masturbarse, frotándose cada pocos segundos el glande, del que no paraba de brotar preseminal que caía en el lavabo, la otra mano fue hasta sus huevos, que masajeó notando la piel blanca suave y cálida, como siempre. Tras un minuto, su mano subió hasta su nudo, que empezó a apretar con contracciones a medida que sentía que el orgasmo lo alcanzaba. Finalmente, antes de lo que pensaba, llegó a un orgasmo tan intenso que lo dejó con las piernas temblorosas, tuvo que soltar su nudo para agarrarse al lavabo mientras que con la otra mano seguía apuntando con su pene todo lo abajo que podía, para que el semen que había echado cayera dentro del mismo. Justo en aquel momento de debilidad, su hermano tocó a la puerta, haciéndole gruñir de disgusto. Tuvo una corta conversación que apenas recordó, hizo una foto de su espléndida corrida antes de limpiarla y se la mandó a su amigo, que no tardó en responder.

Buen chico, pero la próxima vez grábame un vídeo, le acabo de enseñar la foto de tu polla a mi hermanito, y a dicho que se ve deliciosa. Dice que le gustaría conocerte, pero ya sabes que eso no será posible hasta dentro de un tiempo. —Le escribió. —Veo que te gusta lo que has visto, pero te pediría que borraras las fotos de Joss, si las quieres volver a ver, solo tienes que pedirlas. Aunque a no ser que quieras ver siempre las mismas tienes que hacer algo por mí. —Derek gruñó para sus adentros, borró las fotos del cachorro y respondió, viéndose venir que el pastor alemán iba a volver a liarlo como hizo alguna vez en que se vieron.

Tú dirás. —Respondió escuetamente.

Tú has visto a mi hermanito en todo su esplendor, ahora es justo que yo vea al tuyo, no te preocupes, no es necesario que sea haciendo lo mismo que yo, basta con que se le vea desnudo. Mándame una o dos fotos así y te seguiré relatando lo sucedido con Joss y te mandaré una o dos fotos más con la que puedas correrte como ahora. Ya me contarás, ahora vamos a comer, chao. —La petición no lo cogió totalmente desprevenido, pero ahora, tras el éxtasis del orgasmo, Derek se sentía sucio y despreciable, un monstruo por haberse puesto cachondo con aquella historia y aquellas fotos.

Sin pararse a responder a su amigo, decidió subir a ponerse algo de ropa, pues no confiaba en poder controlar las reacciones de su cuerpo, pues sentía que el mero recuerdo de lo que había leído y visto, hacían que su pene quisiera volver a salir de su escondite. No cayó en la cuenta de que aquel hecho tan extraño de llevar ropa, le haría inventarse la excusa de tener que ir al pueblo a comprar algunas cosas, lo que no sabía, es que el destino iba a tentarlo más de una vez antes de que el día llegara a su fin.
 

Haydenwolf

Dios Lobo de la Oscuridad y Luz

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Te atrape, no importa donde pongas este original fic ya sea aquí o en el otro foro está historia me sigue encantando bastante y es bueno leerla desde el principio para repasar la historia hasta ahora, espero encuentres la inspiración que necesitás para continuarla en el otro foro y también aquí claro
 

Kalec

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Jajaja. Gracias, yo más que la inspiración espero encontrar tiempo. Escribir lleva su tiempo. :3
 

Haydenwolf

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Si es verdad que lleva su tiempo, dímelo a mi que un capitulo actual de mi fic en el otro foro tengo que buscar el tiempo de escribir el capitulo
 
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