Prueba Undokai l Un trío que jamás debió haberse conocido.

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Habían citado a Emily en la salida de la academia. Lo cierto es que no tenía idea de qué podría tratarse, pero considerando la de misiones que le habían encargado recientemente, no le habría sorprendido en lo más mínimo que le hubieran encargado otra misión con salario de hambre. Lo cierto es que a esas alturas de la academia, si podía hacer cualquier cosa que le hiciese sumar puntos para graduarse lo más pronto posible, mejor.

Eran apenas las 10 de la mañana, aunque el sol estaba cubierto por una gruesa red de cuerpos nubosos, por lo que el ambiente más bien era fresco y agradable, pues se podía sentir una cálida brisa acariciar las mejillas de los presentes y generando un agradable sonido con las hojas de los árboles. Lo primero que se fijó la chica al llegar en la entrada fue una joven de edad muy parecida a la de ella, peliroja y con poca ropa puesta para su gusto personal. Aunque la conocía de reojo de verla en los pasillos de la academia, lo cierto es que jamás había entablado conversación con ella.


-Buenos días – Saludó la morena con una sonrisa, casi forzada aunque sincera. Se vio obligada a entablar conversación puesto que la pelirroja le había clavado la mirada encima, casi a manera de reto, inspeccionándola de pies a cabeza.
-¡Qué ondas!, ¿Qué me cuentas? – Saludó con una sonrisa y tono cuyas energías hicieron mucho contraste con el saludo forzado de Uzumaki. La morena se sintió abrumada, y pensó al instante que quería ser como aquella chica. No la conocía de nada, pero expelía una confianza y seguridad que era rara de ver. Por alguna razón, sabía que podía confiar en ella. Aunque no pensaba quitar sus barreras mentales, por lo menos no todavía. Sin embargo, la aquella admiración se transformaría rápidamente en otra cosa. Pues, sin que pudiera darse cuenta, Kazuzu ya se había presentado frente a elllas.
- H-hola… - Saludó Arata. Lo cierto es que no tenían idea de donde había salido.
- ¡T-tú otra vez! – Exclamó Emily. No era la primera vez que hablaba con Kakuzu y lo cierto es que eran como agua y aceite, de momento. – No puede ser que… -
- Oh…sí –
Respondió con monosílabo el misterioso enmascarado, aunque con sesgo de confianza hacia la chica. Aunque era un hecho que todavía era “alérgica a ella”, como ya había pensado en ocasiones anteriores.
- Perfecto. ¿Ya se conocen de antemano?, ¡Qué genial! Será más fácil trabajar en equipo - respondió la peliroja, enérgica como de costumbre.
- Acaso, nosotros 3… -
- Efectivamente, Emily –
levantaron la vista y lo primero que alcanzaron a ver fue la silueta que había pronunciado aquellas palabras. Su cabello blanco y atuendo la hacían parecer un ángel azul caído en la tierra. No era ni más ni menos que Aihara sensei, quién prefirió ahorrarse las presentaciones pues ya conocía a los tres pubertos, por lo que aquellas formalidades solo eran una pérdida de tiempo. En sus manos tenía lo que parecía ser un pergamino. Pergamino que traía la instrucción de la prueba que estaban a punto de cursar. La chica lanzó el pergamino, aterrizando en las manos de la pupila de mayor rango. La pelirroja abrió el mensaje, revelando el examen que debían tomar. Se tomaron su tiempo para leerlo.

-En resumen, debemos traer 3 bolsas del pueblo de al lado. ¿No es así? - Simplificó la chica de hielo.
- No suena tan difícil - Opinó Emily.

- El pergamino resume bastante bien lo que deben hacer. Yo los ayudaré 2 veces durante la prueba, ustedes deberán elegir en qué momento querrán dicha ayuda. – La joven adulta lanzó un par de bengalas, una aterrizó en las manos de Arata y otra en las de Emily, gesto que no molestó en lo más mínimo a Yuki, pues consideraba que no tendría ninguna dificultad en traer una bolsa y regresar. ¿Qué podría salir mal?

- Yo los miraré desde una distancia prudencial, así que pueden comenzar -



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Antes de marcharse hacia cualquier punto desde el cual pudiera mantener su vista sobre el trio, recalcó el detalle de que “no tendrían que volver” hacia la academia, más bien dirigirse hacia la elevación verdosa que se podía apreciar a lo lejos. Aquella montaña que cubría a la aldea. Arata tomó tanto aire como le permitiera su máscara tan solo para liberarlo en un gran gesto de resignación; Emily pensó que no tendría de otra y que si le habían asignado junto al “grosero” y a la enérgica desconocida, era por algo. Tal vez querían ponerle a prueba o enseñarle alguna lección que por el momento era muy incapaz de suponer.

A diferencia del par de estudiantes, Liv fue la única que respondiera a los mandatos de Aihara con un sonido aprobatorio. Menos palabras y más acción, así pensaba entre tanto parloteo. Ya era hora de salir a realizar algo de mucho peso; un reto. Y si necesitaba que los otros dos aportasen para salir airosos de esto, les patearía el trasero en caso de ponerse ñoños.

―Muy bien, garlopos, vayamos por esas estúpidas mochilas y lleguemos a la montaña esa…
―¿Cómo lo haremos? ―Era una inquietud que molestaba a Uzumaki desde hacía rato. ―¿Nos metemos a una tienda y compramos un par? ―Yuki se mofó. Emily se cruzó de brazos, ahora preguntándose por qué la otra chica lo veía como broma. ¡Hablaba muy en serio!
―P-parece que no ha comprendido el mensaje. ―Se atrevió a decir Kakuzu casi pecando de hablar tan bajo. Pero su homóloga en rango le escuchó perfecto, obteniendo de ella una mirada recriminatoria.
―¿Por qué no se lo explicas, eh…? ―Miraba al enmascarado con extrañeza. ―¿Por qué mierda llevas una máscara? ¿Cuál dijiste que era tu nombre? ―Ok. Hasta la estudiante respingó por esa forma de hablar. ―Bueno, da igual, extraño. Eres un garlopo más de la vida. ¡Explícale lo que debemos hacer y a mover esas nalgas! Se nos va el tiempo en idioteces.

Kaia fue la primera en echarse a correr. La chica de piel morena sintió una calidez extrema en su pecho y un brote extraño de adrenalina que le motivaba a querer seguir los pasos de la genin. No obstante, había algo que la retenía por igual y no era Arata y su falta de respuesta. Era su propia confianza. Al ver que Kakuzu movió los pies por el mismo sendero de la gélida, espabiló. Intentó llamarle para que esperara y para que le respondiera también, pero tuvo que esforzarse en alcanzarle por cuenta propia.

Emily crujió los dientes.

―¿S-soy yo o ella está fría? ―Que Arata le tomara la palabra poco antes de que separara los labios para reclamarle, le tomó por sorpresa. Su mirada curiosa recayó en la espalda de la pelirroja, justo donde lucía un copo de nieve azul brillante con pinceladas blancas. ―Y lo que debemos hacer es conseguirlas… ―sus palabras volvieron a arrastrar la de Uzumaki hacia su silueta. Ese detalle ya lo sabía; a no ser… la morena sintió una punzada en su pecho.

Las primeras residencias consistieron en casuchas con estilo playero y una mezcla con lo rural: madera, techos de cana, algunos con losetas color ladrillo. Había una que otra casa de concreto mezclada entre lo típico; hamacas colgando en los porches y los mismos decorados con objetos que daban alusión a la playa y sus aires. Ante la mirada aún curiosa de los de menor rango, Isa se lanzó de un salto hacia el cielorraso más próximo, bastando un gesto para que los otros dos entendieran que “debían hacer lo mismo”, solo que había un pequeño gran problema: la exposición de ambos para con la práctica de uno de los jutsus más importantes de todos, ha sido muy baja. Prudente. Bastante regulada.

―Oigan, ¿qué carajos están esperando? ―Kaia se paró en el borde, con un pie reposado en el muro que fungiera de división entre la base y el exterior; su rostro adquirió una expresión un tanto dura.
―¿Tenemos que ir por arriba obligatoriamente? ―La azabache se puso las manos en la cintura, simulando firmeza; por dentro rogaba a todos los santos porque Yuki no indagase mucho al respecto. Si su creencia religiosa dependiera de ese milagrito, hubiera optado por ser la mayor atea del universo; la genin no era del tipo de persona que acataba porque sí o complacía sin razón… por lo menos razones suyas, mismas inexistentes. ―Creo que si buscamos desde aquí podría ser mejor.
―No vamos de compra, garlopa. ¡Somos ninjas!
―Sí pero… argh. ―Emily pateó el suelo.
―Mira, si le tienes fobia a las alturas solo dímelo ―la aludida cambió su facción en seguida―. Es una puta mierda que sea así e igual tendrías que subir por acá, de vez en cuando… ―movió un par de dedos simulando pasos―. Tú sabes, ¿no? Escalar por paredes y así. Lo típico de ser un ninja. Al sistema no le sirven los garlopos que tienen miedo a cosas estúpidas.
―No se trata de eso… ―intentaba por todos los medios mantenerse firme.
―Y-yo debo practicar más. ―Solo Uzumaki le escuchó y al ver que le mirara con dejo de asombro, Kaia supuso que él había balbuceado algo. Así que le exigió con un gran “qué” que se pronunciara más alto. ―N-no he practicado lo suficiente.
―¡Deja de ser tan maricón y habla fuerte, Dios!

Kakuzu tomó algo de valor para levantar un poquito la máscara del power ninja ranger rojo que usara para repetir una de sus frases. Qué proceso tan estresante.

―¿Cómo por qué no saben escalar una puta pared aún? ―Díjoles a ambos en un tono bajo al acercárseles.


Zim Zim Chiroe Chiroe un poco de interacción.

 

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- Yo tengo una propuesta - afirmó Uzumaki.
- ¿A ver? - le respondió la pelirroja.
- ¿Y si compramos unas bolsas en la tienda como personas civilizadas? No creo que sean tan caras... -

- ¿Estás dispuesta a llegar tan lejos por no escalar un maldito muro? -
Le preguntó Yuki, ya con un tono que tiraba al desespero de tener dos compañeros que consideraba por debajo de ella. Aquello se había convertido en una batalla de egos. Básicamente la pelirroja quería sí o sí que el par de estudiantes se subieran a los tejados, mientras que el par de pequeñuelos querían evitar a toda costa hacer aquello. Pudieron haber estado así todo el día, entre el chico que no le daba la voz para opinar, la loca y la inútil, definitivamente era un trío desesperante de ver en operación. Aquella batalla estúpida pudo haber llegado mucho más lejos y tardado bastante más tiempo en resolverse, pero pasó un incidente que no se lo esperaban de nada. En el cruce en "X" que estaba a unos 20 metros de los chicos, observaron a una persecución. Parecían unos chicos de edad similar al del equipo provisional presente, quiénes huían del equipo de seguridad de aquel pequeño pueblito. Y, sí, el trío de chicos traían una bolsa consigo.

-¡Vamos! - Ordenó la genin, tomando liderazgo absoluto de la situación.

-¡E-espera, sería mejor tomarlos por sorpresa! - Recomendó Emily. No obstante, aquellas palabras se las había dicho al polvo que dejó la chica tras comenzar su carrera. - Puta... - quejó Emily en voz baja, a modo que no pudiera escucharla nadie. Para su desgracia su compañero tímido sí que le había escuchado la palabrota, pero prefirió guardarse su comentario respecto a eso. Unos segundos después finalmente espabilaron, dirigiéndose en el acto tras las pisadas de la autoproclamada líder del equipo. Lo cierto es que aunque no tuvo ningún tipo de planeación, los chicos consiguieron emboscar a los ladrones justo en una de las calles principales del pueblo. Mientras estos estaban concentrados en torear a los guardias de seguridad, no se percataron que tenían a la chica de hielo detrás de ellos. Gracias al factor sorpresa, la chica fue capaz de derribar al primero. La batalla no duró mucho, pues a la primera consiguió dejarlo fuera de combate. El chico salió rodando varios metros por los aires, quedando fuera de combate en el instante. Junto con el chico, la bolsa impactó con el chico abriendose en el momento, dejando salir unmontón de fruta, verduras y consumibles por todos lados. Lo cierto es que toda esa comida le daba igual a la chica, y tomó la bolsa dejando caer por el camino todo lo demás.

En el caso del par de estudiantes fue bastante más difícil, pues en el caso de ellos sí que estuvieron atentos a sus ataques gracias a que el primero de sus compañeros ya habíasido derribados. Emily y Arata se pusieron en caza del par de chicos, pero aquellos tenían velocidades similares al del par, por lo que les costaba acortar distancia. De hecho, parecía como que si poco a poco los ladrones les estaban sacando algunos metros con el pasar del tiempo.


- ¡Son demasiado rápidos! - Quejó Emily, con pocas señas de cansancio. Su compañero ya estaba un poco más transpirado, razón por la cuál tampoco emitió comentario al respecto. Sin embargo, tuvieron la suerte que los ladrones habían sido nuevamente interceptados: los guardias de seguridad de la zona norte del pueblito, pues ya habían recorrido una buena distancia durante la persecución. Los derribaron, dejando caer nuevamente todos los comestibles que llevaban dentro. El par de chicos de menor rango aprovecharon para tomar solamente las bolsas. Aunque en un primer momento los policías malentendieron la situación, pensando que tendrían que perseguir también a los estudiantes, se percataron que solamente habían robado las bolsas que ya eran propiedad de aquellos delincuentes juveniles, razón por la cuál no le dieron demasiada importancia. En la salida norte de la aldea ya estaba la pelirroja esperándolos, y de hecho ya había perdido la paciencia, pues llevaba todo el rato esperándolos.

-Andando - ordenó nuevamente Yuki. Uzumaki por su baja autoestima y Arata por comodidad no tuvieron problemas aparentes por la actitud mandona de la chica. - Ya ven que les dije, conseguir las bolsas estaría chupado...- antes que pudiera terminar la última palabra, fue interrumpia por un kunai que alcanzó a esquivar. El trío levantó la mirada al unísono, viendo un numeroso grupo de bandidos. Iban vestidos de negro, con sus caras completamente tapadas. No tenían distintivo de ser ninjas, pero la cantidad era tan intimidante que ni la pelirroja quería pelear.

-¿Q-qué sugieres? - Preguntó la morena.
- ¡Que corran, carajo! - Sugirió la genin, siendo la primera en salir disparada hacia la Montaña de las Estrellas. En esta ocasión no tardaron en espabilar sus compañeros, pues dejaron una cortina de polvo levantado detrás de ellos.
 
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Aquello era una locura. Arata pensó que era imposible que el grupo de perseguidores (eran dos docenas) hubiera aparecido de la nada, sin más. No obstante, el llamado a la acción de Yuki (no hubo una presentación formal, desconocía su nombre) dejó sus reflexiones a un lado, como el polvo que se barre bajo la alfombra.
La genin encabezaba la huida, doblando la distancia respecto a sus compañeros a cada segundo. Para más inri, los bandidos estaban cada vez más cerca de los dos últimos. Emily vio por encima de su hombro y soltó un bufido, advirtiendo lo obvio: “¡Se acercan!”. Arata sentía que la máscara presionaba su rostro con el viento en contra, y sus extremidades parecían chirriar debido al esfuerzo de la carrera. Incluso en algo tan nimio como esto, pensó, se hacía patente la diferencia entre un ninja graduado y un simple estudiante.
La persecución les condujo a un precipicio, que estaba conectado al otro lado por un largo puente de apariencia frágil. Era una estructura construida con finas tablas de madera y cuerdas, amarradas a pares de estacas en cada extremo. El típico puente que uno suponía que solo existía en la ficción, en las novelas y en las películas, un insulto a la arquitectura y a la seguridad vial, todo lo contrario a los robustos puentes de hormigón de la Aldea de la Nube.
El equipo no se detuvo; Yuki se introdujo en la malnutrida serpiente de madera y los estudiantes le siguieron. De haberse detenido en su paso por el puente, habrían percibido que sus piernas temblaban. Con el peso de tres personas encima, éste empezó a bambolearse en un mareante vaivén. El consuelo era que los bandidos no habían sido tan valientes, frenándose como vehículos viejos al borde del abismo.
Los bandidos se limitaron a observarlos y dedicarles improperios, todo un alivio para Uzumaki, que sospechaba que aquellos podrían cortar los nudos que ataban la estructura a los picos (como en un comic poco imaginativo).
¡Ah!, pero no iba a ser tan fácil. Yuki llegó al otro lado, y cuando los estudiantes estaban por la mitad del recorrido, oyeron varios cracks. Las tablas bajo sus pies se partieron como paletas bajo la fuerza de dos manos, y ellos cayeron. Ambos lograron sostenerse de las tablas más próximas, y luego de las cuerdas, cuando aquellas cedieron. Acto seguido, las cuerdas que sostenían toda la estructura también se rajaron (de un modo casi burlón).
Arata y Emily se agarraron de los extremos de las cuerdas como Tarzán de una liana, mientras la gravedad empujaba hacia abajo a ambas porciones de las escaleras. Fueron impulsados violentamente contra la pared del precipicio correspondiente a los bandidos (la contraria a Yuki, que, perpleja, observaba todo desde la seguridad del otro lado). Ni siquiera tuvieron fuerzas para gritar, empalidecidos, con los ojos bien abiertos y los labios como mandarinas secas.
Lograron amortiguar el impacto contra el muro anteponiendo los pies, pero el golpe fue tal, que las manos de Uzumaki resbalaron, dejándola caer. Kakuzu tendió su mano hacia la de ella, que buscaba desesperadamente algún apoyo. Apenas se rozaron las yemas de los dedos y Emily cerró los ojos con fuerza, resignada. Sin embargo, la caída se detuvo, y ella los abrió de manera débil. Una corta maraña de hilos negros, surgida de la mano del enmascarado, le sostenía de la muñeca.
La situación era que las mitades de la escalera habían quedado en posición vertical, sobre los muros del precipicio, con Arata aferrado a una cuerda, y Emily, más abajo, conectada a su mano libre gracias a las suturas. El tiempo pareció detenerse.
―Sostente ―dijo Kakuzu con dificultad―. N-no mires abajo.
―¡Es un abismo sin fondo! ¡Con estacas! ¡Cuidado! ―exclamó Yuki, inoportuna. Su voz parecía lejana.
Emily no resistió la tentación de echar un ojo para confirmar la descripción de la genin, y aquello fue aún peor. Bajo ellos yacía una nebulosa cortina oscura, impenetrable, densa, con picos enormes y afilados sobresaliendo entre las sombras. Aquel agujero debía conducir al centro de la Tierra. Tragó grueso.
―¡Tienen que caminar! ―insistió Yuki, juntando las manos alrededor de la boca a modo de megáfono―. ¡Caminen! ¡Pero cuidado con los bandidos al…! ¿¡Dónde están los malditos bandidos!?
Los estudiantes no podían percatarse desde su ubicación, pero el grupo que les perseguía había desaparecido sin dejar rastro, en alguno de los momentos en que Kaia dirigía su atención hacia abajo. No, era imposible que un grupo tan numeroso desapareciera en cuestión de instantes, en un lugar tan amplio sin escondites, a menos que… Una exclamación proferida por Arata la sacó de su ensimismamiento.
La mano del joven resbalaba de la cuerda, deslizándose cada vez más cerca del borde. Al mismo tiempo, las suturas que le unían a Uzumaki comenzaban a rajarse.
Yuki evaluó todas las posibilidades, pero ninguna le permitiría ayudarles. Ningún salto le permitiría alcanzar el otro lado, tampoco manejaba ninguna técnica de hielo para crear un puente tan largo, y… ¡Las bengalas! Ese par de garlopos tenía las bengalas entregadas por la sensei, aquellas que les servirían para invocar su ayuda. ¡Era el momento! Pero… en cuestión de segundos se precipitarían contra la oscuridad. No había tiempo. Aihara-sensei llegaría después, y Yuki tendría que comunicarle que dos estudiantes habían muerto huyendo de bandidos fantasma, tratando de cruzar un absurdo puente, en una estúpida caída, hacia un increíble abismo que no debía estar ahí.
Bandidos fantasma. Un absurdo puente. Una estúpida caída. Un abismo que no debía estar ahí.

 

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La chica que pendía de un hilo, literalmente, dio una última mirada hacia aquel risco de fantasía. Le parecía absurdo lo que estaba mirando. Aquel incidente parecía digno de una caricatura noventera, pero lo cierto que a causa de su inexperiencia se creía lo que sus ojos observaban. Aquella situación era cuanto menos frustrante, puesto que la propia chica podía sentir como tanto la cuerda orgnánica que la sostenía como su propia fuerza estaban comenzando a ceder a la fatiga. Lento pero seguro. Sabía que tenía la bengala en su estuche rosa, pero sabía a ciencia cierta que no podría soportar 5 segundos agarrada sin su mano dominante. Lo cierto es que era un gran predicamento. Arata no estaba mucho mejor, puesto que un abrazo, si es que podía llamarse así a esa pila de cuerdas negras que comenzaban a seder y romperse, lo estaba usando para agarrar a su compañera, y el otro brazo lo estaba usando para sostenerlos a ambos. Era una presión mental y física suprema.

- "¡Piensa Emily Uzumaki, eres muy joven para morir! "- Pensaba docenas de veces, en cuestión de pocos segundos. Se repetía esa frase tantas veces y tan rápido dentro de su mente, que habría resultado imposible de pronunciar con sus cuerdas vocales. En vez de perder el tiempo observando hacia los pinchos de abajo, comenzó a mirar hacia los lados. En busca de algo que donde pudiera abalanzarse y caer. Para su suerte, se fijó que a una distancia no tan lejana había un árbol que sobresalía. ¡Bingo! Pensó, pero ahora debía alcanzarlo. No tenía un muy buen agarre en las vacilantes cuerdas negras. Pero no tenía otra opción y en aquella desesperada situación, la cabeza no le daba para más.

-Arata. Voy a saltar - Le dijo, ya un poco más seria. En aquella situación de extrema peligro, estaba claro que su falta de confianza había desaparecido completamente. No tenía tiempo para pensar que no podía lograrlo, simplemente debía saltar.
- Entiendo - Le respondió el joven. Estaba en las mismas, no le quedaba aire para andar de tímido tampoco.

La chica no se lo pensó más de la cuenta. Entre la adrenalina que recorría su cuerpo y los gritos de ánimo de la Yuki al otro lado del abismo, no tuvo tiempo de pensárselo demasiado. De hecho, tras agarrar el impulso para saltar hacia dicha rama, su agarre termino sediendo. La chica dio un salto apoyándose de la pared. El momento se paralizó durante un momento. Yuki observaba nerviosa, sabiendo que no podía hacer nada. Incluso Aihara se estaba acercando hacia la escena a gran velocidad, por si la jugada le salía mal a la enana estudiante. No obstante, para la sorpresa y tranquilidad de todos los expectadores, la morena consiguió aferrarse con sus brazos en la gruesa rama. Y, por lo que parecía, era l lo suficientemente estable como para aguantarla. En aquella posición, tenía más margen para pensar y ver qué decisión podía tomar. De hecho, debido al gran agarre que tenía con aquel árbol, tenía estabilidad de sobra como para tirar de la bengala y salir fácilmente de la situación. Y probablemente lo habría hecho, de no ser que alcanzó a ver cómo, la misma rama que sobresalía del acantilado, tenía una raíz muy camuflada por tener el mismo color que la fresca tierra. Raíz que, casi de forma demasiado conveniente, llegaba hasta la parte superior del acantilado.

Al tomar dicha raíz, pudo sentir una gran estabilidad. En aquella situación, su corazón agredecía desmedidamente que les habían entrenado también en algunas ocasiones en escalar sin el uso de chakra. Pero también maldecía que todavía no sabía escalar con chakra, precisamente.


-Sería más fácil si pudiera escalar la pared y ya, pero ni modo... - pensó. Lo cierto es que una estudiante normal no habría aguantado aquello. Pero solo era escalar un poco menos de 5 metros, por lo que pudo hacerlo sin sentirse destrozada del cansancio. Cuando finalmente pudo subir, se percató como todo lo que los rodeaba comenzaba a distorsionarse, regresando nuevamente a la verdadera realidad. Aquella conveniente raíz que había usado para escalar, comenzó a transformarse en una cadena que estaba fuertemente aferrada a un roble en la parte superior. Aquel abismo lleno de puas, se transformó en un desnivel, una pequeña depresión que solía ser un río poco profundo, una profundidad para nada mortal. Al lado del puente que se había roto, de la nada apareció otro en perfectas condiciones. El grupo de pubertos, aunque tardaron el tiempo suficiente como para acusarles de tonto, finalmente cayeron en cuenta que todo había sido una simple ilusión. Uzumaki por su parte, ya más tranquila, le lanzó la cadena a su compañero para que pudiera subir.

- Es increíble que esto haya sido hecho a dedo - comentó Uzumaki, mientras le extendía la mano a quién de cierta forma le había salvado la vida previamente con su línea sucesoria.
 
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Los estudiantes continuaban un poco perplejos por la pasada situación que les hiciere sudar frío. Miraban el barranco no tan peligroso y era para morirse de risa, viéndolo con más calma. ¿Quién lo diría? La muerte podría ser una ilusión, una mala pasada de la vida para poner a prueba a quienes recorrieran el sendero de turno; en este caso aquel por el que se vieron “obligados” a andar por la recua de sujetos que les persiguieron, sin razón. Y sin decir media palabra al respecto, por lo menos Uzumaki demostró una expresión distinta, como si se le prendiese el foco de la reflexión y, con su esbozo de asombro y unos ojos más abiertos de lo normal, observó al varón. Arata, por su parte, sacudió su vestimenta; luego movió el brazo que usase para ayudar a Emily, abriendo y cerrando la mano… de repente los ojos de su máscara apuntaron a la impertinente mirona.

¿Por qué la pupilo le estaba viendo? La percepción que ella tenía de Kakuzu podría estar “cambiando”. Él no la dejó “morir” cuando no tenía la obligación de salvarle. En esas escuchó a Kaia decirle “buen trabajo, garlopo”, tocándole un hombro. Arata se estremeció por el acto y por el aura gélida que emanara la pelirroja. Con extrañeza, el de suturas puso su diestra sobre aquella parte de su cuerpo ultrajada, pues no vio venir esa interacción.

―Es evidente que este no es el camino ―Yuki tomó la palabra―. No tenemos idea sobre si la ilusión de mierda volverá a joderlos… ―miró por encima de su hombro al dueto que iba detrás. Solamente detectó en Uzumaki una cara algo arrugada y confusa.
―¿Joderlos? Querrás decir “jodernos” ―hizo unas comillas con los dedos.
―Yo crucé el puto puente mientras ustedes lloriqueaban ―curvó sus labios en una amplia sonrisa llena de confianza―. Así que sí, joderlos a ustedes. ―Emily bufó. ―Y… ¿de dónde son? ―Soltó casi que inmediatamente después de achacarles la poca experiencia para con los trucos mentales. La pesadilla del de tez morena se estaba volviendo realidad poco a poco. La otra estudiante se encontraba sopesando si seguir la corriente de la posible conversación que pudiera surgir a raíz de las respuestas que dieran. Y es que Emily no parecía ser de las que olvidaran pronto. ―Yo soy de Kirigakure, es imposible que no sepan quién soy pero si no lo saben, mejor así ―encogió los hombros.
―¿Por qué deberíamos saber quién eres en verdad?
―Mi madre es famosa, es kunoichi y artista. ―Rio un poco. ―Suena ilógico, ¿no? Es como exponer tu puta vida para que el enemigo pueda acabar contigo… pero así es ella ―había descendido la mirada sin que los otros se dieran cuenta―. Los dos son así. ―Pronunció casi inaudible, refiriéndose también a su padre.

El ruido de la civilización volvió a pasearse por sus oídos, esta vez con más volumen probablemente por la hora. El sol todavía no se encontraba en su punto medio, así que arrojaron un estimado del tiempo para presionarse a sí mismos en avanzar. El trio alcanzó la avenida principal en miras hacia la hipotética meca, por donde yacía mucha más gente que evadir para no topársela de frente de manera abrupta.

Liv fue reduciendo la velocidad hasta optar por detenerse e indicarle a los estudiantes que la imitasen. Enseguida les pidió que se metieran en un espacio estrecho entre dos estructuras no muy altas, en dirección paralela hacia aquello que llamara su atención. Supuso que nadie se había dado cuenta de aquel desvío.

―¿Qué ha pasado? ―Yuki escuchó perfecto la pregunta de Uzumaki, pero no por ello separó su cuerpo de la esquina, desde donde vigilaba hacia un restaurante pequeño con sillas al aire libre.
―Allí se encuentran varios de los sujetos que nos persiguieron. ―Los pupilos quisieron comprobarlo. ―No sean estúpidos, garlopos mierteros.
―Por un momento creí que formaban parte del genjutsu. ―Las féminas compartieron el parecer de Kakuzu. ―¿Qué haremos? No tenemos tiempo que perder.
―Como eres la genin, ¿por qué no los distraes? ―Kaia se echó a reír abrazando su barriga. Fingió que se secaba una lágrima que jamás se asomó.
―Este será el plan: nos convertiremos en otra puta persona, cruzaremos entre la gente como si nada y si se dan cuenta de nuestra presencia ―turnaba la mirada entre el dueto restante―, les gritaré y lanzaré una shuriken hacia cada uno.
―¿Y-y eso por qué o qué? ―Hasta Emily se notó preocupada por esa parte del plan.
―Maricón, así ustedes podrán intercambiarse con otra mierda que vean por ahí… ―Arata asintió y la morena separó los labios formando una o.
―¿Y t-tú?
―Yo soy una fabulosa genin.

Zim Zim Chiroe Chiroe
 
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El plan era simple. Cruzar la avenida con apariencias falsas. Pese a ser solo aspirantes a ninja, Arata y Emily estaban familiarizados con el Henge no Jutsu. Todos los estudiantes de último año saben transformarse, y el reto (no superado) está en sostener el jutsu en movimiento (corriendo, luchando) o mientras se realizan otros jutsus, pues mantener equilibrados los distintos flujos de chakra es, justamente, lo que diferencia a un ninja de un simple aspirante.

Los sujetos estaban ocupando varias mesas en el restaurante al aire libre. Varios con los brazos apoyados en los espaldares de sus asientos; otros, mezquinos, con ambas piernas sobre las mesas como si fueran los dueños del lugar. Parecía cernirse un nubarrón negro y hostil alrededor del grupo.

Cuando la camarera se inclinó para servirles las bebidas, uno de los sujetos aprovechó que le daba la espalda para estamparle una nalgada sonorísima. La mujer se giró sobre sus tobillos, ahogando un grito, y en esas recibió otra nalgada desde la dirección contraria. La bandeja vacía en su mano tembló, igual que sus glúteos grasientos, mórbidos y mal formados bajo la falda (que sujetaba y ocultaba el feo maremágnum de grasa vieja y granos). Si alguien hubiera osado desnudarla, habrían salido todos corriendo en medio de náuseas y vómitos.

El hecho es que se formó un escándalo y la empleada llamó a su jefe, un hombrecito patético, bajito, calvo en la coronilla, y decir que se enfrentó a los maleantes habría sido mucho decir. Les advirtió, tartamudeando, que se marcharan.

Cuando uno de los villanos se levantó y le encaró (la diferencia de altura era tal que el hombrecito habría podido hacerle sexo oral así de pie), el enano sufrió un nudo en la garganta y regresó a la cocina como si hubiera olvidado lo sucedido. Así que la camarera aguantó el concierto de nalgadas, calladita, aguantando las lágrimas.

―No están por ningún lado ―dijo uno de los hombres, dirigiéndose al que parecía ser el jefe.
―Sigan buscando ―ordenó. Tenía una gran cicatriz con forma de equis en la cara.
―Sí, señor.
―Un segundo… ―Le detuvo, bloqueando su retirada con el brazo. Sus ojos se afilaron en la búsqueda de algo que estaba más allá del campo visual inmediato. De repente apretó la mandíbula y apuntó como un poseso a la calle―. ¡Allí están! ¡Usan el Henge!

¿Pero cómo aquel hombre cicatriz estaba tan seguro? Los aspirantes a ninja (y la líder impuesta) habían realizado una transformación perfecta y ahora avanzaban por la calle con la parsimonia de un turista. Si Yuki hubiera echado una mirada, o si Emily no hubiera estado tan concentrada en el peligro, habrían podido ver que Arata… digamos que su máscara seguía allí.

Los hombres tumbaron mesas, sillas, barandas, vasos, en su camino fuera. Uno a uno dedicaron nalgadas de despedida a la camarera, a la que le quedaría un moretón en las pompas como por medio año. Como una jauría de lobos, se abalanzaron chocando entre ellos contra el trío de protagonistas. El primero en alcanzarlos cogió a Arata por el hombro y lo obligó a darse vuelta, y…

Puff.

Una nube de humo le envolvió, provocándole tos. Los demás también tosieron. Otros dos puff estallaron y la humareda se hizo más grande. Los más tontos se quedaron dando vueltas en círculos, tratando de coger por el cogote al enmascarado. El problema era que se había desvanecido. Los más astutos avanzaron entre el gas hasta librarse del mismo.

El hombre cicatriz, adelantándose al frente, vio en derredor y su mandíbula inferior cayó, inerte. La calle estaba llena de enmascarados.

Kaia, Emily y Arata ya estaban lejos de su alcance. El plan original era simple… pero decidieron redoblar la apuesta. Yuki se transformó en una persona distinta, pero con el rostro cubierto por una réplica de la máscara de Kakuzu. Luego, utilizó el Bunshin no Jutsu para crear una decena de clones. La Kaia original deshizo su propio Henge para adoptar otra apariencia, junto a los aspirantes a ninja. Y mientras el mini escuadrón de Bunshin enmascarados desfilaba por la calle, el trío verdadero se paseó como Pedro por su casa hasta la otra esquina.

Fue todo una burla.

Bishamon Bishamon Chiroe Chiroe
 

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El trío de genins por fin estaban saliendo del segundo pueblo. Practicamente estaban cantando victoria. Tenían la certeza que estaban a punto de completar la primera fase de la prueba. Tenían las bolsas, ya se habían escapado y estaban a punto de entrar al bosque que conectaba con las faldas de la montaña. Yuki iba al frente casi como una simbología del liderazgo que estaba tomando. Lo cierto es que no se dirigían en exceso la palabra, pues las personalidades de los 3 eran tan dispares que hacía completamente inviable el que consiguieran entablar, siquiera, un burdo intento de camaradería. Ni a eso llegaban. A lo sumo hablaban pequeños fragmentos acerca de la prueba. Diálogos que en un 70% era Yuki soltando ordenes, un 25% Emily tratando de sugerir algo "mejor" bajo su criterio, y el otro 5% era Arata tartamudeando, principalmente incomodado por la presencia de la chica de hielo, y en menor medida por Uzumaki.

- Lo importante es que ya los perdimos, a pesar de que son estudiantes no son tan inútiles - comentó de forma hiriente la pelirroja, aunque no era su intención ofenderles.
- Ojalá ya no haya inconvenientes... - comentó Emily. Arata murmuró algo pero ni la morena le escuchó.
- De todas formas no creo que los hayamos perdido. Van a regresar -
- ¿Tú crees? -
Volvió a preguntar Emily, un poco haciéndose la tonta.

Y de hecho, la genin tenía razón. Más tarde que temprano, comenzaron a escuchar algunos gritos a la lejanía. Luego, finamente escucharon los pasos. Pensaron en esconderse, pero para la desgracia de ellos aún no habían llegado al bosque, por lo que no tenían un lugar donde esconderse a la mano, por lo menos no cómodamente. En aquella situación estaban obligados a seguir corriendo, pues no tardaron nada en hacer contacto visual. La llevaban clara, tendrían que torearlos en el bosque utilizando sus habilidades ninja. Parecían tener conocimiento básico acerca del ninjutsu, pero consideraban que si tuvieran algo útil que usar, probablemente ya lo habrían hecho. No era alocado pensar que aparte de la ventaja numérica, no tenían ninguna otra ventaja. De hecho, en su mayoría estaban desarmados.

El trío de novatos se aventuró en el bosque.


-Tengo un plan. Dejame hablar esta vez - Dijo Emily, un poco frustrada de que, durante toda la misión, no había tenido voz ni voto.
-
A ver, suéltalo - Le dijo la chica. La morena les murmuró el plan al par . Y lo cierto era que, para la situación y los pocos recursos que tenían, era brillante.

El numeroso grupo de bandidos iban juntos, con el jefe en el centro llevando una ligera delantera. Antes que se dieran cuenta, alcanzaron a hacer contacto visual con la pelirroja, quién en primer momento parecía estar sola.


- ¡Vamos a por ella! - Gritó el lider. Tras dar media vuelta, la vieron parada, rodeada por un valle de rocas natural.
-¡P-por favor, no me hagan nada! - Suplicó, con un tono de voz que no habría convencido a nadie. Pero a esos idiotas, sí que los había engañado.
- Tú te vendrás con nosotros, mocosa. -
- Aún no desarrolla del todo, pero se va-
dijo uno de ellos, a lo vulgar.
Finalmente se avalanzaron sobre ella. Cuando la tomaron por la fuerza, se dieron cuenta que aquel cuerpo rápidamente se sustituyó por un tronco. Tronco que, para la desgracia de los presentes, tenía un sello explosivo. Se apartaron tan pronto como sus reflejos se lo permitieron, pero los que estaban tan cerca no corrieron con tan buena suerte. No habían recibido un daño fatal, pero sí que habían querado mal parados. Lo suficiente como para que su velocidad no fuera la misma que en optimas condiciones.

En la zona alta de los troncos, estaban dos Yukis, siendo Emily una de las dos, revelando su identidad al regresar a su forma original.


- Ves, era sencillo. Yo distraía y vos esperabas en el sitio con el jutsu de sustitución. Y Arata cubriendo por si algo salía mal en la retaguardia -
- No canten victoria... -
comentó Arata en silencio. Nuevamente, no sabían de donde había salido.
- Si tu fueras el enemigo ya estaríamos muertas - bromeó Emily.

Continueron su camino, pero todavía no habían zafado de aquellos perseguidores. Aunque ya habían reducido su número, y estaban a punto de llegar a las faldas de la montaña.


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2do escenario: ir por el suelo no es una opción, esta vez. Deberán subir a los árboles y trasladarse hasta la cima, siguiendo un camino recto. Durante este trayecto deberán recolectar alimentos sin tocar el suelo. Cuidado con las trampas del rededor que pueden burlar tus ojos.

*Antes de hacer este escenario, uno del equipo deberá lanzar un dado para añadir una de estas condiciones al desarrollo que estén realizando:

1. Trampa de armas que se dispararían repentinamente.

2. Trampa de hilos, por los que tendrían que cruzar sin tocarlos (entre ellos).

3. Genjutsu (darían vueltas en círculo).

De salir la 3ra opción y superarla adecuadamente (a nivel de verosimilitud), tomando en cuenta los stats que tengan, obtendrían la exoneración a la prueba que comprende dicha especialidad y sus respectivos XP. Exonerar dependerá muchísimo de cómo aborden ese dilema.
 
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Continuaron su camino, esta vez a través del bosque. Los genins comenzaron su camino, desplazandose al buen clásico ninja a través de las ramas de los árboles gigantes. Sin embargo, tras un rato de vagar a través de ese lugar, comenzaron a darse cuenta de que, por alguna extraña razón que desconocían, aquellos bandidos habían dejado de perseguirlos. Lo normal sería pensar que si habían sufrido daños por la jugada que habían hecho antes, los seguirían con mayor empeño y enfado. Pero no había sido el caso, o por lo menos eso era lo que parecía.

El bosque se extendía tanto en las faldas de la montaña como en su escalada: la única manera de saber si ya habían llegado al propio destino, era fijarse en la inclinación de la tierra. Pero al no tener una referencia real, llegaba a ser bastante confuso. La segunda parte de la misión era clara, debían recolectar alimento sin tocar el suelo. Deducían lógicamenete que para esa parte de la prueba era que necesitaban las bolsas. Y, en aquella situación, se sentían como tontos al haber botado todos los consumibles que habían originalmente en estos contenedores de cuero y tela. Pero sabían que, de todas formas, dichos alimentos eran robados. Por lo que no quedaba de otra más que hacerlo a la manera ética, y no es como que tuvieran opción, de todas formas.

Sin embargo, la recolección de alimentos comenzó a tornarse tediosa. No parecían haber árboles frutales en las cercanías, y los pocos animales salvajes que encontraban estaban tan familiarizados con el entorno, que no tardaban nada en escabullirse del trío de novatos.

- Dios mío, qué frustrante esta mierda - luego de casi 1 hora de estar dando vueltas sin sentido ni orientación, Yuki rompió el silencio. No tenían manera de saber la hora, y la fuerza del sol no se notaba al estar protegidos por la sombra de las copas del bosque, pero lo cierto es que ya era medio día. Y el hambre no se hizo esperar.
- Creo que ya debe ser medio día. Deberíamos apurarnos. Si se nos hace de noche la vamos a pasar muy mal - comentó Emily. - Además estamos casi en invierno. El día dura poquísimo- otro dato innecesario que había aprendido leyendo.
-Como sea... -
Comentó Yuki, con cierto cesgo de cabreo en sus palabras.
- Ehm... - Arata trataba de comentar.
- ¿Y tú qué, te vas a dignar de comentar algo? - Dijo la grosera Yuki.
- Tengo la sensación de que estamos dando vueltas -
- ¿Qué te hace pensar eso? -
- P-pues... -
el chico levantó con pena su mano, señalando con el índice hacia abajo. Era el valle de rocas donde habían tendido la trampa a los bandidos.
- ¿Qué?, ¿Es en serio? - A la pelirroja la invadía la semilla del desespero. Pero lo cierto es que sus compañeros no estaban demasiado lejos de estar en las mismas, simplemente ella era la más temperamental de los 3.

Lo primero en lo que se fijaron era que todos los bandidos habían desaparecido. No quedaba rastro de ellos. ¿Acaso se habían perdido en el extenso bosque al igual que ellos o simplemente habían desistido? Quizás en el bosque había algún tipo de peligro del cual prefirieron escapar, o simplemente prefirieron retirarse tras sufrir las bajas. No obstante, lo cierto era que sin importar cuantas vueltas le dieran al asunto, no podrían llegar a la verdad absoluta, y si llegaban a esta, no sabrían que es la verdad. Se limitiaron a continuar con su labor, recolectando frutas.

- ¿Y si subes a la copa de árbol para ubicarnos? - Sugirió Emily, tratando de calmar la tensión. Ella prefería evitar el conflicto antes que la doncella de hielo explotara.
- Pues como ustedes no pueden, tendré que hacerlo yo. ¿Eso sugieres? -
- Pues.... sí -
le respondió.
- ...No queda de otra, supongo - dijo la pelirroja, antes de canalizar chakra en la punta de sus pies. Al subir a la copa del árbol más alto cercano, cayó en cuenta de algo de lo que no se pudo explicar: un infinito bosque que se extendía hasta el horizonte. ¿Cómo era eso posible?, ¿El bosque era mucho más grande de lo que se veía desde el pueblo?

- Vaya problema - concluyó la Kaia.


Zim Zim Bishamon Bishamon
 
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Kaia dio un brinco que la elevó como una sombra fugaz por encima de la frondosa vegetación. Los aspirantes a genin permanecieron abajo, de pie sobre la rama de un árbol. Lo hacían con la gracilidad y equilibrio de un ave, sin necesidad de sostenerse de otra superficie, como era de esperarse de estudiantes del último año.

Emily reparó en que aquel silencio era distinto a los anteriores. No era ausencia de, sino algo, algo que tenía peso propio, como la humedad. El silencio era como un rugido invisible, atronador. Y parecía provenir de Arata, como viento. El joven mantenía la cabeza gacha, con una mano sosteniendo la muñeca del brazo contrario. Ejercía presión como si tratara de evitar que algo se desbordara. Emily recordó que aquella era la muñeca de donde surgió la extraña maraña de hilos que le salvó de la caída.

―Arata ―dijo ella. El enmascarado soltó un respingo y alzó la mirada.

Entonces, Kaia aterrizó justo entre ellos. El roce de la vegetación (por donde ella descendiera) recomponiéndose fue agradable.

―El bosque es endemoniadamente grande ―reveló la genin, cruzándose de brazos―. Lo veo la costa en el horizonte, así que puedo suponer que estamos a mínimo un día de camino para llegar al otro lado. El problema…
―… es que eso no tiene sentido ―completó Emily.
―No me interrumpas, gorgoja ―Kaia le dedicó una mirada odiosa―. El problema es que eso no tiene sentido porque…
―… no tienen dos horas que entramos ―replicó Emily.
―¿Qué te dije? ¡Silencio! No tiene sentido porque no tienen dos horas que entramos.
―Puede ser que… ―empezó Arata, pero Yuki chistó para hacerlo callar.
―Puede ser que estemos en un Genjutsu ―sugirió Kaia, alzando el dedo índice como quien da una lección a unos niños.
―Un Genjutsu para hacer que el bosque parezca infinito y hacer que demos vueltas en círculos ―dijo Uzumaki, llevándose una mano al mentón―. Es un truco que emplean los sensei para poner a prueba a sus estudiantes desde la fundación de las aldeas.
―Es un truco muy viejo y muy gastado. Para mí fue obvio desde un principio, pero esperaba que alguno de ustedes se diera cuenta ―Yuki se encogió de hombros con sobradez tras su afirmación (que los aspirantes no creyeron)―. De no haber sido por mí, habrían dado vueltas por días hasta morir de hambre. El primer paso para romper una ilusión es darte cuenta de que estás en una, cosa que no habrían podido lograr porque ninguno sabe el Kinobori no Waza.
―El segundo paso e-es romperlo ―dijo Arata; Emily asintió y la genin se limitó a verlo como a un tonto que trata de dilucidar una suma simple―. Hay un jutsu para eso ―Esto lo dijo en un tono tan bajo que debió repetirlo―. Hay un jutsu para eso. Se llama… se llama…
―¡Kai! ―exclamó Emily, golpeando la palma de su mano con la otra vuelta un puño―. Y tú eres una genin. ¡Todos los genin conocen ese jutsu! Problema resuelto.

Lo que no sabía la inexperta Uzumaki era que, sin pretenderlo, había golpeado en el núcleo del ego de Kaia. Era una verdad a medias que todos los genin manejaban el Kai, puesto que primero había que aprenderlo (diferencia tan sutil, como decir que no todos los ajedrecistas saben que la “reina” se llama “dama”, sino que primero los ajedrecistas debían aprenderlo).

Así que el pesado silencio que Emily percibiera antes, regresó con creces, pero ya no provenía de Arata, sino de Kaia, y ya no era viento, sino tormenta. Una tormenta helada.

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Pareciera que Liv hubiese descendido tanto su propia temperatura, capaz de escarcharles las pestañas en el caso de Uzumaki y las cuencas oftálmicas de la máscara de Arata. Pero solo era el viento, soplando convenientemente en dirección hacia el par de estudiantes, haciéndoles sentir frío. Que la genin les mirara con ganas de pegarles tremendo golpe, fue suficiente para que ninguno osara en volver a abrir la boca hasta no creerlo oportuno; justo después de que Kaia soltase un grito, agarrara un kunai con mucha fuerza e hiciera una marca en el tronco casi frente a ella. No lo notó pero los de menor rango respingaron. Aquello sirvió para dos cosas: la primera era que Kaia ya no lucía tan frustrada, pues giró sobre su eje para darles la cara, mostrándoles una amplia sonrisa sincera, aunque dudasen de ella; la segunda razón:

―Te equivocas, garlopa ―Emily pestañó un par de veces―. Y tú también ―solo movió las pupilas hacia Kakuzu, quien se diera cuenta del cambio de color de ellas. Él estuvo a nada de comentar algo cuando fuera interrumpido con ridícula simpleza―. Ya sé que no has dicho ni mierda, pero que no abras la boca dice mucho… ―Tal vez Arata tenía el don de juzgar a otros solo con ser él. ―No todos los mierteros genin aprendemos ese jutsu; que no llevo toda la puta vida siéndolo. Voy escalando, más rápido que ustedes, pero voy. Además sé que les importa una mierda con cebolla, pero tengo un pequeño conflicto… ―les había dado la espalda y llevado sus orbes hacia la cicatriz en el árbol. Los de menor rango se echaron un vistazo, como poniéndose de acuerdo respecto a quién rompería el hielo; un sorteo de fácil resolución. La morena le dedicó un despectivo a su homólogo.
―Todos tenemos conflictos ―por suerte no vio la expresión sarcástica de Liv―, por ejemplo este que tenemos ahora. Si no conoces el jutsu Kai, ¿cómo le haremos?
―¿Ven esa puta marca que hice? ―Se las señaló con el kunai. ―Cuando sientan que están en una ilusión de mierda, simplemente hagan marcas que puedan distinguir. Servirá de guía y les ayudará a darse cuenta que por más mierdas que intenten no podrán salir de la ilusión solo queriéndolo ni con el poder de la amistad ―eso por poco le saca una risilla a Uzumaki, mas se contuvo al carraspear. ―Demos un par de vueltas más para confirmarlo… puede ser que este bosque de porquería sea largo.
―¿No habías dicho que era un genjutsu? ―Se atrevió a pronunciar Arata.
―Mejor cállate, garlopo miertero. ―Esta vez Emily sí se rio.

La primera en moverse fue la de más alto nivel. Por encima del hombro izquierdo observó al dueto que debía intentar pisarle los talones, sin embargo todavía les costaba andar entre las ramas con un poco más de desenvolvimiento, puesto que intentaban con todas sus fuerzas aferrar los pies a la madera que les habría de recibir tras cada salto. Sin una ilusión de por medio y con esa paupérrima velocidad, tardarían todo un día en verdad. Lo extraño era que aquello no le molestaba a Yuki; era gracioso, divertido… ver en otros el mismo proceso por el que tuvo que pasar para iniciar su camino ninja con buen pie.

Cada quien hizo marcas que luego memorizaban; recogieron distintas frutas y sin dar paso a dudas, hubo uno que otro tropezón. A la media hora de avanzar, entre grandes comillas, un tramo del bosque decidieron detenerse para descansar. Por primera vez el aura fría de Yuki resultó refrescante para el otro par, sin ánimo de darlo a notar.

―Allí está la marca que hice hace rato. ―Si hablaba más bajo estaría a punto de ganarse un tremendo golpe auspiciado por Kaia, pero tuvo suerte porque le entendió. Las muchachas miraron el tronco que señalara el de suturas.
―Ya no quedan dudas…
―Vale, entonces es el momento del paso dos… y medio ―Liv se cruzó de brazos, añadiendo seriedad―. No solo nos liberamos del genjutsu con el jutsu Kai, garlopos.
―Podemos pedir ayuda a la sensei. ―Emily logró que la pelirroja inflara los cachetes, además de dedicarle una mirada de reproche. Otra vez Arata se percató del cambio de color de sus pupilas.
―O podemos hacer esta mierda solos ―se puso en pie―. Con dolor. ―Solo podía ver el rostro estupefacto de la azabache. ―Las ilusiones dejan de existir cuando nos aplicamos dolor, es lo que nos llevaría de regreso a la puta realidad.
―Recuerdo haber leído algo así… ―tocó su mentón. El varón pensó lo mismo sobre sí, prefiriendo no opinar de todas formas. De repente empezó a sentirse ansioso.
―Una cortada no nos va a matar ―Yuki levantó la palma derecha y la izquierda con un kunai empuñado.

Las dos miraron a Kakuzu.

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La pelirroja no parecía dudar en querer hacerse daño, pues estaba a punto de sumergir el filo del frío metal en su palma, buscando algún lugar donde no le diera a alguna arteria o algo por el estilo. Y lo hubiera hecho, de no ser porque la detuvo Emily.

-¡E-espera! - Llamó Emily, para que esta se detuviera.
- ¿Ahora qué? - Preguntó Yuki a regañadientes. El filo de acero ya estaba rozando su piel, aunque todavía no la había atravesado. La había detenido justo a tiempo.
- No creo que eso sea buena idea. No tenemos como limpiar la herida. Si se infecta podría ser mil veces peor que pedir ayuda-

La pelirroja calló. Aunque su ego y su estilo nato para liderar no quería aceptar, se negaban rotundamente. Sin embargo, en lo más profundo de su ser, por su lógica, sabía que lo que decía aquella tímida chica era bastante razonable. Lo cierto es que no sabían cuanto tiempo más iban a estar obligados a someterse a dicha prueba. ¿Y si se extendía varias horas más, o incluso días? La idea de que una de las pocas genins fuera hospitalizada por una pequeña cortada que ella misma había hecho, era algo que de cierta manera le aterraba. No por la opinión que pudieran tener los demás de ella, sino por su propio ego y satisfacción de no pasar por tal humillación. De todas formas ese análisis no duró más que unos pocos segundos, por lo que no tardó demasiado en responderle a la morena. No más de lo socialmente aceptable.

- Usa la bengala pues... - Le respondió a regañadientes. - Obviamente es una idea excelente. Solo los estaba probando -
- Claro que sí, jefa... -
Susurró Kakuzu, con un tono y volumen de voz tan bajo que no le escucharon. El que apenas moviera sus labios no ayudaba en lo absoluto a que se dieran cuenta que si quiera había dicho algo.
- Voy a intentar subir por mi cuenta. Si tiro la bengala aquí podría incendiar las copas de los árboles -
- ¿Segura? Si te fracturas algo por caerte va a ser peor que una cortadita -
dijo con sarcasmo y cierto sesgo de crueldad, tratando de reponer el liderazgo perdido.
- No pasa nada, tampoco soy tan mala - la aspirante hizo una posición de manos para concentrar la chakra en sus plantas y en sus manos: básicamente iba a escalar con un punto intermedio de técnica, entre escalar el tronco como lo haría una persona normal y apoyándose de su limitado control de chakra que disponía para aferrarse con mayor facilidad a la vieja madera.

Para la sorpresa de todos, Emily consiguió subir a la copa sin mayores dificultades.

Uzumaki disparó aquel proyectil de fuegos artificiales, liberando un arcoiris de explosiones inofensivas. De extrema belleza y sublimidad, pero aquel expectáculo era algo de lo que no podía preocuparse en lo absoluto en aquel momento. Debía estar atenta para cuando apareciera Aihara. Aunque, lo que no se esperaba, es que practicamente ya se había presentado en cuestión de unos pocos segundos. Antes que se dieran cuenta, ya se encontraba junto a Yuki y Kakuzu, y se tomó su tiempo para observar a la enana que se había subido al palo: era una escena graciosa de ver.


- Dejenme adivinar -
- A ver -
respondió acto facto la pelirroja.
-
Quieren que los libere del genjutsu -
- ¿Cómo sabe que queremos eso? -
- Porque llevo todo el día siguiendolos de cerca. Mi trabajo es el cuidarlos para que no les pase nada -
- ¡Por favor! -
Pidió la morena en el lugar de los 3, mientras caía en la colosal rama que tenía espacio suficiente para la cabida de los 4. Petición en boca de Uzumaki, por parte de Yuki porque no quería admitir abiertamente que necesitaba ayuda y por parte de Kakuzu porque, si podía ahorrarse la molestia de pedirlo, mejor para él. Tras dicho aquello, la elegante kunoichi procedió a liberar al trío de aquella ilusión. La velocidad y simpleza con lo que hizo fue cosa de risa, pues no tardó ni 10 segundos en liberar a los 3. Se percataron al instante que el bosque era menos denso, y tras verificar nuevamente al subirse a la cima de uno de los árboles, se percataron de que, efectivamente, todo había sido una ilusión. Practicamente estaban en la cima de la montaña, por lo que ya casi terminaban la segunda etapa de la prueba.

- Procedan, pequeñuelos - Concluyó la ángel azul, tras desaparecer en el acto.


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3er escenario: el descenso puede ser muy problemático cuando se trata de un camino bastante empinado. Tendrán que ingeniárselas para bajar sin que la gravedad les haga rodar al momento en que pierdan el control de sus pasos; caminar tampoco es una buena opción.


Zim Zim Chiroe Chiroe
 

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Practicamente ya habían llegado a la cima. Les habían dado instrucciones explícitas de que, antes de hacer cualquier otra cosa, debían asegurarse de llegar a la cima de la montaña. Una vez ahí, se les darían las instrucciones de la tercer y última etapa. Lo cierto es que había sido una experiencia de lo más recreativa, quizás no la más amena y cordial para aquel trío de mocosos, pero había sido recreativo al fin y al cabo. Por el camino iban practicando el equilibrio de desplazarse a través de los árboles, sabiendo de que era una práctica que tendrían que dar por común una vez comenzaran su carrera profesional como militares de sus respectivas aldeas.

Tras un rato, finalmente llegaron a la cima.

El lugar era un lugar bellísimo. Parecía un oasis, un pedacito de cielo que había descendido a una porción de la tierra de los vivos. Un lugar pintorezco, lleno de flores y un campo que se extendía no más de 30 metros, con riachuelos y una vista nítida hacia el cielo. No tardaron demasiado en deducir que se llamaba la Montaña de las Estrellas por la vista que podría tener uno en la noche, pero esa vista era un lujo que no podrían darse esa noche. Tendrían que regresar a la brevedad, cosa de lo que estaban a punto de enterarse.

En aquel majestuoso lugar no había ni un alma salvo por el trío que acaba de ingresar. En su centro, había un pergamino con una pequeña roca encima, roca cuya función era que dicho papel no saliera volando por las brisas de tan alto lugar. La autoproclamada -y herida emocionalmente- líder, fue la que tomó el papel en el acto, para desatar la cuerda que ocultaba las instrucciones y eventualmente, leerlas. Lo que no se esperaba era la parodia de mandato que venía adentro, orden que llegaba a los límites de la burla y el desprecio hacia el tiempo y la integridad de los estudiantes.


-"Ahora bajen la montaña. No se vale tocar el suelo" - repitió la pelirroja mientras leía. Se lo pensó varias veces. Le dio varias vueltas al escrito, asegurándose que no quedara ni un rincón sin leer. Tras un rato que no duró más de un minuto, finalmente cayó en cuenta de que, efectivamente, la orden solo era bajar de regreso y ahí moría la cuestión. Lo cierto es que le gustaba la idea de que ya se acabara la prueba, porque aunque no lo quisiera aceptar, tanto ella como sus compañeros ya comenzaban a sentir la fatiga La resistencia no era uno de sus fuertes, incluso Uzumaki ya comenzaba a mostrar los primeros indicios de que estaba cansada.

- Increíble - Dijo Yuki, con cierto tono de molestia hacia lo que debían hacer. Literalmente los habían hecho subir y bajar la montaña sin un objetivo específico, o por lo menos eso era lo que parecía a simple vista.
-Al menos ya casi terminamos. Regresemos - Añadió Emily. Llevaba consigo la opinión del más callado de los 3, aunque era desconocedora de este detalle.

A sabiendas de que probablemente Aihara los estaba observando desde una distancia no demasiado lejana, trataron de seguir las reglas en medida de lo posible. "El suelo es lava" se repetía Emily en la cabeza, tratando de encontrar la gracia en lo que estaban viviendo, por no repetir la ira de la genin hacia la prueba. Quería mantener el positivismo, que si ella se enojaba también seguramente se hubiera armado una buena.

Ya eran las 3 de la tarde. Para entonces, sus estómagos ya comenzaban a exigir el tan preciado alimento. Lo cierto es que no habían recolectado comida en exceso, pero mientras más tiempo pasaba la tentación de hecharle el diente a esos regalos de la naturaleza cada vez era más tentador. Tentación a la cual, eventualmente, cedieron. Pero cada uno tomó solamente una fruta, solo ingirieron algo para que su estómago dejara de molestarlos en lo que regresaban a la academia. Tras terminar la pequeña pausa para comer el refrigerio, continuaron su camino.

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El regreso podía parecer sencillo a primera vista. Descender siempre sería menos demandante que ascender gracias al impulso de la gravedad, cosa que ayudaba a paliar el cansancio del grupo. No obstante, era esta gravedad la que les hacía ir más rápido, más rápido, más rápido a cada salto, adquiriendo un vértigo que provocaba errores constantes en el andar de los aspirantes.

Emily en una ocasión resbaló y tuvo suerte de lograr sujetarse de la rama. Arata se torció un tobillo que le provocaría oleadas de dolor durante el resto del traslado. Kaia era la más fresca (literalmente). Al ir delante de ellos, emanaba una ventisca frígida que acariciaba los rostros de sus escoltas.

―¡No se queden atrás, tortugas! ―bramó Yuki, riendo acto seguido.

Echó un vistazo atrás para ver qué tanta distancia le separaba de Emily y Arata, llevándose una desagradable sorpresa.

Frenó en seco sobre la rama, boquiabierta, mirando en derredor. Estaba completamente sola. Se dispuso a proferir un grito para llamarlos cuando ¡Zas! Sintió un impacto sobre su cabeza. Era indoloro, de sensación mojada. Llevó una mano a la zona, percibiendo una sustancia viscosa que se adhirió a sus dedos. Al verlos, descubrió que se trataba de caca.

Una docena de pares de ojos aparecieron en la oscuridad del bosque, rodeándola.

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―Me cago… ―susurró suave―, ¡en la maldita puta que los parió!

Desde la ubicación de Emily y Arata pudieron escuchar sin ningún tipo de interferencia el grito encolerizado de su compañera; no hubo dudas, tampoco mucha sorpresa hasta unos cuantos importantes segundos después que escucharon una detonación. La copa de muchos árboles danzaron con rudeza en sincronía con la onda que se arrastrara hasta donde el viento le impulsase. Con eso sí que se sintieron preocupados, más al ver una bandada de aves salir hacia el cielo.

―Espero no le haya sucedido nada. ―Uzumaki pidió al otro estudiante que moviese los pies, pero Kakuzu agachó la cabeza, ya sin la chica estarle viendo, y apuntó con la mirada el tobillo que le estaba empezando a mortificar.

Después de tanto saltar de una rama a otra parecía que la chica sin apodo empezaba a agarrarle más tino al proceso. Guiándose del oído, supuso que recorrer la distancia que les pudiera separar de Yuki en línea recta sería seguro, por si de repente debiera retornar. Empero desde que le invadiese un peculiar olor a pólvora confirmó que no podía estar muy lejos; fue ahí cuando intentara llamarla, al tiempo en que recorriera el rededor con la vista. Maldijo entre dientes al descubrir que en todo el rato estuvo sola.

Con algo de recelo fue aproximándose; un salto, una mirada discreta mientras se resguardaba detrás de un tronco, otro par de saltos y su voz alta de último, haciendo eco. El suspiro que saliese de su interior había sido un gesto apresurado que su cerebro le recriminaría al ver a Kaia aparecer tras descender de la copa de un gran árbol frondoso. Emily levantó los párpados con evidente impresión; además su facción no le ayudaría demasiado, en vista de que disimular el pudor no era su fuerte. Liv se encontraba sin su blusa… solo con el sostén puesto.

―¿Qué sucedió? ¿Por qué estás… así? Y, ¿qué fue ese sonido? Te escuchamos gritar ―Kaia la frenó con un sutil movimiento de su mano izquierda.
―Larguémonos de este apestoso sitio.

A la morena se le trabaron las palabras, solamente atinando a abrir los brazos a modo de interrogante. Sin embargo, no permitiría que Kaia volviera a alejarse porque sí a falta de un integrante. Muy a pesar de los nervios, Emily le informó que Arata se había quedado atrás, al parecer deliberadamente. Liv arrugó un poquito la frente al compás de que cerrara su puño dominante hasta romper la fina capa de hielo que le cubriera la dermis.

En otras circunstancias hubiera prescindido de él para continuar con lo importante; no le conocía, no tenían ningún vínculo que le pudiera hacer quebrar de verle afectado, empero como no era tonta y le constaba que la sensei estaba por ahí, cual dios que todo lo ve, dejarse llevar por emociones negativas no sería conveniente para su record.

Con uno de varios despectivos de su lista, pidió a la otra chica que le llevase hasta donde, probablemente, se hallara el bello príncipe de cuento de hadas… nótese el sarcasmo. A Kaia le resultaba increíble que existiese un niño mucho más ridículo que su primo Torsten Dorj; Arata no hablaba con propiedad, era muy raro y misterioso, le faltaba energía y confianza. Su timidez absurda abrumaba a la de habilidades gélidas y quizás a la otra chica. Tampoco le importaba demasiado lo que Uzumaki pensara del de tez oscura.

Como Emily era la que se sabía el camino, a la genin no le quedó más remedio que ser su andamio y revestirse de una paciencia que se agotaba a puras gotas gordas, pues todavía la pupilo no saltaba por las ramas con mucha destreza. Y para buena fortuna de ambas, Kakuzu se las encontró en el camino.

―Esta no es una puta pasarela, ¿qué carajos te sucede?
―Estamos perdiendo mucho tiempo. ―El muchacho tragó en seco desde que viera que la pelirroja abriría la boca. Como las palabras no le saldrían, trató de completar una serie de pasos para mostrarles que su tobillo no estaba bien. Además, otro factor que le dejase enmudecido era tener en frente a Yuki mostrando la ropa interior superior. ―Cómo te lastimaste…
―Mierda, lo que nos faltaba. ¡No pienso cargarte! ―Le señaló. Arata sintió un pellizco en el pecho, negando una y otra vez con dejo nervioso.
―¿Y si le aplicas un poco de hielo? Tal vez solo la tiene hinchada.
―P-prefiero irme así. N-no quiero…
―Alto, garlopo ―le dedicó una mirada recriminatoria―. No es mala idea.
―¿Qué cosa? ―Preguntó Emily, cuasi contenta porque por primera vez Kaia aceptaría una idea suya sin objetar.
―Pues que se vaya así, hecho una mierda de cojo, por supuesto ―su rostro de “era evidente” contrastó perfecto con la palmada que la azabache se diera en el rostro―. Pero no nos servirás para nada en ese estado tan patético. Así que sí, usaré mis lindas habilidades en ti.

Cuando Arata daba un paso hacia atrás, Liv completaba el salto que le dejaría a pocos metros de él. El de suturas se hundió entre sus hombros, dobló el torso un cuarto y buscó la manera de no tener que ver a la muchacha mostrando tanta piel. En tono muy bajo repitió un “no” varias veces, solo que ni las aves del rededor podían escucharle. Por ello, la pelirroja colocó una mano sobre el antebrazo próximo a su mano dominante para que se volteara y cooperara.

―¡No! ―Una mirada entre las niñas fue suficiente para descubrir que ambas se impresionaron de la misma forma por tan impetuosa negación. Kaia creyó haber sentido que el varón había empezado a temblar, y en ese momento ella pudo haber dicho cualquier cosa para burlarse. No lo hizo.
―¿Por qué no descendemos con ayuda de… ―movió sus ojos de un lado hacia otro, arriba, encontrando algo que sería bastante útil para completar lo que les faltara―. Eso. ―Señaló una palmera y lo que se desprendía de ella: yaguas.


Zim Zim
Chiroe Chiroe tienes permiso de postear si te interesa culminar el escenario.
 

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Jelo! Aunque haya participado con ustedes, seré yo quien emita unos pocos comentarios sobre el desempeño general de ambos; respecto a mí, otra persona se ha encargado de hacerlo.

Lo que más destacó y que me preocupa un tanto, es que se obviaron en la mayoría de veces, la oportunidad de recurrir a técnicas básicas para salir de alguna situación o bien, para que en el caso de ustedes (como estudiantes), empezaran a abordarlas en pos de su consecuente desbloqueo. Cuando les puse "vámonos por los techos", pudieron recurrir al jutsu de escalar paredes o intentar subir al techo usando otros recursos. Luego estuvo lo de los enemigos y el falso abismo: donde también pudieron usar los jutsus básicos con algo de creatividad (por ej. Que la personaje genin les atacara con un kunai o shuriken y ustedes se sustituían por otra cosa... etc). De hecho, el plan que les puse en uno de mis post cuando "retornamos al pueblo", era para que los usaran. Sin haber hecho eso no se cumpliría el objetivo del primer escenario. Algo como esto pasó con los árboles; de repente ya estaban los estudiantes sobre ellos cuando la idea es evidenciar la dificultad o el cómo es que logran subir, siendo que el Kinobori lo tenían bloqueado porque nunca le han usado en algo oficial xD.

Deben prestar más atención a las indicaciones. Algo que sucedió fue que se narró que el tercer escenario era el último y en ninguna parte decía eso; lo mismo sucedió con lo del pueblo... de un momento para el otro, ya se encontraban en la montaña cuando el párrafo proponía que el pleito con los persecutores sucedía en el pueblo.

Sobre el genjutsu, es válido reconocer que no hay forma de salir de una ilusión y que por eso necesitan la ayuda de algún superior; a pesar de que en mi post puse una forma de romper los genjutsus (en la serie se explica que con dolor se puede lograr volver a la realidad). Igual el proceder no ha sido erróneo, pues juega ahí la personalidad de los involucrados: por ej Kaia sí se hubiera cortado, pero quizás Emily no.

Se les exonerará la prueba de genjutsu.

En cuanto al resto de recompensas, se pondrán mañana.

Chiroe Chiroe Zim Zim
 
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