Quest D Venta de Navidad [Raisa y Ewain]

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La juguetería a la que habían sido enviados para ayudar ese día estaba a reventar, humanos de todas las edades y digimon de todos los tamaños llenaban de pies a cabeza el establecimiento. Los cajeros parecían estar a punto de volverse locos con tanta clientela y los empleados de piso estaban en igual o peores condiciones a causa de la clientela que debían atender en su búsqueda por conseguir regalos. Ewain y Raisa intercambiaron una mirada rápida tras haber visto aquella escena, quizá el día sería mucho más pesado de lo que esperaban.​

"Venta de Navidad” (D)​

a) NPC que la solicita: -
b) Descripción de la misión: Ahora que han empezado las ventas navideñas, las tiendas empiezan a sobresaturarse con Tamers y Digimon que buscan conseguir los regalos. El Centro Comercial de la ciudad está solicitando Tamers que ayuden a cubrir personal, trabajando la jornada navideña en alguna de las tiendas
c) Descripción del campo de juego: Centro Comercial - Tienda
d) Objetivos a cumplir:
  • Ayudar en la tienda que se les asigne
  • Seguir las instrucciones del gerente
e) Notas
  • Quest Navideña: Solo disponible por tiempo limitado
  • Quest disponible en modalidad individual o party
  • Ante todo, es importante un buen servicio, deben tratar bien a sus clientes y tenerles paciencia
  • La tienda a la que los envien es al azar, puede ser una librería, juguetería, tienda de ropa, etc
  • Algunos clientes pueden ser un tanto... pesados
  • Paga máxima: 200 Bits
  • Mínimo de post en Party/Guild: 2 por persona
  • Tiempo Límite para Completarla: 7 días
  • Máximo 1 punto de fama
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dedicada a nuestra GM (?)


Ewain y Raisa se quedaron de pie y estáticos a la entrada de la juguetería, contemplando con terror lo que les esperaba una vez pusieran un pie dentro del establecimiento, aunque era la rubia quien más se debatía por fingir ese semblante en su rostro. Patamon arrugó la mirada en cuanto vio la tienda, decenas de niños iban y venían de un lado a otro, haciendo más ruido del necesario y elevando sus voces a un nivel desconsiderado para cualquier mortal, tanto griterío provocó que la patata anaranjada llevara ambas patitas a sus largas alas, doblándolas para así cubrir sus oídos con ellas. Aunado a eso, diversos villancicos podían escucharse como música de fondo en el recinto, incrementando aún más el ruido. Finalmente Gabumon no estaba en una situación distinta al resto de sus compañeros, estaba boquiabierto y cualquiera que lo viera juraría que había cierto tic en sus ojos rojizos que amenazaba con hacerle huir del lugar cuanto antes. Y en sí, la razón no era porque le desagradaran los niños -aunque ciertamente poco contacto había tenido con ellos antes-, si no el ruido en demasía y las cantidades alarmantes de humanos y Digimon conglomerados bajo un mismo techo, porque ni él ni su Tamer eran de multitudes.

Blake, —llamó la rusa al varón, tras un lapsus silencioso entre ellos, el aludido simplemente emitió un sonido en señal de escucharla — ¿En qué pensábamos al tomar esta misión?

Lo mismo me pregunto —dijo, intentando encontrar algo de templanza frente a tanto estruendo. — Pero ya estamos aquí, ¿no? Y los de la juguetería necesitan ayuda.

Larguémonos de aquí, nadie nos ha visto, por favor Ewain —dijo un suplicante Patamon desde su cabeza, no iba a soportar mucho estar ahí encerrado durante toda la jornada navideña de ese día. Los dueños del lugar bien podían conseguirse a otros ayudantes, o mejor aún, podían dejar a la rubia menopáusica a su suerte e irse cuanto antes. Pero tan pronto esa idea cruzó por su pequeña cabecilla, y mientras el escocés le dedicaba una mirada desaprobatoria por su falta de compromiso, dos siluetas se acercaron a ellos, recibiéndolos con sonrisas en sus labios al verlos entrar a la juguetería.

¡Hey! Ustedes deben ser los Tamers que ayudarán hoy, ¿no? —preguntó un felino de pelaje mostaza, mirando al cuarteto con sus brillantes ojos verdes. El cachorro de león portaba un gorro navideño y alrededor de su cuello traía puesto una especie de gaffette en donde se leía “Sub-gerente”. A su lado había otro felino blanco, de ojos azules, el cual usaba también un típico gorro navideño y portaba el mismo distintivo que el otro.

Nos alegra que ya llegaran, como verán, pues... La juguetería es un caos y necesitamos toda la ayuda posible —el gato miró a su alrededor y suspiró, anotó algo en el pequeño cuaderno que traía entre sus guantes y regresó su mirada a los humanos y sus compañeros. — Oh, por cierto. Nuestros Tamers son los dueños de la juguetería, pero por el momento están algo ocupados. Yo soy Tailmon y él es Liollmon, los gerentes en turno por hoy.

Así que, ¿listos para comenzar? —el león esbozó una amplia y emocionada sonrisa, la cual distaba mucho del rostro preocupado e inquieto del otro felino, quien le miró con mala cara, la juguetería era un caos, ¿y él andaba así de despreocupado?

No, la verdad no —susurró la malhumorada patata, ganándose una silenciosa reprimienda por parte de Wilson. Nóvikova observó como el pequeño león les pasaba a cada uno de ellos un gorro de Navidad, el cual especificó claramente que debían utilizarlo durante toda la jornada. — Ugh, esto debe ser una broma...

En serio, ¿en qué estaba pensando? —murmuró la rubia, observando con recelo el gorro entre sus manos, antes de ponérselo en la cabeza, siendo imitada por Gabumon quien con cierto júbilo se colocó el distintivo que, aparentemente, diferenciaba a todos los empleados, cajeros y trabajadores en general del lugar.

Y bien, ¿qué debemos hacer? —preguntó el de cabellera azul, resignándose a utilizar el gorro sin objetar nada, después de todo no estaba en posición para quejarse, ellos habían tomado voluntariamente esa misión. Patamon nunca se puso el gorro, simplemente lo tomó con la boca con un gesto aburrido y así planeaba utilizarlo por el resto del día. Antes de responder a la pregunta, Tailmon preguntó por sus nombres y una vez los supo, comenzó a escribirlos en unos gaffettes en blanco, que posteriormente entregó a cada uno de los Tamers.

Se dividirán en dos grupos. Raisa, ustedes vayan a la sección de juguetes para niñas, mientras Ewain tú te irás a la sección de niños —la fémina respingó, se esperaba trabajar de cajera o algo más “técnico”, no recorriendo los inmensos pasillos de la juguetería, mucho menos si se trataba de lidiar con los clientes femeninos. Blake no objetó nada, haciéndose a la idea de que posiblemente le tocaría convivir con muchos niños en ese día, algo que de cierto modo no le desagradaba como a su compañera, le animaba la idea de ayudarles en lo que pudiera, aunque la festividad que rodeaba el ambiente no fuera tan significativa para él. — Ayuden a los clientes en lo que necesiten e intenten mantener la juguetería ordenada, dentro de lo posible —agregó esto último en un susurro, pues con la conglomeración de visitantes que había esa sería una misión imposible. Aunque, para dos agentes del orden, la organización y perfección como lo eran Raisa y Gabumon la tarea en cuestión sería todo un reto para ellos.

¡Y sonrían, que ya casi es Navidad! —exclamó por último Liollmon, dando un brinco de entusiasmo en su mismo lugar, buscando transmitirles lo mismo al par y sus compañeros. El único que aparentemente lograba conservar su educada y pulcra sonrisa amable frente a la situación era el lobo, pues la patata inútil seguía con su gesto arisco y huraño, mientras ambos europeos estaban con expresiones serenas e impasibles. Ewain le sonrió al león, no era la mejor de las sonrisas, pero eso era lo que el Child deseaba ver. Los jade viajaron hasta la fémina, quien al notar que el felino la estaba mirando con esos brillantes orbes inquisitivos, hizo un amague de sonrisa, todo con tal de darle el gusto a él.

Finalmente ambos jefes en turno se despidieron y cada uno tomó un camino distinto a través de la juguetería, seguramente tenían muchas cosas que atender ese día, así como también debían asegurarse que ningún cliente se llevara algún disgusto mientras hacían las compras navideñas. Después de todo, sus Tamers les habían confiado el establecimiento a ellos, depositando su fe en sus manos y en que todo saldría bien en su ausencia, así que debían sorprenderlos. Nóvikova ahogó un largo suspiro, ajustándose al mismo tiempo el gorro rojo que traía encima, miró al escocés con una expresión cansada y habló.

Te veré más tarde supongo, intenta no morir —aconsejó, cargando cierta mordacidad en sus palabras, aunque realmente no las decía con esa intención. Se alejó de ambos junto a Gabumon, caminando en dirección a la sección de la tienda que le correspondía, perdiéndose en medio de la multitud. Blake también suspiró y alzó su mirada al Digimon sobre su cabeza.

Pongámonos en marcha también —dijo, caminando en dirección contraria a la rusa. —Sé amable y ponte el gorro —le pidió, aunque casi sonó como una orden de su parte ante la negativa de Patamon de utilizar aquel accesorio. El Digimon refunfuñó, y murmurando algunos berrinches inentendibles, se puso el gorro de mala gana, finalmente despegándose de la cabeza de Ewain para así volar a su lado.

La mayoría de los empleados digitales de la juguetería eran Toy Agumon, Pawn Chessmon de ambas tonalidades y uno que otro Pandamon, los cuales cumplían las funciones de cajeros y empleados de piso, y a veces también hasta de personal de limpieza, pues no faltaba el cliente que derramara algún líquido sobre el suelo. Pero también la plantilla del personal estaba conformada por humanos, en general eran jovenes que preferían ganarse algunos bits trabajando que realizando misiones en el mundo exterior. Raisa caminó entre la multitud, abriéndose paso como pudo hasta llegar a su zona asignada, mientras Gabumon la seguía de cerca. Todo, absolutamente todo era color rosado y blanco en aquellos pasillos repletos de muñecas, peluches y de todo tipo de juguetes para el público infantil femenino. Sin embargo, la abundancia de aquel color no fue lo que sacó una molestia en la rusa, si no el ver montones de cajas con juguetes tiradas en el suelo, artículos desacomodados y juguetes fuera de su lugar correspondiente. Era verdaderamente un desastre y no podía aguantar el ver tanto desorden acumulado en un mismo lugar, así que se apresuró en recoger todo y acomodarlo, seguida muy de cerca del lobo.

Ordenó todo como debía ir en las estanterías, cuidando que cada juguete estuviera con sus iguales y perfectamente acomodado. Recogió un par de muñecos de felpa del suelo y mientras los cargaba entre sus brazos fue posicionándolos cuidadosamente en un cesto, colocando el más grande al fondo y los más pequeños al frente, así se vería en orden. No tardó mucho en llegar el primer cliente al cual estuvo a punto de ahorcar por lo que acababa de hacer, una niña de no más de diez años arribó a su lado y tomó sin cuidado alguno uno de los peluches al fondo, dejando al resto desacomodado y a uno que otro tirado de nuevo al piso. Raisa la fulminó con la mirada, mas no dijo nada; no obstante, la niña no se detuvo y siguió sacando más muñecos, dejando el primero que había tomado sobre un montón de cajas que había a un lado. La rubia inhaló y exhaló en un intento por calmarse, era el primer cliente con el cual se topaba y no iba a iniciar de una mala manera, así que tomó al peluche con un brazo y de la forma más gentil se dirigió a la menor.

Hola, ¿buscabas algo? —le preguntó, aunque sin querer, y en su intento por sonar amable, su tono había salido un tanto más brusco de lo que esperaba. La niña ni siquiera le devolvió la mirada, sólo negó con la cabeza sin hacerle mucho caso y siguió en lo suyo.

Sólo estaba viendo, pero nada me gusta —dijo desinteresada, hurgando más en la canasta de muñecos afelpados que ya estaba completamente desordenada. La rubia se tuvo que morder la lengua para no responderle mal con uno de sus ácidos comentarios e intentó relajar su mirada, aunque por dentro se preguntaba, si no le gusta nada ¿por qué sigue desacomodando todo?

Tal vez deberías de buscar en otro lado si aquí nada te agrada —sugirió, a medida que, con toda la paciencia del mundo, juntaba los peluches que habían caído y que algunos niños que pasaron corriendo aventaron a su paso con sus pies.

Pero me gusta cómo se sienten, son muy suaves —musitó la niña, esbozando una infantil sonrisa mientras acariciaba una oveja de peluche realmente esponjosa y regordete. Gabumon tuvo que intervenir cuanto antes, previendo que su Tamer poseía tan poca paciencia y tacto con los niños, tuvo que actuar.

Oye, ¿y ya sabes qué le pedirás a Santa? —le preguntó, dedicándole una cálida y amena sonrisa. La menor de pronto dejó el peluche que estaba acariciando y observó al lobo — de seguro hay un regalo ideal esperando en la tienda por ti.

Quiero una muñeca... y un rompecabezas de mariposas, esos me encantan —agregó, instalando toda su atención sobre Gabumon, ahora que él finalmente había logrado hacer contacto con ella. El lobo miró hacia todas las direcciones del pasillo, buscando lo que la cliente le pedía, y al no ver nada similar decidió buscar en el siguiente corredor.

Ven, acompáñame, tengo el regalo perfecto para ti —dicho esto, el lupino encaminó a la niña al pasillo continuo. Pero antes de alejarse y perderse de la vista de su Tamer, intercambió miradas con ella y con un simple gesto le indicó que se relajara y, apuntando hacia su propio rostro, le aconsejó que sonriera, para finalmente desaparecer con la menor.

Nóvikova suspiró, para su Digimon era sencillo hacer ese tipo de cosas y tratar con los más chicas, ella apenas y había podido entablar una buena relación con un Botamon meses atrás, ¿pero con infantes humanos? En su vida había convivido con ellos, y le era difícil tratarlos y saber reconocer sus gustos y deseos. Sin embargo, la paciencia era una gran virtud, y entendía que estuviera en la tierra o en ese mundo digital, debía ser tolerante con los menores, pues al final de cuentas poseían almas de niños, inocentes e infantiles. Volteó a ver el regadero de peluches que la niña había dejado y se agachó, recogiendo uno por uno los muñecos de felpa y cargándolos entre sus brazos. Pronto la duda asaltó sus pensamientos, ¿cómo le estaría yendo a Ewain?​

Takerudark Takerudark <3
 

Esposo Canon de Hoppie
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Ewain y Patamon se dirigieron en dirección contraria a la que había tomado la rusa y el lupino, llegando hasta un pasillo enorme de color azul, distintivo de que estaban en la sección correcta de la juguetería. Al observar todo lo que había, Patamon quedó completamente con la boca abierta. Por un lado, se encontraban los muñecos típicos de acción para los varones, junto a ellos estaban las pistas de coche que funcionaban con pilas, y del otro lado había un sinfín de juguetes como pelotas, rompecabezas, patines, entre otros. El escocés se acercó cuidadosamente a los patines y los observó cuidadosamente, recordando cómo en su infancia siempre había querido unos pero que jamás pudo conseguir.

Está muy tranquilo, ¿no crees Ewain? —preguntó Patamon un tanto desconfiado ante la situación.

Ewain asintió, la verdad es que su compañero digital tenía toda la razón, todo estaba muy calmado para ser época decembrina, especialmente para una juguetería. Se dedicaron unos minutos a ordenar unos juguetes que estaban fuera de su lugar, y posteriormente Wilson decidió asomarse a los corredores contiguos para ver cómo estaba la situación. Habían unos cuantos en los otros pasillos, pero nada que pudiera llamar su atención, con excepto del último corredor. La marea de niños asustó en sobremanera a la patata alada, jamás había visto tal cantidad de infantes en un mismo lugar. Todos gritaban, peleaban por algunos juguetes y se los arrebataban. Justo en ese momento arribó al lugar Tailmon, muy preocupada por lo que estaba observando.

Lo siento —se disculpó Ewain con la gerente—. Recién llegamos y vemos esto.

No te preocupes, ya estaba al tanto de esta situación antes de que llegaran —le respondió la gata con cierto nerviosismo—. Lo importante es ver cómo controlarlos.

Ewain se quedó pensativo, no había convivido mucho con niños aunque le gustaban, y por ello no tenía idea de cómo proceder con la situación. Intentó concentrarse y pensar, qué es lo que le gustaría a él que le dieran siendo un niño, y que pudiera distraerlo. Fue en ese justo momento en que se le prendió el foco y tuvo una buena idea, aprovecharía las fechas para poder controlarlos.

¡Niños! —gritó con todas sus fuerzas el europeo, logrando así llamar la atención de los pequeños infantes— Oigan, acabamos de recibir un mensaje importante: Santa Claus vendrá a la tienda en una o dos horas.


El grito de los niños no se hizo esperar, algunos corrieron emocionados y otros saltaban sobre sus iguales, dejando ver una gran excitación por la noticia. Patamon lo volteó a ver con cara de emoción, él también creía en dicho personaje y se encontraba ya muy entusiasmado. En el rostro del escocés se trazó una mueca de incomodidad, no sabía por qué había dicho eso y ahora se encontraba en un gran lío.

Niños, pero si no se comportan y no ven las cosas ordenadamente, Santa Claus dijo que no vendría —agregó Tailmon a la situación, haciendo que el griterío y el desorden que estaba reinando en ese corredor cesara inmediatamente.


Todos los niños los observaron con cierta alegría en sus caras, pero también se veía que estaban sufriendo al intentar reprimir esos impulsos salvajes que tenían. Tanto Tailmon como Patamon y su Tamer se acercaron a todos los niños y comenzaron a atenderlos rápidamente, aunque sí tardaron algo ya que eran demasiados infantes. Poco a poco se fueron dispersando hasta que no quedó ni uno solo en el pasillo. La gata soltó un largo y tendido suspiro, aliviada de que la situación por fin hubiese terminado. Patamon se posó en la cabeza de su tamer, cansado y bastante agotado por todo.

No te preocupes —intentó relajar la gerente al escocés, quien se miraba todavía preocupado por lo que había dicho—. Tenemos unos cuantos disfraces allá atrás, era algo que les íbamos a pedir al final.


La cara de Ewain, lejos de volver a la normalidad, simplemente se intensificó con todo lo que estaba sintiendo en ese momento. ¿Realmente tendría que vestirse de Santa Claus o algún duendecillo para poder calmar a los pequeños? Pero algo en ese momento lo sacó de sus pensamientos, pues un niño al fondo del corredor se encontraba en el suelo llorando. El escocés se acercó corriendo y se agachó para quedar a su altura, el pequeño no tendría más de 3 años.

¿Estás bien? —preguntó el escocés de una manera muy paternal, acariciando el cabello del pequeñín quien no dejaba de llorar. Al ver que alguien se le había acercado, cesó un poco las lágrimas aunque seguía con el sollozo y asintió levemente para indicarle a Ewain que no le había pasado nada— Hola, soy Ewain, ¿cómo te llamas?


Iker —respondió entre lágrimas y mocos, se le notaba todavía un poco alterado.


Hola Iker, soy Ewain, mucho gusto —sonrió de manera natural el escocés, frotando su mano en el cabello del infante por segunda ocasión como gesto amistoso—. ¿Qué te pasó?


No encuentro a mi hermano —dijo antes de soltarse a llorar de nueva cuenta, tardó unos —. Se llama Ander.


Oh, ya veo. ¿No quieres ir a buscarlo? Yo te acompaño.

Ewain le tendió la mano, pero el niño al levantarse estiró los brazos. No necesitaba que lo llevaran caminando, quería ser cargado así que el escocés, entre un poco de confusión, cedió y lo tomó en sus brazos para elevarlo. El niño, una vez arriba, se colgó al cuello del escocés y lo abrazó fuertemente, seguido de nueva cuenta de las lágrimas. Blake, al no saber del todo cómo reaccionar, su instinto simplemente le dijo que debía calmarlo y colocó una de sus manos en su espalda para empezar a darle unas pequeñas palmadas y decirle palabras que pudieran tranquilizarlo. Volteó a ver a la gerente y ella, asintiendo, le dio permiso de salir a buscar al hermano perdido, de cualquier forma habían terminado con el caos que había en esa sección. Patamon voló de cerca de su Tamer para no perderse, sin decir ningún tipo de palabra para no perturbar al pequeño.
~~~

Kira Kira, ya quedó. Tengo planeado que el niño se quede con nosotros hasta el final, y ya di la pequeña entrada para lo de Santa Claus y demás.
 

Speed Star
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Raisa se pasó los siguientes minutos recogiendo el desastre que un grupo de niñas dejó a su paso, desacomodando triciclos rosados y más cajas con juguetes que atentaban contra la seguridad de cualquiera que intentara caminar por el corredor. Para ese entonces, Gabumon ya había regresado, informándole que la pequeña había encontrado lo que quería en uno de los pasillos siguientes, aparentemente al lobo esas cosas se le daban bastante bien. El cabello de la rubia se encontraba algo desarreglado para ese momento, presumiblemente por el constante ajetreo que conllevaba el agacharse para recoger los juguetes tirados y volverse a poner de pie, para así colocarlos en su lugar correspondiente. Incluso se había tenido que arremangar su blazer pues ese ligero “ejercicio” había comenzado a acalorarla un poco, al grado que le era incómodo tener las mangas de su chamarra cubriendo sus brazos.
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Una jovencita más grande que todas las que había tenido que atender antes se presentó ante ella, picándole el hombro para llamar su atención. Cuando la rusa volteó se encontró con que la mayor tomaba de la mano a una infante, el extremo parecido entre ambas le hizo suponer que se trataba de un par de hermanas, aunque una poseía el cabello rubio claro y la otra anaranjado. La mayor le indicó a la Medium que requerían de su ayuda para bajar un juguete de los estantes más altos que había en la tienda y que, por obvias razones, no podían alcanzarlo. El par dirigió a los ayudantes de esa tarde hacia uno de los corredores, mucho más amplio que los anteriores, y ahí fue cuando el lobo y la rubia cenizo descubrieron la razón. Las cajas en las cuales se encontraban los juguetes poseían un tamaño enorme, no eran contenedores de plástico que se pudieran tomar con una mano, era necesario cargarlas con ambas y en algunos casos se requería la ayuda de dos personas.
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Es aquel, el carruaje con el caballo que está allá arriba —señaló la mayor de las hermanas, elevando su brazo hacia una caja que tenía el dibujo del juguete en cuestión: se trataba de un bonito carruaje de tonalidades doradas, el cual era halado por un corcel blanco de larga melena plateada, dentro de esa transportación debía caber perfectamente una muñeca, sólo que aparentemente la “barbie” no venía incluida. Gabumon miró con preocupación a su Tamer, temeroso del cómo ella fuera a reaccionar. Raisa por su parte, se quedó contemplando el juguete que le pedían que bajara y, a pesar de sus intentos por ocultar la primera expresión que le vino al rostro, una de evidente molestia, se notó que ese requerimiento le había desagradado del todo. “¿No podían escoger otra cosa?”, fue lo que mentalmente se preguntó.
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Hay otros iguales acá abajo, ¿seguro quieren ese? —apuntó hacia otras cajas más cercanas a tierra firme que poseían exactamente el mismo juguete en su interior, bueno... casi eran iguales. La única diferencia palpable era el color del carruaje, pero Raisa juraba que eso era lo menos importante, al final era el mismo condenado juguete.
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No, ella lo quiere dorado —los dorados de la rusa viajaron hasta depositarse sobre la pequeña, quien le sonrió inocentemente a pesar de la dureza con la cual la mayor la miraba. ¿Qué de malo tenía que el maldito carruaje fuera rosa? ¿Qué no a todas las niñas les gustaba ese color? Muchas preguntas abordaron los pensamientos de Nóvikova, viéndose en una situación desfavorable de la que no podia negarse, después de todo, ese modelo era el último que quedaba, y se encontraba como a 3 metros de altura.
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Iré por la escalera —comentó a regañadientes, dejando a las hermanas junto a Gabumon para ir en búsqueda de una escalera lo suficientemente grande para alcanzar aquello. El lobo suspiró con una sonrisa, dentro de él una extraña sensación de “orgullo” comenzó a sentirse; Raisa no estaba cómoda con esa clase de trabajo, pero portaba una paciencia sin igual y eso quedaba demostrado en la labor que estaban realizando, no lo hacía por recibir algo de dinero y tampoco lo hacía por él, obraba de corazón.
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La de ojos miel pronto regresó al lugar, siendo ayudada por un par de ToyAgumon que le ayudaron a trasladar la enorme escalera hasta ahí, una vez la armaron y se aseguraron de que fuera seguro subir, Raisa trepó el primer escalón, luego el segundo y así consecutivamente. Era una fortuna que no le dieran miedo las alturas o se habría paralizado al mirar hacia abajo, pero fue todo lo contrario, la rubia subía por las escaleras con seguridad, decidida a tomar el maldito juguete y bajarlo de una buena vez. El único problema llegó cuando se dio cuenta de que necesitaría ambas manos para tomar la caja, y no podía bajar y al mismo tiempo afianzarse del juguete si no usaba las dos. Una idea se formuló en su mente y rápidamente tomó el Digivice que reposaba sobre su cinturón y cargó el aura plateada en su puño, para así realizar el Digisoul Charge y permitir la aparición de Garurumon. Afortunadamente el pasillo era espacioso y el lobo no tuvo mayor problema para aparecer en escena.
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Lo lanzaré y tú lo atrapas —le indicó su Tamer, ganándose un gesto afirmativo de su parte. El hocico de Garuru podía abrirse lo suficiente como para pillar en el aire aquella caja, sólo debía ser cuidadoso de no apretarla demasiado para no correr el riesgo de dañar el juguete en su interior. Su pecho se agazapó al suelo mientras se preparaba para dar un ligero salto y así realizar la atrapada de su vida, movía la cola de un lado a otro, listo para actuar en cuanto Raisa cargara la caja y la dejara caer. El movimiento de ambos fue tan rápido que, en un parpadeo por parte de las hermanas, el lobo ya cargaba en su hocico la caja, depositándolo frente a las niñas, al mismo tiempo que regresaba a su etapa anterior y la rubia terminaba de bajar las escaleras. — Listo, ¿algo más? —preguntó, aunque sin sonar muy ruda, más bien intentó hacerlo de la forma más gentil que pudiese existir en su persona. La mayor de las hermanas negó, le sonrió y entre las dos tomaron el carruaje con el caballo para llevarlo a las cajas a pagarlo.
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Los Toy Agumon que ahí se habían quedado tomaron la escalera nuevamente y se la llevaron a bodega para guardarla, aunque seguramente la estarían necesitando en el transcurso del día, o del resto de la semana. Hubo un efímero momento de tranquilidad en el pasillo en el cual los amigos permanecieron, por lo pronto no había niñas que pasaran corriendo o que armaran alboroto por disputarse alguna muñeca o peluche. Fue entonces que, del corredor vecino escucharon unas voces de varios niños de ambos géneros hablando, y podían escucharlos claramente por un pequeño hueco entre varios juguetes que había en el estante que separaba un pasillo de otro.
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No puedo creerlo, ¡hoy Santa no vino a la tienda! —dijo uno de ellos, cruzándose de brazos de manera indignada.
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Yo que quería pedirle varias cosas, es tan aburrido venir si no está él —se quejó otra niña, haciendo un puchero con su rostro.
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A mí sólo me interesa ver a Rodolfo y subirme sobre él, ¿se imaginan? —el resto no le hizo mucho caso y simplemente suspiraron, para ellos no había cosa más importante que la presencia del hombre de traje rojo en la juguetería, como usualmente se acostumbraba en el mundo real.
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Raisa y Gabumon escucharon todo con lujo de detalle, ¿no había Santa Claus ese día? Probablemente era por eso que los niños estaban tan inquietos y no había forma de calmarlos, después de todo, para ver a Santa tenían que formarse hasta que les llegara su turno y de ese modo el recinto estaría un poco más tranquilo mientras los infantes esperaban su oportunidad para hablarle al de barba blanca. Iba a encaminarse para buscar a alguno de los gerentes, cuando súbitamente algo se le trepó encima, colgándose de su espalda sorpresivamente.
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¡Qué bueno que los encontré! ¿Cómo va todo? ¿Han tenido problemas? El área rosa se ve bastante ordenada, ¿la ordenaron? Porque dudo que...
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Todo está bien, Liollmon —lo calló la rusa, tras escuchar su chillona e infantil voz comprobó que se trataba del león, que se había visto en la libertad de invadir su espacio personal y de atosigarla con preguntas.
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Fue Raisa quien se encargó del orden, se ve bien ¿no?
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¡Luce genial! —gimió el felino, apartándose por fin de los hombros de la fémina hasta colocarse frente a ambos. — Los estaba buscando. Tailmon anda un poco... ocupada, por no decir loca con tanta clientela —carraspeó tras decir lo último, que por cierto lo había susurrado como comentario para sí mismo — ¡así que me encargaré de darles su siguiente asombrosa tarea!
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No digas esa palabra... —murmuró la rubia, fulminándolo con la mirada.
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Uh, ¿cuál? ¿Tarea? ¡Pero si su trabajo aún no termina, vengan!
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Dicho esto, el león se apresuró y prácticamente comenzó a empujarlos como pudo hacia un área un poco más apartada de la juguetería. En su camino hacia allá, el dúo logró distinguir una especie de escenario que estaba algo alejado del área de los juguetes, ahí se encontraba un enorme sillón rojo, y a su rededor había distintas decoraciones navideñas, tales como un pequeño árbol ya decorado, cajas de regalos gigantes y uno que otro juguete disperso. Pero no hubo mucho tiempo para preguntar cuando Liollmon hizo que se metieran a un cuarto, llevándose una agradable y extraña sorpresa al ver a Ewain y Patamon ahí. Nóvikova le dedicó una intrigante mirada al escocés, recibiendo únicamente un gesto de su parte que sólo le hizo inquietarse más, ¿qué traía entre manos el león?
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Hoy nuestros empleados que se encargan de disfrazarse de Santa no pudieron venir, se reportaron enfermos —explicó el felino. — Tailmon y yo pensamos en pedirles el favor a ustedes cuatro, aquí hay disfraces y todo lo necesario. Lo único que deben hacer es presentarse allá afuera y recibir con sonrisas a los niños.

NO —la patata alada fue la primeraen hablar, interrumpiendo bruscamente la explicación del gerente gatuno. — Suficiente he tenido que soportar, no me voy a disfrazar.
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Porque ni disfrazado se te quitaría lo feo, patatamon inútil —musitó la rusa, mirando con una sonrisa ladina al aludido, quien únicamente atinó a sacarle la lengua antes de ser apaciguado por su Tamer a través de una caricia.
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Entonces, ¿lo harán? —Liollmon esbozó una enorme y colmilluda sonrisa al cuarteto, esperanzado de que ellos fueran la salvación al caos que actualmente se vivía afuera. Raisa recordó la conversación que había escuchado de aquellos niños, era cierto que el asistir a una juguetería sin la presencia de Santa era deprimente para los infantes, o al menos quería imaginarse que lo era pues nunca había pasado por una situación así de pequeña. Pero si con ello las cosas en la tienda se tranquilizarían un poco y los empleados podían ganar con ello un momento de suspiro, entonces lo haría.
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¿De qué nos disfrazaremos? —con dicha pregunta, se daba por sentado que al menos la rusa y su compañero digital habían accedido. Al gerente le brillaron los ojos, los cuales inmediatamente se posaron sobre el peliazul y Patamon, ambos aún no salían de su asombro de que la mismísima Raisa había aceptado aquella petición. Por lo cual, aunque le intimidaba un poco la idea, Blake también terminó accediendo, y por ende, su patatoso compañero amargado.
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Ya que Ewain es el único varón, él será Santa —el león arrastró con su hocico el traje rojo tan famoso que ahora el escocés debería portar solemnemente. Después, el felino arrastró otra caja con distintas partes de varios disfraces — Ustedes pueden encontrar algo para disfrazarse entre todo esto, y en cuanto a Raisa... —la miró de pies a cabeza, pensando en qué sería lo más indicado para la figura femenina de sus ayudantes. Fue entonces que el foco se le prendió y corrió hacia unos racks llenos de ropa, buscando entre ellos el vestuario ideal para la de ojos miel. En cuanto lo encontró regresó con ella y le pasó la vestimenta — Tu cabello rubio hará un espléndido contraste con ese vestido rojo, ¡serás la ayudante de Santa!
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No sólo a Raisa casi se le salen los ojos de la impresión, el resto de sus compañeros también quedaron boquiabiertos con la aseveración del león, el cual se despidió de ellos y les indicó que en cuanto escucharan el anuncio por los altavoces debían salir ya disfrazados, aunque para eso aún quedaba como una hora en lo que se alistaban y se hacían a la idea de los personajes que debían representar. La fémina contempló el traje rojo frente a ella, constaba de un vestido corto y de mangas largas, con un ligero escote y con peluche blanco rodeando el contorno de todo. Era muy similar al tradicional de Santa, pero al parecer este era una versión más... femenina y “sensual”. Ewain miró su reacción y sonrió en cuanto notó que la rubia había percibido su mirada sobre ella, de ese modo comenzó a desvestirse.
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Ewain, hay vestidores, ¿sabes? —le señaló, cuando vio que el escocés comenzaba a alzarse la camisa. El de cabellera azulina soltó un bufido risueño e incrédulo y siguió desvistiéndose, haciendo caso omiso a la negativa de Raisa.
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Pues no es como si fuera la primera vez que me ves desnudo —soltó con simpleza, retirándose los pantalones, para solamente quedar en bóxers. La cara de la aludida se desfiguró un poco, más que nada por no entender a qué se refería.
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¿Qué?
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Nada, cámbiate ya para que me ayudes a rellenar el traje con algo o será un Santa delgado.
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Quiso ignorar lo que su compañero de gremio le acababa de decir y, como toda una dama, se dirigió a uno de los vestidores para ponerse aquel traje. En tanto, los Digimon se dedicaron a hurgar entre las cosas que había en la caja, aunque Patamon lo hacía de mala gana, pues de cualquier modo no creía que existiera algo que le quedara bien. Gabumon encontró unas cornamentas de reno postizas, un collar verde con cascabeles incrustados y una nariz redonda y roja, por lo cual se imaginó a sí mismo vestido del famoso Rodolfo, sólo necesitaría evolucionar para ello. Raisa salió del vestidor y se contempló en el espejo, la verdad tenía que reconocer que no se veía nada mal, y además había encontrado unas botas altas por ahí que hacían juego con el resto del vestuario. Caminó hacia Blake, quien perfiló una expresión satisfecha con lo que veía y al mismo tiempo alzaba un pulgar en lo alto, aprobando el disfraz de la rusa.
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Ahora era momento de rellenar su traje de Santa para que se viera pachoncito y regordete, pues su cuerpo no era lo suficientemente ancho como para hacer que se viera así. Entre toda la utilería encontraron algodón blanco a montones y con el procedieron a rellenar el traje de Ewain hasta que finalmente quedara como las imágenes del verdadero Santa Claus. Aprovechando eso, los dos Medium tuvieron que mentirle a sus compañeros diciéndoles que el Santa real estaba muy ocupado en su fábrica de juguetes y que por eso había personas que se prestaban como sus mensajeros, haciéndose pasar por “Él” para hacer felices a los niños antes de la llegada de la Navidad. Por suerte ambos creyeron cada palabra, manteniendo así su espíritu festivo a flote. Llegó el turno de Gabumon, quien no perdió tiempo y volvió a evolucionar en Garurumon, de ese modo su Tamer se encargó de colocar cada elemento del disfraz de reno en su lugar, cubriendo parte de su lomo con una tela café que también venía incluida en el disfraz, de eso modo disimularían un poco el pelaje blanco y rayado. El único que faltaba era Patamon, quien se notaba esquivo de usar cualquier tipo de disfraz, al final fue obligado por ambos humanos quienes le colocaron dos enormes orejas de elfo y un collar de cascabeles sobre su cuello, no había más que hacer por él.
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¡Humanos y Digimon de todas las edades! ¡Niños y niñas! —se escuchó la voz de Liollmon afuera del cuarto, la misma podía oírse a través de los altavoces de la tienda. Los cuatro entendieron al instante que ese era su llamado. — ¿Adivinen quién ha llegado a la tienda? —muchos niños se reunieron alrededor del león, quien se encontraba ubicado en una especie de podio frente al escenario que anteriormente habían visto del enorme sillón rojo. Comenzaron a vociferar el nombre de Papá Noel, con sus caritas emocionadas y felices de poder verlo en persona. — Así es, ¡Santa Claus y sus ayudantes ya están aquí! Así que pequeñines, formen una fila frente a mí y denle una cálida y asombrosa bienvenida a... Santa Claus! —gritó con la misma emoción que los niños. Los segundos pasaron y, del lugar por donde se suponía iban a salir, nada apareció, consternando levemente al Child. — Dije, ¡démosle la bienvenida a...Santa Claus! —y nuevamente nada ocurrió, seguían sin aparecer. Sin embargo, detrás de bambalinas se vivía algo distinto.
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¡Raisa! Aún no estoy listo —murmuró Ewain, con el pendiente de que alguien fuera a escucharlos ahí adentro, aunque técnicamente por los gritos de afuera era imposible. El escocés estaba hecho un lío con la barba blanca que debía ponerse en el rostro, y además, varios cabellos azulinos sobresalían a través del gorro. Liollmon se había adelantado a la hora que les mencionó, tomándolos por sorpresa, aunque por suerte los otros tres ya estaban más que listos. — ¡Salgan ustedes! En lo que yo logro ponerme esta barba.
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¿Salir sin ti? Pero si tú eres...
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Vamos Raisa, no me dirás que le tienes miedo a un montón de niños, ¿verdad? —Blake intentó picarla o por lo menos provocarla, y dio en el blanco. La fémina endureció la mirada, se ajustó el gorro que ella también llevaba puesto y abrió la puerta, seguida de cerca por los Digimon. Ewain corrió hasta un espejo para acomodarse la barba lo más rápido que podía, y mientras realizaba dicha acción se preguntó acerca del paradero de Iker, pues le había perdido de vista.
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¡Oh, pero qué tenemos aquí! Si son los ayudantes de Santa Claus en persona —exclamó el felino, fingiendo un asombro sobreactuado y demasiado exagerado, aunque todo entró dentro del papel, pues él tampoco se esperaba no ver al joven con ellos. Sus jade viajaron hasta la rubia, quien con un gesto y ciertos movimientos de sus labios le indicó que Ewain ahorita venía, aunque no supo si el león le había entendido algo. — ¡Ellos son Rodolfo el Garurumon, Elfatamon y la bella asistente de Santa, Raisa Claus!
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Literal, Nóvikova asesinó con la mirada al gerente en turno, ¿cómo se le ocurría gritar su nombre para que toda la juguetería lo escuchara? Estaba que reventaba del coraje, pero pronto esa molestia se desvaneció en el primer instante en que escuchó los aplausos y vitoreos de las personas ahí conglomeradas, llevándose la agradable sorpresa de que estaban formando una fila, en orden y expectantes a esperar su turno. Con disimulo volteó a ver a Liollmon, quien esbozó una sonrisa, demandando que ella también hiciera eso. Raisa dudó por microscópicos segundos, pero finalmente le dedicó la mejor de sus sonrisas a los niños y al público en general, robando de paso algunos suspiros de Tamers mayores que acompañaban a los más pequeños. Garurumon alzó una pata en señal de saludo, mientras Patamon, movido por ver tantos rostros felices, cambió su amargado semblante por uno más jovial y con sus diminutas patitas también comenzó a saludar a todos.
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En un momento Santa estará con nosotros, uh... Está revisando la lista para ver quién ha sido bueno este año y quién no —lo único que agradecía en ese momento, es que fingir se le daba muy bien, por lo cual en la actuación también podía incluir algo de eso.
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Niños, ¿ustedes han sido buenos este año? —el lobo-reno se metió a la introducción de su Tamer, mirando sonriente a todos los infantes que aguardaban su turno. Muchos comenzaron a alzar sus manos, señalando que ellos sí se habían portado bien, y otros tantos se miraban vacilantes y preocupados, posiblemente porque recordaban alguna de las travesuras que habían hecho a lo largo del año. — ¡Muy bien! Porque ya saben lo que dicen, Santa trae carbón a los niños malos, ¡eh!
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Rodolfo, pero estoy seguro que aquí no hay niños malos... ¡Todos se han portado muy bien! ¿Verdad? —esta vez fue el turno de Patamon, quien se dirigió a los menores con una sonrisa, recibiendo como respuesta una afirmativa al unísono del grupo. En ese momento Liollmon se colocó al lado de un par de Pawn Chessmon, quienes eran los encargados de tomar las fotografías profesionales a cada niño que se sentara a platicar con Santa. El león observó a sus espaldas que la tienda se había despejado un poco, dejando mucho más espacio para caminar, el haber anunciado la llegada del hombre de traje rojo definitivamente les había beneficiado, ahora sus empleados podían tomarse un breve descanso.
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Durante los siguientes minutos, Raisa y los Digimon se dedicaron a conversar con su “público”, sobre cosas referentes a la festividad, sobre anécdotas sacadas de sabrá dios donde y cuentos relatados principalmente por el inmenso lobo que ahora la hacía de reno. Todo iba bien mientras hacían tiempo para que Wilson saliera con su vestuario en orden, pero en tanto eso sucedía, un pequeño niño se acercó al escenario dedicado a los personajes y se aproximó con cierta timidez a la rubia. Nóvikova le miró atentamente, sin saber muy bien qué era lo que el infante quería, por lo cual decidió tomar asiento en el sillón e invitarle a que se sentara a su lado, pues el mueble era lo suficientemente grande para que los dos lo usaran sin que el menor se sentara en el regazo de la fémina.
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Hola, ¿cómo te llamas? —fue lo primero que se le ocurrió preguntar.
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Erik —dijo casi en un murmullo, se notaba que era un chico bastante introvertido. Hubo un ligero respingo en la rusa al escuchar su nombre, pues así se llamaba su padre, mas lo disimuló bastante bien y procedió, mientras el Digimon del chico -un Renamon- permanecía al frente de la fila, un tanto apenado porque su Tamer se había adelantado y había entrado sin permiso.
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Y bien Erik, ¿ya sabes qué le pedirás a Santa cuando venga? —la mayor le sonrió, intentando hacer de aquel momento algo memorable para el pequeño. Quizá su buena empatía con él se debía a que no era un chiquillo revoltoso y escandoloso como todos con los que se había topado ese día, y de algún modo, le agradaba tener a alguien así de tranquilo a su lado. Conmovido por las acciones de su Tamer, Garurumon se acercó a ellos, dejando resposar su enorme hocico sobre uno de los descansa brazos del sillón para mirar al niño.
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¿Qué clase de juguete será? ¿Figuras de acción? ¿Un balón de soccer? —el lobo comenzó en sus intentos por adivinar, y también de paso a intentar sacarle una sonrisa al chico, que no sobrepasaba los 9 años de edad.
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¿O tal vez prefieras un juego de mesa? ¿Qué tal un videojuego? —intervino Patamon, apoyándose en el descansa brazos opuesto al lobo. El infante negó con la cabeza y finalmente habló, mas nunca cambió su semblante pesaroso.
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No quiero nada de eso, los juguetes no me interesan —ante dicho comentario la patata perfiló un gesto de asombro, ¿a qué niño no le gustaban los juguetes? Pero pronto llegó la verdadera razón de su comentario, una que calaría en lo hondo de varios. — Quisiera volver a ver a mis padres de algún modo —murmuró cabizbajo. Raisa sintió una leve punzada a la altura de su pecho, sorprendida y a la vez nerviosa con la situación, pues nunca se imaginó que el primer niño en acercarse a ella fuera a decir tales palabras.
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Ah, ¿se quedaron en la tierra? —se apresuró a decir, suponiendo aquello — Seguramente ellos están bien.
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Están ahí, pero a la vez no lo están. Los extraño mucho... —y con eso, Raisa entendió hacia donde iban encaminadas las palabras del menor. El lobo se quedó expectante, ni siquiera él sabría qué hacer en un momento así, un tanto incómodo para su Tamer, especialmente por el tema que se estaba tratando. Pero, aún aunque Santa en realidad existiera, cumplir aquel deseo sería prácticamente imposible, y ellos no tenían el poder ni los medios para volverlo realidad. Nóvikova observó al infante directo a los ojos cuando éste levantó su mirada, sus orbes no estaban cristalinos, pero sí expresaban un profundo sentimiento de aflicción, combinado con un atisbo de esperanza que esperaba que aquellos seres mágicos pudieran cumplir su único deseo, uno que iba más allá de lo material y superficial. Y siendo Raisa, lo único que le quedaba hacer era hablarle con franqueza al chico, o al menos ese era su plan inicial antes de verlo a los ojos. No, ella no podía romper esa ilusión. Posó una de sus manos sobre la cabeza del menor y con ella acarició su alborotada cabellera.
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Entonces los verás, la mañana del veinticinco recibirás una bonita sorpresa, Erik —dijo, con toda la naturalidad del mundo mientras le dedicaba una cálida sonrisa, pero no fue eso lo que sorprendió al par de seres digitales. Fue especialmente el lobo el que miró atónito a la fémina, ¿por qué hacía promesas que no podía cumplir? — Yo le diré a Santa qué es lo que quieres para Navidad, sólo sonríe, ¿de acuerdo? —levantó su barbilla para que la mirara y asintió, posteriormente se le lanzó encima en un abrazo mientras la rodeaba por la cintura.
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Muchas gracias, Raisa Claus —y lo última que la aludida vio, aparte del flash de la cámara sacándoles una fotografía de imprevisto, fueron unas pequeñas lágrimas en el rostro del menor antes de alejarse de ella, aunque eran más bien de felicidad. El menor regresó con su compañero digital, mientras Liollmon veía con satisfacción, dicha y asombro las acciones de su ayudante, estaba orgulloso de haberles dado ese trabajo tan importante a esos cuatro, ahora sólo faltaba ver qué tal le iba a Ewy.
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Y como si sus pensamientos lo invocaran, el resonar de unas botas comenzó a escucharse a lo lejos, trayendo consigo sonrisas nerviosas, expectantes y emocionadas en los niños que aguardaban la llegada de cierto personaje a la tienda. Para ese momento, Raisa ya se había levantado del sillón, quedándose de pie al lado de Garurumon, quien no desaprovechó la cercanía para dirigirle una mirada inquisitiva, aunque ya habría más tiempo para preguntarle ciertas cosas. El sonido de las botas se acrecentó más y de pronto...



Disfraz de Raisa [here]
Disfraz de Ewain gordo y culero(?) [here]
Disfraz de Patamon [here] -o algo así(?)-
Disfraz de Garurumon [here]

Takerudark Takerudark <3
 

Esposo Canon de Hoppie
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¡JO JO JO! —la risa característica y contagiosa del regordete rojo no se hizo esperar, encendiendo aún más los ánimos de todos los niños que se encontraban en la juguetería. Los saltos y los gritos aparecieron inmediatamente, dejando ensordecidos a todos los empleados del lugar.

¡Y aquí viene Papá Noel! —introdujo el felino de pelaje dorado, logrando que todavía el ruido aumentara inmediatamente.

Ewain se acercó hacia donde estaban sus compañeros, riéndose todavía como lo haría Santa Claus y moviendo una campana para generar más ruido. Tomó asiento y sin perder el tiempo, empezó a pasar a los niños uno a uno. Poco a poco, la fila fue reduciéndose, pero conforme pasaban los minutos, el corazón del escocés, así como el de la rusa, se iba encogiendo más y más por los deseos de todos los niños. Uno esperaría que la lista de Santa Claus se viera repleta de juguetes que estuvieran a la moda, pero muchos de los pequeños Tamers que se encontraban ahí querían pasar las fiestas que se acercaban junto a sus seres queridos. Naturalmente eso era algo muy improbable que pasara, así que le tocaba mentir tanto a Ewain como a Raisa, cosa que tampoco les agradaba del todo. Los niños fueron desfilando, tomándose fotos con el personaje del Polo Norte, así como con el reno, el elfo y la ayudante de Santa Claus, pero al haber pasado varios minutos en esto, Ewain logró distinguir a lo lejos a un pequeño que le parecía muy familiar: Iker.

Eh, tú, pequeño —alzó la voz Santa Claus haciendo que el menor le prestara la atención debida—. Ven, te ves muy solo allá.

El niño, tímidamente se acercó a él y se sentó en sus piernas, diciéndole que su nombre era Iker.

Y dime Iker, ¿qué te gustaría para navidad? —preguntó el escocés con la misma voz fingida que había estado haciendo. El niño comenzó a sollozar y solamente supo decir “Ander”, a lo que Ewain ya sabía quién era. Acarició al pequeño y entonces lo colocó en el suelo, pidiéndole que esperara un poco más. Regresó a la parte de atrás de los vestidores para luego volver con una persona unos segundos después. La cara del pequeño se iluminó completamente y corrió hacia donde se encontraba Santa Claus con otra persona.

¡Ander! —gritó el pequeño mientras se le lanzaba a los brazos. El hermano lo recibió como si de un hijo se tratase y le dirigió una mirada de eterno agradecimiento al escocés, no tendría más de 15 años.

¿Ven, niños? Si ustedes se portan bien, ¡todo es posible, JO JO JO! —dijo con mucho júbilo Wilson. Ni Raisa ni los Digimon entendían muy bien qué había pasado, pero todo tipo de preguntas las dejarían para el final del acto.

El tiempo volaba y debían apurarse si querían aprovechar la evolución del lupino lo suficiente, si se pasaban del tiempo límite, éste volvería a su etapa Child echando a perder el disfraz que se le había colocado para la ocasión. Los niños siguieron pasando rápidamente, contando una que otra historia que volvía a romper el corazón de los seres digitales y sus acompañantes, pero pese al cargo emocional que todo esto conllevaba, lograron terminar la actividad sin ningún problema. Los niños, a pesar de haber pasado y pedido una foto con Papá Noel, seguían expectantes de lo que sucedería cuando el hombre se marchara. Tanto Ewain, como Raisa y los Digimon se despidieron con un gran movimiento de manos, o patas en su defecto, no sin antes ser fotografiados por Liollmon. Montaron al reno para después desaparecer de la juguetería sin que nadie lo notase, y entonces, el ajetreo volvió a la normalidad.

Pasaron unos cuantos minutos hasta que por la puerta principal entraron los cuatro, siendo interceptados nuevamente por Liollmon y Tailmon quienes se mostraban muy agradecidos con los Tamer. Les ofrecieron un tiempo de descanso, el cual aprovecharon todos y lo tomaron. Raisa decidió quedarse con Gabumon en los vestidores, pero Ewain decidió recorrer la juguetería, no sin antes quitarse los disfraces, para ver si encontraba algo que le gustase como para comprarlo. Pero no, no había nada que le llamara la atención salvo los patines, pero había decidido no comprarlos. Y durante la búsqueda, practicó un deporte que si bien no era olímpico, consideró que debía estar en una categoría. Es más, pensaba seriamente en que debía hacerse deporte oficial, pues esquivar niños en plena temporada decembrina y en una juguetería no era una tarea fácil para ninguna persona. Cuando decidió regresar a los vestidores, no pudo evitar escuchar cómo unos niños se terminaban quejándose porque todavía, para esas fechas, no nevaba en File City. A ese paso terminarían yendo a FreezeLand para la nieve, lo cual no los emocionaba mucho por la lejanía que existía entre ambos puntos. Fue entonces cuando a Ewain se le prendió el foco.

¿Y ahora qué? —preguntó Raisa al observar que el escocés entraba apresurado a la habitación. Colocó a Patamon y se fue sin decir nada. La rusa le dirigió una mirada inquisitiva a la patata alada, pero en lugar de decirle algo simplemente se volteó, ignorándola por completo.

Chackmon —Wilson sacó su D-Scanner, el cual brilló ligeramente para dejar aparecer una figura fantasmagórica junto al escocés—. ¿Puedes hacer nevar, no?

Sí, señor —respondió como lo haría un militar promedio. Ewain sonrió y terminó por llegar a la salida del centro comercial. A los lados habían unos cuantos arbustos y árboles de buen tamaño que taparían cualquier mirada entrometida, así que se metió ahí dispuesto a hacer otra buena acción del día.

Ewain estiró la mano, logrando que una especie de datos empezaran a moverse alrededor de ella, y juntando su D-Scanner con la diestra, los datos terminaron por envolverlo para luego dar paso a la figura de un oso blanquecino con botas, un chaleco y protector de cabeza. Una vez transformado en el pequeño guerrero de hielo, se dirigió de nueva cuenta al interior del centro comercial hasta llegar a la juguetería. Raisa ya se encontraba fuera con el lobo y la patata, y al verlo la rusa simplemente chasqueó la lengua. Todavía no descubría qué se traía entre manos Ewain, aunque por la apariencia se podía imaginar un poco lo que sucedería. El escocés saltó entre algunos juguetes hasta llegar al final de las estanterías, a unos pasos de lo que era el techo. Corrió hacia el centro del lugar y saltó sobre la lámpara que había en ese lado. Cerró los ojos y se concentró, era la primera vez que usaría una técnica del guerrero. Sintió cómo el Juttoushi se terminó por fusionar con él y se sintió más seguro.

Cold Winds —susurró el oso a la vez que jalaba aire de una manera impresionante, logrando que el estómago se inflara de una forma anormal. Al soltar el aire, el lugar comenzó a sentir la leve brisa fría hasta que se logró convertir en algo más fuerte. Los estantes comenzaron a llenarse un poco de hielo, y el ambiente enfrió rápidamente. Antes de bajarse, Romeo fue desfundada y apuntó hacia todos lados de la tienda, lanzando sus distintivas bolas de nieve por todo lugar para crear algo similar a una nevada.

Los niños, al observar todo esto, cayeron en un frenesí pues para muchos era la primera vez que observaban tal fenómeno climático. Algunos comenzaron a lanzarse bolas de nieve, otros simplemente se tiraron al suelo y comenzaron a abrir y cerrar sus brazos y piernas, haciendo un ángel de nieve, y otros más se dedicaban a hacer unos muñecos de nieve. Garurumon volvió a su etapa Child, accediendo cuando Patamon se acercó a preguntarle si querían jugar. Una vez que todos se distrajeron, Chackmon cayó al suelo y caminó hacia donde se encontraba la rusa, volviendo a la forma humana original del escocés.

Esto resulta muy útil —dijo Ewain observando su D-Scanner, mas recibió un frío y acostumbrado silencio por parte de la rusa.

¿Iker? —preguntó Raisa intentando cambiar de tema, la verdad es que sí tenía un poco de curiosidad sobre el niño.

Un niño que estaba perdido y que encontré antes de que llegaras. Es muy escurridizo, lo dejé un segundo y cuando miré ya no estaba. Tuve la suerte de toparme con su hermano justo antes de llegar ya disfrazado de Santa Claus, le pedí que esperara en los vestidores para cuando lo viera.

Tanto Raisa como Ewain se dedicaron a ver cómo los niños jugaban un rato mientras los trabajadores lograban tomar unos cuantos minutos de descanso, pero no todo fue miel sobre hojuelas, todavía les quedaba un poco más de trabajo.

¿Cómo fue que sucedió esto? —preguntó Lionell, apareciendo detrás de los humanos.

Un amigo mío me hizo el favor —evadió completamente la respuesta, evitando así que alguien supiera algo del Juttoushi.

Gracias por la nieve, a los niños se les ve muy contentos, pero espero que se queden a limpiar cuando se vayan y esto empiece a derretirse —hizo la observación Tailmon luego de llegar y haber escuchado el diálogo entre su compañero y Ewain. Observó fascinada todo el lugar pero le preocupaba un poco la limpieza del final. Varios empleados de la tienda venían y corrían por distintos pasillos con el objetivo de limpiar toda la nieve que había caído en los juguetes para evitar que alguno se descompusiera o se dañara por el hielo. Ewain lo único que pudo hacer fue disculparse con un poco de sonrojo en las mejillas. La rusa le miraba penetrante desde atrás, sabía que lo odiaba porque les había cargado más la mano, pero el hecho de que todos los niños rieran, jugaran y se la pasaran bien haría que cualquier castigo por parte de ella valiera la pena.

Una vez terminada las distintas actividades que se hicieron con la nieve, el momento de cerrar el lugar llegó y todos se fueron a sus casas, con excepción de los trabajadores. Entre todos, y de manera rápida y eficiente, lograron quitar toda la nieve y dejar el lugar exactamente como lo habían dejado la noche anterior, impecable. Los gerentes a cargo agradecieron a todos sus trabajadores y, una vez que se fueron, le dieron un agradecimiento especial a los Tamers y sus compañeros digitales que habían prestado sus servicios tan amablemente.

Muchas gracias por todo —se inclinó ligeramente la felina blanca como en la tradición japonesa. Raisa y Ewain correspondieron al gesto al contestar de la misma manera.

Tomen —estiró la fotografía junto con una copia que momentos antes había tomado mientras se despedían de la gente—. Creo que les gustará guardar esto como recuerdo.

La fotografía era realmente bonita, pues estaban tanto la rusa como el escocés con una cara feliz, al igual que sus respectivos compañeros digitales. Para su suerte les habían entregado dos, así que Raisa guardó una y Wilson la otra, felices por haber terminado sus deberes en la tienda.

Esperemos que mañana les sea un día menos pesado —alentó Ewain a que mantuvieran todos su característica sonrisa de empleado.

Dicho esto, se estrecharon las manos y emprendieron el camino a casa. La rusa iba callada, como de costumbre, pero algo satisfecha por la misión que había hecho en ese día. Agotada, al llegar a la separación del camino a sus respectivas casas, se despidió del escocés y se dirigió con el lupino a su hogar. Ewain, por su parte caminó un poco más con Patamon hasta decidir regresar a dormir a su casa, también con una sonrisa en el rostro por todo lo que había hecho en ese día.


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Kira Kira Blair Blair misión terminada.
 
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スパークル
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Realismo: No vi muchos problemas en éste aspecto, solo hay dos cosas que quisiera comentar. Kira, por tu parte cuando fue lo de la caja que Raisa iba a bajar, se me hizo medio extraña la forma en la que la describiste, vaya, como que fue un tamaño muy grande a como lo entendí y luego dijiste que Garurumon podía atraparlo con el hocico, y si bien pregunté para estar segura y en teoría sí se puede, debes tener cuidado con cómo describes para que no se sienta tan extraño el asunto de que dices que es grande (al grado que Raisa debe sostenerlo con ambas manos) y luego resulta que Garuru puede atraparlo con el hocico. Segundo, para Take, al final se me hizo medio extraño todo el rollo que hiciste para no revelar tu spirit (salirte y esconderte en unos arbustos) pero para quitarte la evolución lo hiciste a un lado de Raisa, justo en la puerta de la tienda y donde podían verte, pero actuaste como si nadie te pudiera ver a pesar de que quizá había gente por ahí, sumándole al gerente (digimon) que andaba por los alrededores y los niños que, ok, estaban emocionados por la nieve, ¿Pero ninguno estaba casualmente viendo hacia la puerta donde un oso mágicamente se transformó en un humano? Ten cuidado xD
23/25

Desarrollo: No tengo quejas aquí, manejaron bien el entorno y pusieron distintas situaciones, desde ayudar a algunos niños, atenderlos, incluso un niño que perdió a su hermano y el espectáculo de Santa. No la hicieron sentir apresurada ni demasiado lenta/con relleno.
25/25

Narración: Vi pocas faltas al momento de tildar palabras por parte de Kira (el en lugar de él, por ejemplo), del lado de Takerudark lo que más me picó de su narración fue la redundancia al momento de referirse a Ewain, pues constantemente lo llamó “el escocés” (de manera muy repetitiva y cercano uno del otro), recuerda que tiene otro nombre, apellidos, características físicas y no únicamente la nacionalidad para referirte a él de otra forma que no sea “Ewain”.
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Interpretación: La única objeción que tengo en éste punto es la interpretación de Take para el principio de su post donde toda el área de niños parecía vacía cuando en un principio se les dijo que todo el establecimiento estaba lleno, al menos una que otra alma por ahí (aunque estuviesen peleándose muchos en otro pasillo) hubiera dado la sensación de que si seguiste la idea inicial que se dio, pero de plano lo detallaste como que no había tanta gente. Fuera de eso creo que ambos utilizaron bien a sus personajes y los contrarios e incluso jugaron (aunque fuera un poco) con las personalidades de NPC’s improvisados.
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95/100
190 Bits + 1 punto de Fama a ambos + 1 EVO a Gabumon/Chackmon
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