Quest A Virtue & Vice [Black Jack & Gungnir]

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Esposo Canon de Hoppie
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"Virtue & Vice” (A)

a) NPC que la solicita: -
b) Descripción de la misión: Oculta en la Tierra Espiritual existe una ancestral aldea de Digimon bestia, gobernada por un linaje de Lopmon considerado Sagrado por sus súbditos debido a sus extraños poderes. De acuerdo con las leyendas, cada 100 años el Lopmon gobernante de turno es bañado por la luz de Verdandi, evolucionando de acuerdo a su propio corazón: Si Lopmon tiene un corazón bondadoso y justiciero, evolucionará a Cherubimon [Virtue] y traerá prosperidad y paz al pueblo hasta su próxima reencarnación. En cambio, si hay oscuridad en su interior, evolucionará a Cherubimon [Vice], trayendo ruina y desgracia a todos los habitantes y un riesgo al resto de la Tierra Espiritual. La fecha de la ceremonia de evolución se acerca y el próximo Lopmon, aunque joven e ingenuo, está preparado mentalmente para ser parte de esta y decidir el destino de su pueblo. Sin embargo, en estos tiempos donde el Gjallarhorn ha hecho estragos en la confianza de las masas, la incertidumbre está presente entre los habitantes. ¿El corazón de Lopmon es puro o la calamidad se acerca? Los datos de la leyenda han llegado a la Ciudadela, donde la idea de que un Cherubimon aparezca tan cerca de ellos ha despertado la curiosidad de varios. Ahora, a tan solo unos días antes de la ceremonia, el consejero de la Aldea ha solicitado la presencia de Tamers que mantengan a salvo al principe hasta la hora de la verdad. El mensaje ha llegado tanto a la Central como a "otros" lugares. ¿Quién decidirá el destino de Lopmon?
c) Descripción del campo de juego: Tierra Espiritual - Aldea Cherubia
d) Objetivos a cumplir:
  • Viajar a la Aldea Cherubia
  • Ser el escolta y guardián de Lopmon hasta el día de la Ceremonia
  • [Fama] Influenciar a Lopmon y asegurarse que evolucione a Virtue
  • [Infamia] Corromper a Lopmon y asegurarse que evolucione a Vice
e) Notas
  • Quest de Pascua: Solo disponible por tiempo limitado
  • Para tomar esta Quest se debe haber completado al menos dos Quests de Pascua
  • Aunque Lopmon es un príncipe, también es un niño y por tanto es inocente, ingenuo y fácilmente influenciable. Hay que tener cuidado que la influencia de otros no los lleve por el camino equivocado
  • La Aldea Cherubia se encuentra escondida en la Tierra Espiritual. Sus habitantes son Digimon "conejos", predominando principalmente los de la familia de Terriermon y Lopmon
  • Algunos habitantes de la Aldea no están muy felices con que "forasteros" estén presentes. Eviten causar problemas.
  • Aparte de ustedes, es posible que otros Tamers aparezcan tratando de influenciar (o secuestrar) a Lopmon por sus habilidades, atentos.
  • Hay rumores de que algunos Digimon del pueblo han decidido matar al principe e interrumpir la tradición para evitar así su corrupción. Tengan cuidado con intentos de asesinato
  • Recompensa Extra: Carta "Heaven's Judgement" y DigiMemory "Cherubimon [Virtue/Vice]" (La versión depende de la evolución de Lopmon en la historia)
~~~

Mínimo de posts: 4 por persona.
Plazo: 28 días.
Digivice: Burst [Masaki], iC [Samali], D-Arc [Holly], Xros Loader [Niklaus]
Extra: Spirit H del Fuego (Agnimon) en canalizador de Masaki, uso de Sistermon Noir (Gungnir) y Sistermon Blanc (Masaki)

Masaru Masaru [Ficha]
Mirae Kiyoe [Ficha]
Maka. Maka Evans [Ficha]
M Maiku [Ficha]
Sistermon Noir [Ficha]
Sistermon Blanc [Ficha]

Cualquier duda, vía PM por favor.
 

Moonchild
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Aún no había amanecido del todo en la ciudadela sagrada cuando comenzó el movimiento en la habitación de INN donde el líder de Gungnir se estaba hospedando. Se vistió para el viaje y revisó que todo lo que había empacado estuviera a punto mientras Agumon, aún medio adormilado, lo esperaba sentando en el borde de la cama. Le esperaba un viaje a la Tierra Espiritual para una misión de varios días y le habían advertido en la Central que sería mejor partir muy temprano para poder reportarse a tiempo en la Aldea Cherubia. Una vez estuvo todo listo salió al pasillo y esperó unos segundos hasta que la puerta contigua se abrió, revelando a Samali, Palmon y a las Sistermon.

—Buenos días —saludó la rubia con una sonrisa.

—Buenos, ¿están listas? —contestó el varón.

—Sí, vamos.

Mientras salían del INN Masaki comenzó a repasar a dónde tenían que ir y qué para que sus acompañantes lo tuvieran claro mientras el grupo se movilizaba hacia la Central de Tamers. En condiciones normales se habrían dirigido directamente a las afueras de la ciudad, pero el grupo había aceptado hacer equipo con dos miembros de una Guild formada hacía poco tiempo que habían solicitado también la tarea. Mientras esperaban los Juttoushi se materializaron detrás de sus respectivos portadores, de inmediato Ranamon pasó las manos alrededor del brazo de Agnimon, como habría hecho de ser ambos corpóreos, sin que este mostrara mucha reacción al respecto.


En un INN cercano una pecosa de lentes salía a paso rápido con su conejo al hombro; más atrás venía un nervioso pelinegro, apresurando el paso para no llegar tarde. Los líderes de Black Jack llevaban poco tiempo en Folder y habían decidido tomar una quest para aprovechar al máximo la estancia antes de volver al café. Holly se encontraba particularmente emocionada con ese encargo, pues cuidar a un Lopmon para que no se convirtiera en algo que no deseaba ser le había llamado la atención instantáneamente, tanto que ni siquiera se había fijado en el rango de la quest en cuestión. Enterarse de que esta era rango A y que no la podían tomar sin alguien que les acompañara le había entristecido bastante, motivo por el que ahora le emocionaba que alguien accediera a formar equipo con ellos para permitirles asistir.

Caminando detrás de la chica, Niklaus se preguntaba si estaría con su primo en ese encargo, ya que les habían dicho que la Guild en cuestión era Gungnir, pero no habían especificado de qué miembros se trataba. Pronto giraron una esquina y salieron por fin frente al edificio de la Central, mirando alrededor para localizar a sus compañeros; no les tomó mucho tiempo identificarlos, pues las calles estaban muy vacías a esa hora, y de inmediato se hizo evidente que Hanz no estaba incluido.

—¿Ustedes son de Gungnir? Lamento el retraso —se excusó la pecosa deteniéndose frente a los dos humanos y recuperando el aliento. —Yo soy Holly Antonich, líder de Black Jack, y este es Lop.

—No hay problema, llegan a tiempo —la tranquilizó el japonés—. Mi nombre es Masaki Nakai y él es mi compañero Agumon. Sistermon Blanc y Sistermon Noir también son parte de Gungnir.

—Samali Winters y Palmon —se presentó la rubia sonriéndoles a todos.

—N-niklaus Leonhardt y Greymon —terminó el pelinegro, rascándose la nuca; su compañero estaba en el digivice como era habitual, pero de todas formas lo presentó. —L-lamentamos hacerlos esperar, n-nos atrasamos un poco y… d-disculpen, no queremos estorbar…

De inmediato resultó obvio lo increíblemente nervioso que estaba el chico; Masaki estaba a punto de decirle que no tenía de qué preocuparse cuando Noir se le adelantó, sonriendo con malicia ante alguien fácil de avergonzar y se le acercó bastante, colgándosele del brazo.

—Sabía que valía la pena venir, seguro nos divertiremos mucho en la aldea, ¿cierto, guapo? —comentó con coquetería acercando el rostro al del alemán.

Este enrojeció como un tomate en cuestión de segundos y se quedó paralizado sin saber si era una broma o iba en serio, si esperaban que contestara o si debía disculparse. Abrió la boca varias veces tratando de proferir algún sonido sin mucho éxito.

—Noir… —advirtió su hermanita, mirando al muchacho con cierta preocupación, nunca había visto a alguien tan rojo antes.

—Hehe, sólo bromeaba —comentó ella con una sonrisa gatuna, le guiñó un ojo pero tuvo la prudencia de alejarse antes de que el pobre muchacho se desvaneciera de los nervios.

—En fin —llamó la atención Masaki, luego de carraspear—, será mejor que nos pongamos en camino ya, el sol salió y nos espera una buena caminata.

El rostro de Leonhardt poco a poco fue recuperando el color normal y él se retrasó hasta el fondo del grupo mientras intentaba recuperar la compostura. Masaki iba delante con Holly y las hermanas siguiéndolos justo detrás; Samali iba por detrás de ellas pero aminoró un poco el paso para asegurarse de que el tímido estuviera bien.

—Tú eres el primo de Hanz ¿no? —inquirió para distraerlo, haciéndolo dar un respingo— creo que nos conocimos brevemente en Halloween.

—U-uhm, sí… —alcanzó a decir el humano defectuoso; al menos la chica mantenía un adecuado espacio entre ellos y su sonrisa no tenía nada de coqueta, lo que le permitió relajarse un mínimo luego del episodio con la mayor de las monjas.

—Es bueno ver que te estás adaptando bien al mundo digital —continuó esta, pero al ver que no obtenía respuesta dejó de presionarlo y se adelantó un poco para darle espacio.

El amplio grupo salió de la ciudad unos 20 minutos después y se internaron en la Tierra Espiritual para comenzar a buscar la Aldea Cherubia; les habían dado indicaciones de su localización para facilitar el camino, pero eso no quitaba que la aldea estuviera bien oculta, motivo por el que había sido necesario partir tan temprano. Ahora Holly, Samali, Noir y Blanc iban hablando y bromeando; los chicos del grupo iban uno junto al otro un poco más atrás, aunque sin hablar, porque Alemania parecía a punto de caerse de bruces en el suelo ante cualquier intento de conversación.


Masaru Masaru Maka. Maka Evans M Maiku, espero haberlo hecho bien con sus pj's~
 
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Maiku

Mr. Nobody
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Niklaus no podía evitar sentirse nervioso junto a los miembros de Gungnir, en parte porque solos los había conocido de pasada en una fiesta de Lord Vamdemon, pero también porque se trataba de las personas con las que su primo convivía día a día. Un leve rubor se formaba en su rostro cada vez que se le ocurrían preguntas que hacer a Masaki o a Samali, rápidamente negándose a sí mismo la posibilidad, pues no quería causar molestias al par que aceptó cuidar de ellos en una quest de ese calibre. Tragó saliva. Ahora que lo pensaba, se dejó llevar por los intereses personales de Lopmon y la pecosa a la hora de decidir qué clase de encargo enfrentarían. Nunca se imaginó que acabaría en algo catalogado como bastante peligroso y, por lo mismo, la sola incerteza de lo que podría ocurrir lo hacía temblar. Ignoró por completo que el japonés miraba las muecas que formaba en su rostro mientras todas esas ideas pasaban por su cabeza. Agumon y el etéreo ígneo tampoco pasaron por alto esa curiosa faceta del menor, encontrándolo algo hilarante y curioso. Nakai se replanteó la forma de iniciar una conversación con el joven, pero justo antes de que pudiera emitir palabra alguna, la más excéntrica de las Sistermon chilló con emoción.

Sin darse cuenta, habían pasado sus buenos minutos explorando el follaje en busca del pueblo de su protegido, algo confundidos con las instrucciones vagas y ambiguas entregadas por la Central de Tamers. Por eso, todos esperaron que la emoción de Noir fuera debido al avistamiento de algo que pudiese ayudarlos a encontrar su destino, ilusionándose en vano. La monja no tardó en arruinarle las esperanzas al grupo al señalar que acababa de ver un Gnome flotando por ahí, iniciando en el instante una discusión con Blanc sobre la probabilidad de haber avistado uno en plena Tierra Espiritual sin que nadie más se diera cuenta, especialmente teniendo en mente la naturaleza tímida de aquellos seres. Los Medium enarcaron una ceja, intrigados con la temática abordada.

— ¿Q-qué es un D-digiGnome? —musitó Klaus, ganándole a su líder las ganas de preguntar aquello.

— Uhmm —la rubia se llevó un dedo a los labios, evidentemente pensativa—, cómo explicarlo.

— Se trata de formas de vida digital que no son, en estricto rigor, Digimon —interrumpió Loge—. Tienen una apariencia similar a las hadas, se supone —recordó entonces a Z’ev, amigo de dicha especia que acompañaba a su novia—. Tienen poderes de sanación y, algunos mitos, dicen que pueden conceder deseos.

— ¿No son Digimon? —esta vez fue Antonich quien cuestionó— ¿Por qué se llegó a esa conclusión? ¿Acaso por el nombre? —hizo alusión a la terminación característica de los nativos de esa dimensión, aunque su planteamiento fue más inocente que otra cosa.

— Es porque no pueden evolucionar —explicó Palmon con tranquilidad.

— Ni tampoco se pueden comunicar con nosotros por palabras —agregó el saurio anaranjado—, aunque no sé quién los descartó como Digimon.

— En definitiva, podríamos decir que son ¿animales? —Saly sonó poco convencida con su propia analogía, pero logró dar a entender su punto. Holly miró al cielo, preguntándose qué clase de apariencia tendrían esas misteriosas creaturas.

— ¡Aburrido! —bufó la hembra de negro— El punto es que vi uno volar por ahí —apuntó—, así que ¡vamos a atraparlo!

— No creo que sea una buena idea, Noir —suspiró su hermana. Entendía que estuviera aburrida de tanto caminar sin encontrar Cherubia, pero su idea solo iba a retrasarlos más con la tarea, además de que podría ponerlos en problema. Después de todo, ese bosque era conocido por ser relativamente pacífico, pero uno nunca sabía que clase debestia, planta o insecto podría encontrarse. Hasta el momento la suerte iba de su lado y eso no era algo que quisieran cambiar, ya que todos los habitantes de la zona se apartaban al verlos avanzar, o simplemente les miraban con atención sin mostrar poses ofensivas ni nada por el estilo. Pronto Masaki la apoyó, sonsacándole un bufido a la pobre gótica, quien se consoló acosando de nuevas cuentas al guapo tímido del grupo. Pareciera ser que el rubor evidente en el rostro del menor servía como bencina a las ganas de molestar de Sistermon, pues sus caricias y bromas se volvieron más incisivas con los minutos. El resto miró con cierta compasión al joven. Tendrían que sacrificarlo para mantener a la excéntrica bajo control durante unos minutos.

Gracias a esa escena los ánimos se distendieron aún más, de manera que las conversaciones pasaron a ser un poco más fluidas entre los de Gungnir y los de Black Jack, incluso Greymon comentó una que otra cosa con tal de hacer presente lo defectuoso que era su humano. Sin embargo, solo uno del grupo se había mantenido en total silencio desde su llegada a la Tierra Espiritual, liderando al grupo en todo momento. Lopmon portaba una expresión seria, levantando sus orejas de vez en cuando con la intención de captar alguna clase de sonido urbano de fondo, sin mucho éxito. Si bien no le molestaban las bromas del resto, su atención estaba cien por ciento en encontrar a su homólogo. Antonich de vez en cuando le observaba con culpa. Entendía por qué su pequeño regordete traía esos ánimos, después de todo, él mismo había sido víctima de una suerte de corrupción cuando se desencadenó su Dark Evolution y la puso en riesgo a ella y a Niklaus. Seguramente no quería que el otro Lop pasara por lo mismo que él.

Fue Ranamon quien alertó, a los que podían oírla, sobre una columna de humo blanco que se elevaba por sobre los árboles. Cuando Palmon verbalizó el descubrimiento para los menos experimentados, el resto ya se había puesto en marcha a esa dirección, causando cierto desconcierto en ellos ¿cómo era que optaron por esa decisión antes de que la planta lo mencionara? Supusieron que se debía a la experiencia o algo así. Noir tomó de la mano a su hermana, dejando al fin en paz al pobre chef del café, en orden a apresurarla para ser las primeras en divisar la misteriosa urbe. Sí, todos asociaron esa humareda como señal de civilización. Esto porque el humo provocado por incendios o fogatas más rústicas solía ser negro y menos uniforme que las originadas por chimeneas industriales u hogareñas. Agnimon no pudo evitar fruncir el ceño y repasar su entorno, algo no le gustaba sobre esa pista.

— Masaki —murmuró—. Tengan cuidado al llegar a Cherubia —sus ojos no dejaron de escanear el ambiente.

— ¿Por qué? —susurró su portador, en un intento de no parecer loco frente a quienes no conocían de la existencia de su guerrero fantasma.

— Si realmente este ritual es tan importante para los aldeanos y no quieren que alguien corrompa a su elegido —empezó el razonamiento, pero fue interrumpido.

— ¿Qué pasa, Nik? —Holly se acercó a su compañero, quien traía esa mirada afilada y ausente del mundo a su alrededor que solo ella conocía en aquel momento. Dentro de Black Jack, ella era quien tomaba las decisiones para mantener la armonía dentro del grupo y, a veces, forzaba a los rebeldes a portarse bien. Con todo, la labor de estratega recaía en su mano derecha, pues por más tímido que fuera ya habían visto en más de una ocasión su cerebro funcionar.

— N-nada —suspiró, su burbuja de concentración se reventó—. E-es solo que, ese humo llama… llama mucho la atención —con la pecosa podía hablar con un poco más de normalidad que con el resto.

— Ya veo —Masaki asintió, comprendiendo entonces a lo que quería llegar el humanoide a su lado—. Podría tratarse de algún desliz, o bien, de alguien que busca que encuentren la aldea.

— Tendremos que investigar una vez estemos con Lopmon —concluyó la rubia.

— ¡Allí está! ¡La aldea! —gritó Noir con un deje de emoción— ¡Apúrense!

Frente a ellos surgió una muralla compuesta por troncos partidos por la mitad, amarrados por cuerdas rústicas echas de cáñamo y cubierto de musgo u hongos por doquiera, entregándole un aspecto bastante fantasioso. No tardaron en identificar la entrada, donde se erguía un par de estatuas con formas de Cherubimon, solo que uno sonreía con parsimonia y el otro expelía un aura bastante incómoda. Hubieran examinado con más atención la arquitectura de no ser porque dos Turuiemon saltaron detrás de las estructuras, blandiendo sus ostentosas cuchillas en modo defensivo. Instintivamente la planta y el dinosaurio se pusieron frente a los humanos, junto al conejo café que tardó un poco más en reaccionar. Por su parte, las monjas se protegieron entre ellas, aunque su semblante era un poco menos serio que el de los demás. Fue Winters quien dio un paso adelante.

— ¡No venimos a causar problemas! —alzó las manos, moviéndolas en un intento de bajar la tensión— Nos envía la Central de Tamers.

— ¿Y cómo sabemos que eso es verdad? —musitó uno de los Adult con desconfianza.

— Comprenderán que no podemos valernos de la palabra de unos desconocidos —expresó el otro con más calma, notándose que era menos impulsivo que su compañero—. Si pudiera acreditarnos su identidad de algún modo.

— ¿A-acreditar? —Nik tembló con la demanda, ¿cómo se supone que la cumplirían?

— Supongo que sirve el mensaje que recibimos —mencionó Nakai, sacando su D-Terminal. Los conejos no bajaron la guardia hasta que identificaron el logo de la institución. Inmediatamente el más calmo de ambos obligó a su homólogo a disculparse. La reverencia excesivamente formal incomodó un poco a todos—. No importa, de verdad —forzó una sonrisa—. Se entiende por qué estén tan a la defensiva, lo que pase a Lopmon definirá muchas cosas importantes para ustedes.

— Así es —comentó el más arisco de los Turuiemon—. Llamaremos a alguien para que los escolte —dijo mientras su amigo soplaba un silbato chillón, que seguramente se oyó a lo lejos—. Antes de ver a nuestro Sagrado Elegido, los ancianos de la aldea querrán hablar con ustedes.

— Ya saben, para comprobar que estén al nivel de la tarea —sonrió el otro conejo—. Oh, aquí viene su acompañante.

A lo lejos, un Andiramon se acercó dando grandes saltos. El grupo de Gungnir no pudo evitar sentir una clase de Deja Vú con su aparición, mientras que los de menor rango trastabillaron, sin saber bien cómo sentirse respecto a que un Perfect los guiara. Intercambiaron unas cuantas palabras más y se pusieron en marcha, siguiendo al silente larguirucho, quien confirmaba que los de su especie no eran muy buenos para conversar. Lopmon miró al gigantón con sentimientos encontrados, pero en el fondo lo admiró con inocencia. Agnimon entrecerró los ojos. No había señales de la columna de humo blanco por ningún lado. Eso no era bueno.


Masaru Masaru Mirae Kiyoe Maka. Maka Evans un poco más de introducción para que los personajes convivan ~
Sospechas, sospechas y conjeturas everywhere. Que empiece el juego de tronos (?)​
 

"さあ、往こうか"
Supermoderador
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Mientras el imponente Perfect se encargaba de guiarlos por al aldea, los integrantes de ambas Guilds no pudieron evitar echar miradas curiosas al paisaje para irlo conociendo mejor. Tal y como la entrada les había insinuado, Cherubia era un pueblo que parecía salido de un cuento de hadas. Humilde pero pintoresco, sus calles estaban delineadas por cabañas de madera de aspecto rústico, decoradas con distintos detalles naturales y silvestres que contrastaban con los ambientes citadinos a los que los forasteros estaban acostumbrados. Sus habitantes también eran dignos de fábula, tratándose de una amplia gama de Digimon "conejos" que los Tamers no tardaron en reconocer. Desde Terriermon y Lunamon hasta Galgomon y Bitmon, los mamíferos daban vida al escenario moviéndose de un lado a otro en sus rutinas diarias, demostrando un tanto de curiosidad cuando sus atenciones eran atraídas por el alto Perfect o los peculiares "visitantes" que eran escoltados por este. Murmullos y comentarios no tardaron en hacerse presentes, sin embargo ninguno fue lo suficientemente audible para llegar claramente a los oídos de los interesados.

- Awn, parece que somos populares acá.

Aquel comentario desubicado, evidentemente, salió de los labios de la monja mayor, que parecía estar disfrutando de la atención recibida, guiñándole el ojo a aquellos Digimon con los que cruzaba miradas. Masaki se dispuso a advertirle que se tomara más en serio la misión, sin embargo se detuvo al notar que, sin que él - o alguien aparte de, tal vez, Blanc - se diera cuenta en qué momento, la monja había materializado a Anthony que reposaban en sus manos. Noir no las estaba sujetando con fuerza ni despedía intención de violencia en su gesto, expresión o voz, sin embargo Loge podía asegurar que, fuera de ese exterior, la monja estaba preparada para usarlas ante cualquier eventualidad con la clara intención de cubrir a sus acompañantes. Sonrió levemente, orgulloso del compromiso que la monja demostraba con ellos y también curioso de si el tema de la "corrupción" le estaba haciendo tomarse la tarea más en serio que de costumbre.

- Oh, Cutemon - comentó Blanc al ver a dos Digimon de esa especie observarlos ocultos detrás de una cerca.

La mención del nombre llamó la atención de Holly, quien sonrió con ternura por la apariencia adorable de ambas hadas. A Lopmon, en cambio, no les hizo tanta gracia, apartando la mirada de ellos y enfocándose en los otros homólogos de la aldea. Logró divisar algunos como él, sin embargo no había duda de que los Terriermon eran más abundantes en comparación, una posible razón del porqué un Lopmon era el gobernante. En su "inspección", la mirada del Child pasó por el área donde Nik se encontraba, notando que este mantenía su vista en alto observando los techos de las casas. El conejo lo atribuyó a una forma de escapismo para evitar cruzar miradas con los habitantes de Cherubia sin embargo Agnimon, que también había notado ese detalle del alemán, dedujo que buscaba fuentes del humo blanco que habían avistado anteriormente.

- Espero que el recibimiento no los incomode - soltó Andiramon repentinamente con un tono que, aunque cortés, no sonaba del todo sincero. Posiblemente era un comentario por obligación, más que genuina preocupación por la comodidad de sus visitantes - No acostumbramos a recibir extranjeros en estas tierras, de manera que no muchos han visto a un humano anteriormente.

- No se preocupe por eso - sonrió Samali, siendo secundada por Palmon - Lo entendemos.

- Tengo un mal presentimiento de este lugar - sentenció Ranamon, dejando salir un "escalofrío" - No bajen la guardia.

- Estoy de acuerdo - susurró Agumon, mirando de reojo a un BlackGalgomon que se detenía para murmurar con un homólogo de especie "común".

Finalmente, en cuestión de minutos el "recorrido" de Andiramon los llevó a su destino, deteniéndoles frente a una edificación ancha y majestuosa que, al parecer, fungía como cabildo. Otro Turuiemon los estaba esperando ahí, haciendo una cordial reverencia a su forma evolucionada para luego preguntar su motivo de visita. Luego de que el Perfect explicara y apuntara a los Tamers de ambas Guilds, el artemarcialista asintió y se introdujo en el edificio, dejando al grupo a la espera en la entrada del recinto. Tardó un poco en regresar, pero al hacerlo dejó las puertas abiertas de par en par para permitirle el paso al grupo, cerrándolas luego de que estos agradecieran y se adentraran en el lugar. Como su exterior, el interior del cabildo era bastante elegante, sin perder el toque rústico y "místico" que el resto del pueblo poseía. El conejo se encargó entonces de guiarlos por una serie de estatuas de Cherubimon, las cuales culminaban frente a una nueva puerta decorada con una alfombra color chocolate. Con educación, el Digimon tocó tres veces y, acto seguido, abrió el portón, dejando pasar a sus "protegidos" a la nueva sala.

- Bienvenidos - dijo una voz en el interior de la sala - Es un placer tenerlos aquí en nuestro humilde pueblo.

Quien se había encargado de darles esa acogida había sido otro Andiramon, la subespecie Virus, que los estaba esperando arrodillado en lo que parecía ser un tatami tradicional. El grupo lo examinó, notando que aquel Digimon portaba manchas grisáceas en su pelaje que le hacían parecer de avanzada edad en comparación con el conejo que los había acompañado hasta ahí. No estaba solo, a su lado un Turuiemon con las mismas facciones añejas estudiaba a los viajeros con una expresión inquisitiva, mientras que de otro lado un Wendimon hacía un gesto similar. Un estremecimiento visible se hizo presente en los miembros de Black Jack presentes, Lopmon incluido, ante la presencia del demonio; e incluso Masaki se tensó al rememorar la reputación que esa especie tenía, sin embargo aquel Adult en particular no se veía agresivo. El pelaje decolorado en conjunto con unas visibles ojeras hacían de ese Wendimon uno de aspecto más cansado que violento, similar a un perro viejo que hubiese visto mejores días en su vida.

- Por aquí - indicó el Andiramon Data, señalando a un área del tatami vacía y dispuesta para los visitantes de la sala. Uno a uno, los integrantes de la misión se dirigieron ahí y se sentaron, quedando frente a frente con los tres "ancianos" de la aldea. El silencio incómodo no se hizo esperar, amplificado por el hecho que a ambos Medium se les evidenciaba su renuencia a cruzar miradas con el wendigo. Finalmente fue Masaki quien culminó el status quo, tosiendo levemente para romper el hielo entre ambos grupos.

- Gracias por confiarnos a nosotros y a la Central esta tarea - dijo, inclinando la cabeza en una reverencia. Sus acompañantes repitieron el gesto con diferentes niveles de nerviosismo, siendo correspondidos con cordialidad por el trío de ancianos. A esas alturas, el Andiramon Data ya se había retirado hacia la puerta, resguardándola (y vigilando a los recién llegados) a un lado de esta.

- A ustedes por tomarla - respondió Turuiemon - Imagino que les dijeron porqué debían reunirse con nosotros en primera instancia.

- Para saber si éramos "aptos" para la tarea - parafraseó Agumon usando las palabras del guardia. Los dos Adult ancianos intercambiaron miradas dubitativas, por lo que el Child agregó - Lo entendemos, si se trata de su príncipe no pueden confiarle la tarea a cualquiera que llegue.

- Correcto - secundó Wendimon, dejando al descubierto por primera vez su voz rasposa y gastada - Se agradece que no haya malentendidos en esa parte. Básicamente queríamos conocerlos antes de permitirles conocer al príncipe

- Nos gustaría que empezaran presentándose - solicitó Andiramon - Estamos levemente informados sobre como funcionan las "jerarquías" en lo que llaman "Central", así que no se preocupen por las explicaciones.

Accediendo a la petición, cada uno de los Tamers inició su propia introducción, indicando su nombre, rango y el de su compañero. Distintas reacciones moderadas se hicieron presentes en los representantes de la aldea, que al parecer reconocieron vagamente el nombre de Masaki y la Guild de él y Samali gracias a la investigación que habían hecho por su cuenta en preparación para la tarea. En el caso de la Guild recién fundada, por su parte, el interés se mostró en sus respectivos Digimon compañeros: Tanto Turuiemon como Andiramon comentaron ante la presencia de Lopmon tratándole como un camarada (o, al menos, uno de más confianza comparado con el resto) mientras que con Nik la curiosidad había sido despertada al explicar que su compañero estaba dentro del Digivice por cuestión de espacio. El no conocer al Digimon cara a cara fue algo que no les hizo gracia a los consejeros, sin embargo no presionaron en el tema al escuchar que se trataba de una subespecie especial de Greymon. Luego de presentar a las hermanas y explicar brevemente su relación con la Guild, fue el turno de los ancianos de seguir con las presentaciones. Uno a uno, los conejos indicaron su nombre y su posición dentro del "consejo", así como sus responsabilidades para con Cherubia y su gobernante.

- Bien - retomó Andiramon una vez que las formalidades fueron terminadas - Imagino que ya les informaron de los detalles en la Central, pero los repasaré brevemente: En unos días llevaremos a cabo la ceremonia tradicional de Cherubia, un festejo donde nuestro príncipe alcanzará su evolución a Cherubimon. Su tarea, en términos simples, es asegurarse que ningún mal toque a su alteza hasta entonces. No es necesario que lo diga, pero en esta época el temor entre los ciudadanos ha crecido y existe incertidumbre sobre el destino del príncipe y Cherubia.

- ¿El temor es hacia los forasteros? - preguntó Lopmon - O...

- Ambos - contestó Wendimon - Hay quienes temen que otros Digimon o incluso humanos podrían aparecer a perjudicar al joven señor, sin embargo los intrusos no son nuestra única preocupación. Incluso entre nuestros habitantes hay individuos que... - Sus palabras se cortaron mientras el Adult buscaba la mejor manera de expresarlas sin embargo, al hacerse evidente luego de unos segundos que no hacía un buen progreso, su homólogo intercedió.

- Corren los rumores que hay habitantes que ven al príncipe como una posible amenaza - explicó Turuiemon sin tapujos - Tememos a un posible intento de asesinato de parte de nuestra propia gente. Es por esto que preferimos recurrir a los humanos en lugar de arriesgar una traición en la Guardia Real.

- Pero los habitantes tampoco confían del todo en nosotros, ¿no? - preguntó Samali, rememorando las distintas reacciones vista de camino al lugar. Andiramon se encargó de contestarle, negando con la cabeza antes de volver a hablar.

- Cherubia es un pueblo que ha evitado el contacto con los humanos desde su aparición - explicó - Que justo en este momento tan crucial estemos obli- en la necesidad de recurrir a ustedes no es algo que toda la población apruebe.

- En resumen: Nadie nos quiere acá y cualquiera puede ser un enemigo - espetó Ranamon con un tono irritado - Sabía que este lugar no era de fiar.

- Entonces tenemos que escoltar a su príncipe y detener a cualquiera que intente dañarlo, no importa de donde venga - recapituló Masaki - Por lo menos hasta que se lleve a cabo la ceremonia.

- Correcto - contestó el Perfect - Para esto podrán contar con algunos miembros de la Guardia que son de completa confianza y lealtad para el príncipe. Andiramon, el escolta personal del consejo aquí presente... - hizo un ademán a su homólogo - ...es uno de ellos. Otra es la encargada de la policía del pueblo, podrán conocerla más adelante en los cam-

Antes que el anciano terminara su frase, las puertas de la sala se abrieron de golpe, sobresaltando a los presentes. El Andiramon guardián manifestó su hacha y se preparó para un combate, sin embargo detuvo su hostilidad al ver de quien se trataba: Una conejo de contextura femenina, porte elegante y equipada con un set de alabarda y escudo con motivos de luna creciente había entrado en la sala sin anunciarse, dirigiéndose directamente a los consejeros sin prestar atención a nada más en el entorno, visitantes incluidos.

- ¡Señores! - venía diciendo - ¿Cómo es posible que hayan permitido la entrada de forasteros sin que los inspeccionara primero? ¡Por Lord Cherubimon, este no es momento para abrir nuestras puertas a intrusos de intenciones cuestionables! ¡Podrían ser ladrones, bandidos o ase-!

- Los "intrusos de intenciones cuestionables" están aquí, Crescemon - interrumpió Turuiemon con un suspiro avergonzado, haciendo un ademán al grupo que, hasta el momento, solo había observado el arranque de la recién llegada sin saber bien como reaccionar. La Perfect dio un respingo, callándose de inmediato - Cuida tus modales.

- M-Mis disculpas, Señor - contestó la conejo con una profunda reverencia. Agnimon rió levemente, divertido por la torpeza de la guerrera. A Ranamon, en cambio, no le había hecho tanta gracia.

- ¿A quién debería dirigir las disculpas? - soltó - Insolente.

- Digna descendiente del agua, ¿no crees? - rebatió el homólogo ígneo

- Hablando del diablo, ella es Crescemon - retomó el anciano Andiramon, haciendo un ademán a la guerrera - Es la jefa de policía de Cherubia, comandante de las tropas de defensa del pueblo y guerrera con años y batallas de experiencia. Crescemon, ellos son los enviados de los humanos para la protección del príncipe Lopmon. Contamos contigo para que los guíes y les enseñes lo necesario para la tarea.

Aunque la Perfect no se había recuperado del todo por el exabrupto (y mucho menos disculpado por ello) respondió a la presentación con un saludo militar dirigido al grupo, ejecutado con una precisión digna de un libro. Algunos correspondieron con un gesto, mientras que otros no contestaron distraídos por el "espectáculo" que acababan de presentar.

- Crescemon se encargará de informarles de cualquier otra duda que tengan - indicó Turuiemon a los viajeros antes de dirigirse a la Perfect - Por favor guíalos al palacio para que conozcan al príncipe.

- Si, señor...




Maka. Maka Evans there you go~
M Maiku Mirae Kiyoe sorry la tardanza u_u
 

Maka.

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{...}


Tras aquella reunión el grupo se dirigió a su nueva parada: el palacio donde encontrarían a Lopmon. El trayecto fue un poco más que incomodo pues nadie de los presentes decía palabra alguna, no solo se debía por aquella sensación que el estar de nuevo en las calles brindaba, o por la imponencia que la guerrera lunar y sus comentarios de minutos atrás; era como si el saberse rumbo al príncipe Cherubiano les estuviera jugando mal, sobre todo en el dúo de debutantes de Black Jack.

Holly mordió su labio en un acto reflejo de su nerviosismo y se maldijo mentalmente por aquel nerviosismo. La velocidad de la chica había disminuido, apartándose del grupo.
No deberías estar tan tensa —la voz de cierto conejo glotón logró hacer que la holandesa saltase en su sitio, girándose casi de inmediato hacia su compañero.

¿Qu-qué dices, orejón? —Holly sonrió con ligera vergüenza, apretando el dobladillo de su suéter, una costumbre que lentamente había recuperado en últimas fechas​
Lo que es obvio. Estás más nerviosa que de costumbre, pecosa —el conejo golpeó suavemente la frente de la chica y volvió su atención al trío que encabezaba la marcha—. Tampoco es como si fuera malo, te aseguro que no eres la única nerviosa, así que no pongas nerviosa.

Lopmon lanzó una mirada furtiva al dobladillo de la chica, enarcando una ceja en el proceso, casi recriminándole a la pecosa, quien en total acto de vergüenza dejó de hacer aquello y posó su atención en el camino mientras sus mejillas ardían. El Data resopló y saltó con su inusual gracia al piso, emprendiendo carrerilla hasta el grupo.
¿Ya llegamos? ~~ —Apenas y estuvo a la par de todos, el conejo soltó aquello de modo cantarín y casi infantil. Holly le alcanzó con rapidez y le tomó en brazos alzándole

Esa es una muy buena pregunta… —tajó la joven Winters mientras le lanzaba una mirada interrogante Masaki, quien se limitó a devolver el gesto a la guerrera lunar que les escoltaba.

No sé… ¿Crescemon? —El nipón miró con incertidumbre a la coneja quien, a pesar de mantener un semblante serio y mejillas teñidas de carmín por la vergüenza, respondió sin dudarlo.

Ya casi llegamos, el palacio no queda muy lejos —tajó la coneja mientras señalaba al frente con una ligera sonrisa torcida—. De hecho ya se ve ahí frente…

Eso es bueno —el germano finalmente habló mientras miraba a su alrededor, la curiosidad de los pueblerinos parecía ahora más intensa, como si ver al grupo dirigirse tan campante en dirección a su príncipe los hubiese alertado sobre todo lo que sucedería.

Concuerdo, odio que me vean como si fuéramos bichos raros —Lopmon bufó mientras sacaba la lengua levemente en señal de desaprobación.

Pues creo que están en su derecho —la child planta habló desde su sitio junto a su Tamer—, después de todo su futuro depende de ello, no ha de ser fácil asimilar.

No deberían hacerse tantas ideas — Crescemon habló girando ligeramente su cabeza, al cabo de un rato soltó un suspiró y continuó andando tras volver el rostro, prosiguiendo con sus palabras—: solamente tienen curiosidad, después de todo fueron aceptados por los ancianos, de lo contrario no estaría escoltándoles… confiaron en ustedes.

Tras aquellas palabras nadie más dijo palabra alguna; era como si toda aquella situación molestase a Crescemon de algún modo, como si tras aquella escolta hubiese recelo. Y no era para menos, la guerrera lunar conocía al príncipe desde hacía mucho tiempo atrás, el confiarle su seguridad a aquel grupo de extraños no era algo que la dejara tranquila.

Pero no tenía opción.

{...}

Finalmente, tras unos cuantos minutos más de andar llegaron a su destino: el palacio. Este se erguía frente a ellos, imponente. La estatura del edificio no era exagerada, llevaba la proporción perfecta con las estructuras colindantes, claramente con la finalidad de proteger la ubicación del pueblo; el palacio les estaba recibiendo con un pórtico entre columnas de orden compuesto, todo completamente a juego con el rustico material de piedra caliza que formaban las paredes, además, como si aquello no fuera suficiente exuberancia, las ventanas de terminación semicircular decoraban todo como si se tratase de la cereza en el pastel. Un pastel custodiado por dos Lekismon que apenas y vieron a la guerrera lunar saludaron de modo militar.

La coneja asintió ligeramente ante el saludo, siendo imitada por los Tamers mientras lentamente se adentraban al recinto. Todos quedados maravillados con el llamativo interior del palacio, mirando de modo hipnotizante cada rincón del majestuoso sitio.
Wou —aquel fue un gesto unísono, todos observaban a detalle el sitio, la curiosidad les invadía.​

Era un sitio era de un tono café claro con detalles dorados, en el techo una cúpula circular, ilustrada por lo que parecía ser la historia de los Lopmon regentes de Cherubia, lograba hacer que el recibidor del sitio tomase la misma forma, asimismo la iluminación proporcionada por dos grandes arañas colgadas al centro daba efectos maravillosos al lugar, sobre todo a los diversos pilares corintios estriados que decoraban las escaleras y barandas del segundo piso.

Además, como si aquello no fuera poco, las paredes tenían grabados de varios Cherubimon, era solo un fino relieve pero sin duda bastante llamativo.


Yo también quiero un palacio así —murmuró Lop saltando desde su sitio hasta un costado de los otros Child que también miraban todo.​
Es un lugar espectacular —tajó sin más la guardiana del spirit acuático mientras tocaba uno de los grabados en la pared.

¿Qu-quienes son ustedes? — aquella pregunta hizo saltar a los Tamers, mirando sin dudarlo en dirección de aquella voz.

Un tembloroso Terriermon con delantal miraba al grupo con rostro asustado, sostenía entre sus manos lo que parecía ser un set de sabanas; retrocedió unos cuantos pasos, totalmente dispuesto a gritar.

No, no te asustes —esta vez fue el líder de Gungnir quien se aventuró a intentar calmar la situación—. No venimos a hacer nada malo…
N-no…. los extraños —el conejo negó y miró con pánico las escaleras. Podría echar a correr e ir pos su príncipe, salvarlo de todos aquellos extraños, pero estaba congelado…

No debes temer, no les haremos nada —Palmon habló con calma, avanzando hasta el child blanco.

¡Ah! ¡Mi señor, mi señor! —Terriermon lanzó todas sus sabanas al piso, corriendo en círculos, justo al tiempo que Crescemon entraba al sitio.

¿Qué diablos sucede aquí? —la guerrera resopló ante la reacción del child, quien al verla sencillamente se quedó sin palabras.

¿Po-Por qué estás aquí? —lentamente el conejo se limpiaba el rostro.

Vengo a traer a estos jóvenes, ellos nos ayudarán a cuidar a nuestro príncipe…

¿Eh? —El pequeño sirviente ladeó su cabeza —. ¿Y porque no lo dijeron antes?

Eso intentábamos, pero comenzaste a gritar —Agumon no perdió tiempo para hablar.

No deberíamos culparlos, todos están muy agitados. Es normal que desconfíen—aquel comentario fue solo escuchado por los portadores de los spirits, pues el dueño de dichas palabras era el espíritu del fuego.

Lentamente Crescemon se acercó para explicarle al más joven lo que aquellos humanos hacían en ese sitio, lo hacía con calma, intentando que el pequeño comprendiera cada palabra sin problema.

Entiendo, entonces ellos ayudaran —mencionó el conejito—. Imagino que debo ir a por el príncipe —la guerrera asintió, pero justo antes de que comenzara a hablar unos pasos alertaron sus orejas.​
¿Qué ha sido todo ese escándalo?

La atención del grupo se dirigió hacia la escalera, ahí donde iniciaba la misma se encontraba de pie un conejo marrón muy similar al compañero de la holandesa, pero este tenía algo parecido a una corona sobre su cabeza; era de un color dorado bastante llamativo y se enredaba en los cuernos del orejón con gracia, además sus orejas eran decoradas por lo que parecían ser pendientes del mismo tono.

¡Mi señor! —Terriermon agitó sus brazos y corrió al pie de la escalera, inclinándose en clara reverencia—. E-estos son los Tamers que han venido a ayudarnos, han pasado la prueba y son dignos de ayudarle…
Y-ya veo —el tímido príncipe se asomó más, viajando su mirar por los recién llegados, le sonrió a la guerrera lunar como quien le sonríe a un viejo conocido, y finalmente se fijó de nuevo en los humanos y compañeros, bajando lentamente las escaleras —. Bienvenidos, soy Lopmon… estoy a su cuidado y disposición.

{...}

Mirae Kiyoe M Maiku Masaru Masaru
Lamento la demora, estos fueron los días mpás horribles de mi vida (?) pero ya estoy de vaca...ciones u3u
 
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Moonchild
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Ese Lopmon tenía toda la gracia y dignidad de su posición, pero para el grupo no pasó desapercibida la mirada inocente de sus ojos, propia de quien nunca ha tenido que enfrentarse a conflicto alguno. Crescemon hizo una reverencia cuando el príncipe se detuvo al pie de las escaleras y unos segundos después el grupo de guardaespaldas la imitó, algunos gestos más gráciles que otros. La guerrera lunar confirmó lo dicho por el conejo blanco en el mismo tono serio y militar que había usado para con el consejo; el príncipe le respondió con un asentimiento y miró a los forasteros con curiosidad, esperando a que estos se presentaran a sí mismos.

Las debidas presentaciones se repitieron una vez más, para poner al tanto a ambos conejos Child. Al parecer el Terriermon gritón era el sirviente personal del príncipe y amigo cercano, por lo que probablemente lo verían cerca de él mientras durara la labor de escolta. Tras la charla Crescemon tomó un papel más pasivo, pero seguía vigilándolos mientras el sirviente les mostraba los aposentos del príncipe y la habitación donde ellos mismos se quedarían, contigua a la del heredero para mejor vigilancia. En todo el camino por la mansión se encontraron con diversos sirvientes ocupados en sus labores, los cuales hacían una reverencia al príncipe y luego clavaban la vista en los extraños con expresiones difíciles de descifrar.

Las habitaciones del futuro monarca eran dos estancias espaciosas conectadas entre sí que servían como sala de estar y habitación, respectivamente; paredes de madera talladas con Lopmon y Cherubimon, muebles exquisitamente pulidos y suelo alfombrado, todo rústico y elegante a la vez. Algo que no le pasó por alto al grupo fueron los amplios ventanales que se abrían a un exótico jardín trasero, eran un recurso para disfrutar la vista y dejar entrar mucha luz natural, pero también muchas otras cosas cabían por ahí. Los aposentos del grupo eran mucho más pequeños en comparación, una sola habitación amplia con camas dispuestas a los lados, la mayoría de las cuales habían sido traídas ahí el día en que habían solicitado el encargo a la Central, alterando el aspecto anterior de la sala.

—Bueno, tengo otros deberes a los que reportarme —dijo finalmente la jefa de la policía, en un tono que dejaba claro que no le hacía feliz irse, aun cuando el grupo contara con la aprobación de los ancianos—. Les encargo la protección del príncipe. Si lo necesitan pueden llamarme.

La coneja parecía reacia a avanzar más y no lo hizo hasta que les dejó claro que más les valía proteger al príncipe. Mientras Crescemon se alejaba el príncipe carraspeó, dirigiéndoles una tímida sonrisa.

—D-discúlpenla… hay tanto que depende de esta ceremonia que todos están muy preocupados —excusó a sus sirvientes, apartando la mirada ligeramente. Sus palabras sonaban correctas y educadas y su porte real seguía ahí, pero en los ojos fijos en la pared brilló un punto de miedo que tardó un poco en desaparecer. —Les agradezco que hayan aceptado cuidar de mí, no solo por mi bienestar sino del de todo mi pueblo —añadió, recuperado, volviendo a mirar a sus guardaespaldas. Ellos no necesitaban que se los repitieran, era algo que habían escuchado hasta el cansancio en el poco tiempo que llevaban ahí, pero aun así Masaki sonrió amablemente y contestó en nombre de todo el grupo.

—Mi señor, su lección comienza en 15 minutos —informó Terriermon en voz baja. Lopmon asintió y entró a los aposentos a esperar a su profesor, mientras el conejo blanco indicaba a los guardaespaldas que el príncipe estaría tomando su clase sobre la ceremonia y que hasta que terminara podrían vigilarlo como mejor les pareciera, aunque se mostró incómodo con el hecho de que extraños conocieran detalles secretos de aquel acto sagrado.

—Está bien, montaremos guardia en las puertas —asintió Samali antes de que el sirviente desapareciera.

—¿Sólo en las puertas? ¿Y qué sucederá si alguien entra por esas ventanas? —inquirió Lopmon con el ceño fruncido, ganándose una mirada nerviosa de parte de Nik.

—Bueno, claramente ellos no quieren que entremos —comentó Masaki.

—Además, estaremos vigilando: si alguien se asoma siquiera, nos enteraremos —aseguró la rubia, pareció que le sonreía a su líder, aunque en realidad el gesto iba dirigido al guerrero del fuego. Lopmon no parecía convencido y abrió la boca para preguntar a qué se referían exactamente, si había una enorme pared separándolos.

—¡Ah! Este lugar es espectacular —exclamó Noir, interrumpiendo cualquier pregunta por parte del conejo plebeyo— espero que tengan jacuzzi, necesito relajarme luego de tanto caminar~ ¿me acompañas, guapo? —Nik enrojeció inmediatamente en respuesta y en cuestión de nada la tuvo prendida a su brazo. Quienes la conocían bien se preguntaron si era un intento de evitar atraer preguntas hacia los spirits o si el comentario desubicado había sido espontáneo.

—Como sea, no podemos descuidar al príncipe, pero también tenemos que conocer el terreno —comentó Agumon, cambiando el tema. Agnimon había entendido el mensaje y tanto él como Ranamon vigilaban el interior de la habitación a través de la puerta para evitar ataques sorpresa viniendo de las ventanas.

Un par de frases después Palmon y Noir quedaron vigilando la puerta de los aposentos reales y el grupo se trasladó a su habitación para dejar cualquier equipaje que pudiera estorbarles y organizarse un poco antes de continuar; deliberadamente los de Gungnir se sentaron cerca de la pared para que la vigilancia de los incorpóreos pudiera continuar. Era una suerte que fueran un grupo grande, pero no estaban muy seguros de qué tantas libertades tenían para moverse.


Dentro de la habitación Lopmon acababa de sentarse detrás de un pequeño y elaborado escritorio ubicado en una esquina de su sala de estar, del otro lado se sentaba un Turuiemon que sostenía un pequeño libro y entre ellos una ordenada mezcla de papeles, lápices y una bandeja de té. El profesor saludó a su honorable alumno y dio un sorbo a su té antes de comenzar la lección, con Terriermon prácticamente pegado al respaldo de la silla de su señor. Lopmon tenía la taza cerca de él, pero parecía nervioso y la ignoraba tanto como a las galletas de la bandeja.


—M-me preocupa… m-me preocupa no haber visto l-la fuente de aquel h-humo en la aldea —alcanzó a decir el estratega del grupo, frunciendo el ceño mientras intentaba encontrar una solución lógica a aquello. Ciertamente nadie más había visto de donde salía el humo, pero desde donde fuera podría ser un gran problema, era como un cartel gigante de neon rezando “aquí estamos”.

No encontraron mucho más que decir al respecto, aunque mantendrían los ojos abiertos, así que pasaron al status quo de la misión. Tenían como máximo 3 Digimon de esa aldea en los cuales podían confiar, de resto cualquiera podría ser un peligro, literalmente. Del entorno, aunque no sabían si tenía libertad de movimiento, como mínimo necesitaban reconocer el jardín, ya que cualquier cosa que planeara acceder a las habitaciones por esas ventanas pasaría antes por ahí, y si había alguna forma de escalar debían saberlo. Había otra cosa que molestaba al estratega, aunque tardó un rato en decirlo.

—Uhm… n-no creo que debamos p-permitir que Lopmon hablar a solas… con n-nadie —dijo al fin, enrojeciendo al sentir todas las miradas sobre su cuerpo.

—¿Por qué? —preguntó Holly; vigilar que no lo atacaran era una cosa, pero espiar sus conversaciones... Lopmon, por su parte, ya estaba directamente dándole la razón.

—E-es que… asesinato n-no es el único p-peligro… alguien p-podría intentar c-corromperlo para que evolucione a Cherubimon Vice —se explicó.

Técnicamente Lopmon estaba con Terriermon, y además los Juttoushi estaban vigilando, pero el punto se entendió al instante: personas como su profesor tenían la posición perfecta para meterle ideas raras a la cabeza a Su Alteza. Tras un intercambio de miradas con su compañero de Guild, Samali se disculpó y salió de la habitación, alejándose un poco de la puerta hasta que Ranamon estuvo fuera de la pared.

—¿Qué pasa? —inquirió esta, sorprendida.

—Creemos que alguien como su profesor podría intentar influenciar negativamente a Lopmon —informó esta— ¿Han prestado atención a lo que le dice?

—Algo, hasta ahora ha estado describiendo un ritual previo.

—Bien, préstenle mucha atención a lo que diga también, y avísanos si dice algo raro —
pidió, sonriendo nerviosamente; la misión ya comenzaba a ponerla un tanto nerviosa ahora que las dimensiones de la tarea comenzaban a revelarse. Se había asegurado de hablar bastante bajo para que no le escucharan los novatos y, ahí en el pasillo, tanto Palmon como Noir estaban al tanto de la situación.

—Nada raro aquí fuera —sonrió la planta en cuanto su humana la miró. Samali asintió y volvió al interior.

Mientras ella estaba afuera Blanc se había acercado a una de las ventanas que daba a la izquierda del jardín y avistado algo que no era posible mirar desde los aposentos del príncipe. Ahora todos humanos y Digimon se encontraban asomados mirando la columna de humo blanco que se alzaba entre los árboles, lo bastante lejos para que no fuera visible desde la aldea, pero no lo suficiente como para que pudiera pensarse que venía de otra parte que no fuera esta misma.

—Creo que está justo en dirección opuesta a la ciudadela —comentó Loge, entrecerrando los ojos.

—E-entonces cualquiera que v-viniera de esta la vería… —complementó Klaus.

Aquello confirmaba que alguien quería que encontraran Cherubia, así que muy probablemente tendrían que cuidarse también de forasteros. A estos no se les permitía la entrada salvo casos específicos, pero si contaban con la ayuda de quien había encendido ese fuego… Sin duda quien haya sido era precavido, porque para ver la humareda había sido preciso estar varios pisos por encima del nivel del resto del poblado. Tras ese descubrimiento acordaron vigilar de cerca la puerta hasta que Lopmon terminara su lección y luego implementar una vigilancia más intensa, además de preguntar si podían moverse por el palacio, así solo fuera uno de ellos por vez, para reconocimiento.

—Quizá nosotros deberíamos acercarnos más al príncipe, también —añadió Holly, pensativa—; si alguien quiere corromperlo podríamos contrarrestarlo mostrándole sentimientos y palabras positivos.


M Maiku -le pasa el testigo-
Masaru Masaru Maka. Maka Evans, a ver si apresuramos el paso u3ú
 

"さあ、往こうか"
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- Estoy de acuerdo con esa idea - opinó Blanc, dirigiéndole una sonrisa a la líder de Black Jack antes de explicarse mejor a sus propios compañeros de Guild - La Central quiere asegurarse que no evolucione a un Cherubimon Virus, ¿no? Entonces mantenerlo por el "buen camino" es parte de nuestra misión.

- Eso es verdad - suspiró Masaki, recostándose más de la pared y subiendo su mirada al techo para meditar. Sin duda tenían bastantes flancos que abarcar en esa ocasión, algo de esperarse considerando la dificultad e importancia de la misión que les había sido asignada - Bien, ¿entonces puedo encargarles eso a Noir y a ti? - preguntó.

- ¿A ambas? - preguntó Samali.

- Nosotros no podemos hacerlo, los sirvientes no estarán tranquilos si ven que humanos o sus Digimon compañeros - hizo un ademán a Agumon, que escuchaba atentamente el razonamiento de su camarada - estamos "influenciando" al príncipe. Blanc y Noir son Digimon independientes y sagradas, es posible que sean más permisivos con ellas.

- Tal vez, pero como vienen con nosotros puede que no sea tan fácil - comentó Holly, acariciando distraídamente las orejas de su propio compañero.

- Nos ven como bichos raros - replicó el Child con un suspiro - Se supone que vinimos a ayudarles y así nos reciben.

- Aún así, lo intentaremos - afirmó Blanc - Pueden contar con nosotras.

Masaki sonrió y asintió a la monja, feliz de verla tan determinada con aquella tarea, ya fuera por querer proteger a Lopmon o simplemente por ser de ayuda para Gungnir. La conversación entonces pasó a comentarios más ligeros para alivianar el ambiente, referentes al pueblo y sus impresiones iniciales. Mientras las chicas comentaban al respecto, Loge se desconectó momentáneamente en sus propios pensamientos, tratando de recordar la última vez que había participado en una misión con un grupo amplio que no fuera su propio gremio. Mientras pensaba, la mirada del chico se posó en el alemán, que era el único de la habitación (aparte de él) que no estaba participando en la nueva charla del grupo. Notó que el joven germano mantenía la mirada en la ventana, atribuyéndolo inicialmente a una forma de aislarse de interactuar con extraños con los que, todavía, no estaba cómodo. No obstante, aunque posiblemente la teoría del japonés era acertada, otro motivo para las acciones de Niklaus se hizo evidente tras segundos de observación: La columna de humo, aún presente en la vista panorámica de la ventana, era el objetivo principal del Medium que no apartaba la mirada ni un momento de este.

- ¿De verdad te preocupa? - Aunque el tono del Elite había sido tranquilo y suave para no interrumpir la charla paralela, Nik irremediablemente se sobresaltó al oírlo, girándose de inmediato para encarar al japonés como un venado frente a una luz.

- A-Algo... - contestó, evitando el contacto visual con el líder de Gungnir.

Nakai esbozó una mueca culpable, un tanto inseguro de como tratar al menor sin incomodarlo más. Para Masaki, el contraste entre la actitud del chico y la de su primo era totalmente impresionante, sin embargo no realizó comentario al respecto. Algo le decía que la comparación no sería muy bien recibida, por no decir inoportuna.

- Tal vez deberíamos investigar eso primero - sugirió, alzando un poco más la voz para hacer participe de su opinión a sus compañeros de equipo - Si alguien lo está haciendo a propósito, será mejor atraparlo antes de que pueda eliminar evidencia.

- ¿Quieres ir ahora? - preguntó Samali - Pero la lección...

- También es importante, pero no sabemos si podremos averiguar el origen de la columna más adelante. Es mejor no dejar pasar la oportunidad - explicó Masaki - ¿Cual es la evolución de Lopmon? - preguntó, dirigiéndose a la pecosa y a su compañero.

- Wizarmon - contestó esta - ¿Por?

- Wizarmon, huh... - El chico se llevó una mano al mentón, meditando bien las opciones del grupo antes de tomar una decisión - Bien, en caso que ocurra una batalla dentro del palacio tendríamos que depender de Wizarmon, Lilamon y Noir para luchar por su tamaño - explicó. Su lista obviaba deliberadamente a Agnimon y a Ranamon, sin embargo Apsará no dudó que el japonés también los consideraba, simplemente no los mencionaba para ahorrarse las preguntas "incómodas" - Agumon y Greymon no pueden moverse con libertad así que ellos estarán mejor en espacios abiertos.

- Entonces... - interrumpió Agumon, que a esas alturas ya podía predecir a lo que quería llegar su Tamer. El chico sonrió, asintiendo a su compañero antes de completar su idea al resto del grupo.

- Nosotros iremos a investigar la humareda - afirmó, haciendo un ademán con la cabeza a Niklaus para hacerle saber que lo incluía en su "grupo" - Samali y Holly, ustedes quédense aquí con el príncipe. Si algo sucede, usaremos el comunicador o el D-Terminal para informarnos mutuamente. De todas maneras no creo que estemos separados por más de una o dos horas, ¿les parece?

Los presentes intercambiaron miradas, evaluando internamente la propuesta del líder de Gungnir antes de dar una respuesta. De todos en la habitación, quien parecía más indeciso era Nik, debatiéndose entre el interés de llegar al fondo de ese misterio y el deseo de evitar quedarse a solas con el japonés, a quien no conocía realmente más allá del efímero encuentro en Halloween y el hecho que se trataba de un compañero de su primo. Finalmente accedió, priorizando no solo el evitar una complicación en la tarea sino también para tener algo más para distraer su mente que solo esperar en una habitación. Masaki sonrió, acercándose para darle una palmada amistosa en el hombro al chico antes de dirigirse de vuelta a la Expert.

- Cualquier cosa avísame, te lo encargo - Samali asintió, indicándoles que tuvieran cuidado para luego volver a recostarse de la pared y permitirle a Ranamon seguir espiando la conversación. Sin más, ambos varones y el reptil salieron entonces de la habitación, informándole de sus intenciones a Palmon y Noir antes de partir.

- ¡Ok, déjamelo a mí! - Fueron las palabras de la monja, atenta y con su característica sonrisa gatuna. Sus ojos platinos se posaron en el alemán, que tuvo un escalofrío al notarlo. Por un momento la Adult pareció querer soltar un comentario, sin embargo al final optó por abstenerse por alguna razón que no fue clara para el japonés - Con cuidado~

[...]​

A excepción de un par de preguntas desconfiadas de los guardias, salir del castillo no fue un inconveniente para el dúo, que se encaminó a solas por las calles del pueblo con un único objetivo en mente. El recorrido no era muy distinto al que habían vivido minutos atrás, marcados por las miradas furtivas y comentarios poco sutiles de los habitantes que seguían reacios a la presencia de los forasteros en su hogar. A Masaki esto no le molestaba en general, sin embargo la sensación de estar siendo observado fue una que se hizo presente bastante pronto, incomodándolo ligeramente. Fue al cabo de unos minutos que sus sospechas fueron confirmadas por su espíritu, que se había manifestado sobre su hombro y fungía la labor de "vigía" para el grupo.

- Nos están siguiendo, Masaki - informó Agnimon - Un Turuiemon.

El japonés asintió pero no comentó al respecto, mirando de reojo para notar que, efectivamente, un conejo Adult seguía los pasos del grupo. Aquello levantó un par de dudas en el japonés: ¿Ese Turuiemon era un guardia del palacio que quería asegurarse que no tenían malas intenciones? ¿O acaso los estaban espiando por sus propios motivos? Sin saber eso no podían confiar en aquel "acompañante", por lo que debían cuidar muy bien sus pasos a partir de ese momento. Observó entonces al europeo, absorto en su intención de aislar de su mente todos los ojos que inevitablemente se posaban sobre él por su status. ¿Debía advertirle? Loge no estaba seguro de ello, puesto que no quería poner aún más nervioso al miembro de Black Jack. Suspiró, ahora que lo pensaba no tenía idea de como tratar al chico en primer lugar, una incomodidad que se asemejaba bastante a las que sentía con el gremio últimamente.

- Ah...

Por un momento Masaki creyó que Nik había reaccionado a su suspiro, sin embargo antes de comentar algo notó cual era el verdadero motivo. El muro que delimitaba Cherubia había aparecido ya en el campo de visión del grupo, interponiéndose entre ellos y lo que fuera que estuviera enviando aquellas "sutiles" señales a los invasores. Ese descubrimiento confirmaba que se trataba de algo fuera de la aldea, lo cual aumentaba aún más las interrogantes y, además, les decía que debían llevar su misión de reconocimiento de vuelta a la Tierra Espiritual si querían atrapar al responsable de la situación. Una carrera contra el tiempo si querían lograrlo antes que escapara o, peor, los “invitados” que llamaban llegaran al lugar




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El dúo de varones observaron con atención el humo que se alzaba tras el rocoso muro, debían investigar pero… saltar no era una opción. Sí lo hacían podrían ser tomados como chivo expiatorio por él o aquellos que provocaban la columna de humo, incluso extraños pues aquello no sería muy normal; literalmente estaban atados de manos, no podían darse el lujo de que les echaran de ahí.

Esto fue una trampa —el germano habló con ligero nerviosismo, pero lo había hecho en un tono ligeramente bajo con la finalidad de que solo Masaki le escuchara. El joven nipón asintió.

Sí… es extraño que la señal esté tan cerca de la muralla —respondió el líder de Gungnir mientras llevaba un mano bajo su mentón.​
Las posibilidades de utilizar aquella señal como indicador de posición por algún enemigo eran grandes, no se podía negar pero… la cercanía con la que había sido posicionada y su repentina re aparición dejaba mucho que pensar. Aquello –justo en ese momento y debido a su “estratégica” ubicación– tenía más finta de cebo atrapa bobos.

Tenemos más compañía —el guerrero del fuego habló para su portador—. Ya no solo nos sigue un Turuiemon… son más.

Es mejor que nos movamos —señaló Masaki, Nik le miró con atención y asintió.

Sí, lo mejor será que continuemos revisando el perímetro —Por inercia llevó su mano donde su Xros y lo apretó con ligereza.

Andando, andando —Agumon se apresuró a avanzar, seguido muy de cerca por ambos humanos.​
Lentamente se alejaban del muro pero no llegaron muy lejos, pues a escasos metros de donde se encontraban analizando aquella columna de humo un conejo violáceo les cerró el paso. Aquel Turuiemon les miró con atención, parecía muy concentrado en aquello. Sus orejas se movieron ligeramente y avanzó un paso, mirando de modo amenazante al dúo.

¿Qué hacen en este sitio? —Los ojos del conejo se entrecerraron —. ¿No deberían estar cuidando al príncipe?

E-es solo reconocimiento del terreno —señaló Nik sin más, apretando por inercia y nervios sus puños.

Pues no les creo —una extraña mueca se pintó en el rostro del ninja quien prosiguió—; este comportamiento suyo es muy raro…

Casi de la nada dos conejos más salieron de las pequeñas calles a espaldas de los jóvenes, alertándoles casi de inmediato. Los varones resoplaron.

No vamos a permitir que echen esto a perder.
Aquel comentario tan ambiguo por parte del Turuiemon al frente de los Tamers les alertó aún más. Agumon casi por inercia se colocó frente al par de jóvenes, mirando a todos lados. ¿A qué demonios se refería el conejo con eso? Ninguno tenía idea, pero debían comenzar a pensar en que harían. Solo esperaban que las chicas lo llevaran mejor.

{...}

Samali y Holly continuaron en su labor, cada una resguardaba una parte del castillo: Samali a las afueras del cuarto donde Lopmon tenía sus lecciones y Holly en el patio trasero colindante a la habitación, ambas féminas mantenían comunicación constante mediante su D-Terminal. Todo parecía ir de modo calmo en aquellos lares, nada fuera de lo común; de hecho ambas Sistermon de Gungnir ayudaban un poco a resguardar el perímetro y daban su ultimo rondín por el sitio antes de marchar donde los ancianos. Querían comenzar a escoltar al príncipe de Cherubia cuanto antes.

Así, mientras el dúo de sagradas andaba de vuelta por el pasillo con dirección al vestíbulo principal, con la clara finalidad de salir del sitio, ambas Tamers mantenían el contacto de un extremo de su guardia al otro.

— ¿Qué tal va todo por allá? Aquí hace buen clima…
—claramente aquello era una broma por parte de la pecosa que resguardaba en el patio—. No hay movimiento, de hecho todo está demasiado calmado

—Aquí pasa igual, pero estoy segura que no tardan en terminar la lección; Terriermon ha salido hace un momento y me dijo que no faltaba mucho, que tomarían algo así como un descanso tras la última lección…
—la portadora del espíritu acuático tecleó aquello con tranquilidad, hizo una pausa y continuó con su escrito—: saldrán pronto, espero. ¿Quieres ir volviendo?
Al recibir aquel último texto Holly miró con ligereza a su camarada mostrándole el contenido del mensaje.

¿Qué dices, orejón?

Que deberíamos tomarle la palabra, aunque me parece extraño que terminaran tan pronto con la lección del príncipe pero…

—Holly suspiró levemente—, a mí tampoco me parece muy normal eso pero… — llevó un dedo bajo su mentón, claramente meditando—; pero podría ser cualquier cosa, incluso que deseen solo tomar un descanso.
Holly aprovechó aquello para cargar con suavidad a su camarada quien resopló y negó con la cabeza.

Eres demasiado ingenua, pecosa —le jaló una trenza con suavidad—. Mejor entremos ya, no dejemos esperando a la rubia…

Samali, Lop. Se llama Samali.
Sin más la holandesa se puso en marcha. Estaba incomoda, algo no le terminaba de gustar d aquel sitio pero… esperaba que volviendo donde la fémina de Gungnir aquella sensación aminorara.

{...}

Samali y Palmon se mantuvieron de pie junto a la puerta tras recibir un último mensaje al con un: “vamos para allá” por parte de la holandesa. La chica sonrió y se acomodó en su sitio. Imaginaba que el pequeño conejo marrón estaba con su última lección de aquel periodo, así que tan pronto terminara sabía que tendría que ponerse en movimiento para escoltarle.

¿Qué tipo de lecciones le estarán dando al príncipe? —Tajó aquello Palmon con curiosidad mirando la puerta desde su sitio, la rubia negó ligeramente con una gentil sonrisa.

Podrían ser muchas cosas: juramentos —comenzó a enumerar la fémina—, movimientos, acciones, votos…

Ya veo —asintió la child​
Pero mientras ambas compañeras continuaban con aquella charla, Ranamon estaba más interesada en lo que sucedía al otro lado de la puerta. Había estado poniendo atención a la lección desde el inicio de la misma, nada fuera de lo normal… o al menos así fue hasta que el tutor del príncipe había soltado un comentario que le alertó.

“— Los humanos no son mucho fiar, su majestad… será mejor mantenernos a raya de sus actividades hasta que se vayan, evitar problemas.”
Hump… los sujetos como él son quienes no dan buena espina — Ranamon resopló y se volvió a su portadora, lista para contarle lo que había escuchado. Pero justo en aquel momento la puerta se abrió, dejando ver al príncipe en compañía de Terriermon y un tanto atrás, su profesor.
La rubia les observó en silencio e hizo un ligero saludo educado al noble de Cherubia, que apenas y pasó a lado le devolvió el gesto a la Tamer, quien sin pensarlo dos veces comenzó a escoltar la marcha del grupo. Ranamon le siguió, mirando con cierta desconfianza al instructor del príncipe.

… No confiaría del todo en ese profesor —la hija lunar habló claro—: no lo he oído expresarse del mejor modo

Entiendo —asintió la chica mientras comenzaban a bajar las escaleras rumbo al recibidor principal, donde se encontraban ambas Sistermon en compañía de Holly, parecían que hablaban con alguien.​
Ahí en el recibidor se encontraban no solo aquel trío, sino que también se encontraban –para sorpresa de todos–, los ancianos de la aldea. Holly se mantenía un tanto más atrás, mirando distraídamente a todos lados pero apenas y miró la escalera esbozó una sonrisa a modo de saludo.

Por su parte las Sistermon parecían observar con encarecida insistencia a los ancianos de la aldea; estos sencillamente pasearon su mirada del dúo sagrado al joven príncipe Cherubiano y viceversa.

No vemos problema en que le hagan compañía —Wendimon habló con voz suave, sacando un resoplido del viejo Andiramon que solo observaba de medio lado, claramente estaba molesto y aquella decisión no era del todo de su agrado. Wendimon rió—. A nuestro príncipe le vendría bien un poco de compañía sagrada

Les confiaremos esa tarea a ustedes, ya que son imparciales, ¿cierto? —Turuiemon asintió levemente, utilizando la misma explicación de ambas digitales—. Se los encargamos mucho.

Muchas gracias —Aquel agradecimiento fue al unísono; Blanc y Noir se miraron e intercambiaron una sonrisilla, justo al tiempo que Lopmon llegaba al frente de los ancianos.
Lopmon no perdió tiempo de entablar una educada conversación con los sabios del pueblo, agradeciendo su visita –la cual era justificada bajo el hecho de que el grupo de ancianos solo quería ver que tal iba todo con los humanos, nada fuera del otro mundo–.

Es raro verles por aquí… —señaló Samali con ligero asombro.

Sí, lo sé —Holly le dedicó una mirada a la rubia y continuó—: no tenemos mucho aquí y ya han venido a ver como trabajamos.

Han de querer solo lo mejor para su príncipe —tajó Palmon mientras observaba la escena.

Por cierto, ¿los chicos aún no se reportan? —preguntó Samali

No, eso es extraño… —Holly habló con preocupación apretando el dobladillo de su suéter, no tener noticias de Nik de algún modo le ponía nerviosa.

Deben estar bi…
Lopmon, quien hablaba de modo despreocupado cerró la boca de golpe, agitando sus orejas y poniéndose alerta, Ranamon y Palmon le imitaron mientras miraban a todos lados.

Algo se acerca… —soltó finalmente el conejo tras un momento de tensión.
Podía escuchar aquel ruido claramente, eran pisadas sobre el tejado. Aquello no era bueno.

{...}
M Maiku
Mirae Kiyoe Masaru Masaru )o) Blah, blah, blah -se mata-
 
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Maiku

Mr. Nobody
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Niklaus se acercó inconscientemente al mayor, algo intimidado por las miradas que les dedicaban todos los Turuiemon, ¿por qué se portaban tan agresivos con ellos? ¿Acaso se metieron en una zona que no debieron traspasar? Su mente caviló mil y un razones, entre las que estaba aquella que decían los soldados, aunque no sonaba del todo convincente. Sus compañeras podían hacerse cargo del príncipe a la perfección, mientras ellos conocían un poco más el pueblo, sobre todo si tendrían que recorrerlo durante la ceremonia. Masaki, por su parte, paseaba sus ojos con cierta tensión sobre los tres que le rodeaban. Su mano empuñaba el Burst, listo para hacer que Greymon los sacara de cualquier apuro, pero tampoco quería hacer el primer movimiento. Entendía que podría ser una trampa y que los orejones fueran traidores, era bastante tentador llegar a esa conclusión a partir del último comentario, pero bien podría ser un malentendido y si atacaba podría volver más que delicada la situación con el Consejo de Ancianos y la Sheriff. Todo resultaba ser un callejón mental para las mentes veloces de los chicos. Agnimon, por su parte, examinaba con atención el gesto de uno de los soldados en particular. Parecía incómodo.

— Tal vez deberíamos llamar a Crescemon —habló él, con sus cuchillas enfundadas—. Ella pidió expresamente que le avisáramos si…

— ¡Silencio! —Le interrumpió el de gesto más sombrío, mismo que dedicó el comentario que llevaba a malas interpretaciones con anterioridad— Debemos acabar con ellos. Tienen actitudes sospechosas, podrían estar tramando llevarnos a un futuro de infortunio.

— Lo que el capitán dice —bramó el tercero. A diferencia de su superior, sus manos temblaban. El etéreo sacó sus propias conclusiones a partir de las actitudes ajenas, pero decidió no decir nada, lo importante ahora era salir ilesos de ese problema.

— S-solo estábamos explorando —musitó Nik. De pronto el gruñir de Greymon empezó a sonar de fondo, no le agradaba que intimidaran de esa forma a su defectuoso compañero. Eso tensó más el ambiente—. E-ese hum —la mano de Nakai le interrumpió, negando en silencio.

— Lopmon nos pidió que recorriéramos la aldea —mintió—. Durante la ceremonia tendremos que protegerlo en campo abierto —explicó con lógica, sacándole una sonrisa a sus compañeros digitales— y mencionó que sería bueno que algunos de nosotros conociéramos la aldea para eso. Así no nos sorprenderán con facilidad.

— ¿Crees que me tragaré eso? —sorprendiendo a sus dos compañeros, el capitán alzó las cuchillas. De reojo miró tras la muralla, donde el humo empezaba a desaparecer, detalle que Leonhardt notó también— Escoria humana, solo quieren provocar problemas.

Lo siguiente pasó en un abrir y cerrar de ojos. Turuiemon dio la orden a sus congéneres para atacar a los muchachos, obligados a seguir sus órdenes aún cuando tuvieran ciertas dudas. Todos saltaron con sus Tokaku Tessou en mano, listos para volver a sus presas picadillo, sin esperar que ambas liberaran un repentino destello. La DigiSoul de Nakai envolvió con rapidez su puño, gatillando la evolución de su compañero a GeoGreymon en cuestión de segundos, mientras que el Xross Loader del germano reaccionaba a sus comandos, liberando sorpresivamente al tiranosaurio azulino. Ambos gruñeron con fuerzas, mirando a los pequeños ninjas acercarse y, a su vez, usaron sus cuerpos grandes para rodear a los Tamers como verdaderos escudos. Gracias a Yggdrasil por el sector no había ningún ciudadano, sino aquella escena se pudo haber malinterpretado de mil y un formas distintas, generando caos colectivo innecesario.

Una voz femenina se oyó de fondo, antes de que varias sombras se desplazaran a gran velocidad por el lugar, unas pisando con fuerza a los saurios para cerrarles el morro y otras agarrando en pleno aire a los conejos, inmovilizándoles con facilidad. Crescemon miró a todos desde la cima del muro, portaba un gesto bastante serio y furioso. Sus copias no tardaron en desaparecer. Klaus instintivamente forzó a su amigo a volver dentro del Digivice, consciente de que si se quedaba fuera, podría iniciar un combate con la policía por puro orgullo. Por su parte GeoGreymon la quedó viendo con curiosidad, al igual que el nipón. Anonadados por su aparición, los Turuiemon se juntaron a sus pies, haciendo un gesto oriental de respeto para luego mirarla a la cara. Ella chistó.

— ¿Qué sucede aquí? —la torpeza propia de la Perfect había sido tragada por esa actitud seria. El tímido de los humanos tragó saliva, rogándole a Grey que parara de gruñir.

— Señora —habló el capitán, algo frustrado—. Estos traidores merodeaban la zona sin permiso de nadie. Creo que traman corromper al príncipe.

— ¡M-Mentira! —gritó Nik, rojo como tomate— S-solo… s-solo… —sus nerviso le traicionaron cuando toda la atención se posó sobre él. Los ojos intensos de la coneja le dieron miedo.

— Como le dije a los Turuiemon —intercedió el Elite, con más calma—. Exploramos la zona para conocerla bien, el día de la ceremonia tendremos que proteger a Lopmon en público —omitió la mentira sobre que el príncipe los había comandado a hacer eso.

— ¿Y por qué nadie me avisó? —saltó hasta quedar frente a los soldados— Ustedes tenían órdenes expresas de avisarme de cualquier movimiento sospechoso —golpeó a todos con su arma—. Váyanse, yo me hago cargo —el trío asintió. No pasó por alto que el capitán lucía molesto con la decisión, pero le conocía bien, era terco como mula. Luego lidiaría con su insubordinación. Apenas se marcharon se giró hacia los chicos, suspirando cuando Agumon retomó su forma Child—. La próxima vez que quieran abandonar el castillo, avisen. Se les asignará una escolta para tenerles un ojo encima y protegerles —no tuvo pelos en la lengua en hacer evidente que seguía desconfiando de ellos. El reptil naranja rodó sus ojos.

— S-seguíamos una pista sospechosa —habló Nik, logrando que las orejas de la otra se movieran por curiosidad—. H-hasta hacía pocos minutos, una c-columna de humo se veía venir d-desde allí —apuntó el sector tras la muralla. Crescemon ladeó el rostro, para luego dar un salto de vuelta a la muralla. Efectivamente, había rastros de una quema controlada, ¿pero por qué? En Cherubia no solían hacer esas cosas porque atraía la atención de forasteros. Agnimon aprovechó de mencionarle a Nakai sus comentarios, haciéndole saber que creía que el capitán tenía intenciones ocultas—. Volvamos al castillo —miró la estructura, con preocupación. Dio un salto para caer cerca de los humanos, tropezando en el aterrizaje. Su descuido había vuelto. Los que la vieron sonrieron con nerviosismo, sin saber qué decir al respecto.

Mientras tanto, una figura femenina se paseaba sin cuidado alguno por los tejados del hogar de Lopmon, valiéndose de su velocidad innata y gran flexibilidad para saltar de un lado a otro, cuando así lo requería. Gracias a eso, pudo espiar cómo el príncipe era custodiado por dos chicas, acompañadas de una planta y otro conejo. A su vez, identificó una serie de seres digitales, sobre los que dedujo sus puestos a partir de cómo les trataban los soldados. Aparentemente los más ancianos que divisó eran los líderes temporales de la aldea, quizás el grupo asesor de Cherubimon, una vez este alcanzara la anhelada evolución. Por su parte, había varios conejos que parecían ser sirvientes del escogido, así como un par de monjas cuya misión era dudosa. Comentó una que otra cosa al aire, aparentemente con su Tamer, pues solo el Sound Linker o un Digivice peculiar permitían esa clase de comunicación a distancia. En su descuido, ignoró que las humanas notaron su presencia gracias a las entrenadas orejas de Lopmon, mas pronto recibió las órdenes de volver. La tensión del grupo protector bajó cuando el regordete confirmó que los pasos se alejaban, pero Samali no perdió tiempo en echar a correr hacia fuera, seguida de Noir. Ambas tuvieron la esperanza de divisar al sospechoso en los tejados, mas no vieron nada. Para su mala suerte, Bastemon había volado lejos del lugar por sobre las nubes, gracias al efecto de una carta.

Winters entrecerró los ojos, para luego llevarse la mano al mentón. Su iC no había reaccionado, así que no tenía suficientes argumentos como para creer que se trataba de un enemigo, ¿pero qué haría alguien allí arriba? Ranamon emitió una que otra queja, no le agradaba que estuvieran siendo espiadas. Holly, Lop y Blanc esperaron tranquilamente junto a los ancianos en el vestíbulo, hasta que la Expert volviera con la otra monja. Estas negaron en silencio, dando a entender lo sucedido y eso hizo que el príncipe se pusiera algo nervioso. Para su suerte, la de lentes sabía llevar bastante bien esa clase de tensiones y, sin mucho respeto, tomó al gordito entre sus brazos y le ofreció un chocolate. Eso no fue bien visto por Andiramon anciano, mas tuvo que tragar sus comentarios, pues Turuiemon intervino.

— Reforzaremos la guardia en los tejados —habló la senil—. Wendimon, Andiramon, sería bueno que pidiéramos a Crescemon que se quede cerca del castillo.

— Opino igual —asintió el otro Adult—. Será bueno tener a alguien de confianza junto al príncipe, en caso de que ataquen de noche —el otro anciano simplemente asintió, para luego darse media vuelta.

— Volvamos a nuestro puesto, aún hay preparativos que realizar —dedicó una última mirada reprobatoria a Antonich, quien ahora conversaba amenamente con el príncipe. Luego se retiró. Sus colegas hicieron un gesto de despedida a ambos, encargándole a uno de los soldados que remitiera el mensaje a la Sheriff.

— ¿Así como así se van? —chistó Ranamon.

— Tienen cosas que hacer —respondió en un susurro la rubia—. Me preocupa que Masaki y Nik aún no hayan vuelto —mencionó en un tono audible para todos—. Volvamos a la recámara del príncipe, quizás el profesor acceda a suspender la lección, considerando lo ocurrido.

— Esperemos que sí —Palmon suspiró—. Me duelen los pies por estar montando guardia tanto rato.

— Nik dice que vienen en camino —interrumpió Holly, ya sin el príncipe en sus brazos, sino que con su D-Terminal—. Vienen con Crescemon —enarcó una ceja.

— ¿Habrá pasado algo? —preguntó el protegido.

— Nah —sonrió su igual—, la pecosa se preocupa demasiado —intentó reconfortarlo. No quería que sus miedos lo acosara y eso le jugara en contra—. Subamos, su majestad.

[…]

Lejos del castillo, en las afueras de la ciudad, la gitana volvía a su etapa Child, un Plotmon. Fue recibida cariñosamente por un adolescente de aspecto desordenado y un parche en la nariz, que le daba un toque algo infantil a su rostro. Junto a él había una mujer que se veía mucho mayor, acompañada de Kudamon, quien le rodeaba el cuello cual bufanda. Tomaron asiento en unas sillas plegables que venía con su Kit de Camping, a medida que compartían una serie de comentarios respecto a su encargo. Se trataban de Emily y Clyde, dos mercenarios bastante conocidos en Holy Angel Citadel, pues solían tomar cualquier trabajo de asesinato a cambio de objetos preciosos y no de Bits. Lo último que la Central manejaba sobre ellos, era que la fémina era rango Elite mientras que su compañero Expert, especializándose en el uso de DigiSoul y el Card Slash respectivamente, aunque era bien sabido que gracias a sus botines tenían manos en DigiMemories bastante raras. Se rumoraba que ellos mismos servían como cazadores de DigiCode, pero nadie había logrado comprobar que poseyeran siquiera un CodeScanner para realizar ello. En fin, cualquiera del continente sabría que eran maleantes a quienes no había que molestar porque sí.

— Este trabajo será interesante —sonrió Emily—. Hace rato que no nos llega algo tan desafiante.

— Tsk, yo solo espero que nos den lo prometido —espetó su compañero.

— Claro que lo tendrán —una tercera voz se oyó provenir desde los matorrales. El capitán de los Turuiemon emergió—. Mientras aseguren que ese príncipe no logre evolucionar, tendrán todo lo que deseen.

— Más te vale, orejón —rió la mujer—. A Hyde no le gusta ser timado.

— ¿Cuándo atacarán? —respondió sin miedo el Adult.

— Ya veremos —suspiró el joven, rascándose la nuca—. Esos ancianos procuraron contratar buenos guardaespaldas. Cuatro Tamers —sonrió—, cuatro muertos.

Todos compartieron la distorsionada mueca del sujeto. Estaban ahí por una sola razón: evitar que Lopmon alcanzara su etapa Ultimate. Turuiemon y sus secuaces estaban seguros de que el príncipe no tendría la fuerza de voluntad para superar sus miedos, que evolucionara a Vice era un hecho, así que no podían darse el lujo de permitirlo. Por eso mismo, recurrieron a los servicios de ese mugroso par, prometiéndoles obtener tesoros antiguos de la realeza: dos Z.U. Gem y un Core Crystal. A ninguno de los Rogue le interesaba el motivo detrás de su tarea. Por esos rarísimos objetos eran capaces de arrasar con toda la aldea de ser necesario, no por nada habían venido más que preparados. Ellos habían sido los que siguieron las señales de humo para encontrar la aldea.

[…]

Mientras tanto, en una habitación apartada del edificio que servía como sede del Consejo de Ancianos, el larguirucho tomaba asiento y cerraba sus ojos. Apenas hizo eso, el Turuiemon que había estado sirviendo como profesor del príncipe cayó del techo, cual ninja, reportándose. Aparentemente los humanos le pidieron terminar sus clases antes, debido a lo acontecido, hecho que disgustó al de mayor nivel. Tocaron la puerta tres veces, a un ritmo bastante peculiar, antes de que se abriera. Entró entonces el guardia personal de todo el consejo, con un gesto bastante gélido, como acostumbraba a traer.

— Señor, Crescemon me reportó algo sospechoso —contó entonces lo de la quema controlada.

— Hmm, no creo que sean esos humanos —cerró los ojos, paciente—. Quizás hayan otros intentando influenciar la ceremonia.

— ¿Cree que compartan nuestro pensamiento? —dijo el colegial.

— No, somos pocos los que entienden la verdadera amenaza que posan los humanos —mencionó el anciano—. El evento ocurrido en año nuevo me hizo abrir los ojos. Ellos serán el fin de Cherubia y debemos detenerlos. Lamentablemente Turuie y Wendi no lo ven todavía.

— Ya entenderán —habló su homólogo más joven.

— Sí, cuando Lord Vice reclame el trono, todos lo harán —secundó el profesor.

— Por hoy dejemos tranquilo al príncipe y sus escoltas. Suficiente miedo le debe haber causado saber que le espiaban, mañana usaremos eso para convencerlo de que los humanos son los culpables —asintió para sí—. Mientras tanto, llamen a los demás. Debemos identificar quiénes son estos invitados imprevistos —ambos conejos asintieron—. Cherubia no caerá en desgracia mientras yo viva.

Maka. Maka Evans Masaru Masaru Mirae Kiyoe

Ver el archivo adjunto 310580
Nombre: Emily Forbes
Rango: Elite [Burst]
Compañero: Kudamon [Línea desconocida] (Angemon - NeoDevimon - Demon)
Organización: Scarlet Sting [Mercenarios]
Ver el archivo adjunto 310581
Nombre: Clyde Hamilton
Rango: Expert [D-Arc]
Compañero: Plotmon [Mikemon - Bastemon]
Organización: Scarlet Sting [Mercenarios]
 
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Moonchild
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Las chicas de la Central estaban de vuelta en la habitación del príncipe, esta vez se les permitió entrar para hacerle compañía; el Turuiemon que había estado enseñando al futuro monarca no había puesto una cara muy agradable al escuchar su petición de suspender las clases, todos se dieron cuenta, aunque intentó disimular lo mejor posible frente a su pupilo. Finalmente había cedido al escuchar de boca de Lopmon que este estaba demasiado nervioso y no deseaba continuar por el día.

Ahora, el conejo de la realeza estaba sentado frente a un tablero de Ajedrez de oro y plata, intentando vencer a Noir en la contienda mientras Blanc, instalada junto al príncipe, lo alentaba. La Expert recargaba las caderas contra el alfeizar de una de las ventanas, mirando hacia afuera con gesto pensativo; el hecho de que Masaki viniera de vuelta con Crescemon sólo hacía obvio que algo había sucedido y, si comenzaban a pasar cosas cuando no llevaban ni un día ahí, esa misión prometía ser lenta y extenuante.

Cerca de la cama del príncipe, Holly tenía pensamientos similares, preocupada por lo que sucedería en los próximos días. Antes de llegar a la habitación del príncipe habían pasado por la suya para vigilar la columna de humo, descubriendo que había desaparecido, ¿significaba que Masaki y Nik habían detenido a quien lo hiciera o los responsables habían logrado cubrir sus huellas?

Lopmon mismo parecía tener su propia carga de preocupaciones, aun cuando las sagradas hacían lo posible por distraerlo y hacer que se enfocara en pensamientos más agradables; pese a eso, en ese momento no parecía muy concentrado en la partida y Noir le estaba dando esquinazo a pesar de no ser precisamente buena en ese juego. La Adult, sin embargo, hacía lo posible por traerlo de vuelta a la realidad.

—Jaque~ —canturreó Noir, posando a su reina en una posición amenazante para el Rey de Lopmon. El príncipe se quedó mirando fijamente el tablero en busca de una ruta de escape a esa posición, aunque pronto sus pensamientos divagaron lejos del Ajedrez a otros temas más turbios.

—Estoy… estoy en peligro ¿verdad? —murmuró al fin y todos supieron que no hablaba del juego—, peligro más serio de lo que pensaba…

Por un momento nadie supo que decirle, no sería correcto mentirle, pero tampoco podían decirle toda la verdad y verlo caer en pánico. Finalmente, el Lopmon compañero dio un paso al frente y le sonrió al príncipe.

—Hay una situación delicada —admitió, tomando al otro conejo por el brazo— pero tú no debes tener miedo, nosotros estamos aquí para protegerte, pase lo que pase.

Su majestad le devolvió la mirada a su congénere con gesto triste y luego paseó su mirada a las monjas, la planta y ambas chicas; pensó que no creía que pudieran protegerlo de convertirse en Cherubimon Vice, y se estremeció al recordar la noche de año nuevo, cuando toda la expectación por su ceremonia había sufrido un duro golpe. Apenas había abierto la boca para contestarle cuando se escuchó un llamado discreto a la puerta y luego esta se abrió, revelando a Crescemon.

—Su Alteza —saludó esta con una reverencia, abriendo más la puerta para que Masaki, Nik y Agumon pudieran entrar.

Samali y Holly se acercaron de inmediato al centro de la habitación, mirando a los recién llegados con interrogación. Ranamon no perdió tiempo en ser ella quien preguntara a los varones que habían sucedido, aunque el Medium no pudiera escucharla; Agnimon fue el que contestó, contándole todo lo que había sucedido desde que salieran del castillo hasta la llegada de la Sheriff. Samali y Palmon tuvieron que hacer un esfuerzo para permanecer impasibles ante esa información, ignorando las palabras que la coneja Perfect estaba dedicando en ese momento al príncipe, para asegurarse de que este estuviera satisfecho con sus guardias hasta el momento. Lopmon asentía con timidez, diciendo que no tenía quejas.

—Me alivia que así sea, su Alteza —terminó por decir la policía— si no es inconveniente con usted, me gustaría intercambiar algunas palabras con su escolta, no tomará mucho.

Cuando Lopmon estuvo de acuerdo Crescemon giró sobre sus talones, tambaleándose un poco, aunque logró recuperar el equilibrio rápido, y salió de la sala; con un suspiro todos la siguieron salvo las Sistermon, que hicieron lo mejor posible por animar al príncipe y hacer que volviera a concentrarse en la partida. Una vez afuera, Crescemon les dedicó una mirada recelosa a los guardaespaldas.

—¿Encontraron esa columna de humo? —inquirió Holly, al no haber escuchado la explicación del espíritu de fuego.

—No, ya se desvanecía cuando los encontré —fue Crescemon la que contestó— ¿Por qué estaban cazando una humareda?

—Porque fue ese humo el que nos guió hasta aquí —informó Samali, frunciendo un poco el ceño— y estamos casi seguros de que no fuimos los únicos en seguirla a Cherubia.

Tras decir eso comentó para todos los pasos en el tejado y su sospecha sobre espías dentro del pueblo. A la coneja le preocupaba, pero de alguna forma le resultaba difícil creer que algún intruso pudiera entrar a la aldea sin que sus guardias se dieran cuenta y ellos no habían dejado pasar a otros extranjeros antes o después del grupo que tenía enfrente.

—Si alguien extraño entrara al pueblo lo sabríamos —dijo por fin la Sheriff— pondré a mis hombres a investigar la humareda, ustedes no pueden abandonar la aldea. Estoy de acuerdo en que tienen que conocer el terreno, pero asignaré algún oficial de confianza que los acompañe cuando deban separarse del príncipe.

Ranamon soltó un indignado comentario sobre lo irrespetuoso que era mostrarles a la cara que no les tenían ninguna confianza aun cuando ellos mismos les habían solicitado ayuda; por suerte, aparte de ella todos los demás mantuvieron la compostura al respecto e informaron a Crescemon sobre la idea del consejo de que ella se quedara en palacio, cosa que pareció agradarle bastante.

Luego de eso, debieron volver con el príncipe y el tener que estar atentos en todo momento les disuadió de reunirse para intercambiar impresiones y sospechas acerca de la tarea y los posibles enemigos, más que todo porque esa decaída del príncipe durante el juego de ajedrez les decía que mientras menos se enterara o sospechara él de las personas que iban tras su cabeza, mucho mejor. Las Sistermon se mantenían cerca de él tanto como Terriermon y se encargaban de distraerlo con anécdotas divertidas cuando lo notaban decaído y de hablarle de cosas buenas el resto del tiempo; a veces, Lopmon parecía preocupado, otras, daba la impresión de que se iba relajando, pero en todo momento mantenía una inocencia que esperaban pudiera mantener intacta hasta el día de la ceremonia.

Mientras lo cuidaban asistieron al almuerzo, otra lección con un profesor diferente y un muy incómodo paseo por la aldea, pues el pequeño conejo tenía la costumbre de tratar con sus súbditos siempre que podía; sin embargo, las tensiones hacia el gran grupo de forasteros que le hacía guardia no dejaban de percibirse, por más encantadora y normal que la población intentara actuar frente a su soberano. En todo momento los enviados de la Central permanecieron atentos, cada uno con un grado diferente de nerviosismo, por si detectaban algún sospechoso o persona que no debiera estar ahí; para su suerte, la población de Cherubia era muy homogénea y resultaba bastante fácil localizar a alguien que no viviera en ese lugar.

Cuando volvieron al castillo ya era media tarde y Crescemon los esperaba en el salón principal junto al mismo Turuiemon que había estado a punto de atacar a los chicos del grupo y otro de aspecto más joven; la Sheriff se había abstenido de acompañarlos al pueblo para arreglar algunas cosas con su guardia y dar órdenes, pero parecía que ya había terminado de hacerlo y de alguna forma al grupo no le daba buena espina lo que les diría a continuación. La coneja esperó a saludar a Lopmon y que sus acompañantes lo hicieran también antes de abordar por fin el tema que le ocupaba en ese momento.

—Ya algunos de ustedes conocen a mi mano derecha, Turuiemon —presentó, señalando al conejo púrpura; no se molestó en mencionar al ataque que este había estado a punto de llevar a cabo y mucho menos a disculparse por ello—. Les dije que les asignaría oficiales de confianza para cuando deban moverse solos por el pueblo, así que él y su aprendiz tomarán ese papel.

—Vaya forma de “protegernos” —replicó Ranamon cruzándose de brazos— habrá que cuidar que no nos corte la garganta en un descuido.

—¿Él estará siempre con nosotros? —inquirió Samali, procurando que no se notara que opinaba igual que su Juttoushi.

—Sólo cuando alguno de ustedes deba dejar el castillo sin el príncipe, como pasó hoy —contestó la Sheriff.

—¿Mi presencia les arruina algún plan? —interrogó el aludido con una sonrisa sumamente molesta que hacía evidente que no le agradaban para nada.

—No, sólo queríamos saber si debíamos incluirte en nuestras estrategias de defensa —aseguró Masaki con calma— naturalmente, mientras más manos tengamos para luchar, siempre es mejor.

No dio la impresión de que la mano derecha les creyera en lo más mínimo, pero se guardó sus palabras; había pedido esa posición expresamente para tener la oportunidad de sacar del mapa a alguno de los cuidadores y debilitar su vigilancia del príncipe. Tras ese altercado, que Crescemon pasó por alto, esta dio unas ultimas indicaciones y se disculpó con su alteza por mantenerlo en el salón por tanto tiempo; el Lopmon sagrado le restó importancia con algo de nerviosismo y manifestó que quería darse un baño para relajarse.

Lo poco que quedaba del día pasó con relativa tranquilidad, pues solo les quedó esperar a que el príncipe terminara su baño, acompañarlo a cenar y luego hacerle compañía hasta que comenzó a sentir sueño. Las Sistermon se quedaron con él en su habitación para vigilar mientras los demás hacían lo mismo desde sus propios aposentos; se aseguraron por privado de que ambas supieran que podían decirle cualquier cosa extraña a los Juttoushi, aunque no los vieran, ellos también estarían vigilando.

—N-no confío en ese Turuiemon —comentó Nik en cuanto estuvieron a solas.

—Yo tampoco, actúa de forma muy extraña —concedió Masaki, relatando a continuación lo que había pasado cerca de la muralla para que Holly y Lopmon estuvieran enterados, porque a ese punto eran los únicos que no lo sabían.

—Quizá solicitó ser nuestro vigilante para asegurarse de que no le estorbemos —añadió Lopmon, frunciendo el ceño.

—Sea como fuere, lo mejor sería no darle material para hacernos quedar mal frente a Crescemon, nos conviene tener a la Sheriff de nuestro lado —dijo Palmon.

En la conversación que siguió acordaron que si debían salir de nuevo lo harían en grupos que pudieran defenderse contra él y sus secuaces. Crescemon les había dicho que ella y sus hombres custodiarían los tejados y los alrededores del castillo, de forma que ellos sólo debían preocuparse por lo que consiguiera entrar al mismo; luego de eso decidieron que Masaki se quedaría haciendo la primera guardia mientras los demás intentaban descansar un poco.

[…]
En la habitación real, el príncipe no dejaba de dar vueltas y más vueltas por su enorme cama, se había despertado de pronto asustado sin motivo específico y ahora estaba demasiado inquieto para dormir otra vez. Sabía que Blanc y Noir estaban en el sofá, pero no quería despertarlas, si es que estaban durmiendo, y tampoco sentía que ellas pudieran ser de alguna ayuda con los problemas que agobiaban su digicore; a decir verdad, tampoco estaba seguro de si debía dejar que otros vieran sus problemas, no le habían enseñado sobre eso en sus lecciones de príncipe.

Pasado mañana sería la ceremonia para la que lo habían educado toda su vida y se decidiría el destino de su aldea, pero desde principio de año el miedo a que ese destino fuera trucado lo consumía y estar más cerca de la fecha no ayudaba en nada a sus nervios. Rememoró de nuevo la visión de año nuevo y se estremeció; no se sentía capaz de enfrentar esa prueba… es decir, él era bueno, o al menos creía ser un Digimon amable, tranquilo y generoso, pero desde ese día no podía evitar preguntarse si eso sería suficiente. Ahora, además, había gente espiándolo, debía ir por ahí con casi una docena de escoltas y no sabía si debía confiar completamente en ellos o no, porque su profesor decía que los humanos no eran de confianza; todo estaba siendo casi demasiado. Sollozó quedamente y se cubrió más con las mantas.

Ninguna de las Sistermon estaba durmiendo, por supuesto, y se dieron cuenta de la inquietud del príncipe, aunque optaron por darle privacidad para pensar en sus asuntos, al menos hasta que lo escucharon sollozar. Blanc se levantó y caminó lentamente hacia la cama, sentándose en el borde y buscando cuidadosamente el bulto de Lopmon para poder hablarle; Noir se mantuvo aparte por el momento.

—¿Su Alteza? ¿Algo le preocupa? —preguntó la Child sagrada, acariciando el bulto que debía ser Lopmon, lo sintió temblar. —Sabe que puede confiar en nosotras ¿cierto? Quizá podamos ayudarle…

No obtuvo respuesta mientras Lopmon permaneció allí, con el rostro cubierto y temblando un poco, sin decidirse todavía a que algo como el partido de ajedrez volviera a pasar, pues en el fondo perder el temple de esa manera le hacía sentir débil e indigno. Finalmente resultó obvio para él que no iba a poder calmarse por sí solo y pensó que quizá confiar un poco en ellas no estaría mal, después de todo el Consejo de Ancianos las había aprobado para acompañarlo ¿cierto? Con ese pensamiento se apartó lentamente las sábanas y miró a la menor de las hermanas.

—Tengo miedo —murmuró al fin con tristeza.

—Sabe que le protegeremos, cueste lo que cueste —aseguró la sagrada, acariciándole una oreja— no tiene a que temer mientras estemos con usted.

—No me preocupan esas amenazas… me preocupa… —hizo una pausa para respirar profundo— me preocupa la ceremonia, es un gran peso que cargar —dijo finalmente, dejando salir su mayor preocupación sin verse totalmente vulnerable.

—Si te dejas dominar por el miedo perderás la batalla —dijo—, ten confianza en ti, eres amable y solidario, inocente, tranquilo y muchas otras cosas buenas, no dejes que un poco de miedo empañe eso; si eres capaz de permanecer fiel a ti mismo, nada malo pasará.

Lopmon asintió lentamente, dando vueltas a esas palabras; hablaron un poco más y las ganas se sollozar se le fueron pasando paulatinamente.

—¿Ustedes confían en los humanos? —preguntó por fin, dirigiéndose tanto a Blanc como a Noir, que se había acercado durante la conversación y estaba detrás de su hermana. —Mi profesor dice que no son de fiar…

—Hay muchos tipos de humanos —contestó la mayor de las hermanas con su típica sonrisa gatuna— algunos son dignos de confianza, otros no, pero te aseguro que los que se comprometieron a cuidarte sí lo son.

—Nosotros los seguimos porque Masaki nos ayudó en un momento de gran necesidad —explicó Blanc— son buenas personas, solo quieren ayudarte, nada más.

Ahora el conejito no sabía bien a quien de los dos bandos debía creerle, pero de alguna forma le parecía que las hermanas no estaban mintiendo, ni había detectado nada maligno en Holly y sus deliciosos chocolates… aunque el anciano Andiramon siempre le decía que era muy fácil manipularlo, pero eso no era verdad ¿cierto? Uggh… no lo sabía.

—Deberías descansar, Lopmon, los problemas parecen mucho más aterradores en la oscuridad —añadió la monja menor—; relájate, vacía tu mente y duerme, seguro mañana a la luz del sol las cosas te parecerán menos terribles.

Que se relajara probó ser más difícil, por lo que terminaron enviando a Terriermon a por una taza de leche tibia mientras ellas distraían al príncipe con anécdotas divertidas, hasta que este por fin dejó ir sus preocupaciones y se fue relajando poco a poco hasta dormirse. No muy lejos de allí Agnimon atravesó la pared para informar a su portador del episodio y volvió a la vigilancia.

[...]
A la mañana siguiente Holly despertó a sus compañeros con delicadeza, pues a ella le había tocado la guardia previa al amanecer, y el grupo se preparó para el nuevo día; la noche había pasado sin nada nuevo que reportar y esperaban que el día siguiera igual, aunque ellos no supieran que los renegados y los hombres del anciano consejero ya estaban en movimiento desde las sombras. Masaki pidió a las Sistermon que durmieran unas horas luego de haberse pasado la noche en vela, ellos se las arreglarían bien mientras tanto.



Masaru Masaru go go go
M Maiku Maka. Maka Evans, lamento la tardanza </3

 

Maka.

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{...}

Lopmon bostezó con pereza mientras tallaba uno de sus ojos, haber tenido la última guardia lo tenía molido, Holly sencillamente se limitó a acariciarle la oreja con suavidad, inclusive le extendió una invitación a tomar su etapa baby pero el orgulloso conejo declinó. Si ella podía soportar despierta también él.

No tardó mucho en que todos los Tamers estuviesen listos y dispuestos; aquel día había planes de realizar una pequeña caminata y recreación alrededor del patio principal para el joven príncipe, por lo que si pensarlo dos veces el grupo de se dirigió al mismo.

Deberíamos hacer guardias en varios puntos del jardín —tajó con calma el germano mientras miraba su Xros, observando a su camarada. Greymon tenía bastante tiempo dentro de su dispositivo, seguramente estaría inquieto.

Me parece una buena idea, además los jardines son muy grandes —puntualizó Samali mientras miraba con detenimiento los muros que rodeaban el sitio—. No podemos dejar ningún sitio sin proteger.

Sí, a pesar de que Crescemon tenga guardias apoyando… —Masaki habló sin olvidar el evento de los primeros días, había algo sobre la guardia que se había elegido que no terminaba convencer.
Todos miraron como el líder de Gungnir llevaba una mano debajo de su mentón con semblante preocupado, meditando aquellas circunstancias; entendían perfectamente el sentir del chico, lentamente el tiempo había corrido y, aunque la paz reinaba, de algún modo sabían aquello solo era la calma antes de la tormenta, que estaban en plano ojo del huracán… porque en menos de un día llegaría la hora.

Lentamente aquel momento de cavilación se vio prolongado más de lo imaginado, pues a pesar de haber salido antes que el príncipe, para cuando el joven gobernante de Cherubia salió al jardín, los Tamers apenas y continuaban consultado la formación que tomarían. Aquello llamó particularmente la atención del noble orejón quién sin dudarlo un segundo se aproximó a los Tamers, curioso.

Bu-buenos días —la suave voz del príncipe logró hacer que los Tamers volviesen la vista en dirección del mismo.

Buenos días, alteza —aquel saludo fue unánime, todos los presentes le sonreían al conejo con aparente tranquilidad; inclusive la fémina de Black Jack acortó distancia, aprovechando para apapacharle como generalmente lo hacía con su camarada, acariciando sin tapujos sus orejas.

Me alegra verlos aquí —el futuro regente de Cherubia sonrió con vergüenza ante aquellos mimos, pero a pesar de eso en ningún momento se alejó, sencillamente se limitó a observar a todos lados con incertidumbre—. Disculpen, ¿y las Sistermon?

Ante aquella pregunta los Tamers rieron ligeramente, era claro que el conejo se preguntara por el paradero de aquellas sagradas, después de todo eran las que más unidas estaban al joven príncipe.

Alteza, las hermanas están descansando ahora mismo —Masaki habló con tranquilidad, colocando una de sus manos en el pequeño hombro contrario—; anoche se esforzaron mucho, apenas y estén más descansadas se unirán a nosotros.

Y-ya veo —el conejo asintió con ligereza, intentando ocultar un pequeño rubor de vergüenza que aparecía en su rostro.
Aquello no duró mucho, tan pronto como el príncipe iba a volver a tomar la palabra, su joven sirviente se adelantó hasta él, tomándole de la pata con impaciencia.

Majestad, majestad —Terriermon le jaló ligeramente—. Turuiemon le espera, sabe que a pesar de ser una caminata debemos repasar algunos puntos de sus lecciones. Ya habrá tiempo para hablar con los chicos cuando sea el momento de la merienda.

E-entiendo yo…

Tranquilo, alteza —la joven Winters sonrió, claramente intentando clamar al conejo—. Vaya, nosotros estaremos aquí.

Hmp —aquel resoplido fue por parte de la Juttoushi acuática, que sencillamente no terminaba de sentirse cómoda con la compañía de aquel docente—. Insisto en que ese sujeto no me da muy buena espina. Nos mira muy extraño
Un ligero asentimiento por parte de Samali fue el único gesto que hizo la chica para apaciguar a su compañera, justo al tiempo que Lopmon se alejaba del sitio en compañía de su acompañante. El grupo observó con atención el andar del príncipe y, apenas este estuvo a la par de su docente los chicos continuaron con lo que habían comenzado antes del que Lopmon se acercase a ellos: indicar posiciones en el patio.

{...}

¿Lo harán hoy? —Aquella pregunta abandonó los labios de aquel guardia imperial, aquel que era la mano derecha de Crescemon. Ambos pelirrojos sencillamente se limitaron a ver con ligero desdén al conejo purpura.

Sí queremos podemos hacerlo el día mismo —tajó sin más Emily—. Recuerda lo que te dijimos, somos expertos en lo que hacemos…

Sí, no necesitamos que un conejo miedoso venga a decirnos que o como hacer nuestro trabajo —resopló el joven mercenario mientras acariciaba la cabeza de su camarada.

No soy ningún miedoso —bufó el capitán de la guardia, dando un pisotón molesto.

Claro que lo eres, de no ser así tú mismo te hubieses encargado de ese pequeñajo…

Y-yo… —el ninja balbuceó entre cortadamente, podría darles millón y media de escusas, desde el no querer levantar sospechas hasta que estaba vigilado, pero en cierta parte los mercenarios tenían un punto, gruñó por lo bajo con molestia—. Co-como sea —su ceño se frunció—. Hoy será la oportunidad perfecta, el príncipe tendrá un pequeño paseo hasta la media tarde, estará en el jardín, hay mucho sitio para que trabajen.
Un resoplido abandonó el cuerpo de la fémina mientras agitaba sus cabellos con elegancia, acomodándoles en el acto.

Mejor deja de comportarte como un maldito bebé llorón y regresa a tu puesto —su mirada se fijó en el conejo violáceo—. Si no te ven podría ser sospechoso.

Echarías a perder un trabajo bien planeado si no vuelves inmediatamente —Clyde gruñó, dedicándole una irada de muy pocos amigos al guardia, aprovechando de acomodarse su típico auricular comunicador—. Y si lo haces, ten por seguro que te sumas a los cadáveres.
Turuiemon retrocedió unos cuantos pasos, mirando con recelo al dúo de mercenarios que había contratado, ya no pensaba que fuera tan buena idea aquello, pero no le quedaba otra opción; chasqueó la lengua y miró el piso enojado, girándose para irse.

So-solo… —tragó duro—. ¡Solo asegúrense de que ese trabajo esté terminado hoy! —sus puños se cerraron—. No queremos que todo se vaya por la borda.
Dicho aquello salió del sintió sin más, escurriéndose grácilmente entre callejuelas, pasillos y callejones. Ambos mercenarios intercambiaron miradas, riendo entre ellos de manera cómplice.

Pobre sujeto, sí que está desesperado —murmuró el chico.

Sí, y eso es bueno —la mujer se acomodaba su saco—. Será mejor ponernos en marcha.
{
...}


Para cuando Turuiemon llegó al castillo la caminata había casi finalizado, o al menos eso parecía; los Tamers ocupasen sus sitios correspondientes, ambos varones cercanos a la verja, vigilando con ojo taciturno a todos lados, las chicas por su parte acompañaban la marcha del futuro soberano, guardando siempre una respetable distancia entre ellas y el líder. Solo se contaba con un contado número de soldados a disposición; Crescemon había llevado a varios de ellos a responder una actividad sospechosa al lado sudoeste de la villa.

Todos estaban atentos a sus sitios. Turuiemon tembló mordiendo su labio y miró a todos lados. Por un momento su vista se perdió en el joven regente que, con tranquilidad, apretaba el paso con una sonrisa; Lopmon se dirigía al interior del palacio en compañía de su fiel sirviente, Terriermon, seguramente solo iría al sanitario, pero aun así fue escoltado por ambas Tamers, como ya era común.

El comándate en jefe de la guardia maldijo mentalmente aquello; esas chicas estaban pegadas como lapa al príncipe, y además… aquel par de mercenarios no se miraban por ningún lado. Seguramente no sabían trabajar bajo horarios, o no eran tan buenos como decían. Tembló ante la idea de tener que hacer todo el trabajo él mismo. Sus puños se cerraron y avanzó un paso sin perder la vista de su objetivo que ya se perdía al interior del palacio.

Se maldijo, no podía ni debía ponerse ansioso. Todo saldría bien. Tomó aire intentando relajarse y justo en aquel lo impensable sucedió. Un estruendo logró agitar las orejas del comandante, alertando a todos casi al instante.

Uno de los guardias postrados en el techo de la edificación cayó pesadamente al piso, inconsciente. Masaki y Nik saltaron al instante, girando su atención en dirección del inerte digital.

Pe-pero qué demonios… —Nik alzó la vista, enfocándose en aquella cornisa, entrecerró los ojos para intentar enfocar y fue entonces que lo divisó, aquella silueta pesado felina—. Ese es.

Es un Bastemon… —Agumon soltó aquello colocándose de inmediato a la par del germano, justo al tiempo que Masaki hacia lo mismo, ciento por ciento alerta.

Y parece que no está solo —el nipón frunció ligeramente el ceño, enfocando a la pequeña silueta a un costado del digital—. ¿Es ese un Tamer?
Una sonrisa burlona se posó en los labios del pelirrojo quién, sin perder un segundo de tiempo descendió del tejado en compañía de su Digimon, cerrando el paso al interior del palacio.

Oh, así que ustedes son esos que “cuidan” al príncipe —una sonrisa se posó en los labios del chico—. No son nada del otro mundo, será fácil terminar con ustedes.

¿Eso crees? —el guild leader de Gungnir cerró sus manos en puños—. Te meterás en muchos problemas si piensas que te saldrás con la tuya.

No sé de qué tanto alardean, ¿piensan que me asustarán con eso? —Rió mientras negaba levemente, agitando su índice de modo negativo. Nik apretó su Xros mientras fruncía con ligereza el ceño.

Deberías estar preocupado, t-te doblamos el numero —el germano soltó aquello sin pensarlo mucho, maldiciéndose por aquel tartamudeo. El Pelirrojo sonrió.

¿Lo dicen por esas dos que les acompañan? —negó—. Ellas tienen un problema aun mayor, así que ustedes son los que deberían estar preocupados.
{...}

Lamento hacerlas seguirme a todos lados —el príncipe sonrió con ligera vergüenza.

No se disculpe, alteza —Palmon avanzaba con suavidad a la par del conejo, mirándole.

Cuidarle no es problema alguno, majestad —la guardiana del espíritu acuático intentó reconfortar al pequeño.​
Una sonrisa sincera sonrisa se posó en los labios del príncipe, asintiendo con tranquilidad ante las palabras de las chicas; ya volvían sobre sus pasos en dirección al patio principal cuando una risilla les hizo alzar la vista y detener su paso.

Oh, que escena tan linda tenemos aquí…—la pelirroja que les cerró el paso mantenía sus brazos cruzados bajo su pecho, riendo con soberbia—. Es una pena que esta escena tenga que terminar.



{...}
Masaru Masaru gogo ~ :*3*:
M Maiku Mirae Kiyoe ~~ Una disculpa, ya saben que no he tenido la mejor semana
 
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Maiku

Mr. Nobody
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Instintivamente, la rubia se colocó delante del príncipe y la Medium, sosteniendo un rostro serio que le sacó una risita a la desconocida. Ranamon no tardó en hacer presente que esa mujer no le daba buena espina, claro que con un uso del lenguaje mucho menos respetuoso y honesto, en lo que Palmon asentía sin quitar sus ojos de aquella comadreja que descansaba alrededor del cuello de Emily. Por su parte, Lopmon retrocedió unos pasos hasta quedar cerca de su congénere y la Tamer de este, confundido por tener a una humana extraña caminando por su castillo, además de sentirse intimidado por su último comentario. La situación hizo chistar al conejo plebeyo. Recién la noche anterior, parte del grupo pudo afianzar un poco más la relación con el protegido y conocer cuáles eran parte de los miedos que le aquejaban en torno a la ceremonia. La aparición de la pelirroja solo significaba problemas, eso era cierto, pero lo que más preocupó al compañero de Antonich era el impacto emocional que podría tener esa intervención. ¿Lo haría dudar sobre las buenas intenciones de la raza humana? ¿Haría que agarrara un miedo indescriptible en torno a los desconocidos, entre ellos, sus súbditos? Muchas interrogantes invadían la mente del orejón, algo que la pecosa de lentes notó de inmediato, agachándose de inmediato para abrazar maternalmente a ambos Child. Si bien el príncipe merecía ser tratado con respeto y solemnidad, la líder de Black Jack no podía evitar ser así de afectuosa con él: era solo un niño, después de todo.

Antes de que Winters pudiera dar alguna especie de orden, Emily levantó la mano, callándola con un gesto bastante altanero. El resto no supo por qué, pero la integrante de Gungnir obedeció al instante. Saly no quería volver la escena un campo de batalla y, por sus experiencias a lo largo del aquel peligroso mundo, podía notar un aura preocupante provenir de la desconocida. A simple vista podía adivinar que se trataba de un enemigo, pero ¿cómo detenerla sin poner en riesgo a la holandesa y los conejos? Tensó su quijada, sin despejar sus duros ojos de quien avanzaba hacia ella con una enorme sonrisa, sosteniendo un Digivice con la mano: Burst. Ranamon fue quien hizo presente ese detalle, crispando aún más los nervios en sus compañeras, pues el artefacto desvelaba con creces el rango que poseía Emily. Lidiaban, al menos, con una Elite.

— Miren, niñas —enfatizó lo último con desdén, molestando a las aludidas—. Ahórrense la humillación y entréguenme al conejito —ni siquiera miró al aludido. Terriermon, quien para entonces había estado temblando como nunca, frunció el ceño.

— ¡No dejaré que te lleves a su majestad! —bramó el sirviente.

— Nadie te está hablando a ti, mayordomo —el tono ácido y duro usado calló al instante al Child, quien sintió sus ojos quebrarse por la impotencia.

— ¿Quién eres tú? —habló Holly. La Expert aprovechó de deslizar su mano cuidadosamente hasta su cinturón, donde colgaba su iC.

— Tsk, estás frente a una de las mercenarias más reconocidas en Folder y preguntas eso —aquella molesta voz provino del hurón—. Novata —concluyó.

— No hagan que me repita —sus ojos se desplazaron de golpe hacia la rubia, sonriéndole con algo de enojo—. Entreguen al conejo o lo lamentarán.

Los siguientes segundos se hicieron eternos para todos los presentes, mas solo bastó una ligera mueca de Samali para que el cuerpo de la pelirroja se envolviera en un aura de color carmesí intenso. Holly se quedó pasmada al ver cómo el Digisoul de las mujerresonaba con el cuerpo de su compañero, así como la luz del iC de la rubia envolvía a la planta, lo que permitió a ambos Child alcanzar el nivel Perfect en un santiamén y abalanzarse el uno sobre el otro. Esa fue la señal que necesitó para instar a los conejos a correr fuera, hacia el patio, donde sabía que existían guardias patrullando y estaban sus otros compañeros para brindar refuerzos. Apenas alcanzó a dar un paso afuera, con el príncipe abrazado y el otro par de orejones corriendo a su lado, cuando una ligera explosión la hizo tropezar en el suelo, rodando con el trío de Child hacia el jardín. Sus lentes se cayeron y pudo escuchar a su compañero llamar su nombre, en lo que Terriermon se hacía cargo de reincorporar al príncipe, jurándole que todo saldría bien. Pronto, las figuras de NeoDevimon y Lilamon volaron hacia fuera entre la humareda, seguidos de cerca por sus respectivas compañeras, quienes tosían un poco por la falta de oxígeno.

— ¿D-dónde están los guardias? —fue todo lo que articuló Lopmon de la nobleza, temblando al ver que los techos estaban vacíos y nadie parecía interesado en investigar el estruendo reciente. Temió lo peor. Temió por su vida.

— ¿S-su majestad? —la holandesa palpaba el suelo, preocupada por sus cristales. Así no podría ver bien lo que ocurría para proteger al pequeño o ayudar a su regordete a evolucionar de ser necesario.

Mientras todo eso ocurría dentro de la edificación, la pareja de varones tenía su propio contratiempo en su puesto cercano a la verja, ahora con sus respectivos lagartos bípedos gruñendo hacia el par de intrusos. Tanto Masaki como Niklaus se mostraban tensos, conscientes de que su oponente era una vampira con fuerzas mayores a la etapa actual de sus compañeros, pero tampoco sabían muy bien cómo afrontarla a ella y al pelirrojo que observaba todo desde las alturas. Mientras el líder de Gungnir debatía internamente si debía permitir a su amigo alcanzar la siguiente etapa, el primo de Hanz repasaba velozmente todo lo que estaba aconteciendo mentalmente, sorprendido por un detalle en particular. Por más que paseó sus almendros, no encontró ni un solo Turuiemon en las cercanías; era como si se hubiesen esfumado justo cuando el enemigo decidió aparecer o quizás habrían sido derrotados por el mismo. Greymon Xros no tardó en abalanzarse sobre Bastemon en un intento de morderla, dándole tiempo suficiente a Geo de cargar su Mega Flame para intentar emboscarla, por si evadía saltando. Lamentablemente para ambos, los reflejos de la fémina eran brutales y, con una facilidad impresionante, se barrió entre las piernas del azulado para tomar desprevenidos a ambos. Posteriorimente, agarró la cola del No Level y le jaló, agarrándose del suelo con sus patas de bestia como soporte, para así lanzarlo sobre el otro lagarto.

Nakai alcanzó a agarrar a Klaus para apartarlo del estruendoso golpe que se dieron ambos reptiles con uno de los muros cercanos, resquebrajándolo ligeramente. Sin embargo, tomó por sorpresa a todos, porque apenas pudo materializó enormes anillos de invocación frente a él. Clyde chistó, sacando su D-Arc para potenciar a su amiga con un destello, probablemente alguna clase de carta que ampliaba sus stats. Para cuando Rosemon se materializó, apenas alcanzó a levantar su látigo para defenderse del súbito ataque de Bastemon, repeliéndola con una patada fallida. Por tres minutos, la Ultimate se encargaría de distraer a la Perfect, o al menos eso pretendió el de cabellos verdes con su orden. Ambos Greymon se incorporaron, gruñendo por lo bajo, acercándose al intercambio de golpes entre las Digimon para intentar rematar a su enemiga. O al menos eso era lo que pensaba GeoGreymon, porque su homólogo gruñía tanto a la planta como a la idiota que osó dejarlo en ridículo.

— T-tenemos que derrotarlo pronto —en ese momento ocurrió la explosión producida por Lilamon y NeoDevimon, llamando la atención de los varones. Pudieron ver cómo la situación se tornaba crítica—. A e-este paso L-Lopmon…

— Pero si uso a RizeGreymon —se quejó Nakai, hablando para sí mismo.

— Podríamos inmovilizarlo con Lag y acabarlo de un solo golpe —sugirió Agni, pendiente del estado del campo de batalla. En cualquier segundo la figura de Rosemon desaparecería.

— Usar eso ahora es apresurado —murmuró el japonés, cogiendo una vez más la atención del tímido. ¿Por qué él y la rubia pensaban en voz alta tantas veces? ¿Sería que…? Movió la cabeza de un lado a otro cuando Bastemon logró patear a su compañero, mandándolo a volar unos metros al centro del patio, en lo que la memoria de la Ultimate iba volviéndose datos. Debían, a lo menos, espantar a sus enemigos, ¿pero cómo? Si tan solo Crescemon estuviera acá. Entonces abrió los ojos de par en par— ¡Creo que tengo una idea! —gritó, sonrojándose en el acto al recibir la mirada del otro.

A modo de defensa, Nakai optó por permitir a su compañero adoptar la forma de RizeGreymon, incentivándolo con su Digisoul. A pesar de que tenía una gran desventaja de tamaño, podría servir como defensa en lo que encontraban una forma de derrotar a los intrusos sin causar muchos daños. Nik aprovechó de contarle lo que tenía en mente, mientras que Greymon se reincorporaba y el Trident Arm del cyborg impedía a la gitana avanzar hacia los humanos.

Desde las nubes, demonio y ninfa batallaban con intensidad. Los largos brazos de Neo eran una complicación mayúscula para Lilamon, pero ella tenía ventaja gracias a sus esporas con efectos secundarios, que el rival buscaba evitar a toda costa. Por si fuera poco, el camarada de Emily se lanzaba en picada hacia los conejos cada vez que encontraba espacio, afortunadamente detenido a tiempo por las ofensivas a larga distancia de la planta. En uno de esos atemorizantes intentos del demonio artificial, la humana de cabellos castaños dio con sus anteojos, encontrándose de frente con una enorme mano electrificada lista para acabar con ella y los tres Child a su alrededor. Se puso pálida. Aún así, pronto abrazó a los tres conejos al sentir la molesta voz de Emily acercarse, quien no parecía ser intimidada por la situación en lo absoluto. Sin quitarle los ojos de encima, Winters también se aproximó al príncipe, parándose junto a ellos en lo que la pelirroja sacaba una Digimemory que desvelaba la imagen de WarGreymon. Eso hizo que ambas Tamers tragaran saliva.

— Noté que tienes solo un iC —acotó con sorna—. Eso quiere decir que, muy probablemente, no puedas contrarrestar esto —agitó el cartucho en sus dedos, amenazando con colocarlo en su lector—. Me pregunto qué cara colocará tu hada al verte atravesada por un WarGreymon —sonrió.

— ¿P-por qué haces esto? —recriminó Antonich.

— Dinero, niña —respondió como si fuera lo más obvio del mundo, aunque en el fondo su recompensa no serían bits propiamente tal—. ¿No es por eso mismo que están defendiendo a “su majestad”?

— ¡Claro que no! —bufó el compañero de la holandesa, cayendo en cuenta de que su igual abría los ojos de par en par, incrédulo.

— Patrañas —llevó su mano al mentón—. El mundo se mueve por el dinero —apuntó al de sangre real— y su cabecita cuesta mucho más de lo que creen. Incluso sus propios aldeanos quieren verlo muerto —exageró. Adoraba el rostro de espanto que colocaba el príncipe con sus palabras.

— Eres una desgraciada —masculló Samali.

— Hagamos que se trague sus palabras —Ranamon estaba tan molesta como su portadora—. Quitémosle esa sonrisa engreída con un chorro de agua ácida.

Winters lo meditó por unos instantes, considerando seriamente la posibilidad de usar el canalizador para ganar tiempo. Había notado de reojo la aparición del coloso cyborg anaranjado en el otro extremo del vasto patio, ¿acaso había otro intruso deteniendo el avance de Nakai? Frunció el ceño, cada vez más convencida de que tendría que poner las manos a la obra. Con un poco de suerte, Holly lograba huir con el protegido a un lugar seguro, en lo que lidiaban con la situación. Afortunadamente para ella, eso no fue necesario. Pronto dos disparos incandescentes se elevaron por los cielos, a unos metros de dónde Lilamon combatía con el oscuro alado, ganando una altura que probablemente se vería de todo el pueblo. Entendiendo la finalidad, el hada floral no tardó en usar su Marvel Shot para multiplicar el efecto de las bengalas, cual era llamar la atención y alertar a Cherubia de que algo extraño sucedía en el palacio. Tenían la seguridad de que, por lo menos, Crescemon correría para investigar el alboroto. Los mercenarios de Scarlet Sting hicieron una mueca de disgusto.

Harta de todo, Forbes hizo el ademán de invocar a WarGreymon para terminar con su cometido rápido, antes de que los guardias que no estaban del lado de su contratante aparecieran. Para su desgracia, un disparo hizo añicos el objeto entre sus dedos, provocándole una pequeña quemadura en los mismos. Desde una ventana, Noir apuntaba sus armas de fuego con un gesto frío, en lo que su hermana se asomaba por otra similar para analizar la situación. Ambas habían despertado por el alboroto, pero la menor rogó a su familiar que esperara el momento preciso para actuar y ladear la balanza a favor de sus aliados.

— Mierda —bufó, llevándose la mano a la oreja. Traía un comunicador—. Clyde, tendremos que retirarnos.

— Lo sé —chistó—. Si esa Crescemon y más curiosos llegan, las cosas se pondrán complicadas. Puto conejo inservible, debimos apegarnos al plan original desde un comienzo.

— Eso no importa ahora —chifló, llamando a su demonio.

— ¡Quieren huir! —gritó Blanc desde el castillo. Todos se tensaron al escuchar aquello.

— ¡Haguro! —anunció Clyde, deslizando una nueva carta. Todo el terreno se hundió en la más profunda de las oscuridades, alterando por completo a los Tamers y, por sobre todo, al pobre príncipe. Tras unos minutos, el efecto desapareció, llevándose consigo todo rastro de los mercenarios que tanto problemas les dieron esos momentos. Nik y Masaki no tardaron en correr hacia las chicas, luego de que Agumon retomara su forma infante.

— ¿Están todos bien? —dijo el nipón.

— ¿S-su majestad? —enfatizó Klaus.

— Y-yo —sus ojos se llenaron de lágrimas—… Y-yo… —el cuarteto de humanos observaron con incomodidad cómo el príncipe empezaba a llorar, preso de un caldero de sentimientos negativos que jamás en su vida había vivido. Quisieron reconfortarlo, pero minutos después aparecieron los Turuiemon que, se supone, debían haberlos estado escoltando junto al profesor personal del futuro rey. Este último se encargó de animar al pequeño, en lo que los humanos y sus camaradas eran llamados por el insoportable Adult para que le explicaran qué sucedía. Esta vez, para suerte de todos, el marrón cuidó su vocablo al escuchar en todo momento los gruñidos de Greymon de fondo. Ranamon y Agnimon, únicos capaces de virarse a ver qué ocurría con el príncipe, alcanzaron oir unos comentarios extraños provenir de aquel educador. ¿Qué situaciones como esa era producto de la maldad intrínseca de los humanos? ¿De qué estaba hablando ese orejón? Hubieran querido decirle a sus portadores, pero pronto la figura de Crescemon aterrizó de golpe en el patio, saltando hacia ellos a gran velocidad.

— ¡¿Qué está ocurriendo?!

Masaru Masaru te dejo lo emocional (?)
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"さあ、往こうか"
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La llegada de la bestia lunar fue recibida con un silencio sepulcral, en el cual se notó el nerviosismo de los Turuiemon subordinados. Los Tamers no lo sabían, pero esa era la primera vez que la Guardia Real observaba a una Crescemon tan fúrica como la que estaba ante ellos. Sus manos temblaban, sus ojos fulminaban con un destello gélido a todos los presentes y un rastro de energía azulina emanaba efímeramente de la punta de la Nova Luna. Lilamon notó esto en su descenso y se puso alerta, lista para defender a sus compañeros si la coneja se ponía violenta.

- ¡¿Y bien?! - presionó Crescemon - ¡¿Qué pasó?!

- Señorita Crescemon, le ruego que ahorre su genio hasta que su alteza se encuentre de vuelta al palacio - pidió el profesor con educación, mirando de reojo al sollozante Child - La experiencia ya ha resultado lo suficientemente fuerte para el joven príncipe sin la necesidad de presenciar su enojo.

Por un momento Crescemon pareció a punto de querer rebatirle al Adult, no obstante la temblorosa imagen de Lopmon le hizo reconsiderar su actitud. Cerró los ojos y respiró profundo, eliminando así las señales más obvias de su enfado antes de proseguir con la interrogación.

- Escolta al príncipe a su habitación entonces - tajó, ligeramente más calmada pero aún con un tono gélido - El resto, ninguno se moverá de aquí hasta que haya escuchado una explicación lógica.

- Masaki - llamó Agnimon, observando el semblante del profesor mientras le indicaba a Lopmon que lo acompañara - No debemos dejar a Lopmon a solas con él.

El chico asintió el silencio, no estaba seguro del porqué de la advertencia, pero no ignoraría la opinión del Juttoushi. Mirando rápidamente a su alrededor en busca de opciones, se percató que ambas Sistermon venían en su dirección con un trote constante. Perfecto, pensó él, las hermanas serían las indicadas en esa situación.

- Noir, Blanc - llamó el japonés, provocando que todas las miradas se posaran sobre él - Vayan con el príncipe y no lo dejen solo ni un momento.

Decir que sus palabras generaron polémica no habría sido una exageración. La reacción del grupo fue inmediata, siendo más notable en el profesor y en la misma Crescemon.

- Tú, ¿no acabo de decir que nadie se movería de aquí? - tajó Crescemon.

- Con todo el respeto... - complementó el educador - En este momento el príncipe necesita descanso, no a sus... "damas de compañía".

El insulto despectivo fue proferido con tal sutileza que pasó desapercibido para la mayoría de los presentes. No tanto para Noir, que en cuestión de segundos ya había recortado la distancia con el Turuiemon, sujetando su hombro con una de sus manos. A simple vista no parecía haber gran hostilidad en el gesto, no obstante aquellos más familiarizados con la monja pudieron percatarse de la presión que estaba ejerciendo en el conejo, el hecho que una de sus Anthony seguía manifestada en la mano opuesta y que su voz no presentaba el canturreo acostumbrado.

- No escuché bien. ¿Quieres repetir?

- El palacio acaba de ser atacado por renegados - soltó Masaki, haciéndole un ademán a Blanc para que controlara a su hermana - No sabemos si siguen cerca, así que es mejor que el príncipe tenga la mayor cantidad de compañía posible - Se giró de vuelta, esta vez observando determinado a Crescemon - Si no dejarás que uno de nosotros lo escolte, al menos que ellas lo hagan.

Nuevamente el silencio reinó en el lugar mientras Crescemon meditaba la situación. Su mirada pasó de Masaki al par de monjas, escudriñándolas sin disimulo en busca de cualquier gesto sospechoso de parte de cualquiera. Finalmente la voz de Lopmon llamó su atención, proferida por el pequeño príncipe entre hipidos.

- Está... bien - dijo - Que ellas me acompañen...

Tanto el profesor como el Turuiemon guardia no tardaron en mostrar su repudio a la idea y a las Digimon sagradas con gestos mal ocultados, sin embargo ninguno se atrevió a llevarle la contraria al joven gobernante en aquella situación tan delicada. Crescemon finalmente accedió de mala gana, suspirando en derrota antes de dar su última opinión.

- Entendido. Pueden retirarse.

Sin otra opción, el conejo profesor tuvo que aguantarse la sonrisa cínica que Noir le dedicó al momento de soltarle y tomar una nueva posición a un lado de Lopmon. Blanc no tardó en unirse a su hermana, creando una especie de formación en "triángulo" con el príncipe en el centro y su consejero como cabecilla. En silencio el extraño grupo se encaminó al palacio, acompañados de Terriermon que prefirió seguirles y ser de apoyo al príncipe que quedarse en la inminente disputa que se libraría en los jardines apenas el conejo marrón estuviera fuera del alcance de los demás.

- Ahora escucho explicaciones - tajó Crescemon luego de unos segundos, una vez más fulminando al peliverde - ¿Qué es eso de "renegados"?

- Son criminales - explicó Samali - Tamers que no se apegan a las normas de la Central y viven fuera de la ley.

- ¿Tamers? ¿Humanos? - La guerrera Perfect miró entonces a los Turuiemon - ¿Como es que hay más humanos en Cherubia sin que nadie los notara?

- S-Señora, nosotros solo estábamos cumpliendo órdenes cuando ocurrió el ataque - explicó uno de los guardias - Nunca vimos a ningún humano aparte de ellos.

- ¿Órdenes? - repitió Crescemon - ¡Su orden era proteger el castillo y no quitarles un ojo de encima a ellos! ¿Cómo no vieron el alboroto causado? ¡Los ataques al cielo se ven a calles de distancia!

- C-Como le digo, nosotros solo...

- No había ningún Turuiemon...

Aquella acotación vino del tímido del grupo, que hacía todo lo posible para evitar cruzar la mirada con Crescemon. La coneja se quedó estática, ¿había escuchado bien?

- ¿Qué dijiste? - preguntó a Nik - ¿Cómo que no había...?

- Es la verdad - secundó el Lopmon de Holly - No había ningún guardia antes del ataque. Todos llegaron después.

- Ridículo - espetó la Perfect - ¿Cómo va a ser que el palacio quede totalmente desprotegido? Sus órdenes eran quedarse aquí en todo momento.

- Pero señorita Crescemon... - empezó a decir el mismo guardia nervioso - usted...

- ¡Son tonterías! - interrumpió repentinamente el jefe de los guardias, que Masaki y Nik reconocieron por su voz y actitud - ¡Solo un tonto creería que el hogar de su alteza quedaría vacío! Menos con humanos rondándolo.

- ¿Entonces donde estaban? - preguntó Holly, sintiendo su molestia por la situación crecer - Casi matan al príncipe y nadie estuvo aquí para ayudarlo.

El recordatorio sobre el riesgo que el pequeño Lopmon había corrido fue suficiente para hacer aún más pesado el ambiente. Crescemon examinó a cada uno de sus subordinados en silencio, pensando algo que no compartió con la multitud. Mientras lo hacía, Masaki aprovechó para hacer lo mismo con el grupo de conejos. Se veían nerviosos, algunos más que otros, pero el chico supuso que era algo normal considerando que tenían a su superior hecha una furia frente a ellos. Le había llamado la atención que uno de ellos insistiera en que habían estado cumpliendo sus ordenes. No parecía que estuviera mintiendo, si fuera así no habría llamado la atención de Crescemon sobre él de tal forma. A medida que meditaba esto, observando a los artemarcialistas, un pequeño detalle saltó a su mente. Uno que la misma Perfect también había empezado a notar desde unos instantes atrás...

- Hubo una batalla acá - mencionó el líder de Gungnir, apuntando a los terrenos y paredes dañadas del palacio - Pero ningún Turuiemon está lastimado o cansado. Si me lo pregunta, no parece que hubiesen peleado en primer lugar.

Crescemon miró de reojo al chico, sin embargo no dijo nada al respecto. Se limitó a levantar su hacha, apuntando con esta directamente a la garganta del guardia que había hablado la primera vez, el cual alzó las manos en señal de rendición instantáneamente.

- Tú - dijo - Jurando en nombre de su alteza Lopmon contesta esto: ¿Cuales eran las órdenes?

- Ampliar el perímetro de vigilancia - dijo el Adult - En lugar de concentrarnos todos en el palacio, debíamos rodear las afueras para evitar el ingreso de cualquier sospechoso.

- Es decir que dejaron los terrenos... ¿Quién dio esa orden?

- U-Usted, señorita Crescemon.

- Insolente, ¿tienes el descaro de mentirme en mi cara?

- ¡P-Para nada! - Se apresuró a aclarar el Adult, alzando su cabeza para alejar su garganta del filo del arma - ¡Las ordenes venían de la señorita Crescemon, así se nos comunicó! ¡L-Lo juro por Cherubia!

A esas alturas, si el guardia no rompió en llanto fue simplemente porque estaba más ocupado en asegurar su vida. Era una escena que provocaba lástima por el Digimon, sin embargo ninguno se atrevió a apelar por él. Algunos de sus homólogos asintieron muy sutilmente, pero fuera de esto ningún tuvo el valor de hablar directamente con Crescemon en esa situación.

- ¿Quien les comunicó esto?

Un nuevo silencio sepulcral reinó en el ambiente. Solo el sonido de un pie siendo arrastrado por el suelo fue audible, algo que ambos Juttoushis notaron. Sin embargo, antes que alguno de los espíritus pudiera hacer notar esto, la contestación del Turuiemon fue suficiente para que todas las miradas fueran directo al responsable.

- El capitán, señora...

Fue inmediato. Apenas el guardia terminó de delatarlo el Turuiemon que había antagonizado a los varones emprendió una veloz carrera, buscando alejarse cuanto antes del palacio. Tanto Samali como Nik hicieron ademanes de ordenarles a sus compañeros que los capturaran, sin embargo esto no fue necesario por la rápida reacción de la misma Crescemon. Alzando su Nova Luna como una ballesta, la Perfect disparó una flecha de hielo que perforó el muslo del mamífero, haciéndole proferir un alarido de dolor al tiempo que caía y rodaba estrepitosamente por el suelo. La precisión de aquel despliegue había provocado que el temor por la guerrera lunar aumentara, algo que su fría voz no mejoró unos segundos después.

- Lleven al ex-capitán a la sala de interrogatorios y manténganlo ahí. Yo tendré una charla con él en un rato - ordenó a dos homólogos, los cuales no tuvieron el valor de replicar o desobedecer - Si escapa, los haré a ambos responsables.

- ¡S-Sí, señora!

- Ustedes - prosiguió, esta vez apuntando a otro grupo compuesto por cinco guardias - Revisen todas las rutas de escape y calles de aquí al muro de la ciudad. Si existe la posibilidad de que los humanos sigan cerca los quiero ver atrapados, ahora. - Los conejos realizaron un saludo militar al unísono, partiendo del lugar al instante - ¡El resto! Regresen a sus posiciones en el castillo ahora mismo. No se muevan de ahí a menos que yo misma vaya por ustedes.

Con las instrucciones dadas los guardias no tardaron en dispersarse, dejando a Crescemon una vez más con el grupo encomendado por la Central. La coneja respiró profundo y llevó una de sus manos a su nuca, buscando las palabras correctas que dedicarles luego de todo el tumulto ocurrido. Aunque no fuera a admitirlo jamás en su vida, no podía negar que en ese momento el problema había recaído en sus hombres de confianza mientras que ellos, los "intrusos de intenciones cuestionables" habían sido los únicos que habían velado por el bienestar del príncipe. De no ser por ellos, Lopmon habría muerto bajo sus narices.

- Ehm... ejem, bien... - soltó, enmascarando muy torpemente su incomodidad al tener que comerse sus palabras - El príncipe está ileso y lograron ahuyentar a los bandidos. Además que fueron los que alertaron a la guardia de lo que ocurría con sus ataques... Este, como decirlo...

- ¿Gracias? - tentó Greymon.

- Tsk - chistó Crescemon - Como sea, valoro su aptitud como guerreros por sus acciones. Al menos mostraron compromiso con la labor que los trajo aquí, así que tal vez los juzgué mal en un principio...

- "Gracias" - secundó Lilamon. El suspiro de exasperación de Crescemon fue notable, eliminando considerablemente la densidad del ambiente.

- De cualquier modo. Si vamos a redoblar la seguridad aquí necesitaré información sobre estos "renegados" - continuó la Perfect de inmediato - Todo lo que puedan decir me servirá. Además, supongo que es justo informarles que, si necesitan mi asistencia en cualquier estrategia para proteger al príncipe, solo tienen que pedirlo...

Si no fuera por el riesgo de que la Digimon lunar lo tomara como una ofensa, el grupo habría liberado una carcajada. Aún así terminaron aceptando su mal disimulada "ofrenda de paz", aprovechando el momento para compartir con ella y entre ellos toda la información que habían recabado de ambos combates. Ninguno lo comentó, pero sin duda era un enorme peso de encima saber que podrían confiar más en Crescemon desde ahora. Sí, habían descubierto traidores en las filas de los guardias, pero el estar seguros que la Perfect no era parte de ellos era un enorme alivio para contrarrestar eso.

[...]

El trayecto hacia los aposentos del príncipe transcurrió en total silencio. Si bien los sirvientes con los que se cruzaban habían mostrado señales de alivio y alegría al ver al pequeño Lopmon a salvo, ninguno de estos entorpeció su marcha o cuestionó al grupo que lo escoltaba. El gobernante, de paso, tampoco había prestado mayor atención a ellos o a sus palabras. Su mente estaba vuelta un caos, provocado por la gran amalgama de emociones y experiencias fuertes que había vivido en la última hora. Las palabras de aquella mujer pelirroja retumbaban en su cabeza, repitiéndose una y otra vez en un mantra que lo atormentaba. "Incluso sus propios aldeanos quieren verlo muerto" ¿De verdad su amado pueblo lo odiaba de tal forma? También tenía en mente las palabras de su maestro "Situaciones como esa era producto de la maldad intrínseca de los humanos" Aquella humana era mala, eso no lo podía dudar pero... ¿Los que lo acompañaban también lo eran? Ellos habían peleado para protegerlo, incluso lo habían escudado. Recordaba la calidez con la que Holly lo había abrazado en ese momento de tensión, algo que un súbdito, ni siquiera Terriermon, hacía por "respeto" a él. Mientras pensaba, observó su reflejo en la brillante pistola que Noir cargaba, recordando también lo que ella le había dicho la noche anterior. La versión de la monja de negro era la que mejor se acoplaba a sus propias experiencias, sin embargo contrastaba con las enseñanzas de su maestro, quien había sido de su entera confianza durante toda su vida. Entonces... ¿En quién debía creer?

- Insisto en que no es necesaria su compañía - comentó Turuiemon luego de cruzar uno de los pasillos liderando la marcha - Es obvio que los que hicieron esto no siguen en el castillo. Han de haber escapado.

- Lo siento mucho conejito, pero no acato órdenes tuyas - rebatió Noir, que aunque dejaba salir un tono de voz relajado dejaba entrever a su hermana que seguía alerta. No solo a cualquier ataque, sino al propio profesor.

- Puede que tenga razón - admitió Blanc - Sin embargo no pensamos tomar el riesgo. Sabemos mejor que usted de lo que es capaz un renegado.

- Gracias, Blanc, Noir... - murmuró Lopmon con la voz aún quebrada, algo que no le hizo gracia al profesor.

- Estoy seguro que se habrán codeado con semejante calaña constantemente - soltó con acidez el conejo mayor - Justo por eso me gustaría prescindir de su presenciar.

- ¿Sabes? Que florees lo que dices no hace que no te entendamos - acotó Noir - Si tienes un problema con nosotras dilo de frente.

Turuiemon se detuvo, girándose para fulminar con la mirada a la monja que no se encogió ni un instante. Lopmon miró a ambos bandos, temblando ligeramente al temerse que una nueva disputa explotara frente a él.

- Profesor. Yo creo que ellas son de confianza.

- Joven príncipe. Le recuerdo que ambas son sirvientes de humanos, por voluntad propia y no por designio de Yggdrasil además. No debería bajar la guardia tan fácil ante forajidas que...

- ¿Ah si? - interrumpió Noir, chasqueando la lengua - ¿Por qué no le das ese sermón a los guardias? La última vez que me fijé, los únicos que estábamos enfrentando a los renegados éramos nosotros.

- Intrusos que llegaron de la nada y se abrieron paso por el castillo y sus vigilantes sin que nadie se percatara - puntualizó el mamífero con firmeza - ¿Que garantía existe que estos "renegados" no son camaradas de ustedes? Sin duda alguien les ayudó a llegar tan lejos y no son los primeros "extranjeros" que pisan este palacio.

- ¿Nosotros que no podemos respirar sin que tengamos un guardia encima? ¡Ha! - escupió la Virus, dejando su fachada "tonta" por una más fría y tajante - Si me lo preguntas, no hay nadie más sospechoso que alguien sin vigilancia, que ha vivido en el castillo durante años y que es el primero en sembrar dudas.

- Profesor Turuiemon... - interrumpió Terriermon, percatándose del estado de su alteza ante la discusión - No creo que debamos apuntar dedos tan fácilmente.

- Noir, tú también relájate - pidió su hermana - No es el momento...

Aunque los Childs intentaron interpelar, la tensión entre ambos Adults continuó en ascenso, con las armas de ambos Digimon removiéndose en sus lugares a punto de ser desenfundadas. Sin embargo, antes que la batalla explotara, un nuevo par de pasos llamó la atención del grupo. El responsable había sido uno de los ancianos del pueblo, Andiramon, que venía acompañado de su guardia y homólogo, el mismo que había guiado al grupo en su entrada a Cherubia.

- Por Cherubimon... ¿Qué está pasando aquí? - preguntó el anciano - ¿Qué clase de despliegue en frente de nuestro príncipe es este?

- ¡S-Señor! - soltó Turuiemon de inmediato, dejando de lado su trifulca con la monja - Verá, esto...

- Turuiemon, la verdad me sorprende verte tratar de tal forma a nuestras invitadas - reprochó el Perfect - Una discusión en los pasillos del palacio, sin respetar la presencia y estado de su alteza... Jamás lo esperé de ti.

- Lo siento señor...

- Ruego que disculpen a mi discípulo - continuó Andiramon, dirigiéndose entonces a las hermanas - Me han comunicado en líneas generales lo ocurrido e imagino que todos estarán alterados por toda esta situación.

- Oh, no tiene porque disculparse - contestó Blanc, bajando la cabeza en una reverencia - Más bien, perdónennos a nosotras por el espectáculo.

- Sí, mi error... - Si bien Noir no tenía tanta intención de disculparse por su hermana, notar su expresión así como el estado del príncipe fue suficiente para ceder, repitiendo el gesto de Blanc. Al reincorporarse, sus ojos platinos se cruzaron con los rubíes del consejero, dejándola estática por unos instantes. Un escalofrío recorrió su ser, había algo que no le había agradado del modo en que ese anciano la examinaba.

- Bien - asintió el conejo mayor, dirigiéndose entonces a su sirviente - Andiramon, por favor escolta al joven príncipe, a las señoritas y a Terriermon a la habitación real. Yo quisiera cruzar un par de palabras a solas con Turuiemon sobre su comportamiento.

Nadie hizo ademán en contradecir al Perfect virus, por lo que en cuestión de segundos el pasillo quedó ocupado únicamente por él y por su pre-evolución. Andiramon esperó a estar fuera del alcance de los oídos curiosos para hablar, emitiendo un suspiro cansado al encarar a su sirviente.

- Lo lamento señor - Se excusó Turuiemon de inmediato - Pero no es conveniente que esas hermanas estén tan cerca del príncipe en todo momento. Queda poco tiempo para la ceremonia y podrían arruinar lo que...

- Cuida tus palabras - interrumpió tajantemente el anciano, enmudeciendo al Adult de inmediato - ¿Qué harás si alguien te escucha? Estás llamando demasiado la atención, Turuiemon y no es necesario que diga lo que te pasará si te descubren.

- Mis disculpas, no volverá a pasar...

- Eso espero - suspiró Andiramon - Mantén la calma y un bajo perfil. No hay duda que ese par les informará a los humanos los detalles de su pequeño "altercado" así que sospecharán de ti. Quiero que trates de averiguar quienes fueron los que atacaron el palacio y, más importante, quién los dejó entrar. Si alguien te pregunta o tú descubres algo, colabora, no importa con quien sea.

- ¿Incluso los humanos?

- En especial los humanos - tajó el Perfect - Te recuerdo que nuestro interés es la seguridad y la supervivencia del príncipe. Si esos humanos pueden atrapar a los criminales, que lo hagan. Para eso están

- Entendido... Pero ¿y las monjas?

- Déjame eso a mí. Me aseguraré que luego de esta noche ni ellas ni los humanos puedan meter ideas en la cabeza del príncipe.




Mirae Kiyoe M Maiku Maka. Maka Evans ya, deshonra a mis vacas (?)
 

Maka.

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Al cabo de unas horas, parecía que los ánimos no terminaban de disminuir en el castillo. Había agitación en los pocos sirvientes que se encontraban ahí, así como en un par de guardias. Todo lo sucedido por la mañana los mantenía alertas y alterados.

De hecho el cuarteto de Tamers, a pesar de mantener rostros ligeramente apagados se encontraban alertas, no podían dejar pasar ningún movimiento extraño. Además, estaba el hecho de que el joven monarca estaba recluido en su habitación desde hacía más de media tarde; sencillamente no dejaba que nadie -a excepción de su docente y las Sistermon- se le acercase a él o su habitación.

— Ah~ —un suave suspiro de frustración abandonó los labios de todos, casi como si se hubieran puesto de acuerdo.
— Es horrible saber que el príncipe no quiere salir de su habitación —Samali habló mientras picaba su comida sin mucho ánimo.
— Sí, es una pena pero, ¿qué podemos hacer? —Lopmon habló sin ningún tacto mientras masticaba un panecillo desde su sitio en las piernas de su Tamer.​

Ante aquel comentario Holly, sin ninguna delicadez, sencillamente le reprendió con un ligero coscorrón antes de girarse a la guardiana del spirit acuático y se disculpó con vergüenza.

— Lo siento, Lop en ocasiones puede ser algo brusco en sus respuestas —la holandesa acarició una oreja de su regordete camarada y tras suspirar, continuó—: pero ciertamente si el príncipe no se siente bien, no debemos forzarle…​

La mirada de la pecosa se fijó en su propio conejo, recordando un poco esos malos días que tuvieron. Nik le observó y asintió, añadiendo que era difícil que, con la situación actual, el príncipe tuviera ánimos de responder algo o tener una charla con alguien.

— Bueno —Masaki interrumpió aquella plática—. Eso es cierto, no creo que quiera compañía en este momento…
— No hay que preocuparnos tanto… — una pausa prolongada abandonaron los labios de la rubia mientras volvía su atención a su plato—. Noir y Blanc están con él, ¿qué mejor compañía necesita?
— Eso es cierto —Agumon tajó aquello mientras estiraba su garrita para tomar un poco de comida.​

Un silencio prolongado otorgaba a aquella afirmación la fuerza necesaria, si bien era cierto que el príncipe estaba algo deprimido les había permitido a los de su confianza quedarse a su lado y eso mantenía una esperanza en los Tamers pero…

Pero la realidad estaba un tanto más alejada de lo que pensaban.

— Como sea, hay que mantenernos alertas, no sabemos que más pueda pasar —el nipón murmuró aquello mirando a todos los presentes en la mesa. Todos asintieron.
— Mucho menos cuando —señaló el varón de Black Jack. Lo siguiente que los chicos hicieron, tras un prolongado silencio dubitativo fue comenzar a ponerse de acuerdo sobre su formación de guardia nocturna.​

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Mientras aquello sucedía, el pequeño príncipe tenía su propio dilema. Había pedido comer en su habitación, y miraba su comida sin muchos ánimos; su patita se extendió unos cuantos centímetros pero al poco tiempo, con solo rozar el mango de su cubierto, la retrajo. ¿Era seguro comer? ¿No intentarían nada con sus alimentos? Tembló. De algún modo todo el asunto de la mañana le tenía nervioso, se sentía sumamente extraño.

¿Por qué se ensañaban con él? Él solo quería lo mejor para su pueblo; desde que había nacido él…

Grr

Un ligero gruñido proveniente de su estómago le hizo perder el hilo de sus pensamientos y apartar su comida sin muchos ánimos, Turuiemon le dedicó una mirada preocupada a su pilo y este se limitó a sonreírle.

— ¿Podemos continuar con las clases? —preguntó apagado.
— Pero alteza —Blanc miró al príncipe con preocupación, este se limitó a hundirse de hombros.
— No ha probado bocado alguno, majestad —el docente le miró con malestar.
— No se preocupen, solo no tengo hambre —mintió, a pesar de que todos habían escuchado aquel rugido de su vientre. Nadie se atrevió a decir nada, solamente asintieron.
— Entonces continuemos —Turuiemon dejó la pequeña taza en la cual bebía té y se dirigió al príncipe para continuar con la lección; Noir y Blanc se miraron mutuamente y entonces la oscura se volvió al pequeño príncipe.
— ¿Le parece jugar un poco de ajedrez al terminar? Nada como un buen ejercicio mental para quitarse el estrés.​

El orejón de la realeza asintió, y sin más volvió su atención a sus clases. Tal vez así olvidaría un poco todo aquel malestar que la situación le daba.

No fue así… el malestar continuó, inclusive en sus sueños.

{
}


Corría.

Corría.

Corría

Y volvía a correr.

El pequeño príncipe Cherubiano huía de aquella enorme sombra que le perseguía, que le susurraba lo innecesario que muchos lo consideraban, lo horrible que el mundo se estaba volviendo, lo que tenía que hacer. Tembló y sintió su pecho ahogarse en desesperación. Quiso gritar, llamar a su leal sirviente y amigo, a las Sistermon…

Pero no había nadie.

Volvió su vista atrás, esperanzado de que aquella sombra se desvaneciera pero no… ahí iba, detrás de sí, lista para engullirlo. Aceleró el paso.

Volvió a correr.

Correr con todas sus fuerza.

Huyendo de aquel horrible sentimiento que recientemente le estaba ahogando. Apretó sus patitas en gráciles puños. ¿Por qué a él? ¿¡Por qué!? Él Solo quería hacer lo mejor para su pueblo, para su gente… porque aquella sombra le atormentaba.

¿Por qué tenía tanto miedo?

Alzó la vista y fijó sus ojos en el camino, no parecía haber final, solo era un túnel que parecía consumirlo todo en la inmensidad. Fue ahí cuando supo que estaba perdido, cuando descifró que el miedo se lo había llevado todo.

Ya era demasiado tarde.

Aquella cosa que le seguía le estaba envolviendo desde la base de sus patitas; el aire le faltó nuevamente, se asfixiaba. Y escuchó la voz de esa mujer.

…su cabecita cuesta mucho más de lo que creen. Incluso sus propios aldeanos quieren verlo muerto…

Se pasmó ante aquello, gimiendo por la desesperación. Necesitaba respirar, necesitaba aire. Necesitaba una respuesta. ¿Por qué él? ¿Por qué no podía ser un Lopmon más? Solo quería escapar… escapar y gritar.

Finalmente el la mujer pelirroja le había alcanzado. Estaba asustado.

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Saltó en su lugar y abrió los ojos de golpe, sudoroso y nervioso. El príncipe yacía en su cama, temblando notablemente como la noche anterior, sólo que ahora ni Noir o Blanc estaban cerca; el dúo de sagradas había ido a cuidar.

Lopmon se puso de pie aun ligeramente tembloroso, tomó aire y llevó una patita a su pecho, intentando relajarse. Podría ir a buscar a las hermanas y pedirles un poco de orientación pero al final no lo hizo. En su lugar se quedó de pie junto a la cama; una suave brisa le golpeó ligeramente, logrando hacerle girar en dirección al enorme ventanal. Él lo había dejado cerrado antes de dormir.

Su sorpresa fue mayúscula cuando notó el ondear de las cortinas y una silueta que se miraba a través de ellas. El regente Cherubiano se estremeció y retrocedió, chocando con la cama.

— Alteza… —escuchar aquella voz familiar no fue para nada consolador; Lopmon miró fijamente al enorme intruso, que sin lugar a dudas era un Andiramon. Esa silueta y centellantes ojos carmín no lo engañaban.
— ¿Q-qué haces aquí? —el príncipe retrocedía—. ¿Po-por qué ha venido un Andiramon? U-ustedes protegen a los ancianos.
— … —el conejo lentamente se acercó lentamente, logrando hacer el menos ruido posible—. Lo siento, son órdenes…​

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Crescemon agitó sus orejas; desde media tarde que la guerrera lunar había comenzado a rondar por el palacio, no deseaba que ningún atentado volviera a atormentar al joven príncipe. Gruñó con frustración al recordar el infructuoso interrogatorio con Turuiemon, pero no hizo nada más.

Sencillamente continuó con su patrullaje, todo parecía estar en orden, si aquello continuaba seguramente la ceremonia del siguiente día no sería problema alguno. Pero se equivocó.

Sus orejas se agitaron con rudeza al tiempo que un suave gritillo resonó. Conocía perfectamente ese llanto.

— ¡Lopmon!​

La guerrera saltó desde su sitio en el techo de un edificio aledaño y se dirigió en dirección donde sus orejas le guiaban; no fue un viaje muy largo, en escasos y contados minutos logró llegar donde el llanto era más que intenso. El príncipe Cherubiano se retorcía entre los brazos de aquel Perfect, sollozante.

— Suéltame, no… quiero volver a mi habitación.
— Esto es por su bien, alteza… — el Data sacudió al futuro regente con brusquedad
— Te ha dicho que lo dejes —Crescesmon refunfuñó aquello con ira mientras le cerraba el paso al perfect, agitando por inercia su arma.
— ¡Crescemon! —Lopmon sollozó el nombre de la guerrera.​

Un rechistar por parte del “Deva” se hizo presente y miró con nerviosismo otro sitio po r el cual huir pero, el chocar del metal con la roca le volvió a la realidad. Crescemon no le dejaría huir tan fácilmente.

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Masaru Masaru FIGTHO!
Mirae Kiyoe M Maiku lamento la demora
 

"さあ、往こうか"
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Bajo la luz de la luna las figuras de los dos Perfect se mantenían estáticas, fulminando al contrario con la mirada mientras demostraban con sus posturas que no iban a ceder al otro con facilidad. La tensión iba en aumento, creando un ambiente sofocante que pareció quitarle el sonido a los terrenos del palacio. Finalmente fue el Deva el que rompió el silencio, respirando profundo para calmar sus emociones y, así, poder dialogar mejor la jefa de policía frente a él

- Crescemon, apártate - solicitó Andiramon con decisión - Estoy bajo órdenes del consejo.

- ¿Qué órdenes son esas? - rebatió Crescemon con furia helada - Sacar a su alteza de noche, sin aviso y contra su voluntad como todo un criminal. Como lo veas esto es un secuestro, Andiramon.

- Escucha, esto es por su bien - Andiramon suspiró. Sus años de experiencia le hacían notar con facilidad el aura asesina que la guerrera lunar emanaba en ese instante. A ese paso el combate sería inevitable, algo que iba contra sus órdenes que le pedían sacar al príncipe sin crear un alboroto - Los ancianos temen que alguien vuelva a atentar contra su majestad como ocurrió hoy, por eso lo llevaré a un lugar secreto y seguro hasta que empiece la ceremonia mañana.

- Tu alteza te ha pedido que lo sueltes - tajó la Digimon de hielo. A esas alturas ya no confiaba en nadie del pueblo, ni siquiera el Consejo, en especial si estos empezaban a actuar de manera sospechosa - ¿No has oído?

- ¡Crescemon!

- Por el bien de su majestad, estoy dispuesto a desobedecerlo en esta ocasión.

El sonido del metal cortando el aire delató que Crescemon había empuñado la Nova Luna, apuntándola directamente al Deva.

- Baja al príncipe ahora mismo o te ejecutaré por traición - Aquellas palabras no eran una amenaza, eran una promesa. Andiramon notó esto y no pudo evitar resignarse, agachándose ligeramente para dejar a Lopmon en el suelo - Bien... Ahora, acompáñame a-

- ¿Sabes, Crescemon? - interrumpió Andiramon, volviendo a erguirse a su máxima altura con sus ojos rojizos brillando en la penumbra - Esa obsesión por cumplir sin pensar me enferma. No eres la única que piensa en el bienestar del príncipe o de Cherubia

- Yo sirvo al Príncipe Lopmon - declaró Crescemon sin un vestigio de duda - Él siempre ha estado y estará por encima de las órdenes de otros.

- Somos iguales - opinó el conejo marrón - La diferencia es a quien le juramos esa lealtad absoluta.

Sucedió en un segundo. Con un pisotón que levantó el césped y tierra que pisaba, Andiramon se abalanzó contra la guerrera, la cual apenas atinó a subir su hacha y escudo para bloquear las dos pesadas hachas que habían amenazado con decapitarla en el acto. El sonido de los metales chocando hizo eco en la noche, dando paso a un forcejeo en el que el conejo sagrado se afianzó de su mayor tamaño y peso para abrumar con su presión a Crescemon.

- No lo repetiré - soltó Andiramon, reflejando su molestia en el destello rojizo de sus ojos - Muévete.

Crescemon no contestó, decidiendo dejar atrás la charla banal y esforzarse en neutralizar al traidor. Repentinamente, la Digimon lunar dejó de emitir resistencia en sus brazos, permitiendo que las hachas empujaran sus armas y a sí misma hacia abajo mientras ella alzaba una de sus piernas, creando un arco que culminó en una patada a la quijada del Perfect atacante. Andiramon no alcanzó a bloquearla, sacado de su balance por el súbito movimiento, por lo que el impacto logró aturdirlo lo suficiente para que Crescemon lograra escapar deslizándose por entre sus piernas, reincorporándose una vez más esta vez entre el Deva y el príncipe.

- Su alteza - llamó Crescemon - Regrese al castillo y alerte a los humanos. Yo detendré a Andiramon.

- Crescemon...

- ¡Por favor! - La leal oficial no alcanzó a decir nada más, puesto que tuvo que enfocarse una vez más en repeler el ataque de las Bao Fu. No obstante, esta vez estaba mejor preparada, por lo que logró bloquear el impacto con su escudo con la suficiente libertad para blandir la Nova Luna en su mano opuesta, generando y disparando una flecha de hielo que Andiramon logró esquivar a duras penas retirándose, recibiendo apenas un rasguño y escozor en el proceso. Andiramon chistó mientras observaba al príncipe alejarse fuera de su alcance, así como la guerrera que se había entrometido en su camino. Ahora las cosas serían mucho más complicadas.

- Vamos, no he terminado contigo - declaró Crescemon, esta vez iniciando una danza que tenía como propósito bajar la guardia del oponente: Lunatic Dance. Andiramon se encontraba preparado para esto, por lo que antes de recibir el ataque él estiró sus propios brazos, empezando a girar sobre sí mismo hasta generar un tornado.

[Asipatravana]

[...]

En el interior del castillo, Blanc continuaba sus rondas de vigilancia con diligencia, recorriendo los pasillos aledaños al cuarto de Lopmon concentrada en cualquier señal sospechosa digna de investigar o informar a sus compañeros. Su ruta elegida la llevó a uno de los ventanales del palacio, mediante el cual pudo visualizar parte de los terrenos que se extendían bajo sus pies. Aunque inicialmente esta vista no llamó su atención, un detalle fugaz en esta la hizo detenerse, seguido de otro que la obligó a agudizar la vista. Era difícil de distinguir por la oscuridad y la distancia pero había figuras moviéndose en los jardines, dos Digimon que creaban chispas al chocar entre sí, como si portaran armas. Por inercia, Blanc se inclinó más del alfeizar para tratar de identificar a los peleadores sin embargo no tuvo mucho éxito. Aún así, sabía que no podía ignorar eso. Si alguien estaba luchando afuera debía advertir a los otros y averiguar lo ocurrido.

- Ah, señorita - dijo una voz repentina, provocando un respingo en la fémina - ¿Ocurre algo?

Blanc se giró de golpe, abriendo sus ojos platinos de par en par al descubrir al Turuiemon profesor caminar directamente hacia ella. El Adult llevaba puesto una especie de toga y avanzaba con sus manos en la espalda sin actitud hostil, sin embargo algo en su expresión hizo que la Child aumentara su desconfianza. Algo extraño estaba ocurriendo, no había duda de eso.

- Alguien está peleando afuera - informó Blanc, afianzando su agarre de mango de su Cross Barbée - Debemos informar para que el príncipe esté a salvo.

- No se preocupe por eso - La voz de Turuiemon continuaba calmada y refinada, característica de un erudito - Solo es un ligero altercado.

- ¿Altercado? - Blanc miró de reojo por la ventana. Como lo viera esas señales eran las de una batalla seria - De cualquier forma, es importante que los demás sepan.

El sonido del metal alertó a la monja, que pudo ver como las puntas de las armas del conejo habían sido desplegadas rasgando las mangas de su túnica en el proceso. Tratando de no caer presar del pánico, Blanc clavó la punta del tridente en el piso, invocando la Protect Wave que alcanzó a resguardarla del primer ataque del Adult. Turuiemon chistó, ejerciendo un poco más de presión para resquebrajar como vidrio la barrera que la Digimon sagrada había erguido y obligándola a usar sus reflejos y arma para bloquear como podía los avances del mamífero. En ese momento podía agradecer a los cielos que su oponente fuera un profesor y no un vigilante, puesto que era notable que no poseía la destreza y experiencia en batalla que otros miembros de su especie, sin embargo aún con esto a su favor la monja se hallaba en desventaja por la diferencia en nivel que había entre ambos. Aún si lograba evitar estocadas mortales, pronto sus brazos y costados empezaron a presentar múltiples cortes y rasguños producidos por las Tokaku Tessou que le escocían, mermando su concentración en la batalla. Finalmente un ataque que pasó peligrosamente cerca de su rostro, afectando unas hebras de su cabello, le hicieron trastabillar, cayendo sentada en el suelo y soltando el tridente en el proceso.

- Que persistente... - comentó Turuiemon, jadeando ligeramente a causa de la poco costumbre al esfuerzo físico que tenía. Había una razón por la que años atrás había decidido ser un educador y no un luchador - Ahora...

La intención era clara. Silenciar a la Child que tanto le había irritado rápido y sin testigos. Se dispuso a la ejecución, sin embargo antes de poder dar el golpe un sonido ensordecedor, seguido de un fuerte dolor en su espala, lo detuvieron en el acto. Tambaleando se giró, observando con sorpresa la esbelta figura de la monja de negro que sujetaba en una de sus manos una de sus pistolas. No fue necesario pensar para entender lo que había ocurrido, algo sencillo de deducir por la sutil estela de humo que escapaba del cañón del arma y la mirada furiosa en los ojos de su propietaria, con pupilas tan estrechas que casi asemejaban a las de un gato.

- ¡¿Qué demonios crees que haces con mi hermana?!

En todo el palacio se hicieron audibles las repetidas detonaciones de la Anthony de la monja, alertando tanto a guardias como a la servidumbre que había sido despertada por el estruendo. Para los Tamers este sonido también fue indicador de que algo ocurría, por lo que no tardarían en reunirse, averiguar y entrar en acción.

[...]

En cuestión de minutos la batalla entre ambos Perfect se había extendido hasta límites poco cómodos para ambos, algo que se evidenciaba por las múltiples marcas y heridas que presentaban en sus cuerpos por obra del contrario. Los dos mamíferos jadeaban para recuperar el aliento y aplacar el dolor, empuñando sus armas sin intención alguna de ceder todavía. Crescemon era quien mostraba más convicción en ese momento, motivada completamente por su deseo de proteger al príncipe aún a costa de su vida. No importaba lo que pasara, tampoco si moría esa noche. Si era su turno de caer que al menos quedara registrado que lo haría con honor, defendiendo su causa sin haber jamás dudado o traicionado al gobernante de Cherubia.

A diferencia de ocasiones anteriores esta vez fue Crescemon quien tomó la iniciativa con una carrera acelerada, haciendo gala de su cuerpo más ágil y veloz. Andiramon salió a su encuentro, dejando caer una vez más sus hachas con la firme intención de acabar con su vida. El sonoro eco metálico marcó el contacto entre uno de los filos y el escudo lunar de la guerrera, sin embargo esta no mostró intención de usar la Nova Luna para prevenir el segundo corte. El hacha descendió casi en cámara lenta hacia su cuello. Era ahora o nunca.

- Lunatic Dance.

Usando la danza hipnótica de su técnica, la Digimon lunar se movió grácilmente hacia abajo y adelante, esquivando así el golpe mortal que solo cortó parte de uno de los listones de su casco. Sorprendido por el movimiento y encantado por su efecto, Andiramon no alcanzó a reaccionar cuando su oponente terminó de acortar la distancia con él, propinándole un único y certero tajo con la ballesta en su abdomen. El Deva se hincó de dolor, bajando la cabeza para alcanzar a ver, con una mezcla entre temor y frustración, como la Nova Luna aún bañada con sus datos ahora era apuntada a su rostro, siendo cargada de energía oscura.

- Dark Archery.

Ese fue el final. Una certera flecha de energía traspasó la cabeza del conejo sagrado, cesando así todas las funciones de su cuerpo. Inerte, se desplomó sobre su rival, estallando en datos que la bañaron como lluvia. Ahora que la batalla había terminado Crescemon quedó tendida en el suelo, observando la luna sobre ella con una mezcla entre agotamiento y confusión. ¿Debía sentirse feliz? Como guerrera sabía que ese resultado había sido inevitable, en especial porque Andiramon nunca cedió, sin embargo eso no le quitaba lo amargo al hecho que todo lo que estaba pasando en Cherubia se debía no a problemas reales, sino a la tensión provocada por aquella lejana visión de muerte. Era horrible pensar que solo un pequeño "susto" había sido suficiente para acabar con lealtades, vidas y poner en riesgo la integridad de quien, se suponía, era el Digimon más importante de todos.

- Me pregunto si usted también estará sintiendo lo mismo... - masculló al aire. Sabía que debía encontrar al príncipe, sin embargo en ese momento el cansancio físico y mental no permitía que su cuerpo le obedeciera. Cerró los ojos, por el momento debería confiar en los Tamers para que ayudaran a su alteza.

En definitiva, nadie podría dormir bien aquella noche en el palacio, ni siquiera horas después cuando Lopmon estuviera una vez más en su habitación. No hubo más ataques ni incidentes, sin embargo las noticias acerca de las batallas que se habían librado tanto dentro como fuera del palacio no tardaron en regarse en boca de todos los que estuvieron ahí esa noche. Un intento de secuestro organizado por los ancianos era suficiente para agitar los ánimos, sin embargo el hecho que Andiramon no hubiese estado solo sino que tenía al Turuiemon en el que todos confiaban como cómplice para cubrir sus huellas y asegurarse que los Tamers no lo interceptaran había sido un shock para varios, Tamers y sirvientes por igual. Con Blanc en recuperación tras el ataque en el Xros Loader de Nik y Noir acompañándolos a ambos en todo momento por preocupación por su hermana, la labor de apoyar al príncipe el resto de la noche recayó en Holly y Lopmon, con quienes el pequeño gobernante no quiso entablar conversación por el agobiante estado mental en que se encontraba (y ellos tampoco insistieron por respeto a él). Sin duda, más que el susto de ser llevado contra su voluntad, lo que había perturbado al Child era saber que su profesor había estado involucrado y que ahora estaba siendo interrogado por Crescemon luego de que Masaki y Samali intervinieran para que Noir no lo matara en su arrebato de furia. El conejo se enrolló entre sus sábanas, reprimiendo sus sollozos. Más que miedo a todo lo ocurrido, estaba empezando a temer a sí mismo por todas las cosas que estaban ocurriendo por su culpa. Había aprendido que su estado mental influiría en la ceremonia: ¿En que clase de monstruo se convertiría si evolucionaba con tanta duda en su mente? Su mayor temor, sin duda, era que los eventos estuvieran llevándolo al destino que todos repudiaban como si de una profecía se tratase. Su deber era controlarse, limpiar su mente y guiar a su pueblo, pero la carga era demasiada para alguien como él. Se sentía solo, desesperado y sin una idea clara de que pasaría al día siguiente.

[...]

A las afueras de la ciudad, acompañados únicamente del crepitar de una fogata, el dúo de pelirrojos mercenarios se hallaba descansando de su arduo día, pensando en su próximo movimiento y tratando de combatir la frustración que sentían. No solo les dolía en el orgullo que hubiesen sido obligados a huir con el rabo entre las piernas, también estaba el hecho que ahora su cliente había sido capturado y no tenían quien les pagara. A esas alturas Scarlet Sting no tenían razones para seguir con el empleo si no iban a obtener la recompensa prometida, sin embargo tampoco estaba en su doctrina el dejar algo a medias, en especial por culpa de entrometidos de la Central. Necesitaban un cliente nuevo, alguien que les diera una buena paga para terminar ese trabajo, sin embargo ahora que la seguridad en el pueblo había aumentado no podían precisamente ir de puerta en puerta a ofrecer sus servicios. ¿Tal vez contactar a algunos renegados y averiguar si había un precio por la cabeza de alguno de los Tamers? Eso sonaba interesante, sin embargo no habían tenido oportunidad de recaudar información detallada sobre ellos como para hacerlo. Lo que más le molestaba sin duda era esa sensación de estar sin opciones, en especial luego de todo el esfuerzo que habían puesto en conseguir ese trato con Turuiemon

- ¿Hmm? - Kudamon, que había estado descansando en el cuello de su Tamer levantó la cabeza de repente, agudizando su audición para percibir con mayor claridad un ruido que había llamado su atención.

- ¿Qué pasa? - preguntó Emily.

- Alguien viene.

Ocurrió en cuestión de segundos. El sonido de las ramas y hojas moviéndose fue seguido por la aparición repentina de al menos una docena de Turuiemon, los cuales rodearon al dúo de mercenarios antes que estos pudieran siquiera incorporarse. Tanto Emily como Clyde intercambiaron miradas y escupieron maldiciones por lo bajo. Así que esa rata, además de dejarse atrapar, los había delatado. No tenían opción, tendrían que irse de ahí cuando antes y para eso aplastarían sin piedad a cada uno de los conejos frente a ellos.

- Esperen, no venimos con la intención de pelear - Aquella voz vino desde las sombras, acompañado de pesados pasos a medida que el anciano Andiramon se habría paso entre los árboles con la parsimonia digna de su edad - Ustedes son quienes intentaron matar al príncipe Lopmon. ¿No es así?

- ¿Quién pregunta?

- Un humilde negociante - respondió el Perfect, haciéndole un ademán a sus súbditos para que bajaran sus armas - Tengo entendido que fueron contratados para hacerlo, pero el Turuiemon encargado fue apresado el día de hoy luego de su ataque. Eso significa que ya no tienen quien les pague, ¿me equivoco?

- Déjame adivinar - soltó Clyde - ¿Vienes de buen samaritano a contratarnos para terminar el trabajo?

- No exactamente - admitió Andiramon - Verán, a diferencia de ese insolente es de mi interés que el príncipe siga con vida para guiar a su pueblo, es por esto que su presencia e intención me es una molestia. Sin embargo, ahora que no tienen un proveedor imagino que no desearán trabajar gratuitamente así que... ¿Les interesa una nueva oferta de trabajo? Estoy dispuesto a pagar lo que ofreció Turuiemon a cambio de una modificación en sus servicios y objetivos.

Ni los mercenarios ni sus Digimon dijeron nada. ¿Ese vejestorio venía en serio? En definitiva su entrada así como su "séquito" no les daba buena espina. De hecho, exclamaba a gritos que no era de confiar, sin embargo tenían las manos atadas. Ese Digimon no era normal, podían sentir que lo que estaba "mostrando" no era lo único que había preparado para sus negociaciones. Antes de notarlo, la paranoia los estaba invadiendo. ¿Cuantos Digimon más estarían ocultos, esperando que ellos rechazaran la oferta para hacer la cosas por las "malas"?

- ¿Qué tienes en mente?

Andiramon sonrió con sutileza. Si todo salía de acuerdo al plan a esa hora mañana no solo Cherubimon Vice llegaría al trono, sino que además no habría humanos en el pueblo que pudieran intentar matarlo o detenerlo. Sonaba contra sus principios el emplear humanos para esa tarea tan importante, sin embargo con la cuenta regresiva en su contra no podía permitirse escatimar en gastos. Después de todo, la mejor forma de combatir veneno era con más veneno y el par frente a él sería de utilidad para esto.





Mirae Kiyoe gogo

M Maiku Maka. Maka Evans veo la luz al final del túnel (?)
 

Moonchild
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Los primeros rayos de sol despuntaron por encima de los árboles y lentamente Cherubia volvió a la vida. Fuera de los muros del palacio los habitantes de la ciudad iniciaban su día normal intercambiando los unos con los otros temores, esperanzas y conjeturas sobre la ceremonia sagrada que se celebraría ese mismo día, al caer el ocaso; además corrían también rumores sobre los enfrentamientos que se habían llevado a cabo en palacio y sobre lo que estos podrían significar. Bajo el ánimo y la expectación se arrastraba cierto nerviosismo y miedo, en algunos más que en otros, pero no podían hacer mucho más que esperar y mirar los acontecimientos.

En el castillo, en cambio, eran pocos los habitantes que habían podido dormir del nerviosismo, así que la forma en la que comenzaban a preparar todo se parecía más a salir de un trance que a despertar del sueño. Los de la Central habían intentado turnarse para descansar un poco pues era importante que dieran lo mejor de sí en un día tan decisivo, pero aun así no habían hecho más que cabecear unos momentos. Blanc estaba ya recuperada luego de su enfrentamiento, y con eso Noir era capaz de centrarse mejor en lo que debían hacer.

Los sirvientes iban de aquí para allá preparando todo lo necesario para la ceremonia, la cual se celebraría al aire libre en una tierra sagrada que quedaba detrás del castillo, vedada para cualquier visitante salvo en ocasiones como aquella. Se llevaban lámparas, leña, ramos de flores y todo tipo de ofrendas en grandes caravanas, así como una alfombra sagrada por la que caminaría el príncipe y todo lo necesario para decorar el altar de los rituales.


El monarca se levantó de la cama poco después de haber iniciado el día, sintiéndose increíblemente temeroso y vulnerable; le esperaba un día largo de preparativos hasta la noche, pero apenas podía pensar en esas cosas. En los últimos días habían intentado matarlo, secuestrarlo, lo habían traicionado y había descubierto que el pueblo que tanto amaba lo quería muerto. Una y otra vez la visión de año nuevo volvía a su mente, casi superponiéndose a lo que sus ojos veían en realidad. Había dejado de sollozar cuando sintió que estaba totalmente seco y en su lugar sólo le quedaron temblores sutiles y un vacío de desasosiego e inseguridades. Sabía que como siguiera así terminarían cumpliéndose sus temores, pero ¿de qué otra forma podía sentirse? Casi pensaba que no evolucionar nunca era lo mejor para su pueblo.

Holly estaba en el sofá con su conejo en el regazo, no habían dormido más que unos minutos a lo largo de toda la noche y, sin embargo, las preocupaciones y la expectación los tenía totalmente despiertos. Lopmon los miró con cierta duda, incapaz de decidir ya si podía confiar en ella; la muchacha lo había protegido en contra de aquella humana y se había descubierto que su profesor era cómplice de su intento de secuestro, pero también podía darse que ella sólo lo estuviera engañando y terminara traicionándolo también.

La líder de Black Jack tenía el corazón encogido de ver la expresión en el rostro de su protegido y había pasado toda la noche reprimiendo las ganas de acercarse y abrazarlo por respeto a su intimidad y su deseo de pensar en paz, pero ahora que él estaba ahí de pie y no parecía encontrarse mejor que la noche anterior, no pudo seguir reprimiéndose y se le acercó. El miembro de la realeza se encogió un poco al verla arrodillarse frente a él, pero no se negó al abrazo que le siguió. Se mantuvo tieso como una vara entre los brazos contrarios, temblando ligeramente, hasta que poco a poco la calidez de la fémina lo fue embargando, relajándolo. Sin quererlo, un sollozo se abrió paso por su garganta y cortó el silencio.

—L-lamento lo que le pasó a Blanc —susurró al cabo de un rato. En las pocas horas que había pasado con ellas sentía que quizá eran las únicas en las que podía confiar sólo un poco y le dolía que una de ellas haya estado en peligro por su culpa.

—No pasa nada, Blanc ya debe estar recuperada —aseguró el regordete mientras su humana seguía aferrada al miembro de la realeza.

—E-es por mi culpa… T-todo esto, y-yo… —comenzó el pequeño.

No tenía ni la menor idea de por qué estaba hablando, simplemente los sonidos escapaban a borbotones por su boca. Quizá fuera porque el peso de toda esa situación comenzaba a parecerle demasiado grande, demasiado para su pequeño cuerpo y para su mente inocente; o quizá porque el contacto de Holly le daba un mínimo pedacito de seguridad, aunque no fuera del todo consciente de ello.


—No es tu culpa —aseguró Antonich, separándose lo suficiente para mirarlo—, de todas las personas en este pueblo tú eres el único que no ha hecho nada incorrecto.

—P-pero sin mí los ataques no habrían sucedido…

—No digas eso. Sin ti este pueblo no tendría un líder justo, benevolente y amable —aseguró la chica, frunciendo el ceño—. Lo que dijo esa mujer… a veces el miedo empuja a hacer cosas desagradables, por cobardía, pero el miedo de los demás no es tu culpa ni tu responsabilidad.

—Yo soy el líder, debería…

—¿Qué? ¿Qué pensabas hacer para evitarlo?


Ambos Lopmon se miraron a los ojos hasta el que el príncipe bajó la mirada, no tenía una respuesta para esa pregunta, lo cual lo mortificaba, ¿no debería él saber siempre qué hacer en beneficio de sus súbditos?

—Escucha —suspiró Holly, acariciando sus largas orejas— tú lo has hecho lo mejor que has podido, el miedo no depende de ti ni puedes solucionarlo, así que lo mejor que puedes hacer es demostrarles que están equivocados; aclara tu mente, relájate y piensa en todo lo bueno que eres y tienes, seguro evolucionarás a Cherubimon Virtue y entonces nadie tendrá motivos para temerte.


Lopmon desvió la vista hacia las ventanas mientras consideraba esas palabras. ¿Qué tenía él que fuera bueno? Por su mente pasaron todos los sucesos del día anterior y estuvo a punto de concluir que nada, pero justo antes de eso se acordó de Crescemon; ella había desafiado a su secuestrador para salvarlo y desde siempre se había contado entre los más leales que conocía; por un momento pensó que quizá ella también lo traicionaría, pero rechazó esa idea de inmediato, alguien tan leal no sería capaz de volverle la espalda, jamás.

Después la presencia de otra persona, más pequeña, acudió a su mente: Terriermon, habían estado juntos desde siempre y probablemente se habría quedado a su lado de no haberle pedido estar solo… tampoco podía creer que Terriermon pudiera traicionarlo. Se aferró a esa pequeña esperanza, a esas dos estrellas en la oscuridad que lo envolvía, y rogó al cielo que no lo defraudaran, pues no creía poder soportarlo si también ellos dos lo dejaban. Sonrió un poco al recordar una anécdota con Terriermon de hacía años e hizo lo posible por quitarse los rastros de lágrimas del pelaje.

La pecosa no dijo más para darle la oportunidad al monarca de reflexionar sobre sus palabras, pero tampoco lo soltó en ningún momento. El Lopmon plebeyo también guardó silencio, escrutando el rostro de su homologo.

—O-odiaría defraudar a Crescemon —dijo al fin el príncipe, con cierta timidez.

—Sí, ella cree en ti —sonrió el otro conejo—, cree tanto en ti que odia la idea de tener que confiarte a cualquiera.

Lopmon frunció el ceño ante la mención de confiarle su cuidado a cualquiera.

—Esa mujer… la renegada, dijo que ustedes sólo estaban aquí porque les pagarían para protegerme —comenzó—, si otro les pagara más ustedes…

—¡No! ¡Claro que no! —
replicó la joven, sorprendida con esa insinuación. —Nosotros no somos como esa renegada, seríamos incapaces de matar a nadie y sé que hablo por los 4 al decir eso.


—Además —añadió el regordete— yo entiendo el miedo a evolucionar a algo que no puedes controlar, algo peligroso… Holly y yo queríamos tomar la misión para asegurarnos de que tú no tuviera que pasar por lo mismo…

Su alteza quiso preguntar a qué se refería el otro digital, pero la mirada triste de Holly lo disuadió de ello. Si ellos lo comprendían, aunque sea un poco… de pronto se sintió algo menos solo.

—Incluso si nadie fuera a pagarnos, yo no te abandonaría —aseguró Holly. —Nik tampoco se iría. Masaki es muy conocido por ayudar al Mundo Digital en múltiples ocasiones, así que creo que él seguiría cuidándote también, y Samali, así que no tienes nada que temer.

El Monarca asintió ante esa información, sopesándola. Se dio cuenta de que hablar le hacía bien, lo distraía de sus sombríos pensamientos y evitaba que se hundiera en la desesperación, como había sucedido durante la noche; responder le obligaba a pensar con un poquito más de perspectiva. Seguía teniendo miedo, pero decidió que lo haría lo mejor que pudiera, por Crescemon y por Terriermon, ellos confiaban en él y no quería ponerlos en peligro, ni a los demás aldeanos, en realidad, incluso si alguien había contratado a esos renegados, el pueblo en su totalidad no podía estar involucrado y por los inocentes valía la pena; también decidió que no tenía más opción que creer que los humanos tenían buenas intenciones, hasta el momento lo habían protegido, así que decidió confiar en que siguiera siendo así. En ese momento las puertas se abrieron y la tímida cabeza de Terriermon asomó.


—Buenos días, Alteza —saludó con una sentida reverencia. Blanc venía detrás de él e imitó su gesto.

—¿Cómo se encuentra hoy? —sonrió la sagrada.

—Bien… mejor que ayer —contestó el monarca, empujando sus dudas a un rincón y eligiendo concentrarse en lo que vendría pronto. —¿Y tú? Lamento mucho que te hirieran.

—Ya estoy bien, me recuperé en el Digivice de Nik durante la noche —explicó—; no es su culpa lo que sucedió, así que descuide.

El Monarca asintió y siguió a Terriermon al baño para comenzar a prepararse, de momento lo mejor que podía hacer era intentar no tropezarse de camino al altar. Blanc se sentó en el sofá y dijo a Holly que si deseaban podían ir a descansar, que Noir vendría a apoyarla pronto.



Los guardaespaldas, por su parte, habían abandonado su habitación tan pronto como el sol comenzó a asomarse; la noche anterior no habían hablado con Crescemon porque esta había sido trasladada inconsciente a una habitación, pero querían intercambiar unas palabras con ella si es que estaba ya despierta. Con Noir, Blanc y Holly cerca del príncipe, el trío restante de Tamers llamó a la puerta de la habitación asignada para la jefa de policía y una voz cautelosa respondió del otro lado. La coneja lunar estaba sentada en la cama, con algunos vendajes por el cuerpo, mirando la puerta con expresión ligeramente alerta, comprensible luego de todos los sucesos del día anterior; por su postura desarropada, daba la impresión de que había estado a punto de levantarse de la cama.


—Buenos días, Crescemon, ¿se encuentra mejor? —preguntó Masaki, deteniéndose junto a la cama.

—¿Qué hacen aquí? Deberían estar con el príncipe, ¿cómo se atreven a dejarlo solo? ¿está bien luego de lo de anoche? Será mejor que… —comenzó bruscamente la guerrera. Llevaba poco tiempo despierta y no sabía todavía cómo habían terminado los sucesos.

—Claro que no lo dejamos solo —dijo Samali, sonriendo pese a la desconfianza de la guerrera—, Holly, Lopmon, Noir y Blanc están con él.


—Está bien físicamente —continuó el líder de Gungnir—, algo asustado, pero eso es normal luego de lo que pasó; no lo dejamos solo ni durante la noche.

—… Bien. ¿Qué hacen aquí?

—Q-queríamos… queríamos saber l-los detalles de su enfrentamiento —intervino Nik, enrojeció cuando la Sheriff lo miró, pero siguió hablando. —N-nadie vio bien lo sucedido p-porque estaba oscuro, así que… cualquier detalle que tenga podría a-ayudarnos.

Crescemon asintió tras pensárselo un poco y comenzó a relatar tan rápido como pudo sin dejarse detalles fuera todo lo ocurrido esa noche, desde que escuchara el grito hasta que cayera inconsciente al suelo. Para ella, lo mejor era que los humanos regresaran junto al príncipe muy pronto, así que se dio prisa. Tanto humanos como seres digitales no pudieron evitar intercambiar miradas conforme el relato de la jefa avanzaba.

—Masaki —dijo por fin Agnimon—, ese Andiramon era el sirviente del consejo.

No necesitó decir más, todos los que podían escucharlo entendieron la verdad que implicaban las palabras del guerrero: el consejo estaba involucrado.

—No tiene sentido —murmuró Nik, tan bajo que en realidad estaba hablando para sí mismo; tenía el ceño fruncido y miraba al suelo, pues no le había costado nada llegar a la misma conclusión que el resto.

Hablaron unas palabras más con Crescemon, para asegurarse de algunas cosas, y luego se despidieron para volver a su tarea, debían estar todo juntos para cuando el príncipe estuviera listo, así que se dieron bastante prisa en ello. Por el camino no comentaron nada para evitar oídos indiscretos, pero no tardaron en intercambiar pensamientos cuando llegaron a su habitación, donde Holly los esperaba.

—¿Ya salió el príncipe? —preguntó Samali.


—Sigue preparándose, le tomará mucho rato; Noir y Blanc están con él —informó Lop— ¿averiguaron algo? —añadió, puesto que Noir les había informado del paradero del grupo.

Masaki resumió rápidamente los detalles más importantes de lo dicho por la Sheriff para poner al corriente a los dos miembros faltantes. Los que estaban siendo informados se miraron el uno al otro y luego la pecosa se volvió hacia Nik, preguntándole su opinión directamente, pues sabía lo buen estratega que era.

—No tiene sentido que nos contrataran si pretendían hacer daño al príncipe —dijo este, con la mirada fija en una pared mientras analizaba sus opciones.

—Quizá estaban siendo presionados por los nobles —intentó Palmon, buscándole un sentido a lo que pasaba.


—Son el consejo, con su credibilidad y Crescemon, podrían asegurarle a cualquiera que el príncipe estaba en buenas manos —rebatió Agumon.

—Yo creo que los tres parecían bastante sinceros —suspiró Holly.

—Quizá no todos están involucrados en esto —añadió Ranamon.

—Podría ser, sí —replicó Samali, mirándola, y luego se dio cuenta de que los dos de menor rango la miraban por hablarle al aire. —E-ehm… estaba pensando que podría ser que no todos estén involucrados —se excusó, nerviosa.

Holly asintió y se llevó una mano a las trenzas, pensando, pero Nik siguió mirando a la rubia con cierta sospecha, hasta que Masaki volvió a hablar y lo devolvió a la realidad. Tras mucho ir y venir de conjeturas concluyeron que al menos uno del consejo estaba involucrado en el intento de secuestro y que hasta saber más al respecto, debían estar atentos a todo y todos, además de no comentar nada de sus sospechas para no llamar la atención.

Las horas siguientes las gastaron en repasar sus posiciones y hacer rondas cortas por el palacio, turnándose para que al menos uno de ellos lograra dormir una hora cada vez; los sirvientes continuaban yendo y viniendo y avistaron al Consejo en una ocasión, pero estos no parecían tener tiempo para hablar. La pecosa también aprovechó para compartir con sus compañeros la conversación que había tenido con el Child sagrado.
Cuando el sol flotaba muy bajo sobre el horizonte, el grupo estaba armando estrategias cuando la voz de Blanc los llamó desde el pasillo.


El monarca acababa de salir de sus aposentos ataviado con una engorrosa túnica sagrada que apenas lo dejaba caminar y con una gran corona; Terriermon iba pegado a sus talones con actitud servicial y varios pasos más atrás las hermanas los observaban; por el pasillo llegaron cuatro Lunamon portando ornamentados ramos de flores de oro que harían de acompañantes para el príncipe durante el trayecto al altar. Desde alguna parte fuera del palacio comenzaron a sonar unos grandes tambores que invitaban a todos a acercarse y celebrar la ocasión.

Lopmon estaba completamente nervioso ahora que tenía puestas las vestiduras sagradas; de alguna forma sentía como el futuro se le venía encima y no sabía que iba a suceder, pero se esforzó por no caer en la desesperación, invocando una y otra vez la imagen de Crescemon y recordándose que tenía a Terriermon a su lado.


Ignorando olímpicamente la mirada de sorpresa y ligera desaprobación de los cuatro Lunamon, Holly se acercó y abrazó de nuevo al pequeño príncipe, teniendo cuidado de no arrugarle la montaña de ropa.

—Crescemon está bien —le informó— seguro irá a verte triunfar en la ceremonia.

—Lo harás bien —aseguró el plebeyo, sonriendo— nosotros creemos en tí.

El conejo sagrado miró a su alrededor, Samali y su Digimon asintieron con una gran sonrisa cálida para dejar claro que también confiaban en que Lopmon lo haría bien. Nik se limitó a asentir, tratando de que su timidez natural no interfiriera con la impresión que quería dar al príncipe. Masaki dio un paso al frente.

—No tienes nada que temer, te protegeremos de lo que sea —le aseguró.

—Y cuando la ceremonia acabe serás un excelente líder para Cherubia —secundó Agumon.


Todos trataban de ser lo más sinceros posible en sus gestos y palabras, pues mentirle al príncipe, aunque fuera por su bien, no ayudaría en nada. El Child elegido los miró y decidió que parecían sinceros, así que le devolvió el abrazo a Holly como pudo y asintió, agradeciendo el apoyo.

—Alteza —interrumpió Terriermon—, yo también creo que lo hará bien… creo que todo saldrá bien, Lopmon —aseguró, desechando la formalidad para tratarlo de tú, como hacía hace años durante sus juegos, y mirándolo a los ojos.

Conmovido, el conejo café abrazó a su amigo y se reafirmó a sí mismo que todo estaba bien porque Terriermon creía en él.

—Alteza, es hora —habló uno de los Lunamon.

Afuera los tambores habían disminuido el tempo a un paso muy lento, y tras unos cuantos toques redoblaron con aún más velocidad que antes, marcando el inicio de la ceremonia. El de la realeza asintió, respiró profundo y se separó de su sirviente y la de lentes, colocándose en el centro del cuadrado formado por los Lunamon. El grupo de escoltas esperó a que los dos conejos lunares de la retaguardia se alejaran unos pasos antes de comenzar a seguirlos. La alfombra sagrada hasta el altar comenzaba al pie de las escaleras.

En lo alto de las escaleras encontraron a la Sheriff del pueblo, quien insistió en levantarse pese a sus heridas y en ese momento le hizo una profunda reverencia al príncipe, contenta de verlo a salvo y camino a su destino. Lopmon creyó que podría llorar de alivio y felicidad al verla. Junto a la puerta del Palacio, al otro lado del salón principal, esperaban los tres ancianos del consejo, teniendo mucho cuidado de no pisar la alfombra que pasaba por las puertas.

Al tempo de los tambores el monarca bajó los escalones y en cuanto pisó la alfombra la ceremonia estuvo oficialmente iniciada. Los Lunamon que lo acompañaban iban a los lados de la antiquísima tela, pues nadie debía pisarla salvo el elegido. Lopmon se detuvo un momento frente a las puertas del castillo y los tres ancianos del consejo se inclinaron ante él con profunda solemnidad.

Sin que los demás se dieran cuenta, el Andiramon del consejo evaluó al pequeño y fue bastante bueno en ocultar la desaprobación, había contado con los sentimientos negativos para asegurar la evolución a Cherubimos Vice, pero Lopmon parecía muy tranquilo, más de lo que debería. Dedicó una brevísima mirada de desprecio a los humanos que lo seguían y se recordó que muy pronto esos entrometidos saldrían de su camino para siempre y él tendría tiempo de moldear las cosas como deberían ser. De momento, no tuvo más opción que dedicarles un asentimiento aprobatorio como hicieron sus dos homólogos.

A las puertas del castillo toda la población estaba concentrada en dos grandes masas a cada lado de la alfombra, esperando para aclamar a su gobernante. Cuando Lopmon apareció a la vista se escuchó una lluvia de aplausos muy fuerte, pero por lo solemne y sagrado del ritual nadie osó gritar. Los Turuiemon de la Guardia recorrían los alrededores, asegurándose de mantener el orden entre los observadores. En el cielo el atardecer estaba comenzando, pero aún quedaba luz solar; la ceremonia era larga y había rituales que hacer antes de que la luz amarilla de Verdandi brillara sobre el príncipe.


Otra nueva nota de los tambores y el camino hacia el altar prosiguió luego de esa pequeña pausa para aclamaciones; pasando entre el mar de conejos de distintos tipos, la alfombra daba una curva y recorría todo el patio del castillo hasta una disimulada puerta al fondo del mismo, que en ese momento se encontraba abierta para mostrar la tierra sagrada que había detrás; de la puerta para allá postes con antorchas y guirnaldas de flores flanqueaban el camino hasta el fondo, donde se avistaba un ornamentado altar cubierto de regalos y ofrendas. El Wendimon encargado de la ceremonia estaba esperando junto a la puerta y realizó una profunda reverencia cuando el pequeño príncipe llegó hasta a él, para luego entrar tras del mismo. Una vez el conejo sagrado estuvo dentro el séquito y el resto de la población entró también para atestiguar el ritual.



M Maiku let's go!
Maka. Maka Evans Masaru Masaru, ya casi, sólo dos metros (posts) más hasta la luz -se arrastra-
 
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"さあ、往こうか"
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- ¡Pueblo hermano de Cherubia! - llamó el Wendimon a su gente una vez que todos los presentes e involucrados en la ceremonia se ubicaron en sus respectivas posiciones, alzando su estridente voz de manera que pudiera ser escuchado aún sin la asistencia de altavoces o megáfonos - ¡Bienvenidos a nuestro Sagrado Festival de Cherubimon! ¡Que la hermosa luz de Verdandi bañe sus corazones y los lleve a la felicidad que buscan!

- ¡GLORIA A CHERUBIA! - Fue el grito colectivo de la multitud.

Lopmon se estremeció ligeramente dentro de su túnica, sintiendo el nerviosismo volver a él al verse rodeado de todo su pueblo. Cerca del altar, los Tamers y guardias presentaron un estado similar, a causa de la presión que significaba haber llegado finalmente a la hora de la verdad. A diferencia de los días anteriores, aquella mañana y tarde habían resultado tranquilos, demasiado tranquilos de hecho, lo cual curiosamente no los calmaba en lo más mínimo. Aún tenían el asunto del consejo y los renegados por resolver, algo que no cambiaría sin importar el bajo perfil que estos mantuvieran. Después de todo, a esas alturas era sencillamente imposible que ninguno de los dos intentara hacer algo, habían llegado muy lejos para solo observar la ceremonia.

- Hermanos míos - prosiguió Wendimon - El día de hoy, por séptima vez en nuestra historia, el digno pueblo de Cherubia se ha reunido en torno a nuestro líder para ver su ansiada evolución a Cherubimon, que nos guiará por el camino elegido hasta su próxima reencarnación. Es una oportunidad que solo podemos presenciar una vez en la vida así que, al igual que nuestros ancestros, los invito a ser testigos de este acontecimiento tan sagrado para nuestra tradición. ¡Gloria al príncipe Lopmon!

- ¡GLORIA!

Aunque el grito fue al unísono, no fue posible disimular la falta de emoción con respecto al canto anterior. La incertidumbre era palpable, en especial considerando todos los eventos vividos últimamente. Aún así, Wendimon no se detuvo, continuando con la ceremonia con profesionalismo y ética, cumpliendo así su labor de, aunque fuera un poco, "tranquilizar" asegurando que todo iba de acuerdo a lo esperado.

A medida que el sol terminaba de ocultarse en el horizonte para permitirle el paso a los cuerpos celestes del Mundo Digital, tanto el sacerdote como diversos miembros del pueblo tomaron su turno en la ceremonia, dedicando palabras y frases al pueblo junto a historias y anécdotas de Cherubia misma. De no ser por la situación en la que estaban, incluso los Tamers habrían disfrutado del acto, puesto que revelaba bastante de la cultura y tradiciones de aquel pequeño pueblo perdido en el mapa. Aún a pesar de la paranoia y desconfianza colectiva que los rodeaba, los habitantes de esa aldea eran Digimon como cualquier otro que pudieran encontrar en las grandes ciudades. La única diferencia, realmente, era la falta de interacción con el resto del mundo y los humanos.

La presencia completa de Verdandi en el cielo, brillando intensa y llena opacando de tal forma a sus hermanas, fue la señal para todos de que la hora de la verdad había llegado. El momento fue marcado con tambores y fuegos artificiales, al tiempo que los espectadores hacían una nueva ovación a la Luna, a Cherubia y al príncipe Lopmon. Este último se separó entonces del altar, dirigiéndose hacia Wendimon para tomar su lugar y dirigirse así a sus súbditos. Fue en ese momento que el Child se volvió a sentir intimidado, incluso diminuto, al estar ante los ojos de todos. Durante su vida había asistido a diversos actos públicos y hablado a su pueblo en varias ocasiones. De hecho, parte de sus clases con Turuiemon habían sido sobre como expresar la oratoria y confianza necesaria para ser un buen líder. Sin embargo, todas esas enseñanzas lo habían abandonado en ese momento. Se sentía débil, impotente, como si fuera un convicto a punto de ser sentenciado por un jurado compuesto de toda Cherubia. Su mirada pasó por todos y cada uno de los ojos que estuvieron a su alcance, tratando de leer a través de ellos los pensamientos de su portador. ¿Qué pensaba de Cherubia? ¿Y de él? ¿Tenía miedo de lo que podía ocurrir o esperanza de que todo saldría bien? y, más importante ¿Qué esperaba esa persona de él? Tantas preguntas amenazaron con abrumarlo, destruirlo a él y a la poca confianza en sí mismo que le quedaba en ese momento.

- ¿Su alteza? - preguntó Wendimon con tranquilidad al ver al Child estático. Los murmullos en la multitud empezaban a aparecer, por lo que el pequeño conejo alzó su mirada hacia ellos. Podía sentir que estaba temblando. Sofocándose debajo de esa túnica. Recurrió entonces con la mirada a Crescemon, que lo incitó a continuar con un asentimiento. Luego lo hizo con los Tamers y, finalmente con las Sistermon. Estas últimas fueron las que contestaron a sus plegarias de la única forma que podían hacerlo. Noir sonrió y alzó su pulgar para animarlo, mientras que Blanc abrió su boca y articuló en silencio una serie de fonemas lentamente, de forma que Lopmon pudiera leer sus labios sin escucharlo.

- Tu... pu... e... des... - repitió. Dejando que la frase se asentara en él - "Tú puedes"

- Señor Lopmon - insistió Wendimon - ¿Está todo bien?

- Sí... yo... - El pequeño Digimon negó con la cabeza, reuniendo cualquier fragmento de fuerza en su ser para cumplir esa tarea - ¡Pueblo de Cherubia! - llamó - ¡Gracias a todos por venir aquí esta noche! ¡Yo, Lopmon Di Cherubia VII, quiero dirigirme a ustedes en esta oportunidad tan especial para dirigirles unas palabras! ¡Yo-!

Aunque había reunido el valor para hablar, este no tardó en esfumarse cuando el Child vio, a lo lejos, una inmensa figura merodeando en el castillo. El temor lo invadió, cortando al instante sus palabras al distinguir tal infame forma que solo había visto en estatuas y libros de historia. Cuerpo robusto y regordete, grandes manos y orejas y una piel oscura que por poco lo ocultaba en la noche. Su sonrisa macabra era visible pese a la distancia gracias a su gran tamaño y aunque se veía traslucido, como una aparición en lugar de un Digimon real, su presencia fue suficiente para revivir las pesadillas del monarca, que tuvo que contenerse para no gritar.


- ¿Qué ocurre, su alteza? - Antes que Wendimon pudiera obtener su respuesta, esta se hizo evidente por un enorme estruendo que hizo que todos se voltearan hacia el castillo, horrorizándose con la presencia del Vice que había empezado a destruir la edificación real con sus grandes manos. El pánico y los gritos fueron colectivos, creando un pandemónium que incluso los guardias no pudieron controlar.

- ¡El Vice! ¡Es el Vice!

- ¡Es una señal, Cherubia está condenada!

- ¡Lo sabía! ¡Sabía que esto pasaría! ¡Tal y como lo vimos a principios de año!

- ¡Que calamidad! - soltó el Turuiemon del consejo, tan perturbado por la aparición del Ultimate como todos los demás - ¿Cómo pudo pasar esto?

A su lado, Andiramon no contestó, poniendo su mejor esfuerzo en disimular su júbilo mientras veía el efecto que el Cherubimon estaba teniendo en la multitud. Sin duda había hecho bien en no eliminar a ese par de humanos. Su manera de pensar era simplemente aunque macabra, era fascinante a su manera.

- ¡Mantengan la calma! - ordenó Crescemon a sus guardias, tomando el liderazgo a pesar de sus heridas - ¡Aseguren el bienestar de su alteza y de los ciudadanos!

- ¿C-Cherubimon Vice? - soltó Nik, observando la imponente figura destructiva a lo lejos - ¿Qué hace aquí?

- Esa es una DigiMemoy - identificó Samali mientras veía a sus alrededores, tratando de confirmar la presencia de cualquiera de los dos renegados - Estoy segura.

- Así es, pero... ¿Por qué le están ordenando atacar el castillo? - preguntó Masaki - Es obvio que no estamos allí...

- ¿Psicología? - sugirió el alemán. Su compañera de Guild lo observó

- ¿Psicología?

- S-Sí. T-Tal vez querían asustar a Lopmon junto al pueblo. Generarle un tra-trauma con la imagen de Vice...

Aquello mortificó bastante a la pecosa, la cual era la única de los cuatro que había presenciado el pequeño quiebre del príncipe esa mañana. Su compañero tenía razón, si Lopmon veía eso entonces él... En cuanto Holly se giró a buscar al príncipe, confirmó sus temores, encontrándolo paralizado en su lugar temblando de pies a cabeza y con los ojos abiertos como platos. Nik tenía razón, si no hacían algo pronto esa escena estaría marcada en la memoria del Child por el resto de su vida, enviándolo sin duda a emular a ese Digimon.

- Agumon, tendremos que detenerlo - indicó Loge a su compañero al ser él el único capaz de enfrentar a un Ultimate, memoria o no - Ustedes cuiden a Lopmon, ese par debe estar cerca.

- Masaki - llamó Agnimon, materializándose a sus espaldas - Si lo que querían era usar la imagen de Cherubimon para su favor, nosotros podemos hacer lo mismo - aconsejó - Sabes que hacer.

Al chico no le tomó mucho entender lo que su espíritu trataba de decirle. A sabiendas que debía actuar rápido para que el Virus no desapareciera antes, Masaki sacó de su cinturón una memoria y la insertó en el lector, invocándola con un resplandor que llamó la atención de los presentes. Sobre sus cabezas, iluminado por Verdandi como toda una deidad, un nuevo Digimon había hecho aparición: Similar a Vice pero a la vez opuesto, era un ángel de pelaje rosado y expresión serena, que transmitía una sensación cálida a todo el que lo observara. Pronto la multitud quedó en silencio, contemplando la llegada de aquella invocación divina como si se tratara de su Mesías a quien empezaron a reverenciar y pedir salvación. Incluso Lopmon fue cautivado con su presencia, dejando atrás su miedo para deleitarse con un brillo en los ojos de aquella imagen que le transmitía esperanza. Si Vice era una señal, ese Digimon también lo era, en especial para aquellas mentes crédulas que no sabían lo que era una DigiMemory.


- ¡Elimina a ese Cherubimon! - ordenó Loge a lo alto, sacando su Digivice mientras se preparaba para seguir a la memoria hacia el castillo donde, sabía, al menos uno de los renegados estaría esperando. Ahora estaba seguro, la hora de terminar con esa misión había llegado.



M Maiku GOOOOO
Mirae Kiyoe Maka. Maka Evans My work is done

Takerudark Takerudark en este post usé la DigiMemory de Cherubimon [Virtue] de Masaki. Si a la hora de evaluar esto no la ves en el inventario es porque seguramente la moví a la Bóveda o3o
 
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