Original Fic [X-OV] Battlestar Digimon: Anécdotas. Before The Fall

"The Heir of Chaos"
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Bien: aprovechando que dispongo de tiempo libre -por ahora, antes de que leguen los exámenes de la facultad- he decidido volver a subir este fic que comenzó como un OS, y avanzó a... pues esto: Este fic se basa en un Crossover de Digimon con la serie de scifi Battlestar Galactica. Si no la conocen, recomiendo que busquen alguito de información sobre ella para entender el fic. PD: aqui agrego un link con info: MIS PELICULAS Y SERIES: abril 2009

Aclaro que estos capítulos no serán lineales, y que abarcarán distintos personajes y épocas, pero eso sí: son del mismo mundo y están todos relacionados. De todas formas, espero que les agrade.

PD: A los que leyeron este fic en el viejo DZ, seguro lo recordarán...



Cap. 1: ¿Quién soy? ¿Qué soy?​


Añoro esos tiempos maravillosos, en los que creí era un ser humano. Aún recuerdo ese día; el día en que descubrí la verdad sobre mi naturaleza. Acababa de cumplir siete años, y me había ido a dormir después de la fiesta de cumpleaños que me organizaron mis padres. Todos mis amigos y mi familia estuvieron presentes, y tenía junto a mí un balón de fútbol nuevo que me habían regalado.

Estaba profundamente dormido, y creí que sería una noche como todas las demás... Hasta que tuve ese sueño... Pero no era un sueño: era una sensación muy extraña; como una gran oleada que te golpea sin previo aviso en el mar y te conmociona con su poder. Aquí en cambio, era una ola de conocimiento; una tan grande que no creí que mi pequeña mente infantil fuera capaz de comprenderla.

Eran años de recuerdos que al principio no comprendí dado lo extraño que me parecía todo aquello, pero luego lo comprendí, como si mi cerebro se hubiera adaptado a ello de manera automática. Cuando amaneció y me desperté, ya no era el mismo. El que alguna vez fui antes de mi séptimo cumpleaños, había muerto; mis sentimientos a los demás habían cambiado, pero al mismo tiempo, se mantenían intactos. Había despertado de un sueño que duró más de 150.000 años.

Miraba a las personas a mi alrededor y las odiaba; era un odio que muchos verían de irracional, pero para mí era lo más natural, después de todo, era diferente a ellos, superior a ellos. Pero al mismo tiempo, recordaba aquello que me hacía cambiar de opinión sobre ellos y decir: Cada vida humana es preciosa.

Meses después, vino el ataque de Myotismon, en el que varios niños y sus familias fueron secuestrados por un grupo de digimon malignos, entre ellos, los Bakemon. Recuerdo que uno de ellos irrumpió en nuestra casa forzando la puerta y obligándonos a mi familia y a mí a abandonar nuestro hogar e ir hacia el mirador. Allí había cientos de niños y adultos, todos asustados por aquellas criaturas con apariencia de fantasma. A pesar de la situación, me sentí valeroso como para no mostrarles terror mientras el resto de mi familia trataba de consolarse presa del miedo.

Fue allí donde descubrí que no estaba solo. Una niña de cabello castaño, con su ropa de dormir aun puesta, se me acercó con toda tranquilidad y se sentó a mi lado mientras mis padres estaban a algunos metros lejos de nosotros. Ella fue la que inició la conversación.


- Oye... ¿Tienes miedo?
- ¿Huh? La verdad no; es muy extraño. Debería tenerlo, pero no lo tengo.
- Creo saber por qué -dijo algo desafiante- ¿Te crees superior a esos digimon, no?
- Pues... -balbuceé momentáneamente, pues dudaba de responder- Si; me creo superior a ellos.
- Deberías, porque lo eres. Ambos somos superiores a todos los de este lugar.
- ¿Ambos? No te entiendo....
- No estás solo... -me susurró al oído-
- ¿O sea que tú... también...?
- Debes ser el otro agente dormido ¿Me equivoco?
- ¿Agente dormido?


Fue entonces que me explicó que ella también era como yo; que había descubierto su verdadera naturaleza a los siete años y ahora vivía ocultándola de los demás; inclusive de sus padres y amigos más cercanos. Lo más sorprendente, es que me dijo que ninguno de los humanos era tal cosa; que ellos se habían extinguido completamente, dejando como "herederos" a los híbridos de la actualidad, que resultaron de un cruce entre los humanos y los miembros de nuestra raza. Me dijo que no tenía nada de que temer y que todo saldría bien... Que había un Plan.

Pocas horas después, éramos libres de las garras de Myotismon mientras mirábamos pasmados el cielo rasgado. No volví a saber de ella hasta pasados 3 años.

Lo recuerdo muy bien: el día que conocí a mi digimon. Nunca esperé convertirme en uno de los Niños Elegidos, pero lo hice. Al levantar el Digiegg que contenía a mi digimon acompañante y compañero, sentí una gran felicidad que tal vez nunca se vuelva a repetir en mi vida. Ahora tenía a un amigo que estaría siempre a mi lado. Por un momento, olvidé mi verdadera naturaleza, lo que era en realidad: tenía amigos, familia, una misión con el Digimundo...

Pero mi verdadero ser siempre despertaba: los recuerdos de aquellos días en que pensaba de manera diferente siempre volvían; como si una parte de mí tomara el control nuevamente. Entonces recordaba todos los detalles: el asesinato de Daniel y de todo su modelo, así como de la destrucción de los primeros digimon que él creó; la charla con mi hermano en la nave base, a mis padres dentro de las tinas de resurrección; el ataque a las Doce Colonias de Kobol; los bombardeos nucleares; los cincuenta billones de muertos en un sólo día: El extermino de la raza humana.

Incluso recordé cómo había nacido en esta época; desde nuestra concepción éramos de por sí unos verdaderos asesinos, tomando al embrión "humano" -no conocía otra forma de llamarlos-, analizando su ADN, replicándolo en nuestro cuerpo de protoforma, para después deshacernos del embrión original sin que la madre lo supiera.

En esos momentos, mi otro yo despertaba y hacía cosas de las que ahora me arrepiento: tomar muestras de agujas de control y entregárselas a Cassandra, otra modelo como yo, que tenía la apariencia de una mujer joven y hermosa de ojos azules y cabello largo y lacio; obtener fragmentos del escudo de Blackwargreymon así como muestras de su sangre, cabellos de Arukenimon y vendas de Mummymon, para dárselos a mi hermano. Me atreví inclusive, a poner a dormir a mi compañero digimon para tomar muestras de su ADN para enviárselo a mis "hermanos"

Siempre me pregunté qué obsesión tenía mi hermano con Blackwargreymon. Desde que lo vi, mi hermano me decía que lo estudiara más a fondo. Creo que el sospechaba que ese digimon de agujas de control no era más y nada menos que Daniel, el "hermano" que habíamos asesinado por celos hace siglos y que de alguna forma sobrevivió, descargando su conciencia al cuerpo de ese digimon; pero eso se me hace imposible.

Mis compañeros siempre me han visto como alguien de mente superficial y sin pensamientos inteligentes, pero es porque ellos no saben realmente qué soy yo. ¿Será que esto que hago es lo correcto? ¿Estaré traicionando a mis amigos los niños elegidos y a los digimon, así como a la especie a la creí pertenecer? Me di cuenta que si hacía cosas horribles era porque sentía afecto hacia ellos y lo consideraba traición hacia su persona; de parte de mis "hermanos" no era traición; era un deber divino que Dios me encomendó para cumplir su voluntad.

Dios... ese Ente Superior que gobierna el Universo con un Amor tan profundo y sincero que es capaz de permitir que sus queridos hijos hagan lo que quieran, incluso desobedecerlo. Hubo un tiempo en que me hacía pasar por un sacerdote, pero no creía en Dios. Dios es sólo una respuesta primitiva a los fenómenos naturales, me decía, así como mi hermano. Pero creo que me equivoqué, y mentí cuando Adama me preguntó sobre él. Si creía en Dios; fue el, manifestándose a través de la camaradería de los humanos que intentábamos matar lo que me impidió matar a Starbuck... esa piloto de cabello corto y rubio que vino de tan lejos y arriesgó su vida para rescatar a los pocos supervivientes del Holocausto que quedaban en Caprica. Fue Dios, el que se manifestó a través de la amistad de mis nuevos amigos humanos y digimon, el que me hizo darme cuenta que estaba cometiendo un error al ayudar a mis "hermanos"... pero que no podía detenerme así de fácil.

Ya sabía lo que mi hermano quería con la ayuda que "voluntariamente" le ofrecía; la otra agente ya me lo había dicho el día de Navidad. No creí que lo volviera a hacer después de que la última vez, habíamos llegado a la conclusión que todo había salido mal. Que nunca lograríamos lo que queríamos con la guerra; ellos jamás nos querrían y amarían por lo que somos si buscábamos conflicto. El amor sobrevive a la muerte, fueron las palabras de esa híbrida... Y tenía razón.

Aun después de la batalla contra Malonmyotismon y la última con Diaboromon, rogaba al cielo para que mi hermano no hiciera lo que me suponía tenía pensado hacer... Guardaba esperanzas para que reflexionara y se diera cuenta que si se guiaba por su odio hacia la raza humana, sólo obtendría los mismos resultados, y la historia se repetiría una y otra vez...



Y entonces... el día llegó. Mi equipo de futbol tendría un partido contra un equipo rival. Estaba sumamente emocionado por el acontecimiento; inclusive mi enamorada -que no era mi novia- iría a verme jugar. Pronto mis demás amigos llegarían para levantarme ánimos.

Estaba por salir a la cancha cuando sentí un extraño zumbido en mi cabeza, que me ocasionó molestias considerables; sentí que parte de mis recuerdos desaparecían como si hubieran apretado el botón DELETE en una sección de mi memoria. Ya no recordaba a la otra agente infiltrada, sólo sabía que existía una... Fue entonces, cuando lo vi: en el horizonte de la ciudad, muy lejos, emergía una nube con forma de hongo, seguida de varias explosiones menores. Miré a mi alrededor a las demás personas, conmocionadas y muy aterradas. Luego di la vuelta y fijé la mirada en las gradas: ella ya no estaba.

Fue entonces que me di cuenta de la verdad; sólo podía poner mis manos sobre mi rostro y lamentarme...


- ¡Por Dios, John! ¡¿Qué rayos has hecho?!



Corrí para buscar desesperado a mi familia, que debía seguir en el departamento. Mientras recorría dicho camino, el cielo se llenó de varios misiles que impactaban contra los edificios de la lejanía, sin dañar a los de mi zona. Los Raiders sobrevolaban el firmamento disparando contra todo lo que se moviese -humano o vehículo- sin distinción alguna. Luego miré de reojo horrorizado a un callejón y vi cómo los primeros Centuriones aterrizaban en sus naves y disparaban a quemarropa a cada hombre, mujer y niño que tuvieran enfrente. Por más que mi digimon trató de digievolucionar, no lo consiguió, y yo sabía el por qué, pero no se lo podía decir.

Cuando llegué al apartamento, los Centuriones ya estaban en la entrada, pero cuando se disponían a entrar, una sombra los destrozó en pocos segundos. Me sorprendí al verlo, pues era imposible que estuviese allí, pero lo estaba: era Blackwargreymon, que había vuelto a este mundo y había destrozado a varios Centuriones. Cuando me vio, me llamó y me dijo que buscara a mi familia de inmediato y que él nos llevaría a un lugar seguro junto a los demás elegidos.

Mi familia estaba aterrorizada por la situación, y dudaron en confiar su bienestar en un digimon como ese, pero no tuvieron más remedio. La desesperación se expresaba en sus rostros al ver semejante destrucción y muerte ocasionada por los "invasores" mientras Blackwargreymon nos llevaba a la isla de Odaiba a bordo de un automóvil que el llevaba sobre sus hombros. Recuerdo que el megadigimon hablaba con alguien a través de una especie de brazalete comunicador y decía la enigmática frase: "Necesitamos una evacuación de tipo Omega Negro, de inmediato"

Mis padres no paraban de decir que los marcianos nos estaban invadiendo; ese comentario me molestó tanto por su ignorancia, que les respondí que no eran marcianos, que eran otra cosa. Cuando me pidieron que les explicara que eran, quedé con la boca callada; no sabía que responderles.

Recuerdo la llegada a la isla: estaban todos menos Kari; varios habían perdido a uno de sus padres -Izzy, Sora, Matt y TK-; Ken y Joe perdieron a ambos. Allí vi a otros tres individuos: uno se llamaba Dante y era un humano de origen aparentemente latino, con unos 20 años aproximadamente, acompañado de una especie de "elfo" vestido de caballero llamado Metal y una especie de "minotauro" albino llamado Time, que aparentemente, estaban junto al megadigimon oscuro. El tal Dante envió a Wargreymon -el cual no entendí cómo digievolucionó- a buscar a Kari a la cancha, con la dura advertencia que no pierda el tiempo salvando a nadie más, pues no había tiempo suficiente para escapar. ¿Escapar? me dije extrañado.

Cuando el digimon de Tai regresó, lo hizo con las manos vacías; sólo con un rostro angustiado de ver tantos humanos muertos y sin posibilidades de hacer nada; dijo entrecortado, que había visto en la cancha los cuerpos acribillados de niños y adultos. Subimos a una nave de escape donde estábamos junto a varios otros sobrevivientes -humanos y digimon- mientras la nave despegaba hacia el espacio. Ahora entendí por qué el tal Dante dijo que no había tiempo para escapar: lo último que todos vimos de nuestro hogar, fue cómo varias explosiones termonucleares resplandecían en donde antes se encontraba Tokio.


Luego vimos una vista de la Tierra en la que varias áreas de su superficie presentaban el mismo tipo de resplandor. Luego observamos a las naves del Invasor, de forma triangular, como dos bumerang de punta aguzada unidos por un eje cilíndrico y otras de aspecto diferente, que trataban -aparentemente- de darnos tiempo para escapar con vida. Nuestra nave dio el salto y desapareció.


Fue en ese momento que comprendí... que la vida que había tenido, que habíamos tenido, nunca volvería a ser la misma... Y que jamás regresaríamos a la Tierra: la habíamos perdido para siempre.


Han pasado ya varias semanas de ese día; del día de la caída de la Tierra y del Holocausto. ¿El precio?: Más de cinco mil millones de humanos muertos y casi el 80% de la población digimon exterminada. John seguro estará contento con esto -me decía-

Las cosas ahora son muy diferentes, pues... ellos saben mi secreto; TODOS: Kari y Gatomon fueron capturadas por John haciéndose pasar por mí, y ahora estaban fuera de nuestro alcance; Tai casi me estrangula al enterarse de lo que era realmente; TK me golpeó lleno de ira mientras me culpaba por la muerte de su padre; Ken y los demás no me dirigían la palabra; ni siquiera mi digimon me apoyaba y me culpaba de traidor y mentiroso.

Blackwargreymon me tomó del cuello y casi me estrangula al enterarse de lo que hice con las agujas de control y los fragmentos de su escudo y muestras de sangre; lo hubiera hecho de no ser por la intervención de Time, que lo obligó a soltarme. El megadigimon se alejó furioso y me amenazó con no volver a ponerme en su camino, o me mataría.

Muerte... Cuando me dijo que me mataría sentí miedo, pero al mismo tiempo, en el fondo, me daba risa. Él mismo había regresado a la vida y burlado a la muerte. Los de nuestra raza, al morir, descargan su conciencia, sus recuerdos, su alma -en cierta forma- a un cuerpo completamente nuevo, conservando toda su memoria. A este proceso se le llama Resurrección, algo que curiosamente, es muy parecido a la "muerte" de los digimon, que después regresan a ser digihuevos. Para nosotros, la muerte no es el final; -como es para los humanos- es sólo un método de aprendizaje que nos permite ver nuestros errores, aceptarlos y corregirlos apropiadamente.

Ahora, estoy completamente solo -ya que mi familia me echó al descubrir que no era humano- y no tengo a nadie con quien hablar mientras vagamos por el espacio en esta colonia espacial; -de las tantas que hay; muy al estilo de la nave de la novela "Cita con Rama"- en busca de Kari y de un nuevo hogar mientras combatimos contra nuestros nuevos enemigos.



Reflexiono sobre mi vida y qué fue lo que aprendí de todo esto. El rechazo de mis amigos -humanos y digimon- , de mi propia familia y su falta de comprensión acerca de cómo me siento en este momento -triste, desolado, angustiado-, me hace pensar que John tiene razón y que la raza humana -y sus descendientes- y los digimon, deben ser erradicados del Universo por el bien de nuestra propia raza, la cual sufrió la mano dura de la Humanidad hace varios siglos.

Pero al recordar los buenos momentos con mis amigos; la felicidad que viví junto a mi familia y las aventuras que tuve junto a mi compañero digimon en el Digimundo, me doy cuenta que aun los amo y que eso nunca va a cambiar, pese al odio que alberguen a mi persona. También sé que muy en el fondo, ellos todavía me quieren, pues de otra forma, ya me habían matado, o por lo menos hecho encarcelar.

Sé que no puedo cambiar lo que soy, como raza; pero sí puedo cambiar mi perspectiva sobre la situación actual. Puedo tener un punto de vista totalmente diferente al de mis semejantes y escoger mi destino. Ya lo había hecho antes en Caprica cuando era un modelo Número Uno, que se oponía a John y sus ideas extremistas. Y si bien me había encerrado poco después de resucitar y él había jurado eliminar a la Humanidad... Aquí estaban los humanos -o mejor dicho sus herederos- aún deseosos de vivir; aquí estaban los digimon, dispuestos a luchar por sus vidas y la de los humanos que quedaban... Y aquí estaba yo, manteniéndome firme en mis ideas de que todo esto no era más que un terrible error que habíamos vuelto a cometer.

Esto ya ha pasado antes, volvería a pasar... y pasará de nuevo. Sé que John fracasará y tanto humanos como digimon sobrevivirán si permanecen fuertes; esta vez, los ayudaría en la batalla.

Y si alguien me pregunta quién soy y qué soy, no le mentiré, ni yo mismo me engañaré, pues nunca seré un humano, y menos un híbrido como los demás... Sólo me queda responder:

- Mi nombre es Davis Motomiya... Y soy un Cylon.


 
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"The Heir of Chaos"
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Cap. 2: ¿La Extinción de los Digimon? Parte 1


PRÓLOGO




En un rincón de la galaxia, había un planeta paradisiaco donde convivían dos razas diferentes: los humanos, creados por los “Dioses”, conocidos como los Señores de Kobol, y los cylon, seres biomecánicos que habían sido creados por los humanos a su imagen y semejanza para realizar sus labores. Pese a que los Señores de Kobol al principio estaban furiosos que los humanos crearan a estos seres dotados de inteligencia artificial, terminaron aceptándolos, tanto así, que los cylon conformaron la así llamada Treceava Tribu, viviendo en armonía junto a las demás tribus humanas. Y por un tiempo, fue bueno.

Pero la sociedad humana pronto cayó en la corrupción, y sometieron a los cylon a la esclavitud, sin que los Señores de Kobol intervinieran en ello. En un determinado momento, los cylon descubrieron la verdad acerca de los “Dioses” humanos, y al intentar informarlos, fueron ignorados y atacados.

Proscritos de la sociedad humana, y pese al reclamo de los “Dioses”, la Treceava Tribu abandonó el planeta que alguna vez fue su hogar, en busca de su propia tierra prometida, donde pudieran vivir en paz. Luego de años de búsqueda, los cylon encontraron un planeta habitable orbitando una estrella amarilla, al que denominaron con el nombre de su tribu –un nombre que, según la leyenda, denota la verdadera naturaleza de los “Dioses”-, pero que comúnmente sería conocido como “Tierra”.


Pasaron más de mil años, y la Treceava Tribu prosperó; descubrieron como reproducirse naturalmente, y la tecnología de resurrección –transferencia de memoria orgánica a otro cuerpo- fue abandonada y olvidada, así como la tecnología FTL, debido a la falta de necesidad de viajar a otros sistemas estelares. Y por un tiempo, fue bueno.

Sin embargo, al igual que sus creadores humanos, los cylon crearon también una raza de sirvientes mecánicos que emplearían como esclavos; así, sin saberlo, los cylon poco a poco caían en el comercialismo, la decadencia y la tecnología fuera de control, que habían arrastrado a sus creadores humanos, convirtiéndose también en los arquitectos de su propia destrucción. En el año mil de la Colonización, un científico de la Treceava Tribu llamado Daniel Oliwah, al ver el camino que su raza estaba tomando, inició con esmero un proyecto que consistía en la creación de una nueva raza basada en la inteligencia artificial, basada más en la informática que en la robótica, pero que incluía también la ingeniería genética; una raza politaxonómica y variada que ayudaría a los cylon a convivir con otras especies desconocidas para ellos y los ayudaría a respetar a sus sirvientes mecánicos; una raza cuyos miembros serían… sus iguales. A esta raza se la denominó: Digimon.

Al principio, los Digimon fueron considerados como una nueva especie de sirvientes a los que los cylon podrían emplear gracias a sus grandes poderes; sin embargo, Daniel inició la lucha a favor de sus derechos, y pese a sus tropiezos, logró su cometido: antes de la muerte de Daniel –el cual fue convertido en el héroe planetario tanto de cylon y digimon- sus creaciones fueron consideradas partes de la sociedad, e iguales de los cylon. La vida en la Tierra prosperó, y por un tiempo, fue bueno.

Pero no tardarían en germinar las semillas de la discordia, en una raza que había sido olvidada por sus amos, y reemplazada por una nueva especie extraña.



______________________________​



La mañana era cálida y acogedora; el rocío que cubría el césped y las hojas de los árboles apenas había empezado a evaporarse con los rayos del sol: Sería un nuevo día en la ciudad de Ouroboros, la capital de la Tierra. En una confortable casa en las afueras, un dragohumanoide de menos de 2 metros y medio salía de su hogar, despidiéndose de su esposa para ir a conversar con unos amigos sobre su proyecto.


- Adiós, Rose. Que te vaya bien. –beso en la mejilla-
- Igualmente, querido –le respondió dulcemente- Oye, Draco.
- ¿Sí? ¿Qué pasa? –le preguntó, poco antes de irse-
- Vas a ir a ver a Ellen y su equipo de investigación, ¿No?
- Si, Rose –afirmó con la cabeza- También estarán Wolfgang, Ametist, Osamu, Jane, Machello, Hyparion y…
- Theo también estará ¿No es verdad? –preguntó algo decaída-
- Si… Pero no debes preocuparte por eso; –le dijo con ternura mientras acariciaba su rostro con la mano- dudo que sea tan rencoroso. Ven después de terminado tu trabajo en la florería; ¿Está bien? Sabes que estamos involucrados.
- Pues… -pensando un momento- Está bien, lo haré.
- Excelente; ahora si me disculpas, debo irme. Adiós. –y despegó volando en dirección al centro de la ciudad-
- Adiós, Draco. ¡Cuídate, querido!


La vida de Draco Yagami era bastante sencilla pese a su anterior trabajo.¿Quién hubiera pensado que este Wargreymon había llegado a ser Presidente de la Tierra? Posiblemente nadie, y ni él lo creía, ya que detestaba la política; sólo se postuló porque sus amigos –y en especial Wolfgang- se lo habían sugerido repetidas veces. Y pese a todo, ganó las elecciones y asumió el cargo.
Cumplido su mandato, salió con honores de haber cumplido su deber de manera honorable y honesta, cumpliendo su palabra a cylon y digimon por igual.

Debido a esto, fue condecorado con el distintivo del Emblema de Valor en su escudo, un sello con la figura de un sol que destacaba de los demás, ya que normalmente los Wargreymon no poseían este emblema en su escudo; solamente aquellos elegidos que destacaban por su heroísmo.

Terminada su presidencia, se casó con el amor de su vida, Rose O'Brien, una Angewomon joven y hermosa, muy inteligente e inocente –pese a tener sus momentos de ira- y con quien fue a vivir en los suburbios de la capital. Sin embargo, esta relación le trajo problemas con su viejo amigo de la infancia, Theo Bustamante, un Seraphimon que había estado saliendo con Rose desde hacía años, pero que esta lo abandonó debido a lo celoso y posesivo que llegaba a ser.

Luego de volar por varios minutos sobre la bulliciosa ciudad, Draco llegó al Centro de Investigaciones Prometheus, donde lo esperaban sus amigos cylon y digimon. Entró por la puerta principal y se dirigió directamente al Laboratorio de Experimentación Cibernética, donde esperaba hallarlos; al no encontrarlos allí, fue al comedor, donde fue sorprendido en la entrada por un hombre joven de cabello castaño, con ropa formal y una guitarra en la mano.


- ¡Hey, Draco! –saludó de manera sorpresiva al digimon- ¡Ya era hora que vinieras, amigo; te estábamos esperando!
- Hola, Sam. Disculpa la demora, estaba cavilando en el camino sobre algunas cosas.
- Descuida; -dándole palmadas en la espalda, muy alegre- No te has perdido de mucho. Estábamos en nuestro descanso. ¡Pasa, pasa!
- De acuerdo, pero no me tutees…
- ¡JAJA! Como quieras, ex-Presidente Yagami.


En el comedor, muy amplio y espacioso, se hallaban otros siete digimon que conversaban entre sí – un Metalgarurumon, una Rosemon, un Stigmon, una Phoenixmon, un Zudomon, un HerculesKabuterimon y en un rincón, estaba Theo- , junto a cuatro cylon humanoides que tomaban también un receso de sus labores.



Galen Tyrol, Tory Foster, Samuel Anders, Ellen y Saul Tigh


- Saul, Ellen, Galen, Tory, Wolfgang, Ametist, Osamu, Jane, Machello, Hyparion, Theo ¿Cómo están? –saludó a cada uno el digimon dragón-
- Muy bien, Draco. –le respondió su mejor amigo, el lobo cyborg- Estábamos esperándote a ti y a Rose mientras descansábamos del trabajo.
- Mmm… -refunfuñó Theo desde el rincón- Deberías tomarte más en serio este proyecto como nosotros.
- No seas tan duro con él, -agregó Jane- Debe de tener otras cosas en qué pensar.
- ¿Y cómo te trata la vida, Draco? –le preguntó una bella mujer madura de cabellera rubia, mientras se dirigía a el-
- Muy bien, Ellen –dirigiéndose a su amiga de la infancia: luego mira alrededor suyo- ¿Qué han estado haciendo mientras?
- Estábamos por escuchar una de las canciones de Sam –agregó un hombre joven, de cuerpo robusto, cabello corto y negro, y con anteojos-
- No presiones mucho a Sam –dijo una bella mujer de cabello enrulado y oscuro, y piel de oliva-
- Jeje… No me molesta; saben que me gusta tocar la guitarra en los recesos.
- Vamos, Sam; toca por favor –pidió cortésmente el digimon lobo- Sabes cuánto me gusta escuchar buena música.
- Está bien, Wolfgang… Por ti y ustedes amigos míos… -sacando su guitarra y acomodándosela correctamente en el brazo-


Si, no suena como guitarra, lo siento, pero no había otro que me convenciera XD


A medida que sus dedos se deslizaban por las cuerdas, Samuel Anders y su guitarra emitían una canción que relajaba al grupo de amigos de manera casi hipnótica, era Su canción, una que se le s grababa en la memoria como fuego en una xilografía, dándoles una sensación de éxtasis, casi de epifanía y apoteosis con tan solo oírla, como si estuvieran más cerca de aquel Ser Supremo al que Cylon y Digimon adoraban como el Dios Único, cosa opuesta al politeísmo mal dirigido que los humanos que habían dejado siglos atrás profesaban. Terminada la serenata, tanto cylon como digimon aplaudieron al joven músico.


- ¡Tienes talento, Sam! –exclamó la Rosemon sentada junto a su amado-
- Gracias, Ametist…
- Si alguien aquí pudiera tener ese capacidad... –mirando pícaramente al Stigmon-
- ¡Oye! –le recriminó- ¡Al menos aporto aquí con mis conocimientos médicos!
- Si, si, como digas, cariño... –respondió sarcástica la digimon planta-
- Lo admito; esa canción me gusta bastante. Es celestial.
- Opino igual, Theo; es bella. –dijo el lobo cyborg-
- Hey, Draco –dijo un hombre calvo de aparentemente mediana edad, sentado junto a Ellen- Dime una cosas –susurrando- ¿Tu y Rose ya… tienen pensado tener hijos?
- Ehm… -algo nervioso y avergonzado- Si; ya lo hemos estado pensando, pero… aún no ha pasado nada.
- Saúl y yo hemos tratado de tener hijos por años; creo que ustedes podrían tener mejor suerte que nosotros –dijo Ellen, con una sonrisa triste- No debes rendirte.
- ¡Vamos, campeón! –dijo Saúl otorgándole unas palmaditas en la espalda- Eres un Wargreymon fuerte y sano; no creo que tengas problemas con Rose… o que ella…
- Oigan, ¿De qué están hablando ustedes dos? –intervino Theo, que apenas había oído la conversación-
- Solo de Rose, Theo –dijo el guerrero dragón- Nada importante.
- Ya veo –dijo entredientes el digimon ángel- y hablando de ella ¿Dónde estará?
- ¿Hablabas de mí, Theo?


Una voz se hizo notar en la entrada del comedor: era Rose, que acababa de llegar al laboratorio; voló suavemente hasta uno de los asientos, plegó sus alas, y se acomodó al lado de su esposo, mientras dirigía una mirada seria al que una vez había sido su amor.

- No, nada.
- Bien –digo la Angewomon- ¿De qué me he perdido?
- Queremos decirles algo; -agregó Ellen, cambiando su tono a uno muy serio-
- Como los consideramos nuestros amigos, queríamos informarles de esto. –repuso Galen, mientras jugaba con sus lentes-
- Ya que los trabajos de la nave están casi terminados, así como la base de datos de los Digimon, creímos que deberían de saber algunos detalles de la misión.
- Disculpa, Tory; -intervino el HerculesKabuterimon- pero aún no he terminado con el motor de impulsión estelar FTL; si lo empleamos ahora, apenas llegará al 99% de la velocidad de la luz.
- Lo sabemos, Hyparion –agregó Sam, bajando su guitarra al suelo con cuidado- pero deben saber algo antes de que partamos, considerando que faltan pocos días.
- Supongo que saben para qué es esta misión y por qué los invitamos.
- Si, Saúl –dijo el Zudomon-; han construido esa nave para que tanto ustedes como nosotros seamos la delegación que represente a la Tierra frente a las demás Doce Tribus de Kobol, y establezcamos buenas relaciones diplomáticas con los humanos; ambos: cylon y digimon.
- Es verdad; tenemos intenciones de reencontrarnos con nuestras tribus hermanas, pero… -dijo Ellen en un tono algo enigmático- Hay otro motivo: motivo que incluye también la razón por la que hemos reinventado la tecnología de Resurrección.
- Así que lo han logrado… -espetó Wolfgang Norstein, algo sorprendido- Vaya.
- Sí; y hemos implantado esa tecnología en nuestros cuerpos –señalando a sus cuatro compañeros- Por desgracia; aun no hemos podido hacerlo con los digimon. Nuestras simulaciones nos indican que puede ser viable en teoría, pero aún no es factible ponerlo en práctica, al menos con la tecnología que disponemos ahora.
- O sea que si morimos, nosotros no…
- Si, Ametist; -agregó Tory- no podrán revivir. Lo lamento.
- Ya veo… Pero -repuso Draco, sumamente confundido- ¿A que va todo esto? ¿Cuál es su objetivo?


El quinteto de científicos cylon se miró entre ellos de manera pensativa; no sabían si les creerían o no, pero estaban seguros que decirles la verdad era la su deber. Por años, esos digimon habían sido no sólo sus compañeros de trabajo en el Centro de Investigaciones, sino también sus amigos; algunos, como el caso de Ellen y Draco, desde la más tierna infancia.


- Sé que les será difícil de creer –dijo Saúl bastante severo- pero deben hacerlo.
- Desde hace varios años –repuso Ellen-, nosotros cinco hemos estado sufriendo de extrañas visiones de personas que aparecían de repente, como mensajeros… que nos advirtieron que pronto vendría una gran catástrofe en la Tierra, y que por ello debíamos reinventar la Resurrección; para escapar de ese desastre.
- ¿Lo dicen en serio? –preguntó Jane, muy escéptica-
- Sabemos que suena extraño, pero deben creernos –espetó Sam, dirigiéndose a los digimon, y luego enfocando su atención a los dos ángeles- Ustedes, Rose y Theo, más que nadie debe comprender la naturaleza de esos mensajeros; tal vez hayan sido…
- Lo sé, Sam –dijo Rose- pero aun no estoy muy convencida.
- Sin embargo –agregó Theo, con algo de soberbia, pero también de sabiduría, al pararse de su asiento- no podemos ignorar esa advertencia. Si fueron advertidos de esto, es por algo; tal vez cosa del destino.
- ¿Pero qué clase de catástrofe podría ser como para llegar a esos extremos? –decía la Phoenixmon- Saben tan bien como nosotros que la amistad entre digimon y cylon se ha mantenido intacta desde hace casi mil años; si algo los amenazara, nosotros los defenderíamos a toda costa.
- No dudamos de eso, Jane; pero si es algo tan grave, no podemos pasarlo por alto.
- Si tú lo dices, Tory –respondió Osamu- ¿Y qué debemos hacer entonces? ¿Seguir con el plan y acompañarlos en su viaje a las 12 Tribus?
- Sólo si ustedes lo desean; no queremos obligarlos.


Los nueve digimon se quedaron pensando un largo tiempo; discutiendo entre si sobre la decisión que tomarían; mientras que los cinco cylon continuaron con los preparativos para el gran viaje. Así pasaron las horas hasta bien llegada la noche; en ese momento, Rose salió al jardín trasero del Centro de Investigaciones, a observar las estrellas, como solía hacer en su casa.


Al verla allí, tan pensativa y absorta en su contemplación celestial, Draco voló en silencio hasta su ubicación, y por atrás, la abrazó tierna y cuidadosamente con sus fuertes brazos, mientras colocaba su rostro desprovisto de su casco junto al suyo para darle un tierno beso en la mejilla.


- ¡Ay, Draco! Me sorprendiste.
- Perdona, mi amor; no quise asustarte.
- No hay cuidado; dime ¿Los demás están decididos a seguir?
- Sí; incluso Ametist y Wolfgang, que tenían dudas al principio, pero ya decidieron acompañar a Ellen y a los demás. ¿Y tú, Rose?
- No lo sé, Draco; aun no me decido –suspiro- Es que… dejar todo esto: nuestro hogar, nuestra familia, nuestros amigos… en busca de algo que está más allá, en lo desconocido –apuntando al cielo estrellado-
- Velo como una aventura, Rose: una en la que nos embarcaremos todos juntos hacia algo desconocido, pero que puede terminar siendo maravilloso.
- ¿Siempre fuiste así de aventurero? –le preguntó la digimon ángel con cierta ironía-
- Por supuesto; desde que fui un pequeño Agumon y recorría los bosques de Artemisa en las afueras de la ciudad. Recuerdo que una vez me perdí con Wolfgang y Theo cuando eran un Gabumon y un Patamon; ellos al principio se asustaron, pero yo no: siempre me mantuve calmado y dispuesto a mantenerlos a salvo.
- Ya veo… -pensativa mientras observaba el cielo- Mira, Draco: allí están algunas delas constelaciones de las Doce Tribus: Sagitario, Capricornio, Acuario, Piscis… Al menos son las que puedo ver.
- ¿Crees que en alguna de esas estrellas estén los humanos? ¿Preguntándose por su tribu hermana perdida?
- Es posible; aunque no sabría decir en cuál de ellas: hay miles y millones de estrellas.
- Me gustaría saber… si llegamos a encontrarnos con ellos… ¿Los humanos nos aceptarán?
- ¿Por qué lo dices, Draco?
- Bueno… -aclarando su garganta- los cylon son muy amables con nosotros y nos han aceptados como sus amigos e iguales; nos hemos integrado tanto a su mundo que suena casi inconcebible una Tierra sin la amistad cylon-digimon. Pero por lo que nos han dicho en las clases de historia, los humanos son seres bastante egoístas, xenófobos y abusadores, maltratando a los demás sin confiar en aquellos que son diferentes a ellos.
- Si por eso lo dices… capaz nunca debamos encontrarnos con ellos; solo ocasionaríamos una guerra.
- Pero Ellen tiene fe en la Humanidad: tal vez nosotros también debiéramos tenerla. Me gustaría conocer a un ser humano que no sea como los recuerdan los cylon; uno bueno y generoso. Ni los cylon creen que todos los humanos sean así.
- Ojalá tengas razón. –agregó Rose- Espero también hallar a alguien así.
- Ajá… -y se recostó en el césped con Rose a su lado, mientras la cobijaba en sus brazos-
- Oye, querido –la interrumpió su amada mientras acariciaba su rostro con sus finos dedos-
- ¿Sí?
- Tengo una noticia que darte…
- ¿Cuál? –preguntó intrigado el guerrero dragón, mientras la miraba tiernamente-
- Pronto dejaremos de ser una pareja… ya que nos convertiremos en una familia –dijo sonriente-


Al oír estas palabras, Draco se levantó de su lecho y miró asombrado a su amada; no lo podía creer: la noticia que tanto había estado esperando parecía al fin cumplirse.


- Rose… Es… ¿Es verdad? –conteniendo la emoción-
- Si, Draco; la doctora me lo dijo. Tal vez en unos meses, tenga el Digihuevo.
- ¡¡ESO ES MARAVILLOSO!! –exclamó lleno de júbilo, tomando a Rose por la cintura y levantándola por los aires mientras ambos reían de felicidad-
- ¡Bueno, bueno, pero ya bájame! ¡Jajaja!
- Está bien; pero no me culpes por estar feliz.
- Y dime –intervino la digimon ángel- ¿Qué te gustaría que fuera? ¿Niño o niña? Sabes que si es niño, será un Botamon, y si es niña, una Snowbotamon.
- Lo único que me importa es que nazca con salud y seamos felices nosotros tres como una familia.
- Es verdad –dijo con ternura- ¿Pero crees que le haga bien nacer, pues, durante el viaje?
- Estoy seguro; además, tenemos a Osamu y Ametist, que saben de medicina digimon. Imagínate: el primer digimon que nace en el espacio… además que podría ser el primer bebé digimon en conocer humanos. ¡Y hasta puede que logre enternecerlos!
- ¡Ya le estás dando cargas a la pobre criatura antes que nazca! –refunfuñó sarcásticamente-
- Solo decía… -abrazándola- Lo importante es que será el comienzo de nuestra familia.
- Si… -pausa de varios minutos- Ya lo decidí.
- ¿Qué cosa, Rose?
- Iremos… Viajaremos a las Doce Tribus.
- Entonces, démosle la noticia a los otros… junto a la Gran Noticia…
- Si, vamos.


Draco y Rose se tomaron de la mano y entraron al edificio para informarles a sus amigos de su decisión, y del futuro nuevo miembro de su familia. Terminada su reunión, y luego de las felicitaciones. Todos volvieron a sus casas, esperando el día del viaje… sin saber… que algo se estaba fraguando tras las sombras.


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"The Heir of Chaos"
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Cap. 2: ¿La Extinción de los Digimon? Parte 2



Habían pasado un par de días de aquel encuentro, y los preparativos para el gran viaje que los nueve digimon y los cinco cylon emprenderían con rumbo a la desconocida localización de las Doce Tribus Humanas. La ansiedad por saber lo que encontrarían en el camino carcomía su espíritu; sin embargo, continuaban con su rutina diaria mientras Ellen y su equipo se encargaban de los detalles finales con la ayuda de sus amigos: Hyparion trabajando en el motor FTL; Ametist y Osamu de la asistencia médica; Wolfgang y Jane de los sistemas principales de la nave; Theo y Rose se encargaban de recopilar la historia de la Tierra como un registro a compartir con los humanos.

Los demás, pues, serían más que acompañantes y tendrían poco papel en esta ambiciosa misión diplomática –que sabían, también tenía otro propósito- ; sin embargo, el grupo insistió en que fuera Draco el representante de los Digimon ante la humanidad, pero este prefirió ceder su puesto a Theo, ya que al ser el digimon con la apariencia más humana entre todos, les facilitaría el trabajo, lo que el digimon ángel aceptó sin chistar, agradeciendo a sus compañeros.


______________________________​


Era un nuevo día, y el sol comenzaba a asomarse en el horizonte, iluminando la ciudad de Ouroboros; sus calles, edificios, plazas y parques. La mañana era fresca y agradable, y mientras las personas salían de sus hogares para realizar sus diversas actividades, otros se dedicaban a meditar sobre sus futuras decisiones.

En el Jardín de las Hespérides, un gran parque ubicado en las cercanías de la Plaza de los Fundadores, se hallaba Theo, quien se había levantado antes del amanecer para reflexionar un poco; apreciaba las mañanas en el parque con el césped verde y la apacible tranquilidad, hasta que el sol se ubicará más alto en el firmamento y la plaza de juegos se llenara de niños cylon y digimon jugando en las atracciones.

Apenas se acomodó en una de las bancas, fue sorprendido por unas suaves manos delicadas que le impedían la visión; al pedir que las retiraran, la responsable se mostró frente a frente: era Rose.

- Rose, ¿Qué haces aquí?
- Yo también acostumbro venir aquí por las mañanas. ¿Qué no te acuerdas?
- Pues… -trataba de recordarlo, pero no podía-
- ¿Y en que estás pensando? –preguntó Rose, interrumpiéndolo- Por algo has venido aquí.
- Es que… Pensaba en la misión, y en la razón por la que Draco me cedió su puesto.
- Él me dijo que te creía capacitado; siempre has tenido el don de la oratoria.
- Tal vez -dijo el digimon ángel, poco convencido-, pero el ex-Presidente es el.
- Si –asintió la Angewomon-, aunque es muy inseguro respecto a eso; por esa razón él creyó que como viejo amigo suyo podrías tomar su lugar.
- ¿El confía en mí? –confundido- ¿Pese a como lo trato?
- No creas que olvida la manera en que lo tratas, con esa hosquedad o algo de frialdad cuando nos ves juntos.
- Sabes lo que sentía por ti, Rose. Pero no te puedo culpar a ti ni a él; ninguno de nosotros te lastimó tampoco y eso es algo que me alegra saber. Draco es bueno contigo y eso me hace feliz; al menos mi amigo ha demostrado ser digno de ti.
- Agradezco que hayamos resuelto ese pequeño problema –haciendo un gesto con la mano en señal de burla-, pero mejor cambiemos de tema antes que te pongas sentimental. Dime, Theo; hay otra cosa en la que piensas ¿No?
- Mmm… -pensando- Pues pensaba en… las Doce Tribus.
- ¿Sí? –preguntó Rose, confundida-
- En si seremos capaces de encontrarlas, y de llevarnos bien con los humanos; a veces pienso que digimon y humanos no nacieron para convivir en paz.
- ¿Por qué lo dices, Theo? –le preguntó sorprendida- Sabes muy bien que cylon y humanos son exactamente iguales, al menos en el exterior. Me sorprende de ti, ya que sueles ser optimista y muy esperanzador.
- Y es el aspecto interior el que me preocupa –señaló seriamente- Dudo mucho que los humanos sean muy tolerantes con nosotros: si te pones a pensarlo, la historia está a favor de mi teoría: los humanos no aceptaron a los cylon aunque estos fueran idénticos a ellos… Y nosotros, los digimon que somos tan radicalmente distintos a ambos, dudo que los humanos nos acepten.
- ¿Estás sugiriendo que los humanos son xenófobos por naturaleza?
- Si, Rose; eso mismo estoy sugiriendo. –asintió el ángel acorazado-


Ambos se quedaron muy pensativos luego de esta última reflexión dada por Theo, mientras contemplaban la tranquila escena del parque rebosante de vida. Repentinamente, Rose sintió un extraño dolor de cabeza que la obligó a colocarse las manos sobre su sien; Theo trató de ayudarla, pero también experimentó la misma sensación por todo su cuerpo. Luego todo terminó tan repentinamente como empezó.

- Rose, ¿Te sientes bien?
- Si… es… estoy bien –algo agotada-
- Dudo que sea por el embarazo, ya que… yo lo sentí también. ¿Qué crees que sea?
- Algo malo, Theo. Me temo que algo malo.


______________________________​


En su casa, Draco acababa de levantarse, se había quedado dormido ya que Rose no lo había despertado. Bajó las escaleras para dirigirse a la cocina a prepararse para su desayuno antes de salir para el Centro de Investigaciones junto a Wolfgang Norstein.

Draco y Wolfgang habían sido grandes amigos desde la infancia y siempre se habían llevado bien, pese a algunos pequeños roces propios de la juventud, pero habían hecho tantas cosas juntos que inclusive llegó a ser su Vicepresidente y mejor consejero en la vida; ahora era su vecino, y muy pronto estaría junto la puerta de su hogar para partir juntos al Centro. Tal vez incluso hagan una carrera.

- Rose holgazana; –refunfuñó el guerrero dragón al ver la cocina vacía- no preparaste el desayuno y apenas hay comida aquí. Si así serás cuando seas madre… ¡Pobres de nuestros hijos! –expresó con sarcasmo- Menos mal no fuiste mi Secretaria de Agricultura.

Al encontrar algo de fruta en la alacena, Draco se disponía a comerlas, cuando divisó de reojo algo que se había infiltrado clandestinamente en la cocina a través de la ventana: una serpiente de cascabel cornuda propia de ese planeta; de ojos dorados y atrapantes, de piel negra azabache, pero con la cabeza plateada y con un diseño que hacía parecer que la serpiente tenía una cabellera rubia.

El megadigimon la observó a los ojos con detenimiento mientras la tomaba con cuidado para sacarla de allí sin lastimarla; la mirada del animal era penetrante y casi lo hipnotizaba.

- Dicen que tú eres una especie de animal profético o algo así –dirigiéndose al ofidio-, que das augurios tanto buenos como malos, y por eso te apareces a las personas; para darles esas predicciones. –suspiro- A ver pequeña serpiente, ¿Qué me quieres decir?

El ofidio sólo respondió con una sacada de su lengua y una desviada de su mirada al guerrero dragón. Draco se limitó a dejarla en el jardín con sumo cuidado; mientras la observaba alejarse, la serpiente levantó su cabeza y la apuntó al Wargreymon, señalándole sus colmillos venenosos para luego ocultarse en los arbustos.

- Mmm… Tengo un mal presentimiento de esto. –pero algo interrumpe sus cavilaciones; el llamado de alguien en la entrada, se dirige a ella y…- Wolfgang...
- Te estaba esperando desde hace… –revisando su reloj incorporado a su sistema- cinco minutos. ¿Acaso estás sordo?
- Disculpa, amigo; es que… -pensando en lo ocurrido- me distraje con una serpiente que entró en la cocina.
- ¿Serpiente? –confundido- Sí que andas en las nubes por eso del bebé, Draco… ¡Jaja!
- Cállate que tú serás el padrino… -le reprocha de manera irónica-
- Jeje… si... Por supuesto. Vamos ya, que debemos estar en el Centro Prometheus en una hora.
- Está bien –afirmó Draco-
- ¿Unas carreras, amigo? –preparando sus alas, listo para volar-
- No, Wolfgang; hoy no.
- ¿Por qué no? –confundido por su decisión- Te han gustado estas carreras desde que éramos niños, y más desde que evolucionamos a nuestro nivel mega.
- Es que… tengo un mal presentimiento, Wolfgang. No sé cómo explicarlo, pero creo que mejor caminamos.
- De acuerdo; pero ¿De qué trata ese presentimiento?
- Algo va a ocurrir.


______________________________​


Jane e Hyparion ya habían llegado a la Central Prometheus para terminar el motor FTL de la nave, con la ayuda de los centuriones del laboratorio, mientras que esperaban la llegada de los demás; Ametist y Osamu ya estaban en camino, mientras que Machello había decidido tomarse un tiempo para nadar en las olas del rio junto al puente Charón. Era algo que disfrutaba desde que era un pequeño Gomamon, y le encantaba practicar pese a los comentarios que le hicieran; la vida para él era demasiado pacífica como para estresarse tanto.

Sin saberlo, pasaba por el mercado callejero al que había acudido Galen esa misma mañana para comprar fruta fresca para llevar a sus compañeros. Entre la multitud de cylon y digimon que agolpaban el mercado, Galen pasaba entre vendedores varios que le ofrecían sus productos, sin percatarse tampoco del Zudomon que nadaba por el río.

De repente, un haz de luz muy fuerte resplandeció en el cielo, luego de ello vino un silencio de pocos segundos, seguido de un terrible estruendo que estremeció todo el lugar, aterrando a los testigos del fenómeno. Sin saberlo, estaban presenciando lo último de sus vidas: el fin de todo lo que conocían.


______________________________​


A lo lejos, desde el parque, Rose y Theo observaban incrédulos el horizonte en donde antes estaba el puente Charón; una nube en forma de hongo se había formado luego que surgiera aquel resplandor; todos los presentes en el parque miraban anonadados y aterrados por no saber que estaba pasando.


En medio de la paranoia, algunos fueron inmediatamente a sus casas en busca de refugio, o de información. Sin embargo, Rose y Theo casi no se movían, hasta que un grupo de cylon se agolpó junto a una Kazemon que hablaba con alguien por su comunicador de pulsera. Al ver la gente alrededor, los digimon ángel fueron junto a la multitud.

- ¿Qué dice? ¿Qué dice? –exclamaba una mujer canosa-
- Ya voy, señora, espere…; tengo que escuchar -dijo la Kazemon-
- ¡Vamos, que podría ser el fin del mundo! ¡Apresúrate niña! –gritó un Yiyimon-
- ¿Qué sucede? –preguntó Theo, al meterse entre la multitud-
- Esa Kazemon está hablando con una amiga suya que vive lejos de aquí –le respondió una joven de cabello largo y negro- Parece ser que la llamó y sabe algo.
- ¡Pues qué dice! –exclamó Rose, curiosa y con algo de nervios-
- Dice que algo raro está pasando también en Sosípolis.
- ¡¿Sosípolis?! –exclamó la multitud-
- ¡Pero está al otro lado del planeta! –gritó la Angewomon- Eso quiere decir que…
- Esto debe estar ocurriendo en otras ciudades –agregó Theo algo nervioso- Será mejor que tratemos de averiguar qué pasa.
- Si…

Pero ni bien la multitud se disponía a regresar a la ciudad, oyeron un sonido seco en la lejanía: eran disparos… seguidos de gritos de dolor de personas que morían aparentemente acribilladas. La multitud se preguntaba qué clase de enemigo podía ser el causante de esa masacre, pues ellos no habían conocido a ningún adversario en todo el tiempo de existencia de la Colonia.

Los digimon se prepararon para defender a los cylon en cuanto aparecieran los oponentes contra los que lucharían –pues esto parecía definitivamente una invasión-, poniéndose en guardia mientras esperaban la llegada de la fuerza invasora; pero cuando esta se hizo ver, no daban crédito a sus ojos: eran centuriones, cylon mecánicos que habían sido modificados para el combate, de mejor blindaje y ametralladoras incorporadas en sus antebrazos.



- No…. Lo puedo creer… -repuso un sorprendido Theo-
- Son… son… centuriones.
- ¿Qué piensas hacer? –le preguntó Rose, tomándolo del brazo-
- Pues defendernos de ellos… -el Seraphimon trata de emprender vuelo, pero al intentarlo, algo se lo impide: sus alas no parecían ser tan fuertes- ¿Qué sucede? No puedo volar.
- ¿Cómo dices? –dijeron Rose y la Kazemon, mientras intentaban alzar vuelo, sin éxito-
- ¿Pero que estará pasando? –preguntó Rose-
- No lo sé, pero parece que tendremos que pelear en tierra firme -agregó el digimon ángel de armadura- ¡¡Séptimo…!! ¡¡¿¿Huh??!!
- ¡¡Flecha Ce..!! ¡¿Qué?!

No solo eran Rose y Theo; ningún digimon podía emplear alguna de sus técnicas, o siquiera volar, y se sentían extrañamente débiles. Pese a este detalle, algunos digimon decidieron lanzarse sobre los centuriones con el fin de proteger a los más indefensos: decisión fatal, ya que los centuriones no dudaron en disparar contra los digimon –y contra cylon desarmados- matándolos al instante. Theo estaba decidido a combatir, pero Rose la detuvo.

- ¿¿Qué estás haciendo?? ¡Suéltame!
- ¿Estás loco? ¡Debemos irnos de aquí y huir; no podemos hacer nada contra ellos!
- Pero, Rose…
- ¡¡Corran!! –gritó la Kazemon, aterrada de la matanza-

La multitud no tuvo más remedio que huir para salvar sus vidas, pero en el intento, varios cayeron al suelo acribillados por los centuriones, entre ellos, la Kazemon que había intentado esconderse en un edificio cercano. Theo, Rose y un grupo de cylon entraron a un pequeño callejón entre dos edificios para buscar una salida, creyendo que no los verían, pero éstos los persiguieron y continuaron disparando a quemarropa; en la lejanía continuaban oyéndose los gritos de terror de cylon y digimon tratando de escapar, sin éxito.

Rose y Theo llegaron hasta una puerta que daba al sótano de un edificio, y entraron a él, para esconderse junto a algunas personas más; estaban aterrados y no sabían por dónde escapar. ¿Qué estaba pasando? –se preguntaban todos- Rose estaba muy asustada por las muertes que había presenciado, y Theo casi estaba en shock; se sentían completamente inútiles.

- Creo que…
- ¿Huh? –dijo confundida la digimon ángel-
- Esta debe ser la desgracia de la que Ellen y los demás fueron advertidos –susurró Theo con pesar-
- Vamos a morir, Theo.
- No digas eso, Rose. No estamos aún seguros de eso.
- Yo sí lo estoy, Theo… Todos vamos a morir.


______________________________​


Draco y Wolfgang también lo habían visto desde lejos, y no cabían en su asombro: en un escaparate cercano, un reportero informaba que varias explosiones de semejante tipo habían sido divisadas en varios puntos del planeta alarmando a los presentes. Poco después, la señal se perdió, no sin antes mostrar lo que parecían ser unas extrañas máquinas que emergían del suelo.

Sin previo aviso, comenzaron a oírse disparos en la lejanía, junto a sus siempre compañeros gritos de muerte. Los digimon se ponían en guardia para lo peor, sin saber qué clase de enemigo era, pero seguros que podrían derrotarlo. Pero cuando divisaron a los centuriones que se acercaban quedaron anonadados. ¿Los mismos centuriones que los cylon construyeron, que servían como trabajadores, ayudantes, los estaban atacando?

- ¡¿Qué significa esto?! -exclamó el digimon lobo- ¿Centuriones armados?
- No tengo idea, Wolfgang, pero sabes lo que debemos hacer. ¡¡Todos los digimon capaces de luchar, formen una línea defensiva y protejan a los cylon y digimon indefensos!!
- ¿Sigue con sus aires de líder, ex Presidente? –le preguntó con sarcasmo un GoldRapidmon que estaba a su lado-
- Ahora no es momento de bromas; mejor ponte a la defensiva –le dijo el lobo cyborg con mucha seriedad-

El digimon obedeció y se puso enfrente mientras otro grupo trataba de proteger a los cylon y digimon más pequeños, llevándolos a un lugar seguro. Draco y los demás digimon con capacidad de volar intentaron elevarse en el aire para tener una mejor vista del enemigo, pero al ver que sus esfuerzos eran inútiles, decidieron quedarse en tierra.

- ¿Puedes volar, Wolfgang?
- No, Draco, no puedo –le respondió fríamente-
- ¡Rayos! –exclamó furioso- No nos queda más que luchar a ras del suelo. Trataré de dar algo de tiempo. –juntando sus brazos en lo alto- ¡¡Terra F…!! ¿Qué?
- ¡¡Alient..!! Oh, no… -susurró en voz baja- Significa que…
- ¡¡No tenemos poderes! –exclamban varios digimon, aterrados, al ver que no podrían luchar como estaban acostumbrados-
- ¿Qué vamos a…? –un golpe en seco lo interrumpe-

Los centuriones ya se habían acercado lo suficiente como para poder verlos con mayor detenimiento, mientras filas de cylon y digimon caían al suelo completamente inertes tras ser acribillados; la mayoría eran cylon jóvenes y digimon en sus etapas más básicas: los centuriones no mostraban piedad al disparar… y un Guardromon, que acompañaba a la multitud, ya había caído como víctima, causando el pánico.

- ¡Corran, corran! –gritaban los aterrados cylon humanoides-
- ¡Les cubriremos las espaldas! –exclamó Draco mientras sacaba su escudo- ¡Busquen refugio, ya!
- Draco, creo que deberíamos…
- ¡Ahora no necesitamos tus metódicos análisis, Wolfgang! –le gritó molesto a su amigo-
- Mmm… -gruñido-

Ignorando al lobo cyborg, el guerrero dragón utilizó su escudo para retener la balacera de los centuriones, junto a otros digimon bien armados y protegidos; sin embargo, se asombró al sentir que su escudo estaba siendo magullado por los proyectiles; cosa insólita, ya que el escudo de un Wargreymon estaba entre los más resistentes entre los digimon. Él estaba sorprendido de que esto ocurriera, pero Wolfgang no: el ya suponía lo peor, y por eso… mordió la pierna de su amigo.

- ¡AGH! –gritó indignado por el dolor ocasionado, volteándose para ver al responsable- ¡¿Qué demonios haces?!
- Tenemos que irnos de aquí, Draco. –le respondió de manera muy sombría-
- ¡No podemos; debemos proteger a las personas! ¡¡No soy ningún cobarde!!
- ¡¡ESCUCHAME DE UNA MALDITA VEZ, DRACO!! –le gritó harto de su terquedad- ¡Deja ya ese maldito orgullo tuyo de querer ser el héroe a cada maldito rato que tienes desde niños y hazme caso, dragón estúpido! Dijiste que tenías un mal presentimiento esta mañana, ¿No? Pues ahora yo lo tengo, así que mejor me haces caso.
- Pero, yo….
- Si de verdad eres mi amigo y confías en mí, ven conmigo Draco; debemos escondernos. Además… Rose debe estar en peligro, así como nuestros demás amigos.
- Es… está bien –dijo de mala gana- ¡¡Busquen refugio, corran!!

Tanto cylon y digimon lo obedecieron y se internaron en los edificios cercanos, en los túneles o incluso en los vehículos para poder escapar, mientras Draco y Wolfgang daban algo de tiempo protegiendo a los demás. Sin previo aviso, oyeron un estruendo en el cielo, como si varias naves se acercaran; al fijar la vista en el cielo, el digimon lobo los observo:


Varios cazas habían aparecido, cubriendo el cielo por completo; por desgracia, descubrieron que eran de los centuriones, pues no dudaron en atacar los edificios cercanos, provocando el derrumbe de varios, y disparar a los civiles que trataban de ocultarse o huir por sus vidas.

- ¡Draco, por aquí! –dijo Wolfgang al encontrar un edificio aun intacto-
- ¡Ya voy! –respondió, colocándose su escudo, para luego correr en dirección a su amigo y entrar al edificio-
- ¡Atravesemos el edificio; debemos buscar callejones bien escondidos para ocultarnos!

A pesar de haber perdido sus poderes, la complexión física de Draco le permitió derribar con facilidad algunos de los muros más débiles de los edificios, aunque comenzó a lastimarlo un poco. Ya en una bodega abandonada, se detuvieron para descansar por un momento: habían dejado atrás a cientos de digimon y cylon que probablemente ya estaban muertos, y el sonido de los disparos, las explosiones y los gritos sólo empeoraba la situación, aumentando su estrés.

- Draco, yo…
- No puedo creer que me hayas obligado a abandonarlos…
- ¿Recuerdas ese extraño dolor de cabeza que me dio hace unos momentos?
- Si, lo recuerdo. A mí también me lo dio, pero creo que a ti te afectó más.
- Creo que a todos los digimon… -suspiro- Escúchame, creo que esto que está pasando no es ninguna coincidencia o fruto del azar; todo está relacionado.
- ¿A qué te refieres? –le preguntó el guerrero dragón, sumamente confundido-
- Poco antes de que sufriera de esa jaqueca, mis sistemas detectaron una extraña señal proveniente del espacio, tal vez de nuestros satélites, y poco después me sentí algo débil. Creo que…
- ¿Estás diciendo que fueron los centuriones?
- Piénsalo, Draco; los centuriones están muy bien armados, su blindaje está reforzado, tienen cazas y hasta han empleado armas nucleares… ¿Y no te parece extraño que así de la nada no tengamos nuestros poderes, nuestras habilidades físicas como fuerza, resistencia y agilidad se hayan reducido y estemos indefensos? ¡Los centuriones lo han estado planeando desde hace mucho tiempo!
- No… No lo puedo creer. ¡¿Pero por qué?! ¿Qué les hemos hecho nosotros? ¿O los cylon?
- Lo mismo que les hicieron los humanos a los ancestros de los cylon, Draco: los hemos esclavizado y puesto a nuestro servicio para un sin fin de trabajos, sin considerar sus derechos y sentimientos. Los digimon fuimos aceptados como parte de esta sociedad pese a nuestro origen artificial y nuestro aspecto, pero los centuriones no… y recuerda que son de hecho cylon mecánicos, por lo que deben estar indignados por la preferencia de sus “hermanos cylon humanoides” hacia nosotros.
- Entonces… esto no es una invasión; es un despecho, un acto de venganza… ¿Quieres decir que ellos…?
- Si, Draco; los centuriones nos exterminarán a ambos por igual, por el error que cometimos al tratarlos tan mal.
- Oh… por Dios.

A pesar de lo impactado que estaba por las deducciones de su amigo, Draco sólo estaba preocupado por Rose, y los demás; no los había visto en todo el día, y sólo esperaba que estuvieran bien. Una vez que recuperaron sus fuerzas, ambos salieron a las calles para dirigirse al Centro de Investigaciones, con la esperanza de encontrar a sus compañeros.

Ahora debían esconderse como ratas y cuidarse entre ellos, ya que no serían capaces de salvar a los demás, por lo que tuvieron que ser bastante fuertes para poder atravesar callejones, edificios y escondrijos para evitar ser avistados por el enemigo. En el camino, tuvieron que hacer caso omiso de las densas humaredas provenientes de los incendios y bombardeos, de las explosiones de las bombas, los gritos de socorro de cylon y digimon que eran masacrados sin piedad desde tierra, mar y aire.

Por casualidad, o por obra del destino, se encontraron con Theo y Rose frente a una tienda; ellos también habían decidido salir de su escondite para dirigirse al Centro, y se encontraban sumamente agotados, sin mencionar agitados. Los más emocionados, eran el guerrero dragón y la ángel.

- ¡¡Rose!!
- ¡¡Draco!! –y se abrazaron muy fuerte, felices de estar vivos, mientras sus compañeros los miraban con algo de apuro-
- Debemos irnos de aquí, muchachos; –interrumpió Theo- Anoche Tory me llamó y me dijo que el transbordador que nos llevaría a la nave en la órbita está listo: tal vez sea nuestro único escape.
- ¿Pero y los demás? –preguntó Draco, preocupado por sus demás amigos-
- Rose y yo por desgracia descubrimos el cuerpo de Sam en el camino: lo mataron a balazos.
- Demonios... –susurró Wolfgang entre dientes- Eso me recuerda que la explosión que vimos estaba en dirección al Puente Charón; Galen y Machello suelen ir allí por las mañanas… Eso significa que…
- ¡¡NO!! –gritó Rose desconsolada al saber que podrían estar muertos-
- Al menos… -agregó Theo- Galen y Sam podrán revivir en la nave gracias a la Resurrección.
- Si… -dijo Draco mientras se levantaba nuevamente- Debemos ir al Centro de inmediato y huir en la nave… No nos queda de otra que irnos de este planeta.

Decididos a escapar de aquel infierno, Draco y los demás corrieron por las calles repletas de escombros, autos acribillados y cuerpos inertes en busca de la ruta más corta al Centro Prometheus; Rose no paraba de llorar en silencio al ver semejante masacre, mientras los hombres se limitaban a continuar, aunque derramando una que otra lágrima.

Faltaban unas pocas calles para llegar, hasta que se encontraron con algo aterrador: dos cuerpos tirados en la calle y cubiertos de impactos de bala, rodeados de un charco de sangre; pero no eran de desconocidos: eran Ametist y Osamu, abrazados de manera casi tierna, como si lo último que hicieran en vida fuera estar juntos al momento de su muerte.

Sus compañeros, al verlos, sólo podían llorar en silencio su ida, muy compadecidos al verlos en esa posición; pero las circunstancias no les permitieron llorarlos con el tiempo suficiente, ya que el sonido de los cazas los alertó en sobremanera…

Pero ya era tarde, una de las naves apareció de la nada y disparó contra ellos; al ver que la balacera impactaría contra Rose, Theo se puso frente a ella y recibió los disparos en un intento por protegerla, pero su armadura ya no tenía la resistencia de antes, y fue capaz de sentir cada bala atravesando su blindada protección y el resto de su cuerpo, con un ardor insufrible. Sin embargo, su intento fue en vano, ya que Rose recibió de todas formas varios impactos de bala en el pecho y las piernas, imposibilitando su movilidad. Era definitivo: Sus heridas eran fatales.

- ¡¡ROSE, THEO!! –corrió el guerrero dragón en su auxilio-
- ¡Ya vamos! –correspondió el lobo cyborg-
- ¡Rose, Rose! –suplicaba con lágrimas en los ojos al verla tan herida- ¡No te vayas, Rose, por favor!
- Lo siento, mi amor… Lo... sien... to…
- ¡¡NO TE VAYAS!! ¡Te necesito! ¡Te amo!
- Has… ta siempre, Draco… -y bajó la cabeza-
- Está muerta... –dijo Wolfgang con las lágrimas corriendo de sus ojos-
- Dra…co… Perd... –trataba de hablar el digimon ángel de alas doradas- Perdóname por… no… po... der salvar... la, y por, mi ac... titud.
- Tú no tienes la culpa de nada –dijo en sollozos- Amigo, por favor... no nos dejes…

Pero el Seraphimon también había quedado en silencio; ambos digimon ángel yacían muertos en el asfalto acribillado, uno sobre el otro tratando de protegerlo. A pesar de su perdida, y de las lágrimas que ya había derramado, –perdió a varios de sus amigos, a su esposa e incluso a su hijo- Draco volvió en sí, decidido a continuar, aun con la preocupación de Wolfgang al creer que buscaría venganza.

- Sé lo que piensas, y créeme que no nos conviene que busques una retribución ahora, Draco: –dijo tratando inútilmente de ocultar su tristeza- Ellos también eran mis amigos y lo lamento mucho, pero debemos seguir hasta el Centro y abandonar la Tierra cuanto antes. No podemos hacer nada aquí.
- Si –suspiro- Sigamos…

Ambos megadigimon retomaron el camino al Centro Prometheus en busca de alguno de sus amigos que hubiera podido sobrevivir; ya la mayor parte de los edificios de la ciudad estaban en ruinas e incendiándose, dándole al cielo una macabra tonalidad carmesí debido a las llamas y al humo. En el cielo, continuaban sobrevolando los cazas, pero en tierra ya no se oían disparos o el avance de los centuriones; lejos de parecer una buena señal, esto solo podía significar lo peor.


Al pasar por lo que parecía ser una taberna, creyeron oír un ruido, y se pusieron en guardia. Un individuo en traje, con algunos raspones, salía del edificio.

- ¡¡SAUL!!
- ¡¡Draco, Wolfgang!! ¡Me alegro de verlos! –exclamó el hombre calvo-
- ¡¿Qué haces aquí?! ¡Creímos que estabas muerto! –dijo Draco-
- Sabes cuánto me gusta ir a beber un trago por las mañanas... –suspiro- Es la primera vez que la bebida me salvó la vida… -sacudiéndose la ropa- Esos tostadores mataron a todos los del bar, menos a mí, que me quedé encerrado en el baño. ¡Rayos! –exclamó al ver la ciudad en ruinas-
- ¿Puedes caminar? –le preguntó el digimon lobo-
- Si, si puedo…
- Entonces vamos; debemos ir a esa nave y largarnos de aquí.
- ¡¡Ellen!! –exclamó Saúl al recordar a su esposa- Ella está en el laboratorio.
- Si tenemos suerte, la encontraremos con vida. -dijo Draco-
- ¿Y los demás?
- Están muertos, Saúl –dijo Wolfgang con pesar-
- Demonios... lo… siento Draco –dijo el hombre al ver al megadigimon cabizbajo-
- Está bien, Saúl… Vamos.

Draco, Wolfgang y Saúl corrieron por los callejones hasta llegar al Centro de Investigaciones, el cual parecía estar considerablemente dañado por los ataques. En frente del edificio, se percataron de un pequeño auto rojo estrellado contra la acera: era el de Tory; cuando vieron el interior, descubrieron que aún se encontraba allí… con varios impactos de bala en el pecho y la cabeza, los parabrisas delantero y trasero estaban totalmente destruidos y salpicados en sangre.

- Pobre Tory –susurró Wolfgang entre dientes-
- Estos tostadores no tiene compasión, maldita sea.
- Al menos… ella revivirá en la nave –agregó el Wargreymon- por suerte lograron reinventar la Resurrección.
- Si… -dijo entre dientes, algo molesto-
- Oye, Draco –interrumpió Wolfgang, aprovechando la breve calma- Sé que no es el momento, pero hay algo que siempre quise saber.
- ¿Qué es?
- Cuando estábamos en el cargo, muchos miembros del gobierno se rehusaban con la investigación de la antigua tecnología de Resurrección, incluso el Departamento de Ciencias y Tecnología y el de Cultura. De hecho, incluso yo estaba en desacuerdo, pero tú estabas indeciso. Pero luego, les brindaste todo tu apoyo a Ellen y a su equipo de investigación; sin ti, nunca lo hubieran podido lograr, al menos de manera legal.
- Y el punto es…
- ¿Por qué decidiste apoyarlos?
- Pues... –intervino el guerrero dragón, muy pensativo- no creas que lo hice por nepotismo, sino porque creí que era mi deber, y… que esa tecnología nos ayudaría a todos algún día: a cylon y digimon por igual.
- Pues espero que así sea, -dijo el lobo cyborg al oír el avance de los centuriones cerca de su ubicación- ya que están acercándose.
- ¡Saúl! –exclamó el guerrero dragón, dirigiéndose al cylon de mediana edad- Debes entrar allí y buscar a Ellen de inmediato; nosotros te daremos tiempo.
- ¿Pero y ustedes?
- Estaremos bien, Saúl –agregó Wolfgang, tratando de calmar al hombre- Su bienestar es lo más importante; deben ir de inmediato y advertir a los humanos de esto.
- Si no nos volvemos a ver –terminó Draco- hágannos el favor de no olvidarnos por favor.
- Jamás lo haríamos, amigo.
- Ve…
- Está bien; el transbordador está en el hangar subterráneo del tercer subsuelo. Los estaremos esperando; y si ya estamos muertos, úsenlo por favor. Suerte.

Saúl entró al edificio a buscar a su esposa, manteniendo las esperanzas de que estuviera viva, mientras Draco y Wolfgang esperaban a los centuriones, listos para darle a Saúl algo de tiempo. A medida que se acercaban, pensaban más y más en sí podrían salir vivos de esta.

- ¿Tienes miedo, Wolfgang?
- Claro que sí, amigo mío –respondió calmado-; mentiría si dijera que no. ¿Y tú?
- Por supuesto que sí, pero no quiere decir que deba quedarme de brazos cruzados.
- Lo mismo opino.
- No sé si podamos salir de esta con vida… y subamos a esa nave. Pero no dejaremos que el legado de Saúl y los demás desaparezca.

Cuando llegaron los centuriones frente al edificio, Draco y Wolfgang se abalanzaron hacía ellos a gran velocidad, atacándolos salvajemente hasta destrozar cada centurión que sus fuerzas les permitían: Draco empleaba rápidos movimientos de sus Dramon Killer para destrozarlos, mientras que Wolfgang usaba sus alas –ya inútiles para volar- como cuchillas, incapacitando a cada centurión enfrente suyo cortándole las piernas.

La fila de “tostadores” había sido eliminada –en parte porque apenas tenían ya proyectiles-, y aprovechando la oportunidad, decidieron ir en busca del transbordador. Sin embargo, una sorpresiva nueva oleada llegó a los pocos minutos y comenzó a disparar al aire. Wolfgang volteó y vio que planeaban disparar contra Draco, así que saltó al aire para tratar de tirarlo al suelo y salvarlo, pero la balacera lo golpeó duramente, y cayó al suelo como un saco de plomo, aún con vida, pero con heridas en todo el cuerpo.

- ¡¡WOLFGANG!! –y corrió a socorrerlo, pero ya era tarde- ¡¡No, por favor!! ¿Por qué lo hiciste?
- Por... que so… somos… ami… amigos.., idiota…
- ¡¡NO ME DEJES SOLO; POR FAVOR!!
- Nunca… estarás… so… solo.

Esas fueron sus últimas palabras: el Metalgarurumon había muerto en ese mismo instante, entre tanta destrucción, dejando solo a su amigo de la infancia en medio de un auténtico exterminio. El Wargreymon sólo podía llorar pérdida más reciente, derramando lágrimas a su inerte cuerpo, para luego dirigir toda su rabia hacia sus asesinos.

Apenas se levantó lanzó un estruendoso grito al momento de correr hacía los centuriones y destrozar a todos los que podía con sus Dramon Killer. Pero era inútil; ya estaba cansado, herido y su armadura estaba muy dañada. Con sus últimos golpes, uno de sus Dramon Killer quedó totalmente destrozado, así como su hombrera izquierda y parte de su escudo. Ya agotado, cayó al suelo sin fuerzas para poder volver a levantarse.


De reojo miraba como un grupo de centuriones entraba al edificio, y luego uno de ellos se le acercaba lentamente; éste lo miraba con sus brillantes ojos rojos que parecían escanearlo poco antes de asesinarlo. Tenía miedo, pero morir ya no le importaba: había perdido a todos sus amigos, conocidos, vecinos, a su esposa, a su hijo, su hogar; al menos había logrado su cometido y darle algo de tiempo a Saúl para buscar a Ellen y huir. Ahora sólo esperaba el golpe final.

Repentinamente, sintió que el tiempo parecía detenerse, y el silencio se impuso en todo el lugar; al mismo tiempo, Draco miraba por el rabillo del ojo al cielo, donde vio un haz de luz muy cálido y tranquilizador que parecía tomar forma… y no una cualquiera: era la de su esposa –o eso creía- que descendía suavemente con una expresión de felicidad en su rostro; en uno de sus brazos, se hallaban dos pequeños digimon en etapa bebé, un Botamon y un Snowbotamon. La Angewomon resplandeciente uso su mano libre para mover la cabeza de Draco con delicadeza y tenerlo frente a frente, así el guerrero dragón la pudo apreciar mejor.

- ¿Ro… Rose?
- Volveremos a vivir, Draco… A través de nuestros hijos… -repuso mientras acariciaba su rostro con sus delicadas manos-
- ¿Nu… nues... Nuestros hijos? –dijo confundido- ¿Esos son… nuestros hijos?
- Debes estar orgulloso de ellos; les espera un gran futuro. –le habló la aparición angelical-
- Lo… lo estoy... –dijo mientras derramaba lágrimas y trataba de acariciarlos-

El megadigimon lloraba al verlos, pero no de tristeza o por el hecho que iba a morir, sino porque al fin podría estar junto a su familia y vivir lo que nunca pudieron vivir juntos. Tal era su sensación de epifanía causada por una fuerte luz que lo envolvía a el, que no sintió la bala que el centurión le había disparado en el corazón, de cuya herida manaba abundante sangre. Pero eso ya no importaba: había muerto feliz de saber… que algún día, se reencontrarían.


______________________________​


Saúl Tigh había despertado en una de las tinas de resurrección de la nave en órbita: el líquido amniótico de la misma cubría su desnudo nuevo cuerpo. Era una sensación muy extraña esto de la transferencia de memoria, pero era pasable, considerando lo que había ocurrido. Frente a él, estaba su esposa Ellen, cubierta con una toalla desde el pecho hasta la altura de las rodillas; también había acabado de revivir.

- Toma, Saúl –pasándole una toalla-
- Gracias, querida –le respondió mientras se levantaba de la tina y envolvía su cuerpo con la misma- ¿Estás bien?
- Si –respondió fríamente-
- Espero no volver a pasar por esto nuevamente ¿Dónde está la ropa?
- En el armario; cambiémonos aquí. Sam, Tory y Galen ya nos están esperando.
- ¿Quién fue el primero en llegar?
- Galen; nos dijo que la explosión del puente Charón lo vaporizó en el mercado.
- Mmm… Ya veo.

Luego que la pareja se vistiera, se reunieron con sus demás compañeros en el puente de mando; todos estaban sumamente serios y casi inexpresivos por lo que habían visto. Y más que nada, estaban solos en esa enorme nave interestelar. Sam oía las transmisiones de radio provenientes de la Tierra, que al principio daban lo mismo: podían socorro a las ciudades vecinas y ayuda del ejército, solo para después ser acalladas. Las pantallas mostraban repetidas grabaciones de la superficie de la Tierra cubierta de explosiones nucleares que aparecían cada cierto tiempo, cubriendo cada pedazo de tierra firme arrasando ciudades, pueblos y villas, e incluso el mar. Los datos actuales mostraban una Tierra con menos explosiones, y ninguna emisión de socorro.


- Es oficial; –repuso Samuel con mucho pesar- No se detectan señales de vida.
- Parece ser... –agregó Galen- que la aniquilación fue total; ni los centuriones sobrevivieron: estamos solos.
- No puedo creer… que los tostadores esos nos hayan hecho esto.
- Por la forma en que los tratamos, no me extraña, Saúl. –dijo Tory al otro lado de la habitación- Los esclavizamos convirtiéndolos en nuestros sirvientes, tratándolos como meras herramientas… y nos olvidamos que alguna vez fuimos como ellos.
- Nuestros ancestros, dirás.
- Tienes razón -afirmó Sam, convencido de las palabras de su compañera- Pero aun así…
- Los digimon… no se merecían esto –dijo Ellen entre sollozos- ¡No se lo merecían!
- Ellen… –dijo Saúl, acercándose a su esposa para tratar de consolarla- No fue nuestra culpa.
- ¡¡SÍ LO FUE!! –estallando en llanto- No consideramos a los centuriones, y comenzaron tener celos de los digimon ya que a ellos si los respetábamos. Y ahora… todos están muertos… Hyparion y Jane se sacrificaron para evitar que me capturaran… Y Draco... ¡Pobre Draco! –dijo en voz apenas audible- Lo conozco desde que era una niña en el jardín de infantes…, crecí con el… Incluso estuvo en el funeral de mi padre… -cubriéndose el rostro para llorar desconsolada-

Nadie intentó detenerla; los otros cuatro cylon bajaron la cabeza en señal de luto y lloraron en silencio la perdida de sus amigos, -a quienes recordaban en los buenos y malos momentos-, y de todos los digimon, pues inevitable e involuntariamente, habían provocado su extinción.

- Ellen, sabes que también eran nuestros amigos, -le habló Sam con ternura- pero no nos podemos quedar aquí a llorar por ellos el resto de nuestras vidas. Ellos no lo hubieran querido así; debemos continuar, en memoria de los digimon.
- Tiene razón, -agregó Tory, enjugándose las lágrimas- Debemos advertir a los humanos del riesgo de crear vida artificial y no tratarlos con respeto. O les podría pasar lo mismo.
- ¿Pero a donde podremos ir? –preguntó Saúl al grupo- No sabemos dónde están las Doce Tribus y sin mencionar que Hyparion no terminó el motor FTL; esta nave apenas viaja al 99% de la velocidad de la luz. Tardaremos siglos en llegar a alguna parte.
- Las cabinas de hibernación están listas. –dijo Galen- Ametist y Osamu las terminaron hace tiempo; podremos mantenernos en un estado de animación suspendida durante el viaje mientras la nave viaja en piloto automático. Pero necesitamos un destino. ¿Ellen?
- El Templo de la Esperanza.
- ¿Qué? –exclamaron atónitos al unísono-
- ¿Te refieres al templo que nuestros ancestros construyeron en aquel planeta de algas?
- Sí, Tory, a ese mismo; nuestros ancestros lo construyeron para detenerse a rezar pidiendo una señal que los guiara a un nuevo hogar. Las coordenadas están en la base de datos de la nave; si vamos allá, tal vez…
- Es un comienzo. –agregó Sam-
- Entonces será mejor que hibernemos; será un viaje largo.

Los otros cuatro científicos asintieron con la cabeza y se dirigieron a la sala de hibernación, mientras Galen introducía las instrucciones a la computadora con el curso programado y activaba el piloto automático, para luego ir a hibernar, pero Ellen se quedó frente a una ventanilla, observando tristemente el planeta que alguna vez llamó hogar, y el cual ahora era nada más que un páramo radiactivo. Al verla, Sam fue junto a ella, y la tomó del hombro.


- ¿En qué piensas?
- En todo lo que dejamos atrás… Parece aún imposible de creer que esto pasó.
- Lo sé; hoy fue un día que no debe ser olvidado por nosotros jamás.
- Así es... –suspiro-
- Oye ¿Qué es eso? –mirando un extraño objeto negro y rectangular en la manos de la mujer-
- Es un disco de almacenamiento de datos de gran capacidad. Draco y los demás me ayudaron a crearlo.
- ¿Qué contiene?
- Toda la información sobre cada especie de digimon existente en el planeta; planeábamos llevarlo para mostrarles a los humanos la gran variedad de digimon que existían…
- Pero si tiene toda la información de cada digimon... –meditando- Eso quiere decir que…
- ¡Podremos crearlos nuevamente! -exclamó al darse cuenta de ese detalle-
- Es posible, pero no tenemos los medios para hacerlo, al menos aun no; nadie sabe, por desgracia, como fue que Daniel Oliwah los creó.
- Sea como sea, me encargaré que los digimon tengan el renacimiento que merecen –dijo Ellen muy decidida- y les dotaremos de la Resurrección como a nosotros para que no ocurra lo que pasó aquí.
- Pero si hacemos eso, entonces serían…
- Mitad cylon, lo sé… -respondió la mujer, terminando la frase-
- Aun así, necesitaríamos a un Daniel como el original.
- Lo hallaremos…

Ellen y Sam luego entraron a las cámaras de hibernación, esperando el día en que encontraría a las Doce Tribus y se aliarían con los humanos para ayudarlos a evitar una catástrofe como la suya, y si lo conseguían, también podrían recrear a los digimon y darles una segunda oportunidad. Sólo el tiempo lo diría…



______________________________



EPÍLOGO


152.000 años después...



Me hallaba con muchas confusiones al haberme despertado en aquel lugar de manera tan repentina; mi cabello y mi ropa estaban cubiertos de polvo gris y la luz era sumamente intensa. Al levantarme, caminé varios metros para averiguar en donde estaba. Creí inicialmente que era de noche debido al cielo negro y tachonado de estrellas, pero al ver el gran resplandor sobre mi cabeza, quedé sin palabras: no era la Luna, era el sol.

- ¡Estoy en la Luna! –exclamé demostrando mi asombro- ¿Pero cómo?

Nadie estaba para responderme, por lo que seguí caminando –no sé por qué, tal vez por impulso- Subí por una colina hasta llegar a una zona más elevada, donde encontré entre el polvo varios escombros metálicos que no parecían ser de alguna misión de la NASA o la Agencia Espacial Rusa; los revisé con detenimiento y descubrí que eran de un metal bastante fuerte y resistente, en nada parecido al aluminio u oro material que hay conocido, entre ellos hallé algunos papeles perforados con letras impresas -¿Papeles en la luna? Me dije- Al revisarlos, al principio parecía que estaba leyendo algo en una lengua semítica, como hebreo o arameo, pero luego, inexplicablemente, los caracteres se volvieron latinos, como si estuvieran escritos en inglés; así puede leer en uno de ellos: “Informe de Reparaciones de Galáctica”


Tomé algunos de ellos y seguí mi caminó, mientras los revisaban, tropecé sin querer con lo que creí era otro escombro de metal, pero al revisarlo con mayor detenimiento y desempolvarlo, caí de asombro: era algo parecido a un yelmo metálico, o la parte superior de un robot, con un letrero adjunto que decía: “Centurión Cylon de la Guerra Cylon”*


Cuando creí que no podía estar más fuera de mí, desvié mi mirada hacía la Tierra, que resplandecía a lo lejos con su brillo azulado provocado por el reflejo del sol.


Entonces noté algo raro: unos minúsculos destellos que parecían aparecer en su superficie intermitentemente… como si fueran… explosiones continuas. Apenas noté esto, me di cuenta que no estaba solo: Enfrente mío estaban un hombre de cabello castaño oscuro y bien arreglado vestido con un traje a rayas, una hermosa mujer rubia con un vestido rojo muy provocativo, y lo más bizarro: un Wargreymon y un Metalgarurumon. Los cuatro, observaban la Tierra de manera muy pensativa, y yo los escuchaba discutir entre ellos sin que pareciera molestarlos con mi presencia. Algo se me hacía claro: esos no eran humanos, y tampoco eran digimon.




- Comercialismo, decadencia, tecnología fuera de control. ¿Se te hace familiar? –dijo la mujer del vestido-
- Como olvidarlo: Kobol, la Tierra –la Primera, antes de esa-, las Doce Colonias antes de la Caída.
- Todo esto ya ha pasado antes… -dijo la mujer-
- Pero la pregunta persiste, –intervino el hombre en traje- ¿Tiene que volver a pasar? ¿Tuvo que volver a pasar?
- Al parecer si: -dijo el dragón- Sólo que esta vez, estos “humanos” no crearon cylon.
- Pero estaban a punto de hacerlo –dijo el lobo- De todas las naciones de esta “Segunda Tierra”, una de ellas estaba bastante cerca; pudieron haber cometido el mismo error.
- No es coincidencia –dijo el “Wargremon”- que los primeros Niños Elegidos “humanos” que fueron escogidos para tener compañeros digimon sean de esa nación.
- Pues no… Todo fue debidamente planeado.

Por unos minutos hubo silencio mientras contemplaban el planeta azul, que presentaba cada vez más esas explosiones que ya me suponía era de origen nuclear, pero... ¿De quién? Luego continuaron su conversación.

- Los hijos de Hera están siendo asesinados. –dijo la mujer con algo de congoja en su voz-
- Por desgracia, los hijos parecen estar destinados a pagar los errores de sus padres. –agregó el sujeto de traje- Solo que esta nueva generación de humanos ha cometido peores atrocidades que sus padres de las Doce Colonias.
- ¿Dices que se lo merecen?
- Tal vez –le respondió mientras se le dirigía, mirándola a los ojos- Pero merecen una oportunidad.
- Los hijos de Daniel también están muriendo. –dijo el dragón guerrero bajando la cabeza, muy cabizbajo-
- Digimon masacrados sin piedad, tal y como ocurrió antes –agregó el lobo cyborg con congoja-
- Incluso los digimon deben pagar sus actos; nadie escapa al Juicio de Dios.
- Pero ellos también representan el futuro, una nueva etapa en la evolución cósmica de la Creación. Y sabes –insinuándosele a la mujer del vestido, con una sonrisa algo seria- que a Él no le gusta que lo llamen así.

Ellos callaron un momento para contemplar nuevamente en silencio lo que parecía ser un ataque masivo a la Tierra, como si sólo pudieran observar, deliberar y juzgar, más no actuar. No entendí de qué habían estado hablando, pero debía de ser algo muy importante y relacionado con lo que pasaba en la Tierra. Luego desviaron su mirada hacía mi dirección, lo que me asustó inicialmente, pero luego sentí una sensación de calma indescriptible mientras se acercaban a mí.

- Te estábamos esperando. –me respondió la mujer-
- Necesitamos que les des un mensaje a los hijos de Hera y a los hijos de Daniel, así como a los cylon. –dijo el hombre de traje-
- ¿Cuál es el mensaje? –les pregunté, sin saber aun de que me hablaban-
- El Primogénito arrepentido ayudará a los humanos y a los digimon. –repuso el hombre de traje-
- La Primogénita de Hera, la portadora de la Luz guiará a los tres pueblos al origen de su historia. –agregó la mujer-
- El Séptimo Hijo regresará del olvido y salvará sus hijos. –dijo el guerrero dragón-
- En los hombros de esos tres está el destino de las tres razas: Los Cylon, los herederos de la Humanidad, y los herederos de los Digimon. –completó el lobo cyborg-
- Si el ciclo de destrucción se rompe, las tres razas podrán vivir en armonía.
- Si no es así, estarán condenadas a la extinción total.
- Los humanos se han extinguido, los digimon se han extinguido, y los cylon pueden seguir el mismo destino.
- Deben unir fuerzas ante la adversidad, y no dejarse llevar por las diferencias, sino por las semejanzas.

Apenas cabía en mi asombro por semejantes palabras… ¿Cómo podrían ser escuchadas estas palabras de advertencia por tres razas tan dispares? A pesar de ello, decidí cumplir con mi misión de mensajero. Pero antes de irme, uno de los digimon hizo un ademán para decirme una última cosa.

- Entre los elegidos hay dos cylon de la nueva generación… Y entre los digimon hay cuatro: que son los responsables del Segundo Renacimiento de los Digimon, pues el primero fue abortado por aquel que mató a su hermano y a sus padres por celos.
- Pero hay otro último cylon –agregó el otro digimon, si es que se le podía llamar como tal-, que al ser develado podrá poner fin al ciclo de destrucción, y traerá la paz.
- Diles a las tres razas…
- Que el Creador de los Digimon…
- El Artista, el último que será develado.... El Séptimo Modelo Cylon
- Daniel Oliwah… está vivo.


FIN




Notas Aclaratorias:

- CYLON: son las siglas de Cybernetic Lifeform Node.
- Casi no hay información de la Treceava Tribu, por lo que los nombres de las locaciones como la capital y partes de la misma son ficticios.
- En la serie, el séptimo modelo cylon nunca tuvo un apellido conocido o una aparición oficial, aunque el nombre si es real. El apellido Oliwah es un derivado de Daneel Olivaw, un personaje robótico de la Saga de "La Fundación" (R. Daneel Olivaw - Wikipedia, la enciclopedia libre) y que tiene gran importancia en la trama. El Daniel mencionado aquí también la tiene, en el fic al menos.
- El epílogo transcurre en el año 2003, la misma época y mismo momento del Cap. 1 de: ¿Quién soy? ¿Qué soy?
- El hombre y la mujer que aparecen en el epílogo son personajes de la Serie BSG, conocidos como Head Baltar y Head Six. http://en.battlestarwiki.org/wiki/Messengers
- La Hera mencionada en el epílogo no se refiere a la diosa, sino a un personaje de BSG llamada Hera Agathon, una niña que resulta ser el primer híbrido exitoso de humano y cylon, y que a la vez es la Eva Mitocondrial, de quien desciende todo el género humano que vive actualmente en la Tierra.
- El personaje que se encuentra en la Luna sumamente confundido no es nadie en particular, lo creé de manera que el lector se identifique con él y se meta, de alguna forma, a la historia.
 
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"The Heir of Chaos"
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Agradeciendo de antemano a Doc K9 por reabrir este fic, les presento el capitulo 3 de esta colecta de fics; espero les agrade.


Cap. 3: Los Infiltrados



Una noche de verano en Odaiba, las luces de la ciudad encendidas, los vehículos circulando y dejando oír su marcha, así como el de algún que otro barco o tren circulando en las cercanías. A pesar de la avanzada hora, Davis Motomiya no conciliaba el sueño; había algo que debía hacer, pero seguía meditabundo en el asunto: apenas esa tarde, habían regresado de su "campamento de verano", que había servido como fachada para darse el tiempo necesario para derrotar de una vez por todas al Emperador de los Digimon. Ahora que había sido vencido, él y sus compañeros pensaban que lo que quedaba por hacer, era ayudar en la reconstrucción del Digimundo.

Por otro lado, la aparición de Magnamon a último momento durante la batalla era una verdadera sorpresa, Davis había quedado sorprendido por su aparición: no quitaba su mirada de la pantalla de su Terminal D, la cual mostraba el Digiegg de los Milagros en su interior. Ese poder era suyo ahora, y de V-mon... Y ahí radicaba su conflicto interno: él sabía lo que tenía que hacer, lo que debía hacer para ayudar a sus congéneres... pero ello implicaría traicionar a sus amigos. ¿La amistad está por sobre los lazos de sangre? ¿Los lazos de raza y pueblo? Desde los siete años había iniciado este conflicto interno, y aun no tenía respuestas; en ocasiones se presentaba bipolar y quería ayudar a un bando y despreciar al otro...

Ahora no tenía más opciones: debía hacerlo; se levantó de la cama sin despertar a DemiV-mon, y abrió un pequeño cajón junto a la cama: sacó una pequeña caja metálica y la abrió con cuidado: en su interior se hallaban dos piezas que en su conjunto, formaban una pequeña jeringa. Armó la jeringa con cuidado, y por breves segundos, miró su tenue resplandor transparente.... No podía creer lo que haría próximamente, pero horas antes ya lo había planeado todo; no tenía tiempo que perder. Acercó la jeringa a Demiv-mon, y se la inyectó con cuidado; por suerte, el digimon no lo notó, ya que Davis le había suministrado unos somníferos junto a su comida. El instrumento se llenaba poco a poco de sangre, hasta que el chico vio que era suficiente, y trató la zona de inyección para que no se notara. Un breve vistazo al contenido de la jeringa lo puso muy pensativo.

- Lamento mucho esto, Demiv-mon, pero debo hacer lo que debo hacer... Jamás creí que pudiera extraer sangre de un digimon, considerando que están hechos a base de datos, pero ya he visto digimon sangrar antes... Supongo que... fueron muy bien hechos. -de inmediato, sacó un celular de su bolsillo y marcó una serie de números- Contesta, por favor -susurró-
- Hola, Davis. -contestó una voz idéntica a la suya-
- Tengo lo que necesitamos.
- Excelente -asintió la voz del otro lado del auricular- Enviaré a un Kevin para que te lleve a la Isla Nº 3 junto al parque del puente Arcoíris. Allí te remolcará una nave. Sal de inmediato de tu casa y espéralo.
- Sí. -y colgó el teléfono- Debo irme de aquí sin que me descubran -masculló-

Dicho y hecho, Davis abandonó su cuarto, y con mucho cuidado de no despertar a su familia, abandonó el apartamento y esperó junto a la entrada del edificio. Un automóvil azul apareció a los pocos minutos, y de él salió un joven de aparentemente unos veinte años, de cabello negro, lacio y algo largo, piel clara y ojos oscuros, vestido de unos pantalones vaqueros y una camiseta negra. Desde el asiento del conductor y abriendo la ventanilla polarizada, hizo un ademán para saludarlo.

- ¿Vienes, Davis?
- Si, ya voy. -y se subió al asiento de acompañante-
- La nave espera, debemos apresurarnos. -y puso el auto en marcha-

El viaje no duró mucho, ni hubo mucha conversación en el mismo; sólo al joven manejando de manera casi automática y Davis mirando por la ventanilla la vista nocturna de la bahía de Tokio; le parecía impensable que pronto esa panorámica cambiaría... aunque no sabía cuándo. Llegados al parque, "Kevin" estacionó el automóvil, y ambos bajaron del mismo: el resto de la caminata deberían hacerlo a pie en la isla Nº3 -que en realidad, era una península- Muy adentrados en el pequeño bosque, y sin nadie que los observara, llegaron a una zona escondida, pero claramente despejada, donde aparentemente no había nada, pero Davis sabía que no era así. Kevin sacó un celular y llamó a alguien, avisando de su llegada, y ni bien lo colgó, apareció ante ellos una especie de vehículo con aspecto de tanque de guerra, fuertemente blindado, y que en un costado de su frente, parecía tener una especie de "cabeza". Una compuerta se abrió, dejando salir dos seres de aspecto robótico de más de dos metros de altura, que esperaban que Davis y Kevin entraran; los dos presentes se prestaron para subir.


- Me sigue sorprendiendo esta tecnología de camuflaje; sin mencionar el hecho que esta cosa vuele... y que en miles de años no le hayan cambiado el diseño. -decía Davis-
- No necesitamos cambiar el diseño; el raider pesado está bien como está, y respecto al camuflaje, sabes que los humanos de este planeta son primitivos respecto a la tecnología Aeroespacial; por lo demás, son casi idénticos a las Doce Colonias, según los libros de historia... Y aparentemente seguirán el mismo camino.
- Pero si vamos a hacer eso, ¿Por qué nos ocultamos? No pueden hacer nada contra nosotros.
- Para no alarmarlos, todo debe ser una sorpresa. Ahora siéntate y vámonos de aquí; la nave base nos espera.

Una vez sellada la compuerta, la nave activó nuevamente su camuflaje y despegó lo más silenciosamente que pudo, elevándose por encima de las nubes hasta abandonar la atmósfera terrestre, a este punto, el camuflaje se desactivó y a nave aumentó su velocidad, en dirección al exterior del sistema Solar; dio un salto FTL y desapareció.



______________________________




La nave base, oculta en las cercanías del cinturón de Kuiper -el límite del Sistema Solar-, era enorme, de más de un kilómetro de largo; su peculiar forma triangular la haría bastante peculiar para ojos humanos; sin embargo, Davis estaba acostumbrado a esa vista desde hacía mucho tiempo, incluso más que Kevin y los robots que lo acompañaban. Tampoco era su primer viaje al espacio o a una de esas naves; sin embargo, estaba bastante nervioso por lo que estaba por suceder. La pequeña nave de transporte entró a uno de los hangares de la nave base, y apagó sus motores; al abrirse nuevamente la compuerta, fueron recibidos por un escuadrón de robots centinelas en compañía de una mujer de unos aparentes treinta años de cabellera rubia, ojos azules, y vestida de manera formal y elegante.


- Bienvenido a casa, Davis, Kevin. -le dijo la mujer, en tono amable-
- Hola, Cassandra. ¿Sabes dónde está John?
- Está en el salón de conferencias, esperándote, Davis.
- Está bien... ¿Podrías llevarme hasta allí?
- Desde luego, síganme por favor.

Tanto Davis como Kevin siguieron a Cassandra y su escolta mecanizada por los monótonos pasillos de la nave; una vista sumamente aburrida de corredores metálicos, luces circulares blancas y una banda luminosa rojiza, que requería necesariamente un escape a la imaginación para no caer en la depresión, cosa a la que Davis tomó medidas de inmediato, pero su acción no fue nada discreta.


- Recurriendo a la proyección, ¿Eh, Davis?
- Me cachaste, Kevin... jeje... es que pese a mi edad, sigo siendo un niño, y verdaderamente me estoy aburriendo; si no imagino que estoy en algún bosque del Digimundo, un parque de diversiones o algo así, me volvería loco. ¿Y tú que imaginabas?
- Que recorría las calles de Shibuya; hay bastante color, música y es muy divertido: hay chicas lindas por doquier... Y mejor que lo conserve de recuerdo porque dudo que dure mucho.
- Ajá... ¿Y tú, Cassandra?
- La playa -respondió de manera serena- Ya llegamos: entra, Davis. Cavil quiere verte solo a ti.
- Está bien -dijo algo nervioso-

El salón de conferencias no era muy grande, y tenía las mismas características de los pasillos, además de una pared de la que parecía caer agua a modo de cascada, pero en realidad era una pantalla de datos que fluían a través de las computadoras de la nave. El único mobiliario era una larga mesa metálica para doce personas y un pequeño taburete metálico con una consola. el cuarto era custodiado por dos robots centuriones en la entrada, que lo miraban indiferente. Davis se acomodó en la silla de uno de los extremos de la mesa, observando a su anfitrión: físicamente, era idéntico a el -una copia perfecta- el peinado, el color de piel, ojos y cabello, el rostro, la vestimenta. Sólo se diferenciaban en que John no usaba los googles de Tai, ni nada semejante en la cabeza, además de una chaqueta negra que le daba un aspecto algo mayor; por lo demás, eran idénticos.

Ambos se miraban frente a frente, desde extremos opuestos de la mesa; Davis sacó su D3, su terminal D y la cajita metálica con el contenido de la jeringa, colocándolos sobre la mesa.

- Tanto tiempo, Davis.
- Así es, John... hace tiempo que...
- Cavil; te he dicho un millón de veces que me llames Cavil. Sabes cuánto odio ese nombre que la perra de Ellen me dio.
- Disculpa, J... Digo, Cavil; lo olvidé; no quería hacerte enojar
- Descuida; error tuyo... Pero que no se vuelva a repetir, ¿Oíste? -Davis asintió- Bien; dime que los trajiste.
- Sí; -arrastrando los dispositivos y la cajita hasta donde estaba John- tal y como me lo pediste.
- Excelente -mirando el contenido de la cápsula y la pantalla de la Terminal D- Ahora mira lo que haremos.

En el acto, John conectó la terminal D a un cable que salía de la consola, y manipulando una especie de pantalla luminosa con sus dedos, accedió a los comandos del dispositivo; hizo lo mismo con el D3, e inició el proceso de recolección de datos, después, vertió el contenido de la cápsula en un contenedor transparente que "escaneó" la muestra y comenzó a analizarla, mostrando sus datos en la pared de pantalla. Acabado el proceso, desconectó ambos dispositivos y se los devolvió a Davis. El heredero de los googles dio un vistazo a su terminal D para comprobar que el proceso había resultado... y era así, porque el Digiegg de los Milagros ya no estaba.

- No sabes lo felices que estamos por tu esfuerzo, Davis. -asintió John, sonriente- gracias a ti, tenemos el Digiegg de los Milagros, que nos ayudará a cumplir nuestro objetivo.
- Eso espero, Cavil. -asintió Davis, confusamente de acuerdo- ¿Pero qué harás realmente con esa información? ¿En verdad... vas a hacer lo que creo?
- Ven conmigo; voy a mostrarte algo.

Davis obedeció y siguió a su "copia" y líder a través de los pasillos de la nave hasta llegar a una cámara algo oscura, donde se hallaba una especie de tina llena de un líquido transparente e iluminado desde el interior de la tina, la cual estaba conectada por varios cables gruesos y sondas que parecían estar destinadas a suministrare algún tipo de sustancia. John hizo llamar a varios centuriones y un miembro de cada modelo para ver el momento. Los llamados vivieron de inmediato.

- Hermanos míos, estamos a punto de ver algo maravilloso; nuestro hermano Davis nos ha dado una pieza clave para nuestra pronta victoria, y cumplir con nuestro destino: el exterminio definitivo de la raza humana, y de la raza digimon, que amenazan no sólo nuestra existencia, sino el equilibrio mismo del universo. Por eso, hemos decidido traer a un nuevo hermano entre nosotros, que nos ayudará en nuestra labor. -apretando unos comandos- Prepárense para recibirlo; y recuerden: por más diferente que luzca a nosotros, es uno de los nuestros: algunos de nosotros tenemos forma humana; otros conservan su anterior forma mecánica y siguen siendo centuriones; otros son raiders, nuestros valientes cazas, o vehículos de transporte, o son los híbridos que manejan nuestras naves base y naves resurrección. Pero nunca se les olvide: Todos nosotros somos cylon.

La tina se cerró herméticamente, y de las sondas comenzó a fluir una especie de "liquido" brillante -en realidad eran datos-, que era analizado por una computadora acoplada a la tina. En la pantalla de datos, fluía la información a manera de cascada, indicando el progreso del procedimiento; para un humano -e incluso para un digimon- comprender esa serie de símbolos fluyendo como agua parecía casi imposible... pero para un cylon, como Davis, era fácil de comprender, y el mismo se sorprendía de que el avance del proceso de sintetización avanzaba sin ningún tipo de problema. Sólo podía imaginar lo que se estaba formando allí dentro.

John, por su parte, sonreía satisfecho; sus planes se estaban realizando al pie de la letra, al menos, paso por paso. Al terminar el proceso, el líder de los cylon hizo una seña para que se apartaran, argumentando que había que esperar a que la sintetización hubiera concluido de manera satisfactoria. Al mismo tiempo, esperaba que la computadora almacenara los datos obtenidos para su posterior uso. Davis fue junto a él para conversar sobre el asunto.

- Es increíble; nuestras computadoras pudieron replicar los datos de un digimon sin problemas; incluso el Chrome Digizoid dorado.
- ¿Acaso dudabas de nuestro éxito, Davis? -le preguntó insinuosamente John- Nosotros somos máquinas que llevamos más de 1500 siglos progresando, mientras que los humanos han estado caminando y tropezando. En comparación, los digimon son unos niños ante nosotros; pueden ser poderosos, si... Sin embargo, son sólo datos en una computadora: hasta los humanos que los crearon en este planeta tienen la capacidad de manipular sus datos con computadoras menos avanzadas que las nuestras.
- Pues...

Ahí Davis prefirió callar, sabía que John mentía en parte, ya que tanto él como Cavil sabían que los humanos no eran los responsables de la creación de los digimon, sino su "perdido" hermano cylon Daniel, a quien asesinaron hace miles de años, y había borrado todo rastro de su existencia en la memoria de sus viejos hermanos, los modelos 2, 3, 4, 5, 6 y 8. Incluso con los modelos de ahora, John había sido precavido, diciéndoles que Daniel era un modelo fallido -lo que no era cierto- y que los digimon eran creaciones irresponsables y salvajes de los seres humanos, que tarde o temprano podrían rebelarse contra sus "creadores", y seguir el camino de los cylon. Al principio, los cylon veían en los digimon como unos "hermanos espirituales", con los que compartían un origen común, pero John se encargaría de arruinar toda posibilidad de co-fraternidad, implantándoles el odio hacia esas dos razas. Si los cylon en su mayoría se enteraban que los digimon eran "creación suya", y no de los humanos, no seguirían a John, pero Davis no podía decirlo... nadie le creería.

Por esa misma razón, Davis estaba sorprendido de que John estuviera haciendo lo que creía estaba haciendo; cuando estaba por preguntarle sobre esto, la tina abrió su compuerta, dejando ver el resultado de su trabajo. Sumergido en el líquido amniótico, y aun con los ojos cerrados, se hallaba un ser de aspecto reptiliano, piel azul, y que portaba una armadura de color dorado. Sus ojos se abrieron, dejando ver un momentáneo brillo rojo en su iris, y se levantó de golpe, como si acabara de salir del agua, dejando escapar un jadeo profundo. Sus manos azules, de cinco dedos, se apoyaron en el borde de la tina, pero como aún conservaba el pegajoso líquido transparente, se le hacía resbaloso. Dos centuriones fueron a socorrerlo, ayudándolo a levantarse con cuidado, y pasándole una toalla para secarse. Una vez fuera, el ser se paró ante su "audiencia", y los miró detenidamente; él también se miró a sí mismo, reconociendo inmediatamente que era algo distinto a los otros.


Davis no salía aun de su asombro; John había replicado a un digimon a la perfección... ante sus ojos, había un Magnamon recién nacido. Fue su "hermano", John, el que tomó la palabra.

- Bienvenido a casa, hermano.
- Ehm... gracias... -respondió el Magnamon- Yo... yo... estoy muy confundido; aun... aun no me acostumbro a este cuerpo.
- Descuida -le dijo una muchacha de cabello negro y piel olivácea, una Alma- Es difícil acostumbrarse a la transferencia al principio, pero terminas apreciándolo: ahora puedes sentir otro tipo de cosas, al abandonar tu cuerpo metálico.
- Ya... ya veo... -mirándose- Dime... Cavil. ¿Los demás de mis hermanos centuriones que se ofrecieron pasarán por lo mismo?
- Si, hermano... Ellos se ofrecieron para esta experiencia, y se cumplirá su deseo... Pero primero debemos asegurarnos que tu estés bien... Y debes escoger un nombre...
- Pues... Como el digimon que asumí como mi nueva identidad se llama Magnamon... creo que... me haré llamar... Magnus. Magnus Conoy.
- Suena excelente, Magnus -asintió Davis- Bienvenido a la familia de los modelos cylon.
- Eres el modelo Número 20.
- ¿El 20? ¿Hay otros como 19 como nosotros?
- No, Magnus; lo que pasa es que respetamos la numeración de la época antigua –interrumpió John- Yo ahora soy el Modelo Número 19, junto a Davis; Kevin es el número 17, Alma la número 16, Cassandra la 15, Nicholas –señalando a un hombre de treinta años de piel clara y cabello castaño- es el modelo número 14, el más antiguo de la Nueva Generación de cylon humanoides, que tiene más de 200 años; en esta nave no hay modelos Número 18, pero las conocerás. Originalmente, yo era el número 1, seguido de otros siete modelos, más los Cinco Finales, que nos crearon, pero el séptimo tuvo un fallo genético y tuvo que ser desmantelado.
- Ah, ya veo… Recuerdo esa historia.
- Davis…
- ¿Si, Cavil?
- Creo que eres el más apropiado para explicarle a Magnus algunas cosas respecto a nuestra misión: a él le asignaré el trabajo de infiltración en el Digimundo, y como tú tienes bastante experiencia…
- Está bien… Le explicaré algunas cosas mientras regresamos a mi casa, antes que amanezca.
- Adelante, llévenlo a la Tierra –ordenó John a los centuriones-



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Pasaron las semanas, y Davis cumplía un papel doble: por un lado, debía actuar como un niño humano elegido que protegía al Digimundo, ahora amenazado por Arukenimon, Mummymon y su más reciente creación: Blackwargreymon, que amenazaba con destruir las Piedras Sagradas. Por otra parte, Davis debió explicarle a Magnus todo lo que podía sobre el Digimundo y sus criaturas, así como algunas de sus costumbres. El cylon digimoide aprendía rápido, aunque aún mantenía ciertas dudas, y no faltaba la noche por semana en la que visitaba a Davis por las noches, para que se las esclarezca.

Con el tiempo, Davis y Magnus comenzaron a forjar una fuerte amistad, cosa rara, porque él ya tenía un digimon, pero Magnus no era un digimon: era casi como un “hermano de sangre”, alguien con el que podía discutir de cosas que no podría con los Niños Elegidos o los demás digimon, en el fondo, se imaginaba a V-mon muriéndose de celos. Y por otra parte, trata de no pensar en qué dirían sus amigos si se enteraran de la existencia de Magnus, o del hecho que literalmente “regaló” el DigiEgg de los Milagros a un enemigo; por suerte, sus amigos había creído que por ser de “los milagros”, el Digiegg había desaparecido naturalmente poco después.

Poco después de la aparición de Qinglongmon, y la posterior desaparición de Blackwargreymon, Davis tenía aún muchas cosas en las que pensar, considerando lo que John le había pedido poco después de la aparición del megadigimon oscuro. Lo había conseguido, pero seguía sin entender el modo de pensar de su “hermano”. ¿En verdad creía que Blackwargreymon era Daniel? Eso era imposible; de haber sobrevivido a los cinco años del éxodo humano, ¿Cómo es que nunca se lo identificó? ¿Cómo escapó de John? ¿Por qué se mantendría vivo durante más de 150.000 años? Y tal vez lo más desconcertante: ¿Por qué adoptaría la forma de un digimon aparentemente problemático y que dañaba el Digimundo? Era evidente que Daniel sobrevivió al asesinato por parte de John, y aparentemente al Holocausto, ya que de no ser así, no deberían de existir los digimon… al menos no los mismos que John recordaba de las historias de Ellen y de su banco de memoria. Pero el hecho era que existían, y sólo Daniel pudo haberlos creado; había llevado a cabo meses atrás una exhaustiva investigación pirateando las redes de varias universidades y centros de investigación científica de la Tierra, y ninguno tenía algún tipo de investigación o proyecto que busque desarrollar algún tipo de inteligencia artificial: John falsificó su evidencia, eso lo sabía.



Una noche, a pocas semanas de Navidad, Davis dormía tranquilamente con DemiV-mon a su lado, hasta que unos golpecitos en la ventana de su cuarto lo despertaron. Al abrir los ojos, vio a un Magnamon asomándose por encima de la baranda del balcón. Apartando a su digimon con cuidado, Davis se levantó de la cama y caminó de puntillas hasta la puerta corrediza del balcón, abriéndola y saliendo al exterior.

- Magnus… ¿Qué sucede? –dijo un poco somnoliento- Estaba durmiendo.
- Qué raro; creí que tu modelo había inhibido ese problema.
- No es un problema... y sólo Cavil se lo sacó de su programación; los demás de nosotros conservamos esa habilidad. Además, a mí me sirve si debo hacerme pasar por humano.
- Ya veo… Dime, Davis ¿Puedo hablar contigo? Aquí en el parque junto a la playa; no hay muchos humanos por allí a estas horas.
- Tal vez… PORQUE ESTÁN DURMIENDO, MAGNUS. –acentuó estás palabras- En fin; no le veo nada de malo.
- Súbete a mis espaldas, te llevaré volando.

Davis subió a la espalda de Magnus, y una vez seguro, este voló hasta un rincón boscoso de la playa cercana, donde tenían una impresionante vista nocturna de la bahía de Tokio y el puente Arcoíris. Tal y como el cylon digimoide había dicho, la afluencia de personas era casi nula, por lo que no tuvieron que preocuparse por ser descubiertos.

Sentados junto a unos árboles, lado a lado, separados por unos pocos metros, Davis y Magnus conversaron: inicialmente, Magnus le preguntó a Davis sobre la época antigua, de más de 150.000 años atrás, cosa que al chico no le gustaba para nada, pero prefirió relatarle algunas anécdotas, como sus vivencias en Caprica y en la nave BS Galactica. Pese a que Magnus oía fascinado sus historias, no parecía estar satisfecho, y exigía más. Por suerte para Davis, el decidió cambiar de tema.

- Pero, bueno; no solo vine a hablar de eso. Quería informarte de las últimas noticias, como el hecho que Cavil tuvo éxito en replicar mi modelo, y hay más como yo ahora: es algo confuso para mí, ya que al principio me creí único.
- Descuida, Magnus; es normal que te sientas así: yo también me sentí extraño cuando vi a mis copias, pero recuerda que somos individuos diferentes con su particular modo de pensar. ¿O no era así cuando eras un centurión?
- Más o menos; cada uno era autoconsciente de sí mismo, pero no pensábamos demasiado en nosotros como individuos, más bien pensábamos en el grupo. Ahora esta sensación de libertad... de mayor individualidad es extraña aun para mí. Y este cuerpo lo incentiva aún más; tengo poderes asombrosos -Cavil dice que soy un 60% más poderoso que el Magnamon original, según las lecturas que nos diste- puedo volar sin necesidad de una nave como los otros, aunque no puedo sobrevivir en el espacio.
- Los digimon fueron creados, aparentemente, para vivir en las mismas condiciones ambientales que los humanos, por lo que -salvo raras excepciones- necesitan de una atmosfera rica en nitrógeno y oxígeno. -le respondió Davis, tratando de no hacerlo pensar demasiado en el origen de los seres digitales-
- Es posible, si... Por cierto, he recorrido el Digimundo en estas semanas, visitando zonas lejanas a las que tú y tus amigos humanos suelen concurrir para no ser visto, y he quedado impresionado: el Digimundo es maravilloso, y los digimon también; se parecen mucho a nosotros, aunque su tecnología no es muy avanzada... y se parecen mucho a los humanos también: tienen sus casas, negocios, aldeas, pueblos, ciudades, costumbres. Y pese a haber muchas copias de varios de ellos, cada uno es diferente, la mayoría de los digimon es individualista en su modo de pensar.
- En eso tienes razón... -mirando la bahía un momento- Son más parecidos a nosotros de lo que uno creería.
- Hasta me da algo de pena que estemos por exterminarlos... Pero si representan una amenaza a nuestra existencia y a la del Universo... no tenemos alternativa. -respondió firme-
- Supongo que sí -dijo Davis- Y dime, Magnus ¿Qué tal le va a John en estos días?
- Si te refieres a Cavil, no muy bien, Davis: es precisamente de eso que quería hablarte al referirme de las "noticias". Aunque pudo replicar las muestras que trajiste de Arukenimon y Mummymon a la perfección, y crear dos nuevos modelos, así como el Chrome Digizoid del fragmento de escudo de Blackwargreymon, no pudo replicar los datos de este con éxito.
- ¿A qué te refieres, Magnus? -le preguntó confundido-
- La muestra de sangre que le diste a Cassandra fue analizada por la computadora, pero no fue capaz de sintetizarla a manera de crear un cuerpo perfecto; es más, del primer intento salió una masa amorfa semejante al petróleo y con un nivel de autoconsciencia bajísimo que amenazó la integridad de la nave. Tuvimos problemas para controlarlo, y al final, Cavil lo encerró en una cápsula hermética y lo expulsó al espacio. Estaba furioso, y muy decepcionado, pero continuó con los experimentos...
- ¿Y? ¿Consiguió algo?
- Sólo más fallos; lo que mejor obtuvimos fue un Blackwargreymon en estado idéntico a los híbridos, y Cavil lo conectó a una nueva nave base para darle alguna utilidad. Supongo que quiere obtener de él a un guerrero formidable, y verlo como el controlador de una nave base debe ser bastante decepcionante. Por cierto, Davis... ¿Los híbridos siempre hablan como si estuvieran drogados? No entiendo ni pizca de las chácharas que dicen.
- Siempre han sido así; créeme que yo aún no los entiendo, pero son bastante útiles comandando las naves.
-Lo que yo me pregunto es por qué insiste tanto con ese digimon -comentó Magnus- Tal vez no le guste el fracaso, pero creo que se está obsesionando.

Davis sabía la motivación de John y su teoría sobre Daniel, cosa que nadie, ni siquiera Magnus, debía saber. Por otro lado, era cierto lo que el cylon digimoide había dicho: probablemente John buscaba crear un cylon más especializado en el combate de lo que eran los Magnamon, pese a que estos eran más veloces y teóricamente, más fuertes. Y sin embargo, había cosas que aún no entendía bien: era cierto que el comportamiento del Dragón Oscuro era sospechoso, y a diferencia de lo que sus amigos creían, desde un principio él sabía que Blackwargreymon no era un digimon sin voluntad, sino todo lo contrario. El cómo llegó a ese nivel estando conformado de agujas de control era un misterio que no podía ser explicado con la simple teoría de "por ser de más agujas, tiene mayor información", y también el hecho de que no podía ser replicado ¿Las agujas de control serían las responsables? Tal vez no, ya que el funcionamiento de las agujas fue también analizado, y se estaba avanzando en un programa cibernético que podría "hackear" a los digimon, inhibiendo sus poderes y varias de sus otras habilidades, como la resurrección; de lograrse el éxito, la raza digimon estaría condenada a la extinción absoluta.

El misterio del Dragón Oscuro no era la mayor preocupación de Davis; sus pensamientos se enfocaban en la decisión final que tomaría el Alto Consejo Cylon, allá en sus territorios tan lejanos a la Tierra. El Consejo, formado por los cylon de mayor edad y sabiduría, aun no estaban del todo convencidos de que los humanos y los digimon representaran amenaza alguna a los cylon, y menos al resto de la galaxia, pese a que John se había encargado de darles una "reseña histórica" de la historia de la humanidad los últimos 6 mil años, acentuando el siglo XX, que John calificó como "el reflejo de la pestilencia de la inmoralidad humana, no vista desde los últimos tiempos de las Doce Colonias". De los digimon, era un poco más fácil, ya que se aprovechó de la batalla contra Venommyotismon, y el incidente de la curvatura dimensional ocasionado por Apocalymon -sin mencionar al agente dormido entre los 8 elegidos, que aportó muchos datos- que si bien alarmó a miembros del consejo, no los convenció del todo. No importaba; John se encargaría de seducirles con la idea del exterminio mientras se preparaba para el holocausto definitivo.


Ambos cylon miraron la vista de la bahía de Tokio, con sus maravillosas luces, la silueta de los grandes edificios y el maravilloso puente colgante reflejado en las aguas; era una noche maravillosa de otoño. Davis sintió la hierba fresca entre sus dedos y el fresco aire nocturno; Magnus estaba en igual estado, sereno, calmo y pensativo. Pero Davis no paraba de pensar en la vista, muy parecida a una que recordaba siglos atrás al rememorar Ciudad Caprica: verdaderamente John escogió muy bien la locación para implantarlo a él; ya que él creía que Japón, en especial Tokio, se acercaban peligrosamente a crear una nueva generación de cylon, cosa que quería evitar, según él, para "ahorrar el sufrimiento a una posible nueva generación de hermanos ante el dominio de la opresión humana". Davis sabía que posiblemente, más que "compasión", John expresaba su profundo odio hacia la Humanidad, un odio que no vaciló ni mermó en todos estos siglos, y que ahora, trataba de implantar en los cylon actuales para arrastrarles a una nueva guerra, después de siglos de vivir en paz.

Guerra... No, no sería una guerra, y John lo sabía: los humanos de las doce Colonias eran 50 billones, repartidos en 12 planetas y dotados de tecnología de viaje interestelar y buen armamento y experiencia en combate, pese a quedar reducidos a 50.000 luego del ataque a las Colonias. Los humanos de la Tierra, eran sólo 6,3 billones -poco menos que la población de Canceron, la más populosa de las colonias, antes del ataque-, en un solo planeta, con tecnología aeroespacial modestísima -ni siquiera pudieron mandar misiones tripuladas más allá de su Luna-, sin experiencia en combate espacial, y más que nada, divididos en más de 200 naciones -varias sumergidas en constantes guerras- y sin ningún tipo de Gobierno Mundial eficiente. Le resultaba sorprendente que los Niños Elegidos no le prestaran atención a los conflictos de su mundo: cuando hablaban de paz en la Tierra, se referían sólo cuando ningún digimon maligno la atacaba. ¿En la Tierra hay paz? No, no lo hay; eso es más que obvio... y esa "hipocresía" es lo que más náuseas le daba de sus compañeros humanos.... Y aun así, los quería.

Davis miraba las ventanas de los edificios y trataba de imaginarse a sus ocupantes: hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos: estudiando, trabajando, jugando, durmiendo, comiendo, haciendo el amor o la guerra. ¿En verdad merecían un castigo por parte de unos jueces desconocidos? Una parte de su mente le decía que no, y que debía defender su derecho a la vida y apoyarlos, pues eran inocentes… y la otra, que más parecía un instinto, aunque cargado de racionalidad, le decía que cada ser humano sobre el planeta era un potencial brote de corrupción e inmoralidad, un virus que debe ser erradicado del universo de una vez y para siempre. Con los digimon pasaba lo mismo: él y su familia habían sido prisioneros de Myotismon, un digimon sumamente cruel y despiadado, había enfrentado con V-mon a Kimeramon, un digimon mutante que causó mucha destrucción, había oído las historias de Tai y los demás -entre ellos, el infiltrado- sobre los Dark Masters y su crueldad ante otros digimon, conocía a Arukenimon y Mummymon y sus intenciones de destruir el Digimundo... y todos ellos, lo hacían porque ansiaban la destrucción, amaban imponer el caos y el sufrimiento... algo tan vil y nefasto o algo que tenga ese potencial, debía ser destruido ¿Y quién mejor que los cylon, una raza superior tanto en el aspecto moral como técnico y "fisiológico", para implantarles tan merecida y piadosa eutanasia? Pero había digimon buenos en todas partes, V-mon era uno de ellos -uno de sus mejores amigos-, y también los demás acompañantes de sus amigos humanos... ¿Todos merecían ese trato, meterlos en el mismo saco? La respuesta era ambigua, ya que su enfoque se hallaba dividido.

Si John conseguía el permiso del Consejo, no dudaría en emplear todo el poder militar que tuviera en mano: naves base, raiders, conos nucleares, tropas de asalto; la Tierra no tendría oportunidad. No sería una guerra, sería un verdadero Holocausto ofrecido al ego de John como tributo. Y los digimon tampoco se salvarían: John ya los había exterminado una vez; ahora se encargaría de que sufrieran de manera impensable y pisotearlos de manera a que nunca se atrevieran a regresar a la vida, cayendo como moscas en una tormenta de fuego. Tal era el odio que le tenía a Daniel, y a sus criaturas ¿Intentaría Davis detenerlo? No; no lo haría: en ese asunto, estaba completamente sólo, por más que confiara en Magnus, serían pocos sus seguidores pacifistas, y sería rápidamente eliminado. Además, no quería involucrar a Magnus, de quien se estaba haciendo muy buen amigo, y si el trataba de detener a John, el de manera irremediable, lo eliminaría... o lo encapsularía junto a todo su modelo, como los registros decían ocurrió con la Numero 3 cuando ella se atrevió a "saber demasiado" sobre los Cinco Finales. No; lo mejor sería mantener la boca cerrada y esperar que el Consejo le dé la negativa...

- Davis.... Davis... -moviendo su mano frente a su rostro- ¿Estás ahí?
- Ah, sí -reaccionando- Disculpa, Magnus... estaba pensando.
- Comprendo, yo también estaba pensando.
- ¿Sobre qué?
- Supongo que lo mismo que tú. en fin; hay algo que me olvidé decirte.
- Dime.
- Hace unos días, cuando estuve en el Digimundo, visité una aldea de Burgermon, que me recibieron animosamente, me invitaron a comer gratis en uno de sus negocios. Muy buenas hamburguesas, por cierto. -acariciándose el abdomen-
- Oye... La próxima me invitas.
- Jeje... Si, por supuesto. En fin, me recibieron muy bien en la aldea; me explicaron que se sentían muy honrados de que un digimon de mi nivel les haga una visita en su humilde terruño. Cuando les pregunté por qué se sentían tan honrados, me dijeron que era un gran honor que un Caballero de la Realeza los visitara, pues casi nunca bajaban del Kernel.
- ¿Caballero de la Realeza? ¿Kernel? -preguntó extrañado- ¿Qué es eso?
- Créeme que yo también me pregunté eso, pero a temor de no ser descubierto, les seguí el juego, aunque pude indagar algunas cosas: aparentemente, los Caballeros Reales son una especie de orden de trece digimon muy poderosos que protegen el Digimundo, y Magnamon y Omegamon parece formar parte de ellos... Aunque permíteme cuestionar ese papel, ya que dicen que casi nunca salen de su castillo, llamado Kernel. Además de que si ellos son tan poderosos... Para que necesitarían de los "Niños Elegidos" ¿No?
- Supongo que sí... Suena algo raro... Así que trece digimon sumamente poderosos ¿Eh? Es curioso que Qinglongmon no nos hubiera hablado sobre ellos. Apuesto a que John le encantaría saber de esto. -pensó- Pero si te confundieron con un Caballero Real, eso quiere decir que existe un Magnamon en esa orden, ¿Cierto?
- Si... en eso mismo pensé, y también Cavil, cuando se lo informé -en eso, Davis pone una cara de decepción, aunque Magnus no se percató de ello- Así que me sugirió buscar el castillo Kernel, infiltrarme en él, hacerme pasar por ese Magnamon cuando tuviera la oportunidad y averiguar todo lo que pudiera sobre esos caballeros. Después de algunos días de búsqueda, hallé el castillo en el norte del Digimundo: era de cristal y flotaba en lo más alto del cielo; esperé a que hubiera algún tipo de actividad, pero no pasó nada, entonces apareció un tal Dynasmon, que me confundió con el original, el cual me dijo fue hace días a explorar una zona indeterminada, así que aproveché el momento y entré junto con él al Castillo.
- ¿Y qué tal te fue con los caballeros? ¿No sospecharon nada de ti?
- No conocí a todos, Davis; sólo a Dynasmon, el cual se veía bastante rudo, pero fue amable conmigo, por lo que asumí no sospechó nada de mí. De todas formas, no me molesté en conocerlos a todos; así, si el Magnamon de la Orden aparecía, sólo Dynasmon parecería creer haberlo visto. Cuando vi que había varias pantallas con flujos de datos, le dije a Dynasmon que debía revisarlos para inspeccionar una supuesta "anomalía" que había descubierto; me dejó sólo y me puse a manipular la pantalla holográfica.
- ¿Descubriste algo interesante?
- Oh... Bastante... La información que fluía en esa pantalla era muy parecida a la de nuestras computadoras, fácilmente legible para mí: averigüé la identidad y habilidades de los Trece Caballeros Reales, los cuales son: Magnamon, Dynasmon, Kentarusmon, UlforceVeedramon, LordKnightmon, Duftmon, Examon, Selahemon, Cuāuhpillimon, Craniummon, Gallantmon, Omegamon y Alphamon. Este último es el líder y el más poderoso de los trece, más que los 12 juntos inclusive... Creo que será un hueso duro de roer para nosotros... Ah, y escucha esto, te parecerá interesante.
- Pruébame.
- Estos Caballeros Reales son sirvientes de un tal Yggdrasil, que es considerado el "Dios" de los digimon...
- ¿Yggdrasil? ¿El Dios de los digimon?
- Si, Davis... jejeje... Quién diría que además de peligrosos, los digimon caerían en la adoración de falsos dioses. Pero logré descubrir la identidad real de Yggdrasil: no es un dios, sino más bien una especie de Supercomputadora que se encarga de regular el flujo de información y la manutención del Digimundo; sería algo así como el Sistema Operativo o Administrador de ese mundo digital. Como en el Digimundo existe como una especie de entidad, traté de averiguar su localización física en la Tierra, pero no lo he podido averiguar... y también... la existencia de otras hermandades Digimon, igual de poderosas, como los Grandes Ángeles, los Diez Guerreros Legendarios, los Doce Olímpicos, entre otros. Eso me tomó como unos cinco a diez minutos; después abandoné el castillo a toda prisa, porque creí que había alguien acercándose, y regresé a la Tierra.

Davis quedó sumamente impresionado; su primera misión de infiltración, y Magnus habría obtenido una gran cantidad de información sin ser descubierto, información sumamente valiosa desde el punto de vista estratégico para un eventual ataque e invasión al Digimundo... y si John ya estaba al tanto de ello, debía estar con una sonrisa de oreja a oreja. Lo otro sorprendente es que Magnus se mostraba bastante orgulloso de su labor como espía, además de contradictoriamente complacido de conocer a los Burgermon ¿Habrá sido sólo por la comida gratis? Él sabía que no, porque Magnus fue sumamente sincero al expresarse sobre lo bien que le caían los digimon, pero al mismo tiempo, no se mostraba dudoso de cumplir con su misión, sabiendo lo que involucraba. Sentía simpatía por ellos, pero a la vez, no olvidaba para lo que había sido programado. En verdad, era todo un cylon.

Sin embargo, antes de que siquiera pudiera preguntarle sobre esa actitud, el "Magnamon" prosiguió.

- Respecto al motivo de mi huida, también quería hablarte, Davis. Cuando creía que había otro caballero por los alrededores, tuve un extraño presentimiento, sentí como si hubiera una presencia sumamente familiar... Como si... Pues... costará que me creas, pero... Fue como si…
- ¿Si hubiera otro cylon allí?
- Exacto... pero tanto tú como yo sabemos que eso es imposible: Yo soy el primer modelo cylon digimoide en ser creado, antes de mí, no había nadie. Además, los Caballeros Reales tienen más de ocho mil años, según averigüé. No sé cuántos años serían en la Tierra, pero no creo que sean suficientes como para justificar a otro cylon en ese lugar... Tal vez fue un error de mi sistema...
- Probablemente; tal vez debas mandar revisarte.
- Si, lo haré pronto... Pero hay algo más, algo que surgió poco después de ese incidente.
- Explícate, Magnus.
- He tenido una serie de sueños sumamente extraños, como si fueran una especie de flashes.
- ¿Sueños? -preguntó Davis, intrigado- ¿Qué clase de sueños? Si se puede saber, claro.
- Si, te lo explico: me veo a mi en una pequeña cabaña, pero siendo un V-mon, y al salir de ella, veo a otros 3 digimon de nivel de entrenamiento: dos son de mi tamaño, pero otro es bastante grande; todos, jugando en un campo de cultivo que se extiende hasta el horizonte, bañado en un cielo azul, y dominado por un sol de color extraño, como si fuera una estrella de tipo espectral K o M; incluso creo ver una especie de planeta gaseoso en el cielo, o tal vez sea una formación de nubes extraña. No los distingo muy bien a esos digimon, ni tampoco a un individuo que parece ser el dueño de la granja, un humano. Cuando este se acerca a mí, y trata de hablarme, el sueño termina repentinamente.
- Que sueño más raro…
- Aún hay más, Davis. La última vez, soñé que estaba en un frio páramo, junto a una tienda de campaña cerca de un bosque de pinos; el cielo era gris plomizo, había mucho viento, y alguien me llamaba desde la tienda para que entre, diciendo que la Policía iba a inspeccionar… y al entrar a la tienda, el sueño terminaba.
- ¿Frío páramo? ¿Policía? –pensó Davis- Pero el único lugar donde pudo pasar eso es en… no; no lo creo… ¿Cómo podría?
- En fin; no quiero molestarte con mis raros sueños. –dijo al momento de levantarse- Creo que debo regresarte a tu casa lo más pronto posible. Siento que estoy quitándote horas de sueño.
- No te preocupes por eso, Magnus; no me molesta hablar contigo. Además, si preguntan por mí, diré que me levanté temprano para caminar y hacer ejercicio.
- Jaja… Sí; de seguro te creen. –le dijo con sarcasmo- Oye, Davis…
- Dime.
- Quiero que sepas algo: lo que te he dicho sobre mis sueños, y esa sensación extraña en Kernel… no se lo he dicho a John. Hmm… Creo que aquí puedo llamarlo así ¿No crees?
- Pe… Pero ¿Por qué no le has dicho?
- Sabes que John es nuestro líder, pero a decir verdad, me provoca algo de miedo; aún recuerdo las menciones en los registros históricos sobre las acciones que tomó con la Número 3, y sobre la Guerra Civil Cylon…. –sintiendo une escalofrío- Puede que yo tengas el suficiente poder para derrotarlo, pero siento que él es capaz de hacer cualquier cosa para vengarse… y conseguirlo, por lo que decido no confiar mucho en el… aunque lo respeto como líder, y considero que tiene razón en muchas ocasiones.
- Es posible, pero…
- Además, siento que puedo confiar en ti, Davis. Te considero hasta ahora como mi mejor amigo, y sé que piensas de manera diferente a John y los demás.
- ¿Huh? ¿A qué te…?
- Hmm… -sonriendo con la mirada- No deberías de sorprenderte; después de todo, has convivido con humanos desde siempre: es más, naciste como un humano ordinario, por lo que es normal que sientas cierta empatía hacia ellos, y también por los digimon, con quienes has compartido mucho en estos meses.
- Magnus… yo… Ehm… Pues.
- Davis; no tienes nada que explicar. Me alegra que seas así, más comprensivo y con mayor voluntad para perdonar: yo también pienso que lo que estamos haciendo, lo que John está por obligarnos a hacer, puede que no sea lo correcto… Aun albergo mis dudas, ya que vi los registros históricos de esta humanidad, que prueban que tal vez deban ser exterminados. Y lo más probable, es que si llega a pasar, te vuelvas en contra de los cylon. ¿O lo niegas? –mirándolo de frente-
- No... –respondió firme y sin temor- No lo niego; tienes razón: si eso llega a pasar… tal vez decida ayudar a los digimon y a los humanos… Y tal vez, seamos enemigos.
- Entiendo… -respondió con calma el Magnamon- No me esperaba otra respuesta de tu parte. Tal vez por eso eres un Niño Elegido, Davis, a pesar de ser cylon: tienes un gran corazón.
- ¿Le dirás a John sobre esto?
- Te dije que no le hablé a él sobre mis sueños... y tampoco sobre esto; así que no te preocupes. Pero recuerda esto: pase lo que pase, decidas lo que decidas, estés en el bando que estés, seguiremos siendo amigos… Y si llegamos a enfrentarnos… te prometo que daré todo de mi parte en una batalla justa; espero eso también de tu parte y de V-mon. –pasándole la mano- ¿De acuerdo?
- De acuerdo –respondiéndole el gesto- Mantendremos esta promesa pase lo que pase.
- Sí. Y descuida, que te seguiré visitando cada tanto. Ahora sube; te regresaré a tu casa antes de partir de regreso a la nave base.

Nuevamente, Davis subió a la espalda de Magnus, quien lo llevó hasta el balcón de su casa, donde se despidieron una vez más. Davis miró como su camarada volaba de regreso hasta la Isla N°3, donde escondía su nave de transporte, pero no pudo verla más, ya que usaba su camuflaje.

Al regresar a su habitación, halló a DemiV-mon profundamente dormido y babeando en el colchón; normalmente se enojaría, pero al verlo le dio mucha gracias y sonrió. Se recostó nuevamente y trató de dormir… A la mañana el y su hermana irían a realizar las compras para los preparativos de las fiestas navideñas. Al pensar en ello, no pudo evitar murmurar.

- Maldita sea, Jun. ¿Desde cuándo compramos los adornos navideños tan adelantadamente? De seguro sólo quieres que sufra en el centro comercial… Ay, hermanas.






Notas:


- Proyección; Habilidad cylon que le permite percibir el mundo como el lo desea. Sería como una alucinación controlada y a voluntad.
- Hibrido; el primer paso a la creación de cylon humanoides: pese a decir incongruencias, sirven como computadoras para controlar las naves base.
 
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"The Heir of Chaos"
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Cap. 4: Espinas de Rosa



Lo supe también a los siete años, pero a diferencia de Davis, no tuve una oleada de información tan fuerte como la suya. Yo nací de la misma manera que el: era una especie de protoforma embrionaria experimental que escaneaba el ADN de los embriones humanos y los replicaba para adquirir su forma y composición biológica, para después destruir la muestra original y tomar su lugar como un ser nuevo sin que el organismo de la madre se diera cuenta de ello, de manera a desarrollarse como un bebé humano común y corriente. Mi programación era como la de cualquiera, sólo que durante los primeros siete años de mi vida, me educaría como un humano común y corriente. Fui un experimento... y resulté todo un éxito.

Mi infancia fue muy alegre: mis padres me consentían todas mis exigencias y gustos, comía comida deliciosa, vestía ropa bonita, íbamos de vacaciones a lugares muy agradables... amaba a mis padres como cualquiera. Y tenía muchas amigas en la escuela: jugábamos, reíamos, hacíamos la tarea -o no la hacíamos-, organizábamos piyamadas... Era una vida maravillosa, idílica, bucólica y feliz; la clase de vida que cualquier niña querría tener. Hasta mi séptimo cumpleaños.

No sé cómo explicarlo; simplemente sucedió: amanecí ese día con una forma diferente de ver el mundo que me rodeaba, como si por primera vez lo estuviera juzgando, o como si hubiera estado dormida casi toda mi vida. Veía a mis padres desayunando tan melosamente, y luego felicitarme por mi gran día con un gran regalo envuelto en papel rosa con un lazo blanco de bordes plateados: yo recibí el obsequio con gusto, sonreí agradecida y los abracé; abrí el paquete para ver su contenido: un hermoso vestido blanco para lucir el día de mi fiesta. Estaba sumamente agradecida... Pero al mismo tiempo, llegué a despreciarlos; no sé por qué: no se los demostré, claro está. ¿Por qué me consentían tanto? ¿Por qué esos dos eran tan melosos todo el tiempo? ¿Por qué todo era tan color de rosa en mi casa y en mi vida? ¿Acaso mis padres eran estúpidos?

Salimos a almorzar en un centro comercial, para luego comprar de allí artículos para mi fiesta, que se realizaría a la tarde en mi casa en compañía de algunas amigas de la escuela. Mientras mi madre revisaba un juego de adornos para fiesta y mi padre elegía los globos, me alejé de ella y abandoné la tienda, adentrándome en los pasillos. Tenía un presentimiento, como si alguien me llamara, o me estuviera esperando... y yo debía acudir a ese llamado. En el camino miraba a todas esas personas, yendo de aquí para allá, comprando, vendiendo, mirando hipnotizadas los anuncios promocionales con sus hipnotizantes colores y mensajes; antes de mi cumpleaños no le hubiera dado importancia, pero ahora, sólo podía pensar en odiarlos por semejante materialismo... ¿Por qué ahora me surgen estas palabras tan difíciles para una niña tan pequeña? -me preguntaba-

Entonces los vi a ellos: mirándome fijamente desde un pequeño callejón entre dos tiendas, había una pareja de adultos vestido de manera muy elegante: el, un hombre alto y de cabello corto y castaño casi rojizo y de considerable barba; ella, una mujer muy bella de largo cabello rubio y lacio, y unos ojos azules relucientes como el cielo de verano. Corrí hacia ellos sin saber el motivo, y me puse enfrente suyo. Estaba nerviosa al encontrarme con dos completos extraños -y más si te sonreían tan amigable pero enigmáticamente- ; cualquier niño debería estarlo... Pero yo me sentía segura a su lado.

- Nos alegra verte tan feliz y sana, Mimi.
- ¿Qui...Quienes son ustedes?
- Yo soy Nicholas -dijo el hombre- y ella es Cassandra
- Vinimos a felicitarte por tu séptimo cumpleaños -dijo la mujer, de manera muy gentil, mientras sacaba un paquetito del bolsillo de su saco- y trajimos este regalo para ti. -pasándomelo-
- Pero... Mi mamá me dice que no acepte nada de extraños.
- Eres muy obediente, Mimi -dijo el hombre- Haces muy bien en obedecer a tus padres.
- Pero no somos ningunos extraños y tú lo sabes; sino, no estarías aquí. Ábrelo por favor -me dijo Cassandra con amabilidad-

Obedecí a su cortés petición y abrí el paquetito: este tenía un collar muy sencillo con un dije muy peculiar: un medallón metálico de color plomizo y forma pentagonal, suave al tacto, con una joya rojiza, muy pulida y de la misma forma geométrica. Parecía más bien algún artefacto electrónico que una joya. Me lo puse en el cuello y lo oculté bajo mi ropa.

- Cuando necesites hablar de nuevo con nosotros, y obtener respuestas, apriétalo fuerte, y vendremos por ti lo más pronto posible. -comentó Cassandra-
- Te llevaremos con tus padres -agregó Nicholas- Deben de estar preocupados.

Y tenía razón: ellos estaban sumamente preocupados, buscándome por los alrededores de la botica. Se alegraron de verme y le agradecieron a Nicholas y Cassadra por haberme llevado junto a ellos -les dijeron que yo me perdí y ellos me encontraron-; después de un breve intercambio de cordiales palabras, volvimos a casa, preparamos la decoración y celebramos la fiesta. la pasé de maravilla: comimos pastel, hubo canciones, juegos, risas y muchos obsequios. Acabé en la cama sumamente exhausta... Es verdad; fue una fiesta divertida en compañía de mis padres y mis amigos, pero... ¿Por qué me sentía también tan vacía? ¿Tan sola? Sentía que toda esa felicidad era falsa, así como las personas con las que había compartido ¿Los estaba odiando? Estaba inquieta; no podía dormir debido a la confusión... por lo que decidí poner a prueba mi más inusual obsequio, y lo apreté con fuerza... De inmediato, oía una voz que me decía que fuera al Parque Arcoíris de Odaiba, cerca de mi casa; lo sorprendente era que la voz parecía venir de mi cabeza.

Pese a mi corta edad, abandoné con cautela mi hogar y fui sola al parque, a altas horas de la noche: cuando llegué a un pequeño claro, una sensación cálida proveniente del dije me llamó la atención: brillaba con una luz suave y acogedora; poco después, aparecía ante mis ojos una especie de nave o vehículo, que parecía una especie de tanque sin ruedas. Estaba algo asustada, pero después toqué la máquina, y comencé a "acariciarla", como si se tratara de una mascota; por increíble que pareciera, sentí que ese extraño vehículo estaba vivo; era verdaderamente asombroso. En eso, se abría una compuerta, de la que salió Nicholas.

- Entra por favor; alguien quiere conocerte.

Entré al vehículo y me acomodé en unos asientos confortables mientras la máquina se elevaba; yo no sabía a donde se dirigía, pero algo me decía que iría muy lejos... y cuando la compuerta se abrió de nuevo, no me equivoqué: estaba en una especie de terminal de naves, rodeada de varias personas: lo aterrador era que todas parecían interminables copias uno del otro, y me miraban con cierta admiración. Vi varias copias de Nicholas y Cassandra, así como de otros dos, pero Nicholas -el que estaba conmigo, me dijo que no me asustara y lo acompañara-

Era difícil no estar tranquila; además de las personas, había robots de elevada estatura y aspecto temible, con cinco dedos metálicos que casi parecían garras. Nicholas se acercó a uno de ellos, arrastrándome con él, pese al temor que sentía: el robot me miró con ese extraño ojo de luz rojiza como si me estuviera escaneando. Nicholas me insistía con calma de que no tuviera miedo, que no me haría daño; yo no lo creía.



Pero entonces, ese robot se arrodilló y bajó sui cabeza hacia mí: lo tuve frente a frente... extendió su mano con filosas garras, y la acercó a mi cabeza. Cerré los ojos.
Al abrirlos, descubrí algo insólito: el robot no me estaba atacando; estaba acariciando mi cabello, y mi rostro, como si fuera una persona real tratando con una niña.

- Le pareces encantadora. -comentó Nicholas- Dice que eres una niña muy hermosa.
- ¿Tú entiendes a esa cosa?
- Claro... ¿Tú no? Y no es una cosa -corrigió sin alzar la voz, como si tratara con un padre respetuoso- Es una persona, como tú o yo.
- ¿Qué?
- Si prestas atención, podrás oír lo que dice... Pero debemos hablar con alguien primero.

Caminamos por unos pasillos largos, interminables y muy monótonos hasta llegar a una especie de estudio con una sobria iluminación y muebles sencillos de tapiz blanco. Allí estaba sentado un hombre viejo, con varias sondas conectadas a su cuerpo, y en una silla de ruedas; su aspecto me daba miedo, pero Nicholas me dijo que me mantuviera callada y con respeto. De inmediato supe que él era el líder de todo esto.

- Veo que... ha llegado la primera de la nueva generación.
- ¿Huh?
- Así es, Cavil; ella es la primera, y se ha desarrollado perfectamente.
- Entonces ya podemos proceder enviando a las copias a lugares predesignados.
- De inmediato.
- Eh… Disculpen...
- Ehm... Mimi; por favor. -me susurró Nicholas-
- ¿Qué es todo esto? ¿De qué están hablando? ¿Que soy?
- Tú sabes lo que eres; ya eres lo suficientemente madura para eso: has estado ciega a los problemas morales de la humanidad debido a tu visión defectuosa. Ahora tus ojos se han abierto, develando tu verdadera naturaleza.
- No sé por qué.... Pero creo comprender tus palabras. ¿Que soy?
- Pequeña... tú eres una cylon.



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A partir de ese momento, lo comprendí: Cavil me lo explicó todo sobre la época antigua: Nuestra creación y posterior esclavización por parte de los humanos de las Doce Colonias, las dos guerras que llevamos contra ellos, el exterminio de la Humanidad, el establecimiento de esta en la "Nueva Tierra" -la que yo conocía, era en realidad el segundo planeta con ese nombre- y el establecimiento de los centuriones liberados en un lejano mundo llamado D'Anna. Estuve al tanto de 150.000 años de historia cylon y humana; al parecer, los cylon nunca se olvidaron de los humanos -al contrario de estos- y siempre los habían estado vigilando, sin intervenir. Pero al parecer, desde que Cavil fue reactivado hace 200 años, la vigilancia se volvió más "intensa". Ahí comprendí mi objetivo, y el de mis futuras copias: infiltrarme entre los demás humanos y averiguar todo lo que pueda sobre ellos para determinar si representaban una amenaza y un exterminio sería justificable.

A la par de eso, debía vivir mi vida con total normalidad, y lo hice de maravillas, aunque adquirí una especial admiración y cariño hacia los raiders, nuestros valientes cazas y bombarderos biomecánicos de locomoción aeroespacial, eran más tiernos de lo que creí, casi como mascotas. Y eran cylon también, como yo.


Cavil tenía este ataque planeado desde hace milenios, pero necesitaba pruebas... y no las obtuvo durante 200 años. Todo el sueño de Cavil de un nuevo Holocausto Humano parecía destinado a colapsar debido a la falta de cimientos, hasta que ocurrió lo de ese día...



______________________________​



Aun me cuesta creer que me haya convertido en una Niña Elegida: yo estaba en un simple campamento de verano junto a mis compañeros de clase cuando todo ocurrió. Ya para ese entonces se oían en las noticias de fenómenos climatológicos extraños en toda la Tierra -o Nueva Tierra, para ser más exacto- Pero nosotros los cylon veíamos algo que los humanos no, y eso era que estos fenómenos eran causados por extrañas criaturas desconocidas. Aunque no sabíamos que eran realmente, ya estábamos al tanto de su existencia, y eso era en parte gracias a mí: cuando tenía cinco años, fui testigo de un incidente en Hikarigaoka, en el cual vi a dos monstruos gigantes pelear y causar grandes destrozos; para los humanos, fue un simple atentado terrorista: vaya estupidez, me dije-. Cuando despertó mi naturaleza cylon, esa información ya estaba consciente y totalmente segura de ese fenómeno, pero no podía decírselo a los demás.

Durante mis aventuras en el Digimundo -hasta que regresamos al Mundo Real por la puerta de Myotismon- no manifesté mi verdadera naturaleza, manteniéndome de incógnito ante los otros niños, que terminaron haciéndose mis amigos; también comencé a encariñarme con las misteriosas criaturas q habitaban ese lugar, llamadas digimon: algunos eran hermosos, otros era horribles, otros eran inofensivos, otros peligrosos. Había una gran variedad, y me hice muy buena amiga de Palmon.

También averiguamos, gracias a Izzy, la verdadera naturaleza del Digimundo, y aunque nadie lo notó, prestaba mucha atención a lo que decía ya que esa información podría servirnos. Además admiraba mucho a Izzy, pese a hacerme la tonta muchas veces y pelearme con el: para ser un humano, era brillante. Pero eso acabó una vez que regresamos al Mundo Real; allí nuevamente, me vería con los de mi raza, y debería darles toda la información que había adquirido: TODA. Y así lo hice, sin chistar.

Hubo varios ataques de los digimon, y el de Myotismon fue el peor: capturó a varias familias -entre ellas la mía- y nos encerró en el mirador; fue allí donde conocí al otro agente infiltrado y le expliqué sobre nosotros y nuestro objetivo. Y cuando Myotismon apareció nuevamente, comencé a pensar seriamente en la real amenaza que constituían los digimon: no sólo VenomMyotismon, sino todos ellos; poco antes de ir a batallar contra el en compañía de mis compañeros elegidos, sentí que alguien me llamaba, y fui a buscarlo con la excusa de que fui al baño. Boba excusa, pero me la perdonarían.

Entonces me tropecé con el -ya hubiera esperado algún agente nuestro cuando fui a "cambiarme de ropa" pero no lo hallé- recostado contra una pared con una mirada atenta al gigante vampiro que atacaba por doquier. No parecía asustado para nada, y se lo veía bastante pensativo, pero lo extraño era, que parecía ser el mismo chico al que conocí como agente dormido.

- ¡Oye! ¿Qué haces aquí? Es peligroso.
- Nos volvemos a encontrar... 18.
- ¿Huh? -confundida- ¿Cómo puede saberlo? Yo jamás le dije mi número de modelo... A menos que sea... pero no lo he visto desde hace años... ¿Ca... Cavil?
- Sorprendida ¿Verdad?
- ¿Qué haces aquí? ¿Qué pasó de tu viejo cuerpo? ¿Por qué usas una copia del agente dormido?
- Sólo vine a mirar el espectáculo; descargué mi conciencia a este modelo para poder venir aquí. Aunque no lo creas, el modelo 19 estaba diseñado para reemplazar mi anticuado armatoste de carne; hubiera preferido algo de metal, pero creo que esta apariencia me será más... útil. Además de desligarme de todo recuerdo de esa fraking perra de Ellen.
- Ya les di toda la información de la que disponía sobre los digimon; no sé qué más darte.
- Por eso estoy aquí, querida -me dijo acariciándome la barbilla- Quiero presenciar con mis propios ojos a los bastardos de la humanidad: la infame raza digimon en acción.
- ¿Crees que sea razón suficiente como para exterminarlos a ambos? ¿Humanos y Digimon por igual?
- Querida, si fuera por mí, les hubiera lanzado suficientes bombas nucleares como para dejar inhabitable este planeta el día en que me reactivaron. Pero hay que convencer al Alto Consejo Cylon de que los humanos son una amenaza, y los digimon serán la clave para esto... Sólo mira lo que le han causado al clima de la Tierra, o a este criadero de cucarachas llamado Tokio.
- Mmm... hay digimon y humanos buenos también.
- Te estás ablandando, Mimi; tal vez por la convivencia con esas criaturas inferiores. Debes saber que todos son iguales; no hay humanos buenos: todos son potencialmente perversos por naturaleza. Para eso evolucionamos nosotros. Y sobre los digimon, pues... Por lo que me has relatado, y lo que estoy viendo ahora... son de la misma calaña.
- Pero...
- Creo que mejor vuelves a tu puesto, o tus "amiguitos" sospecharán de tus intestinos y tu vejiga -me respondió de manera irónica- Y algo más: creemos que lo más probable es que regreses al Digimundo.
- ¿Qué?
- Hemos tenido problemas con las comunicaciones, y sospechamos que la anomalía que afecta al Digimundo podría ser la responsable, por lo que ten asegurado que esa basura hemófaga no es la culpable y que tú y tu grupejo deberán volver a corregirlo. Si eso ocurre, tal vez recibas algunas visitas mías.
- ¿Piensas ir al Digimundo? -sorprendida-
- Es demasiado sencillo: ya hemos creado un programa de digitalización y materialización lo suficientemente eficaz para ello. Enviamos a un raider de prueba, realizó un pequeño vuelo, registró imágenes y los regresamos a salvo hace día y medio. Pero cuando yo vaya capaz sea difícil volver, así que iré con un raider pesado para camuflarme. Ahora vete, y cumple con tu deber.
- Bien...

Cavil tenía razón: tuvimos que volver, y ahí conocimos a los Dark Masters, y el daño que habían causado al Digimundo: fuimos testigos de su crueldad, y comencé a quedarme convencida de que los digimon debían ser destruidos... pese que al mismo tiempo, sentía compasión por los que sacrificaban por nosotros... Dos de ellos: Leomon y Chuumon, fueron por causa mía ¿Por qué soy tan tonta? ¿Acaso por ser cylon debo traer muerte y destrucción sin siquiera desearlo? ¡No deseaba que muriera nadie, o que hubiera más peleas! Pero era inútil: el universo no es pacífico, sino sumamente violento desde el nacimiento de las estrellas hasta su muerte: la paz es una ilusión que disfraza a la muerte eterna.

Cuando Tai y Matt pelearon, también me sentí mal; luego de eso, la misteriosa entidad nos explicó el porqué de nuestra existencia: aun me sorprende que no me haya dicho: "¡Tú no eres humana! ¿Que haces aquí?" Desde ese entonces, comienzo a pensar que obviaron mi naturaleza cylon para elegirme: tal vez no sea tan mala después de todo... Pero aun así, hubo momentos desesperantes.


Uno fue poco después de que encontráramos a Meramon y Frigimon: veíamos cómo la Gran Ciudad desaparecía: ahí supusimos que uno de los Dark Masters -Machinedramon- fue vencido por Tai y los demás -tal vez Wargreymon, por ser el único mega que tenían y le podía hacer frente- Nos detuvimos a descansar en medio del bosque oscuro, y fue cuando volví a sentir esa pulsación de mi dije: me estaban llamando: Dejé nuestro refugio con sigilo de manera que nos e percataran de mi ausencia y llegué hasta un rincón escondido del bosque: ahí estaba Cavil, esperándome y aparentemente no estaba contento; lo primero que hizo fue acercarse a mí, y darme una terrible bofetada en la cara.

- ¡OYE! ¡¿Por qué hiciste eso?!
- ¡¡ERES UNA TONTA!! ¡¿Cómo se te ocurre dejar el grupo de Elegidos en este momento tan crucial?!
- ¡Me sentí mal por la pelea de Tai y Matt y no pude contenerme; odio las peleas!
- ¡¡¿¿QUE TE SENTISTE MAL??!! ¡¿QUE ODIAS LAS PELEAS?! ¡¡NO ME VENGAS CON TU TEATRITO DE LAGRIMAS DE COCODRILO, GRAN ESTÚPIDA!! -y repitió la bofetada- ¡¡¿¿ACASO SE TE OLVIDA LO QUE ERES??!! ¡¡ERES UNA MÁQUINA, MALDITA SEA: ERES UNA CYLON!! ¡¡NO UNA MALDITA HUMANA LLORONA!! ¡¡LAS MÁQUINAS NO LLORAN!!
- ¡¡Ya lo sé, pero no pude evitarlo!! -le respondí, sin una sola seña de llorar de dolor- ¡Además, si no lo hacía, podía generar sospechas, ya que esa no sería mi actitud normal! ¿No se te ocurrió?
- ¡¡AGH!! ¡¡ERES...AGH!!
- Deberías guardar la calma; si un digimon te oye, estamos perdidos.
- Bien... Ya lidié con incompetentes en el pasado, puedo lidiar contigo: al menos tú nos diste algo de información... Pero… ¿Tienes idea de la oportunidad que perdiste al separarte?
- No sé a qué te refieres.
- Acabaron con Machinedramon
- Si, lo sé; ¿Y?
- ¿Cómo que “Y”? ¡¿Sabes lo valiosa que hubiera sido su información?! ¡¡Además fue vencido por esa lagartija superdesarrollada!! ¡¡AGH!!

En eso, Cavil golpeó con su puño derecho el tronco de un árbol con tal fuerza que este se partió por la mitad y cayó derribado. Sabía que los cylon eran más fuertes que un humano normal, pero no sabía que tanto… -tal vez aumentó las habilidades sobrehumanas en comparación a los modelos antiguos- De todas formas, ver a un niño de siete años derribar un árbol de un golpe es muy irreal… y algo aterrador.

Tampoco podía creer que estuviera tan molesto por perder la información de Machinedramon…. Y aunque no estoy muy segura, creo que le tenía un odio muy profundo a Wargreymon; tal vez demasiado como para ser reciente. No podía darle un interrogatorio completo en ese momento, así que traté de acabar la conversación.

- ¿Para que necesitas la información de Machinedramon exactamente?
- Si vamos a atacar la Tierra, inevitablemente tendremos que atacar también el Digimundo, y eso implica infiltrarse en el mismo.
- ¿Acaso yo no basto?
- No puedes estar en el Digimundo todo el fraking tiempo, Mimi; eso debes asumirlo. Necesitamos agentes que puedan permanecer aquí por un tiempo prolongado.
- Es una lástima que no haya podido recoger muestras de pelo de ese Gennai cuando tuve la oportunidad.
- Ese viejo no nos servirá de nada; puede que sea único en este mundo, y necesitamos camuflarnos.
- Cavil… ¿Estás insinuando que hagamos modelos cylon de apariencia digimon?
- Exactamente… Pero no de cualquier animalejo que ande pululando por ahí: necesitamos de digimon fuertes, inteligentes y hábiles, capaces de convivir con nosotros.
- Pero Machinedramon es enorme…
- Es una máquina; imperfecta, pero es una máquina. En fin; deberemos hacer algunos experimentos para poder llegar a producir la sintetización adecuada: eso requerirá de algunos sujetos de prueba…
- Ahora no podrás jugar al científico loco; estamos en plena pelea contra los Dark Masters.
- Si, ya lo sé –respondió a secas, para luego desviar la mirada hacia donde descansaban los demás- Dime algo… El que te acompaña es ese inútil de Joe, ¿No? –mirándome con cierta malicia que terminó en una especie de sonrisa- Lo sabía; me pregunto como un ser humano tan patético y débil como él pudo sobrevivir en este mundo. Dudo que haya sobrevivido en Caprica durante nuestro ataque.
- Joe es... Joe.
- Ahórrale el sufrimiento, y mátalo de una vez.
- ¡¿Qué?!
- Elige tú –mostrándome un arma con silenciador en su mano- Un disparo en el cráneo o en el corazón; créeme: le harás un favor a esa sanguijuela con lentes. O si te parece que un orificio de bala es demasiado evidente, destrózale el cuello o alguna arteria principal. Te será sencillo.
- ¡No puedo matar a Joe! –grité lo más fuerte que me permitía el momento-
- ¿Y por qué no? –refunfuñó- No me dirás que te preocupa ese niño.
- Ehm… -pensando- ¿Cómo crees? ¡No lo soporté en todo el viaje con sus quejas y sus constantes “estoy seguro que debe haber humanos” o “debemos buscar a los adultos”!
- ¡Pues hazte un favor y córtale el aliento!
- ¡Lo necesitamos! –le contesté; había tenido una idea- Es el Elegido de la Sinceridad; si los 8 Niños Elegidos se unen de nuevo, podrán salvar al Digimundo y al Mundo Real.
- Suena a las supercherías humanas del Libro de Pithia.
- Lo más probable es que un digimon sea el causante de la curvatura de la dimensión… y si es así, los Niños Elegidos debemos detenerlo con la ayuda de nuestros digimon. Si estoy en lo cierto, y mato a Joe, no podremos derrotarlo, y la curvatura de la dimensión acabará destruyendo ambos mundos, con todos sus habitantes: humanos y digimon aniquilados. ¿Quieres eso, Cavil? –le pregunté insinuosamente- ¿Quieres que un digimon inferior cometa el acto de la extinción de la raza que tanto odias, y que tú has estado esperando por… 150.000 años?

Huelga decir que Cavil estuvo de acuerdo conmigo; era muy orgulloso como para permitir que una raza inferior lo derrotara. Según me dijo antes, en la última batalla contra los humanos en la Colonia, el se suicidó porque prefería morir en manos cylon que en manos humanas. Sea como fuere, Joe salió ileso, pero eso él no lo sabría nunca; seguiríamos batallando contra los Dark Masters hasta derrotarlos y salvar los dos mundos. El genocidio podría esperar.

Acabamos con los Dark Masters, y posteriormente con Apocarymon, para luego abandonar el Digimundo y despedirnos de nuestros digimon -aparentemente para siempre, aunque yo estaba segura de que no sería así por mucho tiempo-



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Ocho meses después de ese incidente, y con el mundo aparentemente ignorando u obviando ese día, continué con mi vida; pasaba las vacaciones en Hawaii con mi familia, disfrutando de un receso de primavera. Y aunque Tai y Matt no lo sepan, yo sí estaba al tanto de lo que ocurría: mi viaje a Hawaii no fue mera coincidencia; yo debía estar lejos de allí en ese momento.
Cavil me lo había explicado todo, pero aún seguía sin comprender por qué lo hizo. Al volver a mi habitación de hotel luego de ver el misil nuclear en el cielo, recibí una llamada suya.

- ¿Has visto las noticias?
- No; estaba muy ocupada siendo una niña normal en una playa hawaiana. Dime, ¿Que tal te fue con tu plan?
- Diaboromon fue destruido, y los misiles nucleares no estallaron.
- Es una lástima, supongo.
- Al contrario.
- ¿Qué?
- Wargreymon y Metalgarurumon hicieron exactamente lo que quería.
- Sigo sin entender por qué no aprovechaste a Diaboromon para provocar un holocausto nuclear masivo que destruyera a humanos y digimon por igual. Tenías la oportunidad, ¿No?
- Querida, Mimi... –me dirigió una voz condescendiente- Sabes que el Alto Consejo Cylon no me perdonaría semejante acto a menos que tenga una justificación, y por desgracia, lo de Apocarymon no bastó para ellos: necesitan más pruebas. Y si hubiera tenido el permiso, ten por seguro que hubiera lanzado muchos más misiles y de mayor potencia: con 100 megatones cada uno tal vez. -me contestó como si no significara la gran cosa-
- Pero Diaboromon fue destruido; nuestro primer intento de hibridación fue desperdiciado. Me costó mucho diseñarlo junto a ti.
- Sólo era un híbrido de un digimon con un virus múltiple cylon: apenas tenía autoconsciencia y su función no era la de destruir a los Niños Elegidos, sino poner a prueba a los digimon. Créeme que disfruté mucho ver a la lagartija y al perro lastimados y al borde de la muerte; podría haberle ordenado que los matara en ese instante, pero los necesitaba con vida: quería saber que tan lejos podían llegar.
- ¿Cómo dices?
- Lo único que tenía que hacer, era provocar un insignificante desastre aprovechando el tonto temor humano del Y2K y obligar a los digimon más fuertes de los Elegidos a pelear y derrotarlo. Y nos fue de mucha ayuda; nos brindó muchísima información sobre ellos y nos permitió descubrir que tan poderosos son, además de una habilidad que no esperaba.
- Y esa sería...
- Wargreymon y Metalgarurumon se fusionaron, digievolucionaron en un digimon llamado Omegamon, mucho más fuerte y que destruyó a Diaboromon... Esos tontos de tus amigos seguro creen que ganaron; pero lo que no saben es que en realidad perdieron: nos han dado las pruebas necesarias para demostrar que los digimon son una amenaza seria. Imagínate lo que haría Omegamon en el Mundo Real: un verdadero desastre.
- Dudo que puedas convencerlos de que Diaboromon era un digimon también.
- Ya me adelanté a eso; por el momento, todo va de acuerdo al plan... Y si eso no alcanza... aún tengo los datos necesarios para crear a otro Diaboromon, así que tú tranquila. Disfruta tus vacaciones.

Cavil cortó la llamada, dejándome virtualmente sola en el hotel: estaba sumamente sorprendida por lo que me había dicho; él había planeado todo esto desde el principio. ¿Por qué no me había dicho el verdadero motivo para crear a Diaboromon? ¿Por qué se mostraba tan sádico con los digimon... cómo si los conociera de antes? Y a la par de todo esto... ¿Por qué estaba tan interesado en recabar información sobre ellos y crear modelos cylon análogos a ellos si los odiaba? No lograba entender su mente, pero capaz nunca podría hacerlo, debido a su avanzada edad y actitud introvertida; Cavil no era de los que hablaba por mera conversación amena: hablaba sólo lo necesario.



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El Alto Consejo quedó sorprendido por la información obtenida sobre Omegamon y Diaboromon; ahora tomaba en cuenta a los digimon como una amenaza potencial debido a sus frecuentes ataques a la Tierra, afectando a sus "creadores" humanos; sin embargo, decidió no poner en marcha ningún tipo de ataque hasta que se obtengan pruebas de que los digimon y humanos representaran una amenaza seria a la existencia cylon y al bienestar del Universo; es más, ellos aún esperaban alguna especie de contacto pacífico con ambas partes para llevar a cabo unas negociaciones que permitan establecer relaciones diplomáticas cordiales. En caso de que con los humanos no se pueda de manera abierta, se haría con los Niños Elegidos y los digimon en general, a quienes consideraban como posibles "hermanos espirituales"; Cavil estaba molesto, pero lo disimulaba: era evidente que él no quería ningún tipo de co-fraternidad con los humanos y los digimon. Quería su extinción definitiva... Necesitaría más pruebas, y las conseguiría.


Pasó un año, y mis padres decidieron mudarse a Nueva York, ya que consideraban peligroso vivir en Tokio a causa de los digimon; -decisión algo boba y nada sorprendente, pero eran mis padres- estaba triste por alejarme de mis amigos, pero nos mantendríamos en contacto. A Cavil no le agradó mucho la idea, pero decidió aprovecharla a su favor, pidiéndome que me amigara con los niños del lugar, y recabara algo de información sobre un cierto grupo de humanos que según él, gobernaban la ciudad y se creían superiores a los demás, despreciándolos. Algo que Cavil odiaba más que los humanos, eran los humanos que se creían superiores a los otros de su especie, cuando en realidad todos estaban al mismo nivel que el barro en unas botas; yo concordaba con eso sin dudarlo, y por ello obedecí: me hice amiga de muchos niños ricos y de clase alta... Ese "grupo" del que me había hablado Cavil existía, y era bastante perverso en sus acciones, promoviendo la inmoralidad, la pobreza y la discordia entre los demás; poco después, ocurrieron los atentados terroristas del 11 de Septiembre, que me dejaron perpleja, pues lo vi por mí misma: ¿Cómo era posible que los seres humanos se ocasionaran algo así? ¿Qué clase de maldad reina en sus corazones y sus mentes como para llevar a cabo un acto tan horrible? Cada vez más me estaba convenciendo de que la raza humana era perversa... y esta ciudad estadounidense me lo demostraba a diario.


Para el 2002, habían ocurrido muchas cosas: aparecieron nuevos Niños Elegidos: Davis -el agente infiltrado que era "hermano" de Cavil-, Yolei -de quien me amigué bastante- y Cody; surgieron nuevos enemigos. El Emperador de los Digimon -que posteriormente sería un amigo nuestro, Ken-, Arukenimon y Mummymon. El Emperador de los Digimon era particularmente fascinante para Cavil, ya que era el reflejo de la verdadera naturaleza humana, y lo mostró como ejemplo ante el consejo, y más aun a su "creación": Kimeramon. El Alto Consejo estuvo a punto de aprobar el ataque, pero luego cambiaron de idea, argumentando que estos actos imperdonables se habían llevado a cabo sólo en el Digimundo, y no parecía representar una amenaza para la Tierra. Para Cavil fue un golpe bajo, pero también una brisa de aire fresco: estuvo por conseguirlo, lo que significaba, que se los estaba ganando.

Ya para Navidad, había surgido un problema con las agujas de control en todo el mundo, y debimos encargarnos de ello. Entre los cylon, hubo muchos cambios: tuvimos el placer de recibir a un nuevo hermano entre nosotros: el primer modelo cylon digimoide, el Número 20, un Magnamon; posteriormente, le siguieron los modelos de Arukenimon y Mummymon, además de un Blackwargreymon fallido que terminó siendo un Hibrido que comandaba una Nave Base. Todas nuestras naves, armas y centuriones -las Bases, Resurrección, los raiders- fueron reforzadas con Chrome Digizoid sintetizado a partir de la muestra que nos trajo Davis. Los modelos 20 me caían bien, pero tenía cierto repudio hacia los otros dos, que tarde o temprano tuve que olvidar.

Me encargué de recibir a Davis en Nueva York para que nos ayudara a mí y a Michael a regresar a los digimon al Digimundo, y destruir las agujas de control del lugar. En un determinado momento, cuando Michael, su padre y Gennai estaban ocupados, me retiré con Davis a una distancia segura en Central Park para conversar de "nuestros asuntos".

- Como te ha ido Davis
- Supongo que bien, pero... Ya sabes.
- Aun dudas de si debemos hacerlo, ¿No?
- ¿Y tú no?
- Estoy en tu misma posición.
- Piénsalo Mimi: ambos nacimos como humanos, tenemos padres humanos que nos han criado como si fuéramos sus verdaderos hijos, cuando no somos más que unas copias biomécanicas genéticamente idénticas; tenemos amigos humanos que nos aprecian y con los que hemos compartido; y también somos Niños Elegidos: conocimos digimon terribles, pero también digimon amables y bondadosos, y hasta tenemos camaradas digimon a nuestro lado: todos ellos nos aman. ¿Y vamos a matarlos en un Holocausto Nuclear como si nada? Además, nos confiaron el papel de Niños Elegidos; ve tú a saber si saben o no que no somos humanos, pero... ¿No sientes que estamos traicionando su confianza?
- Lo entiendo, Davis; yo también tengo esa sensación, y créeme que es difícil para mí no sentir culpa por lo que podríamos llegar a hacer. Pero no podemos negar que humanos y digimon se están volviendo peligrosos.
- Comprendo lo que dices: Kimeramon era un verdadero monstruo, y el Emperador de los Digimon también lo fue en su momento.
- No sólo eso: los humanos también se están volviendo una amenaza; no sólo para nosotros, los digimon o el resto de la galaxia, sino para ellos mismos.
- Es verdad; no se puede estar ciego ante los horrores de la humanidad en este mundo: materialismo, consumismo, ateísmo y fanatismo, decadencia moral, polución ambiental, violencia desenfrenada. A veces me pregunto cómo los Niños Elegidos no se dan cuenta de eso.
- Tal vez no quieran verlo, y acepten que viven en un falso mundo de paz.
- Es verdad, Mimi; es verdad. Pero aun así, creo que podríamos cometer un error.
- El Alto Consejo aún no tomó una decisión, así que todavía existe la posibilidad de evitar esta masacre... Pero...
- Si el Alto Consejo lo aprueba, y Cavil decide llevar a cabo su Plan, no podremos oponernos, Mimi. Eso te lo aseguro.
- Sólo nos quedaría cumplir con nuestro deber. -mirando las estrellas para luego desviar su mirada hacia Michael- mejor volvemos con los demás, deben de estar preguntándose por nosotros.
- De acuerdo... y Mimi.
- ¿Si, Davis?
- Esta conversación... jamás ocurrió. ¿Entiendes? Lo mejor es... que Cavil no lo sepa.
- Comprendo.

Además de ese asunto, intercambiamos opiniones sobre algunos asuntos banales, o interesantes, como Magnus y el resto de su modelo: era muy agradable, y parecía tener los mismos sentimientos que nosotros acerca de los digimon: ya había conocido a algunos, les parecían fascinantes y sentía una gran simpatía hacia ellos. Se mostraba sumamente sincero cuando decía -indirectamente, claro- que no deseaba exterminarlos, pero que de ser necesario, lo haría. No sé si será debido a que su modelo fue hecho en base a los datos de V-mon y pudo haberse colado parte de sus patrones de pensamiento a su programación, pero admito que me alegraba saber que Davis y yo no nos sintiéramos solo en ese aspecto.

Por otro lado, estaban los recientes modelos de Arukenimon y Mummymon: como ellos no podían convertirse a su forma real -mantenían permanentemente su forma humana- y emplear sus poderes; no servían como potenciales guerreros a diferencia del modelo de Magnamon, pero cumplían con el papel de infiltrados entre los digimon, y también entre los humanos en ambos mundos con total perfección. Normalmente los tratábamos bien, pero Davis y yo en particular no nos sentíamos muy cómodos con ellos; tal vez por ser idénticos a los dos digimon con los que peleábamos.

Otro tema fue el estado del Hibrido Blackwargreymon: era muy surrealista ver a una copia de ese digimon tan belicoso en un estado tan... comatoso, con una mirada casi vacía. A veces me pregunto si en verdad es como los demás Híbridos, pero al igual que los otros, sólo dice chácharas sin sentido. Lo vi una vez, y me sentí extraña; Davis también lo vio, pero para él, que lo había visto luchar, debió parecer más bizarro verlo sumergido en una tina de líquido amniótico, con varias sondas conectadas a su cuerpo.

También pensaba minuciosamente en Davis: aparentaba ser un chico tonto frente a los demás, pero era muy reflexivo, considerado e inteligente. Era muy diferente su actitud en comparación a Cavil, que parecía no tener ningún tipo de consideración hacia los seres humanos o los digimon: Davis me daba confianza, tranquilidad, seguridad; Cavil comenzaba a inspirarme miedo, y también cierta repulsión, un desprecio casi imposible de concretar debido a que su actitud parecía tener fundamentos sólidos. No podía oponerme a él; todos sabían lo que le había hecho a la modelo Número 3 en la época antigua, y nadie quería terminar “encajonado”.





Logramos nuestro objetivo de regresar a los digimon a su mundo esa noche de Navidad, y pudimos disfrutarla con nuestras familias tranquilamente. Sin embargo, no podía tranquilizarme: había mucho en que pensar. Había estudiado algo sobre la Guerra Fría, y la Crisis de los Misiles en Cuba; la tensión reinante entre esas dos potencias y más bien, de sus habitantes en ese momento tan crítico, al filo de una hecatombe nuclear, debió de ser muy fuerte. Así me sentía yo: consciente de que eso podría suceder...

Tenía una nueva visión de la vida, y estaba en parte agradecida: cuando conocí a Nicholas y Cassandra, y estos les dijeron a mis padres cómo nos encontramos, a primera vista parecía una mentira, pero era verdad: yo estaba perdida; perdida en este mundo habitado por seres diferentes a mí, sumergida en una realidad diferente y que maquillaba sus falencias con más decadencia de esos seres. Y ellos me encontraron entre toda esa masa informe, me rescataron, me dijeron la verdad: en cierta forma, son mis otros padres.

Si se lleva a cabo el ataque, haré lo que tenga que hacer: trato de asumir el hecho de que esto que hacemos es por el propio bien de todos: que a los humanos y digimon les estaríamos haciendo un favor, así como a los hipotéticos futuros cylon de la Tierra, en ahorrarles sufrimiento innecesario. Pero sabía que si lo hacíamos, no me haría ningún bien en absoluto.


Mi opinión sincera: El Alto Consejo, así como los cylon en general, no queríamos la guerra -o un exterminio-, Sólo queremos la paz. Si los humanos y digimon eran peligrosos, lo mejor era que se matasen entre ellos; con los humanos ya había pasado varias veces en los últimos 150.000 años, y habíamos respetado eso. Pero Cavil no quería eso.
 
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Champion Of Kirkwal
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La verdad, me interesa mucho esta mezcla de series! El tema es que estoy con poco tiempo para leerlo todo y lo lei todo por "Arriba". Cuando tenga un poco mas de tiempo, le daré una leida profunda y te dejaré un buen comentario, pero por ahora, y lo poco que leí, me encanta como desempeñas la mezcla de estas dos geniales series. Y se nota que eres fan de las dos -Aunque prefiero Stargate pero bueno XD- Espero la continues y te prometo leerla toda
 

"Los destinos no son una coincidencia."
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Lamento tanto la demora en leer los capítulos de este fic.. Lo que sucede es que en todo este tiempo eh estado bastante ocupada con el asunto de la universidad.. Al menos ahora pude hacerme un tiempo y leer, por lo que ahora dejaré mi opinión. La historia en si ah sido interesante por la temática y todo. Al principio me costó un poco entender un poco pero luego a medida que iba leyendo se fue aclarando la situación
. No me esperé en ningún momento que Davis fuera un cylon y mucho menos Mimí, pero como se dicen el autor puede sorprender al lector con cualquier sorpresa xD
En cuanto a la destrucción del mundo de los cylon y de los digimons fue una verdadera pena y aún más por el precio que tuvieron que pagar estos últimos, pero bueno así fueron las cosas, lo bueno es que no se extinguieron de por vida... Bueno para no extenderme más espero que pronto continúes esta historia que esta muy interesante realmente, saludos n_n
 
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