Evento Especial White Day

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Morpheus's Dream ♚
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Gracias RocioJ RocioJ por el header :]
Hace un mes fue el romántico Día del amor, ahora es el el nombre ya está como título del tema. En esta ocasión, las chicas se quedan sentadas mientras los chicos hacen su mejor perfomance en un intento por sorprenderlas, porque en el White Day (ya, ahí está, dije el nombre) los japoneses realizan la tradición del sanbai kaeshi regalando algo con el triple del valor del obsequio original. ¿Qué significa esto? Que ellas no esperan recibir chocolates de vuelta, sino algo mucho más costoso (al menos un gran porcentaje femenino)… Chicos, ¿tienen sus carteras listas?

… ¡Era broma!
O tal vez no.


¿En qué consiste esta parte del evento? ¡En los regalos! 🎁

○ Chocolates (especialmente blancos), galletas y / o dulces. Sólo somos amigos. Aunque este regalo iría en contra con la regla de "algo con el triple del valor", se suele optar mucho por esta opción, en especial cuando el muchacho no se quiere involucrar mucho con la chica. A pesar de que el dulce en sí obliga a la chica a pensar en quien se lo obsequió por el tiempo que el sabor dura en la boca.
○ Cupcakes, macarons o pasteles. Tal vez buenos amigos… "Sé lo que te gusta y voy a aprovechar para hacerte pasar un buen rato”. Ya existe camaradería en este caso y él no busca incomodarla sino más bien reafirmar la amistad con un pequeño detalle, prácticamente irrelevante, de algo que considera que podría gustarle.
○ Peluches o arreglos florales. Podría tener algo de interés. “Lo vi y pensé en ti, a partir de ahora cuando lo veas pensarás en mí”. Con éste expresa que busca más atenciones que las que da la simple amistad.
○ Joyería.¿Tú no tienes interés en mí? Me quedé sin palabras para expresarlo…

Básicamente éstos son los cuatro diferentes niveles. Por supuesto, no es obligatorio escoger uno de los obsequios enlistados, son más como referencia; puedes obsequiar lo que quieras siempre que quede claro el nivel en el que se encuentra.

Es MUY IMPORTANTE que:

○ Aclares el nivel del regalo, ya que debido a él es que las chicas pueden lanzar dados.
○ Recuerdes que en Japón es una obligación regalar a quien te regaló en San Valentín, así que a menos que seas un extranjero debes darle un obsequio a cada chica que te dio uno el mes anterior (si es tan fastidioso míralo de otra manera: a mayor regalos, mayor ganancia).
NO puedes dar dos tipos distintos de regalos a la misma persona, pero puedes obsequiarle diferentes cosas del mismo nivel. Ojo: sólo valdrá como UN dado.
○ El nivel “Sólo somos amigos" le permite a la chica lanzar un dado de 30 caras (es el nivel más bajo e incluye los chocolates que ella te obsequió, por lo que no hay mucho del sanbai kaeshi). El nivel “Tal vez buenos amigos" tiene un dado de 90 caras. El nivel “Podría tener algo de interés” cuenta con dos dados de 90 caras. El nivel “¿Tú no tienes interés en mí?" da tres dados de 90 caras.
○ Durante este evento, como en el de Febrero, se estará recibiendo el objeto oficial de la temporada del amor: Chocolate dulce corazón. La cantidad de cuántos reciben depende del resultado de los dados.
○ Por motivo de los múltiples dados: si el tiro de dos da un resultado mayor a 90, se les obsequiarán diez chocolates más. Si el tiro de tres dados da un resultado mayor a 180, se les obsequiarán treinta chocolates más.
○ Definitivamente los NPC’s cuentan en este evento, aunque como en el anterior, los dueños no reciben ninguna recompensa por ellos.
○ Quien obsequió el regalo recibe la mitad de chocolates que su receptor obtiene en la lanzada de dados.
○ El resto de los premios se mostrarán al finalizar el evento.
 

Lazy

I'm Morpheus, owner of a dream
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Para muchos hombres, Marzo era el mes perfecto y todo gracias al maravilloso Día blanco. La celebración se prestaba para corresponder de forma recíproca aquel lindo y achocolatado obsequio del día de los enamorados que una vez recibieron de parte de una bella dama. Retribuir el gesto con el mismo sentimiento elevado a la tres era, en esencia, la gracia de la fecha y por lo que muchos se mataban pensando en qué dar semanas antes de la celebración. Si el día de los enamorados era dulce y bello, el Día blanco no tenía comparación, ¿había algo más curioso y entretenido de ver que un hombre enamorado, buscando el regalo perfecto para su chica especial? Sin embargo, existían los que pensaban que el día no era más que un mero trámite para llegar al corazón de su amada, o los que opinaban que era un día meramente comercial. Razones válidas desde cierto punto de vista, pero que no afectaba en los más mínimo a quienes sí hallaban un sentido único al día.

La emoción colectiva se podía percibir en el aire y no sólo por parte de los adultos, las jóvenes promesas del país también se hallaban entusiasmados. Era bonito pensar que los jóvenes estuvieran interesados en un asunto tan lindo y único como el amor.

Como la dinámica era la prácticamente igual a la del catorce de Febrero, hubieron algunos que planificaron y pensaron en su obsequio semanas antes de que el tercer mes del año llegara. Sin embargo, existían aquellos quienes habían pensado pero no actuaron con prontitud por diversas razones.


Yael podía caer en ambas categorías, pues si bien ya había comprado el regalo de su mejor amiga hacía un tiempo atrás, el velocista más rápido de la academia Rengō decidió salir esa bella mañana para comprar un par de cosas más. Aunque su ánimo estaba tan alto como siempre y su sonrisa no perdió su brillo, Yamil no veía necesario amdar con tanta prisa, el centro comercial al que se dirigía no estaba muy lejos de la escuela. Mientras trotaba a una velocidad inusual, el prospecto a héroe repasaba en su cabeza lo que faltaba.

Sorprendentemente, Cohen no era el único de su clase que había salido esa mañana hacia el centro comercial aledaño a la escuela. Como él,
Kazil e Kibuki se organizaron días atrás para planificar una salida en la que el objetivo no era otro más que el de comprar los materiales necesarios para los cupcakes que el cañón de aire humano planeó elaborar para todas las chicas de su clase. Era un gesto que esperaba fuera del agrado de sus queridas compañeras de curso. Por su parte, el licántropo compartía el mismo entusiasmo que su hómologo, y aunque le costara expresarlo de forma abierta, sus sentidos hacían el trabajo por él mostrando reflejos involuntarios iguales a los de un animal alegre.

Si se analizaba con atención la situación, parecía que la mayoría de prospectos a héroes de primer año habían acordado salir ese doce de Marzo: primero Yamil, luego Kazil y Kibuki y por último la trinidad compuesta por los Honō y Lalbay, aunque el último grupo aguardaba en la entrada de la academia gracias a que les faltaba la presencia del hijo de Egipto.


Taishi y Eishi llevaban esperando media hora, media hora en la que pudieron emplear su tiempo observando a Flash saliendo de la escuela y discutiendo sobre la orientación sexual del niño lobo.

Por última vez, Eishi… —Taishi se sobaba el entrecejo, cansado de seguir con un tema tan banal como ese—. No porque un hombre sea introvertido quiere decir que es gay y si lo fuera, ¿por qué debería importarte? —Cuestionó con claro fastidio mientras alejaba la mano de su rostro para poder mirarle con claridad.
Eso lo sé, imbécil —suspiró—. Pero tenía que entretenernos con algo, ¿no?
¿Y usaste el tema de conversación más irrelevante para eso? Pudiste haberme hablado de otra cosa más importante e interesante —Por primera vez, en todo ese tiempo que Taishi Honō se hallaba con vida en el foro, elevó su voz con frustración, a veces su hermano era tan… tan Eishi.
Funcionó, ¿no? Digo, no nos estamos preguntando dónde está Rashidi.
¿Qué pasó? —La voz del recién nombrado trajo un poco de tranquilidad al menor de los Honō, sin embargo, el primero en hablarle fue el mayor de los gemelos.
¿Dónde diablos estabas?
Roy se puso un poco mañoso antes de que pudiera salir de la habitación.
¡Ugh! Mascotas —el albino caucásido rodó los ojos con fastidio, provocando que el árabe frunciera el ceño—. Como sea, ¿ya podemos irnos? Tengo cosas que hacer y odio el día blanco, me parece absurdo.
No debería —contestaron ambos morenos antes de comenzar a caminar.

Eishi enarcó una ceja, ¿de qué hablaban esos dos? ¿Por qué debería importarle un día tan carente de sentido como ese? Simplemente era dar un regalo a la chica que te regaló chocolates. Que su hermano y su cuasi hermano se vieran tan energicos por gastar dinero en un presente era… estúpido y ridículo, atarse a una persona era tan… de repente e inesperadamente, su cuerpo se tensó un poco pues la figura de cierta fémina de cabello rosa atrevesó sus pensamientos cual flecha, el sabor de sus labios, el olor de su perfume favorito, las increíbles sensaciones de su última salida y, más importante,
las palabras que salieron de su boca de forma sincera aquella noche. Suspiró, ¿cómo podía si quiera pensar en eso si se hallaba ahí, sentado en un autobus y acompañando a dos sentimentales rumbo a comprar regalos para el día que más “detestaba? ¡Qué tremenda contradicción a sus ideales era esa!... tal vez su hermano tenía razón cuando decía en broma que su novia era su perdición.

Taishi y Rashidi hablaban tranquilamente, aunque más que todo parecía ser una clase de cultara para el árabe. Si bien el chico se había instruido buscando en interner muchas cosas acerca del dichoso día blanco, aún tenía un par de dudas con respecto a la fecha y sabía que Taishi sería el hombre indicado para resolver todas sus dudas, las cuales no fueron más allá de un par de preguntas acerca de los significados de los regalos y todo lo relacionado con ellos. De ahí en más, la conversación pasó a tener un tema un poco más incluyente para el flamígero peliblanco; cosas como el deporte, las clases, los juegos y sus opiniones acerca de la escuela fueron los tópicos que avivaron la conversación y entretuvieron a los muchachos antes de que el transporte los dejara en su destino.

El silbido únisono de los tres fue una clara señal de la impresión colectiva, hacía unos días pensaron que no habrían muchas personas moviéndose en ese día y a una hora tan temprana ¡Ja! Craso error. Como ellos, existían muchos en Nagoya que buscaban impresionar a su chica especial, por lo que era de esperarse la presencia de una cantidad exorbitante de hombres “desesperados” por encontrar el presente ideal.

Miren toda esa testosterona —bromeó el albino caucásico.
Deberíamos movernos, podrías perder lo que buscamos si seguimos aquí parados.
Ehm sí —la voz de Rah tambaleó un poco. Los gemelos lo miraron, incrédulos por lo que su respuesta con tono dudoso significó para ellos.
Rah… por un momento pensé que hablabas en broma cuando decías que eras muy malo con los regalos —Taishi llevó una mano a su frente y se la sobó—. Vamos, te ayudaremos a encontrar algo para Amayah.

El recién nombrado suspiró y antes de ser jalado por sus amigos, se rascó la nuca. Poco sabían que en aquel centro comercial se hallaban el trío de estudiantes que compartían aula con ellos.

Yamil recorría las tiendas a su velocidad habitual, primero se acercaba al ventanal para observar la fachada y si el local le llamaba suficientemente la atención, entonces entraba para inspeccionarlo absurdamente rápido. Era de esperarse que más de un dependiente se preguntara qué había sido eso y de dónde había provenido aquella agradable pero extraña brisa. Con todo, el jovial velocista salía con las manos vacías pues ninguno de los locales fue lo suficientemente bueno o atractivo para él.

Hmm… quizá si subo a la siguiente planta encontraré algo bonito para Jes —fue lo que se dijo antes de tomar las escaleras que le llevarían al piso superior.

Mientras hacía eso, Yael se detuvo un momento para contemplar a todas esas personas que se hallaban en todas las plantas, llevándose en el proceso una sorpresa. Sus labios se separaron un poco y sus ojos se centraron en aquel trío, pero más que todo en el árabe de ojos dorados. Verle con esa cara que combinaba los nervios y la felicidad le hizo entender el por qué se encontraba ahí, junto a sus amigos: Amayah. Su mirada se endureció un poco y la saliva comenzó a tener un sabor agridulce en su boca, aún recordaba lo que había sucedido en el cumpleaños de su mejor amiga. No obstante, Cohen era mejor que eso, mejor que el resentimiento y otro sentimiento negativo, por lo que decidió dejar ese asunto de lado y seguir con su búsqueda.

¿Harina?
L-listo.
¿Huevos?
Listo.
¿Chocolate, vainilla, almendras, coco, canela, maní y pasas?
Ah… ah —el chico lobo entró en un estado de nerviosismo mientras abría la bolsa de par en par para poder observar que todos los ingredientes recién nombrados por su amigo estuvieran dentro. Pasó sus ojos una y otra vez por las pequeñas cajas, contándolas en el proceso para asegurarse que todo estuviera ahí—. Eh… L-listo, todo está a-acá.
¡Bien! Sólo falta la leche y el resto de ingredientes y podemos irnos —exclamó el pelirrojo previo a golpear la hoja de papel con el lapiz que traía.

Todo el plan del cañón humano iba viento en popa.

Creo que… podríamos encontrar la leche en ese bodegón de allá —el dedo de Kibuki señaló el local y Miharu no tardó en seguirle, el local parecía estar lleno de gente al igual que el supermercado en el cual compraron las cosas que llevaban, sin embargo, la pequeña bodega parecía circular a la gente bastante rápido por lo que la espera no sería demasiada.

El de hebras rojas pensó que sería lo mejor, pero su atención pasó a ser de la trinidad Honō-Lalbay. Verles le hizo pensar en un entretenida posibildad.

¡Eh! Rah, Taishi, Eishi.

Los tres recién nombrados miraron hacia dónde se les había llamado, hallándose con Kazil caminando hacia ellos entre la multitud.

¿Qué tan malo sería pasar el rato con ellos? Quizá y podría serles de ayuda.


LadyAzulina LadyAzulina Lian wolf 16 Lian wolf 16 Perdonen la demora :/
RocioJ RocioJ
 
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Morpheus's Dream ♚
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No era la primera vez que Yael se veía envuelto en un intercambio de regalos de San Valentín, pero sí era la primera vez que se sentía tan nervioso. Era todo un drama. No buscaba gastar todo su dinero en joyas demasiado caras, de todos modos su destinataria no necesitaba de tanta utilería, sin contar el hecho de que ya le había obsequiado un collar y que, aunque se esforzara, iba a ser incapaz de superarse a sí mismo. Pero el menor detalle resultaba ser el más importante, ¿no? La solución a su “problema” era tan sencilla que le era demasiado difícil de alcanzar.

Lo que sí podía decir con seguridad era que, para su velocidad, tuvo la mayoría de los regalos listos incluso antes de que llegara marzo. Pero el que le faltaba era demasiado complejo. Tantas variables a tener en cuenta le obstaculizaban el objetivo. Podía simplemente no darle nada a ella, sin embargo, aunque quisiera, algo muy dentro de sí se resentía. Especialmente por no haber sabido con tiempo de su cumpleaños. Para bien o para mal, Cohen era un caballero, sin importar que la chica lo odiara, por eso había decidido salir por última vez al centro comercial, esperando recibir alguna iluminación…

Pero hasta el momento, nada.

Apoyado contra la baranda del piso más alto del centro comercial, el castaño sorbía su absurdamente dulce té de burbujas mientras leía un mensaje nuevo de Amayah. Estaba algo necesitado de ayuda, pero la chica se negaba a brindarle una mano, insistiendo en que debía conocerla por su cuenta. Eso volvía su búsqueda mucho más difícil. No tenía absolutamente nada por dónde comenzar, sí, algo que le recordara a Jesbell, pero no iba a obsequiarle una cuchilla; la intención no era darle algo que le sirviera en su contra. Tal vez era el momento de aceptar cualquier tipo de ayuda. Cualquiera.

Destruyó una bolita de tapioca con los dientes y exhaló. Recordaba haber visto a los Honō y Rashidi unirse a Miharu y Shirōkami en las compras, el árabe tal vez estaba en las mismas respecto a Jesbell, pero se decía que dos cabezas pensaban mejor que una, así que… podría tratar, ¿no?


—Después de todo, debo aprender a pasar tiempo con él… por Maya… Más vale comenzar temprano.

Suspiró mientras se dirigía a las escaleras eléctricas. Iba a tomarse todo el tiempo del mundo para bajar, como una persona normal, dudaba que el obsequio perfecto se encontrara entre los alimentos del mercado.
 

Lian wolf 16

Let's play a funny game!
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¡Eh! Rah, Taishi, Eishi.— grito el pelirrojo al divisar a sus compañeros de curso entre la multitud que visitaba el centro comercial dias antes del dia.

El trio dinámico volteo hacia el al escuchar su voz y lo saludo desde la distancia, haciéndole sepas para que se juntaran. —vamos buki — el adolescente tomo la mano libre que tenía su amigo y se lo llevó consigo hacia sus compañeros de curso.

k-kazil espera!... — murmuró el pelinegro intentando evitar ir con rah y sus amigos. No por qué le cayeran mal ni porque se sintiera incómodo, sino porque simplemente no le gusta estar con tanta gente, le hace tartamudear mucho más de lo usual y ponerse tenso. Aún así su timidez no fue rival para la determinación del cañón de aire quien en un par de segundos ya lo había arrastrado hasta sus compañeros.

hola chicos, que hacen aqui? — interrogó kazil con una sonrisa leve mirando a rashidi en particular.

de compras — respondió taishi sonriente.

compras con sentido romántico, me equivoco? — dijo codeandolos con los ojos.

Rah asintió con un suspiro y señaló a sus dos acompañantes. —estamos los tres en las mismas, y tu?

oh pues!... — kazil atrapó con el brazo a buki con su brazo colocándolo a su lado. —buki me está ayudando a conseguir ingredientes para preparar los regalos para nuestras compañeras, planeo regalarles unos cupcakes con diversos aderezos — dijo levantando las bolsas con los ingredientes.

Kazil pudo notar un intercambio de mirada cómplice entre ambos albinos ante la mención de kibuki pero lo atribuyó a que generalmente buki no se relacionaba mucho con el resto de la clase, siendo el ojirojo la excepción, por lo cual era de esperar que su presencia ahí fuera sorpresiva.

mmm ya veo... Aunque... Eso no son demasiados ingredientes para un par de cupcakes?

pues si, planeo hacer para toda la clase, quiero alegrarles un poco el día

espera, incluso a los hombres? Eso no va en contra de la tradición? — intervino eishi de improvisto, quien no había hablado en todo el rato.

pues si, obvio — respondió como si nada el de ojos carmesí

y... Porque lo haces?

y porque no? —fue la escueta respuesta del pelirrojo. —las tradiciones son divertidas, pero alguien me enseñó que también podemos darle un toque personal al como celebrarlas— dijo con una leve nostalgia en la voz.

si tu lo dices — el ojiazul se encogió de hombros desviando la mirada.

Bueno... Quieren acompañarnos? Digo... No parece que tengan algo más que hacer.

El trío frente a ellos intercambio una mirada antes de encogerse de hombros y asentir. —claro, que ingredientes te faltan? — respondió rashidi por los tres.

leche y mantequilla, pero busco leche de campo

eso esta al otro lado de la tienda — habló taishi observando la multitud.

pues si... — el pelirrojo se tomó un momento para pensar. —ya se! Para hacerlo rápido podemos separarnos

esto parece una escena de scooby-doo... — murmuró eishi con un gruñido.

Claro, porque no? — el hijo del desierto se colocó a un lado de kazil con una sonrisa mirando a sus compañeros. —yo ire con kazil por la mantequilla y ustedes pueden ir con kibuki a por la leche

e-eh? N-no puedo ir con kazil? — el licantropo comenzó a ponerse nervioso, nunca había estado en compañía de los dos albinos y sin kazil a su lado se pondría mas tartamudo de lo normal.

uhg solo terminemos con esto, tengo cosas que hacer— el ojiazul agarró a buki del cuello de su camisa y lo arrastró junto a un sereno taishi en dirección al pasillo de la leche.

Rashidi y kazil contemplaron como los albinos desaparecían por un pasillo con un nervioso buki a la siga. —son... Unos compañeros...

peculiares — terminó la oración el ojirojo.
Luego observó al Moreno a su lado quien sonreía levemente hacia dónde desaparecieron sus compañeros.
vale, vamos por la mantequilla


______________________

Lazy Lazy es algo corto pero dejo ahí a ambos grupos, tienes vía libre con kaz y buki en cada grupo
LadyAzulina LadyAzulina te nos unes con yael no?
 
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Lazy

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La incomodidad de Kibuki era mucho más que evidente, no porque la dupla le generara tal sentimiento, sino más bien a su limitada o casi nula capacidad social. La mirada de los Honō se paseaban entre él y la gente, y eso sólo lo ponía más tenso. Quería decirles algo, pero… ¿realmente podría?

Eishi comenzaba a fastidiarle el silencio, por lo que suspiró para luego encarar al niño perro.

Kibuki… nosotros no mordemos como tú —espetó el mayor de los gemelos.
Eishi —el tono del moreno buscaba tranquilizar el humor de su hermano. El licántropo sólo se sintió cohibido por el caucásico albino.
Y mucho menos tenemos interés en los hombres como… —La mano del moreno fungió como bozal.
¡Eishi! —Luego pasó su vista al pequeño azabache—. Discúlpalo, sólo le molesta el silencio y… bueno, eres un poco silencioso, además de que no sabe qué regalarle a su novia.
¡Oh! —Las facciones del niño lobo pasaron a una de sorpresa por el último dato y a una de completa pena por el primero, por lo que simplemente apartó la mirada de los cuatro zafiros que le miraban con atención—. L-lo siento n-no quería ser…

Eishi y Taishi rodaron los ojos.

No tienes que disculparte —exclamó Honō menor con comprensión y soltando la boca de su hermano—. Sólo comparte un poco más con nosotros, como dijo Ei: No mordemos.
V-vale —respondió un poco más decidido—. ¿P-por qué no sabe que regalarle a su novia? —Cuestionó con curiosidad.
— ¡
Ay me tienes que estar jodiendo! —Espetó.
Eishi —el susodicho frunció el ceño, no quería escuchar esa palabra y mucho menos de alguien tan pasivo como Shirōkami.
Y-yo sólo tenía…
Sólo no sabe qué regalarle a Rivka, es todo, Kibuki.
Oh… bueno, podrías regalarle algo que… bueno… q-que ella aprecie mucho y siempre cargue consigo.

El hombre llama se abstuvo de golpearse la frente y soltar un comentario sarcástico, porque seguro su hermano lo iba a golpear por ser tan pesado. No tenían que repetirle una y otra vez lo que tenía, debía y podía regarlarle a su chica especial, era SU chica especial y él sabría qué obsequiarle, no necesitaba la ayuda de nadie para eso.

Taishi suspiró, comenzaba a cansarse un poco de eso, principalmente porque debía pensar en qué regalarle a su chica especial y cargar con el humor de su hermano no lo dejaba. Además, el asunto del mercado… se frotó el entrecejo; esperaba que las tiendas del piso superior tuviera algo interesante para regalarle a Jesbell.


[...]

Asi que… pastelitos
¡Sí! Los haré yo, Rashidi —mencionar la idea pareció haber emocionado en demasía al pelirrojo, tanto que la expresión del muchacho se transformó de una llena de preocupación por la fila a una de total entusiasmo.
Suena bien, ¿podría ayudarte? —Cuestionó el moreno, dando un par de pasos al frente para seguir avanzando—. Digo, sólo tengo planeado pensar para un regalo importante y hasta ahora no lo he hecho, me vendría bien hacer algo para el resto de chicas que me regalaron chocolates el día de San Valentín.
Déjame adivinar, ¿Amayah? —Rashidi se mostró sorprendido, pero luego recordó las palabras de una de sus compañeras en navidad. Al parecer todos sabían los sentimientos que sentía Rah menos la susodicha… o eso creía él.

Lalbay simplemente asintió y apartó la mirada con pena mientras seguía avanzando en la fila para pagar la mantequilla que el cañon de aire humano traía en las manos.

Desde hace un tiempo atrás, más concreto: en el momento en el que los gemelos acordaron con él salir ese día, el hijo de Egipto se preguntó qué podría regalarle a su ángel. Las ideas se le acababan y ya no sabía qué obsequiarle además de su corazón bañado en oro, pero eso era muy pronto y seguramente sería demasiado. ¡Dioses! La cabeza le palpitaba de sólo pensar en aquello.

¿Qué tal algo que use? —la voz de Kazil resonó en los oídos del castaño—. Digo, puedes obsequiarle una linda yukata, un adorno para el cabello, lo que sea. Seguro que le gustará.

Fue entonces cuando recordó cierto objeto que vio aquel día en el que conocío a sus futuros suegros… la luz le llegó al árabe cual manifestación divina y una sonrisa se formó en su rostro.

¡Kazil! Cómo no lo pensé antes… cuando terminemos acá, necesito que vayamos a los pisos de ropa, creo que me has dado una mano.
¿En serio? ¡Vaya! No hay de qué, pero son 500 yenes.
Qué chistoso —exclamó antes de reír.

Los Honō junto a Kibuki aparecieron, éste último con la leche en manos. Los gemelos de ojos azules le comentaron al trío que, para no retrarsarse, se marcharían a comprar las cosas correspondientes para sus chicas.

No se queden esperando por nosotros, vayan a la academia si terminan con sus compras —exclamó Eishi mientras les daba la espalda.
Vale, nos vemos bros —Taishi alzó la mano y siguió a su hermano, para luego perderse entre la multitud.


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Alex's little princess ♚
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Por fin, por fin había llegado el día.
Alexis se preparó con mucha antelación este año, casi desde diciembre, para ser exactos. Todo el asunto de que su pequeña Rivi tuviese a alguien revoloteándole cerca no hacía más que revolverle el estómago y quiso realmente lucirse con su especial regalo del Día Blanco, aunque recibió mucha ayuda de su hermana en el proceso. Los chocolates no iban a ser suficientes ese año.

A mediados del año pasado su pelirrosa favorita había estado completamente insoportable con una chaqueta que vio postear a una influencer y desde ese día no paró de mencionar lo mucho que le había encantado, hasta tal punto de hartarlo. En su momento intentó restarle importancia, pero cuando empezó a plantearse la idea de buscar un obsequio bueno se le vino a la cabeza inmediatamente. No tuvo más opción que llamar a su bella, pequeña e insufrible hermana… aunque tuviese que esperar a la mañana siguiente para poder hacerlo.
Ese amanecer de mediados de Junio marcó el número de Ileana antes de esperar pacientemente, todavía tirado en la cama.


—Sólo me llamas cuando necesitas algo, ¿ahora qué pasa?

Escuchar a la peliblanca al otro lado de la línea lo hizo sonreír. No era novedad para nadie que no se llevaban bien desde hacía un tiempo, pero no era porque no se quisiesen, sino más bien porque ambos estaban transcurriendo etapas muy deferentes en la vida: una buscaba rebelarse contra sus padres y lo “opresores” que eran con sus gustos y estilo, mientras que el otro ya comprendía un poco mejor cómo funcionaban las cosas e intentaba hacer que su castigo en forma de hija de los mismos padres entendiese que los mayores no estaban ahí para hacerle la vida más imposible… sino todo lo contrario. Por un segundo la extrañó, hasta que escuchó su queja al otro lado de la línea.

—Agradable que me conozcas, Lena. Necesito ayuda para un regalo. —Se apresuró en seguir hablando cuando sintió que la chica estaba tomando aire para abrir la boca. —Y sí, ya sé qué es… pero quiero que lo busques por mí, porque yo no tengo ni idea de cómo.
—Alexander, ¡sabes que odio que me des la mitad de la información! ¿No podrías ser más conciso por una vez en la existencia? ¿Qué te interesa que busque y cómo pensas pagarlo?
—Algo se sintió ligeramente cálido dentro del pecho de pelirrojo, su hermanita le recordó a él un poco.
—Hay una chaqueta que Riv quiere… pero no tengo ni idea de cómo empezar a buscarla. Tengo una foto, así que voy a enviártela. —Le tomó unos cortos segundos hacer eso mismo, agradeciendo no haber nacido en la época de sus padres… donde eso hubiese tardado, como mínimo, 2 minutos ¡una locura!
—Uh~, es bonita… ya entiendo porqué le gusta. ¿Pero no crees que falte mucho para su cumpleaños todavía?

Alexis no iba a molestarse realmente en explicarle para qué la necesitaba, el trasfondo del White Day era algo un poco complejo para una niña de 13 años y no pensaba perder la mañana en eso, así que solo aceptó que pensase lo que quisiese.

—Quiero estar preparado antes.
—Bueno, voy a buscar qué tan complicado va a ser conseguir una y cuando lo tenga te mando un mensaje para que planteemos un precio… ahora no, porque tengo tarea que terminar para mañana.
—Bien, ¿entonces qué haces con el teléfono? Saluda a papá y mamá de mi parte.
—Oh, por supuesto… ¡y a Ileana que la parta un rayo!
—Él no pudo evitar reír por las ocurrencias de la más joven.
—Sí, también te quiero, Lena. —Tiró un beso sonoro para ella entre risas.
—¡IUG, NO SEAS ASQUEROSO!

La queja lo hizo estallar en una carcajada tan fuerte que ni siquiera notó cuando su hermana cortó, pero para ese entonces ya habían hablado de lo que le interesaba, así que no tuvo problema.

Recibir información respecto a su regalo llevó unos días, Ileana se había tomado en serio eso de que todavía faltaban meses para su cumpleaños… aunque Alexis no corría con prisas. Terminó resultando que la chaqueta era de una colección de diseñador un poco pasada, como de hacía 4 años, lo cual no volvía su compra una tarea fácil. El precio iban a ser cajas de mochi de sakura, la cantidad dependería de qué tanto tiempo se tardaba Lena en conseguirla por alguna página de reventa… pero él estaba seguro de que valdría la pena.

A mediados de enero ya tenía la gran caja negra de terciopelo debajo de su caja, donde los ojos curiosos de su amiga no solían hurguetear… y tampoco sus perros.
Moría de ganas de ver su cara.

*-*

En ese instante estaba terminando de guardar la enorme caja en su bolsa para dejarla junto a su escritorio, con la intención de no olvidarla después.
Había quedado con sus amigos en ir al centro comercial que se encontraba cerca, porque al parecer ninguno planeó con antelación lo que iban a regalarle a sus novias… aunque para Alexis también fue la primera vez que se preocupaba “tanto”. Tomó la ropa indispensable para no morir de frío, acomodó un poco su cabello con los dedos y guardó su teléfono en el bolsillo antes de salir a buscar a sus compañeros.
Para cuando llegó a la entrada Erik y Yorito ya estaban ahí, esperando por él.


—Nunca llegas tarde, pero el día importante se te da por tardarte una eternidad… ¡Perfecto! —El de cabello azul se quejó y acomodó las manos en su cuello para ahorcarlo a modo de juego mientras Denali reía.
—Sí, Erik… buenos días para vos también.
—¿Podrían dejar de jugar? En serio se nos va a hacer tarde y no quiero que me corten la cabeza por haber recordado el día tan tarde.


El único japonés del grupo tenía la función de ser la voz de la razón, así que fue de extrañar que olvidase una fecha tan especial para su “amada Yuri”. Alexis tuvo intenciones de discutirlo pero si se paraban a ello iban a terminar sin conseguir nada, con lo cual, se pusieron de camino.

No estaba en sus intenciones terminar comprando algo nuevo para Rivka, pero no pudo evitar pegar los ojos en un dije que gritaba su nombre a todas voces al pasar por el frente de una de las tantas joyerías del edificio. Le había regalado un brazalete por navidad, el mismo que a su hermana, y estaba seguro de que podría engancharlo a él si así lo quisiese… el pelirrojo terminó comprándolo y pagando con su celular. Por otra parte, sus amigos no tuvieron tanta suerte como él al encontrar algo que a sus novias las chiflase, así que todos decidieron pasar por un poco de café caliente antes de seguir buscando.

Iba en medio de ambos con las dos manos ocupadas, una sostenía el vaso reciclable de humeante bebida marrón y la otra traía la pequeña y llamativa bolsa de la joyería, donde se encontraba el precioso dije de rubí con forma de corazón. El día prometía mucho, entre las quejas de Erik por no saber qué hacer con su vida y la desesperación de Yorito por no ser castrado al encontrar un regalo lo suficientemente despampanante para su nueva novia. No eran más que risas y diversión para él, hasta que vio al protagonista de sus pesadillas acercarse con alguien escalofriantemente parecido a él. No pudo evitar fruncir el ceño instantáneamente.

Se la había estado pasando completamente bien hasta que Eishi, el estúpido chico que frecuentaba a su pequeña, se cruzó en su vista. ¿Qué se suponía que hacía él ahí? De sólo pensarlo su sangre hirvió… pero sonrió con superioridad al saber que él estaba mucho mejor preparado que ese intento de fuck boy de segunda.

La expresión del albino tampoco fue una de “vaya, viejo amigo ¡me alegra mucho verte!”. Ambos mantuvieron la mirada en el otro y cuadraron los hombros casi al instante, los acompañantes del pelirrojo realmente no notaron nada al estar tan centrados en sus propios problemas, pero la versión bronceada de Eishi los miró a ambos casi con confusión.

La tensión fue creciendo entre ellos a medida que las distancias se acortaban y el mayor de los Honō afiló completamente la mirada al poder leer lo que decía la bolsa de cartón que traía el escocés, no podía ser para nadie más que para su chica y eso no le agradaba para nada. Ninguno estuvo dispuesto a moverse del centro del pasillo, así que cuando estuvieron a unos centímetros fue Yorito el que se abrió para no chocar contra los gemelos.

Alexis miró desde arriba al japonés mientras pasaba a su lado, chocando un poco su hombro con toda la intención. Eishi lo recibió con firmeza antes de dejar que un gruñido saliese de su garganta. El café casi derrama unas gotas sobre la mano del chico de segundo gracias a la fuerza con la que fue recibido el empujón. Ambos giraron la cabeza con el ceño fruncido, sólo hacía falta una pequeña provocación para que ambos explotasen en llamas… pero nada pasó. Uno sabía que no iba a ser bien visto atacar en un lugar público, y el otro deducía que Rivka jamás se lo perdonaría, así que pactaron mentalmente pasar la fiesta en paz… por ahora.

Alexis lo decidió en ese mismo instante, iba a darle todos los regalos a Riv en las narices de Eishi, sólo con la intención de ver el mundo arder.




Dejo link porque no se quiere poner e.e


Lazy Lazy 🥰
 

Lazy

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Las palabras de Kibuki resonaron en la cabeza del mayor de los Honō una y otra vez como si fuera una especie de bucle interminablemente irritante. La cabeza le dolía en demasía, no sólo por el hecho de que aún no tuviera nada para su amada novia, sino porque darle la razón a alguien tan insignificante y nulo como el lobo enclosetado le fastidiaba. Taishi lo sabía, ¿cómo no iba a saberlo? Era su hermano y si existía algo que le enojaba era que se metieran con sus cosas.

Tai suspiró.

Ei, relajate un poco —la mano del muchacho se posó en el hombro de su hermano—. Se supone que estás acá para comprarle algo a tu chica especial.
¿Tai, puedes dejar de decirle así? Rivka es sólo mi chica.
Tú y yo sabemos que no es sólo tu chica, te pones celoso, te cuesta aceptar cosas, ¡vamos! Que hasta le dijiste... —el albino caucásico rodó lo ojos y bufó para interrumpirlo, no quería escucharlo.
Ugh… no te hubiera contado nada.
¡Vamos, Ei! Hazlo por ella.

La expresión infantil y gruñona de Eishi fue chistosa para su interprete, quien decidió darle un par de palmadas más en el hombro y le sugirió que mejor continuaba. Honō mayor suspiró, se estaba enojando por nada, por una nimiedad y gracias a ello no lograba concentrarse en el regalo para Rivka. Pasó la mano por su rostro y luego sacó del bolsillo su celular para desbloquearlo y ver el fondo de pantalla que Lovelace colocó semanas antes del día de San Valentín, se veía preciosa como siempre. Pasó el dedo por el vidrio del móvil, concretamente en la mejilla de la pelirrosa e inmediatamente arrugó el rostro un poco, pues un pensamiento llegó fugazmente a su cabeza gracias a esa fotografía y a las palabras del niño lobo:
Oh… bueno, podrías regalarle algo que… bueno… q-que ella aprecie mucho y siempre cargue consigo. ¿Y sí…? Desbloqueó su celular para al carrete para buscar entre toooooodo ese mar de fotos alguna que le gustara y le sirviera para lo que tenía en mente. Tardó lo suyo, quizá unos minutos, decidirse por alguna era algo sumamente difícil pero cuando lo hizo, una sonrisa se formó en su rostro.

¿Mm?
Mueve el culo, Tai, ya sé qué le regalaré a Rivka
Voy a comenzar a pensar que eres bipolar.
Cállate un rato, ¿quieres? —Exclamó con un extraño buen humor, humor que se esfumó en un segundo cuando se topó con él.

La escena fue demasiado extraña y bizarra para Taishi, había visto a aquel pelirrojo junto a la novia de su hermano, pero no sabía que se llevaran tan mal, ¿algún rival? No lo creía, pero existía la posibilidad.

Estaba tan molesto, la presencia de Alex no había hecho más que volver a encender aquella llama que se calmó gracias a su hermano menor. _Maldito Alexis, le voy a quemar esa cara de prepotente que tiene_ fue lo que pensó segundos antes de sentir una mano sobre su hombro izquierdo. Por un segundo pensó que era su mejor amigo árabe, pero cuando volteó, se encontró con Yael Cohen, el velocista y rival del hijo de Egipto. Frunció el ceño al momento de voltearse y escucharlo decir:

Deberías ir más despacio o podrías tropezar.
La ironía encarnada, piernitas —soltó apartando suavemente la mano de su hombro; a diferencia de Alex, Eishi no tenía nada en su contra ni aunque fuera el chico que buscaba entrometerce en la vida amorosa de su mejor amigo, por lo que trató de calmarse un poco.
¡Eh! Yael —Taishi se apareció por detrás de la espalda de su familiar tan rápido notó que no le seguía. Su ánimo afable logró que el velocista sonriera, al menos uno de los Honō se hallaba de buen humor—. ¿Qué haces por acá?
Bueno —el chico se llevó una mano a la nuca para rascarla—, sigo sin encontrar algo para la mejor amiga de Maya.

Taishi no se extrañó para nada, pero Eishi sí. ¿La guapa y hermosa mejor amiga de Maya? ¿Ella? ¿Con la que su hermano había pasado un increíble cumpleaños? Por alguna extraña razón, Honō mayor sintió avivarse el fuego de la ira que debió aparecer en su homólogo.

¿Jesbell? —Flash asintió varias veces.
Qué casualidad, yo también quiero regalarle algo a ella y aún no sé qué podría ser —el humo humano sonrió tranquilo—, ¿qué dices si nos ayudamos un poco? Dudo que el niño llama —apuntó con el pulgar a su hermano—, me sea de utilidad, está molesto por el regalo de Rivka.
¿Taishi, se lo vas a decir a todo el que se nos cruce? Fue un milagro que no se lo dijeras a la basura de Alex.

Yamil escuchaba todo mientras pasaba la vista entre los gemelos. Era curiosa aquella relación, pero más curiosa era la invitación del moreno. Entre la discusión de los Honō, Cohen se preguntó el porqué Taishi se animaría a comprarle un regalo a su rival si tan sólo la había visto una vez en el cumpleaños de Yahra. Era extraño… pero…

¿No sabes qué regalarle a Rivka? —Eishi sintió como la cuenca de sus ojos comenzaban a calentarse—. ¡Ah! Espera, ¿es en serio que están saliendo? —La curiosidad e inocencia con las que Cohen soltó sus preguntas fueron divertidas para el segundo Honō.
¡No sólo estamos saliendo, es mi maldita novia! —exclamó con una vena salida, su hermano iba a decir una de sus imprudencias pero Eishi lo detuvo con una mirada—. Sí, Tai, lo dije: No-via. Rivka es mi novia.

Yael hizo una mueca evidente mueca de desagrado por el comportamiento del peliblanco, de por sí ya tenía una opinión propia acerca de él, que le mostrara un comportamiento como ese sólo hacía que la creencia de Cohen… bueno, no hacía falta decirlo. Por su parte, Honō menor rió divertido por la expresión del albino a su lado, quien había iniciado nuevamente su andar hacia las escaleras.

¿Vas a venir o no, piernitas? —Yael echó un vistazo hacia el mercado, tal vez no era el momento para pasar un rato con el árabe. Se encogió de hombros y siguió a la dupla Honō.

Para Yael era la segundo vez y para Eishi y Taishi era la primera vez en la que ponían un pie en ese piso. Las tiendas de ropa, bizutería, accesorios para el hogar y demás se podían observar por montón. Sin embargo, el mayor de los Honō decidió meterse en la primera joyería que vio, esperando encontrar lo que tanto necesitaba para el regalo de Rivka.

¿Así que quieres regalarle algo a Jes? —Custionó el moreno al más rápido de su clase.
Sí.
Creí que te interesaba Maya —el tono, ese tono serio y lo que dijo lograron producir una tensión en sus hombros—, ¿por qué ahora Jesbell? —Su mirada no expresaba nada más allá de un mero interés en la respuesta
No… yo… Bueno, simplemente creo que sería un lindo gesto —Cohen retrocedió un poco, ¿por qué se sentía amenazado? No esperaba recibir ese tipo de trato por parte de él—. Sería simplemente en son de paz, no es como si ella y yo tengamos la mejor de las amistades.

Tras ello, Tai apartó la mirada y rió un poco, confundiendo al chico de hebras marrones.

Lo siento —le miró con una sonrisa—, a mi sí me interesa Jesbell —confesó con total naturalidad mientras pasaba su vista a los brazaletes de la tienda—. Perdón si te sentiste amenazado, no era mi intención, no quiero problemas con nadie y menos con amigos.

Flash no reaccionó a lo último pues, si bien su mente podía funcionar mil veces más rápido que la de una persona común, en ese momento se detuvo analizando la confesión que soltó el de hebras claras. Por un momento se lo tomó a broma, ¿quién en su sano juicio podía interesarse en una chica como ella? De tan sólo pensar en ella y lo que ocurrió en el cumpleaños de Amayah la piel se le erizaba.

Estás bromeando, ¿no?
¿Por qué lo haría?
Ella es…
¿Complicada? Lo sé, pero tiene su encanto y me gusta —le sonrió mientras le colocaba una mano en el hombro.
Puede ser… —Yamil arrugó la cara simplemente porque no podía creerlo. Alzó las manos y las juntó en forma de rezo—. Sólo espero que Dios se apiede de tu alma.
¿Qué? —Taishi rió divertido por las ocurriencias de su nuevo amigo.

Ambos rieron, pero su risa su momento se vio cortado gracias al
¡Al fin! que gritó el chico de llamas azules. Cohen y Honō se miraron y alzaron los hombros previo a acercarse al efusivo muchacho.

La búsqueda del regalo ideal había concluido al fin, por lo menos para Eishi.

¿Puede usar esta foto para las que irán dentro? —Cuestionó a la par que alzaba su teléfono con la fotografía. La mujer que se encargaba de las ventas tomó el dispositivo—. Sólo necesito que sean los rostros, quiero que en el de ella esté el mio y en mi parte el rostro de ella.
¡Oh! Puedo hacerlo, es bastante sencillo —le expresó la bella muchacha mientras le daba un vistazo a la contextura de Honō—. Sólo deja que pase la foto a la computadora de la tienda y lo haré en un momento.
Claro, belleza —tras eso, la chica se retiró a la parte trasera de la tienda con una sonrisa. Taishi y Yamil se acercaron.
¿Hallaste lo que querías? —Cohen parecía inexplicablemente interesado en lo que el mujeriego tenía planeado regalarle a la pelirrosa, aunque siguiera pensando que su forma de ser podía mejorar un poco.
Sí.
¿Y qué es? —Cuestionó con la misma curiosidad Honō menor.
Será un collar compartido —Taishi enarcó una ceja—. Pero no es todo, el collar tendrá dentro una foto de nosotros. Es como un dije compartido.
¡Oh! Interesante.
Qué inusualmente bonito —el mayor frunció el ceño por el tono con el que Tai había dicho sus palabras—. No lo tomes como algo malo —rió—, me parece bien que por fin te estés enseriando —Yamil sintió calor en ese momento y supo que venía de las extremidades del albino caucásico.

No obstante, Eishi inhaló y exhaló para relajarse. Era verdad, quizá se estaba comportando un poco más… serio con su novia y por eso es que ahora se sentía bien el poder haber encontrado algo tan lindo para ella.

¿No tienen un maldito regalo que comprar?
La verdad es que sí —comentó con gracia el moreno mientras tomaba a Yael de los hombros.

El dúo se alejó para dejar a Eishi en paz y centrarse en lo suyo.

Bien, ahora pensemos.
No lo sé, Taishi —el chico miró dubitativo a su compañero—, no la conozco bien.
Y yo sólo he tenido una cita con ella —su interprete se vio sorprendido por aquella revelación, ¿cita? ¿Cuándo? ¿Cómo? Imaginarse a Jesbell en una cita y que ésta disfrutara de la misma era algo… ni siquiera podía imaginarselo.
¿Cuándo?
El día de mi cumpleaños —exclamó tranquilamente el moreno mientras pasaba sus ojos por los zarcillos en exhibición.
¡Oh!

Quizá no era una duda que se había hecho ahora, pero sí se la hizo cuando ese día pasó para felicitar a los gemelos y sólo se encontró a uno de ellos. Le pareció demasiado raro que en un día tan especial como su cumpleaños los dos no estuvieran celebrando juntos. Pero… le costaba mucho creer y procesar que Taishi tuviera una cita con ese engendro del infierno.

Honō menor pasó la vitrina con los collares, saltándose en el proceso la que tenía los anillos. Nada le convencía, todo en ese lugar era… no era para Jesbell y Yael no parecía ser de ayuda hasta que lo vio acercarse a una donde se hallaban unos brazaletes.

Aquí podrías encontrar algo que te gusta —el velocista le dejó cancha abierta para poder ojear las joyas que se encontraban tras el vidrio de seguridad. Taishi negó.
No busco algo que me guste a mi, si no algo que le quede perfecto a ella.

Las pulseras que ahí se hallaban eran todas preciosas y únicas en su forma, pero no parecían convencerle hasta que la vio, ahí recostada en la esponja negra protectora se hallaba un brazalete con nueve rubíes incrustados en el centro de una flor plateada, mismas que estaban separadas por lo que parecían ser unas mariposas de plata. La intensidad de las piedras rojizas le recordó al brillo de los ojos de su querida chica, recordó con mucho cariño el día de su cumpleaños y el cómo quedó totalmente fascinado ante los hermosos ojos carmesí. El aliente se le escapó lentamente y, cuando volvió de entre sus memorias, llamó a otra bella dependienta para que pudiera entregarle aquella joya.

Es bonito —expresó Yael mientras observaba el accesorio.
No, es perfecto… —susurró mientras lo devolvía para que se lo envolvieran en una bolsa adecuada.

Taishi se hallaba completamente feliz y, aunque Yael no lo compartía, podía entender el porqué de su ánimo.



Ok, tengo que aclarar unas cosas con el regalo:
-Cada parte del corazón es lo suficientemente grueso como para albergar en su interior una foto
-No tiene iniciales
-Cada parte tiene una foto. La de Rivka tiene el rostro de Eishi y viceversa.
-La foto que se usó fue esta (la tomó Alex):
(la del medio claro)

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Morpheus's Dream ♚
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Al final lo había conseguido, tenía todos los regalos, sólo debía “deshacerse” de ellos.

En la sala común pudo encontrar a dos de sus objetivos, pero tras ver quién acompañaba a uno decidió inclinarse por ese lado primero. Su velocidad levantó una brisa lo suficientemente fuerte como para que Hayato trastabillara.


—¡Ey, amigo! Cuidado ahí —lo tomó del brazo para estabilizarlo, ocultando con todas sus fuerzas una amplia sonrisa.
—¡Cohen-san! —saludó Sumire, algo sorprendida.
—Hola, Dazai-san, pequeño Dazai, amigo —le revolvió el cabello al menor.
—¡Regalo! —exclamó éste último, señalando la bolsa que el castaño cargaba.
—¡Sí, correcto! —la alzó un poco, mostrando ahora su sonrisa—. Tienes razón, es un regalo —se agachó frente al pequeño, viéndolo estirar los brazos para tomar la bolsa—. Pero es para Sumire, campeón —le tocó la nariz, recibiendo un puchero de su parte.
—¿Para mí? —cuestionó la aludida, sorprendida.
—¡Por supuesto! —pasó la mirada hacia ella—. Un agradecimiento por haber pensado en mí en San Valentín —le estiró la bolsa—. Anda, tómalo.

La chica lo hizo y echó un vistazo dentro. Se trataba de un libro de cocina, todo un recetario de la gastronomía inglesa entre sus manos, con un extra de platos refinados de otros países del mundo. Si bien no siempre compartía con sus compañeros de clase los bocadillos que hacía, Cohen siempre tuvo comentarios positivos y críticas constructivas para cualquier comida que le proveyó. Ese libro significaba que quería que siguiera cocinando y alimentándolo con platillos fuera de su zona de confort, pero ¿eso era todo?

Cuando la joven Dazai pasó la mirada al velocista, lo encontró jugando amenamente con su adorado sobrino. Así como a ella le obsequió un libro, a él le compró una pequeña pelota, tenía la decoración propia de los balones de baloncesto.


—Bueno —comentó el muchacho al notar la atención—, espero que disfruten de sus regalos. Aún tengo otros cuantos para entregar, así que… los dejo.
—Está bien. Hablamos más tarde, Cohen-san.
—Seguro —
le sonrió antes de prácticamente desaparecer.

Regalo #1 entregado. Ahora al regalo #2.

—No los quiero molestar ni les robaré mucho de su tiempo —habló rápidamente el veloz, interrumpiendo el rato de Eishi y Rivka—, sólo quiero entregarte esto.

Yamil apoyó una rodilla en el suelo al tiempo que alzaba una bolsa con una caja dentro, apoyándola sobre la palma de su mano en la misma posición en la que estuvo llevándola todo el rato salvo ese instante. La postura produjo que Honō frunciera el ceño, pero el tamaño de la caja fue lo que llamó la atención de la pelirrosa. Yael le sonrió cuando ella la tomó. Comparándola con Dazai, su obsequio fue mucho más sencillo de resolver. No conocía mucho a Lovelace y su trato siempre había sido amigable, además de que solía ser algo… dulce.

Al Rivka sacar la
caja se sorprendió con una cantidad de 56 unidades de macarons, todos siendo de color rosa, blanco y azul, con lo sabores de chocolate blanco, moras, rosas, fresas, jengibre, piña, menta, cereza, chocolate con cereza, frutas rojas, frambuesa, lima, chocolate con lima, pistacho, vainilla y coco. Era una excelente prueba de que “Tal vez somos buenos amigos”. Al levantar la mirada el muchacho ya no se encontraba allí, por lo que tendría que agradecerle después.

Regalo #2 entregado. Ahora el regalo #3 y #4.

—Hola, Yael —saludó Amayah sin levantar la mirada del libro.

Él sonrió sin decir nada, esperando. Cuando ella decidió renunciar a la lectura para mirarlo, tuvo para sorprenderse. A sus pies el velocista tenía una maceta con tierra sobre la que se veían varias bolsas de semillas de flores, cuando florecieran podrían dar la apariencia completa de un arreglo floral.


—¿Qué es eso?
—Sé que ya no tienes más espacio en donde están tus plantas, por lo que creí que sería bueno comprarte el recipiente y la tierra además de las flores… ¿Qué opinas?
—Es… —
no tenía palabras ni para responderle—. ¿Al final que hiciste con Jesbell?
—Oh, no te preocupes, le envié su regalo hace dos días —
hizo un gesto con la mano para restarle importancia—. Debería llegarle hoy.


Si tengo que aclarar, pueeeeees...
Regalo #1. Bueno, me gustaría decir qué nivel de amistad tiene pero no tiene mucho sentido. Sólo echa un vistazo, Relikt Relikt
Regalo #2. Lo puse, pero por si acaso, el nivel 2: Tal vez somos amigos. RocioJ RocioJ, por Yael lanzas un dado de 90 caras.
Regalo #3. Para Jesbell >
aquí<. Sería un nivel más bajo que el Sólo somos amigos, pero ese es el más bajo que hay (?). En el próximo post lanzaré un dado de 30 caras por ella y su relación con Yael.
Regalo #4. Nivel 3 con Amayah: Podría tener algo de interés. En el próximo post lanzaré dos dados de 90 caras por ella y su relación con Yael.

Explanation finished, I will continue writing.
 

Lian wolf 16

Let's play a funny game!
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bien! Tenemos todo para ir a cocinar, ahora solo debemos pagar e ir por el regalo de amaya— exclamó con un suspiro el pelirrojo, habia pasado toda la mañana intentando reunir los mejores ingredientes y no hallaba la hora de volver a Rengo y poder echarse en el sofá, aunque por la hora ni siquiera tendría tiempo para hacer eso, tendrían que llegar y ponerse a cocinar enseguida.

p-por aquí hay una caja vacía — señaló el licantropo con su dedo.

vamos alla!


//horas (que se sintieron como una eternidad para el cañón de aire) después//


Ya con las compras hechas el trío de estudiantes llegó por fin a sus residencias en donde rápidamente fueron hacia la cocina y depositaron sus ingredientes.

mientras preparen los ingredientes, iré a buscar la receta a mi habitación —dijo kazil corriendo hacia su cuarto. Una vez dentro no tardó en tomar una hoja de papel con las instrucciones escritas por su propia mano y varios pos-it pegados en diferentes partes (tips recomendados por su madre.). Ya con la receta en mano volvió a la cocina, donde los ingredientes ya estaban distribuidos por el mesón.
muy bien gente, es hora... De cocinar! — exclamó sacando delantales y mallas para el pelo.

Tras colocarse el atuendo adecuado y seguir los protocolos de higiene tanto kazil como rah y kibuki estuvieron listos para comenzar.

El pelirrojo ya sabiendo parte de la receta lo primero que hizo fue encender el horno ajustando lo hasta dejarlo en 180° C.
necesito un tazón mediano — dijo mientras tomaba la harina, sal y polvos de hornear. —buki, mientras llena con el envoltorio los espacios disponible en las bandejas

e-en seguida! — cual buen soldado el licantropo comenzó a poner los papelillos en sus respectivos moldes, siendo extrra meticuloso en el proceso.

aqui tienes el tazón — el hijo del desierto le alcanzó un tazón mediano y se puso a su lado.

ahora mezclamos harina, polvo de hornear y sal— indicó tomando los ingredientes.
Tanto kazil como rah vertieron en las medidas justas los ingredientes para luego revolver con una cuchara.
necesito otro tazón

saliendo otro tazón! — el Moreno se apresuró en traer otro tazón, luego kazil tomó la mantequilla y dejó caer en el tazón mientras le entregaba la azúcar a rah y le pedía que fuera agregando poco a poco mientras la batian con una batidora.

Una vez obtenida una masa esponjosa y amarillenta kazil tomó huevos y rah la esencia de vainilla.
ahora tienes que incorporar poco a poco luego de los huevos— explicó mientras partía uno a uno los huevos y dejaba caer sobre la mezcla. Con una seña por parte del ojirojo el Moreno vertió una generosa cantidad de esencia sobre la mezcla.

ahora que?

tu toma los polvos del tazón y viertelos en la batidora — dijo mientras tomaba la leche el pelirrojo.
Rah se apresuró en dejar caer los polvos con delicadeza mientras kazil echaba poco a poco la leche, formando una masa mas líquida y amarilla con grumos.

Una vez todos los grumos fueron disueltos con la batidora pararon la máquina y sacaron el tazón.
buki, estan listos los moldes?

s-si! Todo listo — respondió el susodicho apartándose del camino.

toma—dijo kazil entregándole el tazón al Moreno. —rellena 3/4 de cada molde, vale?

Rah asintió y rápidamente comenzó a llenar los moldes con la espesa mezcla.
Una vez listos, kazil abrió el horno y rah introdujo las bandejas.
cuanto tardarán?

20 minutos aproximadamente— dijo con un suspiro el ojirojo.
puedes ir a descansar ahora rah, yo me encargo de ahora en adelante

okay, si necesitas mas ayuda me avisas vale?

Si... Muchas gracias por tu ayuda rah— kaz sonrió algo agotado hacia el egipcio quien respondió con otra sonrisa antes de retirarse.
uff... No sabía que cocinar era tan agotador— dijo hacía buki, quien estaba parado a su lado.

aun faltan los regalos para "ellas" no? — dijo refiriéndose a sus compañeras.

Si, tengo que cocinarlos ahora, ven, ayúdame — dijo volviendo a encarar la cocina con el licantropo detrás...


* * *
En del día blanco~


Por los pasillos iba kazil y rashidi, cargando ambos una bandeja con esponjosos cupcakes de vainilla, haciendo voltear las miradas de los mayores con los que se cruzaban.
Detrás de ellos iba buki cargando unas cajas plásticas envueltas con un lazo diferente cada una.

Al llegar al salon donde les tocaba la primera clase ambos depositaron los dulces en el puesto del pelirrojo, quien sonrió satisfecho.
hey chicos! Vengan a sacar un cupcake! Cortesía mia y de rashidi!
Al instante varios de sus compañeros fueron y agradeciendo el gesto tomaron un dulce.

bueno, tarea completada supongo — dijo rah observando como los alumnos devoraba sus cupcakes y emitían gemidos de placer.

la mía todavía no, ten— el pelirrojo tomo una de las cajas que llevaba kibuki y se la entregó, estaba amarrada con una rosa naranja y llevaba el nombre "rashidi" escrita sobre ella.

y esto? — pregunto el Moreno recibiendo la caja con curiosidad.

un regalo y un agradecimiento que termine de preparar mientras todos dormían, fue divertido cocinar contigo, muchas gracias — haciendo una leve reverencia se volteó hacia sus compañeras mas cercanos. —hey! Amaya, Rivka, Sumire, Kana — dijo llamando su atención. Una a una fue entregándoles las cajas con el regalo del pelirrojo,sin dejar de sonreír y preguntarse internamente si les gustaría...


-Amaya:
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-rivka:

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-sumire:
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-Kana:
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-rah:
cupcakes-de-chocolate-receta.jpg


Una vez entregados sus regalos todavía quedaba una caja sobre los brazos del licantropo. —para quien es esta? — preguntó

lee el nombre— respondió kazil sonriendole a su amigo.
Solo entonces el de ojos dorados noto la inscripción sobre la caja. Buki
anda, ábrelo! — lo instó levemente emocionado el pelirrojo.

-buki:
eb187a51419e494dc6a765fdd2192a13.jpg

feliz dia blanco buki— el pelirrojo acarició suavemente el cabello negro de su amigo, quien no pudo evitar somrojarse y mover su cola por la felicidad...

_____________
Todos reciben regalos de: Tal vez buenos amigos…
Hay 3 cupcakes por caja

Matenme por favor XD

Lazy Lazy gracias por la ayuda, espero te guste el regalito.
LadyAzulina LadyAzulina libros para amaya
RocioJ RocioJ me encantan los samoyedos
Relikt Relikt aunque ya no estés, igual quería hacer un regalo para sumire ^^
Romper y modificar las tradiciones es genial
Nya aunque no haya recibido chocolates de kana, kazil igual pensó en ella ^^
 

Lazy

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Taishi

Y el día llegó, el dichoso Día Blanco por fin estaba ahí. Los muchachos de la academia parecían locos -o por lo menos unos cuantos- corriendo por los pasillos, buscando a esa chica especial que pretendían impactar con el regalo. A los profesores les parecía chistoso la actitud de muchos de sus estudiantes, comentaban entre risas que si fueran así de proactivos con las asignaciones seguramente todos tendrían las mejores calificaciones del país. Sin embargo, había quienes se tomaban con un poco más de calma aquel día.

Taishi Honō era parte de aquellos que caminaban tranquilamente por los pasillos, observando a los entusiasmados muchachos y a las sonrojadas chicas. Tenía muchas cajas de chocolate que entregar, pero de todas, sólo dos importaban: la de su querida cuñada y la de su otra
futura querida cuñada.

Honō buscaba por las instalaciones de la escuela a Rivka y a Amayah, más concretamente a la primera, pues la segunda era fácil encontrarla si se le conocía medianamente bien.

En su busqueda, Tai tuvo la suerte de encontrarse con algunas de sus compañeras que se atrevieron a regalarle un chocolate en la festividad pasada. El chico repetía el proceso una y otra vez: sonreír, agradecer por el dulce y entregar la cajita con los chocolates que compró junto a su hermano hacía dos días. Muchas se llevaron una desilusión, otras simplemente agradecieron el gesto, aparentando que no les importaba que el muchacho no correspondiera el Chomei-choko con un gesto del mismo valor sentimental, y es que… ¿por qué corresponder un chomei de alguien que no era Jesbell Michiko, la única chica que le interesaba en esos momentos? Pensar en ella le hizo sonreír mientras caminaba con dirección a la sala principal de la residencia.

Esperaba que la correspondencia hiciera tan buen trabajo como la vez anterior, no por nada decidió dejarles el brazalete el día anterior y a una hora absurdamente temprana. Le hacía bastante ilusión saber si ya el obsequio que le compró con la ayuda Cohen le había llegado y si el mismo le generó alguna agradable emoción.

Sonrió mientras imaginaba escenarios en los que la joven mostraba esa bella sonrisa. Realmente quería verla, volver a compartir una tarde junto ella era un deseo que necesitaba más que nada, pues un par de horas a su lado no eran suficientes, más bien, no habían suficientes horas en el día para poder gozar de su compañia. Suspiró.

Sin duda voy a invitarla a salir en Abril.

Lamentablemente, sus divagaciones tuvieron que ser cortadas a la fuerza gracias a que una de las jóvenes que buscaba se hallaba a un par de metros de él, con su celular en la mano. Honō menor se acercó a ella y se sentó en el sillón, justo al lado suyo y de forma abrupta para que la chica le mirara. Lovelace simplemente se removió un poco para acomodarse.

¡Cuñada! —Exclamó Tai con evidente alegría—. ¿Cómo estás?
¿Cuñ..? —La fémina se extrañó un poco por aquel sobrenombre. Alzó la mirada para ver de quién se trataba y, cuando miró a la persona que le hablaba, se sorprendió aún más—. ¡Ohhh! ¡El gemelo malvado de mi Ei! ¡Tallarín! —Tai enarcó una ceja, ¿malvado? ¿Tallarin? ¿Acaso Rivka estaba enferma o algo por el estilo? Aún así decidió restarle importancia a lo que dijo la novia de su hermano, con tal, no estaba ahí para entablar una conversación con ella.
Veo que estás muy bien —le sonrió.
Sí, aunque no veo a tu hermano por ninguna parte —Rivka se le acercó hasta poner su mano en su hombro—, ¿sabrás de casualidad dónde está~? —Le batió las pestañas, buscando que su encanto resultara también con él.

Honō rió, ahora entendía por qué en ocasiones a su hermano le costaba negarse a algunas peticiones de su chica, era buena manipulando a los hombres con su ternura y encanto, sin embargo, Taishi era mucho mejor que esas artimañas.

No, no sé dónde está, cariño. Tal vez esté buscándote —teorizó alzando los hombros, como si el paradero de su homólogo no importara.
¡Me hubiera mandado un mensaje! —Frunció el ceño y exageró sus gestos.
No lo sé —la chica a su lado oscureció su mirada, algo no andaba bien desde su punto de vista. Tai se apresuró—, pero no creo que esté con otra chica. Digo, sólo compró dos cosas el día que salimos.
¿Dos cosas? ¡¿Qué cosas?! —Lovelace se acomodó para quedar de frente, prestándoles toda la atención posible al gemelo malvado de su novio— ¿Y para quién? Cuentame todo lo que sabes, ¡ahora! Honō malvado.

La risa de Taishi no se hizo esperar. Realmente Rivka era tan divertida como le habían mecionado.

Es secreto, preciosa —le guiñó el ojo—, pero no tienes de qué preocuparte —tras eso, tómo de la bolsa que traía consigo, una caja de madera finamente decorada. Rivka no tuvo que pensar mucho que en aquel empaque había una cantidad absurda de dinero invertido, con tal, no era la primera vez que un Honō gastaba más de la cuenta en ella. Tomó el objeto y al ver el sellado, sus ojos se abrieron como dos platos enormes.
¡¿D-Delafée?!
—Taishi se levantó—. Trata de disfrutarlos y que te duren. Nos vemos, Rivi.
¡Oh! Claro que los voy a disfrutar. Si ves a Eishi dile que lo espero acá.

Con ese asunto concluido, el moreno albino se dirigió al patio en busca de la siguiente chica a la cual debía entregarle su regalo.

Su relación con Nomura era cortés, demasiado como para que se consideraran cercanos. No obstante, Taishi quería dejar eso de lado, buscaba ser parte de su circulo para que “incidentes” como los de su cumpleaños no se repitieran. Después de todo, si quería acercarse a su mejor amiga de una manera mucho más íntima, entonces debía ganarsela a ella.

Buenas tardes, Maya.
Buenas, Taishi —correspondió el saludo la chica, apartando el libro de su rostro.

Amayah no tenía que ser la mejor de las detectives, ni tener una capacidad deductiva sumamente impresionante para saber qué hacía el moreno ahí con una caja de madera en una bolsa blanca. Después de todo, su hermano mayor había venido minutos antes con la misma intención.

Veo que mi hermano estuvo aquí antes —comentó mientras observaba la cajita que el recién nombrado compró exclusivamente para ella. Amayah hizo una mueca antes de asentir—. Yo también vengo a traerte algo.
Me doy cuenta —expresó tranquila Amayah al momento de observar como la caja de fina madera se le era entregada.
Espero que te guste mucho el chocolate —exclamó—. Y si lo hace, trata de no comerlos todos de golpe, me matarán si te engordo —Amayah rió ante ese extraño comentario.
¿Qué? ¿De qué hablas?
Nada, chiste interno —sonrió. Ella también lo hizo.
¿Ustedes compraron los mismos chocolates? —Cuestionó con suma curiosidad.
No.
Pero son la misma marca —comentó Nomura mientras veía el logotipo en ambas cajas, confirmando lo que dijo.
Y de la misma tienda —la sonrisa del albino no se borró ni un segundo—. Pero hay una diferencia.
¿Y cuál es?
Mi caja es más grande, quiere decir que son mejores —el pecho se le infló un poco de orgullo. Amayah pasó la vista nuevamente a las cajas de caoba, dándose cuenta de la veracidad en las palabras del moreno, no obstante, lo único que hizo fue darle un deje de gracia aquel asunto.

La sensora negó ligeramente.

Eso no siempre es verdad, Taishi.
Bueno, entonces pruebalos y dime cuál te gusta más —la chica volvió a sonreír.
Creo que paso, podría probarlos después.

Yahra podía sentir en las vibraciones de Taishi sus buenas intenciones, a diferencia de su hermano mayor, el moreno no transmitía esas ondas que le generaban un rechazo a su persona. Él era mucho más tranquilo, mucho más fácil de llevar e incluso más agradable desde su perspectiva. Sin embargo… aún había algo que le generaba cierta intriga, más bien cierta preocupación. ¿Cómo había hecho para encontrarla? Jesbell era reservada, no solía dar mucha información personal con tal de resguardarse a sí misma y a los demás. Que Taishi hubiera sido capaz de enviarle un regalo y visitarla la alarmaba, sentía que su mejor amiga se hallaba desprotegida y aunque el albino no parecía tener ninguna mala intención... era una cuestión seria. Con todo, lo detuvo antes de que se marchara pues necesitaba decirle algo referente a ese tema.

Taishi —la mirada dorada se clavó en la azulada de Honō, no como una amaneza sino más bien como un intento de ver a través de él y sus intenciones, aunque no necesitaba de ese método.
¿Sí? —El moreno seguía con su sonrisa. Los labios le temblaban a la chica, ¿debía pedirle que parara? Temía por Michiko, pero el brillo en sus ojos cuando le contó lo del regalo y la cita fue…
… Ten cuidado con lo que haces.

Honō menor la miró con un deje de sorpresa, pero luego relajó el rostro y le sonrió como usualmente hacía. Comprendió lo que sucedía al instante. Amayah todavía tenía miedo de él y de lo que podía hacerle a su mejor amiga; se lo había dejado en claro el día de su cumpleaños y aunque le aseguraba y prometía que su actitud era totalmente diferente a la de su hermano, ella no podía simplemente creerle. Las acciones valen más que mil palabras pensó sin dejar de mirar a la chica en el banco de madera.

No tienes de qué preocuparte, Maya —comentó antes de darse la vuelta y alzar una mano a modo de despedida—. Disfruta de los chocolates, nos vemos mañana en clases —se detuvo para mirarle de vuelta—. ¡Oh! Y saludame a Rah cuando lo veas —le guiñó el ojo previo a marcharse de una buena vez por todas.

Eishi

El mayor de los Honō sostenía en sus manos dos objetos: una caja mediana de caoba y una cajita pequeña negra. De las dos, la que más importaba era la pequeña, pues dentro de ese cubito de terciepelo negro se hallaba el regalo de su querida pelirrosa. Desde que lo compró, el prospecto a héroe se devanó los sesos preguntándose una y otra vez si lo escogido era lo correcto, si sería suficiente para complacer a su eclipsante chica. Y lo mismo era para Amayah, no podía regalarle algo más allá de un chocolate por el simple respeto que le tenía a su mejor amigo.

Desde el día de su cumpleaños, no, desde hace un tiempo atrás, Eishi había sentido por parte de Amayah un extraño rechazo hacia su persona que no podía comprender ni aunque se matara pensando todo un día. Es por eso que, cuando llegó al patió, se acercó a ella en silencio, la saludó y le extendió el regalo para que lo tomara.

Espero que te guste el chocolate, Amayah —comentó, mirándola y notando que ella hacia lo mismo por encima del libro.

No esperaba que la conversación se extendiera, pero tampoco esperó que la chica se limitara a decirle un simple gracias, tomar la caja para dejarla a su lado y continuar con su lectura. En serio, ¿qué le había hecho?

Suspiró, ahora no importaba aquel asunto. Debía encontrar a Rivka.

No le escribió antes porque sabía que después de clases a veces su novia se iba a relajar un rato en el lobby de la residencia de Rengō, por lo que simplemente debía apresurar el paso.

Cuando llegó, la miró sentada en un sillón disfrutando del tiempo libre. Sin embargo, algo le hizo voltear a su izquierda. Su mirada se afiló de inmediato.

Los dos se miraron desde sus posiciones, el desdén y las ganas de matarse a llamaradas no se hicieron esperar. Ambos observaron las manos del otro y encontraron con desagrado lo que tanto temían: un regalo. Era lógico, ¿no? Que los dos estuvieran ahí por la misma razón.

Afilaron sus ojos y, se movieron a la vez con dirección a la hermosa chica, quien se hallaba en el sofá con una caja grande de madera sobre su regazo y con el teléfono celular en las manos, se veía entretenida y totalmente ajena a lo que sucedía con sus dos chicos favoritos. El dúo de lanzallamas humano apresuró el paso, pues ninguno quería dejarse “ganar” por el otro, era como si los dos hubieran pactado una ridícula competencia por ver quién llegaba primero con la hermosa copiona.

Princesa —la voz de Eishi resonó por todo el salón, haciendo que Rivka alzara el rostro con una sonrisa. Alex maldijo internamente, el enano se había encargado de llamar su atención primero, pero no importaba, aún podía aplastar su orgullo de alguna manera y eso lo haría entregándole lo que le había comprado a Riv.

Dejó que el chico se le adelantara.

¡¿Dónde estabas, Honō?! —Que su novia le prestara atención a él, le hizo relajarse un poco, lo suficiente como para pensar en que la competencia que se formó apenas se miraron ya había concluido. Le sonrió a su chica.
¿No es obvio, Babe? Te estaba buscando.
Si, claro —fingió enojo a la par que se cruzaba de brazos—. No tengo ningún mensaje tuyo en el que me preguntes dónde estaba —Eishi rió divertido ante lo dicho.
Bueno, tuve que hacer una parada primero.
¡Hmm! ¿De quién era el otro regalo?
¿Cómo sabes que tenía otro regalo?
Yo lo sé todo, Honō… y tu hermano me lo dijo —susurró mientras se movía hacia él.
Ese imbécil… —suspiró—. Era para Maya, una caja de chocolates.

Riv lo miró de arriba abajo, frunciendo aún más el ceño todavía. Alex miraba todo desde una posición donde pudiera escuchar todo el asunto, si antes se sentía “superado” ahora no había de qué preocuparse, Eishi había metido la pata por completo. Gracias hermano del idiota, te debo una Fue lo que pensó mientras contemplaba la escena, ¿dónde estaban unas palomitas cuándo se le necesitaba?

¿Y por qué le regalarías chocolates a Amayah, Ei? Eso es trabajo de Rayadito —el albino rodó los ojos y suspiró, no podía creer que le estaban armando drama por unos chocolates.
Simple amistad, lo hice más por Rah que por mi —la tomó de la cintura para acercarla a él—. ¿Contenta?
No —la efusiva colocó las manos suavemente en el pecho de su chico.
¿Por qué?
Porque fuiste primero con ella que conmigo, las cosas no funcionan así, Honō —infló las mejillas—. Soy tu novia y primero soy yo, luego yo y por último yo —el mohín la hizo ver totalmente tierna—. No quiero que se vuelva repetir, ¿entendido?

No sabía si reír, mirarla con total extrañesa o simplemente asentir, por lo que decidió simplemente soltar un “ajá” y acariciar la parte baja de su espalda con su mano. La chica sonrió y llevó las manos por detrás del cuello ajeno para entrelazarlas y sonreirle. Eishi le sonrió y alzó un poco la vista para obsevar con satisfacción como la sonrisa del pelirrojo se desformaba por el disgusto.

Ahora… ¿y mi regalo? —la sonrisa de Rivka era amplia, casi igual a la que usaban las niñas pequeñas para conseguir lo que más deseaban—. Espero que sean más que unos simples chocolates, porque si no me voy a enojar muchito muchito —Lovelace revolvió alguna de sus hebras con cariño—, y tú no quieres que me enoje muchito muchito, ¿o sí? —le bateó las pestañas despacio, manteniendo esa enorme sonrisa que sabía que su novio amaba.
Te lo daré, no tienes que decirmelo —pudo ver el brillo en los azulados ojos de su amada—, pero antes, ¿qué tal si esta tarde repetimos lo de San Valentín? —La voz de Eishi pasó a ser un poco más seductora mientras subía su mano por dentro de la ropa de su chica. Rivka suspiró por el tacto y se estremeció un poco, le había hecho recordar todo lo que sintió en esa noche de Febrero. Sus piernas se rozaron una con la otra.

Alex lo notó al instante y es por eso que, con el ceño fruncido, se acercó a los dos.

¡Riv! —La recién nombrada volteó sin dejar de tener a Eishi cerca.
¡Oh! Alex, no te había visto.
Tranquila, veo que estás ocupada —la mirada del usuario de llamas rojas fue divertida para el albino—, pero sabes, tambien vengo a traerte un regalo.
¡¿En serio?! —La sonrisa en el rostro de la pelirrosa fue bastante relajante de ver para el estudiante de segundo año. La emoción que recorrió el cuerpo de la fémina la impulsó a dejar el abrazo de Eishi a un lado para acercarse a su mejor amigo, sin embargo, el peliblanco no la iba a dejar escapar tan fácil.

La detuvo tomandó su mano con delicadeza, obligándola inconscientemente a que le mirara. La tensión crecía.

¡Eh! Sí, pero primero debes abrir el mío —alzó la pequeña caja de rosada.
Ibas a abrir el mio primero, Riv.
Llegas tarde, galán —le guiñó el ojo mientras le dejaba su regalo en las manos y pasaba su vista nuevamente a su novia—. Anda, ábrelo.

Riv suspiró, aquellos dos no podían dejar de pelear ni aunque estuvieran compartiendo un momento con ella.

Como tenía el regalo de su albino ya en las manos decidió abrirlo de inmediato. Cuando lo hizo, miró la mitad de un corazón dorado. Eishi se apresuró a sacar sus dos collares: la otra mitad del corazón y el obsequió que le dio en navidad.

Lovelace pasó su vista a él, observando los dos collares del muchacho en su cuello.

Ábrelo.

Rashidi

Tenía muchas cosas encima: tres cajas y una bolsa decorada para ser más precisos. Cada una iba dirigida a alguien de su clase, pero sin duda solo uno de esos obsequios era de alguien sumamente especial para el árabe. Desde que terminaron las clases, Rashidi Lalbay se encontraba ansioso y totalmente deseoso de cumplir con la celebración, y no sólo porque era su primer Día Blanco, no, para nada; su emoción y alegría se atribuían al simple hecho de corresponderle los chocolates a la chica más hermosa de su clase, Amayah Nomura, su ángel caído del divino cielo. Le hacía mucha ilusión el poder entregarle lo que le compró hace dos días en compañía de Kazil y Kibuki, ¡Dioses! Realmente quería verla, pero para eso debía encontrar primero a las tres dueñas de las cajas de panquecitos, que por cierto, aquellos dulces eran una de sus preocupaciones. Era la primera vez que los hacía, no, realmente era la primera vez que cocinaba un postre, por lo que era totalmente normal que se hallara un poco nervioso por el sabor y la contextura de los mismos, ¿estarían ricos? ¿Serían lo suficientemente buenos como para formar una sonrisa en las chicas? A pesar de que los probó con sus compañeros luego de terminarlos y antes de iniciar la clase, el hijo de Egipto no se hallaba totalmente seguro. Aún así, el imán humano continuó su busqueda, pensando en que la última palabra la tenían: Sumire, Rivka y Agatha.

Como todos los estudiantes de primer año se dispersaron tras terminar la clase, Rah debía buscarlas a todas por toda la residencia. No sabía con quién empezar y mucho menos por dónde empezar a buscar, no obstante, eso no fue motivo suficiente para detenerlo, estaba seguro que si caminaba seguramente se toparía con alguna de ellas. Con su ángel no tenía que pensar mucho, ya sabía dónde estaría.

Se sintió en ambiente al ver al resto de sus compañeros de clases portando cajitas de diferentes tamaños y esperaba muy dentro suyo, que a todos le saliera bien la jugada.

Recorrió los pasillos de las aulas y las instalaciones deportivas sin resultado alguno, así que decidió pasar a la opción más evidente y segura de todas: la residencia de los de primer año. Una vez pasó la entrada del edificio se encontró con dos de las chicas que buscaba.

De un lado estaba Sumire junto a un chico que no conocía y su sobrino, quien jugaba alegremente con una pelota de basket lo suficientemente pequeña como para que pudiera levantarla. Por el otro se encontraba Rivka, junto a su mejor amigo y un pelirrojo que, por su semblante, parecía estar disconforme con la presencia de Honō mayor. Como no quería interrumpir el “agradable” ambiente que tenían el último grupo, decidió inteligentemente acercarse a su compañera más cercana.

El pequeño niño vio al alto árabe acercarse a su tía con unas cajas en sus manos y rápidamente corrió en su dirección para ver lo que el de piel tostada traía, ¿sería para él? Últimamente le estaban obsequiando muchas cosas a él y a su familiar, por lo que no era de extrañarse si el muchacho también le traía algo, ¿no? Lamentablemente, el niño se llevó una desilusión cuando observó cómo la caja se le era entregada a su tía y el resto se las quedaba el moreno.

Caja —se paró en sus dos piernitas, dejando la pelota en el suelo—, degalo.
¡Oh! —Fue en ese momento que se dio cuenta de su error, tal vez debió haberle hecho un par más para el sobrino de la fémina—. Lo siento, pequeñín. Sólo hice cuatro para tu tía —el niño hizo una mueca de enojo—, pero prometo compensartelo —le sonrió tranquilamente mientras se agachaba para acariciarle la mano.
No tienes que hacerlo, Lalbay-kun, no es necesario —exclamó la transportista mientras negaba—. Puedo darle de los mios.
¡Oh! Claro, pero de todas formas se lo compensaré, vengo de una familia que cumple sus promesas —respondió tranquilamente—. Por cierto, llamame Rah, sonará raro pero no me gustan los honoríficos
¿Rah? —Ladeó la cabeza—. Si te parece bien —le sonrió.
Feliz día Blanco, Sumire. Disfruten los panquecitos —con eso dicho, Rah le sonrió al pequeño antes de erguirse y despedirse con una gesto de su mano. Aún tenía que seguir entregando los pastelitos que hizo con Kazil.

Se acercó a su próximo objetivo, esperando no estar interrumpiendo nada importante ya que Rivka parecía estar completamente anonadada mientras observaba en sus manos el regalo que su novio le había dado. Cuando lo vio guiado por la intriga, Rashidi se tomó la molestia de impresionarse por el detalle, nunca imaginó que su mejor amigo fuera de ese tipo de chicos capaces de entregar algo tan significativo… seguramente le haría “pagar” con su cuerpo.

Alex afiló la mirada con mucho fastidio, pero agradeció que el moreno se acercara a su pelirrosa, podía confiar en que él sacaría del trance a Lovelace.

Lamento interrumpir el momento —Honō mayor chisteó y Riv parpadeó un par de veces antes de dirigirse al árabe.
Como veo que están ocupados, seré breve —le dejó en la mano la caja mediana con sus panquecitos—. Espero que los disfrutes, Rivka.
Ahm… —la muchacha aún no salía de su estado de impresión, por lo que su capacidad para formar una oración era sumamente limitada, después de todo, su novio le había regalado algo nunca antes esperado—. Gracias, Ravioli.
No hay de qué, feliz Día Blanco —le sonrió y luego palmeó la espalda de su cuasi hermano para dejarlos solos… bueno, casi solos.

Dejó la sala de estar con prisa, inexplicabmente sus ánimos se habían elevado lo suficiente como para considerarlo un “subidón”. Al parecer entregar regalos a los que consideraba cercanos era bastante agradable, ahora comprendía un poco más el significado del catorce de Febrero y del catorce de Marzo.

Estaba tan alegre que su sonrisa al ver a su tercer y último objetivo no se hizo esperar. Corrió para alcanzar a la de cabello bicolor y, cuando le tomó el hombro para llamar su atención, no dudó en acercar la caja a la chica.

¡Feliz Día Blanco! —Un chillido de emoción se pudo escuchar por todo el pasillo, la joven no podía creer que su amor platónico se le acercara de esa manera tan alegre. Literalmente le abrazó con el cuidado de no aplastar la caja en sus manos. A Rah le extrañó un poco el asunto—. Ehm… Agatha, estás apretando muy fuerte…
¡Oh! Lo siento, es que… ¡Cielos! No esperaba que me correspondieras los chocolates —su pulso estaba a millón y sus palabras chocaban por lo rápido que las decía, ¿en serio estaba pasando? ¿En serio “su” Rashidi le estaba correspondiendo como tanto había fantaseado? Tuvo que controlarse mucho para que las mariposas en su estómago no comenzaran a ser un fastidio para ella.

Se separó de él tan rápido como tómo la caja, quería abrirla para saber lo que se hallaba dentro del cartón decorado con un lazo blanco. ¿Sería una joya? ¿Un collar? Tal vez dentro se hallaba una pequeña carta con un bello mensaje, ¿Rah sería de esos? No lo sabía y eso la estaba matando lentamente. Aún así, no importaba, era su momento y en cuestión de segundos descubriría lo que le iba a regalar el amor de su vida. Su sonrisa era tan amplia hasta que lo abrió… y se dio de cara con la realidad.

Espero que te gusten mucho, los hice junto a Kazil —la voz del alegre muchacho no le llegaba de ninguna forma. La desilusión la había cegado y ensordecido por completo… ¿realmente… no la quería? Levantó el rostro oscurecido y notó aquella bolsa roja con lazo dorado que llevaba en su mano libre.
Disculpa, Rah —su voz era neutral, no reflejaba la emoción que antes adornaba su tono.
¿Sí?
Esa bolsa… ¿para quién es?
¡Oh! —Rah rió divertido—. Es para alguien especial, no puedo decirtelo, es por seguridad —volvió a reír, sin darse cuenta que lo que estaba haciendo cambiaría el mundo de aquella muchacha de cabello bicolor.

Ella lo sabía, sabía de sobra quién era aquella persona especial de la que hablaba y por eso simplemente frunció el ceño y apretó con ligera fuerza la caja de cartón en sus manos.


—Como sea, feliz Día Blanco, Agatha —tras eso, Rashidi se retiró con dirección al patio principal.

La del corazón roto simplemente arrugó el rostro con dolor y apretó con mucha más fuerza la caja de los cupcakes.

Amayah Nomura, me las vas a pagar —juró, llena de odio y resentimiento.

El hijo del desierto caminaba con un deje de prisa por el amplio patio, echando de un lado al otro la mirada. Sus dorados ojos buscaban a la chica de sus sueños entre todas las personas que se encontraban en aquel bello y tranquilo espacio verde. Estaba ansioso de verla y poder entregarle su regalo. Para su fortuna, la halló justo en su lugar favorito. Sonrió mientras caminaba y recordaba lo que se celebró hacía un triempo atrás en aquel lugar en específico.

Amayah no alzó la mirada del libro, al contrario, lo hundió un poco más. Ya sabía quién era, qué venía a hacer ahí y qué era lo que se hallaba dentro de aquella bolsa. Una yukata y una hoja de papel y un… ¿pin? Alzó la mirada cuando se percató de aquel hecho y lo que observó simplemente le hizo sonrojar. ¿Por qué se empeñaba de clavarle sus ojos de esa manera? ¿Acaso no sabía lo que le producían esos ojos y sus vibraciones?

H-hola Rah.
Hola Ángel, ¿qué lees? —verlo sentarse le hizo suspirar… al parecer no tenía intenciones de entregarle el regalo y alejarse como el resto.
Es una novela que empecé hace poco —le comentó tranquila, controlando las emociones propias—. Está bastante interesante, ya voy por la mitad.
¡Oh! ¡Qué bien! —Soltó con total sinceridad el árabe—. Cuando termines podrías prestarmela.
Para eso tienes que esperar un rato.
Por ti esperaría todo el tiempo del mundo —susurró con intención, ésta vez Rashidi no había pensando en voz alta. No, en ese momento el árabe lo dijo totalmente consciente y ella pudo darse cuenta de ello cuando sintió los dedos ajenos cerca de la mano que había apoyado en la mesa de madera.

Aunque sus pulsaciones estuvieran a millón y sus suaves mejillas se hallarán teñidas por ese bello rojo, Yahra pudo sentir la calidez y suavidad del tacto… era demasiado y aunque no fuera la primera vez que él le hacía sentir ese tipo de cosas, Amayah simplemente no podía acostumbrarse. Necesitaba un respiro, un mísero segundo en el que pudiera ordenarse un momento y así poder volver a su estado natural. ¿Debía decirle algo? No podía, sus voz se hallaba presa en su garganta, ¿apartaba sus dedos? Pero su tacto… ¿la mirada? Sí, eso sí podía hacerlo, sólo debía reunir el valor para lograr la hazaña. No obstante, no tuvo necesidad de hacerlo gracias a que Rashidi apartó despacio su mano de la suya para poder tomar la bolsa roja y dejarla en la mesa.

Feliz Día Blanco, Ángel —le comentó—. Espero que te guste mucho.

El sonrojo de Amayah fue apagándose paulatinamente, aunque no era como esperaba conseguirlo, esos segundos fueron suficientes para relajarse un poco de todo ese… ¿agradable ambiente?

Sacudió la cabeza ligeramente y tomó la bolsa.

¿Puedes abrirlo ahora? Quiero que veas algo, sólo saca el papel sin ver lo que está adentro.

Nomura lo miró, ¿cuál hubiera sido su reacción si le hubiera dicho que sabía todo lo que se encotraba dentro de esa bolsa? Quizá una mezcla entre asombro y desilusión, quien sabe pensó, suspirando mientras metía la mano y sentía una fina tela, el frío pin y la hoja de papel, la cual tomó y sacó. Estaba doblada, por lo que el contenido sería revelado al desdoblarla. Cuando lo hizo, sus ojos se abrieron como platos al ver lo que se hallaba escrito.


¿Saldrías conmigo una vez más?
Si No

LadyAzulina LadyAzulina RocioJ RocioJ Relikt Relikt Feliz día Blanco
Lian wolf 16 Lian wolf 16 gracias a ti por tan inusual acompañamiento (? XD



Ok vamos con los regalos

Taishi:
#1 chocolates para: Amayah y Rivka (un dado de 30 caras)
#4 Joyería para: Jesbell (tres dados de noventa caras)

Eishi:
#1 chocolates para: Amayah (un dado de 30 caras)
#4 Joyería para: Rivka (tres dados de noveta caras)

Rashidi:
#2 cupcakes para: Rivka, Sumire y Agatha (un dado de 90 caras)
#4 Joyería (ropa) para: Amayah (tres dados de 90 caras)

¿Rah? ¿Amor? —Preguntó extrañada luego de llegar a la cocina y dejar todo lo que traía consigo en la isla de la misma.

El olor era cada vez más fuerte y, como cierta persona esperaba, Amayah lo siguió curiosa por lo que sucedía en su casa. Mientras perseguía el agradable aroma, Nomura observó como parte del pasillo que conducía hacia el patio de la casa había sido decorado con luces y muchas otras cosas que, indudablemente le sacaron una sonrisa genuina y divertida. Ya no tenía que pensar mucho lo que sucedía en su hogar. Cuando llegó al patio, se cruzó de brazos mientras sonreía. Ahí parado se hallaba el amor de su vida junto a sus pequeños amores. A su lado, una mesa decorada con una manta blanca con rojo y llena de muchos aperitivos, pero lo que más resaltaba era la fuente de chocolate blanco que se hallaba en el centro. Una risa divertida salió de sus labios.

¿Y qué estamos celebrando? —Cuestionó mientras dejaba que su marido la tomase de la cintura con delicadeza.

Él le sonrió.

No tenemos que celebrar nada para tener un momento como éste en el que te demuestro lo mucho que te amo, mi amor —ella sonrió en respuesta y, como él, se acercó los labios a los suyos para fundirse en un bello beso lleno de amor y cariño.

Los animales se pasearon entre sus piernas, logrando que los dos riesen divertidos.

Claro, yo también los amo —respondió echando la vista hacia sus mascotas—. Pero espera —el semblante de Amayah se enserió unos segundos antes de encarar a su esposo—. ¿Quieres decir que me engañaste y te saltaste el trabajo?
No —contestó el moreno.
Rah.
Sí me dolía el estómago pero… al llegar a casa y descansar un poco me recuperé y aproveché la oportunidad para contratar un pequeño servicio.
Hmm… —confiaba en él y sabía que no le estaba mintiendo, Rah era muy sincero con ella y las mentiras piadosas siempre se las descubría de alguna manera.

Así que simplemente se relajó ahí, con él y se dejó llevar por lo que su esposo había planeado para esa velada.

Simplemente quiero hacer de este un momento algo único para nosotros dos —ella le sonrió y acarició su mejilla antes de volver a besarle con el mismo cariño que le transmitía con la mirada el moreno.

Ella sabía que Rah no podía evitar hacer ese tipo de cosas que fomentaba y hacía crecer el amor entre ambos, era algo inherente a él y que ella, con todo el gusto del mundo, lo aceptaba y correspondía de la misma forma. Tras sentarse uno en cada lado, la pareja se dedicó a disfrutar del dulce momento bajo las estrellas.


No la verdad es que ya casi casi. La siguiente pista está en aquel lugar donde revisamos y corregimos nuestros escritos
 
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Morpheus's Dream ♚
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Había pasado otra vez.

Durante el receso, la joven Michiko tuvo que presentarse al área principal y administrativa de su escuela, donde una mujer que hacía trabajo de secretaria aguardaba por su presencia, tal y como se anunció a primeras horas de la mañana por medio del altavoz.


—Dos regalos en dos semanas, Jesbell, ¿quién es el afortunado?~ —exclamó mientras le alcanzaba una bolsita carmesí.
—No es nadie —la tomó.

La bolsa era de tela, con un lazo plateado del que colgaba una minúscula tarjeta. Al abrirla pudo ver un simple corazón junto a las mismas iniciales: TH. Una suave risa escapó de sus labios mientras sus mejillas se coloreaban. ¿Qué le daba esta vez? De la bolsita sacó un fino estuche y, al abrirlo, encontró un delicado brazalete de plata con piezas de flores que tenían incrustados rubíes unidos por delicadas mariposas. Era precioso. Lo presionó contra su pecho mientras suspiraba.


—¿Puedo saber lo que-?
—No.


Cerró el estuche para regresarlo a la bolsa y así salir de la oficina. ¿Le agradecería al joven al menos?… No, por supuesto que no.

**

A diferencia de todas las vueltas que dio para tener las cosas listas para el día de San Valentín, no tuvo que hacer nada para el Día Blanco… y eso fue lo peor.

Empezó la jornada probando uno de los tres deliciosos cupcakes que Kazil preparó para ella. Le pareció adorable que los hubiera decorado con libros. Comió otro durante el receso y el tercero como postre tras el almuerzo, estuvieron deliciosos; anotó en su agenda mental pedirle la receta algún otro día.

Durante las clases era evidente el ambiente nervioso, ansioso y emocionado de sus compañeros, algunos esperando por entregar los obsequios, otras deseando recibirlos. Fue bastante incómodo para ella estar en medio de todo eso. A pesar de que se repetía cada año, era difícil acostumbrarse.

Se tomó todo el tiempo que pudo en su habitación, vistiéndose con ropa cómoda y recogiendo su cabello, antes de decidir que encerrarse allí con el aire viciado no era una buena opción. Prefirió tomar un libro y salir, después de todo tenía un lugar secreto al que pocas personas querían llegar, y que las que llegaban lo hacían con intención de encontrarla… como sucedió a lo largo de la tarde.

Primero fue Yael, con un precioso detalle. Para que se entretuviera un poco lo envió con Rowan y Markus a llevar la maceta a su habitación. Después se apareció Eishi, para su propia desgracia. No la impresionó el lugar de los chocolates ni la amplitud de la caja, en realidad sólo logró ponerla más incómoda, pero no rechazó su regalo. Podría decir que entendía sus intenciones, pero no lo hacía. Tras él se le acercó su hermano, lo que animó un poco el ambiente que había dejado el usuario de llamas. Taishi parecía ser más sencillo de llevar y más agradable, sin contar que sí logró comprender sus intenciones, mismas que dejó muy claras por cuenta propia; no se sentía tan confiada, sin embargo, se atrevía a darle el beneficio de la duda. Ya vería por cuál camino se inclinaría más adelante. Por último…


—¿P-Por qué en una hoja si te ibas a quedar para saber la respuesta? —preguntó, contrariada. La simple idea de tener que contestarle en voz alta la hacía sonrojar. Justo se había calmado, ¿por qué…?
—¡Oh! Podría irme para que respondas, pero no quiero dejar de verte —le sonrió, encantado.

¡¿POR QUÉ?!

Maya se cubrió el rostro con la hoja de papel que segundos después Rashidi le apartó con cuidado.

—Dije que quería verte, por favor no te escondas.
“¡AGH! ¡¿Qué hago ahora?!”


No pudo evitar fruncir los labios, desviando la mirada. Era demasiado intenso. Ni que fuera su habitación para sentirse encerrada, en un lugar sin ventanas para que la circulación aérea no ventilase. ¡Estaba al aire libre, por amor al cielo! Y todo se sentía paralizado como si no fuera a cambiar jamás.

—Rashidi —se quejó en voz baja, apenada.
—Creí que habíamos quedado en que me llamarías Rah.
—¡Sí! ¡Rah, por favor! ¡Mira a otro lado! —
estiró un brazo como si estuviera señalando y él rio con suavidad.

Ella le encantaba y no lo podía negar. Verla en ese estado lo valía todo. Era demasiado tierna y adorable, increíblemente perfecta. No le importaba que los dioses hubieran pactado el no permitirle salir con ella por motivo de San Valentín sólo por el momento que se encontraba viviendo. Les agradecía enormemente por ese instante. ¿Por qué no lo detenían para siempre? Se atrevió a tomarle la mano, acariciándola suavemente con los dedos.


—Está bien —sonó divertido—, lo haré —se movió sólo un poco para estar cómodo, sin mirarla pero también sin soltarla—. Ya. ¿Así está mejor?
—Sí… Pero… Uhm…
—¿Sí?
—Nece… Necesito mi mano…
—¡Oh! —
volvió a reír, alejando el dorso de aquella preciosa extremidad de sus labios—. Lo siento —dijo antes de soltarla.

¿Qué era lo que estaba viviendo? ¿Jesbell se había sentido igual al salir con Taishi? ¿Por qué estaba haciendo tanto calor? ¿Por qué le costaba pensar con claridad? ¿Por qué su corazón latía tan fuerte? Apoyó la hoja sobre la mesa para tratar de concentrarse en esa pregunta, pero los recuerdes de ese día de invierno que la ayudó en la librería, la noche del Santa Secreto donde vieron el Cascanueces, el paseo con los perros donde conoció a Coco, el día de San Valentín y todas las miradas intensas y suspiros robados en medio de clases atestaron su mente. Cruzó los brazos sobre el estúpido papel para esconder el rostro entre ellos. ¡¿Por qué la tierra no sólo se la tragaba y ya?!


—¿Estás bien?

Yahra se tensó al percibir que él volvía a estar direccionado hacia ella, tomando un mechón de su cabello para jugar con él. Se enderezó con dificultad y le miró, aunque no tenía que mirarlo para saber que seguía teniendo esa dulce, empalagosa e intensa mirada.

—Yo…

El árabe alzó las cejas, dedicándole toda su atención. El vaso de lo que la joven japonesa podía soportar ya se encontraba rebasado, pero en ese instante se volcó. Tragó visiblemente y rehuyó de su mirada, guardando las dos cajas de chocolates en la bolsa y recogiendo el libro antes de levantarse. Fue incapaz de decir una palabra más. Logró verlo por unos segundos antes de sólo alejarse a paso rápido, dejándolo allí sin explicación alguna.

No era la primera vez que eso sucedía, por lo que Rashidi no tuvo que esforzarse para no tomárselo a mal. Sonrió, aunque un suspiro escapó de sus labios. Le hubiera gustado pasar más tiempo con ella, pero no podía quejarse, esta vez tardó mucho más en salir corriendo. Tras unos minutos de disfrutar la tranquilidad que aquella sección del patio proveía, se levantó, empezando el camino para irse, no obstante, se detuvo luego de unos pasos, sorprendido, con una increíble sonrisa en el rostro.

Amayah consiguió levantar el vaso, drenando parte del agua en su interior en el proceso. Se hallaba más relajada, sin embargo, no dudaba de que pronto iba a necesitar tomar otro respiro si continuaba en compañía del egipcio. Regresó hasta encontrarse frente a él, sin levantar la mirada.


—Lo siento —murmuró lo suficientemente alto como para que le escuchara—, por favor no te vayas.

Extendió la hoja de papel, presionándola contra su pecho, y no aguardó a que la tomara, sabiendo que tenía intenciones de apresar su mano, retirándola y bordeándolo para regresar al lugar donde había estado sentada. Supo que el moreno no tuvo paciencia y le echó un vistazo a la hoja. También supo que su sonrisa se hizo tres veces más amplia. Rashidi procuró tratar de relajarse, su adorado ángel estaba haciendo un esfuerzo demasiado grande para seguir estando con él, por lo que debía intentar no arruinarlo… de nuevo. Inhaló profundamente y exhaló antes de girarse, volviendo a sentarse.

—Entonces…
—¿Quieres chocolates? —
le preguntó, sacando la caja de madera de menor tamaño—. Son los que me regaló Eishi… Sé lo que te expliqué el mes pasado, pero no hay manera de que me los coma sola, así que… ¿Quieres algunos?

Mientras hablaba había acomodado y abierto la caja, dejando los presuntos bombones a la vista. Sabía que él estaba recordando las palabras que usó para rechazar su ofrecimiento el día de San Valentín y que sopesaba si realmente debería aceptar la invitación. No podría mantener la pregunta en el aire mucho tiempo, incluso ya llevaba los dedos por el borde de la tapa para cerrarla de nuevo.

—No tienes que-
—Seguro, ¿por qué no? —
estiró una mano para tomar uno, quitándole la envoltura con ambas.

Maya le miró y él le dedicó una suave sonrisa antes de meterse el chocolate en la boca. Ella seguía mirándolo, por lo que tuvo que recordarle la existencia de la caja con los ojos, incitándola con un gesto a comer también.


—Están muy buenos —le aseguró, ignorando que a ella en realidad no le importaba el sabor de los bombones.

Aun así, extendió su brazo para agarrar uno. Si Lalbay seguía portándose de esa manera, tal vez podrían pasar el resto de la tarde juntos.
 
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Alex's little princess ♚
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Con la caja de panquesitos de Ravioli en la mano, los chocolates de Tallarín esperándola en el sofá, los cupcakes de Kazil y los macarons de Yamil, Riv no pudo pensar en otra cosa más que en la cantidad de ejercicio que iba a necesitar para bajar todas esas delicias, le hizo gracia.

Moría de ganas de probar uno de esos cuadraditos esponjosos pero los dejó en la mesita de café al notar la insistente mirada de sus dos chicos favoritos. Todavía tenía el regalo de Eishi en la mano y casi podía oler su ¿nerviosismo? No debía de hacerlo esperar más tiempo… además, desfallecía de curiosidad.

Usó sus largas y esmaltadas uñas para abrir el relicario y parpadeó ligeramente al ver la fotografía de su peliblanco dentro, sospechó que la otra mitad contenía una de ella y toda su piel se erizó. La imagen la llevó directo al momento cuando la habían tomado: ella jugaba shogi con Alexis esa tarde y Eishi se acercó para ir a comer chocolates con ella… le tuvo que rogar a Denali que le tomase la fotografía, porque “Hono mayor” -como le estuvo llamando esos días después de redescubrir que tenía un hermano- se veía demasiado lindo como para dejar pasar la oportunidad. Tuvo la sensación de que el chico jugaba con su cabello de nuevo, justo como en la fotografía.


Su pecho se sintió ligeramente cálido y sonrió con suavidad al levantar la mirada hacia los ojos azules del chico. Pensó en lo mucho que debió de haber esforzado para encontrar algo para ella y su corazoncito no hizo más que estrujarse. Los momentos como ese, en donde Eishi realmente se interesaba en hacer algo por ella, hacían que todos los momentos de dudas e inseguridades hacia lo que estaban pasando se evaporasen en segundos. Se había parado a hacer recuento de la situación hacía algún tiempo y no logró llegar a ninguna conclusión… aunque en ese segundo se sintiese segura de que dejarse llevar por los sentimientos era lo correcto, tenía súper claro que contaría con otro momento de retrospección pronto. Algo seguía sin dejarla tranquila en relación a su chico, pero no dejaría que eso arruine ese especial día entre ambos. Espantó a la voz en el fondo de su cabeza que seguía gritando a modo de alerta y no tardó más de dos segundos en chocar el cuerpo contra el suyo, abrazándolo con fuerza mientras chillaba de gusto. El chico hasta pudo sentir lo fuerte que latía su corazón y lo frías que estaban sus manos al enredar los temblorosos dedos en su cabello.

—Eishiiiiii, ¡es precioso! Prometo usarlo siempre siempre siempre~. —Lo presionó un poco más hasta escuchar su pequeña queja.
—Me alegra mucho que te haya gustado, babe… —Frotó su espalda con suavidad, aguantándose de sacarle la lengua a un no muy feliz Alexis. —y me encanta tu muestra de afecto, pero vas a dejarme sin aire.
—WOO
—La pelirrosa lo soltó inmediatamente, con los ojos bien abiertos. —¡Lo siento mucho, Ei! —Él negó ligeramente para restarle importancia. —¿Me ayudarías a ponérmelo?~ —Ni siquiera esperó su respuesta para extenderle el collar y empezar a levantar su cabello.

Eishi tomó la cadena, abrió el ganchito y se acercó a ella para apoyar el dije en su pecho antes de asegurar la pieza en su nuca, desde ahí podía oler el shampoo de fresa, no pudo evitar inhalar con gusto… le traía demasiados buenos recuerdos. Posicionó ligeramente las manos en su cintura y antes de que ella dejase caer el cabello besó con suavidad su hombro, haciendo que la chica temblara.


—Te queda precioso, princesa… —Acarició sus costados con los pulgares mientras susurró las palabras en su oído.
—Pero, Ei… ni siquiera lo viste. —Sonó divertida y levantó una comisura antes de girarse para mirarlo. —Me gustó mucho~. —Rozó sus narices y jugó con ellas unos segundos antes de alejarse gracias a la carraspeada de Alexis. Eishi frunció el ceño ante la interrupción, tener a su chica lejos tan rápido lo había dejado con ganas de más… ¡ni siquiera logró besarla! —¡Oh, Lex! —Juntó las manos con emoción. —Hora del tuyo~.
—Ujum…
—El pelirrojo le estiró la gran bolsa de cartón junto a una más pequeña. —Tuve un poco de ayuda de Lena, pero estoy seguro de que va a encantarte…
—¡Seguro que sí! Nunca fallas con los regalos, Alex.
—Esas palabras fueron casi como una pequeña puñalada para el mayor de los Hono, mientras que logró hacer que el de los ojos grises inflase un poco el pecho. Ella le sonrió mostrando todos los dientes al pelirrojo y apoyó la bolsa junto a los panquesitos de Rah para tomar la bolsa más chica y abrir la cajita.
—Creí que estaría bien agregar un dije más a tu brazalete… Déjame ayudarte.

Ella asintió instantáneamente y le dejó el rubí en la mano para levantar la muñeca derecha. Alexis no perdió el tiempo y se acercó para ayudarla a abrocharlo, acariciándola un poco en el proceso, el peliblanco se abstuvo de mencionar nada, pero sus manos ya se empezaban a calentar. Cuando estuvo asegurado en su muñeca ella la movió con gusto, haciendo que los demás dijes sonaran entre sí.

—¡A-DO-RA-BLE! ¿Esto fue en lo que te ayudó Ile? —Mantuvo la mirada en él mientras se arrodillaba frente a la gran bolsa.
—No, de hecho ese lo elegí solo, creo que ya voy entendiendo un poco más cómo funcionas. —Le guiñó el ojo con toda la intención y ella rió al mismo tiempo que rodeaba los ojos, acción que no fue suficiente para enfriar la hirviente sangre de Eishi en ese momento.
—Parece que sí, eso te da un poquitito mas de mérito, Denali… pero ya venía siendo hora. —Sacó la bolsa y miró la gran caja de terciopelo negro, con un “D&G” grabado en finas letras blancas. Pasó instantáneamente la mirada a su amigo, sin realmente poder creerlo.
—Aunque creo que ese va a gustarte más, Rivi…

Ambos muchachos la pudieron ver tragar grueso mientras deshacía el moño y destapaba el regalo. Movió con cuidado la tarjeta de autenticidad y rompió la pegatina que mantenía el papel de seda cerrado para revelar una chaqueta de cuero rosa, llena de piedras de brillantes colores. Sus ojos se pusieron ligeramente lagrimosos y sacó la prenda del envoltorio para pegarla a su pecho, aferrándose completamente a ella mientras miraba a Alexis, con la barbilla temblorosa.

—¡Ay, Rivka! No vas a llorar por eso, ¿verdad? —Él revolvió su rosado cabello con cariño antes de que ella negase efusivamente y se abrace a una de sus piernas, haciéndolo reír. —Sabía que ibas a amarlo…
—¡Vas a tener que buscar una espátula para arrancármela! ¡¡¡Muchas gracias!!!—Chilló y lo apretó antes de soltarlo y que él la ayudase a levantarse.
—Vamos, quiero ver cómo te queda… —El pelirrojo metió las manos en sus bolsillos, sintiéndose completamente superior, estaba seguro de haber logrado lo que quería.

El ojiazul seguía observando la escena, que le llegó como un puñetazo en la boca del estómago. Una pequeña chispa azul brilló por unos segundos desde la punta de sus dedos y se obligó a cerrar los puños con fuerza con tal de no saltarle encima al estúpido mejor amigo de su novia. Se estaba jactando de conocerla mejor que él, cuando eso no era ni por asomo verdad y moría de ganas de hacerse entender a golpes… o al menos borrarle esa sonrisa socarrona de la cara con caricias… fuertes… con los nudillos… en llamas.

Le repugnaba. Le repugnaba ver que Rivka lo apreciaba, tanto como a Alexis le daba náuseas verla disfrutar de las aproximaciones con su “rival”. Ambos se sentían en desventaja, de todas formas… uno por no haberla conocido antes y otro porque no podía hacer nada al respecto para hacer cambiar sus sentimientos. Eishi presentía que su relación corría peligro con el pelirrojo revoloteando siempre tan cerca de ellos y Denali sabía que su pequeña Rivi saldría lastimada de alguna forma, queriendo evitarlo a toda costa.

El aire cargado de tensión y las miradas amenazantes parecían no encontrar fin… ¿Habría alguna vez una solución?

Rivka, ajena a toda la situación y sumamente embelesada con su nueva prenda, desabrochó la etiqueta de la misma antes de pasar los brazos y sacó su cabello al tenerla puesta. La modeló para ambos por delante y por detrás, completamente emocionada. Los chicos mantuvieron la mirada en ella, aparentemente relajados, pero completamente alertas.


—¡Los dos son absolutamente increíbles! Tengo muuucha suerte de tenerlos. —Tiró de la muñeca de su mejor amigo para acercarlo a su novio y se colgó del cuello de ambos con los brazos, presionándolos con cariño. —Los adoro un mundo, son los mejores del universo…

Ambos se tensaron ante la proximidad y fruncieron el ceño al sentirla. Ninguno quería nada que ver con el otro, pero ahí estaban… abrazando a la pelirrosa al mismo tiempo, intentando no tocarse entre sí.

—Veo que ambos se esforzaron mucho. —Lovelace se alejó con suavidad para sonreírles. Jamás la habían visto tan radiante y feliz por unos simples regalos antes. —¡Lo bueno es que todavía le quedan más fiestas para desempatar!

Los dos suspiraron rendidos mentalmente, pero asintieron y le sonrieron, después de todo… lo único que les interesaba era ver la felicidad en su cara, ¿no?



Paso a editar para tirar los 300 dados que necesito :25:

Edit: Estúpidos dados inmundos e.e
 

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La imagen de Klaus caminando por las calles de Tokyo sin compañía eran una rareza por aquellos días. Había pasado ya prácticamente un mes desde que un alboroto andante había entrado a su vida.

Luthica había terminado por vivir con él, siendo que en un principio el arreglo era acogerla solo hasta que ella encontrara su propio lugar dónde vivir. Pensándolo bien, con lo poco que la había conocido el pelinegro en ese momento, debería haberse dado cuenta que la muchacha no iba a encontrar un lugar en un futuro cercano. Ahora estaba atrapado con ella hasta quién sabía cuándo, después de todo, ya había pasado el punto en que podría haberla echado.

Lo cierto era que luego de pasado un mes, se podía decir que ya se había acostumbrado a as ocurrencias de la muchacha, de hecho, justo ahora había salido por una de esas ocurrencias.

Harwick no era una persona que dominara las artes domésticas… ninguna de ellas. En el mes que llevaban había logrado aprender a mantener el orden del lugar, aunque no precisamente a ordenar desastres muy grandes, pero algo que sí le había llamado la atención a la muchacha era el aprender a cocinar. Desde que vio a Klaus hacerlo, la de cabello anaranjado había mostrado interés en intentarlo, argumentando que había visto a los “señores sucios de la calle” meter todo lo que encontraban en una olla con agua. Le tomó a Alcott un par de intentos que su compañera entendiera que había muchas formas de cocinar los ingredientes, y que habían recetas que aprovechaban los diferentes sabores de diversas formas.

Fue así como el de iris azules le había comenzado a enseñar a cocinar a la joven. Habían empezado con cosas simples: cómo prender las cocinillas, hervir agua, hacer huevos revueltos; cada vez intentando algo más avanzado, hasta llegar a la actualidad. Finalmente, Luthica quería preparar un platillo completo por sí misma, y era por eso que Alcott había salido, para comprar los ingredientes que ella le había pedido.

Sinceramente, no le importaba salir. El clima ya había comenzado a mejorar y no estaba mal salir a estirar las piernas para algo normal, para variar. La lista que Harwick le había entregado incluía varios vegetales y un trozo de carne, por lo que el pelinegro ya se podía dar una idea de lo que la chica pretendía preparar.

Luego de llevar varios minutos caminando y conforme el Vigilante comenzó a acercarse a la zona comercial se dio cuenta que había demasiadas parejas. No fue hasta varios minutos después que el chico hizo la conexión.


─ Ah, claro, un mes desde San Valentín. ─
Aquel día era White Day.

No era una fecha que Alcott necesitara recordar, por eso no había recordado que si quiera era un evento próximo. El ambiente ahora era demasiado meloso para su gusto, por lo que Klaus decidió apresurar el paso para volver a casa. Fue en eso cuando escuchó a una chica y su novio conversar fuera de una tienda de regalos.

─ ¡¿A quién le podría gustar eso?! ─ Exclamó la muchacha entre risas, viendo una vitrina llena de peluches.

─ Definitivamente hoy en día crean cualquier basura. ─ Afirmó el chico que la acompañaba.

La pareja continuó su camino entre risas, y Klaus no pudo evitar ver qué era lo que le había causado tanta risa al par. En medio de la vitrina había un peluche de forma cuadrada con cuadros de imágenes y palabras, simulando ser un atado de periódicos con ojos y una sonrisa.

Klaus no pudo evitar reírse, porque supo perfectamente para qué clase de personas estaba hecho ese peluche.

─ Bueno, de todos modos, el viejo me pagó bastante bien la última entrega. ─ Dijo el pelinegro entrando a la tienda.

[***]


Shiory Shiory well, Klaus va a casa con regalo (?)
 

-계산이 좀 느리니?-
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Ya era la quinta vez que Luthica revisaba la receta del platillo que quería preparar. No es como que aún se sintiera realmente lista para lograr hacer algo que quedara perfecto, pero sabía que había aprendido mucho en ese último mes... Además mejor era sumar algunos puntos positivos antes de que Klaus se diera cuenta del rasguño que le había dejado a uno de sus bates de beisbol cuando estaba jugando con él en secreto el otro día.

Volviendo a sentirse nerviosa, la muchacha apartó la mirada del papel y observó un momento el lugar en busca de algo que pudiese hacer para alegrar a su hospedador no pun intended(?). Pero en realidad no había algo en especial que pudiese hacer, ya que el varón se encargaba de mantener ordenado y limpio ese pequeño pero acogedor lugar.

Aunque sigo pensando que necesitamos más plantas─ refunfuñó para sí misma, sin creer que Klaus en serio la iba a dejar tener algunas cuando pasara el invierno. Imaginando el cómo quedaría una maceta con un potus junto a la ventana de la cocina, la muchacha se tiró sobre su cama. Hacía poco rato el que se había quedado por su cuenta cuidando la casa, pero ya estaba aburrida y la sensación de soledad comenzaba a inundarla─. Veré si Klaus ya viene en camino.

Con pasos ligeros, se dirigió a la puerta y quiso tomar su abrigo, pero en ese momento se acordó que ésta estaba siendo lavada, y justamente por eso no había acompañado al Vigilante para ir de compras. Apretó los labios y fue a sacar la cabeza por el balcón a ver si la máquina todavía seguía haciendo su trabajo. Efectivamente, ahí seguía, aunque ya estaba centrifugando.

Bueno, creo que puedo colgar eso mientras tanto─ decidió cerrando rápidamente la ventana, antes de tiritar un poco por el frío que entró. Se quedó un momento sentada ahí en el piso de madera, después de buscarse una manta con la que taparse, esperando escuchar la musiquita que le anunciaría el fin del ciclo de lavado; al rato sonó. Aún tapada, se movió rápidamente para traer en un canasto la ropa para colgar adentro. Ya con eso solucionado, pensó en que se lo presumiría al varón cuando volviera. A todo eso, se estaba tardando.

Una vez más se dirigió a la puerta y se sentó ahí de nuevo tapada, esperando que en cualquier momento entrata Pitch con las compras, pero el tiempo parecía no pasar más. Ya cansada, eligió uno de los abrigos ajenos que estaban colgados en el perchero de la pared y se lo puso junto a su propia bufanda. Así con sólo unas pantuflas en los pies, bajó las escaleras y abrió la puerta que daba hacia la calle.

Como temía, no pudo encontrar al de cabellera negra y se decepcionó un poco que lo único que la recibió fue una fría brisa pasajera que la obligó a entrar de nuevo y cerrar la puerta antes de sentarse al pie de las escaleras a hacerse bolita. Al acomodarse mejor el abrigo, Galaxy se dio cuenta lo grande que le quedaba la ropa de su compañero, y le sintió el olor a él.

Quizás fue por la sensación de soledad que estaba sufriendo en ese momento, pero el olor de alguien conocido la tranquilizó un poco, e instintivamente inhaló una vez más con la nariz más cerca de la prenda, y se quedó con los ojos cerrados recuperando un poco el calor en esa posición.


[...]

No estaba segura de cuánto tiempo había pasado, pero parecía que se había quedado ligeramente dormida por un momento, aunque se dio cuenta de ello porque un ruido en la puerta la acababa de despertar. Al concentrarse, sintió cómo la perilla de la puerta estaba siendo girada y eso alegró mucho a la joven Harwick.

¡Bienvenido!─ saludó ella abriendo de golpe la puerta para darle un susto, pero el susto se lo llevó ella cuando vio que no eran los ojos azules que ella quería recibir─. ¿¡Quién es usted!?

Nada podía estar más lejos de la imagen del beisbolista que la de ese señor que la miraba. Un tipo con apariencia de personaje terciario que nunca más aparecería, medio calvo, viejo, enano y borracho era el que estaba parado ahí intentando entrar.

¿Huh?─ El señor pareció percibir que algo no estaba bien cuando se encontró con la cara asqueada y asustada de la joven de cabellos naranjas─. No sé lo que te has hecho o creo que estoy muy borracho, Mitsuki, pero creo que hoy te ves hermosa. ¡Hiip! Ven con tu husbando-sama ─ dijo con un hipo el señor intentando darle un beso.

¡Aléjese!─ rechazó ella, golpeándolo en el pecho con la palma, y activando su quirk lo mandó volando hacia la pared al otro lado de la calle. Eso obviamente lo dejó inconsciente─. Creo que esto podría traer problemas─ se preocupó un poco, pero no por el bienestar del señor que de por sí no estaba sangrando ni nada, sino de que no quería que luego le vinieran a hacer algún tipo de reclamo. Esperando que no hayan habido testigos, salió rápidamente a la calle y se alivió al ver que nadie pasaba por ahí. Pero tendría que deshacerse del hombre borracho.

Sintiendo algo de asquito, la de orbes verdes se agachó al lado del sujeto para crear un vector que interconectó con un par más que lo llevarían hasta el final de la calle, y luego lo empujó con el pie sobre la primera flecha que lo impulsaría hasta las otras. Listo, con eso todo estaba perfectamente solucionado(?).

Satisfecha con el resultado, Luthica se dio media vuelta y quiso entrar de nuevo al corto pasillo donde seguiría esperando, pero una salvaje(?) ráfaga de viento maldita le cerró la puerta en la cara.

... ¿Ahora qué hago?─ dijo ella sin terminar de creer que acababa de quedarse afuera vestida así con tan poco abrigo, pero sabía que tirar la puerta abajo no iba a ser una opción si no quería ganarse otro gran regaño por parte de Alcott. Sólo debía sobrevivir como mejor sabía hacerlo.

[...]

─ ¿Luthica?...─ llamó cierto varón de cabellos oscuros, encontrando lo que parecía ser un gran montículo de papel de diario a un lado de la entrada a su casa. Luego de un par de movimientos procedientes de ese "objeto", un par de ojos llorosos color verde cristalino se hicieron ver, antes de que toda una chica saliera de ahí a aferrársele a la cintura.

[..]

Eso fue lo que pasó, además de que había cerrado la ventana del balcón─ sollozó ella, estando ahora sentada sobre su cama, todavía tiritando con su manta cubriéndole hasta la cabeza. y con un par de periódicos escondidos debajo de la campera─. ¡Jue jorrible!─ exclamó pronunciando mal por el frío que sentía.
Te dije que me esperaras tranquila aquí adentro, tonta─ suspiró el tan esperado Vigilante mientras acomodaba sobre la mesa las compras, sin saber si sentirse agradecido por tener a alguien que lo esperaba tanto o regañarla más severamente por sus actos tan torpes.


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Corvent Corvent Bienvenido(?)

Ahora que Corv terminó de postear la entrega del regalo, tiro los dos dados acá o3o/
 
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─ Bueno, al menos estás bien, aunque quédate un rato ahí para entrar en calor. ─ Indicó el pelinegro, sacando los ingredientes y dejándolos en la mesa que separaba la cocina del resto del departamento.
─ ¡Ah! Pero primero tengo que cocinar. ─ Replicó la chica aún con la nariz y mejillas rojas del frío, al tiempo que comenzaba a levantarse de su cama.
─ No seas boba, eso puede esperar. ─ Klaus se acercó a la muchacha y poniendo una mano sobre el hombro de esta la volvió a sentar en la cama, para luego darle un zape en la frente.
─ ¡Ouch!, ¡¿Por qué fue eso?! ─ Exclamó Luthica, llevandose ambas manos a la frente. Pero antes de que la pelinaranja pudiera quejarse de nuevo, Alcott puso sobre sus piernas un regalo envuelto en un papel rosa con corazones blancos y marrones. ─ ¿Eh?
─ Ese era el único papel que tenían, ¿ok? ─
Dijo el pelinegro girándose para esconder su expresión. ─ Vi eso en una tienda y pensé que te gustaría, y con todo esto de que trates de ayudar con la cocina y viendo que últimamente no has roto nada, se me ocurrió que era una buena recompensa.

Harwick se quedó mirando por unos segundos la espalda de Klaus, que se rascaba la nuca sin voltearla a ver, hasta que finalmente una sonrisa se formó en el rostro de la de iris verdes, que se levantó de todas formas lanzando el regalo a un lado, abrazando al muchacho por la espalda.

─ ¡Gracias!

Klaus no pudo evitar sorprenderse por el efusivo gesto de su compañera, pero pudo recuperar la compostura a tiempo, tosiendo un poco antes de hablar.

─ Y-Ya te dije que es porque te lo ganaste. ─ Explicó el de iris azules nuevamente al tiempo que se giraba y le palmeaba la cabeza a la chica. ─ De todas formas, ¿no vas a abrirlo?

Luthica asintió enérgicamente, manteniendo la sonrisa de felicidad que tenía desde hace un rato, para abrazar nuevamente a Klaus y luego lanzarse a su cama a romper en mil pedazos el envoltorio de su regalo. En cuanto pudo ver el objeto dentro, la muchacha lanzó un grito agudo de alegría, levantando el peluche por los aires para luego mirarlo y tocarlo por todos lados.

─ ¡Paper-kun! ¡Ah! Es tan suave y lindo. ─ Habló la muchacha, abrazándolo tanto más fuerte de como lo había hecho con Alcott segundos antes. ─ ¡Me encanta! ─ La fémina se fue de frente en su cama, hundiendo su rostro en el peluche y pataleando mientras gritaba.
─ Oye, deberías lavarlo primero.
─ ¡Ah! Cierto. ─
Dijo la chica levantando la cabeza para luego quedarse mirando el peluche. ─ P-Pero, es cruel echar a lavar a Paper-kun. Pero si quiero usarlo para dormir…
─ No te preocupes, yo veo de lavarlo y lo pondré cerca del calefactor para intentar que se seque lo más pronto posible.
─ ¡Gracias, Camilo! ─
Exclamó Luthica, lanzándose a abrazarlo de nuevo.

[***]

Luthica ya llevaba un rato cocinando y el olor a comida ya había llenado el aire. De vez en cuando la muchacha dejaba todo de lado e iba a palmotear su peluche para comprobar qué tan seco estaba, para luego volver a la cocina y continuar su tarea.

Klaus, por su lado, la había ayudado poniendo los utensilios en la mesa que tenían. Esta era pequeña como para no ocupar demasiado espacio, pero lo suficientemente grande como para que ambos se pudieran sentar cómodamente. Una vez que su parte estuvo lista, el muchacho se había sentado a mirar su celular, levantando la vista de vez en cuando para ver cómo Harwick trabajaba intensamente en su platillo. No fue hasta media hora después que Luthica puso en la mesa los platos con un estofado ya listo.

─ ¡La comida está lista! ─ Gritó la muchacha, a pesar de que Klaus solo estaba a un par de metros de distancia.

El rostro de la chica demostraba lo orgullosa que estaba de su creación y no tardó en sentarse, con anticipación de que el pelinegro también lo hiciera. Alcott llegó a la mesa y, una vez sentado, tomó una cucharada del estofado que la pelinaranja había hecho. Los pedazos de carne y verdura no estaban cortados de manera regular, por lo que había algunos pequeños y otros demasiado grandes, pero el olor era el de un estofado normal. Finalmente, el de iris azules se llevó la comida a la boca, tomándose varios segundos en masticar, saboreando bien el contenido de su boca, hasta que finalmente tragó.

─ ¿Y…? ─ Los ojos casi se le salían a Harwick, por lo que Klaus decidió no torturarla más.
─ No está perfecto, pero está bastante bien para ser la primera vez que lo haces, veo mucho potencial. ─ Indicó el muchacho con una sonrisa y llevándose otra cucharada a la boca.

La Vigilante saltó de su asiento para después caer lentamente con el uso de sus vectores al tiempo que daba un grito de victoria, complacida con su logro. Alcott solo rio antes de volver a hablar.

─ Con esto espero que puedas seguir ayudando con la cocina diaria y tal vez podría darte más quehaceres y responsabilidades. Me pregunto si será buen momento para enseñarte a limpiar el baño y-
─ Eh, esto… ¿Quieres más estofado?


La vida de Klaus había cambiado definitivamente con la llegada de Luthica, pero definitivamente, el muchacho no se arrepentía de haberle ofrecido venir con él en ese nevado día de San Valentín.


[***]

Shiory Shiory Ahí está el chiping~ (?)
 

Morpheus's Dream ♚
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Para empezar, muchas gracias a todos los que participaron en la primera temporada del amor de My Hero Academia. Es la primera de tres temporadas que se planean llevar al año, cada año, con las recompensas de premios especiales en una tienda especial (todavía no montada), siendo éstas la Temporada del Amor (con los eventos ya vistos de San Valentín, White Day y Porque no todo es amor), la Temporada del Miedo (por Halloween) y la Temporada Invernal (para festejar Navidad).

Bien, ahora me doy la tarea de la larga explicación de cómo funcionaba este evento. A diferencia del evento especial para los vigilantes (Porque no todo es amor) que originalmente estaba planeado para ser dos eventos como esta línea general, tanto los resultados obtenidos en Día del amor y White Day se suman. Aunque en el evento de los vigilantes también se obtienen los mismos chocolates, son como dos actividades que no se cruzan, por lo que los resultados allí y acá no se suman.

La temporada tuvo dos tipos de "calificaciones": una individual y otra por pareja, tanto en SV como en WD. Al ser dos eventos de la misma línea, los premios finales (que se verán aquí) serán para los que cumplan los requisitos del total de los dos, no de forma dividida. Por una parte, ya vieron cómo avanzaron las parejas en el evento de San Valentín, por lo que me ahorraré esa explicación. Empezaré con la puntuación individual de ese mismo evento.

Les recordaré que en el Día del amor hubo una distinción importante: los chocolates eran de diferentes tipos y, por ello, valían diferente. Aquí les mostraré la tabla:


Queda bastante evidente que quien arrasó con ese evento en el modo individual fue
Rivka Lovelace ( RocioJ RocioJ). Me ahorraré las explicaciones de los cálculos porque ya han sido explicados, la posible diferencia es que no verán todos los resultados de los dados en un cuadro individual porque entonces la tabla habría terminado siendo más grande. Sólo sumen los chocolates obtenidos de cada tipo, multiplicándolos con la valía de cada tipo de chocolate y sumando los resultados. Si no es lo que se ve en la tabla, pueden reclamar.

Ahora bien, tantos ese total como el de la tabla de pareja mostrada en el tema del Día del amor son guardados, para sumarlos con los resultados obtenidos en este evento. El cálculo, en este caso, terminó siendo más sencillo. Sólo era sumar lo que le correspondía a cada personaje, más lo que había resultado del evento anterior.


Así mismo con la tabla de pareja
lamento que sea tan pequeña, demasiadas columnas.


Pero... un momento... ahí hay como que más cosas o.O

Sí. Primero, en el evento pasado se repartieron premios de pareja que debían ser usados entre el tiempo de obtenerlo y el final de este evento. No tengo ni qué decir que sólo una pareja los completó. En ¿Salida romántica? Amayah y Yamil fueron por cafés especiales en Starbucks con un total de 2017 palabras, éstas se dividieron entre 100 y el total son la cantidad de chocolates extra recibido por la pareja tanto de manera individual como en conjunto.

Segundo, está la misma condición que se ve en este tema, aquí:

○ Por motivo de los múltiples dados: si el tiro de dos da un resultado mayor a 90, se les obsequiarán diez chocolates más. Si el tiro de tres dados da un resultado mayor a 180, se les obsequiarán treinta chocolates más.
Que es lo que se muestra en el Extra 1 y el Extra 2. Sólo una pareja tuvo suerte, recibiendo el extra tanto de manera individual como en conjunto.

Ahora bien, seguro se están preguntando
"¿Por qué los vigilantes están resaltados?". Lamentablemente la dinámica de esta temporada era que (en este caso que fue donde participaron) el chico hiciera un post haciendo la compra y/o entrega a la chica para que la chica apareciera con otro post donde respondía y lanzaba los dados. En vista de que Shiory no hizo el post apropiado, terminan descalificados de este evento. Realmente me hubiera gustado saber qué planeaban hacer antes para iluminarlos y que esto no pasara, pero aquí estamos...

Tras todo explicado creo. Sé que algunos se saltarán todo lo anterior sólo para llegar aquí...
¡Es hora de descubrir y repartir los premios!

¿Qué podían obtener y quiénes lo obtuvieron?

• Para la persona que compró más chocolates: “Tarjeta de contacto de Miss Heart [Especial]” que proporciona un trabajo estilo internado para cuando pueda desbloquearlo.
¿Qué es esto? D-D ¡¿Qué significa?!
Pues exactamente eso. También contabilicé a aquellos que compraron algo para otra persona:
○ Kazil Miharu le entregó un obsequio (tuvo que comprar cosas) a seis de sus compañeros: Amayah, Rivka, Sumire, Kana, Rashidi y Buki, pero como el personaje de Sumire ya ha sido removido, su participación de cualquier tipo queda igualmente removida. Al final se queda en 5.
○ Rivka Lovelace en Día del amor, le compró un Giri-choko a seis personas: Rashidi, Kazil, Yamil, Taishi, Sumire y Kana, pero como el personaje de Sumire ya ha sido removido, su participación de cualquier tipo queda igualmente removida. Al final se queda en 5.
○ Yamil Cohen le entregó un obsequio (todo tuvo que comprarlo) a Amayah, Rivka, Sumire y Jesbell. Queda en 3.
○ Rashidi Lalbay le entregó un obsequio (tuvo que comprarlo) a Amayah, Rivka, Sumire y Ágatha. Queda en 3.
○ Taishi Hono le entregó un obsequio (tuvo que comprarlo) a Amayah, Rivka y Jesbell. Queda en 3.
○ Eishi Hono le entregó un obsequio (tuvo que comprarlo) a Amayah y Rivka. Queda en 2.
○ Alexis Denali le entregó un obsequio (tuvo que comprarlo) a Rivka. Queda en 1.
En este caso, NO IMPORTA la cantidad de cosas que compraron, sino a cuántas personas le regalaron. Este premio queda empatado entre RocioJ RocioJ y Lian wolf 16 Lian wolf 16. Para saber cuál de los dos se lo lleva, deberán hacer un post para lanzar un dado de 90 caras, el que saque el número más alto se lo gana 😈 .
• Para la persona que recibió más chocolates: título “Conquistador/a” que le aumenta tres stats al azar en una cantidad de entre 1 y 5 puntos, también al azar, incluso por encima del límite, que puede ser usado una vez en momentos clave en cualquier actividad. “¡Puedes hacerlo con el poder de nuestro amor!".
La tabla individual final nos muestra a la clara ganadora: Rivka Lovelace ( RocioJ RocioJ).
• Para la persona que recibió menos o ningún chocolate: título “No es tan malo ser Forever Alone” que aumenta el stat de fuerza una cantidad al azar de entre 1 a 5 puntos, utilizable al menos una vez en cada actividad incluso por encima del límite del rango. “¡Porque es importante mantenerse fuerte en las fechas que te hacen sentir la mayor soledad!”.
La tabla individual final nos muestra al claro ganador (lo siento, Corvent, ya me había figurado que serías vos): Rashidi Lalbay ( Lazy Lazy).

• Para la pareja que se mantuvo en primer lugar hasta el final. Los involucrados pueden decidir entre una temporada (la del amor, la terrorífica o la invernal) para volverse la ‘cara’ del evento (sirviendo de modelos en la promoción de algo). Además de la publicidad y el contacto con algún NPC, ganarán en yenes la cantidad de palabras que los usuarios participantes hagan durante éste.
La tabla de parejas final nos muestra a la clara pareja ganadora: Rivka Lovelace y Eishi Hono ( RocioJ RocioJ y Lazy Lazy). Pónganse de acuerdo para escoger la temporada y luego hablemos por privado el asunto de la promoción, publicidad y contacto con NPC. Lamentablemente, como Eishi es un NPC, sólo Rivka se lleva en yenes el total de 11.041. A diferencia de los posts de RocíoJ, se buscó con cuidado en los de Lazy sólo las escenas en las que aparecía Eishi para contar las palabras.
Sin más que decir, ¡felicidades a los ganadores!
Y, por favor, dejen a los demás ganar en la próxima temporada. Me pensaré si los ganadores de una temporada anterior no pueden ser los mismos que los de la temporada siguiente...

Exceptuando a los ganadores (tanto de forma individual como de pareja), el resto de los participantes podrá decidir qué hacer con sus chocolates acumulados: si convertirlos en yenes (se multiplicarían por 10) o guardarlos para comprar cosas en la tienda juro que la tendré lista pronto o convertirlos al objeto de la próxima temporada cuando ésta llegue. Los ganadores, como fueron ganadores, pierden todos los chocolates acumulados~.

Dejaré el tema abierto para los dados de los empatados y cualquier comentario~.

Estaré actualizando fichas, no se desesperen si no ven nada en ella todavía.
 

Alex's little princess ♚
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Me siento sumamente ofendida con eso de tener que tenga que dejar ganar a los demás... pero está bien, todo sea por el bien común(?
Mis cochinos shocolates, por los que trabajé día y noche T_T (más o menos)
¡NO VOY A TENER QUE TRABAJAR NUNQUITA MÁS!

Bueno... ¡sí, supongo que puedo regalartelo! pero voy a tirar los dados solo por diversión.

Edit: LOL, hubiese ganado.
 
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