Actividad Una serie de eventos bizarros.

ElohimEditor

"The Heir of Chaos"
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+ Mihiramon
+ Gian Pasquale Torelli
+ Terriermon
+ Maxwell Freeman

- Libre elección de género. Elección: Comedia.

Una serie de eventos bizarros.
Mihiramon llevaba días en el Mundo Real, persiguiendo a Kumbhiramon desde que aquella miserable rata hubiera hurtado uno de los orbes sagrados de Qinglongmon: algo que más que osado, era una auténtica blasfemia para su Señor. Por fortuna, se había encontrado con varios digimon en el Digimundo que le habían asegurado que habían visto a Kumbhiramon huir al Mundo Real tras permanecer desaparecido varios días.

Había otro detalle más: lo habían visto junto a un humano cercano a la tercera edad de aspecto respetable, y cuyo nombre creyeron oír era Trolleri o Torelli. ¿Qué hacía esa rata de alcantarilla con un humano? ¿Le entregaría la preciosa esfera? Por supuesto que no: Kumbhiramon era tan mezquino con la esfera como una ardilla con sus nueces. Pero algo debía de saber.

Llegó a una ciudad cuyo nombre restó importancia y localizó un edificio cuyo cartel resaltaba con brillantes luces rojas de neón el nombre de la compañía: GEPPETO CORPORATION. Arriba, en el penthhouse, destacaban unas alfombras rojas ondeando al son del viento, dejando a ver a duras penas una oficina elegante y con un hombre acomodado en un asiento de cuero. Todo esto podía verlo el Tigre desde la azotea del edificio de enfrente.

Sin mostrar un solo miligramo de duda o temor, corrió hasta la cornisa del edificio, y con la ayuda de sus fuertes patas traseras, se impulsó hacia la “Torre Geppeto” y alcanzar la oficina, causando que algunos cristales se resquebrajaran. El empresario dio un salto tras escuchar los cristales quebrarse.

- ¿Eres tú el tal Trolleri-chan?
- Es TORELLI. –dijo el viejo, limpiándose indiferentemente los restos de vidrio de las mangas de su traje, manteniendo la calma ante todo- ¿Puedes decirme que puedo hacer por ti? Aparte de enseñarte a usar la puerta.
- No estoy para juegos humanos-chan. Busco algo de suma importancia, y exijo que me des lo que quiero-chan.
- Chan, chan. ¿Es eso un tic nervioso? –el Tigre se limitó a gruñir, lo que hizo que Torelli suavizara su tono- En fin, ¿Qué puedo tener yo, un viejo hombre de negocios, para un digimon de hermoso y sedoso pelaje?
- Mmm… -Mihiramon no podía resistirse ante semejantes halagos haca su persona, tan bien merecidos. Tal vez el viejo no resultara ser tan tonto- Estoy en una misión sumamente importante-chan: un digimon que me han dicho tú conoces, Kumbhiramon-chan, ha robado un objeto sumamente valioso para mi Señor, y es mi deber recuperarlo… y de paso, deshacerme de ese criminal-chan.
- ¿Algún motivo más?
- Soy un felino, él un ratón, y lo detesto con todo mi Diginúcleo. Dedúcelo.
- Claro, claro… Debes de referirte a una rata gigante de color verde, sumamente chillona y sarcástica.
- Es él.
- Ya veo. Pues debes saber que estuve con ese digimon… y otros sujetos que ni vale la pena recordar, en una situación sumamente extraña.
- No me interesa-chan. Dime donde está.
- La verdad, no sé. –Torelli se percata del enojo en aumento del Tigre- Pero descubrí que estaba mezquinando una especie de esfera durante nuestro cautiverio, y mi amigo Puppetmon logró hacerse con ella cuando no se dio cuenta.
- Entonces la tienes tú-chan. ¡Dámela!
- Lo lamento, pero ya me deshice de ella.
- ¿¿QUÉ??
- Se la vendí a un muchacho muy interesado en reliquias del Digimundo. Antes de que quieras despellejarme, deja que te dé la dirección en donde capaz puedas encontrar dicha esfera.
- ¿Cómo sabes dónde está?
- Ah… ¿Crees que entregaría algo tan extraño sin investigar bien su auténtico valor? Dejé que Puppetmon siguiera a ese niño y averigüé que guardó la esfera en… En… Espera que revise mis apuntes; supongo que un regio felino como tú podrá esperar a este pobre hombre por unos minutos.

Mihiramon debió hacer un esfuerzo inimaginable para no asesinar al humano: no es que lo culpara por retener la información, sino por hacerlo esperar. La paciencia no era una de sus mejores cualidades.

- Aquí está. –exclamó el anciano al tomar una hoja de papel escrito- A ver… Dice que está en… la bodega 18 del Sector Industrial I-A15 de la Ciudad Capital del Metal Empire.
- Iré de inmediato. –respondió el Tigre, tras lo cual abandonó el edificio-
- De nada… Hay algunos digimon que necesitan modales.


______________________________​


La imponente megalópolis capital del Metal Empire erguía soberbiamente sus inmensas torres de acero por centenares de kilómetros en medio de un árido desierto pedregoso rico en yacimientos metalíferos –en especial de Chrome Digizoid- y petrolíferos que eran fuente vital de su economía. Entre los diversos distritos en que se halla dividido dicha megaciudad, estaba Distrito Industrial, especializado en la industria pesada y mediana, dividido en veinte sectores diferentes. El sector I-A15 se especializaba en el almacenamiento de productos de desecho de las refinerías, así como en el alquilar de bodegas para que terceros almacenen sus objetos previo pago y registro correspondiente; las bodegas eran tan amplias como un hangar de aviones 747 y tan elevadas como una catedral gótica. Cada objeto puesto en las bodegas de alquiler debía ser cuidadosamente registrado para no generar sospechas dentro del Metal Empire, un régimen aparte de burocrático, sumamente estricto en el cumplimiento de la ley.

A Mihiramon poco le importaban los estrictos reglamentos del Metal Empire, por más que Qinglongmon y Baihumon mantenían cordiales y sólidas relaciones con sus líderes: encontrar la esfera era su prioridad. Si el destino lo permitía en un futuro, encontraría a Kumbhiramon y le daría el castigo que merecía su crimen, así como él recibiría la satisfacción de acabar con su vida a garra propia. Llegó al sector industrial, saltando de techo a techo hasta llegar al lugar indicado: había dos Commandramon que custodiaban la entrada de la bodega 18.

Estaba por pasar sobre ellos hasta que llegó a ir unos pasos enormes que se acercaban. Al voltearse, se encontró con un MegaGargomon mirándolo cautelosamente.

- ¿Qué tenemos aquí? ¿Es acaso un ladrón?
- No lo sabemos, señor: estábamos haciendo guardia como siempre hasta que…
- ¡No oses confundirme con ningún ratero, ser inferior-chan! –respondió el orgulloso tigre, a pesar de que la diferencia entre ambos digimon era considerable, y no sólo por el tamaño- Soy un Deva, fiel servidor del gran Qinglongmon quien…
- Si, si, si… Sé quiénes son tus jefes. Y podría decirme a mí, este digimon inferior, ¿Cuál es el motivo de su llegada? Commandramon: vayan a tomarse un coffee break; hablaré con “Su Excelencia”
- Como diga, Señor.
- ¿Acaso te burlas de mí, plebeyo de acero-chan? ¡Un insulto a los Devas es un insulto a las Bestias Sagradas! Si no fuera porque estas se llevan bien con tus líderes…
- No te conviene salirte de la raya, entonces, amigo. –respondió el cyborg gigante con cierta saña en su tono de voz- ¿Podrías decirme entonces que te trae por aquí?
- Busco algo sumamente importante: un orbe sagrado perteneciente al Gran Qinglongmon-chan. Sin me ofreces tus servicios en pos de recuperarlo, sé consciente que serás debidamente recompensado-chan.
- Oh, que honor… -respondió sarcásticamente MegaGargomon con sumo cuidado de no demostrarlo: no temía al Tigre, pero no veía necesario hacerlo enojar- Pues me honra ser de grata ayuda por tan digno personaje como vos, mi Señor, en busca del preciado objeto. Comencemos a buscarlo, ¿De acuerdo?
- Empecemos.
- Imbécil…

La enorme compuerta de la bodega se abrió: Mihiramon ignoró la enorme cantidad de reliquias y armas antiguas del Mundo Real y del Digimundo a medida que pasaba por los numerosos y elevados estantes: en su cabeza sólo importaba la valiosa esfera. MegaGargomon ayudaba al Tigre sólo para evitar que causara problemas y asegurarse que se vaya lo más pronto posible ahora evitar tener que soportar su arisca actitud.

Destacaban por sobre todo las antigüedades provenientes de antiguas culturas de la Tierra, pero nada que llamara la atención del deva felino, cada vez más ansioso: olfateaba cada rincón del gigantesco depósito para localizar su preciado objeto. Su suerte pronto dio un giro de 180 grados, cuando creyó reconocer el “aroma” de la valiosa esfera, originándose de una diminuta cajita en lo más alto de un estante cuya altura era aún mayor que la de MegaGargomon.

- ¡Ahí está! No puedo equivocarme. ¡La esfera de Qinglongmon-chan está allí!
- Eso no es posible –respondió el cyborg, tras revisar la lista de objetos que estaban a nombre de Maxwell Freeman- Aquí dice que esa caja contiene sólo unas viejas monedas de cobre. Supongo que debemos revisar…
- ¡No muevas un solo dedo más… robot-chan! –gritó un enfurecido Tigre- ¡Sólo un fiel deva-chan puede tocar el preciado orbe del gran Qinglongmon! –dicho esto, comenzó a escalar el estante mediante saltos, amenazando con hacer caer varios objetos- Ya has cumplido con tu papel-chan, ¡Puedes irte, plebeyo!
- ¡Ah, no! ¡No dejaré que causes destrozos por aquí! –MegaGargomon logró salvar de milagro una pieza arqueológica costosa- ¡Ten más cuidado!

Pero Mihiramon hacía caso omiso de las advertencias del “Santo”, y daba regios saltos salvando la altura del gran estante, mientras que el cyborg gigante evitaba que los objetos que el felino dejaba caer cayeran al suelo y se quebraran en pedazos. No sabía que uno de ellos tenía un líquido experimental sumamente volátil almacenado en una gran ánfora romana de cerámica, y como es de esperar, tampoco lo sabía Mihiramon cuando la dejó caer con un movimiento de su pata al llegar a donde estaba la diminuta cajita. Sus ojos se iluminaron al tener la cajita entre las mandíbulas y dejar caer su contenido; tenía razón: el orbe de Qinglongmon se hallaba allí.

- ¡¡LA HE ENCONTRADO-CHAN!! ¡¡EL PRECIADO ORBE DE MI GRAN SEÑOR QINGLONGMON-CHAN!! ¡¡LOS DIOSES ME RECOMPENSARÁN!!
- ¿Qué cosa? ¿Entonces ese niño…?

La explosión causada fue mucho mayor de lo que MegaGargomon hubiera esperado: no sólo destruyó toda la bodega 18, sino que todo el sector IA-15, dejando tras de sí una huella de destrucción inimaginable envuelta en humo y llamas ardientes. En el epicentro de la explosión, y bajo calcinados escombros, yacía un inconsciente Terriermon, que no hubiera vuelto en sí de no ser por la dichosa esfera de Qinglongmon, que al regresar al suelo tras salir disparada por los aires a causa de la explosión, golpeó su cabeza, despertándolo y provocándole un chichón.

Apenas se levantó, caminó hacia la esfera y la miró con desprecio.

- ¡¡Es… túpida esfera!! –exclamó enfurecido, y la pateó hacia los escombros- ¡¡Por tu culpa ese gato retardado destruyó todo el distrito!! ¡¡Espero que el hecho de no verlo por aquí signifique que está muerto!!
- ¿¿MegaGargomon??
- ¡Gallantmon! ¿Eres tú?

En efecto: era su viejo amigo Gallantmon, quien al ver la gigantesca columna de humo salir del Distrito Industrial fue a investigar la causa y asegurarse de que su viejo amigo MegaGargomon, quien se encontraba vigilando esa noche, se encontrara bien. Y estaba bien… bien empequeñecido.

- Parece ser que la explosión fue tan grande que te hizo perder tu digievolución.
- ¿Cómo? ¡¡No bromees!! ¡¡Esto ni siquiera es culpa de ese tigre Chan-Chan!! ¡¡Es ese odioso niño: nos ocultó que tenía la estúpida esfera que ese felino estaba buscando!!
- No entiendo mucho de qué hablas, amigo. ¿Me lo podías explicar y así nos enojamos juntos?
- Claro… Aquí va.

Tras unos necesarios minutos de aclaraciones…

- ¡Es inaudito! ¡Ese mocoso cometió un doble crimen! ¡Merece Justicia!
- Ya lo creo… Pero de eso me encargaré yo, compañero.
- No quiero desalentarte, pero… Ahora eres un conejito inofensivo; dudo que algo puedas hacerle al niño.
- Oh, pero ya creceré… Eso tenlo por seguro: iré al Mundo Real a ajustar unas cuentas. No me tardo.
- Sólo no te excedas, Terriermon.
- Descuida… -le dijo, mientras tomaba la esfera con sus patitas- Recibirá lo justo.


______________________________​


A una semana del incidente en la Megalópolis del Metal Empire, Maxwell Freeman no estaba ni enterado de lo sucedido: llevaba todo ese tiempo encerrado en su sala de estudio, donde decenas de tablillas y sellos mesopotámicos habían captado más su atención que lo que ocurriese en el mundo exterior. Decenas de latas de bebidas energéticas con alto contenido de azúcar y cafeína se acumulaban junto a varios libros de arqueología que ayudaran a la traducción de los antiguos escritos. Phascomon por su parte, se hallaba profundamente dormido sobre su cabeza, sin mostrar signos de querer abrir los párpados.

Si bien se hallaba solo en casa, ya sus padres llegarían horas más tarde de un viaje por el Caribe sólo para planificar otro por la exótica Tailandia, y los sirvientes estaban de vacaciones –cosa de sindicato-, no estaba desprotegido: había contratado a más de una docena de digimon para protegerlo a él y a sus preciados objetos dentro de su mansión. Si bien era un niño demasiado joven, sentía la presencia de sus padres bastante sofocante, y éstos ya se habían rendido de hacerlo un niño “normal” de sociedad, etiquetado a la más noble y conservadora aristocracia británica.

Al otro lado del Atlántico, Terriermon había llegado a la oficina de Torelli: camuflado como un simple regalo de algún empleado random que quería dedicarle su devoción por algún miserable puesto de morondanga con el cual darle a su familia un rancio pedazo de pan con el cual saciar su estómago cada mañana, no llamó demasiado la atención de los guardias de seguridad ni de la secretaria.

Cuando Torelli recibió el aparentemente adorable peluche, lo dejó tirado en un rincón de su oficina y siguió con su trabajo. Cuakl sería su sorpresa al descubrir que el tierno peluche se encontraba sobre su oficina, de pie, y con una carita para nada adorable.

- Ya sabía que eras un digimon; sólo quería evitar un escándalo. Por el hecho de que no hayas hecho ninguna cita, supongo que es urgente. Dime, ¿Qué puedo hacer por ti? Y que sea rápido: soy un hombre ocupado dueño de una corporación. Sabes lo que es una corporación, ¿No?
- Sabes que no soy un niño de cinco años, ¿Verdad? –respondió ariscamente Terriermon, cruzado de bracitos- Seré directo: Quiero la ubicación de Maxwell Freeman.
- ¿Quién?
- Por favor, a mí no me mientas: encontré a muchos digimon que dijeron haber sido interrogados por un estúpido deva felino que repetía constantemente chan-chan y decía siempre que un viejo Torelli le había dicho que fuera a la capital del Metal Empire.
- Ah… Mihiramon. ¿Qué cuenta el regio felino?
- Se murió sin pena ni gloria, pero eso es irrelevante. ¿Me dirás dónde está el niño Maxwell o no?
- Tengo una política de no brindar información de mis clientes a desconocidos… y menos a tiernos peluches como tú –pellizcando las mejillas de Terriermon, haciéndolo enojar, mas éste contuvo su enojo- y mantendré mi palabra.
- Eso significa no.
- Qué bueno que entendiste…

La voz venía de una sombra escondida tras un estante: era Puppetmon, amigo de Toreli que había permanecido oculto todo el tiempo, vigilando a su compañero. Aparte del casco militar en la cabeza y un puro en su mano que acababa de encender, se veía como cualquier otro Puppetmon: un montón de leña seca y aire caliente.

- Recomendaría que te comportaras, enano. Ya que a mí y a mi socio no nos gustan los revoltosos.
- Oh… ¿Ahora debo temer de un festín para termitas? Discúlpame, pero Annabelle es más temible que tú, y está hecha de trapo.
- ¡¡No te hagas el gracioso conmigo, conejito o te reventaré los sesos!!
- Ya, ya… Pinocho. Mantén la calma. –lo animó Torelli a bajar el arma que tenía en la mano- El conejo ya se iba, ¿No es cierto?
- Aun no… Si no quieres darme lo que quiero, tengo otras alternativas. –le respondió muy desafiante- No quiero destrozar el edificio ni dañar a tus empleados, así que seré directo: si no me das lo que pido, enojarás a mi buen amigo.

El silencio en la oficina fue tal que los grillos se oían en todo su esplendor.

- ¡Dije… que tengo un amigo que me ayudará! –exclamó el diminuto conejo- ¡Oh, vamos: deja de hacerme quedar en ridículo!
- Ya voy, ya voy… -respondió otra sombra escondida tras unas cortinas- Por todos los infiernos: eres sumamente chillón en esa etapa.

- ¿¿ES UN… BEELZEMON??

Puppetmon tenía sus razones para mostrarse preocupado: un Beelzemon, por más que no fuese miembro de los Demon Lord, era un digimon digno de temer. No por ser especialmente fuerte, o veloz, o siquiera ruin, sino más que nada por ser un auténtica máquina de matar de al cual era difícil escapar. Una vez que te tuviera en la mira, era difícil que se olvidara de ti. Y ahora había uno en la oficina.

- No creas que por ser un digimon fuerte podrás derrotarme. –dijo un Puppetmon que había reunido suficiente coraje como para sacar su mazo y apuntarle con ella- No soy ningún pelele.
- ¿Ah, no? –le respondió Beelzemon, tras lo cual, en un abrir y cerrar de ojos, sacó sus pistolas de sus fundas y disparó directamente en la frente de la marioneta, derribándola- ¿Dónde está tu fuerza, Pinocho?
- ¡¡Puppetmon!! –exclamó un alterado Toreli al ver a su compañero derrotado y posteriormente convertirse en datos- ¡Pagarás por esto!
- Ahora somos nosotros los que hablamos de negocios, “Geppeto” –respondió Beelzemon, poniéndole el cañón de una de sus pistolas entre los ojos: el viejo sentía el frio metal en su piel- O nos das lo que quiere mi amigo o te mando junto a tu juguetito.
- Yo que tú le hacía caso –agregó Terriermon- Ni en mi nivel original puedo controlarlo.
- Mmm… Está bien –respondió resignado el viejo- Déjenme buscar en mis apuntes.
- Date prisa y no intentes nada estúpido.

El hombre tardó dos minutos en encontrar sus apuntes en los cajones de su escritorio. Halló el papel donde estaba anotada la dirección del joven Freeman y se la entregó a Terriermon.

- Ahí tienen. Ahora váyanse.
- Muchas gracias. –dijo Beelzemon, tras lo cual le brindó dos disparos en la cabeza al hombre, reventándole el cráneo. Fundó sus armas poco después- A ver si encuentras a tu Hada Azul, vejete.
- Hey… Creí que no lo matarías.
- Sin sangre no hay diversión. ¿O querías que lo dejara vivo?
- Me da igual. –respondió Terriermon con indiferencia; acto seguido, leyó la nota- Dice que está en Inglaterra: tendremos que cruzar el Atlántico.
- Yo no puedo volar. –acató cruzado de brazos- ¿Pagarás tú el avión?
- Tengo una mejor idea. –le contestó, sacando una brillante esfera- Vámonos.


______________________________​


En las afueras de la mansión Freeman, cerca de la exuberante entrada de aquel bien cuidado jardín propio de la campiña inglesa, reinaba un absoluto silencio: la noche era agradable y fresca, con cierto grado de humedad a causa del típico clima de las Islas Británicas. Mientras el joven Freeman disfrutaba de su enclaustre autoimpuesto, se acercaban visitas inesperadas.

MegaGargomon y Beelzemon llegaron a la morada indicada en la nota de Torelli. El dúo entró al lugar y pudo ver a cuatro Neo Devimon, cuatro MagnaAngemon, cuatro Angewomon y cuatro Lady Devimon.

- ¿Qué buscan aquí, forasteros? -cuestionó uno de los Angemon-
- Buscamos al niño -respondió el demonio-. ¿Nos van a decir dónde está? ¿O lo hacemos por las malas? -amenazó con sus armas-
- No es necesario hacerlo por las malas, Beelzemon -mencionó su amigo- ¿Podrían decirnos dónde está el niño rata? Tenemos que hablar algo con él.

En respuesta, uno de los MagnaAngemon le hizo un leve corte en la cara. El cyborg tocó la herida y vio que brotó sangre, que limpió con sus dedos.

- Bien, probemos con algo diferente -dijo, tomando al ángel que lo cortó- ¿Está bien? -el digimon tomó al ángel y le arrancó la cabeza con su mano libre- ¿Alguien más? –preguntó-

Al momento, los quince se lanzaron al digimon, que se preparó para un combate interesante de treinta segundos: Beelzemon desenfundó sus pistolas y comenzó a disparar a quemarropa contra los Angemon, matándolos instantáneamente. MegaGargomon tomó a los NeoDevimon cuyos ataques eran inútiles contra él y los aplastó como meros mosquitos. Las chicas digimon actuaron como unas auténticas amazonas, pero de igual modo cayeron derrotadas por las balas de Beelzemon, quien no tendría consideración por ellas sólo por ser mujeres.

- Una lástima: hubiera preferido divertirme con ellas esta noche.
- Ya hallarás a otras –le respondió MegaGargomon- Ahora vayamos por el niño.

Maxwell estaba demasiado concentrado como para oír la batalla que se había librado en el exterior, pero no lo suficiente como para ignorar la explosión que abrió un enorme agujero a la pared, dejando entrar la luz de la luna, la luz artificial del jardín y el aire fresco, ocasionando una sensación de repugnancia en el niño que lo obligó a cubrirse los ojos y producir un sonido extraño con la boca.

- Vaya, vaya… Al niño rata le es alérgica la luz.
- ¡No soy un niño rata: soy Maxwell Freeman! ¡Y sólo no me gusta la luz!
- Corrección, un niño rata-topo –dijo MegaGargomon, que había sido el responsable de destruir el muro de un golpe-
- Esto será rápido.
- ¡No tan pronto, Beelzemon! Ya te entretuviste con Geppeto, Pinocho y las polillas. Déjame algo a mí para variar. Aparte, esto es personal.
- ¿Qué no era por tu sed de justicia y esas estupideces?
- Además de eso…
- ¡¿Me podrían explicar que demonios vienen a hacer ustedes aquí a destruir mi casa?!
- ¡¡NIÑO RATA-TOPO!! ¡¡Estás acusado de engañar al Metal Empire por ocultar mercancía ilegal en una de nuestras bodegas, así como de ser el responsable de la destrucción del sector I-A15 del Distrito Industrial de nuestra Megalópolis!! ¡¡Cometer este crimen contra la burocracia, así como destrucción a la propiedad pública es pena de muerte!!
- ¡Estás loco! ¿Cómo que ilegal? ¡Registré todo lo que puse en esa bodega!
- ¿Ah, sí? ¿Y qué me dices de esto? –le preguntó mientras sacaba la reluciente esfera de Qinglongmon- ¿O del líquido volátil que ese viejo te vendió y tuviste la amabilidad de NO REGISTRARLO y dejarlo como una vieja ánfora de cerámica? ¿Antigüedades? ¡Si cómo no!
- Oh, claro… Un digimon del tamaño de un rascacielos piensa matar a un niño indefenso.
- Un niño rata-topo indefenso y enano para su edad.
- ¡¡ESOS SON PROBLEMAS HORMONALES, NO LES INCUMBE!! ¡Cuando llegue a la pubertad, creceré!
- Descuida… -agregó MegaGargomon- No llegarás a la pubertad.
- ¿No crees que podemos discutirlo de manera civilizada? –como respuesta, el cyborg desplegó todo su arsenal, listo para disparar- Veo que no. ¡Phascomon, despierta!
- Zzzzzzzzzzz…
- Condenado koala. ¡Solo te sirvo de almohada! ¿Cierto? –el digimon respondió con sus ronquidos- Sabía que debí haberme quedado con esa esfera: capaz y te convertías en Belphemon. Así capaz y…
- Arghh… Mejor cállate y muere.

MegaGargomon disparó todo su arsenal contra el niño y la casa, destruyéndola por completo. La explosión dejó únicamente un cráter negro y humeante, y junto al borde del mismo, lo único que quedaba del niño Freeman: sus carbonizados pies envueltos en sus zapatos.

- Jajaja… Veo que lo disfrutaste, ¿No?
- Preferiría no responderte, Beelzemon.
- Oh, vamos, grandulón. Sé sincero: desahógate.
- Lo disfruté: ahora descansó mi alma.

En ese momento llegaron los padres de Max; estacionaron el auto enfrente de lo que debería de ser su casa. Para cuando se dieron cuenta del cráter qe estaba en su lugar, de los diigmon enfrente, y de los miserables restos de su hijo, quedaron horrorizados.

- ¡¡Nuestra casa, nuestro hijo!!
- ¿¿Teníamos un hijo?? –decía el padre- Ah, si… ¿Mathew?
- ¡Ustedes!! –señalando a los dos digimon- ¡¡Destruyeron mi casa… y mataron a mi hijo!!
- Descuide señora…El seguro cubrirá todo. -le contestó MegaGargomon restándole importancia al asunto- Y sobre su “retoño”… Estoy seguro que divertirá mucho haciendo otro.
- ¡¡Jaja, buena esa, amigo!!
- Hey… Tiene razón –dijo el hombre- ¡¡El seguro cubrirá todo!!
- ¿Pero y nuestro hijo?
- ¿Qué hijo? ¡Se volvió una rata de alcantarilla en poco tiempo! Además… Siempre quise otro hijo.
- Oh… Querido.
- Mon Cheri…

MegaGargomon y Beelzemon ya estaban regresando al Digimundo, de manera a que no vieron –o prefirieron no ver- como los señores Freeman comenzaron a desvestirse y revolcarse en medio de las cenizas de lo que alguna vez fue su hogar. Si bien, Beelzemon se limitó a dar la vuelta momentáneamente.

- Esos dos me dieron una idea…
- Beelzemon...


______________________________​


Pasado unos días, Gallantmon y MegaGargomon se encontraban charlando en un yermo. Allí observaban el Imperio del Metal, el cual se estaba reconstruyendo por los daños ocasionados anteriormente.

- Al final, maté al niño. Mientras que Beelzemon se encargó del viejo narco.
- ¿Tortorelli? -preguntó su amigo, el cyborg asintió-; ya veo. Dominique me recomendó eliminar los narcos si aparecen por aquí.
- El viejo Dom... -rememoró el digimon-... ¿Sigue duro cómo siempre?
- Algo así. Visité a todos: John dice que pases a visitarlo y te manda saludos.
- ¿Qué ha sido de su vida? Hace años no lo veo.
- Bueno, él...

Cuando Gallantmon iba a hablar, escuchó los gritos de alguien muy cercano a ambos digimon. El dúo reconoció a su aliado (aliada, mejor dicho), y la saludaron. Ésta vino para preguntarles que ocurrió.

- ¡¿Se puede decir qué demonios hicieron ambos?!
- Calma, zorra -comentó el cyborg, recibiendo un fuerte golpe del báculo de su amiga- ¡¿Pero por qué me pegas?!
- ¡Por tus obscenidades, idiota! -exclamó ella-
- Dejando de lado sus peleítas... -interrumpió el caballero-
- ¡Sí, claro! ¿Qué les paso?

Más calma, Sakuyamon escuchó las historias de ambos guerreros. Concluidas las mismas, la chica abrazó al caballero, preocupada por su bienestar.

- ¿No te ha pasado nada?
- No, estoy bien -respondió, sin mucho que decir-
- ¡¿Qué?! ¡A mí casi me matan! ¡¿Y te preocupas por él?! ¡El no hizo nada!
- ¡No seas egoísta, MegaGargomon! ¡Gallantmon vive en peligro constante y no tiene quienes lo defiendan! -dijo, aferrándose a él-
- ¡Hija de...! -murmuró- ¡Éste vive con sus amigotes los Caballeros Reales! ¡Él que no tiene ayuda soy yo!
- Pero que nenita nos saliste. Por cierto: dijiste que mataste al niño, ¿Qué pasó con sus padres?
- Digamos que se repusieron tan pronto de su dolor que se pusieron a fabricar otro hijo enfrente de nuestras narices.
- Ah… -pensó Sakuyamon- ¡Qué asco! ¡Qué cosa tan extraña!
- Esa fue la cereza del pastel: el tigre-chan obsesionado con su pelotita, el viejo traficante, el niño rata-topo, sus padres calenturientos… -decía MegaGargomon mientras jugaba con el orbe de Qinglongmon- Fueron días muy raros.
- ¿Sabes? Cuando se fueron, aparecieron los reyes Chessmon por aquí. Con Omegamon les dimos una patada en el culo a ambos. Yo realmente le di un fuerte golpe con mi lanza a ese rey de cuarta, y lo maté fácilmente.. Omegamon “consoló" a la reina. No preguntes como lo hizo.
- ¡Ése Omegamon siempre de parranda! -exclamó ella-
- Chicos, ¿Podrían dejar de abrazarse un rato? Si quieren procrear la especie, hay algo llamado motel - comentó, recibiendo un puñetazo de ambos- Manga de sensibles...
 

Acero.

El único campeón de Mortal Kombat.
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Me sorprende que nadie haya comentado ésta historia, ¡me reí a montones! Realmente se nota que la comedia es tu fuerte, Elohim.

Mi digimon lo usaste de gran manera, y gracias por meter a algunos amiguetes de él.

La historia hace honor a su nombre: bizarro por todos lados. Humor negro, verde y de todos los colores. Lo malo es los errores que cometías hace cinco meses en escritura; es una lástima que no los puedas corregir, porque estoy seguro que ganarías.

De todas formas, buena suerte.

¡Saludos!
 

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